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	<title>Boletín 27 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletín 27 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Viajes al futuro: el turismo espacial</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 09:46:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">La carrera por el turismo espacial va cobrando día a día un ritmo vertiginoso: a principios de abril de este año numerosos medios europeos recogían la noticia de que la compañía Ryanair ofrecería a mediados de 2008 vuelos a bajo coste a la Luna. El portavoz de la empresa indicaba que confiaba en que en 2020 este destino “sea tan atractivo para las vacaciones como Alicante o Málaga”. La mayoría de los perplejos lectores no reaccionó: los cam­bios en el desarrollo espacial van a tal velocidad que todo podría ser. Algunos otros no lo creyeron y pensaron que era una más de las noticias que obedecen al viejo y cínico dicho periodístico “No dejes que la verdad te estropee un buen ti­tular”. Sólo unos pocos comprendieron que la información era una broma de las muchas que los anglosajones se permiten en el “April’s fools’ day” del primero de abril, equivalentes a las inocentadas españolas del 28 de diciembre.</p>
<p class="bodytext">Pero del fondo del asunto, lo único que cabe decir es que tal vez se ha antici­pado un poco. Hoy ya existe una oferta comercial sólida, con un programa de­sarrollado, con unas fechas no tan lejanas y con unos precios que si bien no son los que Ryanair y otras aerolíneas suelen ofrecer, tampoco representan las cifras astronómicas (nunca mejor dicho) que sólo unos pocos privilegiados han podido pagar hasta ahora. Por unos 170.000 euros es posible hacer la reserva ya y, natu­ralmente como para comprar cualquier otra cosa, solo hace falta una tarjeta de crédito y una línea de Internet.</p>
<p class="bodytext">El aventurero empresario sir Richard Branson presidente de Virgin ha firmado hace unos meses un contrato para asegurarse los primeros vuelos comerciales a los confines de la atmósfera. Para ello ya ha creado una nueva empresa, Vir­gin Galactic, y ha encargado la construcción de la primera flota “galáctica” de la aviación comercial. Cada aparato llevará cinco pasajeros e incluirá un corto período de preparación de tres días. Está previsto que los primeros vuelos, que pueden durar de dos a tres horas, partan en el año 2008 y Branson ya ha ade­lantado que espera estar en el viaje inaugural. <em>“Con el lanzamiento de Virgin Galactic y la construcción de nuestra flota de aparatos espaciales</em> –ha explicado­, <em>yo espero que un día los niños alrededor del mundo se pregunten por qué pen­samos alguna vez que el viaje espacial era un sueño que leíamos en los libros”</em>. De acuerdo con Virgin, unos tres mil astronautas podrían viajar al Espacio en un período de cinco años.</p>
<p class="bodytext">La carrera comercial por apuntarse al previsible boom galáctico parece llevar una velocidad superior al propio desarrollo espacial. Apenas unos días después del anuncio de Branson, ya se ha dado a conocer la primera compañía española que ofrecerá vuelos turísticos al Espacio. Se trata de Galactic Airways, quien propone que sus naves asciendan hasta los cien kilómetros de altura –lo que ya se entiende como Espacio– y, durante cinco minutos, sus pasajeros experimen­ten la ausencia total de gravedad. Los nuevos cosmonautas podrán contemplar la Tierra desde fuera de la atmósfera y disfrutarán de un vuelo tres horas.</p>
<p class="bodytext"><strong>LOS VIAJEROS ESPACIALES</strong></p>
<p class="bodytext">El turismo espacial es una modalidad de turismo que se realiza a más de cien kilómetros de altura de la Tierra, lo que se considera la frontera del Espacio. El primer afortunado en viajar al Espacio fue Dennis Tito, un multimillona­rio californiano de sesenta años que decidió pasar las vacaciones más caras del mundo. En abril de 2001, contrató a la empresa MirCorp un paquete de ocho días que lo llevó a experimentar la <em>“</em>gravedad cero<em>”</em> a 400 kilómetros de la Tierra. Tito permaneció en la ISS del 30 de abril al 6 de mayo, aunque no salió del módulo ruso y sólo realizó visitas escoltadas al módulo americano Destiny. Se dedicó a tomar fotografías, escuchar música y disfrutar de la mi­crogravedad, que sólo durante los dos primeros le produjo las típicas molestias de vómitos y mareos.</p>
<p class="bodytext">El segundo turista espacial fue el sudafricano Mark Shuttleworth, un joven que amasó su fortuna en Internet y que pagó 38 millones de dólares para viajar al Espacio. La NASA fue más permisiva con este joven multimillonario, que pudo realizar experimentos médicos y biotecnológicos, como monitorear el desarrollo de células animales en condiciones de microgravedad. El viaje duró diez días que le costaron unos tres millones de dólares diarios.</p>
<p class="bodytext">A continuación vino el viaje de Gregory Olsen, un estadounidense que visitó la Estación Espacial en octubre de 2005 en la misión Soyuz TMA-7. Olsen era un científico, además de consejero delegado de su empresa, Sensors Unlimited Inc. dedicada al desarrollo de dispositivos electro-ópticos en frecuencias cercanas al infrarrojo, por lo que su viaje tuvo más contenido científico que los anteriores y, al igual que su antecesor, afirmó no sentirse cómodo con la expresión turista espacial. Como en el caso de su compatriota, a Olsen se le habían confiado algu­nas misiones rutinarias en la Estación Espacial Internacional, pero a diferencia de aquel, no fue tan fríamente recibido.</p>
<p class="bodytext">La cuarta turista espacial ha sido a la vez primera mujer: la estadounidense de origen iraní Anousheh Ansari, Como en el caso de Olsen, Ansari era cofundadora Me voy al espacio ¿qué me pongo? El turismo espacial está a la vuelta de la esquina y los diseñadores no quieren perder este nuevo “mercado”, así que a partir de 2009 será posible adquirir trajes espaciales de marca. Algunos diseñadores están retomando la fantasía cosmonauta diseñada en 1960 por Pierre Cardin y André Courrèges, pero Philippe Starck, el diseñador francés consultado por la empresa responsable de los trajes espaciales Virgin Galac­tic, recomienda que los exploradores del espacio futuros viajen desnudos. En su opinión, la materia es vulgar y sólo la visión del espacio es importante. Como su idea no parece haber gustado a la empresa, Starck está trabajando en unos trajes espaciales sintéticos con apariencia de plástico.  <em>“El estilo del interior del cohete, las ropas y los accesorios, he intentado que todo fuera lo más etéreo posible”</em>, expli­ca Starck. El equipaje de mano espacial está siendo diseñado con la ayuda de Louis Vuitton.</p>
<p class="bodytext">y consejera delegada de una empresa (en este caso Prodea Systems, Inc), pero Ansari provenía del mundo de las telecomunicaciones y su familia era muy co­nocida en el mundillo del turismo espacial por el Premio Ansari X, que busca el desarrollo de un vehículo espacial que consiga llevar a tres tripulantes a más de 100 Km de la Tierra dos veces en menos de quince días.</p>
<p class="bodytext">La empresaria iraní despegó desde Baiconur el 21 de agosto de 2006 en la misión Soyuz TMA-9 junto al ingeniero de vuelo Miguel López Alegría y al comandante Mikhail Tyurin. Regresó el 18 de septiembre de 2006 y en el tiempo que vivió en la Estación realizó varios experimentos en co­laboración con la Agencia Espacial Europea: estudiar algunos efectos de la anemia, estudiar los músculos de la espalda en distintas situaciones y comprobar los efectos de la radiación espacial en la tripulación y diferen­tes microorganismos. También fue la primera persona en publicar un blog desde el Espacio.</p>
<p class="bodytext">Le siguió Charles Simonyi, uno de los fundadores de Microsoft y creador de los programas Word y Excel, que ha viajado en 2007 en la nave Soyuz, también con el cosmonauta ruso Mijaíl Tiurin y el estadounidense de origen español Miguel López-Alegría. Según ha contado el propio Simonyi, la excursión le salió por la módica cifra de entre veinte y veinticinco millones de dólares que pagó a Space Adventures, la empresa estadounidense encargada de proporcionar estos curio­sos viajes. El millonario informático ha batido el récord de permanencia de un astronauta no profesional en el Espacio, con casi catorce días.</p>
<p class="bodytext">El próximo turista astronauta será un español, el lotero Xavier Gabriel, que via­jará a finales del año 2008 en la nave VSS Enterprise, propiedad de la compañía aérea Virgin Atlantic. Previamente se entrenará en una pista en el desierto de Mojave, en California (Estados Unidos), y realizará varios viajes a Estados Uni­dos para recibir la correspondiente formación.</p>
<p class="bodytext"><strong>HOTELES ESPACIALES</strong></p>
<p class="bodytext">Aunque la experiencia, según se contempla ahora, será necesariamente limi­tada, ya se estudia la posibilidad de creación o apertura de hoteles o pequeñas estaciones espaciales en la baja orbita terrestre, para unas veinte personas en ingravidez, con estancia de varios días. La primera nave-hotel ya tiene fecha prevista para su inauguración: 2018. La idea de esta iniciativa es de Buzz Al­drin, el histórico segundo hombre que pisó la Luna, el 20 de julio de 1969. Con una inversión millonaria, Aldrin y los ingenieros de la Purdue University, de EEUU, están empeñados en ofrecer el primer crucero espacial. Será a bordo de una nave-ciudad que se conocerá como Cycler y que realizará tra­yectos continuos entre la Tierra y Marte. El poderoso artefacto tendrá hoteles, instalaciones deportivas, centro de diversión y todas las comodidades para la estadía de decenas de personas que llegarán hasta allí a bordo de taxis espa­ciales, pequeños transbordadores que alcanzarán los 21.000 km por hora. La duración del “crucero” será entre 6 y 8 meses. Ya existe una lista de espera.</p>
<p class="bodytext">Otro arquitecto de Dinamarca tiene como proyecto construir un hotel en la Luna para futuros viajeros. Hans-Jurgen Rombaut anunció que la idea de este hotel turístico es construirlo en un complejo cósmico situado cerca del valle más ancho de la Luna, Schroter’s Valley. El edificio tendría un par de torres de unos 160 metros cada una, sobre una base espacial. Pero para pasar unas vacaciones de descanso y diversión en este complejo habrá que esperar hasta el 2050. Too&amp;Goo de Honolulú también estudia la posibilidad de crear un hotel de vacaciones en órbita baja, con capacidad para 100 personas, en los que se podría realizar paseos espaciales y visitar la Estación Espacial Interna­cional. La empresa cree que el hotel estaría en óptimo funcionamiento el año 2017.</p>
<p class="bodytext">
<strong>Enrique Sancho</strong></p>
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		<title>La tierra vista desde el espacio</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-tierra-vista-desde-el-espacio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 09:45:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 27]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La exploración del Espacio nos ha permitido conocer mejor el Universo pero, sobre todo, nos ha dado la oportunidad de saber más sobre nuestro planeta. La contemplación de la Tierra [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/la-tierra-vista-desde-el-espacio/">La tierra vista desde el espacio</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">La exploración del Espacio nos ha permitido conocer mejor el Universo pero, sobre todo, nos ha dado la oportunidad de saber más sobre nuestro planeta. La contemplación de la Tierra en la distancia ha abierto horizontes de alcance impredecible para la investigación geográfica.</p>
<p class="bodytext">La observación de la Tierra desde el Espacio ha cambiado la forma de mirar el planeta de la noche a la mañana. Más aún, nos ofrece la oportunidad de ver nuestro mundo con una mirada nueva. Antes, nuestra imagen de la Tierra en su conjunto provenía de dibujos y globos terráqueos que, por supuesto, en nada se parecían a lo que ahora podemos ver. En los globos terráqueos se suprime el mar de nubes que de forma constante rodea la Tierra y se colocan fronteras con trazo firme. El color de océanos y mares, tan desigual por su profundidad, movimiento y temperatura, se transforma en un azul uniforme. Se dibujan miles de islas en el Pacífico, cuyo diminuto tamaño apenas las hacer perceptibles desde el Espacio. La cartografía miente, pero curiosamente ésa es para nosotros su principal virtud, porque la visión de la Tierra que nos devuelven los satélites, además de emocionante y bella, es difícil de interpretar.</p>
<p class="bodytext">Unos pocos seres humanos han visto la Tierra como una esfera. De los más de cuatrocientos astronautas que han salido al Espacio Exterior, sólo los que fueron en las misiones lunares tuvieron esa visión de conjunto, los demás apenas se han separado del planeta para alcanzar a ver su curvatura: que no es poco. La visión de la Tierra, en parte o en su conjunto, no es una experiencia de orden intelectual, o no es principalmente una experiencia que aporte nuevos conocimientos, es de otro tipo, es de orden emocional. El astronauta Rusell L. Chweikart la compara, a escala gigante, a la contemplación de las colinas y los valles que se extienden en la distancia después de haber conquistado la cima de una montaña acompañado de ardillas y pinos… <em>“para mí</em> –comenta Rusell– <em>aquello fue como abrazar al planeta y toda la vida que hay en él… y, como las ardillas y los pinos, el planeta me devolvió el abrazo”.</em></p>
<p class="bodytext">Oleg Makarov escuchó las grabaciones de las comunicaciones que los cosmonautas establecen en las misiones y comprobó que apenas hablan; bastan cinco o siete segundos para expresar las ideas más complicadas. Pero cuando la Tierra aparece por primera vez ante sus ojos, las explosiones emocionales provocaban intensos comentarios, <em>“de promedio</em> –comenta Oleg–<em>cuarenta y dos segundos”</em>. El propio Oleg, por su parte, en una misión espacial tuvo el encargo de fotografiar el corredor que va desde el Mar Negro hasta el Pamir para comprobar si merecía la pena tomar fotografías espectrales.</p>
<p class="bodytext"><em>“Inconscientemente –comenta–, uno busca las rayas habituales en los mapas, los paralelos y los meridianos, y resulta extraño no verlas en ese mapa viviente. Pero los colores que se eligieron para los mapas físicos son casi absolutamente fieles a la realidad: el tinte rojizo del Sáhara, el amarillo de los desiertos de Asia central, el azul zafiro de los océanos. Tan sólo desde el Espacio puede saberse que nuestro planeta debería llamarse Agua antes que Tierra, porque sólo hay en él algunas manchas insulares de sequedad en las que halla un sitio para vivir las personas, los animales terrestres y los pájaros… Repentinamente, uno experimenta la sensación, jamás vivida antes, de ser un habitante de la Tierra”.</em></p>
<p class="bodytext">Edgar Mitchell, tras su viaje en el Apolo 14, en febrero de 1971 y su estancia de un día y medio en nuestro satélite, comentaría: <em>“fuimos a la Luna como técnicos; volvimos de ella como humanistas”.</em> Es, quizá, uno de los astronautas a los que más ha influido en su vida posterior la visión de la Tierra y del Cosmos: <em>“Me hizo verme a mí mismo y me catapultó fuera del ego. Empecé a verme dentro de un todo, y entendí que el ego es una fachada. Lo único que importa es cómo encaja uno en el esquema mayor. Se vuelve importante lo que uno puede hacer</em><em>por la naturaleza, no lo que puede hacer por uno”.</em> Un año después fundaría el Instituto de Ciencias Noéticas.</p>
<p class="bodytext">El príncipe saudí Sultan Bin Salman que viajó en una misión internacional del Discovery comenta que <em>“en el curso del primer día, todos señalábamos nuestros países. El tercero o cuarto día, señalábamos nuestros continentes. Al llegar el quinto día, tan sólo teníamos conciencia de una Tierra única”.</em> Por su parte, Richard W. Underwood dice haber visto todas las fotografías tomadas por los astronautas desde el Espacio. <em>“Antes de la fotografía espacial</em> –señala Richard– <em>un viajero que cruzase la Tierra andando, en coche o incluso en avión, era como una mosca caminando sobre la Gioconda en el Louvre. Sería difícil apreciar de ese modo la belleza y el genio de la obra de Leonardo. Hay que retroceder tres metros para apreciar esa obra maestra. Eso ocurre en el Espacio. Hay que retroceder cien o más kilómetros para ver esa obra maestra que es nuestro planeta”.</em></p>
<p class="bodytext">Los primeros lanzamientos portando cámaras fotográficas fuera de la atmósfera terrestre, es decir por encima de los 100 km, utilizaron las V-2 capturadas a los alemanes. En 1947 varias V-2 fueron modificadas por los militares norteamericanos para “fotografiar las nubes” desde 110-165 km de altitud sobre Nuevo México (EE.UU.). En octubre de ese mismo año los soviéticos lanzaron su primer misil balístico intercontinental (LRBR) basados igualmente en los cohetes alemanes A4 (V-2). Las imágenes tomadas por los estadounidenses apenas permitían distinguir la superficie terrestre, pero mostraron su indudable utilidad para los estudios climáticos. Por ese motivo, entre otros, el primer diseño de nave espacial del programa Mercury no tenía ventanas. Underwood ha escenificado los argumentos para que finalmente la tuviesen: “<em>Los más reticentes decían que el ser humano tenía que disponer de una ventana, porque si no se volvería loco. Los otros, en cambio, opinaban que una ventana sería muy perjudicial para la integridad de la nave, desde un punto de vista estructural. Ganaron la partida las ventanas. Ahí se dio la primera oportunidad de colocar una cámara en una nave espacial tripulada. Los adversarios decían que las cámaras son gran</em><em>des y que había poco sitio en la nave. Las cámaras pesan mucho y los ingenieros se preocupaban hasta por fracciones de gramo. Las cámaras podían dificultar la tarea de los astronautas. Los diferentes elementos de la cámara ‘consumirían gas’ y los haría enfermar, o incluso podrían morir. ‘Fuera las cámaras’. Los astronautas nos salvaron, querían guardar un recuerdo fotográfico del viaje y no tan solo la expresión de su memoria. Los astronautas ganaron, gracias a Dios. Las astronautas han tomado decenas de millares de fotografías de su hogar planetario. Yo las he visto todas</em> –afirmaba en 1988–<em>”.</em></p>
<p class="bodytext">Es en este punto inicial donde la observación de la Tierra desde el Espacio se divide entre sus aplicaciones militares y civiles. Los militares norteamericanos encadenarían desde 1960 una sucesión de programas espía de observación de la Tierra (oficialmente satélites de reconocimiento), mientras que la administración civil iría descubriendo, con las limitaciones impuestas por los militares, nuevas formas de observación y estudio desde el Espacio valiéndose de las cámaras que fueron llevando los astronautas y sacando todo el partido a imágenes sin gran precisión pero tomadas en diferentes bandas del espectro electromagnético, que constituye la base de la teledetección.</p>
<p class="bodytext"><strong>LA OBSERVACIóN DE LA TIERRA CON FINES MILITARES: LOS SATéLITES ESPíA</strong></p>
<p class="bodytext">El primer programa de espionaje espacial se conoce con el nombre “secreto” de CORONA y se desarrolló para seguir la producción y emplazamientos de los misiles soviéticos. La naturaleza jurídica del Espacio aéreo alcanzaba hasta los 100 km, e impedía a los aviones sobrevolar sin permiso sobre los estados, pero nada se decía del Espacio Exterior, por lo que los satélites se vieron como una forma de adquisición de información sobre áreas de otra forma inaccesibles. En 1958, el presidente Eisenhower aprobó dicho programa con el objetivo de que la CIA y la Fuerza Aérea desarrollaran conjuntamente satélites para fotografiar la Tierra desde el Espacio. Pero en ese momento de la carrera espacial, ni las naves llevaban ventanas ni los astronautas podían llevar cámara, porque, sencillamente, no había ni astronautas ni cosmonautas. Tampoco existían aún sensores que pudiesen recoger la información y transmitirla a Tierra. Los problemas que tuvieron que solucionar los ingenieros para colocar una cámara fotográfica en el Espacio con suficiente resolución, sin que nadie la manejase y recuperar la película con las fotografías tomadas fue una auténtica odisea.</p>
<p class="bodytext">Los primeros intentos, iniciados en enero de 1959, fracasaron. En agosto 1960 fue derribado el U-2 pilotado por Gary Powers dando al traste con los vuelos espía americanos sobre territorio soviético. Por supuesto la administración norteamericana negó en repetidas ocasiones que el avión estuviese en misiones de reconocimiento, argumentando una involuntaria desviación de la trayectoria, hasta que los soviéticos presentaron contundentes pruebas ante la opinión pública: los reconocimientos espías con aviones tuvieron que suprimirse de inmediato. Ciento diez días después, y tras más de una decena de intentos fallidos, se obtuvieron las primeras fotografías espaciales desde los satélites CORONA. La óptica de las cámaras se llevó al límite de la refracción de la luz, pero lo más complicado era que una vez tomadas las fotografías, el preciado tesoro debía de eyectarse y ser recogido, en pleno vuelo, por aviones especialmente modificados que utilizaban una barra con ganchos tipo “trapecio” para agarrar el paracaídas en vuelo; y antes de que los rusos se adelantaran. Finalmente, al intento decimo cuarto, al que se denominó KH-1 (KeyHole), se pudo capturar el paracaídas con una cápsula conteniendo 9 kilos de película fotográfica. El material recogido abarcaba una cobertura mayor que la obtenida en conjunto por los 24 vuelos anteriores del U-2 y sirvió para desmentir las afirmaciones efectuadas por John F. Kennedy en 1958 en su carrera hacia la Casa Blanca sobre la desproporción entre el arsenal de misiles soviéticos y norteamericano, conocido como <em>“missile gap”,</em> dando con ello inicio de la inteligencia espacial.</p>
<p class="bodytext">Las primeras imágenes no permitían a los fotointérpretes distinguir detalles para ciertos objetivos, por lo que las series sucesivas fueron mejorando progresivamente en todos los aspectos. Las imágenes se tomaban en torno al los 160 km de altitud y a velocidades superiores a los 27.000 km/h, y se llegaron a distinguir objetos inferiores a dos metros de extensión. De los 145 lanzamientos realizados hasta 1972 en que se canceló el proyecto sustituyéndose por otros más sofisticados y todavía secretos, 120 cumplieron sus objetivos. La órbita tan baja utilizada, hacía posible su destrucción por los soviéticos sin necesidad de armas nucleares, pues dada la velocidad de desplazamiento, un impacto sería sufriente para su destrucción. Pero en lugar de esta alternativa, los soviéticos decidieron poner en marcha su propio sistema de reconocimiento, lo que permitió un mutuo seguimiento del desarrollo armamentístico. Qué duda cabe de que sin la verificación del control armamentístico propiciada por estos sistemas de reconocimiento la guerra fría hubiese sido radicalmente diferente. Parte de las innovaciones conseguidas en las cámaras se utilizarían en las misiones orbitales lunares del programa Apolo.</p>
<p class="bodytext">La Administración Clinton desclasificó el 22 de febrero de 1995 todo el programa de espionaje y puso a disposición pública las fotografías tomadas por los satélites Corona, accesibles actualmente desde Internet. éstas han terminado siendo una fuente fundamental de información para diversas disciplinas, como la arqueología en países próximos a la antigua Unión Soviética. En Siria, por ejemplo, donde los cambios en el mundo rural de los últimos años han terminado desdibujando sobre el territorio estructuras antiguas, se han podido encontrar restos de hace 130.000 años en la villa de Rúmiele, al noreste de Alepo, en la margen derecha del río Eufrates, gracias a estas fotografías.</p>
<p class="bodytext">Los nuevos satélites de reconocimiento diversificaron las tomas a otras bandas del espectro, hicieron más rápida la obtención de las imágenes y mejoraron sus sistemas de seguridad. Los más recientes, se rumorea, son similares al Hubble, pero mirando hacia la Tierra, con suficiente combustible para cambiar su órbita y con un espejo de “4 metros”, según se cree, en lugar de 2,4 de aquel, más que suficientes para obtener, no indicios de la materia oscura del Universo, como el Hubble, sino de la misma naturaleza humana.</p>
<p class="bodytext"><strong>LA OBSERVACIóN DE LA TIERRA CON FINES CIVILES</strong></p>
<p class="bodytext">En 1956 un informe titulado <em>Spacecraft in Geographical Research</em> de la Academia de Ciencias Americana propuso ya la utilización de los satélites para las investigaciones geográficas. No sería hasta las vistas que los astronautas tenían en las órbitas bajas desde los primeros satélites tripulados (Vostok, Voskhod, Mercury y Gemini) que se vio toda la potencialidad que esta técnica tenía para la Geografía: se les llamó entones a los artefactos que transportaban las cámaras satélites geográficos.</p>
<p class="bodytext">Los primeros sensores americanos llevados en una nave espacial que proporcionaban imágenes a vista de pájaro sin llevar películas fotográficas se hicieron para observar la nubes y estudiar el clima. Por su parte, los soviéticos centraron gran parte de sus objetivos en la exploración del Espacio Ultraterrestre. Curiosamente, la Tierra se consideraba suficientemente conocida en aquellos momentos. Los planes para su estudio no empezarían hasta mediados de los sesenta, en gran medida estimulados por las más de 1.100 fotografías tomadas por los astronautas en las misiones tripuladas Mercury (1961-1963) y Gemini (1965-1966), planificadas para posibilitar la llegada del hombre a la Luna con el programa Apolo.</p>
<p class="bodytext">Para sorpresa general, las dudas sobre las posibilidades de utilizar imágenes tomadas desde el Espacio se disiparon con las primeras fotografías de la Tierra tomadas por John Glenn desde la ventana de la Gemini en su primer vuelo orbital. Todo se hizo de forma un tanto improvisada: antes del despegue se adquirió en una tienda local una cámara Minolta Asco Autoset de 35 mm, que fue modificada para hacer más fácil su utilización con el traje presurizado. Otros astronautas en posteriores vuelos llevaron cámaras de gran formato, como la Hasselblad 70mm. Los intentos de interpretación manual de estas primeras imágenes por científicos familiarizados con la física básica y el espectro electromagnético les llevaron a la idea de que dicha información era digna de estudio sistemático mediante análisis cuantitativos. La sorprendente claridad y detalle que ofrecían entusiasmó igualmente los geólogos y, lo más importante, al público.</p>
<p class="bodytext">Las estaciones espaciales puestas en órbita por americanos y soviéticos desde 1973 se convertirían en laboratorios de pruebas para instrumentos cada vez más perfeccionados. Desde 1973 el Skylab, la primera estación espacial norteamericana, fue utilizada para probar el Paquete Experimental de Recursos Terrestres (EREP) y el Spacelab haría pruebas con la Cámara Métrica y la Cámara de Formato Largo.</p>
<p class="bodytext">Pero uno de los grandes avances de la tecnología espacial en la toma de imágenes se produjo con la invención de los sensores. En 1969, Willard S. Boyle y George E. Smith, de los laboratorios Bell, inventaron los dispositivos de carga acoplada (CCD, por sus siglas en Inglés) que vinieron a sustituir, aunque no definitivamente, a las películas fotográficas. Inicialmente no tenían mucha resolución, como sabemos por las cámaras de fotografía digitales actuales que utilizan sensores similares, pero tenían dos cualidades importantes para su utilización en el estudio de la Tierra desde el Espacio: transformaban la energía recibida en números, lo que permitía su almacenamiento y su transmisión periódica mediante antenas estratégicamente colocadas en el paso del satélite; y al discriminar en bandas el espectro en formato digital, abrían las puertas para conocer, mediante su procesamiento con ordenadores, el comportamiento y la extensión de las diversas coberturas de la superficie terrestre y en especial de la vegetación, de la que se podía saber, por ejemplo, el vigor de su desarrollo por el comportamiento que ofrecía en cada banda.</p>
<p class="bodytext">Para aprovechar todas estas cualidades, los norteamericanos empezaron a estudiar, a principios de los sesenta, el lanzamiento de un satélite con un sensor multiespectral para estudios geográficos y medioambientales. El proyecto no se materializaría hasta 1972 por los desacuerdos entre los distintos departamentos estatales con interés en que el sensor se ajustase a cada necesidad, y con los militares presionando para que las imágenes no pusieran en peligro la seguridad nacional con su uso. Los satélites, finalmente denominados Landsat, contienen la serie histórica más importantes de imágenes espaciales. Esta continuidad está permitiendo estudios comparativos de los cambios producidos en el territorio en los últimos 35 años. Los tres primeros de la serie captaban 70 metros por píxel, que han pasado a los 12,5 actuales con el Landsat 7.</p>
<p class="bodytext">En 1986 Francia pondría en órbita su satélite Spot con varias mejoras fundamentales para el estudio de la Tierra, que obligaron a los norteamericanos a replantearse su política de observación. Entre estas mejoras destacan tres: la mayor resolución espacial, con 10 metros por píxel –actualmente 2,5 en el Spot 5–, la posibilidad de girar el sensor permitiendo un seguimiento temporal mayor, de tres días sobre los 16 que tarda Landsat en pasar sobre el mismo punto, y la obtención de imágenes estereoscópicas, lo que posibilitaba la visión del territorio en tres dimensiones.</p>
<p class="bodytext">La importancia de disponer de este tipo de imágenes para conocer la evolución de los cultivos, motivó que otros países invirtiesen fuertes sumas en tener recursos propios, como fue, entre otros, el caso de la India, que mejoró con sus IRS la resolución del píxel a 6 metros.</p>
<p class="bodytext">Otras innovaciones vinieron de la mano de la Agencia Espacial Europea, que en lugar de continuar con los sensores que sólo recibían lo que los objetos emitían, o sensores pasivos, apostó por desarrollar sensores radar o activos, permitiendo observar la Tierra independientemente de las condiciones atmosféricas y de la luminosidad de los objetos. Esta técnica tardó tiempo en conquistarse para el Espacio por los requerimientos de energía que supone la emisión, pero tras las primeras pruebas realizadas en 1978 con el satélite Seasat y en los transbordadores espaciales, en 1991 se montaría sobre el ERS1 (European Remote Sensing Satellite), hoy día sustituido por el más conocido Envisat, que con sus diez sensores de observación es el satélite para los estudios medioambientales más importante en órbita.</p>
<p class="bodytext">En los últimos años las cosas están cambiando muy deprisa y en todos los aspectos posibles: la tendencia es, en lugar de lanzar un satélite se lanzan constelaciones del mismo satélite miniaturizado o nanoturizado, lo que permitirá en adelante un seguimiento casi diario de los acontecimientos terrestres; en lugar de en unas pocas bandas del espectro, se toman imágenes en muchas, son los sensores hiperespectrales que con sus entre decenas de bandas captan las firmas espectrales de los objetos terrestres posibilitando clasificaciones de extrema precisión; además, las imágenes se toman en varios ángulos, lo que permite conocer las perturbaciones que se producen con la dispersión atmosférica y los ángulos de incidencia solar. En fin, que lo mejor está por llegar.</p>
<p class="bodytext">.<strong>José Antonio Rodriguez-Esteban</strong></p>
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		<title>Sputnik: Un «bip-bip» que cambió el mundo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/sputnik-un-bip-bip-que-cambio-el-mundo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 09:45:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 27]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Apenashan pasado 50 años desde aquella fecha y aquel logro nos parece ya algo lejano. La velocidad con la que se han desarrollado los avances en materia espacial a lo [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/sputnik-un-bip-bip-que-cambio-el-mundo/">Sputnik: Un «bip-bip» que cambió el mundo</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">Apenashan pasado 50 años desde aquella fecha y aquel logro nos parece ya algo lejano. La velocidad con la que se han desarrollado los avances en materia espacial a lo largo de estas décadas nos hace observar aquel hito con romanticismo y hasta con cierta condescendencia. Pero en 1957 se trataba de un acontecimiento sor­prendente e inesperado, principalmente por su procedencia.</p>
<p class="bodytext">Cincuenta años es un plazo demasiado breve para poder tener una adecuada pers­pectiva histórica. A día de hoy resulta aventurado imaginar cuál de los tres princi­pales hitos de la conquista del Espacio se verá como un importante acontecimiento histórico dentro de algunos siglos: el lanzamiento del Sputnik, la puesta en órbita de Yuriy Gagarin, o la llegada del hombre a la Luna. Tres hechos íntimamente relacio­nados y que se desarrollaron a lo largo de poco más de una década. Pero no cabe duda que el Sputnik fue el origen de todo. Con el Sputnik nació la era espacial. Y su impacto a nivel social y político fue tan enorme que podemos decir sin temor a equivocarnos que el desarrollo de los acontecimientos en materia espacial habría sido infinitamente más lento si esta pequeña esfera metálica rusa no hubiera volado sobre nuestras cabezas emitiendo su característico bip-bip aquel mes de octubre de 1957; pero quizás podamos incluso decir que la historia de la segunda mitad del si­glo XX en general hubiera podido ser distinta, tales fueron sus consecuencias a nivel geopolítico en unos momentos de alta tensión internacional.</p>
<p class="bodytext"><strong>LOS INICIOS DE UNA NUEVA TECNOLOGíA</strong></p>
<p class="bodytext">La década de los treinta había visto nacer tanto en Rusia como en Alemania un gran interés popular por los cohetes y los viajes espaciales (entonces aún considerados pura ciencia-ficción), despertado principalmente por las obras de Hermann Oberth en Alemania y de Tsiolkovskiy en Rusia. En ambos países habían proliferado los clubes de aficionados a los cohetes, que en los años previos a la Segunda Guerra Mundial y comenzando a un nivel absolutamente privado, serían los impulsores del desarrollo de estos ingenios que hasta entonces eran observados como poco más que juguetes o artilugios curiosos.</p>
<p class="bodytext">En cada uno de los dos países, un grupo de aficionados despuntaba sobre el resto por su entusiasmo y nivel técnico, y en cada uno de ellos, una persona se destacaba por su liderazgo y empuje: Wernher von Braun en Alemania, y Sergei Pavlovich Korolev en la URSS.</p>
<p class="bodytext">Pero sería Alemania la que antes se destacase en el campo del desarrollo de los cohe­tes. En el contexto de potenciación armamentista de la Alemania nazi, los militares pronto se fijarían en los avances conseguidos por Von Braun y su equipo, comenzando a vislumbrar el potencial de estos ingenios como arma de guerra. Reconvertido así de grupo de aficionados a trabajar en el desarro­llo de nuevas armas para el ejército, el avance de los cohetes en Alemania experimentó un fuerte impulso que culminaría en los últimos años de la guerra con la introducción de la impresionante V-2, el primer misil balístico de la historia.</p>
<p class="bodytext">Aunque fueron las experiencias alema­nas en el campo de la cohetería las que se harían más visibles al mundo a través de las nuevas armas de Hitler, también en la Unión Soviética se vivía una historia para­lela a la de Von Braun en la persona de Ser­gei Korolev. Como él, había pertenecido durante su juventud, en los años treinta, a un grupo de aficionados moscovita compa­rable al grupo berlinés al que perteneciera el ingeniero alemán. Y, también como ocu­rriera allí, sus trabajos atraerían la atención del ejército rojo. Aunque con un respaldo inferior al que permitió desarrollar la V-2 en Alemania, Korolev y su equipo pudieron de esta forma mantenerse cerca de la van­guardia mundial en el área de los cohetes.</p>
<p class="bodytext"><strong>LA LUCHA POR</strong><strong>LOS DESPOJOS</strong></p>
<p class="bodytext">Tras la aparición de la V-2 en el frente europeo, ambas superpotencias pronto se percataron de la importancia de hacerse con esta tecnología de vanguardia. La captura de Wernher von Braun y su equipo, y de las instalaciones de producción de las V-2, se convirtió en un objetivo prioritario tanto para las tropas norteame­ricanas en Europa como para las de la URSS, pero finalmente serían las prime­ras las que se llevasen el gato al agua. Von Braun y su equipo, habían planeado ren­dirse a los norteamericanos. En el nuevo or­den mundial que ya se configuraba en los úl­timos años de la guerra, estaba claro que era la opción que les ofrecía mayores garantías para poder seguir desarrollando su trabajo con financiación y en libertad. Así, mientras los Estados Unidos se hacían con los exper­tos, la documentación y el material de esta nueva tecnología, la URSS tenía que confor­marse con reclutar la ayuda de algunos téc­nicos alemanes de segundo orden. Podemos decir que de la tecnología alemana de las V-2, los soviéticos no hallaron sino las migajas.</p>
<p class="bodytext">No necesitaban mucho más: el ingenio y los conocimientos técnicos de Korolev y otros grandes ingenieros rusos, como Glushko, ha­rían el resto. El propio Wernher von Braun lo reconocería años más tarde: <em>“Hay abundantes evidencias para creer que su contribu­ción [de los técnicos alemanes] al programa espacial ruso fue prácticamente despre­ciable. Se les pidió escribir informes sobre lo que había ocurrido en el pasado, pero se les exprimió como a limones, por así decirlo. Al final, fueron enviados a casa sin ni siquiera ser informados de lo que estaba pasando en los secretos proyectos rusos”.</em></p>
<p class="bodytext"><strong>DESARROLLOS PARALELOS</strong></p>
<p class="bodytext">Aunque los Estados Unidos se habían hecho con la experiencia y la tecnología, no tenían inicialmente la voluntad de invertir seriamente en el desarrollo de la nueva arma. Al fin y al cabo, ya contaban con el arma por excelencia, la bomba atómica, ya poseían la supremacía bélica mundial, y no parecía preciso invertir las grandes sumas requeridas, tras los tremendos gastos que había supuesto la guerra, para desarrollar un arma que en realidad no necesitaban.</p>
<p class="bodytext">En la Unión Soviética, en cambio, las cosas se veían de forma muy diferente. Tras la tremenda devastación que la Segunda Guerra Mundial había supuesto para la Unión Soviética, Stalin se propondría no seguir siendo nunca más el re­trasado país de campesinos que todos querían invadir. En adelante, la Unión So­viética haría sentir en el mundo entero su poderío militar. Para ello, la primera prioridad sería conseguir la bomba atómica. Y después, se necesitaría un vehí­culo para transportarla hacia sus potenciales objetivos. Carentes de una amplia flota de portaaviones o de una red de bases militares distribuidas por el mundo como tenían los Estados Unidos, había un medio que aparecía como favorito por encima del bombardeo convencional: los cohetes.</p>
<p class="bodytext">Sergei Korolev, como punta de lanza de los expertos soviéticos en cohetes, sería puesto al frente de los nuevos desarrollos. Tras exprimir los conocimientos de los técnicos alemanes contratados tras la guerra y conseguir lanzar la primera V-2 so­viética en 1947, los rusos prescindirían en lo sucesivo de su colaboración, dedicán­dose de forma completamente autónoma al diseño del que debería convertirse en el primer misil balístico intercontinental de la historia, capaz de lanzar una bomba atómica de 5 toneladas sobre territorio de los Estados Unidos. Un desarrollo que, como muy bien sabía Korolev y sus antiguos colegas de los clubes de aficionados de preguerra, abriría a la Humanidad las puertas del Espacio.</p>
<p class="bodytext"><strong>EL AñO GEOFíSICO INTERNACIONAL</strong></p>
<p class="bodytext">A comienzos de los años 50, la comunidad científica internacional decidía que había llegado el momento de utilizar las nuevas tecnologías como el radar, los ordenadores y los cohetes, para profundizar en el estudio de la Tierra y su at­mósfera. Con este objetivo, se declaraba Año Geofísico Internacional (IGY, en sus siglas inglesas), al periodo que iba del 1 de julio de 1957 al 31 de diciembre de 1958, coincidiendo con un máximo en la actividad solar.</p>
<p class="bodytext">El 4 de octubre de 1954, el comité organizador recomendaba expresamente a las naciones participantes el desarrollo de un satélite artificial de la Tierra que permi­tiese avanzar más profundamente en el estudio de la ionosfera y de nuestro propio planeta. El 29 de julio de 1955, Eisenhower anunciaba que los Estados Unidos par­ticiparían en los actos del IGY con un satélite artificial de la Tierra. El 2 de agosto, el académico ruso Leonid I. Sedov daba la respuesta de réplica: <em>“En mi opinión, será posible lanzar un satélite artificial de la Tierra en el plazo de los dos próximos años. La realización del proyecto soviético puede esperarse para el futuro próximo”.</em></p>
<p class="bodytext">Pocos tomaron en serio el discurso soviético; que aquel país comunista con una ob­soleta industria y de gran base rural fuese capaz de plantear una propuesta a la van­guardia de la tecnología mundial, quedaba lejos de toda credibilidad. Sin embargo, aunque el mundo aún no lo sabía, acababa de dar comienzo la Carrera Espacial.</p>
<p class="bodytext"><strong>SE ABREN LAS PUERTAS DEL ESPACIO</strong></p>
<p class="bodytext">Entre tanto, en la URSS se trabajaba a toda marcha con el objetivo de poner a punto el primer misil balístico intercontinental de la historia. El desarrollo del R-7 fue de una complejidad formidable, pero finalmente, el 3 de agosto de 1957, el primer vuelo con éxito de este enorme cohete abría las puertas del Es­pacio a la Unión Soviética.</p>
<p class="bodytext">El lanzamiento del Sputnik fue un empeño casi personal de Korolev. En los últimos años, había intentado convencer a los líderes rusos de la capacidad de su creación para asombrar al mundo con el lanzamiento de un satélite espacial. A pesar de las declaraciones de Sedov en 1955 en respuesta a las declaraciones norteamericanas en torno al IGY, los mandatarios rusos no habían asumido el proyecto del satélite como una prioridad nacional. Su prioridad era claramente el desarrollo de misiles militares, y un desarrollo científico como el del satélite era un asunto prácticamente ignorado en las altas esferas. La simple mención de este objetivo en los círculos militares que dirigían y financiaban los trabajos de Korolev, provocaba desprecio y veladas amenazas hacia el ingeniero, por considerar que lo distraían del fin último de su trabajo bélico. Finalmente, y tras múltiples rechazos, en un arriesgado ejercicio de osadía, el propio Korolev ob­tendría personalmente la autorización para iniciar los trabajos en el proyecto del satélite del mismísimo Nikita Khrushchev. Utilizando todo su carisma y poder de convicción, Korolev convenció al premier soviético de la ventaja política que una hazaña de este tipo le otorgaría a nivel internacional, con un coste despre­ciable al utilizar para ello los avances logrados en el desarrollo del misil.</p>
<p class="bodytext">La de Khrushchev fue una autorización ambigua y sin interés, y condicionada a la previa puesta a punto del R-7 como misil militar. Pero Korolev no necesitaba más: tras el éxito de la prueba del 3 de agosto de 1957, el camino quedaba des­pejado para cumplir su gran sueño.</p>
<p class="bodytext"><strong>‘BIP, BIP, BIP’</strong></p>
<p class="bodytext">El 1 de octubre de 1957, Radio Moscú anunciaba al pueblo soviético la frecuen­cia que deberían sintonizar en sus receptores para escuchar el sonido prove­niente de un próximo objeto ruso en el Espacio. El 4 de octubre, una pequeña esfera metálica de 83 kg de peso orbitaba la Tierra emitiendo un “bip-bip” característico que se haría mundialmente famoso, y consiguiendo titulares de primera página en la prensa internacional. La Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas había humillado a los Estados Unidos con la primera victoria en el área espacial: el Sputnik acababa de entrar en los libros de historia.</p>
<p class="bodytext">La puesta en órbita del Sputnik provocó una conmoción excepcional en el seno de la sociedad norteamericana. Fue una bofetada en plena cara al orgullo nacio­nal, y, además, por sorpresa. Pero también suponía descubrir, del modo más du­ro imaginable, cuán equivocados estaban con respecto a su más visceral enemi­go, la Unión Soviética. Los Estados Unidos habían creído estar a la vanguardia tecnológica, muy por encima del resto de las naciones de la Tierra; su rotunda victoria en la Segunda Guerra Mundial en todos los frentes, y su introducción de la formidable bomba atómica, así lo avalaban. Y, por supuesto, la atrasada Rusia comunista no estaba ni de lejos a su nivel. Estados Unidos no tenía rival: así lo creían firmemente la práctica totalidad de sus ciudadanos.</p>
<p class="bodytext">Las reacciones fueron múltiples y a menudo extremas. El ciudadano medio norteamericano sentía su seguridad arrancada de raíz: ¿qué no podrían hacer los soviéticos, con desconocidos objetos sobrevolando sus cabezas? Todos sus movimientos podrían ser vigilados y, quizás, incluso bombas podrían caer re­pentinamente desde el Espacio. Con esa tecnología a su alcance, los malvados comunistas podrían dominar el mundo, como expresaba el diario austriaco <em>“Die</em><em>Presse</em>”: <em>“El satélite no está concebido principalmente con fines científicos o de exploración del Espacio, sino para preparar la guerra a escala planetaria”.</em> Otros asegurarían que el Sputnik era <em>“un arma psicológica expresamente dise­ñada para la intimidación de los pueblos libres de la Tierra”.</em> Realidad y fantasía se mezclaban en los temores de una población conmocionada por haberse topa­do de la noche a la mañana con la más dura realidad.</p>
<p class="bodytext">Pero también había otras implicaciones. Para la gente de la calle estaba claro que una nueva era había comenzado; en Londres, el Daily Express titulaba a primera página: <em>“La Era Espacial está aquí”.</em> La gente estaba, a la vez que sorprendida, entusiasmada: las perspectivas que se abrían para el futuro eran infinitas e inconcebibles, y difíciles de entender para quienes hoy vivimos la ac­tividad espacial como algo completamente cotidiano y con perspectivas mucho más escépticas. Pero en 1957, una nueva frontera se había abierto. Los ciudada­nos de todo el mundo miraban al cielo en la noche para ver pasar ese pequeño punto luminoso que representaba el triunfo del ingenio humano, y sintonizaban sus radios para escuchar ese “bip-bip” que, de forma casi mágica, venía del Es­pacio. Los sueños de un nuevo futuro para la Humanidad empezaban a ser algo más que pura ciencia-ficción.</p>
<p class="bodytext">También a nivel político la puesta en órbita del Sputnik tendría importantes reper­cusiones en los Estados Unidos. En los días siguientes al lanzamiento soviético, la prensa arremetía contra el Presidente Eisenhower por su dejadez en el campo de los misiles, y su falta de previsión relativa a la capacidad soviética. La administración republicana, como respuesta, optó por intentar minusvalorar el logro de su rival. El propio presidente intentaba despreciar al Sputnik como <em>“una pequeña bola en el aire, algo que no incita mi temor, ni un ápice”.</em> Aunque con un fondo de verdad cuando declaraba que <em>“No veo nada significativo en el Sputnik ruso en este estadio de desarrollo, en cuanto a seguridad se refiere”,</em> lo cierto es que a la vez se intentaba quitar importancia al gran éxito mediático ruso; un grave error, cuando toda la socie­dad mundial lo reconocía como un éxito sin precedentes. Ante esta postura, los más críticos acusaban al gobierno de actuar con una absurda pasividad.</p>
<p class="bodytext">Kennedy, candidato demócrata a la presidencia, aprovechó para acusar al actual presidente de poco menos que de incompetencia, y de permitir que la Unión Soviética se adelantase a los Estados Unidos en el nue­vo campo de los misiles, desestabilizando gravemente el equilibrio bélico mundial a su favor. La expresión “missile gap”, creada para expresar el retraso tecnológico norteamericano frente al ruso en esta materia, se haría famosa, convirtiéndose en uno de los puntos clave de la campaña electoral de Kennedy. Incluso llegaría a decirse en 1960 que <em>“esta es la primera vez que una campaña pre­sidencial ha comenzado en el Espacio exterior, en lugar de en la atmósfera ordinaria”.</em> Con los años se demostraría que en realidad nunca había existido un “missile gap” como el que se temía en los Estados Unidos que existiera, y cuando algunos años más tarde existió, fue a favor de los norteamericanos. A pesar de todo, el pueblo estadounidense creyó que, efectivamente, Eisen­hower se había dormido en los laureles dejándose superar ampliamente por el enemigo, y esto es algo que no le perdonarían, y que pagaría en las próxi­mas elecciones. La prensa norteamericana lo expresaría muy claramente en numerosos editoriales y artículos: “¿Hemos hecho lo suficiente en el campo de la educación técnica? Escuchamos el ‘bip’ del satélite y respondemos ‘no’. <em>¿Hemos sido miserables en términos de investigación sobre misiles? ‘Bip, bip’ Y respondemos ‘sí’”.</em></p>
<p class="bodytext">Entre tanto, mientras la Casa Blanca se defendía de las acusaciones, la Unión Soviética no perdía la ocasión de reafirmar su gran victoria con otra espectacu­lar hazaña en el Espacio.</p>
<p class="bodytext"><strong>EXPLOTANDO LA VENTAJA</strong></p>
<p class="bodytext">Tras la puesta en órbita del Sputnik y la inesperada reacción a nivel mundial, el líder soviético Nikita Khrushchev estaba eufórico. Frente a su anterior desinte­rés, ahora veía en el programa espacial una gran herramienta publicitaria para su país, y no iba a perder la ocasión de utilizarla. Por ello, de inmediato le pidió a Korolev que preparase una misión espectacular para celebrar el aniversario de la Revolución de Octubre, el próximo día 7 de noviembre.</p>
<p class="bodytext">El diseñador ruso no se hizo de rogar, y el 3 de noviembre de 1957, un nuevo éxito soviético en el Espacio impresionaba al mundo. Esta vez no se trataba de una pequeña esfera metálica que emitía un pitido: en esta ocasión, un perro vivo orbitaba la Tierra en el interior de un enorme artefacto de 508 kg de peso. La perra Laika se haría famosa en el mundo entero, y la admiración hacia la tecnología soviética, capaz de enviar al Espacio enormes y pesados ingenios con seres vivos en su interior, crecería de forma espectacular.</p>
<p class="bodytext">Los norteamericanos, por su parte, sólo conseguían quedar en ridículo tras la explosión televisada en directo de su cohete Vanguard el 6 de diciembre, sobre la plataforma de lanzamiento. La situación de ventaja era ampliamente explotada a nivel político y diplomático por la Unión Soviética: su representante en las Nacio­nes Unidas llegaría a ofrecer jocosamente a los Estados Unidos su inclusión en su programa de ayudas al Tercer Mundo, para ayudarlo con su programa espacial.</p>
<p class="bodytext">Habría que esperar hasta el 31 de enero del año siguiente para que los norte­americanos lograsen la revancha con la puesta en órbita del pequeño Explorer, de tan sólo 8 kg de peso. Pero había aún mucho camino por delante para conse­guir contrarrestar la ventaja conseguida por los rusos. Y esa ventaja sería explo­tada a nivel político en las próximas elecciones presidenciales.</p>
<p class="bodytext"><strong>JOHN FITZGERALD KENNEDY: EL PRESIDENTE “ESPACIAL”</strong></p>
<p class="bodytext">En las elecciones de 1960 a la Presidencia, disputada entre Nixon y Kennedy, este último se apoyó fuertemente en dos temas: el avance comunista a nivel mundial, y en particular en la isla de Cuba, y el famoso “missile gap”, o supuesto retraso norteameri­cano en materia de misiles estratégicos frente a la Unión Soviética. En realidad, nunca había existido tal retraso, pues los misiles intercontinentales R-7 que, en palabras del propio Khrushchev, la URSS fabricaba “como salchichas”, en la práctica nunca se desplegarían en un número mayor a las cuatro unidades. Y los nuevos misiles R-16 que debían sucederles, con mucha mayor operatividad, sufrían serios problemas en su desarrollo que provocarían un fuerte retraso en su entrada en servicio.</p>
<p class="bodytext">Pero en los Estados Unidos, a finales de los 50, no se sabía esto. Los éxitos soviéticos en la carrera espacial denotaban la capacidad intercontinental de sus misiles, y en un momento en que los satélites espía aún no existían, la capacidad norteamericana para comprobar la veracidad de estas hipótesis se reducían a los esporádicos vuelos sobre territorio ruso de los aviones espía U-2. Aunque en 1960 ya la Casa Blanca y la CIA poseían datos que inducían a pensar que dicho “missile gap” no existía en realidad, la idea de su existencia ya había calado con fuerza en la opinión pública, y Kennedy explotó enérgicamente a su favor este sentimiento ganando finalmente la presidencia. Podemos decir, por tanto, con un alto grado de probabilidad, que la puesta en órbita del Sputnik y la subsiguiente carrera espacial (aunque fuera en su vertiente militar) pudo tener una gran influencia en la llegada de Kennedy al poder.</p>
<p class="bodytext"><strong>EPíLOGO</strong></p>
<p class="bodytext">La puesta en órbita del Sputnik el 4 de octubre de 1957 tuvo consecuencias in­esperadas para todos los actores involucrados. No sólo inauguró una nueva eta­pa de competitividad tecnológica entre las dos superpotencias que culminaría con la llegada del hombre a la Luna en 1969, sino que tuvo un fuerte impacto político y sociológico en los Estados Unidos. Un impacto que condicionó en buena medida la política de este país en los años venideros, culminando incluso con la posible influencia en la victoria del demócrata Kennedy frente a su rival republicano en las elecciones de 1960.</p>
<p class="bodytext">Más arriesgado es imaginar cómo podría haber cambiado la historia de no haber sido lanzada esa pequeña esfera metálica por los rusos en 1957. Pero si aceptamos que Kennedy pudo deberle en parte su triunfo a este satélite, podríamos incluso concluir que quizás el Sputnik contribuyó a evitar una tercera guerra mundial.</p>
<p class="bodytext">Efectivamente, en 1962, la crisis de los misiles de Cuba fue finalmente cerrada pacíficamente gracias al empeño personal de John Fitzgerald Kennedy, prácti­camente solo frente a la opinión mayoritaria de sus consejeros y mandos milita­res de responder con un ataque preventivo masivo contra Cuba. Si el Sputnik y las subsiguientes críticas de retraso en materia de misiles no hubieran impedido a Nixon ser presidente en 1960, puede que la historia de la segunda mitad del siglo XX hubiera sido muy distinta.</p>
<p class="bodytext">Es evidente que, sin la puesta en órbita del Sputnik en 1957, el satélite artificial y la exploración del Espacio habrían sido en cualquier caso un desarrollo inevi­table en los años posteriores. Pero fue el momento, y la autoría de la hazaña, lo que influyó notablemente en los acontecimientos venideros. La historia a veces depende de pequeñas anécdotas. Podemos decir sin miedo a equivocarnos que el Sputnik fue una de ellas.</p>
<p class="bodytext"><strong>Javier Casado</strong></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/sputnik-un-bip-bip-que-cambio-el-mundo/">Sputnik: Un «bip-bip» que cambió el mundo</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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