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	<title>Boletín 14 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletín 14 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>La flora amazónica</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/amazonia-selva-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Dec 2019 16:44:07 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 14]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Imagen de Francisco Chaves from Buenos Aires, Argentina &#8211; Saliendo de casa, CC BY 2.0. Wikipedia. Boletín 14Marzo de 2003 Texto: Mª Teresa TelleríaImágenes:&#160;Mª Teresa Tellería La cuenca del Amazonas [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><br><span style="color: #999999;"><em>Imagen de Francisco Chaves from Buenos Aires, Argentina &#8211; Saliendo de casa, CC BY 2.0. Wikipedia.</em></span><br><br></p>



<p><strong>Boletín 14</strong><br><em>Marzo de 2003</em></p>



<p><strong>Texto:</strong> Mª Teresa Tellería<br><strong>Imágenes:&nbsp;</strong>Mª Teresa Tellería</p>



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<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>La cuenca del Amazonas encierra más de 20.000 especies diferentes de flora, una riqueza biológica tan&nbsp; exuberante e inabarcable que su estudio resulta una empresa casi imposible. Mª Teresa Tellería, investigadora y directora del Real Jardín Botánico de Madrid, nos introduce en los secretos de la flora amazónica y en la aventura de su descubrimiento.</strong></p>



<p>Se ha dicho que la Amazonia es la última página, aún no concluida, del Génesis. Todo en ella es tan complejo, tan inconmensurable y de tal exuberancia que para describirla es necesario incurrir en una profusión de adjetivos y en cierta desmesura verbal. Exceso que encierra impotencia, e impotencia que esconde ignorancia, la que nos impide analizar y sintetizar lo que esas tierras impenetrables, inexploradas, fecundas, desbordantes, misteriosas y aún remotas esconden.</p>



<p>El Amazonas es un río inmenso; la quinta parte de agua fluvial del mundo discurre por su cauce, que es 16 veces más caudaloso que el del Nilo, aunque el coloso africano sea algo más largo; tal es su presencia e importancia, que su sistema fluvial ha configurado una cuenca de más de 7.000.000 de km2 formados, fundamentalmente. Por los sedimentos que él y sus afluentes han ido y van depositando. Esta superficie ocupa una buena parte de América del Sur y se extiende por el norte de Brasil, por Venezuela, Surinam y las Guayanas y abarca también el este de Colombia, Ecuador, Perú y Bolivia.</p>
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<p>Esta inmensa planicie de terrenos sedimentarios, difícilmente se escapa a la dictadura marcada por los ríos que la erosionan, que acarrean y depositan los sedimentos, para configurar un paisaje donde agua y tierra se funden, en continuo cambio, para crear un escenario único que alberga una de las mayores riquezas biológicas.</p>



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<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><em><strong>Las selvas tropicales, que solo ocupan el 6% de la superficie terrestre, alojan a más de la mitad de los organismos.</strong></em></p>



<p>El trópico es profusión de biodiversidad y ninguna región de la tierra cobija una cantidad, ni tan grande ni tan variada de la misma. Se calcula que las selvas tropicales, que solo ocupan el 6% de la superficie terrestre, alojan a más de la mitad de los organismos. Así, de las aproximadamente 270.000 especies de plantas vasculares conocidas, 170.000 viven en las regiones tropicales. Tres países de la cuenca amazónica: Colombia, Ecuador y Perú reúnen, en su flora, cerca de 40.000 especies aunque sólo ocupan el 2% de la superficie del planeta y cerca de Iquitos, en Perú, se ha localizado el punto conocido que, hasta ahora, alberga la mayor diversidad arbórea del mundo: en dos hectáreas se han censado 300 especies de árboles.</p>



<p>Esta riqueza no es tan sólo cuantitativa sino también cualitativa. Así, en el escudo Guyano, esa porción de tierra situada en el noreste de Sudamérica, entre Venezuela, Colombia, Guayana, Surinan y norte de Brasil, donde se yerguen las mesetas de arenisca conocidas como tepuis, existe una flora con más de 8.000 especies de plantas vasculares de las que, aproximadamente, el 50% son endémicas.</p>
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<p><strong>EL LABERINTO DEL BOSQUE TROPICAL</strong></p>



<p>Por lo general, se tiene una percepción distorsionada de la estructura de la vegetación de la selva, asimilando ésta a la del bosque húmedo tropical secundario; aquél degradado por la pérdida de sus grandes colosos arbóreos, donde es imperiosa la necesidad de un machete que permita abrirse paso, con gran esfuerzo, entre una enmarañada vegetación. Pero la realidad es otra; lo que sucede es que una característica común a la mayoría de los bosques húmedos tropicales es que su inmensa riqueza florística se organiza en estratos escalonados. Estratos que se ordenan de menor a mayor profusión hasta alcanzar su máxima riqueza en esa impenetrable bóveda, casi opaca a la luz del sol, que es el dosel arbóreo, situado a unos 30 metros de altura, donde parece alojarse hasta el 70% de la vida que esta formación vegetal cobija.</p>



<p>Quien ha sobrevolado la selva en helicóptero va a reconocer en mis palabras el espectáculo que esta bóveda ofrece. Se trata de un mosaico en verdes sólo interrumpido, aquí y allá, por algunos árboles cuajados de flores coloreadas; su horizonte, en apariencia homogéneo, se ve interrumpido por otros árboles también dispersos que sobresalen algunos metros por encima de la cubierta. Pero este aspecto tan uniforme es engañoso pues, esta pretendida homogeneidad, encierra una complejidad ecológica y estructural enorme; así lo demuestran los estudios que gracias a la moderna infraestructura de acceso al dosel arbóreo se pueden ahora realizar.</p>



<p>Los bosques húmedos tropicales de todo el mundo presentan, entre sí, bastantes similitudes en lo relativo a la composición florística, a pesar de su amplia distribución geográfica alrededor del ecuador, entre los trópicos de Cáncer y Capricornio. Dispersos como están por las distintas regiones de la tierra, muchos comparten las mismas familias o incluso géneros de plantas pese a estar separados, unos de otros, miles de kilómetros por mares y océanos. Esta similitud vegetal puede ser interpretada de dos modos, ambos plausibles. Una de las hipótesis se basa en la capacidad de dispersión de ciertas plantas, cuyos frutos y semillas pueden viajar grandes a distancias transportadas por los pájaros, las corrientes marinas o el viento. La otra se apoya en la historia de un pasado que permitió, en otro tiempo, hace millones de años que los ancestros de estas plantas compartieron un mismo territorio. En el Cretácico –de esto hace entre 65 y 140 millones de años–, cuando las plantas con flores (angiospermas) comenzaron a diversificarse y adquirir la preponderancia que hoy ostentan, las masas de tierra que hoy constituyen África y Sudamérica formaban parte de un supercontinente: Gondwana. La diversificación de las angiospermas tropicales tuvo lugar mientras Gondwana se disgregaba y los continentes iban separándose lo que facilitó que muchos de los ancestros de la actual flora tropical pudieran entremezclarse en un territorio y otro. No es por tanto de extrañar que, en las selvas tropicales de África y América, encontremos las misma familia de plantas aunque representadas por diferentes especies.</p>



<p>La composición florística del bosque húmedo amazónico está integrada por árboles, arbustos, bejucos, epífitas y herbáceas que, organizadas en estratos escalonados como ya se ha apuntado, configuran el escenario del mismo; escenario que, prácticamente y sin solución de continuidad, se extienden por la planicie amazónica, desde el océano Atlántico hasta las primeras estribaciones de los Andes. Son bosques perennifolios situados a baja altitud, de hasta 500 m, en lugares planos o ligeramente ondulados, donde el paisaje viene esculpido por la interacción, siempre cambiante, de agua y tierra, y donde la luz actúa como factor limitante.</p>



<p>A grandes rasgos, se pueden reconocer tres tipos de bosque húmedo amazónico: los “bosques de tierra firme” o no inundables que son los que presentan una mayor riqueza de especies; los “bosques inundables” que se asientan en suelos periódicamente anegados en función de las crecidas de los ríos y arroyos, son menos biodiversos que los anteriores y los “bosques de pantano”, inundados permanentemente al ocupar las zonas deprimidas del terreno o los típicos meandros que las corrientes de agua, al discurrir por la planicie amazónica, van abandonando. Estos últimos están plagados de palmeras y son los bosques con menos diversidad florística de toda la Amazonia.</p>



<p>Los árboles son los elementos dominantes de la vegetación del bosque húmedo que estamos describiendo y pertenecen, entre otras, a las siguientes familias: leguminosas, lecitidáceas, sapotáceas, moráceas, y euforbiáceas. En un repaso somero a los géneros mejor representados entre los de las leguminosas, destacaremos: Aldina, Bowdichia, Pithecolobium, Mymenaea, Sclerotium y Enterolobium; entre las lecitidáceaes quizá Bertholletia; géneros de nombres tan complicados como Lucuma, Manilkara, Chrysophyllum, Pouteria y Eccinusa representan, entre otros, a las sapotáceas. Brosimum, Chlorophora y Pourouma son, como en el resto de los casos según Cabrera &amp; Willink, los representantes más importantes de las moráceas en estas latitudes. El género Hevea, figura entre los de las euforbiácea, una familia tan copiosa –incluye 300 géneros y cerca de 5.000 especies– como ampliamente distribuida, pues podemos encontrarla por los cinco continentes; tal es su variedad de hábitos que agrupa desde las herbáceas lechetreznas de nuestras latitudes hasta el inmenso árbol del caucho –Hevea brasilensis– de las zonas tropicales.</p>



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<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong><em>Una característica común a la mayoría de los bosques húmedos tropicales es que su inmensa riqueza florística se organiza en estratos escalonados.</em></strong><br><br>Algunas lauráceas y rosáceas, junto a representantes de muchas otras familias (annonaceas, rubiáceas, meliáceas, miristicáceas&#8230;) completan el mosaico de especies arbóreas de esta región del mundo.</p>



<p>Pero, hasta para los más profanos, es difícil concebir un bosque húmedo tropical sin las omnipresentes palmas, pues éstas, que constituyen una fuente recursos para los indígenas que habitan de estas intrincadas selvas, conforman la parte inferior del estrato arbóreo. Atalea, Mauritia, Euterpe e Iriartea son los nombres de algunos de los géneros mejor representados. Haremos un inciso para destacar, de entre ellos, Iriartea y en particular&nbsp; Iriartea deltoidea, e insistimos en este punto pues su descubrimiento está ligado, como el de otras muchas especies de estas tierras, a la historia de la ciencia española, en general, y a la del Real Jardín Botánico, en particular. Fueron los botánicos ilustrados Hipólito Ruiz y José Pavón quienes, en su expedición botánica al Virreirato del Perú, a finales del siglo XVIII, descubrieron, bautizaron, dibujaron y describieron esta palmera de 20 m de altura, de porte erguido y raíces aéreas, muy abundante en estos bosques y a la que los indígenas dan múltiples usos. La emplean para construcción, como alimento e incluso usan las brácteas que protegen sus inflorescencias para acopiar la miel que cosechan en el monte.</p>
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<p><strong>UNA SELVA BAJO LOS ÁRBOLES</strong></p>



<p>Bajo el estrato arbóreo, los bejucos, enredaderas y trepadoras pelean por alcanzar, entrelazándose con las especies arbóreas, la bóveda superior en busca de la luz; entre ellas, las mejor representadas son algunas leguminosas y bignoniáceas, y en menor proporción, hipocretáceas, menispermáceas, sapindáceas, malpigiáceas, connaráceas y dilleniáceas. A media altura, donde todavía alcanzan aquellos rayos de sol que la tupida bóveda permite traspasar, crecen las orquídeas, bromelias, aráceas, helechos y otras plantas epífitas que, en su afán de supervivencia, llegan a desarrollar notables estrategias. Tal es el caso de algunas plantas estranguladoras como ciertos Ficus que, si bien al principio se comportan como epífitos, inician rápidamente la producción de raíces aéreas que buscan el suelo y, una vez enraizadas en él, comienzan un vertiginoso desarrollo que acaba por matar al árbol que les servía inicialmente de soporte.</p>



<p>Decíamos que la evocación de una jungla integrada por una vegetación enmarañada e impenetrable se nos antoja desacertada pues, un bosque primario –aquel que no ha sufrido alteración alguna–, presenta como elementos dominantes de su vegetación los árboles de gran porte. Son, por tanto, sus troncos y raíces tabulares o sustentativas las que configuran el panorama que se presenta a la altura de nuestros ojos, una vez inmersos en la espesura. Con frecuencia este panorama se ve interrumpido por los bejucos retorcidos que, como columnas salomónicas, se abrazan a los árboles en una desesperada búsqueda de luz y nos cortan el camino. La vegetación del sotobosque es, por lo general escasa y vive como puede en la semipenumbra, ávida siempre de esa luz solar que la impenetrable bóveda le escatima. Este estrato basal está constituido, fundamentalmente, por arbustos (rubiáceas, piperáceas y melastomatáceas) y herbáceas (aráceas, marantáceas, zingiberáceas y musáceas) y solo, cuando la caída de algún árbol abre un claro, comienza la vegetación una carrera desenfrenada en pugna por llegar a lo más alto.</p>



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<p><strong><em>Tierra adentro, al remontar las estribaciones de los Andes, nos encontramos con otro tipo de formaciones: el bosque de niebla. Su característica viene marcada por su ubicación y orientación y es la presencia casi constante de brumas.</em></strong><br><br><strong><em>Hablar de la Amazonia es hablar del bosque tropical húmedo que configura una parte importante de su paisaje pero también es hablar de otros muchos tipos de vegetación de los que apenas si alcanzamos a vislumbrar una mínima parte.</em></strong></p>
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<p><strong>LA SELVA, ESCENARIO DE AVENTURA</strong></p>



<p>Pero sería simplificar en exceso nuestra narración si esta evocación de la flora amazónica lo fuera solo la de “una selva por tierra” como definió Jules Verne, en La Jangada, a ese paisaje grandioso y exuberante que es el auténtico protagonista de su novela; en ella la odisea y el misterio rodean ese viaje fluvial desde Iquitos hasta Belem es una vez más, solo un pretexto. Pero la Amazonia es también el espacio donde Arthur Conan Doyle ubica su tierra de “Maple White”, a la que viajan el profesor Challenger, Summerlee, Roxton y el periodista Malone en busca de un mundo perdido. El escenario que sirve de marco a la novela de Conan Doyle es un lugar amplio, de tierras onduladas que se ven perturbadas por la presencia de unas mesetas que, a modo de islotes, sobresalen en el inmenso mar de vegetación que las circunda. Estas mesetas, que en Venezuela se conocen como tepuis y que en Colombia se denominan cerros o mesas, lejos de albergar los vestigios de un mundo ya perdido por masivas extinciones del pasado, aloja una vegetación muy distante en su fisonomía y composición de la de esa exuberante selva húmeda que las circunda. En ellas, según describen Estrada &amp; Fuertes en su estudio de la Sierra de Chiribiquete, en Colombia, se mezclan hasta tres tipo de sabanas –las integradas por comunidades de Croton y Bonetia, las constituidas por representantes del género Vellozia y otra de comunidades de Navia– con formaciones boscosas que alcanzan su máxima expresión en los bosques que se asientan en sus faldas y laderas; bosques formados por un estrato arbóreo de troncos delgados, de 12 a 15 m de altura, donde Protium heptaphyllum es la especie dominante; sus copas pequeñas, al permitir el paso de la luz, favorecen el desarrollo de un sotobosque arbustivo y determinan la escasez de epífitas y bejucos.</p>



<p>Surcada por mil ríos, torrentes y riachuelos, de aguas tan negras como puras, la orografía de Chiribiquete es impresionante pues estos cerros se ven atravesados por una infinidad de grietas originadas por la erosión del agua que, como cicatrices, configuran un paisaje tan fascinante como difícilmente accesible. En los márgenes de algunos de estos cursos se desarrolla una vegetación arbórea –integrada por especies de Ormosia, Dimorphandra, Cirila, Clusia&#8230;– que sobresale entre los bosquetes de Bonetia.</p>



<p>Bosques húmedos tropicales y bosquetes sobre las mesetas de arenisca, son elementos de este mosaico de vegetación que es la Amazonia. Pero aunque son importantes no son, por supuesto, los únicos. Con el deseo de mostrar la gran diversidad florística de la Amazonia, saltamos de un lugar –la Sierra de Chiribiquete en Colombia– a otro –la región de Alto Madidi en Bolivia– donde, de nuevo, la riqueza de hábitats se sucede en una secuencia que viene marcada por la interacción de las corrientes de agua y las tierras circundantes; interacción que, en este caso concreto, se complementa con la de la variación altitudinal, dada la escarpada orografía del territorio. La región de Madidi, también inexplorada y desconocida, es hoy en día, al igual que la Sierra de Chiribiquete, un Parque Nacional. Se sitúa al norte de La Paz y limita al oeste con la frontera de Perú; por la cara este se desliza desde las cumbres de los Andes hasta la planicie amazónica. En ella, además del bosque húmedo amazónico, que en Madidi está presente en las zonas más bajas, nos encontramos con algunas formaciones vegetales de las que hasta ahora no hemos hablado.</p>



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<p>En primer lugar relacionaremos el bosque seco tropical, una formación de árboles semicaducifolios, donde la caída de hojas, en el periodo anual más seco, es una constante que podría remotamente recordar a la de los otoños de nuestros climas templados. Se ubican estos bosques en las zonas secas –de “sombra de lluvias”–,<br>lugares que, por su orientación y topografía, reciben una cantidad muy limitada de chubascos y aguaceros al liberar las nubes su carga en áreas próximas. Estas formaciones boscosas están muy localizadas en Madidi, pues solo se conocen del valle de Machiriapo, en la cuenca alta del río Tuichi. Su interés botánico se supone enorme<br>pues, en ellas, se han descubierto importantes novedades florísticas, como algunas especies de Lecointea (leguminosas) y Caryodendron (euforbiáceas).<br><br><strong><em>&nbsp;</em></strong><em><strong>Los botánicos ilustrados Hipólito Ruiz y José Pavón descubrieron, bautizaron, dibujaron y describieron la Iriartea deltoidea, una palmera de 20 m de altura.</strong></em></p>
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<p>Otra formación vegetal, de fisonomía totalmente distinta, son las llamadas pampas o llanos, que en Madidi, se localizan tanto al sur, en las cercanías de Ixiamas, como al norte, en la cuenca del río Hearth, ya en la frontera con Perú. En ellas abundan las plantas herbáceas, fundamentalmente gramíneas y ciperáceas. La vegetación puede variar en función del grado de inundación y la microtopografía del terreno. De nuevo la composición de la vegetación va a depender del grado de inundación que va desde las zonas pantanosas, donde abundan las palmeras, hasta las sabanas húmedas donde el terreno se inunda temporalmente en función de las precipitaciones estacionales.</p>



<p>Tierra adentro, al remontar las estribaciones de los Andes, nos encontramos con otro tipo de formaciones: el bosque de niebla. Su característica viene marcada por su ubicación y orientación y es la presencia casi constante de brumas. Entre los géneros representativos de este tipo de hábitat están los helechos arborescentes del género Cyathea (ciateáceae) y otros géneros de angiospermas como Clusia (gutiferas), Schefflera y Dendropanax (araliáceas), Hedyosmum (clorantáceas) y Clethra (cletráceas). Las plantas epífitas alcanzan en este lugar un alto nivel de diversidad y destaca la presencia de musgos, helechos y orquídeas.</p>



<p>Hablar de la Amazonia es hablar del bosque tropical húmedo que configura una parte importante de su paisaje pero también es hablar de otros muchos tipos de vegetación que conforman la región y de los que apenas si alcanzamos a vislumbrar una mínima parte. No en vano la región amazónica es la más extensa del neotrópico y alberga, desde el punto de vista biogeográfico y según la clasificación de Morrone, trece provincias distintas cada una con sus peculiares características. En ellas, los bosques húmedos se suceden con las sabanas, con los bosques de galería, los pastizales inundables, los bosques de niebla y los pantanales en una serie infinita de paisajes aún por describir y que, únicamente, conocemos a grandes rasgos, lo que nos obliga a denominarlos con términos tan evocadores como ambiguos.</p>



<p>La Amazonia es biodiversidad a raudales. Diversidad de organismos, mosaico de hábitats, repertorio de estrategias adaptativas, catálogo de complicadas interrelaciones. Complejidad estructural y vida, en suma, que hacen de esta región del mundo, como la describió Alwin Gentry, un maravilloso caleidoscopio de hábitats dinámicos e interactuantes.</p>



<p><strong>Boletín 14</strong><br><em>Marzo de 2003</em></p>



<p><strong><em>&nbsp;</em></strong><br><br></p>
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		<title>Amazonia. Última llamada.</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/amazonia-selva/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 02 Dec 2019 12:55:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
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		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Boletín 14Marzo de 2003 Texto: Luis Miguel DomínguezImágenes:&#160;Luis Miguel Domínguez y Nicolás Reynard Luis Miguel Domínguez conoce bien la Amazonia. Por sus intrincada selva virgen viajó durante seis meses para [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Boletín 14</strong><br><em>Marzo de 2003<br></em></p>



<p><strong>Texto:</strong> Luis Miguel Domínguez<br><strong>Imágenes:&nbsp;</strong>Luis Miguel Domínguez y Nicolás Reynard</p>



<p><br></p>



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<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>Luis Miguel Domínguez conoce bien la Amazonia. Por sus intrincada selva virgen viajó durante seis meses para filmar la serie documental ‘Amazonia, última llamada’. Recorrió 4.000 kilómetros de selva virgen, desde&nbsp; Tabatinga hasta la desembocadura del gran río, en el Estado de Pará, en condiciones extremadamente difíciles, para transmitirnos la realidad de un espacio natural y unos grupos humanos amenazados de extinción.</strong></p>



<p>Tres años después de volver de Brasil, mi cuerpo aun se resiente. La culpa de todo la tiene Blastocystis hominis, una ameba que, como en la canción de Raimundo Amador, se ha convertido en “una okupa dentro de mi paquete intestinal”; ella es la culpable de que “la cague” cuando menos lo espero, así que perdonadme si también la hago en este artículo. Estos son simples gajes de un oficio que nos apasiona, de una profesión cuyo combustible es la vocación, sin la cual seria muy difícil dar un solo paso.</p>
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<p>Salir al campo con unos prismáticos colgados del cuello es algo muy recomendable para los que quieran disfrutar del espectáculo de la naturaleza para sí mismos, en vivo y en primera persona. Pero nuestro quehacer es precisamente el contrario: debemos captar momentos naturales en la intimidad y hacerlos colectivos llevándolos hasta la ultima estancia en la que haya una pantalla de televisión. Eso complica un poquito nuestro paseo por el campo, pues hemos de desplazarnos hasta él con algunos kilos de más.</p>



<p>En esta ocasión viajamos hasta Brasil con seiscientos kilos de material técnico a repartir entre los nueve componentes del equipo de “Amazonia, última llamada”, que lo movimos durante seis meses ininterrumpidos a través de unos 4.000 kilómetros de selva virgen, desde Tabatinga hasta la desembocadura del gran río en el Estado de Pará. Alta tecnología expuesta a elevadas temperaturas, con medidas diarias de 40º C y con una humedad relativa del 80%. En fin, televisión al “baño María” en la gran selva tropical y sus peculiaridades climáticas.</p>



<p>Además, aquel es un paraíso natural en el que moverse no resulta sencillo, pues es muy escasa la tierra firme, ya que buena parte de su jungla permanece inundada por el desmadre del río Amazonas durante largos períodos.</p>



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<p><strong><em>Nunca como director de esta serie he pensado hacer un trabajo sobre la Amazonia basado exclusivamente en su exótica naturaleza. Desde el principio decidí asumir una máxima: los dolores de la Amazonia serán también los míos, y así fue.</em></strong></p>



<p>La Amazonia posee una red natural de navegación fluvial de 25.000 kilómetros, y por sus ríos va y viene todo lo que incumbe al hombre. Nosotros aprendimos esa lección mientras realizábamos nuestro trabajo documental. En naos de todo pelaje surcamos varios miles de kilómetros del propio Amazonas o de algunos de los 1.100 afluentes que le nutren.</p>
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</div>



<p>En una ocasión, en el ignoto valle de Javarí, fronterizo entre Perú y Brasil y tan grande como Portugal, nuestra embarcación reventó su anciano motor de gasoil. Eso nos hizo permanecer sentados durante 20 horas (por las dimensiones de nuestra barca era imposible imaginar otra postura mas terapéutica), a la espera de ser rescatados por los hombres de la Fundación Nacional do Indio (FUNAI). No había orillas donde poner nuestros pies agarrotados, y los pium, pequeños tábanos del tamaño de una cabeza de alfiler, se ensañaron de lo lindo con<br>nuestra carne fresca a la deriva.</p>



<p>Al final todo se solucionó, y con serenidad y sentido del humor, salimos de la situación con la piel cuarteada y pespunteada por los pium, convencidos una vez más de que la Amazonia es patria de agua y quien quiera recorrerla tendrá que emular a Orellana y deberá ser, mas que explorador y senderista, buen argonauta.</p>



<p><strong>MUCHA FAUNA, PERO ESQUIVA A LAS CÁMARAS</strong></p>



<p>Como amantes de la naturaleza y buscadores de secretos biológicos, hemos disfrutado como chiquillos sin malear en una tierra indómita y carnal, como las donnasfellinianas. En la Amazonia nos esperaban dos millones de&nbsp; formas vivas repartidas entre 500 millones de hectáreas de tierra jugosa y arbolada, y nuestro noble propósito, como siempre, era el de hacer pasar a buena parte de las plantas y animales ante el ilusionado objetivo de nuestras cámaras. Nada mas difícil, porque los habitantes del “planeta amazónico” chillan, cantan, trinan, rugen o estridulan, pero sin posar ni un solo segundo ante nadie.</p>



<p>En la selva amazónica, la vida animal se oye, pero no se ve; por eso hay que descubrirla poco a poco y al ritmo que ella impone. Y eso es justo lo que hicimos con la reina de las aves de Brasil, pues ella tiene reservado el derecho de admisión para los intrusos que quieran entrar en su territorio. Con sus más de ocho kilogramos de peso y una envergadura digna de ser envidiada por nuestras rapaces holarticas, el águila harpía construye su nido en el dosel de la jungla, en ese artesonado inalcanzable formado por las copas entrelazadas de los árboles, a más de 50 metros del suelo. En la región de Manaus, a 200 kilómetros de Manaos, el “París del trópico”, filmamos las evoluciones cotidianas de un gran pollo totalmente emplumado al que sus padres alimentaban con macacos y perezosos.</p>



<p><strong>CINCUENTA METROS DE ESCALADA SOBRE UN ÁRBOL</strong></p>



<p>Para colocar nuestra cámara a su altura tuvimos que escalar la gran Castaña de Pará –que justamente estaba enfrente de su nido como si de un cortado rocoso se tratara– usando material de escalada similar al empleado por cualquier alpinista. Además de elevar nuestro peso corporal hasta su copa venciendo al vértigo y a las urticantes hormigas que se defendían de nosotros en la ascensión, tuvimos que repetir la operación con ópticas, trípodes, material virgen de grabación y nuestra inseparable cámara. Después de muchas horas de “cuelgue”, al fin conseguimos lo que buscábamos. Las imágenes de uno de los últimos pollos de águila harpía nacidos en libertad compensan cualquier mal rato.</p>



<p>A ras del suelo tampoco ha sido sencillo arrancarle una sonrisa a la fauna amazónica, tan misteriosa, tan reservada, tan desconocida.</p>



<p>Una de las tres especies de vampiros que viven en el mundo es ciertamente sanguinaria, como marcan los cánones de su grupo zoológico. Se trata de Desmodus rotundus, un murciélago hematófago al que seguimos durante tres largas veladas. Desde que el sol se ocultaba hasta que volvía a aparecer, nuestra cámara, con discreta pero imprescindible iluminación (para “ver” una cámara necesita una intensidad lumínica diferente a la nuestra) seguía el acoso de este vampiro tropical a una gallina. Después de mucho sudar, conseguimos grabar una de las secuencias más espectaculares de la serie, aunque de contenido poco noble: un vampiro succionándo la sangre a una gallina a través de la mordedura que sabiamente le había infligido en el ano.</p>



<p>Los felinos protagonizan un capítulo de nuestra serie, y a ellos hemos dedicado muchas horas de desvelo. Ocho especies habitan el territorio brasileño, no todas tan conocidas como el puma y el jaguar. Algunas son muy pequeñas, como le sucede al gato pequeño do mato, bonito y desconocido por igual, que alcanza un tamaño inferior al de un gato doméstico. Otras son muy raras y pocas veces han sido filmadas, como ocurre con dos especies grabadas en la serie: el gato pajero y el yaguarundi o gato morisco. Las dos llegaran a las casas de los telespectadores de la mano de esta serie que, con paciencia y oficio, ha espiado su hiperactivo universo felino, devolviéndoles el protagonismo eclipsado en ocasiones por las grandes fieras americanas.</p>



<p>Para grabar las evoluciones aéreas del segundo vertebrado más pequeño, después de algunas musarañas, hemos endulzado el paisaje. Sí, los colibríes se han acercado tanto a las cámaras, que han llegado a lamerlas con sus lenguas plegables. Y para eso, además de colocarnos cerca de la vegetación específica de la alimentación de ciertas especies –hay colibríes que sólo liban de una única especie de flor, a la que están asociados– , hemos atraído con cebos artificiales de agua y azúcar a estas aves de metabolismo acelerado que tan buenos ratos nos han hecho pasar.</p>



<p><strong>UN RÍO QUE DEVORA ÁRBOLES Y TIERRA</strong></p>



<p>Nuestras cámaras también han estado trabajando allá donde el río es mas bravo –a punto de encontrarse con el Javarí– y le han visto tragarse arboles enteros aderezados con toneladas de tierra roja para alimentarse y para nutrir a millones de seres que lo necesitan para ser. Como glaciares tropicales de tierra y barro, las orillas del Amazonas se derrumbaban a pocos metros de nuestra proa, una acción en la que pocas veces reparamos, pero que más significado atesora.</p>



<p>En sus movimientos de crecida anual, el río le roba espacio a la tierra firme haciendo caer en su lecho árboles centenarios y tierras bajas que dan el color terroso a sus aguas y la materia orgánica a su caudal. Grabar estos estertores inesperados y esporádicos de una tierra en la que el hombre no interviene nos llevó muchas horas y muchos sustos. Teníamos que recoger el sonido impresionante de los arboles y la tierra cayendo al río, para lo cual necesitábamos que el motor de nuestra embarcación estuviera apagado, es decir, no había capacidad de maniobra si alguno de los arboles abatidos por el río nos caía encima. Afortunadamente, nada de eso ocurrió, y las imágenes del Amazonas engulliendo arboles y tierra con su lengua de agua hambrienta quedarán en la memoria de cuantos las disfruten desde el cómodo sofá de su cuarto de estar.<br></p>



<p><strong>GRABANDO A RAS DEL SUELO</strong></p>



<p>La selva amazónica impresiona por sus dimensiones y por su corpulencia. Nuestra mirada siempre suele ser de abajo a arriba, como el hijito que contempla a su padre desde su posición de cachorro. Pero para grabar esta serie a veces hemos invertido el eje de observación, echando mas de un vistazo al suelo. En él, la alquimia de su antiquísimo laboratorio produce procesos de manutención de la floresta que la hacen resistir. “Amazonia, última llamada” ha intentado que se entienda la mecánica de este ecosistema poderoso pero vulnerable, que no se olvide jamás que su fragosidad puede transformarse en desorden biológico si interferimos en muchos de los episodios cotidianos que se dan en sus entrañas.</p>



<p>La proverbial pobreza de los suelos amazónicos ha sido analizada por nuestra cámara a través de técnicas macrofotográficas, que elevan a su justa condición de protagonistas a los más pequeños seres vivos que fabrican suelo fértil a destajo, transformando la energía y haciéndola visible convertida en reino vegetal.</p>



<p>Las altas concentraciones de aluminio y la baja fertilidad de los suelos han obligado a la selva a crear un lecho de nutrientes de solo veinte centímetros de grosor; por eso, la agricultura monocultivista y extensiva es&nbsp; contraproducente en este lugar. La selva solo puede y quiere ser selva, y, tanto conceptual como estéticamente, nuestro trabajo se ha propuesto hacer entender esta realidad biológica tan importante.</p>



<p><strong>DOS MESES CON EL PUEBLO DEL PUTURU</strong></p>



<p>Aún duermen, sin ser molestados de momento por el alarido de nuestra sociedad industrial, cincuenta y cinco grupos indígenas aislados en el seno de la selva inexplorada del Brasil amazónico. Miles de seres humanos pertenecientes a diversas etnias con culturas, lenguas y creencias diferentes aun resisten como dueños de su mundo, sin saber que 6.000 millones de personas, casi todas “pasadas por la piedra” de Occidente, estamos al otro lado.</p>



<p>Durante algo más de dos meses hemos convivido con uno de esos grupos, formado por 184 indígenas y al que ellos mismos reconocen bajo el nombre de Zo’e, el pueblo del puturu, un adorno facial muy característico que taladra su labio inferior y que no hemos visto en ninguna otra tribu amazónica. Para nosotros era muy importante evitar las miradas a cámara de las personas con las que íbamos a convivir, y por eso empezamos a grabar después de llevar allí varios días. Si a nosotros su desnudez y su puturu de madera nos llamaban la atención, a ellos nuestra “pinta” de alienígenas debió de perturbarles un poco. No obstante, sólo hicieron falta unos días de adaptación mutua para que ambos grupos de seres humanos nos dejáramos de impresionar. Los niños Zo’e intentaban comprobar nuestra valentía poniéndonos en la mano por sorpresa insectos horribles, de aspecto asqueroso, con el único fin de comprobar nuestra reacción asustadiza y correrse una buena juerga a nuestra costa. Las mujeres, muy interesadas por el vello de nuestro pecho o de nuestras piernas, no escatimaban toqueteos y escrutinios. Y los hombres, en mas de una ocasión, se ocuparon de nuestro paquete testicular con seriedad y solemnidad, como quien analiza el poderío de un motor revisando la configuración de los cilindros. Si, además de ser simpático, uno tiene la fortuna de estar bien “armao”, entre los indígenas probablemente adquirirá rango de capitán general y las cosas serán diferentes.</p>



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<p><strong><em>Durante algo más de dos meses hemos convivido con uno de esos grupos, formado por 184 indígenas y al que ellos mismos reconocen bajo el nombre de Zo’e, el pueblo del puturu, un adorno facial muy característico que taladra su labio inferior y que no hemos visto en ninguna otra tribu amazónica.</em> </strong><br></p>
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<p><strong>INMORTALIZAR A LOS VIGILANTES DE LA SELVA</strong></p>



<p>Y nuestra cámara, mientras tanto, trabajando sin que ellos supieran en que y para que. No pueden imaginar estos dueños del mundo que otro va a conocerlos, a pesar de que nuestros embajadores en su mundo, los “sertanistas” (especialistas en selvas) Sydney Possuelo, jefe del Departamento de Indios Aislados de la FUNAI, y Joao Lobato, su hombre de confianza en territorio Zo’e y también funcionario de la FUNAI, les explicaran con todo lujo de detalles nuestras intenciones: demostrar que los pueblos indígenas aislados existen a pesar de todo, que son pocos, que están amenazados y que su presencia es buena, esperanzadora razón de ser para los que seguimos creyendo en la Tierra como en un milagro aun sin ejecutar.</p>



<p>Nadie, después de ver el segundo capítulo de nuestra serie, titulado Aislados, podrá decir que no conocía la existencia de este pueblo cuando un día fatídico se desayune con la noticia en los periódicos de la extinción de un grupo de indígenas a manos de los colonos. Los Zo’e son ya parte de la memoria colectiva, la razón de compromiso de nuestra sociedad con la defensa de la Amazonia y sus gentes, y a eso contribuye nuestro, a veces, esperpéntico trabajo, a abrir algún ventanal al mundo para que entendamos cuanto antes que nuestro planeta es el mismo para todos y que de su salud depende la nuestra.</p>



<p>Nunca como director de esta serie he pensado hacer un trabajo sobre la Amazonia basado exclusivamente en su exótica naturaleza. Desde el principio decidí asumir una máxima: los dolores de la Amazonia serán también los míos, y así fue. Grabamos durante meses el trabajo ilegal de las mafias madereras, de los buscadores de oro, de los colonos de la soja, de los traficantes de animales, de los biopiratas&#8230; Los enemigos de las selva y sus hijos son muchos, y esta serie también se ha encargado de ellos; pero contar como conseguimos meterlos a todos en el recuadro de la tele será motivo de futuros encuentros desde estas páginas.</p>



<p>Por ahora sólo te pido que disfrutes en primera persona, o en todo caso en segunda del plural, de un trabajo honesto que ya camina solo. La tele es así: unos pocos miran para que muchos vean.</p>



<p><strong>Boletín 14</strong><br><em>Marzo de 2003</em></p>



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		<title>La deforestación del Amazonia</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-deforestacion-del-amazonia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 May 2016 16:41:32 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 14]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la actualidad, sólo una quinta parte de las coberturas forestales originales de la Tierra permanecen intactas y no fragmentadas. Son las denominadas ultimas fronteras forestales del planeta. Además, cerca [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/la-deforestacion-del-amazonia/">La deforestación del Amazonia</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">En la actualidad, sólo una quinta parte de las coberturas forestales originales de la Tierra permanecen intactas y no fragmentadas. Son las denominadas ultimas fronteras forestales del planeta. Además, cerca de la mitad de las que aún existen corren peligro debido a actividades como la minería, agricultura y, la más importante de todas, la explotación comercial intensiva de la madera.</p>
<p class="bodytext">De los bosques primarios que aún quedan, el que ocupa la mayor extensión continua conocida es la selva amazónica, con un tamaño equivalente a toda Europa Occidental -un área de aproximadamente 3,7 millones de kilómetros cuadrados (370 millones de Ha.). Sólo la Amazonia brasileña comprende un tercio de los bosques tropicales que quedan en el mundo. En la actualidad, aproximadamente dos tercios de la selva tropical ubicada en la Amazonia brasileña permanecen intactos, por lo que todavía pueden ser protegidos de una explotación irracional.</p>
<p class="bodytext">En la década de los 90, los daños medios anuales derivados de la explotación forestal afecta a una extensión de 17.000 km2/año (1,7 millones Ha/año), una cifra que no aparece reflejada en los datos oficiales de deforestación aportados por el gobierno. Por ejemplo, en 1998 más de 27 millones Ha. de bosque estuvieron expuestas a los incendios con un alto grado de vulnerabilidad debido a los procesos de fragmentación y aclarado de las masas forestales que ocasionan un elevado nivel de desprotección de la selva.</p>
<p class="bodytext">Estos datos se agravan en los primeros años del nuevo milenio, cuando las la superficie deforestada asciende a más de 18.000 km2/año. Y los avances cientifico-técnicos que están posibilitando un seguimiento más preciso de la procesos de deforestación que afectan a la Amazonia ponen de relieve que no es posible esperar una desaceleración significativa a medio plazo de este fenómeno.</p>
<p class="bodytext">Si a las cifras de deforestación total anteriormente expuestas le añadimos los más de 2.000 km2 anuales de superficie selvática que se degradan por procesos de fragmentación derivados de actividades de «corta selectiva» no sostenibles, no es muy difícil concluir la preocupación de organizaciones ecologistas ante tan lamentable situación de degradación ambiental. Es más, estos procesos de deforestación ni siquiera han conseguido la mejora socio-económicas de las poblaciones afectadas. La deforestación de la Amazonia brasileña, lejos de mejorar la calidad de vida de los seres humanos que viven en ella (cerca de 20 millones de habitantes), es un claro ejemplo de cómo la degradación ambiental genera pobreza e injusticia social</p>
<p class="bodytext">En las últimas dos décadas, la contribución de la Amazonia a la producción total de madera de Brasil se ha disparado desde el 14% al 85 %. Según datos oficiales, el 80 % de esta madera se extrajo ilegalmente. Además, la obsoleta tecnología empleada en las tareas de extracción y transformación dan lugar a un gran desperdicio de madera. Sólo se aprovecha un tercio de la madera en bruto que entra en los aserraderos y por término medio, sólo un tercio de la madera extraída en los bosques se convierte en producto final.</p>
<p class="bodytext">En este contexto, el impacto ambiental originado por las empresas madereras brasileñas, la mayoría de pequeño tamaño y con tecnologías obsoletas, se ha visto aumentado de manera significativa debido a la llegada de nuevas compañías a la región. A causa del agotamiento de las reservas del Sudeste Asiático y de áfrica Central, la Amazonia brasileña se ha convertido en el objetivo principal de las industrias madereras multinacionales como fuente principal de suministro de madera tropical en las próximas décadas.</p>
<p class="bodytext">De todas las multinacionales que han llegado recientemente a esta región, muchas ejercen un considerable poder financiero y poseen un abundante historial de abusos medioambientales y socioeconómicos. En los últimos años, la selva amazónica ha atraído la atención de los inversores y extranjeros por el increíble volumen de madera comercial que atesora, alrededor de 60 billones de m3 de troncos.</p>
<p class="bodytext">Explotación forestal intensiva creciente<br />
Las empresas madereras argumentan a menudo que su método de extracción es de carácter sostenible; sin embargo, continúa en la Amazonia la deforestación (desmonte del terreno donde la selva se ve reemplazada por otros usos como por ejemplo el pastoreo de ganado) y los árboles obtenidos de esta forma siguen apareciendo en el mercado. Mientras tanto, a los consumidores del mundo entero se les asegura constantemente que la madera que compran procede de fuentes legales y sostenibles. Por ejemplo, la Timber Trade Federation (Federación Comercial de la Madera) del Reino Unido firmó en septiembre de 1993 un acuerdo con AIMEX (la asociación de exportadores de madera del estado de Pará) que obligaba a los comerciantes locales a sólo aceptar la madera procedente de fuentes sostenibles y que cumpliese estrictamente las leyes brasileñas. Dado el elevado porcentaje que representa la tala ilegal, resulta evidente que la mayor parte de la madera que aparece en el mercado no puede ser ni legal ni de origen sostenible.</p>
<p class="bodytext">En la actualidad se ha demostrado que las cortas intensivas a gran escala son una de las mayores amenazas para las fronteras forestales que quedan en el mundo. Incluso la extracción selectiva de árboles valiosos puede cambiar directamente la estructura y composición de especies del ecosistema. Efectos indirectos como la no internalización en los procesos de producción de los costes de construcción de carreteras y de las tareas eliminación de vegetación llevada a cabo en propiedades privadas para el desempeño de actividades económicas abren la puerta a extensos y graves procesos de deforestación como la caza a gran escala, el creciente uso de la madera como combustible o la deforestación para desarrollar proyectos agrícolas, ganaderas y mineras.</p>
<p class="bodytext">Un informe reciente sobre deforestación tropical realizado por el Joint Reseach Center de la Comisión Europea (TREES, 1998) revelaba que, de los 110 puntos críticos debido a procesos de deforestación en el Sudeste Asiático, áfrica y Sudamérica, al menos en el 61% de ellos, es debida directa o indirectamente a las cortas intensivas. Respecto a la Amazonia, el informe indicaba que el 72% de los puntos críticos están asociados directamente a la explotación de la madera.</p>
<p class="bodytext">Las cortas y la destrucción de la selva amazónica<br />
En comparación con otros países, en la Amazonia brasileña todavía queda una proporción relativamente alta de selva tropical intacta, pero los procesos de deforestación están aumentando rápidamente. Hasta comienzos de los años setenta, sólo se había destruido el 1% de los bosques de la Amazonia. Sin embargo, a mediados de 1998, las zonas afectadas por procesos de deforestación habían aumentado al 13,7%. Es decir, en algo más de tres décadas se han perdido más de 55 millones Ha., un área del tamaño de Francia.</p>
<p class="bodytext">Las investigaciones realizadas por Greenpeace sobre el terreno han demostrado que la mayor parte de los recientes procesos de deforestación en la cuenca amazónica brasileña están ligados a un aumento de la explotación maderera. Las actividades extractoras de la industria maderera dañan millones de hectáreas de selva intacta cada año. Las vías de entrada a zonas de bosque cerrado abren el camino a nuevos procesos de deforestación que suponen la desaparición de la selva o su fragmentación y degradación irreversible. De hecho, la construcción de carreteras en la selva y la deforestación de los bosques por los agricultores y ganaderos están por lo general financiadas mediante las ventas de madera tropical.</p>
<p class="bodytext">El problema es tan grande que de acuerdo con la Secretaría brasileña para Asuntos Estratégicos (SAE), alrededor del 80% de la madera de la Amazonia es extraída ilegalmente. En principio, la selva puede ser explotada legalmente a través de los planes de gestión forestal (planes de ordenación forestal). Sin embargo, es importante observar que el SAE ha llegado a la conclusión de que la mayoría de los planes de gestión forestal existentes no son controlados, sino que son un simple «requisito legal». Se calcula que el 90% de la deforestación que se produce en la Amazonia brasileña se debe a actividades no autorizadas.</p>
<p class="bodytext">En cualquier parte donde se extraiga la madera, la mejor herramienta de vigilancia con que cuenta IBAMA para controlar una explotación maderera es la ATPF (Autorización para el Transporte de Productos Forestales). Sin embargo, se extraen con regularidad grandes cantidades de troncos ilegalmente ya que se puede adquirir fácilmente una ATPF falsa por sólo<br />
1 e/m3 de madera transportada. De este modo, las actividades de las empresas madereras que están operando en la región, las cuales cuentan con un largo historial de presuntos abusos sociales y medioambientales, se unen este tipo de prácticas anteriormente expuestas representan una seria amenaza para la integridad de los bosques primarios en toda la cuenca amazónica.</p>
<p class="bodytext">El aumento de la fragmentación y de la apertura de claros en la selva debido a la proliferación de actividades de corta no previstas está conduciendo a una mayor propensión a la colonización y a la existencia de incendios forestales cada vez más intensos, así como a una pérdida de especies vegetales y animales que son sensibles al cambio en las condiciones ambientales de la selva. También existe una reducción de los recursos culturales, medicinales y nutricionales de los que dependen los pueblos indígenas y comunidades locales de la selva.</p>
<p class="bodytext">Los procesos de fragmentación se acentuarán en las próximas dos décadas, si uno se detiene a analizar el programa Avanza Brasil en un escenario temporal próximo al 2020: más embalses, nuevas carreteras, una gran red de canalizaciones de gas y petróleo, incremento de vías de transporte fluvial intensivo y un largo etcétera de infraestructuras que tendrán un denominador común, las madereras, que serán la punta de lanza a la hora de penetrar en el hasta ahora corazón intacto del mayor bosque tropical del mundo.</p>
<p class="bodytext">Otras formas de gestión forestal<br />
Las operaciones de explotación forestal certificadas por entidades independientes ofrecen una importante herramienta para el sector maderero que actúa en la Amazonia. El FSC (Consejo para la Administración Forestal -Forest Stewardship Council-) es en la actualidad la entidad independiente de certificación más adecuada para garantizar al consumidor y al propietario que se está haciendo una gestión forestal respetuosa con la Naturaleza ya que promueve una mejor práctica ecológica de la explotación forestal, abordando todo su ciclo de vida (desde que se corta la madera hasta que es transformada en parquets, sillas, mesas, puertas, ventanas, etc.).</p>
<p class="bodytext">Científicos como Nepstad han concluido que si el agotamiento y degradación forestal tienen que ser controladas, se deben restringir las actividades de explotación y sustituirlas por técnicas de aprovechamiento forestal de bajo impacto. Es importante tener en cuenta que incluso el sistema de certificación FSC puede que no sea adecuado en ciertas zonas de la Amazonia, una vez que se haya conseguido la delimitar las zonas adecuadas para la gestión de recursos y las destinadas a ser protegidas, ya sea por sus valores ecológicos, culturales o sociales.</p>
<p class="bodytext">El incremento de las actividades de explotación forestal en la Amazonia brasileña en áreas boscosas hasta ahora intactas, los altos niveles de cortas ilegales y el ineficaz sistema de extracción y tratamiento de la madera, están vinculados al previsto crecimiento de la exportación.</p>
<p class="bodytext">Además, los beneficios que revierten en las comunidades locales es extremadamente bajo, debido a que la industria ofrece trabajos de muy baja calidad y con un elevadísimo riesgo laboral, a lo que hay que añadir el hecho de que los mercados de exportación más lucrativos están dominados por empresas de capital extranjero.</p>
<p class="bodytext">Sin embargo, es una realidad el que los proveedores de madera tropical están bajo una presión cada vez mayor por parte de los mercados externos; algunos productores están mostrando su interés en prácticas más responsables e incluso en conseguir una certificación forestal que avale su trabajo, al menos para el mercado de exportación.<br />
Algunos datos relevantes<br />
. De los bosques primarios que aún quedan, el que ocupa la mayor extensión continua conocida es la selva amazónica. Con un tamaño equivalente a toda Europa Occidental -un área de aproximadamente 3,7 millones de kilómetros cuadrados (370 millones de Ha.). Sólo la Amazonia brasileña comprende un tercio de los bosques tropicales que quedan en el mundo. En la actualidad, aproximadamente dos tercios de la selva tropical ubicada en la Amazonia brasileña permanecen intactos, por lo que todavía pueden ser protegidos de una explotación irracional.</p>
<p class="bodytext">. Debido al agotamiento de los recursos forestales en del Sudeste Asiático y áfrica Central y Occidental como consecuencia de la sobreexplotación y destrucción de los bosques en esta zona, la Amazonia se ha convertido en el objetivo principal de las empresas multinacionales, que consideran los bosques de esta zona del planeta como la fuente principal de suministro de maderas tropicales en las próximas décadas.</p>
<p class="bodytext">. La contribución de la Amazonia a la producción total de madera de Brasil se ha disparado del 14% al 85% en sólo dos décadas.</p>
<p class="bodytext">. A la cabeza de la destrucción de los bosques primarios de la Amazonia, se encuentra la industria de la madera, que en 1997 causó daños en cerca de 1,5 millones de Ha.</p>
<p class="bodytext">. El 80% de la madera obtenida de la Amazonia se extrae ilegalmente. Además, los Planes de Ordenación Forestal no se cumplen. Simplemente sirven «para satisfacer un requisito legal».</p>
<p class="bodytext">. Durante el proceso de corta, y en las propias serrerías, se desperdician dos tercios de la madera extraída que termina en forma de fragmentos inservibles o serrín.</p>
<p class="bodytext">Algunas medidas para prevenir la deforestación<br />
de la Amazonia brasileña</p>
<p class="bodytext">. La aplicación de medidas urgentes por parte del gobierno brasileño que acaben con la explotación forestal ilegal y potencien la adopción sistemas de gestión forestal que respeten el medio ambiente y las condiciones de trabajo de los empleados forestales.</p>
<p class="bodytext">. La elaboración urgente por parte del Gobierno brasileño de un inventario detallado del sector de la madera en cada uno de los estados amazónicos. éste debería facilitar cifras de todas las empresas que operan en cada estado incluyendo: tamaño, capacidad de producción, equipamiento, planes de gestión, propietario y número de empleados.</p>
<p class="bodytext">. La práctica de un consumo responsable de madera procedente de la Amazonia, comprando sólo aquella cuyo origen sea conocido y cuente con la certificación FSC.</p>
<p class="bodytext">. La adopción de sistemas de certificación (FSC) para aquellas empresas que ya estén cortando madera en bosques primarios fragmentados, y se demuestre que el ecosistema permanece inalterado.</p>
<p class="bodytext">LA EXPLOTACIóN FORESTAL ILEGAL E INSOSTENIBLE<br />
Existen tres maneras principales que permiten a las empresas madereras obtener la materia prima para su industrialización y procesamiento:</p>
<p>1. Planes de Gestión Forestal (PGP)<br />
Los planes de gestión forestal son instrumentos legales que permiten la explotación forestal con fines industriales en la Amazonia. Desde 1986, el IBAMA viene aprobando miles de planes de esta clase, con lo cual se pretende que el consumidor tenga garantías de que la actividad forestal industrial está regulada. Sin embargo, los mismos planes son a menudo muy endebles y, con frecuencia, se hace caso omiso de ellos. Por ejemplo, en 1996 un informe gubernamental demostraba una serie de incumplimientos de la ley. Revelaba que en un 93 por ciento, los planes de gestión carecen de vías de deslizamiento (donde pasan los troncos sacados de la selva), a pesar de que la ubicación cuidadosa de estas vías es primordial para evitar destrozos a la selva y al terreno.</p>
<p class="bodytext">Un posterior informe del IBAMA (Instituto Brasileño de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible) revelaba que solamente en un 31 por ciento, los planes de gestión forestal merecen el calificativo de satisfactorios. El 40 por ciento de estos planes es suspendido y el 22,6 por ciento queda anulado. De los planes restantes, el IBAMA tan sólo aprueba el 49 por ciento. Hasta en aquellos casos en que se va a anular un plan de gestión forestal, no existe garantía alguna de que cesen las actividades extractoras</p>
<p class="bodytext">2. Deforestación<br />
La deforestación se define como la tala que lleva a dejar sin árboles una zona determinada donde la tierra se destina a continuación a otros fines, como pastos para el ganado. Las empresas madereras que operan en Brasil siguen vendiendo madera extraída de las zonas deforestadas, a pesar del hecho de que un número creciente de consumidores en el mundo entero manifiesta que no desea comprar madera proveniente de prácticas insostenibles como éstas. Este problema se explica parcialmente señalando que la madera procedente de las zonas deforestadas es mucho más barata. Por ejemplo, se pueden pagar cinco reales (1,85 e) el metro cúbico por troncos sacados de zonas en vías de deforestación, en contraste con los 25 reales (9,25 e) el metro cúbico por madera de la misma calidad procedente de zonas forestales donde existen planes de gestión forestal.</p>
<p class="bodytext">3. Terceras Partes<br />
La madera obtenida de terceros, como pueden ser los aserraderos u otras empresas madereras, puede ser ilegal de numerosas maneras. Por ejemplo, se ha comprobado que algunas de las compañías que operan en Santarém, en el Estado de Pará, han conseguido documentos que les permite legalizar la madera comercializada con la ayuda de «empresas fantasma», es decir, empresas que producen documentación relativa a madera que no existe con el fin de encubrir los troncos talados ilegalmente. Estas «empresas fantasma» son aserraderos o comerciantes en madera que declaran al IBAMA que una compañía les ha vendido madera y/o troncos, y tienen documentos que lo confirman; sin embargo, la compañía que les vendió la madera o los troncos en cuestión no declara estos hechos al IBAMA. Por tanto, dicha madera nunca existió y el aserradero genera documentación relativa a volúmenes de madera ilegal que nunca entró a formar parte de sus posesiones.</p>
<p class="bodytext">El proceso es el siguiente:</p>
<p class="bodytext">. Paso primero: La empresa A consigue de la empresa B documentos destinados a legalizar determinada cantidad de madera extraída ilegalmente. Los documentos pueden proceder de operaciones de explotación forestal legal y autorizada, pero donde no se realiza tala alguna (o donde no existen árboles maderables).<br />
. Paso segundo: La empresa A adquiere la madera ilegal.<br />
. Paso tercero: La empresa A utiliza los documentos legales para justificar ante el IBAMA su posesión de la madera ilegal.<br />
. Paso cuarto: La empresa B nunca declara al IBAMA la entrega de la documentación y de la madera en cuestión. El IBAMA no realiza una verificación en ambos sentidos de los documentos para confirmar si la empresa B ha declarado o no la venta del lote de madera.<br />
. Paso quinto: La empresa A procede a vender la madera procesada, ya legalizada gracias a los documentos proporcionados por la empresa B, a exportadores y comerciantes en madera.</p>
<p class="bodytext"><strong>Mario Rodríguez</strong></p>
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		<title>Entrevista a Sydney Possuelo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/entrevista-a-sydney-possuelo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 May 2016 16:39:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 14]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En las fotografías que los medios de comunicación publican sobre Sydney Possuelo, su imagen es la de un explorador de los de antaño. Un hombre maduro, con barba canosa y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">En las fotografías que los medios de comunicación publican sobre Sydney Possuelo, su imagen es la de un explorador de los de antaño. Un hombre maduro, con barba canosa y descuidada, traje de campaña, rostro bronceado y nariz aguileña que subraya la fuerza de una penetrante mirada. Cuando nos encontramos con él en Madrid, nos recibió un personaje diferente: un hombre elegante y atractivo de unos sesenta años que bien podría tener muchos menos, de aspecto ágil y deportivo, bronceado como si regresara de la playa, barba bien recortada, camisa de seda negra y pantalón vaquero. él mismo nos confesará más tarde, riendo: «No soy el &#8216;Tarzán&#8217; que las mujeres esperan que sea».</p>
<p class="bodytext">Possuelo nos recibió en casa de uno de sus amigos españoles, el periodista Luis Miguel Domínguez. Nos sentamos de una manera informal y hablamos sin prisas de todo: de su vida personal y de su trabajo, de sus exploraciones y de sus amigos, de sus proyectos y de cómo ve el futuro del Amazonas. En un español correcto, aunque salpicado de palabras y expresiones brasileñas, nos dejó entrever lo complicado que resulta compaginar la vida en la selva y el trabajo de «explorador» con la vida familiar. En todo momento, Possuelo se mostró como un hombre tranquilo que quita constantemente importancia a su trabajo y a los riesgos que implica.</p>
<p class="bodytext">Sydney Possuelo tiene sesenta y tres años y desde los dieciséis su vida ha estado ligada al Amazonas brasileño. Es uno de esos hombres que irradia fuerza y magnetismo personal, un personaje comprometido hasta las últimas consecuencias con una causa, que en su caso es la defensa de los indios de la Amazonia que jamás han sido contactados por la civilización occidental y a los que trata de proteger de los riesgos de un contacto agresivo y destructor. Su vida ha sido intensa, ligada a un trabajo que le apasiona y que le ha aportado aventuras, riesgos y la posibilidad de explorar parajes inéditos del Amazonas.</p>
<p class="bodytext">-Tu imagen pública es la de un hombre de acción, la de un explorador que arrostra peligros por el laberinto de la selva amazónica, pero ¿en qué consiste tu trabajo?<br />
Mi vida es mucho más normal que todo eso. Soy un funcionario del Gobierno brasileño ya que estoy al frente del Departamento de Indios Aislados de la FUNAI (Fundación del Indio de Brasil), responsable de la protección de los pueblos aislados que viven aún en la Amazonia Brasileña sin contacto alguno con la civilización occidental, lo que en España llaman indios «no contactados». Yo soy lo que llaman en el Brasil un «sertanista» que viene de la palabra «sertáo» que significa «selva». Sertanista es un especialista en la selva y las cosas de la selva, algo que parece «muy importante» pero que a la vez no significa nada en concreto. Toco muchos campos, pero no soy especialista en nada en concreto».<br />
-¿ En qué consiste tu trabajo cotidiano?<br />
Mi tarea consiste en explorar la Amazonia brasileña para localizar a las últimas tribus de indios aislados y poner las medidas para protegerles de los peligros de una civilización que desconocen por completo y a la que se enfrentan en desigualdad de condiciones. Mi departamento tiene seis puntos en la Amazonia donde tengo equipos de trabajo que están protegiendo enormes territorios donde viven indios aislados. Organizamos al menos dos expediciones al año en las que viajo con un equipo de personas, blancos y nativos, para buscar y confirmar o no la existencia de indios aislados en la Amazonia. Aunque pueda parecer lo contrario, en realidad mi trabajo es un poco burocrático.</p>
<p class="bodytext">-Ahora tal vez te resulte burocrático pero cuando empezaste seguro que te parecía una aventura. ¿Cómo fue tu primer contacto con la selva amazónica?<br />
Por supuesto que me parecía apasionante. De niño soñaba con esto. Soy de Sao Paulo pero desde muy joven me sentí muy atraído por la selva. A mí me apasionaban las figuras de los hermanos Villas Bôas, los más famosos «sertanistas» brasileños que por aquella época, cuando yo tenía 14 o 15 años, eran los héroes de Brasil. Yo les veía en los periódicos, escuchaba hablar de ellos, y soñaba con conocerles en persona. Leía y veía sus reportajes como un sueño. Conocí a sus hermanas e iba a preguntarles cómo podía conocerles personalmente, cómo podía hablar con ellos. Y así hasta que un día les encontré, me gustaron, y empezamos una amistad. Claudio y Orlando Villas Bôas eran entonces hombres míticos buscados y admirados por muchos jóvenes como yo. De aquel primer encuentro realmente no salió nada concreto pero mi afán de aventura era cada vez mayor y los Villas Bôas me gustaron. Eran mis héroes y yo era su amigo. Y eso ya era mucho.</p>
<p class="bodytext">-Entonces al principio, la selva para ti era sólo un escenario para la aventura.<br />
Pues realmente si. Yo tendría unos 16 o 17 años cuando conocí a los Villas Bôas y empecé a interesarme por la Amazonia. No había ningún componente científico en mi afán, ni una vocación por atender o una inquietud de acercarme a los pueblos indígenas. Lo mío era una búsqueda permanente de aventura.</p>
<p class="bodytext">-Y ¿cuándo viajaste por primera vez a la Amazonia?<br />
Hice el servicio militar y terminé en el año 59. Fue entonces cuando hice mi primer viaje a la Selva.</p>
<p class="bodytext">-¿Con los Villas Bôas?<br />
No. El primer viaje fue sin ellos. Fue un desastre, como una de esas comedias antiguas de risa, con muchos golpes y percances, porque pasó de todo. Yo acompañaba a una aeronave de la Fuerza Aérea que transportaba abastecimiento. Fueron tres largos días de viaje en avión, río arriba. Cuando aterrizamos, el avión se salió fuera de la pista de tierra y con el choque, unas cuerdas que había en el interior se rompieron y cayeron por encima de mi. Cuando salimos afuera había un sargento de aviación intentando sujetar un cabo metálico y el cabo terminó cortándole un dedo. El dedo salió volando y cayó encima de mi. Me llené de sangre y salí corriendo asustado hacia donde estaban los indígenas. Recuerdo que llovía. Llovía mucho. Aquellos eran indios muy puros, sin apenas contacto con la sociedad nacional. Corrí hacia ellos. y me caí en el barro. Los indígenas se morían de risa contemplando la escena y yo me levanté rabioso y pensando «estoy jodido». Este fue mi primer encuentro con la selva y con los indígenas. Realmente no fue un encuentro afortunado, pero después hubo muchos otros y fueron mejores. Poco después, en 1961, se creó el Parque Nacional de Xingú, que ahora es simplemente el Parque de Xingú, y yo comencé a trabajar allí con los hermanos Villas Bôas.</p>
<p class="bodytext">-¿Cómo fueron aquellos primeros años en la Amazonia?<br />
Pasé muchos años trabajando en Xingú con los indígenas. Recuerdo que siempre faltaba presupuesto, faltaba dinero, faltaba de todo, pero Orlando conocía muy bien a la sociedad industrial de Sao Paulo y tenía muchos amigos entre ellos. Obtenía de ellos muchas cosas: más que dinero, conseguía comida, municiones, medicinas, armas.. y otras muchas cosas que nos permitían sobrevivir, porque el presupuesto que nos asignaba el gobierno era muy escaso. Luego las cosas fueron cambiando, a mejor.</p>
<p class="bodytext">-¿Y cuando cambió tu forma de interesarte por el Amazonas?<br />
Poco a poco, al conocer a los indígenas, al hablar con ellos, al comer con ellos. Comencé a conocerles y a interesarme por sus problemas. Hasta entonces, todo había sido una aventura, cosa de jóvenes, pero al cabo de unos años empecé a enfrentarme junto con ellos a problemas serios, de tierras, de supervivencia. Mi mirada sobre el Amazonas y sus pueblos fue cambiando y mi aventura se fue convirtiendo en mi trabajo.<br />
Y a todo esto, ¿qué opinaba tu familia de tu vocación por la selva?<br />
Mi familia era una familia de clase media de Sao Paulo. Mis abuelos por parte de padre eran españoles y su apellido era Pozuelo, aunque cambiaron la grafía y la pronunciación, porque así resultaba más fácil para los brasileños. Te puedes imaginar lo que opinaban de mi vida en la selva. Me decían constantemente: «Pero, ¿qué haces en la selva? ¿Es que nunca vas a buscar un trabajo de verdad?.» Pero fueron aceptándolo.</p>
<p class="bodytext">-¿Cómo llegaste a trabajar para el gobierno brasileño en la FUNAI?<br />
Orlando Villas Bôas estaba preocupado conmigo. A mi me gustaba mucho ir a la selva y trabajar con ellos, pero él se preocupaba porque yo no pensaba nada más que en eso, en trabajar allí, sin ningún objetivo concreto, sin un futuro laboral. En 1966 se creó el Servicio de Protección a los Indígenas. Era el antiguo servicio del gobierno que el Mariscal Rondón había creado en 1910. Rondón fue una figura muy importante en el contexto indígena de Brasil pero en los años sesenta, el Servicio de Protección a los Indígenas había perdido el prestigio. Rondón fue un hombre muy honesto, trabajador, muy fuerte, pero por aquellas fechas él ya había muerto y había comenzado una corrupción enorme, hasta que en 1967 el presidente de Brasil decidió crear la Fundación Nacional del Indio, adscrita a varios ministerios, con el acerbo de la antigua fundación central, que era el organismo en el que trabajaba Villas Bôas.</p>
<p class="bodytext">¿Actualmente, cuál es el trabajo de la FUNAI?<br />
La FUNAI es una organización dentro del Ministerio de Justicia. Yo fui presidente durante dos años, en la presidencia de Collor de Mello, pero actualmente estoy a cargo del llamado Departamento de Indios Aislados, un departamento que ya estaba creado antes de Collor de Mello, pero que ha ido cambiando su filosofía.</p>
<p class="bodytext">-¿Qué hace exactamente tu departamento?<br />
Antes la filosofía respecto a los indios aislados consistía en localizar y contactar con pueblos que nunca antes habían tenido contacto con el hombre blanco, con la civilización occidental. Se contactaba y se decía retóricamente que se trabajaba para integrarlos de la mejor forma posible a nuestra sociedad. Era una retórica falsa y equivocada porque el contacto siempre les hace entrar en nuestra sociedad por el nivel más bajo. Desde hace unos años, la filosofía es diferente: se trata de saber dónde están, dónde viven, pero para no contactarles, sino para protegerles. Ellos tienen todo el derecho a no querer nada de nosotros.</p>
<p class="bodytext">-¿Participaste activamente en este cambio de política?<br />
Yo trabajé durante muchos años estableciendo los primeros contactos con muchos pueblos de la Amazonia y vi que generalmente estos encuentros eran -y sondestructivos para la comunidad indígena. Los contactos despertaron en mí el interés por mirar con más cuidado la historia. Tras 500 años de historia como país, en Brasil no tenemos un sólo pueblo indígena realmente integrado a la sociedad nacional. Y la sociedad nacional no los absorbe porque está hecha y organizada para nosotros, no para los indígenas.</p>
<p class="bodytext">-¿Y crees que quedan todavía pueblos indígenas sin contactar en el Amazonas?<br />
Hace 15 años teníamos en la FUNAI 113 informaciones de que en esos puntos de la Amazonia brasileña podría haber indios aislados. Este tipo de noticias nos llegan por otras tribus ya contactadas, por misioneros, por investigadores que han oído hablar de ellos. Hoy estaríamos hablando de 43 puntos en la Amazonia brasileña en los que es posible que existan indios aislados. De todos ellos, sólo 17 puntos están confirmados. El resto están sin confirmar. Tendríamos que hacer expediciones para saber que realmente existen. Cuando confirmamos su existencia, realizamos una serie de trabajos para saber qué extensión ocupan, restringimos la entrada y ponemos dispositivos para impedir que entre nadie. Los indígenas entran en conflicto inmediato con muchos intereses externos, entre ellos, los de personas pobres, que no tienen nada en la vida y que por tanto no tienen nada que perder y que luchan por un espacio de supervivencia. Son por ejemplo los buscadores de oro, los pescadores, los ganaderos.</p>
<p class="bodytext">-Y ¿de qué población de indígenas no contactados estaríamos hablando?<br />
Nunca hablamos de personas, sino de «sociedades», de «comunidades» porque hay casos de pueblos en los que sólo queda un individuo, en otro quedan cuatro y en otro siete, pero representan pueblos y para nosotros todos son igual de importantes. Los grupos más grandes tienen como máximo 400 personas.</p>
<p class="bodytext">-Una vez conocida la existencia de un pueblo, ¿cuál es realmente tu trabajo?<br />
Mi departamento mantiene seis puntos en la Amazonia, bases de Protección Etno-ambiental, donde viven equipos de trabajo encargados de proteger enormes territorios donde viven indios aislados. Además, se organizan al menos dos expediciones al año para buscar y para confirmar la existencia o no de indios aislados en la Amazonia. Yo tengo residencia en Brasilia, pero prácticamente estoy siempre en la Amazonia.</p>
<p class="bodytext">-¿Cómo llegáis a conocer su existencia, sin contactar con ellos físicamente.?<br />
Nuestro trabajo empieza con informaciones de otros indios, de algún antropólogo. Por ejemplo, nos llegan noticias de que «en la cabecera del río tal dicen que hay personas.» ¿Qué hago yo? Normalmente, si las informaciones son muy buenas, si realmente creo que hay certeza, organizo una expedición hacia la zona. Primero se sobrevuela la zona y se localizan los puntos habitados. Después, hago una primera entrada por la selva, en canoas, a pie. Generalmente no hay otra forma para llegar allá que en helicóptero o navegando por ríos grandes, y en un determinado momento, cuando ya no se puede avanzar, en otros barcos más pequeños hasta que comenzamos a caminar. La última expedición que he realizado la finalizamos en septiembre del 2002 y duró diez días en los que recorrimos casi 4.000 kilómetros a pie y en barcos, por regiones realmente inhóspitas.</p>
<p class="bodytext">-¿Y no entráis en ningún momento en contacto con los pueblos?<br />
No. Sólo los observamos de lejos. Antes de llegar a una región yo ya la he sobrevolado exhaustivamente para localizar las «malocas», (sus cabañas), y marcar su localización exacta en un mapa con un GPS. Después, cuando hacemos la expedición por tierra, vamos esquivando las casas. No nos interesa tropezar con ellas aunque algunas veces lo hacemos por equivocación o porque no las teníamos localizadas. En esta última expedición del verano pasado, nos chocamos con una maloca que no esperábamos y los indios se quedaron sorprendidos ante nuestra presencia. Era un grupo que nunca había visto a nadie, aunque en realidad todos saben de la existencia de otros grupos y de nuestra existencia, Lo que realmente desconocen es nuestra fuerza y la dimensión de la civilización occidental. Tienen un grado de desconocimiento total del resto del mundo. No saben que existe Brasil, ni América, ni Europa, ni nada que no sea su mundo más próximo. Son los hombres más próximos a los que Colón encontró cuando llegó.</p>
<p class="bodytext">-Pero tendrán cosas en común con otros pueblos de la zona ya contactados<br />
Por supuesto, pero cada grupo tiene su cultura y una lengua propia. Muchas veces no se entienden entre ellos. Los indios ya contactados con un cierto conocimiento de nuestra sociedad, tienen miedo de ellos. Les llaman los «indios bravos» y unos y otros se atacan mutuamente.</p>
<p class="bodytext">-¿Cuáles son las acciones que propone FUNAI para estos indios aislados? ¿Mantenerlos así indefinidamente? ¿Integrarlos en un futuro a la sociedad brasileña?<br />
Contactar con estos pueblos es muy sencillo. Lo difícil es continuar el contacto, saber qué hacer con esos contactos. El tema de los indios aislados plantea cuestiones filosóficas muy interesantes. Es imposible trabajar en esto y no preguntarse muchas cosas sobre el hombre y sobre el planeta. Realmente ante esta pregunta tengo contestar que no lo sé. Siendo sinceros, creo que tratamos de ganar tiempo para saber qué camino tomar, porque nadie sabe qué es mejor. Por el momento, queremos sólo conocer dónde están para protegerles. Mis hombres están armados y protegen el territorio demarcado para que nadie pueda entrar y hacerles nada, para que de momento estos pueblos sigan viviendo como lo han hecho siempre. Los intereses en torno a la Amazonia y los enemigos de los indios son muchísimos.</p>
<p class="bodytext">-De todos los enemigos de los pueblos indígenas de la Amazonia, ¿cuáles crees que son los peores?<br />
Los enemigos de los indígenas y de la selva en general son muchos. Los más tradicionales son los que tienen intereses económicos en la zona: los madereros, los buscadores de diamantes y oro (garimpeiros), los que buscan caucho y los que organizan cacerías. pero todos aquellos que van buscando pescado a las tierras indígenas, los que van a hacer cacerías. También son un peligro enorme los pescadores, ya que la riqueza de pescado de la región es enorme. Suelen ser pescadores autónomos con barcos de 10, 12, 15 toneladas, con frigorífico, que ponen redes inmensas en el río.</p>
<p class="bodytext">Hay otro enemigo que no es económico, que es el propio estado, con sus carreteras, las grandes hidroeléctricas y sus asentamientos o proyectos para ganar y dar tierras a personas. El estado es sin duda un enemigo tradicional de los pueblos indígenas.</p>
<p class="bodytext">La tercera clase de enemigo son los misioneros y entre ellos los peores son los protestantes. En toda Sudamérica se están implantando con fuerza religiones y sectas protestantes muy organizadas, en ocasiones disfrazadas de proyectos humanitarios o culturales, como los de un Instituto Lingüístico formado por gente que va a aprender la lengua de los indígenas para traducir la Biblia. Están por un lado los misioneros propiamente dichos y por otro las organizaciones afines, como las llamadas «Alas de socorro» que son los aviones que tienen para abastecer a estos misioneros. Realmente están muy bien organizados y es difícil luchar contra ellos. Cuando yo estaba de presidente de la FUNAI., sabíamos de la existencia de grupos indígenas en un determinado territorio pero nunca fuimos a hacer contacto con ellos. Sin embargo, los misioneros norteamericanos, junto con misioneros brasileños organizaron una expedición y se instalaron aquí durante seis o siete años.</p>
<p class="bodytext">¿Cómo intervienen los misioneros en la Amazonia?<br />
Para comprender el daño que pueden hacer los misioneros hay que entender primero que se trata de un pueblo muy sencillo con una organización social muy interesante. Aquí no hay violencia, los hombres tienen dos o tres mujeres, las mujeres a veces tienen dos o tres hombres y hay un ajuste social según el cual cada uno sabe cuántas mujeres o cuántos hombres puede mantener. Otro detalle curioso es que las mujeres mayores de 35 a 40 años son más disputadas porque aportan la experiencia que los jóvenes no tienen. Estas mujeres mayores tienen la misión de iniciación sexual de los indígenas jóvenes. Es en definitiva una sociedad muy sabia.</p>
<p class="bodytext">Pues bien, los misioneros llegaron a esta sociedad primitiva y se quedaron seis o siete años. Yo constantemente decía en FUNAI que teníamos que expulsar a estas personas, pero eran poderosos. Hasta que el presidente Collor de Mello me llamó y me dio permiso para echarles. Al día siguiente les expulsé pero ellos tenían, y tienen mucha fuerza. En el Congreso Nacional contaban con una «bancada» de 130-140 diputados que no dejaron un solo día de pedir que me echaran de mi cargo. Decían que yo era un loco y que había que expulsarme.</p>
<p class="bodytext">Estos son los enemigos de la selva ¿Y tus enemigos?<br />
Esos son más numerosos todavía. Por ejemplo, están lo que nosotros llamamos «corruptelas» que son poblados muy pequeños de tres o cuatro casitas en las que viven familias muy pobres y muy alejadas de todo. Como saben que en la tierra indígena hay más recursos que donde ellos viven, intentan a toda costa entrar. Cuando les pillo, les prendo. Normalmente son los hombres de mi departamento pero ellos piensan que yo soy el malo, el culpable de todo. Recibo muchas amenazas y de todo tipo. Cuando yo era presidente de la FUNAI, se creó el primer territorio indígena, el mayor de todos, la tierra yanomami, y empezó una lucha muy dura sobre todo con las autoridades militares</p>
<p class="bodytext">¿Has sido amenazado físicamente?<br />
Si. Por teléfono mucho, y físicamente a lo largo de todos estos años, muchas veces.<br />
Y por parte de los indígenas ¿Has recibido amenazas?<br />
También, porque yo represento algo. Una vez fui secuestrado por los indígenas para convertirme en elemento de trueque. Y consiguieron la tierra que pedían. Para mi fue fantástico, pero la verdad es que el gobierno y los servicios oficiales siempre creyeron que yo no estaba de acuerdo con los indios, aunque no era cierto. Siempre me acusan de ser un indio disfrazado de blanco, porque mi trabajo es estar con ellos y trabajar por las cuestiones indígenas.</p>
<p class="bodytext">-Qué pasa con los científicos y periodistas. Hay quien les acusa de ser también una amenaza para la selva y para los indígenas por su intromisión en el territorio.<br />
Esta es una cuestión muy particular. Yo creo que no suponen un peligro importante, pero es cierto que a veces yo cierro determinadas áreas, incluso en zonas de indios ya contactados, y no dejo entrar a nadie, ni a científicos ni a nadie, para que descansen de nuestra presencia.</p>
<p class="bodytext">-Cuentas con un equipo de personas muy preparadas que son realmente los que se quedan protegiendo los territorios. ¿Cómo son estas personas?<br />
En las expediciones, un setenta por ciento de los participantes son indígenas y el treinta por ciento son blancos. Realmente son gente excepcional, que se juega la vida en ocasiones. Creo que se necesita pasión para llevar esta vida. Mi equipo está formado por hombres especiales porque la vida diaria muchas veces es horrible y desagradable.</p>
<p class="bodytext">-Volviendo al terreno de lo personal ¿Cómo se puede hacer compatible un trabajo y una vida como la tuya con la vida de familia?<br />
Realmente no sé que decirte. Es muy difícil y yo soy el mejor ejemplo. He tenido seis mujeres, con tres de las cuáles me he casado legalmente. Tengo seis hijos, de mis tres mujeres «oficiales» y probablemente esta complicada familia se debe al tipo de vida que he llevado.</p>
<p class="bodytext">-Debe resultar difícil mantener una familia convencional viviendo en la selva.<br />
Las mujeres son incomprensibles. Cuando me conocen, piensan que mi trabajo es emocionante, que soy el «hombre de la selva» que soñaban, un aventurero de vida apasionante. Luego es precisamente eso lo que no les gusta de mi, que me pase la vida viajando, en la selva. «No vienes nunca a casa», «Siempre estás allí». Actualmente me va bien. Mi mujer es inglesa pero por su trabajo viaja constantemente. Yo digo que esta boda es para siempre porque apenas nos vemos y así no hay tiempo de pelear, ni de nada.</p>
<p class="bodytext">-¿Alguna de tus mujeres es indígena?<br />
No. Nunca me he sentido tentado por una indígena. Los hombres siempre me preguntan sobre este tema, sobre las indígenas y sé que es un tema que suscita curiosidad. Algunas son realmente hermosas y pasando tanto tiempo allí hubiera sido fácil mantener relaciones con ellas, pero para mí pertenecen al terreno de mi trabajo. Yo las miro casi como una relación de parentesco porque pienso que sería como si una mujer fuera al médico y éste se aprovechara de ella.</p>
<p class="bodytext">-¿Cómo es la relación de un aventurero con sus hijos? ¿Los tuyos se sienten también atraídos por la selva?<br />
Yo siempre he respetado mucho a mis hijos y a sus iniciativas. En general no son muy aventureros, aunque en alguno de ellos si que veo un gran interés por los temas en los que yo estoy implicado. Tengo un hijo de 18 años que, aunque va a estudiar una carrera técnica, creo que tiene un alma para cuestiones sociales. Ha viajado conmigo algunas veces a la selva y ha visitado varias tribus. Los indígenas le aprecian mucho porque tiene muy buena puntería. Creo que con el tiempo se sentirá atraído por esta vida.</p>
<p class="bodytext">-De todas las personas que has conocido en tu vida, ¿hay alguna que te haya marcado especialmente?<br />
Tuve un amigo que se llamaba Rudolf. Pertenecía una familia muy rica de Alemania y era un hombre muy atractivo en todos los sentidos. Nos compenetrábamos a la perfección y aportó muchas cosas a mi vida. Era una compañía siempre interesante, que despertó mi interés por la filosofía, por los clásicos y por la música clásica. Gracias a él he cultivado otros aspectos de mi persona, me he preocupado de leer, de ir a museos, de escuchar música. Es decir: el me ayudó a desarrollar una faceta más sofisticada que la del explorador aventurero que era hasta entonces. Por supuesto, me han marcado también los hermanos Villas Bôas: Orlando, que acaba de morir, y su hermano Claudio, que murió hace cuatro años, y con el que viví mucho tiempo y que también era una persona aficionada a la filosofía con la que me gustaba mucho hablar de estos temas.</p>
<p class="bodytext">-Y entre los indígenas que has conocido, ¿Alguno ha influido de forma especial más en tu vida?<br />
No destacaría a ninguno en concreto. Lo que aprendí de ellos, en general, es que la vida puede ser más simple. Ellos son un ejemplo permanente de que podemos ser más sencillos, vivir con menos cosas. Si no tenemos mucho cuidado con el consumismo vamos a destruirnos y a destruir el planeta por «cosas», porque nuestra vida gira en torno a cosas. Su lección permanente es que podemos vivir con muchas menos cosas.</p>
<p class="bodytext">-¿Cuáles son tus planes inmediatos de trabajo?<br />
Ahora dedico parte de mis esfuerzos a concienciar a todos los países sobre esta problemática. Lo primero que estamos preparando es un foro en el Valle del Javarí donde estarán representadas Bolivia, Venezuela, Colombia, Bracil, Ecuador y Brasil. Estoy recabando el apoyo del gobierno español para buscar una solución al problema de los indígenas y la creación de una especie de «declaración de derechos fundamentales» del indígena. El segundo proyecto es una exposición que se desarrollará en el Foro de las Culturas de Barcelona, sobre indios aislados que ayudará a conocer el trabajo de mi equipo. Personalmente creo que el tema de los indios aislados sobrepasa fronteras filosóficas. No es solo una cuestión de conservación de la biodiversidad. Lo más importante es la sensación de «realismo mágico» que me inspiran, la trascendencia de saber que hay seres humanos que no saben nada del 11 de septiembre.</p>
<p class="bodytext"><strong>Lola Escudero</strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Gerald Brenan, el inglés de las Alpujarras</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/gerald-brenan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 Apr 2016 17:52:43 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 14]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XX]]></category>
		<guid isPermaLink="false">http://sge.org/?p=425</guid>

					<description><![CDATA[<p>Pedro Páramo</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/gerald-brenan/">Gerald Brenan, el inglés de las Alpujarras</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h5>La película ‘Al Sur de Granada’, de Fernando Colomo ha acercado a los españoles la figura del emblemático viajero y escritor británico Gerald Brenan. Pedro  Páramo nos acerca a la figura de Don Geraldo, el más español de los viajeros ingleses  por España, que vivió en Yegen (Granada) y en Málaga durante años y dejó algunas de las mejores páginas escritas por un extranjero sobre otro país.</h5>
<p>&nbsp;</p>
<h3></h3>
<h3><em><strong>Por Pedro Páramo</strong></em></h3>
<p class="bodytext">Bibliografía:<a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-14-amazonia/"> Boletín SGE Nº 14 &#8211; Amazonia</a></p>
<div id="c3540" class="csc-default">
<p class="bodytext">Es el único extranjero no hispano que ha dado su nombre a un pasodoble; a los ochenta años todavía comía cocidos y fabadas y mojaba con fruición en el unto y la pringá; es el más español y menos inglés de todos los viajeros ingleses por España; entendió y explicó al mundo como nadie la complejidad de España y de los españoles que él conoció a lo largo de medio siglo, y, en opinión del hispanista Ian Gibson, escribió <em>“uno de los libros más geniales nunca hechos por un extranjero sobre otro país: El laberinto español”, </em>en el que explica las raíces de la guerra civil. Gerald Brenan, con sus obras, destruyó buena parte de los tópicos que sobre España sostenían los europeos de principios del siglo XX; España le ha correspondido con vivos recuerdos. Su memoria se mantiene en monumentos, en edificios y rutas turísticas de Andalucía que llevan su nombre, y también en el pensamiento de muchos españoles que tuvieron el privilegio de tratarle y ser sus amigos. Hasta tal punto llegó la comunión de Gerald Brenan con nuestro país que hay que preguntarse si debe ser catalogado como uno de los viajeros británicos por España, como un huésped hispanizado, absorbido por nuestra cultura, o como uno más de nosotros.</p>
<p class="bodytext">Acerca de la intensidad de su vocación viajera, él mismo nos da la respuesta en el primer capítulo de su obra <em>Memoria personal 1920/1975: “Quiero dejar claro que cuando me instalé en Yegen por primera vez, no había pensado en llegar a ser escritor. Todos mis planes para el futuro estaban relacionados con viajes: cruzar el Sahara, vivir entre los Tuareg o los Bakhtiari de Persia, explorar Guatemala y Ecuador”. “Desde los dieciséis años </em>–explica más adelante–<em>, el deseo de viajar y enfrentarme con el destino en la regiones más remotas e inhóspitas del mundo, lo llevaba ya en el tuétano de los huesos”</em>. Cuando Gerald Brenan escribe su primera obra, <em>Al Sur de Granada, </em>manifiesta su inequívoca intención de hacer un libro de viajes: <em>“Todo lo que pretendo es entretener a quienes les gusta viajar sentados en su sillón preferido y se divierten, en las veladas lluviosas, con lecturas sobre el modo de vivir de las gentes remotas de las aldeas montañosas, en el clima sereno de la zona sur del Mediterráneo”.</em></p>
<p class="bodytext">Gerald Brenan fue pues un viajero, aunque de corto recorrido como escritor de viajes. Había nacido en Sliema (Malta) el 7 de abril de 1894 y vivió durante su infancia en Suráfrica, Irlanda y la India, antes de que su padre, un oficial del ejército británico, se instalara definitivamente en Gloucestershire. De muchacho, recorrió Francia, Italia y Dalmacia; ya mayor, desde España partió para viajar por Marruecos y el Sahara argelino y luego anduvo por Túnez, Grecia, Turquía y Estados Unidos; pero todos estos lugares ocupan un puñado de páginas de sus escritos. En realidad, su mundo literario apenas se sale de dos provincias españolas: Granada y Málaga.</p>
<p class="bodytext">¿Por qué eligió España? Nuestro país a principios de siglo se contaba entre los más exóticos de Europa. En la brumosa Inglaterra, la influencia Byron y otros viajeros románticos ingleses del siglo XIX habían mitificado el mundo Mediterráneo en la imaginación de los jóvenes con inquietudes literarias. España, Italia, Grecia, los Balcanes eran tierras misteriosas, mestizas, cunas de grandes culturas, encrucijadas de religiones, las fronteras con el misterioso Oriente. En una ocasión Brenan se refiere a España como <em>“el imperio otomano de Occidente”</em>. Sin duda esta imagen legendaria de nuestro país influyó en aquel joven oficial británico, que, licenciado después de haber combatido en la Gran Guerra, se encontraba en la vida civil sin oficio ni beneficio. Sin embargo, con la sinceridad habitual de todos sus escritos, en <em>Al Sur de Granada, </em>nos confiesa que eligió España porque no tenía dinero para llegar más lejos: <em>“Acababan de licenciarme del ejército y buscaba una casa en la que pudiera vivir una temporada, lo más larga posible, con los ahorros de mi paga de oficial”. “El hecho de que eligiese España en vez de Grecia o Italia no fue debido a ningún sentimiento especial hacia ella </em>–explica más adelante–<em>. Casi todo lo que sabía sobre ese país se reducía a que había sido neutral durante la guerra y, por tanto, imaginaba que la vida resultaría allí barata. Para mí esto era esencial, puesto que cuanto más consiguiera que me durara el dinero, más tiempo podría gozar del ocio”.</em></p>
<p class="bodytext">España le sorprendió a su llegada a Galicia, muy diferente de la que había crecido en su imaginación mientras preparaba su viaje en el verano de 1919. <em>“Mis primeras impresiones tras desembarcar en La Coruña fueron descorazonadoras.” </em></p>
<p class="bodytext">Un tren mixto que paraba diez minutos en todas las estaciones le condujo hasta Madrid. Castilla deprime al viajero acostumbrado al verdor de la campiña inglesa:<em>“Ni un arbusto, ni un árbol, y las casas, construidas de adobe, eran del mismo color que la tierra. Si toda España iba a ser así, no veía posibilidad de establecerme en ella”. </em>La gente, con la que acabaría indentificándose como ningún otro extranjero y a la que llegaría a admirar, le desilusionó al principio.<em>“Esperaba encontrarme con hombres envueltos en largas capas, con la daga al cinto, y mujeres en posturas goyescas luciendo mantillas y peinetas. Lo que vi fue una raza sombría y paticorta que caminaba presurosa bajo los paraguas o charlaba estrepitosamente hasta las dos de la madrugada. Ni siquiera parecían amistosos”.</em></p>
<p class="bodytext">Buscaba una casa para alquilar cuando, durante una comida de cucharada y paso atrás en una venta de La Alpujarra, Brenan descubrió de golpe el señorío y algunas de la virtudes de los españoles, que luego tanto elogiaría. Sobre una mesa baja se presentaba una fuente de arroz con bacalao. <em>“No había platos </em>–cuenta–. <em>Los hombres, con el sombrero firmemente encajado en la cabeza, afirmando así su igualdad ante cualquiera, al estilo de los nobles españoles que tenían privilegio ante el rey, fueron eligiendo su porción en la cazuela, y tras invitarme a mí y a todos los demás a hacer lo mismo, hundían en ella su cuchara con gran protocolo y comenzaron a comer. Así continuaron hasta consumir su ración. Entonces cada cual dejaba su cuchara sobre la mesa y, en cuanto terminaban los demás, se levantaba y la lavaba en la tinaja y volvía a meterla en la faja del cinturón de franela roja, donde siempre la llevaba. Por primera vez desde que desembarqué sentí afecto hacia la gente de este país, que sabía combinar de manera tan admirable la simplicidad con los buenos modales”.</em></p>
<p class="bodytext">Gerald Brenan percibe el duende de España cuando se convierte en Don Geraldo para sus vecinos. <em>“No se puede vivir en una aldea española sin sentirse seducido por su vida. Durante la primera o las dos primeras semanas me miraban con la boca abierta en cualquier lugar donde fuera. Después, de una forma bastante súbita, era recibido con sonrisas y palabras de bienvenida. Llegaban a mi casa, merced a una fina costumbre andaluza, numerosos regalos: huevos, frutas y verduras, y al poco tiempo era invitado a bodas, bautizos y otros acontecimientos familiares. Me sorprendió ver la facilidad con que aceptaban mi presencia entre ellos. De vez en cuando, en aldeas menos aisladas, la gente me había preguntado si estaba buscando oro, pero en Yegen no se interesaron por mis razones de estar allí, y nada me preguntaron”</em>. El escritor Brenan se expresa como un experto en botánica y en geología en las precisas descripciones que hace del paisaje alpujarreño, como un avezado antropólogo cuando explica las creencias, las supersticiones y el origen de las costumbres de La Alpujarra, y como un sagaz observador de la vida cotidiana que bulle a su alrededor.</p>
<p class="bodytext">Con su estilo sobrio y directo muestra instantáneas magistrales de lo que ve y percibe: <em>“Mi aldea era casi autosuficiente. La familias más pobres no comían nada que no se criara en la aldea excepto pescado fresco, que se traía desde la costa a lomo de mula, en viaje nocturno, y bacalao seco. Los tejidos de algodón, la loza y la quincallería venían de las ciudades, pero los aldeanos tejían y teñían sus propios paños de lana, sus mantas de algodón, sus pañuelos de seda. En otras palabras, la economía de una aldea de La Alpujarra no había cambiado gran cosa desde los tiempos medievales”. </em>En ocasiones nos transmite fielmente el embrujo del ambiente que hacer vibrar su sensibilidad: <em>“Los veranos en Yegen eran largos, lentos, monótonos y, aunque no excesivamente calurosos, plenos de una luz implacable. No corría ni un soplo de aire puro de las montañas. Todos los días eran iguales. Sentado en mi sillón de barbero en un rincón de mi hogar, con un libro y una taza de café sobre la mesa, oía descender por el cañón de la chimenea –como si la isla se alzara sobre una isla en medio del cielo– una serie de sonidos lentos y adormecedores: el ladrido de los perros, el rebuzno de los burros, el zumbar de las abejas, el arrullo de las palomas, una voz cantando en la distancia o, a veces, el rasgueo agudo, bruscamente interrumpido, de una guitarra”.</em></p>
<p class="bodytext">A pesar de que España ya le había entrado en los huesos al escribir el libro en 1957, <em>Al Sur de Granada </em>no deja de ser la obra de un viajero inglés para lectores ingleses. En ocasiones, Gerald Brenan establece comparaciones entre la dos culturas. Cuando habla de las relaciones de los españoles con los animales, por ejemplo, critica las tópicas creencias de sus compatriotas sobre la tradicional crueldad de los españoles y confronta a los pastores y campesinos españoles con los ingleses y el trato que unos y otros dan a sus animales domésticos. Mientras que para los británicos un animal es sólo una fuente de proteínas o algo útil al servicio de su dueño, <em>“en España </em>–afirma Brenan– <em>se puede matar a un animal o emplearlo en el trabajo, pero no se le puede privar de su dignidad de criatura viva sin perder algo de la propia”. </em>En otra ocasión ensalza la diligencia y maestría de los obreros españoles que reforman su casa de Churriana (Málaga) en septiembre de 1935, cuando deja definitivamente Yegen: <em>“Era una gran satisfacción contar con aquellos hombres tan capaces y trabajadores, que llevaban un ritmo bien distinto de los zánganos que yo había visto en Inglaterra”.</em></p>
<p class="bodytext">En la primavera de 1920, Brenan recibió en su casa de Yegen la visita del escritor Lytton Strachey, Ralph Partridge y la pintora Dora Carrington. Strachey, muy conocido por sus biografías y sus estudios históricos sobre los grandes personajes de la época victoriana, era uno de los miembros más conspicuos del Grupo de Bloomsbury, el elegante barrio londinense en el que se concentraron en las primeras décadas del siglo XX intelectuales inconformistas como el economista John Maynard Keynes, el pintor Duncan Grant y la escritora Virginia Woolf. Ralph Partridge <em>Yegen, 1937. Brenan con su mujer Gamel y Ralph Partridge. </em>había sido compañero de armas de Brenan durante la guerra; Dora Carrington, entonces novia de Partridge, fue el gran amor imposible de Gerald Brenan y <em>“causa de mucha felicidad y mucha tristeza”. </em>Carrington introdujo a Brenan en el Grupo de Bloomsbury y mantuvo su amistad con Brenan hasta su muerte; con la correspondencia entre los dos amantes, hoy en la Universidad de Texas, se podría editar un voluminoso libro de más de mil páginas.</p>
<p class="bodytext">En el otoño de 1915, cuando Carrington tenía 22 años, conoció al hombre que la deslumbró y se convirtió en la pasión dominante de su vida: Lytton Strachey, “un homosexual de 35 años del que no se sabía que hubiera mirado nunca a una mujer”, según retrato de Brenan. Desde el primer encuentro, Carrington se convirtió en la sombra de aquel hombre que la dominó hasta su suicidio, siete semanas después de la muerte de Strachey. La sumisión a su mentor no impidió que Carrigton tuviera varios amantes sucesivos, Ralph Partridge –que llegó a ser su marido– y Brenan entre ellos. Carrington, Ralph y Lytton se presentaron en La Alpujarra tres meses después de que Brenan se afincara en Yegen. El viaje por caminos infernales a lomos de caballerías o en carromato –Lytton Strachey padecía de almorranas–, las incomodidades de una casa de pueblo compartida por hombres y animales, el choque con la brutal cocina de las aldeas españolas y con el omnipresente aceite de oliva sin refinar dejó un mal regusto a todos. Brenan, que no pudo estar ni un instante a solas con Carrington, sentencia: <em>“Fue todo menos una visita tranquila y sin complicaciones”. </em>Cuando tres años más tarde Lytton Strachey se enteró de que Virginia Woolf y su marido Leonard se disponían a visitar a Brenan en su refugio de Yegen les previno con su voz chillona: <em>“aquello es la muerte”. </em>Viginia y Leonard Wolf no hicieron caso a Strachey y viajaron a La Alpujarra con más fortuna en la primavera de 1923.</p>
<p class="bodytext">Debido a su aislamiento en Yegen, Gerald Brenan estudió a los españoles de a pie, a los representantes de las clases populares en su ambiente y apenas tuvo contacto con los intelectuales españoles. <em>“Nunca conocí a Falla </em>–confiesa– <em>y mis dos encuentros con García Lorca fueron tan insignificantes que solamente tengo un vago recuerdo de ellos”</em>. En <em>Memoria personal 1920/1975 </em>aclara un poco más sobre estos encuentros y los motivos de la fragilidad de su memoria en lo que a Lorca se refiere. Fue durante unas Navidades en Granada, en casa de unos banqueros, los Rodríguez Acosta. Probablemente podía haber surgido una amistad entre ellos, pero cuenta Brenan que casi todo su tiempo lo dedicaba a flirtear con una chica americana de Buffalo. Le hubiera gustado quedarse más tiempo en Granada con tan agradable compañía, añade a continuación, <em>“pero cuando se me cayó la suela del zapato y no tenía dinero suficiente para comprarme otro par, decidí que había llegado el momento de marcharse”.</em></p>
<p class="bodytext">Así, en apenas un párrafo, resume Brenan dos de las preocupaciones de sus primeros años en España: las mujeres y el dinero. Vino a España porque nuestro país le parecía barato y cuando se aisló en lo más remoto de La Alpujarra para que le cundiera más el dinero, descubrió la otra gran carencia de aquel paraíso. En las obras que recogen sus impresiones y vivencias aparecen intermitentemente las referencias a la falta de dinero. Cuando terminó los ahorros de su paga de oficial, vivió de algunos sablazos a su padre hasta que la herencia de una tía abuela le dejó una pensión con la que pudo vivir mucho tiempo. Por no gastar lo que no tenía, viajaba a pie con frecuencia. En una ocasión llegó andando hasta Francia para encontrarse con Carrington. Vivió siempre modestamente, rozando la pobreza en ocasiones. En los últimos años de su vida, en 1984, tuvieron que intervenir los gobiernos español y de Andalucía para sacarlo de una residencia de ancianos de Londres y llevarlo de nuevo bajo el sol del Mediterráneo.</p>
<p class="bodytext">La estrechez provocada por la falta del dinero agravaba la otra obsesión del joven Brenan en España, la de su forzada abstinencia sexual. Sus libros están sembrados de referencias al misterioso universo femenino. En <em>Al Sur de Granada,</em>el escritor expone como nadie las costumbres y usos amorosos de la España rural en aquellos años de la preguerra civil. En sus libros con frecuencia deja de ser un observador imparcial para convertirse en protagonista de galanteos y amoríos. Yegen era un mundo fascinante, un mundo perfecto: <em>&#8230;“existía sin embargo un problema sin resolver: las mujeres </em>–confiesa sin rodeos–<em>. En mi aldea no había ninguna que me atrajera, pero cuando bajaba a las ciudades me daba cuenta de su existencia demasiado bien. Aquellas orgullosas muchachas de andares gráciles, de largos cabellos cuidadosamente peinados y de ojos oscuros y soñadores, que se paseaban lentamente, calle arriba y calle abajo, en la suave luz del atardecer, dejando un rastro de perfume detrás, me hacía sentirme terriblemente avergonzado de mi pobreza. Con mi traje de pana mal cortado, obra de un sastre local, y mis alpargatas de suela de esparto, no conseguía atraer ni una sola mirada”.</em></p>
<p class="bodytext">La película de Fernando Colomo, <em>Al Sur de Granada, </em>sigue con gran fidelidad el relato de Brenan al mostrar el desasosiego del joven inglés ante las chicas españolas de Yegen, la explicable “traición” de su amigo Paco, así como el complicado cortejo de la criada que sería la madre de su hija Miranda, que <em>“por entonces apenas tenía quince años, pero como estaba físicamente bien desarrollada, daba la impresión de ser mayor”. </em>Los pasajes que hacen referencia a esta relación, como muchos otros que tienen que ver con sus aventuras amorosas a lo largo de su vida, son tan crudos y desprovistos de pudor que otro inglés, el hispanista Hugh Thomas, considera <em>Memoria personal 1920/1975 “un modelo de sinceridad e indiscreción”. </em>Las prostitutas y los burdeles son también temas recurrentes en las memorias de Gerald Brenan. Uno de los capítulos de <em>Al Sur de Granada </em>se titula precisamente ‘Almería y sus burdeles’, pero podría haber dedicado algunos otros a los de Madrid o Sevilla. Si algún día alguien pretende hacer un estudio sobre los prostíbulos españoles de comienzos del siglo XX deberá reservar un espacio destacado para recoger los testimonios de Brenan sobre este asunto.</p>
<p class="bodytext">Gerald Brenan residió en Yegen de 1920 a 1924. En 1929, después de una estancia de cinco años en Inglaterra, en los que vivió intensamente su tormentoso romance con Carrington, regresó a La Alpujarra por un año. A este periodo corresponde su fogosa relación con la madre de su hija. En mayo de 1930 volvió a Inglaterra, donde conoció a Gamel Woolsey, una poetisa de Carolina del Sur, por la que se sintió atraído inmediatamente y con la que se casó en abril de 1931. Como ha escrito el periodista español Alfredo Amestoy, que convivió muchas jornadas con Gerald Brenan durante la filmación de un documental producido por Televisión Española y la BBC, <em>“si Gamel su esposa no fue la mujer que más amó, si fue la mujer de su vida”.</em></p>
<p class="bodytext">En 1934 el matrimonio regresó a Yegen, pero el ambiente de la aldea se había enrarecido durante su ausencia. Las criadas de siempre le planteaban problemas. Amestoy afirma que el escritor inglés tuvo allí más hijos que Miranda. Los Brenan decidieron entonces afincarse en Churriana, en las cercanías de Málaga, a donde se mudaron en octubre de 1935. Con este traslado el escritor termina la narración de su vida en su libro <em>Al Sur de Granada</em>. El relato de las peripecias de Gerald Brenan y su esposa en el pueblo malagueño continúa en su <em>Memoria personal 1920/1975</em>. Poco después de tomar posesión de su nueva casa, recibieron la visita de Bertrand Russell, e hicieron amistad con el pintor Johnny Churchill, un sobrino del que sería primer ministro inglés que vivía en Torremolinos. España sufría las convulsiones que, meses más tarde, desembocarían en la guerra civil.</p>
<p class="bodytext">“La tarde del sábado 18 de julio cogí el autobús de Málaga para hacer algunas compras. Estaba tan acostumbrado a ver caras tensas y sonrisas heladas, llenas de aprensión, que en un principio no noté nada especial en el ambiente. Después me di cuenta de que los policías en la plaza de la constitución parecían más nerviosos de lo normal”: así comienza el relato que Gerald Brenan hace en sus memorias del inicio de la guerra civil en la capital malagueña, a la que dedica el capítulo más largo. Su relato de aquellas dramáticas jornadas tiene la tensión periodística del buen reportero –el Manchester Guardian le nombró su corresponsal por indicación de Bertrand Russell–, sus conocimientos del idioma y de los habitantes de su pueblo le permitieron seguir de forma directa los tremendos acontecimientos que le tocó vivir. Desde la terraza de su casa, cercana al aeródromo, observaba las columnas de humo que se alzaban de las casas incendiadas por los bombardeos de la aviación franquista, y en las miradas de sus vecinos de Churriana descubría el brillo del odio y del deseo de venganza. En sus visitas a Málaga se topaba en las cunetas de la carretera con los cadáveres de los “paseados” como represalia. Su testimonio sobre aquellos primeros días constituye un documento valioso a la hora de hacer valoraciones éticas sobre el comportamiento de los dos bandos en aquella confrontación fratricida. Gamel Woolsey relató las angustias de aquellas jornadas en su libro Málaga en llamas. La guerra civil española fue la piedra de toque que despertó la simpatía de Gerald Brenan por los movimientos libertarios: “Los anarquistas –escribió– son los únicos revolucionarios que no prometen un aumento del nivel de vida. Ofrecen una mejora moral: la propia estimación y la libertad”.</p>
<p class="bodytext">Los Brenan abandonaron España por Gibraltar en septiembre de 1936. Tras una corta estancia en Tánger, en octubre de ese año embarcaron para Inglaterra, donde Brenan se empeñó en contrarrestar la propaganda franquista defendiendo en los periódicos ingleses al gobierno de la República. En 1943 publicó El laberinto español, quizás el ensayo más lúcido que se haya escrito sobre España, los españoles y la guerra civil. El régimen franquista, que nunca perdonó un análisis tan acertado de la rebelión de los militares africanistas, se vengó prohibiendo esta obra hasta la muerte del general Franco. A este libro siguieron La faz actual de España (1950), Historia de la literatura española (1951).</p>
<p class="bodytext">En 1949 Gerald Brenan realizó una visita turística a España y en 1953, el año de la publicación de <em>Al Sur de Granada, </em>consiguió que el gobierno de Franco le concediera el visado para quedarse definitivamente en Málaga. A su regreso descubrió que la persona que había dejado a cargo de su casa de Churriana había alquilado una planta a otro inglés para poder mantenerla abierta y se vio obligado a compartirla con su inquilino. En Churriana murió, en 1968, su esposa, Gamel, que allí tradujo con éxito obras de Galdós al inglés. Ese mismo año, la necesidad de huir de los recuerdos y de la incomodidad de compartir la casa con huésped indeseado impulsaron a Brenan a trasladarse Alhaurín de la Torre, donde terminó sus días el 19 de enero de 1987. Su cuerpo, que él había donado a la Facultad de Medicina de la Universidad de Málaga, permaneció en una tina de formol, agua y glicerina, durante catorce años. Por respeto a su memoria ni los profesores ni los estudiantes quisieron destazarlo en la mesa de disección. <em>“No hubiera sido ni docente ni decente”, </em>explicó entonces el catedrático José María Smith, quien años antes había recibido la donación de Gerald Brenan. El 20 de enero de 2001, su cadáver fue incinerado y luego <em>1960. Gerald Brenan. </em>sepultado junto al de su esposa Gamel en el cementerio inglés de Málaga, en presencia de su nieto Stephane, hijo de Miranda y de un médico francés.</p>
<p class="bodytext">Brenan resumió así la impresión que sobre España y los españoles había intentado reflejar en sus obras: <em>“Al sur de los Pirineos vive todavía una sociedad que antepone las más profundas necesidades del alma humana a la organización técnica para alcanzar un nivel de vida más alto. Es ésta una tierra en la que ofrecen conjuntamente el sentido de la poesía y el sentido de la realidad”. </em></p>
<p>Nunca se hizo rico escribiendo sobre España. En Inglaterra es considerado como un escritor menor; pero para los españoles y los hispanistas de todo el mundo es el más grande de los ingleses que han escrito sobre nuestro país. En la actualidad llevan el nombre inglés de Don Geraldo numerosos institutos, escuelas, casas del pueblo y centros culturales de Andalucía. En la falda sur de sierra Nevada, en los montes de La Alpujarra, una ruta turística sigue los hitos marcados por sus pasos. Y en las calles de los barrios populares de Granada y Málaga resuenan intermitentemente los versos del pasodoble que le dedicó el granadino Carlos Cano:</p>
<p class="bodytext">Le voy a dedicar con todo mi corazón un pasodoble a Geral Brenan:</p>
<p class="bodytext"><em>Pasodoble de sol, de clavel reventón, como si un torero fuera<br />
Y que nadie me hable de London&#8230;<br />
Y decirle bajito, muy bajito, limón, azulina y hierba buena&#8230;<br />
Y la casa encalá y el vino de Albondón y una sillica en la huerta.<br />
Olé y viva Gerald Brenan.</em></p>
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<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/gerald-brenan/">Gerald Brenan, el inglés de las Alpujarras</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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