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	<title>China archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>China archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>El Dragón indomable del río amarillo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/dragon-indomable-rio-amarillo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Apr 2021 12:37:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 68]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Manel Ollé Boletín 68 &#8211; Sociedad Geográfica Española China: pasado, presente y futuro La civilización china es una civilización milenaria y campesina, pero si hay un rasgo que le [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto: Manel Ollé<br></strong></p>



<p>Boletín 68 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>China: pasado, presente y futuro<br><br><strong>La civilización china es una civilización milenaria y campesina, pero si hay un rasgo que le da forma es su carácter esencialmente fluvial. Desde tiempos inmemoriales los chinos han hecho vida a las orillas de los ríos. Han regado, han navegado, han hecho negocio y han pescado en los lagos y en los ríos naturales que bajan desde las cimas de los Himalayas, alrededor de la abigarrada red de canales, sistemas de regadío y embalses que han ido construyendo.</strong></p>



<p>El Huanghe, el río Amarillo, se extiende a lo largo de casi 5.500 kilómetros. Es el segundo río más largo de China y el sexto del mundo. Pero su importancia no viene ni de la longitud ni de su caudal, sino de la fuerza del aura mítica que todavía lo rodea y del protagonismo histórico que arrastra desde tiempos remotos, desde el neolítico hasta el presente. Es también el río chino más ingobernable, imprevisible y brutal. Todos los esfuerzos que han intentado domarlo han logrado un éxito relativo y desigual a lo largo de los siglos. El río Amarillo es el que ha nutrido y ha hecho caer más dinastías. Para hacernos una idea de hasta qué punto los gobernantes chinos se lo han llegado a tomar seriamente, un dato puntual nos da una pista precisa: durante la primera mitad del siglo XIX, la dinastía Qing dedicaba más de un 10% de su presupuesto a mantener, reparar e &nbsp;interconectar un solo río: el Huanghe.</p>



<p><strong>LA FUERZA DEL DRAGÓN HUANGHE</strong></p>



<p>No hay dique ni esclusa que pueda contener la furia del Dragón Huanghe cuando se desata. Cae enloquecido y espumoso, chasquea por los escalones que bajan del cielo, desde las mesetas y las cumbres tibetanas del Qinghai hasta las llanuras de la Tierra Amarilla, donde se aquieta, haciendo una gran curva hacia el norte, entre los desiertos del Ordos y del Gobi. Serpentea entre las gargantas y los riscos que ha ido excavando a lo largo de los milenios. Se encalma majestuoso a las llanuras aluviales del norte, tan cargado de sedimentos, y a menudo con un caudal tan incontenible, que cada pocas décadas escapa del cauce que lo conduce. Entonces también desborda los canales y se inundan las terrazas escalonadas de los marjales bajos, las presas, los cultivos y las casas excavadas en el barro: todos los rincones de un paisaje lunar y agostado, que los sufridos chinos del norte han ido haciendo y rehaciendo, modelando y volviendo a modelar a lo largo de los siglos, sin que quede ya ningún palmo que no haya sido esculpido y modificado por la mano humana. Una vez y otra, con la embestida furiosa del Dragón, todo acaba arrasado y sumergido dentro de un charco inmenso y embarrado, que se extiende hasta más allá del que pueda llegar a divisar la mirada. La reincidente capacidad devastadora del Huanghe (el río Amarillo) es tan alta como lo es su virtud de convertir en fértiles las llanuras áridas del secano cerealístico del norte chino: las tierras del mijo, la cebada, la soja, el trigo, el sorgo, el maíz o el algodón. Las crecidas periódicas del Huanghe inundan los marjales, remueven y germinan las tierras con su barro fino, conocido como <em>loess </em>(del alemán <em>löss</em>): un finísimo polvillo amarillento que ha ido formando las abanicadas de las estepas desde los desiertos del Gobi, del Ordos y del Alashan. Su acumulación desde los tiempos inmemoriales del pleistoceno se ha ido compactando hasta llegar a hacer capas de más de ochenta metros, aparentemente duras como el cemento, pero sensibles a la erosión constante de los vientos y de las aguas. En estas llanuras del <em>loess</em>, que los chinos denominan la Tierra Amarilla (<em>Huang tudi</em>), es donde el río se vuelve espeso y amarillento, y llega a transportar hasta treinta y cuatro kilogramos de partículas en suspensión por cada metro cúbico de agua turbia.<br><br><strong>UN CURSO LENTO, PESADO Y CAMBIANTE</strong></p>



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<p>Mientras avanza en los últimos ochocientos kilómetros por la llanura aluvial, la pendiente del río no llega a caer ni un centenar de metros hasta la desembocadura. Esto hace que retarde el paso mientras traza las curvas de los grandes meandros, y hace que deposite un tercio de los sedimentos al cauce y un tercio al delta, y que solo un tercio llegue al mar. Con tanto barro y con un caudal tan lento como poderoso, solo las barcazas pequeñas se pueden mover: apenas para atravesarlo o para navegar trayectos breves de cabotaje.</p>



<p>En los últimos tres mil años, el Dragón Amarillo se ha llegado a despertar con bandazos violentos casi un millar de veces. Casi cada siglo y medio el empujón de la crecida ha llegado tan lejos que el curso del río, en los últimos centenares de kilómetros, se ha alterado del todo, y la desembocadura ha cambiado radicalmente de emplazamiento, hasta alejarse de golpe más de quinientos kilómetros del punto donde desembocaba anteriormente, por encima o por debajo de la península de Shandong. A veces ha acabado desembocando en el mar de Bohai (en el norte), a veces en el mar Amarillo (en el sur). Y todo el que se encuentra entremedias queda negado o destruido por la acción implacable de las aguas. Con unas consecuencias devastadoras, no tan solo para el paisaje natural, sino sobre todo para el paisaje humano.</p>



<p>Aun así, el sufrimiento más grande al que se ve sometida la gente de la Tierra Amarilla no llega tanto del exceso como de la carencia de agua. No llega con estas crecidas recurrentes sino con las sequías recurrentes, y con las hambrunas severas que se derivan. La pluviosidad en aquellas tierras se mueve al ritmo de los latigazos erráticos de los monzones, y hace que el precario equilibrio ecológico de la región esté siempre a punto de romperse. La climatología incierta y extrema ha hecho que la práctica de la agricultura en China del norte haya sido siempre una actividad de riesgo, solo posible con un alto grado de ingeniería social y de transformación extrema del paisaje. Los millones de campesinos de la cuenca baja del Huanghe que, con cada sequía o con cada crecida lo pierden todo, a lo largo de los siglos han nutrido las filas de las revueltas campesinas milenaristas, de las hordas nómadas y de los ejércitos alzados en los golpes dinásticos que han menudeado al poco de los grandes cataclismos naturales.</p>



<p><strong>MITOS, UN MINISTRO LEGENDARIO Y UN CAUCE ASOMBROSO</strong></p>



<p>En medio de los relatos mitológicos de las civilizaciones más diversas encontramos en un lugar destacado la figura arquetípica del héroe civilizador que separa las tierras de las aguas, a menudo venciendo alguna bestia marina o algún reptil fabuloso. La tendencia china a burocratizar el mito ha convertido los viejos dioses ancestrales en emperadores sabios, presuntamente históricos, que ennoblecen los linajes dinásticos. A veces los reduce a modélicos ministros o jefes de negociado de la Burocracia Celestial. Esta tendencia a burocratizar el mito ha hecho que este viejo dios heroico chino, capaz de domesticar el Dragón del río Amarillo, haya sido asimilado con la figura de un eficacísimo ministro de obras públicas, el Gran Yu (Da Yu) que la tradición sitúa en los tiempos iniciales de la dinastía legendaria de los Xia (2100-1600 a. C.), en la edad de Jade, situada entre el tercer y el segundo milenio antes de nuestra era. Se atribuye al Gran Yu la construcción de los canales y los diques más antiguos de la cuenca el río Amarillo. Más allá de esta huella legendaria, todavía hoy están en servicio algunos de los diques y de las esclusas que se erigieron hace más de dos mil años.</p>



<p>A lo largo de decenas de siglos, la acción combinada de la acumulación natural de sedimentos y la construcción humana de los muros de contención ha hecho que, en no pocos tramos del curso bajo, el Huanghe circule extrañamente por encima del nivel de las tierras que lo rodean y avance sobre un cauce encumbrado, con el agua fangosa moviéndose despacio sobre una especie de acueducto.</p>
</div>
</div>



<p><strong>QUIEN DOMINA LAS AGUAS DOMINA EL PODER</strong></p>



<p>Resistir los embates de las sequías y las inundaciones, contener, guiar y sacar provecho de las aguas del Huanghe ha sido siempre una tarea prioritaria en la gobernación china, un requisito fundamental para la supervivencia colectiva y para la legitimación de los emperadores. El Mandato del Cielo que los autorizaba a reinar podía romperse si las aguas salían de su curso. Algunos historiadores como Karl August Wittfogel caracterizaron China antigua como un régimen de despotismo hidráulico. Quien domina las aguas tiene el poder. Incluso en fechas recientes el capital simbólico que acumulan las grandes infraestructuras hidráulicas explica que la única votación de las últimas décadas en el Parlamento chino que no se aprobó a la búlgara haya sido el voto de castigo que recibió el proyecto de la presa de las Tres Gargantas del río Yangzi, impulsada a principios de la década de 1990 por el líder chino Li Peng, cara visible y responsable primero de las matanzas de Tiananmen del 4 de junio de 1989.</p>



<p><strong>UNA CUENCA LLENA DE HISTORIA, LA AUTÉNTICA Y LA MÍTICA</strong></p>



<p>Las cuencas del curso medio del Huanghe se saturan de historia con una intensidad especial en el intervalo que va desde los tiempos del neolítico hasta los de las grandes dinastías imperiales. Las capitales más antiguas y que nos han legado los vestigios más valiosos, como son Luoyang o Xi’an, se sitúan justamente en esta región. De aquellas llanuras centrales de la cuenca del Huanghe salían las expediciones de la Ruta de la Seda. También en estas llanuras próximas al río encontramos los grandes túmulos funerarios de las tumbas de los primeros emperadores, como por ejemplo la Qin Shihuang, el primer emperador chino, protegido por el inmenso ejército de soldados de terracota de medida natural. La tumba del primer emperador no ha sido todavía excavada. Se sabe el lugar concreto donde se debe de encontrar porque justo en aquel punto del gran túmulo que la cubre se detecta una altísima concentración de mercurio, que se corresponde a las descripciones que se hicieron de la sala funeraria, done se cuenta que hay una maqueta gigante del Imperio de los Qin, surcado por las corrientes continuas del Huanghe y del resto de los grandes ríos chinos hechos de mercurio.</p>



<p>El Huanghe reúne en el imaginario chino el poder brutal de la bestia devastadora y la ternura fértil de la madre que mima la cuna de la civilización. En el horizonte más lejano de la memoria legendaria de los chinos existe la noción de que todos y cada uno son hijos del Dragón; es decir, hijos del río Amarillo. Como no puede ser de otra manera, cada presente elige y medio se inventa el relato del pasado que más le conviene. El nacionalismo chino de principios del siglo XX forjó la mitificación de estas llanuras centrales del Huanghe como la cuna de la civilización china. La épica de la Larga Marcha de los comunistas de Mao Zedong confirmó esta mitificación: allá en aquellas tierras amarillas se encontraba tanto la semilla germinal de la nueva China como el eco atávico de China feudal, que había que combatir y dejar atrás. A pesar de que la leyenda y la historia oficial lo hacen salir todo de esta cuna ancestral del río Amarillo, los nuevos hallazgos arqueológicos de los yacimientos de Sanxingdui, en la cuenca de uno de los afluentes del río Yangzi, en la provincia de Sichuan, vienen a desmentir esta versión. Muestran la existencia de una cultura del bronce muy sofisticada a mediados del segundo milenio antes de nuestra era, pero sin conexiones ni dependencias de los núcleos septentrionales con las llanuras centrales del Huanghe.</p>



<p><strong>EL HUANGHE Y EL GRAN CANAL</strong></p>



<p>Los intentos de domesticar el Huanghe se basaron desde el principio en medidas de contención, con una aproximación defensiva a base de diques y esclusas. Aun así, la estrategia cambió radicalmente a partir de la dinastía mongol de los Yuan (1279-1368), fundada por el gran Kublai Kan, con la culminación de las obras del Gran Canal, que ligaba verticalmente las cuencas de los grandes ríos chinos. A partir de aquel momento cambiaron las reglas del juego: ya no se trataba de contener los aguas, sino de disolverlas en una red de canales que lo absorbían y redistribuían. El curso bajo del Huanghe pasó a formar parte de un sistema hidráulico complejo e interconexionado. La China imperial se asocia siempre con la Gran Muralla, con los más de cinco mil kilómetros que separan el mundo sedentario de los agricultores chinos del mundo nómada de las estepas del norte. Pero el Gran Canal merecería representarla quizás con más motivo por su impacto económico, político y social. A diferencia de la Gran Muralla, el Gran Canal no separa, sino que une. De norte a sur, conecta China meridional mercantil, superpoblada, de la seda y del arroz, que gravita alrededor del mar interior del río Azul, con China de las tierras amarillas del norte, ancestral, burocrática, enjuta y austera, del río Amarillo.</p>



<p><strong>GUERRAS, CORRUPCIÓN Y MAL GOBIERNO</strong></p>



<p>A lo largo del siglo XIX, China entró en una crisis profunda. El relato oficial tiende a culpar de todos los males a la agresión británica de las guerras del Opio y los tratados desiguales, que dejaron China en una situación semi-colonial respecto a las potencias extranjeras. Este fue un factor muy relevante, pero no el único. El imperio de los Qing había doblado su población, y triplicado su extensión en pocas décadas: el coste de las guerras endémicas, la crisis fiscal, la corrupción y el cierre a la innovación también tuvieron algo a ver. Como no podía ser de otro modo, el Huanghe también jugó un papel determinante en la crisis del Imperio. La desatención de la dinastía manchú de los Qing hacia las infraestructuras hidráulicas a principios del siglo XIX multiplicó los efectos de las grandes inundaciones. Se alimentó el desgobierno y las grandes rebeliones.</p>



<p>La rotura de la conexión entre el Huanghe y el Gran Canal contribuyó también a la crisis del Imperio. El cambio radical del curso bajo del río, provocado por las grandes inundaciones de la década de 1850, desplazó el delta del río Amarillo unos cuántos centenares de kilómetros desde el sur hacia el norte. El río se desconectó entonces definitivamente del Gran Canal y se interrumpió por siempre jamás más la navegación. La China fluvial, que se había estado moviendo de forma febril e industriosa por la red de canales, dejó el predominio al mar, en manos de los intrusos vapores europeos y norteamericanos.</p>



<p><br><strong>UN DRAGÓN MÁS DOMESTICADO</strong></p>



<p>La locura bélica del siglo XX convirtió el Huanghe en un arma de destrucción masiva. Para frenar el adelanto de las tropas japonesas en su imparable ofensiva, el ejército nacionalista chino de la República de China, comandado por el Generalísimo Chiang Kai-shek hizo estallar el junio del año 1938 los diques que contenían el flanco sur del Huanghe. El río derramó implacable sus aguas turbias por la provincia de Henan. La inundación provocó la muerte directa de más de medio millón de campesinos y el desplazamiento como refugiados de más de cuatro millones, y más de doce millones de campesinos quedaron afectados por la inundación. Aquel sabotaje fue determinante en la hambruna que asoló la provincia de Henan entre 1942 y 1943, que se saldó con más de dos millones de muertes. La propaganda del régimen republicano de Chiang Kai-shek atribuyó los sabotajes del río Amarillo a las malvadas tropas japonesas, pero al acabar la guerra, en 1945, se acabó sabiendo la verdad. Entonces se hundió todavía algo más en el barro el prestigio del ejército republicano regular chino, demacrado por las derrotas y las deserciones.</p>



<p>El año 1997 el Huanghe se secó del todo en su curso bajo, a partir de unos 640 kilómetros antes de llegar a la desembocadura del golfo de Bohai. Ya se habían registrado otros episodios de sequía del río en las décadas anteriores, pero nunca de aquella magnitud. Desde el año 1999 el río no se ha vuelto a secar pero fluye lánguidamente. Las llanuras de norte, donde ahora vive la cuarta parte de los 1.400 millones de chinos, siguen siendo tan vulnerables ecológicamente como lo han sido siempre, pero ya no tienen que sufrir más por los embates virulentos del Dragón Amarillo, sino por la sequía.</p>



<p>Los grandes embalses construidos desde el triunfo de Mao Zedong en 1949, la superpoblación, el consumo agrícola e industrial del agua, la contaminación y la reforestación han acabado domando del todo al Dragón Amarillo, que ahora baja dócil y renqueante hasta el golfo de Bohai. Ahora ya es de un color más gris que amarillo, al disminuir sensiblemente el volumen de los sedimentos que transporta.</p>



<p>El calentamiento global también ha contribuido de forma decisiva al apaciguamiento del curso del Huanghe. Ha hecho que en las últimas décadas haya disminuido casi un tercio el volumen de aguas del deshielo de los Himalayas y las mesetas tibetanas, que nutren todos los grandes ríos de Asia: el Ganges, el Indo, el Brahmaputra, el Irrawadi, el Mekong, el Yangzi… y el Huanghe. Y, habrá que recordarlo, en las cuencas de estos grandes ríos asiáticos se concentra casi la mitad de la humanidad.</p>



<p>En China vive más del 20% de la población del mundo, pero apenas cuenta con menos de un 9% de tierras cultivables. Esta presión se vuelve más aguda en las llanuras de secano del norte que atraviesa el río Amarillo, donde el 41% de las tierras cultivables cuenta solo con el 6% de las aguas de China. El problema del agua en China es, pues, tanto de escasez como de distribución geográfica desigual.</p>
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		<title>Confucio, el Partido Comunista y la lucha contra la COVID</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/confucio-partido-comunista-covid/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Apr 2021 11:36:13 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 68]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: José Ignacio Cabrera Boletín 68 &#8211; Sociedad Geográfica Española China: pasado, presente y futuro A fecha 11 de febrero del presente año 2021, la COVID 19 prácticamente ha llegado [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto: José Ignacio Cabrera</strong></p>



<p>Boletín 68 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>China: pasado, presente y futuro</p>



<p><br><br>A fecha 11 de febrero del presente año 2021, la COVID 19 prácticamente ha llegado a todos los países del mundo, sumando más de 107 millones de personas afectadas y 2,3 millones de fallecidos. En la R.P.China, el número total de casos comunicados oficialmente desde el comienzo de la pandemia es de 89.734 (68.150 de ellos en la Provincia de Hubei), y el de fallecidos 4.636 (4.512 en Hubei). En EEUU, a esta misma fecha, el número de casos declarados oficialmente se eleva a 27,4 millones y el de fallecidos a 475.000. Y, en España, hay declarados 3,02 millones de casos y 63.704 fallecidos. Con respecto a su población total en 2020, el porcentaje de contagiados en China es aproximadamente 0,0062, en EEUU 8,3 y en España 6,38. El porcentaje de fallecidos sobre la población total es en China 0,00033, en EEUU 0,14 y en España 0,13. Y el de fallecidos sobre contagiados 5,16 en China, 1,73 en EEUU y 2,11 en España.</p>



<p>¿La rapidez y la eficacia demostradas contra la Covid en China se deben a un milagro? ¿son quizás resultado de una política autoritaria y represiva de su gobierno, que dictó unas medidas que nadie osó transgredir? La respuesta, estoy convencido, se debe a unas causas más complejas y profundas.</p>



<p><strong>ANTECEDENTES: LA LUCHA CONTRA EL VIRUS DESDE SU APARICIÓN</strong></p>



<p>Los primeros indicios sobre la fecha de la aparición de un nuevo coronavirus aparecen en una noticia publicada en China el 13 de Marzo de 2020, referidos a una persona residente en la provincia de Hubei, que podría haber adquirido el patógeno en noviembre de 2019. El 24 de enero, investigadores chinos habían publicado en “The Lancet” un artículo en el que se hacía referencia a una persona, de entre las aproximadamente 40 hospitalizadas, y sin relación con el mercado de Wuhan, que habría enfermado el 1 de diciembre.</p>



<p>El 30 de este mismo mes de diciembre el laboratorio Bio Medicals de Beijing informa al Hospital General de Wuhan de que el virus causante de la enfermedad es el SARS-CoV-2 (Severe Acute Respiratory Síndrome Coronavirus), y el 31 se comunica que 27 personas relacionadas con el Mercado de Mariscos Huanan, de Wuhan, están infectadas. El mercado es clausurado el día 1 de enero y, ese mismo día, funcionarios de la Organización Mundial de la Salud (OMS) se ponen en contacto con las Autoridades de Salud Pública de China y mantienen una primera reunión telefónica de urgencia.</p>



<p>El día 5 de enero, en Shanghai, Zhang Yongzhen secuenció el virus del brote de Wuhan, que ya tenía 60 contagiados. Era similar al SARS-CoV. El día 9, la OMS informa de que las autoridades chinas han actuado rápidamente. El día 10, investigadores de la Universidad de Fudan, también en Shanghai, publican los datos de secuenciación del virus, que son comunicados a la OMS el día 12 y publicados el día 13 en la base de datos GenBank. El día 15 se produce la segunda muerte como consecuencia del coronavirus, y al día siguiente aparece un primer caso en Japón. No había estado en Wuhan. En los días siguientes, el virus</p>



<p>se va extendiendo por China hasta el punto de que la OMS declara la emergencia sanitaria para ese país el día 22. Comienzan a aparecer casos en otros países (Italia, España, EEUU, Francia, Reino Unido, Australia, Alemania&#8230;), y el 30 de enero la OMS declara una emergencia de salud pública mundial. Todos los países comienzan a evacuar de China a sus nacionales.</p>



<p>El 3 de febrero China informa de un total de 361 muertos desde el comienzo, al tiempo que inaugura el hospital construido en un tiempo record de 12 días para tratar únicamente a pacientes de la enfermedad.</p>



<p>A comienzos de este mismo mes, el genoma completo del virus está disponible en el UCSC Genome Browser, una de las webs más consultadas a nivel mundial. El 28 de Febrero hay ya más de 80.000 casos a nivel mundial.</p>



<p>El 3 de marzo, la OMS publica el Plan Estratégico de Preparación y Respuesta de la Comunidad Internacional ante la expansión imparable de la enfermedad y el día 11 declara que <em>“la situación de emergencia ocasionada por el brote epidémico de COVID-19 constituye una pandemia”.</em></p>



<p>El 21 de febrero, la Comisión Nacional de China informó de que la epidemia estaba bajo control. El 6 de marzo publica que no ha habido ninguna nueva infección fuera de la ciudad de Wuhan. El éxito de las medidas tomadas en el país era apabullante.</p>



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<p><strong>UN ANÁLISIS INMEDIATO DE LAS CIRCUNSTANCIAS DEL BROTE</strong></p>



<p>Aunque las autoridades y los científicos chinos siempre mantuvieron dudas en cuanto al lugar en el que se hubiera podido producir el “caso cero” de la pandemia, no cabe duda de que el mercado Huanan de Wuhan fue el lugar donde estalló el primer brote importante. Este mercado es de los llamados “húmedos”, muy populares en China, y que yo mismo he visitado en numerosas ocasiones en ciudades de todo el país. Aunque en ellos se vendan muchos otros productos, su especialidad son los animales vivos, desde insectos hasta pequeños mamíferos pasando por innumerables especies de anfibios, reptiles, y aves. Unos procedentes de granjas o de la acuicultura y otros directamente del medio natural. Las especies varían mucho de unas regiones a otras, tanto por la cercanía de fuentes de suministro como de las peculiaridades gastronómicas de cada zona. Por ejemplo, y viene al caso hablando de la Covid 19, en Wuhan no suelen comerse murciélagos, aunque sí en otras provincias chinas y otros países de Asia.</p>



<p>En estos mercados húmedos se acumulan toda clase de jaulas, acuarios, recipientes con agua llenos de peces y animales atados simplemente con cuerdas o cadenas. El espectáculo es insólito y variopinto, también sangriento, ya que algunos animales se sacrifican allí mismo una vez adquiridos. La enorme crueldad con los animales destinados al consumo humano, que en occidente se oculta en mataderos cerrados, en estos mercados se muestra con toda su crudeza al aire libre. Y, al mismo tiempo, la aglomeración de muy diferentes especies favorece que posibles patógenos puedan saltar de unas a otras.</p>



<p>Resultado: en febrero de 2020 se prohibió en toda China el comercio con animales silvestres.</p>



<p>La primera hipótesis, por otro lado bastante obvia, que se barajó en el caso del SARS CoV-2, fue que, en algún lugar, el virus pasó de un murciélago a otro animal intermediario (se dijo que podía haber sido un pangolín) capaz de transmitírselo al hombre, y que así llegó al mercado de Wuhan. La siguiente fase, casi imprescindible para que se desarrolle una pandemia, es que el virus sea capaz de transmitirse entre humanos. Lamentablemente se confirmó esta posibilidad y, para alcanzar la tormenta perfecta, el virus demostró sucesivamente su altísima contagiosidad, y su capacidad para transmitirse entre humanos por diversos medios, incluidos el aire y los aerosoles despedidos en la respiración.</p>



<p><strong>MEDIDAS ACOMPAÑADAS DE LOS MEDIOS NECESARIOS</strong></p>



<p>El Estado chino destina recursos ilimitados, y utiliza prioritariamente la enorme capacidad productiva de su tejido industrial y su capital humano, para atender las necesidades nacionales en momentos de crisis. Durante lo más duro de la pandemia en China, todo el país se cerró y se aisló del exterior, pero los equipos y el personal imprescindibles para combatirla se quedaron dentro. Nunca faltaron mascarillas ni equipos de protección personal, ni respiradores, porque China es el mayor fabricante y proveedor mundial y los reservó para sus nacionales. Se resintieron enormemente los países occidentales importadores.</p>



<p>Se pusieron al servicio de la lucha contra la Covid todos los medios tecnológicos disponibles para el rastreo y seguimiento de los contagios, incluidos todos los de vigilancia y control a través de teléfonos móviles y de cámaras en las vías públicas. (Lo mismo se hizo en Corea del Sur y otros países de Asia: de ahí también su efectividad).Y en las zonas de mayor riesgo, obviamente toda la provincia de Hubei y Wuhan, su capital, pero también en distritos de Beijing y Shanghai y otras muchas ciudades, las medidas de confinamiento y restricción de la movilidad fueron extremas, lo mismo que el control de su cumplimiento.</p>
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<p>Pero, además, hubo una planificación de la lucha contra la pandemia, una clasificación de zonas por su afectación, un desplazamiento masivo de sanitarios a las zonas más necesitadas (muchos, la mayor parte, voluntarios, a pesar de algunas noticias difundidas en Europa). Se puede afirmar que las medidas adoptadas han tenido un éxito espectacular. No vale recurrir al argumento de la falta de transparencia y de la falsedad de los datos. Lo mismo puede haber sucedido en cualquier otro país. Aunque, probablemente, se aplicaran en su momento restricciones severas a la información, difícilmente se pueden mantener hoy en día la situación oculta todo el tiempo. También se puede recurrir para explicar el éxito de las medidas anti-Covid al argumento del miedo a las represalias y a las sanciones. Es cierto que, en China, las sanciones pueden ser muy duras y, sin duda, se aplican. Pero no pueden servir de explicación para un éxito tan espectacular.</p>



<p><strong>UNA SOLVENCIA CIENTÍFICA PLANIFICADA DESDE HACE AÑOS Y CADA VEZ MÁS RECONOCIDA A NIVEL INTERNACIONAL</strong></p>



<p>China lleva varios decenios formando científicos en países extranjeros, en los más adelantados, pero, al mismo tiempo, ha desarrollado paralelamente una capacidad investigadora formidable en el interior. Además, es casi seguro que la práctica totalidad de estos científicos expatriados están dispuestos a volver a su país, de hecho muchos lo hacen, para poner al servicio de la sociedad lo que han aprendido. Hace tan solo unos pocos decenios, China era una esponja que absorbía tecnología y ciencia de todos los países y en todos los sectores a los que tenía acceso. Y copiaba, por supuesto que lo hacía, pero también constituía empresas mixtas tecnológicamente innovadoras, creando un tejido en su país con capacidad para “explotar”, como así ha sido, en un plazo increíble. Y para salir al resto del mundo, como lo ha hecho, a dominar espacios, países y sectores de forma imparable. Sin duda esta política de basarse en sus propias fuerzas ha sido una base imprescindible para conseguir los éxitos obtenidos.</p>



<p>La visita de la Comisión Científica de la OMS a China estuvo rodeada de polémica durante meses. Se insinuó que las Autoridades chinas la boicoteaban porque no querían dar acceso a toda la información de la que disponían ni a sus laboratorios. Lo cierto es que quizá se retrasó más de la cuenta, pero el pasado 14 de enero llegó a Wuhan una delegación de 14 expertos internacionales que, tras una cuarentena de dos semanas, empezaron el trabajo sobre el terreno, visitando y obteniendo pruebas suministradas por las autoridades chinas, entre otros lugares en el mercado de Huanan y en el Instituto de Virología de Wuhan cuyas puertas les abrió la doctora Shi Zhengli (un ejemplo de eminente científica china formada en Francia) declarando <em>“No tenemos nada que ocultar”</em>. El doctor Peter Daszak, norteamericano, afirmó que se habían hecho progresos habiendo tenido acceso a información que hasta entonces no tenían. <em>“Están hablando con nosotros de manera abierta sobre todas las posibilidades”</em>, dijo.</p>



<p>Al término de la visita, el día 10 de febrero, los medios de comunicación de todo el mundo adelantaron información preliminar sobre los resultados de la misión. Aunque aún no se habían alcanzado resultados importantes, que deberán esperar durante un largo tiempo de investigaciones, la comunicación con los científicos chinos, a los que elogiaron los miembros del equipo de la OMS, había sido fluida. La realidad en cuanto al origen y el camino seguido inicialmente por el virus seguramente es bastante más compleja, y serán necesarios años de investigaciones. A fecha de hoy, y tras las conclusiones de la visita de la Comisión Científica enviada a China por la OMS, se contemplan otras hipótesis, incluida la de que el virus pudiera haber llegado al mercado de Wuhan en algún produc to congelado procedente del exterior. Esta fue una de las posibilidades que los científicos chinos barajaron casi desde el comienzo de la crisis.<br></p>



<p><strong>LA BASE DEL ÉXITO: UNA FILOSOFÍA ANCESTRAL BASADA EN EL HUMANISMO</strong></p>



<p>Aquí deberíamos volver a la pregunta que planteé (a mí mismo y a todos los lectores) al comienzo de este texto: Cómo China en una primera fase logró, y lo sigue haciendo, acabar o al menos frenar de forma sustancial la transmisión del virus. Para responder a esa pregunta hay que remontarse a Confucio. Y al peso de su pensamiento en la sociedad china.</p>



<p>Aunque las fechas exactas del nacimiento y muerte de Confucio han sido objeto de controversia, las más aceptadas comúnmente son 551 y 479 a.c. respectivamente, siendo prácticamente contemporáneo de los grandes filósofos de la Grecia Clásica, Platón (429-347 a.c.) y Aristóteles (384-321 a.c.), y del Gran Maestro de India (Buda, circa 500 a.c.). Asimismo, coincide en el tiempo y en su propio país con Lao Tsé (Laozi). Confucio, Kung-Tsé, escribió poco; prácticamente solo las llamadas Analectas salieron directamente de él. En realidad, tenía una gran vocación política, al final frustrada, y sus pensamientos se transmitieron a través de dos generaciones de sus discípulos y se plasmaron en los llamados Cinco Libros Clásicos (que incluyen las Analectas). En ellos plantea una ética humanista en la que gobiernan los hombres, no las leyes. La sociedad funciona de forma cohesionada mediante la observancia de “rituales” que no son entendidos en el sentido occidental, sino como convenciones morales.</p>



<p>Según la sinóloga francesa, Anne Cheng: (en el confucionismo) “<em>El pensamiento se sitúa al nivel de las cosas, en lo real, y lo que predomina es la reflexión”. </em>En China jamás se desarrolló la idea de la creación ex nihilo, como así fue en Europa. Ni tampoco existe un creador trascendente en la filosofía china, como sí existe en el teísmo occidental. Nada trasciende al mundo. No hay una idea que sirva de fundamento o punto de partida y convierta al sabio en prisionero. La sabiduría no tiene historia <em>per se</em>, viene de lo más lejano de los tiempos y se encuentra en la sabiduría popular.</p>



<p>La armonía del Universo y la armonía de la Sociedad son dos de las máximas del pensamiento chino primitivo. Cosmología y Política, y una decidida apuesta por el hombre que, en definitiva, deviene en una ética humanista que debe conducir a la hermandad universal y que ha predominado durante toda la historia china.</p>



<p>Una ética que ve al hombre realizado solamente en tanto ser social, que ocupa un puesto y desempeña una función, no como un ser aislado. En la idea confuciana de la sociedad utópica, la jerarquía no es solo social, sino también moral. En la China antigua, la familia no era un núcleo reducido, sino un gran clan, donde muchos de sus miembros vivían bajo un mismo techo, reconocían un antepasado en común y mantenían vínculos con otros grupos del mismo origen. Y es aquí, en el humanismo, donde se inserta la política transformadora de la política de China.</p>



<p><br><strong>UNA RESPUESTA COMPLEJA A NUESTRA PREGUNTA</strong></p>



<p>No está siendo sencillo responder a la pregunta expuesta al comienzo de este artículo. Porque difícil es alcanzar un conocimiento y una comprensión sobre una sociedad regida por parámetros filosóficos, éticos y vitales tan distintos a los nuestros. Durante diez años viajé de forma continuada por este gran país como consultor y como empresario. Realicé sesenta y ocho viajes a distintas zonas, fascinado por un mundo que nunca dejó de atraerme, algo que me llevó a emprender más adelante distintos proyectos y a mantener mis relaciones con los ya amigos chinos. He devorado libros y muchos textos sobre ese gran país, he admirado su hermosa caligrafía y llegado a conocer a alguno de los maestros calígrafos actuales. Y, lo más importante, he conservado en China a alguno de mis mejores amigos. Pues bien, debo reconocer que me está siendo difícil y complicado internarme por la sociedad, la realidad y el universo chino más allá de los elementos más concretos. Y recomiendo vivamente a quien trate de hacerlo que deje de lado, si fuera posible, las normas, los criterios, y las formas de medir de nuestras sociedades occidentales.</p>



<p>En China existe un estado omnipresente y un partido comunista que controla el país de arriba a abajo con enorme eficacia. Y sí, utiliza métodos autoritarios y abiertamente coercitivos. Pero resulta burdo, insultante incluso, recurrir a este argumento para explicar la enorme eficacia mostrada por este país en su lucha contra la Covid 19. Porque ese estado, al mismo tiempo, vela por la seguridad, la salud y el futuro de todo el pueblo chino.</p>



<p>Lo que en otros países se consideraría solamente una grave contradicción, en China podría entenderse como la aceptación de la convivencia entre opuestos, la circularidad del Yin-Yang y la sabiduría heredada desde Confucio.</p>
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		<title>España y China en los siglos XVI y XVII. La Política de Felipe II en Oriente</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/espana-china-felipe-ii-oriente/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Apr 2021 10:54:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 68]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
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<p><strong>Texto: Lola Higueras<br></strong></p>



<p>Boletín 68 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>China: pasado, presente y futuro<br><br><strong>De cómo Felipe II, rey de España, rechazó en distintas ocasiones conquistar la China de los Ming desde las Islas Filipinas, decidiéndose por desarrollar un importante comercio con el gigante asiático, aprovechándose así del valor que los Ming otorgaban a la plata acuñada americana, ya muy devaluada en Europa.</strong></p>



<p><strong>EL PESO DEL TRATADO DE TORDESILLAS</strong></p>



<p>Tras el éxito de la expedición española al Maluco, navegando siempre desde occidente, como obligan los pactos de Tordesillas, y, habiendo culminado Juan Sebastián Elcano en 1522 la vuelta al mundo, la Corona se anexiona las islas de las especias, las Malucas. Será por escaso tiempo, a pesar del esfuerzo llevado a cabo por Carlos V en su campaña europea para prestigiar la gran hazaña que había cambiado la imagen conocida de la Tierra, usando como propaganda política la gran cartografía elaborada por la Casa de la Contratación de Sevilla, que incorpora, desde época muy temprana, las Molucas a los dominios españoles. &nbsp;Sin embargo, ante la imposibilidad de determinar su longitud, algo imposible entonces, cuestionando así lo pactado en Tordesillas, Carlos V cede a Portugal las Molucas en el Tratado de Zaragoza, firmado en 1529, a cambio de 350.000 ducados de oro.</p>



<p>Después del abandono de las Molucas, España envió algunas expediciones a la zona, aunque resultaron, en general, estrepitosos fracasos, sobre todo por la dificultad del Tornaviaje a Acapulco, que no se logró con éxito hasta el reinado de Felipe II en 1565.</p>



<p><strong>LOS CHINOS EN FILIPINAS. LA COLONIA CHINA DE MANILA</strong></p>



<p>El contacto entre chinos y españoles de Filipinas se inicia en 1572: solo un año después de la fundación de Manila, varias embajadas comerciales chinas visitan la ciudad para ofrecer sus productos. Así, en pocos años, la colonia china crece exponencialmente hasta alcanzar una población de 26.000. Este alto número de sangleyes (residentes chinos en Filipinas) convirtió este puerto, punto de partida del Galeón de Manila, en el gran puerto chino de ultramar. La convivencia entre sangleyes y españoles no fue fácil, a pesar de que emigrantes chinos pronto se convirtieron en los principales abastecedores de Manila y del comercio del Galeón de Acapulco. Con mano de obra muy barata y dominando multitud de oficios, destacaron, sobre todo, en el trabajo de la madera, la construcción y las herrerías. La población crecía sin control, sucediéndose algunas sangrientas rebeliones que aconsejaron reunir a los residentes chinos extramuros de Manila, cerca del río donde anclaban los sampanes. En el Parián, lugar que habitaban los sangleyes, vivían y comerciaban en lugares alquilados cuyo arrendador era el Cabildo de Manila. Numerosos incendios arrasaron el Parián, que era reconstruido, siempre extramuros: en la práctica, una especie de gueto cerrado y vigilado por su potencial peligrosidad. Los artistas de la ilustrada expedición de Malaspina y Bustamente realizaron en 1792 espléndidas vistas del Parián de Manila y sus habitantes en plena actividad comercial.<br></p>



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<p><strong>EL GALEÓN DE MANILA. PUENTE DE LA PRIMERA GLOBALIZACIÓN POR MAR</strong></p>



<p>Un afortunado incidente da inicio al temprano comercio hispano-chino. Parece ser que uno de los buques de Legazpi salva a la tripulación de un junco chino de grandes dimensiones que se hundía en aguas de Mindoro. En agradecimiento a este humanitario gesto del marino español a principios de 1572, regresaron los supervivientes llevando gran cantidad de mercancías al establecimiento español, productos que se vieron como objeto de un próspero comercio con Europa. Para entonces, Urdaneta ya había descubierto el tornaviaje a Acapulco con el Galeón San Pedro, en 1565, el primer viaje de esta mítica ruta que, partiendo de Luzón y atravesando el estrecho de San Bernardino, alcanzaba las Marianas y desde allí remontaba hasta el paralelo 39 de latitud norte para alcanzar en unos dos meses y medio la costas de la Nueva España y el Puerto de Acapulco, destino final de esta ruta que abrió no solo la vía entre oriente y occidente más potente y duradera, sino que propició de forma definitiva la expansión española en oriente. Una derrota que perduró desde entonces hasta 1815, a consecuencia de la independencia de México. En dicha fecha, el Galeón Magallanes que había llegado a Acapulco en pleno movimiento insurgente, inicia la última travesía de esta legendaria ruta comercial y cultural.</p>



<p>El galeón de Manila o Nao de China para los novohispanos, y Nao de Acapulco para los comerciantes chinos de Manila, zarpaba de Manila la primera semana de julio para aprovechar el monzón de verano y en abril, zarpa de Acapulco para beneficiarse del monzón de invierno. Durante los siglos XVI y XVII, la ruta se redujo en general a un solo galeón o nao de unas 300 a 500 toneladas. Ya en pleno siglo XVIII, el tonelaje aumentó considerablemente, hasta alcanzar, en ocasiones, las 2.000 toneladas, con capacidad para más de 180 hombres.</p>



<p>Los comerciantes y autoridades novohispanas ostentaban el monopolio de este comercio con cierta flexibilidad, pero en 1769 la Corona crea el Consulado de Comercio de Filipinas, que tendrá absoluta autoridad para regular tanto los permisos como las cargas y su valor. La procedencia de las mercancías fue muy variada. Un 80 o 85% eran de procedencia china o japonesa, pero un alto porcentaje procedían de la India y Medio Oriente. También las manufacturas de Filipinas ocuparon un lugar importante en el tráfico comercial del galeón.</p>



<p><strong>POLÍTICA DE FELIPE II EN ORIENTE: APUNTALAR FILIPINAS Y COMERCIAR CON CHINA</strong></p>



<p>Filipinas será, durante el reinado de Felipe II, lanzadera para la penetración española, no solamente en China, sino también en Japón, Camboya, Siam, Formosa y Cochinchina. Y así, en 1559, tan solo tres años después de acceder al trono, Felipe II parece retomar las aspiraciones españolas sobre el Sureste Asiático, y envía al Virrey de la Nueva España, Luis de Velasco, una Real Cedula ordenándole el envío de una expedición a Filipinas, advirtiéndole sin embargo de la prohibición de tocar en las Molucas. El elegido para capitanear esta expedición es Miguel López de Legazpi, que fundará un establecimiento permanente en Asia.</p>



<p>Muchos investigadores han interpretado esta iniciativa de Felipe II como el deseo de competir con Portugal por el lucrativo comercio de las especias. Pero otros, como Patricio Hidalgo, tienen otra tesis que me parece más acertada y verosímil: Felipe II se proponía aprovechar el fanatismo chino por la plata americana (en clara devaluación en Europa) para comprar productos chinos a bajo costo y venderlos luego en América y Europa con inmenso margen de beneficio. El momento era propicio, porque la dinastía Ming impulsaba importantes movimientos migratorios hacia la costa, para fomentar el comercio exterior. Así, tanto España como Portugal y Holanda actuarán como intermediarios del potente comercio del área. La prueba de que esta opción de negocio era la elegida por Felipe II es que da orden de fundar la capital de las Filipinas en Manila, acercándose a China y alejándose en cambio de las Molucas. No cabe duda, en todo caso, que el primer objetivo de Felipe II en Oriente es asegurar Las Filipinas como principal enclave estratégico para su posible expansión asiática.</p>
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<p><strong>LA IMPORTANCIA DE LOS MISIONEROS</strong></p>



<p>La punta de lanza hacia China fue, además del intenso comercio debido al galeón de Manila, la acción de los misioneros, capitales en la transmisión a Occidente de las más importantes noticias sobre las costumbres, el idioma, las tradiciones y la religión del gran Imperio chino. Obras como la del agustino español Martin de Rada, que viajó a China en 1575 y llevó a cabo el primer léxico chinoespañol, o el dominico Juan Cobo, que realiza la primera traducción al español de la importante obra <em>“Riquezas y espejo con que se enriquezca y donde se mire el claro y límpido corazón”</em>. Escrita por Mingxin Baojian en 1393, contenía 600 proverbios y sentencias de filósofos chinos, y tuvo gran repercusión en Europa, donde se llegó a equiparar a las obras de Tomas de Aquino.</p>



<p>Pero sin duda la gran obra que dio a conocer China a la Europa renacentista fue la de Juan González de Mendoza, que, parece ser, no llegó a visitar China pero realizó una recopilación importante de noticias que publicó en castellano, en Roma, en 1585, con el título <em>“Historia de las cosas más notables, ritos y costumbres del gran reino de China” </em>obra de la que se estamparon 46 ediciones en 10 años, y que fue traducida, entre otros idiomas, al italiano, francés, inglés, alemán, holandés y latín. Pero los misioneros serán también los más beligerantes para proponer a Felipe II auténticos planes bélicos para invadir China, aunque no son los únicos. En 1574, el nuevo Gobernador de Filipinas, Lavezares, presenta al Rey un proyecto de conquista de China que no llega a prosperar. La embajada ante el emperador chino, que lleva a cabo el agustino Martín de Rada, da argumentos al nuevo Gobernador Francisco de Sande para proponer a Felipe II un nuevo intento de conquista de China. En 1576 envía a la Corte una serie de propuestas, claramente atrevidas, en este sentido: <em>“lo que toca a la jornada de China, es cosa llana y será de poca costa, que sin paga vendrá la gente española, armada a su costa y pagarán fletes y serán dichosos” </em>Sande afirma en sus cartas que con una flota capaz de transportar entre cuatro y seis mil hombres, la conquista de China sería cosa hecha. Sin embargo, el Consejo de Indias se mostró mucho más prudente que el osado Gobernador, ordenando en 1577 suspender toda intención bélica y procurar tener con los chinos buena amistad.</p>



<p><strong>LA UNIÓN PENINSULAR BAJO EL REY ESPAÑOL</strong></p>



<p>La unión de las dos coronas de España y Portugal en 1580, bajo el reinado de Felipe II, intensifica la presencia de ambas coronas en Oriente y crea estrategias comunes para defender su privilegiada situación en el área. El primer resultado de esta nueva estrategia es la defensa común frente a la ofensiva holan desa, que se presenta de forma muy agresiva desde la creación de la Compañía de las Indias Orientales en 1602. Ambas coronas ibéricas refuerzan sus acciones defensivas, sobre todo en Ternate y Tidor, en Goa y en Macao, atacada sin éxito por los holandeses en 1622. En 1624, Holanda ocupa la estratégica isla de Formosa, y los españoles reaccionan creando Tamsui, un estratégico establecimiento al norte de la isla. Ante la ofensiva holandesa, España emprende una serie de contactos diplomáticos, enviando misiones de paz a los sultanatos de Borneo, y Siam, así como a Camboya, enfrentada con Siam. España no apoyó a Camboya frente a la agresión de Siam, postura criticada por varios consejeros de Felipe II, que opinaron que <em>“la amistad y agradecimiento de Camboya hubieran quizá proporcionado la Corona de Siam a Felipe II”.</em></p>



<p>Sin embargo, la finalidad estratégica de los Gobernadores de Filipinas fue siempre Japón, donde San Francisco Javier había logrado espectaculares conversiones de más de 100.000 almas en Nagasaki. Los años finales del siglo están repletos de alternativas, persecuciones sangrientas contra los cristianos y momentos de paz, con la embajada del dominico Juan Cobo en 1593, o la iniciativa diplomática del Gobernador de Filipinas Francisco Tello en 1599, que logra establecer una línea regular entre Manila y Edo, momento en que los japoneses se interesaron por las técnicas españolas de construcción naval y beneficio de la plata. Sin embargo, las relaciones España-Japón nunca prosperaron, y España inició su expansión hacia los archipiélagos del Pacifico sobre todo las Marianas, las Carolinas, las Palao y otros.</p>



<p><strong>LA IMPORTANCIA DE LA PLATA ACUÑADA AMERICANA</strong></p>



<p>No quiero terminar este breve artículo sin mencionar un tema que me parece capital en la estrategia de Felipe II en Oriente. La China de los Ming era la primera potencia comercial en el siglo XVI, representando la cuarta parte de la población mundial, y, debido al bajo costo de la mano de obra, la principal productora de bienes de consumo de todo tipo. La prohibición de los Ming de utilizar moneda en papel genera la apetencia de autoridades y comerciantes por la plata. Esta circunstancia coincide con la depreciación de la plata americana en Europa, debido a un exceso de producción en las minas de Potosí. Los propietarios de las minas reaccionan reduciendo la producción, lo que supuso un gran quebranto económico para la Corona, que ve reducido su “quinto”, así como el precio de la plata. Esta situación en Europa hace que la obsesión china por la plata acuñada americana sea la gran salvación para la Corona, un negocio superior incluso al de las especias. Así, que este comercio enormemente rentable por sus bajos precios, pagado con la plata, será el eje de la política de Felipe II en Asia. Un edicto imperial de 1570 especificaba que incluso el pago de impuestos debía hacerse en plata española acuñada.</p>



<p>Se calcula que en estos años se exportaron a China unas 25.000 toneladas de plata, aproximadamente 515 millones de monedas acuñadas en las cecas de México, Lima o Potosí, ciudad que en apenas medio siglo llegó a igualar en población a ciudades europeas como Londres o París. La fascinación por la plata española acuñada fue tal que ninguna otra moneda era aceptada por los chinos a cambio de sus productos, hasta el punto de que la Compañía Británica de las Indias Orientales, fundada en 1601, tuvo que pagar durante años sus compras con moneda española, ya que su moneda no era aceptada por los chinos.</p>



<p>El imperio <em>“donde nunca se ponía el sol” </em>tuvo un patrocinador imprevisto, el gran Imperio Chino fascinado por la plata americana acuñada con las efigies de los monarcas españoles.</p>
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		<title>Ciudades chinas</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/ciudades-chinas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 20 Jul 2020 09:44:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 66]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Josefina Gómez Mendoza Boletín 66 &#8211; Sociedad Geográfica Española La ciudad. Las ciudades. Nuestra autora, geógrafa, académica, catedrática emérita, nos proporciona en este texto un análisis de las transformaciones [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto: Josefina Gómez Mendoza<br></strong></p>



<p>Boletín 66 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>La ciudad. Las ciudades.<br><br><strong>Nuestra autora, geógrafa, académica, catedrática emérita, nos proporciona en este texto un análisis de las transformaciones de los núcleos urbanos de China, el crecimiento espectacular de las ciudades, las nuevas aglomeraciones polinucleares, los cambios del régimen del suelo. Fenómenos que se dan en un país donde la población urbana representa, en datos del pasado año, el 60 % del total.</strong></p>



<p><strong>&nbsp;</strong><strong>DE 1984 A 2012: UN ANTES Y UN DESPUÉS</strong></p>



<p><strong>&nbsp;</strong>He estado dos veces en China con un intervalo de casi treinta años: en 1984, como rectora de la UAM, formando parte de una delegación universitaria encabezada por la Secretaria de Estado de Universidades, y como turista en 2012. La China de los primeros años ochenta era la postmaoísta de la primera etapa de Den Xiaoping, al que se conoce como Arquitecto General de la Reforma y Apertura de China, en la que, más allá de abjurar de la Revolución cultural, se había condenado ya, de palabra y de hecho, a la llamada Banda de los Cuatro, de la que formaba parte la mujer de Mao. Recuerdo que nuestros acompañantes oficiales no ser recataban en las críticas a la Banda e incluso, en algún lugar, nos mostraron las efigies de ellos dispuestas allí para que se pudiera escupir sobre ellas. Era el país que había iniciado sus “cuatro modernizaciones” (agricultura, industria, enseñanza y ciencia y defensa), de las que lo más visible para nosotros era, desde luego, la transformación urbanística, de modo que en los nuevos paisajes predominaban bloques de casas en construcción y el ruido de fondo de la circulación de millones de bicicletas. Tantos bloques estaban a medio construir y en condiciones tan precarias que uno de los miembros de nuestra delegación solía bromear con que el país se encontraba en las “cuatro Modernizaciones y la primera Moratalización”. De hecho, aquellas vistas de bloques residenciales de bastante mala calidad nos resultaban familiares.</p>



<p>En 2012, dos años después de la exposición universal de Shanghái, volví allí, y a otras ciudades ya visitadas en la anterior ocasión: a Beijing, Hangzhou, la antigua Cantón, Nanjing. La sensación que me embargó fue de absoluta incredulidad. Me parecía como si yo hubiera conocido ciudades muy anteriores, viejas ciudades compactas en las que se estaban abriendo las grandes vías como del siglo XIX europeo, de límites bastante netos y enormes cinturones agrícolas, para abastecerlas en productos frescos. En las ciudades que vi en mi segunda visita, en las calles y avenidas centrales se alinean edificios altísimos, a veces rascacielos más o menos extravagantes, formando los distritos centrales de negocios. Casi todas las aglomeraciones son polinucleares, con tren de alta velocidad comunicando los distintos núcleos, al menos media docena de autovías de circunvalación, todas atascadas, extensísimas periferias híbridas donde coexisten grandes piezas residenciales de clase baja y media, urbanizaciones cerradas de lujo, infravivienda inmigrante, centros comerciales desmesurados y las gigantescas piezas de los parques industriales y tecnológicos. Apenas nada de agricultura periurbana, si acaso algunos huertos que han quedado diseminados: el campo ha sido expulsado mucho muy lejos. En ese lapso, una sociedad del tamaño de la china se ha desruralizado.</p>



<p><strong>LA DIMENSIÓN DESCOMUNAL DE LA URBANIZACIÓN CHINA</strong></p>



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<p>Hasta hace unos años era habitual en la literatura académica sostener que las ciudades chinas estaban evolucionando hacia el modelo occidental, o con más exactitud, hacia el modelo de la ciudad norteamericana. Quizá la presencia de rascacielos de fachadas de muro cortina de vidrio puede alentar esta idea, pero a medida que pasan los años y que el ritmo de la urbanización y el tamaño de las ciudades se hacen más apabullantes, la comparación es menos sostenible. También es cierto que hasta hace poco la bibliografía que se manejaba era, sobre todo, de autores occidentales, mientras que ahora las grandes revistas de geografía urbana, como Cities de Hongkong y la británica <em>Urban Studies</em>, compiten en números extraordinarios y artículos sobre las ciudades chinas escritos por autores locales.</p>



<p>La población urbana china representa, con datos de 2019, el 60,6 % de la total, estimándose los residentes urbanos en cerca de 850 millones de personas con un ritmo de crecimiento de más de 1,2 % anual, unos 17 millones el último año. La población rural se ha quedado en 551 millones, con una pérdida en números absolutos de doce millones en 2018. Lo que hace más extraordinarias estas cifras es la velocidad del crecimiento cuando se las compara con el principio del proceso: en 1949, al proclamarse la República Popular China, apenas residía en ciudades el 10 % de la población; todavía al iniciarse las reformas en los años 80 del siglo pasado la población urbana no pasaba del 17,3 %, y solo en 2010 la población urbana superó a la rural.</p>



<p>El país tiene actualmente 113 áreas urbanas de más de un millón de habitantes, 18 de más de cinco millones, la mayor parte en la franja litoral, en el bajo curso de los grandes ríos, en unos corredores casi ininterrumpidos desde el Gran Canal Chino, Beijing-Hangzhou, a los deltas de Bajo Yangtsé y el clúster de casi una docena de ciudades del Delta del río de las Perlas. Shanghái con 22 millones es la séptima ciudad del mundo, y Beijing se acerca a los 20. Shenzen, hace treinta años una villa de pescadores a la salida del río Perla, frente a Hong Kong, es hoy la megaciudad a cuyo entorno se califica de Silicon Valley china, sede de Huawei y de Tencent, uno de los mayores proveedores de internet del mundo. Todo empezó cuando Den XiaoPing la designó en 1980 Zona Económica Especial, para abrir al mundo la economía china, atraer capital extranjero, liberar suelo, facilitar los negocios y avanzar en ese liberalismo capitalista de estado que practica el gigante asiático.</p>
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<p><br><strong>UNA REALIDAD NUEVA QUE EXIGE NOMBRES NUEVOS</strong></p>



<p>No es absurdo entonces preguntarse si vale para la urbanización china nuestra nomenclatura urbana habitual: desde megalópolis, el concepto sugerido para definir la estructura urbana continua entre Boston y Washington, a conurbación, corredores urbanos, aglomeraciones. Algún estudioso ha propuesto el término de megaregiones urbanas como concepto que mejor describe estos conglomerados, estos racimos o cluster de ciudades. Pero falta trama histórica regional, mientras las redes siguen creciendo por las incorporaciones espectaculares de cantones y de otras ciudades. En el mismo delta de la Perla, Guanzhou y Fusang han crecido tanto que se ha producido una coalescencia entre ambas en una sola aérea de 20 millones; y Dongguan, que está entre Guanzhou y Shenzen, pueden converger con ellas hasta dar lugar a una de las megaciudades mayores del mundo.</p>



<p>De modo que puede que hayan ocurrido en el mundo urbano chino procesos y acontecimientos parecidos a los de las ciudades occidentales: desplazamientos masivos de poblaciones de los centros a las periferias, demoliciones generalizadas, gentrificación, crecimientos incontrolados de las zonas suburbanas, fragmentación, segregación y dispersión urbana. Pero el mismo hecho de esa inmigración rural, medida en cientos de millones de personas, y su consecutiva y acelerada urbanización, basta para alejar la realidad china de los modelos occidentales.</p>



<p><strong>LAS HERENCIAS URBANAS DEL MAOÍSMO ANTIURBANO</strong></p>



<p>En ese desarrollo urbano tan acelerado subyacen todavía algunos elementos de aquel maoísmo de ideología antiurbana que se apoyaba en ciudades de tamaño medio para industrializarlas. Estaban siempre limitadas en su crecimiento por una muralla invisible constituida por los registros de nacimiento, <em>hukou</em>, rurales. Por extraño que parezca el <em>hukou </em>no se ha derogado aún, solo flexibilizado, de modo que es muy posible que más de doscientos millones de inmigrantes rurales en la ciudad sigan siendo población no urbana, flotante o informal, desprovista de servicios urbanos. Durante los cuarenta años de urbanización, el <em>hukou </em>rural ha sido motivo de segregación y marginalización en las ciudades, aunque muchas han buscado fórmulas intermedias para alojar a los recién llegados, sin que el Estado &nbsp;interviniera por su interés en incorporar a esas poblaciones al mercado interior. Ni son ni han sido los únicos marginales, pero sí han formado parte de lo que expresivamente se llama “mouse tribes”, gente escondida en viviendas subterráneas, alojamientos invisibles. En la actualidad, y pese a seguir vigente el <em>hukou</em>, la situación ha evolucionado tanto como para que, por lo visto, prevalezca sobre esta estratificación por lugar de nacimiento la segregación por la educación.</p>



<p>En el urbanismo maoísta no había mercado inmobiliario, se derrochaba suelo y uno de los elementos más importantes de organización social y territorial eran los <em>danwei</em>, a la vez unidades de trabajo y de residencia, centros de producción y células de vida comunitaria, que llegaban a constituir verdaderas ciudades dentro de la ciudad. El <em>danwei </em>suministraba vivienda, trabajo, alimento, combustible, sanidad, pensión, etc. Son elocuentes las palabras del premio Nobel de literatura, Gao Xingjian, cuando expresa en su relato autobiográfico <em>El libro del hombre solo</em>, como se sentía en plena Revolución Cultural: <em>“¿No podía huir? ¿Huir adónde? No podía</em><em> huir del inmenso país, no podía huir del gran edificio de la institución que parecía una colmena en el que se ganaba la vida, que le proporcionaba la autorización para vivir en ciudad y cupones mensuales de cereales, aceite, azúcar, carne, y algodón… era como una abeja protegida por la colmena”. </em></p>



<p>Al cambiar el régimen del suelo, los <em>danwei </em>supusieron un ingente patrimonio que reconvertir y deslocalizar y con cuyo suelo especular. En 1998 se dieron por terminados los derechos de alojamiento a cargo de las unidades de producción, y las viviendas fueron ofrecidas a precios aceptables antes de entrar en el mercado. Por eso, en la base de muchos desarrollos urbanos se pueden encontrar antiguos <em>danwei </em>como uno de los actores principales de la nueva etapa.<br><br></p>



<p><strong>CONTROL DEL ESTADO Y AUTONOMÍA ECONÓMICA REGIONAL</strong></p>



<p>Lo más característico del urbanismo chino es que coexiste un fuerte control del Estado a través del Partido Comunista Chino sobre su desarrollo, con múltiples versiones y adaptaciones locales, sin que exista contradicción entre las políticas centrales de urbanización y los mercados locales. La autoridad del estado es permanente, pero los mecanismos e instrumentos de mercado han sido muy variables según los lugares.</p>



<p>El suelo urbano es todo él de propiedad estatal mientras que el suelo rural pertenece a las comunas, de modo que, al ir desapareciendo estas, abundaron las anexiones por parte de las ciudades. Una de las claves de ese funcionamiento casi federal fue la decisión del PCCh, en 1987, de separar la propiedad de suelo de su uso, de modo que se podían vender o arrendar los derechos de uso sin que la propiedad cambiara. Esa práctica que ha generado una compleja casuística, de la que desde luego no está excluida el doble o triple subarriendo ni el mercado negro, ha enriquecido enormemente a los ayuntamientos de las grandes ciudades, que han podido invertir en gigantescas infraestructuras, y en renovación de los centros urbanos convirtiéndolos en CBD. En cambio, los desarrollos urbanos más caóticos e irregulares se han dado sobre suelos de uso asignado, porque son más incontrolados y obedecen menos al planeamiento. Disueltas las comunas, en principio el suelo rural no se vende en el mercado, pero sí se transfieren derechos de desarrollo.</p>



<p>Se habla mucho para China de neoliberalismo con caracteres chinos, en el paradójico sentido de que la acumulación capitalista no se produciría en beneficio de los capitalistas. Una definición tan general encubre la extraordinaria circulación de capital extranjero y local que genera la urbanización casi siempre con el afán de poner las instalaciones y los servicios a disposición de los usuarios con eficacia, en plazos cortos.</p>



<p>Hasta hace poco ha prevalecido la idea de “primero el crecimiento”, luego ya se atenderá a otras cosas, como mejorar la calidad o el medio ambiente. En los últimos años el discurso está cambiando hacia una perspectiva ecológica y en defensa de un urbanismo verde. Hasta el momento, sin embargo, no ha ido mucho más allá de las vías verdes, de la multiplicación de las <em>“green schools” </em>o de la configuración de un camino chino hacia la ciudad jardín. De sostenibilidad todavía poco.<br><br><strong>BEIJING, SHANGHÁI</strong></p>



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<p>Cuando visité Beijing en 1984, habían comenzado los desalojos, demoliciones de casas y destrucción de los tejidos urbanos tradicionales, que hoy se han consumado en proporciones que no se pueden entender desde las ciudades europeas, pese a ser en ellas donde se inició esta manera de reformar la ciudad histórica en gran parte por demolición. Como decía Victor Hugo: <em>“Tout a été refait donc défait” </em>(todo ha sido rehecho por tanto deshecho). Han desaparecido de esta manera una gran mayoría de las callejuelas tradicionales o <em>hutong </em>y de las casas de patios, <em>siheyuan</em>, unidas entre sí por galerías cubiertas sobre pilares de madera lacada y con claraboyas, algunas de las cuales se remontaban a hace ocho siglos. Algunos de los <em>hutong </em>han sido reformados y transformados para el turismo.</p>
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<p>Al mismo tiempo se inició una ampliación extraordinaria de la ciudad, con deslocalización de fábricas y barrios residenciales, nueva estructura con varios centros, grandes infraestructuras viarias y ferroviarias, localizándose hoy las mayores densidades de población entre los cinturones cuarto y quinto. En las periferias urbanas de Beijing se aprecia más que en otro sitio cómo la segregación social en función de la riqueza tiene más carácter mico que macro. Sigue siendo, por otra parte, una periferia en permanente renovación, con desalojos, derribos y realojos más lejos y muy deprisa. Un caso estudiado es, por ejemplo, el de las comunidades de graduados universitarios de bajos ingresos, <em>“the ants tribus”</em>, las tribus de hormigas, sin que se sepan al final de un traslado siempre más afuera si han mejorado o empeorado. Lo normal es que domicilio y lugar de trabajo estén muy distantes, generando grandes movimientos pendulares diarios y los consiguientes atascos.</p>



<p>La transformación de Shanghái ha sido quizá la más acelerada e impactante de cualquier ciudad del mundo. En apenas veinte años la nueva zona de Pudong en la orilla derecha del río Huangpu ha surgido de la nada, sobre zonas cultivadas hasta el año 1990, generando un skyline del tipo de Manhattan. Obra sin duda de la autonomía fiscal que se concedió a la ciudad en 1988, así como también de la descentralización administrativa y económica de la propia ciudad, permitiendo a sus cantones y distritos que presentaran sus propios proyectos en competencia entre sí, los que hizo posible el vertiginoso crecimiento. La Nueva Área de Pudong, frente a la ciudad histórica, el Bund, actuó como catalizador de la llegada directa de inversiones extranjeras.</p>



<p>En Pudong los rascacielos compiten en altura, esplendor, iluminación, formando un verdadero downtown. Pero, en la otra orilla, en el distrito de Xuhui y adyacentes, la Ciudad Vieja ha resistido la competencia. Mientras se desalojaba y demolía, se extremaban los cuidados para la conservación de algunos enclaves de la ciudad colonial, quizá, para mayor perplejidad, los de la Concesión Francesa y la Zona Internacional, aquellos en donde en la época colonial se colgaban carteles rotulados «No dogs, no Chinese».</p>



<p>De modo que, con sus rascacielos y edificios muy altos de oficinas o de apartamentos, la congestión del tráfico, la coexistencia de varias zonas de centros de negocio, las autovías urbanas a distintas alturas, los cientos de hoteles, ambas ciudades se asemejan a un modelo, que es más el de Hong Kong o Singapur, el de las ciudades de los países árabes del Golfo, que el que se llama occidental. En esta “transición hacia la modernidad” de las ciudades chinas, han desempeñado un papel importante las grandes operaciones urbanísticas para acontecimientos de carácter mundial (los Juegos Olímpicos de Beijing de 2008 y la Expo de Shanghái de 2010) cuyos proyectos y edificios icónicos tienen en buena parte firma occidental, han sido premiados en concursos internacionales y concebidos y ejecutados por grandes nombres de la arquitectura del star system internacional: el británico Richard Rogers, la firma estadounidense SOM (Skidmore, Owings y Merrill) o Sasaki. Por cierto, Albert Speer Jr fue el encargado en 2003 de la Expo de Shanghái 2010, y al mismo tiempo del diseño del Boulevard Olímpico de Beijing 2008. No se puede dejar de comparar el gran eje central que pone en contacto la Ciudad Prohibida con la Ciudad Olímpica con el análogo de Berlín realizado por su padre, arquitecto de Hitler, para los juegos de entonces.</p>



<p><strong>LA FACTORÍA DEL MUNDO ¿Y TAMBIÉN LA CIENCIA Y LA TÉCNICA?</strong></p>



<p>La globalización ha dado lugar a la deslocalización de las industrias desde los países occidentales hacia periferias del mundo que disponían de mano de obra abundante y barata, regímenes fiscales favorables y ninguna restricción ambiental. En estas condiciones, por sus extraordinarias condiciones de capitalismo de estado con firme control social, pero a la vez autonomía de sus macrociudades para competir en el mercado global, China se ha convertido en la fábrica del mundo. Sus ciudades parecen surgir de forma instantánea en un mundo de fábricas inmensas, en las que trabajan y duermen millones de chicas llegadas del campo sin conocer a nadie, sin más relación con el mundo que su móvil, las que describía Leslie Chang en su libro Factory girls.</p>



<p>China es pues ya un país que condiciona el mundo. Lo hemos visto con la reciente crisis de la Covid 19. Baste recordar su elevado nivel de participación en las cadenas de sectores industriales clave, el automovilístico, el farmacéutico, el químico… Su ambición mueve ahora el liderazgo tecnológico. Tal es el sentido que tienen sus megaproyectos como Xiong’an New Area, ese hub que quiere reunir a Beijing con Taijin Hubei, el triángulo que se conoce como Jing-jin-ji. Hay que estar muy atentos a esta nueva transformación.</p>



<p><em>&nbsp;</em></p>



<p>* <em>Universidad Autónoma de Madrid. Miembro de la Real Academia de la Historia. Sobre Leslie Chang y las mujeres llegadas del campo a la ciudad: </em><a href="https://josefinagomezmendoza.com/factory-girls-la-inmigracion-femenina-en-lasciudades-"><em>https://josefinagomezmendoza.com/factory-girls-la-inmigracion-femenina-en-lasciudades-instantaneas-del-sur-de-china/</em></a></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/ciudades-chinas/">Ciudades chinas</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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