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	<title>Boletín 13 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletín 13 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Reinas del antiguo Egipto</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 May 2016 16:37:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 13]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando hablamos del antiguo Egipto nos estamos refiriendo a un largo período de tiempo que abarca, aproximadamente, desde el 4000 a.C. hasta el año 30 a.C. cuando, tras la derrota [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">Cuando hablamos del antiguo Egipto nos estamos refiriendo a un largo período de tiempo que abarca, aproximadamente, desde el 4000 a.C. hasta el año 30 a.C. cuando, tras la derrota en Actium de las naves de Cleopatra VII, Egipto pasó a formar parte del Imperio Romano. Por este motivo, la información que obtenemos de las fuentes arqueológicas, de las cuales deriva nuestro conocimiento del desarrollo de la historia y de los personajes que la protagonizaron, varía en las distintas dinastías. En la documentación egipcia es frecuente encontrar importantes lagunas, sobre todo en relación a la mujer.<br />
La poca documentación sobre la mujer egipcia proviene fundamentalmente de los textos que nos han llegado escritos sobre papiros y sobre otros soportes como la piedra y de la información que extraemos del «arte», de pinturas, relieves y esculturas. Contamos con las fuentes arqueológicas de las ciudades y aldeas así como de los grandes cementerios.<br />
La sociedad egipcia estuvo muy jerarquizada,(1) por lo que es lógico pensar que las mujeres egipcias también estuvieran sujetas a esta jerarquización. El papel de-sempeñado por la mujer no fue el mismo en todos los períodos, dependió en gran medida del puesto que ocuparon en la jerarquía social y básicamente del lugar que ocuparon en relación al rey.<br />
En lo más alto de la pirámide social tenemos a las mujeres de la familia real, seguidas por el grupo formado por las mujeres de las clases de las elites de escribas y funcionarios que aparecen representadas en las tumbas de sus esposos con sus nombres y sus títulos, y por último, las mujeres pertenecientes a las clases profesionales menores y a la población rural, de las que tenemos una información indirecta a través precisamente de los relieves de las tumbas de las personas de las categorías superiores donde se representa a sirvientas ejerciendo distintos trabajos, campesinas y esclavas.<br />
En general podemos decir que en el antiguo Egipto los puestos de responsabilidad y gobierno estaban en manos de los hombres. Aún así, la mujer egipcia pudo acceder a puestos de responsabilidad en la administración y en el ámbito religioso, tuvo derechos civiles y en algunos casos pudo llegar a reinar. Pero también fue esencial en la vida social egipcia que la mujer creara un hogar y cuidara de los hijos.<br />
Las reinas(2) egipcias jugaron un papel importante a lo largo de la historia de Egipto. Si la importancia de las mujeres de la realeza derivaba de su relación con el rey, cuyo cargo era divino, entonces debieron compartir de alguna forma esa divinidad.<br />
En primer lugar haremos una matización de los términos que vamos a emplear, en función de los títulos que conocemos y que nos permiten establecer claramente la existencia de varias categorías generacionales: una reina-madre, mwt-nswt cuya figura política fue fundamental en determinados momentos, una reina-esposa, Hmt-nswt, y una hija real, Sat-nswt. A lo largo de la historia del antiguo Egipto cada una de estas mujeres portará una serie de títulos honoríficos y religiosos únicos que la distinguirá del resto.<br />
Sin embargo, los estudios sobre las reinas han sido realizados fundamentalmente como un colectivo ya que debido a la naturaleza de las fuentes egipcias es difícil extraer un conocimiento preciso de la reina egipcia como individuo.<br />
Desde comienzos del período Dinástico hasta el final de la cultura faraónica nos encontramos con que las reinas compartieron con el rey una serie de privilegios. Fueron enterradas o bien junto al monarca o bien en sus propios complejos funerarios, en impresionantes mastabas o en su propia pirámide. Además, sus títulos y su iconografía muestran una serie de atributos que las acercan a la esfera divina y las relacionan directamente con la iconografía real.<br />
Esta posición destacada de la mujer real se fundamenta en la doctrina de la realeza divina y esta doctrina está basada en la mitología. En el ámbito del mito el rey formaba parte de los dioses, sobre todo Ra, el creador solar, y Horus, el dios de la realeza. La reina, en este caso la «esposa del rey», por su relación con él, llegaba a ser Hathor, diosa de la sensualidad. Ya que el monarca por definición fue el «hijo del dios», su madre podía ser Nut, la diosa del cielo. La reina-madre por la cuál el rey-hijo accedía al trono podía de esta forma ser declarada «hija del dios», representando esa línea mítica. Cuando el rey moría repetía el destino de Osiris, dios del Más Allá, y así su consorte debía ser Isis, la hermana-esposa de Osiris en el mito. De esta forma, las reinas verán reflejado su estatus en relación con esas diosas, jugando un importante papel como prototipo mítico.<br />
En este sentido, los matrimonios entre hermanos, limitados a la esfera real, estaban a su vez basados en el mito y situaban al rey y a su esposa al margen de sus súbditos. Reflejaban, por un lado el matrimonio entre Isis y Osiris y por otro lado, el que el rey fuera la encarnación de un dios que esperaba transmitir su condición divina a su sucesor. De esta manera, al imitar a los dioses se reforzaba el aspecto divino de la realeza. En este mismo contexto deben ser entendidos los matrimonios «incestuosos» entre padre e hija.<br />
Sobre si una mujer pudo llegar a ocupar el trono de Egipto y sobre la interpretación de este hecho hay diferentes puntos de vista. Algunos egiptólogos niegan que en el antiguo Egipto una mujer llegara a ocupar el puesto del «Horus vivo» y argumentan que se trata de claras usurpaciones del poder. Si analizamos la historia egipcia, hombres y mujeres disfrutaron de un alto grado de igualdad, al menos en teoría. Desde momentos muy tempranos la reina, «la gran esposa real», aparece íntimamente relacionada con el rey. Y lo que es innegable es que algunas mujeres reales llegaron a ser reinas titulares, en ciertos casos en su papel de reina-madre. Tenemos ejemplos desde las primeras dinastías de reinas que ejercieron el poder político como Merneit, Sobekneferu, Nitocris, más tarde, Hatshepsut y, probablemente, Nefertiti y Tauseret.<br />
Durante mucho tiempo se pensó que la transmisión de la realeza se realizó a través de la esposa del rey en tanto que «heredera», portadora de sangre real, lo que de alguna forma se uniría al supuesto aspecto matriarcal de la sociedad egipcia. En este sentido, la poligamia y las eventuales diferencias de estatus entre las propias reinas constituirían la base de la existencia de una «heredera». Los últimos estudios realizados sobre el Reino Antiguo y el Reino Nuevo parecen indicar que la idea de la transmisión del derecho al trono a través de la línea femenina debe ser descartada.<br />
Otro tema muy debatido ha sido el de la existencia de harenes y concubinas en Egipto, que la egiptología tradicional aceptó durante mucho tiempo debido, básicamente, a problemas de traducción de los términos egipcios. Actualmente se piensa que en Egipto no hubo ni harenes ni concubinas en el sentido turco del término. La traducción más correcta para harén es ipet-nesut y hener(3) .<br />
Respecto al hener los últimos estudios indican que se trata de una compañía musical, compuesta por hombres y mujeres, sin otra implicación y relacionada no solo con el rey sino también con una serie de dioses y diosas.<br />
El ipet-nesut es el lugar de residencia de la reina, donde se educaba a los hijos reales y donde debían residir otras mujeres, las conocidas como «ornamentos del rey», hekerut-nesut, y las «bellas», neferut. Estas residencias eran auténticas ciudades en miniatura con todos los servicios necesarios incluso con tierras y ganados propios. Sabemos por la documentación que en estos lugares se producían los ropajes reales a nivel casi industrial, y que debieron ser confeccionados por las mujeres de la residencia. El arte de hilar y tejer estuvo muy relacionado con las mujeres desde el Reino Antiguo.<br />
Pero los reyes, además, se casaron con mujeres de sangre no real, aunque sobre su origen sabemos muy poco. Sobre todo en la XVIII y XIX Dinastías, algunos reyes se casaron con mujeres no egipcias, con el objetivo de fomentar relaciones y alianzas diplomáticas. La información que tenemos sobre estos matrimonios proviene por lo general de fuentes no egipcias, como la correspondencia de Amarna y los textos hititas. En ellas se habla de matrimonios negociados entre gobernantes de igual rango. Curiosamente, cuando en las fuentes egipcias se mencionan estos matrimonios, se describen en términos de presentación de tributos, una interpretación muy egipcia. En algunas ocasiones no se trataba de una única mujer, sino que el «tributo» consistía en la futura esposa junto con muchas mujeres más, que formaban parte de su comitiva y que tenían que ser albergadas, vestidas, y alimentadas.</p>
<p>Los llamados harenes del Reino Nuevo, conocidos en Menfis, Tebas y Medinet el Ghurab, que surgieron como necesidad ante estos matrimonios diplomáticos, nos proporcionan abundante información sobre su propio funcionamiento. En principio los hijos reales formaban parte de estos harenes, aunque de éstos tenemos poca información. De todos ellos, salvo alguna excepción, conocemos tan sólo a aquel que llegará a reinar tras la muerte de su padre. De las hijas del rey, por el contrario, la información es mayor, debido a su importancia ritual y a que eran reinas en potencia. La madre, esposa e hija del rey, formaba una tríada que se combinaba en la persona de la diosa Hathor, en relación con el dios Ra.<br />
De las tumbas de los nobles enterrados en la ciudad de Akhetaton nos han llegado algunas representaciones de las estancias de las damas reales en las que se pueden observar las distintas partes del edificio y las actividades que allí tenían lugar.<br />
El ipet-nesut tuvo una importancia capital en ciertos momentos de la historia egipcia. Tenemos algunos documentos, ya desde el Reino Antiguo, en los que se narran, de forma más o menos explícita, algunas conjuras dentro del harén. A través del texto autobiográfico de Weni, un alto funcionario de la VI Dinastía, conocemos la primera referencia a un incidente ocurrido en el harén del rey Pepi I, en el que está implicada la reina principal, favorita y esposa del rey. En el Reino Medio, un texto como las Instrucciones de Amenemhat I nos narra de nuevo los acontecimientos en los que algunos conjurados junto a mujeres de Palacio mandaron asesinar al rey durante la noche. Pero seguramente fue durante el Reino Nuevo, más concretamente durante la época ramésida, cuando se produjo este tipo de sucesos de forma más evidente. Tenemos abundante documentación sobre la conspiración del harén que tuvo lugar durante el reinado de Ramsés III y lo que es más importante contamos con el relato concreto de los acontecimientos, el desarrollo de la investigación y una serie de incidencias inesperadas.<br />
Decíamos en la introducción que ya desde comienzos del período Dinástico hasta el final mismo de la historia del Egipto faraónico, encontramos una serie de reinas que compartieron con el rey una serie de privilegios.<br />
La documentación arqueológica nos permite asegurar que algunas reinas de las primeras dinastías (I y II Dinastías) jugaron un papel fundamental en el inicio de la formación de la monarquía faraónica(4). Incluso en momentos muy tempranos de la cultura que se desarrolla en el Valle del Nilo los datos arqueológicos sugieren la existencia de un sistema de parentesco matrilineal, como se observa en yacimientos neolíticos tan importante como el de Merinda Beni Salama.<br />
Por otro lado en estas primeras dinastías tenemos constancia de la importancia de la figura de la reina-madre, como Merneit, que hunde sus raíces en la prehistoria africana y cuyo modelo conocemos tanto en el antiguo Egipto como en sociedades africanas antiguas o tradicionales. Esta reina tuvo dos tumbas, una en el cementerio real de Abidos, y otra en Sakkara, exactamente igual que los reyes de la I Dinastía. Durante mucho tiempo se dudó si esta mujer llegó a reinar. Actualmente sabemos que fue regente o incluso fue reina titular antes que su «hijo», como aparece escrito en un sello encontrado en Abidos donde figuran por orden de sucesión, los nombres de los cinco reyes del Dinástico finalizando con el nombre de la reina Merneit, «madre del rey».</p>
<p>Avanzando en el tiempo durante el Reino Antiguo, la época de la construcción de las grandes pirámides(5), se produjo una disociación entre la tumba del rey y la de la reina con una marcada diferencia en el tamaño del monumento del rey, probablemente debido a que en ese momento la realeza adquirió una dimensión divina. No obstante, a finales de la V Dinastía se aprecia un resurgimiento de las prácticas de las dos primeras dinastías. En la VI Dinastía, las reinas tuvieron su propia pirámide, pequeña e individual, en algunas de las cuales aparecen grabados en sus muros los Textos de las Pirámides privilegio que compartían ellas sólo con el faraón.<br />
Al final del Reino Antiguo, tres de las reinas de Pepi II gozaron del privilegio de enterrarse en complejos funerarios propios construidos junto al del monarca.<br />
Los inicios del Reino Medio vienen marcados por una clara tendencia a imitar los complejos piramidales de fines del período precedente, aunque con ciertas variantes. Las mujeres reales serán enterradas en tumbas, más o menos espaciosas, dentro de los recintos de sus esposos. El final de este período viene marcado por el reinado de Sobekneferu, una reina de pleno derecho, es decir un Horus hembra, cuya pirámide se encuentra probablemente en Mazghuna, al sur de Dashur.<br />
Con la llegada del denominado Reino Nuevo se desarrolló la figura de la «esposa del Dios Amón»(6). Este título no tuvo las connotaciones sexuales que algunos autores le atribuyeron en el siglo pasado ya que fue llevado por mujeres de la familia real, esposas y madres del rey, así como también por hijas del rey, mujeres casadas y muchas de ellas con hijos.<br />
La primera «esposa real del dios Amón» de la que tenemos conocimiento es Amosis Nefertari, esposa del rey Ahmose, fundador de la XVIII Dinastía, como aparece en la llamada estela de la «donación», situada en el templo de Amón en Karnak. Incluso, a la muerte de la reina Amosis Nefertari se la deificó y los trabajadores de Deir el-Medina le rindieron culto como su patrona.<br />
Otras «esposas del dios Amón» de esta dinastía fueron Hatshepsut y Neferure. Las esposas del dios aparecen representadas en escenas rituales del templo junto a los sacerdotes, como parte activa en dichos rituales y llevando una indumentaria característica en este tipo de representación.<br />
Por lo tanto, podemos afirmar que estas mujeres fueron sacerdotisas y que desempeñaron un importante papel ritual que les permitió además acumular un cierto poder. Al principio el título fue llevado por mujeres de la familia real por derecho de nacimiento pero durante los reinados de Thutmes III y IV tres de estas mujeres no fueron miembros por nacimiento sino por «matrimonio». Después el título desaparece de la familia real hasta principios de la XIX Dinastía.<br />
La reina Hatshepsut es tal vez el caso más claro del poder acumulado por una mujer. Fue regente durante la minoría de edad de Thutmes III, momento durante el cual se levantaron un par de obeliscos tallados en Karnak, acto que supone la realización de una prerrogativa real, incluso se la representa realizando ofrendas directamente a los dioses. Así, la reina estaba reforzando, mediante la adopción de la iconografía, titulatura y acciones de los reyes, su posición como regente de Egipto. Durante el reinado de Thutmes III abandona los títulos y enseñas de reina para adoptar los cinco nombres de rey, así como la indumentaria real. En este momento entra en escena su hija Neferure. Si Hatshsepsut es el rey, necesita la figura de una reina consorte para ciertas ceremonias. Este papel será adoptado por Neferure, que adopta además el título de «esposa del dios».<br />
Mientras, Thutmes III había ido creciendo y seguramente había comenzado a exigir el gobierno del país. La solución que se adoptó, que ya había sido utilizada otras veces a lo largo de la historia del Egipto faraónico, fue la corregencia. Thutmes III siguió siendo el rey durante el período de gobierno de Hatshepsut y así fueron utilizadas las fechas de reinado de éste durante el tiempo de mandato conjunto. Lo que pasó al final del reinado no lo sabemos, ya que Hatshepsut deja de aparecer en la documentación a partir del año 22 del reinado de Thutmes III.<br />
Otra reina que parece haber tenido un papel fundamental en los hechos sucedidos en el reinado de su esposo fue la reina Nefertiti. El rey Amenhotep IV, tras unos años de reinado, cambió su nombre por el de Akhenatón y trasladó la capital a Akhetatón, donde pudo honrar a su dios Atón. Desde el principio, incluso en Karnak, la reina Nefertiti aparece representada sola en los relieves realizando ofrendas al nuevo dios Atón. También en las estelas de los altares encontrados en las casas de la ciudad aparecerá la reina junto al rey y el disco formando una tríada divina. Esto se ha interpretado como que el rey y la reina, Akhenatón y Nefertiti, serían la representación de los dioses Shu y Tefnut, es decir, como los hijos de Atum, que en la religión egipcia fue el creador.<br />
Existía otro título, conocido como «la mano del dios», que en muchas ocasiones seguía al de «esposa del dios» y que se refiere a la mano con la que el dios creador se masturbó para producir la primera pareja divina, Shu y Tefnut. Este título fue personificado como una diosa: era gramaticalmente femenino y durante la XVIII Dinastía se identificaba con la diosa Hathor. Así, las reinas que ostentaban estos títulos se convertían en responsables de los ritos relacionados con la estimulación sexual del dios, reactualizando constantemente la creación original del universo y representando el aspecto femenino del creador.<br />
Con los problemas surgidos al final del Reino Nuevo surge la figura del Gran Sacerdote de Amón, que reivindicarán para sí desde Tebas el trono de Egipto. Frente a ellos, los «auténticos» faraones gobernarán desde Tanis, la ciudad de nueva planta construida en el Delta de Egipto. En este contexto aparecerá con más fuerza la figura de la «esposa del dios». Ahora este cargo será detentado por una hija del rey que tendrá que dedicarse en cuerpo y alma al dios.<br />
La primera de estas esposas fue Makara, hija de Psusenes I y de la reina Henuttauy. En la XXV Dinastía tenemos documentada a una nieta de Osorkón I (XXII Dinastía), Karomana. El poder de «las esposas del Dios» se incrementará a finales del reinado de Osorkón III, con la llamada Dinastía Etíope. Desde este momento las «divinas esposas del Dios Amón» se sucederán mediante la adopción, formando una dinastía propia como Shapenipet I, Amenirdis I, Shapenipet II y Amenirdis II.</p>
<p>Siguiendo con nuestro recorrido por la historia de Egipto, durante el reinado de los reyes saítas continuó la importancia de estas mujeres y la forma de sucesión por medio de la adopción. Nitocris, hija de Psamético I, fue adoptada por sus predecesoras etíopes. Ankhnesneferibra y Nitocris II reinaron como verdaderas soberanas en Tebas hasta la llegada de los persas.<br />
Con la llegada de la dinastía lágida, los herederos en Egipto del Imperio de Alejandro Magno, se inicia una nueva época. Los ptoloméos serán en general hombres poco capaces de gobernar, poco preocupados por el destino del pueblo egipcio. Sin embargo, frente a ellos aparecerán mujeres fuertes, decididas e inteligentes, como las distintas Berenice, Arsínoe y Cleopatra, a las que el pueblo egipcio profesaba una gran simpatía. Mujeres que ejercieron un poder efectivo en lugar de sus esposos o hijos, poco aptos o desacreditados y que tendrán su máxima representante en Cleopatra VII, que no dudó en ningún momento en enfrentarse a hombres de la talla política de Julio César y Octavio.<br />
Cleopatra VII fue una reina de gran sabiduría política y se presentó como la nueva Isis, la esposa de Osiris, la «gran Madre» y la «grande en magia», pero también, como sus ancestros, fue la encarnación de Hathor, diosa del amor, conciliando así su origen griego con las formas más superficiales del Egipto tradicional. Con ella podemos decir que se acaba la historia del Egipto faraónico.<br />
Existen ciertos aspectos relacionados con la función de la reina egipcia todavía por concretar. Para muchos autores la posición de la mujer en el antiguo Egipto fue favorable pero, salvo en excepciones muy sugerentes, opinan que las reinas no jugaron un papel político directo o similar al de los hombres. La reina, como reina-madre, reina-esposa y como hija del rey, cumplió una importante función mítica, pero además, fue la continuadora de la línea dinástica ya que indudablemente fue la que proporcionaba el heredero al trono de las Dos Tierras. Y en ciertos momentos de la historia actuó como una autentica regente. El concepto egipcio de la Realeza faraónica solo se puede entender adecuadamente si se entiende la noción complementaria de la Realeza femenina, del gobierno de las mujeres de la esfera real.</p>
<p class="bodytext"><strong>Begoña Gugel</strong></p>
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		<title>El Museu Egipci de Barcelona</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/el-museu-egipci-de-barcelona/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 May 2016 16:33:45 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El Museu Egipci de Barcelona se creó en 1994 gracias a la iniciativa y al mecenazgo de Jordi Clos, con el objetivo de exponer ante el público su singular colección [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/el-museu-egipci-de-barcelona/">El Museu Egipci de Barcelona</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">El Museu Egipci de Barcelona se creó en 1994 gracias a la iniciativa y al mecenazgo de Jordi Clos, con el objetivo de exponer ante el público su singular colección de antigüedades egipcias. De esta forma conseguía hacer partícipe a la sociedad de su pasión personal por el Egipto de los faraones y otorgaba a la ciudad de Barcelona y a sus visitantes, el privilegio de disfrutar del único museo egiptológico de nuestro país.<br />
El Museu Egipci y a aFundació Arqueològica Clos nacieron al unísono, con el objetivo de dinamizar y potenciar la difusión del conocimiento de la arqueología. Para ello cuenta con una importante biblioteca especializada en egiptología y ofrece un rico abanico de actividades: cursos, seminarios, expediciones culturales, talleres infantiles&#8230; Además de este trabajo en la divulgación del conocimiento del arte y la historia de la antigüedad, la Fundació Arqueològica Clos ha emprendido acciones pioneras de cara a la investigación, entre las que destaca la Cátedra Jordi Clos y las misiones arqueológicas que se desarrollan en Egipto y en Sudán, cuyos resultados han recibido un importante reconocimiento internacional. Así, el Museu Egipci de Barcelona y la Fundació Arqueològica Clos se han convertido en puntos de referencia fundamentales en el terreno de los estudios egiptológicos en nuestro país.<br />
La creación del Museu Egipci era la materialización de un sueño que empezó a gestarse en las clases de historia de las Escuelas Pías de Balmes. Con tan sólo 12 años, la magia de Egipto ya había atrapado a Jordi Clos. Poco después, siendo un adolescente, realizó su primer viaje al Nilo, e, inmediatamente, adquirió la primera pieza de su colección. Por entonces era ya tan grande su pasión por la arqueología que surgieron en él serias dudas sobre qué estudios universitarios cursar, aunque finalmente optó por estudiar Ciencias Empresariales y seguir el camino que le ha conducido a ser un reconocido hotelero, galardonado en múltiples ocasiones.<br />
No obstante, Egipto siempre ha estado presente en la vida y en el trabajo de Jordi Clos. De hecho, en sus hoteles, ha sabido aunar con gran ingenio el moderno mundo de la empresa y el sabor nostálgico de la arqueología. Esta sorprendente combinación ha dado a los establecimientos de la Derby Hotels Collection una atmósfera muy especial, que permite disfrutar de forma directa de la belleza de las creaciones antiguas, lo que asombra y fascina a sus huéspedes. Buen ejemplo de ello es el Hotel Villa Real de Madrid, con ambientes decorados con coloristas mosaicos romanos. Aún más excepcional es el Hotel Claris de Barcelona, en cuyas habitaciones hay grabados de la Description de l´égypte de época napoleónica y diversas antigüedades de gran belleza; incluso dispone de un museo con medio centenar de selectas obras del arte de la antigüedad.<br />
El Museu Egipci acoge la colección formada por Jordi Clos a lo largo de más de treinta años e integrada por más de 500 piezas. Es la colección privada de antigüedades egipcias más importante de España y una de las más relevantes de Europa. En ella se abarcan todas las épocas del antiguo Egipto y está compuesta por sarcófagos, máscaras funerarias, estelas, imágenes de dioses, amuletos, vasos de piedra, momias, potes de cosméticos, recipientes cerámicos, retratos de faraones, colosos, joyas&#8230;. Una amplia gama de objetos que invitan a realizar un auténtico viaje a través de los milenios y a deleitarse ante la creatividad de artistas remotos; adentrándonos en las facetas más relevantes de la antigua civilización: vida cotidiana, sociedad, panteón, culto en los templos, escritura y creencias en el Más Allá.<br />
Las antigüedades permiten una aproximación a los diferentes ámbitos del antiguo Egipto como documentos ilustradores de su remota existencia; pero, además, la valoración estética cobra un papel muy importante en el conjunto. Este criterio es un aspecto que Jordi Clos siempre ha intentado potenciar en su colección, buscando en las antigüedades no sólo la relevancia histórica, sino también la belleza de líneas y de volúmenes.<br />
En estos casi diez años, el Museu Egipci ha vivido grandes éxitos. Desde su nacimiento recibió una entusiasta acogida, lo que rápidamente le convirtió en uno de los museos de más aceptación del área de Barcelona. El número de visitantes desbordó la capacidad de sus salas; de ahí que su fundador empezara a plantearse el reto de un traslado. Al mismo tiempo se hacía necesario dar acogida museística a las nuevas antigüedades adquiridas, ya que la colección está en constante crecimiento y, sin duda, seguirá creciendo en el futuro. A estas razones, a las que se suma el éxito de las actividades culturales desarrolladas por la Fundació, impulsaron en el año 2000 la creación de una nueva sede.<br />
El espacio museístico se divide en tres plantas diáfanas y de estética acogedora, respetando parcialmente el original carácter industrial de la construcción. En la concepción de los espacios ha sido prioritaria la eliminación de barreras físicas, lo que se resuelve con un ascensor que permite el acceso a todos los ámbitos: áreas de exposición, biblioteca, zonas de estudio y administrativas. Se trata de un edificio de criterio moderno, ambientado con materiales como el travertino y el mármol negro, lo que recuerda los tonos cromáticos de la tierra de Egipto, sus monumentos y sus desiertos.<br />
La obra a cargo del arquitecto Jordi Garcés, también responsable de la ampliación del Museo Picasso, permite el acceso de la luz a través de una gran lucernaria central, articulando el espacio en torno a una escalera metálica y de concepción escultural. De esta forma, el museo adquiere una estética escenográfica, subrayada por la cuidada disposición de las antigüedades.<br />
La colección se organiza siguiendo un criterio temático, que permite un viaje por los aspectos fundamentales de la civilización del Nilo: el faraón, la sociedad, la vida cotidiana, el universo religioso, el culto en los templos y las prácticas funerarias.<br />
El recorrido se inicia con la figura del faraón, elemento integrador de la cultura egipcia y que permite una introducción a la estructura de su sociedad. Este ámbito queda ilustrado con diversos retratos de faraones, objetos con títulos y nombres reales, un coloso de Ramses II y una estela con la imagen de Cleopatra VII, la última y más célebre reina de Egipto. Desde aquí se continúa el trayecto por los diferentes estamentos: funcionariado, escribas, militares, sacerdocio&#8230; para terminar en la vida cotidiana de los pobladores del antiguo Egipto. ésta es una de las facetas más sorprendentes del museo, en la que podemos descubrir su gusto por los perfumes, la joyería, los cosméticos y el erotismo. También llama especialmente la atención una cama milenaria cuyo aspecto resulta soprendentemente actual y atemporal.<br />
Una vez tratada la cotidianeidad, las salas del Museu Egipci de Barcelona ofrecen la posibilidad de aproximarse a las creencias egipcias respecto al Más Allá, prestando especial atención al mundo religioso y la momificación. Para ilustrar esta temática la colección dispone de una veintena de sarcófagos y máscaras funerarias, de diversa tipología y materiales. La momia de la «Dama de Kemet» genera una muy especial fascinación entre los visitantes, atraídos hacia ella por un magnetismo que demuestra lo mucho que sigue atrayendo al hombre moderno la capacidad de desafiar al tiempo y al olvido. Asímismo, la «Momia dorada» un sarcófago formado por diferentes capas de vendas a las que se les ha dado una relativa rigidez mediante el uso de yesos o estucos, y que presenta en la superficie un llamativo tratamiento con la aplicación de pan de oro, incluyendo imágenes de riquísima iconografía funeraria, se ha convertido en una de las piezas más relevantes de la colección.<br />
Una muestra de contenedores de vísceras llamados vasos canopos y una gran diversidad de amuletos y objetos simbólicos, sirven para complementar este ámbito que demuestra el gran cuidado con el que los antiguos egipcios preparaban a sus difuntos para enfrentarse a la eternidad.<br />
Uno de los grandes atractivos del Museu Egipci de Barcelona es que dispone de diversos fragmentos de bajorrelieves de la tumba de un personaje llamado Iny, lo que ha hecho posible la realización de una reconstrucción que permite a los visitantes hacerse una idea muy completa de como eran la tumbas y su decoración, en la que no faltaba la representación de alimentos, escenas de ofrendas y diversos instantes de la vida cotidiana. Ello nos expresa claramente una idea de continuidad ante la muerte que, en esencia, era concebida como una prolongación de la vida.<br />
Finalmente, en la tercera planta, una rica galería de dioses descubre los aspectos más relevantes del panteón egipcio y a los protagonistas fundamentales de sus mitos. Se trata, en algunos casos, de imágenes imponentes por sus dimensiones. Divinidades como Osiris, Isis, Bastet, Tot, Amón&#8230; parecen seguir siendo adoradas, como lo fueron hace miles de años, por unos «fieles» seducidos por su solemnidad, fuerza y belleza.<br />
El Museu Egipci centra toda su importancia en el aspecto pedagógico, faceta que desde el principio ha sido prioritaria. El Museu siempre ha mostrado una especial atención por los grupos escolares y las asociaciones culturales, que en número creciente lo han ido visitando. Con el proyecto «El Mundo de los Faraones», la Fundació da respuesta a las constantes demandas de talleres lúdico-didácticos y ha creado unas actividades muy singulares que tienen una calurosa acogida especialmente entre el público infantil. Además, desde el año pasado, la Fundació Arqueològica Clos, cuenta con las instalaciones del Campus Arqueològic, un parque de formación e investigación arqueológica, en el que se combina la enseñanza de las técnicas utilizadas por los arqueólogos tanto de trabajo de campo como de laboratorio y familiarizarse con ellas de forma amena y didáctica. Además de potenciar la formación en arqueología e historia del antiguo Egipto, este espacio promueve el trabajo en equipo y la investigación. Las actividades simulan una misión arqueológica como las que la Fundació Arqueològica Clos realiza en Egipto.<br />
La formación del Campus Arqueològic se basa en la excavación de los diferentes espacios que recrean yacimientos arqueológicos egipcios, donde se representan distintos tipos de tumbas, pertenecientes a varios períodos de la antigua civilización egipcia, donde se han situado previamente réplicas fidedignas de objetos reales como momias, sarcófagos, estatuas, joyas, amuletos . Los participantes gozan de la experiencia de descubrir la historia del antiguo Egipto, siendo ellos mismos los verdaderos protagonistas, como si formaran parte de una misión de investigación en el país del Nilo. Esta experiencia es única en Europa.<br />
Uno de los mayores atractivos de los que dispone la Fundació Arqueològica Clos es la Biblioteca Especializada en Egiptología, en la que se conservan volúmenes que además de su valor científico, constituyen auténticas joyas de coleccionista. Un valor añadido que le otorga un cierto carácter de biblioteca-museo.<br />
Dotada actualmente con más de 5.000 documentos, la biblioteca es una herramienta básica y necesaria para la investigación y el estudio del Egipto faraónico. Entre los documentos que la configuran, podemos destacar ediciones del siglo XVI; así como la carta escrita por el arqueólogo Rosellini a Champollion, descifrador de los jeroglíficos. Pero, sin duda, los volúmenes más espectaculares conservados en la biblioteca de la Fundació son los de Description de l&#8217;égypte, obra enciclopédica monumental realizada durante la conquista napoleónica. Este ejemplar es uno de los pocos que se conservan íntegros en el mundo, y, sus hermosos grabados, algunos con dimensiones que superan el metro, constituyen el primer gran trabajo de la egiptología científica. De esta forma, el Museu Egipci no sólo ofrece una rica muestra de las creaciones de la época faraónica, sino que nos permite realizar una reflexión sobre la historia y desarrollo de la propia ciencia de la egiptología.<br />
En su objetivo de difundir el conocimiento de la cultura y el arte de la antigüedad, la Fundació Arqueològica Clos emprendió en 1994 un Programa de Estudios que progresivamente ha incrementado su oferta de actividades y ha llegado a convertirse en una de las secciones de mayor prestigio de la entidad. Los miles de alumnos que han participado en los cursos, seminarios, conferencias&#8230; son su mejor aval y el mejor testimonio de la fascinación e interés que despiertan las culturas de la Antigüedad.<br />
Dado el carácter marcadamente egiptológico de la Fundació, el Egipto faraónico es la temática en la que se inspiran la mayor parte de las actividades docentes. No obstante, y como aplicación de los objetivos fundamentales de la entidad, también se tratan las culturas clásicas (Creta, Grecia y Roma), América Precolombina, Próximo Oriente, Mundo Hebreo, Tíbet y Asia Central, etc.<br />
En el Programa de Estudios se integran los «Sábados Temáticos» y los «Desayune con&#8230;», actividades de elevado contenido lúdico-social, que permiten una aproximación distinta a temas concretos y a la biografía de grandes personajes históricos, incentivando el debate y en un ambiente distendido. Estas actividades de fin de semana fueron incorporadas a la Fundació en 1997, transformándose rápidamente en un gran éxito.<br />
El Programa de Estudios está pensado para dar cabida a todos los públicos. En enero de 2001 se iniciaron las clases de la Escola d&#8217;Egiptologia de la Fundació Arqueològica Clos un Centro Privado de Enseñanza Egiptológica Superior, pionero en el Estado español, proporcionando una alternativa diferente a aquellos alumnos que desean profundizar aún más en sus conocimientos.<br />
Las Expediciones Culturales, enmarcadas en el contexto del Programa de Estudios, consisten en viajes de carácter cultural en los que sus participantes gozan del privilegio de conocer de forma directa el legado de las civilizaciones del pasado.<br />
En estas expediciones, el viajero-alumno puede realizar un verdadero curso sobre las culturas antiguas del país de destino, a través de conferencias ofrecidas en el transcurso del viaje y de la visita de sus monumentos, yacimientos arqueológicos y museos.<br />
Estos atractivos viajes son una alternativa a la tradicional oferta turística, por lo que han tenido una gran acogida entre aquellas personas que desean conocer países como Egipto, Siria, Israel, Irán o Jordania de una forma confortable y de un alto contenido cultural proporcionado por los expertos que acompañan a la expedición.<br />
Junto a los destinos comentados, la Fundació Arqueològica Clos también organiza periódicamente visitas de menor duración a museos, exposiciones o yacimientos arqueológicos.<br />
En el marco de esta programación también se integran actividades exclusivas para el Círculo de Amigos y Club de Mecenas de la Fundació, cuyo apoyo es una vía fundamental en en la economía de la entidad, enteramente financiada a través de la iniciativa privada.<br />
La creación de exposiciones es una de las acciones que más contribuyen a las difusión del conocimiento del antiguo Egipto por parte de la Fundació; así como la cesión de objetos del Museu Egipci de Barcelona a otras entidades organizadoras de muestras.<br />
En 1994 la Fundació Arqueològica Clos creó la primera y más exitosa de sus exposiciones: Tutankhamòn. Imágenes de un tesoro bajo el desierto egipcio. A través de las imágenes tomadas por el fotógrafo Harry Burton se muestran los momentos más importantes del descubrimiento y el proceso del estudio de la tumba y momia del joven faraón. Los textos que acompañan estas fotografías son extractos del diario de Howard Carter, arqueólogo artífice del fabuloso hallazgo. Para la realización de la muestra, la Fundación contó con la colaboración del Griffith Institute de Oxford y el Metropolitan Museum of Art de Nueva York.<br />
En diciembre de 2000 se presentó la exposición «El secreto del Tíbet» . Desvelando la cultura y la tradición del Techo del Mundo. Esta exposición producida por la Fundació Arqueològica Clos y la Fundació Caixa de Girona, y la colaboración de la Fundació Folch y la Casa del Tibet de Barcelona, es una presentación del Tíbet como pueblo en sus distintas vertientes culturales, históricas y religiosas, donde se esconden ricas originalidades completamente desconocidas en nuestro país. El objetivo principal de la exposición es dar a conocer, de una forma clara y con rigor, los aspectos más relevantes de la cultura tibetana que han cautivado una gran parte de Occidente a lo largo del siglo XX. La muestra quiere desvelar algunos de los enigmas y misterios que han envuelto el descubrimiento del País de las Nieves, con la clara finalidad de acercar a los visitantes y la voluntad de transmitir algunas de las líneas básicas en las que se fomenta la civilización tibetana. A partir de febrero de 2003, se podrá visitar en el Centre Cultural de la Fundació Caixa de Girona.<br />
La última exposición producida por la Fundació Arqueològica Clos fue «LA MÒMIA D&#8217;OR. El Retorn a la Vida», donde el visitante podía conocer el paso a la otra vida y las creencias religiosas de los antiguos egipcios, y dar respuesta a preguntas como ¿Hay vida después de la muerte? , ¿Tenemos todos derecho a la vida eterna? , ¿Qué pruebas y peligros se esconden durante el tránsito al Más Allá? , ¿Cómo podemos superarlos?.. Aunando la sabiduría ancestral del «Libro de los muertos» y los conocimientos que nos han proporcionado más de tres años de modernas investigaciones tanto egiptológicas como médicas, indagando en las vidas de tres personajes que dejaron su huella en la historia, concretamente en tres destacadas piezas del Museu Egipci de Barcelona: La dama de la casa, la dama de Kemet y la Momia Dorada.<br />
La Fundació Arqueològica Clos y el Museu Egipci de Barcelona han aportado sus medios logísticos y técnicos para el desarrollo y la organización de diversas misiones arqueológicas en Egipto y Sudan.<br />
En el yacimiento arqueológico de Oxirrinco la Fundació Arqueològica Clos participó, junto a la Universidad de Barcelona en la realización de las tres primeras campañas, llevadas a cabo entre 1992 y 1994.<br />
El trabajo se centró en la excavación de diversos sectores de necrópolis y los escasos restos relacionables con la antigua ciudad.<br />
En 1995 fue obtenida una concesión de trabajo en el yacimiento arqueológico de Dyebel Barkal (Karima), en Sudán. Los objetivos planteados por el equipo de la Fundació Arqueològica Clos pueden dividirse en tres; por un lado, la prospección sistemática del yacimiento y la excavación de las estructuras localizadas; por otro, la restauración de las estructuras conservadas en los denominados grupos Norte y Sur de pirámides; y, por último, el acondicionamiento del Museo de Karima.<br />
En el año 1997 la Fundació Arqueològica Clos solicitó la concesión de un permiso de trabajo en Meidum, yacimiento que conserva una de las necrópolis más importantes del Imperio Antiguo. Junto a la Universitat Autònoma de Barcelona, la Universitat Politècnica de Catalunya y la empresa ArqueoCiència, los objetivos de trabajo consisten en la realización de un plano topográfico general del yacimiento; la prospección sistemática del lugar a fin de localizar nuevas estructuras arqueológicas y definir su cronología y función mediante la realización de excavaciones; y la restauración de dos de los monumentos más importantes de la zona como son la mastaba nº 17 y la mastaba nº 16 (monumento funerario del príncipe Nefermaat y de su esposa Itet).<br />
En 1997 y 1998 se realizaron sendas campañas, siendo los resultados más importantes el hallazgo de un sector de necrópolis utilizado durante el Imperio Antiguo y la presentación de un proyecto general de restauración-conservación para la mastaba nº 16.<br />
El Museu Egipci de Barcelona cuenta con la incomparable protección y el impulso otorgado por Jordi Clos. Pero esta iniciativa cultural también se hace realidad gracias al patrocinio empresarial, que da su apoyo a esta singular entidad de gran prestigio. Es un sistema que sigue el ejemplo de similares entidades norteamericanas, dando también cabida al mecenazgo individual.<br />
Una de las materializaciones de estas iniciativas son el Círculo de Amigos y el Club de Mecenas de la Fundació, pilares básicos de la entidad y una de sus vías de financiación fundamental. Más de cuatrocientos miembros integran este club. Estas personas, como las que en número creciente visitan el Museu, a lo que se suman los miles de alumnos de sus cursos y actividades, hacen posible la existencia de la Fundació Arqueològica Clos y el Museu Egipci. Ello es demostración de la gran aceptación y estusiasmo que despierta el Egipto faraónico. Una pasión que sigue creciendo y que Jordi Clos ha sabido transmitir a cuantos le rodean.</p>
<p class="bodytext"><strong>Susana Alegre García</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/el-museu-egipci-de-barcelona/">El Museu Egipci de Barcelona</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>Los pirineístas</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/los-pirineistas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 May 2016 16:33:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 13]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Geógrafo experto en glaciares, catedrático, autor de varios libros de investigación y de vivencias viajeras y último Premio Nacional de la SGE, Eduardo Martínez de Pisón es un activo defensor [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/los-pirineistas/">Los pirineístas</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">Geógrafo experto en glaciares, catedrático, autor de varios libros de investigación y de vivencias viajeras y último Premio Nacional de la SGE, Eduardo Martínez de Pisón es un activo defensor de la conservación de la Naturaleza desde una vertiente humanista e integradora. Ha participado en expediciones científicas en el Karakórum, la Antártida o el Polo Norte, pero sobre todo, es un enamorado de las montañas peninsulares. En este «Año Mundial de las Montañas», nos acerca a estos paisajes y en particular a sus visitantes, y propone una particular clasificación de los pirineístas.<br />
«Halt sunt li pui et li val tenebrus»<br />
Chanson de Roland<br />
Una vieja y a veces poderosa tradición literaria queda evocada con la cita anterior que abre escuetamente un cuerpo cultural persistente que, de modo vago, se viene llamando pirineísmo o pireneísmo, según los autores. Vamos a informar de inmediato sobre nuestra elección por el primer modo de escribirlo y, enseguida, intentaremos acotar su significado tradicional mediante la clasificación de sus variedades internas en su fase más expresiva, que hemos dado en considerar «clásica».<br />
Hemos adoptado la forma «pirineísmo» explícitamente dentro de un modo de uso espontáneo y ya habitualmente implantado en la mayor parte de los casos en lengua española, costumbre nacida en derivación directa de «Pirineo» en vez de «Pyrénées», y tal vez también por contagio inconsciente de la primera «i» de la voz «alpinismo», de cuyo concepto es una derivación geográfica. Parecería, en cambio, que «pireneístas» emparenta mejor con «pirenaico» y además es similar al modo francés «Pyrénées» y «pyrénéistes», donde se ha usado originariamente y de modo mucho más extenso tal término. Conscientes de esta dualidad, hemos optado no ahora, sino desde hace muchopor «piri» como más natural y usual en nuestra lengua y en ello reincidimos en estas páginas. Pero somos liberales y aceptamos «pire» y sus razones con total apertura. (Esperamos lo mismo).<br />
Se entiende genéricamente por «pirineísmo» la modalidad que toma el «alpinismo», con connotaciones, personalidad, conciencia de identidad, fechas, personas, paisajes, obras y sucesos propios, en nuestra cordillera fronteriza con Francia1. Pero, por un lado, el mayor y más temprano desarrollo del alpinismo hará de modelo. Y, por otro, será en Francia donde se efectuará esa influencia directa de modo fácil como una variante regional. Además, va a ser en Francia donde se ejercite fundamentalmente esta actividad viajera, turística, excursionista, montañera, científica y cultural, nada menos que desde el siglo XVIII hasta mediado el XX. Inmediatamente adquiere el pirineísmo francés fuerte personalidad, adaptada a los rasgos de la cordillera y a sus actividades y aportaciones específicas, a sus autores concretos.<br />
Esa personalidad arraiga también lejos en el tiempo en aspectos culturales propiamente pirenaicos, desde su literatura a sus paisajes humanos. La citada Chanson de Roland no es sino un símbolo de tal raíz. Pero se pueden rastrear numerosos elementos de secular tradición prealpinista incorporados a ese núcleo pirineísta: en ellos se apoyan con bastante propósito de continuidad los rasgos más específicos de esta versión activa y cultural, especialmente fértil, del montañismo.<br />
En pronta prolongación de la eclosión alpinista, la pirineísta propiamente sólo se establece, no obstante, en el creativo y emprendedor tránsito entre ilustración y romanticismo, con beneficio de ambos y del espíritu de búsqueda propio de los estados de cambio, y ello se refiere tanto al campo de la exploración y del ascensionismo como al de la geografía y del arte; incluso a todos ellos sabiamente combinados. El tránsito y solapamiento de ilustración y romanticismo tiene una manifestación muy influyente en el viaje naturalista de Humboldt entre 1799 y 1804, explícito seguidor devoto del ejemplo alpino de De Saussure, que, a su vez, tuvo gran repercusión en la exploración, las ascensiones de cimas, la geografía y en las ciencias naturales. Los viajes de Ramond son, pues, la plasmación pirenaica de esa actitud más generalizada de unión entre exploración de la naturaleza, ascensión a las cumbres altas, análisis sobre el terreno y difusión del conocimiento geográfico.<br />
En su evolución continuaron las influencias alpinas de diverso modo, pero, por ejemplo, en el aspecto montañero son bastante evidentes en tres momentos claves de la etapa clásica decimonónica: primer momento, fundacional, a fines del siglo XVIII y comienzos del XIX, procedente directamente de De Saussure, cuyo estilo y empresa es determinante en Ramond. Segundo acto, decisivo en los conquistadores de las cimas reputadas de «inaccesibles»: la influencia del tipo de proyectos de E. Whymper y de su ascensión al Cervino en la importante etapa pirineísta desde mediados del XIX. Tercer capítulo: el ejemplo de las hazañas alpinas y de los conceptos deportivos de A. Mummery en los escaladores de rutas difíciles en el último cuarto del XIX. Estos episodios esclarecen los estilos montañeros subyacentes, con empresas atractivas y admirables, pero las aportaciones pirineístas más propias e interesantes son las que quedaron a través de su generosa producción literaria sobre todo en el siglo XIX-, basada en esa emoción constante desde Ramond, aunque con diversas modalidades, que Schareder calificó como definida por «la áspera pasión de las cimas». Pero, obviamente, si ese es el tuétano, no todo lo que se denomina pirineísta tiene los mismos rasgos y a veces sólo coinciden en uno: el de referirse al viaje al Pirineo.</p>
<p>Tipologías clásicas de los pirineístas. La variedad de usuarios, hasta la complejidad de usos interconectados de la montaña económicos, deportivos, turísticos, balnearios, etc.pidieron con frecuencia que los autores de guías o de síntesis o de relatos de viajes diferenciaran sus sujetos o sus clientes desde comienzos del siglo XIX. Veamos tres ejemplos expresivos respectivamente de comienzos, mediados y finales de ese siglo.<br />
Así, tempranamente, en el Tableau de Arbanère2, de 1828, ya se establece una primera clasificación. En un tono principalmente de exploración, por ejemplo en La Maladeta, que busca sus raíces en De Saussure y en Ramond entonces próximos-, divide no obstante a este género de usuarios de la montaña claro está, desde el lado francés, aparte de sus pobladores, no «pirineístas» sino «pirenaicos»y, por tanto, a los posibles lectores de su libro en cinco tipos.<br />
Primero están los paisajistas, que buscan la belleza de la cordillera, movidos por una tendencia en alza del arte y del espíritu romántico, con no poca influencia inglesa. En segundo lugar, están los sabios, para quienes el Pirineo es teatro de sus observaciones, seguidores del viaje ilustrado a la naturaleza, instalado ya en el mundo académico. En tercer orden están los enfermos, público más amplio y rentable que busca alivio en los establecimientos termales, de larga tradición pirenaíca, al menos constante en Cauterets desde el siglo XVI. En cuarto lugar están los marchadores, que encuentran en estos parajes los escenarios de sus hazañas, es decir, los seguidores recientes de Saussure y Ramond en este aspecto, cuya presencia ya está marcada en Francia. Finalmente están los desgraciados, que buscan la paz de los lugares retirados, «mas numerosos que los enfermos». Este último grupo atiende no sólo a quienes requieren un retiro por motivos personales como el «renunciante» a la sociedad, rousseauniano y ya romántico, que describió Goethe, o el melancólico devuelto al interés por las cosas, al que aludió Humboldt-, sino a los que se apartaron o marginaron en momentos no muy lejanos entonces, huyendo de conocidas convulsiones políticas europeas y particularmente francesas, como el propio Ramond, entre otros, en plena Revolución.<br />
De 1858 es el relato del Viaje a los Pirineos de H Taine3, efectuado tres años antes, plagado de inteligencia, en el que ironizaba con gran expresividad sobre los tópicos de la corriente romántica del viaje a la montaña en su versión pirenaica, sobre la más bien prosaica base balnearia-, a la que se había sumado, del siguiente modo: «No he sido el primero en escalar una montaña inaccesible, no me he quebrado ni brazos ni piernas, tampoco he sido devorado por los osos; no he salvado a ninguna joven inglesa arrastrada por la corriente del Gave. no he asistido a tragedias de salteadores o contrabandistas. soy un hombre que vuelve de viaje con todos sus miembros, lo menos héroe posible». Es decir, frente al escenario: cumbres y abismos/escaladores, fieras/cazadores, torrentes/accidentes, inglesas/aventureras, contrabandistas/peligros, de un mundo tópicamente pintado como salvaje y pintoresco, refleja otra realidad antiheroíca que no rebasa en realidad la cota de los valles.<br />
Taine distingue, primero, entre habitantes y turistas. Los primeros quedan definidos con poca piedad en la siguiente frase: «el interés magnánimo no suele ser una virtud de la montaña». Los segundos, más que viajeros son público conducido exclusivamente dentro de unos circuitos de visitas repetitivos, con algunos puntos obligados: «-Usted viene de los Pirineos ¿Ha visto Gavarnie? No. Entonces, ¿para qué ha ido a los Pirineos?»<br />
Luego hace un catálogo social de los frecuentadores de balnearios: en un primer contacto, un viejo gentilhombre, un joven noble con manos suaves, una joven inglesa con su madre, un español pálido, una dama moldava de voz metálica, un abad con su alumno y una vieja dama en salmuera. Inmediatamente, jurisconsultos, banqueros, burgueses cansados y aburridos, con «demasiado dinero y muy pocos disgustos».<br />
Ahondando más descubre otra variedad: el turista amigo de un enfermo, que lleva una vida paralela. Aquí clasifica un herbario pirineísta más peculiar: los tipos de piernas largas «provistos de bastones» que se lanzan al monte; hace Taine una parodia afilada del pragmático diario de un turista-escalador de esta variedad: «15 de julio: ascensión al Vignemale. Salida a medianoche, retorno a las diez de la noche. Apetito en la cumbre, excelente comida, pastel, aves, truchas, burdeos, kirsch. Mi caballo ha tropezado once veces. Pies despellejados. Rondó, buen guía. Total: sesenta y siete francos». Hay también otros tipos: los seres reflexivos y metódicos que siguen con docilidad su libro-guía; los excursionistas familiares con amor a la siesta y a las comidas en un prado; los turistas sabios incapaces de tener una experiencia que sobrepase sus métodos y análisis; y los turistas sedentarios que «contemplan las montañas desde sus ventanas. leen su periódico tendidos en una hamaca. Después de esto dicen que han visto los Pirineos».<br />
El tercer inventario es el que publicó H. Beraldi4 entre fines del siglo XIX y comienzos del XX, probablemente el más citado. Según Beraldi había entonces cuatro tipos de gentes que los frecuentaban: primero, los de las cimas, habituales sólo de la altitud; segundo, los de semi-cimas, «que buscan lo pintoresco de la montaña y la belleza de los miradores»; tercero, los que nos salen de los valles; y cuarto, aquellos turistas para quienes los Pirineos se reducen a los casinos o los baños termales. Cada cual con sus diversas literaturas más o menos «pirineístas»: libros de cumbres, libros de semi-cumbres, libros de valles, libros de balnearios. Habría que añadir los sin-libros, evidentemente abundantes. El pirineísta ideal de Beraldi sería el que, «cosa rara, sube, escribe y siente». Beraldi daba así directrices sabias a una actividad que estimaba, más que sólo deportiva, claramente cultural; pero su historia del pirineísmo demuestra que no le faltaban razones para considerar esta faceta una tradición, tal vez minoritaria, pero bien implantada. A este tipo de pirineístas se debe una bella literatura de montaña; a lo largo del siglo XIX es esta variedad, junto a la creciente aportación científica y las páginas dejadas por los escritores de oficio y viajeros ocasionales, la que ha ido creciendo en implantación, en calidad de producción y en resonancia, mientras otros de la clasificación de Arbanère se mantenían en una corriente cultural duradera (paisajistas) o por una necesidad corporal básica (enfermos) o se extinguían aparentemente por el cambio de circunstancias políticas (los «desgraciados»).<br />
Recientemente se ha hecho una indagación y una muestra sobre la contribución femenina al pirineísmo, en un interesante libro de M. Iturralde5. Las primeras pirineístas que destaca desde el siglo XVI son contadas aristócratas que también acuden desde Francia a los balnearios, especialmente a Cauterets, dentro de la corriente social termalista. Realizan excursiones tópicas (Gavarnie, Lago de Gaube, etc.) o sólo paseos, con una percepción prefijada por su época, que va de los sublimes horrores a los lugares idílicos, etc., hasta que se implanta, ya en el siglo XIX, una nueva actitud más personal y romántica, con un internamiento, en particular desde 1807, en la alta montaña. Culturalmente este movimiento culmina con el viaje de George Sand (1825) y los perdurables efectos que dejó en esta escritora. Montañeramente, el pico del Viñemal o Vignemale será el escenario de una historia femenina especial, que se cerró con su ascensión en 1838 por Ann Lister6. Entre estas contribuciones asociadas a la escritura pirineísta es singular la de la famosa duquesa de Abrantes (maliciosamente llamada por otro escritor, debido a las exageraciones de sus relatos, la duquesa de Abracadabrantes).<br />
Los escritores intermitentes merecerían, sin embargo, una mayor atención, en algunas ocasiones por sus agudezas, en otras por la belleza de sus relatos o descripciones. Es el caso especialmente poderoso de las notas del viaje de Victor Hugo7, pero es evidente que no se trata de asiduos, es decir, de pirineístas estrictos. ¿Cómo convivían entre sí estas especies unas veces comensales y otras antagónicas?<br />
Recientemente A. Gabastou ha publicado una antología de esos viajeros escritores8 que puede servir como muestra de concentración de una producción esencialmente dispersa. El libro expresa una constante dualidad turismo/montañismo, desde las páginas de George Sand, surgidas de su viaje en 1825, con admiración por las cumbres, con gusto por la «soledad de los montes sublimes» y disgusto por los gentíos («es una lástima escribeno estar solas o con gentes inteligentes. al menos»). Es en las cartas de Viollet-Le-Duc en 1833 donde se manifiesta esa oposición bañistas/montañas con más dureza: encantado por los «horribles desiertos de nieve y rocas», tiene un rechazo intenso por las estaciones termales: «están llenas de gente a la moda (fashionables). de buena sociedad. estos bellos, estos salvajes lujares no están incluso al abrigo de la especie más baja y más mezquina de la sociedad, los ricos ociosos e ignorantes». Para la recepción de esta clientela, esos balnearios han acondicionado la montaña hasta tal grado, dirá Taine en 1855 en Eaux-Bonnes, que «nunca el campo fue menos campestre». Desdeñoso incluso con la sociedad provinciana de Tarbes se mostraba Prosper Mérimée a mediados del XIX: «No concibo dicecómo se puede permanecer entre ellos durante un mes», en ambiente de «pequeñas querellas y pequeños asuntos». Tal vez un testimonio tardío, de 1897, de Octave Mirbeau refleje la mirada del bañista puro sin sintonía con la montaña y tampoco con los turistas: «pero quizá perdonaría a las montañas de ser montañas y a los lagos de lagos si, a su hostilidad natural, no añadieran el agravamiento de ser el pretexto para reunir en sus gargantas rocosas y en sus riberas agresivas, tan insoportables colecciones de todas las humanidades».</p>
<p>Esquema provisional de campos y tipos. Al hacer este repaso queda claro que, además de o junto a la historia montañera, una clasificación actualizada del pirineísmo cultural de verdadera entidad, es decir, el que entregó una aportación real a la montaña desde su propia línea, podría contenerse y ordenarse en un esquema como el que expongo a continuación. Distinguimos sus componentes, pues, de las figuras de quienes tenían en esta montaña su marco de vida, principalmente campesino -importante, pero cosa distinta-, y de las actitudes del mero turista o curista o del solo buscador de proezas o de juegos deportivos, desmarcados de este contexto. Detallar los ingredientes de tal clasificación requeriría (o requerirá) al menos un libro paciente: los puntos que siguen dan una idea del desarrollo de los principales capítulos de ese trabajo que tengo como un próximo proyecto. Pero, de momento, sin pasar de sus grandes rasgos, los asuntos básicos del catálogo pueden ordenarse del siguiente modo<br />
Sin duda el Pirineo fue y es un excelente campo de conocimiento, lo que permitió en primer término excelentes contribuciones orográficas que son principalmente altimétricas y cartográficas -ambas constituyen una producción típicamente pirineísta, recordemos a los geodestas o a Saint-Saud y a Schraderpero también contienen descripciones de la alta montaña muy valiosas entonces, y hoy como testimonio de su estado, hechas por numerosos exploradores y excursionistas.<br />
A esta producción se sumó una aportación geográfica física y naturalista, que puede desglosarse, primero, en un apartado geológico y geomorfológico (Ramond, Mallada, Margerie, etc.), de interés vivo por la estructura múltiple y ordenada y por el modelado cuaternario de la cordillera -en el que hay que integrar su especial capítulo espeleológico-, y en segundo lugar en un apartado glaciológico e hidrológico (Schrader, Gaurier), que recoge sobre todo testimonios de las interesantes formas, las dinámicas y la evolución del peculiar sistema glaciar pirenaico,<br />
En tercer lugar, se puede desglosar en unos avances botánicos y faunísticos (larga lista desde Ramond) donde se combinan los peculiares juegos pirenaicos de diferenciaciones y enlaces altitudinales, sur-norte y este-oeste de la montaña, con sus elementos secundarios, orientación, exposición, sustratos, historia, etc. Por último, en cuarto lugar, en un programa conservacionista (Briet, Pidal, etc.), en progreso, aunque no sin sacudidas, que tuvo una pronta repercusión positiva en nuestra vertiente, si bien de dimensión limitada.<br />
La conveniencia del análisis, inventario e interpretación de la amplia producción artística alrededor del Pirineo ha ocasionado una actividad en investigaciones y ensayos humanísticos que forma un tronco propio de aportaciones, por ejemplo alrededor de Ramond, de la literatura o del paisajismo romántico, etc.<br />
Hay también una excelente tradición de estudios etnológicos, toponímicos, de lengua, de hábitat rural, de historia local, de geografía humana, con publicaciones y con muestras museísticas apreciables que, por su asunto y su calidad, forman una rama destacada del pirineísmo científico.<br />
En el campo del montañismo hubo una evolución igualmente progresiva; en ella cabe distinguir:<br />
Las aportaciones mediante estupendos relatos de ascensiones, con sus etapas, croquis, rutas y cumbres, con un número alto de colaboradores tanto mediante artículos recogidos por el Club Alpin Français como en libros. De forma secundaria se añaden los testimonios de recorridos de travesías, de exploración de barrancos, de simas y de grutas y de descripción de lugares.<br />
Asociadas a ellas hay expresiones artísticas muy valorables, tanto en pintura y dibujo (Viollet, Petit, el polifacético Schrader -es característico que varios pirineístas demuestren talento, conocimiento y destreza en varias dedicaciones-, entre otros muchos), y luego fotografía (Briet), como en literatura con peculiaridad de objeto y con originalidad de estilo (Russell, Ramond, etc.). Ramond, por ejemplo, tiene un notable valor y esta calidad le abre un amplio arco de influencia en lo científico, artístico y político, como autor significativo de su época en Francia, más allá del Pirineo, aunque en éste de modo lógicamente capital.<br />
A todo esto, que constituye el cuerpo central y principal del pirineísmo, coherente en su sustancia y cambiante en su proceso histórico, se añadió una bella imagen (nuevamente Petit, entre otros muy característicos), una gran literatura de viajes (Sand, Hugo, etc.), no necesariamente realizadas por pirineístas habituales, y una tradición propia de libros-guía.<br />
Esta imagen cultural fue confeccionada en una parte por aficionados montañeros, más o menos expertos, pronto agrupados en sociedades, aunque con individualidades fuertes, y sustancialmente, en cuanto a su eco, por profesionales externos que se encontraban, sin embargo, embarcados en una visita a veces más impersonal o de encargo que en un viaje proyectado con originalidad; por tanto, fueron con frecuencia sólo observadores ocasionales, aunque agudos, de los repetidos circuitos turísticos. Hicieron «pirineísmo», pues, sin ser realmente «pirineístas». Y, por lo común, fueron ajenos a la exploración de la alta montaña. Pero su entidad y resonancia desbordan, además, los límites locales, regionales y temáticos, se establecen en un arco de más radio; aunque el conocimiento concreto de lo pirenaico permite su mejor aprovechamiento y disfrute, una acepción localista del pirineísmo sería una horma evidentemente estrecha para estas obras. La sustancia del pirineísmo fue, en suma, enriquecida y hasta universalizada con tales aportaciones.<br />
En este ámbito de formación de una imagen cultural están también los grabadores y pintores de rutas turísticas, por ejemplo los autores de los hoy buscados álbumes de vistas de lugares, como los de Victor Petit, y las guías de viajes clásicas con sus mapas, croquis y panora-mas (Joanne, Hachette), a veces realizadas con colaboraciones de expertos como Reclus y Schrader. Su confección suele ser bella y rigurosa, con una evolución interesante, con evidente sabor de la cordillera, pero su destino era obviamente el amplio público de los turistas, más allá, por tanto, del propio pirineísmo. Sus itinerarios destacan determinados puntos y marcan ciertos tránsitos y objetivos que pasan a constituir una trama que se ofrece como «característica» de la cordillera.<br />
También hubo tempranas guías específicamente montañeras, de evidente valor, como las de Packe, Russell o Bouillé y, más tarde, Ollivier. Tras las primeras exploraciones, su selección facilita unos recorridos que crean un cuerpo clasificado de posibilidades excursionistas o de escalada. Un Pirineo de rutas con personalidad definida.<br />
Estos son los principales temas, a mi entender, en los que se delimitan y diferencian con brevedad los pirineístas «clásicos» y tal vez aún algo de los actuales enlazados con la tradición. Pensamos que en tal clasificación se aclara una parte de sus posiciones y sentidos, que a veces se barajan indiferenciadamente o se hacen en exceso homogéneos. Tratar, sin embargo, la biblioteca que esconde tan sucinta clasificación sería -o serátema de mucho mayor detenimiento.</p>
<p>El horizonte pirineísta. Hablando de sentidos en los aspectos generales, incluso hoy la más reciente expresión del turismo pirenaico, la guía Michelin, cree necesario referirse al pirineísmo, pues lo considera un hecho sustancial de la montaña franco-española y señala que «ha guardado desde sus orígenes una marca de fervor y elegancia». Divide también a su modo a los pirineístas en tres grupos: los «contemplativos» o literarios, los «profesionales» o geógrafos y los «ascensionistas» o escaladores. Ciertamente, esas tres cualidades de arte, conocimiento y montañismo comple-mentan una marca de identidad, sobre todo porque se mezclan con frecuencia: «los pirineístas -añade expresivamente la guía y ello indica lo consagrado de esta ideatenían una concepción de la montaña tan estética y sentimental como deportiva». Es decir, que además de disociar, hay también que asociar. Lástima que lo diga en pretérito.<br />
El pirineísmo se ha ido construyendo así como un verdadero campo cultural, aunque de modo disimétrico: es necesario insistir en ello, tanto porque nuestra aportación a su formación y desarrollo fue escasa en su etapa clásica, como porque las actuales tendencias en nuestra vertiente parecen depender más de los aprovechamientos turísticos que de otros principios. Sus caracteres pertenecen a un campo cultural cuyo peso no es especialmente influyente ni en toda la práctica del montañismo actual ni en las formas que ha tomado el acelerado proceso de cambio de la misma montaña. Nuestra escasa aportación fue, cuando la hubo, sin embargo de calidad, como la de Lucas Mallada. Nuestra incorporación amplia fue tardía y, por tanto, extra o posbalnearia, aunque ha conseguido altos niveles en montañismo y en ciencia, más que en expresión artística y en la extensión de una mirada moral sobre la naturaleza. Hoy, repetimos, el contagio de los conceptos y procedimientos turísticos, que impregnan hasta algunos planteamientos del montañismo, es notablemente más considerable que la influencia cultural pirineísta: su eco es mucho menor que el empuje de los proyectos nada etéreos de las empresas de turismo deportivo. El pragmatismo empresarial no tiene rivales, ni siquiera tan frágiles como las páginas de los libros, por lo que goza de un ambiente social acrítico e incluso complaciente, cuando no activamente incorporado a su impulso y a sus beneficios materiales. Sacudir esta indiferencia cultural es, pues, bastante urgente. En suma, aquella vieja idea europea que ha venido viendo la alta montaña desde los llanos como el «lugar de la naturaleza», como lo otro, la expresión geográfica próxima de la alteridad, llena de reverencia, ha avanzado tanto hacia el consumo que se está borrando su diferenciación, su misma clave de maravilla. Al menos en este aspecto, que no es desdeñable, han ganado los bañistas -o su espíritu-: lo «otro» se está convirtiendo en lo mismo.</p>
<p class="bodytext">Eduardo Martínez de Pisón</p>
<p>NOTAS<br />
1. Para manejar un marco más general remitimos a la voz «Pirineístas» y sus asociadas recogidas ya en los diversos tomos de la Gran Enciclopedia Aragonesa, Zaragoza, UNALI, 1983 y sig., redactadas por el autor. Ver también nuestras consideraciones más actuales sobre este asunto en el libro El Alto Pirineo, Zaragoza, Biblioteca de Cultura Aragonesa, 2002. En la reciente traducción al español de los viajes de Ramond a Monte Perdido describimos también en el prólogo su especial contribución (Carbonnières, L. Ramond de: Viajes al Monte Perdido&#8230; Madrid, Org. Aut. de Parques Nacionales, «Serie Histórica», 2002). Un marco más amplio puede encontrarse en nuestro trabajo con S. álvaro: El sentimiento de la montaña. Doscientos años de soledad. Madrid, Desnivel, 2002. El clásico encuadre cultural alpino se sintetizó tempranamemte, por ejemplo en Coolidge, W. A. B.: Les Alpes dans la nature et dans l&#8217;histoire. Paris, 1913, o en en Grand-Carteret, J.: Les montagnes a travers les ages. Grenoble, Libr. Dauphinoise, 1903, 2 tomos, o en Engel, C.-E.: Le Mont Blanc, Neuchatel, Ed. Victor Attinger, s. a., etc. Para una historia montañera, recomendamos particularmente la consulta de la obra de Feliu, M.: La conquista del Pirineo, Pamplona, C. D. Navarra, 1977, y de los diversos libros de A. Martínez Embid, publicados recientemente en la editorial Desnivel sobre el Monte Perdido, el Aneto, etc.<br />
2. Arbanère, M.: Tableau des Pyrénées françaises. Tº I. Paris, Treuttel et Würtz, 1828.<br />
3. Taine, H.: Voyage aux Pyrénées. Genève, Slatkine, reed. de 1979 y Viaje a los Pirineos, Madrid, Espasa Calpe, ed. de 1944.<br />
4. Beraldi, H.: Cent ans aux Pyrénées. Pau, Les Amis du livre pyrénéen, reed. de 1977, 7 tomos.<br />
5. Iturralde, M.: Mujeres y montañas. Nacimiento del Pirineísmo femenino. Madrid, Desnivel, 2002,<br />
6. Se ha reeditado recientemente el viaje de Ann Lister al Vignemale: Première Ascension du Vignemal. Le 7 août 1838. Traduit et présenté par Luc Maury. Pau, Cairn, 2000. Hay diversas ediciones. Por ejemplo, Hugo, V.: Voyage aux Pyrénées. Paris, Encre, 1984.<br />
7. Gabastou, A.: Voyage aux Pyrénées. Urrugne, Pimientos, 2001.</p>
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		<title>Editorial 13</title>
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		<pubDate>Mon, 09 May 2016 16:32:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Maestro con mayúsculas, fue mi profesor particular en una redacción que más que una oficina parecía una casa. Maestro siempre bondadoso y muy indulgente, me enseñó a hacer pies de fotos de tres líneas en los que cabía un mundo, a tratar las palabras con muchísimo cuidado, y a tomarme las cosas del trabajo y de la vida con humor y sin perder los nervios.<br />
Compartimos despacho en la revista Viajar durante años, él de director, yo de novata, y nos pasábamos el día en una conversación larga, rodeados de folios mecanografiados y de fotos, reportajes que se acumulaban en nuestras mesas, artículos sobre el Camino de Inca, Damasco, Cracovia, los Mares del Sur, o el Africa más profunda. Bien envueltos en tierras lejanas, hablábamos de todo y mucho, mientras le dábamos a las máquinas de escribir editanto textos, escribiendo entradillas y urdiendo titulares. Dándoles vueltas y más vueltas a las cosas y sin ninguna prisa. Porque el tiempo contante y medido no estaba hecho para Luis, que lo ignoraba olímpicamente, y se podía pasar toda una tarde atormentando una frase para que le quedara redonda. Y le quedaba.<br />
Más tarde, cuando nos trasladamos a unos locales más amplios y tuvo él un espacio propio, dejaba siempre su puerta abierta de par en par para que pudiéramos hablarnos aun sin vernos. Le gustaba consultarme todo, por pura generosidad, ya que ni mi opinión mi mis palabras añadían nada a lo que él ya había rumiado lentamente. A mí, sabedora de mi buena suerte, me encantaba, y teníamos largas conversaciones, de mesa a mesa, sobre el reportaje de la Patagonia que nos acababa de llegar, o sobre la ruta por la Alcarria que algún colaborador había dejado en su mesa. Luis conocía el mundo entero. No a bulto ni a mogollón, como otros que se dicen conocedores lo hacen, sino al detalle, muy de cerca, casi con lupa. Su gusto por las anécdotas le llevaba a fijar su ojo y su atención en imágenes o sucesos para muchos ocultos e inadvertidos, y eso le permitía siempre un trato de familiaridad con todos los países y lugares que yo abiertamente le envidiaba.<br />
Hablábamos y hablábamos, mientras él amontonaba pajaritas, barcos, aviones y todo tipo de objetos de papel sobre su mesa, y yo disfrutaba de la inmensa fortuna de escucharle. De Tombuctú, de Tokio, de Ampurias, de Ali Bey, de Atienza, de Egipto o de Rávena, una ciudad que le encantaba.<br />
Hablamos largamente durante años, y hoy, cuando ya no hay puertas abiertas ni reportajes sobre su mesa, quiero creer que seguimos hablando.</p>
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