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	<title>Boletín 58 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletín 58 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Lola Montes, una vida apasionada</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Dec 2017 16:33:25 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 58]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Aventurera, cortesana y bailarina del siglo XlX, ni se llamaba Lola Montes ni era española, pero ha pasado a la historia por una vida llena de escándalos, amores, y viajes alrededor del mundo. Y por su relación con el rey Luis l de Baviera, quien abdicó por su amor. Además, esta intrépida mujer -cuyo verdadero nombre era Elizabeth Gilbert y había nacido en Irlanda &#8211; recorrió más de 127.000 kilómetros, pasó su niñez y parte de su juventud en la India colonial británica, y, haciéndose pasar por bailarina española, debutó en los teatros más importantes de Europa.</p>
<p>En 1850 probó fortuna en América, donde triunfó en los escenarios de Nueva York, y vivió como una intrépida pionera en el Lejano Oeste y en Australia en plena fiebre del oro. Cristina Morató, periodista, fotógrafa, escritora y socia fundadora de la SGE, nos descubre en su último libro, Divina Lola, la trayectoria de esta mujer extraordinaria. Reproducimos en estas páginas algunos fragmentos de esta palpitante biografía.</p>
<p>“Lola estaba a punto de emprender el viaje más peligroso de su vida. Había decidido tomar la ruta más corta para llegar a California desde Nueva Orleans atravesando el istmo de Panamá. Un camino infernal a través de la selva impenetrable, a pie, en trenes de vía estrecha y caminos de mulas. Madame Montes, le deseo mucha suerte. Durante días sólo verá selva, fango y miles de insectos. El calor es sofocante y no existe el más mínimo confort”, le dijo el director del hotel Verandha cuando se despidió de ella.[…] Con una sonrisa, Lola le estrechó la mano y respondió: “Mi querido amigo, si le contara lo que esta dama habituada a las comodidades de la vida ha visto con sus propios ojos, seguramente no me creería.”</p>
<p>En la primavera de 1853 Lola se embarcaba en el vapor correo Philadelphia en dirección a la costa panameña. Le acompañaba su sirvienta Josephine, su perra Flora –regalo de un admirador neoyorquino- y su agente artístico Jonathan Henning.</p>
<p>Tras sus problemas con la justicia, había recuperado el buen humor y se mostraba encantadora con todo el mundo. La primera parte del trayecto fue un tranquilo viaje por las aguas cristalinas del Caribe. Delfines y ballenas siguieron la estela del barco para deleite de los trescientos pasajeros que iban a bordo. Una semana más tarde llegaron al bullicioso puerto de Colón que presentaba un aspecto deplorable de abandono y suciedad. Por aquí pasaban a diario miles de hombres de todas las nacionalidades sedientos de fortuna. Los viajeros del Philadelphia subieron al ferrocarril con sus pesados baúles, maletas y hatillos a la espalda.</p>
<p>Era el medio de transporte más fiable y seguro para alcanzar el puerto de Panamá en la costa del Pacífico, distante ochenta kilómetros. Desde allí partían los barcos a las costas de California llenos de aventureros y cargados de mercancías.[…] La humeante locomotora se puso en marcha avanzando lentamente por una vía estrecha que se adentraba en la exuberante vegetación. Sentada en su vagón, Lola contemplaba los precipicios de vértigo y las peligrosas curvas que iban quedando atrás.[…] Como aún no había finalizado la construcción del puente sobre el río Chagres, los pasajeros y su equipaje debían proseguir viaje en canoas aguas arriba hasta la aldea de Gorgona. Fornidos remeros negros eran los encargados de impulsar con pértigas estas largas y estrechas embarcaciones de madera.</p>
<p>Aunque era una travesía peligrosa porque había que sortear varios rápidos y fuertes corrientes, Lola sólo tenía una preocupación. Había oído que en estas latitudes eran frecuentes los asaltos a manos de bandidos. Temía que pudieran robarle sus valiosas joyas ocultas en el interior del forro de su bolsa de viaje. Le habían contado que la Compañía del Ferrocarril subvencionaba una milicia privada bien entrenada que se encargaba de linchar a los ladrones, pero sobre el terreno la seguridad no estaba garantizada. Aun así era preferible a la ruta por tierra desde Nueva Orleans hasta San Francisco, que cruzaba el inhóspito desierto del Colorado y donde los viajeros en territorio indio debían ir escoltados por soldados.</p>
<p>Lola y su pequeño séquito de porteadores nativos llegaron a Gorgona al anochecer. Era otro miserable pueblo de la selva con algunas chozas desperdigadas, tiendas de víveres y casuchas hechas con tablas. Su agente Henning intentó conseguir alojamiento en uno de los pocos hoteles que ofrecían refugio contra los mosquitos y las tormentas tropicales. El Hotel Nueva York, pese a su pomposo nombre, era una modesta construcción con paredes de madera pintadas en brillantes colores que ofrecía “limpieza, descanso y comida”. La propietaria era Mary Seacole, una intrépida mulata de origen jamaicano que junto a su hermano había montado dos hoteles en la ruta que cruzaba Panamá aprovechando la llegada masiva de buscadores de oro. […] Mary ya había oído hablar de la artista y desde el primer instante le disgustaron su porte altanero y sus exigencias. Le pareció una mujer problemática y se negó a darle hospedaje. […]</p>
<p>La artista no tuvo más remedio que dirigirse a otro hospedaje situado justo enfrente del Hotel Nueva York. Por lo general, cuando atracaba un barco en el puerto de Colón, el número de pasajeros que se quedaban en Gorgona siempre excedía la oferta de camas y muchos tenían que dormir al raso sobre una estera.</p>
<p>Lola, ajena a esta situación, se presentó ante el dueño como la condesa de Landsfeld y exigió una habitación para ella sola y un lecho para su mascota. Cuando el hombre le dijo que todas sus camas estaban alquiladas para esa noche y que no pensaba dejar en suelo a uno de sus huéspedes, Lola le respondió en tono amenazante: “Señor mío, no me importa dónde o cómo duermen los demás, pero le hago saber que mi perra ha dormido en palacios. Consiga un colchón para ella, y no me haga perder el tiempo, estoy muy cansada y nerviosa”. El hotelero, intimidado por el tono autoritario de la dama, accedió sin rechistar a sus demandas. Cuando a la mañana siguiente intentó cobrarle cinco dólares por la cama suplementaria de Flora, la bailarina le apuntó con su pistola y consiguió que le bajara la tarifa. Después, muy eufórica, se dirigió al bar e invitó a un trago a todos los clientes. El último tramo de la ruta panameña era la etapa más temida por los pasajeros del Philadelphia. Los siguientes cuarenta kilómetros se hacían a lomos de mulas ensilladas que avanzaban muy lentamente en medio de la enmarañada vegetación tropical. Era la estación de lluvias y el empinado sendero resultaba casi intransitable. Los animales cargados con los pesados baúles y provisiones marchaban a duras penas entre el barro y la maleza. Asaltados por los mosquitos, los viajeros intentaban hacer caso omiso a los murmullos procedentes de la espesura.</p>
<p>Abundaban los reptiles, los monos aulladores y los pumas muy temidos por los nativos. Finalmente llegaron al puerto de Panamá, un pueblo sin encanto en pleno crecimiento donde se abrían almacenes, restaurantes, bancos y se construían elegantes edificios públicos de ladrillo. […]</p>
<p>La condesa se alojó en el Hotel Cocoa Grove, con vistas a una playa de arena blanca y palmeras, alejado del centro. Durante unos días pudo descansar y olvidar los contratiempos del viaje. Allí también se hospedaban un grupo de caballeros que acababan de llegar de Nueva York. Algunos eran distinguidos políticos de la nueva administración del recién elegido presidente Franklin Pierce. Entre ellos había varios periodistas y Lola entabló conversación con el editor del San Francisco Whig and Commercial Advertiser. Se llamaba Patrick Purdy Hull, era un joven de 29 años robusto y campechano con el que congenió enseguida. Aunque no era atractivo y vestía de manera descuidada, tenía gran sentido del humor y animada conversación. La artista se alegró al saber que se encontraba en la lista de pasajeros que pronto zarparían como ella rumbo a San Francisco.</p>
<p>Tras haber sorteado todo tipo de peligros en canoas y a lomos de mula, el viaje a bordo del majestuoso vapor Northerner de la compañía Pacific Mail fue muy placentero. Aunque a la condesa su camarote no le pareció lo suficientemente confortable y se enfrascó en una pelea con el capitán para conseguir uno más amplio y fresco, se mostró muy cordial con la tripulación. El coronel Thomas Buchanan, que se encontraba entre los pasajeros, le escribió en una carta a su esposa: “La señora Lola Montes, es una mujer sin duda de carácter. La vi discutir con el capitán y le arrojó su bebida encima. Al parecer no estaba conforme con su cabina y quería una superior. Es una mujer rápida y, en conjunto, sorprendente. Descubrí que es muy culta, y está muy bien informada. Sin ser una belleza, es una mujer de una apariencia muy llamativa, y tiene un rostro que no puede olvidarse fácilmente”.</p>
<p>Su nuevo admirador, el periodista Patrick Hull, la mantuvo entretenida con sus historias de audaces pioneros y chistes picantes. Por fin había encontrado en América un hombre que le gustaba y la hacía reír.[…] Lola le desveló algunos detalles de su pasado. No dudó en contarle el éxito que había obtenido en toda Europa como bailarina española y en hablarle de su amistad con el rey de Baviera al que había cautivado “por su inteligencia y su don de gentes”. Le insinuó que su primer matrimonio había sido un error de juventud y se presentó como la viuda del señor Heald, su último marido, aunque no tenía constancia de que hubiera fallecido. Hull, fascinado por su seductora belleza y carácter desinhibido, la animó a que hiciera una gira por los pueblos mineros de Sacramento, Grass Valley , Nevada City, Marysville…El periodista conocía bien la dura vida de aquellos buscadores de oro que se gastaban el dinero en bebida y diversión, sus únicos alicientes. Estaba convencido de que Lola podría triunfar en aquel lejano y aún salvaje Oeste americano. En la madrugada del 21 de mayo de 1853, el Northerner surcaba las aguas del Golden Gate y fondeaba frente a la bahía de San Francisco. El día era despejado y Lola pudo contemplar la espléndida belleza de la extensa ensenada coronada por verdes colinas. Cuando puso el pie en tierra firme se vio rodeada de una multitud que abarrotaba el muelle. Toda aquella gente esperaba ansiosa la llegada del correo que transportaba el barco en sus bodegas. Un envío sin precedentes porque se trataba de 275 sacas con preciadas cartas y la expectación era muy grande. Entre el gentío fueron muchos los que reconocieron a Lola Montes. La artista respondió con amabilidad a las preguntas que le hicieron algunos periodistas locales que esperaban su llegada.[…] San Francisco le sorprendió porque imaginaba una ciudad más provinciana y salvaje. Nada quedaba del antiguo pueblo de Yerba Buena fundado en 1769 por una expedición española y que apenas contaba con quinientos habitantes. Cuando corrió la voz del oro, el diminuto villorrio se transformó en una pequeña ciudad donde se mezclaban todas las razas y credos. Un paraje sin ley de calles de tierra empinadas con algunos edificios de madera, barracones y tiendas de lona. Un lugar de tránsito para los buscadores de este preciado metal que cruzaban medio mundo en pos de la fortuna. Entonces no había acequias ni alcantarillas, y el cólera y la disentería frustraban los sueños de muchos hombres en plena juventud. La ciudad a la que Lola llegó aquella luminosa mañana de primavera ya no era aquel gigantesco campamento de hombres de paso, sino una vibrante y sofisticada localidad de cincuenta mil habitantes con edificios de ladrillo y piedra.</p>
<p>Se alojó como una gran artista en el mejor hotel de la ciudad. No había cerrado ningún contrato con antelación ya que la fecha de llegada de los barcos era imprevisible, pero los directores teatrales enseguida llamaron a su puerta. A los pocos días llegó a un acuerdo para actuar en el Teatro Americano, considerado el más elegante de California y que había sido renovado recientemente para acoger a tres mil espectadores. En esta ocasión ella misma tuvo que negociar su contrato con el gerente del local, Lewis Baker, porque su agente había dimitido nada más llegar. Durante la travesía se habían peleado por asuntos económicos y Lola apenas le prestó atención, dedicada como estaba en conquistar con sus encantos al simpático periodista americano. […] Apenas cinco días después de su llegada, Lola Montes debutó en el Teatro Americano con La escuela del escándalo, una comedia ambientada en el siglo XVlll que la compañía residente conocía bien y cuyo papel de lady Teazle era uno de sus favoritos y causó sensación. Las entradas se vendieron a 5 dólares, y en la reventa se abonaron hasta tres veces su precio, una cantidad muy por encima de lo que el público había pagado en Nueva York. […] Llevaba apenas dos semanas en San Francisco y ya era una celebridad. Había ganado mucho dinero &#8211; sólo en la noche de su estreno la taquilla recaudó 4.500 dólares – y se codeaba con lo más granado de la sociedad californiana. En una ciudad donde abundaban los teatros y la competencia era grande había conquistado al público con su fama de mujer temeraria y racial belleza. Desde su llegada y gracias al señor Hull, que se había convertido en su amigo y protector, la prensa seguía muy de cerca sus pasos. “Su vida ha sido una sucesión desenfrenada de excentricidades y escándalos. Sus amantes fueron reyes, príncipes, marajás, periodistas y aventureros, algunos incluso murieron por ella.”, se podía leer en uno de los folletos que el Teatro Americano distribuía como publicidad de su espectáculo. […] Las gentes de San Francisco estaban ansiosas por ver en los escenarios a la bella y sensual condesa de Lansdfeld, y no los decepcionó. Su Danza de la Araña causó furor, pero la reacción del público dejó a Lola muy confundida. Para su sorpresa, mientras intentaba sacudirse las arañas de su ropa al ritmo de una trepidante melodía, los hombres la gritaban : “¡Búscala más arriba, preciosa!”, “¡Por ahí, más abajo y que veamos tus hermosas piernas!”. La bailarina muy ofendida, detuvo el espectáculo y reprendió muy duramente, pero no consiguió que se callaran; por el contrario, el intercambio de réplicas continuó un buen rato hasta que Lola decidió proseguir su actuación. Alguien debía de haberla informado de que en California era habitual que la gente participara en los espectáculos y que los actores les seguían el juego sin darle la menor importancia.</p>
<p>Cuando en este mismo escenario se representaban obras de William Shakespeare, el público siempre intervenía. Si se sabían de memoria algunas frases de la obra, las repetían al mismo tiempo que el protagonista; silbaban, daban palmas y cantaban las canciones.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cristina Morató</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Ahmad Zaki. El viajero que lloró en la Alhambra</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Dec 2017 16:25:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 58]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XIX]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Zaki llegó a España formando parte de unamisión oficial, con 25 años y más entusiasmoque conocimientos. Quería visitar los lugaresque habían construido los árabes expulsadosde España cuatro siglos atrás. Se [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Zaki llegó a España formando parte de unamisión oficial, con 25 años y más entusiasmoque conocimientos. Quería visitar los lugaresque habían construido los árabes expulsadosde España cuatro siglos atrás. Se veíallamado a dejar constancia de su grandezay, ¿quién sabe?, quizá a recuperar valiososmanuscritos en manos de los cristianos. Sequedó tres meses, y por el camino se enamoróde aquella tierra que ya no era Al Andalus y tampoco era Europa, y ala que los suyos llamaban Isbaniya.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>CUANDO ORIENTE MIRA A OCCIDENTE</strong></p>
<p>La rihla, el relato árabe de los viajes de Occidente hacia Oriente funcionó desde aproximadamente el siglo XII. Los viajeros de El Magreb o Al Andalus que conseguían peregrinar a La Meca, volver, y además contarlo, se convertían en privilegiados cronistas de un mundo desconocido, rico en conflictos y con una sorprendente diversidad cultural, como lo hizo Ibn Battuta. Dos siglos después de la conquista de Al Andalus, el sentido de la rihla se invirtió. España, aquel país en la periferia de Europa, comenzó a recibir a ilustres viajeros árabes que hilvanaron un certero retrato de la sociedad española y cimentaron un incipiente nacionalismo panarabista en la idea del paraíso perdido de Al Andalus.</p>
<p>Ahmad Zaki, abogado, traductor y Alto representante de la administración egipcia, no fue el primer viajero árabe en pisar tierra española, pero quizá fuese el primer viajero árabe documentado que llegó, en cierto modo, a amarla, o, Al menos, a sentirse cómodo en un país que le resultó hostil y ajeno en un principio. También era el primer viajero árabe estrictamente oriental. Y el segundo –del que haya quedado constancia– cuya rihla no obedecía a motivos estrictamente diplomáticos ni políticos, sino puramente culturales y, podríamos decir, etnográficos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LOS PRIMEROS VIAJEROS MUSULMANES</strong></p>
<p>Durante la segunda mitad del siglo XIX, diferentes viajeros del vecino Marruecos recalaron en España, enviados en misiones diplomáticos por el sultanato. Ilustres visitantes musulmanes que dejaron, aunque fuera mínimamente por escrito, sus impresiones sobre la tierra en la que gobernaron durante 800 años. En 1861, Idris Al Amrawi visitó España en misión oficial, enviado por el monarca Muhammad IV. Apenas quince años después Ab Al Alsam Al Susi visitó la península y un miembro de su séquito, Ab Al Hasan Al Ribati se encargó de redactar una crónica sobre el viaje hispano, bajo el título de Rihla and Alusiyya, en 1878 se produciría una de las dos visitas del embajador Abd Al Karim Brisa – la última sería en 1895– y en el año 1885 <a href="https://es.wikipedia.org/wiki/Ahmad_Zaki_Pasha">Ahmad Al Kardadi</a> llegó a España, como integrante de unadelegación cuyo objetivo confesable era mantener una entrevista con el monarcaAlfonso XII, y cuyo posible objetivo real era evaluar las fuerzas militares españolesen caso de que estallara un conflicto armado entre ambos países; pues solo así seentienden las referencias concretas que proporcionaba el cronista sobre el númerode torres, fortificaciones o soldados de Tánger, Cádiz o Sevilla.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA RIHLA DE AL WARDANI</strong></p>
<p>En el año 1887, apenas dos años después de esta última visita cambia la tónica por primera vez. Ali Al Wardani, tunecino de origen y al servicio del sultán otomano Abdulhamit, ya no es un embajador, sino un intelectual con un objetivo cultural concreto: confeccionar un informe sobre manuscritos árabes depositados en bibliotecas españolas. Pese al ingente trabajo que realizaría Al Wardani, su trabajo no tuvo ninguna repercusión; no así su rihla, que sería el primer texto sobre el viaje de un árabe a España que podría ser leído por sus contemporáneos.</p>
<p>Cabe pensar que, motivado por continuar el atractivo trabajo de investigar los legados de la cultura árabe acumulando polvo en colecciones españolas, Ahmad Zaki apareció en la península a finales del siglo XIX, concretamente en el año 1892, cuando (era imposible que precisamente a él le pasara desapercibida la fecha) el país celebraba no solo el cuarto centenario de la conquista de América, sino la caída del último reino musulmán en la península, Granada, a manos de los Reyes Católicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN EGIPCIO EN LA ESPAÑA DECIMONÓNICA</strong></p>
<p>Ahmad Zaki había nacido en Alejandría, y en el momento de su partida ostentaba un alto cargo en la administración egipcia tomada por los británicos, al servicio del jedive Abbas Hilmi II. No es casual que, al igual que su predecesor Al Wardani, proviniera de Oriente. A finales del siglo XIX, el peso geográfico había pivotado, y la mayor vitalidad cultural se respiraba en El Cairo, Damasco, Beirut, Estambul o Jerusalén.</p>
<p>Zaki formaba parte de la delegación enviada por la administración egipcia al IX Congreso Internacional de Orientalistas que tuvo lugar en Londres ese año, pero en algún momento, al culminar su misión, y parece que motu proprio e invirtiendo su propio dinero, anuncia a su ministro de Instrucción Pública la intención de realizar un viaje por España y Portugal, “tan lleno de recuerdos para nosotros” como se apresura a indicar, con la esperanza de “dar cuenta de los vestigios de la magnífica civilización de los árabes, y, más particularmente, hacer investigaciones en bibliotecas públicas y privadas con la esperanza de descubrir allí algunos manuscritos árabes que faltan de nuestras bibliotecas egipcias”. La idea del viaje por España no pudo asaltarle de inmediato, pues el viajero egipcio ya advierte que en París había comenzado a estudiar “la gramática española para poder hablar con el pueblo y poder intercambiar mis ideas directamente con él”, loable intento que se convirtió en frustración nada más llegar a Irún, ante la imposibilidad real de comunicarse de una manera fluida.</p>
<p>El visitante fue recibido por la Academia Jurídico Literaria de Zaragoza y nombrado miembro honorífico, “uno de os días más felices de mi vida”, como contaría posteriormente, en presencia del arabista Julián Ribera, uno de los muchos y duraderos amigos que Zaki terminaría por hacer en España.</p>
<p>Y es que Ahmed Zaki venía con una ilusión desbordante por conocer nuestro país y con una inclinación optimista hacia el mismo, que en ocasiones se dio enteramente de bruces con la realidad. Durante el viaje, que se prolongó a lo largo de todo un trimestre, el egipcio trató de encontrar en España lo que le conectaba a su propio pasado, sin centrarse en el discurso del perdedor, del desheredado que articulaban otros viajeros árabes en cuanto pisaban Al Andalus. En ocasiones no fue fácil; las especiales relaciones del gobierno con Marruecos impregnaban el ambiente hasta tal punto que Zaki llegó a sentirse literalmente rechazado o atacado, pero ese primer momento en que, recién llegado y prácticamente desconocedor del idioma, se sintió especialmente vulnerable, pasó y comenzó a centrarse en unas similitudes – más bien emocionales – en las que no caen otros viajeros: “(,…) aspiré el perfume y el aroma de Al Andalus. Gozaba al ver la pureza de su cielo taraceado de estrellas rutilantes, como en mi país (…) Algo tan diferente (…) de Inglaterra y París…”</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>FASCINADO POR LA ALHAMBRA</strong></p>
<p>Pese a que el autor conoce el término Isbaniya, con el que los árabes suelen referirse a España, la utilización del término Al Andalus de forma expresa no se debe a una confusión, sino, -todo hace pensarlo– a una aproximación sentimental al paisaje que recorre. Cuando, enfermo de gripe, los médicos le envían al clima andaluz, más templado, a recuperarse, sí que llega, por fin al Al Andalus histórico.</p>
<p>Allí tiene la intención de visitar la indiscutible tríada de Sevilla, Córdoba y <a href="https://sge.org/publicaciones/numero-de-boletin/boletin-18/los-moriscos-espanoles/">Granada</a>. En la Alhambra tendrá ocasión de firmar en el libro de visitas. El texto, manuscrito en árabe, refleja la extraordinaria emoción que debió embargarle.</p>
<p>“¿Es cierto que esta es la Alhambra? ¿Es verdad que estoy en ella?” se pregunta como si estuviera dentro de un sueño “De Dios son estos palacios y estas mansiones.</p>
<p>Aquí están los restos que proclaman la excelsa grandeza de aquellos hombres”, advierte. La Alhambra ya había cautivado a otros viajeros sensibles, especialmente a los románticos, que recreaban, como hizo Irving, todo un universo de leyendas, espectros, doncellas cautivas y reyes moros atrapados en aquella fortaleza roja. Pero había una salvedad para Zaki, como la había para cualquier otro viajero árabe. Los azulejos, las arquerías, y las filigranas que europeos y norteamericanos veían en sus estancias no eran -como para ellos– sencillamente exóticas; eran parte de su propia cultura, de su pasado. Los mensajes de sus paredes hablaban un lenguaje que él sabía leer. Para él, la Alhambra no era un castillo encantado poblado de leyendas, era la obra cumbre de una civilización que alcanzó un momento de esplendor y que, en su crónica, pone como ejemplo para los jóvenes de su propio tiempo.</p>
<p>Probablemente fuese esa personalización del paraíso perdido en el país y sus gentes lo que provocó que el viajero egipcio tuviese una visión amable de los paisajes y las gentes que visitó. Fue recibido por la reina regente, Maria Cristina, para quien tiene rendidas palabras de admiración, y, durante sus frecuentes visitas a la Exposición Universal, refiere haber visto “los restos árabes que llevaban el corazón de orgullo y el alma de tristeza (…) y los cañones que, antes que ellos, habían inventado los granadinos, para combatir a sus enemigos…”</p>
<p>Ahmed Zaki no pasa por alto los restos de su cultura. Conoce perfectamente sus armas, su arquitectura, los restos de un idioma que aún impregna el castellano, pero no construye su relato de la sociedad española, desde el rencor, ni desde el mito del Al Andalus perdido, como símbolo de una grandeza destruida o un renacimiento por venir. Zaki es sentimental y práctico, y le puede más lo que le une a los habitantes de ese Al Andalus perdido, lo que tienen en común, que lo que les separa.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>IDENTIFICADO CON AL ANDALUS Y CON ESPAÑA</strong></p>
<p>“He visto en los españoles -advierte en sus escritos – la moral, la dignidad y lagenerosidad de los árabes. He encontrado en ellos lealtad, buen carácter, amor alextranjero (…)y declaro públicamente que su carácter es más amable y noble queel de todas las naciones que he recorrido en este largo viaje…”</p>
<p>Zaki fue uno de los pocos viajeros que se sintió verdaderamente a gusto entre los españoles que frecuentó, que se molestó en integrarse entre ellos, y que dejó de verlos como a los cristianos que habían vencido al rey Boabdil cuatro siglos atrás.</p>
<p>A su vuelta a Egipto, en febrero del año 1893, publicaría la primera edición de su libro Al safar ila-L-mu tamar (El viaje al Congreso), que además de su periplo por España, contiene referencias a Italia, Francia, Inglaterra y Portugal.</p>
<p>Después de ese primer viaje, Ahmad Zajki estuvo viajando por Europa siempre en misiones oficiales. Volvió un año después para el X Congreso de Orientalistas en Ginebra, y en el año 1900 para la Exposición Universal de París. Al contrario que los viajeros árabes que le precedieron, no señaló la inferioridad de España frente a sus vecinos europeos, no buscó rasgos generales que formaran una identidad de país, como esa mezcla de vehemencia y dejadez que Al Wardani achacaba a las corridas de toros y al continuo espectáculo de la violencia gratuita, o el retraso en el desarrollo derivado de una menor disponibilidad Al trabajo y a un exceso de fiestas religiosas. Tampoco destacó la ejemplaridad de aquella Al Andalus perdida frente a la mediocridad actual, como sí hicieron antes que él otros viajeros, que se precipitaron a hacer el recuento de habitantes en Toledo o Córdoba cuatro siglos antes y cuatro siglos después. Amhed Zaki supo combinar de forma magistral su actividad política con una fructífera actividad investigadora. Fue secretario General del Consejo de Ministros, cofundador de la Universidad Egipcia, inició la composición de un Larousse árabe, y desarrolló en artículos periodísticos la procedencia árabe de varios topónimos españoles. Su muerte, acaecida en 1934, le impidió llegar a ostentar un prestigioso puesto en la Academia Árabe de Egipto.</p>
<p>Su figura fue reconocida por diversas instituciones europeas, como la Royal Asiatic Society de Londres, la Societé Geographique de Lisboa, la Academia de la Historia de Madrid y la Real Academia Sociojurídica de Zaragoza. También, y quizá paradójicamente en un árabe y musulmán que se emocionaba al pensar en la pérdida de Granada, fue obsequiado por la reina regente María Cristina con un distintivo que nunca ostentó: el galardón de otra reina, que 400 años atrás había expulsado a los musulmanes de la península, nada más y nada menos que el lazo de Isabel la Católica.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Emma Lira</strong></p>
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		<title>Nuevas tecnologías, nuevas geografías</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/n/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 11 Dec 2017 15:59:37 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Nuestras ciudades y paisajes se dividen y organizan en función de regiones administrativas que raramente describen los comportamientos de las personas que los habitan. La creciente aparición de portales de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p><strong>Nuestras ciudades y paisajes se dividen y organizan en función de regiones administrativas que raramente describen los comportamientos de las personas que los habitan. La creciente aparición de portales de información geográfica por parte de las instituciones, así como la monetización de datos de algunas grandes empresas, junto con el desarrollo de nuevas tecnologías para obtener valor e inteligencia, han abierto las puertas para poder definir nuevas geografías.</strong></p>
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<p><strong>LEGADOS GEOGRÁFICOS</strong></p>
<p>España está organizada en dos ciudades autónomas y 17 comunidades autónomas, formadas a su vez por 50 provincias. Tenemos 324 comarcas y 8.124 municipios. Las grandes ciudades se subdividen en distritos y barrios. En el caso de Madrid se organiza en 21 distritos y 128 barrios, mientras que Barcelona presenta 10 y 73 respectivamente. Eso sin hablar de los más de 11 mil códigos postales, las casi 36 mil regiones censales y las más de 160 áreas de salud. Estas regiones se definieron en su día por razones históricas y racionales. Las provincias españolas, por ejemplo, se deben a una división territorial realizada en 1833 por Javier de Burgos, basada en el modelo de los departamentos franceses. Las provincias se definieron (y siguen definiéndose) según unos criterios de homogeneidad en extensión, población y “coherencia geográfica”. Estos criterios, junto con las geografías y fronteras que generan, pueden valer todavía para gobernar regiones y ciudades, pero no parecen muy adecuadas para describir comportamientos humanos.</p>
<p>¿Cuántas fronteras administrativas cruzamos en un solo día? Los ciudadanos vivimos ajenos a estas fronteras. Las cruzamos sin darnos cuenta al ir a trabajar o incluso, simplemente, para salir a comprar el pan. Otros límites sin embargo están empezando a definir cómo interactuamos dentro de las ciudades. Un ejemplo es el rango de aparcamiento de servicios de coches eléctricos, como car2Go o Emov, o los anclajes disponibles de los servicios públicos de bici. Barreras menos visibles pero igualmente importantes pueden ser el precio del alquiler, el valor del ticket medio de comercios en un determinado área, la accesibilidad para personas de movilidad reducida o la no admisión de mascotas. Estas fronteras son dinámicas y dependientes de los gustos, ingresos y necesidades de cada uno.</p>
<p>Los datos detrás de estas divisiones se obtienen a través de publicaciones en redes sociales, conexiones telefónicas o transferencias bancarias.</p>
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<p><strong>EL MAPA SOY YO</strong></p>
<p>Desde la llegada de Google Maps a nuestros dispositivos móviles, todos nos hemos convertido en protagonistas. Podría decirse que nos encontramos en un nuevo modelo usuario-céntrico. Pero no nos contentamos en que nos digan cómo ir de un sitio a otro o conocer dónde se encuentra la farmacia de guardia más cercana, queremos participar. Y eso es bueno. OpenStreetMap (OSM), el mapa colaborativo y de licencia abierta (<a href="http://www.osm.org">www.osm.org</a>), se beneficia de este altruismo cartográfico en el que miles de usuarios añaden edificios, calles o negocios en lugares tan cercanos como sus barrios o tan lejanos como áreas afectadas por desastres naturales o crisis silenciosas.</p>
<p>Senderistas, ciclistas y corredores también son una fuente constante de datos geográficos. No sólo suben las rutas realizadas, sino también sus tiempos, calorías gastadas y desniveles superados. Información temática, un valor añadido para cada punto en el mapa. Otra comunidad muy activa son los turistas que encontramos en nuestras ciudades. Las redes sociales son un continuo goteo de opiniones, comentarios y fotografías de lugares de interés.</p>
<p>La mayor parte de las compañías que trabajan en servicios basados en la localización (LBS), como Google Maps o Mapbox, recogen toda esta información y, con técnicas de agregación y anonimización, la usan y venden según su modelo de negocio. Esta monetización de los datos geográficos se está extendiendo también a otros sectores. LUCA, el nuevo departamento de Telefónica encargado de la ingeniería de datos, pone al servicio de empresas y administraciones su tecnología de Smart Steps, para conocer dónde y cómo se mueven sus usuarios de telefonía. El BBVA, a través de su centro de análisis de datos financieros (BBVA Data&amp;Analytics), está a la cabeza de la generación de inteligencia financiera, y ofertan estos servicios a grandes instituciones, así como a pequeñas empresas e individuos. “Idealista”, el portal inmobiliario, también se ha subido al carro de la monitización de datos geográficos, como el stock de viviendas, precio por metro cuadrado o indicadores de demanda.</p>
<p>Pero no solo las personas se encargan de subir datos geográficos a la nube. Durante 2017 unos 8 mil millones de dispositivos han subido datos de todo tipo y de forma autónoma. Y en 2020 se estima que habrá más de 20 mil millones. Las ciudades inteligentes o smart cities junto con el Internet de las cosas (IoT) son dos campos que crecerán de una manera exponencial, debido a la implantación de estos sensores en nuestras urbes, negocios, paisajes, hogares… Otro sector que parece despegar es el indoor mapping o posicionamiento en lugares cerrados.</p>
<p>Gracias al avance y combinación de muchas tecnologías diferentes como el GPS, los ultrasonido, la red WIFI o el Bluetooth, hoy en día podemos posicionar clientes y empleados en establecimientos. Geographica, una consultora andaluza, ha diseñado productos pioneros aprovechando estas nuevas tecnologías y su conocimiento geográfico. Una de estas aplicaciones es Urbo que, gracias a algoritmos de inteligencia artificial o machine learning, es capaz de inferir soluciones y proponer acciones para mejorar la gestión del tratamiento de residuos, calidad del aire o el tráfico. Tempo, por otro lado, es una aplicación que permite visualizar y detectar patrones de movimiento y compras dentro de un establecimiento.</p>
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<p><strong>UNIENDO LOS PUNTOS</strong></p>
<p>Muchas de las iniciativas anteriormente comentadas han empezado a crear nuevas geografías en función de análisis complejos que utilizan sus propios datos. El equipo de BBVA Data&amp;Analytics, por ejemplo, acaba de identificar una serie de entidades geográficas para las ciudades de Madrid, Barcelona y Ciudad de México a través del análisis de más de 413 millones de transferencias bancarias.</p>
<p>(<a href="https://www.bbvadata.com/urbandiscovery/">https://www.bbvadata.com/urbandiscovery/</a>).</p>
<p>Un primer análisis fue la formalización de comunidades concentrando celdas donde se habían realizado pagos consecutivos. Estas nuevas comunidades espaciales no encajaban completamente con los barrios y distritos tradicionales. El caso más sorprendente lo podemos encontrar en Barcelona, en la que dos zonas situadas en los extremos opuestos de la Avenida de la Diagonal comparten comunidad. Un trabajo de campo evidenció que eran transacciones de personas que vivían en una de las áreas y trabajaban en la otra. Estas similitudes pueden darse no solo entre zonas alejadas dentro de una misma ciudad, sino entre ciudades. Según el estudio, los barrios madrileños de Chueca y Malasaña tienen mayores similitudes con áreas definidas dentro del barrio barcelonés de Gràcia. Como el “postureo” no pudo ser medido, las variables que definieron estas comunidades fueron transacciones en restaurantes y tiendas de moda durante el fin de semana. ¿Se equivoca entonces la primera ley de la Geografía?</p>
<p>La caracterización de áreas realizada por BBVA Data&amp;Analytics en función de comportamientos dinámicos y basado en una ingente cantidad de información que algunos llaman Big Data, puede permitirnos inferir e incluso predecir patrones humanos de comportamiento. Este análisis tiene multitud de interpretaciones y aplicaciones, disminuir los riesgos a la hora de localizar un negocio, mejorar el buzoneo o campañas de marketing o predecir la gentrificación de zonas concretas en una ciudad. El equipo de LUCA sacó conclusiones similares estudiando datos de movilidad a nivel de provincia y municipio. En el primer caso, en lugar de 17 comunidades, el análisis devolvió siete, uniendo Aragón con Catalunya y separando las Castillas. Prácticamente todas presentaron una estructura radial en la que una provincia actuaba como nodo central absorbía la mayoría de los desplazamientos. Las mismas conclusiones se obtuvieron tras analizar la movilidad entre municipios, en las que se definieron grandes municipios centrales rodeados por un área de influencia.</p>
<p>Idealista, cuya aplicación web y móvil te permite buscar pisos y casas por barrios y distritos, también ofrece la edición de una geometría personalizada. Sus analistas, además, dividen el territorio en sus propias zonas en función de indicadores inmobiliarios propios. De la misma manera con laque un usuario de idealista puede acceder a los alquileres y pisos en venta de unadeterminada zona, el Data Observatory de <a href="https://sge.org/premios-sge/premio-iniciativa-empresa/2016-carto/">CARTO</a> permite extraer y enriquecergeometrías personalizadas con información sociodemográfica procedente de censosy, muy pronto también, datos de terceros como bancos, telefónicas y serviciosinmobiliarios. BUILDER, la nueva interfaz web para analizar y visualizar datosgeográficos, presenta ésta y otras tantas funcionalidades para acercar y democratizarla inteligencia de la localización a personas, instituciones y organizaciones.</p>
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<p>CARTO ha realizado el primer informe sobre el Estado de la Inteligencia de la Localización (<a href="https://carto.com/state-of-location-intelligence-2018/">https://carto.com/state-of-location-intelligence-2018/</a>). En él, la mayoría de las 200 organizaciones que fueron consultadas afirmó estar usando las unidades tradicionales, como estados y códigos postales. Pocas fueron las que utilizaron un nivel de detalle más granular. Pero lo más interesante fue comprobar que más de una cuarta parte de estas empresas e instituciones estaban empezando a aplicar geometrías personalizadas en su análisis. Esta cifra no puede más que aumentar. Los datos ligados a comportamientos de movilidad, compras y alquiler lo demuestran. Las ciudades seguirán teniendo barrios y distritos. Los países, regiones censales, postales y administrativas. Sin embargo, surgen nuevas geografías humanas, más sutiles y dinámicas, que se superponen a las tradicionales. Es hora de ponerlas en el mapa.</p>
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<p><strong>CARTO</strong></p>
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