<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Boletin 70 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
	<atom:link href="https://sge.org/categorias/articulos-de-boletines/boletin-70/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://sge.org/categorias/articulos-de-boletines/boletin-70/</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Thu, 27 Nov 2025 10:39:14 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.8.5</generator>

<image>
	<url>https://sge.org/wp-content/uploads/2026/01/favicon-2-50x50.png</url>
	<title>Boletin 70 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
	<link>https://sge.org/categorias/articulos-de-boletines/boletin-70/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Relaciones de Indias. Una fuente de información colosal y fiable sobre el clima en el imperio ultramarino español.</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/relaciones-de-indias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 May 2022 09:48:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 70]]></category>
		<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Rutas]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=27453</guid>

					<description><![CDATA[<p>Texto: Lola Higueras Boletín 70 &#8211; Sociedad Geográfica Española Clima. Tiempo. Historia. Los cuestionarios, a través de los cuales se recababan los datos para documentar las Relaciones Geográficas de Indias, [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/relaciones-de-indias/">Relaciones de Indias. Una fuente de información colosal y fiable sobre el clima en el imperio ultramarino español.</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Lola Higueras</strong></p>



<p>Boletín 70 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Clima. Tiempo. Historia.<br><br></p>



<p>Los cuestionarios, a través de los cuales se recababan los datos para documentar las Relaciones Geográficas de Indias, se extienden a lo largo de casi tres siglos, y constituyen una de las fuentes más formidables de información sobre el inmenso imperio ultramarino español. Este completo sistema se utilizó en unas treinta ocasiones entre 1530 y 1812, recibiéndose miles de respuestas desde todos los puntos del imperio, de extraordinario valor por la calidad y fiabilidad de los informantes. Los prolijos cuestionarios se confeccionaban en el Consejo de Indias, y en la contestación se vieron involucrados cientos de autoridades de todo tipo, desde las más altas dignidades a corregidores, alcaldes o curas de las más lejanas aldeas.</p>



<p>L a riqueza de los datos aportados, siempre de primera mano y recabados sobre el terreno, fue extraordinaria y muy variada en los temas: datos geográficos de todo tipo, entre los que se solía incluir el clima; demográficos; creación de ciudades y su urbanización; salubridad de la tierra y sus recursos naturales; fauna y flora; censos de población indígena, criolla o española; amplísimos datos económicos; historia eclesiástica; información etnográfica y relativa a la historia antigua y sus monumentos; y finalmente amplísimas noticias político- administrativas.</p>



<p>Sin duda esta colosal organización informativa representa el esfuerzo más importante de la Administración española para conocer todos los aspectos posibles del inmenso y lejano territorio que debía organizar y administrar. Información, en definitiva, para conocer y mejor administrar, este es sin duda el objetivo principal de este gigantesco esfuerzo para conocer “todo” de “todo el territorio”, hasta el lugar mas recóndito.</p>



<p>Pero muy pronto, las Relaciones Geográficas de Indias y su enorme bagaje informativo, servirán también para la divulgación de la América española, ayudando en la publicación de obras históricas, geográficas o eclesiásticas.<br><br><strong>ORGANIZACIÓN DE LOS CUESTIONARIOS</strong></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>La Disyuntiva del Consejo de Indias para poner en marcha tan ambicioso proyecto, será entre la creación de un cuerpo de funcionarios permanente y especializado, que, adscritos a las diferentes Audiencias americanas, recorrieran el territorio a ellas encomendado. O, por otro, llevar a cabo dicho proyecto con la colaboración de las autoridades indianas, a las que se facilitarían precisas instrucciones para responder los distintos cuestionarios, de manera que las informaciones recabadas en los diferentes lugares del imperio fueran totalmente homogéneas.</p>



<p>El Consejo de Indias elige esta segunda opción, aprovechar el caudal humano y cultural de las autoridades “menores” hispanoamericanas.</p>



<p>Por lo tanto, todas las encuestas fueron realizadas “sobre el terreno” y por las autoridades americanas, la mayor parte criollos y mestizos, con los que la administración indiana adquirió una deuda impagable por su imprescindible colaboración en el gigantesco proyecto informativo de la Corona.</p>



<p>El procedimiento siempre fue el mismo a lo largo de los siglos. El Rey, a través del Consejo de Indias, ordenaba la encuesta mediante una R.O que recogía de forma muy precisa el método a seguir, acompañada siempre por el correspondiente cuestionario <em>“para que Nos estemos informado de todas las calidades y </em><em>cosas” “porque queremos tener entera noticia de las cosas de esa tierra”</em>. Manifiesta la R.O de 1530.</p>



<p>En la R.O que acompaña la encuesta de 1548, de nuevo se afirma <em>“deseando proveer y ordenar las cosas (..) Como mejor y más convenga (..) Para que podamos proveer sin más dilación acerca de ello lo que convenga”.</em></p>



<p>Es evidente que la Corona quiere conocer a fondo esos territorios, “para mejor gobernar” La inquietud real por el buen gobierno de las Indias se pone de manifiesto de nuevo, en el prologo de la R.O de 1581, en la que se afirma <em>“porque entendiendo la obligación que tenemos de procurar que esos reinos y provincias de nuestras Indias, sean bien regidos y gobernados en lo espiritual y en lo temporal, habiendo esto de ser por relación y noticia, por estar tan distantes de estos reinos, deseamos que se tenga muy particular noticia de ellas, para que mejor pueda acertarse”.</em></p>
</div>
</div>



<p><br><br><strong>ORGANISMOS QUE GESTIONARON ESTA GRAN ENCUESTA</strong></p>



<p>Más de un organismo gestionó las RGI, a lo largo de los siglos. El Consejo de Indias, lo hizo hasta 1807. El Consejo de Regencia y las Cortes Generales de Cádiz, entre 1808 y 1815. Sin duda, el gran protagonista del gigantesco proyecto fue el Consejo de Indias, que, a lo largo del tiempo, buscó siempre información amplia y verídica para garantizar a la administración de Indias suficientes datos para garantizar un buen gobierno.</p>



<p>En las prolijas instrucciones que se enviaban a las distintas autoridades americanas se especificaba, además de la obligatoriedad de contestar con absoluta veracidad, la actualización de los datos, y que los informes “originales” fueran depositados y conservados en las distintas administraciones americanas, remitiendo al Consejo de Indias, copias autentificadas de los mismos.</p>



<p>Los cuestionarios enviados en cada caso son muy diversos en tipología y extensión. Algunos son monográficos y contienen 8 o 10 preguntas, otros, más generales, pueden ser muy extensos, pudiendo llegar a las 355 preguntas. Pero lo más habitual eran cuestionarios de entre 20 y 50 preguntas. Entre estas informaciones en numerosas ocasiones, se solicitaba información cartográfica, elemento imprescindible para conocer y valorar de manera más precisa los diversos territorios.</p>



<p>No cabe duda de que el Consejo de Indias intento colaborar de manera eficaz al mejor gobierno de las Indias a través de un conocimiento exhaustivo de la realidad física, humana y administrativa de la totalidad de los inmensos territorios, hasta los más recónditos.</p>



<p>Los informes fueron siempre cumplimentados “in situ” por competentes autoridades, magníficos conocedores de la realidad, que, una vez y otra y por orden del Rey, actualizaban los datos recogidos para que nunca quedaran obsoletos o falseados por el paso del tiempo.</p>



<p>Esta información fue fundamental para el poder político. Los cuestionarios no fueron contestados siempre, a pesar de la obligatoriedad de hacerlo, pero la información recibida fue cuantiosísima y relativa a la más extensa temática, abarcando prácticamente todo el imperio ultramarino.</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>METODOLOGÍA: ORDENANZAS Y LIBROS</strong></p>



<p>En las Ordenanzas de 1573 se describe la formación de los “libros temáticos” en los que se debía organizar la información recibida. Estos libros eran: libro de la cosmografía general ; libro de historia natural; libro de historia moral y sucesos de las India; libro de la república cristiana, en lo temporal, por provincias y núcleos urbanos; libro sobre legislación; libro sobre los oficios públicos; censos urbanos y rurales; libros de hacienda, de funcionarios, de los repartimientos de indios,, de aduanas, de minas, de casas de moneda, de diezmos; libros de censos de demografía; padrón general; y de descripciones geográficas, eclesiásticas y civiles.</p>



<p>En el artículo 61 de estas importantes ordenanzas se especifican las materias que deben ser investigadas y descritas en los diversos apartados informativos para los Libros de cosmografía, hidrografía, historia natural y moral y descubrimientos y conquista, entre otros.</p>



<p>Respecto a la cosmografía, el Rey especifica las obligaciones del cosmógrafo mayor: <em>“mandamos que el que de Nos llevare salario de cosmógrafo(..) haga el planisferio o globo de todas las Indias dividiéndolo en climas, paralelos y meridianos y los dichos climas los continúen con los antiguos y denomine por los mismos nombres”.</em></p>



<p>De igual manera específica la ordenanza en su artículo 15, las materias que deben tratarse respecto a la navegación, tema que interesa especialmente a nuestro tema sobre el clima. Menciona la ordenanza, entre otras, proporcionar información acerca de <em>“la capacidad y seguridad y calidad que tienen los puertos, accidentes de mar, corrientes, reflujos, vientos que corren por él y en que tiempos, huracanes, tormentas y otros peligros”.</em></p>



<p>La veracidad de los datos, exigida al informante, queda claramente expresada en el artículo 76 de la ordenanza: <em>“para hacerse esta descripción universal y particular de la tierra, cierta y precisamente, es menester que se haga por los que tuvieren noticia de ella por vista de ojos”</em>. Es decir, conocedores de la tierra, y además <em>“in situ”</em>, como ya mencionamos.</p>



<p>La completa ordenanza de 1573 consta en total de 135 títulos o artículos que ordenan las cuestiones a investigar, las autoridades obligadas a responder los cuestionarios, la amplitud y extensión territorial de la encuesta, y en definitiva el orden y método de las respuestas.</p>



<p>Nada escapa a la magnífica ordenanza, nada queda al azar; es, sin duda, un magnífico ejemplo de la calidad y veracidad que se persigue con esta gigantesca encuesta. La documentación relativa a las RGI se conserva en su mayor parte en el Archivo General de Indias de Sevilla. La correspondiente a las Expediciones científicas ilustradas, que continuaron la tradición de los cuestionarios de las RGI, en los Archivos de la Marina, y parte de los cuestionarios correspondientes a la primera mitad del siglo XVIII, se enviaron a la Real Academia de la Historia para información de la Historia de América que proyectaba.</p>
</div>
</div>



<p><br><br><strong>EL CLIMA EN LAS RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS</strong></p>



<p>En tan colosal esfuerzo informativo no podía estar ausente el clima, elemento de vital importancia para el avance de los descubrimientos, la fundación de ciudades y pueblos, el desarrollo de la agricultura, la vital actividad de las navegaciones y en definitiva la salud humana. Prácticamente el éxito de la colosal expansión dependió del conocimiento de los territorios y del clima imperante en ellos.</p>



<p>Traemos aquí esta información, muy poco explotada por los estudiosos, que consideramos de valor para el estudio de la geografía americana e incluso para el estudio del cambio climático, a través de informaciones fidedignas, recogidas sobre el terreno, en toda la inmensa extensión de la geografía ultramarina, y a lo largo de casi tres siglos, que presenta además un importante valor añadido: la precisa localización del territorio y fecha de la recogida del dato.</p>



<p>La información acerca del clima está incluida, casi siempre, en los cuestionarios relativos a los aspectos geográficos, en los que se solicita <em>“descripción y del territorio, clima, fauna y flora” </em>características. En los cuestionarios de 1556, 1577,1777 y 1812, estos aspectos ocupan entre un 25 y un 34 por ciento de la encuesta. Pero el clima aparece mencionado también en la condición de los puertos y abrigos naturales, vientos, corrientes temporales etc.</p>



<p>El clima está presente también dentro de las RGI, en el análisis de los <em>“riesgos naturales” </em>La necesaria defensa ante la naturaleza desconocida y tantas veces hostil, y la acción del hombre para intentar dominarla, interesa sobremanera a la administración política, porque determina la subsistencia de una población en un lugar determinado de un territorio. La adaptación pasaba siempre por el conocimiento de las posibles catástrofes naturales y la investigación del <em>“temperamento”</em>, es decir su clima, régimen de lluvias o sequias persistentes. Riesgos naturales de carácter geofísicos, como los descritos, relacionados con el clima o la meteorología, pero también geomorfológicos como existencia de terremotos, volcanes y otros accidentes naturales.</p>



<p>Es muy lógico que el clima, la naturaleza y, en definitiva, las características del territorio sean sumamente importantes en esta encuesta. Conocer el territorio americano desconocido, y potencialmente hostil, es tan importante para el poder político como lo es conocer las condiciones de la navegación oceánica que conducen a él, ya que ambas materias dependen en gran medida de la naturaleza, de la incertidumbre de esa naturaleza todavía mal conocida y peligrosa. Por eso. en los cuestionarios de 1604 y mucho mas tarde, en el de1777 se pedía información acerca de hechos catastróficos debidos a fenómenos naturales, por ejemplo <em>“que daños han causado los volcanes” “reventazones y estragos causados por los terremotos”</em>.</p>



<p>En los cuestionarios de 1573 se pregunta directamente por los huracanes, las tormentas y otros accidentes climáticos, y en el de 1812, se pide expresa información acerca de los vientos que azotan las poblaciones, si se experimentan tempestades, turbiones o avenidas, y si hay sequedad persistente o abundancia de lluvias. Otro aspecto importante de información climática en los RGI, es la salud. Para asentar las nuevas poblaciones era importantísima la información sobre el temperamento de la tierra, si era “sana o enferma”. Las ideas humanistas conceden en el siglo XVI gran importancia a la relación hombre- medio: la influencia del clima, las calidades o “temperamento” de las tierras. Todo ello era considerado determinante para la salud.</p>



<p>En el cuestionario de 1604, varias preguntas relacionan clima y salud. Es esta una asociación que persiste hasta los últimos cuestionarios enviados por las Cortes de Cádiz en1812.</p>



<p></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>LOS CUESTIONARIOS DE LA ILUSTRACIÓN. LA EXPEDICIÓN DE MALASPINA Y BUSTAMANTE 1789-1794</strong></p>



<p>En los magníficos cuestionarios utilizados por esta gran empresa ilustrada, la más importante expedición marítimo-científica del siglo que recorrerá América desde Montevideo a Alaska y todos los territorios del Pacifico, la metodología utilizada por Malaspina para la redacción de los cuestionarios, pieza clave en su política informativa, se inscribe completamente en la secular tradición de los utilizados por las RGI.</p>



<p>En esta expedición, el clima se contempla en los cuestionarios relativos a las Descripciones físicas: <em>“Periodos regulares de las estaciones, vientos, tiempos lluviosos, tempestades de rayos, granizadas y nieves” “si hay volcanes activos, si se experimentan temblores de tierra”</em>. Y de nuevo la relación clima-salud. En los cuestionarios relativos a urbanismo y demografía, Malaspina pregunta <em>“cuáles son los efectos que produce el temperamento sobre la salud humana, atendiendo a la raza”.</em></p>



<p><strong>LOS CUESTIONARIOS MONOGRÁFICOS</strong></p>



<p>Traemos aquí un cuestionario específico de 50 preguntas, el enviado en 1577, que se centraba de forma monográfica en la investigación de los núcleos urbanos o rurales, fecha de su fundación, demografía, calidad y temperamento de sus tierras, fenómenos naturales catastróficos.</p>



<p>En casi todo el cuestionario, el clima es protagonista, se pregunta si la tierra es fría o caliente; húmeda o seca; de muchas aguas o pocas; los vientos que corren en ella y, cómo no, si es tierra o puerto sano o enfermo, y si enfermo por qué causas. Antes de terminar el interrogatorio, en la pregunta 49, insiste el inquisidor <em>“relatar todas las demás cosas notables en naturaleza y efectos del suelo, aire y cielo que en cualquiera parte hubiere y fuesen dignas de ser sabidas” </em>Este mismo protagonismo del clima se manifiesta en el cuestionario de 1730 y en el único redactado por La Real Academia de la Historia en 1765.</p>



<p>Para terminar, mencionaré el ultimo cuestionario enviado a América. Lo elaboran las Cortes de Cádiz y se envía a América en 1812, poco antes de la Independencia. En este cuestionario final, se mantienen los parámetros generales de todos los enviados para informar las RGI, a lo largo de los siglos.</p>



<p>Esperamos que esta breve aproximación al tema despierte la curiosidad de geógrafos, meteorólogos, etnólogos, urbanistas, y, en general, descubra el interés de esta fuente colosal de información veraz, extensa en su dimensión territorial y localizada en lugar y tiempo exactos, a lo largo de tres siglos, a cualquier investigador de la realidad y la historia ultramarina española.</p>
</div>
</div>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/relaciones-de-indias/">Relaciones de Indias. Una fuente de información colosal y fiable sobre el clima en el imperio ultramarino español.</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Relatos históricos del Clima y la Meteorología</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/relatos-historicos-clima/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 May 2022 09:41:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 70]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=27447</guid>

					<description><![CDATA[<p>Texto: José Miguel Viñas Boletín 70 &#8211; Sociedad Geográfica Española Clima. Tiempo. Historia. Son muchos los relatos sugerentes que nos brinda la historia de la ciencia, en los que se [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/relatos-historicos-clima/">Relatos históricos del Clima y la Meteorología</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: José Miguel Viñas<br></strong></p>



<p>Boletín 70 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Clima. Tiempo. Historia.<br><br><strong>Son muchos los relatos sugerentes que nos brinda la historia de la ciencia, en los que se entremezclan los personajes que la han ido protagonizando y las circunstancias particulares en las que tienen lugar los descubrimientos e hitos que marcan su cronología. En el caso particular de las ciencias atmosféricas, hay infinidad de historias poco conocidas, que se convierten en un interesante recurso para popularizarlas, lo que puede ayudar a situar en un contexto adecuado cuestiones tan de actualidad como el cambio climático.</strong></p>



<p>Como divulgador científico especializado en Meteorología y ciencias afines, a menudo recurro a la historia en mis artículos, libros, conferencias o intervenciones en los medios de comunicación, ya que, con el paso de los años, he ido comprobando cómo esas narrativas que nos trasladan a otras épocas captan la atención del público, facilitando la asimilación de cuestiones más técnicas y exigentes, que necesariamente aparecen cuando se divulgan las ciencias de la atmósfera. Aprovechando la generosa invitación que he recibido de la Sociedad Geográfica Española para participar en este número 70 de su Boletín, comparto a continuación tres pequeños relatos históricos que en su día publiqué, y que confío, querido lector, que le resulten entretenidos e interesantes.<br><br><strong>LOS PRIMEROS PARAGUAS**</strong></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>La palabra <em>umbrella</em>, con la que los anglosajones llaman al paraguas, arroja pistas sobre los orígenes de este útil artilugio. Alude al término latino umbra, que significa “sombra”. Un singular personaje inglés, y principal artífice de que el uso del paraguas se popularizara –Jonas Hanway (1712-1786), al que luego nos referiremos–, acuñó la palabra; ya que, aparte de “parar el agua” (protegernos de la lluvia), el susodicho elemento proporciona una pequeña sombra. Esta es la función que cumplen los parasoles o sombrillas, que son los antepasados de los citados paraguas.</p>



<p>El parasol fue inventado en la antigua China, pero no tenemos certeza del momento exacto de su aparición. Algunas fuentes apuntan al siglo XI a. de C, sin precisar más detalles. Sabemos que en tiempos de la dinastía Tang –entre los siglos X y VII a. de C. – las sombrillas ya se habían extendido por Corea y Japón. La más antigua que se conoce es la que apareció en la tumba del primer emperador de China unificada Qin Shi Huang (259 a. de C. – 210 a. de C.), formando parte del espectacular conjunto escultórico del ejército de terracota. Una de las figuras está subida a un carruaje tirado por cuatro caballos, y lleva acoplada una enorme sombrilla. La referencia escrita más antigua que se tiene de los parasoles aparece en el libro de ceremonias llamado <em>Zhou Li</em>. En este tratado sobre burocracia y teoría organizativa del siglo II a. de C. se explica que en los coches imperiales debían colocarse esos artefactos para proteger del sol y las inclemencias meteorológicas a los usuarios, y, además, se ofrece una detallada descripción sobre su forma, las varillas, y el bastón. De los primeros parasoles hechos con seda y caña de bambú se pasó a los de papel aceite. En el siglo I, los chinos empiezan a disponer del paraguas-parasol plegable, precursor del actual, que no empezó a usarse en Europa hasta el siglo XVIII. En China tuvo que transcurrir también mucho tiempo hasta que su uso se extendió entre la población, lo que no ocurrió hasta la llegada al poder de la dinastía Ming, en la segunda mitad del siglo XIV.</p>



<p>Si bien en la época clásica, tanto griegos como romanos (solo la población femenina) usaban ya las sombrillas, principalmente para protegerse del sol –aunque en la antigua Roma las empezaron a usar como paraguas, aplicando una capa de aceite al papiro del que estaban hechas, para hacerlas impermeables–, todavía tuvo que transcurrir mucho tiempo hasta la aparición en Europa del paraguas plegable, convirtiéndose, además, en un artilugio de uso universal, empleado tanto por hombres como por mujeres.</p>
</div>
</div>



<p><br>En Francia, durante el reinado de Luis XIV, un fabricante de carteras parisino llamado Jean Marius, inspirado en los paraguas plegables asiáticos, tuvo la feliz idea. La palabra umbrella, con la que los anglosajones llaman al paraguas, arroja pistas sobre los orígenes de este útil artilugio. Alude al término latino umbra, que significa “sombra”. Un singular personaje inglés, y principal artífice de que el uso del paraguas se popularizara –Jonas Hanway (1712-1786), al que luego nos referiremos–, acuñó la palabra; ya que, aparte de “parar el agua” (protegernos de la lluvia), el susodicho elemento proporciona una pequeña sombra. Esta es la función que cumplen los parasoles o sombrillas, que son los antepasados de los citados paraguas.</p>



<p>El parasol fue inventado en la antigua China, pero no tenemos certeza del momento exacto de su aparición. Algunas fuentes apuntan al siglo XI a. de C, sin precisar más detalles. Sabemos que en tiempos de la dinastía Tang –entre los siglos X y VII a. de C. – las sombrillas ya se habían extendido por Corea y Japón. La más antigua que se conoce es la que apareció en la tumba del primer emperador de China unificada Qin Shi Huang (259 a. de C. – 210 a. de C.), formando parte del espectacular conjunto escultórico del ejército de terracota. Una de las figuras está subida a un carruaje tirado por cuatro caballos, y lleva acoplada una enorme sombrilla.</p>



<p>La referencia escrita más antigua que se tiene de los parasoles aparece en el libro de ceremonias llamado Zhou Li. En este tratado sobre burocracia y teoría organizativa del siglo II a. de C. se explica que en los coches imperiales debían colocarse esos artefactos para proteger del sol y las inclemencias meteorológicas a los usuarios, y, además, se ofrece una detallada descripción sobre su forma, las varillas, y el bastón. De los primeros parasoles hechos con seda y caña de bambú se pasó a los de papel aceite. En el siglo I, los chinos empiezan a disponer del paraguas-parasol plegable, precursor del actual, que no empezó a usarse en Europa hasta el siglo XVIII. En China tuvo que transcurrir también mucho tiempo hasta que su uso se extendió entre la población, lo que no ocurrió hasta la llegada al poder de la dinastía Ming, en la segunda mitad del siglo XIV.</p>



<p>Si bien en la época clásica, tanto griegos como romanos (solo la población femenina) usaban ya las sombrillas, principalmente para protegerse del sol –aunque en la antigua Roma las empezaron a usar como paraguas, aplicando una capa de aceite al papiro del que estaban hechas, para hacerlas impermeables–, todavía tuvo que transcurrir mucho tiempo hasta la aparición en Europa del paraguas plegable, convirtiéndose, además, en un artilugio de uso universal, empleado tanto por hombres como por mujeres.</p>



<p>En Francia, durante el reinado de Luis XIV, un fabricante de carteras parisino llamado Jean Marius, inspirado en los paraguas plegables asiáticos, tuvo la feliz idea de implementar los complicados cierres metálicos que usaba en sus complementos a las pesadas y rígidas sombrillas que en aquella época usaban las clases altas para protegerse del sol y de la lluvia, pero que su gran envergadura y peso dificultaba su uso. Cuando llovía, los caballeros se protegían con sombreros de ala ancha y grandes capas y las mujeres tapándose con las capas de los varones, lo que limitaba mucho la movilidad, ya que esos elementos no protegían lo suficiente para evitar acabar con la ropa empapada. El paraguas de bolsillo de Marius, muy ligero y capaz de llevarse en un bolso o colgado a la cintura, fue una auténtica revolución.</p>



<p>Inventado en 1705 y hecho con tafetán impermeabilizado, el avispado artesano se presentó en el Palacio de Versalles con su ingenioso paraguas, buscando el aval del monarca, que quedó impresionado con él, otorgándole un privilegio real (lo que hoy en día equivaldría a una patente), que establecía que desde el 1 de enero de 1710 y durante un período de cinco años, su “sombrilla plegable de bolsillo” se convertía en una marca registrada en Francia. El citado privilegio establecía una gravosa multa para todo aquel fabricante que tratara de comercializar ese tipo de paraguas. Marius tuvo el monopolio durante el lustro 1710-15. Tras una eficaz campaña publicitaria, las ventas se dispararon entre la alta sociedad francesa, no siendo hasta finales del siglo XVIII cuando el paraguas plegable definitivamente se popularizó</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>EL HURACÁN QUE SE CRUZÓ CON COLÓN***</strong></p>



<p>Cuando Cristóbal Colón (1451-1506) afrontó el reto de circunvalar la Tierra, tratando de llegar a las Indias (Asia) navegando hacia el oeste, quería demostrar algo que cuestionaban muchos por aquel entonces, y que, paradójicamente, siguen algunos poniendo en duda en la actualidad, que no es otra cosa que la redondez de la Tierra. Nadie hasta ese momento (1492) había osado aventurarse más de la cuenta en el “mar de las tinieblas”, que según el imaginario popular de la época terminaba en una gran cascada que se precipitaba en el abismo. Una persona ilustrada como Colón tenía claro que al dirigirse hacia el oeste no llegaría al fin del mundo, pero con lo que no contaba era con descubrir un nuevo continente –América–, ni con tener que capear con fenómenos meteorológicos desconocidos hasta ese momento para él.</p>



<p>A pesar de ser un experimentado navegante, Colón no sabía que en el Caribe hay huracanes, de características muy distintas a las de las borrascas que daban lugar a los temporales a lo que se había enfrentado numerosas veces en sus travesías. En los cuatro viajes que hizo al Nuevo Mundo –entre los años 1492 y 1504–, solo en una ocasión uno de esos huracanes se interpuso en su camino, pero tuvo la capacidad de anticiparlo y esquivarlo, gracias a lo que previamente le habían contado los taínos, que era el pueblo indígena que ocupaba por aquel entonces la región antillana, con los que Colón mantuvo distintos encuentros. A los 51 años de edad, Cristóbal Colón, a los mandos de una flota de 2 carabelas –la <em>Capitana y la Santiago</em>– y 2 naos –la <em>Gallega </em>y la <em>Vizcaína</em>–, inició su cuarto viaje, partiendo de Cádiz el 9 de mayo de 1502. Tras hacer escala en las islas Canarias, el día 25 de ese mes partió del puerto de Maspalomas, al sur de Gran Canaria, y puso rumbo a las Antillas, ayudado, como en los viajes precedentes, por los vientos alisios.</p>



<p>El 29 de junio la flota llegó a Santo Domingo, en la isla de La Española. Los días previos, navegando ya por aguas caribeñas, Colón fue constatando que se aproximaba un huracán. Sabía por los taínos que se trataba de un fenómeno natural particularmente peligroso y supo leer en el cielo y en el mar cómo se iba manifestando.</p>



<p>Aquellos nativos empleaban el nombre fonético <em>jurakán </em>–que los conquistadores españoles convirtieron en la palabra “huracán”– para referirse no solo a los ciclones tropicales que ocurren en aquella región, sino a cualquier tormenta o tempestad.</p>



<p>En su mitología, todos estos fenómenos atmosféricos violentos eran creados y controlados por la diosa Guabancex, que era una de las formas de identificar a la deidad del caos y el desorden <em>zeni</em>. La forma más común de representar a Guabancex es con una cara furiosa y con los brazos extendidos de manera similar a los brazos espirales de un huracán. Los taínos eran conocedores de una de las singularidades de los huracanes, que no es otra que el patrón de vientos rotatorios que engendran a su alrededor mientras se van desplazando. Este hecho lo conocía Colón gracias a ellos, y le ayudó a su llegada a La Española.</p>



<p>El huracán venía pisándoles los talones a las cuatro naves de Colón, cuando, aquel 29 de junio, el almirante vio la necesidad de buscar refugio en Santo Domingo. El recién nombrado gobernador de la isla, Nicolás de Ovando y Cáceres (1460-1511) le prohibió entrar en el puerto, a pesar de que Colón le dijo que se acercaba un peligroso huracán. El gobernador andaba esos días con los preparativos de una flota de 30 barcos que partirían de forma inminente para España, cargados de valiosas mercancías y con esclavos. No solo impidió que Colón y sus hombres desembarcaran en la colonia, sino que hizo oídos sordos a la advertencia del almirante. Ante esta situación, y tras observar –con acierto– que el huracán se dirigiría hacia el norte de la isla, Colón tomó el mando de la flota y fue bordeando La Española por el sur, dirigiéndose hacia su parte occidental, buscando un lugar donde poder protegerse lo más posible del huracán.</p>



<p>Esa decisión que Colón tuvo que adoptar a toda prisa fue acertada y, con casi total seguridad, les salvó la vida. Aunque la furia de los vientos huracanados y el oleaje que acontecieron el día siguiente –30 de junio– llegó a soltar el anclaje de las naves, lograron resistir los duros golpes asestados por el huracán, consiguiendo finalmente agruparse todas ellas en una cala. Mucha peor suerte corrió la flota que el mismo día 29 autorizó a partir Nicolás de Ovando. Santo Domingo quedó arrasada y el huracán se encargó de hundir 25 de los 30 barcos, regresando 4 de ellos muy dañados al puerto y solo uno, el <em>Aguja</em>, logró llegar a España. En aquel triste episodio fallecieron más de 500 marineros españoles y un número indeterminado de esclavos. La pericia e inteligencia de Cristóbal Colón impidió que esa cifra de víctimas fuera todavía algo mayor.</p>
</div>
</div>



<p><br><strong>CUANDO EL TÁMESIS SE CONGELABA****</strong></p>



<p>Entre los siglos XVII y XIX, coincidiendo con algunos de los inviernos más crudos de la Pequeña Edad de Hielo, el río Támesis a su paso por Londres no solo se llegó a congelar, sino que se formó una capa de hielo lo suficientemente gruesa como para poder celebrar sobre ella las llamadas “Ferias de Hielo”. La primera se remonta al año 1608 y la última a 1814. En dicho período hay documentadas un total de cinco de esas ferias, organizadas por los barqueros del Támesis para obtener unos ingresos extras.</p>



<p>Han sido muchas más las veces en que el citado río, en su tramo londinense, se ha llegado a congelar de forma importante. Desde 1400 hasta 1841 –año en que el antiguo puente medieval de Londres fue demolido y reemplazado por el actual (el famoso <em>Tower Bridge</em>, con sus dos torres)– se contabilizan 26 inviernos en los que el Támesis se convirtió en una pista de patinaje. Desde entonces, el río se ha llegado a congelar también en alguna otra ocasión –la última más destacada durante el invierno de 1962-63–, pero ahora esos episodios son más esporádicos y no alcanzan la magnitud de antaño. Esto es así no solo por tener inviernos menos fríos, sino también por el cambio que introdujo en la dinámica del río el cambio de puente.</p>



<p>Antiguamente, el cauce era más ancho, menos profundo y el agua fluía más lentamente. Cuando llegaban los rigores invernales, el puente medieval, con su hilera de ojos y con una serie de muelles adosados a sus pilares, favorecía la acumulación de bloques de hielo, lo que obstaculizaba el paso del agua ligado a las mareas. El resultado era un río predispuesto a formar rápido la costra de hielo.</p>



<p>Los gélidos inviernos en que esa costra era particularmente gruesa, el río pasaba a convertirse durante unos días en la principal atracción de la ciudad. Allí, sobre su superficie helada, en el tramo que va entre el puente de Londres (actual <em>London Bridge</em>) y el de Blackfriars, se ubicaba la feria: toda ella dedicada al entretenimiento. Se celebraban carreras de trineos y de caballos, exhibiciones, bailes, sonaba la música y se montaban un sinfín de tenderetes donde se vendían todo tipo de cosas, incluidos los recuerdos de la propia Feria de Hielo, como tarjetas impresas allí mismo, que certificaban esa curiosa circunstancia.</p>



<p>El período más frío documentado en Inglaterra se produjo durante el invierno de 1683-84, cuando el río Támesis se congeló por completo durante dos meses seguidos, alcanzando la capa de hielo casi los 30 cm de espesor en el tramo londinense.</p>



<p>La Feria de Hielo que se celebró aquel invierno fue posiblemente la más concurrida y popular de las cinco que han tenido lugar hasta la fecha. El escritor y jardinero inglés John Evelyn (1620-1706), aparte de describir todo lo que aconteció en aquella feria, también se refirió a las terribles consecuencias del frío tan extremo que se vivió aquel invierno: <em>“Las aves, los peces y los pájaros, y todas nuestras plantas y verduras exóticas que perecen universalmente. Muchos parques de ciervos fueron destruidos (…) Londres, debido a la excesiva frialdad del aire que obstaculizaba el ascenso de humo, estaba tan lleno de vapor fuliginoso [lleno de hollín] del carbón de mar (…) que difícilmente se podía respirar.” </em>Las fuertes heladas comenzaron el 20 de diciembre de 1683 y se prolongaron hasta el 6 de febrero.</p>



<p>Fue en el siglo XVII cuando la Pequeña Edad de Hielo vivió su momento álgido. En esa centuria se produjeron diez inviernos crudísimos, en los que el Támesis se cubrió de una gruesa capa de hielo, frente a seis en el siglo XVIII y solo uno en el XIX. Este último invierno fue el de 1813-14, y propició la celebración de la última Feria de Hielo del Támesis. Comenzó el 1 de febrero y duró 4 días. De aquella feria destacan dos extravagancias: la primera, el elefante que caminó sobre el río pasando por debajo del puente de Blackfriars, y, la segunda, un libro de 124 páginas titulado “Frostiana o una historia del río Támesis en un estado congelado”, que una impresora llamada George David compuso e imprimió en su puesto de la feria.</p>



<p>* Es físico, trabaja como meteorólogo en Meteored y también es consultor de la Organización Meteorológica Mundial. Tiene un amplio bagaje como divulgador de las ciencias atmosféricas, tanto en medios de comunicación (RNE, COPE, La 2, Antena 3 Televisión…), como a través de sus numerosas publicaciones, conferencias y su página web <a href="http://www.divulgameteo.es">www.divulgameteo.es</a>). Es uno de los socios fundadores de ACOMET (la Asociación de Comunicadores de Meteorología) y autor de ocho libros sobre el tiempo y el clima. Su perfil en redes sociales es @Divulgameteo.</p>



<p>** (Publicado originalmente en <a href="http://www.tiempo.com">www.tiempo.com</a> el 25 de enero de 2020).</p>



<p>*** (Publicado originalmente en <a href="http://www.tiempo.com">www.tiempo.com</a> el 24 de octubre de 2019).</p>



<p>**** (Publicado originalmente en <a href="http://www.tiempo.com">www.tiempo.com</a> el 15 de febrero de 2018).</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/relatos-historicos-clima/">Relatos históricos del Clima y la Meteorología</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>¿Existe el Antropoceno?</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/antropoceno-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 May 2022 09:31:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 70]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=27437</guid>

					<description><![CDATA[<p>Texto: Ana María Alonso Zarza Boletín 70 &#8211; Sociedad Geográfica Española Clima. Tiempo. Historia. El concepto “Antropoceno” nació a comienzos de este siglo, de la mano del Premio Nobel de [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/antropoceno-2/">¿Existe el Antropoceno?</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Ana María Alonso Zarza<br></strong></p>



<p>Boletín 70 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Clima. Tiempo. Historia.<br><br><strong>El concepto “Antropoceno” nació a comienzos de este siglo, de la mano del Premio Nobel de Química Paul Crutzen, y comenzó a ser considerado estratigráficamente en el año 2008 tras una publicación liderada por el geólogo Jan Zalasiewicz. La idea que se esconde detrás de ese concepto es que, a partir de algún momento del pasado siglo, las tasas de los cambios ambientales causados por la humanidad han sobrepasado las de los procesos naturales geológicos y biológicos. Pero, ¿existe realmente?</strong></p>



<p>En El Antropoceno se describe como un periodo de tiempo en la historia de la Tierra que se caracteriza por alteraciones geológicas rápidas y profundas provocadas por las personas que lo habitamos. Estos cambios se registran tanto en los sedimentos como en el hielo, y eso permitiría señalar la diferencia geológica con la época anterior, el Holoceno, que empezó hace 11.700 años.</p>



<p>El artículo citado de Zalasiewicz ofrece una serie de datos cuantitativos que muestran que la actividad humana ha contribuido a acelerar la tasa de varios procesos geológicos, entre ellos la erosión y sedimentación debidas a la acción humana, que ya sobrepasan en un orden de magnitud la de todos los ríos del mundo. De hecho, se calcula que la producción anual de sedimentos antropogénicos es 24 veces superior que la tasa de sedimentos aportados por todos los ríos a los océanos.<br><br></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>DE CÓMO LA ACCIÓN HUMANA MODIFICA LA NATURALEZA</strong></p>



<p>Además, la actividad humana ha hecho que la subida del nivel del mar, que ha sido casi 0 en los últimos 7.000 años ahora haya pasado a 0,3 metros cada 100 años, cifra que se espera que se duplique hacia 2100. Otro cambio que ha tenido lugar en los océanos ha sido la modificación de su ph, que ha sido estable durante milenios, mientras que en la actualidad es 0,1 más ácido que hace solo un siglo.</p>



<p>Y, sin duda, uno de los efectos más conocidos de la actividad humana es que los niveles de CO2 atmosféricos son los más altos desde hace 4 millones de años.</p>



<p>Todos esos cambios ya han dejado su huella en el registro geológico, como por ejemplo los “minerales antropogénicos”, más correctamente denominados “compuestos inorgánicos cristalinos similares a minerales”. En la actualidad hay una enorme diversificación de estos minerales-producto que ha ido acompañada por el aumento en el tipo de rocas antropogénicas, como ladrillos, cerámicas u hormigón, a los que se unen los plásticos “mineraloides”. Todos ellos se encuentran ya en las rocas sedimentarias, en la superficie y ampliamente diseminados en los océanos.</p>



<p>En muy poco tiempo no sólo se están depositando nuevos sedimentos, de manera muy rápida, sino que además se están consolidando, se están cementando. Este proceso se conoce en geología como diagénesis, que es el conjunto de procesos que hacen que los sedimentos se endurezcan y se transformen en rocas.</p>



<p>Aparte de los efectos geológicos, también se pueden observar rastros del Antropoceno en la fauna del planeta, en lo que se conoce como “sexta extinción”. En la actualidad se pierden entre 11.000 y 58.000 especies anualmente, no sólo vertebrados (de los que al menos 322 especies se han extinguido desde 1500), sino también de invertebrados.</p>
</div>
</div>



<p><br><strong>UN FENÓMENO QUE AFECTA A TODO NUESTRO PLANETA</strong></p>



<p>Los cambios entre las distintas unidades de tiempo geológico se caracterizan por tener señales claras y diferenciadas que se pueden localizar a lo largo de toda la Tierra, referidas tanto a las condiciones geológicas y climáticas como a los seres vivos que habitan esa época determinada. Cada unidad de tiempo geológico tiene un límite inferior y un límite superior, y ambos deben tener un evento marcador, ya sea un tipo de fósil, una roca característica, o una señal geoquímica. La última característica que define a una época geológica es que el espesor de los sedimentos sea suficiente para hacerla claramente identificable.</p>



<p>Por lo tanto, para poder considerar el Antropoceno como una nueva época geológica nueva haría falta encontrar esas características. En cuanto a la globalidad del fenómeno uno de los marcadores del Antropoceno es el uso de los combustibles fósiles que han perturbado el ciclo de azufre, lo que se observa en el aumento del contenido de sulfato en el hielo glacial y, además, han causado una distribución de cenizas como partículas carbonáceas de gran potencial de preservación.</p>



<p>Contaminantes orgánicos como los pesticidas organoclorados también se han diseminado ampliamente por la atmósfera, dejando residuos claramente detectables en estratos continentales (sedimentos lacustres), en el hielo glacial y en los sedimentos marinos.</p>



<p>De todos modos, la señal química más clara a nivel global es la de los radionucleidos artificiales que quedan como un pico de plutonio, cesio, americio y otros radioisótopos producidos por las pruebas de bombas atómicas o tras accidentes como los de Chernobyl y Fukushima y que se dispersan en la atmósfera. Esta dispersión comenzó con los ensayos de la bomba Trinity en 1945 y continuó con los bombardeos de Hiroshima y Nagasaki.</p>



<p>Todo lo anterior ratifica que el Antropoceno posee una realidad geológica sólida, ya que sus estratos pueden correlacionarse globalmente, aunque sigue siendo un término en discusión por representar un periodo muy corto de tiempo, así como por la novedosa e inusual naturaleza de muchas de sus señales, asociadas a la actividad humana. Lo que parece evidente es que, aunque no tenga un reconocimiento formal se ha convertido en un término imprescindible para muchas comunidades, no solamente las científicas.</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>La inclusión del Antropoceno como una nueva época dentro de la Tabla Cronoestratigráfica Internacional está en manos de la Unión Internacional de Ciencias Geológicas. El proceso de trabajo es lento y debe llevar los siguientes pasos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Una recomendación por parte del Grupo de Trabajo del Antropoceno (AWG) de la Comisión Estratigráfica Internacional.</li>



<li>Voto por supermayoría (2/3) de la Comisión Internacional de Estratigrafía.</li>



<li>Ratificación final por la IUGS, Unión Internacional de Ciencias Geológicas.</li>
</ul>
</div>
</div>



<p><br><strong>POSIBILIDAD DE CAMBIO</strong></p>



<p>El término Antropoceno, que, como hemos señalado, sigue siendo informal desde el punto de vista científico, nos permite reflexionar sobre cuál es nuestro papel en el planeta y qué estamos haciendo. Sobre todo, porque por primera vez en la Historia somos capaces de ver cómo nuestra propia actividad está modificando, en tiempo real, el sistema tierra.</p>



<p>La geología se sitúa, por tanto, en un lugar de privilegio, no sólo como la ciencia que conoce el pasado, sino como ciencia para el futuro y la transición ecológica. Entender las dimensiones del tiempo geológico es la mayor y más simple contribución de la geología a la humanidad, ya que el tiempo no es importante en sí mismo, sino por sus enormes poderes de transformación, y este poder se ha acelerado en los últimos años.</p>



<p>El Antropoceno cuenta con la peculiaridad de que por primera vez en la Tierra la misma especie capaz de hacer modificaciones es también la única capaz de revertir el proceso. Un ejemplo claro lo encontramos en Lomo Morín, Tenerife, donde la actividad humana ha generado un paisaje de múltiples cascadas de agua que quedan petrificadas en pocos años, creando cambios que han aumentado la diversidad geológica y biológica de esa isla canaria.</p>



<p>Por efecto de las canalizaciones de los agricultores, en Lomo Morín se ha creado tanto una depuradora natural de agua, como un nuevo paisaje, un laboratorio natural que acelera procesos geológicos que tardarían miles de años en producirse para reducirlos a cuatro décadas, y un sumidero de CO2 comparable al ciclo global del carbono, que involucra fundamentalmente a calizas marinas.<br></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/antropoceno-2/">¿Existe el Antropoceno?</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
