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	<title>Boletín 49 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletín 49 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Rosendo Salvado, un obispo gallego en Australia</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 30 Mar 2020 15:56:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 49]]></category>
		<category><![CDATA[Diplomáticos, viajeros y turistas de final de siglo]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Lola Escudero Boletín 49 Viajeros españoles Los españoles fueron los primeros europeos que vislumbraron las costas de Australia, pero, excepto el nombre, derivado de Austrialia, apenas dejaron huella. Fueron [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto:</strong> Lola Escudero</p>



<p>Boletín 49</p>



<p>Viajeros españoles<br><br><strong>Los españoles fueron los primeros europeos que vislumbraron las costas de Australia, pero, excepto el nombre, derivado de <em>Austrialia</em>, apenas dejaron huella. Fueron los holandeses y más tarde los británicos quienes terminaron por conquistar y colonizar aquellas remotas tierras. Sin embargo, a finales del siglo XIX, un benedictino gallego se hizo célebre por su respetuosa forma de acercarse a las comunidades indígenas desde su misión de Nueva Nursia, al norte de Perth. Rosendo Salvado llegó a proclamar que prefería convertirse en aborigen antes que en obispo.</strong></p>



<p>Dicen que es posible (y probable) encontrarse con un gallego en cualquier rincón del mundo, por remoto que sea. Y esto no es algo reciente: había gallegos entre los marinos que conquistaron el mundo en los siglos XVI y XVII, entre los colonos que poblaron los diferentes virreinatos americanos en el siglo XVIII, y por supuesto fueron muchos los gallegos que se sumaron a la emigración masiva hacia América en el siglo XIX y a principios del XX.</p>



<p>Uno de estos gallegos intrépidos y sin miedo a poner tierra, y agua, de por medio fue Rosendo Salvado y Rotea. En su caso, su objetivo estuvo más allá, al otro lado del planeta, en Australia, en donde llegó a ser obispo de la diócesis de Nueva Nursia a finales del siglo XIX. En Australia dejó un buen recuerdo, sobre todo entre las comunidades de aborígenes con las que trabajó estrechamente. Los australianos han comenzado a reivindicar su figura como precursor en la integración de los aborígenes en la sociedad australiana respetando su propia cultura.</p>



<p>Como en tantas historias de emigración, la religión tuvo mucho que ver en la decisión del futuro obispo Salvado de viajar tan lejos de casa. Rosendo Salvado y Rotea nació en Tui en el año 1814 e ingresó a los quince años en el convento benedictino de San Martiño Pinario. Era un mal momento para España y sobre todo para los monasterios: la abolición del diezmo, la desamortización de tierras eclesiásticas (1836-37), la disolución y el cierre de monasterios, trastornaron la vida de miles de frailes y entre ellos la de Salvado, que optó por el exilio en Italia donde permaneció diez años, concretamente en el monasterio de Trinità Della Cava, a 45 km de Nápoles, donde por fin pudo celebrar su primera misa en 1939.</p>



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<p>En 1844, junto con otro monje español, José Benito Serra, acudió a la Congregación de Propaganda Fide de Roma en busca de un destino como misionero. Allí conocieron al reverendo John Brady, recién nombrado obispo de Perth (Australia), que estaba negociando ciertos asuntos para sus misiones australianas. Alentados por el reverendo Brady, Serra y Salvado no dejaron desde entonces de consultar en todas las bibliotecas romanas cuanto se había escrito acerca de Australia y de sus aborígenes. Finalmente, el obispo australiano les llevó con él, primero a Inglaterra y más tarde, en septiembre de 1845, hacia su definitiva misión en Australia.</p>



<p>Los primeros años australianos de los dos monjes fueron muy intensos. Habían llegado a Flemantle en enero de 1846 y Brady les asignó un territorio para evangelizar en el actual condado de Victoria Plains, a unos 132 km al norte de Perth, en el estado de Australia Occidental. Escogieron un lugar a orillas del río Moore, que bautizaron como Nueva Nursia (New Norcia en inglés), en honor del santo fundador de su origen, san Benito de Nursia. El 1 de marzo de 1847 inauguraron lo que más tarde sería un monasterio y el pueblo monástico de Nueva Nursia (New Norcia). El asentamiento misionero se construyó en las tierras del pueblo aborigen Yuat, que inicialmente integró la misión, y más tarde también se incorporó a los pueblos Nyungar del suroeste del mismo estado.</p>



<p>Nueva Nursia se convirtió rápidamente en un lugar diferente en el que se practicaba otra forma de ver a los aborígenes y de integrarles, distinta a la que se venía realizando hasta entonces. Para recaudar fondos, Salvado aprovechaba sus habilidades musicales y organizaba conciertos: un auténtico precursor de algo tan habitual en nuestros tiempos. Salvado vivió durante más de cincuenta años en su colonia australiana rodeado por los aborígenes a los que él siempre defendió. Solo en un momento estuvo a punto de dejar su querida Nueva Nursia, y fue cuando el papa Pío IX le nombró obispo de Puerto Victoria, un nuevo asentamiento de los ingleses en el norte de Australia. Rosendo Salvado acató la orden de sus superiores y se trasladó a su destino, pero la suerte se alió con él, ya que los británicos se retiraron al poco tiempo de aquel lugar y pudo regresar a Nueva Nursia con su dignidad episcopal.</p>



<p>A pesar de que años después regresó a España, siempre mantuvo un contacto continuo con los fieles de su misión hasta su muerte, en Roma en el año 1900. Salvado redactó una memoria sobre sus experiencias australianas que hoy nos sirve para valorar la extraordinaria labor que realizó en aquellas tierras, poniendo en marcha iniciativas que en aquellos tiempos resultaban completamente novedosas en estos alejados territorios en los que aún se reconoce su figura y su legado.</p>



<p>En España hay dos hechos que nos permiten recordarle: la estatua dedicada al Padre Salvado inaugurada en 1949 en la Plaza de la Inmaculada de Tui, su ciudad natal, por suscripción popular, y los muchos eucaliptos que encontramos en los bosques ibéricos y en particular en los gallegos: fue Salvado el introductor en España de esta especie que ha causado no pocos problemas.</p>
</div>
</div>



<p>En Australia su figura está siendo actualmente objeto de estudio. En la Universidad de Queensland, un equipo de investigadores está rescatando del olvido los diarios del Obispo Rosendo Salvado que van de 1844 hasta 1900. Los diarios, que suman once tomos, están escritos en varios idiomas europeos y en Nyungar, idioma hablado en la esquina suroeste del estado de Australia Occidental. Contienen un valioso material para los estudiosos de distintas disciplinas: antropología, sociología, historia, psicología, literatura, lingüística, semántica, semiótica y análisis del discurso, entre otras. Uno de los aspectos más originales de este reciente estudio es la perspectiva lingüística, ya que a través de sus diarios se puede analizar la modificación de nombres aborígenes que se realizaba en la época como una forma de borrar también su cultura.</p>



<p>En los diarios se aprecia también que Salvado fue un intelectual y un humanista: entre las artes que practicaba el religioso están la literatura, la botánica y la música. Por otro lado, el obispo gallego se puso desde el principio del lado de los aborígenes australianos y luchó por sus derechos; hasta solicitó ser declarado aborigen australiano por el gobierno de Inglaterra para poder defenderlos mejor. Aunque el aventurero monje tudense murió en Roma, su cuerpo fue trasladado a la ciudad australiana de Nueva Nursia donde reposa.<br></p>



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<p><strong>La misión de Salvado entre los aborígenes</strong></p>



<p>La vida de Rosendo Salvado no tendría nada de excepcional si no fuera porque el escenario de su labor misionera transcurrió en un territorio en el que la presencia española era muy escasa. Australia y otros territorios de Oceanía se agregaron tarde a la red de colonias que comprendía el entonces emergente sistema mundial capitalista a comienzos del siglo XIX, encabezado por el imperio británico con sus posesiones en América, Asia y África. Figuras similares a Salvado hubo muchísimas en otros rincones del mundo, sobre todo en América y en otros territorios vinculados a la Corona española: monjes o sacerdotes voluntariosos, animados por la religión, que vivieron en comunidades de indígenas a las que trataron de ayudar con mayor o menor fortuna. Aprendieron su lengua, intentaron entender sus religiones, costumbres y formas de vida para así poder comunicarse mejor con ellos y en último término, evangelizarles. En Australia, resulta un caso muy excepcional.</p>



<p>Así describe el propio Salvado su proyecto con los Yat y los Nyungar, en una carta dirigida al presidente del Consejo Central de la Pía Obra de la Propagación de la Fe en 1868: <em>“Nueva Nursia … es una misión Benedictina… cuyo objeto principal es la conversión y civilización de [los] salvajes, y por lo tanto ha sido fundada lejos de toda población en un sitio del bosque enteramente desconocido a los europeos, y habitado por solo los salvages, a los que instruyendo, convirtiendo [y] civilizando [se les establece en una] vida social”. </em>Y más adelante subraya la visión para Nueva Nursia: <em>“El objeto de los misioneros de Nueva Nursia, es el de establecer aquella su misión de modo que pueda llegar a ser una Misión Madre; que de ella puedan salir misioneros a fundar nuevas misiones por aquel inmenso país, teniendo siempre una punto de apoyo aquella Misión Madre”</em>.<br><br>Pero aunque la evangelización era su principal objetivo, Salvado y su compañero, el padre Serra, dejaron un importante legado al plasmar en sus diarios una interesante descripción de la cultura de los aborígenes en el siglo XIX. No se sabe muy bien cuántos había en los años en los que Salvado se estableció en Australia. Se calcula entre 300.000 y un millón de individuos, pero es complicado determinarlo porque el país estaba en gran parte inexplorado. Frente a otros pueblos indígenas de otras partes del mundo, los aborígenes australianos tuvieron desde el principio muy “mala prensa”, incluso fueron comparados con los orangutanes, y hubo ciertos científicos que les negaron un alma racional. De tez negra y constitución poco esbelta, los aborígenes fueron degenerando tanto en lo físico como en lo moral al contacto con los colonos ingleses, que aplicaron sobre ellos métodos radicales para forzar su integración: fueron perseguidos, acorralados y maltratados: el alcohol y la escopeta causaron tantos daños como la sequía y el hambre.</p>



<p>Los métodos de Salvado fueron radicalmente diferentes, considerando a los aborígenes sobre todo como seres humanos con los mismos derechos que los colonos, y valorando especialmente sus cualidades, como la hospitalidad, su vinculación sagrada a la tierra y su afición a la música, elemento que Salvado utilizaría como uno de los más apropiados para acercarse al alma de aquellos pueblos incomprendidos. Para poder comprenderlos, Salvado utilizó la asimilación, y practicaba con ellos la caza, comía como ellos, rivalizaba en fuerza y destreza como uno más, cantaba y bailaba con ellos, y consiguió que le consideraran, o casi, un aborigen más.</p>
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<p><br></p>



<p></p>
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		<title>9 claves para comprender los océanos</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/comprender-los-oceanos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Nov 2019 14:32:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 49]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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<p><strong>Boletín 49</strong><br><em>Noviembre de 2014<br></em></p>



<p><strong>Texto:</strong> Jorge Latorre<br><br><strong>QUÉ HAY BAJO LOS OCÉANOS:</strong></p>



<p><strong>1 EL RELIEVE DEL FONDO OCEÁNICO</strong></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>La profundidad media de los océanos es de unos cuatro o cinco kilómetros que, comparados con los miles que abarcan, les hacen parecer delgadas capas de agua sobre la superficie del planeta. Pero los fondos marinos son muy variables en las diferentes zonas de un océano: plataforma continental, talud, fondo oceánico o dorsal.</p>



<p>La plataforma continental ocupa aproximadamente el 10% del área oceánica y es la continuación de los continentes por debajo de las aguas, con profundidades que van desde cero metros en la línea de costa hasta unos 200 m. Es una zona de gran explotación de recursos petrolíferos, pesqueros, etc.</p>



<p>El talud es la zona de pendiente acentuada que va desde el límite de la plataforma hasta los fondos oceánicos. En esta zona aparecen cañones submarinos tallados por sedimentos que caen desde la plataforma al fondo oceánico.</p>
</div>
</div>



<p>El fondo oceánico, con una profundidad de entre 2000 y 6000 metros, ocupa alrededor del 80% del área oceánica. Las cadenas dorsales oceánicas son elevaciones longitudinales del fondo oceánico que se alargan hasta más de 60.000 km. Son las zonas de formación de las placas litosféricas en las que se está expandiendo el fondo oceánico, y en ellas se produce actividad volcánica y sísmica.</p>



<p>Las cadenas de fosas abisales son zonas estrechas y alargadas en las que el fondo oceánico desciende hasta más de 10.000m de profundidad en algunos puntos. Son especialmente frecuentes en los bordes del Océano Pacífico y mantienen una gran actividad volcánica y sísmica, porque corresponden a zonas de subducción, donde dos placas litosféricas colisionan, introduciéndose una bajo la otra.</p>



<p>Las llanuras abisales empiezan donde terminan los márgenes continentales. Ocupan extensas áreas del suelo marino a profundidades de 4000 a 6000m, y son las zonas más profundas del océano, después de las fosas submarinas. Constituyen los lugares más planos y escasamente accidentados de la Tierra. A pesar de la oscuridad, la inmensa presión y el frío, muchos animales viven en las llanuras abisales, incluyendo varias especies de gusanos, camarones, ofiuras y algunos peces extraordinarios.</p>



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<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:101.66%">
<p><strong>2 LAS CUENCAS OCEÁNICAS<br></strong><br>El océano no es un mundo uniforme: hay mares con diferentes profundidades, relieves subterráneos que separan cuencas, plataformas continentales donde se desarrolla una intensa actividad humana, dorsales por las que la tierra se abre o fosas en las que una placa terrestre se superpone sobre otra.</p>



<p>En el hemisferio sur hay una zona circumpolar (el océano Glacial Antártico) que conecta los extremos australes del océano Atlántico, del océano Pacífico, y del océano Índico, de menor dimensión. Hay algunos otros mares menores<br>semicerrados; entre ellos son característicos el Ártico, el Báltico y el Mediterráneo, que se unen a los grandes océanos y modifican sus propiedades.</p>



<p>Los ejes centrales de las principales cuencas oceánicas están conectados por el sistema de dorsales, cordilleras extensas de montañas con depresiones internas cruzadas por zonas de fractura. Las dorsales oceánicas son fundamentales para la comprensión de la evolución de las cuencas de los océanos, como explica la tectónica de placas. Están asociadas con terremotos, con volcanes y con grietas hidrotermales que transfieren desde el interior de la tierra fluídos químicamente ricos, están asociados con insólitos sistemas biológicos dependientes del sulfuro.</p>



<p>Desde las dorsales oceánicas, las placas se separan unos pocos centímetros cada año y se desprende roca fundida que va añadiendo nueva materia a las placas corticales rígidas de la Tierra. En áreas donde las placas se superponen, como en el borde del Pacífico, la corteza queda subducida y vuelve al manto, ormando fosas que pueden alcanzar profundidades de 7 km. La de mayor profundidad conocida es la fosa de las Marianas, con unos 11 km, situada al este de Filipinas.</p>



<p><strong>3 ISLAS Y ATOLONES</strong></p>



<p>En medio de los océanos la presencia humana permanente queda reducida a las islas, en algunas ocasiones de dimensiones casi continentales. Recordando: llamamos isla a una zona de tierra firme rodeada completamente<br>por una masa de agua, de tamaño menor que un continente, oscilando desde las que tienen unos pocos metros cuadrados hasta las que superan los dos millones de kilómetros cuadrados, como es el caso de Groenlandia, la isla más grande del mundo.</p>



<p>Las islas pueden tener diversos orígenes (erupción volcánica, sedimentación o erosión) y van evolucionando por acumulación de erosión, depósito de sedimentos o por acumulación de material volcánico u orgánico (como las<br>islas del guano). En ocasiones, su aparición se debe a que una porción de tierra queda separada del continente por algún fenómeno o por un proceso erosivo, o bien por una variación del nivel de mar que deje sumergida las tierras bajas y aisladas las zonas más altas del relieve (un caso ejemplar es el monte Saint-Michel que se convierte en<br>isla con la marea alta).</p>



<p>Hay diversos tipos de islas, pero básicamente son tres: islas continentales, volcánicas, coralinas y sedimentarias. A ellas habría que sumar las islas fluviales y las sedimentarias, ligadas a los ríos.</p>



<p>Las islas continentales están situadas en la plataforma continental, es decir, que son partes de tierra conectadas al continente. Como Groenlandia, Madagascar, Gran Bretaña, Sicilia, Sumatra y Java, Papúa, la Isla de Vancouver, Terranova, Cuba, la Española, Isla Margarita en Venezuela o San Andrés de Colombia, entre otras muchas.</p>
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</div>



<p>Las islas volcánicas surgen como consecuencia de la actividad volcánica que se produce en los fondos oceánicos, a su vez relacionada con el movimiento de placas de la corteza terrestre. Son volcánicas, entre otras muchas, las Marianas, muchas de las Antillas, la Isla de Pascua, las Canarias, las Azores y las Madeira, Hawai, Japón, las Galápagos o Nueva Zelanda.</p>



<p>Las islas y arrecifes coralinos aparecen en los mares tropicales y subtropicales y tienen su origen en la acumulación de esqueletos de los corales, un grupo de organismos marinos primitivos que en ocasiones crecen hasta la superficie<br>del océano desde plataformas submarinas superficiales, que son muchas veces conos volcánicos. Los atolones son islas coralinas, en forma de anillo más o menos circular, con una laguna interior comunicada con el mar. Se forman cuando un arrecife de coral crece alrededor de una isla volcánica a la vez que esta se va hundiendo en el océano. Las principales islas coralinas se encuentran en el océano Pacífico (islas Tuamotu, Carolinas, Marshall, Kiribati…) y en el Índico (Maldivas, Laquedivas, Chagos, Seychelles…).</p>



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<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:66.66%">
<p><strong>4 EL MOVIMIENTO DE LOS OCÉANOS</strong></p>



<p>Marejadas, olas, corrientes, mareas… el clima de nuestro planeta y la vida que se desarrolla sobre él nacen del movimiento permanente de los mares. En superficie solo podemos ver una parte mínima de los movimientos del agua, ya que los flujos más importantes tienen lugar en las profundidades, a enormes distancias y en proporciones insospechadas.</p>



<p>En la superficie, las aguas del océano se mueven principalmente por la acción del viento, y por tanto, vienen condicionadas por las horas de sol del planeta. Y como tienen que ver con el viento, estas corrientes varían en función de la estación o incluso de la hora del día, tanto en su dirección como intensidad.</p>



<p>Las corrientes marinas son decisivas en el clima, sobre todo la Corriente del Golfo y su contracorriente, la del Labrador. Su origen está en los grandes sistemas de viento de la tierra, aunque también influyen las diferencias de densidad y contenido de sal, de temperatura y la influencia de la evaporación. La rotación de la Tierra les proporciona en el hemisferio norte una tendencia de giro hacia el este y en el hemisferio sur una tendencia hacia el oeste.</p>



<p>En las corrientes marinas podemos distinguir dos tipos: las generales, ocasionadas por movimientos producidos por el viento y las distintas temperaturas que presentan los mares en sus capas superficiales, y las costeras, que<br>en la mayoría de los casos son debidas a las mareas o a los vientos locales de las regiones en donde actúan. Las generales a su vez pueden ser corrientes cálidas (como la del Golfo, que se origina en el Mar Caribe o la del Kuro-Siwo en Japón) y corrientes frías. Las corrientes cálidas son de forma circular (sus aguas recorren los mares y vuelven al punto de partida) y giran como las manecillas de un reloj en el hemisferio norte y al revés en el sur, mientras que las frías suelen ser lineales.</p>



<p>Entre los fenómenos más fácilmente observables destacan las mareas, causadas principalmente por la fuerza de atracción de la luna. Tienen una influencia decisiva en el tipo de organismos que viven en las llamadas zonas intermareales, que son las que unas horas están cubiertas por las aguas marinas y azotadas por las olas, y otras permanecen secas o afectadas por el agua dulce en caso de lluvia.</p>



<p>Hay zonas de costa que por su especial configuración crean fuertes corrientes de mareas: las aguas al subir o al bajar arrastran sedimentos y arena y, con ello, los seres vivos que habitan en estas áreas.</p>
</div>



<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:33.33%">
<p><strong>Las olas se forman gracias a los vientos que barren la superficie de las aguas. Su movimiento es en forma de cilindro, pero cuando llega a la costa y ese cilindro roza en su parte inferior con el fondo del mar, se acaba desequilibrando la masa de agua y la ola se rompe. Los famosos tsunamis son olas gigantescas producidas por movimientos sísmicos en el fondo marino.</strong></p>



<p><br><strong>Los océanos esconden una enorme biodiversidad y cada año se suman al catálogo de especies miles de descubrimientos. Sólo en 2011 se descubrieron casi 18.000 especies nuevas en todo el mundo: tiburones, tortugas, babosas de mar multicolores… Algunos de estos hallazgos tienen lugar de forma sorprendente, como el tiburón linterna (Etmopterus joungi) que se descubrió en un puesto de pescado de Taiwan. Hay muchos lugares en los que todavía queda mucho por explorar, como las Filipinas, donde hay más especies por kilómetro cuadrado que en todo el Mediterráneo.</strong></p>
</div>
</div>



<p>Cerca del litoral se producen las llamadas corrientes costeras de deriva, que varían según las costas y la profundidad de las aguas y que están muy implicadas en la formación del modelado costero: playas, estuarios…</p>



<p>Las mareas, junto con las corrientes y las olas en continuo choque con la costa, erosionan y transportan los materiales costeros y crean ecosistemas muy diferentes (marismas, playas, rasas mareales, dunas… ), en los que son decisivos también los ríos que desembocan en el mar en esa zona y el tipo de roca.</p>



<p><strong>5 EL AGUA DEL MAR EN SUPERFICIE</strong></p>



<p>La característica que mejor se conoce del océano es la distribución de la temperatura superficial del mar, porque puede medirse desde el espacio, así como con métodos sencillos que pueden ser realizados en los barcos mercantes. En el océano abierto la temperatura va desde valores de 30 °C cerca del ecuador, hasta -2 °C cerca del hielo de las<br>altas latitudes.</p>



<p>Otra de las características del agua del mar es la salinidad, más difícil de medir, que es baja en latitudes altas (frías) y altas en el trópico. El máximo está en torno a los 25º latitud N y 25º de latitud S con un mínimo ecuatorial en medio. Esto se debe a las diferencias entre la evaporación y la precipitación: la máxima salinidad se da en zonas de escasas precipitaciones y anticiclones subtropicales (zonas de desiertos). Tanto la temperatura como la salinidad están distribuidas por zonas que siguen, aproximadamente, los contornos de los continentes, y van variando de este a oeste. Cerca de las costas la distribución no es tan uniforme, porque se ven afectadas por las corrientes oceánicas y el fenómeno de la emergencia (las llamadas regiones de emergencia se encuentran cerca de las fronteras orientales de los océanos, donde los vientos que soplan a lo largo de la costa pueden producir una corriente media superficial que se aleja de la tierra). Las agua más profundas del océano (desde unos 500 m) suben para reemplazar el déficit, haciendo descender la temperatura. Estas zonas suelen ser muy ricas en nutrientes y sales, y por tanto muy ricas en pesca.</p>



<p><strong>6 EL AGUA DEL FONDO SUBMARINO</strong></p>



<p>En profundidad, es más difícil analizar las características del agua, pero los científicos conocen bien la temperatura, salinidad y oxígeno, aunque tienen información más incompleta sobre otros valores. Lo que se conoce mejor es la estructura de temperaturas, que siguen el mismo patrón que en superficie (de -2 °C a 30 °C, justo el rango de temperaturas en las que los seres humanos podemos vivir), pero hay mucha más agua fría que caliente, siendo la temperatura media de 3,5 °C. El agua por encima de los 5 °C está confinada a una capa poco profunda, y entre los 50° latitud N y los 50° latitud S.</p>



<p>Aparte de los cambios superficiales estacionarios o diarios, se puede afirmar que hay una capa de agua casi isoterma cerca de la superficie, separada por otra capa con cambios bruscos de temperatura (la termoclina principal) y de una última capa gruesa que se extiende hasta el fondo marino. Al norte y al sur de la latitud 50° la temperatura varía poco con la profundidad. En las latitudes medias la temperatura superficial crece y la profundidad de la termoclina principal es máxima, aproximadamente de 1 km. A latitudes bajas, la temperatura de superficie es alta y la termoclina asciende (unos 100 m) con un cambio rápido de la temperatura con la profundidad. Esta estructura es explicable parcialmente en términos de las propiedades físicas del agua de mar: en general, cuanto más fría sea el agua será más pesada; así, es de esperar que el agua más densa descenderá para llenar las cuencas más profundas del océano.<br>En regiones polares, durante el invierno el agua más fría se encuentra en la superficie; después de que su calor se haya radiado en la larga noche polar, desciende y enfría el océano profundo, incluso bajo los trópicos y el ecuador. El cómo y el porqué exactos de estos procesos se sigue investigando. La salinidad, como la temperatura, afecta a la densidad, en especial en las bajas temperaturas polares. Las regiones principales de descenso de las aguas parecen tener una extensión limitada, confinadas al mar de Weddell, en el sector Atlántico del océano Antártico, y a los mares de Groenlandia y Noruega en el norte del océano Atlántico.</p>



<p>La estructura salina del océano es más compleja que la térmica. En general, el agua más densa, con menor temperatura, se encuentra en el fondo. La salinidad afecta menos a la densidad y, por tanto, puede ser más variable con la profundidad. Los procesos que afectan a la salinidad (la lluvia que diluye el agua y la evaporación que la concentra) se producen en la superficie y forman masas de agua con combinaciones particulares de salinidad y de temperatura.</p>



<p><strong>7 LA BIODIVERSIDAD OCEÁNICA</strong></p>



<p>Bajo su aparente uniformidad, los océanos ofrecen una gran diversidad de hábitats. A pesar de que no hay fronteras bien definidas bajo el agua, si que hay diferentes paisajes más o menos relacionados entre sí. La cantidad de nutrientes, la exposición a las corrientes, el tipo de sedimentos del fondo, la intensidad de la luz, la temperatura, la presencia de hielo, la profundidad o el nivel de oxígeno, son algunos de los factores que estructuran el paisaje marino.</p>



<p>Las zonas costeras, de menor profundidad y beneficiadas por nutrientes procedentes de la tierra, son las zonas más ricas de nuestros océanos: el 80% de las especies marinas vive cerca de dichos sedimentos marinos. Se llaman hotpots o puntos calientes de biodiversidad a las regiones del globo que albergan la mayor diversidad. En los océanos se han localizado diez hotspots, y entre ellos se encuentran el Caribe, el golfo de Guinea, el Mar Rojo, el norte del océano Índico y el sur de Japón. Estas regiones contienen ecosistemas particularmente productivos y ricos, como los arrecifes de coral, herbarios, manglares, fuentes hidrotermales o montes submarinos.</p>



<p>Los océanos contienen una variedad inimaginable de organismos, muchos de ellos todavía desconocidos.. Al ritmo actual, se necesitarían entre 250 y 1000 años para catalogar todas las especies animales del océano. Estos organismos han sido fuente de moléculas y genes de interés biotecnológico con aplicaciones en medicina, cosmética, nutrición e incluso producción de fuel.</p>



<p>La mayor parte de la diversidad de los océanos se halla entre los microorganismos, vitales en estos momentos por los esperanzadores avances de la biotecnología. Aunque son invisibles sin ayuda de un microscópicos, hay millones de ellos en un centímetro cúbico de agua de mar, y su potencial genético es tremendo.</p>



<p>El océano puede proporcionarnos un suministro de agua inagotable, nuevas fuentes de energía (mareas, oleaje, energía térmica, biocombustible…) y una capacidad de producir alimentos capaz de resolver el desafío de dar calidad de vida a los habitantes del planeta. Pero frente a esto, se enfrenta a graves peligros de sobreexplotación, pérdida de la biodiversidad y contaminación.</p>



<p><strong> 8 LA PALEOCEANOGRAFIA</strong></p>



<p>Es la ciencia que estudia la formación de los océanos, y para ello recurren a otras ciencias y en particular a la astronomía. Según los últimos estudios, los astrónomos han encontrado agua en un cometa cuyo compuesto químico es similar al del agua en la Tierra. El descubrimiento apoya las teorías de que los cometas ricos en agua ayudaron a llenar los océanos. Los modelos creados para simular la formación de los planetas indican que, en sus inicios, la Tierra era demasiado caliente para mantener agua líquida en la superficie. Los científicos especularon con la posibilidad de que el agua de la superficie terrestre provenía de cometas que habían colisionado con la Tierra una vez se hubo enfriado.</p>



<p><strong>9 EL FUTURO DE LOS OCÉANOS</strong></p>



<p>Pero más que el pasado, nos preocupa el futuro de los océanos. Es un hecho incuestionable: nuestros océanos están en peligro y solo nos acordamos de ello cuando aparecen en los medios de comunicación reportajes que nos alertan sobre la falta de oxígeno, el cambio climático, la disminución de los corales, la mala gestión de los recursos naturales, los residuos plásticos….</p>



<p>Sobre la pérdida de biodiversidad, el zoólogo y explorador oceanográfico francés Philippe Bouchet asegura que los océanos se enfrentan a los llamados “cuatro jinetes del Apocalipsis”: la división y la desaparición de los hábitats, las especies invasivas, las extracciones excesivas y el encadenamientos de extinciones.</p>



<p>Los peligros están por todas partes. Por ejemplo, en el Caribe, los arrecifes coralinos (el 9 % de los existentes) están en peligro y podrían desaparecer en veinte años. Desde 1970 han disminuído en más del 50%, debido a la enorme presión de las actividades humanas en la zona, además del calentamiento global, y la pérdida de determinadas especies que mantenían el equilibro.</p>



<p>Otro de los problemas más graves de los océanos es la llamada “sopa de plástico”. Recordemos: un bote de plástico tarda 450 años en degradarse y una simple bolsa entre 10 y 20 años. Existen acumulaciones gigantes de plástico en el océano abierto que están pasando a la cadena alimenticia marina y a los fondos marinos con el consiguiente riesgo. Se ha calculado que cada año se vierten a los océanos más de 6 millones y medio de desechos plásticos que necesitarán miles de años para ser destruidos. Al mismo tiempo conviene señalar que, según los datos aportados por la Expedición Malaspina 2010, no se han detectado las conocidas como isla de plástico, si bien se ha comprobado la existencia de cinco zonas de grandes acumulaciones de residuos plásticos en el océano abierto.</p>



<p>Tampoco hay que olvidar que más del 50% de la población mundial vive a menos de 100 kilómetros de las costas, y que en 2035 esta proporción alcanzará el 75% con la enorme presión sobre el medio que esto implicará. En cuanto a la reserva de pesca, la FAO ha alertado de que el 32% de la reserva de peces está sobreexplotada o agotada, y un 50% de la reserva total se encuentra explotada hasta el límite, habiéndose empeorado considerablemente la situación de los océanos en los últimos años.</p>



<p>Hace ya casi medio siglo que Jacques Cousteau sorprendió al mundo con su magnífico documental “El mundo del silencio” (1956) con el que ganó el primer Oscar a un documental sobre naturaleza. Desde entoces las cosas han cambiado mucho y ni siquiera imágenes tan bellas como las del documental Océanos de Jacque Perrin, pueden ocultar que nuestros océanos están enfermos y que si no ponemos remedio rápidamente, en pocas décadas el deterioro será total. Los numerosos centros de investigación especializados nos alertan con datos que debieran de concienciarnos de inmediato, como el nivel de acidez de las aguas, que ha subido alarmantemente sobre todo en mares cerrados y muy poblados como el Mediterráneo, y que continuará subiendo si continúa el aumento de las emisiones de CO2. O la amenaza que para los ecosistemas marinos tien n los efectos combinados del calentamiento y la acidificación. También hay peligros que subyacen en el mar, como la actividad volcánica subacuática que cambiará los ecositemas oceánicos, o los residuos de los fertilizantes agrícolas y los vertidos de aguas residuales que van en aumento día a día y que puede causar la muerte de muchos organismos marinos, especialmente los más sensibles, como son los crustáceos y algunos peces.</p>



<p>Pero no todo está perdido. Hay un movimiento de&nbsp; concienciación creciente frente a la situación que incluye a los gobiernos e incluso los pescadores. Conocemos algunas soluciones: aumento de las zonas protegidas (en la actualidad sólo el 1,4% de los océanos forma parte de un área marina protegida, frente a un 13% de la superficie emergente que está considerada parque natural), cuotas de pesca, áreas marinas protegidas, consumo y pesca sostenible o lucha contra la contaminación y contra el cambio climático. Todos, al menos en teoría, estamos cada vez más concienciados de que hay que salvar los océanos porque haciéndolo nos salvaremos nosotros mismos.</p>



<p><strong>Boletín 49</strong><br><em>Noviembre de 2014</em></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/comprender-los-oceanos/">9 claves para comprender los océanos</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>Tenemos que salvar los océanos</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/salvar-los-oceanos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Nov 2019 14:16:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 49]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Boletín 49Noviembre de 2014 Texto: Enric SalaFotos: National Geographic El oceanógrafo y explorer de la National Geographical Society, Enric Sala, nos cuenta cómo y por qué ha dedicado su vida [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/salvar-los-oceanos/">Tenemos que salvar los océanos</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Boletín 49</strong><br><em>Noviembre de 2014</em></p>



<p><strong>Texto: </strong>Enric Sala<br><strong>Fotos: </strong>National Geographic<br></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>El oceanógrafo y explorer de la National Geographical Society, <a href="https://sge.org/premios-sge/premios-2012/premio-investigacion-2012-enric-sala/">Enric Sala</a>, nos cuenta cómo y por qué ha dedicado su vida a proteger la vida marina y a salvar los océanos.</strong></p>



<p>En los años 70 yo era un niño que crecía en la costa mediterránea de España absolutamente fascinado por el mundo submarino que Jacques Cousteau nos mostraba en la televisión.</p>



<p>Sus intrépidos buceadores, mis héroes, nadaban entre ballenas y se deslizaban entre exuberantes arrecifes de coral en los que abundaban meros y tiburones. Yo soñaba con ser algún día buceador del Calypso, el famoso barco del comandante Cousteau, para explorar mares lejanos y hacer un sinfín de descubrimientos a lo largo de mis viajes.</p>
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</div>



<p>Ya entonces esos mares llenos de grandes especies que yo veía en la televisión eran un mundo totalmente distinto del Mediterráneo de mi infancia. Al bucear en la Costa Brava, todo lo que veía eran erizos de mar y piscardos más pequeños que mi máscara de buceo. Que el mar estuviera vacío era algo totalmente natural para mí.</p>



<p>Ahora nos remontamos 25 años atrás. Yo era profesor en la Scripps Institution of Oceanography en California (uno de los centros más antiguos e importantes del mundo dedicado a la investigación sobre la tierra y los océanos), y me dedicaba a estudiar el impacto del hombre sobre el océano: sobrepesca, contaminación y calentamiento global. Al haber nacido muy tarde para ganarme un sitio en el Calypso, la vida me llevó al mundo académico, donde seguí desarrollando mi pasión por explorar el océano. Sin embargo, el entusiasmo inicial por entender el mundo a través de la ciencia se convirtió en frustración al ver que los lugares que tanto amaba iban perdiendo vida año tras año.</p>



<p>Estaba escribiendo la esquela de los océanos cada vez con mayor precisión. Era algo no solo frustrante sino rayano en la depresión. Me sentía como un médico que le cuenta a su paciente cómo va a morir, exponiéndole hasta los más mínimos detalles pero sin prescribirle un tratamiento. Era demasiado. Decidí entonces dedicar el resto de mi vida a ayudar a los océanos a recuperar su antigua salud y riqueza. Pero ¿qué era un océano rico? ¿Quedaba algún océano sano?</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>Estas preguntas marcaron el comienzo de una larga serie de interrogantes que me planteé para encontrar las zonas vírgenes de los océanos que aún quedan y ayudar a protegerlas. En 2005, junto con un grupo de colegas biólogos marinos, organizamos una expedición a las Islas de la Línea, un archipiélago muy poco conocido de<br>islas de coral y atolones situado entre Hawai y el Ecuador. Del suelo oceánico surgen cinco islas de coral que son la cúspide de antiguos volcanes que cuentan con millones de años de antigüedad. Dos de esos atolones están deshabitados y no han sufrido el impacto del hombre. Allí vimos por vez primera qué es un océano sano. Todavía recuerdo mi primera inmersión en el Arrecife Kingman, cuando de las profundidades del mar surgió una docena de tiburones que nos rodeó y se acercó a curiosear en cuanto volvimos a sumergirnos. El fondo del arrecife era una exhuberancia de corales con delicados colores pastel, rebosantes de salud. Exactamente igual que los corales que Cousteau nos enseñaba por televisión. Todavía quedaban algunos lugares vírgenes en el mundo, en los rincones más remotos de los océanos.</p>



<p>Yo estaba decidido a encontrarlos y a trabajar con los colaboradores adecuados para estudiarlos, mostrárselos al mundo y servir de inspiración a los dirigentes de los países a los que pertenecen estos lugares en estado puro para que los protejan, convirtiéndolos en grandes reservas marinas, es decir en parques nacionales pero en el mar.</p>



<p>Este sueño acabó obsesionándome y fue el origen de mi proyecto Pristine Seas (mares limpios) (<a href="https://www.nationalgeographic.org/projects/pristine-seas/">pristineseas.org</a>)</p>



<p>En 2007 abandoné el mundo académico para dedicarme por entero a mi pasión.</p>



<p>En 2008 me uní a las filas de los National Geographic Explorers, y desde entonces he dedicado todos mis esfuerzos a proteger las zonas vírgenes que aún quedan en los océanos</p>



<p>Estamos a 6 febrero de 2009, me encuentro en la Casa Blanca, sentado a tres filas de distancia del presidente de Estados Unidos, George W. Bush. En ese momento el presidente firma la Declaración para crear el Monumento Nacional a las Islas Remotas del Pacífico, una inmensa reserva marina casi tan grande como el Reino Unido, que incluye el Arrecife de Kingman y el Atolón Palmyra, dos de los paraísos de coral que habíamos estado estudiando en 2005.</p>



<p>El texto de la Declaración del Presidente Bush ponía de relieve la naturaleza virgen de esos atolones de coral, y el hecho de que en esas zonas inexploradas los depredadores sean más grandes que las presas.</p>



<p>Nunca hubiéramos podido imaginar nada parecido si no hubiésemos emprendido la imposible tarea de organizar un viaje de investigación a atolones remotos, si no hubiéramos ignorado las recomendaciones de algunos colegas que nos decían que nunca íbamos a encontrar fondos para organizar tal expedición y si no hubiéramos sentido curiosidad por el mundo que nos rodea.</p>
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<p>Estos lugares vírgenes son el testimonio de lo único que aún no hemos destruido del mar. Son el testimonio de lo que antaño era natural, tan distinto de nuestros puntos de referencia actuales que solo conocen un océano degradado a causa de la sobrepesca, la contaminación y el calentamiento global. Estos últimos lugares vírgenes son absolutamente desconocidos para cualquier ser humano, excepto para las flotas pesqueras de larga distancia, que han empezado a fijarse en ellos porque ya han esquilmado casi todo los demás. Es preciso que los salvemos antes de que sea demasiado tarde, antes de que desaparezcan sin que nadie los haya visto.</p>



<p>Es posible proteger estos lugares ahora y preservarlos para siempre. Entre 2006 y 2009 Estados Unidos creó cuatro grandes monumentos nacionales marinos en las costas más salvajes del Pacífico; en 2011 Chile creó el Motu Motiro Hiva Marine Park, la reserva marina de “no pesca” más extensa del continente americano; Kiribati está a punto de alcanzar los 400.000 km2 de zona protegida en las Islas Fénix, y recientemente el Presidente Obama ha creado la mayor reserva existente en el mundo, más de un millón de km2 alrededor de las Islas Remotas del Pacífico pertenecientes a Estados Unidos.</p>



<p>Cuando buceo en lugares vírgenes se desvanecen todas las preocupaciones del mundo de los humanos. Allí abajo me doy cuenta de que no somos más que una pequeña parte de un gran sistema viviente, una biosfera que nos proporciona riqueza y salud. Al fin y al cabo, la biodiversidad de los océanos es nuestro único modelo posible para el futuro. Depende de nosotros decidir qué océano queremos para el mañana: uno con aguas cristalinas lleno de grandes especies o uno lleno de microbios y medusas.</p>



<p><strong>Boletín 49</strong><br><em>Noviembre de 2014</em></p>
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		<title>¿Arqueólogos o cazatesoros?</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/arqueologos-o-cazatesoros/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 12:09:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
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<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/arqueologos-o-cazatesoros/">¿Arqueólogos o cazatesoros?</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>El caso Odyssey, el más mediático y representativo, es la mejor muestra con que nos encontramos en la actualidad. La empresa cazatesoros norteamericana localizó en 2007, a poco más de 1.000 metros de profundidad, los restos de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes, hundida por una escuadra británica, en 1803, en la batalla de Santa María, frente a las costas de Cádiz. Se sabía, por las crónicas de la época, el lugar exacto donde había tenido lugar la batalla, y, por los manifiestos de embarque, la fastuosa carga que transportaba desde Montevideo con destino a la Hacienda Real española. Los expertos de Odyssey, sería injusto negarlo, invirtieron tiempo y dinero en la localización del navío, pero lo encontraron. Solo cometieron un pequeño error, mentir sobre la identidad del pecio, su ubicación, que afirmaban se encontraba fuera de las aguas jurisdiccionales de cualquier país, y la carga del mismo. Y es que en ningún caso había obtenido el permiso del Gobierno español para “rescatar” el tesoro perdido de la “Mercedes”.</p>
<p>El resultado es prácticamente sabido por todos: después de años de litigio en los tribunales, el pasado año el tesoro de la fragata llegó por fin a España. Entre otros elementos, cientos de miles de monedas de plata están expuestas en el Museo de Arqueología Subacuática de Cartagena (ARQUA) y el Museo Naval de Madrid, al tiempo que una exposición temporal relata la desgraciada historia de la fragata en el Museo Arqueológico de Madrid. Los bienes materiales se han recuperado, pero los restos, la historia, el testimonio, el contexto de un yacimiento arqueológico submarino, se han perdido para siempre.</p>
<p>Este es el auténtico problema al que se enfrentan los estados a la hora de defender su patrimonio arqueológico subacuático. Como bien denuncia Javier Noriega en su interesante artículo digital Tesoros y naufragios. Pecios españoles: la principal diana de los cazatesoros en el mundo”, los cazatesoros localizan los pecios antes que los arqueólogos, y su “burda actuación contamina para siempre el yacimiento arqueológico: Buques punteros en su momento, complejos sistemas de arquitectura naval que reflejaban lo mejor de la ingeniería, la intelectualidad y el I+d+i de un pasado histórico, quedan destruidos para siempre”. Los cazatesoros no van detrás del conocimiento ni la contextualización histórica. No ven el pecio como un conjunto arqueológico, como una historia, ni como un yacimiento que protege la ley. Tratan la mercancía de manera aislada porque tan solo les interesa el metal precioso de la carga.</p>
<p>Nuestro país supone un caso excepcional en materia de patrimonio arqueológico submarino. Como consecuencia del tráfico comercial con América y de los años de hegemonía en el mismo, miles de barcos que enarbolaban bandera de la Corona Española en el momento del naufragio, se hundieron diseminados en diferentes mares. Hasta principios del siglo XX, estos pecios estaban protegidos para la ciencia y para la humanidad por la propia inaccesibilidad de los lugares en los que se encontraban. Pero, en los últimos años, tecnología y conocimiento se han aliado a favor de los llamados cazatesoros, para muchos auténticos “ladrones de la historia”, que en cada uno de sus denominados “rescates”, se esfuerzan en la consecución de los bienes materiales como un puro objeto comercial, destruyendo uno tras otro los principios de la arqueología de documentación, la que permite ofrecer respuestas y la que proporciona el conocimiento de la época.</p>
<p>Son contadas las excavaciones arqueológicas sistemáticas que se han realizado en el mundo sobre los galeones españoles, hundidos tras violentas batallas o desgraciadas catástrofes naturales que sepultaban en el fondo marino vidas y mercancías, más valiosas con el paso del tiempo. Sin embargo, es fácil encontrar la destrucción sistemática de yacimientos arqueológicos por parte de estos “piratas del siglo XX” en los lugares más insospechados del mundo. La recompensa incentiva la inversión y por ello se organizan en lobbies y contratan a documentalistas para que revisen los archivos españoles en busca de manifiestos de embarque y asientos que hablen de “naufragios con oro y plata”. La base de operaciones de los míticos buscadores de tesoros norteamericanos no son las soleadas playas de Florida o República Dominicana, sino los archivos de Indias, Simancas o Viso del Marqués. De hecho, el Archivo de Indias, con sus más de 43.000 legajos, 80 millones de hojas, 8000 mapas y ocho kilómetros lineales de estanterías es la fuente más exhaustiva y completa de pecios españoles en ultramar. Desde él, presuntos investigadores llevan trabajando para el “mejor postor” desde hace cuarenta años.</p>
<p>Las actividades de los actuales cazatesoros comenzaron aproximadamente a mediados del siglo XX, en los cayos de Florida, donde algunos de los galeones sumergidos por los temporales eran visibles desde la misma superficie. Quizá haya que buscar a su máximo antecesor en Asa Tift, el mayor conocedor de la enorme cantidad de naves españolas hundidas en aguas de Florida y “el mayor rescatador” del siglo XIX. En la década de los 70, el recientemente fallecido Teddy Tucker, considerado como uno de los padres de los cazatesoros, se convirtió en el ejemplo vivo de ese “sueño americano” a costa del oro de los galeones españoles. “Si vivías en la Florida y tenías un equipo de buceo, explorando en tus vacaciones podías tener un golpe de suerte y hacerte simplemente millonario”, relata Javier Noriega. El oro y los galeones españoles se convirtieron también en el modus vivendi de Mel Fisher, cuya exitosa imagen inspiró la película Sueño de oro, la historia de Mel Fisher; o de Kip Wagner, con el que se repartía los pecios españoles y quien se hizo famoso por sus búsqueda en los llamados Bajíos de la Plata, en República Dominicana, o los pecios españoles de la Urca de Lima.</p>
<p>Pero el mito del galeón español traspasa el ámbito americano. Por poner un ejemplo, la nave Gerona, procedente de la histórica Armada Invencible, también fue objeto de historias de cazatesoros. Un temporal la hizo zozobrar, junto a otros navíos, en 1588. En 1967, y tras 6.000 horas de trabajo, Robert Stenuit consiguió extraer de su interior miles de monedas de oro, cruces de Malta, una joya de la Orden de Alcántara, candelabros y cadenas de oro. No hablamos de actuaciones clandestinas; Steneuit, como Fisher y Tucker, se refería con orgullo a sus descubrimientos en programas televisivos y entrevistas allá donde se le reclamaba, y todos ellos ostentaban un aura a medias entre el arqueólogo vocacional, el explorador, el buscador de tesoros y, para algunos, el profanador de tumbas.</p>
<p>El salto continental desde las cálidas aguas de Florida no ha sido casual. Cuando se agotaron los pecios localizados en aguas poco profundas, los cazatesoros se han desplazado a las zonas donde aún se encuentran, sin protección ninguna, muchos de estos pecios de las flotas de Indias. Y no olvidemos que uno de los principales “cementerios” de galeones repletos de oro y plata son, por supuesto, las costas españolas… exactamente, donde la Odissey encontró los restos de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes.</p>
<p>¿Y por qué sin protección? Si el patrimonio arqueológico ha tardado en gozar de figuras de protección, el patrimonio arqueológico sumergido, por su inaccesibilidad, el desconocimiento de la mayoría de sus enclaves y la dificultad de clarificar la propiedad del pecio (¿la bandera del barco o la del país donde reposa?), ha tardado mucho tiempo, quizá demasiado, en despertar la atención de los organismos administrativos. No sería hasta el año 2001 cuando la UNESCO promulgara una ley con objeto de defender cualquier rastro de existencia humana que tenga una carga cultural, histórica o arqueológica y haya estado bajo el agua durante 100 años. La ley aboga por poner en común los intereses de los países “propietarios” de los barcos, y los de los países que albergan los pecios mediante la cooperación científica, tratando de poner en manos de sus ciudadanos y del mundo entero lo que hasta el momento ha sido privativo de unos pocos, los que comerciaban con las espectaculares riquezas de los pecios en el mercado negro o los de quienes las incorporaban a sus colecciones privadas.</p>
<p>El caso Odyssey, ocurrido en el 2007, ha planteado un punto de inflexión en España.</p>
<p>La sentencia judicial obligó a la empresa cazatesoros a devolver al Estado Español las riquezas de la fragata Nuestra Señora de las Mercedes.</p>
<p>En esta ocasión, la documentación y los informes procedentes del Museo Naval de Madrid fueron claves en la batalla legal consiguiente, así como el precedente de la Juno, una fragata de 34 cañones que se hundió poco después de zarpar de Veracruz en el año 1802, y cuyos restos fueron expoliados por la empresa cazatesoros Sea Hunter, antes de que, en 2002, la Corte Federal de los Estados Unidos reconociera definitivamente los derechos legítimos de España sobre este navío. Quizá estas decisiones judiciales recientes, esta capacidad de influir en la recuperación de la Historia, con mayúsculas, sea lo que haya impulsado a la Armada Española a la creación de una base de datos para registrar todos los naufragios de los que tiene constancia en sus archivos navales, con el fin de realizar futuras investigaciones sobre la búsqueda e identificación de pecios y como medida preventiva para proteger el patrimonio subacuático de la amenaza del expolio. El proyecto, un acuerdo de colaboración entre los ministerios de Defensa y Cultura, comenzó en 2011 y, hasta el último trimestre de 2012 había identificado un total de 1.580 naufragios, sufridos tanto por buques españoles en cualquier parte del mundo como los de otras nacionalidades hundidos en aguas jurisdiccionales españolas.</p>
<p>Como era de prever, el mayor número de pecios se concentra en las costas de la península Ibérica y del Caribe, consecuencia del intenso tráfico marítimo mantenido con América durante más de tres siglos. En aguas españolas se habría registrado poco más de la mitad de los naufragios, 50,7% del total. Le siguen en importancia América del Norte, América Central y el Caribe, En América del Sur se han documentado 80 naufragios, mientras que en las costas de Filipinas se concentran 50 naufragios y en el norte de África hay constancia de 21 hundimientos.</p>
<p>En el 85% de los mismos se conoce la fecha del naufragio, siendo los siglos de mayor siniestralidad, el XVIII y el XX.</p>
<p>La localización y la investigación continúan y, a partir de este momento, los datos están ahí, documentados. Esperemos que este esfuerzo colectivo sirva en realidad para aquellos que deseen aproximarse a estos pecios desde la investigación y el rigor científico, no con el objetivo de lucrarse, sino con el fin de permitir al gran público “bucear”, nunca mejor dicho, en una parte muy importante de nuestra Historia.</p>
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		<title>Buzos y búzanos. Héroes anónimos de la conquista de los mares.</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/buzos-y-buzanos-heroes-anonimos-de-la-conquista-de-los-mares/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 12:08:35 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 49]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los precursores El inicio de la vida humana en la tierra según las últimas y más punteras investigaciones tiene lugar en el mar. Así, la simbiosis hombre – mar no [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Los precursores</strong></p>
<p>El inicio de la vida humana en la tierra según las últimas y más punteras investigaciones tiene lugar en el mar. Así, la simbiosis hombre – mar no puede ser más remota. Sin duda muy pronto el hombre intentó penetrar en el proceloso mar que le diera la vida, aun no pudiendo respirar en él, y guiado por su curiosidad y necesidad de alimento se sumergió en apnea cuanto le permitió su aliento.</p>
<p>Muy pronto sus inmersiones ampliarían su objetivo más allá de la búsqueda de alimento, y así tenemos noticias muy remotas de actividades como la pesca de esponjas, coral y perlas. Está documentado que hace más de 4.000 años tribus salvajes asentadas cerca del mar entregaron como tributo al emperador chino Yu un gran tesoro de perlas. Por su parte el historiador Plinio el Viejo nos dejó interesantes noticias de la función de los buzos en la guerra, que fue adquiriendo más y más relevancia en los combates navales. Noticias históricas avalan el protagonismo de estos héroes anónimos en el sitio de Siracusa (414 a JC) o en la guerra del Peloponeso (431- 404 a JC).</p>
<p>El primer historiador que da noticia de buzos rescatadores de tesoros sumergidos será Tito Livio, afirmando que en el reinado de Perseo (174-168 a JC) los buzos recuperaron de las profundidades del mar un fabuloso tesoro, lo que llevó a los gobernantes de Rodas a proclamar la que sería la primera ley de hallazgos y recuperaciones submarinas. Desde entonces la historia de esta gran aventura humana no deja de asombrarnos: conseguir alimentos, pescar perlas, esponjas o coral, combatir en la mar o recuperar tesoros sumergidos han sido y siguen siendo sus principales objetivos.</p>
<p>Hoy, con el desarrollo de tecnologías punteras, el hombre lleva a cabo muchas actividades que antes eran imposibles, tecnologías destinadas a la extracción de recursos energéticos, a tender bajo el océano infraestructuras para la comunicación o a explorar las grandes profundidades.</p>
<p>Los océanos, con 361 millones de km2 de extensión, casi el 71 % del total del planeta tierra, acoge las primeras especies animales hace más de 640 millones de años, y los primeros fósiles conocidos con 3.500 millones de años son también organismos marinos. No es extraño que este inmenso elemento cause la fascinación del ser humano desde los tiempos más remotos y que el gran reto de la conquista de sus turbulentas y hostiles profundidades constituya hoy la última frontera de la aventura humana. De hecho, desafiando las leyes de la fisiología humana, el hombre ha sido capaz de hazañas increíbles sumergiéndose solo con la reserva de sus pulmones. Algunos coraleros y pescadores de perlas han logrado inmersiones que parecen imposibles incluso para los buzos actuales, equipados con mezclas especiales de gases en función de la profundidad.</p>
<p>Pero lo habitual era, en épocas históricas, que estos “búzanos” (quienes se sumergían sin escafandra ni artilugio alguno), equipados tan solo con un lastre para caer más rápido y el aire de sus pulmones, no pudiera alcanzar cotas superiores a los 20 o 24 metros de profundidad y permanecer bajo las aguas apenas unos pocos segundos.</p>
<p>No quiero dejar de mencionar aquí que esta peligrosa actividad reservada a los hombres en todas las épocas y latitudes tuvo una excepción en Japón, donde desde tiempos remotísimos la pesca de perlas la ejercían las mujeres, buceando con arrojo a grandes profundidades, incluso las embarazadas, que realizaban esta peligrosísima actividad hasta horas antes de dar a luz.</p>
<p>La historia humana bajo las aguas es fascinante y heroica, y abarca miles de años, pero yo quiero abordar ahora una parte de esa historia que tiene mucho que ver con las exploraciones marítimas y con el conocimiento del mundo en los siglos XVI y XVII. El intenso tráfico marítimo entre España y América en el siglo XVI propició importantes inventos submarinos para recuperar la plata u otros objetos de valor de los galeones hundidos, escribiendo un capítulo interesantísimo y poco conocido de la historia de las navegaciones a Indias, y en general de la historia de la conquista de los mares. Los frecuentes  hundimientos y las cargas muchas veces valiosas que desaparecían con ellos hicieron que la Corona española, a través de la Casa de la Contratación, promocionara aquellos inventos que pudieran ser útiles para aumentar la seguridad de las navegaciones, lo que supuso un importante avance en la construcción naval y en las ciencias de la navegación desde épocas muy tempranas. Por otra parte las técnicas de recuperación submarina de los galeones hundidos o las reparaciones de los buques en la mar, bajo la línea de flotación, hicieron cada vez más imprescindible la presencia del buzo o “búzano” a bordo. Al mismo tiempo, la necesidad de la Corona y de los particulares de recuperar cargamentos valiosos hundidos impulsó la creación de auténticos “equipos” de recuperación submarina, que utilizaron en su arriesgada actividad toda clase de ingenios. Se conocen muchos de ellos, custodiados hoy en nuestros archivos. Muchos de estos ingenios desarrollados a lo largo de los siglos XVI, XVII y XVIII permitieron el trabajo del hombre bajo el mar cada vez a mayor profundidad, durante más tiempo y en mejores condiciones de seguridad. Desde 1539 se tiene noticia documentada de tales artilugios, como el de Blasco de Garay, quien ofreció al emperador Carlos V un “Ingenio para que cualquier hombre pueda estar debajo del agua todo el tiempo que quisiera, tan descansadamente como encima”. El documento de este curioso y temprano invento se conserva en el Archivo General de Simancas. A pesar de su aspecto rudimentario, estos artificios proporcionaron a sus autores éxitos espectaculares, en una época en la que el mundo submarino estaba todavía prácticamente vedado al hombre.</p>
<p>Para recuperar las valiosas cargas hundidas, la Corona desarrolla una compleja regulación jurídica, mediante “contratos” con asentistas privados , aplicando complejas proporciones y tantos por ciento según las condiciones de dificultad, profundidad etc. El historiador Serrano Mangas ha estudiado la evolución de los porcentajes del “Asiento” a lo largo del siglo XVII y es muy llamativo cómo la Corona va perdiendo porcentaje en estos rescates. Como ejemplo, los siguientes datos recogidos por este estudioso: en 1604 la Corona se asignaba el 66,66% de lo rescatado, concediendo al asentista el 33,33 %; mientras en 1690 la Corona percibía tan solo el 30%, cediendo al asentista el 70 %.</p>
<p>Cuando se producía la pérdida de un buque la administración ponía en marcha una serie de medidas que podemos resumir en cuatro:</p>
<ul>
<li>Rescate fiscalizado del pecio, mediante la fórmula contractual del “Asiento”, para rescatar los caudales, mercancías valiosas y artillería.</li>
</ul>
<ul>
<li>Apertura de un expediente o “causa” por parte del Tribunal del Consulado o de las Audiencias que pudieran tener jurisdicción en cada caso, seguido de un proceso judicial para poder determinar las posibles responsabilidades del naufragio.</li>
</ul>
<ul>
<li>Cómputo y prorrateo del posible rescate.</li>
</ul>
<ul>
<li>Reparto proporcional entre los afectados en dicho rescate.</li>
</ul>
<p>El procedimiento a seguir estaba claramente establecido y legislado, pero es evidente que su aplicación, en la práctica, tropezó con serias dificultades. En las Ordenanzas de 1556, articulo 22, se establecen las medidas relacionadas con la pérdida de buques y el establecimiento de” registros”, tanto de ida como de vuelta, que permitieran cuantificar las pérdidas en caso de hundimiento.</p>
<p>Hombres y equipos para la recuperación de los galeones hundidos serán los protagonistas de esta epopeya apasionante. Buceadora yo misma desde hace más de treinta años, he estudiado con pasión y asombro la documentación que ha llegado hasta nosotros de esta aventura al límite de lo imposible, convertido en uno más de los “riesgos necesarios “ de la gran expansión marítima moderna. Urinatores , búzanos, somormujos , buzos o escafandristas, se denominan, según la época, estos héroes anónimos protagonistas de la historia submarina del hombre.</p>
<p>La recuperación submarina en la Carrera de Indias. A pesar de ser vital la acción de los buzos en esta primera fase de las navegaciones a América, hasta 1605, en una Disposición de Felipe III dada en Valladolid, no encontramos mención expresa escrita, de su útil y a veces indispensable función. En esta Disposición El rey dice: “Mandamos que en la Capitana y en cada flota vaya un buzo y otro en la Almiranta, porque son muy necesarios en la navegación para casos fortuitos y accidentes de mar”.</p>
<p>La importante obra de Tomé Cano “Arte para fabricar y aparejar naos”, editada en Sevilla en 1611, se ocupa en varios puntos de la figura del buzo y, pese a su baja remuneración (ocho escudos), Cano lo sitúa ya entre los oficios más importantes de a bordo: “El buzo es de mucha importancia en una nao, pues mediante su resuello va abajo y recorre por debajo del agua todo el galeón y busca por donde la hace (el agua) y con que repararla; lo que suele hacer y muchos navíos se salvan”. Él mismo señala ya la importancia de este oficio para reparar los daños del casco del buque causados en combate. Es asimismo muy curiosa la descripción que nos hace del oficio de buzo y sus herramientas:”Es forzoso que sea marinero y que sepa nadar. Sus herramientas son un cuchillo jifero, una macetilla pequeña de madera de pino de cinco libras, poco más o menos, con un cabo corto con que calafatea las costuras y clava estoperoles en las planchas de plomo (…) en las ocasiones de pelea ha de estar debajo de cubierta ayudando a tapar balazos que diere el enemigo: ha de ir por fuera a taparlos todos calafateándolos y echando planchas de plomo con sus estoperoles”.</p>
<p>Pero a medida que la necesidad de buzos era más imperiosa, lo fue también encontrar sistemas para que pudieran estar más tiempo bajo el agua. Desde mediados del siglo XVI se extendieron privilegios para incentivar la invención de equipos de buceo con destino a América. Los inventos se tramitaban a través del Consejo de Indias, donde “Juntas de expertos” dictaminaban sobre la viabilidad y utilidad del invento propuesto, otorgando, si era oportuna, la correspondiente patente al inventor o propietario del ingenio, así como exclusivas para su uso un determinado tiempo. Casi siempre estos privilegios se concedían a cambio de un tanto por ciento de lo extraído del mar, generalmente oro, plata, perlas o cualquier otro objeto valioso.</p>
<p>Entre 1556 y 1573 se van concediendo privilegios y exclusivas a diversos inventores de ingenios de recuperación submarina. Se conservan en el Archivo General de Indias varios de ellos, como los concedidos a Pedro de Herrera, Hernando y Cristóbal Maldonado o Francisco Soler, pero voy a destacar entre todos los documentos conservados tres de especial interés para la historia del buceo en España:</p>
<p>Documento relativo al siciliano José Bono y su campana de buceo ofertada a Felipe II. El expediente que abarca de 1582 a 1585 y el dibujo se conserva en el Archivo General de Indias. Memoria y dibujos de dos ingenios inventados por Jerónimo de Ayanz en 1603 para “sumergirse en el mar y sacar objetos de su fondo”. Es este un expediente muy interesante que incluye la descripción de lo que parece podría ser un pequeño “submarino”. El rey le concede privilegio para el uso de sus ingenios en América por 20 años. Este ingenio de Ayanz merece ser destacado, ya que parece ser el primer intento conocido de diseño de un equipo autónomo de buceo. También este valioso documento se conserva en el Archivo General de Indias. El tercero es el de Pedro de Ledesma, fechado en 1623, “Pesca de perlas y rescate de galeones”. Su interés y bellísimas imágenes merece que nos detengamos brevemente en su estudio. Este importante documento se conserva en el Archivo del Museo Naval de Madrid. Por ser especialmente atractivo y provechoso me detendré en él. Parece corresponder al año 1623, fecha en la que consta se utilizó con éxito alguno de los inventos descritos en dicho documento para la recuperación de la valiosísima carga de los galeones de la plata, hundidos en 1622 en los bajos de Matacumbé en los cayos de Florida. La responsable fue una gran tormenta causante de grandes pérdidas de vidas y haciendas, uno de los más importantes desastres conocidos de la Armada de la Guarda de Indias. Todas las láminas y textos del manuscrito aparecen firmados y rubricados por Pedro de Ledesma, posiblemente el mismo personaje que en esas fechas era Secretario del Consejo de Indias, primero con Felipe III y después con Felipe IV. Pero, a pesar de esta aparente evidencia de autoría, es posible que Pedro de Ledesma tan solo sancionara el documento con su firma, autorizando su uso. Aunque por otra parte bien podrían ser suyos los inventos, ya que su cargo de Secretario del Consejo, ejercido hasta 1622, lo había familiarizado con todos los ingenios. Así parecen indicarlo las anotaciones de su mano en el margen de alguna de las láminas : “ experimentado “ o “ esta invención hice yo” .</p>
<p>El manuscrito tiene dos partes, una primera dedicada a la pesca de perlas, y una segunda titulada por su autor “Otro modo y segura invençión para que una o dos o más personas abaxen a el fondo del mar en parte donde aya diez y seis hasta veinte y cinco braças de agua y que esté tres y cuatro oras”. Esta última, la más extensa del manuscrito, nos acerca con sus bellas e ingenuas láminas a las magníficas peripecias del hombre en su empeño por conquistar las profundidades marinas.</p>
<p>Aunque todo el manuscrito es interesantísimo, quiero resaltar la descripción pormenorizada que aparece en la primera lámina en la que se describe el equipo de buceo propuesto por el autor, que se asemeja mucho al descrito por Diego Ufano en su famosa obra “Tratado de artillería militar”, editado en Bruselas en 1612, y es la primera representación impresa de uno de estos ingenios submarinos. Sin embargo, en nuestro manuscrito la campana de respiración cubre por completo el cuerpo del buzo a modo de traje completamente estanco, hecho con una especie de baqueta muy bien adobada para que no deje penetrar el agua. Es muy de destacar la nota que figura al pie de la lámina tres que dice “Esta invención hice yo el año de 1623 en los dos cayos de Matacumbé para buscar los planes de los dos galeones con la plata, la Margarita y el galeón de D. Pedro Pasquier, hallé el uno en tres braças”.</p>
<p>Se conserva también en el Museo Naval la crónica de este desastre marítimo, cuyas pérdidas fueron enormes. En el Archivo General de Indias se encuentra la narración de los rescates llevados a cabo en la época por el procedimiento descrito en nuestro manuscrito. En este documento se dice que la Corona recuperó trescientos cincuenta lingotes de plata, miles de monedas, cañones de bronce y muchos lingotes de plomo, a pesar de lo cual el cazatesoros norteamericano Mel Fisher logró extraer entre 1974 y 1985 más de cuatrocientos millones de dólares en metales preciosos y joyas del galeón Nuestra Señora de Atocha, uno de los buques siniestrados en el desastre de Matacumbé. Teniendo en cuenta los medios y la sofisticada tecnología utilizada por Fisher en los años ochenta, llama todavía más la atención lo logrado en 1623 con los rudimentarios procedimientos descritos en nuestro manuscrito.</p>
<p><strong>Colofón</strong></p>
<p>Así, frente a las modernas escafandras y trajes estancos utilizados por los buzos de Fisher, nuestros “búzanos” del siglo XVII utilizaron en sus inmersiones los pintorescos equipos descritos en las láminas de este bello manuscrito. Atuendo a todas luces insuficiente y peligroso incluso a poca profundidad.</p>
<p>Es evidente que estos pioneros de la inmersión debieron sufrir gravísimos percances durante su actividad, y que la propia naturaleza provocaría una rápida y drástica selección de aquellos hombres no adaptados naturalmente para sobrevivir a las inmersiones en estas precarias condiciones. Aún hoy es un misterio para los científicos la natural adaptación a la inmersión profunda en apnea de muchos veteranos coraleros, que han sobrevivido, aunque con graves lesiones funcionales, a inmersiones consideradas peligrosas incluso hoy día con los adelantos logrados.</p>
<p>Este precioso documento de Pedro de Ledesma es otra evidencia de la voluntad del ser humano para vencer los elementos que le son adversos. Hoy, con una tecnología mucho más sofisticada que antaño, el hombre busca en el océano su supervivencia para un futuro ya inmediato. Y este viejo manuscrito del siglo XVII es sin duda un bello eslabón en esa remota obsesión por penetrar en los atractivos y misteriosos mares.</p>
<p>Si pensamos que el hombre puede trabajar y habitar hoy de forma continuada hasta los 500 metros en las profundidades marinas, aun en habitáculos especiales, y que es capaz, con ingenios teledirigidos, de explorar y explotar los recursos de los océanos hasta más de 10.000 metros de profundidad, estaremos en situación de valorar el avance humano en el apasionante reto por alcanzar las grandes profundidades marinas. Sin embargo, a pesar de los espectaculares avances tecnológicos, parece todavía lejano el momento de la total adaptación del hombre a las grandes profundidades. Pues mientras ha alcanzado la luna y se mueve fácilmente en su ambiente ingrávido, todavía es incapaz de sobrevivir a las altísimas presiones que ha de soportar en inmersión a partir de determinadas profundidades.</p>
<p>El reto sigue en pie y el empeño del hombre por triunfar en ese reto es hoy, más que nunca, vital para la raza humana. Empobrecidos y degradados los recursos terrestres, solo los mares, con sus riquísimas posibilidades alimenticias y energéticas, ofrecen a la humanidad soluciones de futuro. Así, estos valerosos “búzanos” de siglos pasados que lograron alcanzar con riesgo de sus vidas las “veinticinco brazas” de profundidad, dan la mano a sus sucesores, los intrépidos buzos modernos de alta profundidad que arriesgan igualmente sus vidas, intentando alcanzar cotas aún vedadas al hombre.</p>
<p>La aventura submarina tiene todavía lejanas y misteriosas fronteras.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/buzos-y-buzanos-heroes-anonimos-de-la-conquista-de-los-mares/">Buzos y búzanos. Héroes anónimos de la conquista de los mares.</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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