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	<title>Boletín 29 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletín 29 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Viajes de papel. La Biblioteca Histórica de la Complutense y su colección de libros de viajes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 09:50:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 29]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el corazón del Madrid antiguo, junto a la antigua Universidad Central de la calle San Bernardo, se encuentra un edificio que pasa casi desapercibido, pero que guarda la segunda [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/viajes-de-papel-la-biblioteca-historica-de-la-complutense-y-su-coleccion-de-libros-de-viajes/">Viajes de papel. La Biblioteca Histórica de la Complutense y su colección de libros de viajes</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">En el corazón del Madrid antiguo, junto a la antigua Universidad Central de la calle San Bernardo, se encuentra un edificio que pasa casi desapercibido, pero que guarda la segunda colección de libros anteriores a 1830 más importante de nuestro país después de la Biblioteca Nacional. Una de sus colecciones más singulares y ricas es la de los libros de viajes, con más de 1.200 obras en ediciones desde el siglo XV al XIX. En esta colección destaca, sin duda, el conjunto procedente de la biblioteca personal legada por el médico y bibliófilo Francisco Guerra.</p>
<p class="bodytext">Ser lector y coleccionista de libros de viajes supone, en primera instancia, tener curiosidad por el conocimiento que sobre el mundo se ha ido produciendo a lo largo de los siglos. La construcción de la imagen del mundo es una de las hazañas más apasionantes que el hombre puede vivir. Y acompañar, a través de los libros que escribieron, a aquellos viajeros que quisieron romper los límites del espacio conocido se convierte, sin duda, en una de las mayores aventuras intelectuales que puede emprender el hombre moderno.</p>
<p class="bodytext">No es fácil hacer, en una primera aproximación como la que aquí se presenta, una valoración rigurosa del conjunto de libros de viajes que posee la Biblioteca Histórica. Todas las épocas, desde el siglo XV, están representadas: los primeros descubrimientos de los portugueses en áfrica y en las Indias, la llegada de los españoles a América, la entrada de los ingleses en el panorama colonial, la penetración de los jesuitas en el Oriente Lejano, la búsqueda del Preste Juan en Etiopía, los grandes viajes científicos de la Ilustración, la llegada a los Polos, el interior de áfrica o los relatos de peregrinación a Tierra Santa. Y cualquier destino imaginable tiene un hueco en sus estanterías: China, Angola, Australia, Filipinas, California, el Tibet, Egipto, Senegal, la Conchinchina, el Orinoco, Japón, Paraguay, Rusia, el Amazonas, España, Persia, etc. A todos estos lugares viajamos con exploradores, piratas, misioneros, peregrinos, científicos, colonizadores, espías, mártires, militares, reyes, bucaneros, y muchos más personajes que a través de sus relatos nos abren los ojos a experiencias de conocimiento muy vivas y llenas de enseñanzas para el hombre moderno.</p>
<p class="bodytext">Pero, además, este conocimiento se nos ofrece en libros contemporáneos de las aventuras descritas, primeras ediciones, ejemplares únicos en España, obras de gran rareza, libros llenos de magníficos grabados con vistas de paisajes y mapas, bellamente encuadernados, con antiguos poseedores ilustres, publicados en las principales imprentas europeas, en muchos casos de difícil acceso para el investigador español y, en definitiva, de una importancia singular para el bibliógrafo y el historiador de la ciencia. Porque si de algo hablan los libros de viajes es de ciencia en sentido amplio. Una ciencia en la que se conjugan sin fracturas los conocimientos científicos con el desarrollo del pensamiento humanístico y la reflexión desde la perspectiva social con la aventura tecnológica.</p>
<p class="bodytext"><strong>UNA VUELTA AL MUNDO DESDE EL SILLóN</strong></p>
<p class="bodytext">Los lectores que quieran darse una vuelta al mundo desde un cómodo sillón de nuestra biblioteca pueden elegir entre una escogida selección de relatos y comenzar, por ejemplo, por formar parte del séquito del embajador del rey castellano Enrique III, Ruy González de Clavijo, recorriendo Asia hasta llegar a Samarcanda para conocer la corte del Gran Khan, a través de la primera edición de la obra publicada en Sevilla por Andrea Pescioni en 1582, o de la segunda, la madrileña de Sancha de 1782. O, quizás, prefieran viajar con los jesuitas Mateo Ricci o Martino Martín hasta China a recoger información para levantar los magníficos mapas que luego editó la casa Blaeu en 1655. Gabriel de San Antonio nos puede llevar a Camboya (Valladolid, Pedro Lasso, 1604), el padre Tachard a Siam (Paris, Daniel Tóemeles, 1689), John Chardin a Persia (London, Christopher Bateman, 1691) y Jean Baptiste Tavernier a Turquía, Persia y la India (Paris, Gervais Clouzier et Claude Barbin, 1676).</p>
<p class="bodytext">Otras visiones del Oriente nos las proporcionan las relaciones y peregrinaciones llevadas a cabo por distintos peregrinos como Bernardo de Breydenbach en su Viaje a Tierra Santa, uno de los incunables más bellos de la imprenta española, lleno de grabados de ciudades y trajes (Zaragoza, Pablo Hurus, 1498); Antonio del Castillo en El Devoto peregrino (Madrid, Imprenta Real, 1654); Pedro Cubero Sebastián con la Breve relacion de la peregrinacion que ha hecho a la mayor parte del mundo don Pedro Cubero Sebastián (Madrid, Iuan Garcia Infanzon, 1680); o las aventuras y desventuras del portugués Fernao Méndes Pinto (Lisboa, Pedro Crasbeeck, 1614). El Oriente Próximo está también representado por el magnífico Viaje a Constantinopla de José Moreno (Madrid, Imprenta Real, 1790) o la espléndida obra de Volney a Egipto, Siria y Tierra Santa (Paris, Volland, Desenne 1789). El siglo XVIII podría terminar, por ejemplo, con la visión que el embajador británico Lord Maccarty nos proporciona de China, en el relato escrito por Eneas Anderson (Madrid, en la imprenta de los señores Torres y Brugada, 1798).</p>
<p class="bodytext">Si, por el contrario, nuestros intereses se dirigen a áfrica, podemos entonces ir de la mano de la Descripción de Africa de Luis Mármol y Carvajal, historiador de Carlos V (Granada y Málaga, Rene Rabut y Iuan Rene, 1573-1599); o sumergirnos en la búsqueda de las fuentes del Nilo con el explorador James Bruce (Edinburgh, 1790). A pesar del poco aprecio que hizo a la aventura anterior de Pedro Páez, al inicio de la obra de Bruce podemos leer una interesante y poco conocida noticia de su viaje por España lo que le incluiría por derecho propio en la ya larga nómina de viajeros británicos por nuestro país. Pero, sin duda, una de las joyas del viaje a áfrica es la obra del franciscano Francisco Alvares, Ho Preste Joam das Indias (Lisboa, Luis Rodriguez, 1540), que recoge la primera información que a Europa llega de tierras de Etiopía.</p>
<p class="bodytext">América podemos recorrerla a través de los ojos de los jesuitas que fueron allí a dedicar su vida. Juan Patricio Fernández nos lleva a Paraguay con su Relacion historial de las missiones de los Indios, que llaman Chiquitos, que estàn à cargo de los padres de la Compañia de Jesus de la provincia del Paraguay (Madrid, Manuel Fernandez, 1726); Alonso de Ovalle a Chile en su Historica relacion del Reyno de Chile (Roma, Francisco Cauallo, 1648); Miguel de Venegas a California, Noticia de la California (Madrid, en la imprenta de la Viuda de Manuel Fernandez y del Supremo Consejo de la Inquisicion, 1757). Con el Viage al Estrecho de Magallanes de Pedro Sarmiento de Gamboa nos embarcamos en los peligros de las tormentas y los arrecifes para cruzar el Estrecho de Magallanes (Madrid, Imprenta Real de la Gazeta, 1768). Y con los entonces jovencísimos Jorge Juan y Antonio de Ulloa penetramos en la selva del Amazonas para realizar experimentos científicos y poder medir el arco del meridiano para contribuir al descubrimiento de que la Tierra estaba achatada por los Polos y no por el Ecuador. También la América del Norte tiene cabida en la colección con ejemplos tan representativos como la obra de John Smith, The generall historie of Virginia (London, Edgard Blackmore, 1632), primer asentamiento británico en las colonias y que describe, entre otras, la ahora famosa aventura de Pocahontas; o la extraordinaria aventura de Lewis y Clark atravesando todo el continente de océano a océano y relatada en The travels of Capts. Lewis and Clarke (London, Longman, 1809). Aunque, sin duda, una de las estrellas de la colección son las obras de Humboldt entre las que destaca Vue des cordilleras et monuments des peuples indigenes de l’Amerique, una de las más hermosas aventuras de la imprenta europea, publicada a costa del autor y con grabados a todo color como la atractiva lámina de la vista del Chimborazo desde la plataforma de Tapia (Paris, F. Schoell, 1810).</p>
<p class="bodytext">Si nuestro espíritu nos pide más aventura y decidimos dar la vuelta al mundo allí están, para guiarnos, las obras de “El Gran Filibustero” William Dampier, A new voyage round the world (London, James Knapton, 1697) o del aristócrata francés Louis Antoine de Bouganville (Paris, 1771). También podemos conocer la historia de los piratas de la mano de uno de los más famosos libros del siglo XVII, Histoire des avanturiers de Alexander Olivier Exquemelin (Paris, Jacques Le Febure, 1688). Además, en la Biblioteca Histórica de la UCM está uno de los conjuntos más completos que existen en España de la amplia bibliografía relativa a los viajes del capitán Cook y del almirante Anson.</p>
<p class="bodytext">Por supuesto, los viajes por España están ampliamente representados y al ser más conocidos no nos vamos a detener pero queden, al menos, algunos nombres: Estrabón, Al Idrisi, Pedro de Medina, Ambrosio de Morales, Calvete de Estrella, Juan álvares de Colmenar, Antonio de Ubilla o Antonio Ponz.</p>
<p class="bodytext">Para terminar este breve recorrido, si queremos tener una idea global de cómo se ha desarrollado el mundo del viaje a través de la historia, debemos destacar las grandes obras de referencia. En primer lugar Delle navegazione e viaggi de Gian Battista Ramusio, considerado el texto fundacional de la literatura de viajes en el que con el objetivo de redescubrir los viajes del pasado y al estudio de las exploraciones de sus contemporáneos selecciona los textos más importantes del siglo XVI, rescatando muchos de la antigüedad (Venecia, Lucantonio Giunti, 1550). Recordamos, por ejemplo, que fue el verdadero creador del mito de Marco Polo. Al mismo nivel se encuentra Richard Hakluyt cuya obra, The principall navigations (London, George Bishop and Ralph Newberie, 1589), es una de las fuentes de información más exhaustivas de todos los tiempos sobre la historia de la exploración, el comercio y la navegación, desde la perspectiva inglesa del siglo XVI, evidentemente. Incluye, además, relatos sobre la Armada Invencible o los ataques ingleses a las costas de la Coruña y Cádiz. Muy interesante, tanto desde el punto de vista histórico como bibliográfico es la inclusión en el ejemplar de la Biblioteca Histórica, único conocido en bibliotecas españolas y procedente de la colección Francisco Guerra, entre las páginas 643 y 644, de las doce páginas sin numerar que contienen el primer relato de la circunnavegación de Drake y que no estaba previsto publicar en el plan original de la obra. La obra también incluye un mapa del mundo conocido, Typus Orbis Terrarum, copia del que grabó Franciscus Hogenberg para el Theatrum Orbis Terrarum que publicó Abraham Ortelius en 1570. No quiero dejar en el tintero otros nombres como John Harris, el abate Prevost, Terracina, o las Cartas edificantes y curiosas de la Compañía de Jesús.</p>
<p class="bodytext">Y con los jesuitas terminamos esta breve presentación de la colección de libros de viajes de la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid. Sin embargo, el viaje no ha hecho sino empezar. Cientos de ejemplares de obras maestras de la literatura de viajes escritas hace varios siglos esperan el momento de ser descubiertas, leídas y disfrutadas por los investigadores del siglo veintiuno. Y con cada descubrimiento, el mundo se hará más grande y se abrirá a más espacios de conocimiento. La literatura de viajes es, desde hace tiempo, una de las líneas de investigación más activas entre los interesados en la historia de la ciencia y de las humanidades en España. Pero esta línea de trabajo necesita fuentes primarias sobre las que construir hipótesis, desfacer entuertos, y ampliar nuestro sentido de la realidad histórica. La herencia que los siglos han querido legar a la Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid, nos anima y motiva, desde el más profundo agradecimiento, a ponerla a disposición del público interesado, a la vez que nos compromete, como institución varias veces centenaria, a conservarla y difundirla para las generaciones venideras.</p>
<p class="bodytext"><strong>LA BIBLIOTECA “MARQUéS DE VALDECILLA”</strong></p>
<p class="bodytext">La Biblioteca Histórica “Marqués de Valdecilla” de la Universidad Complutense de Madrid contiene mucho más que libros de viaje. Fue creada en el año 2001 en la céntrica calle del Noviciado 3, con el fin de reunir las colecciones de libros antiguos, anteriores a 1830, de aquellas instituciones de enseñanza que, a lo largo de su historia, han conformado la actual Universidad Complutense. El edificio, completamente rehabilitado en la actualidad, fue construido en 1928 bajo el mecenazgo de D. Ramón Pelayo de la Torriente, Marqués de Valdecilla, y está dotado de modernas instalaciones y las mejores condiciones de conservación y preservación del fondo.</p>
<p class="bodytext">La Biblioteca Histórica de la Universidad Complutense de Madrid es la segunda biblioteca de Madrid en cuanto a volumen de libros anteriores al siglo XIX, después de la Biblioteca Nacional y ocupa un lugar esencial entre las principales bibliotecas de España y de Europa. La colección bibliográfica está compuesta por más de 6.000 manuscritos, 728 incunables, y un volumen de impresos de los siglos XVI al XVIII que se aproxima a los 100.000. Posee también una pequeña colección de grabados sueltos y libros de estampas.</p>
<p class="bodytext"><strong>UNA HISTORIA DE CINCO SIGLOS</strong></p>
<p class="bodytext">La Universidad Complutense de Madrid es la heredera de las diversas instituciones y establecimientos educativos que conformaron la enseñanza universitaria madrileña en los últimos cinco siglos y su historia explica la procedencia y características de las colecciones bibliográficas que la integran.</p>
<p class="bodytext">El Colegio Mayor San Ildefonso, fundado por el Cardenal Cisneros en Alcalá de Henares a finales del siglo XV, tuvo una importante biblioteca que el propio Cardenal se preocupó de dotar de acuerdo a las enseñanzas impartidas y a la necesidad de fuentes para la edición de la Biblia Políglota Complutense. En torno al Colegio Mayor pronto empezaron a fundarse nuevos colegios menores con surtidas bibliotecas y todas ellas fueron transferidas a la Universidad de Madrid cuando se llevó a cabo su creación en 1836.</p>
<p class="bodytext">El Colegio Imperial de los Jesuitas, fundado en Madrid en 1609 fue, debido a la ausencia de universidad en la capital, el centro más importante de enseñanza de la nobleza madrileña hasta la expulsión de la Compañía de Jesús en 1767. Desde su fundación se puso un especial interés por reunir una biblioteca bien dotada con tratados y obras científicas de todas las materias lo que la convirtió en una de las bibliotecas más importantes de Madrid en la época de los Austrias. Tras la expulsión de los Jesuitas, el Colegio pasó a denominarse Reales Estudios de San Isidro el cual, en el año 1845 y con la reforma del Plan Pidal, se incorporó a la Universidad Literaria de Madrid.</p>
<p class="bodytext">El Real Colegio de Medicina y Cirugía de San Carlos, fundado por Carlos III en 1785, fue el centro más importante de enseñanzas médicas en España hasta su conversión en Facultad de Medicina en 1843. En 1799 se unió al Real Estudio de Medicina Práctica y las bibliotecas de ambas instituciones, de cuya formación se había tenido siempre un especial cuidado, se fusionaron formando una riquísima biblioteca.</p>
<p class="bodytext">Junto a estas tres grandes instituciones otros centros se unieron también a la Universidad y junto a ellos sus bibliotecas: el Real Colegio de Farmacia de San Fernando, la Escuela de Veterinaria, la Escuela Superior de Diplomática o la Escuela Superior de Pintura, Escultura y Grabado.</p>
<p class="bodytext">Sin embargo no han sido sólo las procedencias institucionales las que han enriquecido la actual colección de la Biblioteca Histórica. Entre otras muchas procedencias personales podemos destacar las bibliotecas de la Condesa de Campo de Alange, iniciada en el siglo XVIII, Juan Francisco Camacho (1817- 1896), Anastasio Chinchilla (1801-1876), Rafael Conde y Luque (1835-1922), Antonio Hernández Morejón (1773-1836), Pedro Sáinz de Baranda (1797-1853), Julian Sanz del Rio (1814-1869), Luis Simarro y Lacabra (1851-1921), Rafael de Ureña y Smenjaud (1852-1930) José Simón Díaz, etc. En el año 2006 ha ingresado en la Biblioteca Histórica la última de las grandes colecciones privadas, la del médico bibliófilo Francisco Guerra, especialmente rica en historia de la medicina, libros de viajes e imprenta mexicana.</p>
<p class="bodytext"><strong>UN DEPóSITO DE TESOROS</strong></p>
<p class="bodytext">Dentro de la colección de manuscritos, entre los que encontramos las obras de mayor valor de la biblioteca, el más antiguo es el códice carolingio De laudibus Crucis, de Rhabano Mauro, un bello poema caligráfico copiado en el siglo IX. La Biblioteca Histórica posee el códice original de los Libros del Saber de Astronomía de Alfonso X el Sabio, obra del escritorio alfonsí. Destacan, también, los códices adquiridos por el Cardenal Cisneros para la edición de la Políglota como la Biblia Hebrea realizada en Toledo en el siglo XIII. Códices latinos, manuscritos de los siglos XVI y XVII y una gran cantidad de disertaciones y papeles del siglo XVIII completan la colección</p>
<p class="bodytext">.Dentro de la colección de incunables podemos encontrar ejemplos representativos de los primeros años de la imprenta hispana como algunas de las obras impresas por Juan Parix entre las que destaca el Modus Confitendi [1472-74], único ejemplar conocido en el mundo o el Fasciculus temporum de Rolewinck impreso en 1480 y considerado el primer libro ilustrado impreso en España.</p>
<p class="bodytext">Son igualmente significativos los impresos de los siglos XVI, XVII y XVIII entre los que encontramos ejemplos de la mayoría de las tipografías españolas y europeas. Aparece un elevado número de libros científicos editados fuera de España como las bellas ediciones venecianas salidas de los talleres de Aldo Manuzio o de Cristóbal Plantino en Amberes. Entre los ejemplares impresos en España aparecen obras sobre las materias que se impartían en los colegios alcalaínos, Teología, Medicina, Artes, Filosofía Moral, Matemáticas, Retórica, Gramática, Griego y Hebreo. La biblioteca jesuítica aporta un rico fondo de obras literarias principalmente españolas: ediciones de nuestros clásicos del Siglo de Oro como Lope de Vega, Quevedo, Tirso de Molina, junto a obras de científicos españoles (Cristóbal de Montemayor, Bartolomé Hidalgo de Agüero, Juan Sorapán de Rieros) y extranjeros (Newton, Paracelso, Kepler, Descartes, Athanasius Kircher). Del Colegio de San Carlos destacan ediciones de clásicos de la medicina como Galeno, Hipócrates, Dioscórides o Vesalio, junto a obras de autores españoles como Bartolomé Hidalgo de Agüero, Cristóbal de Montemayor o Benito Daza Valdés. Arquitectura, arte militar, alquimia, cosmografía y navegación o música son otras de las materias de las que se poseen importantes ediciones.</p>
<p class="bodytext">La Biblioteca Histórica custodia, además, una selecta colección de grabados compuesta por estampas sueltas de grabadores de la Real Calcografía como Carnicero, Manuel Salvador Carmona, Fernando Selma, obras como los Monumentos Arquitectónicos de España y libros de grabados entre los que destacan la colección completa de las láminas de Giambattista y Francesco Piranesi o Los Desastres de la Guerra de Francisco de Goya.</p>
<p class="bodytext">
<strong>Marta Torres Santo Domingo</strong></p>
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		<title>El libro para navegantes de Pirî Reis</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 09:50:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Remontémonos a los siglos XV y XVI adentrándonos en un mar Mediterráneo, convulso y activo escenario de intercambios, para conocer la vida de uno de sus protagonistas. Pîri Reis fue [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/el-libro-para-navegantes-de-piri-reis/">El libro para navegantes de Pirî Reis</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">Remontémonos a los siglos XV y XVI adentrándonos en un mar Mediterráneo, convulso y activo escenario de intercambios, para conocer la vida de uno de sus protagonistas. Pîri Reis fue un corsario, cartógrafo y almirante turco a las órdenes del sultán Otomano en los tiempos en que la cruz y la media luna se enfrentaban en los mares. Reis dibujó mapas y confeccionó derroteros que fueron herramientas fundamentales para la navegación y sirvieron para descubrir el mundo a sus contemporáneos.</p>
<p class="bodytext">En 1929, unos obreros que trabajaban en la rehabilitación del palacio de Topkapi descubrieron un mapa entre los escombros. El mapa, policromado, de unas medidas aproximadas de 85 x 60 cm. y realizado sobre piel de gacela, mostraba el océano Atlántico. Las costas de Europa, áfrica y también las de América estaban dibujadas con sorprendente precisión, con un conocimiento de trigonometría esférica propio de siglos muy posteriores. La carta estaba firmada por un navegante turco en 1513. Su nombre, Pîri Reis.</p>
<p class="bodytext">Durante mucho tiempo, el mapa de Pîri Reis ha sido un misterio. ¿Cómo pudo cartografiar las costas americanas, recién descubiertas, hasta la Antártida? ¿En qué fuentes se basó? ¿Qué contactos tuvo con Colón?</p>
<p class="bodytext">Hoy conocemos nuestro mundo al detalle. Además de poder viajar a donde queramos, las noticias nos llegan de cualquier lugar de la Tierra prácticamente en tiempo real, podemos ver el mundo en nuestra propia pantalla gracias a las imágenes de satélite… pero en tiempos pasados, descubrir y describir el mundo conocido fue tarea de viajeros, navegantes y cartógrafos, una labor científica que tuvo su época de oro en el Renacimiento.</p>
<p class="bodytext">Los simbólicos mapas de la Edad Media dejaron de ser útiles a los comerciantes, corsarios y militares del comienzo de la Edad Moderna. Se hacían necesarios mapas actualizados de las costas que permitieran a los navegantes avanzar y proseguir el descubrimiento de nuevas tierras que poco a poco estaban ampliando el universo conocido. Europa se expandía por el Atlántico y los árabes recorrían los mares de Oriente; era sin duda necesario dibujar unos nuevos mapas menos místicos, más prácticos y científicos. Llegaba la era del desarrollo de la cartografía.</p>
<p class="bodytext"><strong>NAVEGANTE Y CORSARIO</strong></p>
<p class="bodytext">Pîri Reis fue uno de esos nuevos cartógrafos. Nació en Galípoli, ciudad costera turca y gran puerto de la flota otomana, entre 1465 y 1470, la fecha no está clara. Fue un niño criado en la mar: “El niño de Galípoli creció en el agua como un caimán, su cuna fueron los barcos”. Desde muy joven embarcó con su tío, el famoso almirante Kemal Reis, curtiéndose en largas navegaciones y pasó a formar parte de la armada oficial otomana en la época de Selím I.</p>
<p class="bodytext">Durante estos primero años navegó por el Mediterráneo Occidental combatiendo y saqueando numerosos barcos e intereses españoles, portugueses e italianos. Y fue precisamente en esta época de principios del siglo XVI cuando, junto con su tío, colaboraría en la emigración de musulmanes y judíos expulsados por los Reyes Católicos.</p>
<p class="bodytext">En 1501, el barco de Kemal Reis se enfrentó a la flota española en las costas de levante. Tras una batalla, Reis capturó un navío español con objetos provenientes de América. A bordo iba un marinero que había hecho los tres viajes con Colón y por el que Pîri tuvo conocimiento del misterioso mapa de Colón, que jamás se ha encontrado y que sería la base de su obra…</p>
<p class="bodytext">Además por esta época apareció la figura de Abrahán Zacuto, matemático y astrónomo judío español que acabó expulsado de España y posteriormente de Portugal para acabar en Estambul. Zacuto había tenido acceso a todas las informaciones de los viajes de Colón y los descubrimientos portugueses y pudo conocer a Pîri Reis al trasladarse a la capital otomana.</p>
<p class="bodytext">Algo más de diez años después, en 1513, Pîri Reis dibujó su famoso mapa de América, que él confesó dibujar a partir de muchas fuentes, ya que el nunca estuvo en el nuevo continente. Menciona al “infiel llamado Colón” que descubrió tierras en el mar de occidente y habla de sus fuentes, donde encontramos el primero de los misterios de sus mapas: “En nuestro siglo, no hay otro mapa como este. Vuestro servidor lo ha dibujado y ahora está completo… A partir de veinte cartas y mapas mundi de los tiempos de Alejandro”.</p>
<p class="bodytext"><strong>EL MISTERIO DE LAS FUENTES</strong></p>
<p class="bodytext">Pîri Reis pudo tener acceso a la Biblioteca Imperial de Constantinopla, la cual a su vez contenía entre sus volúmenes los pocos escritos que quedaban de la Biblioteca de Alejandría. De estas antiguas fuentes y de las recabadas a lo largo de sus viajes obtuvo los datos cartográficos volcados en sus mapas. Además declara en su obra que sus fuentes cartográficas se desvanecieron con el tiempo, así como la mayor parte de los registros escritos.</p>
<p class="bodytext">El mapa de América de Pîri Reis es un fragmento, una sexta parte de un mapa mayor que en proporción podría contener todo el planeta, es decir un atlas mundial del que nunca se han encontrado las otras partes salvo otro mapa de 1528 que contiene parte del Atlántico Norte.</p>
<p class="bodytext">Siempre se ha sabido que en la antigüedad hubo culturas marineras que pudieron recorrer los océanos sin que nos hayan llegado datos comprobables hasta nuestros días. Se tiene como un hecho aceptado que los viajes de Colón y de los portugueses del siglo XV y principios del XVI, fueron los primeros que abrieron los océanos a Occidente. Pero estos mapas de Pîri Reis son una incógnita histórica que tal vez nos están diciendo que mucho antes ya se habían recorrido estos mares. Aunque el uso del método científico no explica del todo la perfección del fragmento de su mapamundi… incluso sabiendo cómo lo hizo, sigue planteando dudas: “se sabe que un libro cayó en manos del citado Colón y que encontró en él que decía que al final del mar Océano, en su lado occidental, había costas e islas y toda clase de metales y también piedras preciosas”. ¿En qué fuentes bebió Colón? ¿Es cierto que Pîri Reis conocía esos enigmáticos mapas que impulsaron al genovés hacia América?</p>
<p class="bodytext"><strong>UN MAPA CON PRECISIóN FOTOGRáFICA</strong></p>
<p class="bodytext">En 1963 el científico Arlington H. Mallery, trabajando con el Instituto Hidrográfico de la Marina estadounidense, estudió el mapa con modernas técnicas y afirmó que las costas que dibujaba Pîri Reis coincidían con una precisión sorprendente a las costas reales. Más tarde ayudado de las Fuerzas Aéreas con mapas de infrarrojos llegó a la conclusión que el mapa de América de Pîri Reis contenía el contorno de la Antártida de hace 11.000 años, una Antártida sin hielos. Es decir, el mapa de Pîri Reis coincidía sorprendentemente con la línea de costa rocosa que lleva miles de años bajo el hielo.</p>
<p class="bodytext">Cabe recordar que desde tiempos anteriores a Colón, se creía en la existencia de un continente en el extremo sur del mundo, y en muchos mapas figura una masa sin forma específica. Se dice normalmente que se situaban tierras allí por el solo hecho de equilibrar la distribución de tierras del mundo. Este argumento fue muy exitoso en explicar la aparición de continentes no conocidos en los mapas del siglo XVI, pero no puede explicar la precisión en las siluetas de los mapas de Pîri Reis.</p>
<p class="bodytext">El imperio otomano como cultura puente ente el Oriente más lejano y la Europa occidental fue durante siglos el filtro de muchos conocimientos. Los navegantes fenicios, los griegos y romanos, los propios árabes y hasta los navegantes chinos fueron dejando un legado que nunca llegó a Europa, pero que Pîri Reis si pudo utilizar. “La región se conoce con el nombre de Antilia. Está del lado por donde se pone el sol. Dicen que hay cuatro tipos de loros: blancos, rojos, verdes y negros. La gente se los come y luego se hacen tocados con las plumas de loro. Hay una piedra, parece pedernal. Es muy dura”.</p>
<p class="bodytext"><strong>EL LIBRO DEL MAR</strong></p>
<p class="bodytext">En años sucesivos, Pîri Reis seguiría trabajando en la que iba a ser su obra menos conocida, pero la más importante: El Libro del mar (Kitab i Bahriye). Una recopilación de 430 páginas y más de 200 mapas del mediterráneo que tristemente han estado en la sombra del misterio de sus mapas de América pero que ocupan un papel primordial en la historia Otomana y en la cartografía náutica mundial.</p>
<p class="bodytext">En él se resumen los conocimientos, tanto cristianos como otomanos sobre el Mediterráneo medieval, así como los primeros logros de la navegación astronómica, como pone de manifiesto en la referencia a las estrellas y al uso del astrolabio y otros instrumentos del siglo XVI.</p>
<p class="bodytext">Realizado entre 1511 y 1521, el Kitab Bahriye contiene información detallada sobre los puertos, bahías, penínsulas, islas, estrechos, vientos y corrientes del Mediterráneo. Pero también nos habla de las ciudades y sus habitantes, así como de las culturas que se encuentran en sus costas.</p>
<p class="bodytext">Pîri Reis era el piloto de la Galera que llevó a un visir de Solimán en un viaje a El Cairo en 1524. En ese viaje tuvo la oportunidad de enseñárselo, quedándose éste impresionado y prometiéndole mostrarlo al Sultán si realizaba una edición más perfecta y mejorada. Como consecuencia, el Bahriye fue regalado al Sultán en 1524 y hoy se conserva en el museo Topkapi de Estambul. Los mapas que contiene son obras maestras de la miniatura Turca, están realizados con un estilo perfecto e iluminados con panes de oro y plata. Se incluyen comentarios del tipo: “la ciudad de Venecia tiene un área de 12 millas…consiste en partes de tierra y “an ear” de mar. El agua es en algunas zonas poco profunda y en otras, mucho. Los venecianos construyeron su ciudad sobre pilones en las zonas poco profundas…”</p>
<p class="bodytext">El hombre que se había atrevido a dibujar todo el mundo conocido con afán enciclopédico, para pintar su mar, dibujaba ahora en este trabajo pequeños mapas complementados por textos informativos sobre las costas, los puertos y las gentes del Mediterráneo. “El Libro del mar” está considerado el primer Derrotero por la envergadura y el concepto. Se convertía así en una herramienta de navegación imprescindible para los marinos ya que, aunque esa obra más ornamentada y mejorada, estuviera en manos del Sultán, circulaban copias más sencillas, en cuanto a su decoración, que eran el instrumento de cualquier barco otomano que navegase por el Mediterráneo.</p>
<p class="bodytext">Pîri Reis quiso dar un herramienta útil a sus contemporáneos para navegar con seguridad por el mar y comienza su obra con una sencilla pero contundente frase: “Las palabras vuelan y los escritos permanecen” y ciertamente con su magna obra consiguió perdurar a través del tiempo hasta nuestros días.</p>
<p class="bodytext">Pîri Reis utilizaba un método científico para dibujar sus mapas y si no los podía dibujar y relatar de su propia experiencia solo admitía las informaciones comprobadas y fidedignas de cómo podía ser una costa y lo que se encontraba en ella. Y aún así diferenciaba claramente lo que extraía de otras fuentes y lo que había visto en el momento de redactar los textos que luego serían leídos por los marinos. Dice Pîri: “El trabajo realizado en este libro revela que no puede hacerse ninguna exposición si no está basada en hechos…”</p>
<p class="bodytext">La Fundación Fomar publica en estos días una traducción inédita del otomano medieval al castellano de esta obra, un trabajo de traducción muy costoso que comenzó hace más de quince años y que hoy ve la luz en una edición de lujo que puede servir tanto para maravillarse como para la investigación de los historiadores, ya que reproduce la totalidad de los mapas y textos y además incluye una edición facsímil de la obra original.</p>
<p class="bodytext"><strong>EL FINAL DE PÎRI REIS</strong></p>
<p class="bodytext">Pîri Reis siguió navegando y entre 1528 y 1540 permanecería destinado en el arsenal de Estambul hasta que en 1547 fue nombrado almirante de la flota de Egipto, Mar Rojo y la India con la misión principal de controlar las incursiones y la expansión portuguesa por el norte del Indico.</p>
<p class="bodytext">Como almirante, mantuvo constantes los enfrentamientos con la armada lusitana hasta que en el año 1553, debido a sus continuas derrotas en Ormuz contra unas embarcaciones, las portuguesas, mucho mejor preparadas que los barcos mediterráneos que él manejaba, fue sometido a un juicio lleno de intrigas en El Cairo y mandado decapitar. Tras una larga vida consagrada a la armada otomana moría a los 88 años.</p>
<p class="bodytext">Durante aun largo tiempo, las copias de su Bahriye seguirían iluminando las travesías de los marineros turcos por el Mediterráneo a la vez que se perdían sus famosos mapas de América.</p>
<p class="bodytext">La historia de la náutica es la historia del descubrimiento, de la comunicación entre los pueblos. Pîri Reis se convierte en un modelo, enseñándonos que en una época de conflicto como la suya, como la nuestra, es posible ser un científico, un humanista y trabajar para ampliar el mundo conocido, para favorecer la comunicación y el intercambio entre culturas y civilizaciones.</p>
<p class="bodytext">Este año de 2008 es el 225 aniversario del comienzo de las relaciones diplomáticas entre Turquía y España. Fue en enero de 1788 cuando Federico Gravina al mando de la fragata Santa Rosa trasladaba a Estambul al embajador de la corte Otomana, el primero que con tal carácter vino a la Corte de Madrid después de la paz con Turquía, firmadas por nuestro rey Carlos III y Mustafá III, gran señor de la Sublime Puerta.</p>
<p class="bodytext">Han sido más de doscientos años en los que los dos países han encontrado un marco de intercambio y conocimiento como el que pretendía Pîri Reis con su obra: acercar y dar a conocer para mejorar las relaciones entre los que se aventuraban en este mar Mediterráneo, un eterno escenario de encuentro que necesita figuras como la de Pîri Reis: observadores tolerantes, científicos, capaces de transmitir conocimientos, de tender puentes que favorezcan la comunicación.</p>
<p class="bodytext">Su legado es su obra y su método. Recoger información, unificar escalas de los distintos mapas, proyectar y dibujar honestamente y con precisión, mapas que difundan el conocimiento. Así, sus dibujos convierten a Pîri Reis en un magnífico cosmógrafo y cronista, un humanista que investigaba dando fe de los avances de su tiempo.</p>
<p class="bodytext"><strong>Alberto Flechoso</strong></p>
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		<title>Viaje a los confines de la antártida</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/viaje-a-los-confines-de-la-antartida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 09:49:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 29]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">Cuando escribí el relato publicado recientemente bajo el título “Alcanzar la cumbre de cristal” la Antártida era un poco más blanca, un poco más pura. Cuando mecanografié aquellas páginas, folio a folio, con una vieja máquina de escribir, apenas había ordenadores y yo tenía aún recientes las congelaciones en todos los dedos de las manos y los pies tras mi odisea en el Aconcagua y la dura travesía por los hielos de la Antártida hasta lograr la cima del Mount Vinson. Este libro, editado por National Geographic, con un afectuoso prólogo de mi buen amigo Sir Edmund Hillary es, en cierto modo, un homenaje a su liderazgo moral.</p>
<p class="bodytext">Hasta aquel momento de la victoria en la cima suprema de la Antártida, tan sólo una expedición española había realizado esa ascensión, aunque por otra ruta, en el marco de una misión científica y alpinística (Jerónimo López y Pedro Nicolás). Así pues, en aquel lejano invierno de 1991 se añadía una nueva primera ascensión nacional por la vía del glaciar Branscomb y pionera para Cataluña, tierra de montañeros. Posteriormente, diversas –y escasas– expediciones de compatriotas nuestros, civiles y militares, han gozado del momento mágico de coronar ese emblemático y remoto pico de hielo diamantino.</p>
<p class="bodytext">Escribir sobre la propia aventura vivida es un género literario antiguo, intemporal. Numerosos investigadores creen que Homero no es más que un seudónimo (significa “ciego”) de alguno de los testigos directos que vivieron la guerra de Troya y narró la epopeya de la Ilíada y las andanzas de Ulises en la Odisea. Es este, por tanto, un libro a corazón abierto, donde el autor se desnuda y cuenta sus logros y sus miedos; sus momentos de gloria y sus fracasos con lenguaje directo. Este libro fue distinguido con el segundo premio literario de la Asociación Española de Médicos Escritores. Y vista la historia descrita con perspectiva, más importante que la aventura y el logro, nada desdeñable, de alcanzar la cumbre, es la realidad del continente helado, vulnerable ante el cambio climático a nivel planetario.</p>
<p class="bodytext">Es cierto que el relato narrado en el libro fue escrito en 1992, el siglo pasado, al regresar de la expedición polar. Evidentemente, a la luz de los tiempos que corren, su lectura destila dulces anacronismos en descripciones ingenuas de algunas situaciones que actualmente, con el paso de los años, se han dramatizado. Hace casi dos décadas no era nada fácil viajar a determinadas zonas del planeta ni existían tantas infraestructuras ni tecnologías para la comunicación. El mero hecho de que no se usara aún el teléfono móvil como en la actualidad, complicaba extraordinariamente el contacto con el mundo exterior cuando se exploraba un territorio remoto y aislado, incrementando los riesgos y la percepción objetiva del peligro real. Aventurarse era desconectarse de veras.</p>
<p class="bodytext">Muchas cosas han cambiado en la Antártida. Algunas circunstancias esbozadas en el texto, intuidas como futuribles, se han confirmado. Otras sospechas, aunque ya parecieran probables, han precipitado su evolución. Hoy la Antártida se halla gravemente afectada por el calentamiento global de la Tierra, quizá a causa del efecto invernadero, y esa elevación paulatina de la temperatura del planeta amenaza todo un universo precioso, un ecosistema delicado y frágil, y las reservas de agua dulce del planeta concentradas en sus millones de toneladas de hielo. Grandes masas heladas se desprenden del casquete polar, enormes icebergs, como islas que van a la deriva hasta que al acercarse a latitudes menos frías inician su proceso de fusión, convirtiéndose finalmente en témpanos flotantes y luego en agua salada que se disuelve en la del océano, elevando progresivamente el nivel del mar en las costas. Tal vez imperceptiblemente hace unos lustros, pero de modo inquietante en los últimos años. También preocupa y mucho el agujero de la capa de ozono sobre la Antártida, que impide el filtro atmosférico para determinadas radiaciones cósmicas que pueden ser nocivas, no sólo para los ecosistemas autóctonos sino para el conjunto de especies del globo y para la siempre vulnerable humanidad.</p>
<p class="bodytext">Hoy se sabe que la Antártida está formada en un noventa y ocho por ciento de hielo y en un dos por ciento por rocas estériles, y que contiene el noventa por ciento de agua de todo el planeta, y al menos el setenta por ciento del líquido vital es agua potable, una estratégica reserva para la supervivencia en el futuro; esos catorce millones de kilómetros cuadrados de superficie (mayor que Estados Unidos), ganan veinte millones más cuando la periferia oceánica que la rodea se congela en el invierno austral y la convierte en el tercer continente más grande del globo. Si la capa de hielo se derritiera en su totalidad, el nivel del mar subiría, en promedio, 69 metros&#8230;</p>
<p class="bodytext">Es, sin duda, el continente más frío, ventoso y seco de la Tierra. La capa de hielo con base terrestre que cubre el continente blanco, el permafrost, se ha ido incrementando debido a siglos de nevadas. Su grosor promedio es de 2.200 metros, y el punto culminante es precisamente el monte Vinson, en la cordillera Ellsworth, alcanzando su cumbre los 5.140 m. de altitud, aunque en algunos documentos se estima en 5.620 m. sobre el nivel del mar. Una escalada de altura considerable, máxime en las rigurosas condiciones polares&#8230;En la Antártida el frío es permanente; el récord es de 90 grados centígrados bajo cero. Inspirar una bocanada de ese aire helado podría causar un broncoespasmo agudo o desencadenar un un infarto fulminante. Los vientos que barren sus inmensas llanuras, dunas y montes, soplan hasta a 330 kilómetros por hora. Los temporales son sordos, sin truenos ni relámpagos, y arrastran la nieve endurecida; especialmente el blizzard, la ventisca de las tormentas con huracanados vientos catabáticos que hacen muy difícil la progresión del explorador, del científico o del montañero, sometido a un desgaste brutal a merced de los elementos cuando se halla a la intemperie. Pero, eso sí, el aire es el más puro y nítido del planeta, facilitando la visión clara a larga distancia; es aséptico y estéril, carente de la mayoría de gérmenes. Parece ser que no prosperan los virus pero sí algunas bacterias, hongos y levaduras.</p>
<p class="bodytext">En la Antártida ocurren fenómenos ópticos únicos, como la aurora austral, por encima de los cien kilómetros de altura, por efecto de los vientos solares y las partículas heladas en suspensión, con sus luces celestes de las más variadas formas y colores. O el llamado blanqueo, durante el cual no se proyectan sombras; o los clásicos espejismos, cuando los rayos de luz refractan en la superposición de capas de aire de diferentes temperaturas. Tal vez uno de los efectos más llamativos sean el amanecer y el anochecer tan solo dos veces al año en el Polo Sur. Es de día durante seis meses y de noche el otro medio año, con diferentes intensidades, como se destaca en mi narración.</p>
<p class="bodytext">En la época en que transcurrió la expedición relatada en este libro era impensable hablar de turismo en la Antártida, aunque había rumores de proyectos para multimillonarios. Desde hace unos diez o doce años el continente inmaculado va recibiendo visitas sin otro propósito que poder ver paisajes imponentes, avistar pingüinos, fotografiar, tocar in situ y decir que se ha estado allí, aunque se limiten a la costa, sin penetrar en la hostilidad y dureza del interior del hielo perpetuo y el clima inhóspito. La organización Mundial del Turismo ya ha tomado medidas para racionalizar la afluencia de visitantes y la Asociación Internacional de Operadores Turísticos Antárticos regula la actividad en ese continente y agrupa a las compañías que operan en la zona.</p>
<p class="bodytext">La ONU declaró que el Año Polar Internacional se celebre entre marzo de 2007 y marzo de 2008. Este evento reunirá a unos diez mil investigadores de una cincuentena de países y dispondrá de unos mil millones de dólares para conducir unos mil proyectos de investigación. El objetivo es estudiar a fondo la realidad en ciernes a fin de poder contribuir científica y tecnológicamente a evitar un deterioro irreversible en los desastres ecológicos que la actividad humana está causando en las zonas polares del planeta. El cambio climático está acelerando una metamorfosis de final incierto.</p>
<p class="bodytext">Los datos citados en el libro “Alcanzar la cumbre de cristal” –que fue el primero en España de estas características– tanto geográficos, topográficos, científicos e históricos, sirvieron de inspiración a otros exploradores y fueron la base literaria motivadora para emprender nuevas expediciones polares en la Antártida. Esta obra pionera en su género conserva el vetusto aroma que destila todo relato pretérito, ya clásico, al ser contemplado a la luz de la nostalgia propia del tiempo transcurrido.</p>
<p class="bodytext">Pero, sin duda, el prólogo es la más valiosa documentación contenida en todo el libro. Las palabras de Sir Edmund Hillary, ahora ya leyenda tras su reciente fallecimiento, constituyen para mí el mejor testamento moral, junto a las más de treinta cartas que me envió en los últimos diecisiete años, en un intercambio epistolar entrañable. Ese recuerdo imborrable de un amigo querido adquiere hoy categoría documental, además de su carga sentimental. Por esa razón, merece la pena reproducir el prólogo como homenaje al héroe del Everest que fue, por encima de todo un hombre generoso y solidario, que dedicó su vida a ayudar a la población sherpa del Himalaya, construyendo hospitales, escuelas, puentes colgantes y canalizaciones de agua potable. Lo esencial para el desarrollo y la vida. Descanse en paz el caballero que nunca dejó de ser campechano.</p>
<p class="bodytext"><strong>José Antonio Pujante</strong></p>
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