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	<title>Boletín 59 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Svalbard. La vida a 1.100 km del Polo Norte</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Nov 2019 10:43:31 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 59]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Boletín 59Enero &#8211; Abril de 2018 Texto: Raúl Martín MorenoFotos: Enrique Serrano Vivir a poco más de mil kilómetros del Polo Norte Geográfico no es fácil, o tal vez ahora [&#8230;]</p>
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<p><strong>Boletín 59</strong><br><em>Enero &#8211; Abril de 2018</em></p>



<p><span style="color: #000000;"><strong>Texto:</strong> Raúl Martín Moreno</span><br><span style="color: #000000;"><strong>Fotos:</strong> Enrique Serrano</span></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>Vivir a poco más de mil kilómetros del Polo Norte Geográfico no es fácil, o tal vez ahora sí lo sea. Hubo un tiempo en que el Archipiélago de Svalbard era un territorio reservado para exploradores o mineros. Pero en la actualidad, la capital del archipiélago, Longyearbyen, cuenta con los mismos servicios y comodidades de cualquier pequeña ciudad occidental. Si bien las duras condiciones ambientales, fruto de su extrema localización geográfica, están presentes en el día a día de la población local. En el presente artículo se resume brevemente el pasado, presente y futuro de las Islas Svalbard, y se explica cómo es la vida en este singular lugar tan cercano a los noventa grados de latitud norte, y tan remoto del resto del mundo.</strong></p>
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<p><strong> ALGUNOS DATOS GEOGRÁFICOS</strong></p>



<p>El Archipiélago de Svalbard se encuentra en su mayor parte dentro del ámbito del Alto Ártico -por encima de los 75° N-, a una latitud similar a la del norte de Groenlandia, las islas glaciares más septentrionales de Canadá y los archipiélagos rusos de la Tierra de Francisco José, Severnaya Zemlya y Novaya Zemlya. La isla de Spitsbergen es la más grande de las ocho que conforman el archipiélago, siendo las otras Nordaustlandet, Edgeøya, Barentsøya, Kong Karls Land, Prins Karls Forlandet, Kvitøya y Bjørnøya. El área total del conjunto de islas es de 62.000 km2 (casi la misma que Irlanda), de los cuales más de 37.000 km2 corresponden a Spitsbergen. El paisaje de Svalbard está caracterizado por montañas, glaciares de diferentes tamaños (algunos de ellos con frentes que acaban espectacularmente en el mar) y tierras bajas tapizadas de tundra. Las temperaturas medias del mes más cálido están en torno a los 5 grados, y las medias del mes más frío oscilan entre los -13ºC y -20ºC, con extremos que descienden de -45ºC. Los vientos suelen ser constantes y muy intensos durante el invierno, y acentúan aún más, si cabe, la sensación de frío: con viento de 100 km/h y -45ºC, la sensación térmica es de -76ºC (en estas condiciones bastan minutos para que se produzcan congelaciones graves en la piel).</p>



<p><strong>UNA HISTORIA DE EXPLORADORES, NAVEGANTES Y BALLENEROS</strong></p>



<p>Pese a la remota localización geográfica, la Corriente Noruega –un ramal extremo de la del Golfo- facilitó el acceso de navegantes y exploradores por mares libres de hielo desde hace siglos. La isla principal del archipiélago fue descubierta, oficialmente, en 1596 por Willem Barents en su intento frustrado de llegar a China atajando por el Polo. Bautizó a dicha isla con el nombre de Spitzbergen, del neerlandés “Montañas Afiladas”, en referencia a las grandes montañas que vistas desde el mar parecen flotar sobre las aguas. Desde 1920 se utilizará el nombre de Svalbard, “Costa Fría” en noruego antiguo, para todo el archipiélago.</p>



<p>A lo largo del S. XVII visitan las islas numerosos marineros holandeses e ingleses (incluso vascos, contratados por sus destrezas como balleneros), lo que generó un conflicto de intereses sobre los derechos de explotación con el país que reclamaba su soberanía: el Reino de Dinamarca-Noruega. A finales del XVIII y principios del XIX los objetivos de los balleneros se mueven a otras regiones del Ártico más remotas y cada vez algo más accesible por el retroceso de los hielos y el paulatino ascenso de las temperaturas (coincidiendo con el final del periodo frío de la Pequeña Edad del Hielo). Paralelamente a la actividad ballenera, la caza atrajo a numerosas expediciones de diversas naciones europeas, que establecen sus campamentos en las regiones más accesibles de las islas. Desde finales del S. XIX hasta la década de los cuarenta, la caza vive en Svalbard su máximo apogeo, con más de 1.000 campamentos de invierno, cuyos restos aún se pueden encontrar en algunas zonas.</p>



<p>Tanto la vida del ballenero, como la del trampero, eran extremadamente duras y peligrosas. A lo largo de estos siglos las bajas se contaban por decenas. El frío, el aislamiento, la falta de alimento, el escorbuto y, en muchos casos, el envenenamiento por plomo, proveniente de las soldaduras de las latas de las conservas, fueron responsables de tragedias, como la de Svenskhuset, cuando diecisiete personas murieron en el invierno de 1872-73.</p>



<p>En 1920, aprovechando la coyuntura de la posguerra y el hecho de ser un país neutral, Noruega se hace con la soberanía sobre el territorio del archipiélago mediante el “Tratado de las Svalbard”. Por el cual, y pese a formar parte del joven Reino de Noruega, se otorga a las islas numerosas excepciones en lo que se refiere a autogobierno, migración, impuestos, explotación y conservación. Durante la II Guerra Mundial Svalbard no se considera de interés militar hasta que los alemanes invaden en 1941 la Unión Soviética. A partir de este año los nazis establecen en Spitsbergen, tras su ocupación, una pista de aterrizaje y numerosas estaciones meteorológicas, fundamentales para la navegación, tanto aérea como naval, en la región septentrional de Europa. Svalbard pasa a ser un lugar clave para el control estratégico sobre el Atlántico Norte y el Ártico. Tras la tensiones propias de la Guerra Fría, generadas por el ingreso de Noruega en la OTAN (lo que produjo un gran malestar en los soviéticos, que aún mantenían una gran presencia de población minera en las islas) llega un periodo de normalización, que culmina en 2002 con el “Acta de Protección Medioambiental de Svalbard”.<br><br><strong>DOS CIUDADES MUY DISTINTAS</strong></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>En Svalbard existen un total de veinticuatro asentamientos, aunque trece de ellos ya están abandonados, y del resto, la mayoría corresponden a bases científicas o pueblos dormitorios para los pocos mineros del carbón que quedan. Los dos principales son Longyearbyen y Barentsburg. En este último, aunque fundado en 1920 por mineros daneses , la población –menos de 500 habitantes- es desde 1932 únicamente rusa y ucraniana. Todavía conserva los edificios, monumentos y carteles propagandísticos de la era comunista. En franca decadencia, el abandono es evidente a poco que el viajero pasee por sus calles. Pocos lugares trasladan en el tiempo como Barentsburg. Cualquiera diría que la disolución de la Unión Soviética llegó aquí con décadas de retraso: Barentsburg parece estar demasiado lejos de todo, incluso de los acontecimientos históricos. Aún hoy su dependencia de la actual Rusia es tal que, en numerosas ocasiones, los suministros más básicos no llegan debido a lo riguroso del invierno, y sus habitantes se ven obligados a pedir ayuda a la cercana Longyearbyen.</p>



<p>Longyearbyen es la antítesis de Barentsburg. Es un pueblo moderno, dinámico y próspero, en su mayor parte gracias al auge del turismo. Con más de dos mil habitantes (curiosamente un número similar al de la población de osos polares en todo Svalbard) y numerosos servicios e instalaciones es, sin duda, el lugar habitado más accesible de ambos polos. Lo más común es llegar a Longyearbyen en avión. No existe ningún otro aeropuerto en el mundo tan al norte que reciba vuelos regulares. Y seguramente sea el único del mundo donde se permita pasear con un fusil al hombro, tan utilizado por la población para la protección de los osos. Si las condiciones meteorológicas lo permiten, llegan vuelos directos procedentes<br>de Tromsø y Oslo, del que lo separan más de dos mil km., prácticamente la misma distancia que hay entre Barcelona y la capital noruega. Aunque en invierno no es extraño que debido al viento se retrasen o cancelen las llegadas (el autor ha visto en una ocasión como el fuerte viento deslizaba sobre el hielo, literalmente, un coche que estaba estacionado en el aparcamiento del aeropuerto).</p>



<p>La ciudad de Longyearbyen se encuentra a poco más de 3 km del aeropuerto, en un recorrido a través de paisajes de tundra, minas abandonadas y un fiordo congelado varios meses al año. Una vez que se llega al centro de la población, sorprende la cantidad de comercios, cafés, restaurantes y hoteles, muchos de ellos de las mismas cadenas que se pueden encontrar en Noruega. Cualquiera diría que se está a apenas mil km del sueño del gran explorador Nansen. La estancia del turista transcurre con rapidez, con visitas a las tiendas, al museo, a los glaciares cercanos&nbsp; o con la contemplación de la aurora boreal, para aquellos que tienen la suerte de verla durante la noche polar. </p>
</div>
</div>



<p>Pero para la población que vive en Svalbard, el día a día es totalmente distinto. Los cientos de alumnos y decenas de profesores de la universidad de UNIS (University of Svalbard) acuden a diario al centro sin importar las condiciones meteorológicas. La residencia universitaria está a casi dos kilómetros del campus, lo que supone que en los peores días del invierno los estudiantes bajan en silencio bajo el frío, el viento, el hielo, la nieve y la casi absoluta oscuridad. Nunca falta ninguno a clase. Lo que en otras partes del mundo se consideraría una temeridad, aquí parece formar parte del curso académico. Una&nbsp; vez que se entra por la puerta, es preciso desprenderse de la pesada ropa y dejar las botas en las taquillas. La UNIS es, seguro, la única universidad del mundo donde un ilustre profesor invitado de Cambridge te puede dar una clase magistral en calcetines. Y el único centro educativo en el que la primera asignatura que se cursa al principio del semestre es sobre el manejo del rifle, la protección frente a los osos polares y la supervivencia en ambientes árticos.</p>



<p><br><strong>LA VIDA Y LA MUERTE EN SVALBARD</strong></p>



<p>La vida en Spitsbergen presenta peculiaridades posiblemente únicas en el resto del mundo. Para empezar, ningún niño es natural de las Svalbard. Nadie nace en estas islas (las mujeres dan a luz en la ciudad de Tromsø, no por ley, sino porque el hospital local no cuenta con el equipamiento suficiente en caso de complicaciones) y, aunque existen familias que han vivido varias generaciones en el archipiélago, lo normal es que la gente esté aquí solo por una temporada. Y nadie muere en ellas tampoco o, por lo menos, no se les entierra aquí (el suelo está permanente congelado (es el permafrost), lo que hace muy difícil cavar una tumba, siendo muy posible que el ataúd saliera a la superficie con el tiempo por la dinámica propia del hielo. La oscuridad puede ser a priori la circunstancia más difícil a la hora de vivir en Svalbard (a esta latitud la noche polar se extiende desde finales de octubre a principios de febrero). Durante estos tres meses la población de Longyearbyen se mantiene ocupada en sus quehaceres diarios. Se vive, como sucede en el resto de Noruega, puertas adentro, solo saliendo para ir a trabajar o visitar la cafetería, el cine o la piscina cubierta, muy usada por los locales de Longyearbyen. Las familias que pasan el año entero en Spitsbergen se enfrentan al problema de criar los niños en un medioambiente hostil y recóndito. Una de las primeras precauciones que se deben tener son los osos polares (cada año se ven varias docenas por las inmediaciones de la ciudad, así que representan un peligro real). La escuela local cuenta con varios fusiles y los maestros deben de ser capaces de saber utilizarlos, llegado el caso. De hecho, cualquier persona que se aleje de la ciudad debe ir siempre armada, por lo que no es raro ver pasear a gente por la calles o entrando en el supermercado con el fusil a la espalda. La segunda es el frío. El primer día de clase, pese a ser a finales de agosto, puede comenzar con temperaturas bajo cero y las montañas ya cubiertas de nieve. Con todo, los niños juegan en el patio exterior durante el resto del año gracias al buen abrigo que usan, incluso cuando la temperatura baja de unos -15ºC, en los días más fríos del invierno. Sin embargo, el mayor reto al que se enfrentan las familias en Longyearbyen es al hecho de que la inmensa mayoría de ellas solo permanecen aquí un máximo de dos o tres años, lo que hace que las relaciones y amistades entre los niños sean siempre pasajeras. La falta de continuidad del alumnado supone una dificultad añadida para los maestros a la hora de dar normalidad a los cursos que imparten.</p>



<p><br><br><strong>UN FUTURO MUY AMENAZADO</strong></p>



<p>Como el resto del planeta, Svalbard se enfrenta a numerosos desafíos ambientales y sociales. Las condiciones extremas, fruto de su localización tan septentrional, hacen que su vulnerabilidad sea aún mayor. Así, los efectos del calentamiento global están amplificados en la región ártica, mucho más que en las latitudes templadas. Svalbard parece mostrar una sensibilidad climática única: en los últimos 100 años la temperatura media ha subido seis grados centígrados, cuatro en las tres últimas décadas. Las consecuencias de este incremento térmico se hacen evidentes en la menor duración de la cobertera nival, el incremento de días de lluvia, la degradación del permafrost, el retroceso de los glaciares (en una investigación del autor -junto con colegas de la UAM y la Universidad de Oslo-, se estimó en más de un 13% la pérdida de superficie glaciar para todo el archipiélago en los últimos 100 años) y cambios en el hábitat de especies singulares como la morsa y el oso polar. El incremento del turismo en las últimas décadas supone también una importante amenaza en este ecosistema tan frágil. El número de pernoctaciones en hoteles ha pasado de cuarenta mil en 1997, a más de cientotreinta mil en 2015. La llegada masiva de cruceros también ha aumentado geométricamente: de quince mil pasajeros en 1997, a más de cuarenta mil en 2015. Esta gran afluencia –concentrada en Longyearbyen y sus alrededores-, supone una carga muy elevada para el delicado equilibrio de Spitsbergen: la demanda de energía, recursos, producción de desechos, contaminación, el tránsito continuo por zonas que antes quedaban inaccesibles y un largo etc., suponen impactos muy preocupantes para este ecosistema ártico.</p>



<p>No existe en el mundo un lugar como Svalbard que permita al viajero acercarse tanto al Polo Norte, y adentrarse de lleno en el mundo ártico de una forma tan accesible, cómoda y segura. Pero además, supone una oportunidad única para conocer de primera mano la vulnerabilidad del Ártico ante las amenazas que ya le acechan. Para que el visitante se conciencie y reflexione sobre la necesidad de seguir protegiendo, no solo este conjunto de islas, sino el resto del Ártico también. Seguramente uno de los territorios más bellos y salvajes del planeta, y el que a ciencia cierta más rápido está cambiando de todos.</p>



<p><strong>Boletín 59</strong><br><em>Enero &#8211; Abril de 2018</em></p>
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			</item>
		<item>
		<title>¿Qué nos dicen los glaciares?</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/glaciares-artico-eraso/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Nov 2019 09:54:43 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Boletín 59Enero &#8211; Abril de 2018 Texto: Adolfo Eraso y Mª del Carmen DomínguezFotos: GLACKMA Los autores de este artículo nos exponen cuál es la situación actual del calentamiento global [&#8230;]</p>
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<p><strong>Boletín 59</strong><br><em>Enero &#8211; Abril de 2018</em></p>



<p><strong>Texto:</strong> Adolfo Eraso y Mª del Carmen Domínguez<br><strong>Fotos:</strong> GLACKMA</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>Los autores de este artículo nos exponen cuál es la situación actual del calentamiento global de nuestro planeta. Lo hacen basándose en los análisis y estudios llevados a cabo en el hielo glaciar a través del proyecto GLACKMA. Un calentamiento que, desde hace aproximadamente siglo y medio, ha dejado de ser un efecto de la variación natural, para acelerarse, convertido en el resultado de la acción humana.</strong></p>



<p><strong>INFORMACIÓN CONTENIDA EN EL HIELO GLACIAR</strong></p>



<p>El hielo continental, los glaciares, se forman por sucesivas nevadas cuyo peso acaba compactando las nieves anteriores y, al final del proceso, terminan creando el verdadero hielo glaciar.</p>



<p>La nieve recién caída es muy floja, su densidad es de 0,10 a 0,15 gr/cm3 (el agua dulce a 4ºC es de 1,0 gr/cm3). Pero las sucesivas nevadas compactan las nevadas anteriores. Su densidad va aumentando gradualmente a base de expulsar el aire que se encuentra entre la nieve. A mayor cantidad de aire expulsado, mayor densidad alcanzan las capas de nieve. Llega un momento en el que las capas que soportan más peso, las inferiores, se colapsan, iniciándose un proceso denominado diagénesis, por el cual la nieve termina siendo hielo, endureciéndose, y la mayor parte del aire contenido en la nieve se expulsa al exterior… ¡pero no todo!</p>
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</div>



<p>Cuando el hielo se ha formado, las últimas porciones de aire ya no pueden salir al exterior, quedando retenidas en el hielo duro en forma de burbujas de aire. Éstas diferencian el hielo glaciar, así formado, del hielo marino que no contiene burbujas de aire. Este proceso característico del hielo glaciar es importantísimo desde el punto de vista científico, pues las burbujas retenidas en el hielo contienen aire, cuya composición y características corresponden al de la atmósfera existente en el momento de la<br>nevada en cuestión. Si supiéramos la edad en la que cayó esa nevada, sabríamos cual era la composición de la atmósfera en ese momento. ¡Pero sí! Podemos saber cuándo fue, porque podemos medir la antigüedad del hielo. Veamos cómo.</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>El hielo contiene isótopos radiactivos, cuya desintegración específica, a modo de relojes naturales, nos permite conocer la edad del hielo en el que se convirtió nuestra nevada. Nos referimos concretamente al isótopo radiactivo Berilo 10 (10Be), que se forma en la alta atmósfera por la acción de radiaciones de alta energía, que posee un periodo de semidesintegración de 1.500.000 años.</p>



<p>En consecuencia, la composición de la atmósfera y su distribución temporal en el pasado son datos que el hielo glaciar conserva, de manera que mediante la extracción de un testigo continuo podemos reconstruir año a año el pasado climático del Pleistoceno, cuando las glaciaciones tuvieron lugar.</p>



<p>Y todavía hay más: las precipitaciones (lluvias en nuestras latitudes y nevadas en los círculos polares) provienen de las nubes, las cuales se forman por evaporación de las aguas del mar. Las aguas evaporadas contienen moléculas de H2O (compuestos de la combinación de átomos de Hidrógeno y de Oxígeno), cuya masa atómica es de 1 para el Hidrógeno y 16 para el Oxígeno (1H y 16O). Pero resulta que ambos átomos tienen también isótopos estables, menos abundantes pero más pesados (Deuterio 2H y Oxígeno dieciocho 18O). ¿Qué pasa con ellos?</p>



<p>Al formarse las nubes por evaporación de las aguas marinas, los vientos las transportan a los continentes. En ese trayecto, las aguas compuestas por moléculas más pesadas tienden a condensarse y precipitar (lluvia o nieve) en la atmósfera con más facilidad que las moléculas más ligeras. Este proceso es tanto más importante cuanto más fría es la temperatura existente. Al final, las nieves caídas en los casquetes helados están más concentradas de los citados isótopos pesados, al ser más fría la temperatura reinante. Esto significa que, partiendo del valor constante de la composición isotópica del mar (SMOW: Standard Mean Ocean Water), la variación de esos isótopos pesados que medimos en nuestra nevada nos permite estimar cuál era la temperatura reinante entonces.</p>



<p>Sin embargo hemos de señalar que el valor de la paleotemperatura, así deducida, no es dato sino estimación, y su establecimiento en el tiempo de nuestro calendario no es sinóptico con los datos, pues está sujeta a la dinámica de las corrientes marinas, que tardan de 5 a 8 siglos en recorrer un ciclo completo.</p>
</div>
</div>



<p><strong>EL REGISTRO DEL CO2 EN LA HISTORIA RECIENTE DE LA TIERRA: UNA VARIACIÓN NATURAL</strong></p>



<p>Con el registro glaciar elaborado tras la extracción de testigos continuos de hielo en las perforaciones efectuadas, se observa que la concentración de CO2 en la atmósfera terrestre durante los pasados 800.000 años hasta el periodo cálido actual (hace unos dos siglos), ha oscilado desde 180 ppm en los momentos más fríos, hasta 280 ppm en los más cálidos. Esta variación en el contenido en CO2 de la atmósfera responde a causas naturales, cuyos mecanismos -antagónicos y por tanto reguladores- que las causan, son principalmente:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>la producción de CO2 por las erupciones volcánicas, que aumentan su contenido en la atmósfera.</li>



<li>la digestión de CO2 atmosférico por la formación de arrecifes en los mares cálidos y poco profundos, que disminuyen su contenido.</li>



<li>la emisión de O2 (oxígeno) por los bosques durante el día y el verano polar, y de CO2 (dióxido de carbono) durante la noche, es decir la función clorofílica.</li>
</ul>



<p>Al actuar el CO2 como un gas de efecto invernadero, cuanto mayor es su proporción en la atmósfera, la radiación térmica reflejada al espacio por la tierra (el albedo) es menor. Su efecto térmico se queda en la atmósfera, aumentando su temperatura.</p>



<p>Ese aumento natural de CO2, entre 180 y 280 ppm, se corresponde con un aumento de temperatura ambiente media anual de 10ºC y viceversa, y una variación del nivel del mar del orden de 130 metros, correspondiente a la transferencia de masa entre el hielo glaciar y el agua oceánica. Esta situación, motivada por causas naturales, ha permanecido así hasta el siglo XIX.</p>



<p><br><strong>EL HOMBRE Y EL CALENTAMIENTO GLOBAL. EL CO2 SE DISPARA</strong></p>



<p>A partir de entonces la situación cambió al superponerse a las causas naturales el efecto antrópico, generando un aumento de hasta 100 ppm adicionales de CO2, es decir 380 ppm en tan sólo 150 años (ahora hemos superado ya las 400 ppm y sigue subiendo rápidamente). Por lo tanto, tras un incremento de 100 ppm ocurrido porcausas naturales a lo largo de 148 siglos, el mismo incremento (de otras 100 ppm) se ha alcanzado ahora tan solo en 2 siglos. Y sigue subiendo de manera acelerada.</p>



<p>¿Qué ocurrió hace siglo y medio?, ¿qué ha seguido sucediendo desde entonces?</p>



<p>La respuesta a las dos preguntas anteriores la tiene el hombre como responsable. Desde el inicio de la era industrial, el consumo de carbón, y otros combustibles fósiles como el petróleo, generan nuevas fuentes de producción de CO2. Este nuevo aporte de CO2 es antrópico, es decir generado por el hombre, y su evolución es cuando menos alarmante, pues aumenta con la población -que es exponencialmente creciente- y con el nivel de vida. La llamamos sociedad de bienestar y es también creciente. De continuar así, la temperatura del planeta aumentará, se fundirá mayor masa glaciar y el mar se llenará cada vez más, pudiendo alcanzar 70 metros sobre el nivel actual si toda la masa glaciar desapareciera.</p>



<p>El mar sube, pero despacito, y la temperatura ambiente también. Ambos suben lentamente, pero de manera creciente. Esa lentitud se debe al efecto regulador de la masa oceánica, cuya reserva de entalpía es enorme, y también a que la red de corrientes marinas tarda varios siglos en dar la vuelta completa por los océanos. Sin embargo, no nos olvidemos de que el pistoletazo de salida ya lo dimos hace siglo y medio, cuando rompimos las primeras pautas que regulaban el proceso. Ahora la carrera está en marcha, luchando contra las inercias mayores que enmarcaban el proceso natural que hemos descrito.</p>



<p>En fin, nos esperan subidas significativas de la temperatura y ascensos del nivel del mar. Deberíamos prepararnos para ello, ya que somos incapaces no sólo de invertir, sino de reducir nuestra producción de CO2, que sigue subiendo aceleradamente con mucha rapidez.</p>



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<p><strong>LOS GLACIARES, SENSORES NATURALES DEL CALENTAMIENTO GLOBAL<br></strong><br><strong>Cuevas en hielo: criokarst</strong><br>En determinados terrenos, parte de las aguas provenientes de lluvia y de los ríos se infiltra en el subsuelo a través de fisuras y huecos interconectados, ampliándolos por disolución y formando redes de conductos, galerías y cavernas por donde circulan ríos subterráneos. Existe una semejanza de formas en la disposición de este drenaje subterráneo que aparecen en las diversas rocas karstificables, aunque se implante en rocas de diferentes litologías: evaporíticas (yesos y sales), carbonatadas (calizas, dolomías, mármoles, conglomerados y areniscas) y a veces, cuando su edad geológica es muy antigua, en rocas en principio muy poco solubles (cuarcitas y granitos) y con gran profusión en el hielo glaciar.</p>



<p>En el caso de las rocas, la disolución representa el mecanismo que condiciona el paso de las moléculas constitutivas de la roca de la fase sólida a la líquida. En el caso del hielo, el paso de una a otra fase se realiza mediante el mecanismo de la fusión friccional, semejante al de disolución tanto en sus efectos (establecimiento del karst) como en la formulación matemática que los rige. La temperatura del agua de los ríos intraglaciares se mantiene a 0ºC, ya que el calor generado por el flujo del agua se consume en fundir parte del hielo de las paredes del conducto, mientras aumenta a la vez tanto el tamaño del conducto como el caudal circulante. Por tanto, cuanto mayor sea la longitud de un conducto endoglaciar tanto más se incrementará el caudal que circula por su interior, sin necesidad de recibir otros aportes o afluentes.</p>



<p>El conocimiento del mundo subterráneo glaciar, de reciente desarrollo, presenta ya resultados notables. Las exploraciones de simas en hielo han alcanzado profundidades de 200 metros en Groenlandia, reconociendo redes de cavernas superiores a 6 km en Svalbard, e inventariando ríos subterráneos de más de 25 m3/seg en Patagonia (conductos endoglaciares superiores a 3 km de longitud, etc). La existencia del karst en hielo, denominada criokarst, es abrumadoramente abundante. Su evolución es tan rápida que resulta observable a la escala humana de tiempos, y su estudio permite cuantificar la recesión glaciar. Las exploraciones recientes en el interior de los glaciares evidencian que la circulación endoglaciar es mucho más importante de lo que se suponía y mucho más rápida que en las rocas solubles.</p>
</div>
</div>



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<p><strong>Descarga líquida glaciar para medir la evolución del calentamiento global</strong><br>El calentamiento global que sufre el planeta, generado por el efecto invernadero, se traduce en un aumento gradual de su temperatura ambiente. Como consecuencia de este aumento de la temperatura, la masa de hielo de los grandes casquetes glaciares disminuye por fusión, y el nivel del mar aumenta. El efecto último del calentamiento global, el aumento del nivel del mar, ya se está midiendo. También la causa primera del calentamiento global, el aumento de gases de efecto invernadero. Para medir la evolución del calentamiento se podrían utilizar cualquiera de las dos variables intermedias del proceso: temperatura ambiente y descarga líquida glaciar.</p>



<p>La temperatura ambiente que pudiera darnos una respuesta rápida ante la evolución del calentamiento global, es una variable con un comportamiento bastante fugaz y fluctuante a escala corta de tiempo. Sin embargo, a escala plurianual o a tiempos más largos, está regulada por la temperatura de las aguas del mar, proceso que tiene una gran inercia térmica, ya que el ciclo de circulación de las corrientes marinas dura varios siglos. Este hecho complica su interpretación a corto plazo. Además es un parámetro que se está midiendo actualmente en la red sinóptica de la OMM (Organización Meteorológica Mundial).</p>



<p>Sin embargo, la descarga líquida glaciar es una variable mucho más estable en este sentido, con máximos y mínimos muy netos. Nuestra asociación, GLACKMA (GLAciares, CrioKarst y Medio Ambiente), la ha seleccionado para medir la evolución del calentamiento global, generando series temporales horarias de la misma y pudiendo así comparar glaciares grandes con pequeños, y árticos con antárticos.</p>
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<p><strong>Importancia de los glaciares subpolares. Primera hipótesis de trabajo</strong><br>En las expediciones que hemos realizado se ha observado la existencia de flujos y drenajes endoglaciares y subglaciares, no sólo en glaciares temperados sino también en los subpolares. En estos últimos los drenajes no son tan intensos como en los temperados, y el número de días en los que la descarga hídrica glaciar tiene lugar es también menor. No obstante la extensión de los glaciares subpolares en el planeta es mucho mayor que la correspondiente a los temperados.</p>



<p><strong>Resultando así que el volumen global de agua drenada, descargada por el conjunto de los glaciares subpolares, es equivalente al de los glaciares temperados.</strong><br>Descarga glaciar y temperatura ambiente. Segunda hipótesis de trabajo En las series temporales de intervalo horario, generadas por nuestras estaciones ubicadas en distintos glaciares de ambos círculos polares, hemos observado que la descarga específica glaciar y la temperatura ambiente se correlacionan de manera directa. A pequeños aumentos de temperatura, corresponden pequeños aumentos de caudal y viceversa. La relación es muy estrecha a escala horaria. También a escala plurianual existe una directa correlación entre ambas.</p>



<p><strong>Cuencas Piloto Experimentales (CPE) de GLACKMA</strong><br>El trabajo realizado por GLACKMA está encaminado a la implementación de determinados glaciares como sensores naturales del calentamiento global, utilizándolos como registro continuo para estimar tanto la evolución temporal del cambio climático como su distribución según latitudes en ambos hemisferios.</p>



<p>El conocimiento de la dinámica de la hidrología glaciar es fundamental para una buena comprensión del comportamiento glaciar. La hidrogeología glaciar controla la mayor parte de la dinámica glaciar y de los procesos geológicos glaciares. El objetivo de GLACKMA -complementando el conocimiento del drenaje<br>subglaciar y los modelos teóricos- consiste en la generación de series temporales plurianuales de descarga glaciar, estableciendo una base empírica robusta.</p>



<p>Para poder emplear los glaciares como indicadores en tiempo presente de dicho calentamiento, es necesaria la implementación de Cuen as Piloto Experimentales (CPE) a diferentes latitudes, que registren los parámetros hidráulicos de la descarga glaciar en continuo. Actualmente la red de estaciones de GLACKMA está formada por 7 estaciones con registro continuo (intervalos horarios) de descarga glaciar (8760 datos anuales por cada parámetro medido y cada estación). Se dispone así de una red de observación de glaciares en ambos hemisferios, que permite un control comparativo de la descarga glaciar según la evolución del clima. La asociación GLACKMA contempla la divulgación de los resultados obtenidos, tras adaptarla haciéndola accesible a los diferentes grupos destinatarios, contribuyendo, además, a la concienciación, sensibilización y educación ciudadana con respecto al cambio climático y su repercusión en el medio ambiente.</p>



<p><strong>Algunos resultados</strong><br>Hasta el momento, con las series de datos generadas en la totalidad de estaciones de GLAKMA se observa el siguiente comportamiento:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Un crecimiento continuo de la descarga glaciar en todas las estaciones (las dos más lejanas entre sí están a más de 16.000 km de distancia, lo que confirma el carácter global de este proceso).</li>



<li>Cualquier variación en la temperatura ambiente conlleva una respuesta inmediata en la descarga glaciar. Su relación es directa.</li>



<li>A la misma latitud en ambos hemisferios, la descarga glaciar específica es de 3,5 a 4 veces mayor en el Ártico que en la Antártida. La estación Ártica de Svalbard a 79ºN de latitud y la de la Antártida Insular a 62ºS de latitud, presentan prácticamente la misma cuantía en el valor de la descarga glaciar específica, es decir, hay que subir 17º de latitud en el Ártico, para encontrar valores semejantes a los antárticos.</li>



<li>En época de verano, la descarga glaciar se duplicó en 13 años, en el periodo de 1987 a 2000.</li>



<li>En las series temporales continuas y plurianuales de descarga glaciar, ésta se ha duplicado entre los veranos de 2002/03 a 2005/06, y el número de días de duración de la onda de descarga también se duplicó en esos cuatro años (de 76 días en 2002/03 pasaron a ser 142 en 2005/06).</li>



<li></li>
</ul>



<p><strong>PRÓXIMO OBJETIVO: GROENLANDIA<br></strong><br>En los últimos años en Groenlandia se están batiendo records continuamente por altas temperaturas y tasas de deshielo. En el año 2014, científicos de la Universidad de Leeds en Reino Unido, se cuestionaban el hecho de que las predicciones de la pérdida de hielo de Groenlandia y su impacto en los niveles del mar podrían haber sido subestimados en gran medida.</p>



<p>Los ríos y lagos supraglaciares que habían empezado a formarse, han ido incrementándose y extendiéndose. En el pasado verano del 2016, los eventos del&nbsp; deshielo han tenido lugar muy al principio de la temporada. Según científicos del National Snow &amp; Ice DataCenter (NSIDC), ocurrieron tres picos extremos de masa de hielo fundida antes del 19 de junio, constatando con ello que el ritmo de fusión es mucho más acelerado que en las temporadas anteriores. Investigaciones recientes llevadas a cabo por científicos de la Universidad de Utrecht, muestran de nuevo que los cálculos de la capa de hielo de Groenlandia parecen estar subestimados, debido a la falta de observaciones in situ en regiones clave.</p>



<p>Dada la magnitud del deshielo en el Ártico y la importancia de Groenlandia en el mismo, se hace imprescindible el registro continuo de datos in situ de este fenómeno. Es la razón por la que GLACKMA quiere instalar allí nuevas estaciones de medida de descarga glaciar, para incorporar a la red de estaciones ya existente.<br>Ese es nuestro próximo objetivo. ¿Quieres conservar tu granito de hielo en el Planeta Tierra? Únete a GLACKMA.</p>



<p>*Académico de RANS y NYAS (Russian Academy of Natural Sciences y New York Academy of Sciences).<br>**Profesora Titular de Matemática Aplicada en la Universidad de Salamanca.<br>Ambos son fundadores de la Asociación GLACKMA (Glaciares, CrioKarst y Medio Ambiente)<br>Constituida el 23 de diciembre de 2010. <a href="http://www.glackma.org">www.glackma.org&nbsp;</a></p>



<p><strong>Boletín 59</strong><br><em>Enero &#8211; Abril de 2018</em></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/glaciares-artico-eraso/">¿Qué nos dicen los glaciares?</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>En la tierra de los inuit</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/inuit-francesc-bailon/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 27 Nov 2019 10:04:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 59]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Boletín 59Enero &#8211; Abril de 2018 Texto: Francesc Bailón TruebaFotos: Archivo personal del autor El autor, antropólogo, viajero polar y apasionado por la cultura inuit, nos habla de los orígenes [&#8230;]</p>
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<p><strong>Boletín 59</strong><br><em>Enero &#8211; Abril de 2018</em></p>



<p><strong>Texto:</strong> Francesc Bailón Trueba<br><strong>Fotos:</strong> Archivo personal del autor<br><br><strong>El autor, antropólogo, viajero polar y apasionado por la cultura inuit, nos habla de los orígenes de este pueblo, sus ritos y costumbres, su organización social y su realidad en el momento actual.</strong></p>



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<p>ecuerdo que cuando tenía catorce años empecé a sentir la necesidad de viajar para conocer nuevas culturas y otros pueblos completamente diferentes al mío. Sabía que tenía una vida por delante y todo un universo por descubrir. No quería ni deseaba desaprovechar la ocasión. A pesar de ello, no puedo olvidar que fueron unos hombres vestidos con pieles de animales, que vivían en casas de nieve y que se frotaban la nariz, los que me hicieron desviar la mirada hacia el norte lejano. Hubo un tiempo en que empecé a ver «esquimales » por todas partes: en los libros, en la televisión e incluso en el cine. Aquellos hombres fascinantes hicieron volar mi imaginación y estoy convencido que muchos de los que ahora leen estas líneas comprenderán mis palabras. La aparición de este pueblo en mi vida fue determinante en ese momento y, en cierto modo, marcó mi camino a seguir.</p>
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<p>Fue en la primavera de 1997 cuando, trabajando en la biblioteca del Museo Etnológico de Barcelona, comenzó mi verdadera historia con los inuit, conocidos también con el término despectivo de «esquimales». A mis manos llegó un libro que explicaba que los inuit solucionaban sus conflictos internos, excepto el asesinato, improvisando canciones y poemas satíricos. En esos instantes pensé que un pueblo que no recurría a la violencia física para solucionar sus problemas debía ser muy rico culturalmente hablando. Y de esta manera es como decidí orientar mi brújula hacia el Gran Norte, para ir en busca de estos poetas del Ártico.</p>



<p><strong>PARA ENTRAR EN MATERIA<br></strong><br>Los inuit son uno de los pueblos que se conoce más por su nombre que por su realidad cultural. Algunos grupos tribales que conforman esta etnia viven en un medio que nada tiene que ver con la idea estereotipada de una existencia en una tierra estéril, helada y dura. De hecho, esta imagen idealizada de los inuit llevando una vida extremadamente difícil, viviendo en los iglús de nieve y cazando focas para comérselas crudas, solo representa al 5% de esta población nativa que en el siglo XIX habitaba en el Ártico. El resto vivía en una amplia gama de medios y recursos diferentes, desde Siberia hasta Groenlandia. Esta visión romántica e idealizada, al igual que el término «esquimal», ha ayudado a crear un concepto de este pueblo que poco tiene que ver con su realidad cultural.<br><br>Cerca de 160.000 inuit habitan actualmente en un vasto territorio que se extiende a lo largo de casi 8.200 kilómetros de longitud, desde Kalaallit Nunat (Groenlandia), las regiones árticas de Alaska y Canadá hasta la península de Chukotka (Rusia). Fue en estas extensas tierras polares del Gran Norte donde llegaron hace más 4.500 años los primeros habitantes, originarios de la región del mar de Bering y de la Siberia oriental. Los inuit son un pueblo relativamente reciente (1000 d. C.) y se cree que son el resultado de una serie de fases y variantes culturales de estas primeras culturas paleoesquimales y neoesquimales árticas.</p>



<p><strong>ORGANIZACIÓN SOCIAL Y DIVISIÓN DE GÉNERO</strong></p>



<p>El centro básico de la comunidad inuit tradicional lo constituía el matrimonio. Por norma general, los hombres se casaban cuando eran capaces de procurarse, mediante la caza y la pesca, el alimento necesario para mantener a una o más esposas; las mujeres lo hacían al llegar a la adolescencia.</p>



<p>La comunidad se consideraba la propia familia y se creía que cada miembro debía procurar el bienestar de los demás, por eso siempre se compartían los alimentos. Entre los inuit no existía un jefe tribal (excepto en algunos grupos de Alaska). El «líder» era el mejor cazador y el más capaz de los individuos de la comunidad, no era un atributo hereditario, y su consejo era buscado solo ocasionalmente.</p>



<p>Por otra parte, el trabajo de las mujeres consistía básicamente en cocinar, curtir las pieles de los animales y fabricar las vestimentas. Igualmente realizaban una serie de actividades como educar a los niños, trocear los animales cazados, y sobre todo eran las responsables del mantenimiento de la lámpara de esteatita llamada qulliq. Los hombres se dedicaban básicamente a la caza y la pesca. También construían, junto a las mujeres, los kayaks, los umiaat (grandes embarcaciones de piel), y por supuesto los iglús de nieve y las casas de piedra y turba. Además, eran los encargados de preparar y conducir los trineos, de alimentar a los perros y de fabricar las herramientas para la caza y la pesca.</p>
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<p><strong>ECONOMÍA DE SUBSISTENCIA</strong></p>



<p>Los inuit vivían plenamente adaptados a la naturaleza y condicionados por las exigencias de un medio hostil. Su ciclo vital alternaba periodos de abundancia y de penuria extrema. Se sabe que los inuit en su dieta tradicional utilizaban 129 especies de peces y animales y 42 especies de plantas como alimento. Durante gran parte del año consumían lo que cazaban y pescaban, pero también acumulaban un excedente para que, cuando llegase el terrible invierno ártico, período en el que la mayoría reducía al mínimo sus actividades, pudieran sobrevivir gracias a los alimentos almacenados. Lo más importante era la supervivencia del grupo y por esta razón en casos de hambre y penuria, los inuit practicaban el infanticidio femenino, o bien abandonaban a los ancianos y los enfermos; actos que eran socialmente aceptados.</p>



<p><strong>LA RELIGIÓN DE LOS INUIT</strong></p>



<p>Las condiciones materiales de vida, la rigurosa naturaleza polar, la lucha por la supervivencia, y las frecuentes hambrunas, determinaron el rumbo de la religión tradicional de los inuit. Su culto propiciatorio y sus creencias, ligadas a la actividad económica, constituían para ellos un asunto de suma importancia. Inseguros por el futuro y el éxito de la caza, depositaron grandes esperanzas en sus creencias y rituales. Por ello, desarrollaron una serie de normas de convivencia y estrategias de supervivencia, siendo una de ellas el mantenimiento del equilibrio, la armonía y el respeto hacia el mundo espiritual y el mundo natural.</p>



<p>En sus creencias animistas, todos los objetos, los fenómenos de la naturaleza, los animales, las personas, y los lugares tenían su anua o inua (señor, persona o espíritu). Por este motivo, el mundo animal fue objeto de veneración a través de los numerosos rituales y festividades de caza de las que dependían para el éxito de sus actividades.</p>



<p>Por otra parte, el chamanismo absorbió todos los demás elementos y formas de creencias religiosas inuit. El chamán era el consejero espiritual y el curandero que trataba los problemas físicos y psicológicos de los miembros de la comunidad, ya que con sus habilidades especiales podía averiguar la causa de la enfermedad, los problemas de salud o la poca fortuna en la caza.</p>



<p>Con la llegada del cristianismo, a partir del siglo XVIII, las creencias animistas y los rituales chamanísticos fueron, en la mayoría de los casos, prohibidos. Sin embargo, muchos inuit continuaron creyendo en sus espíritus y ocultando al mundo occidental sus verdaderos pensamientos. A partir de los años 70 del siglo pasado, fueron progresivamente recuperando algunas de sus costumbres ancestrales. Actualmente la religión de los inuit se basa en un neocristianismo chamánico; es decir, que practican un sincretismo religioso buscando un equilibrio entre cristianismo, chamanismo y animismo.</p>



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<p><strong>PROCESO DE ACULTURACIÓN Y PÉRDIDA DE LA IDENTIDAD CULTURAL</strong></p>



<p>El proceso de aculturación entre los inuit se agudizó y se extendió en líneas generales durante los años 50, cuando los gobiernos de los Estados Unidos, Canadá y Dinamarca (en el caso groenlandés) decidieron reagruparlos en ciudades, con el objetivo de mejorar la sanidad y la educación de la población nativa. En muy poco tiempo los inuit tuvieron que pasar de la Edad de Piedra a la Era Espacial.</p>



<p>A partir de los años 70 se comenzaron a crear los nuevos territorios nativos inuit gracias a los logros en materia de derechos indígenas, y a un intento de recuperar y revitalizar una tradición en muchos casos perdida. Se trataba de un sentimiento generalizado por la autodeterminación y la revalorización de la cultura inuit. En los últimos 40 años los inuit han conseguido una serie de mejoras políticas, sociales y económicas que les han llevado a crear territorios autónomos como Nunavut (1999) y autogobiernos como Kalaallit Nunaat (2009) y Nunatsiavut (2005). Además crearon su propia organización no gubernamental en 1977, denominada Inuit Circumpolar Council (ICC). Todos estos cambios han hecho que las mujeres inuit cambiaran su rol social y ahora se dedican a ocupar cargos políticos, y trabajan también en el ámbito educativo, en la administración pública y en sectores crecientes como el turismo o la pesca industrial. El hombre inuit también participa en todas estas tareas pero en líneas generales siguen con sus actividades económicas tradicionales como la caza y la pesca.</p>



<p><strong>CONTAMINACIÓN Y CALENTAMIENTO. EL DESHIELO HUMANO</strong></p>



<p>Uno de los elementos contaminantes medioambientales más importantes en las regiones polares lo constituyen aquellos productos químicos tóxicos producidos y utilizados en áreas más meridionales, que viajan por el aire, y que afectan en primer lugar a los animales, y consecuentemente a las personas. De hecho, los niveles de productos químicos tóxicos y pesticidas en la sangre más elevados conocidos se dan entre la población inuit, y sus niveles de mercurio se encuentran dentro del margen que asociamos con la intoxicación aguda. Además, los niveles de PCBs tóxicos (policloruro de bifenilo), presentes en la leche materna de las mujeres inuit, se dan en unos márgenes suficientemente elevados como para calificar la leche materna de residuo peligroso.</p>
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<p>Según las investigaciones del Intergubernamental Panel on Climate Change (IPCC), el Ártico es la región del planeta que más se ha calentado en el último siglo, ya que en los últimos 20 años ha aumentado 3 grados la temperatura del aire. El calentamiento global del planeta pone en peligro el modo de vida tradicional de los pueblos indígenas del Ártico, que suman 400.000 personas repartidas en ocho países y divididas en más de cuarenta grupos étnicos diferentes.</p>



<p>Igualmente, en los últimos años se han añadido algunos problemas más que son devastadores para el desarrollo cultural de los inuit: el aumento del turismo de crucero, motivado por periodos más largos sin hielo marino que permite la navegación a gran escala de estos barcos; y el incremento de las prospecciones de hidrocarburos como consecuencia de un clima más benigno durante los meses de verano. Consecuencia así mismo de que, según el servicio geológico de Estados Unidos (USGS), el Ártico contiene el 30% de las reservas mundiales no descubiertas de gas y el 13% de petróleo no descubierto en el mundo.</p>



<p>Esta nueva realidad hace que hablemos de deshielo humano, ya que el mundo de los inuit se está deshaciendo como el hielo que necesitan.</p>



<p><strong>EL DUELO CANTADO ENTRE LOS INUIT</strong></p>



<p>Los inuit solucionaban sus conflictos internos, excepto el asesinato, improvisando canciones y poemas satíricos. Estos duelos cantados se solían realizar siguiendo el ritmo de un tambor y, en muchas ocasiones, acompañados de gestos provocativos, incluso golpeando con la cabeza la cara del adversario. Ganaba la competición el que mantenía la calma y no se inmutaba por las burlas y los insultos de su adversario. Pero si ninguno de los dos perdía los estribos, era la misma comunidad la que debía escoger un ganador. En estos casos solía vencer el que tuviera la lengua más afilada y la imaginación más retorcida. Sin duda, para los inuit el lenguaje es lo más parecido a un instrumento cortante, y es el único que precisamente se afila con su uso.</p>



<p>Durante muchos años he estado buscando estos poetas del Ártico. Pude saber que estos duelos cantados denominados tordlut, iviutit, ivinneq o piseq (según los dialectos de los diferentes grupos inuit) se realizaban en Labrador y Ártico central canadiense, Alaska y Groenlandia. Igualmente llegué a la conclusión de que había tres razones principales por las que los duelos cantados eran tan eficaces en la resolución de conflictos:</p>



<ol class="wp-block-list">
<li>A los competidores se les impedía tomar acciones impulsivas que podrían<br>perturbar la paz de la comunidad.</li>



<li>Las disputas privadas se realizaban en público, lo que significa que era menos<br>probable que volvieran a surgir los mismos problemas.</li>



<li>Permitía restablecer el equilibrio social, mental y emocional.</li>
</ol>



<p>Estos duelos cantados se podían hacer entre hombres o entre mujeres, pero nunca entre ambos géneros. Es difícil saber cuándo los inuit comenzaron a realizar los duelos cantados para solucionar sus conflictos. Algunas de las primeras referencias descriptivas y también ilustradas que tenemos datan de la primera mitad del siglo XVIII, gracias al misionero noruego Hans Poulsen Egede (1686-1758). Por su parte, el artista y pintor groenlandés Jens Kreutzmann (1828-1899) nos dibuja y describe un duelo cantado (alrededor del 1860) entre Ajaguttak y su adversario. El 26 de junio de 1906, William Thalbitzer (1873-<br>1958), filólogo danés y profesor de esquimología en la Universidad de Copenhague, nos deja una de las pocas fotografías que se han conseguido hacer de un duelo cantado, en la costa este de Groenlandia. También el explorador polar y etnólogo dano-groenlandés Knud Rasmussen (1879-1933) y Paul-Émile Victor (1.907-1995), etnólogo y explorador francés, nos describen en sus obras este método jurídico.</p>



<p>No se sabe con exactitud cuándo se dejaron de realizar los duelos cantados. Las políticas llevadas a cabo por los países a los que pertenecen los inuit, durante los años 50 y 60, introdujeron el sistema judicial occidental en detrimento de los métodos jurídicos tradicionales. Los gobiernos no aceptaban que un culpable de un delito pudiera salir indemne y vencedor en un duelo cantado. Se cree que uno de los últimos lugares donde se produjo esta práctica fue entre los ammassalimmiut de la costa este de Groenlandia. Según este grupo inuit, uno de los últimos duelos cantados oficiales que aún se recuerdan se realizó en 1920, entre Paulus y Saamu, que más tarde acabarían representados en la película Palos brudefærd de Knud Rasmussen y Friedrich Dalsheim (1934).<br><br><strong>UN SUEÑO HECHO REALIDAD</strong></p>



<p>El 9 de abril de 2013, en la población de Kulusuk (costa este de Groenlandia), conocí por fin a uno de los últimos poetas del Ártico: Anda Kuitse. Anda es una de las últimas personas que ha memorizado algunos de estos duelos cantados y que todavía los representa en público como un recuerdo del pasado. El 11 de mayo de 2015, Anda y yo representamos un duelo cantado en la población de Kulusuk, cumpliendo yo de esta manera el viejo sueño de haber tenido un duelo cantado con un auténtico poeta del Ártico.</p>



<p>De la cultura inuit he aprendido muchas cosas y gracias a su gente he conseguido librarme de los miedos y cumplir un propósito. Siempre me sentiré en deuda con los inuit, que tantas cosas nos han de enseñar, al igual que nosotros tenemos que aprender de ellos. No debemos olvidar que la supervivencia de los inuit condicionará también la nuestra. Por este motivo oír sus voces sería un primer paso; escucharlos sería fantástico. ¿Seremos capaces de hacerlo?</p>



<p><strong>Para saber más</strong></p>



<p>BAILÓN TRUEBA, Francesc (2015). <em>Los inuit. Cazadores del Gran Norte.</em> Barcelona: Nova Casa<br>editorial.(2016). <em>Los poetas del Ártico. Historias de Groenlandia.</em> Barcelona: Nova Casa editorial.</p>



<p><strong>Boletín 59<br><em>Enero &#8211; Abril de 2018</em></strong></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/inuit-francesc-bailon/">En la tierra de los inuit</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>Duque de los Abruzos. El madrileño que intentó llegar al polo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/duque-de-los-abruzos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 May 2018 10:04:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
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		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En el verano de 1900, el tercer hijo de Amadeo de Saboya, rey de España, intentó llegar antes que nadie al Polo Norte. Su expedición logró batir el record del [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>En el verano de 1900, el tercer hijo de Amadeo de Saboya, rey de España, intentó llegar antes que nadie al Polo Norte. Su expedición logró batir el record del momento al alcanzar el punto más septentrional de la Tierra, pero él sólo llegó hasta el final de la tierra firme y el principio de los hielos polares.</p>
<p>Luis Amadeo de Saboya, duque de los Abruzos, nació en Madrid el 29 de enero de 1873, y fue bautizado como príncipe en la capilla del palacio real pocos días antes de que su padre, Amadeo, renunciara al trono de España y regresara a su Italia natal. Todavía adolescente, ingresó en la Academia Naval de Livorno, donde adquirió sus primeros conocimientos sobre el mar y la navegación. Amante de la aventura, se inició en el alpinismo en el Mont Blanc, y en 1897 participó en la primera ascensión al monte San Elías, de 5.489 metros, entre el territorio del Yukon de Canadá y Alaska, lo que le valió la fama mundial entre los geógrafos y montañeros del momento. Dos años más tarde, se propuso abordar la conquista de una de las dos fronteras hasta entonces inaccesibles para el hombre en la Tierra y eligió intentar ser el primero en pisar el Polo Norte. Para ello movilizó todas sus influencias ante el gobierno italiano y la corte de su tío el rey Humberto I, sirviéndose de su prestigio como explorador. El audaz y patriótico proyecto de Luis Amadeo de Saboya fue muy bien acogido por la opinión de la joven Italia, que ya había iniciado su expansión colonial en África y buscaba hacerse un hueco entre las grandes potencias. En 1899 todo estaba a punto para que la expedición de los italianos intentara el asalto del Polo Norte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>TRAS LOS PASOS DE NANSEN</strong></p>
<p>La carrera de la conquista del extremo norte del Globo había comenzado en la centuria anterior, y la experiencia enseñó que para lograrlo habría que deslizarse sobre la nieve y el hielo utilizando trineos. En el momento de partir la expedición italiana, el punto más septentrional alcanzado por el hombre estaba fijado en los 86º 14’ N, logrado por el explorador noruego Fridtjof Nansen en abril de 1895 con su barco Fram. Luis Amadeo de Saboya, que había investigado a fondo todas las expediciones polares realizadas hasta entonces, decidió seguir los pasos de Nansen, estudiando las etapas de su ruta, sus experiencias sobre las corrientes y los hielos, y sus indicaciones en lo relativo a los pertrechos e intendencia para los exploradores y sus perros.</p>
<p>El 12 de junio de 1899 el Estrella Polar de Luis Amadeo de Saboya salió del puerto de Cristianía, hoy Oslo, con 11 italianos marinos y guías alpinos y 9 noruegos expertos en la navegación por el Ártico, con edades comprendidas entre los 21 años del fogonero y los 47 del comandante noruego de la embarcación, Julius Evensen. Como segundo comandante de la expedición figuraba el teniente de navío Humberto Cagni, que se encargaría de las observaciones científicas, con la colaboración del también teniente de navío Francisco Querini y del médico de la Armada italiana Aquiles Cavalli Molinelli. El barco, un ballenero de 570 toneladas y un motor de 60 caballos, fue transformado para la expedición en una goleta de tres palos. Días antes de partir, el duque de los Abruzos visitó a Nansen en su casa de Lijsaker, quien le dio los últimos consejos para encarar la aventura. De acuerdo con estas indicaciones se cargaron en Noruega provisiones para cuatro años a base de galletas, manteca, carne envasada, pastas, arroz, vinos y licores, que fueron guardadas en cajas herméticas de 25 kilos. Para los perros que se incorporarían en el puerto ruso de Arcángel se cargaron raciones de pescado seco y bizcocho. Los expedicionarios compraron botas de piel de foca de diferentes diseños, así como abundantes pieles de abrigo y tejidos de lana, sacos de dormir de lana y plumas, y dos tiendas de campaña por si la expedición tuviera que abandonar el barco. La bodega del Estrella Polar se llenó de carbón y cuatro enormes barricas con diez toneladas de petróleo cada una. La expedición estaba equipada también con armas y, naturalmente, con un amplio equipo para la navegación: sondas y aparatos para medir la fuerza de las corrientes y la temperatura y densidad de las aguas a diferentes profundidades, así como sextantes para el cálculo de las posiciones y distancias con los trineos. En cuanto a los estudios científicos disponía de instrumentos para el cálculo de posiciones y las relativas a la gravedad y el magnetismo terrestres, además de un completo equipo fotográfico.</p>
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<p><strong>HACIA LA TIERRA DE FRANCISCO JOSÉ</strong></p>
<p>La última escala del Estrella Polar en tierra continental, tuvo lugar el 30 de junio en la localidad rusa de Arcángel. Allí se completó la expedición con 121 perros de distintas razas y diferentes procedencias, pero todos considerados entre los más idóneos para el arrastre de trineos en los territorios árticos. Con todo el equipo a bordo, el 12 de julio de 1899 la expedición partió del puerto ruso con el propósito de alcanzar el punto costero más al norte posible del archipiélago del Emperador Francisco José donde pasar el invierno, y de allí partir con trineos hasta el polo al término de la noche polar. Este archipiélago, descubierto por casualidad por una expedición austriaca en 1873, formado por 191 islas volcánicas, situado al noroeste del de Nueva Zembla y al este de las islas Svalbard, se halla a unos 1.000 kilómetros del Polo Norte. El 18 de julio el Estrella Polar se topó con la primera banquisa, un campo de hielo de grandes dimensiones movido por las corrientes, formado por témpanos sueltos y cuyo término no se alcanza a ver. Aun cuando no se pueda distinguir en las aguas, se puede detectar la presencia de la banquisa por el color del cielo, mucho más claro sobre ella por el reflejo del hielo. El día 20 los expedicionarios avistaron los vagos contornos de la isla de Northbrook, cubierta de nieve con algunos salientes oscuros, y vieron sobre las rocas grupos de focas y morsas cerca de las cabañas abandonadas por la expedición de Frederick George Jackson dos años antes. El 26 de julio, el Estrella Polar llegó a los hielos que marcaban el término de la zona navegable. En su búsqueda de un lugar apropiado donde invernar y preparar el asalto al Polo Norte, el 8 de agosto la embarcación de la expedición italiana alcanzó los 82º 4’ N en la isla del Príncipe Rodolfo, la más septentrional del archipiélago. Luis Amadeo de Saboya decidió entonces echar el ancla en la bahía de Teplitz, entre la costra de hielo costera y la banquisa que cerraba la bahía, para pasar allí el invierno.</p>
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<p><strong>LAS PENALIDADES DEL INVIERNO ÁRTICO</strong></p>
<p>Con temperaturas todavía superiores a los 0º, los expedicionarios exploraron la zona e hicieron abundantes anotaciones científicas, geológicas y de fauna y flora, y construyeron una cabaña para las jaulas de los perros. A los pocos días tuvieron que adrizar la nave porque escoraba a babor arrimada por la banquisa contra los hielos de la costa. La temperatura ya alcanzaba en las noches los -10º. Los vientos helados empujaban el barco aprisionado y la vida se hizo imposible a bordo por la escora. El 8 de septiembre la presión de los hielos abrió una ancha vía de agua, y los expedicionarios abandonaron el barco para montar el campamento invernal formando dos cabañas, una dentro de la otra, con varios recintos aislados para defenderse del frío, que ya alcanzaba en algún momento los -16º. Los víveres, las herramientas, el combustible, los diferentes aparatos y los trineos fueron trasladados unos 150 metros al interior de la costa. Mientras las noches se alargaban en otoño, llegaron las ventiscas y las nieblas a la vez que las temperaturas bajaban con rapidez. El tiempo transcurría para los expedicionarios explorando el terreno, estudiando los vientos y los movimientos de los hielos, entrenando a los perros, y aprestando los equipos de los trineos y los cayucos de lona. Antes de que el frío fuera insoportable, mataron 34 osos que habían acudido curiosos a la proximidad de las cabañas. Su carne sirvió para alimentar al campamento, la mayor parte fue para los canes, pero “también comimos su carne; -anotó en su diario Luis Amadeo de Saboya- el corazón, la lengua y los riñones los encontrábamos sabrosos, lo demás no llegó a gustarnos”.</p>
<p>En la larga noche polar, el duque de los Abruzos y su gente estudiaron el plan de ataque al Polo Norte con los trineos, y llegaron a la conclusión de que debían partir de la bahía de Teplitz el 15 de febrero, cuando los hielos eran más gruesos, para regresar al campamento entre el 15 y el 20 de mayo antes de que se fundiesen. Pero Luis Amadeo de Saboya no formaría parte de la expedición final. Durante una de las excusiones exploratorias en la víspera de Nochebuena, había sufrido la congelación de dos dedos de la mano izquierda y el médico tuvo que amputarle las falanges del anular y el corazón el 18 de enero. “Con los dedos operados -escribió el duque de Abruzos- habríame sido imposible servirme de la mano, y, por otra parte, mi estado hubiera requerido curas diarias imposibles de hacer en una marcha”.</p>
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<p><strong>LA EXPEDICIÓN SOBRE EL HIELO EN BUSCA DEL POLO</strong></p>
<p>Tras un intento fallido, el 11 de marzo partió la expedición abordando la banquisa situada al norte de la isla del Príncipe Rodolfo, bajo el mando del teniente de navío Humberto Cagni, dividida en tres grupos, dos de ellos destinados a servir de apoyo logístico al tercero que intentaría alcanzar el Polo Norte. El primer grupo-lanzadera, con provisiones para 30 días, lo formaba el también teniente de navío Francisco Querini, el maquinista noruego Henrik Alfred Stökken y el guía Félix Ollier; el segundo, con provisiones para 60 días, estaba integrado por el doctor Aquiles Cavalli Molinelli y los marineros Jacobo Cardenti y Simón Canepa; el tercero, con provisiones para más de tres meses, estaba encabezado por Cagni acompañado por los guías José Pertegax y Alejo Fenoillet. La expedición contaba con 13 trineos y 104 perros. El retraso provocado por el fracasado primer intento convertía las etapas previstas en una carrera contrarreloj, porque más allá de los últimos días de mayo el deshielo ártico podía hacer imposible el regreso sobre los hielos hasta el campamento. Los expedicionarios se internaron en la banquisa helada con temperaturas entre -15º y -30º. Sabían que a partir de ese punto no encontrarían trazas de vida que les ayudaran en su supervivencia. Las raciones diarias para los hombres y los perros se establecieron por el doctor Cavalli siguiendo el patrón deducido de las experiencias de Nansen. A los hombres se les asignaron 1.265 gramos de alimentos variados. La ración de los perros constaba de medio kilo de pemmican, carne pulverizada, con una cantidad igual o mayor de grasa de buey, que en pequeñas proporciones también formaba parte de las raciones de los expedicionarios. El equipo de abrigo de cada uno de los exploradores pesaba tres kilos.</p>
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<p><strong>LA LARGA NOCHE POLAR</strong></p>
<p>En los primeros días avanzaron con lentitud. Por un lado, el clima, los fuertes vientos, la nieve seca y dura y las nieblas los castigaron con severidad; el suelo, por otro lado, sembrado de hummocks, bloques de hielo más o menos altos levantados por la presión que los campos de hielo ejercen unos contra otros, y la aparición de grietas y canales en la banquisa, dificultaron en grado extremo el avance hacia el norte. Además, el suelo flotaba y la medición de las distancias resultaba muy problemático. En ocasiones los cálculos de lo recorrido sobre el hielo siempre hacia el norte resultaban engañosas. Al tomar las medidas con el sextante, descubrían que no avanzaban, que incluso se estaban alejando del Polo por causa de los vientos y las corrientes que arrastraban a la banquisa en distintas direcciones.</p>
<p>Durante la noche el frío, inferior a los -30º, convertía en hielo las ropas y los sacos de dormir. Acampados al abrigo de un hummock , durante las noches escuchaban en las tiendas el estruendo que producían los choques de los hielos que amenazaban con sepultarlos o ser tragados por profundas grietas. Con el paso de los días, la fatiga se dejaba notar entre los expedicionarios, obligados muchas veces a cavar en el hielo, ayudar a los perros en el arrastre de los trineos y dormir poco y mal. Según lo previsto, a los 12 días de marcha el primer grupo de apoyo dejó la expedición para llegar al campamento en los primeros días de abril. Pero los días pasaban y el grupo de Querini no aparecía. El paso del tiempo sin noticias de sus componentes hizo pensar a Luis Amadeo de Saboya que toda la expedición podría haber sufrido algún daño irreparable. El segundo grupo, que había iniciado el retorno el 31 de marzo, llegó al campamento el 18 de abril “en condiciones de salud inmejorables”, según el testimonio del duque de Abruzos. Pero la vuelta del segundo grupo antes que el primero encendió todas las alarmas entre los que habían quedado en la bahía de Teplitz. ¿Qué suerte habían corrido los del primer grupo de apoyo?. Luis Amadeo de Saboya ordenó entonces expediciones por la costa, por las banquisas más cercanas e incluso por algunas de las islas más próximas, pero no hallaron ningún rastro de su paradero. Entretanto, el 25 de abril, ante las dificultadas, y superada la fecha para iniciar su retorno a Teplitz, el capitán Humberto Cagni decidió abandonar la empresa y volver con sus hombres al punto de partida. Habían alcanzado los 86º 34’ N, el punto más septentrional logrado hasta entonces por el hombre. Los perros que quedaban estaban muy cansados; algunos habían sido sacrificados para alimentar a los supervivientes; la tienda de campaña “ya está cayéndose a pedazos” contó Cagni en su diario, y el temor a que el deshielo hiciera imposible el regreso se impuso sobre la incierta aventura de llegar vivos al Polo Norte. La temperatura era de -35º y, mirando al norte, el capitán italiano escribió: “más allá, sobre el nítido horizonte, divísase entre levante y poniente una especie amurallada, de color azulado, que, desde lejos, parece inaccesible. Es nuestro ‘¡Terrae ultima thule!’”.</p>
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<p><strong>UN ÉXITO CON PÉRDIDAS DOLOROSAS</strong></p>
<p>Después de dejar sobre la nieve tres pequeños canutos herméticamente cerrados con cera como prueba de su presencia allí, la expedición emprendió dio la vuelta.</p>
<p>“Fuertes corrientes heladas y falta de víveres hicieron difícil y penoso el regreso de este grupo; el cual, habiendo tenido que alimentarse durante varias semanas con carne de perro, llegó a la cabaña el 23 de junio, después de haber pasado 104 días sobre el pack (banquisa)” relató el duque de Abruzos en su informe para su primo el rey Víctor Manuel III, que había heredado el trono al ser asesinado Humberto I en Monza en el transcurso de la expedición. El 16 de agosto de 1900 el Estrella Polar abandonó la bahía de Teplitz sin los tres desaparecidos: Querini, Ollier y Stökken. El duque de los Abruzos abandonó allí todo el equipo no necesario y víveres para alimentar durante un año a veinte personas, 4 perros y dos perras con dos cachorros que habían nacido en el invierno, con la esperanza de que los desaparecidos encontraran en algún momento el campamento. En distintos lugares de las islas del archipiélago del Emperador Francisco José dejaron para los desaparecidos depósitos visibles conteniendo cartas con la promesa de enviar una nave de socorro en el verano siguiente. El 5 de septiembre, desde el Estrella Polar divisaron las cumbres de los montes de Noruega: la expedición había terminado con tres desaparecidos y el récord de haber llegado más al norte que nadie. El explorador italomadrileño Luis Amadeo de Saboya continuó su vida de aventuras.</p>
<p>En 1906 organizó una expedición a las montañas Rwenzori, en Uganda, donde escaló 16 de sus más altas cumbres; hoy una de ellas lleva su nombre. Tres años más tarde intentó sin éxito conquistar el K2 en el Karakorum, donde una vía de ascenso se conoce como la ruta de Abruzos. Combatió en le guerra italo-turca (1911-1912) y en la Primera Guerra Mundial. Sus últimos años los vivió explorando y fundando poblados en la Somalia italiana, donde murió el 18 de marzo de 1933.</p>
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<p><strong>PEDRO PÁRAMO</strong></p>
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		<title>Segundo Llorente. El misionero de los esquimales</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/segundo-llorente-misionero-de-los-esquimales/</link>
		
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		<pubDate>Fri, 11 May 2018 09:28:21 +0000</pubDate>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Un buen explorador va precedido de una idea fija. Cuentan que Segundo Lorente, nacido en Mansilla Mayor, León, en 1906, tenía desde muy joven dos fuertes convicciones: la fe católica y ser misionero en Alaska, idea que propuso a sus superiores siendo un novicio. Convencido de que su destino eran las tierras del Yukón y el Mar de Bering, rechazó la misión en Anging, China, y no salió de España hasta que su sueño se hizo realidad. Mientras tanto, estudió Humanidades en la Universidad de Salamanca y Filosofía en la de Granada, y finalmente, gracias a su persistencia, en 1930 consiguió el permiso de viajar a Estados Unidos, primero a aprender inglés en la Universidad Gonzaga en Spokane, al norte del estado de Washington, luego a estudiar Teología en Kansas para ser ordenado sacerdote jesuita a los veintiocho años, ra así viajar al lugar de la tierra en el que definitivamente establecería su hogar. Durante los cuarenta años que residió en Alaska, Llorente sólo regresó a España por una corta temporada en 1963, pero mantuvo una fluida correspondencia con amigos y familiares, aparte de la colaboración en la revista El Siglo de las Misiones, donde publicaba sus reflexiones y crónicas sobre la vida entre los que él llamaba esquimales. No fue el primero, pero sí uno de los misioneros más queridos que habitaron la zona. “El sacerdote extranjero tiene que amar con toda su alma a la nación que le toque en suerte (&#8230;).Si se ama, todo lo demás se da por añadidura: asientan bien las comidas, gusta el clima, la gente parece buena y simpática, las costumbres no chocan tanto, se traba amistad más fácilmente, no se hacen comparaciones odiosas con la madre patria, luce el sol, Dios es bueno y la vida se desliza placenteramente”, dejó escrito en uno de sus doce libros, cuando llevaba ya cerca de veinte años conviviendo con los habitantes del delta del Yukón, chapurreando (para algunos lo hablaba realmente bien) su idioma. “Como salmón reseco a dentelladas y grasa de foca, visto pieles de nutria, castores o lobo”, escribió, e incluso en uno de sus doce libros cuenta las ventajas de la ropa de plumón de ganso que, según él, revolucionaría el mundo de la moda en el ártico. Su adaptación fue extraordinaria, como su cariño por los lugareños y por un paisaje que alimentaba su necesidad de contemplación, eso sí, siempre que la época del año lo permitía. Con su trineo de perros o en lancha, dependiendo de la estación, llegaba a todas las poblaciones de orillas de aquel río fascinante, “majestuoso, como un mar sin orillas”, armado con su pala para abrirse camino si era necesario. Akulurak, Alakanuk , Bethel y Kotzebue, son sólo algunas de los lugares de los que habla. En 1958, el Territorio de Alaska se convirtió en el 49º estado de los Estados Unidos, bajo el gobierno de Eisenhower, y en 1960 los propios nativos propusieron, sin él saberlo, al padre Segundo Llorente como representante estatal sin estar adscrito a ningún partido político. Sus superiores religiosos aceptaron la sorprendente elección del misionero y, de hecho, Llorente se convirtió en el primer sacerdote católico con presencia estatal durante dos años, coincidiendo con el gobierno de J.F. Kennedy.</p>
<p>Segundo Llorente murió a los 82 años en Spokane y fue enterrado en el cementerio de los nativos americanos en De Smet, Idaho, por deseo expreso de estos.</p>
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<p><strong>UNA CUESTIÓN DE NOMBRE</strong></p>
<p>“Los yankis aborrecen la palabra “colonia” y la han sustituido aquí por la de “territorio”; y si algún día la palabra “territorio” llegase a sonar mal, se la sustituiría por otra que no fuera ofensiva hasta dentro de setenta y cinco años, cuando habría que cambiarla por otra inofensiva. Es cuestión de nombre. […] Vivimos sobre un glaciar. Quiero decir que se pueden hacer hoy películas de Alaska que deslumbren por su modernidad y su progreso insospechado. [&#8230;] En nuestra misma España se pueden encontrar un Madrid ultramoderno y unas Hurdes casi prehistóricas. Las costas del mar de Bering, salvo reductos pequeños y muy contados, son las Hurdes de Alaska”. (De Trineos y eskimales, S. Llorente, 1954)</p>
<p><em>*Esquimal es un nombre en el que no se reconocen los inuit. Lo consideran despreciativo, ya que en alguna de sus lenguas significa comedores de carne cruda</em></p>
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<p><strong>PILAR MEJÍA<br />
</strong></p>
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		<title>La exploración del Ártico</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-exploracion-del-artico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 11 May 2018 09:17:55 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Boletín 59]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>A finales del siglo XIX la prestigiosa Royal Geographical Society estableció una lista de los grandes retos geográficos por resolver. Cuatro de ellos estaban relacionados con las zonas polares de [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>A finales del siglo XIX la prestigiosa Royal Geographical Society estableció una lista de los grandes retos geográficos por resolver. Cuatro de ellos estaban relacionados con las zonas polares de nuestro planeta, y tres de los mismos con la exploración del Ártico: la travesía del Paso del Nordeste, la travesía del Paso del Noroeste, y la conquista del Polo Norte. Previamente, se habían realizado algunos intentos notables, pero sin éxito, por parte de John Ross en 1818, por Barrow y Parry en 1819, y por Franklin entre 1819 y 1822 bordeando las costas árticas. Fue Franklin precisamente el que realizó el intento más conocido de encontrar el pasaje del Noroeste en 1845, en su legendaria expedición con el Erebus y el Terror. Tras la desaparición de ambos veleros, a partir de 1847 se realizaron numerosas expediciones de rescate. Finalmente, en 1859, se encontraron los esqueletos de todos los tripulantes de la expedición, aunque nunca se hallaron los restos de los barcos.</p>
<p><strong>EL PASO DEL NORDESTE</strong></p>
<p>Muchos años después se alcanzó el primero de los hitos de la exploración del Ártico, cuando Adolf Erik Nordenskjöld (tío de Otto, el legendario explorador de la Antártida) consiguió navegar desde Göteborg hasta Yokohama a bordo del Vega, entre el 4 de julio de 1878 y el 2 de septiembre de 1879, demostrando que tal travesía, considerada como imposible por algunos, podía llevarse a cabo. De hecho, la prioridad otorgada a dicho objetivo naval versus la conquista del Polo Norte, demuestra que los intereses económicos (la posibilidad de alcanzar el Pacífico desde el Atlántico a través del Océano Ártico) jugaron un rol muy importante en la exploración de esta zona del mundo.<br />
Por su parte, el mítico explorador noruego Fridtjof Nansen fue el primero en plantearse seriamente alcanzar el Polo Norte. De hecho, en 1893 partió de Bergen en el Fram, en un primer intento de aproximarse al mismo. Merece la pena remarcar el papel del pequeño buque en la exploración polar, ya que, al margen de la expedición de Nansen, fue el utilizado por Amundsen en la expedición que le permitió la conquista del Polo Sur. Después de 18 meses, y con el Fram atrapado por los hielos, Nansen desembarcó con su compañero Johansen en un intento de alcanzar esquiando el Polo Norte.<br />
Las durísimas condiciones les obligaron a ir sacrificando a buena parte de sus perros con la finalidad de alimentar a los otros. Tras alcanzar un récord norte optaron por regresar uniendo sus dos kayaks y dotándolas de una vela rudimentaria, con la que intentaron llegar a Spitbergen En una de sus paradas en tierra firme se encontraron de forma asombrosa con el explorador inglés Jackson que los daba, como todo el mundo, por muertos.</p>
<p><strong>EL ENIGMA DEL ÁRTICO</strong></p>
<p>Una de las cuestiones más debatidas por los geógrafos en la primera parte del siglo XIX consistía en determinar si el Océano Ártico estaba abierto y si en su centro existía un continente cubierto de hielo. La expedición ártica británica de 1875 y 1876, con el Alert al mando del almirante Nares, demostró la existencia de la banquisa, una capa de hielo flotante permanente, que alcanza su máxima extensión durante el invierno. Por su parte, Nansen demostró que el Polo era un mar cubierto de hielos, por lo que muchos exploradores, en particular los vinculados a las organizaciones científicas, desestimaron el interés de alcanzar el Polo Norte. No obstante, algunos aventureros y exploradores se lo plantearon como un reto geográfico en sí, con independencia de su interés científico. Tras la expedición de Nansen, puede considerarse abierto el inicio de la era heroica de la conquista del Polo Norte. El primer intento lo llevó a cabo el aeronauta sueco Salomón Andrée con un globo en 1896, aunque no llegó a despegar. Sin embargo, al año siguiente acompañado por su ingeniero Knut Fraenkel y el fotógrafo Nils Strindberg despegó hacia el Polo. Desafortunadamente no se tuvieron noticias de él hasta 33 años después, cuando un buque noruego encontró un campamento en White Island, en el que se hallaron los diarios de la expedición, cartas, e incluso negativos  fotográficos que pudieron ser revelados. A través de ellos se reconstruyó la historia de la epopeya que les llegó a vagar durante varios meses por el Ártico hasta la base en la que encontraron su final.<br />
Por su parte, este reto no dejó indiferente a Luis Amadeo de Saboya, Duque de los Abruzzos, el gran explorador italiano nacido en el Palacio Real de Madrid, conocido por sus expediciones en África y en el Himalaya  (especialmente en el Johansen, compañero de Nansen en su intento de alcanzar esquiando el Polo Norte.<br />
Ruwenzori y el K2), que intentó la conquista del Polo tras abandonar con Umberto Cagni el buque, y establecer un nuevo récord de latitud norte, quedándose a poco menos de cuatro grados de su objetivo.<br />
Ya en el siglo XX, el mítico conquistador del Polo Sur, Roald Amundsen emprendió el ambicioso proyecto de circunnavegar el paso del Noroeste a bordo del pequeño pesquero Gjoa, consiguiendo su objetivo después de tres duros años de navegación por el Ártico, con lo que la conquista del Polo Norte geográfico quedaba como el último gran reto a superar en la zona ártica.</p>
<p><strong>LA CARRERA HACIA EL POLO NORTE</strong></p>
<p>De hecho, Amundsen, como noruego y gran especialista en la zona, se había planteado seriamente aproximarse al Polo con el Fram y alcanzarlo con trineo de perros.<br />
Sin embargo, cuando estaba a punto de emprender su singladura, le llegaron las confusas noticias de que Peary y Cook revindicaban haber alcanzado el mismo por lo que, sobre la marcha, decidió emprender ruta hacia la Antártida y luchar con el capitán Scott por ser el primero en conquistar el Polo Sur.<br />
Es curioso que la conquista de ambos polos se produjo como resultado de sendas carreras, la que acabamos de citar en el sur y la de Peary y Cook en el norte.<br />
Hay que reconocer sin duda que Robert Peary, un ingeniero de la armada estadounidense y posteriormente almirante de la misma, fue la persona que más se esforzó a lo largo de su vida en conseguir alcanzar la máxima latitud norte de nuestro planeta. Creó el “Peary Arctic Club” cuyos miembros le financiaron hasta 8 expediciones hacia el Polo entre 1886 y 1908. En la última de ellas, a bordo del Roosvelt, amarró en la costa de noroeste de Groenlandia y, acompañado de un grupo de fieles, partió en 1 de marzo de 1909 desde el Cabo Columbia junto con 17 inuits, 19 trineos y 133 perros llegando a poco a más de 2 grados del Polo. En dicho punto el equipo de apoyo regresó y Pear, junto con su fiel ayudante de raza negra, Matthew Henson, y 4 inuits, emprendió la ruta final. El 27 de abril, el grupo regresó triunfante al buque celebrando la conquista del Polo el 6 de abril. Su esposa fue la primera persona en recibir un telegrama de su parte el 5 de septiembre, al llegar a tierra civilizada, en el que le comunicaba su éxito.<br />
Sin embargo, cuatro días antes, el 1 de septiembre el New York Herald había recibido un telegrama de Frederick Cook reclamando su conquista del Polo el 21 de abril de 1908. Cook era un médico americano con gran experiencia en la exploración polar, que había acompañado al propio Peary en Groenlandia, y había sido miembro del equipo de rescate de la primera expedición de la era heroica de la exploración del Polo Sur, la del Bélgica, comandada por Adrien de Gerlache, de la que precisamente Amundsen era el primer oficial.<br />
Cook había llegado en su expedición de 1907-1908 a la aldea inuit de Anoatak, algo al sur del Cabo Columbia, partiendo el 19 de febrero de 1908 hacia el norte acompañado de 11 inuit, 11 trineos y 103 perros. Tras su hipotética conquista del Polo regresó a su base el 15 de abril de 1909. La “conquista” de Cook fue enormemente celebrada<br />
en Estados Unidos hasta el regreso de Peary el 8 de septiembre de 1909, quien negó el logro de Cook, dando comienzo a lo que podríamos denominar una guerra civil entre dos antiguos compañeros y amigos. Nos encontrábamos en una época dorada del periodismo, por lo que la cobertura que dieron los medios a la polémica fue excepcional.<br />
Cook contaba con el apoyo del Herald Tribune, y Peary por su parte con el New York Times, al margen de la poderosa National Geographical Society.<br />
El dirigible que compró Amundsen al ingeniero italiano Nobile, su constructor. A bordo de él consiguieron sobrevolar el Polo.<br />
Por asombroso que pueda parecer, la disputa adquirió dimensiones políticas al máximo nivel, llegando al Congreso de los Estados Unidos de América, que se vio obligado a organizar un debate parlamentario, enormemente áspero, forzándose al final una votación que decidió por 135 votos frente a 34 que Peary había sido el auténtico conquistador del Polo Norte, lo que al margen de reconocimiento y prestigio, le valió el título de Almirante de la Armada. Por supuesto Cook pasó el resto de su vida intentando desmentir tal logro, aunque la opinión pública mayoritaria le dio la espalda.<br />
Se consideró que era muy difícil probar el logro de Cook ante la falta de información precisa de fechas, observaciones astronómicas, etc., pese a que todo el mundo reconoció el enorme mérito de haber sobrevivido catorce meses en el norte helado sin apenas recursos. Peary por su parte, aportó algunas evidencias más detalladas lo que le valió finalmente el triunfo.<br />
A pesar de ello, el tiempo es un juez inexorable, y en estas últimas décadas existe prácticamente un consenso entre los especialistas en que ni uno ni otro alcanzaron verdaderamente el Polo. El análisis con tecnologías modernas de las fotografías de Peary demuestra que no están hechas a 90 grados de latitud norte, y, por otra parte de acuerdo con sus propios datos sobre fechas y distancias, se deduce que en su ataque al Polo alcanzó una velocidad promedio de 71 kilómetros al día, cuando expediciones anteriores de Nansen, Cagni, e incluso Peary en sus anteriores intentos, nunca habían conseguido superar los 15 kilómetros diarios. Parece pues bastante probable que este último se limitara a establecer un nuevo récord norte, pero sin llegar a alcanzar el Polo.</p>
<p><strong>POR TIERRA Y POR AIRE</strong></p>
<p>Calmadas las aguas del debate, el gran Amundsen decidió ser el primero en sobrevolar el Polo Norte, y así, junto con el piloto americano Lincoln Ellsworth, 2 pilotos y 2 mecánicos, partieron el 21 de mayo de 1925 a bordo de dos hidroaviones, consiguiendo a pesar de la avería de uno de los aparatos, y de no sobrevolar el Polo, un éxito de resonancia mundial.<br />
Amundsen no dio su brazo a torcer, y su piloto Riiser Larsen contactó en Italia con el ingeniero Umberto Nobile, que había construido un dirigible, proponiéndole utilizarlo para sobrevolar el Polo. Con la aceptación de Mussolini y el dinero de Ellsworth, Amundsen compró el dirigible que fue rebautizado como Norge. Poco antes de su despegue en Spitsbergen se encontró la desagradable sorpresa de que el comandante norteamericano Richard Byrd partía de inmediato en su avión hacia el Polo, que sobrevoló el 8 de mayo de 1926 tras un épico viaje de más de 15 horas.<br />
Portada y primera página de la traducción al inglés del libro de Nobile, en el que narra sus aventuras a bordo de los dirigibles.<br />
A pesar de ello, el Norge emprendió vuelo el 11 de mayo, y en algo menos de 17 horas igualó la proeza de Byrd. El suceso fue de gran impacto mundial, pero Nobile insistió en volver al Polo en una expedición científica, esta vez a bordo de un dirigible hermano del Norge, el Italia, a pesar de que Mussolini le recordó que no era bueno tentar dos veces al destino. El Italia alcanzó el Polo Norte el 23 de mayo de 1928 sin problemas, pero fue atacado a su regreso por una violenta tempestad y se desplomó sobre el hielo. Milagrosamente una radio sobrevivió al impacto y pudieron comunicar su dramática situación. Tres de sus hombres partieron en busca de ayuda mientras que al recibir su señal seis países enviaron partidas de rescate en 18 barcos, 22 aviones y más de 1500 hombres.<br />
Cuando un grupo de periodistas le comunicó la noticia a Amundsen, este decidió de inmediato partir al rescate de Nobile, aceptando un avión del gobierno francés pilotado por el capitán Guilbaud, que despegó de Tromso el 18 de junio para no volver a ser visto nunca más. Finalmente, un avión sueco consiguió rescatar a Nobile, mientras que, de forma milagrosa, un rompehielos soviético encontró a dos de los hombres de Nobile, (Zappi y Mariano) que fueron acusados, aunque sin pruebas al respecto, de canibalismo con el tercer miembro de su partida.<br />
Con esta expedición puede darse por concluida la era heroica de la exploración del Polo Norte que, a diferencia del Polo Sur, nos deja múltiples incógnitas, ¿a quién podemos considerar el auténtico vencedor del Polo: Peary, Cook, Byrd, Amundsen, …?<br />
El debate seguirá estando abierto pero nadie podrá quitar el honor a quien fue el primero en alcanzarlo a pie y sin un medio de transporte, el legendario explorador británico Wally Herbert en 1968, proeza que no ha vuelto a repetirse con éxito. ?</p>
<p><strong>Juan Corona<br />
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