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	<title>Boletin 71 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletin 71 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Las órdenes de Caballería. Guardianes del camino</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/ordenes-caballeria-santiago/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jun 2022 10:08:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 71]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Pedro Páramo Boletín 71 &#8211; Sociedad Geográfica Española Camino de Santiago. De cómo las órdenes de caballería, que se fueron fundando en los reinos peninsulares durante la Edad Media, [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto: Pedro Páramo<br></strong></p>



<p>Boletín 71 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Camino de Santiago.<br><br><strong>De cómo las órdenes de caballería, que se fueron fundando en los reinos peninsulares durante la Edad Media, jugaron un papel importante en la protección de los peregrinos en su camino a Santiago de Compostela.</strong></p>



<p>Las peregrinaciones a Santiago de Compostela o a Jerusalén constituían en la Edad Media el supremo acto religioso, premiado con el perdón de todos los pecados, y garantía de llegar al cielo en la vida eterna. El peregrino, por tanto, era sagrado, y merecía casi el mismo respeto que un santo. Pero las distancias eran largas y, a las dificultades geográficas, las inclemencias meteorológicas y los peligros naturales, como las aguas contaminadas o la insalubridad de los alojamientos, se sumaba el peligro del asalto de asesinos, ladrones y estafadores.</p>



<p><strong>PROTECCIÓN A LOS PEREGRINOS</strong></p>



<p>El libro V del Códice Calixtino, la completa guía de viajes que en el siglo XII señalaba las bondades y riesgos del Camino de Santiago, describe también la condición moral de los habitantes de cada lugar, y las precauciones que los peregrinos habían de tomar, no sólo ante posibles asaltos de bandoleros, sino también de los abusos de los posaderos, los barqueros e incluso los sacerdotes avariciosos y los insaciables señores del lugar. Al poco tiempo de la aparición del sepulcro del apóstol en Compostela, tras la llegada de los primeros peregrinos, las autoridades del reino de Asturias, conscientes de la condición sagrada de los peregrinos, vieron la necesidad de facilitar su desplazamiento y garantizar su protección. Con normas y leyes persiguieron los robos y fraudes, y los atracos a los peregrinos eran castigados con la horca. La Iglesia, por su parte, decretó el castigo religioso más temido en aquellos tiempos, la excomunión de cualquiera que les causara daño, y, a la vez, fomentó la transformación de los monasterios en hospitales y alojamientos en la que colaboraron activamente las órdenes religioso-militares. Algunos historiadores sostienen que cuatro años después de su victoria frente a los musulmanes en la supuesta batalla de Clavijo, en La Rioja el año 844, el rey asturiano Ramiro I fundó la Orden Militar de Santiago, para que sirviera como un cuerpo de policía del Camino para proteger a los peregrinos, al tiempo podía ser útil para hacer frente a las incursiones de los caudillos musulmanes. Estos historiadores consideran que la orden de caballería compostelana es la más antigua de España.<br></p>



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<p><strong>EL MODELO DE TIERRA SANTA</strong></p>



<p>Lo que está claramente documentado es que las órdenes de caballería españolas nacieron a imitación de las creadas en Tierra Santa en el siglo XI durante la primera cruzada, que se expandieron y sirvieron como modelo para órdenes locales, en aquellos territorios europeos fronterizos amenazados por el Islam. Estaban formadas por nobles de moralidad intachable, juramentados para defender la doctrina cristiana de los ataques de los infieles, y tenían como misión prioritaria la protección de los palmeros que peregrinaban a los santos lugares de Palestina. Se dice de sus miembros que eran mitad guerreros y mitad monjes. Las normas de funcionamiento de las distintas órdenes caballerescas seguían las de las principales órdenes religiosas, en especial las agustinas o las benedictinas o cistercienses, y en sus rituales se mezclaban tradiciones nobiliarias con ceremonias religiosas. La pertenencia a estas órdenes bendecidas por el Papa estaba premiada con la indulgencia plenaria, y los caballeros, al igual que los frailes, tenían que hacer voto de castidad, pobreza y obediencia directa a las instrucciones papales. La Orden de Santiago fue la primera en liberar a sus miembros del voto de castidad y en aceptar a los casados.</p>



<p><strong>LA ORDEN DE SANTIAGO</strong></p>



<p>El saqueo de Santiago de Compostela por Almanzor, en agosto del año 997, impulsó a los monjes agustinos del cercano monasterio de San Eloy de Loyo a proteger a los peregrinos que llegaban a Galicia, por los hoy caminos mozárabes del sur de la península. El ejemplo de estos monjes sirvió para que en 1170 el rey Fernando II de León encargara a trece caballeros la defensa de Cáceres, una de las ciudades más disputadas durante la Reconquista, que crearon la Orden de los Fraters de Cáceres en la que intervinieron también cinco obispos y un delegado papal. Un año más tarde, cuando en el Camino compostelano ya se habían fundado albergues y hospitales, los Fraters de Cáceres se unieron a los monjes agustinos, y cambiaron el nombre por el de Orden de Santiago. La nueva organización basaba su estructura organizativa en la de la Orden del Temple, fundada en 1119 en Jerusalén, siguiendo la regla de los monjes agustinos. En 1175, tras la aprobación por parte del Papa Alejandro III de su objetivo, la defensa y protección de la fe cristiana y la lucha contra los musulmanes, la Orden de Santiago se desarrolló rápidamente por los reinos peninsulares vecinos.</p>
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<p>En la última mitad del siglo XII aparecieron en el reino de León otras dos de las más importantes órdenes militares españolas para la protección de territorios estratégicos de la amenaza musulmana: la de Calatrava y la de Alcántara. La primera se creó para defender la localidad de Calatrava, junto al río Guadiana. El rey Alfonso VII había confiado la defensa de la localidad a la Orden del Temple, pero ante el empuje islámico, los templarios devolvieron la fortaleza al heredero de Alfonso, Sancho III, quien ofreció Calatrava a quien se hiciera cargo de su defensa. Raimundo, el abad del monasterio cisterciense de Fitero, reclutó en poco tiempo un ejército de 20.000 monjes y soldados, que, unidos a las fuerzas en el lugar, forzaron la retirada de los musulmanes.</p>



<p><strong>LA ORDEN DE ALCÁNTARA</strong></p>



<p>La Orden de Alcántara tiene su origen en la comunidad de freires del Monasterio de Pereyro. Cuando en 1213 la ciudad del Alcántara fue tomada a los almohades, Alfonso IX de León encomendó a la Orden de Calatrava la defensa de la localidad, pero pocos años después esta orden renunció a este cometido por la lejanía de su sede en Calatrava. El rey encomendó entonces a los caballeros de Pereyro la defensa de Alcántara, de donde la orden tomó el nombre. Durante la llamada Reconquista, especialmente en los siglos XII y XIII, aparecieron en los reinos cristianos de la península ibérica otras órdenes militares. Algunas existen en nuestros días adaptadas a los nuevos tiempos, como la Orden Montesa fundada en el reino de Aragón en el siglo XIV, pero la mayoría fueron desapareciendo a lo largo del tiempo, como la leonesa Orden de Monreal o la aragonesa Cofradía de Belchite.<br></p>



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<p><strong>INTERVINIENTES EN LAS BATALLAS CONTRA LOS MUSULMANES</strong></p>



<p>Con su formación castrense, sus pertrechos para la guerra y su disciplina en el combate, los caballeros de las órdenes militares se convirtieron en un ejército permanente de las tropas cristianas, en las que servían como fuerzas de choque. Destacaron en las más decisivas batallas de la Reconquista, como la de las Navas de Tolosa o en la conquista de Sevilla, hechos en los que intervinieron también las órdenes del Temple y de Malta. Aunque estos caballeros no tenían como objetivo prioritario la protección de peregrinos, sus fortalezas, sus castillos y monasterios actuaban como refugio para los que se encaminaban a Santiago de Compostela desde diferentes lugares de la península. La Orden de Santiago llegó a poseer 83 encomiendas, dos ciudades, 178 condados y aldeas, 200 parroquias, cinco hospitales, seis conventos y la Universidad de Salamanca. Además, también tenían posesiones en Portugal, Francia, Italia, Hungría y Palestina.</p>
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<p><strong>LAS ÓRDENES DEL TEMPLE Y DE MALTA SE UNEN A LA PROTECCIÓN EN ESPAÑA</strong></p>



<p>No fueron sólo las órdenes fundadas en España las protectoras del Camino, ni las más importantes. A principios del siglo XII, las órdenes de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomón (Orden del Temple) y la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta (Orden de Malta), creadas en Palestina, aparecieron en los reinos de la península. En muy poco tiempo, ambas órdenes fueron beneficiarias de donaciones y encomiendas en los reinos de Aragón, Navarra, Castilla, León y Portugal. Mientras que las órdenes de caballería locales repartían la mayoría de su patrimonio hacia las fronteras del sur musulmán, fue en el norte, cerca del entorno del jacobeo Camino Francés, donde se concentraban las posesiones de las ordenes de los cruzados. Como si se hubieran puesto de moda, los reyes y la nobleza peninsulares se afiliaron a las órdenes fundadas en Tierra Santa, y la distinguieron con toda clase de beneficios. El conde Ramón Berenguer solicitó su ingreso en la Orden del Temple en su lecho de muerte, a la que donó todas sus rentas; los reyes de León, Alfonso VII y su hijo Fernando II, le encomendaron la defensa de Soria, y la recompensaron con enclaves y fortalezas. Más notorio fue el gesto de Alfonso I de Navarra y Aragón, el Batallador, que legó sus reinos a las órdenes del Temple, de Malta y Caballeros del Santo Sepulcro, lo que dio lugar a la separación de los reinos de Navarra y Aragón.</p>



<p>En la actualidad, un vistazo a los folletos de promoción, de las regiones y ciudades atravesadas por las rutas jacobeas, sirve para evaluar la ingente labor llevada a cabo por las órdenes de caballería en la protección y apoyo de los peregrinos compostelanos en la Edad Media. Caminos, puentes, monasterios, fortalezas, castillos, hospitales y alojamientos de todo tipo constituyen el ingente patrimonio artístico y cultural de amplias regiones españolas debido a la acción de los monjes-guerreros.</p>



<p><em>*Pedro Páramo es periodista.</em></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/ordenes-caballeria-santiago/">Las órdenes de Caballería. Guardianes del camino</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>Cuando los Vikingos llegaron a Compostela</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/vikingos-compostela/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jun 2022 09:42:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 71]]></category>
		<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros extranjeros por España]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Emma Lira Boletín 71 &#8211; Sociedad Geográfica Española Camino de Santiago. En el siglo IX el rumor de la existencia de la tumba del apóstol, en un remoto rincón [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/vikingos-compostela/">Cuando los Vikingos llegaron a Compostela</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Emma Lira<br></strong></p>



<p>Boletín 71 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Camino de Santiago.<br><br><strong>En el siglo IX el rumor de la existencia de la tumba del apóstol, en un remoto rincón de la Europa Occidental, traspasó rápidamente las fronteras. Los peregrinos narraban sus vivencias, junto al lujo que ornaba la última morada de Santiago el Mayor. La historia de aquella tierra, rica y sagrada para los cristianos, llegó hasta los señores del mar en el Norte, los vikingos, siempre ávidos de botín y nuevas expediciones. Santiago se convirtió en un objetivo. En sus mitos la llamaron Jakobsland.</strong></p>



<p>El primer domingo de agosto, en la localidad gallega de Catoira todavía se puede vivir un desembarco vikingo y participar heroicamente en la defensa del territorio. Los <em>drakkar </em>aparecen encarando la ría, y los habitantes del pueblo se congregan para presentar batalla. Invasores y defensores acaban regando sus diferencias con vino, música y risas, en una fiesta que ya se ha declarado de interés turístico nacional. No se trata de ninguna invención, sino de la recreación de una batalla real, una de las varias en que Galicia se vio envuelta, hace ya un milenio, en relación con los temibles hombres del Norte, los <em>lordemanos</em>. Acostumbrados a los atractivos botines que conseguían en los monasterios, pensando en las presuntas riquezas que debían rodear al que ya se promulgaba como el mayor templo de la Cristiandad, los vikingos se hicieron a la mar para conquistar Jakobsland, no una ni dos, sino hasta cinco veces a lo largo de cuatro siglos. Escandinavia era ya una potencia naval, y la orografía gallega facilitaba el acceso a diferentes poblaciones a través de sus rías, por no hablar de que Galicia reunía todas las características necesarias para convertirse en un lugar de aprovisionamiento, en otras posibles incursiones, al también deseable Al Andalus o a las riberas del Mediterráneo.<br></p>



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<p><strong>LA PRIMERA INVASIÓN VIKINGA</strong></p>



<p>La primera irrupción de los vikingos en Galicia aparece ya reflejada en los <em>Annales Bertiniani</em>. En el mes de agosto del año 844, una expedición de hasta 150 barcos daneses arribó a las costas de Galicia, saqueando una a una las aldeas costeras, hasta que fue rechazada por las tropas de Ramiro I de Asturias en los alrededores del <em>Farum Brecantium</em>, la actual Torre de Hércules en A Coruña. Apenas 15 años después, en el 858, y ya durante el reinado de Ordoño I, los vikingos -no sabemos si los mismos, o sus hijos, espoleados por las historias contadas frente al fuego- se internaron en tierras gallegas, a la vuelta de una expedición de saqueo en la costa francesa. Enfilaron la ría de Arosa, y, tras saquear la diócesis de Iria Flavia, llegaron hasta la mismísima Santiago de Compostela, sitiando la ciudad.</p>



<p>Sus habitantes llegaron a pagar un tributo para evitar el saqueo, pero fue la decisiva intervención del conde Pedro, la que derrotó a los vikingos, destruyendo 38 de sus embarcaciones. Como consecuencia de esta expedición, la sede episcopal de Iria Flavia fue trasladada a Santiago.</p>



<p>En el año 951 los vikingos reaparecieron de nuevo, y saquearon distintas aldeas, lo que obligó a que las ciudades se reforzaran en previsión de unos nuevos ataques que llegaron muy pronto. En el año 964 los vikingos regresaron. Y, una vez más, la población tuvo que hacerles frente con el propio obispo Rosendo de Mondoñedo a la cabeza.</p>



<p>Pero los hombres del norte no se dieron por vencidos. Quizá, el botín jamás conseguido de Jakobsland pasara como un reto de generación en generación, ya que, pese al fracaso de las incursiones, siempre había un nuevo contingente dispuesto a arriesgarse en la empresa. En el año 968, el segundo duque de Normandía pidió ayuda a sus parientes daneses y noruegos para atacar al rey de Francia. Estos acudieron con una gran flota vikinga, pero, como una vez derrotado el rey francés se dedicaron a campar a sus anchas por Normandía, el duque se los quitó de encima. Id a conquistar Galicia, debió decirles, <em>“esa tierra tan rica de la que tanto hablan los peregrinos”</em>. Los invitados le hicieron caso y zarparon, probablemente con la intención, no solo de conseguir un botín rápido, sino de crear en ella su propia Normandía.</p>
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<p></p>



<p><strong>MÁS NAVES VIKINGAS PARA LA CONQUISTA</strong></p>



<p>Las crónicas cuentan que arribaron a Galicia unas doscientas naves al mando de Gudrød, a quien los locales llamarían Gunderedo. Cien de ellas se detuvieron en la costa cantábrica de Galicia, y atacaron la diócesis de Bretoña, mientras otras cien se internaron en la ría de Arosa y desembarcaron en el puerto de Iuncariae (Xunqueira), para dirigirse por tierra hasta Santiago. El obispo Sisnando intentó detenerlos en las proximidades de Iria Flavia, pero murió atravesado por una flecha durante la batalla de Fornelos. Esta fue una de las incursiones más exitosas de los hombres del norte. Los vikingos se dispersaron por Galicia, y permanecieron durante cerca de tres años. Incluso se adentraron en Santiago para tratar de hacerse con los restos del Apóstol, pero, como en un designio divino, fueron interceptados por un ejército al mando del conde Gonzalo Sánchez, que consiguió vencerlos en los alrededores de la ría de Ferrol, dando muerte a su líder y quemando la mayoría de sus naves.<br><br><br><strong>INCURSIONES AISLADAS PERO PERTINACES</strong></p>



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<p>Desde el siglo X los vikingos comenzaron a aparecer en Galicia de forma cada vez más esporádica. En el año 1015, dirigidos por el rey Olaf atacaron Castropol, Betanzos, Ribas de Sil y Tuy, a donde llegaron por sorpresa remontando el río Miño. Por el camino, vencieron al ejército del conde Menendo González, y llegaron a secuestrar al obispo Alfonso para exigir un rescate.</p>



<p>En el año 1028, reinando Bermudo III, Ulf el gallego también dirigió una expedición contra las costas gallegas, subiendo por la ría de Arousa. La saga “Knytlinga”, que trata de los reyes que dominaron Dinamarca, dice sobre él: <em>“Partió valientemente con los suyos hacia el Oeste, a la conquista de Jakobsland”</em>.<br><br>Que sepamos nadie tocó los huesos del apóstol, pero Ulf permaneció durante unos 20 años en tierras gallegas -lo que le valió su apodo-, estableciendo una especie de gobernación, y trabajando, incluso, como mercenario de los condes de Galicia. En el año 1047, el Obispo de Santiago, Cresconio, harto de la presencia vikinga, optó por cerrarles el acceso: restauró las “Aras” o Torres de Augusto en Catoira, puso en medio una capilla dedicada al Apóstol Santiago, y rodeó todo el conjunto con unas sólidas murallas a la que acompañó de una cadena en la ría del Ulla. Nacía la fortaleza de “Castellum Honesti”, conocida más adelante como las Torres del Oeste, la llave del Reino de Galicia. Aquí fue derrotada la escuadra de Ulf tras su última expedición, y esto es lo que casi 1000 años después continúan celebrando los vecinos de Catoira cada agosto.</p>
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<p><strong>LA CONQUISTA SE CONVIERTE EN PEREGRINACIÓN</strong></p>



<p>Tras la expulsión de Ulf, las expediciones vikingas en Galicia se redujeron hasta convertirse en historia. La última incursión de un monarca nórdico se produjo en 1108, pero esta sería ya en son de paz: el rey Sigurd de Noruega recorrió como peregrino el camino marítimo del <em>vestvegr</em>, que conectaba Escandinavia con Galicia, en unos ocho días de travesía. Los temibles vecinos del norte se habían ido cristianizando aproximadamente desde el año 1000, y ya no eran tan enemigos.</p>



<p>Todavía algún topónimo de influencia escandinava, como es el caso de Lordemanos, en la provincia de León, nos recuerda la presencia vikinga en estas zonas. Como en todas las pequeñas historias de la Historia, seguramente, alguno de aquellos aguerridos hombres del norte que vinieron buscando las riquezas de Santiago, encontró algún motivo menos material para quedarse.</p>



<p><em>*Periodista y escritora, es autora de «Espejismo, viaje al Oriente desaparecido»</em></p>



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