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	<title>Boletín 35 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletín 35 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Mencía de Calderón, la Adelantada</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/mencia-de-calderon-la-adelantada/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 31 Mar 2020 14:36:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Elvira Menéndez Viajeros españoles Para saber más: La extremeña Mencía de Calderón capitaneó en el año 1550 la primera caravana de mujeres al Nuevo Mundo. Viajaban para casarse con [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: </strong>Elvira Menéndez</p>



<p>Viajeros españoles<br><br><strong>Para saber más:</strong></p>



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<div class="wp-block-button"><a class="wp-block-button__link has-white-color has-text-color has-link-color wp-element-button" href="https://sge.org/wp-content/uploads/2025/10/mencia-calderon.mp3">Escucha el PODCAST sobre Mencía de Calderón</a></div>
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<p></p>



<p><strong>La extremeña Mencía de Calderón capitaneó en el año 1550 la primera caravana de mujeres al Nuevo Mundo. Viajaban para casarse con los conquistadores de la ciudad de Asunción y protagonizaron uno de los viajes más azarosos de la historia. Sin embargo, su epopeya cayó en el olvido. Elvira Menéndez ha recogido esta historia en “El corazón del océano” (Temas de Hoy, 2010), una emocionante novela de aventuras, conspiraciones, valentía y pasión.</strong></p>



<p>La muy noble y leal ciudad de Nuestra señora santa María de la asunción –hoy simplemente asunción, capital del paraguay-, era conocida a mediados del siglo XVI como “el paraíso de Mahoma” porque los conquistadores disfrutaban allí de extensos harenes de indias (hasta setenta se decía que tenía alguno). al contrario que otros europeos, los españoles tenían la costumbre –de las pocas dignas de alabanza-, de reconocer a sus hijos mestizos y considerarlos sus herederos. esto implicaba cierto riesgo de independencia y en el Consejo de indias, máximo órgano de gobierno para el Nuevo Mundo, estaban preocupados pues en asunción, los conquistadores ya habían comenzado a pelearse por el poder.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Juan de Sanabria, el tercer adelantado</h2>



<p>En 1547, Juan de Sanabria, noble y rico hidalgo de Medellín –impresionado quizá por las hazañas de su paisano, Hernán Cortés- solicitó, y obtuvo, el cargo de tercer adelantado del Paraguay y del río de la plata. en la capitulación que firmó antes de partir, se comprometió a llevar en su expedición doncellas hidalgas “para poblar”, a fin de frenar el mestizaje. el nuevo adelantado estaba casado en segundas nupcias con Mencía de Calderón, nacida alrededor de 1515 en el seno de una familia acomodada de Medellín. Tras vender sus bienes y los de su esposa, para armar los seis barcos que se había comprometido a llevar al Nuevo Mundo, Juan de Sanabria se trasladó a Sevilla para preparar la flota. Lo acompañaban varias familias extremeñas y unas ochenta jóvenes, que seguramente escogió entre las familias hidalgas, cristianas viejas -sin antecedentes judíos o moros-, de toda la comarca. Aquellas que por carecer de dote no podían ofrecer a sus hijas un matrimonio equitativo.</p>



<h2 class="wp-block-heading">La adelantada</h2>



<p>A comienzos de 1549, cuando todo estaba ya preparado para la partida, Juan de Sanabria murió en Sevilla antes de poder zarpar. Como la capitulación era por “dos vidas”, Diego de Sanabria, hijo de su primer matrimonio, heredó el cargo de adelantado. pero aún no había cumplido los dieciocho años y fue Mencía de Calderón quién decidió hacerse cargo de la expedición en su nombre. Ella partiría primero con tres barcos, en los que viajarían las mujeres, y su hijastro la seguiría, unos diez meses después, con otros tres barcos y soldados suficientes para hacerse con el poder en Asunción. Al Consejo de indias le urgía que la expedición llegase cuanto antes a su destino: Portugal ya se había adueñado de territorios que no le correspondían, incumpliendo el Tratado de Tordesillas, mediante el cual ambas potencias se repartieron el mundo en 1494. Para colmo, los españoles -que seguían luchando en Asunción por el poder- habían tenido que abandonar, a causa del hostigamiento de los indios, el fuerte de Nuestra señora del Buen aire (actual Buenos Aires), desprotegiendo así la entrada al río de la plata.<br><br>Mencía de Calderón pretendía ayudar a su hijastro a hacerse con el poder en Asunción sin soliviantar a los levantiscos conquistadores –no se fuesen a pasar a los portugueses-. para muchos de ellos, pueblo llano, que habían viajado a las indias para “valer más”, un casamiento con hidalgas significaría un ascenso social. Debió de ser muy inteligente y persuasiva cuando el Consejo de indias aceptó que una mujer se hiciese cargo de esta misión.</p>



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<h2 class="wp-block-heading">La travesía de la mar océana</h2>



<p>Mencía zarpó con sus damas en la <em>San Miguel </em>el 10 de abril de 1550, escoltada por otras dos naos. La travesía del océano era muy arriesgada en la época: los barcos podían ser atacados por piratas, engullidos por las tempestades, perder el rumbo o quedar varados en mitad del mar por falta de vientos o corrientes favorables. Si este viaje era temible para un hombre, ¿qué decir tiene para una mujer? Es probable que la nao <em>San Miguel </em>apenas dispusiese de trescientos metros cuadrados útiles que las mujeres hubieron de compartir con la tripulación y los mandos. ¿Podemos imaginar lo difícil que les sería desplazarse por cubierta con sus faldas verdugadas –aros para darles forma de campana-, sorteando cuerdas y otros cachivaches? La higiene no era una preocupación para los marineros. De hecho solo se bañaban y cambiaban de ropa –o al menos de camisa- al principio y al final del viaje: no se podía malgastar el agua dulce en naderías como el aseo. ¿Pero cómo afectaba esta privación a las mujeres? Ellas sufrían la <em>costumbre</em>, como se llamaba a la menstruación en la época. En “esos días” no debían cambiarse de camisa –de ahí que se llamara también “estar encamisada” al periodo-, pues según las supersticiones de entonces les podían suceder toda clase de males. Pero ¿cómo lavaban sus ropas íntimas? parece ser que en cestas o jaulas que colgaban en la borda para que la corriente las limpiase. ¿Podemos imaginar las llagas que la ropa, endurecida por el agua salada, les produciría? Los hombres usaban “los jardines” para defecar. Consistían en unos asientos rudimentarios –a veces solo tablas-, con un agujero en la base, que daban al agua.</p>



<p>¿Pero cómo se las apañaban las mujeres? se veían obligadas a hacer sus necesidades en orinales, delante de sus compañeras, apiñadas en la penumbra del castillo de popa y acosadas por cucarachas, piojos, pulgas, chinches y ratas.</p>



<p>Pocos días después de dejar las islas Canarias o afortunadas –donde los barcos paraban a proveerse de agua fresca y animales vivos-, una terrible tempestad desarboló el San Miguel y lo separó de los otros dos buques, más rápidos y mejor armados, que tenían la misión de protegerlo en medio de un calor insoportable, se vieron obligados a costear el Golfo de Guinea en busca de un lugar donde reparar el barco. En algún punto de esa zona, fueron atacados por piratas franceses y Mencía de Calderón, temiendo que sus damas acabasen en los mercados de esclavos del Norte de África, decidió buscar una alternativa a la lucha. Negoció con los piratas para que se llevasen cuanto quisieran a cambio de que no matasen a nadie ni ultrajasen a las mujeres. Los piratas se llevaron casi todo: instrumentos de navegación, aparejos, joyas, ropas, conservas… Nuestros viajeros pasaron meses en algún lugar perdido de la costa de Guinea reparando la nave; tarea en la que participaron las mujeres cosiendo velas, haciendo cuerdas, preparando conservas… Cruzar el océano sin instrumentos de navegación era impensable, pero Mencía insistió en hacerlo y las consecuencias no se hicieron esperar: se perdieron en el mar. Sufrieron hambre, sed y, por último, la peste del mar o de las naos, como se conocía entonces al escorbuto. Murieron muchos tripulantes y mujeres, entre ellas la propia hija menor de Mencía. Al borde de la inanición y con el barco en pésimas condiciones –se pudrió poco después-, arribaron el 16 de diciembre de 1550 a la isla de santa Catalina (que hoy pertenece a Brasil y se llama santa Catarina) Allí las esperaba una de las naos de la expedición, que había conseguido salvarse.</p>
</div>
</div>



<p>Sus desdichas no habían hecho más que empezar. A causa de los ataques de los indios, tuvieron que huir a Mbiazá. Durante la travesía perdieron el único barco que les quedaba. Allí, algunas mujeres se casaron con los hombres de mando de la expedición, entre ellas la hija mayor de Mencía. Los indios volvieron a acosarlos y no les quedó más remedio que pedir ayuda a los portugueses. Se trasladaron a la capitanía portuguesa de San Vicente, donde fueron retenidos como prisioneros durante dos años, entre otras razones, porque Mencía advirtió al Consejo de indias de que los portugueses de la Capitanía estaban usando a los indios como esclavos en sus plantaciones. El hecho de que intentara enmendar esta situación, aún a costa de perjudicarse, revela las cualidades morales de la dama.</p>



<p>Cuando, por fin, se vieron libres, algunas mujeres se casaron con portugueses y se quedaron en la próspera capitanía de San Vicente.</p>



<p>Tal como había ordenado el Consejo de indias, Mencía fundó una colonia en san Francisco para frenar la expansión de los portugueses hacia el sur. Por desgracia, hubieron de abandonarla pocos meses después, debido al cerco de los belicosos tupíes. Exhaustas y desesperadas, las mujeres se dirigieron a asunción a través de la selva, acompañadas de algunos hombres. recorrieron más de mil kilómetros de selva, en condiciones muy penosas, esquivando alimañas, ataques de los indios, vadeando ríos y sorteando cataratas. En el mes de febrero del año 1556, llegaron a Asunción tan solo cuarenta mujeres. ¡La mitad de las que habían salido de Sevilla seis años antes! Diego, el hijo por el que Mencía tanto había luchado, nunca llegó a ocupar el cargo de adelantado. Su nao se desvió hasta la costa venezolana. Murió, se dice, a manos de los indios cuando trataba de llegar a Asunción a través de la selva.</p>



<p>Tal como recojo en mi libro “El corazón del océano”, las mujeres de esta expedición tuvieron que cambiar sus costumbres, sus prejuicios y su forma de ver el mundo durante este largo y penoso viaje. Ya en Asunción, algunas se casaron con conquistadores y otras con los hijos medio indios de éstos, contribuyendo así al fructífero mestizaje al que tanto debe nuestra cultura. Aunque Mencía de Calderón haya sido injustamente olvidada, los hombres y mujeres que como ella se preocuparon más de la colonización que de la conquista, cambiaron sin duda la historia de América ¡y la nuestra! los descendientes de esta valiente mujer formaron parte de las élites de lo que hoy es Paraguay, Uruguay y Argentina. En 1564 la propia Mencía escribió en Asunción una relación de lo sucedido en aquel viaje. es la última noticia que tenemos de ella.</p>
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		<title>Peregrinas ilustres por el Camino de Santiago</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 10:07:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 35]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>“No pido riquezas, ni esperanzas, ni amor, ni un amigo que me comprenda; todo lo que pido es el cielo sobre mí y un camino a mis pies”, declaró en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">“No pido riquezas, ni esperanzas, ni amor, ni un amigo que me comprenda; todo lo que pido es el cielo sobre mí y un camino a mis pies”, declaró en una ocasión R. Louis Stevenson. Posiblemente, la mayoría de las personas que han vivido la experiencia del Camino de Santiago, se identificarían con la declaración del genial autor. Mucho se ha escrito sobre esta ruta mágica. Conocido también como el Camino de Europa o el Camino de las estrellas, se trata de una de las rutas viajeras y espirituales más importantes y enigmáticas de Europa. Forjador de leyendas, escenario de encuentros inesperados, vehículo también, de la exploración interior de quien lo realiza, el Camino es ante todo un fenómeno que desde la antigüedad, desborda las simples fronteras de Europa, y podríamos decir del mundo&#8230;</p>
<h3>Cita:</h3>
<p class="bodytext">“Este no es un viaje cualquiera, es una experiencia existencial, la emoción de llegar a un lugar santo no puede explicarse en palabras” Dama germánica anónima. Camino de Santiago en la Edad Media</p>
<p>La palabra “peregrino”, que deriva de la latina peregri o «en el extranjero», designa a quien se adentra en tierras extrañas en busca del cambio interior. Se peregrina, se camina para llegar “más allá” de uno mismo, no sólo física sino también espiritualmente. Por ello, desde muy antiguo, enterrar a lo largo de los caminos ha sido la manera de expresar la creencia en la otra vida. Esta es una costumbre antiquísima, común a muchas religiones, pero en el caso cristiano la peregrinación tiene algunos matices: en vez de colocar los muertos a lo largo del camino, en el caso de Santiago de Compostela es el sepulcro del santo el que genera el camino. A partir de aquí, el sepulcro de Santiago ha atraído a decenas de miles de peregrinos y peregrinas de todo el mundo.</p>
<p>Ya desde la antigüedad, el grito común a todos los peregrinos con el que se daba la orden de partida en cada etapa o se animaba a los desfallecidos, era ¡ultreia!, algo así como el ¡adelante! o el plus ultra como grito de combate o avanzada. Desde la instauración de esta costumbre, muchas mujeres emprendieron el camino al grito de !ultreia!, dejando después testimonio de sus aventuras.</p>
<p>Lejos de lo que se cree, el Camino es mas transitado por mujeres que por hombres. Quizás la razón radica en su capacidad de provocar una transformación interna, en propiciar ese viaje interior, al que la mujer suele ser mas proclive cuando experimenta un cambio de escenario. Muchas de las mujeres que lo realizan, son impulsadas por promesas, búsqueda de respuestas interiores, la necesidad de capturar un poco de magia durante esa experiencia que les pone en contacto directo con la naturaleza y cambia su modo de pensar, su opinión sobre ellas mismas, o les hace olvidar o al menos superar, algunas cuentas pendientes con su vida. “Tenía la sensación de un desierto de tiempo, de miedo ante la nada. Tomaba garantías para no sentirme sola, para no tener que enfrentarme a mí misma, o simplemente para convivir conmigo sin ayuda exterior” (Castillo Cuberos, peregrina por el camino de Santiago). Recogemos sus palabras sencillas y luminosas en los diarios que han dejado, y a medida que descubrimos el precio físico y psicológico que pagan, leemos sus relatos como si fueren una especie de homenaje a ellas mismas. Mujeres que escapan de las comodidades y la rutina de sus vidas cotidianas para lanzarse en brazos de lo inesperado, que enfrentan unas dificultades y situaciones desconocidas pero que sostienen firme la bandera de su tenacidad y proclaman sin vehemencia sus razones, objetivos o reivindicaciones internas.</p>
<p>La presencia de la mujer en el Camino no es un fenómeno nuevo. Desde la antigüedad, santas, reinas, nobles, enfermeras, y hasta mujeres al frente de Cofradías, han desfilado por él. Una de las primeras peregrinas fue Gilberga de Flandes (o Gerberga de Flandes). Peregrinó de Roma a Santiago llevando consigo nada menos que el manuscrito original del Codex Calistinus –la guía medieval que nos indica el Camino a seguir–. Acompañaba al celebérrimo Aymeric Picaud, monje del siglo XII autor de la obra, pero casi nadie tiene certeza de quien era en realidad esta pionera del peregrinaje a Santiago.</p>
<p>Lo cierto es que la mujer viene desoyendo desde antiguo las advertencias sobre los peligros que la acechan por el hecho de desplazarse sola y lleva siglos arrastrando sus largas faldas por lugares remotos. Desde que Egeria, la primera viajera documentada de la Historia, demostrara en el siglo IV que una europea podía aventurarse por Tierra Santa y salir con vida del envite, muchas otras mujeres fueron dando sentido y bandera a una forma de rebeldía interior y con su bolsa colgada al hombro, o sus baúles a cuestas, salieron a la luz y al calor de otras latitudes impulsadas por la fuerza de su fe. Otra de las pioneras en sentir la llamada del Camino fue una tal Bona de Pisa. A finales del siglo XII tras viajar como Palmera a Jerusalén y hacer una incursión en Roma, fue peregrina a Santiago y parece ser que hizo como guía de grupos de peregrinos. Sus relatos narrando sus aventuras viajeras, han adquirido la categoría de legendarios y dejaron muy claro que la experiencia mereció la pena.</p>
<p>Realizar un viaje de peregrinación hasta hace no mucho, suponía ausentarse de casa durante meses o años. No se tenía la certeza del regreso y la costumbre era hacer testamento. Durante siglos, los que practicaban la fe cristiana tenían por tradición peregrinar a los Santos Lugares pero durante la Edad Media, Jerusalén había sido conquistada por los árabes por lo que los caminos de fe, conducían inexorablemente a Santiago de Compostela o a Roma, ombligos espirituales de la época. Aún así, lo que el peregrino iba a encontrar en los agrestes parajes del Camino, lo convertía en una experiencia de alto riesgo. De hecho, hubo ciudades en la Edad Media que permitieron cambiar la pena de muerte tras un homicidio por la peregrinación a Santiago de Compostela. Era muy probable que el delincuente muriera durante su peregrinación, pero de regresar con vida, se consideraba que aquel hombre no era el mismo que el que partió, y se permitía de nuevo su reinserción a la sociedad.</p>
<p>Falsos peregrinos dispuestos a asaltar y robar, el riesgo de sufrir congelación, los ataques de los lobos, el contagio de enfermedades infecciosas e incluso la falta de agua potable, –que, durante la Edad Media produjo la muerte por envenenamiento de no pocos peregrinos y caballos–, hacían de este viaje una arriesgada aventura que no todo el mundo, por mucha fe que tuviera, estaba dispuesto a correr. Además, el viaje discurría por distintos reinos, con distintas monedas, y el simple hecho de cambiar, era de por si toda una aventura.</p>
<p>La picaresca estaba a la orden del día. Las posadas no eran demasiado recomendables, –con frecuencia servían de tapadera a la prostitución– los posaderos solían estafar a los viajeros con toneles de doble fondo, y los barqueros cobraban precios abusivos por cruzar un río, o bien su codicia los llevaba a llenar con demasiada gente sus precarias embarcaciones, lo que motivó que no pocos peregrinos perecieran ahogados.</p>
<p>Aún así, la leyenda del Santo, la belleza de los parajes del norte de España, o la fuerza de la fe, arrastraron a no pocas peregrinas que en mas de una ocasión pusieron su granito de arena para mejorar las infraestructuras y las comunicaciones de esta ruta. Isabel de Portugal, nieta de Federico II y de Jaime el Conquistador, que lo realizó en dos ocasiones, quedó tan impactada por la dura experiencia que destinó una importante suma a los centros asistenciales por los que había pasado en 1325 rumbo a Santiago. Además estableció, en su Libro de Horas, que abril y septiembre eran los mejores meses para el peregrino porque partía con buen tiempo y regresaba antes de la vendimia y de los primeros fríos. En cuanto a Isabel la Católica, alzó los hospitales de Ponferrada y Santiago y a la esposa de Sancho el Mayor, se debe la construcción del puente de la localidad de Puente la Reina. Los ejemplos son incontables: la iglesia del Santo Sepulcro de León, levantada para sepultura de caminantes, el hospital de Nájera, o el hospital de Caldas de Rainha o el de Sandoval, fueron construidos gracias a las con las donaciones de reinas y nobles damas que recorrieron el Camino.</p>
<p>Las historias hablan por si mismas, avanzan y retroceden en el tiempo, suben y bajan de intensidad, pero siempre tienen un contrapunto de generosidad, de privación, de amor y de fe. Y una gran parte de ellas hablan también de situaciones extremas que no siempre tienen un final feliz. El caso de Santa Orosia, patrona de Jaca, es célebre porque su aventura acabó trágicamente. Orosia era una princesa procedente de Aquitania que llegó a aquellas montañas acompañada de un numeroso séquito camino de Toledo, donde estaba destinada a casarse con un príncipe godo. La comitiva principesca, al pasar por los montes cercanos a la localidad de Yebra, tuvo la desgracia de caer en una emboscada tendida por una numerosa partida de musulmanes que los hizo prisioneros. Aben Lupo, cabecilla de aquella partida requirió los amores de la princesa cristiana pero fue rechazado una y otra vez por Orosia, que sentía sobre todo la incompatibilidad de su fé con las creencias de aquel moro que pretendía convertirla al islamismo y casarse con ella. El enamorado caudillo echó mano de todos sus trucos para convencerla y ante sus firmes negativas, no encontró otra solución que intentar convencerla recurriendo al miedo. Llegado el momento, hizo degollar al tío y al hermano de la princesa, y al no conseguir su objetivo la hizo decapitar junto a los demás miembros de su comitiva y arrojó sus cuerpos a una sima cercana.</p>
<p>Los peregrinos de hoy en día se sirven de las señales amarillas pintadas a lo largo de la ruta, de los consejos de otros caminantes, o hasta del Gps, para llegar a su destino. Pero hace trescientos o cuatrocientos años, las cosas eran bien distintas y la intuición, el sentido de orientación o la buena suerte eran los elementos con los que se contaba para llegar a buen puerto. Estaban también los “Faros” terrestres que indicaban desde la lejanía una ubicación, faros, en forma de campanario alumbrado. También ayudaban el tañer de las campanas y las grandes hogueras en las plazas de los pueblos, que sirvieron durante siglos para guiar a quienes les sorprendía la noche antes de alcanzar su destino. Pero la mujer ha sido desde antiguo una experta en el arte de sobrevivir. Lo tuvo que aprender a lo largo de su dilatado paso por este mundo sin necesidad de poner un pie mas allá del umbral de su propio hogar. Ha sobrevivido a la hambruna, a la fuerza física, al miedo, a las privaciones, al clima, y también a la soledad, y este último ingrediente ha sido muchas veces el elemento que mas la ha fortalecido. Una de las que pensaban que el distanciamiento y la incomunicación era lo que convertía un destino en edén, fue Ingrid de Skánninge. Debía ser una mujer muy segura de si misma y una entusiasta de la aventura porque tras enviudar, dedicó todos sus bienes a obras de caridad y tras una peregrinación a Tierra Santa en 1282, fundó el primer convento de dominicas de su tierra. Esta beata nieta del rey de Suecia, viajó a Roma para pedir la bendición del Papa, tras lo cual recorrió el Camino de Santiago afrontando los peligros que entrañaba el viaje.</p>
<p>De haberse conocido, Ingrid de Skánninge y la reina Brígida de Suecia, habrían tenido muchas cosas de las que hablar. Descrita por los historiadores como peregrina, política, mística y escritora, tras recorrer Alemania, Chipre, Italia, Noruega y hacer una peregrinación a Tierra Santa, realizó el Camino en 1341. Esta reina que enviudó también, hizo lo mismo que Ingrid de Skánninge: donar sus bienes a los pobres. Declarada santa por la Iglesia Católica en 1391, es además la santa patrona de Suecia, una de las patronas de Europa y de las viudas.</p>
<p>Lo cierto es que cuando los pies se ponen en marcha con voluntad propia, a veces es difícil pararlos y hubo no pocas reinas y nobles “amantes de la aventura” dispuestas a demostrarlo, aunque para algunas de ellas la fe fuera la excusa para lanzarse a recorrer mundo. Fue el caso de la hija de Enrique I de Inglaterra, que tras la muerte de su esposo Enrique V, emperador de Alemania, se embarcó en este peregrinaje hacia Compostela. Otras reinas y nobles la siguieron: Cristina de Noruega, la duquesa de Lancaster, la condesa alemana Richardis, Sofía de Holanda, Teresa de Coimbra, la inglesa Elizabeth Scales&#8230; y así un largo etcétera hasta nuestra actual reina, peregrina por el Camino de Santiago.</p>
<p>Desconectadas de sus mundos, aisladas, doloridas,… las mujeres han seguido expandiendo sus alas a lo largo del Camino, poniendo de manifiesto cuanta razón tenía Antonio Machado al afirmar: “Caminante no hay camino… se hace camino al andar”.</p>
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		<title>La Cartografía en la Era de los Descubrimientos</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-cartografia-en-la-era-de-los-descubrimientos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 10:07:12 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Boletín 35]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el último tercio del siglo XV, Europa conocía muy poco del resto del mundo; por Occidente se extendía el misterioso Océano Atlántico del que sólo recientemente se habían descubierto [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/la-cartografia-en-la-era-de-los-descubrimientos/">La Cartografía en la Era de los Descubrimientos</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">En el último tercio del siglo XV, Europa conocía muy poco del resto del mundo; por Occidente se extendía el misterioso Océano Atlántico del que sólo recientemente se habían descubierto algunas islas. Sobre los fabulosos y ricos países de Oriente había vagas y confusas historias aportadas por mercaderes y clérigos. Los conceptos geográficos de Ptolomeo, cuyo sistema tenía a la tierra como centro del universo, eran los únicos aceptados por los cosmógrafos, filósofos y por la Iglesia. Esta situación se alteró en un espacio de tiempo increíblemente corto, y en menos de veinticinco años el mundo conocido por los europeos se ensanchó de una manera sorprendente. En este tiempo de acelerados descubrimientos científicos, Copérnico dio a conocer su teoría del heliocentrismo, caracterizada por la simplicidad en la explicación de los fenómenos celestes y, debido a esto, y con bastantes reticencias al principio, la era de Ptolomeo y el geocentrismo empezó a declinar. Este período de la historia, que podemos denominar como la Edad de Oro de la geografía después del lapso de oscuridad del Medievo, comenzó con las primeras navegaciones de los portugueses y andaluces por las costas de África.</p>
<p class="bodytext">El arte de la navegación se había desarrollado eficazmente en el Mediterráneo por el método del rumbo y la distancia, es decir, manteniendo un rumbo establecido con ayuda de la brújula que medía el ángulo entre la proa de la embarcación y el norte magnético obtenido con la brújula y medido sobre una división del horizonte en 32 partes, vientos o rumbos. La distancia se calculaba a ojo y se medía en leguas marinas, que en España mantenían generalmente la proporción de 17,5 leguas, al grado. Cada legua se dividía en cuatro millas romanas. Además los accidentes costeros estaban siempre a la vista del marino, sirviéndole de indicación.</p>
<p class="bodytext">Se pasó así de navegar por el Mediterráneo, el Mare Nostrum de los romanos, y por el norte de Europa, sin perder de vista las costas y sus accidentes, a engolfarse en el Atlántico, sin referencias geográficas precisas ni antecedentes de otras navegaciones.</p>
<p class="bodytext">Pero en las navegaciones por el Atlántico se pudo comprobar que este método de navegación costera no era el apropiado para un mar abierto y desconocido donde era absolutamente necesario navegar largas distancias y largos periodos de tiempo sin avistar la costa. Por esta razón, a partir de mediados del siglo XV los navegantes portugueses comenzaron a observar las corrientes marinas y los diversos regímenes de los vientos, primeros pasos hacia el conocimiento de la geofísica de las grandes masas oceánicas; también se perfeccionó y progresó la técnica de la construcción lentamente al ideal de una práctica cada vez más segura.</p>
<p class="bodytext">Para estas nuevas circunstancias hubo que desarrollar otros elementos de navegación además de la brújula, como el astrolabio náutico, el cuadrante o la ballestilla que son instrumentos para tomar la altura del sol y determinar la latitud y la posición de la nave.</p>
<p class="bodytext">Los barcos a su vez fueron reformados para adaptarlos a las necesidades atlánticas, sustituyendo los remos por el timón, reformando las velas y elevando el bordo de los barcos; en suma, sustituyendo la galera clásica del mediterráneo por la carabela atlántica, la nao y el galeón.</p>
<h3>Una nueva Cartografía</h3>
<p class="bodytext">Así pues, el progreso geográfico fue posible gracias al desarrollo, a finales del siglo XV, de la ciencia y arte de navegar y a la invención de un método para determinar la latitud en alta mar por la observación de un cuerpo celeste con instrumentos construidos al efecto, lo que llevó a los marineros a adaptar el astrolabio terrestre, utilizado de antiguo por los astrónomos en mediciones en tierra firme, para que cumpliera la misma función en el mar.</p>
<p class="bodytext">La nueva navegación astronómica que recurría a observaciones de astros a bordo de las naves, implicó el desarrollo de una nueva cartografía con meridianos graduados e indicación de las latitudes.</p>
<p class="bodytext">Para realizarla, los navegantes ibéricos se basaron en los únicos modelos científicos que tenían a mano, es decir las cartas portulanas mediterráneas, especialmente las producidas por la escuela catalano-mallorquina.</p>
<p class="bodytext">La cartografía de los inicios del siglo XVI está íntimamente ligada a todas estas innovaciones náuticas; en este sentido la introducción de la escala de latitudes en las cartas náuticas, colocada en el Océano Atlántico, fue desde el punto de vista de la cartografía científica, el acontecimiento más importante de la primera mitad del siglo XVI. La idea de introducir una escala de latitud en las cartas náuticas, que ya tenían los mapas de Ptolomeo, tuvo que ser lógicamente posterior al descubrimiento de la manera de hallar la latitud en el mar por medio de la observación de astros con instrumentos adecuados.</p>
<p class="bodytext">La Casa de la Contratación de las Indias de Sevilla fue otra consecuencia de los descubrimientos atlánticos y fue creada por Real Cédula del14 de febrero de 1503 como un lugar Indias, recién descubiertas.</p>
<p class="bodytext">En función de estas necesidades, se nombraba un factor, un tesorero y un escribano para atender los aspectos puramente mercantiles y de contratación.</p>
<p class="bodytext">Pronto se vio la necesidad de dotar a esta empresa comercial de un aparato científico que suministrara a los navegantes instrumentos náuticos apropiados para cruzar el Atlántico con seguridad, y recibiera de estos, información de primera mano sobre las tierras que iban descubriendo.</p>
<h3>La organización Científica de la Casa de la Contratación</h3>
<p class="bodytext">La organización científica de esta institución descansa en un primer momento sobre el Piloto Mayor que debía examinar a los pilotos que iban a las Indias y sellar y dar el visto bueno a las cartas que, de acuerdo con el Padrón Real había hecho el cosmógrafo de hacer cartas de marear. El cargo de Piloto Mayor, el primero que se crea, se legisla por Real Cédula de 1508 y recae sobre Américo Vespucio, descubridor y cosmógrafo, sucediéndole Juan Díaz de Solís en 1512, y Sebastián Caboto en 1518. Todos ellos eran descubridores y sabían más de la práctica de la navegación que de otra cosa.</p>
<p class="bodytext">El cargo de Piloto Mayor de la Casa de la Contratación de Sevilla fue el sistema central de los estudios geográficos de la institución pero, con el paso del tiempo, parte de las tareas que abordaba el Piloto Mayor se repartieron .en dos cargos de nueva creación que fueron: el de cosmógrafo de hacer cartas de marear y fabricar instrumentos de navegar, creado en 1523 y el de catedrático de Cosmografía, instituido por Real Cédula de 1552, que estaba encargado de enseñar la parte teórica de la navegación a los pilotos que iban a las Indias.</p>
<p class="bodytext">El cosmógrafo de hacer cartas de marear y fabricar instrumentos estaba directamente encargado de hacer las cartas y después de selladas por el Piloto Mayor, de entregarlas a las flotas que iban a las Indias, pero de la documentación consultada se desprende que él no hacía materialmente ni las cartas ni los instrumentos necesarios para la navegación, sino que supervisaba este trabajo artesanal en su taller donde tenía distintos oficiales para hacerlos.</p>
<p class="bodytext">El primer cosmógrafo de hacer cartas de marear y de fabricar instrumentos, nombrado por R.C. de 1 de julio de 1523, es el portugués, naturalizado español, Diego Ribera, aunque anteriormente y bajo el título de maestre de hacer cartas trabajó Nuño García de Toreno, encargado de suministrar las cartas a la flota de Magallanes.</p>
<h3>El padrón real de la Casa de la Contratación</h3>
<p class="bodytext">En 1508 se mandó por Real Cédula a América Vespucio que:</p>
<p class="bodytext">“Se haga un Padrón general y porque se haga más cierto mandamos a los nuestros oficiales de la Casa de la Contratación de Sevilla que hagan juntar todos nuestros pilotos, los más que hallaren en la tierra a la sazón, y en presencia de vos el dicho América Vespuci, nuestro piloto mayor, se ordene y haga un padrón general, el cual se llame padrón real, y por el cual todos los pilotos se hayan de regir y gobernar y esté en poder de los dichos nuestros oficiales y de vos el dicho piloto mayor y que ningún piloto use de otro ninguno, sino del que fuera sacado de él”.</p>
<p class="bodytext">Con esta orden se pretendía unificar conocimientos y que todos los pilotos se guiaran por las mismas cartas contrastadas y puestas al día.</p>
<p class="bodytext">Es significativo que desde entonces la formación del padrón fuera siempre un trabajo en equipo de las personas más cualificadas en el tema, bajo la dirección del Piloto Mayor.</p>
<p class="bodytext">Este sería el patrón o modelo de carta de navegar al que sólo los cosmógrafos oficiales tenían acceso y quedaría en la Casa de la Contratación, junto con los modelos del resto de los instrumentos de navegar como astrolabio, ballestilla, aguja de marear y regimiento de navegación.</p>
<p class="bodytext">Este documento se renovaba y corregía cada cierto tiempo con las novedades que traían los pilotos que, una vez contrastadas en juntas de pilotos, se incorporaban al padrón oficial.</p>
<p class="bodytext">Pero esta cartografía no nació en el mismo momento que se descubrió América por generación espontánea sino que se basaron otra cartografía anterior.</p>
<p class="bodytext">En este sentido el padrón real empieza siendo una carta portulana mallorquina a la que se incorporan los descubrimientos, aunque luego se va complicando con los problemas técnicos derivados de la navegación atlántica, como la determinación de la longitud y latitud, la variación de la aguja magnética. Era lógico que a la hora de describir otro continente se apoyasen en la única cartografía científica existente; ya que los mapamundis medievales en forma de TO tienen poca correspondencia con la realidad y están teñidos de elementos religiosos y míticos, mientras que el conocimiento de la Geografía de Ptolomeo no se generalizaría hasta bastante después.</p>
<p class="bodytext">En 1492 tuvieron lugar dos hechos importantes para esta cartografía: el descubrimiento de América y la expulsión de los judíos de España con lo que el interés de la Corona se polarizó hacia el Atlántico y se volvió de espaldas al Mediterráneo y los cartógrafos mallorquines, muchos de los cuales eran judíos se trasladaron a otros puertos del interior del Mediterráneo para seguir haciendo esta cartografía pero alejados ya de los centros descubridores del momento que eran Lisboa y Sevilla.</p>
<p class="bodytext">Una buena muestra de esto lo encontramos en el que podríamos llamar el primer padrón real y la primera carta que conservamos que representa América, nos referimos a la carta de Juan de la Cosa de 1500, un portulano al que se la ha añadido la representación de la parte de América conocida entonces, las Antillas y la zona de Venezuela, África y el sur de Asia. Se encuentra en el Museo Naval de Madrid, mide 181 x 92 cm.; es una carta representativa en varios aspectos: primero porque marca la transición de la cartografía mallorquina a la sevillana; en segundo lugar, por ser la primera representación de América que se conserva.</p>
<p class="bodytext">A partir de la carta de Juan de la Cosa los siguientes padrones o cartas universales de la Casa de la Contratación de Sevilla se harán de la misma manera, con ligeras innovaciones estilísticas y bastantes innovaciones científicas.</p>
<p class="bodytext">Así pues para concretar, el padrón real no era ni más ni menos que un mapamundi, en el que estaba señalado tanto el mundo antiguo, como -y esto era lo importante el “Mundus novus” descubierto por españoles y portugueses. Para más comodidad y detalle geográfico estaba dividido en seis partes, llamadas también padrones o cuarterones que correspondían:</p>
<p class="bodytext">&#8211; El primero a la fachada atlántica de Europa, el océano Atlántico y la costa atlántica de América del Norte.</p>
<p class="bodytext">&#8211; El segundo a la fachada atlántica de África y a la parte atlántica de América en el hemisferio sur, es decir, costa de Brasil y Argentina hasta el Estrecho de Magallanes.</p>
<p class="bodytext">&#8211; Tercero desde el estrecho de Magallanes toda la costa pacífica de América del Sur hasta llegar a México.</p>
<p class="bodytext">&#8211; El cuarto desde México a Filipinas.</p>
<p class="bodytext">&#8211; El quinto, el Mediterráneo y Oriente Próximo.</p>
<p class="bodytext">&#8211; El sexto, la costa de África del océano Índico hasta llegar a la península de Malaca.</p>
<p class="bodytext">Según el lugar por donde se fuera a navegar, se adquiría una u otra parte. Creemos que cuando se habla de corregir el padrón, fundamentalmente se están refiriendo a la parte de la carta general que representaba América, que era donde se producían los avances geográficos o a la zona asiática navegada por los portugueses y objeto de una fuerte controversia a partir del viaje de Magallanes – Elcano, pues es poco probable que se corrigiera el padrón que representaba el Mediterráneo, o la parte de África por donde los españoles no navegaban.</p>
<h3>La produción cartográfica de la Casa de la Contratación</h3>
<p class="bodytext">La labor cartográfica de la Casa de la Contratación estaba, como regla general, encomendada a los pilotos mayores, ya que ellos presidían las rectificaciones del padrón real, pero eran los cartógrafos de hacer cartas los únicos autorizados a sacar copias y venderlas. Al ser la construcción de la carta general oficial, una labor de equipo es lógico que no fuera firmada; el hecho de sacar copias de los distintos padrones tampoco justificaba el que se firmaran.</p>
<p class="bodytext">Por esta razón han llegado hasta nosotros tan pocas cartas firmadas; creemos que sólo lo fueron las que eran un encargo especial para uso distinto de la navegación y cuando el piloto había puesto en ella leyendas cosmográficas, detalles ornamentales o cualquier otra innovación que la hacían personal y distinta del resto. Han llegado hasta nosotros cartas universales firmadas por Diego Ribero, Nuño García de Toreno, Sebastián Caboto, Pedro de Medina, Sancho y Diego Gutierréz, Juan Vespucio etc.</p>
<p class="bodytext">De las firmadas que ha llegado a nosotros, la mayoría lo son de cosmógrafos de hacer cartas de navegar y las atribuciones de las que son anónimas siempre giran en torno a los hombres que eran cosmógrafos de la época. Estas cartas generaban una industria muy importante en torno al taller del cosmógrafo, y desataron a lo largo del siglo XVI varias disputas entre los distintos cargos científicos de la Casa de la Contratación, y entre otros pilotos afincados en Sevilla que querían participar en los beneficios de tan floreciente negocio.</p>
<p class="bodytext">La mayoría de ellas se encuentran en bibliotecas extranjeras y muy pocas veces se han examinado y reproducido en su totalidad. La creencia general es que la mayoría de las cartas universales que ha pervivido hasta nuestros días estaban destinadas a regalos de grandes mandatarios y a resaltar los descubrimientos españoles en las nuevas tierras, es decir, que eran más o menos documentos políticos. Cuando son anónimas y sin fechar es necesario pasar revista a los avances geográficos que reseñan para intentar encuadrarlas cronológicamente.</p>
<p class="bodytext">Los puntos más sobresalientes que sirven para datar las cartas de la Casa de la Contratación son: la línea de demarcación a 370 leguas de las Azores, el problema del Maluco, provocado por el viaje de Magallanes-Elcano de 1522, no toma estado oficial hasta las Juntas de Badajoz en 1524. La costa patagónica a partir del río de la Plata, anteriormente denominado río Jordán, empieza a aparecer hacia 1530 después del viaje de Caboto; la costa chilena y peruana hasta México aparece en las cartas universales de la Casa de la Contratación en la segunda mitad del siglo XVI.</p>
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		<title>El Papiro de Artemidoro, el primer mapa de España</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/el-papiro-de-artemidoro-el-primer-mapa-de-espana/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 10:06:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 35]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Antes de adentrarnos en el mundo de la cartografía griega y de la historia del Papiro de Artemidoro, hay que hacer una breve referencia a los antecedentes de representaciones de [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/el-papiro-de-artemidoro-el-primer-mapa-de-espana/">El Papiro de Artemidoro, el primer mapa de España</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">Antes de adentrarnos en el mundo de la cartografía griega y de la historia del Papiro de Artemidoro, hay que hacer una breve referencia a los antecedentes de representaciones de la Tierra en otras culturas, de las que quizá pudieran también haber tomado los griegos sus datos.</p>
<h3>Las primeras representaciones del mundo</h3>
<p class="bodytext">Empezaremos por Egipto. Que los conocimientos matemáticos de los egipcios eran muy antiguos y muy desarrollados está fuera de duda. Su capacidad de planificar grandes obras, como las pirámides, sería una prueba más que suficiente del desarrollo, teórico y práctico, de una matemática y una geometría. Es posible que parte de esos conocimientos los pusieran también al servicio de la representación del territorio aunque los restos conservados no son demasiado abundantes ni significativos. El documento más importante en este sentido es el llamado “Papiro de la Mina de Oro”, que se conserva en el Museo Egipcio de Turín: se trata de la representación de una parte del distrito minero egipcio de Wadi Hammamat que abarca unos 15 km.; se dataría hacia el 1150 a.C. El mapa ha sido considerado como la primera carta topográfica conocida e, incluso, como la primera geológica por los datos de esta índole que contiene y se han podido identificar sobre el terreno buena parte de los elementos que figuran en dicho mapa. Aparecen representadas casas, templos, monumentos, estanques, etc., usa distintas claves de color y contiene diversas anotaciones en hierático. Su objetivo parece haber sido conmemorar la expedición que Ramsés IV dirigió hacia esa región en busca de piedra y algunos autores han sugerido que más que de un mapa se trataría de la representación de un itinerario, puesto que las vías de comunicación tienen prioridad sobre el resto de la información contenida en el documento.</p>
<p class="bodytext">Además de mapas de este detalle, los egipcios también dibujaron plantas de tumbas y otras edificios, a los que en sentido estricto no se les puede considerar mapas.</p>
<p class="bodytext">También en Mesopotamia el dibujo de plantas y planos de edificios es bien conocido desde tiempos antiguos, así como lo que parecen ser planos (generales o parciales) de ciudades; entre estos últimos, destaca uno que representa a la ciudad de Nippur, y que se dataría hacia el 1500 a.C. Está inciso sobre una tablilla de arcilla, como suele ser habitual en Mesopotamia.</p>
<p class="bodytext">Además, ya desde el tercer milenio tenemos listas de nombres, muchos de los cuales corresponden a diferentes itinerarios, aunque sin representación cartográfica de los mismos. Entre todos estos materiales destaca de forma especial una tablilla, conservada en el Museo Británico, a la que se la suele llamar “el mapa babilonio del mundo”, y que se data hacia el 600 a.C. Representa una vista desde lo alto del mundo, mostrando dos círculos concéntricos, el interior el área continental de la superficie de la tierra, y en su centro Babilonia; el círculo exterior representa el océano que circunda la tierra (llamado “río amargo”) y del mismo surgen siete u ocho proyecciones triangulares, que representan sendas regiones transoceánicas y que son llamadas “regiones” o “regiones insulares”, aunque parece que con la connotación de territorios lejanos y poco precisos. En el círculo central, aparecen diversos sectores acompañados de texto que, además de Babilonia, atravesada por el Éufrates, presentan países como Urartu y Asiria, y ciudades como Susa, Der, Bit Yakin y Habban. Hay también alguna indicación topográfica. Sendos textos, en la cara en la que aparece el mapa y en el reverso de la tablilla, dan informaciones referidas sobre todo a los lugares distantes. Es bastante probable que en el mapa se mezcle la concepción que la cultura mesopotámica tenía del mundo habitado con ideas de tipo cosmogónico, tendentes a ubicar dicho mundo dentro de un contexto más divino y trascendente.</p>
<p class="bodytext">Este mapa es un unicum en todo el mundo mesopotámico y, quizá más que las representaciones egipcias, un auténtico precedente de las primeras concepciones cartográficas griegas a las que vamos a pasar a continuación. Sin embargo, y como ellas, no pretende ser una representación fiel del mundo físico sino más bien una imagen ideologizada del mismo.</p>
<h3>El mundo según tales de mileto</h3>
<p class="bodytext">No cabe ninguna duda de que el iniciador del pensamiento racional en el mundo griego fue Tales de Mileto, que habría vivido entre, aproximadamente, el 611 y el 545 a.C. Gran viajero, estuvo en Egipto donde aprendió la geometría, cuyo estudio introdujo en Grecia. Es bastante probable que también estuviese en Babilonia y quizá gracias a los conocimientos allí adquiridos pudo predecir un eclipse de sol que tuvo lugar en el año 585 a.C. No consta que Tales realizase ningún trabajo cartográfico pero, en cierto modo, en su nueva visión racional sobre el mundo es algo que casi resultaba necesario en parte por la importancia que tuvo la geometría en su formación y en parte porque su concepción de la tierra, tal vez deudora de la existente en Oriente, permitía dar el paso que suponía representarla.</p>
<p class="bodytext">Tales consideraba al agua el principio de todo y tenía la idea, según asegura Aristóteles, de que la tierra flotaba sobre el agua, sobre el Océano. Más allá de la forma que tuviera la misma, un círculo plano o una esfera, quedaba claro el carácter limitado de su extensión y, por consiguiente, la posibilidad de abarcarla, al menos desde el punto de vista intelectual. Además de sus viajes, Tales vivía en una ciudad, Mileto y en un territorio, Jonia, cuyos habitantes habían emprendido desde una o dos generaciones antes, viajes por mar que les habían conducido hasta los extremos más septentrionales del mundo conocido y hasta las propias aguas del Atlántico. Estos viajes, y los contactos establecidos con los distintos territorios visitados y con otros viajeros extraordinarios, como eran los fenicios, habían permitido ir conociendo, en un plano práctico, la extensión de toda la cuenca mediterránea y parte de los territorios ribereños. Esos viajes, sin embargo, no habían requerido de mapas sino de conocimientos prácticos, transmitidos oralmente por marinos y pilotos, algunos de los cuales acabaron siendo puestos por escrito en forma de “periplos”.</p>
<p class="bodytext">Es interesante tener esto en cuenta porque un rasgo de la primitiva cartografía griega, que surgirá con Anaximandro, será su carácter teórico y, sobre todo, ideológico, pero no el práctico. Los mapas nunca desempeñarán en el mundo griego (y, tampoco en el romano) el papel que tienen en nuestro mundo a partir de la Baja Edad Media y del Renacimiento. Para los griegos, marinos que recorren las rutas del mar, o viajeros o militares que circulan por rutas terrestres, el mapa no tendrá utilidad práctica ninguna.</p>
<p class="bodytext">Sin embargo, la posibilidad de representar la tierra, de dibujarla, era un reto para los primeros filósofos del s. VI a.C. que creían que todo el mundo material obedecía a leyes físicas y, por lo tanto, aprehensibles por el conocimiento humano. Este paso de intentar “dibujar la tierra” (geographein) lo dio un discípulo de Tales, el también milesio Anaximandro (610-547 a.C.), quizá como parte de su teoría cosmológica, en la que sus observaciones le llevaron a introducir un claro componente evolucionista.</p>
<h3>Los primeros “dibujos de La tierra”</h3>
<p class="bodytext">Para Anaximandro, la tierra tenía la forma de un cilindro, cuya superficie plana superior constituía el mundo conocido; al ser un espacio acotado, rodeado por el Océano, era posible dibujar su forma sobre una superficie, del mismo modo que el resto de las cosas perceptibles, y a esa tarea se dedicó. Aunque ese primer mapa no se ha conservado, los autores posteriores le consideraron como el primero en dibujar el mundo habitado sobre un plano; no es improbable que los modelos gráficos que por esos mismos años se estaban realizando en Babilonia puedan haberle servido de inspiración porque sabemos que en su mapa el mundo era representado redondo, con Grecia en el centro y, en el centro de ella, Delfos y todo él rodeado por el Océano que circundaba la tierra habitada.</p>
<p class="bodytext">El historiador Heródoto, que escribe varios decenios después, asegura que se reía de esos mapas antiguos que representaban al Océano como un círculo alrededor de la tierra como si hubiese sido trazado a compás y donde no se había respetado la distinta proporción de Europa y de Asia, aunque él pensaba que la primera era mucho más grande. En cualquier caso, la concepción de Heródoto aun cuando era distinta tampoco se basaba por completo en datos empíricos, aunque sí consideraba que el tamaño de la tierra era mayor en sentido este-oeste que norte-sur, por lo que la idea de un mundo circular era errónea; además aseguraba que no había datos para afirmar que el Océano circundaba toda la tierra. No obstante, Heródoto no plasmó en un mapa sus ideas.</p>
<p class="bodytext">De cualquier modo, Anaximandro no trató de hacer un mapa que pudiese ser utilizado con fines prácticos sino que, por el contrario, su objetivo tenía más de teórico; representar la forma de la tierra era la consecuencia última del pensamiento filosófico que estaba surgiendo en Jonia. Los viajeros disponían de otros instrumentos, como se dijo antes, y no tenían necesidad de mapas.</p>
<p class="bodytext">El ya mencionado Heródoto nos presenta, casi como una anécdota, el choque de ambas mentalidades cuando Aristágoras, que había sido tirano de Mileto y luego su gobernador, pidió ayuda al rey espartano Cleómenes para luchar contra los persas. Aristágoras se dirige a Esparta provisto de lo que para él debía de ser una de las últimas novedades científicas de sus conciudadanos y que se describe como “una placa de bronce en la que se había grabado todo el circuito de la tierra y el mar y todos los ríos”. Puede tratarse del mapa de Anaximandro, quizá con alguna modificación introducida por otro sabio milesio, Hecateo. Sobre ese mapa, Aristágoras le iba señalando al rey espartano la ubicación de los pueblos de Asia, cuyos nombres, y quizá sus límites, parecen haber figurado en el mismo. Cleómenes, que parece haber entendido poco de la explicación, le hace al milesio la pregunta clave: “¿Cuántos días de camino hay desde el Egeo hasta Susa?”. La respuesta de Aristágoras, tres meses, provoca al punto el rechazo espartano para quien, sin duda, esas distancias resultaban inasumibles. Las dos concepciones, pues, entran en conflicto; los jonios consideran que al describir y dibujar la tierra han dado un paso para su posesión y su control (siquiera intelectual); para el rey espartano, más práctico (o con una mentalidad no cartográfica), el dibujo no significa nada en sí mismo y pregunta tan sólo por el tiempo necesario para llegar hasta la corte del rey persa. En cierto modo, estas dos percepciones antagónicas van a caracterizar, de aquí en adelante, a la mentalidad griega. Mientras que la utilidad de la geografía va a ser evidente, al utilizar datos empíricos e insertarlos en un contexto coherente, la cartografía va a ser sobre todo un juego intelectual con poca utilidad práctica.</p>
<p class="bodytext">Apenas sabemos de otros autores que hicieran mapas; quizá Demócrito (460- 370 a.C.) dibujó uno, más oblongo que circular y en las obras de Platón hay datos que nos indican que los mapas son ya algo conocido; también en los Pájaros de Aristófanes hay referencias a mapas, pero en esta comedia se juega de nuevo con las dificultades de la gente corriente para entender las diferencias que hay entre el mundo real y lo que no es más que una representación teórica (y convencional) del mismo.</p>
<p class="bodytext">Durante el periodo clásico Eudoxo (408-355 a.C.) profundizó en los estudios astronómicos y la cartografía de la esfera celeste así como en la aplicación de la geometría a la cartografía terrestre y en el estudio de las latitudes; el historiador Éforo (405-330 a.C.) también parece haber incluido un mapa de la tierra en su obra sólo conocido por el uso que de él hace el escritor del s. VI d.C. Cosmas Indicopleustes. Éforo parece haber acabado de desarrollar la idea de Eudoxo, y de autores anteriores, acerca del mayor tamaño de la tierra (el doble) en el sentido de la longitud que en el de la latitud.</p>
<h3>Los mapas helenísticos</h3>
<p class="bodytext">El periodo helenístico aprovecha los resultados de las campañas de Alejandro Magno, que abren al conocimiento griego grandes extensiones de Asia así como los trabajos empíricos de otros exploradores que como Piteas de Masalia consiguen llegar hasta latitudes próximas al Círculo Polar Ártico. La afluencia de nuevos datos y la aplicación de la astronomía, la geometría y las matemáticas dará un nuevo impulso a la cartografía en esta época. Poco tiempo después de estas empresas Dicearco de Mesina (370-285 a.C.) introduce un paralelo (diafragma) y un meridiano para lograr así agrupar en sectores las diversas tierras.</p>
<p class="bodytext">Rodas era el punto en que ambas líneas se cruzaban y el Estrecho de Gibraltar se encontraba en ese mismo paralelo que atravesaba Rodas. Más adelante, Timóstenes de Rodas introduce la rosa de los vientos para ubicar pueblos remotos con mucha mayor precisión, siendo también el punto central Rodas.</p>
<p class="bodytext">Pero, sin lugar a dudas, el gran reformador de la cartografía griega fue Eratóstenes de Cirene (275-194 a.C.). Desarrollando buena parte de sus estudios en la Biblioteca de Alejandría, de la que fue director, no sólo pudo conocer las obras de sus predecesores sino que además pudo beneficiarse de la centralidad y la importancia política y cultural de la capital del Egipto tolemaico. Además de conseguir una medición de la circunferencia de la tierra bastante aproximada a la realidad, y una vez fijada la latitud de cada punto, pudo fijar el tamaño del paralelo que pasaba por cada uno ellos y convertirlo en distancias, algo relativamente fácil una vez que se conocía el tamaño de la esfera terrestre.</p>
<p class="bodytext">Además, la aplicación de las matemáticas y la geometría, así como los avances de sus predecesores, le permitió a Eratóstenes establecer un amplio sistema de meridianos, el origen de los cuales se fijaba en el que atravesaba Rodas, Alejandría y Meroe. La extensión de la tierra habitada, desde la India a Iberia, siguiendo el paralelo de Atenas, la fijó en 78.000 estadios. Para ubicar dentro de ese esquema cada país usó figuras geométricas (sphragides) a cuya forma se aproximaba cada uno para poder dar sus medidas (bien a través de los lados, bien a través de las diagonales).</p>
<p class="bodytext">Aunque no exento de críticas, el mapa de Eratóstenes seguía siendo una construcción teórica, basado en datos empíricos, pero de poco uso real más allá del posible carácter propagandístico que pudiera tener y de lo que pudiera demostrar de su autor o del soberano, Tolomeo III, para quien trabajaba. Pero, a pesar de ello, los griegos se habían acercado, más que ningún otro pueblo antes, a una representación figurada del mundo habitado y, cada vez más, las descripciones puramente geográficas estaban respaldadas por concepciones cartográficas, aunque eso no quiere decir que el geógrafo tuviese que ser también cartógrafo.</p>
<h3>El papiro de Artemidoro</h3>
<p class="bodytext">La progresiva entrada de Roma en la esfera política helenística produjo, en el campo que aquí nos interesa, una consecuencia de interés, como fue que por vez primera buena parte del mundo conocido fue unificada por un solo estado que, además, consiguió imponer una paz duradera. Los romanos no parecen haber tenido un especial interés por la geografía o la cartografía pero permitieron que los griegos siguieran dedicándose a estas tareas, y su labor se vio favorecida por la paz romana o, antes de que la misma se instalase, por el avance de sus ejércitos. Del mismo modo que las campañas de Alejandro en Asia habían permitido el avance de los conocimientos empíricos sobre esos países, la conquista romana del Occidente favoreció también el conocimiento de territorios que antes eran casi por completo desconocidos. Así, autores como Polibio, Crates de Malos o Hiparco aprovecharon las nuevas oportunidades para corregir errores del pasado y hacer sus propias propuestas cartográficas.</p>
<p class="bodytext">Es en este contexto en el que habría que integrar, como resultado de descubrimientos recientes, el “Papiro de Artemidoro”. Este documento, las circunstancias de cuyo hallazgo y restauración distan de ser claras, se presenta en la actualidad como un papiro de 2,57 m. de longitud y 32,5 cm. de altura, en tres grandes fragmentos, resultado de unir más de cincuenta piezas de papiro. Su hallazgo, restauración y contenido han recibido una gran cobertura mediática, en especial en Italia, pero también en otros países. Además de otros contenidos, poco relevantes para lo que aquí nos ocupa, el papiro contendría una introducción y el inicio del segundo libro de la geografía de Artemidoro, así como un mapa, incompleto.</p>
<p class="bodytext">Artemidoro de Éfeso, nacido hacia mediados del s. II a.C., es uno de los grandes geógrafos del helenismo avanzado. Personaje importante en su ciudad, fue embajador de la misma ante Roma, obteniendo la devolución a Éfeso y a su santuario de Ártemis de antiguos derechos que le habían arrebatado los republicanos, lo que le valió que la ciudad le dedicase una estatua de oro. Gran viajero, recorrió la mayor parte del Mediterráneo, estuvo en la Península Ibérica y llegó hasta la región del Cabo de San Vicente y, tal vez, incluso más allá. Su obra, en once libros, no nos ha llegado completa, aunque fue bastante utilizada por Estrabón y fue objeto de un resumen amplio por Marciano de Heraclea ya en época tardía.</p>
<p class="bodytext">Acerca del Papiro de Artemidoro ha surgido en los últimos tiempos una amplia polémica centrada en el tema de su autenticidad: mientras que la mayor parte de los especialistas consideran todo el documento auténtico, un grupo de ellos, lo consideran una falsificación del siglo XIX. El debate continúa con tonos encendidos y mientras que hay partes del papiro, por ejemplo, el proemio, que resultan, cuanto menos, sospechosas, sobre otras es más difícil pronunciarse aunque aquí aceptaremos, mientras no haya datos nuevos, su autenticidad. Entre estas partes auténticas parece estar la principal novedad que presenta este papiro, su mapa que sería así el mapa griego más antiguo conocido, aunque también presenta problemas, y no pocos, como veremos.</p>
<h3>La interpretación del papiro</h3>
<p class="bodytext">El tamaño del mapa es de unos 85 cm. de anchura, siendo su altura la misma que la del papiro. Está claro que el mal estado del soporte en algunas zonas ha impedido que haya llegado completo; su tamaño máximo antes de ese deterioro debía de oscilar entre los 99 y los 113 cm. Sin embargo, se trata de un mapa incompleto, puesto que sólo contiene líneas y dibujos, no textos ni colores, sin duda ninguna porque no llegó a ser concluido. Las diferentes líneas que, sin orden aparente, cruzan el mapa han sido interpretadas por los estudiosos del papiro. Así, y tras barajar distintas posibilidades, han reconocido dos grandes ríos que recorren el mapa en toda su anchura, uno más arriba y otro más abajo (tampoco se ha terminado de decidir si el mapa está o no orientado hacia el norte aunque desde Eratóstenes esto era lo habitual). El de la parte superior se bifurca en su parte izquierda en dos brazos que rodean lo que puede ser una isla o una península o un afluente de un río principal. Otra serie de líneas se han interpretado como vías o caminos de las que habría unas veintiséis. Estas rutas no siguen trazados rectos sino, por el contrario, sinuosos y aunque algunas siguen una dirección general de derecha a izquierda, otras cortan las anteriores y van de arriba abajo, mostrando así una red viaria bastante articulada.</p>
<p class="bodytext">El mapa presenta también toda una serie de símbolos, algunos de interpretación más fácil que otros. Los más abundantes son pequeños cuadrados que pueden representar desde mansiones o puntos de reposo a lo largo de las rutas hasta establecimientos rurales o villae. Además de estos cuadros en el mapa aparecen otros dibujos, catorce en total, que parecen representar diversos motivos. Así, nos encontramos con la imagen de una localidad situada entre montañas, zonas montañosas cubiertas de bosques, ciudades amuralladas de diversos tipos, ciudades o asentamientos sin amurallar y monumentos de diverso tipo, uno de ellos en apariencia bastante imponente, alto y rematado por frontones. A veces, y a pesar del pequeño tamaño de las imágenes, hay algunos detalles, como la representación de puertas o ventanas en las murallas así como de tejados en las viviendas; hay ciudades de aspecto más regular, cuadrado, y otras que pueden ser más grandes y dispersas.</p>
<p class="bodytext">Un problema aún no resuelto es saber a qué parte del mundo conocido se refiere el mapa; el hecho de que aparezca inserto dentro del libro dedicado a Iberia ha hecho sugerir a los comentaristas que el mismo puede representar una parte de ella; no obstante, aunque se han avanzado bastantes interpretaciones ninguna de ellas es definitiva dada la ausencia de referencias precisas en el dibujo aunque los editores del papiro parecen inclinarse por considerarlo una representación de la Hispania Citerior.</p>
<p class="bodytext">En cualquier caso no se trataba de un mapa viario, como será la posterior tabula Peutingeriana ni tampoco del tipo de mapa que creará Claudio Tolomeo sino tal vez de algo intermedio entre el mapa del mundo conocido de Eratóstenes y los mapas que se habían popularizando en época helenística de zonas y territorios más concretos, aunque sometido a las limitaciones físicas del rollo de papiro en el que está realizado, lo que acentuaría las deformaciones necesarias para inscribir en ese espacio la imagen de un territorio. En todo caso, lo que conocemos del mapa de Artemidoro indica que debía de contener bastantes detalles y que sería un complemento espléndido a su obra geográfica. Es también objeto de discusión si el diseño del mapa pudo corresponder al propio Artemidoro o, por el contrario, a algún cartógrafo que, con los datos del autor, pudo trazar el mapa. Sí puede haber ocurrido también que en el momento en el que se realiza el ejemplar que poseemos (s. I d.C.) el cartógrafo no se haya limitado a copiar el mapa presente en la edición de la obra de Artemidoro empleada para hacer la copia, sino que lo habría actualizado para adaptarlo a los conocimientos del momento.</p>
<p class="bodytext">Por la época en la que se produjo y se copió o modificó el mapa (entre fines del s. II a.C. y primeros decenios del s. I d.C.) nos muestra, a pesar de su estado incompleto, la popularización de una cartografía descriptiva, que presentaba datos de un territorio dado, favorecidos por el control político que ejercía Roma, pero sin las preocupaciones de una representación exacta de las partes de la tierra ni de la ubicación correcta de los lugares dentro de ella; nuestro mapa parece hallarse lejos de las preocupaciones matemáticas que había manifestado Eratóstenes y que siglos después desarrollaría Tolomeo. Se trata, más bien, de un refuerzo visual del texto geográfico en el que la representación de los lugares junto con algunos elementos topográficos (ríos, caminos, montañas, monumentos, etc.) servía para ilustrar el país al lector. Estamos lejos de la cartografía científica, pero también de los mapas viarios que Roma empleará con gran profusión y su novedad hace que aún subsistan muchas dudas sobre este, por el momento, único documento cartográfico conservado del mundo grecorromano.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/el-papiro-de-artemidoro-el-primer-mapa-de-espana/">El Papiro de Artemidoro, el primer mapa de España</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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