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	<title>Boletín 44 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletín 44 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Al Gazhal, un andaluz en el país de los vikingos</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/al-gazhal-un-andaluz-en-el-pais-de-los-vikingos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 26 Oct 2016 13:52:41 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 44]]></category>
		<category><![CDATA[Los primeros viajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Emma Lira Viajeros españoles Corría el siglo IX cuando un viajero procedente de la sofisticada corte de Abderramán II llegaba a Escandinavia en misión diplomática para tratar de pactar [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/al-gazhal-un-andaluz-en-el-pais-de-los-vikingos/">Al Gazhal, un andaluz en el país de los vikingos</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto:</strong> Emma Lira</p>



<p>Viajeros españoles<br><br><strong>Corría el siglo IX cuando un viajero procedente de la sofisticada corte de Abderramán II llegaba a Escandinavia en misión diplomática para tratar de pactar con los vikingos. Al Gazhal fue un viajero singular y un adelantado a su tiempo, que navegó hasta los remotos confines del mundo de su época y Escandinavia y que desempeñó un papel clave en la política de Al Andalus.</strong></p>



<p>Año 844 d. C. Unas naves de estructura ligera y porte amenazador surcan río arriba el Guadalquivir. Vienen de saquear Cádiz, Carmona y Medina Sidonia, han atacado Lisboa durante treinta días, han salido escaldados de Galicia, y han amagado un saqueo en la fortificada Gijón. La sofisticada Sevilla, la plaza ribereña de Abd el Rahman II cae ante aquel “ mar lleno de pájaros de color rojo oscuro”, como escribirán los cronistas. En la península, solo los reinos cristianos en la franja cantábrica han oído hablar de ellos o han sufrido sus rápidas y despiadadas incursiones desde el mar. Vienen del Norte para hacer la guerra. Igual fundan ciudades que arrasan monasterios. Son los normanni, nordomanni o westfaldingi. Hoy en día, los conocemos como vikingos.</p>



<p>Efectivamente. Aunque no todo el mundo lo sabe, los vikingos estuvieron en la mismísima Sevilla. Y no solo estuvieron, sino que la saquearon. O al menos así fue, hasta que el rey sevillano tiró de recursos y lo mejorcito del Califato acudió a presentar batalla en Tablada, e hicieron volver a embarcarse Guadalquivir abajo a aquellas tropas extranjeras expertas en navegación y pillaje. Quizá cuando éstos arribaron a las tierras del Norte, dieran noticias del resultado de su enfrentamiento con los musulmanes a su rey y, solo quizá, éste fuera el germen de una de las misiones diplomáticas más exóticas y desconocidas en la historia española: la que llevó a un “gentleman” andalusí a la bárbara corte de los rudos hombres del norte.</p>



<p><strong>Un diplomático de altura</strong></p>



<p>Está bastante aceptado que la idea de la misión diplomática partió del gobernante de la facción vikinga, quien sorprendido por la resistencia musulmana a sus ataques, optó por pactar con ese reino recién nacido en el Sur de España y, quién sabe, quizá estudiar una alianza contra los franceses. El caso es que ante el requerimiento de enviar un embajador al reino de los Al-mayus, como los musulmanes denominaban a este pueblo, Abd el Rahman II se decantó por su mejor diplomático: Abu Zakariyya Yahya b. Hakam al-Bakri al-Jayyani, alias Al-Ghazal, ya fogueado en otras misiones diplomáticas de gran calado.<br></p>



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<p>Así fue como en torno al año 845 un poeta jiennense cultivado en el Al Andalus más refinado terminó embarcado rumbo a esas rudas tierras <em>“más allá de los confines de lo creado por Allah”</em>. Pero Al-Ghazal no solo era un maestro de las composiciones satirícas. Era un reconocido orador y un ilustre matemático, apreciado por su ingenio y sus grandes habilidades comunicativas. Era filósofo, astrónomo, e incluso se atrevía con la alquimia. Y además era apuesto, atractivo y elegante, de ahí el sobrenombre de Al Ghazal, la gacela, un referente de la belleza en la literatura árabe. Toda una apuesta de altura para impresionar a los vecinos del Norte.</p>



<p>Al Ghazal partió junto a su séquito de El Algarve (Al-Gharb) en una <em>safina </em>andalusí acompañada de naves auxiliares y escoltada por los knörr, las naves comerciales de los mayus, que les servían de guía. La crónica cuenta como <em>“salieron a mar abierto y pasaron el gran promontorio que sale al mar y que forma la frontera más occidental de al-Andalus, que es la montaña conocida como ‘Aluwiyah’”</em>, y que se cree que equivaldría al cabo de Finisterre, y describe la tormenta que sorpendió a la pequeña escuadra en alta mar y que hizo a los andalusíes, menos versados en lides marineras, temer por sus vidas.</p>



<p>Tras este episodio, y después de varios días de navegación, llegaron a una tierra que la crónica no identifica de manera reconocible y que es descrita como <em>“una gran isla en el océano con corrientes de agua y jardines (…) a tres días de navegación de tierra firme”</em>. Allí traba por fín Al Ghazal contacto directo con los Hombres del Norte, los mayus, <em>“demasiado numerosos para ser contados. Alrededor de la isla hay muchas otras islas, todas habitadas por mayus. La tierra colindante es también suya y tiene una extensión de varios días de viaje”. </em>Afirma que algunos de ellos practican el cristianismo, pero también que hay paganos <em>“que adoraban al fuego y se casaban entre hermanos”</em>.</p>
</div>
</div>



<p>La llegada de aquella extraña embarcación y la sorprendente vestimenta de los andalusíes con amplios trajes bordados en hilos de oro que llegaban hasta el suelo, debieron llamar profundamente la atención de las gentes que se arracimaron en el puerto para verlos arribar. Fueron alojados en <em>salr</em>, amplias casas rectangulares destinadas a los huéspedes, en las que descansaron durante unos días, mientras aguardaban la recepción del rey vikingo. Precisamente de esta recepción se conserva una de las anécdotas más curiosas de la embajada, ya que, pese a haber pedido Al Ghazal que se le dispensara del protocolo de arrodillarse ante el rey nórdico, pues él solo se postraba ante el emir de Cordoba, la entrada a la sala de audiencias se había diseñado de tal forma que no se podía acceder a ella, sino era de rodillas. Se cuenta que Al-Ghazal se paró delante de ella y reaccionó rápidamente: se sentó en el suelo con las piernas alargadas hacia delante y se deslizó hacia el interior. Una vez atravesado el dintel, se puso de pie para saludar al rey y entregarle la carta del emir, así como los regalos que llevaba preparados. Parece ser que lejos de tomarse aquel atrevimiento como un insulto, los <em>mayus </em>lo percibieron como una muestra de ingenio de aquel embajador llegado del Sur: <em>“Pretendía humillarte y tú en cambio me has mostrado tus zapatos en mi propia cara. Este comportamiento no se hubiera permitido en otras circunstancias”</em>.</p>



<p>Al igual que ha trascendido esta anécdota, también ha trascendido parte de las conversaciones que Al-Ghazal mantuvo con la reina Nud, la esposa de Turgeis, su anfitrión. Parece ser que ella, movida por la curiosidad, le mandó llamar para conversar con él. Al ser llevado a su presencia, Al Ghazal enmudeció y se quedó mirando fijamente a la reina, con una intensidad que rayaba el descaro. Ella hizo a su intérprete preguntarle porque la miraba así:</p>



<p><em>–¿Es porque me encuentra muy hermosa o por lo contrario? </em>–preguntó la reina.</p>



<p><em>–Sin duda es porque no imaginé que hubiera un espectáculo tan bello en el mundo. He visto en los palacios de nuestro rey, mujeres escogidas para él de entre todos los países, pero nunca he visto entre ellas una belleza semejante. </em>–respondió Al Ghazal, muy en su estilo</p>



<p><em>–Pregúntale si lo dice en serio o está bromeando. </em>–pidió ella al intérprete.</p>



<p><em>–En serio, sin duda alguna. </em>–contestó al-Ghazal rotundo.</p>



<p><em>–¿Es que no hay mujeres bellas en tu país? </em>–insistió la reina Nud.</p>



<p><em>–Mostradme algunas de vuestras mujeres para que pueda compararlas con las nuestras. </em>–le pidió el diplomático.</p>



<p>La reina mando reunir a las mujeres más bellas y Al Ghazal las observó una a una.</p>



<p><em>–Son bellas, pero no es como la belleza de la reina, pues su belleza y sus cualidades no pueden ser apreciadas por todos sino solamente por los poetas. Si la reina desea que yo describa su belleza, sus cualidades y su sabiduría mediante un poema que será recitado en toda nuestra tierra, así lo haré. </em>–concluyó, con cortesía.</p>



<p>Esta primera entrevista marcaría el tono de las relaciones de Al Ghazal con la reina Nud, que halagada y sorprendida por su ingenio, a partes iguales se reunía con él con frecuencia, hasta el punto de bromear con él, pidiéndole que se tiñera las canas para que su cabello estuviera en consonancia con su apostura. Al Ghazal, sin duda, un profesional del coqueteo, registró la conversación en un poema en el que se confesaba <em>“enamorado de una mujer vikinga”</em>, y lo hizo, se presentó ante ella con el pelo teñido de negro y con otra glosa en la que le pedía: <em>“¡No desprecies el destello del pelo blanco! Es la flor del entendimiento y la inteligencia.</em></p>



<p><em>Yo tengo lo que tú ansías en tu juventud…”</em></p>



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<p>Las asiduas visitas a la reina y los juegos florales continuados pusieron especialmente nervioso a Yahya b. Habib, amigo de confianza de Al Ghazal, quien le llamó la atención, recordándole que eran invitados del rey y no podían poner en peligro su misión diplomática por esas reuniones cortesanas. Al Ghazal se lo explicó así a Nud, proponiéndole que espaciasen sus encuentros, para no desatar los celos del rey, pero la joven reina vikinga le respondió con una carcajada:</p>



<p><em>“No hay semejante cosa entre nuestras costumbres y los celos no existen entre nosotros. Nuestras mujeres pertenecen con sus maridos mientras les resulten agradables, pero les abandonan cuando dejan de agradarles”</em>.<br><br>Es de preveer que sus palabras causarían gran asombro en el andalusí, proveniente de una corte musulmana, pero como buen diplomático, flexible y amoldable a las costumbres locales, pensamos que no tuvo ningún reparo en aceptarlas como propias, por lo que sus encuentros con la reina continuaron prolongándose durante todo el tiempo que duró la embajada, es decir, más de un año. Y probablemente, el arte de acercarse a la reina no estuviera tan alejado del motivo real de la embajada, pues si bien en la crónica que narra la misma, no hay espacio para las conversaciones reales sobre aspectos políticos, técnicos o pragmáticos ni sobre el resultado de las conversaciones de paz entre ambos reinos, –probablemente el secretismo de la embajada no lo permitiera– si permite deducir que las dotes de seducción practicadas con la reina Nud formaban parte de una estrategia premeditada a mayor nivel que perseguía fines concretos:</p>
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<p><em>–¿Es cierto que eran tan bella como la has descrito? </em>–le preguntaría su amigo Tamman, ya en Al Andalus, cuando Al Ghazal contaba su primera conversación con la reina</p>



<p><em>–¡Por tu padre que tenía cierto encanto! </em>–contestaría él, según cuenta la crónica–<em>Pero al decirle esto me atraje su afecto y obtuve de ella más de lo que deseaba</em>.</p>



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<p>Durante todo aquel año, Al Ghazal permaneció entre los vikingos. Admiró sus tallas, compartieron poesía y adivinanzas, jugaron al ajedrez y escuchó las sagas que glosaban las hazañas de aquellos guerrero nórdicos. Pasó el invierno, volvieron los días largos y cálidos y en septiembre del año 846 llegó la hora de partir rumbo al sur. Al Ghazal se llevaba consigo el recuerdo de una aventura singular y unas gentes muy distintas a las suyas, pero además iba bien pertrechado con regalos y carta, no sólo para el emir de Córdoba, sino para el rey de León, Ramiro I.</p>



<p>Desconocemos el contenido de las misivas. Solo sabemos, que pasadas varias semanas llegaron a Shent Ya’qub (Santiago de Compostela), donde la comitiva andalusí entregó la documentación del rey vikingo al rey de León, que les dispensó todos los honores, y que permanecieron en tierras leonesas unos dos meses hasta el final de la temporada de peregrinaciones. Pasado ese tiempo continuaron el viaje de regreso atravesando Castilla, escoltados por soldados del rey, hasta que por fin entraron en tierras de Al-Andalus, donde el emir Abd el Rahman II les esperaba con impaciencia. Se cree, por los hechos posteriores, que la misión diplomática había pactado una paz con los vikingos, pues no volvió &nbsp;producirse ningún ataque en la península hasta el año 854, en el que un nuevo rey vikingo había ascendido al trono, y el tratado de paz ya no tenía validez.<br></p>
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</div>



<p><strong>Rigor histórico</strong></p>



<p>Lamentablemente carecemos de las fuentes originales que describan el viaje de Al Ghazal, de un testimonio de su puño y letra o de la crónica de algún escriba que acompañara a la embajada. El único documento que recoge este fantástico viaje fue escrito doscientos años después de producirse la misión diplomática, en el siglo XII, por Ibn Dihyah, un historiador andalusí afincado en Valencia, basándose en la narración del amigo de Al Ghazal, Tammam ibn Alqama, visir durante tres emiratos, quien no estuvo en la expedición, sino que conoció los detalles por boca de su amigo, a su regreso a Al Andalus. Esto explicaría que haya trascendido más la anécdota que los entresijos políticos de la misión.</p>



<p>El texto en árabe de Ibn Dihyah, cuyo original descansa en un museo londinense, fue traducido, y a día de hoy, interpretado por dos historiadores cuyas interpretaciones difieren entre sí, empezando por el destino final de la embajada. Mientras que W.E.D. Allen sostiene que el lugar al que arribó Al Ghazal fue el condado de Kerry, en Irlanda, Abdurrahman El Hajji mantiene que fue a Jutlandia (Dinamarca). A día de hoy, algunos historiadores aún siguen debatiendo acerca de la veracidad de esta narración, pues los nombres de los monarcas anfitriones no han podido ser identificados, y por los evidentes paralelismos con la más documentada embajada de Al Ghazal a Constantinopla, como son el hecho de desconcertar al monarca anfitrión en el protocolo o la estrecha relación que establece con la reina en ambas ocasiones. ¿Quién sabe? Puede tratarse de una pequeña exageración para hacer sus narraciones más atractivas, hechos recurrentes reales, que se explicarían dada la descarada personalidad de Al Ghazal, o incluso una pequeña tendencia al autobombo por su parte. En cualquier caso, si otorgamos credibilidad a su viaje, ésta habría sido la primera vez que un extanjero se desplazó voluntariamente al reino de los vikingos… y que volvió para contarlo.<br><br></p>
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		<title>Lenguas, trujamanes y traductores. Los olvidados intérpretes</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/lenguas-trujamanes-y-traductores-los-olvidados-interpretes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 11:25:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 44]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Entre los personajes que han participado en exploraciones y grandesviajes y que permanecen en la sombra, merecen una mención especiallos intérpretes, muchos de ellos protagonistas de historias singularesque les llevaron [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/lenguas-trujamanes-y-traductores-los-olvidados-interpretes/">Lenguas, trujamanes y traductores. Los olvidados intérpretes</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Entre los personajes que han participado en exploraciones y grandesviajes y que permanecen en la sombra, merecen una mención especiallos intérpretes, muchos de ellos protagonistas de historias singularesque les llevaron a dominar varias lenguas: naúfragos, cautivos de pueblosindígenas o nativos que recibieron una educación especial. Susnombres, en la mayor parte de los casos, permanecen en el olvido.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hay miles de páginas dedicadas a los exploradores, a sus viajes llenos de peligros y de acontecimientos fantásticos que les acabarían recompensando con la gloria imperecedera. Conocemos los nombres y la historia de conquistadores, expedicionarios, viajeros y aventureros de quienes hemos oído hablar desde niños y que nos hicieron soñar con seguir sus pasos y morar con ellos para siempre en el reino de la fama. Pero nada o poco se sabe de quienes constituyeron una ayuda imprescindible para conseguir sus logros, porque sin la comunicación, la mayor parte de esas empresas hubiera sido simplemente imposible.</p>
<p>¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo hacían nuestros héroes para entenderse con las poblaciones nativas de los lugares a los que llegaban para conquistarlos, explorar su territorio o llevar la evangelización? ¿Sabemos de dónde provenían esas personas que hicieron de puente de comunicación entre esos mundos? ¿Cómo es posible que dominaran varias lenguas en épocas donde la educación estaba restringida a una estricta minoría y solo se estudiaban las lenguas clásicas? ¿Cómo lograron adquirir la competencia lingüística y cultural que se necesita para llevar a buen puerto negociaciones de capital importancia, tratos comerciales relevantes u operaciones políticas de enorme delicadeza?</p>
<p>El tema es fascinante y aunque está poco documentado es posible bucear en los textos del pasado y encontrar referencias que nos asombran, admiran y a veces nos provocan una sonrisa por el carácter rocambolesco de la mayor parte de esas vidas prácticamente desconocidas. Este artículo pretende arrojar un poco de luz sobre la figura del intérprete, llamar la atención sobre ellos, sobre la inestimable tarea que llevaron a cabo haciendo posibles hazañas y descubrimientos que han tenido consecuencias importantísimas para nuestra vida actual y sin los que el curso de la historia habría sido completamente distinto.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En primera línea de la historia<br />
</strong></p>
<p>Los intérpretes han estado siempre en la primera línea de la historia, no solo como testigos privilegiados de hechos fundamentales sino también, en muchos casos, como elementos clave. Para saber algo sobre ellos es necesario consultar su correspondencia, diarios íntimos, memorias y autobiografías, así como toda una serie de documentos en los que se habla de intérpretes siempre de manera marginal.</p>
<p>Sin embargo, en sus comienzos no les llamaban así, sino que recibieron muchos nombres diferentes a lo largo de los años: lenguas, lenguaraces, truchimán, trujamán y dragomán, entre otros. Habrá que esperar al siglo XVIII para que empiece a utilizarse el término “intérprete”. Sabemos que a lo largo de distintas épocas hubo una lengua franca que facilitaba la comunicación entre pueblos con distintas lenguas. Estas lenguas vehiculares se utilizaban dentro de un territorio o de un grupo social específico, pero cuando se iba más allá de de esos confines era necesario recurrir a los intérpretes. Ese fue el caso del ejército, comerciantes, exploradores o misioneros.</p>
<p>No puede decirse con certeza quién fue el primer intérprete de la historia ni cuándo comenzó a existir esta profesión apasionante que en sus inicios no sería tal, sino simplemente una ayuda entre dos o varios seres humanos con necesidad de comunicarse, prestada por un tercero, que por los motivos más variados y peregrinos, como veremos a lo largo de este escrito, hablaba ambas lenguas.</p>
<p>Hay que acudir a los egipcios para hallar la primera constancia que tenemos de traducción oral, en el 3000 a.C. este pueblo ya poseía un jeroglífico que significaba “intérprete” e “interpretación”. En los textos históricos, especialmente en los de la antigüedad clásica, contamos con numerosos pasajes relacionados con los intérpretes. Aparecen cinco en Tito Livio y varios en las obras de César o Cicerón, entre otros autores.</p>
<p>Un análisis del <em>Anábasis </em>de Jenofonte, por ejemplo, nos lleva a descubrir que durante las negociaciones entre griegos y persas cada campamento tenía sus propios intérpretes. También en el Antiguo Testamento se menciona su papel, en el pasaje de la venta de José por sus hermanos. A través de estas páginas queda patente que la interpretación siempre fue necesaria para los diferentes pueblos y el intercambio de todo tipo: cultural, comercial, etc. que surgió entre ellos.</p>
<p>En el imperio egipcio, en el tercer milenio, durante la sexta dinastía, los intérpretes desempeñaron un papel muy importante guiando expediciones comerciales y militares, así como en la administración de Menfis; eran los llamados dragomanes y gozaban de gran consideración por parte de los condes. Muchos de los intérpretes fueron esclavos capturados. Pero también existieron intérpretes de alta cuna, como los hijos de los príncipes extranjeros, del año 2502 a 1610 (a.C.).</p>
<p>Curiosamente, a la actividad de traducción se le atribuían en la antigüedad cualidades místicas, pues los intérpretes debían mediar no solo entre los hombres, sino también entre estos últimos y Dios. En las mitologías egipcia y griega los dioses Tot y Hermes respectivamente, eran considerados los creadores de las lenguas y sus mediadores.</p>
<p>A diferencia de los egipcios, los griegos no mostraron mucho interés por la labor del intérprete. No así los romanos, quienes la reconocieron de utilidad pública.</p>
<p>El ejército romano planificaba continuamente la conquista de territorios en Europa, Asia o África, haciendo imprescindible la actuación de intérpretes militares.</p>
<p>Durante las Guerras Púnicas, las conversaciones de paz fueron frecuentemente confiadas a intérpretes. En la segunda Guerra Púnica, en el 207 a.C., que se originó por la protesta ante la agresión de Aníbal a una colonia griega, los romanos interceptaron una carta que Asdrúbal le enviaba a su hermano Aníbal y la hicieron traducir de inmediato por un intérprete ante el senado. Éste es uno de los primeros ejemplos de traducción oral de la época, lo que en el marco académico se denomina hoy en día Traducción Oral a Simple Vista (TOASV).</p>
<p>Para someter a los pueblos conquistados se necesitaba de intérpretes que pudieran comunicarse con ellos. Es así como en la Edad Media esta figura también fue necesaria, sobre todo en las cortes de los soberanos.</p>
<p>Aunque como hemos visto podemos encontrar testimonios de la existencia de los intérpretes a lo largo de los siglos, antes del Renacimiento son muy escasas las menciones que de ellos se hacen. La razón, en parte, puede ser la perennidad de la palabra escrita frente a la fugacidad de lo oral. Otro motivo para justificar su ausencia en los anales de la historia podría ser su condición social: estas personas representantes de un mestizaje étnico y cultural, eran a menudo cautivos, mujeres o miembros de una clase inferior. A pesar del papel principal que desempeñaron, estos mediadores interculturales no tuvieron derecho a ocupar el lugar que les correspondía en los documentos históricos.</p>
<p>Hallamos más referencias en los escritos en bajo latín y en las obras árabes medievales. Será la Edad Media con su demanda en auge de intérpretes la que revele la importancia de su función: así por ejemplo, los cronistas franceses subrayan su relevancia durante las Cruzadas. Pero tendrá que llegar el Renacimiento para que la interpretación conozca su verdadero desarrollo: el Humanismo despertará un interés hasta entonces desconocido hacia las lenguas extranjeras y Europa se lanzará con ímpetu a la época de las grandes expediciones de exploración, descubrimiento y conquista. Esta es la época en la que se levantaron los imperios coloniales. Por eso, para seguir el rastro de los intérpretes podemos acudir a los archivos diplomáticos de fines de la Edad Media y a los archivos comerciales de la República de Venecia hasta el siglo XVIII.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A la conquista por la lengua<br />
</strong></p>
<p>Pero si hay un momento en la historia en la que esta actividad adquiere todo su protagonismo y se revela indispensable será en la conquista de América. La literatura existente sobre los primeros encuentros colombinos da buena cuenta de ello.</p>
<p>Al principio de la conquista, al tratarse de dos culturas absolutamente diferentes hubo que establecer contacto con códigos nuevos en la lengua, la religión y en todos los aspectos sociales y culturales. Los conquistadores se encontraron con unos pueblos con los que necesitaban comunicarse y los primeros encuentros se establecieron, sin duda, mediante señales y símbolos. El siguiente paso sería la comunicación oral que pondría de relieve la enorme dificultad para entenderse entre indígenas y extranjeros.</p>
<p>La traducción se hacía absolutamente indispensable, pero con el tiempo se comprobó que podía tener un doble filo ya que podía ser un arma muy valiosa y peligrosa al mismo tiempo.</p>
<p>Siguiendo el hilo de los distintos territorios colonizados y del avance por el continente americano, descubrimos a personajes de leyenda, vidas novelescas o anécdotas increíbles relacionados con estos mediadores lingüísticos. Es interesante identificar qué tipo de intérpretes nos encontramos en el Nuevo Mundo, aquí nos ocuparemos solo de algunos de ellos: indios secuestrados, españoles náufragos primero capturados y posteriormente rescatados, prisioneros extranjeros y por último, indios que habían recibido educación. Ninguno de ellos llevaba a cabo la labor de intérprete por propia elección sino que les venía impuesta por su situación de inferioridad, bien por que estuvieran en cautiverio o bien en otras circunstancias, sometidos por los jefes españoles o los caciques indios.</p>
<p>Ya Cristóbal Colón en 1492 llevaba consigo a un intérprete llamado Don Luis de Torres que fue el primer intérprete español que pisó suelo cubano. Hablaba el arameo, el hebreo y el árabe y fue el primer judío que se estableció en el Nuevo Mundo. Aún sin haberse convertido al cristianismo, sirvió como intérprete al gobernador de Murcia pero para escapar al edicto de expulsión emitido contra los judíos en España, Torres renegó de su religión poco antes del primer Colón pensaba que los conocimientos lingüísticos de Torres podrían resultarle muy útiles en Asia porque le darían la posibilidad de entenderse con los mercaderes locales judíos. Una vez llegados a Cuba, con la errónea idea de encontrarse en las costas de Asia, Torres y el marinero Rodrigo de Jerez fueron enviados por Colón, el día 2 de noviembre de 1492, en una expedición hacia el interior.</p>
<p>El objetivo era explorar la zona, establecer contacto con su gobernante y recabar información sobre el emperador de Asia, a quien Marco Polo había descrito como el Gran Khan. Lógicamente no lograron este último propósito pero sí que harían un descubrimiento de enorme repercusión hasta nuestros días: recibidos en una villa india con grandes honores, informaron a Colón de la costumbre local de secar hojas, meterlas en cañas, quemarlas e inhalar el humo. Se trataba nada menos que del primer encuentro europeo con el tabaco.</p>
<p>Posteriormente en su primera escala en Guanahani, una de las Lacayas, actualmente Bahamas, Colón decidió embarcar a seis indígenas para que actuasen de intérpretes y guías. El más famoso de ellos fue el indio bautizado como Diego Colomb.</p>
<p>Otro indio “enrolado” como intérprete durante las incursiones españolas en los nuevos territorios fue Francisco de Chicora, nombre con el que fue bautizado.</p>
<p>El apellido lo tomó de su tierra, que hoy es Carolina del sur, donde fue apresado y llevado a España por Lucas Valdés de Ayllón en 1523, circunstancia que le hizo aprender español.</p>
<p>Uno de los conquistadores que utilizó sistemáticamente la captura de indios que le sirviesen de intérpretes y guías fue Don Tristán de Luna Arellano. De dos de estos guías procedentes de la costa atlántica de Florida que fueron llevados a España, conocemos las andanzas de Paquinineo, joven hijo de un jefe.</p>
<p>A su regreso al continente americano sirvió como intérprete a los misioneros dominicos, de quienes recibió su educación, pero acabó organizando una partida para asesinarlos frustrando así la ambición colonialista española en Chesapeake.</p>
<p>Aunque al mencionar a estos personajes siempre se encomian sus habilidades lingüísticas, llama la atención el caso de Felipillo, quien según el Inca Garcilaso (hijo del conquistador español Sebastián Garcilaso de la Vega y de una princesa indígena) era torpe en ambas lenguas, español y quechua. Este peruano nació hacia 1510 en Puná (Perú). En 1526, siendo aún un muchacho, Pizarro le recogió, le enseñó español y más tarde le convirtió en su intérprete durante la conquista de Perú. Su poca destreza con los idiomas justificaría el que tergiversara las palabras de Hernando de Soto cuando fue a visitar a Atahualpa provocando que éste quedara preso. Aunque quizás la aparente torpeza no fuera más que una estratagema pues con el fin de quedarse con una de las mujeres de Atahualpa lo acusó falsamente de estar reuniendo tropas para acabar con los españoles y aquél fue sentenciado a muerte por traidor. Después marchó a Quito (Ecuador) con Almagro, a quien traicionó pasando información a Pedro de Alvarado, el enemigo de Almagro. Este último le perdonó y se lo llevó a Chile para espiar a favor de Pizarro pero una vez allí el indígena huyó con otros indios al enterarse del levantamiento de Manco Capac. Almagro mandó capturarle, matarle y descuartizarle. Sin duda fue una vida intensa donde las haya y que nunca se esperaría de alguien a quien se designa con ese apelativo tan familiar y casi despectivo de “Felipillo”.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los naúfragos intérpretes<br />
</strong></p>
<p>Entre las desventuras que padecieron la mayoría de quienes actuarían como enlace entre lenguas cabe destacar los naufragios. Esa fue la causa de que Hernando de Soto en su recorrido por la Florida encontrara al náufrago castellano Juan Ortiz, quien actuaría para él como intérprete de forma loable hasta Otro barco a merced de la mar dará como resultado que el cura Jerónimo de Aguilar acabase siendo el intérprete de Hernán Cortés. Desde su Écija natal marchó a América en una de las primeras expediciones que se organizaron durante la conquista. Poco tiempo después de su establecimiento en las islas del Caribe, en 1510, Núñez de Balboa capitanearía una expedición que se coronó con la fundación de Santa María Antigua del Darién. Formaban parte de la misma Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar, quienes más tarde participarían en uno de los primeros intercambios con los grupos mayas de la península de Yucatán. Tras el naufragio del barco que transportaba a los expedicionarios, de Aguilar pasó ocho años en la isla de Cozumel.</p>
<p>Fue prisionero de los indígenas y escapó al sacrificio en el que fueron inmolados la mayoría de sus compañeros por ser demasiado flaco. Cuando en 1519 la expedición al mando de Hernán Cortés desembarcó en dicha isla, el religioso español fue rescatado y entró al servicio del capitán para prestar servicios como intérprete. Su largo cautiverio hizo que aprendiera la lengua de los indios y ello fue fundamental durante toda la conquista de México, especialmente con los indios de Tabasco. Con posterioridad se estableció en México donde ocupó importantes cargos y colaboró en diversas expediciones militares.</p>
<p>Un caso singular es el del primer intérprete negro en Cuba. Estebanico, mencionado por Alejo Carpentier y Fernando Ortiz, fue el primero de su raza del que se tienen noticias y además (de nuevo los poderes mágicos atribuidos a los lenguaraces) el primer brujo negro que hubo en Cuba. Fue llevado allí por Pánfilo de Narváez a la Florida en 1527 y estuvo en la actual Texas hasta 1539.</p>
<p>Un aspecto importante que cabe poner de relieve es cómo la actividad de intérprete a lo largo de la historia ha sido llevada a cabo también por mujeres, en unos siglos donde éstas tenían un escaso papel fuera del hogar y estaban llamadas solo a ser esposas y madres de familia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Mujeres que hablaban lenguas<br />
</strong></p>
<p>En la actualidad podemos decir sin miedo a equivocarnos que la gran mayoría de estos profesionales pertenecemos al género femenino. Al respecto existen varias teorías que defienden la mayor facilidad de la mujer para los idiomas y una capacidad especial para analizar el mensaje y transmitirlo de forma completa sin perder ni uno solo de sus matices.</p>
<p>Fue precisamente una mujer quien elevó el papel de intérprete a sus más altas cotas en una época crucial para nuestra historia. Su nombre aún resuena en nuestros oídos y está rodeado de un aura de leyenda. Las circunstancias de su vida la hacen heroína de novela y la manera en que supo hacer fructificar las situaciones de su azarosa existencia, marcada por su venta, esclavitud y separación de los suyos, la convierten en alguien admirable. Corría el año 1500 cuando en una familia noble, en la provincia de Veracruz al sur de México, nacía Malinalli, nombre en náuhatl que designa tanto un mes como unas hierbas que sirven en la fabricación de cuerdas. Malinalli Tenépal es otra de las maneras como la nombraban, haciendo claramente alusión a su don de lenguas, ya que en náuhatl “tenépal” significa “persona que tiene facilidad de palabra, que habla mucho y con animación” . Años después al ser bautizada recibiría el nombre de Marina.</p>
<p>Su desgracia comienza al morir su padre, motivo por el que su madre casa por segunda vez y da a luz un varón. Para favorecer al nuevo vástago y convertirle en el único heredero, la madre y el padrastro de Marina la regalaron o vendieron como esclava y la declararon muerta. Desde su región de habla náhuatl viajó a zonas de lengua maya en Yucatán, donde aprendió el idioma, después sería adquirida por el cacique de Tabasco.</p>
<p>La historia que la catapultaría a la posteridad comienza en el pueblo de Centla, en Tabasco, cuando tras una batalla de la que sale vencedor, Cortés recibe en obsequio un grupo de veinte mujeres jóvenes, una de ellas era la joven Malitzin o Malinche, que sería una de las primeras intérpretes de América. La índigena dominaba varios dialectos mayas aparte del náhuatl de los aztecas. De esta manera se convirtió en la intérprete de Cortés hasta tal punto con el tiempo sería llamada “la lengua de Cortés”. En las zonas donde se hablaba el náhuatl ella lo interpretaba al maya y Jerónimo de Aguilar –que desconocía esta lengua– al español.</p>
<p>Los encuentros con Moctezuma se realizaron gracias a esta combinación de intérpretes<em>.</em></p>
<p>Marina amplió rápidamente sus conocimientos lingüísticos al aprender español. Se ganó la confianza del Cortés, se convirtió en su amante y llegaría a darle un hijo. Su aprendizaje de nuestra lengua llegaría a hacer innecesarios los servicios de Aguilar y la convirtió en un elemento esencial para la conquista. Sabemos fehacientemente que ella posibilitó la comunicación entre el caudillo español y varios de los líderes indígenas de la antigua América, lo que fue crucial para ganar México pues a la sazón los tlaxcaltecas buscaban aliados contra los aztecas por sus sanguinarias exigencias de sacrificio humano y pago de tributos.</p>
<p>El hito de su carrera como intérprete fue ese momento inicial, cara a cara, entre Cortés y Moctezuma, pero también llevó a cabo una fecunda labor en cuantiosos intercambios entre los españoles y una gran cantidad de indígenas. A su favor se dice que ella favorecía activamente las negociaciones en lugar del derramamiento de sangre.</p>
<p>Para muchos su papel en la historia es el de traidora de su pueblo, pero para otros es el de mujer inteligente ya que gracias a su intervención se salvó la vida de muchos aborígenes y se establecieron alianzas importantes. Para el autor mexicano Gómez de Orozco la Malinche <em>“fue una parte instrumental de la estrategia española al interpretar en tres idiomas y al ofrecer información esencial sobre la organización económica, el conocimiento de las costumbres nativas, el orden y la sucesión de los reinos, las formas de tributo, las reglas que regían las relaciones familiares, etc.” </em>Cortés demostró siempre su aprecio y respeto por Marina, encomiando su labor de intérprete y mediadora entre culturas; dice en una carta<em>“Después de Dios le debemos la conquista de la Nueva España a Doña Marina”</em>.</p>
<p>Hay otras mujeres de las que quedan huellas en este periplo de llegada y conquista del Nuevo Mundo. La joven Lacsohe fue capturada por Don Tristán de Luna Arellano y se convirtió en su intérprete. También encontramos referencias a una joven indígena cubana que tras su captura sería bautizada con el nombre de Magdalena y que sirvió de intérprete.</p>
<p>Dando un salto temporal y también geográfico nos trasladamos a Idaho, cerca del actual Bismarck al norte de Dakota, para encontrar otro ejemplo notable de mujer que destacó por su labor de intérprete. Su nombre era Sacagawea y en 1804 con Jefferson como presidente de Estados Unidos, esta indígena de la tribu <em>shoshone</em>, guió la primera expedición oficial en cruzar Norteamérica. Su tarea era la hacer de intérprete del capitán Meriwether Lewis y del teniente William Clark, quienes iban a la cabeza de la exploración organizada por Thomas Jefferson para documentar una ruta terrestre que llevara al Océano Pacífico desde el río Misissipi. Fue la única mujer que formó parte del grupo expedicionario.</p>
<p>De nuevo en su aprendizaje de lenguas nos encontramos con un episodio de secuestro: a los doce años fue raptada de su aldea, de ahí que aprendiera varios dialectos indios.</p>
<p>La complicada y larga expedición tenía que atravesar varios estados donde habitaban tribus contrarias a la conquista. Sacagawea, gracias a su dominio de distintos idiomas indígenas, actuó como intérprete de estos dos grandes exploradores. En la historia ocupa un lugar relevante no solo porque ella misma fue una gran exploradora sino porque además de actuar como puente de comunicación lingüística sirvió como enlace entre culturas. Respondiendo a esa antigua creencia que atribuía a los “lenguas” propiedades místicas o chamánicas, esta mujer poseía conocimientos sobre plantas medicinales y curativas, lo que unido a sus servicios de traducción propició que la misión fuera un éxito.</p>
<p>Con el tiempo llegaría a dominar el hidatsa y el francés a causa de su matrimonio con un canadiense francés, Toussaint Charboneau, que hablaba ambas lenguas, convirtiéndose en un caso admirable de poliglotismo. Hoy en día la moneda de un dólar estadounidense lleva inmortalizado el retrato de esta <em>soshon</em>.</p>
<p>En puridad no podemos hablar de retrato ya que no nos han llegado imágenes de ella pero puede considerarse un homenaje a su figura y a su hijo Pompy (que significa primer viajero) de quien no se separó y que acurrucado en las espaldas de su madre realizó todo el periplo.</p>
<p>Como intérprete y viajera siento una profunda admiración por estos predecesores que a lo largo del tiempo y a través de los más intrincados vericuetos y las circunstancias más extremas tuvieron la capacidad de aprender lenguas distintas a la suya, de abrir su mente a nuevas culturas y nuevas formas de pensar, de asimilarlas y de entrar en empatía con aquellos a los que prestaban servicio, aunque en ocasiones hubieran sido los causantes de su desdicha, para transmitir su pensamiento y actuar como enlace entre mundos que de otra manera hubieran permanecido incomunicados para siempre. Porque esa es la difícil y sutil tarea de un intérprete. Sirvan estas páginas como homenaje a todos ellos.</p>
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<p><em>Diana Soliverdi es intérprete y traductora en varios idiomas. Es miembro de la Sociedad Geográfica Española.</em></p>
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		<title>Lucas Vázquez Ayllón. El primer poblador europeo de los Estados Unidos</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/lucas-vazquez-ayllon-el-primer-poblador-europeo-de-los-estados-unidos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 11:24:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 44]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Casi un siglo antes de que los peregrinos del Mayflower llegaran a Norteamérica, el toledano Lucas Vázquez Ayllón ya había explorado estas costas y fundado el primer asentamiento europeo en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Casi un siglo antes de que los peregrinos del Mayflower llegaran a Norteamérica, el toledano Lucas Vázquez Ayllón ya había explorado estas costas y fundado el primer asentamiento europeo en los actuales estados de las Carolinas. Fue un explorador diferente y atípico, cuyo nombre pasa desapercibido en los libros de Historia, uno de esos exploradores empequeñecido por la sombra de sus contemporáneos más ilustres y por la falta de relatos directos de sus hazañas.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Lucas Vázquez Ayllón fue uno de los exploradores españoles de las costas de los actuales estados de las Carolinas.</p>
<p>Se cree que llegó hasta la bahía de Chesapeake y que fundó el primer asentamiento europeo en los Estados Unidos en 1526, casi un siglo antes de la llegada de los peregrinos del Mayflower a América. Introductor de esclavos negros en el continente, fue un explorador-conquistador atípico: era juez de la Audiencia de Santo Domingo, en la isla Española y a la vez comerciante, pero jamás se puso una coraza ni manejó una espada, según el testimonio de uno de sus contemporáneos.</p>
<p>No tenemos información completa de sus andanzas porque, al contrario que otros exploradores y conquistadores españoles de éxito, murió durante la expedición y no tuvo oportunidad de hacer relación de sus descubrimientos para demandar posesiones y honores, ni quedaron escritos relatos directos de sus acompañantes. Tampoco los investigadores de los testimonios y documentos sobre Vázquez Ayllón y su expedición han podido trazar con precisión el recorrido por tierra de los expedicionarios, ni localizar sin discusión los accidentes geográficos reseñados por los primeros historiadores de la presencia española</p>
<p>en América. Pero estos obstáculos, que han dificultado que el viaje de Lucas Vázquez Ayllón tenga la relevancia histórica que se merece, no debe impedir que sea considerado como uno de los grandes exploradores españoles.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Uno de los primeros en América<br />
</strong></p>
<p>De su vida se sabe que nació en Toledo hacia 1470, donde su padre fue regidor. Cuando en 1511 se creó en el Nuevo Mundo la primera Audiencia, o Tribunal Supremo, con sede en Santo Domingo, Lucas Vázquez Ayllón figuraba entre los primeros jueces de la isla y se sabe que aprovechaba su cargo para comerciar en las tierras recién descubiertas, principalmente con perlas y esclavos. En las discusiones que plantearon inmediatamente después los misioneros sobre los derechos de los indios, Ayllón formó parte de los colonos que trataron de obstaculizar los propósitos y los avances de los religiosos en defensa de los nativos.</p>
<p>De hecho, él financió algunas expediciones a otras islas caribeñas, a la caza de “caníbales” (los indios que no se sometían a los españoles), autorizada por un decreto del rey Fernando el Católico de 1511, que permitía esclavizar a los que se resistían a ser cristianizados. Mientras en España se discutía el trato que debían recibir los indios, el juez Ayllón opinaba que era mejor que los indios fuesen “<em>hombres siervos que bestias libres</em>”.</p>
<p>En 1520, Lucas Vázquez Ayllón aparece en México con una misión de extraordinaria importancia. Hernán Cortés, que estaba en Tenochtitlán gozando de la hospitalidad del emperador azteca Moctezuma, había desatado la ira del gobernador de Cuba y socio suyo, Diego Velázquez, porque estaba realizando la exploración y conquista de México informando directamente al rey sin pasar por él. Decidió entonces Velázquez enviar a Pánfilo de Narváez al mando de mil hombres para someter a Cortés a su autoridad. Enterados en la Española los monjes jerónimos que, de hecho, regían la isla ante la ausencia temporal</p>
<p>del gobernador Diego Colón, enviaron al regidor Lucas Vázquez de Ayllón a que convenciera a Diego Velázquez de lo insensato de aquella expedición sin oír el parecer del rey, pues pondría en peligro la evangelización de los nuevos territorios explorados, tan poblados y tan ricos. Al ver Ayllón que Velázquez no daba su brazo a torcer, decidió embarcarse con Pánfilo Narváez hacia México, confiado en que podría servir de mediador entre Cortés y Narváez antes de que se produjera un enfrentamiento entre españoles que incitara a los indígenas a la rebelión y echara por tierra lo conseguido hasta entonces por los conquistadores en tierras mexicanas.</p>
<p>Vázquez Ayllón, después de oír a los emisarios de Cortés y las riquezas que éste envió al campamento de Narváez, se convenció de que era un terrible error detener los avances de Cortés en la dominación de unos pueblos tan avanzados y ricos y se enfrentó a Narváez. Éste lo hizo prender, lo metió en un barco y lo envió de regreso a Cuba. Sin embargo, Ayllón o logró atemorizar a la tripulación o la sobornó; el caso es que regresó a su Audiencia de Santo Domingo y contó todo lo que había visto en México, con lo cual dañó seriamente el prestigio de Diego Velázquez. En México Pánfilo Narváez fue derrotado por Cortés en Cempoala y el conquistador mexicano lo retuvo en prisión durante tres años.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>A la caza de esclavos<br />
</strong></p>
<p>Durante la segunda década del siglo XVI la población indígena de la Española y Cuba descendía de forma alarmante debido al exceso de trabajo de la población indígena, al colapso de la agricultura tradicional, destruida en gran parte por el ganado europeo que pastaba libremente en la isla, y las enfermedades llevadas por los pobladores españoles. Los colonos, entre ellos Vázquez Ayllón, financiaban expediciones a las Lucayas (Bahamas), a las islas de Barlovento (Aruba, Curacao y Bonaire), Trinidad y el norte de Venezuela en busca de caníbales que esclavizar para compensar la merma de la población autóctona. En 1513, Juan Ponce de León, gobernador de Puerto Rico, navegó por las costas de Florida, pero fue recibido a flechazos por los indígenas que mataron a todos los españoles de la expedición, excepto a siete,</p>
<p>entre ellos el propio Ponce de León. El Inca Gracilaso de la Vega, en su obra sobre la Florida, escrita a finales del siglo XVI cuenta que pocos años después de la expedición fallida de Ponce, un piloto llamado Diego Miruelo, que comerciaba con los indios “<em>dio con tormenta en la coste de la Florida, o en otra tierra, que no se sabe a qué parte, donde los indios le recibieron en paz, y en su contratación, llamado rescate, le dieron algunas cosillas de plata y oro en poca cantidad, con las cuales volvió muy contento a la isla de Santo Domingo</em>”.</p>
<p>Al mismo tiempo, siete comerciantes ricos de Santo Domingo, entre los que se encontraba el juez Lucas Vázquez Ayllón, se asociaron en 1521 “<em>y armaron dos navíos </em>–cuenta El Inca–<em>que enviaron a por entre aquellas islas a buscar y traer los indios que, como quiera que les fuera posible, pudiesen haber, para los echar a labrar las minas de oro que de la compañía tenían</em>”.</p>
<p>La expedición navegó hacia el norte por las costas de Florida y, como cuenta Francisco López de Gómara en su “Historia General de las Indias”, publicada en 1552, “<em>fueron a una tierra que llamaban Chicora y Guadalupe, la cual está en treinta y dos grados y es lo que llaman ahora cabo de Santa Elena y río Jordán</em>”.</p>
<p>Los españoles al saltar a tierra se encontraron con unos indios pacíficos que se asombraron al ver unos hombres que llevaban barba y usaban vestidos y que salían del vientre de unas casas flotantes que ellos jamás habían visto. Se intercambiaron regalos y, los españoles, después de cargar el matalotaje, leña y agua, invitaron a los indios a subir a bordo. Cuando ya tenían 130 indígenas en las bodegas, los españoles levaron anclas y se hicieron a la vela en demanda de Santo Domingo. Uno de los dos navíos naufragó, pero el que llevaba a la mayoría de los indios consiguió llegar a la Española. Los indios cautivos se dejaron todos morir de tristeza y hambre. Todos, menos uno que habría de jugar un papel importante en la expedición de Vázquez Ayllón de 1524.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En busca del paso al Pacífico<br />
</strong></p>
<p>El relato de Diego Miruelo y lo visto por los expedicionarios financiados por él y sus socios, su experiencia de México, como testigo del éxito de Cortés ante una civilización tan avanzada, animaron, sin duda, a Lucas Vázquez Ayllón a intentar por su cuenta el descubrimiento y exploración de aquellas tierras al norte de las Grandes Antillas, donde además, podría encontrar un paso en el Norte entre el Atlántico y el Pacífico. Pero antes quiso asegurarse de que la empresa merecía la pena. En 1522 el juez envió una nueva expedición a aquellas costas comandada por Francisco Gordillo que alcanzó el cabo Fear, en la costa de Carolina del Norte.</p>
<p>En 1523 el juez viajó a España con su esclavo Francisco de Chicora, el superviviente de los indios capturados en la expedición anterior, a pedir al rey Carlos la conquista y gobernación de los territorios de Chicora.</p>
<p>El indio Francisco de Chicora, que se había bautizado y había aprendido bien el castellano, con el fin de volver a su tierra, alimentaba la imaginación y la codicia de Ayllón y de cuantos le escuchaban, aunque algunos, como el cronista Gonzalo Fernández de Oviedo, entonces en España, desconfiara de tantas riquezas y tantos prodigios. Decía Chicora que en su tierra los indígenas eran blancos, que los reyes y las reinas eran gigantes, porque les alargaban los huesos con hierbas cuando eran niños, que hacían queso con la leche de sus mujeres, que poseían rebaños de ciervos y se adornaban con perlas, oro y plata.</p>
<p>Fernández de Oviedo escribió al conocerlo: “<em>e creí que aquel indio mentía en cuanto le había dicho, e que el deseo de volver a su patria, le hacía decir todo aquello […] me le loó tanto, que conoscí que le creía como si fuera evangelista”.</em></p>
<p>El monarca autorizó el proyecto de Ayllón y le dio la potestad sobre el territorio que descubriera entre los 35 y los 37 grados ”<em>en que la dicha tierra está, e la relación e noticia que vos, della, tenéis, se cree e tiene por cierto, ser muy fértil, e rica, e aparejada, para se poblar; porque en ella hay muchos árboles e plantas de las de España, e la gente es de buen entendimiento, e más aparejada para vivir en policía que la de la Isla española, ni de las otras islas que hasta hoy están descubiertas</em>”. En 1525 Vázquez Ayllón envió a Chicora en una nueva expedición de dos carabelas al mando de Pedro de Quexos, que, al parecer, llegó a las costas del hoy estado de Delaware y le confirmó la bondad de los nativos y de aquellas tierras norteñas.</p>
<p>Un año después, Ayllón se sintió preparado para iniciar su gran aventura: fletó seis navíos (el Inca Garcilaso dice que fueron tres, grandes) y reclutó a 500 españoles, entre colonos y sus mujeres, marineros, médicos y misioneros dominicos, que fueron acompañados por cien esclavos africanos y 83 caballos. En 1510, ante la despoblación de indígenas en las Antillas y por sugerencia de algunos religiosos defensores de los indios, el rey Fernando había autorizado la introducción de 200 esclavos negros en las Indias, abriendo así las puertas al comercio de africanos en América. Con estos preparativos, Ayllón dejaba definitivamente la Española con la intención de descubrir las tierras ignotas que se extendían desde el norte de la Florida hasta la Tierra Nueva de los Bacalaos, mencionada por Sebastián Caboto, sobre las que ejercería su autoridad. Llevaba como piloto a Diego Miruelo, que no supo encontrar la tierra que él había visitado años antes y “<em>cayó en tanta melancolía que en pocos días perdió el juicio y la vida</em>”, según cuenta el Inca Garcilaso de la Vega.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>La primera colonia europea en EEUU</strong></p>
<p>En el momento de su partida, los documentos nos muestran un Vázquez Ayllón muy diferente al que se había manifestado años antes en relación con los indios. En primer lugar, su expedición no sería una razia más sino que, desde el principio, tuvo una clara voluntad pobladora y colonizadora, y en segundo término, la capitulación con la Corona deja claro que es Ayllón quien le dice al rey qué trato han de recibir los indígenas. “<em>Nos suplicastes </em>–dice el monarca en el texto de la capitulación– <em>que pues los indios no se pueden con buena conciencia, encomendar, ni dar por repartimiento, para que sirvan, personalmente, y sea visto por experiencia, que desto se ha seguido muchos daños ya asolamiento de los indios, y despoblación de la tierra, en las islas e partes que se ha hecho, mandase que en la dicha tierra no hubiese</em><em>repartimiento de indios, ni sean apremiados a que sirvan en servicio personal, si no fuese de su grado e voluntad, e, pagándoselo como se hace con los otros, nuestros vasallos libres e la gente de trabajo en estos reinos; mando, que así se cumpla; e que vos tengáis dello, e del buen tratamiento de los dichos indios, mucho cuidado</em>”.</p>
<p>La flota de Ayllón partió en junio de 1526 de Puerto de Plata, en la Española, costeó los actuales estados de las Carolinas hasta llegar a la desembocadura de un río, que algunos creen que era el llamado Jordán que López de Gómara sitúa en los 32 grados al contar la expedición de 1521, financiada por Ayllón, pero en la que él no viajó. López de Gómara, que da una detallada información de los indios de Chicora, no cuenta el viaje de Ayllón en su “Historia General de las Indias”. A partir de estas afirmaciones de la latitud de Chicora en los 32 grados, algunos autores norteamericanos sostienen que el contacto de Ayllón con los actuales Estados Unidos tuvo lugar en la bahía de Wyniah y el río Jordán corresponde al Santee, en Carolina del Sur, que se hallan en los 30º de latitud cerca de la hoy ciudad de Georgetown; otros lo</p>
<p>identifican como el río Pee Dee que discurre por la zona. No faltan los que lo ubican más al sur, en Sapelo Sound, al sur de Savannah. El historiador J. G. Johnson, de la Universidad de Georgia, sostiene que se trata del río Cape Fear, ya que es la única corriente de gran caudal que desemboca en el mar cerca de esa latitud. Pero existen testimonios escritos y gráficos de los años siguientes a la aventura de Ayllón que apoyan la presencia de Lucas Vázquez Ayllón, más al norte, en la bahía de Chesapeake, a la que dio el nombre de Santa María, como indica el mapa de Diego Ribero, de 1529, en el que aparece Chesapeake y la zona circundante, denominada Tierra de Ayllón. Otro mapa, de Diego Gutiérrez, realizado en 1562, repite los topónimos. Por su lado, J. Gilmary Shea, investigador de la historia de Estados Unidos, defiende</p>
<p>que la bahía en la que entró la flota de Ayllón es la actual Chesapeake y que el río por el que se internaron los expedicionarios -y que ellos denominaron Salado- en busca del mejor emplazamiento para su fundación es el actualmente denominado James.</p>
<p>Al embocar ese gran río a mediados de agosto de 1526, naufragó la nave capitana. Aunque lograron salvarse los tripulantes y los pasajeros, se perdieron abundantes provisiones, semillas y herramientas. Allí mismo Ayllón ordenó que se hiciese una gabarra para transportar los enseres rescatados. Como el río que desemboca en la bahía era conocido por los nativos con el nombre de Gualdape, la comunidad española fundada río arriba, al parecer, cerca de la actual Jamestown, se llamó San Miguel de Gualdape (también aparece en varios escritos como Guadalupe y Guadalpe) por haber sido inaugurada en la festividad de ese arcángel. “<em>El oidor </em>–cuenta el Inca Gracilaso– <em>entendiendo que todo era suyo mandó que saltasen en tierra doscientos españoles y fuesen a ver el pueblo de aquellos indios, que estaba tres leguas tierra adentro.</em></p>
<p><em>Los indios los llevaron, y después de los haber festejado tres o cuatro días, y asegurándolos con su amistad, los mataron una noche, y de sobresalto dieron al amanecer en los pocos españoles que habían quedado en la costa en guarda de los navíos”</em>. La colonia se estableció en la peor época del año. Las tormentas otoñales que azotan las costas atlánticas, la imposibilidad de cosechar aquellas tierras a las puertas del invierno, la falta de víveres, pues buena parte de ellos se habían ido a pique, y los vientos glaciares propiciaron la aparición de enfermedades en aquellos colonos acostumbrados a los calores</p>
<p>del trópico. El indio Francisco de Chicora desapareció, sin duda para unirse a los indígenas. Los esclavos negros que habían ayudado en la construcción del poblado, acuciados por el hambre seguramente, se amotinaron y huyeron.</p>
<p>La moral de los pobladores de la incipiente colonia decaía conforme aumentaban los cadáveres que había que enterrar. Lucas Vázquez Ayllón no tardó en enfermar y murió el 18 de octubre. Los que  sobrevivieron decidieron entonces abandonar San Miguel y volver a Santo Domingo. De los 600, sólo regresaron 150.</p>
<p>El primer poblado europeo en los que hoy son los Estados Unidos apenas duró tres meses, los supervivientes dejaron escaso testimonio de su trágica aventura, la ausencia de restos de aquella población y la confusión que las distintas expediciones financiadas por Lucas Vázquez Ayllón han introducido entre los historiadores –los de entonces y los actuales– han robado a este descubridor buena parte de la fama que le corresponde.</p>
<p><strong>Pedro Páramo.</strong></p>
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			</item>
		<item>
		<title>Los exploradores ignorados de las fuentes del Nilo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/los-exploradores-ignorados-de-las-fuentes-del-nilo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 11:24:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 44]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En la segunda mitad del siglo XIX, la solución del secular enigma de las fuentes del Nilo constituyó una de las mayores aventuras geográficas de todos los tiempos. Para la [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<h6 class="wp-block-heading"><strong>En la segunda mitad del siglo XIX, la solución del secular enigma de las fuentes del Nilo constituyó una de las mayores aventuras geográficas de todos los tiempos. Para la Historia, esta gesta está asociada a nombres como Livingstone, Burton, Speke, Grant, los esposos Baker, Cameron o Stanley. Sin embargo, ninguno de estos personajes podría haber llevado a cabo sus exploraciones sin la decisiva intervención de guías y hombres de confianza generalmente ignorados como Bombay, Mabruki, Susi o Chuma. No menos clave fue la labor desempeñada por miles de porteadores, guerreros y sirvientes anónimos que formaban parte de las expediciones, sin olvidar el protagonismo de los negreros árabo-swahilis.</strong></h6>



<h3 class="wp-block-heading">Por Ramón Jiménez Fraile</h3>



<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-44-exploradores/">Boletín 44 &#8211; Exploradores</a></p>



<p>Si tuviéramos que designar al mayor viajero decimonónico del África negra dudaríamos entre David Livingstone, Henry Morton Stanley u otros héroes victorianos como John Hanning Speke o Richard Burton. Sin embargo, ninguno de los exploradores europeos de la época estuvo a la altura de un tal<strong> Sidi Mubarak Bombay</strong> de quien consta recorrió en el interior de África 9.600 kilómetros. Tan descomunal distancia para aquellos tiempos es el resultado de haber participado como guía y jefe en expediciones de Burton, Speke, Grant, Stanley y Cameron.</p>



<p>Bombay acompañaba a <strong>Speke</strong> cuando éste llegó al Lago Victoria. Consciente de su valía, Stanley le haría jefe de caravana tras su encuentro con Livingstone.&nbsp;Bombay fue la primera persona que recorrió el Nilo desde el lago Victoria hasta El Cairo y que atravesó África de Este a Oeste, desde Zanzíbar hasta Angola.</p>



<p>Pese a sus indudables méritos, Sidi Mubarak ni siquiera tuvo derecho a un apellido propio ya que “bombay” era el apelativo genérico utilizado por los británicos para designar a los esclavos rescatados de los barcos negreros árabes y trasladados a India para ser educados en orfanatos y centros religiosos antes de ser devueltos a África.</p>



<p>En 1880 había unos tres mil africanos “bombay” en África del Este. El principal promotor de este fenómeno fue Sir Henry Bartle Frere, presidente de la Royal Geographical Society tras haber sido gobernador británico en Bombay. Frere se percató del provecho que los británicos podían sacar de estos individuos que habían conocido en sus propias carnesel drama de la esclavitud y que, una vez de vuelta en África, servían los intereses de Gran Bretaña. En memoria de Sir Henry Bartle Frere fue fundada Frere Town, el primer asentamiento de esclavos africanos libertos en la actual Kenya.</p>



<p>Nuestro “bombay” por excelencia, Sidi Mubarak Bombay, pertenecía a la tribu de los Yao (característica por llevar sus miembros los dientes afilados). Fue hecho prisionero en la actual frontera entre Tanzania y Mozambique y vendido, a cambio de unos cuantos tejidos, hacia los nueve años en el mercado de esclavos de Kilwa, cerca del lago Nyasa. El mercader indio que lo adquirió lo llevó al actual Pakistán donde aprendió el indostaní. A la muerte de su dueño se trasladó como hombre libre a Zanzíbar donde entró al servicio del sultán antes de ser contratado por Burton y Speke, de cuya expedición se convertiría por méritos propios en el principal factótum.</p>



<p>Speke tuvo en gran aprecio a Bombay, entre otras cosas porque era el único africano con el que podía entenderse ya que, a diferencia de Burton, no hablaba árabe ni idiomas africanos.</p>



<p>Los idiomas constituían para los exploradores europeos una barrera a veces tan infranqueable como los accidentes geográficos. Obligados a depender de sus guías, los intercambios con los autóctonos, las más de las veces utilizando varios idiomas cruzados, daban lugar a frecuentes malentendidos.</p>



<p>Un error de interpretación que traería graves consecuencias en los círculos geográficos europeos, ya que alimentó la disputa entre Burton y Speke, se refirió al sentido del río Rusizi, al norte del lago Tanganika. Con el tiempo se sabría que Speke había entendido lo contrario de lo que un traficante de esclavos árabe le dijo a Bombay respecto al sentido del curso de dicho río.</p>



<p>Nos equivocamos al pensar que los guías, soldados y porteadores de los exploradores europeos conocían el terreno o estaban mejor preparados por el mero hecho de ser africanos. En realidad, los únicos que tenían un buen conocimiento del interior de África y que se movían con relativa soltura por rutas que ellos mismos abrían eran los traficantes de esclavos árabo-shawilis, de cuyos servicios no pudieron prescindir los exploradores europeos.</p>



<p>El propio David Livinsgtone, pese a su oposición visceral a la esclavitud y su odio a los negreros, estuvo en numerosas ocasiones a merced de los traficantes de esclavos y de marfil (los primeros debían portar los colmillos de elefante) y hasta llegó a unir sus fuerzas con ellos para no comprometer sus descubrimientos geográficos. En 1867, con objeto de viajar al lago Mweru contrató los servicios de quien acabaría por convertirse en el más poderoso de los negreros árabo-swahilis, el famoso Tippu-Tip quien con el tiempo sería nombrado por Stanley gobernador de uno de las provincias del Congo de Leopoldo II.</p>



<p>La autobiografía que, a finales del siglo XIX, escribió Tippu-Tip en swahili con caracteres árabes (el primer texto en su género), y que fue traducida al alemán por su amigo Heinrich Brode, es una obra de enorme interés al mostrarnos a los célebres exploradores europeos de la región de los Grandes Lagos no desde la imagen idealizada construida en Occidente, sino desde el ángulo de quien fue testigo directo de su vulnerabilidad y dependencia.</p>



<p>Otro personaje crucial que participó de manera decisiva en las expediciones de Speke (de ahí su apodo) y que acabaría por convertirse en uno de los jefes de caravana más exitosos del África oriental fue Mabruki Speke quien, al igual que Bombay, acompañó a Livingstone en varias de sus expediciones. Su breve reseña biográfica haría palidecer a cualquiera de los llamados héroes victorianos.</p>



<p>Además de acompañar a Burton y Speke entre 1857 y 1859, viajó con Speke y Grant al lago Victoria de 1860 a 1863. En 1865 se unió a la expedición del barón Von der Decken en Somalia. Entre 1866 y 1870 estuvo al frente de una goleta en el Océano Índico, y de 1871 a 1872 viajó con Stanley en busca de Livingstone, a quien acompañó hasta su muerte en 1873. En 1874, Mabruki Speke guió al misionero Charles New a Usambara, antes de unirse a la expedición angloamericana de Stanley durante la que murió en la orilla sur del lago Victoria.</p>



<p>Entre los leales e incluso por momentos camaradas del Dr. Livingstone hay que destacar también a Abdullah Susi, liberado cuando era un niño de una caravana de esclavos por el propio Livingstone. Nacido hacia 1856, acompañó durante veinte años al doctor, lo que se considera la relación más larga entre un explorador blanco y un africano.</p>



<p>Susi fue uno de los porteadores de la litera en la que fue trasportado Livingstone durante su última exploración. Fue él quien grabó la estela funeraria en el árbol a cuyo pie fue enterrado el corazón de Livingstone. Pese a ser uno de los que llevó su cadáver y sus pertenencias a Zanzíbar, el cónsul británico se negó a pagarle el pasaje en barco hasta Londres por lo que no estuvo presente en el funeral del Livingstone en 1874, al que asistió un único ayudante africano de Livingstone, Jacob Wainwright, también un “bombay” capaz de hablar y escribir en swahili e inglés.</p>



<p>La familia de Livingstone acabó por lograr que Susi y James Chuma (otro fiel servidor del doctor que dedicó la mitad de sus 32 años de vida a ocho expediciones de europeos) viajaran al Reino Unido donde, gracias a los testimonios de estos dos africanos, se pudo reconstruir la última etapa de la vida del explorador.</p>



<p>De vuelta a África, Susi sería contratado por Stanley, a quien con el tiempo ayudaría en la fundación de Leopoldville, la actual Kinshasha. Entre 1883 y 1891 fue jefe de caravanas para misioneros que pretendían instalarse en el África central.</p>



<p>Otro personaje secundario de gran mérito fue Amoda, nacido hacia 1850 y muerto en 1876. En su corta existencia tuvo ocasión de trabajar para Livingstone y para Stanley, llegando a ser el patrón del barco desmontable “Lady Alice” que circunnavegó el lago Victoria con Stanley a bordo. Refiriéndose a los africanos que voluntariamente le acompañaron en esta y otras aventuras Stanley dijo que sus nombres<em>“deberían escribirse con letras de oro”.</em></p>



<p>Tim Jeal comenta en su reciente libro <em>“En busca de las fuentes del Nilo” que “fueron pocos los exploradores europeos que expresaron debidamente en sus libros algún reconocimiento por las informaciones geográficas obtenidas de los traficantes de esclavos árabo-swahili o por el papel esencial desempeñado por los africanos que los acompañaron y posibilitaron sus viajes portando las mercancías usadas para comprar comida por el camino y pagar a los jefes por permitirles el paso a través de sus territorios. Los africanos actuaban además como intérpretes, guardianes y guías. Algunos exploradores, sin embargo, sí que les dieron el crédito que se merecían. Livingstone a menudo elogió a sus hombres, a pesar de las deserciones y los robos constantes. Speke se puso de parte de sus porteadores frente a Burton en el curso de una larga disputa sobre supuestos malos tratos, y Stanley a menudo rindió tributo en sus libros a sus hombres.”</em></p>



<p>Tal vez por sus orígenes humildes, Stanley fue el explorador blanco de la era victoriana que mayor reconocimiento público hizo a sus acompañantes negros. En varias ocasiones dijo sentirse más a gusto en compañía de africanos que de sus congéneres blancos. Incluso escribió un libro <em>(“Mydark companions and their strange stories”) </em>acerca de sus acompañantes negros y sus tradiciones.</p>



<p>Como prueba de reconocimiento hacia sus más fieles colaboradores, Stanley les hizo en numerosas ocasiones fotografías y recogió cuidadosamente sus nombres y sus rasgos de personalidad más característicos. En el <a href="http://www.africamuseum.be">Museo de África de Tervuren </a>(Bélgica) se conserva una fotografía de un grupo de africanos tomada por Stanley a la que el explorador ha asociado anotaciones como las siguientes:</p>



<p>&nbsp;</p>



<p><em>Chowpereh, miembro de mis expediciones de 1871 a 1884.</em></p>



<p><em>Zaidi, salvado de los rápidos.</em></p>



<p><em>Sarmini, el detective del campamento.</em></p>



<p><em>WadiRehani, el tesorero.</em></p>



<p><em>Manwa Sera, capitán en jefe de la caravana.</em></p>



<p><em>Kirango, el primero que fue golpeado en Bumbireh.</em></p>



<p><em>Wadi Baraka, el humorista de Bumbireh.</em></p>



<p><em>Majwara, cuidó de Livingstone en su lecho de muerte.</em></p>



<p><em>&nbsp;</em>Testimonios como éste no sólo rinden justicia hacia el papel desempeñado por los acompañantes africanos de los exploradores, sino que son importantes para la recuperación de la memoria histórica y de la cultura de África.</p>



<p>Con quien Stanley no se mostró particularmente generoso en términos de reconocimiento fue con el palestino Selim que le acompañó en su primer viaje a África. Testigo del mítico encuentro con Livingstone al borde del lago Tanganika, a la vuelta a Europa Stanley optó por dejarle en Oriente Medio. De esta manera se libraba de un testigo que hubiera podido interferir en su relato. En vez de a Selim, Stanley prefirió llevar consigo a Europa al niño Kalulu, un esclavo que había liberado (¿o comprado?) y que hacía las veces de paje. Como si de un exótico espécimen se tratara, Stanley exhibió a Kalulu en los salones europeos y le llevó de vuelta a África en la expedición con la que el galés pretendía completar el trabajo de Livingstone, como así fue. Stanley tuvo que pasar el mal trago de comprobar cómo Kalulu desertó en el interior de África. Atrapado y tras el consiguiente castigo, Kalulu prosiguió la expedición en el transcurso de la cual moriría ahogado en una de las cataratas del río Congo.</p>



<p>El nivel de mortandad era muy elevado tanto entre los exploradores blancos como entre sus aún más desprotegidos acompañantes. <em>“La mayoría de los exploradores </em>–señala Tim Jeal– <em>debían su vida a sus porteadores, que en muchos casos los salvaron más de una vez, pero suponer que esos hombres, en circunstancias distintas, hubieran arrostrado peligros equivalentes por su cuenta con el único fin de llevar a cabo descubrimientos geográficos similares es pura fantasía”</em>.</p>



<p>La disposición a sacrificar su vida por meros descubrimientos geográficos era, en efecto, propia y exclusiva de los europeos que en muchas ocasiones tenían que hacerse pasar por mercaderes para poder justificar ante los africanos su presencia en tan inhóspitos lugares.</p>



<p>Ni siquiera el occidentalizado Sidi Mubarak Bombay fue capaz de entender el entusiasmo de un emocionado Speke cuando llegaron al lago Victoria que según Speke constituía la principal fuente del Nilo. En las cataratas Ripon, Speke pidió a Bombay que, al igual que él, se rapara la cabeza y se bañara al modo de los santones del Ganges que ambos habían tenido ocasión de observar. Un obediente se encogió de hombros y exclamó sin entender la magia del gesto: “<em>Nos contentamos con las cosas más corrientes de la vida”.</em></p>



<p>Tampoco estaría en condiciones de comprender las alusiones que hizo Speke a Cristóbal Colón cuando Bombay y Baraka, otro de sus fieles guías, le sugirieron que esperara el desenlace de uno de tantos conflictos que tenía lugar en la región de los Grandes Lagos. Speke rechazó el consejo aludiendo a <em>“la perseverancia y el éxito de Colón, quien, pese a la oposición de los marineros, siguió adelante y triunfó”.</em></p>



<p>La incomprensión, fuente de todo tipo de suspicacias, era también mayúscula cuando los exploradores europeos interrogaban a los jefes de tribus sobre el curso de los ríos o la localización de lagos. Los africanos les replicaban que sólo era agua y no entendían en absoluto el porqué del interés de sus extraños visitantes, a los que, lógicamente, asociaban con la brujería.</p>



<p>Algunos de los más notorios <em>“dark companions” </em>de los exploradores británicos fueron recompensados por la Royal Geographical Society con medallas e incluso con pensiones vitalicias. Menos reconocimiento recibieron los porteadores y guerreros participantes, muchos de ellos con sus familias, en las expediciones de los europeos.</p>



<p>Lejos de ser un fenómeno marginal, las cifras de individuos concernidos por estos desplazamientos dan una idea del impacto que provocaron en la región de los Grandes Lagos. Por ejemplo, la primera y segunda expedición de Stanley arrancaron desde Tabora, en la costa africana frente a Zanzíbar, con más de doscientos porteadores (“wapagazi” en shawili) cada una. Las expediciones de Burton, Speke y Grant también superaban el centenar de miembros.</p>



<p>Livingstone fue siempre partidario de desplazarse con un reducido grupo de acompañantes, lo que no fue el caso de los misioneros llamados “Padres Blancos”, cuya primera caravana de 1878 contó con 460 miembros.</p>



<p>En cuanto a los orígenes de los expedicionarios destaca la variedad, tanto en lo que se refiere a los exploradores como a sus acompañantes. Tomando el pequeño territorio del actual Burundi como muestra, se observa que entre 1858 y 1899 recorrieron el país nueve británicos, un estadounidense, un belga, un suizo, un austriaco, quince “Padres Blancos” franceses y holandeses, y una docena de militares alemanes. Entre los guías y escoltas de estos europeos figuraban, además de los “bombay” a los que nos hemos referido (los negros libertos formados en India), individuos procedentes de Goa (como Valentino Rodrigues y Gaeteno Andrade) y de Beluchistán (provincia de Pakistán).</p>



<p>En lo que se refiere al origen étnico de los porteadores que nutrieron las grandes expediciones, los expertos han podido identificar tres grupos: las poblaciones de habla swahili establecidas en la costa índica (los llamados Wamrima) que estuvieron representadas en todas las caravanas con destino a los Grandes Lagos; los Banyamwezi procedentes del sur y suroeste del lago Victoria muy apreciados por su capacidad de llevar cargas, y las tribus del entorno del lago Nyassa, como los Yao, Makua y Bangindo, objetivo habitual de los traficantes de esclavos.</p>



<p>Un rango particular estaba reservado para los guardias armados (“askaris” en swahili, palabra que proviene de “lashkar”, soldado en persa), reclutados no sólo entre las poblaciones indígenas, sino también entre los miles de individuos originarios de Beluchistán que integraron a mediados del siglo XIX el ejército del sultán de Zanbíbar.</p>



<p>Para todos ellos, la participación en expediciones de europeos constituyó una oportunidad de ascender en la escala social o de empezar una nueva vida en lugares remotos en el caso, muy frecuente, de desertar.</p>



<p>En cuanto a la organización de las caravanas, los exploradores europeos estaban muy lejos de poder imponer sus condiciones ya que se trataba de una actividad controlada por un puñado de árabes y mercaderes indios que supieron exprimir a fondo a los inexperimentados e incautos occidentales. Incluso los salarios de los guardias y los porteadores estaban perfectamente regulados, siendo los intermediarios los que obtenían el mayor beneficio.</p>



<p>Tan sólo los hombres de confianza de los exploradores que asumían las tareas de jefe de caravana (“kirongozi”) llegaban a gozar de un nivel de remuneración respetable. Sidi Mubarak Bombay recibió de Stanley con motivo de la expedición en busca de Livingstone 80 dólares al año, lo que representaba un 40% del salario de un obrero francés de la época.</p>



<p>Más allá de la relación mercantil que los distintos actores de la exploración del “corazón de las tinieblas” establecieron y de los descubrimientos que se llevaron a cabo, resulta de justicia sacar a relucir la labor de estos auténticos exploradores en la sombra que fueron los Bombay, Mabruki, Chuma, Susi y demás héroes ignorados.</p>



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