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	<title>Boletín 6 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletín 6 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Mauritania: El camino español</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 May 2016 12:45:09 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 6]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>25 años después de que España abandonara el Sahara Occidental a marroquíes y mauritanos, la antigua carretera de la Legión Española aparece en muchos tramos paralela a la moderna vía [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/mauritania-el-camino-espanol/">Mauritania: El camino español</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">25 años después de que España abandonara el Sahara Occidental a marroquíes y mauritanos, la antigua carretera de la Legión Española aparece en muchos tramos paralela a la moderna vía que une Laayune con Dajla, la Villa Cisneros todavía en la memoria de muchos. Una ruta de penetración en áfrica negra por la costa mauritana que ya tuvo su importancia en los años anteriores a la huida española del Sahara, elogiada por viajeros y recomendada por las guías más prestigiosas de la época. La tradicional hospitalidad de las tropas españolas destacadas a lo largo de la costa, hacía del viaje una aventura donde no faltaba una guitarra y vino español.<br />
Los años posteriores y la guerra entre Marruecos y el Frente Polisario dejaron en el olvido una ruta mítica para los nuevos viajeros que habían oído hablar de las noches de vino y música en la maravillosa costa del Sahara. Los finales de los setenta y los ochenta, con el auge de viajes en todo terreno partiendo de la situación privilegiada de España, consolidaron la ruta argelina de la Transahariana como la vía clave de penetración terrestre en áfrica negra, junto a la pista Bechar-Tessalit por el Oeste y más conocida como el Tanezruft.<br />
En los noventa, algunos volvieron a la antigua carretera de la Legión huyendo de la violencia argelina y de la inseguridad de la Transahariana aprovechando las conversaciones de paz auspiciadas por Naciones Unidas entre Marruecos y el Frente Polisario. La presencia de los funcionarios del MINURSO, organismo que se instaló en el territorio para velar por la transparencia del censo saharahui, y la inclusión del Sahara Occidental en el organigrama turístico marroquí, han descubierto a la nueva generación de viajeros el acceso más fresco y reconfortante de penetración en el áfrica Occidental.<br />
Una ruta donde la temperatura media ronda los treinta grados en la costa durante el mes de agosto y la posibilidad de viajar por un territorio donde la presencia española, aunque diluida por la afluencia masiva de colonos marroquíes, todavía es una realidad que tenemos la obligación de que no desaparezca en el futuro.</p>
<p>LA ASIGNATURA PENDIENTE<br />
En muchos españoles de la transición política hay una espina sin curar por lo que supuso el abandono rápido y vergonzante de la ¨provincia africana del desierto¨. Y a muchos de nosotros, que hemos vivido pendientes de un pueblo nómada que habla español y que todavía conserva con celo los papeles españoles y el carnet de identidad, la cruda realidad del pueblo saharahui ha disparado la solidaridad del ciudadano en un afán por devolver el desprecio y la impotencia ofical que caracterizó la última política española en el territorio.<br />
Solidaridad que se mantiene después de los acuerdos de paz y que convive con la inclusión de Marruecos en la lista privilegiada del destino turístico de los españoles y su creciente poder económico. Marruecos en la mochila y el Sahara en el corazón, en interminables viajes por el maravilloso e inigualable país vecino, siempre con la esperanza de llegar al gran sur, al desierto de verdad, no a la estrecha franja de fingidos hombres azules para el deleite de turistas que se inician en la supuesta aventura. Y en el periplo hacia el Sur, a un tiro de piedra de Tarfaya, la escapada siempre terminaba en Tan Tan y Goulimine, la puerta de un desierto familiar, pero tan lejano como los más de veinte años de olvido y abandono oficial que vendrán a coincidir con dos décadas de crecimiento espectacular de las inversiones españolas en Marruecos.<br />
Pero esto no es la crónica triste de la desesperanza y de la señas de identidad perdidas por los avatares de una transición en el filo de la navaja, es la culminación de un deseo siempre presente en diez largos viajes por el país marroquií, un territorio y unas gentes de excepción maltratadas que luchan por incorporarse con dignidad a un proceso de crecimiento en marcha. De este deseo a medio camino entre el conocimiento de los hechos y la pasión por los vecinos surge la aventura. Siempre he creído que mis raíces más profundas, la tendencia inconsciente y la llamada del Sur han impregnado mi vida con una fuerza incontenible hasta la conclusión de este viaje mágico Cercedilla-Dakar ida y vuelta en un sólo coche y con un acompañante de excepción, José Pavón, realizador de TVE, amigo de muchos años y conocedor de Marruecos, con el que realicé un viaje inolvidable.</p>
<p>LA PUERTA DEL SAHARA<br />
Y el viaje tan esperado comienza en Cercedilla (Madrid) con un Montero largo y un equipamiento normal: planchas, bidones y algunas piezas indispensables. Además, unas ruedas Bridgestone Dueler AT compradas por Internet en Estados Unidos, con doce lonas y a un precio igual que las de seis lonas. Lo mejor, ni un solo pinchazo en 12.000 kilómetros de travesía.<br />
Tenía conocimiento de las dificultades del recorrido por amigos que bajaban con viejos Peugeot para vender y que se volvían en avión con artesanía de países del áfrica Occidental. La vuelta suponía un reto e implicaba verificar una ruta de penetración en áfrica negra que se estaba barajando como la alternativa a la Transahariana argelina. Por otra parte, las autoridades marroquíes empezaban a promocionar el Sahara como un destino turístico más, en un afán por consolidar sus posiciones políticas y demostrar al mundo la seguridad del territorio, cuando las eternas negociaciones y la presencia de Naciones Unidas mantenían en candelero la solución negociada del Sahara Occidental.<br />
Pero es necesario destacar un hecho importante. Marruecos está a punto de terminar una carretera moderna que corre paralela a la costa hasta la frontera mauritana. A partir de Guerguerat el asfalto termina y una pista difícil une este punto militar con Nuadhibú, lo que imposibilita un turismo continuo hacia Senegal, habida cuenta de que los 600 kilómetros que separan la ciudad pesquera de la capital Nuakchot se hacen por pista y playa atravesando el Parque de Arguin. Pero las noticias avalan la posibilidad de seguir con la carretera en un supuesto proyecto propiciado por Naciones Unidas y la Unión Europea que acabaría con el tradicional aislamiento de Mauritania y favorecería el desarrollo económico de la zona.<br />
Si este proyecto se realizara, la ruta costera del Sahara sería el camino ideal de penetración en áfrica Occidental, con unos paisajes maravillosos y un clima mucho más tolerable que el de la Transahariana. En este desarrollo debería estar presente España. La historia y las relaciones comerciales así lo aconsejan; nuestro país debería estar a la cabeza de un proyecto tan importante para el desarrollo de esta parte de áfrica.<br />
Esta vez el viaje por Marruecos fue rápido con algunas peripecias surgidas por la fecha de entrada al país. El rey Hassan II falleció cuando cruzamos la frontera. La tensión en las calles de Casablanca y un rodeo forzado por la policía añadía un poco de aventura al viaje. La evolución de la situación era un enigma, pero decidimos seguir a pesar de las noticias alarmantes que circulaban en la calle. Manifestaciones en el Sahara que algunos exageraban y hablaban de enfrentamientos armados. Al final, casi ningún incidente de consideración y, ante la duda, alargamos la estancia en Marruecos con unos días de espera en Marrakech, Sidi Ifni y Gulimine.<br />
La visita a Sidi Ifni fue rápida pero intensa. Una playa larga atestada de gente y los restos de la presencia española deteriorados pero en pie. Hassan ordenó en su momento que todos los edificios españoles fueran respetados, pero también exigió que no se repararan. Edificio barco de la Infantería de Marina, el Gobierno Militar, el escudo, la piscina, el cine y la gran escalinata que sube hacia la ciudad junto al hotel-restaurante Suerte Loca siguen en pie, abandonados, pero configurando una imagen urbana difícil de describir. Rescatar esos imponentes edificos por iniciativa española en una zona de creciente desarrollo turístico sería un proyecto a tener en cuenta. Una sede del Instituto Cervantes en el gran sur marroquí y en un territorio donde todavía se habla español no es una idea descabellada.<br />
Nos despedimos de Sidi Ifni camino de Gulimine dispuestos a asistir al mercado de camellos del sábado, feria de ganado que tuvo una gran importancia en otras épocas, pero que la modernización del país ha relegado a un mercado tradicional con algunos camellos y muchas cabras. El tercer miembro del grupo, Eduardo Garagorri, de 24 años y recién licenciado como alférez de artillería, está enfermo; tiene fiebre y lleva unos días con fuertes dolores de cabeza y nuca. Nos asegura que quiere seguir y cogemos la ruta de Tan Tan para llegar a Laayune lo antes posible. Unas horas de asueto en la playa de Tan Tan, la hospitalidad de Randan, ingeniero de minas saharahui que había estudiado en Oviedo, y una loca carrera de noche con viento y dunas en la carretera camino del hospital de Laayune; Eduardo se encuentra peor y regresar es más largo que seguir adelante. Imposible continuar con el viento, la arena y una noche espesa que nos rinde en Tarfalla, pueblo de pescadores donde descansamos hasta el amanecer en una pensión de marineros agobiados por el estado físico de nuestro joven compañero.</p>
<p>EL SAHARA OCCIDENTAL<br />
Hemos pasado a 120 ante el monumento a la Marcha Verde que jalona la carretera. A primera hora de la mañana aparece Laayune ante nosotros. Una ciudad enorme, capital del antiguo Sahara español, con casi doscientos mil habitantes, la mayor parte (un 80 por ciento) colonos y militares marroquíes. A partir de aquí y durante la permanencia en el Sahara estaremos controlados por la policía. La comprobación de pasaportes y hora de llegada serán habituales a la entrada de los tres grandes núcleos de población que jalonan la ruta: Laayune, Bojador y Dakhla.<br />
Después de desayunar en un hotel para miembros del MINURSO, nos dirigimos al hospital de la ciudad. A pesar de los síntomas, el médico diagnostica una gripe a Eduardo. La decisión de regresar en avión a España nos deja maltrechos moralmente, pero es un acierto. Al día siguiente llamamos a Madrid y nos quedamos helados: meningitis vírica.<br />
Un día meditando el riesgo de un posible contagio, que descartamos, en el Hotel-Residencia Josefina, en el puerto de Laayune. Limpieza y buena mesa a un precio módico (350 dirhams la habitación doble), con un propietario canario y Alí, un camarero de Sidi Ifni que habla español como un castellano de Valladolid, de una cultura y unos recuerdos sobre los asuntos españoles que invitan a quedarse una semana de charla y aprendizaje. En la cena se nos acerca Javier, joven alto y fuerte, un canario que administra tres barcos sardineros que tienen su base en el moderno puerto, donde docenas de pesqueros y cientos de marineros laboran en uno de los caladeros más ricos del mundo. Nos habla de la enorme riqueza de estos mares, de las factorías que han surgido en el puerto del Layune, del enriquecimiento de algunos saharahuis que han entrado en ámbito económico marroquí. En suma, en el Sahara Occidental todo va muy rápido, Hassan ha invertido mucho para marroquinizar el territorio: infraestruras, viviendas, lujosos hoteles para alojar a los funcionarios de Naciones Unidas y miles de colonos para poblar una superficie superior a la mitad de España.<br />
Entre el hotel y los muelles, recostado en la playa, descansa un viejo ferry canario que alguien quería convertir en discoteca en Las Palmas. Una avería lo dejó para siempre ante las dunas del pantalán. Imagen anacrónica en la misma playa donde los reclutas españoles bajaban de las lanchas de desembarco en un destino amargo que dejaba a las familias enlutadas y un futuro de estómagos vacíos. Eran los años sesenta, al comienzo del desarrollo de la zona con las tropas alojadas en tiendas de campaña y unas pocas construcciones militares. Mi amigo Pablo Méndez, que hizo la mili en el Sahara, se acuerda del estribillo de una canción muy popular entre los quintos:<br />
Madre, manda comida y dinero,<br />
que si no yo aquí me muero<br />
sin ninguna compasión.<br />
.Y tú, novia, no me mandes<br />
ningún beso,<br />
mándame un trozo de queso<br />
y un pedazo de jamón.<br />
Ahora la música más escuchada en la moderna carretera que une Layune con Dakla es el ruido sordo de los modernos camiones frigoríficos que pasan cada cinco minutos cargados de pescado, de pulpo, de marisco. La riqueza del Sahara no son los fosfatos, comenta Randan, «la verdadera riqueza es la pesca, se están haciendo numerosas fortunas en el caladero, una riqueza a la que es ajena el pueblo que vive en los campamentos de Tiduf.». En el hotel hay caras significativas. El capitán y la tripulación de un arenero gallego están desolados. Habían venido a cargar arena para la construcción canaria y el barco comenzó a arder; no tuvieron tiempo de recoger ni el pasaporte cuando otro barco lo remolcó fuera del puerto para evitar un desastre entre los pesqueros que abarrotaban el muelle. Sin comentarios, siempre habrá un gallego haciendo lo más inversímil.<br />
Viejos fortines y garitas abandonadas, semicubiertos por la arena, jalonan la carretera a la salida del puerto de Laayo camino de Bojador. Pasamos por encima de la cinta que transporta los fosfatos. El viento forma pequeñas dunas y las ráfagas de arena desdibujan el asfalto. Vamos de un tirón a Dajla, a coger el convoy del viernes. Sólo los martes y viernes está permitido salir hacia Mauritania y con escolta militar marroquí.<br />
En el control de Bojador encontramos a unos madrileños que bajaban dos viejos Peugeot para vender en Mali. Teníamos amigos comunes y decidimos hacer la ruta mauritana juntos. Nuestro 4&#215;4 ofrecía una seguridad en caso de averías.<br />
La moderna carretera circula paralela al mar y a la antigua pista asfaltada del Ejército español. La costa es espectacular; cortada sobre el océano y alternando playas interminables con acantilados sin fin. En algunos lugares se divisan los viejos cascos de pesqueros arrumbados en las playas, y entre ellos algunos que fueron capturados por el Polisario cuyos tripulantes fueron secuestrados a finales de los años setenta. Con estas acciones, el Frente se aseguraba una publicidad importante en la prensa española a la vez que reivindicaba la soberanía sobre las aguas y la riqueza pesquera.<br />
En los últimos tiempos, muchos de los colonos marroquíes que llegan al territorio se han instalado en algunas zonas de acantilados donde han construido chabolas con plásticos y deshechos para dedicarse a la pesca artesanal. Por la proliferación de estos enclaves provisionales es evidente que el negocio va viento en popa, como viene a confirmar el desarrollo global del Sahara Occidental.<br />
La entrada en la península de Dajla es espectacular. Un mar azul y un arenal inmenso conforman un istmo de una belleza sin igual. La antigua Villa Cisneros, capital del territorio Río de Oro, fundada por los españoles en 1885, fue un enclave comercial y militar que pasó por diversas etapas hasta el control definitivo de las tribus guerreras Ulad Dalim en el año 1936. La zona, cedida a Mauritania en 1975 en virtud de los acuerdos tripartitos, fue ocupada por el Frente Polisario en una lucha contra los mauritanos que les llevaron a las puertas de Nuakchot. La intervención de la aviación militar francesa apoyando a su excolonia frenó a las tropas del Frente, pero disuadió a los mauritanos sobre sus aspiraciones sobre la parte sur del Sahara. Al final, Marruecos ocupó el territorio y la ciudad fue poblada con colonos del norte y ahora cuenta con una población de 60.000 habitantes.</p>
<p>CAMINO DE MAURITANIA<br />
Para recorrer los casi cuatrocientos kilómetros que nos separan de la frontera en Guerguerat se circula en convoy escoltado por el Ejército marroquí. Los martes y viernes hay que estar dispuestos a la altura del camping a las 8,30 de la mañana con los papeles en regla. Es necesario llegar el día antes a Dajla para hacer el papeleo: un impreso en la Policía, una ficha con dos fotos en la Gendarmería y los trámites de Aduana donde es importante hacer la fotocopia del permiso de salida que nos pedirán en el convoy. Y allí empieza la aventura; vehículos de toda clase van reuniéndose en largas filas: Toyotas mauritanos llenos de gente y mercancías, modernos Mercedes de segunda mano, muchos Land Rover Santana ocupados por saharauis y los sempiternos Peugeot conforman un panorama variopinto de más de cien coches.<br />
La caravana se pone en marcha con dos militares que se sitúan a la cabeza y al final del convoy en los mejores vehículos que llevan asientos vacíos. El último conserva todos los pasaportes en una gran bolsa. Imposible despistarse para hacer una excursión; la fila de vehículos se alarga en la carretera todavía con tramos en obras, pero donde se circula a gran velocidad. Dos controles en la ruta y la espera obligada para agruparse llevan el día completo. En la cadena del último control, al anochecer, se establece una pugna para ocupar los mejores puestos de salida. Los primeros en llegar a la frontera dispondrán de espacio en los dos albergues, uno para nativos y otro para extranjeros, donde pueden dormir en el suelo no más de veinte personas en cada uno. Y nosotros llegamos los primeros en una loca carrera nocturna sorteando las numerosas dunas que invaden la carretera.<br />
La tensión se relaja con la cena compartida, el relato de las peripecias de cada uno y el descanso merecido. La asignatura pendiente está en el ecuador del sueño. Y a la mañana siguiente la espera para entrar al famoso campo de minas que el Ejército mauritano sembró en una frontera que no tenía capacidad de controlar. Los marroquíes nos entregan los pasaportes y a correr otra vez por unos kilómetros de asfalto que pronto terminan en una alambrada que nos separa de Mauritania. A partir de aquí, una pista con zonas de arena nos lleva a un promontorio; vamos sin escolta por tierra de nadie en un desierto lunar. Y la sorpresa no tarda en llegar: los coches nativos se alejan de la ruta por la izquierda en una pista de contrabandistas no controlada por los mauritanos. Sólo quedamos diez coches que seguimos adelante por la principal hasta el primer puesto militar. Dos soldados se ocupan del paso fronterizo. Nadie osa salirse del camino, hay minas, hasta avistar al primer soldado que nos detiene unos cientos de metros antes de una garita de piedra. Vamos pasando de uno en uno el primer control de pasaportes y tomamos velocidad para pasar una pequeña duna artificial que hay junto a la caseta. Los que pasan se suben a la cresta para ver a los demás; muchos se quedan y son ayudados por los espectadores. Los que no necesitamos ayuda recibimos un fuerte aplauso. Señores, hemos llegado a Mauritania, increíble. El paso fronterizo más original que haya visto, con una prueba de esfuerzo que es un pequeño test de lo que nos espera en el país del desierto.<br />
Y hemos pasado todos para formar una fila a la espera de un viejo 4&#215;4 ruso que nos escoltará por el peligroso camino donde se pudren al sol algunos esqueletos de vehículos que no tuvieron tanta suerte. Unas dos horas de camino hasta llegar a la vía del ferrocarril minero que termina en Nuadhibú. Y varias horas de controles de Policía, Aduana y Gendarmería en una suerte de puestos fronterizos difíciles de describir. Están fabricados con restos de cajas de pescado y latas en medio del desierto y a muchos kilómetros de la ciudad. Aquí nos encontramos con media docena de patronos de hoteles, campings y albergues que pugnan por hacerse con la escasa clientela del «convoy del viernes».<br />
Mauritania sigue sin reconocer la presencia marroquí al otro lado de la frontera, pero las necesidades de establecer un paso al norte ha hecho que, en los años noventa, el tránsito de viajeros sea algo habitual y la rigidez administrativa se haya suavizado ante una evidencia imposible de parar. Pero el paso en sentido contrario, en dirección al Sahara Occidental, sigue sin ser admitido oficialmente, aunque se hace la vista gorda ante la suerte de guías que por 1.000 francos franceses hacen la vuelta por la ruta que utilizaron la mayor parte de los vehículos de que hablamos anteriormente. Para evitar contradicciones a las autoridades es conveniente, a la vuelta, no pasar por Nuadhibú (es una península y hay que repetir las mismas aduanas a la entrada y salida de la ciudad) y hacer el camino, con el combustible correspondiente, desde Nuakchot a Dajla con un guía que previamente nos espere en la capital y nos lleve por la pista de los contrabandistas para salir «ilegalmente» del país. Nosotros cometimos el error de llevar un carnet de passage (que no es necesario, aunque en la embajada te digan lo contrario) y teníamos que sellarlo forzosamente en Nuadihibú a la vuelta para recuperar el dinero del depósito en el RACE. Esta tontería nos forzó a regresar por los controles y después de horas de negociaciones y tensiones logramos salir diciendo que íbamos a pasar unos días al desierto con los nómadas. Cansados y repitiendo el camino esta situación se puede hacer insostenible, sobre todo ante la incredulidad de los funcionarios que pretendieron quedarse con la documentación del coche para impedirnos llegar a Dajla. Al final demostramos algo que no tiene muchos precedentes: salir de Mauritania en forma legal por una frontera no reconocida legalmente.<br />
¡Qué alivio en el albergue de Selmi Chein, en Nuadhibú! Una buena cena y a descansar para repetir todas las formalidades con la Policía, la Gendarmería, la Aduana y las autoridades del Parque de Arguin, paso obligado para hacer la pista de Nuakchot por la costa. La alternativa, que descartamos, implicaba subir el coche al tren minero para ir a Choum y allí coger la pista de Atar para enlazar con la carretera que lleva a la capital. Y tuvimos suerte con nuestro amigo Soufi Ould Mahmoud, el guía que contratamos para hacer el Parque y que nos esperaría a la vuelta de Senegal para desandar el camino.<br />
El descanso y la visita a Cabo Blanco para observar las focas monge nos relajó de tantas penalidades aduaneras y pudimos disfrutar de los alrededores de Nuadhibú y su cementerio de barcos, más de cincuenta, que reposan sus esqueletos oxidados a poca distancia de la playa. Un espectáculo sorprendente en un país olvidado y aislado, pero que tiene unas gentes que te compensan de cualquier penalidad. Y ya relajados pusimos rumbo a la interminable playa que nos llevaría a Nuakchot por el Parque de Arguin, Parque Nacional desde 1976, un lugar ecológico excepcional con una sintonía desierto-océano inigualable, una diversidad de fauna sorprendente y unos hombres, los cerca de mil pescadores imraguen (distribuidos en siete pueblos sobre 170 kilómetros de costa) que cercan a los peces con redes y entran al agua en una fiesta de espuma y gritos para hacerse con un botín de pescados al lado de la playa. Hace 80 años, los pescadores canarios dotaron a estos de lanchas con vela latina, por eso no es de extrañar la influencia de las islas en estas tierras. Al otro lado de este mar biológicamente puro está el desierto y la cabaña de camellos más abundante de áfrica. Mauritania bien merece un viaje largo e intenso para conocer un gran país con tantos paisajes naturales y unas gentes tan hospitalarias, pero nuestra meta está más al sur, vamos al áfrica negra, a cumplir la promesa de la ida y la vuelta por «la nueva transahariana», el viaje del mar y el desierto fundidos en una naturaleza sin igual.<br />
Sensación de libertad en la costa mauritana. Desierto y playa, a la medida de una película imaginada. La espuma de las olas al lado de la ventanilla, la arena más dura es la que se encuentra bañada por el mar y por allí aprovechamos la bajamar para evitar la inclinación excesiva y la arena blanda. Un experiencia sin parangón, más de doscientos kilómetros por una playa interminable, con un sentimiento de libertad que produce escalofríos y que compensa de los días perdidos en la frontera. El día que Mauritania se abra de verdad será un destino importante para todos aquellos que amen la conexión profunda con la naturaleza, que deseen el viaje en estado puro y que sientan el horizonte interminable de esta maravilla patrimonio de la humanidad.</p>
<p>SENEGAL<br />
En Nuakchot, capital del país, nos despedimos de Soufi para iniciar por asfalto la última etapa mauritana camino de Rosso, en la orilla norte del río Senegal, donde un transbordador, capaz para media docena de vehículos, nos permite pasar a Senegal. El paisaje cambia por completo, la vegetación se espesa y la fauna de la sabana aparece al lado de la carretera. Monos y pájaros en una ruta con una población más numerosa y donde las restricciones de la república islámica desaparecen: hemos llegado al áfrica Occidental y un mundo diferente y colorista aparece ante nuestros ojos. Ahora todo es asfalto hasta Gambia en una carretera plagada de pequeños pueblos con un comercio pujante y un sinfín de puestos de fruta. La riqueza natural del trópico en todo su esplendor. Plátanos y mangos de temporada abarrotan los mercadillos hasta la ciudad más importante al norte del país: Saint Louis, enclave colonial francés que todavía conserva los edificios de la presencia francesa en una isla separada por dos puentes del continente y de la franja costera donde se apiñan las piraguas de los pescadores.<br />
Hemos llegado a un centro turístico importante que aparece en todas las visitas a Senegal y que dispone de numerosas plazas hoteleras y una suerte de excursiones a diversos parques naturales y enclaves costeros. Un lugar perfecto para relajarse y hacer un giro en un viaje tan intenso y variado. Vamos a dedicar unos días al descanso, algunas visitas y excursiones al delta y a parques. Senegal es un destino en alza, tiene unas posibilidades turísticas importantes, centros como Saly Portugal con docenas de lujosos hoteles (en uno de ellos estuvimos tres días instalados preparándonos para la vuelta) y empresas que se dedican a la pesca deportiva. Le llaman «el caribe africano» y el turismo europeo crece cada año. Pero con esta avalancha de dinero, el senegalés que pretende vivir al lado del turista es pegajoso como una mosca, inasequible al desaliento y contumaz como una mula.<br />
Pasamos por los lugares famosos de la carrera de coches. El lago Rosa y la ciudad de Dakar, un conglomerado urbano enorme y cosmopolita, un poco agobiante para viajeros como nosotros. La visita en barco a la isla de Goré merece la pena, ya que podemos apreciar la ciudad desde el mar y descubrir un lugar mítico en el tráfico de esclavos. Dos grandes cañones de costa (aquí se rodó la película Los cañones de Navarone) cubrían el tráfico marítimo francés en esta parte de áfrica. Una etapa, la mitad, ha sido cubierta con éxito y sin mayores problemas. Pensar en la vuelta nos agobia. Es muy duro hacer el regreso, pero tenemos que probar y demostrar lo imposible.</p>
<p>EL REGRESO POR EL CAMPO DE MINAS<br />
El 18 de agosto nos despedimos de algunos amigos de Saly. No se pueden creer que volvamos a España en coche, pero el guía Soufi nos espera en Nuakchot para hacer el regreso mauritano y pasar la frontera. Estamos inquietos pero decididos a cumplir los objetivos del viaje. Volvemos a desandar el camino por Saint Louis y Rosso para ingresar en Mauritania por el río Senegal. En Nuakchot nos espera el bueno de Soufi puntual como un reloj ante una tetera humeante y con una sonrisa radiante. Estaba seguro de que no le defraudaríamos.</p>
<p class="bodytext"><strong>Guillermo Armengol</strong></p>
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		<title>El laberinto Fiji</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/el-laberinto-fiji/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 May 2016 12:44:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 6]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Papúa Nueva Guinea. En abril de 1997 Papúa Nueva Guinea conoció las más grave crisis política en la corta historia de este país, independiente desde septiembre de 1975. Esta crisis terminó [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/el-laberinto-fiji/">El laberinto Fiji</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">Papúa Nueva Guinea. En abril de 1997 Papúa Nueva Guinea conoció las más grave crisis política en la corta historia de este país, independiente desde septiembre de 1975. Esta crisis terminó con la caída del Gobierno del primer ministro sir Julius Chan. El motivo que desencadenó la crisis fue la reacción del ejército y una enérgica respuesta de la población a la contratación de mercenarios, de la firma Sandline International, por el Gobierno papuano para aplacar la sublevación de la isla secesionista de Bougainville, oficialmente conocida como la provincia de North Solomon.<br />
La isla de Bougainville ha conocido una guerra civil, que se inició en 1989, provocada por el descontento de las tribus propietarias de las tierras donde se encuentra la mina de Panguna sobre el reparto de beneficios y otros aspectos relacionados con la explotación de la mina por la multinacional Rio Tinto, actualmente de capital británico-australiano. Panguna es la segunda mayor mina de cobre del mundo a cielo abierto. La crisis papuana terminó con la instauración de un nuevo gobierno siguiendo los procesos democráticos previstos en la Constitución del país, al tiempo que los mercenarios fueron desarmados y expulsados de Papúa hacia sus lugares de origen: Sudáfrica y el Reino Unido. Desde 1997 hasta la actualidad, dos nuevos gobiernos se han sucedido y la normalidad ha caracterizado la vida política de estos tres últimos años, no sin avatares debido a los altos niveles de corrupción a distintos niveles de la clase política y administrativa de este país.</p>
<p>Fiji. La reciente crisis política de Fiji, iniciada el 19 de mayo de 2000 y culminada con la retención del primer ministro Mahendra Chaudhry en el edificio del Parlamento mediante el uso de la fuerza, es el resultado de la tensión<br />
étnica enquistada entre la población melanesia autóctona y la población hindú.<br />
ésta es descendiente de los trabajadores hindúes llevados durante el periodo<br />
colonial británico a principios del siglo pasado para el cultivo de caña de azúcar en las fértiles tierras fijianas.<br />
La elección del primer ministro Mahendra Chaudhry, el primero de origen hindú en la historia de Fiji, junto con la aprobación de la nueva constitución de 1997, abrían la puerta para terminar constitucionalmente con la supremacía del hasta ahora dominante tradicional sistema fijiano, incluyendo el acceso a la propiedad de las tierras por la población hindú . Las tierras siguen mayoritariamente en manos de sus pobladores indígenas, mientras que la mano de obra empleada en la industria azucarera y otros sectores vitales de la economía es principalmente de origen hindú. La propiedad de la tierra, incluido el control de sus recursos y las actividades que se realicen en ella, es un elemento esencial en la cultura y en la tradición melanesia y, al mismo tiempo, el origen de la mayoría de los conflictos entre tribus y clanes, que en el caso de Papúa Nueva Guinea se cobra varias centenas de víctimas en guerras tribales cada año.<br />
En el caso de Fiji, la tensión entre los hindúes (que constituyen el 48 por ciento de la población) y los fijianos (el 51 por ciento) es el resultado de una fuerte disputa durante al menos las dos últimas generaciones por el control económico y político del país. Mientras que la población hindú, más laboriosa y con claro espíritu y vocación empresarial, ha sabido hacerse con el control económico de las principales fuentes de ingresos del país (la producción azucarera, el turismo y parte de la industria de transformación), la población fijiana, fuertemente apegada a los valores de la cultura melanesia, no ha sabido dar una respuesta en el dominio económico y comercial, aunque mantiene la propiedad de las tierras. La industria del azúcar, que constituye el principal motor de la economía con el 40 por ciento de las recetas de este país, está basada en un acceso preferencial a los mercados europeos bajo el protocolo del azúcar en la convención de Lomé que asegura un precio muy superior al precio internacional del azúcar.<br />
(La Convención de Lomé es el texto marco que define la cooperación en materia de desarrollo entre los quince estados miembros de la Unión Europea y los 71 países ACP (ex-colonias europeas situadas en áfrica, el Caribe y el Pacífico. Es llamada así porque fue firmada en la Capital de Togo hace veinticinco años, y será remplazada por una nueva convención que debe ser firmada el 23 de junio de 2000 en la República de Benin. En el Pacífico, ocho países insulares independientes son miembros de la familia ACP: Papúa Nueva Guinea, las Islas Salomón, Vanuatu, Fiji, Tonga, Samoa, Kiribati y Tuvalu, al igual que los territorios franceses de Nueva Caledonia, Polinesia Francesa y Wallis y Futuna, junto al británico Pitcairn. Otros seis nuevos micropaíses del Pacífico formarán parte de la nueva Convención: islas Cook, islas Marshall, Estados Federados de Micronesia, Nieu, Nauru y República de Palau.)<br />
Desde el inicio de la crisis, algo más de 4.000 empleos han sido perdidos, lo que apunta a una fuerte recesión de la economía de Fiji. The Native Land Trust, organización nativa para el control de los derechos sobre la tierra, reivindica la devolución de todos los derechos de soberanía y gobierno de Fiji a sus jefes tradicionales, representados por el Gran Consejo de Jefes, que consideran como la más alta instancia de gobierno de la nación. En otras palabras, se reivindica la Matanitu vakavanua, que fue cedida a los británicos bajo una escritura de cesión en 1874. La crisis, en el fondo, no es otra que la reacción de la población fijiana aprobada explícitamente por la más alta institución tradicional de poder, el Gran Consejo de Jefes, por mantener el control del país siguiendo los valores tradicionales de la cultura melanesia en contra del imparable progreso económico y político de la población fijiana de origen hindú.</p>
<p>Islas Salomón. El tranquilo país de las Islas Salomon, archipiélago que fue descubierto por álvaro de Mendaña en sus viajes de 1568 y 1595, también conoce en estos momentos tumultuosas vicisitudes políticas que, al igual que en el caso de Fiji, son fruto de tensiones étnicas, pero en este caso entre comunidades de dos de sus provincias, las de la isla de Malaita y las de Guadalcanal.<br />
A fin de entender el conflicto étnico y sus consecuencias políticas en este país, es apropiado hacer algunas consideraciones previas que a continuación se exponen. Poco después de acabada la Segunda Guerra Mundial, y con el propósito de utilizar toda la infraestructura construida por los norteamericanos en Honiara (edificios, hospital, pantalanes y, sobre todo, su aeropuerto), se tomó la decisión de trasladar el centro administrativo del entonces territorio británico desde Tulagui (en la provincia Central o Florida) a Honiara. En los años 70 se produjeron importantes inversiones agrícolas, especialmente en la creación de plantaciones destinadas a la producción de copra y aceite de palma. Este desarrollo agrícola atrajo la migración a Guadalcanal de numerosos habitantes de la isla de Malaita, renombrados al igual que por su ferocidad como buenos trabajadores en el ámbito agrícola.<br />
Los habitantes de Malaita, a pesar de su reputación agresiva y guerrera, se ganaron la calificación de excelentes trabajadores desde finales del siglo XIX, y Malaita fue uno de los lugares predilectos para el reclutamiento de mano de obra barata destinada a las plantaciones de caña de azúcar de Queensland (Australia) y Samoa. La buena reputación se ha visto confirmada más tarde, en la época previa a la independencia y a partir de la independencia del país (el 7 de julio de 1978), por su implicación y dinamismo en el sector de servicios, de la agricultura y otras actividades. El floreciente éxito de la minoría originaria de Malaita afincada en Honiara no es un secreto y constituyen un peso específico mayor en la administración de Estado (funcionarios), comercio y servicios (empleados, mano de obra especializada, áreas de transporte marítimo y terrestre). A título de ejemplo, mencionaré que el 70 por ciento de los miembros de la Royal Constabulary of Solomon Islands (fuerzas de policía) son originarios de Malaita. Sólo quiero señalar que la policía es el único cuerpo armado del país dado que no hay ejército. Más tarde se verán las implicaciones de esta fuerte presencia malaita en la policía durante el proceso de la crisis.<br />
Por otro lado, es absolutamente necesario recordar que, al igual que la propiedad de la tierra es un factor de vital importancia en la cultura melanesia, también los lazos de unión a distintos niveles entre los componentes de un mismo grupo social o etnia juegan un papel predominante. Esto se conoce popularmente como Wantok System, y si bien su traducción del pidgin english es «sistema basado en una sola lengua» no es fácil hacer una descripción detallada en pocas líneas debido a sus profundas implicaciones sociales, aunque se podría resumir como la obligación de un individuo perteneciente a un determinado grupo social de ayudar a sus miembros y cooperar a los intereses de la etnia y a su vez, ser protegido y ayudado por el resto de la etnia en caso de necesidad o requerimiento. En otras palabras, se podría describir como una forma de seguridad social basada en los valores sociales melanesios, entre los que destaca el concepto de la compensación como primer paso en la resolución de conflictos de cualquier naturaleza.<br />
La tensión étnica no es un factor nuevo entre las poblaciones de Malaita y Guadalcanal. La población de Guadalcanal se ha visto desplazada por el progreso de los emigrantes de Malaita, que en pocos años han ocupado un lugar predominante en la economía de la isla de Guadalcanal y del país. Descontentos con esa situación a lo largo de los años, en 1998 la comunidad de Guadalcanal presentó al gobierno de la nación una serie de exigencias para compensar el progreso de la población de Malaita afincada en Guadalcanal. Dado que las exigencias solicitadas fueron ignoradas, se inició una campaña de agresión contra la población de Malaita, en las zonas agrícolas al este de Honiara, donde se concentran las plantaciones destinadas a la producción de aceite de palma que, como se dijo previamente, son explotadas por trabajadores originarios de Malaita. Esta campaña de agresión, que se saldó con varios muertos entre la población malaita, fue reivindicada por el denominado Guadalcanal Revolutionary Army, que más tarde se autodenominó Isatabu Freedom Mouvement, lo que provocó una huida de la población rural malaita hacia su isla de origen. Unos 20.000 malaitanos debieron emigrar, lo que supuso un problema de acogida en una isla ya superpoblada por unos 120.000 habitantes.<br />
La reacción de la comunidad malaita fue crear una estructura paramilitar capaz de contrarrestar la amenaza del también paramilitar Isatabu Freedon Mouvement o IFM. El resultado fue la aparición en la escena del Malaita Eagle Forces (desde ahora citado como MEF). Los miembros del MEF, que han controlado la zona urbana de Honiara, iniciaron acciones de intimidación y represalias, saldadas con varios muertos, contra la población urbana originaria de Guadalcanal, que a su vez se ha visto obligada a abandonar la ciudad de Honiara para buscar refugio en zonas seguras en la isla de Guadalcanal. La situación resultante es que Honiara (incluyendo el aeropuerto) se ha convertido en un enclave defendido por el MEF y asediado por las fuerzas paramilitares del IFM. Como se dijo previamente, y dado que la mayor parte de la policía del país está compuesta por oficiales procedentes de Malaita, éstos, bajo el Wantok System, no sólo han evitado acciones en contra de los miembros del MEF, sino que los han apoyado en sus incursiones contra los habitantes de Guadalcanal. Con esta situación, el Gobierno ha perdido el control de la seguridad de la ciudad y de la libertad de movimientos, que quedan en manos del MEF por lo que se refiere a Honiara , y del IFM en resto de Guadalcanal.<br />
Recientemente un nuevo elemento se ha venido a sumar a la ya complicada situación, y es la exigencia de una fuerte compensación económica por parte de la población que tuvo que emigrar a Malaita, justificada por las pérdidas sufridas por abandono de sus empleos, casas y otras propiedades. El día 5 de junio de 2000, después de que la Policía dejara que el MEF se apoderara con total impunidad de su arsenal de armas y municiones, la ciudad fue tomada en una operación «conjunta» de la Policía y el MEF, deteniendo al primer ministro Bartholomew Ulufa&#8217;alu en su residencia. El portavoz del MEF, el abogado local Andrew Nori, se presentó como líder de la acción, considerada como un golpe de estado. La ciudad y toda actividad quedaron paralizadas.<br />
El mismo día del golpe la Unión Europea y otras potencias declararon un contundente rechazo al golpe de estado y exigieron que los principios democráticos y la Constitución del país fueran observados. Esta acción rebajó las aspiraciones de los golpistas, que accedieron a poner en libertad al primer ministro y a seguir los procedimientos constitucionales mediante la convocatoria del Parlamento y la presentación de un voto de censura. Sin embargo el primer ministro presentó voluntariamente su dimisión el día 14 de junio, justificándola como contribución a la resolución de la crisis. Sin embargo, la solución del conflicto está lejos de ver la luz y deberá pasar por una reconciliación haciendo uso del sistema melanesio que incluye maratonianas conversaciones; acuerdos sobre compensaciones y su pago; la reconciliación de las partes envueltas en el conflicto; y finalmente, el desarme de las fuerzas paramilitares. Teniendo en cuenta la experiencia del proceso de paz en Bougainville, se hace imperiosa la presencia de un intermediario neutral o una fuerza multinacional capaz de asegurar el diálogo necesario. Probablemente pasarán años antes de ver una paz firme y definitiva en este pequeño país.<br />
Las consecuencias económicas de este conflicto serán desastrosas para el futuro de este país, el más pobre del Pacífico. Las Islas Salomón tienen fundamentalmente cuatro fuentes propias de ingresos, pesca, madera, minería y agricultura, que están colapsandose o han terminado sus operaciones por el conflicto, y una quinta que está basada en la contribución de países donantes (en forma de cooperación) como el Banco Mundial, la Unión Europea, Australia y otros, y que pudiera paralizarse si las garantías constitucionales no son observadas. La economía de las islas se estaba recuperando desde julio de 1997, después de un periodo de nefasta y corrupta gestión efectuada por el anterior gobierno del primer ministro Mamaloni. La crisis económica no ha hecho más que empezar, afectando a empresas de servicios básicos como la distribución de gas, electricidad, hospitales, y a los servicios del Estado, que tendrá dificultades para pagar los salarios de sus funcionarios y hacer frente al pago de las importaciones de productos de necesidad básica como combustibles o medicamentos.</p>
<p>Evacuación de Honiara. El día del golpe de estado, el 5 de junio de 2000, me encontraba en Honiara, acompañando a una misión de la Asamblea Conjunta EU-ACP, (que incluye miembros del Parlamento Europeo), que realizaba una visita en las Islas Salomón a fin de buscar elementos capaces de contribuir a una solución negociada del conflicto étnico. Como miembro acompañante de esta misión, y en mi condición de embajador en esa isla, tuve la posibilidad de tener reuniones con las distintas partes en conflicto visitando las zonas ocupadas por el IMF y el MEF. La posibilidad del golpe se sentía en el aire, pero nos sorprendió la rapidez con que se produjo, si bien no es de extrañar por la implicación de las fuerzas de la Policía en favor del IFM. La operación comenzó a las cuatro de la mañana con la toma del arsenal de armamento de la Policía; hacia las cinco se detuvo al primer ministro y a las nueve de la mañana la operación quedó concluida, una vez que el edificio de Telekom (compañía de teléfonos), radio y otros inmuebles principales de la ciudad estuvieron bajo custodia de los miembros del MEF y la Policía, en una operación irónicamente denominada «conjunta». Ese mismo día 5 de junio numerosos controles de rebeldes del MEF con armas sustraídas a la Policía controlaban los pocos vehículos que circulaban por la ciudad. En las zonas «fronterizas» al este y oeste de Honiara hubo intercambio de disparos de fuerte intensidad entre el MEF y el IFM.<br />
Nuestra misión desarrolló una intensa acción diplomática el mismo día del golpe, con reuniones que fueron desde el Primer Ministro, que acudió a nuestra cita en el Hotel Mendaña escoltado por dos rebeldes armados, hasta el líder de los golpistas, el abogado Norris, pasando por el líder de la oposición y otros agentes de la vida política. Entre tanto, todas las comunicaciones con el exterior del país quedaron cortadas, desde las líneas telefónicas hasta el cierre del aeropuerto, excepto las comunicaciones por internet. Como la tensión aumentaba, decidimos estudiar una evacuación inmediata de la misión, aunque la falta de comunicaciones y la ausencia de medios de transporte impidieron una acción rápida. Distintas soluciones se consideraron y barajaron al mismo tiempo, incluida el uso del atunero congelador de bandera de las Salomón Alexandros, de tripulación española, que se encontraba fondeado en la bahía de Honiara. Para tal propósito se contactó a la compañía armadora, la empresa Calvo, que generosamente puso el atunero a nuestra disposición para una evacuación a partir de Honiara. Otra de las opciones, que por motivos de oportunidad resultó la elegida, fue el alquiler de un avión bimotor de la compañía Salomón Airlines, que nos conduciría hasta el aeródromo de Munda (Western Province) y desde allí hasta el aeropuerto de Buka en la isla papúa de Bougainville.<br />
El día 7, apenas dos días después del golpe, y en tan solo dos horas, el tiempo de la tregua acordada por las facciones en conflicto, fue posible establecer los contactos necesario para obtener el avión y despegar del aeropuerto de Henderson rumbo a Munda. Sin embargo, una avería menor en unos de los motores del Twin Otter, nos obligó a volver a la zona de estacionamiento, desde la que al cabo de unos veinte minutos pudimos salir y despegar con absoluta normalidad. Tras tres horas de vuelo, con una parada para repostar en el aeródromo de Munda, que fue construido por los japoneses durante la Segunda Guerra Mundial, llegamos al aeropuerto provincial de Buka (Bougainville), donde con la ayuda de un laisser-passer pudimos entrar en territorio de Papúa Nueva Guinea.</p>
<p class="bodytext"><strong>Juan Carlos Rey</strong></p>
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		<title>Portugal</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/portugal/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 09 May 2016 12:44:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 6]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Acepté sin ningún esfuerzo la invitación para efectuar un viaje por tierras de Portugal. Amante como soy de la poesía de Fernando Pessoa y de la prosa cargada de lirismo [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/portugal/">Portugal</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext">Acepté sin ningún esfuerzo la invitación para efectuar un viaje por tierras de Portugal. Amante como soy de la poesía de Fernando Pessoa y de la prosa cargada de lirismo del Nobel José de Saramago, qué otra cosa podía hacer que partir con la idea de descubrir, de sentir las tierras portuguesas, aunque los días fueran pocos. El espíritu de Pessoa, sus versos:<br />
Después de todo, la mejor manera de viajar es sentir<br />
Sentirlo todo de todas las maneras<br />
Sentirlo todo excesivamente<br />
me animó a emprender viaje con el sólo propósito de dejarme embargar por las sensaciones de su paisaje, su geografía, su historia, su cultura y sobre todo de su gente. Para ello sólo tendría que detenerme frente a monumentos, personajes, obras de arte y en suma ante aquellos rostros en los que se leyera una historia individual y colectiva que me revelase nuestras similitudes. El hombre ibérico, según Saramago, existe.<br />
El comienzo de mi viaje no podía ser otro que Lisboa, en estas fechas de junio cuando los árboles de jacaranda importados de Brasil que tanto abundan por la ciudad tienen sus copas colmadas de flores violeta y púrpura. Los orígenes de Lisboa se pierden en la leyenda. Cuenta la mitología que fue fundada por Ulises y en la Odisea se hace referencia a ella; en el año 716 fue conquistada por los musulmanes a los visigodos, reconquistada con la ayuda de una flota de cruzados en 1147 y se convirtió en capital desde 1255. De su pasado romano permanece hoy el Castelo de Sao Jorge, fortaleza de tantas y tantas luchas, desde romanos, visigodos y moros.<br />
Visto desde abajo, la vegetación casi lo esconde y es desde su mirador donde de verdad se aprecia cómo el Castillo domina la ciudad. Altivo y sólido, toda Lisboa se rinde a sus pies, la imagen del estuario del río Tajo y su encuentro con el mar es deslumbrante, el puente 25 de Abril, bautizado con este nombre después de la Revolución de los Claveles en 1974, enlaza las dos orillas y al fondo, la réplica del Cristo Rey de Río de Janeiro (1947-49) erigido para dar gracias por no haber participado en la II Guerra Mundial. Pero no sólo son éstos los monumentos que más llaman la atención, sino además la Plaza del Comercio, la del Rossío, los barrios de Chiado, Barrio Alto, Morería y Alfama, todos ellos con sus intrincadas calles y tejados, bajo los cuales se adivina la historia de esta ciudad y de sus habitantes.<br />
Una vez fuera del Castillo, me adentro en el Barrio de Alfama dispuesta a perderme en la primera esquina, sus callejas y callejones están engalanados con toda clase de adornos multicolores realizados en papel, y en aquellos rincones que su tamaño lo permite los vecinos preparan mesas y cocinas donde degustar toda clase de especialidades culinarias típicas, desde sardinas asadas hasta arroces suculentos, regados con sus particulares vinos, más aún en su fiesta grande que se celebra el día 13 de junio. Camino por Alfama con la precaución de no resbalar por sus escaleras y pavimento que de tanto uso resultan como la cara de un espejo en donde el sol se refleja de una forma muy bella.<br />
Fue Alfama el barrio en el que se asentaron los judíos conversos cuando en 1496 Manuel I, llamado el Afortunado y casado con una hija de los Reyes Católicos, ordenó la expulsión de éstos y de los moros que allí habitaban. El azulejo (del árabe azzullayga, azul/brillo) está presente en casi todas las fachadas de Alfama, aparece en gran medida en los principales monumentos portugueses y evoluciona desde unos orígenes moriscos en la Edad Media hasta ser considerado como elemento decorativo en el estilo Manuelino, a través del cual la historia de Portugal se nos presenta por medio de figuras y personajes. El azulejo aparece también en el art nouveau y en algunas de las realizaciones artísticas actuales.<br />
Como uno de mis objetivos era someterme a Portugal y a su historia, mi primera visita monumental fue al Monasterio de los Jerónimos, la Torre de Belem y el Monumento a los Descubridores, los dos primeros testimonio de una época protagonizada por la nación portuguesa que rasgó los horizontes de la historia de Europa y del mundo.<br />
Se debe al rey Manuel I la iniciativa de la construcción del Monasterio de los Jerónimos (edificado en 1502), amparado en los poderosos medios financieros de que disponía entonces la Corona portuguesa. En el siglo XV, Portugal, que estaba profundamente ligado a los descubrimientos y a la idea mesiánica del Imperio, creó un estilo ornamentistico único llamado Manuelino cuyos elementos decorativos están tallados en piedra e inspirados en el mar, como conchas, peces, cabos o corales, trabajo a veces finísimo que recuerda la filigrana como en un encaje imponderable.<br />
A la entrada del Monasterio, a mano izquierda, se encuentra Vasco de Gama, el navegante que descubrió el camino para llegar a la India, y a la derecha, la estatua yacente de Luis de Camoes, el escritor que descubrió el camino para llegar a Portugal. A continuación se abre una amplia y bonita iglesia, rematada por una bóveda con nervios de monumentales dimensiones, sin arcos y apoyada en columnas extraordinariamente esculpidas. Parece un enorme casco de barco puesto del revés. En el coro se aprecian unos extraordinarios sarcófagos sostenidos por elefantes en los que reposan miembros de la Dinastía Aviz, don Manuel I entre ellos.<br />
El claustro de los Jerónimos es de proporciones perfectas y en una de las galerías que conforman este espacio descubrí de forma casi accidental un pequeño monumento simbólico al poeta del mar y del cielo, que es Fernando Pessoa. En el estilo manuelino se unen elementos góticos, renacentistas y algunos símbolos destacados en la heráldica y en la religión, pero Saramago dice que «el estilo manuelino no sería lo que es si los templos de la India no fueran lo que son». Es seguro que en las naves portuguesas iban dibujantes que de allí trajeron apuntes, esbozos, calcos que luego sirvieron de falsilla, porque un estilo tan denso como el manuelino es difícil que haya sido armado y equipado estrictamente a la sombra de los olivos lusitanos.<br />
Frente al Monasterio de los Jerónimos, y recortada sobre el cielo y las aguas del río Tajo, se encuentra la Torre de Belem, una obra de joyería que difícilmente pudo servir para acciones militares defensivas, con su maravilloso mirador vuelto hacia el Tajo, lugar éste más apropiado para asistir a desfiles náuticos que para orientar el alza de los cañones. Erigida sobre una isla de basalto próxima a la orillla derecha del Tajo frente a la playa de Restelo, fue después del terremoto de 1755 cuando terminó amarrada a la ciudad. Se compone de una torre cuadrangular que recuerda las torres del homenaje de los castillos medievales y de un baluarte poligonal a cuyos lados figuran cúpulas en forma de brotes de plantas, elementos orientales que como dije están presentes en el estilo manuelino del que la Torre de Belem es claro exponente.<br />
La esfera armilar, representación de la esfera celeste y las trayectorias de los astros mediante aros cuyo centro está ocupado por la Tierra, creencia ésta de la época de Manuel I, aparece en la balaustrada de la Torre y en muchos otros lugares como en el Monumento a los Descubrimientos (Padrao dos Descobrimentos), a pesar de ser ésta una obra reciente, ya que fue levantada en 1960 con ocasión de la celebración del Quinto Centenario de la muerte del príncipe Enrique el Navegante, quien aparece en la proa de esta carabela seguido de 32 personajes entre Santos, evangelizadores, reyes cartógrafos y descubridores, entre ellos Luis de Camoes, Cabral y Vasco de Gama. Hecha esta visita por los monumentos descritos, no cabía sino reponer fuerzas y probar los pasteis de Belem en la Antiga Confeitaria de Belem, pasteles de nata elaborados en esta casa cuya antigüedad data de 1837. También en esta pastelería me encuentro con azulejos en los que la historia de Portugal está representada con imágenes de Os Luisiadas.<br />
Después del arte de la piedra, corresponde ahora acercarme a lo que Saramago llamó «paraíso antes del Pecado Original», es decir, Sintra, y para ello hay que penetrar en la sierra del mismo nombre que rodea Lisboa junto con la de Estrela. Una vez tomado el desvío a la ciudad de Sintra, la carretera es sinuosa, estrecha y diríase que va ciñendo la Sierra como en un abrazo entre altísimos árboles, helechos de gruesos troncos y una inmensa masa verde que lo envuelve todo creando un microclima que hace que hasta las plantas delicadas crezcan y se conserven sin ninguna dificultad.<br />
El Palacio da Pena, al final de una de estas rutas, corona la Sierra de Sintra y es un ejemplo de arquitectura romántica fruto de la realización de los sueños de un príncipe de Baviera, Fernando II de Sajonia-Coburgo. Ya en su origen tuvo algo de romántico, porque se dice que el palacio ocupa el lugar donde el rey Manuel I hizo levantar un convento para dar gracias por el éxito de la primera expedición de Vasco de Gama a la India, cuya flota avistó de vuelta un día en que el Rey se encontraba cazando por aquí. En el Palacio da Pena se pasa en pocos metros del estilo gótico al manuelino, del mudéjar al neoclásico y a muchas otras invenciones, pero destaca sobre todo su integración en el paisaje. La torre se enfrenta al gran torreón cilíndrico del otro extremo y todo ello sugiere una influencia gaudiniana que no es más que decir que tanto Gaudí como el ingeniero militar alemán que lo construyó, Von Eschwege, bebieron en las mismas fuentes exóticas.<br />
El palacio aparece como un apéndice particular de la masa rocosa que lo soporta y la sierra de Sintra no sería la misma sin él. Desde lejos descubrí en lo alto el Castelo dos Mouros y si pienso en las maravillosas vistas de las que debe de gozar, creo por fin haber encontrado el escenario adecuado para el verso de Pessoa tantas veces recordado:<br />
Al Sol siéntate. Y abdica<br />
para ser rey de tí mismo.</p>
<p>Aunque se ven algunos símbolos míticos en el Palacio da Pena, es en la Quinta da Regaleira donde historia, símbolo y mito se agrupan. Situada en pleno centro histórico de Sintra, declarado Patrimonio Histórico por la Unesco, la Quinta es uno de esos lugares envueltos en misterio y enigmas aún sin resolver. Su último propietario, Augusto de Carvalho Monteiro (1850-1920), personaje de Coimbra que había amasado una inmensa fortuna en Brasil, mandó construir una mansión filosofal de inspiración alquímica con su correspondiente capilla y encargó la restauración de los inmensos jardines al arquitecto escenógrafo italiano Luigi Manini. Símbolos como la Luna, la Tierra y el Sol se encuentran repartidos por toda la finca junto a la cruz de la Orden de Cristo que fundó el rey Don Dinis en el siglo XIV y a la que se acogieron los caballeros templarios portugueses y, algunos otros europeos que huyeron tras las persecuciones iniciadas por el papa Clemente V.<br />
Parece que Carvalho Monteiro levantó esta quinta para enaltecimiento del alma lusitana, tan abatida en aquellos tiempos, siguiendo el consejo de Pessoa sobre la mejor manera de levantar la moral que es «construyendo o renovando un gran mito nacional». La exuberancia del estilo neomanuelino presente en cada fachada del palacio no deja lugar a dudas sobre esta teoría. Da Regaleira revive un pasado distante, abierto al paraíso perdido, y recupera doctrinas, creencias y mitos ancestrales así como otras corrientes esotéricas. Hay un inmenso conjunto de torreones que ofrecen bellos paisajes, terrazas dispuestas para la observación celeste y un pozo iniciático donde los caballeros templarios o de la Masonería realizaron a buen seguro sus ritos. En este Pozo hay una inmensa escalera en espiral y en el fondo al que desciendo una estrella de ocho puntas que me hace sentir como en el vientre de la Madre Tierra.<br />
Sintra en extracto es la magia de entre-siglos, la añoranza del pasado, una composición artística que bien podría convertirse en ópera.<br />
Después, realizo un interludio en Lisboa que aprovecho para pasear, mirar, y tomar una vez más sus tranvías, ya que éste es el mejor medio para llegar a lugares tan empinados como el barrio Alto, Chiado o Alfama, y entre mis descubrimientos hallo unos pequeños bares o tascas donde degustar un aguardiente llamado ginjinha que supongo debe de ser un respiro para los meses de invierno.<br />
Llego a la ciudad de évora en la que la historia se percibe de forma sosegada. Cada siglo se identifica en un rincón, piedra o monumento. La Plaza do Giraldo, la más importante de évora, lleva el nombre de un caballero salteador que la conquistó en 1165 a los musulmanes atacando sólo una torre, pero creando tal desconcierto que los demás cristianos procedieron a entrar por el otro extremo de la ciudad, entre aquellas puertas de la muralla que se encontraban desprotegidas para hacerse con ella. Nunca más volvió a manos musulmanas.<br />
Restos romanos se observan en el Templo de Diana y en la misma catedral que transitó al gótico en el siglo XV y al mudéjar en el XVI, con un aspecto grave, severo. La piedra parece un elogio a la inteligencia que quizá tenía uno de sus arquitectos, Martim Domingues, cuyo busto se encuentra en el triforio celoso de su obra. Cerca de la Catedral se encuentra la Iglesia dos Loios, propiedad particular, y más sorprendente que ésta es la iglesia de Nossa Senhora da Graça, con unos gigantes en su fachada que bien pudieran haber sido esbozados por Miguel ángel y que le confieren un aire enigmático por sus proporciones dentro del conjunto. El mismo misterior lo aprecio en la Capella dos Ossos de la iglesia de San Francisco al descubrir sus paredes recubiertas de huesos humanos alineados con tal precisión, tibias, fémures, cráneos, que me hace perder el significado emotivo. Sólo un letrero remueve mi interior:<br />
«Nos ossos ovi estamos pelos vosso esperamos»<br />
Luego, paseo por las arcadas de la Plaza das Portas de Moura y alrededor de su muralla en la que se han integrado viviendas y otros edificios como buscando cobijo ante las inclemencias.<br />
La vuelta a Lisboa fue a través del Alentejo, región en la que el verde de los alcornocales y viñedos se mezclaba con el mismo azul celeste con el que Lisboa me sorprendió.<br />
Hay ciudades que se ajustan a su propia piel y se levantan respetando claramente las elevaciones y declives del terreno que las sustenta. Como Roma, o San Francisco. Otras se empeñan en esconder las curvas de su suelo sin motivo aparente: pregunten a un madrileño cuál es la cota más elevada de su ciudad o si la calle Velázquez está a mayor altitud que la de Bravo Murillo, ello a pesar de que Madrid se levanta sobre terreno sinuoso, a veces abrupto, con colinas, vaguadas y valles que los edificios ocultan. No es el caso de Lisboa, ni mucho menos, siempre empeñada en mostrar sus altibajos, en potenciarlos, en salvarlos casi siempre con imaginación y arte como sucede con el elevador de Santa Justa que sube al caminante entre el hierro plateado diseñado por Mesnier de Ponsard desde la Rua do Ouro hasta el Convento do Carmo, en el Bairro Alto; o el tranvía de Gloria, o el de Calçada do Lavra, o los que llevan a Alfama desde la misma orilla del río Tajo.<br />
La Plaza del Comercio, aquel Terreiro do Paço pensado por el marqués de Pombal tras el gran terremoto de 1755, iba a ser un enorme escenario que sirviera de centro capital dedicado a grandes celebraciones, ejecuciones públicas, cortejos reales o magnas bienvenidas a personajes llegados desde el mar, pero el pueblo pasó de tanto boato e hizo el centro de su vida en la Plaza del Rocío (aún se insiste en llamarla oficialmente de Dom Pedro IV), porque se acomodaba mejor al aire humilde, llano, bullanguero, que se respiraba en este pequeño vano rodeado de barrios muy queridos.<br />
Parece cierto que la capital portuguesa es un asentamiento relativamente reciente. Lógico es que algunas embarcaciones de épocas remotas buscaran abrigo en el estuario; también se sabe que los fenicios llamaban a este lugar Alis Ubbo, que significa «la ensenada tranquila», aunque el dato escrito más lejano es del siglo II a.d.C., y lo recoge el griego Estrabón en su Geografía, cuando habla de una población a la que señala como la más importante del Tajo. Los romanos la llamaron Olisipo, que derivó hacia Olisipona, luego, hacia el árabe Al Usbuna y, al fin, al cristiano Lisabona, el más cercano antecedente del nombre de Lisboa. Hoy es un espléndida ciudad considerada como una de las capitales europeas más bellas, cuyo centro ciudadano se sitúa en esa Praça do Rossio donde hubo corridas de toros hasta bien entrado el siglo XVIII, autos de fe, acontecimientos políticos y sociales, historias ciudadanas, pero sobre todo, vida, mucha vida que mantiene con terquedad en sus aceras teñidas a menudo con la herencia en negro de la época colonial, o al interior entre los muros que la rodean y conforman donde el lisboeta entra o sale como el dardo y se va a tomar un café tranquilo al Nicola, famoso desde hace dos siglos, o a comprar dulces y pastas en la Confeitaria Suiça como si fuera un ritual.<br />
La Baixa, nacida del terremoto que asoló este barrio en 1755, constituye una muestra perfecta de arquitectura urbanística lineal; en el barrio de Alfama, un hormigueo continuo sucede todos los días, a cualquier hora, en la Rua Augusto Rosa y se bifurca por la Rua da Saudade, por Limoeiro, Sao Tiago o el Largo do Contador Mor para alcanzar los 111 metros del Castillo de San Jorge, el Castelo, y pisar la tierra original de la ciudad. Unos utilizan los tranvías y autobuses, otros prefieren hacer el camino a pie, culebreando en este sorprendente laberinto de callejas que a veces se vuelve kashba recordando su pasado morisco, parándose en miradores adornados por azulejos manuelinos que permiten excelentes vistas panorámicas sobre los tejados, en iglesias como la de Sao Miguel, en palacios sobre las antiguas murallas como el de Azurara, en mercadillos como el de Sao Pedro, y en tiendas, anticuarios, terrazas o restaurantes económicos reconocibles durante el mes de junio (incluso por un ciego) al olor de las sardinas. Otros establecimientos menos puristas ofrecen sardinadas todo el año porque así lo exige el turismo japonés y las guías que ellos llevan, peces pequeños, insípidos, inodoros que el oriental come con la misma expresión que adopta el sesgo de sus ojos ante una hamburguesa en Filadelfia.<br />
Estas obviedades son conocidas y reconocidas entre el paisaje ciudadano de Lisboa. Más extraño es que alguien se dedique a rebuscar en el conglomerado urbano edificaciones modernistas, y las hay excelentes, pues tan sólo con asomarse a la Avenida da Liberdade puede contemplar algo de lo que hizo Cassiano Branco, Pardal Monteiro o Raul Lino en los años 30, por ejemplo, el Victoria Hotel, hoy sede del Partido Comunista Portugués, que superaba en elegancia a la grandiosidad del Eden Teatro y a la del Tivoli. No queda mucho, pero lo que permanece debe guardarse como joya en manos de platero.<br />
Como sucede con casi todas las ciudades acuáticas (y Lisboa lo es, mal que le pese), ella siempre ha vivido de espaldas a su río. O al menos, viéndolo desde la altura, lejos de su cauce. Si los ricos venecianos huían con cualquier excusa a terra ferma para solazarse en sus magníficas villas situadas a orillas del Brenta, los nobles lisboetas construyeron hermosos y variados palacios en la tierra interior, los monjes, riquísimos monasterios con amplios claustros que eran por sí mismos un mundo en el que cobijarse, las órdenes militares, castillos fortaleza donde aunar por igual la cruz y la espada. No hace falta ir muy lejos, ya que en el barrio de Belén está la primera muestra de lo que antecede, su blanca y pequeña torre como de azúcar, el gótico y florido convento de los Jerónimos, que constrastan ineludiblemente con ese magnífico ejemplar del feísmo aparatoso que es el Monumento a los Descubridores. No protestó el lisboeta cuando Salazar levantó aquella tarta prima hermana de la Cruz de los Caídos en El Escorial, la estación ferroviaria de Milán o el monumento a Víctor Manuel II en la Piazza Venezia de Roma al que los italianos llaman «la Olivetti» si están de buen humor y «el gran meadero» si no lo están; tampoco elevaron su voz cuando se construyó un edificio de oficinas en el número 9A de la Avenida da Liberdade que sobrepasa en varios pisos la techumbre artística del Palacio Foz; sin embargo, se armó gran revuelo con el nuevo centro cultural situado a la izquierda de los Jerónimos, aunque en su arquitectura sea un edificio impoluto cuidadosamente resuelto tanto en el aspecto artístico como en el técnico, tanto en su exterior como al interior. Nada daña la imagen del conjunto jerónimo y si algo pudo haberse mejorado es su situación, llevándolo unos metros más allá, hacia el oeste, para darle mayor respiro espacial.<br />
Desde el punto de vista del amante de la geografía, tal vez sea la sierra de Sintra el entorno más interesante de estas cercanías. Desde la ciudad que le da nombre se ve un continuo sube y baja coronado por el Castelo dos Mouros, esa fortaleza de moros que guarda a sus espaldas el Palacio da Pena entre montañas que están a un paso del mar. El esfuerzo común entre la Naturaleza y el hombre sabio por hacer de este paisaje abrupto un lugar placentero es realmente notorio, tanto que no se encuentra algo parecido hasta que uno llega a Alcobaça, mucho más al norte, localidad bañada por dos ríos que le dan nombre (el Alcoa y el Baça) y a medio camino entre los pinares de Leiria, en la costa atlántica, y el Parque Natural das Serras de Aire e Candeeiros. En un pañuelo de tierra se encuentran la abadía de Santa María, monasterio cisterciense cuyo primer levantamiento se realizó a fines del siglo XII, el de Nuestra Señora de la Victoria en Batalha y el extraordinario Convento de Cristo anexo al castillo templario levantado en Tomar por Gualdim Pais en 1160, todos ellos monumentos catalogados como Patrimonio de la Humanidad. Algo más sencillo, pero igualmente interesante es el monasterio de Cos, 14 kilómetros al norte de Alcobaça, edificado sobre una planicie en 1241, destruido severamente en 1834 y reconstruido en la primera mitad del siglo XX con tal mimo y exactitud que en 1946 se le dio el título de Edificio de Interés Público.</p>
<p class="bodytext"><strong>Carmen Martín de Lucas y Jos Martín</strong></p>
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