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	<title>Boletin 64 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletin 64 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>La Sevilla de Magallanes</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Dec 2019 12:51:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 64]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Lola Escudero Boletín 64 – Sociedad Geográfica Española La primera vuelta al mundo A principios del siglo XVI, cuando Magallanes llegó a Sevilla para preparar su expedición, la ciudad [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/la-sevilla-de-magallanes/">La Sevilla de Magallanes</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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<p><strong>Texto: Lola Escudero</strong></p>



<p>Boletín 64 – Sociedad Geográfica Española</p>



<h2 class="wp-block-heading">La primera vuelta al mundo</h2>



<p><strong>A principios del siglo XVI, cuando Magallanes llegó a Sevilla para preparar su expedición, la ciudad ya era la capital no oficial de un nuevo imperio. Solo habían pasado 25 años desde el primer viaje de Colón, pero la ciudad se había convertido en el centro del mundo. Situada en el Guadalquivir, era ya importante desde tiempos musulmanes, estaba bien comunicada con el resto de la península y lo bastante lejos de la costa como para dar abrigo a los barcos. Reunía las mejores condiciones para convertirse en puerta y puerto del Nuevo Mundo.</strong></p>



<p>Ya en tiempos de los Reyes Católicos, Sevilla era la capital del oro que venía desde el Sudán, y se había convertido en el punto clave para la expansión de España hacia el Atlántico. Desde 1482 hasta 1503, la ciudad había conocido una enorme evolución y la Sevilla islámica se transformó velozmente. Se empezaron a abrir espacios en la intrincada red urbana islámica, y la ciudad se transformó en un puerto fluvial, cada vez más centrado en el muelle de las Muelas, las Atarazanas y el Arenal. La riqueza, en forma de oro, plata y diversos productos del Nuevo Mundo, tendría también su reflejo y el Arte y la Cultura nos ha dejado una ciudad increíblemente rica. Este lugar hegemónico se confirmaría definitivamente en 1503, con el establecimiento de la Casa de la Contratación, que convirtió a la ciudad en el centro vital de las expediciones a ultramar y del comercio con las Indias, un monopolio que haría de Sevilla durante años el principal centro comercial de la Europa Occidental.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una ciudad de aire oriental y gran metropoli comercial</h2>



<p>Cuando Magallanes llega a la ciudad, el 20 de octubre de 1517, tras convencer a la Corona de que hay otra ruta alternativa para llegar a las Molucas, la ciudad lleva ya casi tres siglos siendo cristiana, pero persiste un aire oriental no solo en el aspecto exterior de la ciudad, sino también en la forma de vida de sus habitantes. Su catedral tiene un gran patio con naranjos, recuerdo de la mezquita, y su campanario, la Giralda, en otros tiempos fue el alminar desde el que se llamaba a la oración. Sobrevive la muralla almohade, hay baños públicos, cada vez menos utilizados (los Baños de la Reina Juana y los de San Juan de la Palma todavía estaban de moda cuando el navegante portugués vivió en la ciudad). Y, sobre todo, se mantiene un acueducto islámico que sigue abasteciendo de agua a Sevilla, entrando por la zona oriental de las murallas.</p>



<p>Al mismo tiempo Sevilla está en pleno proceso de transformación. Es una gran metrópoli comercial, con una población creciente que se mueve en nuevos escenarios en torno al Guadalquivir, todos al servicio del Nuevo Imperio al otro lado del Atlántico. Hay que imaginarnos a Magallanes caminando por una Sevilla llena de actividad, transitada por comerciantes de todas las nacionalidades, navegantes, marineros, buscadores de fortuna, pilotos, constructores de barcos, cartógrafos, burócratas, y también por pícaros en busca de una oportunidad, prostitutas y maleantes, que de todo hubo.</p>



<p>Junto al Guadalquivir se construyen barcos adaptados a las nuevas necesidades para cruzar el Atlántico, muy diferentes a los construidos hasta entonces para navegar por el Mediterráneo. Es una ciudad al servicio de su papel como Puerto de Indias, y los escenarios principales están ligados a este fin: la Casa de la Contratación, las gradas de la Catedral donde se realizan los negocios, las atarazanas en las que se construyen las embarcaciones, las nuevas fábricas de porcelana, jabón o alimentos para llevar a bordo… la actividad es desbordante. Como contrapunto está la iglesia, cada vez más poderosa, y encargada de impregnar la ciudad de religiosidad. Por todos lados se construyen nuevas iglesias para inspirar devoción y propagar el pensamiento de la iglesia. Y junto a ellas, los que se enriquecen con este nuevo comercio levantan también sus palacios y casas señoriales, ya de factura renacentista, y algunas de ellas en plazas abiertas, mostrando su poder, en contraste con los antiguos palacios escondidos en callejas y rodeados de jardines para ocultarse a miradas ajenas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Sevilla en tiempos de Magallanes</h2>



<p>El navegante llegó a Sevilla el 20 de octubre de 1517, después de exponer a Carlos V su propósito de descubrir una nueva ruta de las especies navegando siempre hacia el oeste. En la ciudad encontrará un gran apoyo en sus compatriotas, los cosmógrafos Ruy Falero, Pedro y Jorge Reinel y Diego Ribero, un portugués naturalizado español y al servicio de la Casa de la Contratación, donde colaboraba en el Padrón Real.</p>



<p>La ciudad que se encuentra Magallanes vive una frenética actividad: el Guadalquivir está repleto de carabelas, naos y bateles. Desde la Torre del Oro se controla la actividad del puerto, y también la partida y la llegada de las expediciones oceánicas. Tras ella se carenaban los barcos, aprovechando la bajamar. A pesar de que la ciudad está a muchos kilómetros del mar, es una ciudad claramente oceánica: hay grandes atarazanas, almacenes de pertrechos y mercancías, talleres de calafatería y caballería, fábricas y talleres para abastecer las grandes navegaciones…</p>



<p>En aquellos tiempos, Sevilla tenía más de 60.000 habitantes, aunque es difícil calcularlo porque la ciudad recibía constantemente emigrantes, llegados de todas partes en busca de una oportunidad. Muchos de los extranjeros terminaban asentándose y castellanizando sus apellidos. También llegaban muchos castellanos para buscar fama y fortuna en el Nuevo Mundo. Y no hay que olvidar a los esclavos: miles de esclavos negros o bereberes, comprados en Lisboa, y también esclavos nativos de las Canarias. Quizá también hubo europeos del este, que en la Edad Media eran la mayoría. Quedaban también en la ciudad algunos musulmanes y muchos conversos, que solían ser albañiles o comerciantes. No podían emigrar al Nuevo Mundo, pero algunos llegaban a hacerlo pagando una elevada tasa.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Magallanes instalado en Sevilla</h2>



<p>Imaginamos que Magallanes se movería cotidianamente entre los símbolos del poder de aquella época: el comercial, centrado en la Casa Lonja, el religioso, centrado en la catedral, y el poder real en el Alcázar, donde se encontraba también la Casa de la Contratación. Aquí es donde acuerda Magallanes la compra y preparación de las naves, y el reclutamiento de los hombres que le acompañarán en la aventura. También pasaría mucho tiempo en las gradas de la catedral, donde mercaderes y comerciantes se reunían para negociar las mercancías y utensilios, víveres, aparejos o pólvora.</p>



<p>Le podemos imaginar también caminando por el intrincado laberinto de sus calles más céntricas. Por toda la ciudad había tiendas y talleres a los que iban los marineros y responsables de las flotas antes de embarcarse. Eran tiendas llenas de productos traídos de los rincones más remotos de la tierra. En estas calles se asientan también las colonias de extranjeros (genoveses, florentinos, portugueses, flamencos, sieneses e ingleses) y de nacionales (catalanes, valencianos, burgaleses y vascos) y es notable la presencia de casas comerciales europeas, agrupadas por nacionalidades, que acabarían dando nombre a calles como Alemanes, Génova o Francos.</p>



<p>En el bullicioso Barrio del Arenal, la actividad de los toneleros, carreteros o ballesteros es frenética. En la zona entre la catedral y el Arenal era donde se acumulaban grandes cantidades de aceite en grandes barricas de roble, buenos jabones (Sevilla se había convertido en el principal productor de jabón de Castilla), o toneladas de cereales de los campos de Carmona y Écija, que veían cómo su demanda aumentaba en las Indias año tras año. Sevilla era también la mayor región productora de vino de la península y esta fue otra de las mercancías cuya demanda aumentó con el descubrimiento de las Indias. Eran vinos añejos que aguantaban mucho sin pasarse, por lo que resultaban perfectos para las largas travesías. Gran parte del negocio del vino lo manejaban los genoveses y los florentinos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Industrias y comercios al servicio del trasiego porturio</h2>



<p>Había por toda la ciudad otro tipo de industrias, todas al servicio del trasiego portuario, como los telares, que trabajaban sin parar para cubrir la demanda, o como la industria del cuero o el comercio del terciopelo, muy activo y dominado por los genoveses. La pólvora se fabricaba en Triana, donde también era importante desde tiempos de los romanos la industria alfarera. En época de Magallanes había cincuenta hornos en Triana que producían loza vidriada, ladrillos, tejas y platos.</p>



<p>Y había otros negocios de importancia creciente, como la impresión y comercialización de libros. Muchos viajeros llevaban consigo ejemplares de las famosas novelas de caballerías, impresas por un alemán instalado en Sevilla, Jacob Cromberger. Los libros podían comprarse en el Arenal o en la calle del Mar (hoy calle García de Vinuesa), que llevaba desde el Arenal a la Catedral.</p>



<p>En estas animadas calles había también sastres, talleres de todo tipo, fábricas de sombreros o de ballestas. Los vendedores de pantalones y chaquetas estaban en la calle Génova, los sombreros y ballestas en la calle del Mar, las gorras y zapatos en las Gradas, los perfumes y adornos para mujeres en la Calle Francos, la ropa interior en la calle Escobar y las armas ligeras en la calle Sierpes.</p>



<p>Y no hay que olvidar todas las industrias auxiliares para la construcción de barcos, como los madereros, o los fabricantes de toneles para almacenar los productos., que estaban sobre todo al otro lado del río, en Triana.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Los escenarios sevillanos de Magallanes</h2>



<h3 class="wp-block-heading">La catedral y las gradas</h3>



<p>Con sus siete naves, la catedral de Sevilla era el edificio más grande de Europa cuando Magallanes llega a la ciudad, aunque seguía en obras. Se finalizó en 1606. Levantada sobre la antigua mezquita almohade, en su construcción participaron artistas internacionales de toda Europa. Junto a la catedral, la torre musulmana de la Giralda se había convertido en el campanario donde se tañían las campanas para llamar a los cristianos a la oración.</p>



<p>Magallanes tuvo una intensa relación con la catedral, sobre todo con la Virgen de la Antigua, que despertaba gran devoción entre marinos y exploradores. Ante ella los expedicionarios de Magallanes se postraron antes de partir en 1519, y los supervivientes volvieron a postrarse al regreso del periplo en 1522 “en camisa y descalzos con un cirio en la mano”, según dice la tradición. Una inscripción de bronce en la puerta de la capilla rememora el hecho.</p>



<p>En las gradas de la catedral, en la margen derecha de la actual calle Alemanes, debió de pasar mucho tiempo Magallanes en aquellos dos años de preparación del viaje: estas escaleras fueron el centro de negocios más concurrido de Sevilla, una lonja abierta para comerciantes y banqueros, que se instalaban aquí junto con pequeños tenderos y sobre todo cambistas, muchos de los cuales eran genoveses (antes fueron judíos). Todos ellos desarrollaban una activa vida social y pasaban en las gradas todo el día. Si llovía, se refugiaban en la catedral, e incluso metían allí sus caballos y continuaban los negocios. Por ello, la puerta del Perdón que se alza tras las gradas, se remató, en 1519, con un relieve de la expulsión de los mercaderes del templo, una advertencia para que dejaran de hacer sus tratos en el interior y se limitasen a su exterior.</p>



<p>Hoy es uno de los lugares de Sevilla que menos ha cambiado, y por eso podemos contemplar hoy las mismas escalinatas, rodeadas de cadenas, e imaginar aquí los muchos tratos cerrados en torno al oro, la plata, las sedas, las piedras preciosas, incluso los esclavos.</p>



<p>Pero las gradas eran también el mentidero de la ciudad, en el que se mezclaban pícaros y vagabundos, mancebas, frailes, monjas y cargadores. Tan importante era el lugar, que el ayuntamiento creó el cuerpo de Alguaciles de las Gradas para cuidar este productivo punto sevillano.</p>



<p>Fue también en estas gradas donde acabó en cierta forma la nao Victoria. En 1523 fue subastada y adquirida por el genovés Esteban Centurión, que la empleó después en la navegación de la carrera de Indias, hasta perderse su pista en 1525.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La Casa de Lonja de Mercaderes y el Archivo de India</h3>



<p>En 1572 se construyó una Lonja de Mercaderes para desalojar a los comerciantes de las gradas, y sobre todo del interior de la Catedral. En 1785 Carlos III ordenó convertir la Lonja en Archivo General de Indias. Hoy es el mayor centro de investigación de la conquista de América. El edificio se encargó al arquitecto real Juan de Herrera, y su planta es prácticamente un cuadrado, con un patio interior monumental al estilo del claustro de los Evangelistas del Monasterio del Escorial.</p>



<p>La creación del Archivo General supuso la reunificación de todos los archivos, que hasta entonces estaban repartidos en diferentes enclaves. Aunque el Archivo no existía en la época de Magallanes, aquí se encuentran algunos de los documentos relacionados con aquella epopeya, como la carta que Elcano escribió al emperador Carlos V desde Sanlúcar de Barrameda, el 6 de septiembre de 1522.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Las reales atarazanas</h3>



<p>Son uno de los espacios patrimoniales más interesantes y desconocidos de Sevilla, pese al importante papel que han jugado en la Historia. Cuando Magallanes venía por aquí, era un lugar de construcción de barcos, aunque antes tuvo otros usos: fue la primera sede de la Casa de la Contratación y también aduana e incluso un almacén de mercurio. Se trata de una de las mayores instalaciones industriales de la Baja Edad Media en Europa, solo comparable a las del Arsenal de Venecia en la misma época.</p>



<p>Las Atarazanas eran la mayor construcción del puerto de Sevilla, 17 naves de ladrillo que nacieron como astilleros en el siglo XIII para construir y reparar embarcaciones. Propiedad de la corona, estaban situadas en unos terrenos junto al río, fuera de las murallas de la ciudad, en un arenal cercano a las torres del Oro y de la Plata, y solo a un metro sobre el nivel del agua, para que fuera fácil trasladar las embarcaciones. Hoy solo quedan siete de las 17 naves, en sentido perpendicular al Guadalquivir.</p>



<p>Por estos astilleros pasaron las cinco naves de la flota de Magallanes. Las compró en Cádiz en un estado lamentable, y fueron llevadas a Sevilla para limpiar, reparar, calafatear, emplomar las costuras y embrear sus cascos.</p>



<p>Una curiosidad: las atarazanas sirvieron como escenario para el rodaje del segundo capítulo de la séptima temporada de “Juego de Tronos”.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La Torre del Oro y el Puerto de Sevilla</h3>



<p>Hoy la Torre acoge el Museo Naval de Sevilla, pero, en tiempos de Magallanes, esta antigua torre almohade era un elemento principal del puerto de la ciudad, el lugar desde donde partían y al que regresaban todos los navegantes hacia las Indias. La Torre era el primer lugar al que llegaban los cargamentos de Ultramar.</p>



<p>El puerto fluvial de Sevilla ocupaba hasta el siglo XVIII el Arenal de la ciudad, una enorme explanada entre las murallas y la orilla izquierda del Guadalquivir, y entre la Torre del Oro y el Puente de Barcas que cruzaba a Triana.</p>



<p>Cuando Magallanes vivió en Sevilla, el puerto estaba enormemente concurrido. La salida de las embarcaciones suponía todo un acontecimiento, la industria local vivía volcada en el abastecimiento de los barcos y esto incluía la contratación de tripulación.</p>



<p>Este ambiente dio lugar también a una literatura, la del Siglo de Oro, donde Sevilla aparece como un lugar casi mágico, lleno de pícaros, de bribones y de personas de todas las razas y culturas. Una ciudad cosmopolita que era escala obligada en el comercio entre el viejo y el nuevo mundo.</p>



<p>A primera vista, llama la atención la elección de un puerto a orillas de un río, a 100 kilómetros de la costa, pero existían razones para ello. La costa de Huelva estaba al margen de las principales rutas de comunicación, como el resto de Cádiz, y Sanlúcar en aquellos tiempos era una ciudad pequeña, casi aislada de la península y expuesta a los ataques por mar. Sevilla, sin embargo, estaba protegida, y además llevaba siendo un puerto comercial desde la antigüedad.</p>



<p>Allí, en el puerto, Magallanes pudo abastecerse de provisiones para más de doscientos hombres durante dos años.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Real Alcázar de Sevilla</h3>



<p>Se trata de uno de los palacios en uso más antiguos del mundo, residencia oficial de los reyes desde el siglo X. En sus edificios estuvo la Casa de la Contratación. Aquí se entrevistaron Fernando de Magallanes y el rey Carlos I, gracias a la intermediación de un amigo portugués, Diego Barboza, al que Magallanes conoció nada más llegar a la ciudad, y que resultaría decisivo en sus años sevillanos. Barboza acababa de ser nombrado Teniente de Alcaide del Alcázar, donde era alcaide otro paisano, el aristócrata Jorge de Portugal, que hizo valer su influencia para ayudar a Magallanes a cumplir sus sueños. Este palacio será el lugar donde comienza a gestarse la primera vuelta al mundo. Hay que imaginarse a Magallanes maravillado por aquel extraordinario palacio, y, más en concreto, moviéndose por los edificios donde por entonces deambulaban constantemente funcionarios, caballeros, cosmógrafos, comerciantes y pilotos, interesados, como Magallanes, en los negocios de Ultramar.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La Casa de Magallanes</h3>



<p>Cuando Magallanes llega a Sevilla se aloja en casa de su compatriota Diego Barbosa, en la calle de la Borceguinería, actual calle de Maestro Gago.</p>



<p>Desde allí comienza sus gestiones para lograr llegar a la Corte a través de sus compatriotas mejor situados, con los que traza unos lazos muy estrechos, hasta el punto de que Magallanes se casa con Beatriz Barboza, hija de Diego, y tiene dos hijos, Rodrigo y Carlos, que murieron siendo niños.</p>



<p>Toda la colonia portuguesa ayudó a Magallanes a conseguir financiación, a reunir todo lo necesario para dotar a la flota y a llegar a obtener el apoyo del rey. Durante los meses que Magallanes se alojó en la casa de la Borceguinería, esta era una de las mejores zonas de la ciudad, con grandes casas nobiliarias e importantes negocios del gremio de los fabricantes de zapatos (borceguineros), que residieron en la calle hasta el siglo XVIII. Su aspecto actual no tiene mucho que ver con la antigua Borceguinería, que fue mucho más estrecha y tortuosa que la actual Mateos Gago.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Triana y el Puente de Barcas</h3>



<p>Hoy los sevillanos cruzan de una orilla a otra del Guadalquivir con toda normalidad, por sus seis puentes y una pasarela, pero en los tiempos de Magallanes sólo había una forma de cruzar el río: un único puente flotante, formado por barcazas encadenadas entre sí, cerca del castillo de San Jorge. Era también el puente por el que cruzaban los condenados por la Inquisición, camino del Castillo de San Jorge, donde esperaban a que se celebraban los Autos de Fe.</p>



<p>A principios del siglo XVI, el arrabal de Triana era la única parroquia fuera de los muros de Sevilla. Era un barrio en rápido crecimiento en el que vivían sobre todo marineros, junto con alfareros, hortelanos y otros artesanos.</p>



<p>Fue de Triana, concretamente del Puerto de las Mulas, de donde partieron las cinco naves de Magallanes, y a este mismo lugar regresó la nao Victoria un 8 de septiembre de 1522, remolcada río arriba desde Sanlúcar. Este muelle, hoy desaparecido, se encontraba en lo que ahora se conoce como la Plaza de Cuba. No queda en pie nada de aquel lugar que vio partir a los 265 hombres de la expedición. Tanto a la ida como a la vuelta, la tripulación se encomendó a la Virgen de la Victoria en la Iglesia de Santa Ana, gótico-mudéjar, la primera iglesia construida tras la Reconquista de Sevilla, y considerada la Catedral de Triana.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Sanlúcar de Barrameda</h3>



<p>En realidad, el origen y destino de la Primer Vuelta al Mundo fueron las playas de Sanlúcar. De aquí partieron el 29 de setiembre de 1519 las cinco naves, concretamente de la zona que hoy se conoce como Paseo Bajo de Guía, en las marismas del Guadalquivir. Hoy el lugar del que partieron aparece señalado con una cita del cronista Antonio Pigafetta: “Desde que habíamos partido de la bahía de San Lucar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas, y dimos la vuelta al mundo”. En aquellos tiempos, Bajo de Guía era un puerto de pescadores, donde, durante muchos siglos, se había comerciado con pescado y productos marinos. El Sanlúcar de 1519 estaba presidido por el Castillo de Santiago, uno de los edificios más antiguos de la ciudad, que se encuentra junto a la antigua ciudadela de Sanlúcar, y sus muros han conocido a otros personajes ligados a la aventura atlántica como el propio Cristóbal Colón o como Isabel la Católica, de la que se dice que vio el mar por primera vez desde una de sus torres. Otro de los hitos de la ciudad ligados a aquellos tiempos es la Parroquia Mayor de Nuestra Señora de la O, de estilo gótico mudéjar, uno de los monumentos más importantes, donde los supervivientes de la expedición rezaron por primera vez al pisar tierra.</p>



<p>También es especialmente representativo de esta ciudad el Palacio Ducal de Medina Sidonia, en la plaza de los Condes de Nieva, construido sobre la base de un antiguo alcázar musulmán del siglo XI. En su interior se encuentra el Archivo General de la Fundación Casa de Medina Sidonia, uno de los mayores archivos históricos privados de Europa. Gracias a la documentación aquí guardada se puede reconstruir cómo era Sanlúcar durante los tiempos de Magallanes.</p>



<p>En esa época eran también importantes el Convento de Madre de Dios, en pleno centro histórico de la ciudad, vinculado a la Casa Ducal, y la Iglesia de la Trinidad, una pequeña iglesia marinera, una de las primeras edificaciones construidas en el exterior de la muralla que delimitaba la ciudad en el siglo XV. Situada en la ribera de Sanlúcar, frente al Guadalquivir, era un faro y referencia para los navegantes que volvían de Canarias. De hecho, en su interior se conserva un cuadro de la virgen de Guadalupe, patrona de México. También de los mismos años data la iglesia de San Jorge, construida para la comunidad inglesa de comerciantes que vivía en la ciudad. O el convento de Regina Coeli, fundada en el mismo año en el que Fernando de Magallanes partió rumbo al oeste. Esta iglesia es un ejemplo de la influencia recíproca entre la cultura de ambos lados del Atlántico. Su fachada es el modelo con el que se levantaron los conventos femeninos en Latinoamérica.</p>
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		<title>La paradoja del circunnavegador</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-paradoja-del-circunnavegador/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Dec 2019 12:21:20 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: José Antonio Rodríguez Esteban Boletín 64 &#8211; Sociedad Geográfica Española La primera vuelta al mundo Como señala el profesor Robert Harry van Gent en su web “A History of [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto: José Antonio Rodríguez Esteban<br></strong></p>



<p>Boletín 64 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>La primera vuelta al mundo<br><br>Como señala el profesor Robert Harry van Gent en su web “A History of the International Date Line” (2017), existen referencias tempranas a lo que se conoce como paradoja del circunnavegador. Siguiendo a geógrafos y astrónomos anteriores, el monje Johannes de Sacrobosco (1195-1256) y el geógrafo e historiador Ismael Abulfeda (1273-1331) describieron cómo un viajero, dependiendo de la dirección del viaje, perdería o ganaría un día al completar su circunnavegación. Pero fue en la crónica del viaje de Magallanes/Elcano, escrita por Antonio Pigafetta, donde se constata por primera vez (entre otros documentos generados por el viaje) la paradoja, tras advertir que a su llegada había perdido un día. En su recalada en la isla de Santiago, en Cabo Verde, el 9 de julio de 1522, el cronista señala: “<em>Para ver si nuestros diarios eran exactos, preguntamos en tierra qué día era de la semana, y nos respondieron que jueves, lo cual nos sorprendió, porque según nuestros diarios estábamos en miércoles. No podíamos persuadirnos de que nos habíamos equivocado en un día, y yo menos que ninguno, porque sin interrupción y con mucho cuidado marqué en mi diario los días de la semana y la data del mes. Supimos pronto que no era erróneo nuestro cálculo, pues habiendo navegado siempre al Oeste, siguiendo el curso del Sol, al volver al mismo sitio teníamos que ganar veinticuatro horas sobre los que estuvieron quietos en su lugar; basta con reflexionar para convencerse</em>” (versión de Federico Ruiz Morcuende, 1922).</p>



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<p>Era la primera vez que la paradoja del circunnavegador quedaba demostrada, lo que no dejó de causar asombro en algunas cortes, y aunque sus consecuencias prácticas, frente a otros condicionantes, parecían inapreciables en un primer momento, ya José de Acosta, en su Historia natural y moral de las Indias (1590), señaló los problemas que esta circunstancia ocasionaba en los viajes entre ciudades asiáticas próximas como Manila (España) y Macao (Portugal), que explica porqué haciendo el recorrido para llegar a ellas cada nación en sentidos opuestos, pierden o ganan doce horas, lo que termina produciendo el desfase de un día entre ambas, como recuerda le acaeció al Padre Alonso Sánchez, que yendo desde las Filipinas llegó a Macao el dos de mayo, según su cuenta, y queriendo rezar a San Atanasio, halló que se celebraba la fiesta de La Invención de la Cruz, porque contaban allí el tres de mayo.</p>
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<p>El fin del Galeón de Manila en 1815, llevó a las autoridades españolas a subsanar este desfase por orden del recién nombrado gobernador de Filipinas, Narciso Clavería, lo que se hizo en el tránsito de 1844 a 1845 (del 30 de diciembre se pasó al 1 de enero), quedando así unida Filipinas al ajuste de cuentas del día asiático.</p>



<p>Van Gent, recuerda cómo Allan Poe hizo uso de estos desfases del calendario en “La semana de los tres domingos” (1841), Francis Bret Harte en su poema “El galeón perdido” (1867), y Jules Verne en su más conocida historia de aventuras “La vuelta al mundo en 80 días” (1873).</p>



<p>El incremento de la navegación, propiciada por los barcos de vapor, y el incremento de las líneas de ferrocarril que recorrían largas distancias y diversos países, necesitaban, en el último cuarto del siglo XIX, reglamentar el creciente proceso comercial internacional sobre el sistema de husos horarios, de pesas y medidas, y de un meridiano único. El inicio de los congresos internacionales de Geografía (1871), organizados por un número creciente de Sociedades Geográficas, apoyó en 1884 la celebración de la Conferencia Internacional del Meridiano, en Washington DC. Participaron veinticinco países, entre ellos España, que llevaba la propuesta de hacer del meridiano de la punta de Orchilla, en la isla canaria del Hierro (utilizado desde Ptolomeo en el siglo II), el origen internacional de las longitudes. La conferencia, considerando la importancia de la cartografía británica, terminaría adoptando al meridiano de Greenwich (Londres). Compensando la propuesta de Francia, que proponía el meridiano de París, con la adopción de el “kilo” y el “metro” como sistema internacional de pesas y medidas, en atención a su prestigio internacional. La adopción del meridiano de Greenwich fue paulatina (España lo utilizó en la cartografía del IGN hasta 1970), y conllevó la adopción de una línea de cambio de fecha (ideada en 1879 por sir Sandford Fleming) en el antimeridiano 180º que, además, discurre en casi todo su desarrollo por el océano Pacífico. Esta línea imaginaria, que ha sido redibujaba en varias ocasiones (1900, 1910 y 1921), es la referencia para que, al ser atravesada, se cambie de fecha (se añada o se suprima un día de la semana) en función del sentido del viaje.</p>



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<p><em>Lecturas recomendadas: Charles W. J. Withers (2017), Zero Degrees. Geographies of the Prime Meridian, Harvard University Press. Primera sesión de la Meridian Conference</em></p>



<p><em>Imagen actual del primer meridiano, en Greenwich, en Londres, adoptado a partir de la Conferencia Internacional del Meridiano, en Washington D.C.</em></p>
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		<title>La primera circunnavegación</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-primera-circunnavegacion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 03 Dec 2019 16:13:39 +0000</pubDate>
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<p><strong>Texto: Lola Higueras</strong></p>



<p>Boletín 64 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>La primera vuelta al mundo<br><br><strong>Se acaban de cumplir 500 años de la salida de la Expedición española al Maluco que, por azar del destino, acabó culminando la Primera Vuelta al Mundo, una de las más importantes gestas de la historia marítima española, que tuvo, como veremos, repercusión mundial. Esta gran aventura marítima se inicia el 10 de agosto de 1519, cuando la flota española zarpa del puerto de Sevilla, pero su origen y sus finalidades geográficas, económicas y políticas, tienen su origen mucho antes, en la rivalidad de los dos </strong><strong>grandes imperios marítimos de la época, España y Portugal, cuya gran ambición era alcanzar las islas Malucas donde se cultivaban las” especias”, más valiosas que el oro en esa época. El reto estaba en dominar estas lejanas islas y controlar el comercio de estos productos naturales.</strong></p>



<p>Españoles y portugueses habían firmado en 1494 el Tratado de Tordesillas, que repartía el mundo por descubrir entre los dos imperios. El Papa Alejandro VI, media y respalda este pacto, por el que se traza una línea imaginaria a 370 leguas al oeste de Cabo Verde. Portugal navegará al este de dicho meridiano, mientras España lo hará hacia el occidente.</p>



<p>Como consecuencia de este reparto, España debe navegar el océano y abordar una total renovación de las técnicas y ciencias de navegación, de los instrumentos, de los buques y de la cartografía: un reto científico y tecnológico de enorme dimensión. El buque, su armamento y su gobierno representan la máquina más compleja que se pueda imaginar en la época, y España ha de desarrollar una ciencia muy puntera para lograr el objetivo de navegar con éxito el inmenso océano. Por eso, algunos historiadores han comparado esta gran gesta española del Siglo XVI con la llegada a la luna en el siglo XX.</p>



<p><strong>LA EXPEDICIÓN AL MALUCO. LA OFERTA DE MAGALLANES AL REY CARLOS I</strong></p>



<p>En 1511, una expedición portuguesa, comandada por Francisco Serrano, llega a Ternate en las Molucas por la denominada “ruta portuguesa”, bojeando la costa africana y navegando entre el laberinto de islas del Índico. Para España era cada vez más urgente encontrar una ruta hacia la especiería navegando hacia occidente, por territorio de influencia española, por eso la propuesta de Magallanes fue tan atractiva para el joven monarca español.</p>



<p>En esta propuesta era esencial la afirmación de Magallanes de la&nbsp; existencia de un paso o estrecho, al sur del continente americano, que comunicaba el océano Atlántico con el llamado Mar del Sur, luego Pacífico, descubierto por los españoles. Tal estrecho permitiría alcanzar las Molucas navegando siempre hacia occidente, por el área de influencia española.<br></p>



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<p>Magallanes afirmaba haber encontrado información fidedigna en los archivos portugueses de Lisboa y Oporto, en los que había trabajado secretamente. Sobre todo, afirmaba haber visto representado dicho estrecho en un mapa dibujado por el famoso cartógrafo Martin Behaim, al servicio de Portugal.</p>



<p>El 22 de marzo de 1518, convencido el Rey de la viabilidad del proyecto propuesto por Magallanes, firma con él unas “Capitulaciones”, o contrato, que especifican todas las obligaciones de Magallanes, comprometiéndose el Rey a financiar la expedición: la adquisición de los barcos, su reparación y puesta a punto, todo tipo de enseres necesarios para su armamento, las armas, los víveres, los instrumentos náuticos y la cartografía, y por supuesto los sueldos de las dotaciones. El total del costo se acerca a los 8.700.000 millones de maravedíes, una gran fortuna para la época.</p>



<p>La orden real a Magallanes era muy clara. Magallanes tendría el mando de la flota, pero compartido con Juan de Cartagena, su hombre de confianza en el viaje, y debería navegar siempre a occidente de la línea de demarcación, sin entrar en conflicto con Portugal. Si encontraba el ofrecido paso entre los dos océanos, debía navegar hasta las Malucas, tomar posesión de ellas para el rey de España, y establecer amistosas relaciones con los indígenas, que permitieran a los españoles establecer un fructífero comercio con las preciadas especias.</p>
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<p>A lo largo del viaje veremos cómo Magallanes desobedeció una y otra vez las precisas órdenes del rey de España, sobre todo respecto a las relaciones con las poblaciones indígenas, pero hay que decir que al mismo tiempo mantuvo su lealtad hacia el rey en todo momento, y, al llegar a las islas Filipinas, llevó a cabo solemnes ceremonias de “Toma de Posesión” de esos territorios en nombre del rey de España.</p>



<p>Cinco naos componen la expedición: La Trinidad (Magallanes); La San Antonio (J. Cartagena); La Concepción (G. Quesada); La Victoria (L. Mendoza) y La Santiago (J.Serrano)</p>



<p>Existen dudas acerca del número exacto de hombres que zarparon hacia el Maluco. Las distintas noticias varían entre los 235 y los 265, y yo me inclino por 241, que es el número de raciones calculadas en las Capitulaciones. En esa época tan temprana era muy corriente que las tripulaciones fueran de distintas nacionalidades y esta gran expedición no fue una excepción. Entre los tripulantes, 163 eran españoles y 78 extranjeros: 31 portugueses, 26 italianos, 9 griegos, 5 flamencos, 4 alemanes, 2 irlandeses y 1 inglés.</p>



<p><strong>RUMBO AL ESTRECHO DEL CONTINENTE AMERICANO</strong></p>



<p>La flota con sus cinco barcos zarpa finalmente de Sevilla el 10 de agosto de 1519, pero permanecerá más de un mes en el puerto de Sanlúcar, donde continúa el avituallamiento y el enrole de tripulaciones. Y el 20 de septiembre parte la flota del Maluco rumbo a Tenerife, donde realizan una primera escala.</p>



<p>Los roces y enfrentamientos de los capitanes españoles con Magallanes son continuos, ya que les niega una y otra vez información sobre la derrota, y, por fin, frente a Guinea, Juan de Cartagena reprocha a Magallanes su incomprensible derrota bojeando África, pidiéndole explicaciones. Magallanes lo acusa de insubordinación, lo releva del mando y lo manda detener, iniciando así una serie de acciones que ponen de manifiesto su carácter despótico y soberbio, que eleva al máximo la desconfianza de los mandos españoles.</p>



<p>El 13 de diciembre de 1519 recalan las cinco naos en Río de Janeiro. Allí se aprovisionan de víveres frescos y agua, y continúan bojeando la costa de América del sur, siempre en busca del ansiado paso. En el puerto de San Julián se producirán gravísimos acontecimientos.</p>



<p>Los tres capitanes españoles, Mendoza, Quesada y Cartagena, encabezan junto a otros 44 tripulantes, entre ellos Elcano, un levantamiento contra Magallanes por esconderles la derrota, en contra de las órdenes expresas del rey. La represalia de Magallanes es terrible. Los tres capitanes y 15 de los conjurados son condenados a muerte, condena que Magallanes no cumple por no poder prescindir de tantos hombres experimentados en las próximas singladuras. Pero a Mendoza y a Quesada los manda descuartizar para ser abandonados en la costa, sin enterrar. Juan de Cartagena y el clérigo Sánchez de la Reina son abandonados en esa salvaje tierra, castigo cruel, peor que la muerte. Al gran astrónomo Andrés de San Martin le aplica el terrible castigo de la “garrucha”, al que sobrevivió de milagro, y mandó descoyuntar al piloto Hernando de Morales, que falleció durante el brutal castigo. Actos de suprema crueldad de Magallanes con los que, sin duda, quiso aterrorizar a las descontentas tripulaciones para someterlas a su disciplina.</p>



<p>La nao Santiago naufraga explorando el peligroso estrecho recién descubierto, aunque se salvan sus tripulantes, y el 26 de agosto de 1520, los cuatro barcos supervivientes quedan inmovilizados por furiosos vientos huracanados y terribles temporales, que a punto están de dar al traste con las naos.</p>



<p>Antes de alcanzar la salida del Estrecho hacia la Mar del Sur, el portugués Esteban Gómez, enemigo de Magallanes, encabeza un motín. Toda su tripulación deserta y emprenden el tornaviaje por el Atlántico, llegando a Sevilla el 6 de mayo de 1521.</p>



<p>El 27 de noviembre de 1520 nuestros expedicionarios avistan por fin la Mar del Sur, tras haber navegado 600 kilómetros por el interior del laberíntico estrecho. Las grandes tempestades, la falta de víveres y los muchos hombres enfermos aconsejan regresar a España. Pero Magallanes, que cree estar ya cerca de las Molucas, decide continuar. La realidad, sin embargo, es muy distinta: el Pacifico es un océano gigantesco, y la distancia real que los separa de las míticas islas es de 18.000 kilómetros, extensión inmensa para estos pobres navegantes enfermos y hambrientos.</p>



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<p><strong>LA LLEGADA A LAS ISLAS FILIPINAS Y SUS CONSECUENCIAS</strong></p>



<p>Las naos tardarán tres meses y veinte días en navegar esta derrota interminable hasta las Filipinas. El hambre es tan terrible que los desgraciados tripulantes llegan a comer cuero reblandecido en agua de mar y ratas. Muchos salvaron la vida gracias a esta repugnante comida. Hoy se sabe que las ratas sintetizan en su organismo la vitamina C, la gran carencia que causaba el escorbuto a los navegantes.<br>El 6 de marzo de 1521, en calamitoso estado y como por milagro, las tres naos arriban a la Isla de Guam, actual Archipiélago de las Marianas. Magallanes, en represalia a los constantes robos de los indígenas, ataca con gran violencia sus poblados, quema casas y embarcaciones y roba cantidad de víveres, contraviniendo de nuevo las explícitas ordenes del rey Carlos I.</p>
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<p>El 9 de marzo Magallanes ordena zarpar, avistando Samar, en las Filipinas, y el 28 recalan en Mássawa, al sur de Leyte, donde Magallanes lleva a cabo una aparatosa “Toma de Posesión” en nombre del rey de España, igual que en Cebú, mostrándose satisfecho con lo que interpreta como amistosa actitud de los indios.</p>



<p>Pero la llegada a Mactan pone de relieve que esta aparente amistad es muy precaria. El cacique Lapu-lapu pone de manifiesto que no está dispuesto a someterse a los deseos mesiánicos de Magallanes, y mucho menos a rendir pleitesía al rey de España. El colérico Magallanes reacciona con gran violencia e incendia la aldea, pero ha menospreciado en su cólera la fuerza defensiva de Lapu-lapu, y, en la medianoche del 26 al 27 de abril de 1521, ataca con 60 hombres de sus menguadas tripulaciones a las poderosas fuerzas reunidas por los indígenas, que se estiman en más de 1.500 hombres. En este desigual combate muere Magallanes por las flechas envenenadas de los indios, que lo rematan después a machetazos. Lapulapu se niega a entregar su cadáver a los españoles, y no se sabe nada más sobre el destino final de su cuerpo destrozado.</p>



<p>En fin, se trata de una tragedia de proporciones inmensas, que acaba además con el prestigio de los españoles y su fama de invencibles. Carvalho toma el mando de la Trinidad y de la expedición, Gonzalo Gómez de Espinosa el de La Victoria, y J.S. Elcano el de la Concepción, que por su mal estado y falta de tripulación ha de ser incendiada. Solo sobreviven, en total, 108 hombres.</p>



<p>El 21 de junio de 1521, fondean frente a la ciudad de Brunei, una impresionante ciudad gobernada por el rey Siripada, de religión musulmana, hombre inteligente y culto. Las relaciones con dicho rey son cordiales, pero Carvalho, capitán de la Trinidad, resulta ser un traidor y ha de ser sustituido en el mando por Gómez de Espinosa. Elcano, que goza del aprecio de sus compañeros, es nombrado “de hecho” nuevo Capitán General de la menguada escuadra.</p>



<p><strong>POR FIN, EN LAS MALUCAS</strong></p>



<p>El 8 de noviembre de 1521 los dos maltrechos barcos anclan en la isla de Tidore, en las Malucas, objetivo principal de la expedición. Por fortuna para nuestros desgraciados navegantes, el rey de la isla, Almanzor, colabora, y les proporciona gran cantidad de especias, sobre todo, clavo, nuez moscada y jengibre.</p>



<p>En Tidore, nuestros navegantes viven tiempos felices, en paz con los indígenas, bien alimentados y acopiando grandes cantidades de las preciadas especias. Pero tanta felicidad no puede durar: están en zona de influencia de los portugueses, quienes, al parecer, vigilan desde hace tiempo la pequeña expedición española, alertados por algún reyezuelo indígena.</p>



<p>Apenas zarpan del puerto de Tidore, se descubre una gran” vía de agua” en la Nao Trinidad, que, con las bodegas anegadas y en riesgo de hundirse, debe permanecer en Tidore para ser reparada. Solo cinco supervivientes, entre ellos el otro cronista del viaje, Ginés de Mafra, logran regresar a España en 1527, tras innumerables padecimientos, presos de los portugueses que se habían incautado de importante documentación española: los diarios de a bordo, el diario astronómico de Andrés de San Martín, y quizá el diario del propio Magallanes.<br><br><strong>LA VUELTA A ESPAÑA POR LA RUTA DE PORTUGAL</strong></p>



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<p>Elcano toma entonces su última y trascendente decisión. A pesar de que el rey había ordenado no navegar por aguas bajo control portugués, Elcano, siguiendo criterios estrictamente náuticos, y, teniendo en cuenta también el calamitoso estado de la nao Victoria, decide regresar por la ruta africana, controlada por Portugal, y completar así la vuelta al mundo, aun a riesgo de ser capturados por los portugueses.</p>



<p>El 11 de febrero zarpan del puerto de Balutara en Timor rumbo al Índico. Les espera otra terrible derrota de casi siete meses hasta alcanzar la costa española.</p>



<p>El 9 de Julio de 1522, debido a la precaria salud de la tripulación, Elcano da la orden de recalar en el puerto de la isla Santiago, en Cabo Verde, a pesar del peligro que suponía el establecimiento portugués en esta isla. Elcano cuenta a las autoridades portuguesas que vienen de América, pero que una terrible tormenta los había desviado hasta la costa africana. Sin embargo, la ambición de algunos tripulantes, que intentan vender especias en el puerto, descubre a los portugueses que la Victoria procede en realidad de las Molucas, por lo que tienen que abandonar a toda prisa el puerto para no caer prisioneros, abandonando a los “traficantes codiciosos”, que son apresados inmediatamente.</p>
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<p>Los pocos supervivientes siguen navegando en condiciones penosísimas, ya que la precipitada salida de Cabo Verde había impedido que se aprovisionaran de víveres y agua. A duras penas navegan hacia las Azores, esquivando siempre a los portugueses, y por fin divisan el Cabo San Vicente, y ya a salvo, fondean en el puerto de Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522.</p>



<p>Ese mismo día Elcano, plenamente consciente de la gesta que había culminado, escribe una emotiva carta al rey Carlos V, dándole noticia de la extensa derrota y del éxito total de la expedición, ya que se habían cumplido todos los objetivos del viaje.</p>



<p><strong>LA LLEGADA A SEVILLA: CULMINACIÓN DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO</strong></p>



<p>El 8 de septiembre de 1522, la Victoria, remolcada, logra al fin anclar en el puerto de Sevilla, tras navegar 46.270 millas marinas, unos 85.700 km, “circunvalando la redondez del mundo” en palabras de J. S. Elcano, navegando todos los mares y océanos de la tierra.</p>



<p>De los 241 hombres que zarparon de Sevilla, solo 21 habían logrado regresar, 10 españoles, 2 portugueses, 4 griegos y 2 italianos, además de tres indígenas.</p>



<p>El viaje, a pesar de la terrible mortandad, había logrado todos sus propósitos: políticos, geográficos y económicos. Había demostrado que la tierra es redonda, y que está rodeada por mares y océanos navegables. Que existía un paso entre el océano Atlántico y el Pacífico, y un océano inmenso y peligroso que ensanchaba las dimensiones conocidas de la tierra, y alejaba las Molucas miles de millas de las costas americanas.</p>



<p>Importante fue también el éxito económico de la empresa. Con la venta del gran cargamento de especias traído por la Victoria, se recuperó con creces el costo total de la expedición, 8.750.000 maravedíes.</p>
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