<?xml version="1.0" encoding="UTF-8"?><rss version="2.0"
	xmlns:content="http://purl.org/rss/1.0/modules/content/"
	xmlns:wfw="http://wellformedweb.org/CommentAPI/"
	xmlns:dc="http://purl.org/dc/elements/1.1/"
	xmlns:atom="http://www.w3.org/2005/Atom"
	xmlns:sy="http://purl.org/rss/1.0/modules/syndication/"
	xmlns:slash="http://purl.org/rss/1.0/modules/slash/"
	>

<channel>
	<title>Exploradores archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
	<atom:link href="https://sge.org/categorias/exploradores/feed/" rel="self" type="application/rss+xml" />
	<link>https://sge.org/categorias/exploradores/</link>
	<description></description>
	<lastBuildDate>Thu, 27 Nov 2025 12:24:45 +0000</lastBuildDate>
	<language>es</language>
	<sy:updatePeriod>
	hourly	</sy:updatePeriod>
	<sy:updateFrequency>
	1	</sy:updateFrequency>
	<generator>https://wordpress.org/?v=6.8.5</generator>

<image>
	<url>https://sge.org/wp-content/uploads/2026/01/favicon-2-50x50.png</url>
	<title>Exploradores archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
	<link>https://sge.org/categorias/exploradores/</link>
	<width>32</width>
	<height>32</height>
</image> 
	<item>
		<title>Los exploradores españoles en la gran pantalla</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/exploradores-espanoles-cine/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2025 11:53:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 81]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=37754</guid>

					<description><![CDATA[<p>La relación del cine con los exploradores españoles ha sido escasa y ha estado lastrada por el fracaso de películas como El Dorado o Cristóbal Colón: el descubrimiento.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/exploradores-espanoles-cine/">Los exploradores españoles en la gran pantalla</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Mariano López</strong></p>



<p>Boletín 81 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Geografía y cine</p>



<p><strong>La relación del cine con la vida, hechos y aventuras de los exploradores, conquistadores, misioneros y expedicionarios españoles en el mundo, en especial en América, ha sido escasa y ha estado lastrada por el fra- caso de películas como <em>El Dorado </em>o <em>Cristóbal Colón: el descubrimiento. </em>El crecimiento de la demanda de largometrajes, series y documentales por parte de las cadenas y plataformas de televisión ha ampliado las referencias audiovisuales vinculadas a los exploradores españoles.</strong></p>



<p><strong> Se suele atribuir a la contrarreforma y a la Inquisición esa decadencia. El siguiente momento de esplendor de las exploraciones y de la ciencia en general es la Ilustración, y podemos pensar en la Expedición Malaspina como el luminoso (y desgraciado) cierre de ese periodo.</strong></p>



<p>Desde su indiscutible autoridad, el escritor Stefan Zweig sostenía, en varios de sus libros <em>(Momentos estelares de la Humanidad</em>, publicado en 1927, o <em>Conquistador de los mares</em>, en 1938), que el viaje de Magallanes y Elcano había cambiado para siempre la historia de la Humanidad. En 2003, el productor cinematográfico español Miguel Menéndez se preguntaba: <em>“¿Cómo es posible que nadie hasta ahora haya hecho una película sobre la primera vuelta al mundo?”.</em><br><br>La pregunta de Miguel Menéndez, su perplejidad ante la nula relación del cine, hasta 2003, con una de las mayores aventuras que vieron los siglos, podíamos extenderla y preguntarnos cómo se puede explicar la escasa producción de películas en general y españolas en particular, basadas en las apasionantes historias de los exploradores españoles que cruzaron selvas, desiertos u océanos sin mapa alguno, movidos por la codicia, el afán de aventura, la necesidad, la fe o la poderosa atracción de los mitos.</p>



<p>La debilidad de la industria cinematográfica española, el rechazo a un lado y al otro del Atlántico de la épica de la “conquista” y las complejidades y el coste que podían exigir proyectos transoceánicos, pueden explicar, en parte, por qué hasta el siglo XXI no haya habido apenas interés entre los productores por llevar a las salas y a las televisiones los viajes, las pasiones, la formidables aventuras que caracterizaron la vida de los exploradores, expedicionarios, misioneros y conquistadores españoles.</p>



<p><strong>EL FRACASO DE LA PELÍCULA MÁS CARA DE LA HISTORIA</strong></p>



<p>Un intento por revertir la pobre relación del cine español con la aventura en América fue la producción de <strong><em>El Dorado</em></strong>, la película más cara en la historia del cine español en la fecha de su estreno, 1988. Dirigida por Carlos Saura, narra el viaje de Pedro de Ursúa por el río Marañón en busca de El Dorado, una expedición que partió del puerto peruano de Lamas con dos bergantines, dos barcazas y varias canoas, naves en las que viajaban esclavos, sirvientes y unos 300 españoles entre quienes se encontraba Lope de Aguirre, que acabaría asesinando a Ursúa y comandando el fracaso final de la expedición. Saura tenía como referencia la película <strong><em>Aguirre, la cólera de Dios </em></strong>(1972) dirigida por el alemán Werner Herzog, en la que un impresionante, magnético, Klaus Kinski, encarnaba a Lope de Aguirre. La idea de Saura era narrar el mismo viaje, pero aportando una mayor fidelidad a los hechos que la contenida en el filme de Herzog, conforme a los análisis de los historiadores y la crónica del superviviente en la expedición Francisco Vázquez.</p>



<p>La película más cara de la historia del cine español, <em>El Dorado</em>, resultó un absoluto fracaso. Nominada a nueve premios Goya en 1988 y a la Palma de Oro de Cannes como Mejor Película, no obtuvo ningún galardón. En la taquilla, también se hundió. Los críticos reprocharon al filme su excesivo metraje -149 minutos, algo inusual entonces-, su ritmo lento, su distancia en cuanto a espectáculo frente a lo que se suponía que debía narrar: una gran aventura.</p>



<p>Diferentes medios reprocharon al filme haber dilapidado el mayor presupuesto de la historia en una narración plúmbea. Según el productor, Andrés Vicente Gómez, el presupuesto de <em>El Dorado </em>había recibido una subvención anticipada de 100 millones de pesetas, equivalente al 13 por ciento del coste reconocido de la película, que fue de 780 millones de pesetas. La recaudación en taquilla se situó en 180 millones de pesetas. Cabe suponer que el fracaso económico, de crítica y de público de esta película, dirigida por un maestro del cine, contribuyó a distanciar a productores y directores de las aventuras de los exploradores españoles. Al menos durante unos años.</p>



<p><strong>DOS PELÍCULAS PARA EL QUINTO CENTENARIO</strong></p>



<p>La conmemoración del quinto centenario de la llegada de Cristóbal Colón y sus marineros a la tierra que sería denominada América, conmemoración titulada, en los actos oficiales de 1992, “V Centenario del Encuentro entre Dos Mundos”, impulsó la participación de la Sociedad Estatal Quinto Centenario, creada por el gobierno español, en un magno proyecto cinematográfico dedicado a la hazaña de Colón. La Sociedad firmó un contrato con la empresa de Alexander e Ilya Salkind, productores, entre otros filmes, de la saga de <em>Superman</em>, para participar en la financiación y el apoyo logístico de la película <strong><em>Cristóbal Colón: el descubrimiento, </em></strong>dirigida por John Glen, director, entre otras, de <em>Octopussy y Licencia para Matar, </em>de la saga James Bond. Mario Puzo, autor de <em>El Padrino</em>, participó en el guión. En el reparto, destacaban Georges Corraface (Colón), Tom Selleck (Fernando el Católico), Benicio del Toro (Álvaro Harana), Catherine Zeta Jones (Beatriz Enríquez) y Marlon Brando (Torquemada). La Sociedad Estatal se comprometió a aportar alrededor del 10 por ciento del presupuesto, estimado en 50 millones de dólares. Aportó también asistencia logística, servicios y lo más importante: una réplica, a tamaño real, de las tres carabelas.</p>



<p><em>Cristóbal Colón, el Descubrimiento </em>se estrenó el 21 de agosto de 1992. La crítica no mostró ningún aprecio por el resultado. Peter Reiner, de <em>Los Angeles Times, </em>escribió: <strong>“No es políticamente correcta. Tampoco es cinematográficamente correcta, humanamente correcta ni históricamente correcta”. </strong>La película tuvo seis nominaciones a los Premios Razzie, que distinguen a las peores películas del año. Ganó uno: Tom Selleck, como Peor Actor Secundario.</p>



<p>En las mismas fechas, el ministerio de Cultura español participó en otro gran proyecto cinematográfico sobre el viaje de Colón que coincidió en las carteleras con el de John Glen y los hermanos Salkind: <strong><em>1492: la conquista del paraíso</em></strong>, una producción del francés Alain Goldman y del británico Ridley Scott, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Gerard Depardieu (Colón) Sigourney Weaver (Isabel la Católica) y Ángela Molina (Beatriz Enríquez). La Sociedad Estatal Quinto Centenario fue invitada a participar en el proyecto, pero rehusó respaldarlo porque consideró que el guión contenía algunos perfiles “antiespañolistas”. No obstante, el ministerio de Cultura otorgó a este filme 200 millones de pesetas de subvención, una decisión que motivó críticas en el sector audiovisual español que consideró que esta cantidad se había restado de la destinada a subvencionar producciones españolas.</p>



<p>El filme de Ridley Scott se estrenó el 9 de octubre de 1992. Tampoco obtuvo el aplauso de la crítica, que, con todo, no se mostró destructiva. En <em>Newsweek</em>, David Ansen escribió: <em>“Este espectáculo de 50 millones de dólares puede ser una de las películas épicas menos entretenidas jamás rodadas”. </em>En El País, Ángel Fernández Santos escribió: <em>“La cosa de los Salkind es un atentado contra las panta- llas; no es cine, sino una penosa simulación de cine. En cambio 1492 es siempre cine, y en una gran parte de su metraje, buen cine”. </em>Otros críticos también des- tacaron su calidad visual, al mismo tiempo que censuraban su interés. <em>“1492 es tan hermoso como vació”, </em>dijo el crítico de cine de <em>The Washington Post.</em></p>



<p></p>



<p><strong>MÁS FILMOGRAFÍA SOBRE CRISTÓBAL COLÓN</strong></p>



<p>Las dos películas tuvieron un resultado parecido en la taquilla. <em>Cristóbal Colón: el Descubrimiento </em>sumó en las salas españolas 491.141 espectadores, una cifra parecida a la obtenida por <em>1492: la conquista del paraíso. </em>Diez años antes, en 1982, en los cines españoles se había estrenado una versión grotesca y dispara- tada del viaje de Colón: el filme de Mariano Ozores titulado <em>Cristóbal Colón, de oficio descubridor, </em>protagonizado por Andrés Pajares (Colón). Fiorella Faltoyano (Isabel la Católica) y la pareja de cómicos Zori y Santos (los hermanos Pinzones). Sumó en taquilla más de 1.500.000 espectadores.</p>



<p>Antes de 1992 -y de 1982- el primer viaje de Colón había sido llevado al cine en tres películas destacables. La primera, por orden de antigüedad, es el filme mexicano <strong><em>Cristóbal Colón, </em></strong>producido por Francisco Hormaechea de la Sota, dirigido por José Díez Morales, y protagonizado por Julio Villareal (Cristóbal Colón) y Consuelo Frank (Isabel la Católica). Se estrenó en 1943. Está considerada una obra notable, por su cuidada ambientación, vestuario y puesta en escena, y por su banda sonora, creada por Rodolfo Halfter.</p>



<p>En 1949 se estrenó en el Reino Unido <strong><em>Christopher Columbus, the Great Adventure, </em></strong>protagonizada por Fredic March (Colón) y Florence Eldridge (Isabel la Católica). Réplicas, a tamaño real, de La Niña y la Santa María, viajaron de Cádiz a Londres para el rodaje, en el que resultó completamente dañada, por un incendio, la réplica de la Santa María. El periódico <em>The New York Times </em>consideró el film <em>“una amplia y poco inspirada sucesión de episodios legendarios que en esta cinta resultan sin vida”. </em>El gobierno español, que había colaborado en la creación de las carabelas, resultó molesto por el tratamiento que recibían en este filme tanto Colón como los Reyes y encargó al director Juan de Orduña, que había obtenido grandes éxitos con <em>Locura de amor y Agustina de Aragón, </em>una réplica al filme británico que se completaría, en 1951, con el título de <strong><em>Alba de América.</em></strong></p>



<p>Producida por CIFESA, <em>Alba de América </em>contó con el incondicional apoyo de las autoridades franquistas, que aplaudieron su contenido hagiográfico, glorificador de la hazaña de Colón y del papel de los Reyes Católicos. Antonio Vilar interpretó a Colón y Amparo Rivelles a Isabel la Católica. Contó con la asesoría artística del Marqués de Lozoya, la asesoría histórica de Menéndez Pidal y la asesoría naval del almirante Julio Guillén Tato. Se construyó una carabela para el rodaje de la película. <em>Alba de América </em>llegó a las pantallas en diciembre de 1951. A los largometrajes sobre Colón, se añadiría, en 1992, la serie documental <strong><em>Colón y la Era del Descubrimiento, </em></strong>producción de RTVE; y en 2017 y 2023 breves documentales educativos lanzados en la plataforma You Tube como material audiovisual de apoyo para la asignatura de Historia en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).</p>



<p></p>



<p><strong>PIZARRO, CORTÉS, CABEZA DE VACA, ORDAZ Y BALBOA</strong></p>



<p>Si la filmografía relativa a la gesta de Colón puede parecer escasa, aún más corta resulta la lista de películas dedicadas a los exploradores, conquistadores, misioneros y aventureros españoles en América en el siglo XX, antes de la eclosión de los formatos digitales y el crecimiento de la demanda de largometrajes por parte de las cada vez más numerosas cadenas y plataformas de televisión.</p>



<p>Una de las películas más antiguas y destacadas, entre cuantas abordan la aventura de los exploradores, es <strong><em>Los conquistadores del Pacífico</em></strong>, una producción española estrenada en 1963, dirigida por José María Elorrieta. Narra la carrera como explorador de Núñez de Balboa, desde su salida de Santo Domingo hasta que se convirtió en el primer europeo que divisó el Mar del Sur, luego llamado Océano Pacífico. Frank Latimore encarnó a Núñez de Balboa y Jesús Puente a Francisco Pizarro.</p>



<p>La historia de Francisco Pizarro fue llevada al cine en la producción británica de 1969 <strong><em>La caza real del sol. </em></strong>Dirigida por el estadounidense Irving Lerner, contó con un guión basado en un drama de Peter Shaffer, autor de <em>Amadeus</em>, y con un reparto notable, encabezado por Christopher Plummer (Atahualpa) y Robert Shaw (Francisco Pizarro).</p>



<p>En 1972, se estrenó la producción de la RFA, Alemania del Oeste, <strong><em>Aguirre o la cólera de Dios, </em></strong>dirigida por Werner Herzog. En 1988, se estrenó <strong><em>El Dorado, </em></strong>de Carlos Saura. La búsqueda de la ciudad mítica, la ciudad de oro escondida en la Amazonia, es el eje central de <strong><em>El Dorado: El Templo del So</em></strong>l (2000) y <strong><em>La ruta hacia el Dorado </em></strong>(2000). La primera es un filme de aventuras, sucedáneo de Indiana Jones, sin relación con las crónicas de los exploradores españoles. <em>La ruta hacia El Dorado </em>es un filme de animación producido por Dream Works, la productora de Steven Spielberg, que cuenta la historia de dos estafadores que tras conseguir en España un mapa de El Dorado llegan al destino que buscaban y son confundidos con dioses. Las voces originales de los personajes fueron aportados por Kevin Kline, Kenneth Branagh y Armand Assante, la banda sonora fue de Hans Zimmer y contó con canciones escritas por Elton John y Tim Rice.</p>



<p>La figura de Hernán Cortés aparece en el filme mexicano <strong><em>La otra conquista </em></strong>(1998) que narra, desde el punto de vista de un hijo del emperador Moctezuma, el sufrimiento azteca por la imposición de una nueva cultura y religión. En 2019, se estrenó la serie <em>Hernán</em>, una coproducción de RTVE y TV Azteca, en la que Óscar Jaenada interpretaba el papel de Cortés.</p>



<p>Otra coproducción hispanomexicana llevo a las pantallas <strong><em>Cabeza de Vaca </em></strong>(1991), dirigida por Nicolás Echeverría con Juan Diego en el papel del explorador español. En clave documental hay que destacar la producción mexicana de <strong><em>Hernán Cortés, un hombre entre Dios y el diablo </em></strong>(2016) dirigido por Fernando González-Sitges, que muestra la cara más humana del conquistador, un personaje lleno de luces y de sombras. Producción también mexicana, sin participación española, fue la película <strong><em>Epitafio </em></strong>(2015), dirigida por Rubén Imaz y Yulene Olaizo- la. Narra el ascenso de Diego de Ordaz y dos compañeros al volcán Popocatépetl, una misión de vital importancia para el ejército aliado comandado por Cortés.</p>



<p></p>



<p><strong>ECOS DEL ENCUENTRO DE LOS ESPAÑOLES CON AMÉRICA</strong></p>



<p>Varias películas, series y documentales han tratado, ya en este siglo, de la llegada de los españoles a América de forma genérica o desarrollando a la vez la historia de varios de sus principales protagonistas. Es el caso de <strong><em>Oro </em></strong>(2017) de Agustín Yanes, en la que resuenan ecos de las expediciones de Orellana, Ursúa y Lope de Aguirre, y de <strong><em>También la lluvia </em></strong>(2010), coproducida por México, Francia y España, dirigida por Iciar Bollaín, que narra el intento de rodaje en Bolivia durante la llamada Guerra del Agua de una película sobre Cristóbal Colón, con referencias y reflexiones sobre el legado de los exploradores.</p>



<p>Diferentes cadenas o plataformas productoras o distribuidoras de TV han abordado también historias, generales o particulares, de los españoles del siglo XVI en América. <strong><em>Conquistadores:</em></strong> <strong><em>Adventum</em></strong> (2017) es una serie producida y distribuida por Movistar Plus, que narra, en ocho capítulos, cómo fueron los primeros 30 años del descubrimiento por parte de los españoles del territorio americano y su conquista. Globomedia y Colombiana Dynamo produjeron para Antena 3 la miniserie <strong><em>El corazón del océano </em></strong>(2014), adaptación del libro de Elvira Me- néndez que narra el viaje de ochenta mujeres jóvenes de familias hidalgas a Pa- raguay. RTVE, participó con Chilevision en la producción de <strong><em>Inés</em></strong> <strong><em>del</em></strong> <strong><em>alma</em></strong> <strong><em>mía </em></strong>(2020), serie de 8 episodios, basada en el libro del mismo título de Isabel Allende. Narra la historia de Inés Suárez, que formó parte de la expedición a Chile de Pedro de Valdivia y participó en la fundación de Santiago de Chile.</p>



<p>Sin referencias concretas a la nacionalidad del padre Gabriel (Jeremy Irons) y del capitán Rodrigo de Mendoza (Robert de Niro) la historia que cuenta <strong><em>La misión </em></strong>(1986), producción británica dirigida por Roland Joffe, tiene como telón de fondo el Tratado de Madrid (1750), la disputa entre España y Portugal por la Colonia del Sacramento, y, sobre todo, el papel de la Compañía de Jesús en los asentamientos de indígenas conocidos como las reducciones jesuíticas.</p>



<p></p>



<p><strong>CINE Y TV SOBRA LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO</strong></p>



<p>El quinto centenario del comienzo de la primera expedición que dio la vuelta al mundo se presentó en el calendario sin que existiera una película sobre la aventura, como comentaba, asombrado, en 2003, el productor Miguel Menéndez. El propio Menéndez impulsó ese mismo año la realización de una serie sobre el viaje de Magallanes y Elcano que acabarían produciendo Mono Films, Fulwell 73 y Kilima Media, para distribuirla por RTVE, con un presupuesto de 25 millones de euros, lo que la convertiría en una de las producciones más caras de la historia de las series para televisión. La serie, titulada <strong><em>Sin límites</em></strong>, fue dirigida por Simón West, director, entre otras, de <strong><em>Con Air y Lara Croft: Tomb Raider, </em></strong>y protagonizada por Rodrigo Santoro (Magallanes) y Álvaro Morte (Elcano). Acabaría estrenándose en 2022. Antes, había llegado a las pantallas de cine la película de animación <strong><em>Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo </em></strong>(2019), una producción de RTVE, ETB y Dibulitoon Studios, y a las pantallas de televisión los documentales de RTVE <strong><em>La primera vuelta al mundo </em></strong>(2019) y <strong><em>La ruta infinita </em></strong>(2022), cuya temática, la primera vuelta al mundo, fue también tratada en la serie documental, de seis capítulos, <strong><em>La primera vuelta al mundo </em></strong>(2019), producida y emitida por el Canal Historia, y por el documental <strong><em>Rumbo a las Molucas </em></strong>(2019), patrocinado por la Diputación de Cádiz, con la colaboración del Archivo General de Indias de Sevilla y la Fundación Nao Victoria, rodado en más de 35 localizaciones.</p>



<p></p>



<p><strong>LAS EXPEDICIONES EN ÁFRICA, EL ÍNDICO Y EL PACÍFICO</strong></p>



<p>La huella de los exploradores españoles en África solo tiene una referencia audio- visual: el documental <strong><em>Manuel</em></strong> <strong><em>Iradier,</em></strong> <strong><em>en</em></strong> <strong><em>busca</em></strong> <strong><em>de</em></strong> <strong><em>lo</em></strong> <strong><em>desconocido</em></strong> (2013), una producción de RTVE y ETB, que relata la vida de Manuel Iradier y Bulfy y sus expediciones por el Golfo de Guinea y el actual territorio de Guinea Ecuatorial.</p>



<p>El documental <strong><em>El galeón de Manila y la primera globalización </em></strong>(2015), producido por RNE, describe la importancia de la ruta comercial del galeón de Manila, basada en el hallazgo del tornaviaje por Andrés de Urdaneta.</p>



<p>Dos producciones del Canal Historia viajaron, también, al Índico y al Pacífico para documentar expediciones pioneras protagonizadas por navegantes españoles. El documental <strong><em>En busca de las Molucas: el sueño de las especias </em></strong>(2007), de Canal Historia, se centra en las expediciones lideradas por García Jofre de Loaysa, Miguel de Legazpi y los viajes de Andrés de Urdaneta. posteriores al viaje de Magallanes y Elcano. La serie documental <strong><em>Pacífico; los hombres del mar </em></strong>(2013), también de Canal Historia, incluye referencias a las grandes expediciones españolas al Pacífico lideradas por Álvaro de Mendaña, Isabel Barreto, Pedro Fernández de Quirós y Luis Váez de Torres.</p>



<p>La última gran expedición española recogida en un documental para la televisión es <strong><em>Malaspina, el mar no basta </em></strong>(2007), una producción de RTVE centra- da en la figura del Alejandro Malaspina y en la histórica expedición que lideró junto con José Bustamante y Guerra, entre 1789 y 1794, y que denominó, en su informe final, “viaje político científico alrededor del mundo”<br><br><em>* Mariano López es periodista.</em></p>



<p></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/exploradores-espanoles-cine/">Los exploradores españoles en la gran pantalla</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El legado de los primeros viajeros</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/legado-primeros-viajes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Dec 2024 13:20:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 79]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=35683</guid>

					<description><![CDATA[<p>Cuando analizamos lo (poco) que sabemos sobre nuestra propia historia encontramos el imbatible camino trazado por los clásicos detrás de cada dato, cada accidente geográfico y cada referencia mitológica. ¿Quién nos habló de esas leyendas...</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/legado-primeros-viajes/">El legado de los primeros viajeros</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Emma Lira<br></strong></p>



<p>Boletín 79 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Viajes de papel: literatura y libros de viajes<br><br><strong>Cuando analizamos lo (poco) que sabemos sobre nuestra propia historia encontramos el imbatible camino trazado por los clásicos detrás de cada dato, cada accidente geográfico y cada referencia mitológica. ¿Quién nos habló de esas leyendas sobre las columnas de Hércules que la tradición situaría en Gibraltar, sino Homero? ¿Quién sino Heródoto nos cuenta las costumbres de los íberos? ¿Quién, sino Avieno, nos dibuja los contornos de la mítica Tarteso?</strong></p>



<p>Rastreamos nuestra historia y nuestra geografía, buscamos otros horizontes con curiosidad o afán exploratorio porque alguien, antes que nosotros lo ha hecho. Enfrentamientos, exilios, prospecciones, rutas comerciales o colonizaciones fueron los motores que comenzaron a conectar los diferentes puntos del mundo conocido hace milenios. Quiero pensar que en cuanto el ser humano pudo asentarse, rodearse de una muralla y explotar los recursos agrícolas y ganaderos, su alma aún nómada sintió de nuevo irrefrenablemente el ansia de marchar.</p>



<p>Posidonio describió la costa mediterránea, Polibio nos contó las guerras púnicas y Estrabón nos ofreció detalladas descripciones sobre la Hispania romana. Los recursos minerales, los nombres de las tribus e incluso de los caudillos, las distancias que separan cada puerto, los templos, las montañas o los ríos fueron cuidadosamente anotados tras navegaciones inciertas y entrevistas a marineros. Y cuando no hubo guerras ni imperantes necesidades comerciales, la incipiente topografía y la innata curiosidad ayudaron a alimentar la pasión de viajar porque sí, sin excusas, por puro conocimiento. Si su intención no fue acercar un poco más el mundo, podríamos decir que fue la consecuencia.</p>



<p><strong>EL VIAJE DEL HÉROE DE HOMERO</strong></p>



<p>Quizá la primera crónica de un viaje sea la Odisea de Homero, una obra griega clásica que narra el viaje de regreso del héroe Odiseo a su hogar, Ítaca, después de la histórica Guerra de Troya. Aunque aún existe un debate abierto sobre si Homero fue efectivamente su autor y sobre su datación (en torno al VIII a. C.) lo incuestionable es lo que cuenta: un viaje a lo largo de diez años por el mundo conocido en la época, abordando diferentes personas y lugares. Los emplazamientos reflejan la dimensión cultural del Mediterráneo antiguo y conectan el mito con la realidad, pero también permiten hablar de distancias, de mundos bárbaros y salvajes, y de la tentación a la que continuamente someten al viajero, distrayéndole de su objetivo, el regreso.</p>



<p>Troya como punto de partida, Ítaca como destino, el mar ambivalente que representa por igual la libertad y la amenaza, las islas míticas que “atrapan” a los viajeros, el descenso al Hades como búsqueda del conocimiento… la <em>Odisea </em>no solo narra un desplazamiento físico, sino también el viaje interior de Ulises, a través del cual el héroe se enfrentará a numerosos desafíos que lo obligan a crecer, aprender y madurar. Ese es el auténtico legado de la <em>Odisea</em>, el permitirnos, como a Ulises, viajar con dudas e incidencias, no como un héroe, sino como simples mortales, para que el viaje se convierte en una búsqueda de identidad, en un proceso de transformación personal y, en definitiva, en una metáfora de la vida. Si Homero pretendía mostrar al lector las amenazas que acechan más allá del mundo conocido</p>



<p>no lo consiguió. Las generaciones posteriores vemos en la <em>Odisea </em>el atractivo que supone la exploración de lo desconocido, una auténtica invitación a salir de nuestra zona de confort y aventurarnos en lo imprevisible.</p>



<p><strong>HERÓDOTO, EL PADRE DE LA HISTORIA</strong></p>



<p>En el siglo V. a. C. el griego Heródoto ya había realizado extensos viajes por el mundo de su época y empezaba a plasmar sus experiencias en sus <em>Historias</em>. Aunque su enfoque principal eran las guerras médicas entre Grecia y Persia, dedicó una parte considerable de su obra a describir los lugares, pueblos y costumbres de las diversas regiones que visitó o de las que tuvo noticia. Entre ellas destacaban Egipto, Escitia, Grecia, Libia, Arabia, la India y el resto de los territorios al este de Persia.</p>



<p>La novedad de su narración es su capacidad para centrarse en las personas. Heródoto se interesa especialmente por los habitantes, describiendo las costumbres, tradiciones, creencias religiosas y formas de vida de los diferentes pueblos que conoce, pero también presta especial atención a la Historia aderezada con los mitos y las leyendas que la componen, hasta tal punto que se ha convertido en una fuente primaria de primer orden a la hora de comprender la diversidad cultural y geográfica del mundo antiguo. De hecho, es considerado uno de los primeros historiadores en intentar verificar sus fuentes y ofrecer una visión crítica de los acontecimientos.</p>



<p>En la concepción del viaje moderno la herencia de Heródoto nos aporta el espíritu aventurero, la curiosidad, y una gran capacidad para la observación al igual que una encomiable búsqueda de la verdad, a pesar de que algunas de sus historias pueden contener elementos legendarios, propios de la época. Heródoto no se limitaba a narrar los hechos, sino que también comparte sus propias experiencias y reflexiones, al estilo de un cronista de viajes. Esto convierte sus Historias en un relato personal y cercano, capaz de conectar con el lector de una manera profunda, e invitándonos a seguir su estela.</p>



<p><br><strong>LA GEOGRAFÍA DE ESTRABÓN</strong></p>



<p>Si Homero nos obsequió con el primer viaje de la Historia, siete siglos después, el geógrafo griego Estrabón, nos regaló el primer Atlas. En el siglo I a.C., Estrabón escribió una obra en 17 libros llamada <em>Geografía</em>, pero en ella no se limitó a describir lugares, sino que analizó sus características físicas, históricas, culturales y económicas. Su obra abarca contenidos geográficos que van desde Europa hasta Asia, incluyendo regiones como Grecia, Siria, Palestina, Arabia, Egipto, India y Etiopía, sin excluir los lugares más alejados del núcleo mediterráneo como eran Hispania o la Galia.</p>



<p>A diferencia de otros geógrafos de su época que se centraban en cálculos matemáticos y mapas precisos, Estrabón priorizaba la descripción detallada, y en una concepción periodística de la narración optaba por una compilación de diferentes fuentes ofreciendo un relato más rico y variado. Su obra destila un genuino interés por las culturas, las historias y las tradiciones de los pueblos que habitaban las regiones que describía, haciendo hincapié en cómo el clima, el relieve y los recursos naturales influían en las actividades humanas. Sus textos nos permiten aún ahora reconstruir la visión que tenían los antiguos griegos y romanos del mundo, conocer los paisajes y pueblos de la antigüedad y comprender los medios de producción, así como las rutas comerciales y las relaciones entre las diferentes culturas.</p>



<p>En el caso de Hispania es el primero que se esfuerza en resaltar la influencia de los pueblos fenicios y cartagineses, así como el impacto que produce en el territorio y sus habitantes la romanización forzosa. Quiero pensar que Estrabón, probablemente sin ser consciente de ello, nos ha ayudado a la hora de viajar desde la perspectiva de la historia, a preguntarnos por los hechos que han determinado el desarrollo de las regiones que visitamos. A no quedarnos en el paisaje, sino a los hechos y las personas que lo conforman.</p>



<p><strong>EL MUNDO CONOCIDO DE PAUSANIAS</strong></p>



<p>Pausanias fue un viajero, geógrafo e historiador griego del siglo II d.C. cuya principal contribución a la cultura y al conocimiento humano radica en su obra <em>Descripción de Grecia</em>. En esta extensa guía de viajes, Pausanias nos ofrece una mirada detallada y personal a la Grecia antigua que recorrió personalmente visitando ciudades, santuarios, templos y monumentos y ofreciendo detalladas descripciones sobre los mismos.</p>



<p>Pero además de los hechos históricos, Pausanias también recopiló y narró los mitos y leyendas asociados a cada lugar. Eso nos permite comprender la cosmovisión griega, la forma en que los antiguos griegos veían el mundo, así como als tradiciones y rituales de los habitantes de cada lugar. Pausanias creo una auténtica guía de viaje de la Grecia antigua, que ha supuesto un documento de un valor increíble tanto para la localización de yacimientos arqueológicos, como para los estudiosos y viajeros durante siglos.</p>



<p>Su visión personal y subjetiva de la Grecia antigua ha influido en generaciones de viajeros, escritores y artistas posteriores de tal manera que podría decirse que Pausanias aporta al viajero actual la idea del viaje como aprendizaje. El geógrafo griego no solo describe los lugares que visita, sino que los pone en valor ofreciéndonos una inmersión en la historia, la mitología y la cultura de su país. Como el observador meticuloso que era describía con detalle los monumentos, los paisajes, las costumbres y las leyendas asociadas a cada lugar y a través de ese enfoque transmite al lector una fascinación y un respeto por el pasado y por las raíces culturales que trasciende al viajero moderno. Sus escritos reflejan también varias de las características que se le presuponen al viajero actual: curiosidad intelectual, permanente capacidad de asombro y capacidad de planificación. Tres elementos imprescindibles para que un viaje suponga un éxito.</p>



<p><strong>ORA MARÍTIMA, EL VIAJE NARRADO POR AVIENO</strong></p>



<p>La <em>Ora Marítima </em>es una obra poética latina de gran importancia histórica y geográfica, escrita por el poeta Rufo Festo Avieno en el siglo IV d.C como un compendio de diversas fuentes antiguas, entre ellas el Periplo de Massalia, probablemente un texto griego del siglo VI a.C. Su narración nos ofrece una valiosa ventana al conocimiento geográfico y marítimo del mundo antiguo, especialmente del Mediterráneo y las costas atlánticas, con importantes datos sobre la geografía de la época, que incluyen desde referencias mitológicas a la ubicación de lugares, distancias y características naturales. En la actualidad supone una importantísima foto fija del momento en que se escribió y, por tanto, una fuente imprescindible para historiadores, geógrafos y arqueólogos.</p>



<p>Avieno dedica una parte importante del poema a describir las costas de la Península Ibérica, mencionando lugares como Tartessos, Gades (Cádiz), el Estrecho de Gibraltar, y diversas tribus y pueblos que habitaban la actual España, pero también describe diferentes lugares de la Galia, así Britania, el Mar Negro y otras regiones del Mediterráneo oriental. Su constante revisión deriva de la dificultad de equiparar algunos de los lugares que se describen con su correspondencia real como consecuencia de los cambios geográficos o las diferentes interpretaciones.</p>



<p>Pero su vigencia es eterna y sobre todo muestra el interés mantenido a lo largo de los siglos por conservar el “secreto” de la ruta a seguir. Un documento equiparable a una de nuestras guías de viajes que incluyera referencias y coordenadas. Con el añadido de que es en verso. Y en latín, claro.</p>



<p><br><strong>EL ITINERARIO DE EGERIA</strong></p>



<p>Egeria fue una mujer cristiana del siglo IV, probablemente de origen hispano, conocida por el viaje realizado -y documentado- a Tierra Santa. Su relato es uno de los primeros diarios de viaje de una mujer y una de las fuentes más importantes para conocer la vida religiosa y las costumbres de la época. Narra detalladamente el viaje realizado a Oriente entre los años 381 y 384 d. C. En él, describe los lugares que visitó, entre los que se encuentran Egipto, Palestina y Jordania donde conoce Jerusalén, Belén, el río Jordán o el Mar Muerto, Antioquía, en el sur de Siria o la capital del Imperio romano de Oriente, la entonces Constantinopla. Egeria narra con desenvoltura las costumbres de los cristianos locales, las celebraciones litúrgicas y sus propias reflexiones sobre la fe y su testimonio es especialmente importante porque supone una de las pocas y valiosísimas fuentes escritas por una mujer en la Antigüedad tardía, ofreciendo una perspectiva única sobre los Santos Lugares, la vida religiosa y social de la época, y las costumbres y tradiciones de los pueblos que fue encontrando a lo largo de su camino.</p>



<p>Egeria es considerada la primera gran peregrina de la historia. Podríamos hablar de ella como una precursora del turismo cultural pues su relato pone por primera vez en valor el patrimonio histórico de los lugares por los que pasaba. El llamado <em>Itinerario </em>inspiró a innumerables personas a emprender viajes a Tierra Santa y otros lugares sagrados a lo largo de los siglos, promoviendo el desarrollo de una incipiente infraestructura turística consistente en rutas, albergues y servicios para viajeros religiosos, sentando las bases del turismo religioso moderno, cuatro siglos antes de que existiera Santiago de Compostela. Su relato, con información detallada sobre la vida cotidiana, las costumbres y las creencias de la época es una fuente invaluable para historiadores, antropólogos y lingüistas y está considerado uno de los primeros ejemplos de literatura de viajes.</p>



<p><strong>EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS DE MARCO POLO</strong></p>



<p>El <em>Libro de las Maravillas</em>, es una obra de viajes escrita por el mercader veneciano Marco Polo a finales del siglo XIII. Dictada a Rustichello de Pisa durante su cautiverio en Génova, este libro se convirtió rápidamente en un <em>bestseller </em>de la época cautivando a lectores de todas las generaciones. En sus páginas, Marco Polo nos transporta a un Oriente misterioso y exótico, describiendo con detalle las tierras, ciudades, costumbres y maravillas que encontró durante sus viajes por el Imperio Mongol, China y otras regiones de Asia. Su éxito es atribuible a la descripción de un oriente fascinante, repleto de descripciones completamente desconocidas para los europeos de la época, como la figura del Gran Khan, la Gran Muralla China, el papel moneda o los métodos de navegación.</p>



<p>Aunque algunas de las historias de Marco Polo han sido recientemente cuestionadas, el <em>Libro de las Maravillas </em>ha trascendido las fronteras del tiempo y su influencia se ha dejado sentir en la literatura, la cartografía y la exploración. El relato inspiró a muchos exploradores posteriores, como Cristóbal Colón, a aventurarse en busca de nuevas tierras y riquezas y sigue siendo una valiosa fuente de información sobre Asia en la Edad Media. De hecho, la visión que Marco Polo transmitió sobre Asia contribuyó a cambiar la visión que Europa en general tenía del continente vecino, ayudando a desmitificar muchas leyendas y proporcionando un importante impulso a la exploración, y a la expansión del conocimiento geográfico.</p>



<p>El viaje moderno encuentra en la obra de Marco Polo puntos comunes tales como la concepción del viaje como un hecho transformador, la permanente fascinación por lo exótico que nos hace buscar continuamente nuevas experiencias y aventuras auténticas alejadas de destinos masificados y el valor del intercambio cultural, gracias al que todo viaje no es sino una oportunidad para adquirir conocimiento. Y al igual que Marco Polo compartió sus aventuras al regresar a Venecia, los viajeros actuales utilizan las redes sociales para documentar y compartir sus experiencias, inspirando a otros a explorar el mundo.</p>



<p><br><strong>LA RHILA A LA MECA DE IBN BATTUTA</strong></p>



<p>En el siglo XIV, el explorador marroquí Ibn Battuta emprendió una de las travesías más extensas de la historia. Partió de Tánger en 1325 con la intención de realizar la peregrinación que todo musulmán debe hacer a La Meca, sin embargo, una vez finalizada, en lugar de regresar a casa, decidió continuar viajando. Durante casi tres décadas, Ibn Battuta recorrió vastas extensiones de tierra, cruzó océanos y se sumergió en diversas culturas desde el norte de África hasta China, pasando por Oriente Medio, Asia Central, la India, el Sudeste Asiático y África subsahariana. Al regresar a Marruecos, Battuta dictó un relato detallado de sus viajes, una <em>rhila </em>o relato de viajes, que constituye una visión única del mundo medieval, con una narración pormenorizada de costumbres, religiones, ciudades y paisajes. Sus viajes contribuyeron a respetar la diversidad de culturas y creencias, a expandir el conocimiento geográfico, mapear el mundo conocido, promover el intercambio cultural e inspirar a futuras generaciones de exploradores. La <em>Rihla </em>de Ibn Battuta fue una de las primeras guías de viaje detalladas. Y algunas de sus rutas se siguen haciendo incluso en la actualidad.</p>



<p><strong>LA DESCRIPCIÓN GENERAL DE ÁFRICA DE LEÓN EL AFRICANO</strong></p>



<p>León el Africano, cuyo nombre original era al-Hasán ibn Muhammad al-Wazzán al-Zayyáti, fue un explorador y geógrafo árabe que vivió a caballo entre los siglos XV y XVI. Su vida y obra lo convirtieron en una figura clave en la comprensión de África y el mundo árabe durante el Renacimiento. Nacido en Granada, en una familia de eruditos, León el Africano vivió la conquista cristiana de la ciudad en 1492, tras la cual, se vio obligado a exiliarse en Fez, Marruecos, donde completó su formación. Su curiosidad por el mundo lo llevó a emprender extensos viajes por el norte de África y el Sahel, llegando hasta Tombuctú.</p>



<p>Su obra más famosa, Descripción de África, es un compendio geográfico e histórico que se convirtió en una de las principales fuentes de información sobre el continente africano para los europeos durante siglos. En él, el autor describe detalladamente las ciudades, los pueblos, las costumbres, la geografía y la historia de las regiones que visitó, actuando como puente entre el mundo árabe y el mundo cristiano, y transmitiendo conocimientos valiosos sobre África a los europeos.</p>



<p>Su obra proporcionaría a estos últimos una visión más precisa y detallada del continente vecino, desafiando muchos de los estereotipos y mitos que existían en ese momento hasta tal punto que inspiraría a exploradores como Vasco da Gama, a emprender sus propios viajes hacia África.</p>



<p>Su obra sigue siendo una fuente de referencia para historiadores, geógrafos y africanistas. No solo contribuyó al trazado de mapas más precisos, sino que reveló la existencia de grandes imperios y ciudades que, como Tombuctú, eran desconocidos para muchos europeos. Su desmitificación de África ayudó a percibir su gran diversidad cultural y étnica desafiando la visión estereotipada de un continente homogéneo y “bárbaro”. Y contribuyó al enriquecimiento cultural de Europa, al facilitar el intercambio de conocimientos e introducir nuevas ideas y perspectivas sobre el mundo.<br><br><strong>Bibliografía básica:</strong></p>



<p><em>Odisea, Homero (Gredos. 2019). Y Odisea Liberada (Blackie Books. 2022)<br></em><em>Historia, Herodoto (Edaf. 2024)<br></em><em>Geografía, Estrabón (Alianza Editorial. 2015)<br></em><em>Viaje de Egeria (La línea del horizonte. 2024)<br></em><em>El libro de las Maravillas, Marco Polo (Alianza Editoral. 2018)<br></em><em>A través del Islam, Ibn Battuta (Alianza, 2005)<br></em><em>Descripción de África, León el Africano (El Legado andalusí. 1995)<br></em><em>León el africano, Amin Maalouf (1986) (Alianza, 2018)</em></p>



<p><em>* Periodista y escritora, autora, entre otros libros, de “Espejismo, viaje al Oriente desaparecido”, “El último árbol del paraíso”, “Búscame donde nacen los dragos” y “La luna sobre Roma”. Colaboradora de National Geographic y miembro del Consejo de Redacción de la SGE.</em></p>



<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/legado-primeros-viajes/">El legado de los primeros viajeros</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Derroteros: las guías de viaje de los marinos</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/derroteros/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Dec 2024 11:55:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 79]]></category>
		<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Rutas]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=35647</guid>

					<description><![CDATA[<p>Desde la Antigüedad, los marinos y navegantes describieron sus viajes en los llamados derroteros, periplos o libros portulanos, descripciones<br />
meticulosas, casi a modo de guías de de viajes, que durante siglos orientaron a los viajeros por mar.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/derroteros/">Derroteros: las guías de viaje de los marinos</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Mª Luisa Martín Merás</strong></p>



<p>Boletín 79 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Viajes de papel: literatura y libros de viajes</p>



<p><br><br><strong>Desde la Antigüedad, los marinos y navegantes describieron sus viajes en los llamados derroteros, periplos o libros portulanos, descripciones meticulosas, casi a modo de guías de viajes, que durante siglos orientaron a los viajeros por mar. Especialmente durante los siglos XVI y XVII ocuparon un lugar muy importante en nuestra literatura de viajes, en particular en los relatos de las aventuras que llevaban al Nuevo Mundo.</strong></p>



<p>Un derrotero es una descripción náutica de una ruta marítima, específica para marinos y pilotos, que frecuentemente tienen como destino lugares adónde nunca han navegado. Estos libros describen y representan las costas, bajos fondos, señalizaciones (boyas, faros, balizas, etc.), perfiles visuales de las costas, avisos de peligros, formas de navegación convenientes, acceso a puertos, etc. Es decir, contienen el conjunto de observaciones, hechas en un viaje por mar, útiles para la navegación del piloto y de navegantes futuros. Se menciona la existencia de este tipo de documentos desde la más remota Antigüedad, bajo el título de periplos, libros portulanos y derroteros, siendo un ejemplo fundamental de la recopilación de experiencias prácticas para el ejercicio de la navegación durante siglos.</p>



<p>Si consideramos que una guía de viajes es “un libro de información sobre un lugar, diseñado para el uso de visitantes o turistas, donde se relatan experiencias viajeras sin aspectos literarios y narrativos, y cuyas características geográficas e históricas condicionan el relato” (1), podemos incluir a estos derroteros de los siglos XVI y XVII dentro de la literatura de viajes, en la modalidad de guías de viaje especializadas, ya que muchos de ellos reúnen los requisitos mencionados en la definición citada más arriba.</p>



<p>Con motivo del descubrimiento de América, se creó en 1503 la Casa de la Contratación de Sevilla, que se ocupaba del comercio con las Indias, Canarias y Berbería y actuaba como escuela de pilotos, pues pronto se hizo patente la necesidad de instruirlos en sus navegaciones a América. Los libros de navegación que salieron de su entorno fueron concebidos como libros de texto para enseñar a los pilotos los rudimentos técnicos del arte de navegar y se englobaban bajo el nombre genérico de “regimientos de navegación”; solían incluir un derrotero donde se explicaba la navegación a las Indias con la derrota a las Antillas, a Tierra Firme y otros lugares.</p>



<p>Los primeros derroteros de América son evidentemente españoles y recogían las derrotas que hacían las flotas de Indias desde España, saliendo de Sevilla, a las Antillas, Veracruz y Honduras, y la vuelta a España desde Cuba, donde se unían las flotas de Nueva España y Tierra Firme para, juntas y protegidas, volver a la metrópoli. Sin embargo, los derroteros publicados son escasos, debido al estricto secreto con que se manejaban los descubrimientos y rutas americanas. <em>La Suma de geografía que trata de todas las partidas y provincias del mundo: en especial de las Indias y trata largamente del arte del marear </em>de Martín Fernández de Enciso en 1519, es una descripción geográfica de las partes del mundo, empezando por Europa y terminando por el Nuevo Mundo recién descubierto, del que presenta una lista de lugares con sus latitudes bastante acertadas, además de una detallada explicación de de las costumbres de sus naturales, zoología y botánica, especialmente del área antillana. Parece que el libro incluía una carta de navegar que no se publicó, precisamente para no dar noticias a los extranjeros.</p>



<p><strong>LA INFORMACIÓN SECRETA DE LOS DERROTEROS</strong></p>



<p>Andrés García de Céspedes, que era cosmógrafo mayor del Consejo de Indias, incluyó en su <em>Regimiento de Navegación </em>en 1606, un derrotero para explicar detalladamente el nuevo padrón real. Por su parte Francisco de Seixas y Lobera, publicó en 1690 <em>Descripción geográfica y derrotero de la Región Austral Magallánica</em>, con un mapa del estrecho de Magallanes que tuvo que retirar por indicación del Consejo de Indias. En 1585 Andrés de Poza con su obra <em>Hidrografía</em>, que era un derrotero de las costas europeas, desde el estrecho de Gibraltar hasta Holanda, no tuvo ningún problema en su publicación, ya que sus rutas eran sobradamente conocidas por los países europeos.</p>



<p>Llama la atención que casi ningún derrotero o tratado de navegación práctica, escrito por españoles, haya sido publicado en su tiempo, a pesar del indudable interés que despertaron en los siglos XVI y XVII los asuntos marítimos en España. Parece ser que el principal obstáculo era la negativa para conceder el permiso de impresión por parte del Real Consejo de Indias, para no divulgar las derrotas seguidas por las flotas ni los sistemas defensivos de los puertos americanos. A tal fin, los pilotos que habían obtenido el título en el examen de la Casa de Contratación tenían que hacer el juramento <em>“de que bien y fielmente usará su arte y que no enseñará su profesión a ningún estranjero de estos Reinos ni le dará el regimiento, ni derrota de la dicha carrera de las Yndias, ni los instrumento, cartas, aguja, ballestilla, ni astrolabio»</em>. (2)</p>



<p>Por esta razón muchos derroteros a las Indias permanecieron inéditos, ya que facilitaban el conocimiento de las costas a enemigos y corsarios. Entre ellos estaba el <em>Quatripartitu </em>en <em>Cosmographia pratica i por otro nombre llamado espejo de navegantes</em>, de Alonso de Chaves, [1537], cosmógrafo y piloto mayor de la Casa de la Contratación de Sevilla. El libro cuarto de la obra es un derrotero de las “Indias de la Mar Océana”, desde la costa de Perú hasta la navegación del estrecho de Magallanes, con explicación de la distancia en leguas de los lugares, y colocación en latitud de los más importantes. La opinión común es que no recibió el permiso de impresión del Consejo de Indias por la información de las costas americanas que contenía.</p>



<p><em>El Itinerario de navegación de los mares y tierras occidentales</em>, de Juan Escalante de Mendoza [1575], general de la Flota de Tierra Firme, contiene un derrotero clásico desde Sevilla a Nueva España, Honduras y Tierra Firme, con las distancias en leguas de toda la costa occidental hasta el Estrecho de Magallanes, y la derrota de vuelta a España. <em>El Itinerario </em>tampoco logró la licencia de impresión del Consejo de Indias, debido a los abundantes detalles que daba sobre las rutas de las flotas.</p>



<p>Lo mismo le sucedió al derrotero, <em>Luz de navegantes donde se hallaran todas las derrotas y señas de las partes marítimas de las Indias, islas y Tierra Firme del mar Océano</em>, de Baltasar de Vellerino [1592], que se guarda en la biblioteca universitaria de Salamanca. La obra está dividida en dos libros, el primero explica las derrotas que siguen las flotas españolas a las Indias Occidentales, partiendo de Sanlúcar de Barrameda, y detallando las corrientes, vientos, distancias, medios y lugares por los cuales se debe navegar para evitar las dificultades y llegar a buen puerto. Señala los rumbos que se deben tomar según la dirección de los vientos y los accidentes geográficos que pueden servir para reconocer los puertos y la distancia en leguas de unos a otros. De manera somera se detiene además en la descripción de las riquezas naturales, habitantes y otros detalles de los puertos de La Habana, Puerto Rico, Veracruz y Santo Domingo. El segundo libro se titula: <em>“De las señas de las partes de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océano”</em>. Está constituido por 115 dibujos, precedidos de una explicación que el autor llama “señas o señales marítimas”. Los dibujos son perspectivas de costa con una ligera aguada en ocre, azul y verde; están orientados con una flecha inscrita en un círculo y llevan una filacteria donde se señala desde dónde se ha tomado el perfil. Son estos dibujos los que confieren a la obra un carácter especial dentro de los numerosos derroteros de la época.<br><br><strong>DERROTEROS ANÓNIMOS DEL PACÍFICO ILUSTRADOS CON DIBUJO</strong></p>



<p>La mayoría de los derroteros manuscritos del siglo XVI detallan las derrotas y puertos de la costa atlántica de América desde la barra de Sanlúcar hasta San Juan de Úlua y otros lugares de la costa occidental. Pero el estrecho de Magallanes, descubierto en noviembre de 1520, abrió una nueva etapa de navegaciones que hizo del Mar del Sur o Pacífico un espacio a explorar y descubrir. Los viajes por el Pacífico motivaron la necesidad de hacerse con mapas y cartas, perfiles de costas y planos de puertos, sobre todo en la región austral, por la imposibilidad o peligrosidad de navegar junto a la costa, lo que hizo necesario elaborar y unificar la cartografía del Mar del Sur, difundiéndola entre los pilotos de la Corona. A mediados del siglo XVII, a medida que avanzaban los descubrimientos en las costas del Pacífico y los viajes a Filipinas, encontramos muchos derroteros específicos para esa navegación, que solía empezar en Acapulco o Callao y descender hasta el cabo de Hornos. Estos derroteros de la costa pacífica de América constituyen un conjunto de manuscritos muy valioso que reposa en bibliotecas y archivos. La característica principal de ellos es que son manuscritos, frecuentemente anónimos y no fueron escritos para ser publicados, sino para uso particular de los pilotos.</p>



<p>La mayoría incluye dibujos detallados de las costas y otras informaciones, que ilustran y complementan el texto, como perfiles de las costas, montañas y volcanes, islas e islotes, bajos, desembocadura de ríos, en fin, todo lo que pudiese servir para identificar la costa y en especial, sus puertos y centros urbanos costeros. Con ello se habría buscado ampliar el conocimiento sobre las costas e islas del Pacífico de los pilotos, que navegaban ese océano y que los habían recopilado para su propio uso y para los otros pilotos que los pudieran necesitar. Por supuesto, estos libros debían conservarse con gran sigilo, pues contenían información estratégica para los intereses del imperio español de la que pudieran beneficiarse otras potencias marítimas europeas, además de piratas y corsarios. Estas circunstancias avalan que la mayoría de los derroteros sean anónimos, recopilados por pilotos que los necesitaban para su propio trabajo. Los que hemos examinado no están firmados, aunque a veces aparece el nombre de su poseedor y todos tienen unas características parecidas.</p>



<p>Esta etapa se inicia en 1603 con el derrotero desde Acapulco al cabo Mendocino, hecho por el piloto de la segunda expedición de Sebastián Vizcaíno, Jerónimo Martín Palacios, con 33 croquis de la costa, realizados por Enrico Martínez. (3)</p>



<p>El [Derrotero] <em>de la costa seguida desde [Acapulco] hasta el estrecho de Magallanes, cabo de Hornos, estrecho de Maire hasta el río de Buenos aires, con caletas, puertos y ensenadas, bajos, islas, arrecifes, rios, arrumbamientos, distancias y demás circunstancias que necesita un piloto[…] que a veces es muy acertado aconsejarse con noticias que dan estos libros que son muy ciertas&#8230;A quien de este su dueño fuere, Dios le dé buenos aciertos en todo y por todo. Lima 5 de enero de 1764</em>4, nos confirma la hipótesis del anonimato, pues el autor resulta ser un incógnito piloto que ha copiado un derrotero muy anterior a la fecha que indica, pues da algunas noticias de sucesos pasados que él no pudo conocer. Incluye 11 ilustraciones de las costas con indicaciones náuticas, empezando por Acapulco y terminando por un mapa del Estrecho de Magallanes, donde aparece parte el dibujo incompleto de las islas Malvinas, denominadas “islas nuevamente descubiertas” Lo mismo sucede con el <em>Derrotero de las costas de los reinos del Perú, Tierra Firme, Chile y Nueva España, sacado de diferentes cuadernos que han escrito y usado los más clásicos y experimentados pilotos deste Mar del Sur, 1675. Incluye 270 dibujos. (</em>5) En el “Prólogo exhortatorio” el autor declara <em>“yo no puse nada de mi casa mas que trasladar” </em>pues el derrotero es una copia, para su uso privado, de anteriores derroteros de los pilotos del Mar del Sur, ya que, <em>“me animé con su trato y adquiriendo prestados sus cuadernos a juntar sus obras y experiencias en este libro que si por caso fuese a la imprenta hallasen en un cuerpo todo lo descubierto y qué se trajina en este Mar del Sur” (</em>6).</p>



<p>El [Derrotero] <em>desde la ultima población que tienen los españoles en las costas de Nueva España, en el mar del Sur es la ciudad de Compostela, como manifiesta la demostración de su mapa que da principio a este libro, como se verá en la hoja n.1, para que se tenga verdadera ynteligencia de todos los yntereses que comprehende sus demostraciones en sus mapas [&#8230;]para que sirva de norte a los navegantes que surcan aquellas costas&#8230; </em>Termina abruptamente al final por lo que no sabemos si tiene autor. Incluye 151 dibujos y, 8 hojas de texto. (7)</p>



<p>Por último, el <em>Derrotero general del Mar del Sur, sacado de diferentes autores. Hecho en Panamá en 30 del mes de Diciembre de 1684</em>,8 participa de las mismas características que los anteriores, ya que es una simbiosis de distintos derroteros, como se aclara en la portada donde los datos técnicos están complementados con 148 dibujos a la aguada muy interesantes.</p>



<p>Los derroteros de la costa pacífica de América constituyen un conjunto de manuscritos muy valioso y poco conocido, que no han sido estudiados en su conjunto. Hemos visto como la política de sigilo, establecida por el imperio español para proteger sus rutas marítimas, impidió la publicación de derroteros sin la aprobación de las autoridades científicas del Consejo de Indias. Esta circunstancia motivó que los pilotos se proveyeran por su cuenta de compilaciones de derroteros manuscritos que señalaban solamente la ruta de sus navegaciones, eran de su propiedad y tenían la garantía de poderlos corregir en sucesivas derrotas. Por esta razón la mayoría son anónimos, aunque a veces llevan el nombre del poseedor. La mayor parte de ellos, además de las indicaciones náuticas pertinentes, incluyeron unos dibujos en color de las tierras a las que se dirigían y noticias geográficas, que les confieren una importancia añadida y que justifican el título de este artículo.</p>



<p><strong>NOTAS</strong></p>



<p>1 Luis Albuquerque, Los libros de viajes como género literario, pp. 67-82, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 2006.<br>2 Manuel Moreno Alonso, América ante los pilotos de Ayamonte. El derrotero de las Indias de Benito Alonso Barrozo, Sevilla, 1985, p. 26.<br>3 Archivo General de Indias. Mapas y Planos, México, 53.<br>4 Museo Naval de Madrid, Mss. 180.<br>5 Museo Naval de Madrid, Mss. 1202.<br>6 Museo Naval de Madrid, Mss. 1202, p. 9.<br>7 Biblioteca Nacional de España, Mss. 2957.<br>8 The Hispanic Society of America, Ms. K44.<br><br>* Mª Luisa Martín Merás, es especialista en cartografía marítima española. Ha sido Jefa de Investigación en el Museo Naval de Madrid y Directora técnica del Museo Naval.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/derroteros/">Derroteros: las guías de viaje de los marinos</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Ursúa el selvático</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/ursua-el-selvatico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Jun 2024 14:33:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 77]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=34337</guid>

					<description><![CDATA[<p>Una historia de amor, aventura y ciencia en la Expedición Geodésica al Ecuador. </p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/ursua-el-selvatico/">Ursúa el selvático</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Pepe Pérez-Muelas<br></strong></p>



<p>Boletín 77 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Grandes selvas del mundo<br><br><strong>En 1560 Pedro de Ursúa se aventuró por la Amazonia en busca del legendario reino de El Dorado, veinte años después de que Orellana navegara por primera vez el gran río persiguiendo ese mismo sueño. La nueva expedición de Ursúa por la infinita selva terminó trágicamente: uno de sus hombres, Lope de Aguirre, la transformó en una demencial carrera hacia una quimera inalcanzable, convirtiéndose en personaje inspirador de muchas obras literarias y eclipsando el protagonismo de Ursúa. El filólogo y escritor Pepe Pérez-Muelas recupera la figura de Ursúa, un aventurero mucho más gris pero buen ejemplo de cuantos arriesgaron su vida buscando un paraíso, en el amanecer de la conquista de América.</strong></p>



<p><strong>EL HOMBRE</strong></p>



<p>La América española es una historia aún por descubrir. Un gigante dormido que de tanto en tanto rescata nombres olvidados, a medio camino entre la mitología y la realidad. Las cronologías se pierden en selvas oscuras. Listas ingentes de nombres y apellidos sepultados por el lodo de los siglos, de la ignorancia. El perfil de la historia americana, siempre tan polémico y fascinante, encierra personalidades sobresalientes, hijos de su tiempo, que fueron capaces de inventar todo un continente a base de espadas y lecturas.</p>



<p>Es el caso de Pedro de Ursúa, uno de esos hombres grises que encarna todos los demonios de la leyenda negra, para quien no esté dispuesto a leer la historia con inteligencia. Hombre despiadado, violento en un mundo de flechas y sueños, demostró un olfato político que le hizo escalar en la jerarquía hasta tocar con la punta de sus dedos lo más alto. Ursúa salió de su Tudela natal en 1544 con una &nbsp;recomendación de su tío, Miguel Díaz de Armendáriz, gobernador de Nueva Granada. Poco más tenía cuando dejó la península. A España ya se le había olvidado la vida de fronteras, las guerras contra el moro, pero ahora exportaba la épica hacia el nuevo continente. En España se vivía y se moría, pero no se escribía la historia. Y Ursúa quería hacer precisamente eso.</p>



<p>Sus años americanos se deslizan entre la aventura y la burocracia. De un lado para otro, adoptó el Caribe como un Mediterráneo de andar por casa. De Cuba a Bogotá, hizo de la navegación un camino seguro para ascender en el mundo de los hombres. Dejó los mares para adentrarse en la sierra. Los gobernadores vieron en él disciplina y voluntad. Aplastó el espíritu guerrero de los indios combinando la fuerza y el ladrido de los perros. De esta forma, los indios chitateros, los muzos y los taironas sucumbieron desde la lejanía. Ursúa no hacía prisioneros, y sus perros de compañía tampoco.</p>



<p>Pedro de Ursúa fue un personaje complejo, hijo de la anarquía, en una época en la que la América española aún se estaba formando y debía decidir qué iba a ser. Estamos en las décadas de las grandes rebeliones contra la autoridad del emperador, de los adelantados convertidos en caciques, obnubilados por las riquezas y el poder, el mayor mal que sufrieron los hombres que llevaron a cabo la conquista. El adelantado navarro nos sirve como caso paradigmático. Y su historia acabaría aquí, si no fuese porque escuchó hablar de una ciudad dorada, cuyos ríos arrastraban pepitas de oro y los palacios no necesitaban adorno porque todos ellos brillaban como el sol. Era el reino del oro. El Dorado.<br><br><strong>LA SELVA</strong></p>



<p>Fue en Santa Marta, entre 1551 y 1553, cuando escuchó hablar de El Dorado. Los caminos hacia la ciudad de oro eran confusos. La pólvora que llevaron los españoles a América también estaba compuesta de palabras. Primero acaeció un rumor entrecortado, pronunciado tras la celebración de una fiesta. Después un juramento. A los pocos meses, muchos eran los que aseguraban haber escuchado hablar del reino que tenía el oro por castigo. Se formaban expediciones para ir en su búsqueda. Los hombres escalaban montañas. Se perdían en la sabana. Inspeccionaban la barriga del suelo, en cuevas donde encontraban la muerte. Pero El Dorado siempre estaba en otra parte. Ursúa optó por el camino de la selva.</p>



<p>En Perú la situación era propicia para este tipo de empresas, emparentadas con la codicia y la locura. El virreinato era un terreno de conspiraciones. Un artilugio salvaje que Carlos V aún no había conseguido domesticar, con golpes de estado, rebeliones y guerras civiles. Ursúa aprovechó el vacío para comandar una expedición hacia el interior de la selva. Si el oro existía, debía brillar entre las aguas pantanosas y los banianos infinitos. Lo que encontró, sin embargo, en los primeros días, fue el amor, encarnado en la mestiza Inés de Atienza, el sentido mismo de la expedición, su deseo y su perdición al mismo tiempo.</p>



<p>El 26 de septiembre de 1560 parte de Santa Cruz de Capocovar descendiendo el río Moyobamba hasta el Huallaga, y de ahí hasta el Marañón. Ya no había vuelta atrás. Ursúa había quemado sus naves. O encontraría El Dorado o moriría en el intento. Lo acompañaron 300 españoles y 500 indios. Entre ellos, Lope de Aguirre, un personaje colérico que actuaría de coda final a la ilusión de Ursúa. En el mes de octubre ya están navegando el Amazonas, sin más brújula ni mapa que la acción del agua empujando la flota. Era un territorio desconocido, intuido años atrás por la expedición de Orellana.</p>



<p>Apenas unos meses después, el 1 de enero de 1561, Lope de Aguirre asesina a Ursúa. La conspiración ha dado resultado. Sus hombres, críticos por cómo estaba comandando la expedición, apenas le dejaron salida posible. Cuando abrió los ojos, junto a su amante, Inés de Atienza, una espada le había atravesado el pecho. No vería Ursúa la desembocadura del Amazonas, ni siquiera la ciudad tan deseada, la de los reflejos dorados. Ursúa dejó el testigo a otros conquistadores que murieron enloquecidos, queriendo encontrar oro donde solo había soledad y serpientes. La suya fue una historia de derrota, de un hombre demasiado ambicioso para cambiar el rumbo de la historia. Vivió en un mundo mitológico cuando España ya había construido una realidad en América. Y pagó por ello, como pagarían también sus asesinos.</p>



<p>Porque el agua tiene memoria, y más si nace en los Andes y muere en el Atlántico.<br><br><strong>LA MEMORIA</strong></p>



<p>Así encontramos a Ursúa, sepultado por la historia, asesinado en una expedición sin sentido, en busca de una ciudad que nunca existió, muerto por la codicia del oro, resuelto a agujerear el continente americano en busca de riquezas. El destino de Ursúa no es muy diferente al de todos aquellos que creyeron, en su orgullo y demencia, que la tierra que estaban descubriendo les pertenecía. Sin embargo, los escasos testimonios contemporáneos que tenemos de Ursúa insisten en separarlo de la estirpe de los Aguirre y los Pizarro.</p>



<p>Juan de Castellanos escribió, probablemente, la <em>Odisea </em>americana. Su <em>Elegías de varones ilustres </em>es el relato épico de la historia americana. A un estilo vivo se le suma un verso suelto, cadente, como si la propia historia de aquellos días se estuviese disputando en él. El cronista de Indias convivió con Ursúa, antes de la expedición al Dorado, y describe su muerte de una forma honrosa. Desnudo, atravesado por la espada, con el Amazonas como escenario fatal, busca unas palabras de consuelo en Dios antes de cerrar los ojos.</p>



<p>Poco hay más de sus contemporáneos, y por eso Ursúa ha pasado a nuestra contemporaneidad de una forma sigilosa. Décadas después, Diego Aguilar y Córdoba compone <em>El Marañón</em>, una crónica sobre las expediciones al Dorado de la que no fue testigo. Aquí, los pasos de Ursúa ya se han convertido en materia literaria. Son voces, rumores y gran parte de invención. Al menos, para construir los huecos que han dejado los ausentes. Cuando se publicó, a finales del XVI, Ursúa ya llevaba cuarenta años muerto y el furor por descubrir la ciudad de oro se había atenuado.</p>



<p>Novelas de nuestro tiempo han reparado en el conquistador navarro y en su expedición hacia ninguna parte. La de Ramón J. Sender, <em>La aventura equinocial de Lope de Aguirre</em>, rescata a un personaje furibundo, envuelto en una locura que tiene tintes de <em>El corazón de las tinieblas </em>de Conrad. Imposible separar la figura de Pedro de Ursúa de su sepultura, el anhelo de descubrir El Dorado. Pero en realidad, el adelantado fue mucho más.</p>



<p>Y lo demuestra de forma magistral William Ospina. El escritor colombiano, con su trilogía sobre Ursúa, ha pretendido escribir una crónica de Indias del siglo XVI. Y lo ha logrado. Con toda la crueldad al alcance de aquel siglo (mucha de ella exagerada, como las páginas de Las Casas o las láminas de De Bry) y con un mundo por descubrir, la primera novela de la serie, <em>Ursúa</em>, se adentra en el amanecer de la conquista de América. Pedro de Ursúa es la excusa a través de la cual Ospina nos narra, de forma lírica y pormenorizada, todos los sucesos y leyendas que formaron el continente cultural, desde Mar del Plata hasta California.</p>



<p>En 2008 se publicaría la segunda parte, <em>El país de la canela</em>, la mejor novela de las tres. Cuenta la odisea de Francisco de Orellana surcando el Amazonas. Pedro de Ursúa apenas aparece en este episodio más como una sombra y un anhelo. Cierra la trilogía, en 2012, <em>La serpiente sin ojos</em>, la emulación del conquistador navarro de las aventuras anteriores. La búsqueda de El Dorado centra la trama, llevada hasta el extremo por la codicia de Lope de Aguirre, la naturaleza desbocada, la locura de unos hombres alejados de su humanidad.</p>



<p>La América que propone Ospina es a la misma vez historia y mito. El inicio bastará para demostrar la fabulosa manera de narrar:</p>



<p><em>“Cincuenta años de vida en estas tierras llenaron mi cabeza de historias. Yo </em><em>podría contar cada noche del resto de mi vida una historia distinta, y no </em><em>habré terminado cuando suene la hora de mi muerte. Muchos saben relatos </em><em>fingidos y aventuras soñadas, pero las que yo sé son historias reales. Mi vida </em><em>es como el hilo que va enlazando perlas, como el indio que veo animando al </em><em>metal en ranas y libélulas, en collares de pájaros, en grillos y murciélagos </em><em>dorados. Tengo historias de perlas y esmeraldas.”</em></p>



<p>Ha tenido que esperar Ursúa para que alguien cuente su historia como se merece. Ya nunca nadie podrá pensar en el Amazonas sin reparar en un conquistador navarro, enamorado, colérico, que se pierde en la selva buscando ciudades imposibles.</p>



<p><em>* Pepe Pérez-Muelas (Lorca, 1989) es filólogo y máster en cultura latinoamericana en la Sorbona. Actualmente es profesor de Literatura y colabora con distintos medios. Es autor de “Homo Viator” (Siruela), un ensayo sobre viajes y viajeros de lectura imprescindible para los amantes de los viajes y la historia de los viajeros.</em></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/ursua-el-selvatico/">Ursúa el selvático</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Brazza y otros viajeros en el Corazón de las Tinieblas</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/brazza-congo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 06 Jun 2024 12:18:38 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 77]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=34319</guid>

					<description><![CDATA[<p>Una historia de amor, aventura y ciencia en la Expedición Geodésica al Ecuador. </p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/brazza-congo/">Brazza y otros viajeros en el Corazón de las Tinieblas</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Mercedes Barreno<br></strong></p>



<p>Boletín 77 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Grandes selvas del mundo<br><br><strong>Peter Forbath, corresponsal durante muchos años en África para la revista ‘Time’, escribió uno de los libros más completos hasta la fecha sobre la historia del río Congo, y lo subtituló de forma contundente: “el río más dramático de la tierra”. Solo hay que asomarse a sus páginas o a la historia de su exploracion desde tiempos de los descubrimientos portugueses, para estar de acuerdo con Forbath. El río atraviesa una de las zonas geográficas más convulsas de la tierra y que más fascinación ha ejercido sobre la imaginación de Occidente. En los últimos cinco siglos, estas selvas del corazón africano han servido de escenario, casi cinematográfico, para el encuentro de dos mundos antagónicos. Una historia protagonizada por personajes como Diego Cao o Bartolomé Dias, Stanley, Livingstone, Roger Casement, Mobuto, Joseph Conrad o la terrible figura del rey Leopoldo.</strong></p>



<h5 class="wp-block-heading"><strong>LOS PRIMEROS EXPLORADORES</strong></h5>



<p>En la era de los descubrimientos, el rey de Portugal Juan II continuó la política que los monarcas portugueses anteriores habían iniciado para recorrer la costa africana. En 1482 encargó a Diego Cao sobrepasar el ecuador, objetivo que cumplió convirtiéndose en el primer europeo en descubrir el estuario del rio Congo. Cao dejó escrito en piedra su hallazgo (<em>padräo</em>)como testimonio de la soberanía de Portugal y allí perduran aún los restos de esta inscripción. Remontó el rio y las cataratas y contactó con los indígenas del reino del Congo -Bakongo- con intención de lograr el vasallaje de su rey. Siguió camino hacia el sur hasta cabo de Santa María por la costa, llegó a la actual Angola y volvió a Lisboa a principios de 1484 con nativos del Congo como testigos de su exploración.</p>



<p>En un segundo viaje, de 1484 a 1486, Cao llegó de nuevo hasta el Congo, con intención de descubrir el reino cristiano del Preste Juan, y cerca de Matadi dejó otro monolito con su descubrimiento anotado. En 1486 solo volvió a Lisboa su acompañante, Bartolomeu Díaz. Tal vez Cao quedara en Nigeria o muriera en el cabo de Cross; lo que pasó realmente aún se debate. Díaz continuó los viajes hacia el sur, alcanzando el cabo de Buena Esperanza y el océano Índico en 1487. Los lugares de la costa oeste descubiertos por Cao y por Diaz se mantuvieron como puntos de anclaje para el comercio portugués y europeo y suministro de esclavos hacia Europa y América hasta finales del siglo XVIII.</p>



<p>En la historia de la exploración del Congo en el siglo XIX encontramos situaciones clave que marcarán su descubrimiento, y un conjunto de motivaciones propias de una época en que los desafíos geográficos, el interés comercial y unas ambiciones imperiales sin límite producirán terribles consecuencias. Una vez descubierta África Central por los exploradores, misioneros y mercaderes, los gobiernos europeos entraron con espíritu de anexión, y los especuladores de explotación, con una rapidez sorprendente.</p>



<p>El imperio colonial creado por Inglaterra fue el referente europeo para la expansión por otros continentes. A este país pionero en la revolución industrial, su imperio le produjo grandes oportunidades comerciales y de enriquecimiento gracias al acceso a las materias primas que necesitaba. Su forma de combinar la expansión comercial, el establecimiento de colonos estables y la diplomacia, construyeron el gran imperio del siglo XVIII. El plan diseñado en Londres, desde la ocupación de Egipto como protectorado compartido con Francia, significó una paulatina inmersión en el continente africano que incluyó desde el noreste egipcio, en una diagonal imaginaria que atravesaba el continente, hasta el suroeste: desde El Cairo a Ciudad del Cabo. La realidad es que llegó ocupar Sudán, Kenia, Somalia, Nigeria, Uganda, Bechuanalandia, Sierra Leona, Costa de Oro, Gambia, Rhodesia y Sudáfrica, al tiempo que consolidaba su dominio en la India y se anexionaba el Punjab en 1863.</p>



<p>Francia no se quedó atrás en el intento imperial, e incorporó lo que hoy son Gabón, República Centroafricana y República del Congo, esta última producto de los tratados de la década de 1880. A partir de la década de 1830 fue ocupando Argelia, Túnez, Marruecos, África Occidental (Mauritania, Senegal, Camerún, Malí, Guinea, Costa de Marfil, Niger, Burkina Faso – antes Alto Volta- y Benin).<br><br><strong>LAS SELVAS DEL CONGO&nbsp;&nbsp; </strong><strong><br></strong></p>



<p>Los bosques tropicales que forman las selvas del Congo, en el centro de África, se extienden a lo largo del rio y sus afluentes y forman una cuenca de 3.700.000 km2. El Congo tiene caudal medio de 41 800 m³/s y una longitud de 47.000 km2. Tiene una superficie solo superada por la selva amazónica y forma uno de los ecosistemas más diversos y complejos del mundo, con una variedad de especies de plantas y animales que solo se encuentra en su cuenca. Por su situación entre los trópicos y atravesar dos veces el ecuador tiene un régimen de lluvias que lo mantiene con un caudal constante. Todo un sistema acuático que es fuente de vida, de maderas y alimento para sus pobladores -pigmeos entre otros indígenas-, además de vía imprescindible de transporte y comunicación en un enorme territorio del África Central. El Congo es, en definitiva, un ecosistema de agua dulce que discurre a lo largo de una topografía compleja con cascadas y desniveles que siempre representaron un desafío para sus exploradores, y que, hasta el presente, han dificultado la creación de mejores infraestructuras.</p>



<p>Las selvas del Congo tienen un papel importantísimo en la regulación del clima global: la enorme masa forestal, al absorber grandes cantidades de CO2, contribuye a retardar el cambio climático. Las turberas formadas en el suelo húmedo, están en peligro si se continúa con la explotación forestal, en gran parte sin control. Actualmente, más de cinco millones de hectáreas son concesiones ilegales, y a pesar de que las principales organizaciones europeas han solicitado a los gobiernos y a la comunidad internacional su regulación y protección, el riesgo de desaparición de grandes extensiones de selva es un hecho.</p>



<p>Una inmensa región de África Central integrada en los países de Gabón, República Democrática del Congo, Camerún, República del Congo, República Centroafricana y Guinea Ecuatorial; además de parte de los países circundantes.</p>



<p><strong>UNA HISTORIA DE EXPLORACIÓN Y TRAGEDIAS</strong></p>



<p>El papel que desempeñaron los exploradores fue determinante para la ocupación de las selvas del Congo por los europeos. Pionero en la búsqueda de las fuentes del Nilo fue el médico y teólogo escocés David Livingston (1813-1873). Su primer viaje en 1840 tenía como objetivo trabajar para la Sociedad de Misioneros de Londres en Bechuanalandia, protectorado inglés en litigio y reconocido desde 1885, hoy Botsuana, un territorio en discusión entre lnglaterra y los Boers que pronto llevaría al médico escocés a buscar otros caminos con pueblos más propicios.</p>



<p>En 1845 se casó con la misionera y exploradora Mary Moffat, y en 1951 llegó hasta el rio Zambeze y las cataratas Mosioatunya, a las que dió el nombre de la reina Victoria. Tras una desgraciada expedición en la que perdió a su hermano Charles, a su esposa y a varios de sus hombres por malaria, en 1862 regresó a Londres. Consigue financiación gracias a la <em>Royal Geographical Society</em>, y vuelve a África para seguir explorando. En 1871 llegó al río Lualaba, que pensó que era la cabecera del Nilo.</p>



<p>Tras seis años sin tener noticias de Livingston, el editor del New York Herald, en 1869, encargó su búsqueda a Henry Morton Stanley (1841-1904), convertido en cronista desde su participación en la guerra civil americana. Tras meses de búsqueda encontró a su admirado explorador, enfermo, en la población de Ujiji en 1871. Los dos compartieron exploración por el lago Tanganica aunque Stanley regresó a Londres sin Livingston, quien en su última estancia en África fundó una Misión Universitaria con fines educativos y sanitarios, que sería lugar de trabajo y encuentro de misioneros médicos para África Central. La malaria y otras complicaciones provocaron su muerte en Zambia en 1873.</p>



<p>H.M. Stanley, en busca de financiación, informó en Paris sobre lo descubierto en África, y en 1874 el Daily Telegraph y el New York Herald invirtieron en su empresa haciéndole el encargo de llegar hasta la desembocadura del Congo. Atravesó el continente desde Zanzíbar, en el Índico, y se dirigió al oeste por los lagos Victoria y Tanganica para comprobar si el Nilo era continuación del rio Lualaba o cabecera del Congo. Un viaje largo en el que partieron 356 expedicionarios, de los cuales al llegar al Atlántico quedaban 114 y solo Stanley de origen europeo. La exploración del interior de África no solo despertó interés entre los ciudadanos británicos o americanos. Una prueba del interés de los parisinos por la aventura africana son las crónicas que <em>Le tour du monde, Nouveau Journal des Voyages</em>, publica entre 1860 y 1914 en Paris, y que que recogen las novedades y aventuras de los viajeros y viajeras por ese mundo de misterio que tanta fascinación despertaba.</p>



<p>Su contemporáneo Julio Verne (1828-1905), gran lector interesado por los viajes, la aventura, la ciencia y el futuro, se interesó por las exploraciones del doctor Livingston. Con su gran imaginación construyó peripecias y peligros y publicó en 1863 <em>Viajes extraordinarios: Cinco semanas en globo, con el título completo de Cinq semaines en Ballon. Voyages de decouvertes en Afrique par trois anglais. Rédigé sur les notes du doctor Fergusson</em>. A partir de entonces la relación entre la ciencia ficción y la realidad, no ha dejado de crecer.</p>



<p><strong>PIERRE DE BRAZZA: UN IDEALISTA POR EL RIO OGOOUÉ</strong></p>



<p>La fiebre exploradora que recorría Europa por descubrir el interior de África, unido al anhelo de aventura, traspasó todas las fronteras. Uno de sus protagonistas fue Pierre Paul François Camille Savorgnan de Brazza (1852-1905), nacido en Roma y décimo hijo de familia noble, de padre italiano, viajero y artista. Le movía el afán de aventura y las ideas que la revolución francesa y sus herederos (Saint Simon) difundieron por Europa. Brazza soñaba con mostrar al mundo su civilización, la libertad y la fraternidad de la que hacían gala sus contemporáneos. Quería ser marino, y en 1868, y tras superar bastantes dificultades, fue admitido en la Escuela Naval francesa de Brest.</p>



<p>El primer viaje de Savorgnan de Brazza a África ecuatorial, como capitán, comenzó el dos de noviembre de 1875 en Gabón, colonia francesa desde 1842, principal base naval en la costa occidental africana y punto estratégico de partida de las expediciones al continente. Era un protectorado que Francia se adjudicó tras firmar los tratados con las tribus locales dos años antes. Brazza permaneció en el continente hasta 1878.</p>



<p>En este primer viaje, Brazza partió de Libreville en el vapor Marabout con cuatro intérpretes senegaleses, el médico Noel Ballay, el contramaestre Hanon y el naturalista Alfred Marche. Pocos días después llegaba a Lambaréné, el punto más lejano conocido. Por la rivera negoció la ayuda de los indígenas y después de tres meses llegó a Lopé, uno de los centros más importantes para el comercio de esclavos. De allí parte hacia Poubara, país de los Aumbos en el curso del Ogooué, contacta con tribus -bateke- que comercian a lo largo del rio Alima (180 km), afluente del Congo y descubre los múltiples afluentes que se dirigen al interior.</p>



<p>Completó la exploración del Ogooué (1200 km), pero incluso así se sentía profundamente decepcionado por no haber encontrado en este río un acceso directo al África central. En un espacio de 80 km entre el Alima y el Oggoué atravesó las colinas arenosas habitadas por los guerreros Apfourous y en la confluencia del Ogooué con Mpassa fundó Franceville con esclavos liberados.</p>



<p>En 1876 Leopoldo II de Bélgica había organizado la Conferencia de Bruselas y creado la Asociación Internacional Africana para “civilizar a los nativos”. Fue el primer paso para convertirse en propietario de lo que su comisario Stanley lograría en el reparto del África Central. Joseph Conrad, con causticidad, la llamaría “la sociedad internacional para la represión de las costumbres salvajes”. Brazza ignoraba que Stanley estaba en el centro de África, y no calculaba el alcance real de sus descubrimientos. A la vuelta escribiría que “si los exploradores del Ogooué hubieran sabido que el Alima les conduciría en cinco días más de camino al Congo, no hubieran dudado en hacer el esfuerzo para volver a la costa por el Congo”.</p>



<p>En los tres años de su primer viaje, las dotes negociadoras de Brazza permitieron revertir el monopolio comercial que existía a lo largo del rio Ogooué además de descubrir sus afluentes próximos. Su conciliador trato con los indígenas sirvió para allanar el camino a los exploradores europeos mediante la firma de tratados. La campaña que hizo con el naturalista M.A. Marche se interrumpió en las orillas del Lékelé ya que hubo de regresar a Europa por problemas de salud. El 27 de diciembre de 1879 comenzó su segundo viaje, con más medios y con el objetivo más claro de ampliar los territorios con bandera francesa y adelantarse a otros exploradores. Es conocida la importancia de la firma del tratado con el rey de los Batékés, Makoko, en la zona del lago Malebo (entonces Stanley Pool): con esta firma se le entregaron a Francia las tierras en las que Congo comienza a ser navegable, es decir un camino practicable entre Stanley Pool y el mar.</p>



<p>Brazza volvió a Francia en 1882, logró el reconocimiento de las autoridades por sus descubrimientos y convenció al gobierno de lo positivo que resultaría para Francia la anexión del Congo. Es admirable su coraje y determinación, la diplomacia de su política y el desinterés personal que demostró sacrificando su fortuna personal para remediar las insuficientes subvenciones que dispuso para su viaje. En sus charlas, escritos y cartas describe regiones misteriosas, evoca imágenes deslumbrantes y da noticias de las riquezas de la selva para la explotación de caucho. Pero también describe los difíciles momentos difíciles pasados frente a los indígenas por llevar sus barcos la insignia de Francia. Las reacciones y resistencias de los nativos al paso de los “visitantes” eran tan imprevisibles como arriesgadas.</p>



<p>Cuando Brazza planteó ante las autoridades de Paris la ratificación de los tratados que había suscrito con los indígenas, la burocracia no se lo puso fácil, obligándole a desarrollar una larga y reñida campaña para que le convalidasen lo firmado con el rey Makoko. Finalmente, las Cámaras se lo aprobaron, y se hizo público uno de los episodios más interesantes de la historia de la exploración.</p>



<p>El 28 de diciembre de 1882 la Cámara de los diputados, por 441 votos contra 3, aprobó un proyecto de ley permitiendo la apertura de un crédito de 1.275.000 francos destinados a compensar los gastos “de la misión de M. Savorgnan de Brazza en el oeste africano”. Tres días después, la vanguardia de una nueva expedición, dirigida por Rigail de Lastours, emprendía camino a Gabón.</p>



<p><strong>LOS CONFLICTOS CON STANLEY</strong></p>



<p>Brazza regresó a África a finales del mes de enero de 1883, con un equipo reconocido de cuatrocientos hombres para ratificar tratados con los jefes indígenas y organizar nuevos asentamientos. El conflicto de intereses entre los delegados de Leopoldo II de Bélgica, la Asociación Internacional del Congo, y los franceses era ya abierto. Es la época en la que coincidió con Stanley, y el americano se sintió humillado por el éxito del que consideró rival; y una de las razones por las que regresa a Paris para desacreditarle.</p>



<p>Ambos, Stanley y Brazza son dos nombres que serán relacionados porque ambos harán posible la penetración en el corazón de África pero con muy distintos objetivos. Lo que pesa en la conciencia de Stanley no son los treinta combates que libró en el Congo, sino su falta de escrúpulos en su explotación, las excusas que puso para hacerlo y los recuerdos sangrientos que dejó a sus sucesores en nombre de la civilización.</p>



<p>Entre los numerosos discursos que Savorgnan de Brazza pronunció en su última etapa en Francia, uno de los más expresivos y que muestran su ideario, fue el que sostuvo ante el presidente de la <em>Societé Historique (Bulletin de la Societé, </em>nº 1,13), de la que era miembro de honor. Transcribo algunos de sus discursos donde se muestra su actitud y espíritu con el que se enfrentó a la selva.</p>



<p><em>“Usted viene de abrir un capítulo nuevo en nuestra historia colonial…”, a lo que Brazza responde: “¿Un capítulo nuevo?, la verdad es que yo no he escrito más que una línea, la primera y la más modesta” …. La bandera de Francia está en África como un símbolo de la amplitud y generosidad de ideas que Francia ha mantenido, y que más que otra nación ha contribuido a propagar…Hoy, la </em><em>Navegación en la selva del Congo. </em><em>llegada de nuestros compatriotas a Africa, tendrá el efecto de detener el origen </em><em>del comercio de carne humana: la trata de esclavos. Francia ha defendido sus intereses nacionales, pero yo nunca abandoné los intereses de la civilización” “Hace cincuenta años que la bandera francesa ondea en Gabón, y representa la idea de libertad. Un puerto utilizado como escala de nuestros barcos y encargado de impedir la trata de negros establecida esta costa de África…. Y la noticia de que había en la costa una tierra que volvería libre a los que la habitaran se extendió rápido… así que cuando entre en el interior de esos países nuestros colores se conocían. Se sabía que eran los de la libertad.</em></p>



<p><em>Los primeros habitantes de Franceville han sido esclavos liberados. La cuestión de la esclavitud es un tema complejo. Uno se encuentra a menudo con dificultades casi insuperables&#8230; Mantener el honor de la bandera que arranca su presa a los negreros no es cosa fácil cuando no se quiere emplear la violencia. En 1875, en mi primer viaje, no arbolé la bandera francesa más allá de los artilleros franceses…”</em></p>



<p>Brazza cuenta en su diario: <em>“Al principio tuve que comprar a los hombres muy caros, 300 o 400 francos, y cuando ya me pertenecían, aún con los aros en el pie y cuello les preguntaba “¿De qué país eres? Soy del interior, respondían. ¿Qué prefieres, quedarte conmigo o regresar a tu país? Les hacía tocar la bandera francesa y les decía: sois libres. Luego, encontré a estos hombres en el interior, y fueron los que me facilitaron el camino. Fueron ellos los que me permitieron llegar hasta el interior. Sabían que… todo esclavo que tocaba la bandera francesa era libre”.</em></p>



<p><em>“África hace la guerra a quien siembra la guerra. Pero como todos los demás países, hace la paz a quien siembra la paz. Mi reputación me precedía, y sin mi conocimiento me dieron el nombre de Padre de los Esclavos… Pero ¿qué he hecho yo? Poca cosa. Solo lo que he podido. Este es un primer ensayo con un primer resultado…”</em></p>



<p>Pero el espíritu de paz que Brazza había establecido entre los pueblos rivales ¿cómo podría durar? Brazza sufrió ver al Congo que había explorado, apropiado por Francia y explotado por hombres sin escrúpulos. Murió el 29 de agosto de 1905. Lo que vendría después fue el mayor enriquecimiento para Europa y la devastadora tragedia para la población y sus selvas. Brazzaville es la capital de la República del Congo desde su independencia en 1960, y lo fue de la antigua África Ecuatorial Francesa; en la orilla del rio, frente al Congo-Kinsasa y a 500 km por ferrocarril de Pointe-Noire, en el océano Atlántico.</p>



<p><strong>CAMINO A LA CONFERENCIA DE BERLÍN</strong></p>



<p>La apropiación de territorios en la desembocadura del Congo por Leopoldo II de Bélgica chocaba con los intereses franceses por el Congo occidental y con los portugueses y sus aliados ingleses, que ya estaban establecidos en la zona. Inglaterra y Alemania mantenían litigios por Camerún. Una situación que había que arreglar o al menos regular para aclarar competencias y evitar choques. La iniciativa del canciller alemán Otto von Bismark, artífice de la unión de Alemania en 1871, para poner orden acabó en la Conferencia de Berlín en 1884-1885 que restablecería la libre circulación y mercado por el Níger y el Congo, y significó en realidad el reparto del continente entre las potencias colonialistas europeas. El Estado Libre del Congo se traspasó al monarca belga, que entre 1885 y 1908 practicó el terror, los asesinatos en masa y la explotación indiscriminada de caucho y marfil en las selvas congoleñas provocando las mayores e inimaginables tragedias entre la población. A pesar de que importantes escritores y personajes denunciaron en su tiempo las barbaridades que se estaban haciendo en las selvas del Congo, la opinión internacional tardó en reaccionar y más aún en actuar. Joseph Conrad, en <em>The heart of darkness </em>(El corazón de las tinieblas) es el más conocido, pero no hay que olvidar la carta abierta a Leopoldo II del diplomático, historiador americano y negro, George Washington Williams, el informe del cónsul británico Roger Casament, al médico en África Arthur Conan Doyle y al mismísimo Mark Twain.</p>



<p>Hasta hoy, la explotación de las selvas del Congo ha provocado tensiones constantes por la propiedad de la tierra y el comercio, tan necesarios para la investigación, la ciencia y la industria farmacéutica.</p>



<h5 class="wp-block-heading">PARA SABER MÁS</h5>



<ol start="1884" class="wp-block-list">
<li><em>Neuvillle &amp;Ch Bréard.- Les voyages de Savorgnan de Brazza: Ogooué et Congo (1875-1882) Paris 1884.</em></li>



<li><em>Paul Eydoux. Savorgnan de Brazza Le conquérant pacifique. Preface du Maréchal Lyautey de l´Academie Francaise Paris, 1932.</em></li>



<li><em>Forbath. El rio Gongo. Descubrimiento, exploración y explotación del rio más dramático de la tierra. Fondo de Cultura Económica 2002.</em></li>



<li><em>W. Williams, Roger Casademont, Arthur Conan Doyle y Marc Twain. La tragedia del Congo. La Coruña, Ediciones del Viento, 2010.</em></li>
</ol>



<p><em>* Mercedes Barreno es Licenciada en Historia Moderna (UCM) y Máster en Métodos y técnicas de investigación histórica artística y geográfica (UNED)</em></p>



<p></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/brazza-congo/">Brazza y otros viajeros en el Corazón de las Tinieblas</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El viaje a California y la observación del tránsito de Venus por el disco solar</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/transito-venus-disco-solar/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 10 Jan 2024 10:12:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 76]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=33409</guid>

					<description><![CDATA[<p>La observación del tránsito de Venus por el disco solar movilizó a los astrónomos más importantes de Europa durante la Ilustración. Se trataba de aprovechar el fenómeno para calcular la paralaje que determinaría la distancia entre el Sol y la Tierra. El ángulo ideal de observación se produjo el 3 de junio de 1769 en California. Jorge Juan sería el elegido por el rey para organizar la expedición a California y redactar las instrucciones de la misión.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/transito-venus-disco-solar/">El viaje a California y la observación del tránsito de Venus por el disco solar</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Lola Higueras<br></strong></p>



<p>Boletín 76 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>La medición de la Tierra<br><br><strong>La observación del tránsito de Venus por el disco solar movilizó a los astrónomos más importantes de Europa durante la Ilustración. Se trataba de aprovechar el fenómeno para calcular la paralaje que determinaría la distancia entre el Sol y la Tierra. El ángulo ideal de observación se produjo el 3 de junio de 1769 en California. Jorge Juan sería el elegido por el rey para organizar la expedición a California y redactar las instrucciones de la misión.</strong></p>



<p>La observación del tránsito de Venus por el disco solar es una de las empresas astronómicas más importantes y recurrentes de la Ilustración europea. Se trataba de establecer, con la mayor aproximación posible, la paralaje que permitiera calcular la distancia real del Sol a la Tierra; lo que a su vez permitiría completar los importantes trabajos de Newton y Kepler y determinar las dimensiones reales del sistema solar.</p>



<p>La internacionalización de la ciencia en la Ilustración, la divulgación de un sistema de medidas universal, favoreció el intercambio y comparación de las observaciones científicas y muy en particular las de carácter astronómico e hidrográfico. En paralelo, la política de alianzas (pactos de familia) entre las dinastías borbónicas de Francia y España, potenciaría las más significativas empresas científicas hispanofrancesas en territorios americanos, especialmente la observación del tránsito de Venus por el disco solar, confluencia esperada para el 3 de junio de 1769, cuyo seguimiento en California fue vetado a los científicos ingleses y rusos por la Corona española que rechazó sus peticiones.</p>



<p>El tránsito de Venus por el disco solar, imprescindible para calcular la tan deseada paralaje, es un fenómeno astronómico poco frecuente, de hecho se produce tan solo cada 584 días; pero la conjunción ideal, es decir el ángulo ideal de observación, sucede generalmente cada 100 años, aunque con una dificultad, importante en 1769: el fenómeno solo era observable durante seis horas. Los años sesenta del siglo XVIII propiciaron dos observaciones que movilizaron a los astrónomos y científicos de medio mundo. El tránsito de Venus que se produjo en 1761 fue registrado por 120 observadores desde 62 puntos distintos del planeta desde Cabo de Buena Esperanza hasta Siberia; cifra que fue superada en el posterior de 1769 del que nos ocuparemos en este breve artículo.</p>



<p>En España el Transito de 1761 se observó desde el Colegio Imperial de Madrid por el jesuita Christian Rieger y desde Cádiz por el marino y cosmógrafo Vicente Tofiño de San Miguel. Esta observación permitió además calcular la diferencia de meridianos entre Paris, Cádiz y Madrid.</p>



<p>A pesar de la importancia de estas observaciones astronómicas, existe poca bibliografía sobre ellas. Para este artículo, he utilizado dos fuentes bibliográficas -Bernabéu Albert, 1989, y Espinosa y Tello,1809- y dos fuentes manuscritas importantes que aportarán alguna novedad e información iconográfica interesante: El Ms.147 del Archivo del Museo Naval de Madrid y el Expediente.</p>



<p>Sección Histórico leg.4833 del Archivo General de Marina Álvaro de Bazán. Para el tránsito de Venus previsto en 1769, la comunidad científica se organizó y movilizó liderada por la Royal Society de Londres, institución que, como señala Bernabéu Albert, dirigió los preparativos del nuevo evento astronómico, determinando desde qué puntos del planeta sería más propicia la observación de este importante y raro fenómeno astronómico.</p>



<p>Desde 1763 y ya con urgencia desde 1765 y 1766, la Royal Society sitúa los puntos de observación preferentes en Laponia y la Costa NW de América Septentrional y, en particular, en California y México. Por ello, solicita de inmediato a Carlos III que facilite los movimientos por California del jesuita Ruder Josip Boscovich, prestigioso astrónomo, para observar el fenómeno por cuenta de la Royal Society.</p>



<p>La expulsión de los jesuitas ordenada por Carlos III en 1767 hace del todo imposible dicha comisión. El Consejo de Indias, a la vista de la documentación aportada por la Royal Society, toma la importante decisión de que sean científicos y astrónomos españoles los que lleven a cabo en California estas importantes observaciones (Bernabéu. 1989 p.22).</p>



<p>Tomada esta decisión, es consultado Jorge Juan para que dé su parecer y se haga cargo de la organización de esta importante expedición científica. En una interesante correspondencia entre Jorge Juan y el Secretario de la Academia de Bolonia, Sebastiano Canterzani, en junio de 1765, que Espinosa y Tello reproduce (Espinosa. 1809 pp.160-163), Juan le comenta al científico italiano que, a su modo de ver, la mayor dificultad para la observación del tránsito de Venus seria la notable diferencia entre los instrumentos utilizados por los diversos observadores en los distintos observatorios: “la magnitud de los telescopios, la mayor o menor perfección por sus proporciones y bondad de vidrios o espejos, sin incluir la menos o más práctica de los observadores, pueden producir diferencias considerables”. En todo caso, afirma Jorge Juan, sería preciso que las observaciones que se comparen se realicen con instrumentos similares, aunque las diferencias añadidas por la variación de las latitudes de los diferentes puntos geográficos desde los que se llevaran a cabo influya negativamente en la exactitud del cálculo final de la paralaje. Afirmaciones, todas ellas muy atinadas que se mostrarían muy verdaderas más adelante.</p>



<p>Jorge Juan será el elegido por el rey para organizar la expedición a California y redactar las Instrucciones que la regirán. Estas interesantes Instrucciones y posteriores Informes de Jorge Juan sobre los resultados de la Comisión, se encuentran en el Ms.147, ya citado del Archivo del Museo Naval.</p>



<p>Para entonces, la participación del francés Jean Chappe d’ Auteroche solicitada por Francia para que este astrónomo francés acompañara a la Comisión española a California, había sido aceptada por el Rey en virtud de los pactos de familia, ya comentados.</p>



<p>El 8 de Noviembre de 1767, Jorge Juan escribe a Charles Marie de La Condamine sobre la comisión del tránsito de Venus previsto para junio de 1769, confirmándole la autorización real para que viajen a California científicos franceses de la Academia Real de Ciencias francesa. (Espinosa.1809 pp.89-90).<br><br><br><strong>LAS INSTRUCCIONES DE JORGE JUAN</strong></p>



<p>El 27 de Abril de 1768, Jorge Juan envía al Secretario de Estado de Marina, Juan de Arriaga, las Instrucciones de la Comisión a California: “Instrucciones que han de Observar los Tenientes de Navío D. Juan de Lángara y D. Vicente Doz para Observar el tránsito de Venus por el disco del Sol que ha de suceder el día 3 de junio del próximo año de 1769”. (M.N.Ms 147. Fols 38 a 41). Finalmente Juan de Lángara ocupado en otras importantes comisiones será sustituido por el Teniente de Navío Salvador de Medina.</p>



<p>Estas Instrucciones son muy interesantes y en su párrafo primero, se confirma la autorización real para que académicos franceses acompañen a los científicos españoles a California. “Con tal”, dice Jorge Juan ”que vayan acompañados de los sujetos que Su Majestad destine para el propio fin y para que vigilen que éste ha de ser el único del viaje, sin apartarse a otros objetos que quizá no convendrá que se examinen (..) Jorge Juan pide que se les mande “que procuren impedir que para otros fines se emprendan caminos extraviados ni otros exámenes que los precisos para conseguir la exactitud de la observación; por cuyo motivo no se separaran jamás de los Académicos, con quienes llegados a Veracruz convendrán la derrota que deban tomar”.</p>



<p>Esta precisa instrucción muestra cómo a pesar del amistoso pacto de familia, el Rey ordena un seguimiento preciso y constante de las actividades y movimientos de los académicos franceses, como ya sucediera en la primera e importante comisión hispano-francesa para la medición del grado de meridiano en Ecuador entre 1735 y 1742.</p>



<p>La parte más importante de las Instrucciones de Jorge Juan se refiere a la instrumentación necesaria para la observación, su puesta a punto y su correcto uso y conservación a lo largo de toda la comisión: “Llevaran consigo todos los instrumentos necesarios como es un cuarto de circulo manual, un péndulo, un anteojo con su heliómetro, uno o dos telescopios, un teodolito, una plancheta con sus pínulas y cadena y un barómetro.</p>



<p>Los instrumentos serian entregados en depósito, como era costumbre, por el Observatorio de Cádiz, donde ambos comisionados practicaron observaciones, diariamente, antes de partir. Jorge Juan incluye en la comisión un “instrumentario”, un funcionario encargado de garantizar el funcionamiento de los delicados instrumentos; personaje muy importante, dice Jorge Juan, para lograr el éxito de la comisión. El “instrumentario” elegido se llamaba Juan Romaza. Jorge Juan determina “que será obligación de éste, no solo el componer y mantener limpios los instrumentos, sino ayudar a los dos tenientes de Navío en sus observaciones y medidas en cualquier parte que las practiquen”.</p>



<p>Las Instrucciones de Jorge Juan indican también la obligatoriedad de llevar un diario, en limpio, con todas las observaciones por si procediera su publicación. Asimismo, ordena a los comisionados cartografiar todos los puertos por los que transitaran, levantar un plano de la Plaza y fortificaciones de Veracruz y llevar a cabo mediciones precisas de latitud y longitud de todos los puertos, plazas y pueblos que transiten.</p>



<p>Ordena finalmente Juan que tan pronto como terminen la observación del tránsito de Venus, se restituyan de inmediato a Veracruz para embarcarse en unión de los académicos franceses en el primer navío que zarpe para España.</p>



<p>Por último, Jorge Juan señala sueldos, gratificaciones y quien debe abonarlos en América, previa certificación de los gastos de viaje, transporte, alojamientos o cualquier otro gasto producido por la Comisión.</p>



<p>“Para que todo esto tenga el más exacto cumplimiento, se darán las ordenes necesarias al Virrey de México quien las pasara a todas las Justicias y Oficiales Reales para que no solo no pongan embarazo, sino que contribuyan con todos los auxilios posibles, facilitando alojamientos, bagajes, transportes y cuanto conduzca, no solo a los dos Tenientes de Navío y sus familias, sino a los Académicos franceses, pagando todo a sus justos precios”.</p>



<p>Finaliza Juan sus Instrucciones ordenando a los dos oficiales que den aviso del estado de la Comisión desde todos los parajes que pudiesen, para que SM el Rey este informado.</p>



<p><strong>EL VIAJE A CALIFORNIA Y OTRAS OBSERVACIONES EN MÉXICO</strong></p>



<p>La comisión hispano-francesa parte de Cádiz el 21 de Diciembre de 1768 a bordo de un bergantín francés al que llaman Aventurero, fletado por cuenta de la Real Hacienda, al mando del capitán Pedro Labarthe, un buque de poco porte que condicionará una peligrosa navegación a Veracruz, cuyo puerto los expedicionarios avistan finalmente el 8 de marzo de 1769.</p>



<p>Los comisionados que desembarcan en Veracruz son Salvador Medina, Vicente Doz, Jean Pauly, geógrafo francés; el abate Jean Baptiste Chappe d’Auteroche, Juan Santiago de Boix, relojero; Juan Noel Alexander Tureluze, pintor; Juan Romaza, instrumentario; cinco criados de los oficiales españoles y otro al cuidado del abate Chappe. (AGM. Histórico, leg. 4833).</p>



<p>Mientras tanto, el Cabildo de México patrocina otra comisión para la observación de este importante acontecimiento astronómico, observable desde la capital mexicana. La comisión estará formada por José Antonio Alzate Ramirez, José Ignacio Bartolache y Antonio de León y Gama, disponiéndose que la observación se llevara a cabo desde la torre de la Casa Capitular. Días antes de producirse el ansiado tránsito de Venus, los comisionados mexicanos trasladaron sus telescopios y cronómetros a la zona más elevada del hermoso y monumental ayuntamiento de la capital.</p>



<p>Los comisionados desde la Península, por su parte, ya en Veracruz, discrepan de los comisionados franceses respecto al punto exacto para llevar a cabo la observación. Finalmente, acuerdan hacerla en la Misión de San José del Cabo. El 21 de mayo llegan a California donde por orden de Gálvez se les auxilia en todo para alcanzar la Misión de San José. Allí instalan, por separado, los dos observatorios. El científico mexicano Joaquín Velázquez de León, catedrático de Astrología de la Real Universidad de México, se desplaza también a la Baja California para llevar a cabo una tercera observación del tránsito de Venus.</p>



<p>Todavía se llevara a cabo una cuarta observación de este importante acontecimiento astronómico desde México: Felipe Zúñiga Ontiveros participa de forma entusiasta aunque no oficial en estos acontecimientos. Agrimensor y matemático, Zúñiga era propietario de una imprenta que editaba los pronósticos astronómicos y los calendarios para la ciudad de México. Contaba con unas tablas donde registraba de puño y letra todas las conjunciones, eclipses y efemérides astronómicas, lo que le creó cierta fama entre los astrónomos profesionales. No podía perderse el gran acontecimiento del tránsito de Venus de 1769 que observó desde la capital mexicana, aunque con instrumentos algo deficientes. A Zúñiga le debemos, sin embargo, un precioso y casi inédito grabado xilográfico que nos permite asomarnos a la práctica de la astronomía en México en el siglo XVIII, un grabado que reproducimos por su belleza y calidad informativa en estas páginas. Pero volvamos a nuestros comisionados oficiales. Una vez instalados en la Misión de San José, inician febrilmente las obras del observatorio para llevar a cabo las mediciones del Transito de Venus que se produciría puntualmente el 6 de Junio, como estaba previsto.</p>



<p>En un Informe, Vicente Doz describe prolijamente el proceso de la construcción del Observatorio. Un documento interesantísimo que incluye además un precioso e inédito dibujo acuarelado de la precaria construcción que reproducimos también en estas páginas por su encanto y rareza. (AGM .Histórico. Leg. 4833). Doz nos cuenta en este documento las muchas dificultades que tuvieron para la construcción del observatorio por la escasez de madera y la falta de solidez de los suelos que condicionó la calidad de las observaciones.</p>



<p>Doz proporciona las medidas del observatorio español: 18 varas de largo por 6 de ancho. Afirma también que fue construido, como era costumbre en la zona, con maderas de 5 varas de alto y horquillas de otros maderos, más delgados, que servían para sujetarlos y otros que llaman “llaves” que se atraviesan a lo ancho dando mayor solidez al edificio. Se cubre luego la obra con cañas, barro y piedras para cerrar las paredes mientras la cubierta se cubre con paja larga. “Dejamos dos aberturas en la dirección del paralelo que habría de cubrir el Sol el día de la observación cubriéndolas de lienzos que subiendo y bajando por medio de cordeles dejasen solamente descubierto lo que necesitasen los anteojos a fin de evitar la menor vibración que les pudiese causar el viento”. Otra dificultad, apunta Doz, era que el terreno no era de la solidez que se necesitaba. “Así que en un ángulo del observatorio levantamos un pilar de piedras y barro de pie y medio en cuadro y del alto de la caja del péndulo, revistiéndolo de un tablón grueso de cinco pulgadas, enterrado tres pies entre dicho pilar y otro que subía a recibir el asiento de la caja. Todo separado de las paredes para que la vibración de estas con la fuerza del viento no causase algún movimiento al reloj. Para el descanso del cuarto de círculo de dos pies de radio levantamos una columna del mismo material que se fijaba al pavimento tres palmos; con lo que quedamos sin el menor recelo de que padeciesen estos instrumentos por la poca consistencia del terreno”.</p>



<p>Así fueron fijando cada instrumento a pesar de lo cual nos dice Doz ”no se pudo evitar alguna vibración causada por el viento que hacía en la parte del anteojo que salía fuera del techo, vibración que no permitió medir el diámetro de Venus ni sus distancias al limbo del Sol”.</p>



<p>Doz nos describe en este interesante documento todos los instrumentos utilizados y las dificultades que tuvieron para su uso en el precario observatorio disponible. Narra también la muerte de Chappe y de Medina a causa de la epidemia de peste que asolaba la zona a la llegada de los expedicionarios. De estas tristes y trágicas muertes nos dice Doz: “Chappe, que resistió más tiempo a la epidemia, multiplicó mas las observaciones de una y otra especie; este sujeto digno de mejor suerte por sus grandes prendas, talento y suma aplicación a la astronomía, murió el primero de agosto siguiéndole en igual desgracia poco tiempo después don Salvador de Medina, golpe tan sensible para mí que no contribuyó poco al fomento de mis enfermedades que me pusieron por dos ocasiones a las puertas de la muerte”.</p>



<p>Alzate y Bartolache, por su parte, obtuvieron en la capital mexicana una observación precisa que por orden del Consistorio fue enviada a los comisionados de SM el Rey. Ambos imprimieron una hoja suelta -grabada por el famoso grabador mexicano José Mariano Navarro- para perpetuar el éxito de su observación, en la que quedan reflejados los datos de la observación y el bello edificio en el que la llevaron a cabo. También se reproduce en estas páginas.</p>



<p><strong>CONCLUSIÓN</strong></p>



<p>Esta última observación internacional del tránsito de Venus de 1769 obtuvo 151 registros provenientes de 77 observatorios de diversas partes del mundo que situaron la paralaje media del Sol en valores desde 8’ 43 segundos a 8’ 80 segundos. Las observaciones de Doz y Chappe estuvieron entre las más precisas. El español calculaba una distancia de 98 480 020 millas de distancia entre la Tierra y el Sol; para el astrónomo francés, la distancia era de 96 162 840 millas. Hoy con instrumentos potentes de alta fiabilidad se calcula que la distancia media de la Tierra al Sol es de 92 956 200 millas (149 598 502 km) (Bernabeu.1989.pp32).</p>



<p>Jorge Juan no se limitó a la redacción de las precisas y valiosas Instrucciones de esta importante comisión astronómica; también elevo a Arriaga un informe una vez realizada la comisión y evaluados los resultados. El informe fue positivo, aunque Juan solicita autorización del Rey para enviar los resultados logrados en California a los Observatorios de Paris y Bolonia para completar y perfeccionar los cálculos de Medina y Doz, mejorando así su utilidad para el progreso de la astronomía, autorización que obtiene el 4 de Diciembre de 1770. De nuevo las tres constantes ilustradas de la idea de la ciencia de Jorge Juan aparecen en su informe final: su visión europeísta, su preocupación por contar con una moderna y exacta instrumentación y el valor que otorga a la utilidad de la ciencia.</p>



<p>Esta segunda comisión hispano-francesa, en la que Juan fue de nuevo protagonista es el exponente del avance de las ciencias astronómicas en el mundo hispano ilustrado de cuyo progreso y europeísmo será Jorge Juan el gran artífice.</p>



<p>* Catedrática de Historia y Arte, exdirectora técnica del Museo Naval de Madrid, Lola Higueras es miembro del Consejo de Redacción de la SGE.</p>



<p>Para saber más:</p>



<p>BERNABÉU ALBERT, Salvador. La comisión española en la expedición de Chappe D’Auteroche. Ciencia vida y espacio en Iberoamérica. Madrid CSIC. Vol. III pp15 a 35.</p>



<p>DOZ, Vicente. Observación del paso de Venus por el disco solar exejutada por orden de SM en California por los Capitanes de Fragata D. Salvador Medina y D. Vicente Doz en 3 de junio de 1769. Autógrafo y firmado. Incluye dibujo acuarelado. AGM, Viso del Marques. Histórico. Legajo 4833.</p>



<p>ESPINOSA Y TELLO, José. Memorias sobre las observaciones astronómicas hechas por navegantes españoles. Dirección de Hidrografia. 2 vols. Madrid 1809.</p>



<p>JUAN, Jorge. Instrucciones que han de observar los Tenientes de Navío D. Juan de Lángara y D. Vicente Doz en su viaje a la California para observar el tránsito de Venus por el disco del Sol que ha de suceder el 3 de junio de 1769. Incluye los informes sobre la comisión una vez realizada. 22.abril 1768. AMN.Ms 147 fols. 38 a 41</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/transito-venus-disco-solar/">El viaje a California y la observación del tránsito de Venus por el disco solar</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La mítica Atlántida y el descubrimiento del océano (viajeros griegos)</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-mitica-atlantida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Dec 2023 13:12:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 75]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=33256</guid>

					<description><![CDATA[<p>Texto: Carlos García&#160; Gual Boletín 75 &#8211; Sociedad Geográfica Española Geografías míticas Si existe un lugar mítico en nuestra cultura mediterránea ese es la Atlántida, una isla situada más allá [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/la-mitica-atlantida/">La mítica Atlántida y el descubrimiento del océano (viajeros griegos)</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Carlos García&nbsp; Gual<br></strong></p>



<p>Boletín 75 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Geografías míticas</p>



<p><strong>Si existe un lugar mítico en nuestra cultura mediterránea ese es la Atlántida, una isla situada más allá de las Columnas de Hércules, mencionada por Platón, y que llegó a alcanzar un gran poderío. Su nombre y su inmensa influencia han llegado hasta nuestros días rodeados de un aura prodigiosa.</strong></p>



<p><strong>LAS BASES DEL RELATO</strong></p>



<p>El relato fundamental sobre la Atlántida se encuentra en un texto tardío de Platón, en su diálogo Timeo (24-5) y se prolonga en otro diálogo posterior, aún más tardío e inacabado, el Critias (108-125).</p>



<p><strong>PALABRAS DE PLATÓN</strong></p>



<p><em>“Admiramos muchas y grandes hazañas de vuestra ciudad, pero una de entre todas</em><em> se destaca por su importancia y excelencia. En efecto, nuestros escritos refieren cómo vuestra ciudad detuvo en una ocasión la marcha insolente de un gran imperio, que avanzaba desde el Océano Atlántico sobre toda Europa y Asia. En aquella época se podía atravesar aquel océano porque había una isla delante de la desembocadura que vosotros llamáis de las Columnas de Heracles. Esta isla era mayor que Libia y Asia juntas y de ella los de entonces podían pasar a otras islas y de las islas a toda la tierra firme que se encontraba frente a ellas y estaba rodeado por el océano auténtico… En dicha isla, Atlántida, había surgido una confederación de reyes grande y maravillosa que extendía su poder sobre ella y muchas otras islas, así como partes de la tierra firme. En ese continente dominaban también los pueblos de Libia, hasta Egipto, y de Europa hasta Tirrenia.</em></p>



<p><em>Toda esa potencia unida intentó una vez en un ataque esclavizar a toda vuestra región, y la nuestra, y el interior de la desembocadura. Entonces, Solón, el poderío de vuestra ciudad se hizo famoso entre todos los humanos por su excelencia y audacia, pues superó a todos en valentía y en artes guerreras, dirigió en un momento a la lucha a los griegos, y más tarde se vio obligada a combatir sola cuando los otros desertaron, corrió los peligros más extraordinarios y dominó a quienes nos atacaban. Alcanzó así una gran victoria e impidió que los aún no esclavizados lo fueran y al resto, a cuantos habitábamos más acá de los confines </em><em>heraclidas, nos libertó generosamente. Posteriormente, tras un violento terremoto y un diluvio extraordinario, en un día y una noche terribles, vuestra clase guerrera se hundió de golpe toda bajo tierra, y la isla de la Atlántida desapareció de la misma manera, hundiéndose en el mar. Por ello aún ahora el océano es allí intransitable e inescrutable, porque lo impide la gran masa de arcilla que produjo la isla al hundirse en aquel lugar y que se encuentra sumergida a poca profundidad.”</em></p>



<p><em>“Acabas de oír un resumen, Sócrates, de lo que contaba el anciano Critias según noticias de Solón.”</em></p>



<p><strong>LA FUNDACIÓN DE LA LEYENDA</strong></p>



<p>Como se ve, aquí Critias cuenta a Sócrates una fabulosa historia que había oído a su abuelo, también llamado Critias, de un relato que éste había escuchado del viejo Solón. Es decir, un <em>mythos</em>, puesto en circulación por acreditados sabios atenienses, y que Solón, según Platón, habría escuchado en Egipto, tierra de fabulosas memorias. <em>Mythos </em>y <em>lógos </em>son aquí términos contrapuestos, aunque no en nuestro texto, y sin embargo queda claro que el relato reviste una cierta ambigüedad, un halo fabuloso que lo distancia de cualquier precisa narración histórica. Pero lo que aquí queremos resaltar es que estas palabras de Platón inician o fundan la leyenda de una gran isla atlántica, fabuloso y poderoso imperio frente a la costa occidental de África, que parecía amenazar a las ciudades europeas, pero luego quedó sumergido, tragado para siempre por una gigantesca catástrofe oceánica. Este relato a nosotros ahora nos suscita pronto un curioso paralelo: el de otra isla fabulosa, llamada <em>Utopía</em>, que inventaría el humanista británico Thomas Moro unos dos mil años después del diálogo platónico.</p>



<p>Pero Platón vuelve a tratar de esa mítica Atlántida para insistir en el esplendor de su civilización, y en el trágico final de la gran ciudad sumergida por designio de los dioses como castigo a su arrogancia. Ese es el relato que hallamos en el <em>Critias</em>. Cuenta allí que la catástrofe sucedió hace nueve mil años y la fabulosa Atlántida desapareció sumergida por un maremoto y <em>“forma ahora un lodo intransitable</em><em> que impide el paso por aquel espacio marino a los que por allá navegan”. </em>Los dioses que antes habían impulsado su brillante civilización castigaron la arrogancia de sus habitantes cuando estos se excedieron en su orgulloso poderío. Pagaron las culpas de su <em>hybris</em>. “Pero cuando desapareció en ellas la parte divina, pues se había mezclado arrogancia y un vano poderío”, cuando desapareció en ellos la parte divina, pues se había mezclado en exceso con la humana, y se comportaban de forma indecente, y parecían muy vulgares y soberbios y habían perdido lo más noble y preciado, y, no pudiendo llevar una vida unida a la auténtica felicidad, se creían bellos por completo y felices rebosando una injusta arrogancia y un vano poderío” los dioses los aniquilaron a los fabulosos isleños sumergiendo su gran ciudad en el misterioso Océano. De modo que, en resumen, así fue como aquella fastuosa civilización isleña de fabuloso poderío y mítico esplendor desapareció tragada por las aguas oceánicas como castigo a la impiedad y soberbia de sus gentes. De ella sólo quedó el fabuloso mito que algunos egipcios contaron a unos sabios turistas griegos.</p>



<p>Es curioso que algunos arqueólogos europeos, desde finales del s. XIX, hayan creído encontrar en ese trágico final de la isla un eco de la catastrófica destrucción de tierras y palacios minoicos por un tsunami, causado por la erupción del volcán de la isla de Tera (Santorini) en los últimos siglos del segundo milenio a.C. Ese gran terremoto, que alteró una amplia zona del Egeo, pudo haber inspirado el relato que reconfigura unos siglos después el mito platónico, que, a larga distancia de siglos, lo recompone cambiando escenario y lo recuerda como motivo mitológico tomado de una tradición egipcia, recogida por ilustres viajeros griegos. Esta tesis ha tenido notables partidarios, como el famoso arqueólogo Spiridon Marinatos, pero está muy discutida.</p>



<p><strong>EL MUNDO MISTERIOSO DE OCCIDENTE</strong></p>



<p>Para los griegos, el gran mar oceánico, que comenzaba a partir de las míticas Columnas de Heracles, fue durante largo tiempo un ámbito misterioso, ya que sus naves no podían avanzar hacia el desconocido occidente, dado que desde el siglo V a.C. los cartagineses dominaban toda esa zona del sur de Hispana y los pasos del estrecho. Pero, antes, algunos viajeros griegos llegaron hasta el sur de Hispania, como Coleo de Samos, que, según cuenta Heródoto, había visitado Tartesos, hacia el 630 a.C., y un tal Midácrito, que, según cuenta Plinio, habría llegado acaso hasta las costas gallegas, y un Eutímenes de Massalia, que pudo llegar a recorrer costas africanas y admirarse de las mareas de la costa y divisar desde su nave un río con hipopótamos y cocodrilos. Pero luego el océano se convirtió, como se ha escrito, <em>“en un gran coto privado de los cartagineses”</em>, que dominaron las rutas de los ricos yacimientos de metales como el oro y la plata, y también los caminos hacia el estaño y el ámbar.</p>



<p>Y es muy justo recordar a los grandes y audaces viajeros cartagineses, como los hermanos Hanón e Himilcón, que recorrieron con una amplia flota gran parte de la costa africana bajando hasta cerca de la desembocadura del Níger, cerca de Guinea, visitaron buena parte de las costas desérticas y algunas islas de los archipiélagos cercanas. Las noticias sobre estos tan extraordinarios viajeros nos han llegado en el texto latino de una <em>Ora Marítima </em>tardía, pero no cabe duda de que “el periplo de Hanón es el fascinante recuento parcial de uno de los viajes más épicos de la historia”.</p>



<p><strong>LA EXPLORACIÓN HACIA EL ATLÁNTICO NORT</strong></p>



<p>No sabemos qué motivos impulsaron a Píteas de Masalia, hacia el 320 a.C., a lanzarse a su gran viaje de exploración por las costas del desconocido Atlántico norte, es decir, a circunnavegar las costas del Atlántico Norte desde la Bretaña continental hasta las Islas Británicas y, tras recorrer sus costas, proseguir mucho más allá hasta el lejano norte, alcanzando al parecer la antes misteriosa y fabulosa isla de Tule (Islandia). (Es curioso advertir que, como investigadores modernos han destacado, parece que Píteas no partió en su nave atravesando el estrecho de Gibraltar, controlado aún por los cartagineses, sino, probablemente, desde algún puerto de la Galia, tal vez desde el estuario de la Gironda). En fin, después de concluir con feliz éxito su largo y asombroso periplo, Píteas volvió a su ciudad y escribió el relato de sus aventuras y exploraciones en un tratado que tituló <em>“Sobre el océano”.</em></p>



<p>Citaré el claro comentario de B. Cunlife: <em>“En un único libro, Píteas describía con detalle la naturaleza del océano, con sus mareas y sus fieras tormentas, sus islas y sus habitantes, y sus gélidos confines septentrionales. En lo sucesivo, el mundo entero lo sabría todo acerca de la extracción y distribución del indispensable estaño y del extraordinario ámbar. Por fin, los lejanos confines del mundo comenzaban a tomar forma”. </em>El relato de tan fabuloso como verídico y audaz recorrido, se perdió pronto, pero muchas de sus noticias fueron recogidas pronto por diversos historiadores helenísticos, latinos y griegos. Parece oportuno recordar que ese viaje por el entonces aún desconocido espacio marino del occidente europeo es casi coetáneo, es decir, sólo unos lustros posterior, al heroico avance de Alejandro y sus tropas por el Oriente, hasta los antes misteriosos confines del norte de la India.<span style="color: #999999;"><em><br></em></span><br><strong>HACIA EL ATLÁNTICO SUR</strong></p>



<p>Como último ejemplo de audaz viajero griego, quiero recordar como tardío ejemplo del intrépido Eudoxo de Cízico, quien, a finales del s.II a.C., se empeñó en un viaje de circunnavegación de África, partiendo de Gadira (i.e. Cádiz) y con arribada final en el puerto de Alejandría en Egipto. Su historia la cuenta Estrabón (<em>Geografía</em>, libro II,4) tomándola de Posidonio.</p>



<p>El texto de Estrabón es interesante, porque quiere dar una idea muy crítica del navegante, como un tipo quimérico y muy arriesgado, y de un merecido fracaso final. Cuenta que, tras realizar algunos viajes desde Egipto hasta la costa de Etiopía, una vez ya en Alejandría, se entusiasmó con su proyecto de dar la vuelta al continente africano partiendo de Cádiz. Creo que vale la pena citar unos párrafos de ese texto.</p>



<p><em>“Cayó en la cuenta Eudoxo de que era posible hacer el periplo de Libia (África), volvió a su patria, invirtió toda su fortuna y se hizo a la mar. Con que llegó primero a Dicearquia, luego a Masalia y luego, siguiendo la costa, hasta Gadira (Cádiz). Divulgando sus planes por todas partes y, enriqueciéndose, equipó un gran navío y dos chalupas como las de los piratas, y embarcó a jóvenes cantantes, médicos y otros artesanos y zarpó después hacia la India, impulsado por un continuo viento del Oeste. Pero, al cansarse sus compañeros de navegar, se acercó, a su pesar, a tierra, por temor al flujo y reflujo de las mareas. Y, sin embargo, sucedió lo que él ya se temía: el barco embarrancó de forma que no quedó totalmente desvencijado, sino que pudieron poner a salvo rápidamente en tierra el cargamento y la mayor parte de las maderas. Con ellas construyó una nueva chalupa, semejante a un barco de cincuenta remeros, y zarpó y navegó hasta encontrar unos hombres que pronunciaban palabras que él reconocía. Y con ello se dio cuenta de que los hombres de aquel </em><em>lugar eran de que los etíopes y que estaban en los límites del reino de Bogo.</em><em> Y abandonando su navegación hacia la India se dio media vuelta; y en su navegación costera vio una isla rica en agua y en árboles… Llegado sano y salvo a Maurusia (Mauritania), viajó a pie hasta encontrar a Bogo …”</em></p>



<p><em>“Pero advirtió que el rey pensaba venderlo como esclavo, o dejarlo en una isla</em><em> desierta, y escapó. Y de nuevo, ya en Iberia, intentó reunir gente y provisiones para regresar a aquella isla africana y proseguir la navegación. </em>Así acaba el relato de Estrabón, basado en el del filósofo Posidonio, y agrega, citando al famoso autor con cierta sorna:</p>



<p><em>“Yo, dice Posidonio, hasta aquí he llegado en la historia de Eudoxo; lo que</em><em> sucedió después es posible que lo sepan los de Gadira e Iberia.” </em>Me parece muy interesante este apunte sobre la figura del esforzado Eudoxo. Ciertamente fracasó, aunque al parecer no perdiera de todo el ánimo aventurero. Su idea fundamental, por la que tanto arriesgó era acertada: era posible su proyecto de circunnavegación del continente africano saliendo del puerto de Cádiz y acabando el largo viaje en un puerto de Egipto. (Cierto es que el continente africano era bastante más extenso de lo que él pudo imaginar).</p>



<p>*CARLOS GARCíA GUAL, es escritor, helenista, crítico y traductor. Miembro de la Real Academia de la Lengua. Catedrático emérito de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid 2023.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/la-mitica-atlantida/">La mítica Atlántida y el descubrimiento del océano (viajeros griegos)</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Duque de los Abruzos. El madrileño que intentó llegar al Polo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/duque-de-los-abruzos-polo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 08:52:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
		<category><![CDATA[Zonas polares]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=31982</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Pedro Páramo Bibliografía: Boletín 59 &#8211; El Ártico &#160; En el verano de 1900, el tercer hijo de Amadeo de Saboya, rey de España, intentó llegar antes que nadie [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/duque-de-los-abruzos-polo/">Duque de los Abruzos. El madrileño que intentó llegar al Polo</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Pedro Páramo</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-59-el-artico/">Boletín 59 &#8211; El Ártico</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En el verano de 1900, el tercer hijo de Amadeo de Saboya, rey de España, intentó llegar antes que nadie al Polo Norte. Su expedición logró batir el record del momento al alcanzar el punto más septentrional de la Tierra, pero él sólo llegó hasta el final de la tierra firme y el principio de los hielos polares.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luis Amadeo de Saboya, duque de los Abruzos, nació en Madrid el 29 de enero de 1873, y fue bautizado como príncipe en la capilla del palacio real pocos días antes de que su padre, Amadeo, renunciara al trono de España y regresara a su Italia natal. Todavía adolescente, ingresó en la Academia Naval de Livorno, donde adquirió sus primeros conocimientos sobre el mar y la navegación. Amante de la aventura, se inició en el alpinismo en el Mont Blanc, y en 1897 participó en la primera ascensión al monte San Elías, de 5.489 metros, entre el territorio del Yukon de Canadá y Alaska, lo que le valió la fama mundial entre los geógrafos y montañeros del momento. Dos años más tarde, se propuso abordar la conquista de una de las dos fronteras hasta entonces inaccesibles para el hombre en la Tierra y eligió intentar ser el primero en pisar el Polo Norte. Para ello movilizó todas sus influencias ante el gobierno italiano y la corte de su tío el rey Humberto I, sirviéndose de su prestigio como explorador. El audaz y patriótico proyecto de Luis Amadeo de Saboya fue muy bien acogido por la opinión de la joven Italia, que ya había iniciado su expansión colonial en África y buscaba hacerse un hueco entre las grandes potencias. En 1899 todo estaba a punto para que la expedición de los italianos intentara el asalto del Polo Norte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>TRAS LOS PASOS DE NANSEN</strong></p>
<p>La carrera de la conquista del extremo norte del Globo había comenzado en la centuria anterior, y la experiencia enseñó que para lograrlo habría que deslizarse sobre la nieve y el hielo utilizando trineos. En el momento de partir la expedición italiana, el punto más septentrional alcanzado por el hombre estaba fijado en los 86º 14’ N, logrado por el explorador noruego Fridtjof Nansen en abril de 1895 con su barco <em>Fram</em>. Luis Amadeo de Saboya, que había investigado a fondo todas las expediciones polares realizadas hasta entonces, decidió seguir los pasos de Nansen, estudiando las etapas de su ruta, sus experiencias sobre las corrientes y los hielos, y sus indicaciones en lo relativo a los pertrechos e intendencia para los exploradores y sus perros.</p>
<p>El 12 de junio de 1899 el <em>Estrella Polar </em>de Luis Amadeo de Saboya salió del puerto de Cristianía, hoy Oslo, con 11 italianos marinos y guías alpinos y 9 noruegos expertos en la navegación por el Ártico, con edades comprendidas entre los 21 años del fogonero y los 47 del comandante noruego de la embarcación, Julius Evensen. Como segundo comandante de la expedición figuraba el teniente de navío Humberto Cagni, que se encargaría de las observaciones científicas, con la colaboración del también teniente de navío Francisco Querini y del médico de la Armada italiana Aquiles Cavalli Molinelli. El barco, un ballenero de 570 toneladas y un motor de 60 caballos, fue transformado para la expedición en una goleta de tres palos. Días antes de partir, el duque de los Abruzos visitó a Nansen en su casa de Lijsaker, quien le dio los últimos consejos para encarar la aventura. De acuerdo con estas indicaciones se cargaron en Noruega provisiones para cuatro años a base de galletas, manteca, carne envasada, pastas, arroz, vinos y licores, que fueron guardadas en cajas herméticas de 25 kilos. Para los perros que se incorporarían en el puerto ruso de Arcángel se cargaron raciones de pescado seco y bizcocho.</p>
<p>Los expedicionarios compraron botas de piel de foca de diferentes diseños, así como abundantes pieles de abrigo y tejidos de lana, sacos de dormir de lana y plumas, y dos tiendas de campaña por si la expedición tuviera que abandonar el barco. La bodega del Estrella Polar se llenó de carbón y cuatro enormes barricas con diez toneladas de petróleo cada una. La expedición estaba equipada también con armas y, naturalmente, con un amplio equipo para la navegación: sondas y aparatos para medir la fuerza de las corrientes y la temperatura y densidad de las aguas a diferentes profundidades, así como sextantes para el cálculo de las posiciones y distancias con los trineos. En cuanto a los estudios científicos disponía de instrumentos para el cálculo de posiciones y las relativas a la gravedad y el magnetismo terrestres, además de un completo equipo fotográfico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>HACIA LA TIERRA DE FRANCISCO JOSÉ</strong></p>
<p>La última escala del <em>Estrella Polar </em>en tierra continental, tuvo lugar el 30 de junio en la localidad rusa de Arcángel. Allí se completó la expedición con 121 perros de distintas razas y diferentes procedencias, pero todos considerados entre los más idóneos para el arrastre de trineos en los territorios árticos. Con todo el equipo a bordo, el 12 de julio de 1899 la expedición partió del puerto ruso con el propósito de alcanzar el punto costero más al norte posible del archipiélago del Emperador Francisco José donde pasar el invierno, y de allí partir con trineos hasta el polo al término de la noche polar. Este archipiélago, descubierto por casualidad por una expedición austriaca en 1873, formado por 191 islas volcánicas, situado al noroeste del de Nueva Zembla y al este de las islas Svalbard, se halla a unos 1.000 kilómetros del Polo Norte. El 18 de julio el <em>Estrella Polar </em>se topó con la primera banquisa, un campo de hielo de grandes dimensiones movido por las corrientes, formado por témpanos sueltos y cuyo término no se alcanza a ver. Aun cuando no se pueda distinguir en las aguas, se puede detectar la presencia de la banquisa por el color del cielo, mucho más claro sobre ella por el reflejo del hielo. El día 20 los expedicionarios avistaron los vagos contornos de la isla de Northbrook, cubierta de nieve con algunos salientes oscuros, y vieron sobre las rocas grupos de focas y morsas cerca de las cabañas abandonadas por la expedición de Frederick George Jackson dos años antes. El 26 de julio, el <em>Estrella Polar </em>llegó a los hielos que marcaban el término de la zona navegable. En su búsqueda de un lugar apropiado donde invernar y preparar el asalto al Polo Norte, el 8 de agosto la embarcación de la expedición italiana alcanzó los 82º 4’ N en la isla del Príncipe Rodolfo, la más septentrional del archipiélago. Luis Amadeo de Saboya decidió entonces echar el ancla en la bahía de Teplitz, entre la costra de hielo costera y la banquisa que cerraba la bahía, para pasar allí el invierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LAS PENALIDADES DEL INVIERNO ÁRTICO</strong></p>
<p>Con temperaturas todavía superiores a los 0º, los expedicionarios exploraron la zona e hicieron abundantes anotaciones científicas, geológicas y de fauna y flora, y construyeron una cabaña para las jaulas de los perros. A los pocos días tuvieron que adrizar la nave porque escoraba a babor arrimada por la banquisa contra los hielos de la costa. La temperatura ya alcanzaba en las noches los -10º. Los vientos helados empujaban el barco aprisionado y la vida se hizo imposible a bordo por la escora. El 8 de septiembre la presión de los hielos abrió una ancha vía de agua, y los expedicionarios abandonaron el barco para montar el campamento invernal formando dos cabañas, una dentro de la otra, con varios recintos aislados para defenderse del frío, que ya alcanzaba en algún momento los -16º. Los víveres, las herramientas, el combustible, los diferentes aparatos y los trineos fueron trasladados unos 150 metros al interior de la costa. Mientras las noches se alargaban en otoño, llegaron las ventiscas y las nieblas a la vez que las temperaturas bajaban con rapidez. El tiempo transcurría para los expedicionarios explorando el terreno, estudiando los vientos y los movimientos de los hielos, entrenando a los perros, y aprestando los equipos de los trineos y los cayucos de lona. Antes de que el frío fuera insoportable, mataron 34 osos que habían acudido curiosos a la proximidad de las cabañas. Su carne sirvió para alimentar al campamento, la mayor parte fue para los canes, pero <em>“también comimos su carne</em>; -anotó en su diario Luis Amadeo de Saboya- <em>el corazón, la lengua y los riñones los encontrábamos sabrosos, lo demás no llegó a gustarnos”</em>.</p>
<p>En la larga noche polar, el duque de los Abruzos y su gente estudiaron el plan de ataque al Polo Norte con los trineos, y llegaron a la conclusión de que debían partir de la bahía de Teplitz el 15 de febrero, cuando los hielos eran más gruesos, para regresar al campamento entre el 15 y el 20 de mayo antes de que se fundiesen. Pero Luis Amadeo de Saboya no formaría parte de la expedición final. Durante una de las excusiones exploratorias en la víspera de Nochebuena, había sufrido la congelación de dos dedos de la mano izquierda y el médico tuvo que amputarle las falanges del anular y el corazón el 18 de enero. <em>“Con los dedos operados </em>-escribió el duque de Abruzos- <em>habríame sido imposible servirme de la mano, y, por otra parte, mi estado hubiera requerido curas diarias imposibles de hacer en una marcha”.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>LA EXPEDICIÓN SOBRE EL HIELO EN BUSCA DEL POLO</strong></p>
<p>Tras un intento fallido, el 11 de marzo partió la expedición abordando la banquisa situada al norte de la isla del Príncipe Rodolfo, bajo el mando del teniente de navío Humberto Cagni, dividida en tres grupos, dos de ellos destinados a servir de apoyo logístico al tercero que intentaría alcanzar el Polo Norte. El primer grupo-lanzadera, con provisiones para 30 días, lo formaba el también teniente de navío Francisco Querini, el maquinista noruego Henrik Alfred Stökken y el guía Félix Ollier; el segundo, con provisiones para 60 días, estaba integrado por el doctor Aquiles Cavalli Molinelli y los marineros Jacobo Cardenti y Simón Canepa; el tercero, con provisiones para más de tres meses, estaba encabezado por Cagni acompañado por los guías José Pertegax y Alejo Fenoillet. La expedición contaba con 13 trineos y 104 perros. El retraso provocado por el fracasado primer intento convertía las etapas previstas en una carrera contrarreloj, porque más allá de los últimos días de mayo el deshielo ártico podía hacer imposible el regreso sobre los hielos hasta el campamento. Los expedicionarios se internaron en la banquisa helada con temperaturas entre -15º y -30º. Sabían que a partir de ese punto no encontrarían trazas de vida que les ayudaran en su supervivencia. Las raciones diarias para los hombres y los perros se establecieron por el doctor Cavalli siguiendo el patrón deducido de las experiencias de Nansen. A los hombres se les asignaron 1.265 gramos de alimentos variados. La ración de los perros constaba de medio kilo de pemmican, carne pulverizada, con una cantidad igual o mayor de grasa de buey, que en pequeñas proporciones también formaba parte de las raciones de los expedicionarios. El equipo de abrigo de cada uno de los exploradores pesaba tres kilos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA LARGA NOCHE POLAR</strong></p>
<p>En los primeros días avanzaron con lentitud. Por un lado, el clima, los fuertes vientos, la nieve seca y dura y las nieblas los castigaron con severidad; el suelo, por otro lado, sembrado de <em>hummocks</em>, bloques de hielo más o menos altos levantados por la presión que los campos de hielo ejercen unos contra otros, y la aparición de grietas y canales en la banquisa, dificultaron en grado extremo el avance hacia el norte. Además, el suelo flotaba y la medición de las distancias resultaba muy problemático. En ocasiones los cálculos de lo recorrido sobre el hielo siempre hacia el norte resultaban engañosas. Al tomar las medidas con el sextante, descubrían que no avanzaban, que incluso se estaban alejando del Polo por causa de los vientos y las corrientes que arrastraban a la banquisa en distintas direcciones. Durante la noche el frío, inferior a los -30º, convertía en hielo las ropas y los sacos de dormir. Acampados al abrigo de un <em>hummock </em>, durante las noches escuchaban en las tiendas el estruendo que producían los choques de los hielos que amenazaban con sepultarlos o ser tragados por profundas grietas. Con el paso de los días, la fatiga se dejaba notar entre los expedicionarios, obligados muchas veces a cavar en el hielo, ayudar a los perros en el arrastre de los trineos y dormir poco y mal. Según lo previsto, a los 12 días de marcha el primer grupo de apoyo dejó la expedición para llegar al campamento en los primeros días de abril. Pero los días pasaban y el grupo de Querini no aparecía. El paso del tiempo sin noticias de sus componentes hizo pensar a Luis Amadeo de Saboya que toda la expedición podría haber sufrido algún daño irreparable. El segundo grupo, que había iniciado el retorno el 31 de marzo, llegó al campamento el 18 de abril “en condiciones de salud inmejorables”, según el testimonio del duque de Abruzos. Pero la vuelta del segundo grupo antes que el primero encendió todas las alarmas entre los que habían quedado en la bahía de Teplitz. ¿Qué suerte habían corrido los del primer grupo de apoyo?. Luis Amadeo de Saboya ordenó entonces expediciones por la costa, por las banquisas más cercanas e incluso por algunas de las islas más próximas, pero no hallaron ningún rastro de su paradero.</p>
<p>Entretanto, el 25 de abril, ante las dificultadas, y superada la fecha para iniciar su retorno a Teplitz, el capitán Humberto Cagni decidió abandonar la empresa y volver con sus hombres al punto de partida. Habían alcanzado los 86º 34’ N, el punto más septentrional logrado hasta entonces por el hombre. Los perros que quedaban estaban muy cansados; algunos habían sido sacrificados para alimentar a los supervivientes; la tienda de campaña “ya está cayéndose a pedazos” contó Cagni en su diario, y el temor a que el deshielo hiciera imposible el regreso se impuso sobre la incierta aventura de llegar vivos al Polo Norte. La temperatura era de -35º y, mirando al norte, el capitán italiano escribió: <em>“más allá, sobre el nítido horizonte, divísase entre levante y poniente una especie amurallada, de color azulado, que, desde lejos, parece inaccesible. Es nuestro ‘¡Terrae ultima thule!’”</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN ÉXITO CON PÉRDIDAS DOLOROSAS</strong></p>
<p>Después de dejar sobre la nieve tres pequeños canutos herméticamente cerrados con cera como prueba de su presencia allí, la expedición emprendió dio la vuelta. <em>“Fuertes corrientes heladas y falta de víveres hicieron difícil y penoso el regreso de este grupo; el cual, habiendo tenido que alimentarse durante varias semanas con carne de perro, llegó a la cabaña el 23 de junio, después de haber pasado 104 días sobre el pack (banquisa)” </em>relató el duque de Abruzos en su informe para su primo el rey Víctor Manuel III, que había heredado el trono al ser asesinado Humberto I en Monza en el transcurso de la expedición. El 16 de agosto de 1900 el <em>Estrella Polar </em>abandonó la bahía de Teplitz sin los tres desaparecidos: Querini, Ollier y Stökken. El duque de los Abruzos abandonó allí todo el equipo no necesario y víveres para alimentar durante un año a veinte personas, 4 perros y dos perras con dos cachorros que habían nacido en el invierno, con la esperanza de que los desaparecidos encontraran en algún momento el campamento. En distintos lugares de las islas del archipiélago del Emperador Francisco José dejaron para los desaparecidos depósitos visibles conteniendo cartas con la promesa de enviar una nave de socorro en el verano siguiente. El 5 de septiembre, desde el Estrella Polar divisaron las cumbres de los montes de Noruega: la expedición había terminado con tres desaparecidos y el récord de haber llegado más al norte que nadie.</p>
<p>El explorador italomadrileño Luis Amadeo de Saboya continuó su vida de aventuras. En 1906 organizó una expedición a las montañas Rwenzori, en Uganda, donde escaló 16 de sus más altas cumbres; hoy una de ellas lleva su nombre. Tres años más tarde intentó sin éxito conquistar el K2 en el Karakorum, donde una vía de ascenso se conoce como la ruta de Abruzos. Combatió en le guerra italo-turca (1911-1912) y en la Primera Guerra Mundial. Sus últimos años los vivió explorando y fundando poblados en la Somalia italiana, donde murió el 18 de marzo de 1933.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/duque-de-los-abruzos-polo/">Duque de los Abruzos. El madrileño que intentó llegar al Polo</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Stanley en Madrid. 150 años del telegrama que rescató a Livingstone</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/stanley-en-madrid/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Jul 2023 10:03:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Así nos vieron]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XIX]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros extranjeros por España]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=31931</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Ramón Jiménez Fraile Bibliografía: Boletín SGE Nº 63 &#8211; Los lagos de nuestra Tierra &#160; No hay enciclopedia de grandes viajeros que no recoja la escena de Henry Morton [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/stanley-en-madrid/">Stanley en Madrid. 150 años del telegrama que rescató a Livingstone</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3><em><strong>Por Ramón Jiménez Fraile<br />
</strong></em></h3>
<p class="bodytext">Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-63-lagos-de-nuestra-tierra/">Boletín SGE Nº 63 &#8211; Los lagos de nuestra Tierra</a></p>
<div id="c3540" class="csc-default">
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>No hay enciclopedia de grandes viajeros que no recoja la escena de Henry Morton Stanley recibiendo en Madrid el telegrama que le puso en marcha hacia el Dr. Livingstone, al que dos años después saludó con flema en el corazón de África. Fue el propio Stanley el que quiso que el libro en el que dio cuenta de la aventura que cambió su vida, y que supuso un hito no solo del periodismo sino del devenir de África, arrancara con dicho episodio acontecido hace ahora 150 años. Al filo de la efeméride, Ramón Jiménez Fraile, autor de “Stanley. De Madrid a las Fuentes del Nilo”, aporta sobre este asunto nuevos datos e interpretaciones, algunas de ellas transgresoras respecto a lo que se creía hasta ahora al respecto.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Publicado en inglés en 1872 con el título <em>“How I found Livingstone”</em>, la primera edición española del mítico libro de Stanley no vio la luz hasta 1878, de la mano de la editorial barcelonesa “Montaner y Simon”.</p>
<p>En esta primera versión en castellano, el relato de Stanley arranca de la siguiente manera: <em>“El 16 de octubre del año 1869, hallándome en Madrid, y en mi casa de la calle de la Cruz, presentóme mi criado, a eso de las diez de la mañana, un parte telegráfico expedido por Mr. James Gordon Bennet, director del New York Herald, de quien era yo corresponsal. Rasgué el sobre y leí lo que sigue: ‘Volved a París, asunto importante.’ Dos horas después tenía ya recogidos mis libros y papeles, cerradas las maletas y todo preparado. Como el tren correo no salía hasta las tres, quedaba todavía algún tiempo disponible, el cual aproveché para ir a despedirme de mis amigos. A la hora citada me había ya puesto en camino…”</em></p>
<p>Las posteriores ediciones en castellano, incluidas las más recientes, del libro <em>“Cómo encontré a Livingstone” </em>apenas difieren de aquella primera traducción, salvo en algunos añadidos, como el referido a que Stanley acababa de regresar a Madrid tras haber sido testigo de una masacre en Valencia, o que el criado que le tendió el telegrama se llamaba Jacopo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN TELEGRAMA QUE LLEGA CON RETRASO</strong></p>
<p>Una aproximación a los escritos originales de Stanley, incluidos sus archivos personales, permiten hacernos una idea más precisa, y en todo caso menos errónea, de aquellos acontecimientos.</p>
<p>Para empezar, el telegrama en cuestión no lo recibió Stanley el 16 de octubre de 1869, sino un mes antes, en concreto el 15 de septiembre.</p>
<p>Dicho “despacho telegráfico”, cuyo original se conserva en el Museo de África de Tervuren en Bélgica, indica que fue expedido en París el 12 de septiembre y que quedó registrado en Madrid el 13, figurando como fecha y hora de entrega el 15 de septiembre a las 7 de la mañana.</p>
<p>Es probable que la burocracia interna de los servicios telegráficos madrileños no explique por sí sola los dos días que el telegrama estuvo retenido en la “Central de Telegrafía”, sino que también tuviera que ver en ello la censura. España vivía por aquel entonces un período particularmente convulso. Hacía menos de un año que Isabel II había sido derrocada y el gobierno del general Prim se enfrentaba a violentas revueltas carlistas y republicanas que desgarraban la Península, así como a la insurrección independentista cubana.</p>
<p>Stanley, que había llegado a España como corresponsal del «New York Herald» a finales de marzo de 1869, también tuvo que vérselas con la censura, como denota la reclamación que elevó el 10 de septiembre al director general de Comunicaciones para recuperar los 170 reales que había pagado por un telegrama “relativo a la cuestión cubana” que nunca llegó a su destino, la oficina del <em>“New York Herald” </em>en Londres.</p>
<p>Otra causa de retraso radica en el hecho de que, tal como indica la mención <em>“Toward Stanley case American Legation Madrid” </em>que figura sobre el documento, el telegrama no estaba dirigido al domicilio de Stanley, sino a la Embajada de Estados Unidos en Madrid.</p>
<p>La edición original del libro de Stanley indica que fue de “Jacopo” de quien recibió el telegrama. Eso no significa ni que el tal Jacopo fuera un criado suyo, ni que se tratara de un español llamado Jacopo, entre otras cosas porque Stanley respetaba en sus relatos los nombres propios de las personas en su idioma original. Lo más probable es que Jacopo fuera un empleado de la Embajada norteamericana en Madrid. Incluso podríamos pensar que fue el propio Stanley el que recogió el documento en dicha sede diplomática, donde se hacía enviar la correspondencia. El libro original en inglés contiene sentidos agradecimientos de Stanley hacia el personal de la Embajada estadounidense que no figuran en las ediciones españolas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN REPORTERO CON RELACIONES DIPLOMÁTICAS</strong></p>
<p>El reportero, que por aquel entonces ejercía de ciudadano norteamericano, abjurando de su auténtico origen galés, había asistido en persona, a finales de julio, a la presentación en el Palacio de La Granja de San Ildefonso de las cartas credenciales al regente Serrano por parte del nuevo embajador estadounidense en España, el general Daniel Sickles. Héroe de la Guerra Civil estadounidense, Sickles había adquirido gran notoriedad en su país por haber asesinado en plena calle al amante de su mujer, crimen del que se libró de ser condenado aduciendo, por primera vez en la historia judicial estadounidense, trastorno mental transitorio. Además de sus muestras de amistad hacia los miembros de la diplomacia estadounidense en España, hay otros detalles que omiten las versiones en lengua española del libro de Stanley. Entre ellos, la mención que Stanley hizo en la primera página de su libro de un corresponsal londinense que vivía en el cuarto piso del número 6 de la Calle Goya, del que dijo haberse despedido antes de tomar el tren para París. Stanley no desvela en el libro el nombre de su colega, pero sí el de dos de sus hijos – Charlie y Willie – de los que asegura eran muy buenos amigos suyos y a los que les encantaba escuchar las aventuras que él disfrutaba contándoles.</p>
<p>Por los diarios personales de Stanley sabemos que el padre de Charlie y Willie era el corresponsal del diario londinense <em>“The Standard” </em>Charles Hamilton, a quien conoció al día siguiente de su llegada a Madrid. Stanley no solo disfrutó en Madrid de la compañía de los hijos de su colega, sino que también recibió consejos de su esposa escocesa sobre los enseres que la mujer de un corresponsal en el extranjero debía llevar consigo. Stanley mantenía por aquel entonces un romance epistolar con una joven galesa a la que transmitió estos consejos y con la que no se casó debido al viaje que le llevaría al corazón de África.</p>
<p>Stanley se presenta en su libro, así como en las cartas a su novia, como una persona totalmente dedicada a la causa del periodismo, textualmente como un “gladiador” dispuesto a sacrificarlo todo con tal  de cumplir las órdenes de sus superiores. Imbuido de la épica de entrega y sacrificio, aseguró en su relato que, nada más llegar de noche a París, se presentó en el hotel en el que se alojaba su jefe, el cual le lanzó la orden de encontrar, a toda costa, al Doctor Livingstone (“Find Livingstone!”), no quedándole más remedio que obedecer.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BUSCAR A LIVINGSTONE: UNA ORDEN O TAL VEZ UNA DECISIÓN PROPIA</strong></p>
<p>Sin ser el mentiroso compulsivo que algunos pretenden (sus impecables crónicas periodísticas y la exactitud de sus descubrimientos geográficos demuestran lo contrario), Stanley era ante todo un hacedor de historias. Cuando le convenía, adaptaba la realidad a la lógica de sus relatos para hacerlos más creíbles. De hecho, si atendemos al contenido mismo del telegrama que Stanley recibió en Madrid, comprobamos que en él su jefe no le dice que tuviera que viajar a París para tratar un “asunto importante”, sino que le propone desplazarse a París en caso de que pensara que nada sorprendente fuera a suceder en España en los siguientes veinte días: <em>“Unless you think</em><em> something veri </em>(sic) <em>startling will take place</em><em> within twenty days come to Paris on receipt of this telegram”.</em></p>
<p>Llegados a este punto, conviene sacar a relucir el interés que, desde muy joven, tuvo Stanley hacia la exploración y los grandes viajes. Sabemos que al poco de abandonar el asilo del País de Gales en el que pasó su infancia, leyó el libro “Missionary Travels” de Livingstone, personaje del que quedó prendado.</p>
<p>Tim Jeal, uno de los mayores especialistas sobre Stanley (autor del libro <em>“Stanley.</em><em> The Imposible Life of Africa’s Greatest Explorer”</em>) sugiere que la idea de ir en busca de Livingstone fue de Stanley y no de su jefe Bennett. En apoyo de esta tesis, Jeal ofrece la declaración que hizo años más tarde un amigo de juventud de Stanley, Lewis Noe, a quien, en las navidades de 1866, confesó que estaba muy interesado por los trabajos de Livingstone y le manifestó el deseo <em>“de ir él mismo</em><em> a África como corresponsal del ‘New York Herald’ con objeto de causar sensación con el relato que escribiría, el cual le reportaría fama y dinero”.</em></p>
<p>Cuando, casi año y medio después de haberse reunido con su jefe en París, Stanley se presentó en Zanzíbar para emprender la búsqueda de Livingstone, descubrió que su periódico no le había hecho llegar a la isla ninguna suma de dinero, por lo que tuvo que empeñar su palabra y, con ella, su futuro. Fue una vez que supo que Stanley había encontrado a Livingstone que a Bennett no le quedó más remedio que sufragar, a regañadientes, los costes de la expedición.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>REPORTERO Y JEFE: UNA RELACIÓN COMPLICADA</strong></p>
<p>La situación de dependencia de Stanley respecto a su jefe, así como su deseo de apaciguar su ira, explicarían la profusión de dedicatorias y alabanzas que Stanley le dedicó en el libro y en sus manifestaciones públicas, mientras que en privado las relaciones entre los dos fueron siempre tensas y estuvieron marcadas por muestras de desprecio por parte del director hacia su corresponsal. Los diarios privados de Stanley contienen indicios que sustentan la idea del montaje urdido por él para hacer creer que la orden de buscar a Livingstone se la dio Bennett.</p>
<p>En uno de esos diarios figuran dos únicas entradas relativas al mes de septiembre de 1869. La primera se refiere al día 15 y en ella Stanley menciona el telegrama de Bennett, cuyo texto reproduce de manera literal, es decir sin pretender que su jefe le convocara en París para hablarle de un “asunto importante”. La otra entrada, relativa al día 26, dice <em>“Barcelona. Republican rising”</em>, en alusión a la revuelta republicana que se produjo por esas fechas en la Ciudad Condal, y que había prendido al socaire de la huelga de los obreros del sector textil. Cabe pensar que Stanley consideró que los sucesos de Barcelona eran lo suficientemente graves como para justificar su permanencia en España, en vez de viajar a París.</p>
<p>No menos graves serían las revueltas republicanas y su consiguiente represión, que Stanley presenció <em>in situ</em>, en octubre, en Zaragoza y Valencia, sucesos que menciona en sus diarios y de los que dio cuenta en impactantes crónicas. El caso es que el 21 de octubre, Stanley, procedente de Valencia, estaba de vuelta en Madrid, donde el 27 por la tarde cogió el tren con todas sus pertenencias. Según el diario privado que usaba para anotar sus gastos y desplazamientos, llegó a París el 28 a las 11 de la noche, y directamente se dirigió al hotel en el que se alojaba Bennett. Justo después del nombre del hotel, puede leerse <em>“Orders to find Livingstone”</em>. Un examen superficial basado en el tamaño y la disposición de esta última frase respecto a las anteriores permite concluir que la anotación fue realizada con posterioridad, en un claro afán de sustentar, a posteriori, la tesis de que la orden había partido del director del <em>“New York Herald”</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN SUSTITUTO DE STANLEY EN MADRID</strong></p>
<p>Un asunto que a buen seguro sí abordó Bennett con su subordinado en París es el que aparece mencionado en otro de los diarios privados de Stanley, en el que, sin que haya indicios de manipulación, se puede leer textualmente: <em>“October.</em><em> Offered Hay position on “Herald” asked by Bennett”</em>. De esta anotación se deduce que el puesto que Stanley había dejado vacante como corresponsal en España del <em>“New York Herald” </em>–al salir de España con todas sus pertenencias &#8211; le había sido ofrecido, por decisión de Bennett, a alguien apellidado Hay.</p>
<p>Ese alguien era John Hay, ni más ni menos que el que fuera secretario privado del presidente Abraham Lincoln, de cuyo asesinato fue testigo. Hay había llegado a Madrid en julio de 1869, junto al nuevo embajador David Sickles, para ocupar el cargo de primer secretario de la embajada estadounidense en Madrid, puesto que había aceptado no tanto por el salario, que reconoció era bajo, sino para contribuir a que Cuba cayera bajo la influencia norteamericana, tal como él mismo reconocería.</p>
<p>Conocedores de sus dotes como escritor (de su pluma salieron importantes textos atribuidos a Lincoln), los principales periódicos estadounidenses competirían por hacerse con los servicios de Hay desde España. Sus vivencias e impresiones de los dos años que residió en Madrid quedarían reflejados en su libro “Castilian Days”, publicado en 1871.</p>
<p>Ese mismo año 1871, concretamente en noviembre, Stanley, un perfecto desconocido que estaba a años luz del prestigio y la consideración que en el mundo anglosajón tenía John Hay, se quitó el ‘salacot’ al borde del Lago Tanganica y dijo: <em>“Doctor Livingstone, supongo”.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>DE VUELTA A ESPAÑA: UNA CIERTA NOTORIEDAD</strong></p>
<p>Tras la efímera notoriedad que este hecho le reportó, en mayo de 1873 Stanley retomó, por orden expresa de Bennett que le negó un aumento de sueldo, la labor de corresponsal en España, donde muy pocos eran conocedores de su hazaña africana. Uno de ellos fue Manuel Iradier, fundador en 1868 de “La Exploradora”, primera sociedad geográfica española, el cual saldría al encuentro de Stanley en Vitoria para pedirle consejo sobre los viajes a África.</p>
<p>No sería hasta 1876 cuando se fundó la Sociedad Geográfica de Madrid, precursora de la actual Real Sociedad Geográfica. Por aquel entonces, Stanley, desafiando de nuevo al destino, había regresado a África para completar la obra del fallecido Livingstone, y estaba ocupado en circunnavegar a bordo de la <em>“Lady Alice”</em>, la barca desmontable construida a base de cedro español, los lagos Victoria y Tanganica, antes de emprender la primera travesía del que resultó ser el Río Congo. El secular espacio en blanco en el centro de los mapas de África quedaba así definitivamente rellenado.</p>
<p>En los archivos del reportero metido a explorador que se conservan en Bélgica, figura el original de la carta que, el 15 de diciembre de 1877, le envió Francisco Coello, presidente de la Sociedad Geográfica de Madrid, para rendirle <em>“justo</em><em> tributo de admiración… por la temeraria empresa de cruzar las ignotas regiones del África central”.</em></p>
<p>Coello le comentó que le hubiera gustado premiarle por ser <em>“uno de los más</em><em> ilustres campeones de la Geografía, compañera predilecta e inseparable de la verdadera civilización”</em>, pero la falta de recursos de su sociedad geográfica le impedía otorgarle una medalla. <em>“España no olvidará </em>&#8211; añadió Coello &#8211; <em>que ha</em><em> tenido la dicha de que hayáis residido en ella durante algún tiempo”</em>.</p>
</div>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/stanley-en-madrid/">Stanley en Madrid. 150 años del telegrama que rescató a Livingstone</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>El viaje del ruso Miklouho-Maclay a Canarias</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/miklouho-maclay-a-canarias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Jul 2023 09:07:26 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Así nos vieron]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Siglo XIX]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros extranjeros por España]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=31913</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Sociedad Geográfica Española Bibliografía: Boletín SGE Nº 69 &#8211; Fronteras &#160; Nikolai Miklouho-Maclay pasó más de un año explorando Nueva Guinea, Australia, Oceanía y el sudeste asiático. Su mala [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/miklouho-maclay-a-canarias/">El viaje del ruso Miklouho-Maclay a Canarias</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3><em><strong>Por Sociedad Geográfica Española<br />
</strong></em></h3>
<p class="bodytext">Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-69-fronteras/">Boletín SGE Nº 69 &#8211; Fronteras</a></p>
<div id="c3540" class="csc-default">
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Nikolai Miklouho-Maclay pasó más de un año explorando Nueva Guinea, Australia, Oceanía y el sudeste asiático. Su mala salud, la falta de dinero, los muchos peligros y la falta de comodidades no lo detuvieron: su pasión por viajar era más fuerte. Una pasión que nunca se habría despertado si, en sus años de estudiante, hubiera rechazado la invitación de su profesor, Ernst Haeckel (el más notable evolucionista alemán) para formar parte de una expedición científica a las Islas Canarias.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Nikolai Miklouho-Maclay tenía gran talento en muy distintos campos: el dibujo, las ciencias naturales, la etnografía y la antropología. Pero se le reconoció a nivel mundial por sus viajes. Dejó más de 700 dibujos de lugares que visitó, y escribió alrededor de ciento sesenta artículos científicos, y notas de viaje muy minuciosas, donde describe con detalle las características de la vida animal en las islas tropicales, reuniendo además colecciones etnográficas únicas. Pero su gran descubrimiento lo hizo en su primera expedición.</p>
<p>A finales de marzo de 1866, el profesor Ernst Haeckel decidió realizar un viaje científico al Mediterráneo, y pensó en contar con la colaboración de dos de sus estudiantes favoritos: Hermann Fol y Nikolai Miklouho-Maclay. Inicialmente, su objetivo era estudiar la fauna marina mediterránea en Messina, pero la presencia del cólera en esa zona le hizo cambiar de planes. Así, decidió dejar atrás su primer objetivo, pensando centrarse en el mundo subtropical de las Islas Canarias.</p>
<p>Fue en ese viaje cuando Haeckel quedó impresionado por la pasión de Miklouho-Maclay, y por la consistencia y la originalidad de su pensamiento, razones por las que el profesor le propuso el puesto de asistente. Y en sus cartas lo calificó como <em>“un asistente diligente y servicial” </em>y <em>“uno de mis estudiantes</em><em> favoritos”.</em></p>
<p>En realidad, debido a sus problemas de salud, Miklouho-Maclay se habría sentido mucho más cómodo convirtiéndose en un científico de gabinete, pero su deseo de viajar le hizo superar todo tipo de limitaciones. Aunque justo antes de comenzar el viaje se sintió enfermo, y su amigo Fol dudó de si podría ir de viaje, y así se lo comunicó al profesor: <em>“Miklouho todavía está conmigo, pero probablemente,</em><em> él no irá con nosotros, aunque su salud es mejor que cuando llegó a Ginebra” </em>Pero la enfermedad no pudo detener al investigador novato, y decidió unirse al viaje: así se lo comunicó a su maestro y así lo hizo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LLEGADA A TENERIFE</strong></p>
<p>El 22 de noviembre de 1866, los viajeros llegaron a la ciudad de Santa Cruz. Haeckel tenía la intención de subir a la cima del volcán Teide, a 3.718 metros de altura, ya que deseaba repetir el logro del naturalista Alexander Von Humboldt. Pero, en noviembre, el volcán estaba cubierto de nieve y hielo en algunos lugares, y, cuando los exploradores se acercaron a su base, dos de ellos prudentemente se negaron a subir. Miklouho-Maclay, a pesar de sentirse mal, no se arredró, y le hizo compañía a Haeckel. El joven viajero no calculó sus energías: después de unos cientos de metros tuvo que regresar al campamento. De todos modos, la estancia de los investigadores en Tenerife no fue demasiado larga y tuvo sobre todo carácter informativo.</p>
<p>Después de hacer varias excursiones a lo largo de la costa norte, decidieron escuchar los consejos del cónsul francés Berthelot, un famoso naturalista de la época, quien les recomendó trasladarse a la isla más oriental de Canarias, Lanzarote.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ESTANCIA EN LANZAROTE</strong></p>
<p>Miklukho &#8211; Maclay sufría de mareos crónicos, pero esto no le impidió hacer largos viajes a Nueva Guinea o a Indonesia, El hecho de que no pudiera nadar tampoco le detuvo, y en sus expediciones posteriores, Miklukho- Maclay viajó repetidamente en canoas y frágiles botes locales.</p>
<p>Así, en Lanzarote, los exploradores salieron al mar todos los días para obtener muestras de la fauna atlántica. Haeckel recordó que un día una gran ola golpeó el bote, que comenzó a hundirse, y, con gran dificultad, fue posible llegar a tierra firme. Y contó cómo Miklukho- Maclay se puso a achicar con gran calma, y, sin embargo, su compañero, el científico Gref, que sabía nadar, cayó en un ataque de histeria. En Arrecife los científicos alquilaron una casa que les sirvió tanto de vivienda como de laboratorio. Todas las mañanas iban a la bahía a recoger los materiales necesarios para el trabajo de investigación: crustáceos, medusas, y todo tipo de seres vivos. El botín tenía que ser trasladado al laboratorio, situado en el segundo piso de la casa. Pero Miklouho-Maclay prefirió no arrastrar los recipientes de vidrio y los cubos de agua a lo largo de la escalera empinada y algo inestable, y adaptó un sistema de bloques para irlos subiendo. En cualquier caso, dejarlo en el piso de entrada era imposible, ya que los ratones y las ratas recorrían la casa, repleta de insectos, mosquitos y pulgas, convirtiendo el espacio en un campo de lucha en la que no ayudaban a los habitantes humanos las medidas de higiene y los polvos repelentes. Como verdadero científico que era, Haeckel contó el total de pulgas que los miembros de la expedición tuvieron que exterminar en enero de 1867: había más de seis mil. En su artículo sobre la expedición canaria, escribió: “Debido a su sed de sangre insaciable, estos insectos se han convertido en un verdadero desastre para nosotros”. Debido a ese problema, el profesor acortó su estancia en Lanzarote a un mes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>TAREAS DE INVESTIGACIÓN</strong></p>
<p>La tarea de cada uno de los miembros de la expedición era estudiar un determinado grupo de organismos marinos. Miklouho-Maclay se dedicó al estudio de esponjas y peces, principalmente tiburones. Fue entonces cuando realizó su primer hallazgo científico: descubrió un nuevo tipo de esponja de piedra caliza, a la que bautizó como <em>Guancha Blanca</em>, en honor a los guanches de las Islas Canarias. También compraba pescado a los pescadores locales y, basándose en sus estudios de investigación, escribió trabajos sobre el cerebro y la vejiga natatoria de los tiburones. En otoño de 1867 apareció su primera publicación en el <em>Jena Journal of Medicine and Natural Science.</em> Posteriormente publicó dos trabajos científicos más: <em>“Materiales</em><em> para el conocimiento de las esponjas” </em>y <em>“Sobre la anatomía</em><em> comparativa del cerebro”. </em>Hay que señalar que la mayoría de los lugareños estaban convencidos de que los recién llegados eran hechiceros poderosos, que sabían curar enfermedades y preveían el futuro. Así, se les pedía constantemente ayuda y predicciones.</p>
<p>La población en Lanzarote era mixta desde un punto de vista antropológico: convivían negros y mestizos hispanos, algunos de los cuales eran descendientes de los antiguos guanches.</p>
<p>Miklouho-Maclay se interesó por primera vez en la investigación etnográfica, y comenzó a estudiar sus tradiciones y su historia, un interés que determinaría su futuro profesional, dedicado a la etnografía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>HACIA MARRUECOS Y ESPAÑA</strong></p>
<p>El 2 de marzo, los viajeros salieron de Lanzarote hacia el puerto de Mogador (hoy Essaouira) en el barco “Greatham Hall”. Una vez allí, los estudiantes se separaron de su profesor, ya que Miklouho-Maclay persuadió a Fol para que se quedara con él en el Sultanato de Marruecos. Contrataron a un intérprete y viajaron a Marrakech. Más tarde visitaron varios puertos marroquíes. Miklouho-Maclay se interesó intensamente por la cultura árabe y bereber: su forma de vida, el comercio de caravanas, su arquitectura ligada a la tierra y sus tradiciones. De esa manera su interés por la etnografía fue creciendo cada vez más.</p>
<p>Desde Marruecos, los estudiantes fueron a España. Los amigos visitaron Málaga, Granada, Córdoba, Sevilla y Madrid, donde Miklouho-Maclay decidió pasar la no-de Mikhail lo recordaba así: <em>“Al otro lado del río había un campamento gitano, y</em><em> quería pasar la noche con ellos”. </em>La aventura terminó relativamente bien: los gitanos no le tocaron, pero después de esta noche al raso se enfermó de un resfriado, y no pudo recuperarse durante mucho tiempo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>YA EN RUSIA</strong></p>
<p>En 1868 y ya en su país, Nikolai recurrió al cartógrafo alemán August Peterman, fundador de la revista geográfica <em>“Petermanns Geographische Mitteilungen” </em>con una solicitud para incluirlo en la expedición polar que estaba formando. Tras haber sido rechazado, intentó ingresar en el equipo del explorador sueco del Ártico Nordenskjöld, pero tampoco tuvo éxito.</p>
<p>En 1869 se embarcó solo para explorar la fauna marina en el Mar Rojo y luego regresó a Rusia para preparar una expedición a las islas tropicales. En 1870, a través de la Sociedad Geográfica Imperial de Rusia, el viajero recibió un pasaporte extranjero a nombre del <em>“noble Miklouho-Maclay, enviado en una</em><em> misión con un propósito científico”</em>. Sus siguientes palabras dan fe de su trayectoria y su dedicación:</p>
<p><em>“La única manera es contemplar todo con los propios ojos, y a continuación dar</em><em> cuenta por escrito de todo lo visto. Hice mi trabajo, por el bien de la ciencia y solo por ella, por lo tanto, cualquier simpatía, alabanza o censura no podría cambiar el programa que me propuse &#8230; Con el tiempo, si no ahora, las personas competentes descubrirán que no perdí el tiempo ni la oportunidad …” </em>De una carta de Nikolai Miklouho-Maclay al Gran Duque Nikolai Mikhailovich (Sydney, junio de 1881).</p>
<p>En la actualidad, el nombre de Miklouho-Maclay está asociado a uno de los premios más destacados de la Sociedad Geográfica Rusa: la Medalla de Oro, que se otorga por logros conseguidos en el campo de la antropología y la etnografía. Y la fecha de nacimiento del científico, el 17 de julio se celebra extraoficialmente en Rusia como el Día del Etnógrafo.</p>
</div>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/miklouho-maclay-a-canarias/">El viaje del ruso Miklouho-Maclay a Canarias</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Eduard Toda. Los viajes por China de un diplomático atípico</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/eduard-toda-china/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Jul 2023 08:43:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=31643</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por María Dolores Elizalde Bibliografía: Boletín 54 &#8211; Los grandes ríos africanos Una foto en sepia del siglo XIX nos ofrece la imagen de un hombre joven todavía, corpulento, barbudo, [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/eduard-toda-china/">Eduard Toda. Los viajes por China de un diplomático atípico</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por María Dolores Elizalde</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-54/">Boletín 54 &#8211; Los grandes ríos africanos</a></p>
<p><strong>Una foto en sepia del siglo XIX nos ofrece la imagen de un hombre joven todavía, corpulento, barbudo, con pinta de vividor, que mira con fiereza envuelto en el traje de un guerrero chino de tiempos pretéritos, empuñando una contundente espada de época. ¿Quién fue ese personaje un tanto estrafalario? ¿Qué hacía en China por aquel entonces?</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EDUARD TODA (1855-1941), diplomático en China</strong></p>
<p>Mediado el siglo XIX, y después de la obligada apertura de China al exterior tras las guerras del opio, las principales potencias firmaron tratados que aseguraban su participación en la carrera por la penetración aquel inmenso imperio. Ante las modificaciones en el frágil equilibrio de poderes en el área que ello podía implicar, España quiso defender sus intereses. No era un país ajeno a Asia oriental. Desde el siglo XVI tenía soberanía sobre las islas Filipinas y desde allí había fomentado diferentes iniciativas diplomáticas, religiosas, militares y comerciales con los países del entorno. Además, a través del Galeón de Manila tenía relaciones seculares con juncos chinos que llevaban a las islas productos asiáticos que se redistribuían a través de esta línea comercial transpacífica, a cambio de plata americana. En Filipinas existía también una importante colonia de población china, que llegaría a cifrarse en 90.000 personas y terminaría por convertirse en un pilar fundamental de la sociedad filipina. En esas condiciones, los sucesivos gobiernos españoles comprendieron que debían ratificar con China un acuerdo similar al que estaban firmando otros países. Fue una larga negociación, iniciada en la década de 1840 y culminada en octubre de 1864 con la firma del primer tratado de amistad y comercio entre España y China. Durante ese extenso proceso, y antes de conseguir que se aceptara la presencia de un ministro plenipotenciario español en Pekín, el gobierno chino permitió que España creara una serie de consulados en Macao (1852), Shanghái (1858) y Amoy (1859), y luego en otros puntos, a fin de defender sus intereses en el área.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>VIAJERO, COLECCIONISTA Y ESCRITOR</strong></p>
<p>Entre aquellos primeros diplomáticos enviados por el gobierno español a China destacó la figura de Eduard Toda i Güell, un viajero y coleccionista nato, que tenía una manera muy particular de entender su profesión y de interesarse por los lugares donde fue destinado. Había nacido en Reus en 1855. Fue nieto del periodista y político Josep Güell i Mercader. Desde muy joven sintió una inclinación por la carrera literaria. Con tan sólo 15 años publicó un primer estudio sobre el Monasterio de Poblet, y desde entonces comenzó a publicar ensayos y poemas en la prensa catalana. Estudió Derecho en Madrid y en esos años estableció una fuerte amistad con víctor Balaguer, quien posteriormente sería ministro de Ultramar. En 1873, apoyado por Emilio Castelar, ingresó en la carrera diplomática. Nuestro personaje, con sus actitudes, sus curiosidades, sus actuaciones, pronto se iba a salir del camino trillado.</p>
<p>En 1875 obtuvo su primer destino como vicecónsul en Macao, cargo que posteriormente desempeñó en Hong-Kong (Diciembre de 1876), en Cantón (abril de 1878) y en Shanghái (octubre de 1880). Estuvo, en total, ocho años residiendo en China, un período largo para aquellas latitudes. en ese tiempo, además de ejercer su labor diplomática, reunió importantes muestras de cerámica china y una valiosa colección numismática, que hoy se encuentra en el Museo arqueológico de Madrid, y sobre la que publicó una obra, <em>Annam and its minor currency</em>, 1882. Su interés por la historia y por las circunstancias de China se manifestó a través de la elaboración de unos manuscritos en los que recogió información sobre el país, sus gentes y costumbres, y en los que reunió multitud de pequeñas fichas, dibujos, fotografías, trazos de letras o papeles ilustrativos sobre temas muy diversos. sus apuntes se basaban en la observación personal, en relatos de testigos y conocedores del caso que le interesa narrar, y en obras clásicas escritas por historiadores chinos, extranjeros, misioneros y viajeros. Con parte de ese material elaboró posteriormente varios libros sobre el área: <em>Viatge a la Xina</em>, 1876; <em>Macao, records de viatge</em>, 1883; <em>La vida en el Celeste Imperio</em>, 1887; e <em>Historia de la China</em>, 1893.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA MIRADA ORIENTALISTA DE UN OCCIDENTAL</strong></p>
<p>Toda escribió, así, sobre la historia de China, su forma de gobierno, su concepto de monarquía y la sucesión en el cargo, la función de los ministros, el papel de las mujeres o de los eunucos dentro de la Corte… en un tiempo de importantes revueltas internas, que expresaban el descontento de determinados círculos ante la apertura y penetración exterior, Toda reflejó la existencia de rebeliones y sociedades secretas en China. Trató luego sobre economía, comercio, moneda, legislación mercantil, el mundo del té y el cultivo de otros productos, o la presencia extranjera en el país y la situación en distintos puertos abiertos al exterior, esto es, sobre temas que podían ser de utilidad para la misión que tenía encomendada y para fomentar el comercio que el gobierno deseaba fomentar entre los dos países.</p>
<p>Redactó también unas notas sobre “<em>Excursiones en China. Costumbres y política del Celeste imperio</em>”, en las que trataba sobre geografía, límites y población, o sobre la vida doméstica en China, reflejando aquellas cosas que le llamaban la atención. Hablaba, así, de la fisonomía de los chinos, del uso de la coleta en los hombres, los pies pequeños de las mujeres, los vestidos y adornos, la organización y decoración de las casas, la comida o costumbres cotidianas… en otro capítulo disertaba sobre la vida social de los chinos, explicando cómo eran las ciudades, el alumbrado, la conducción del agua o los servicios municipales; reflejaba también el tipo de gente que poblaba las calles, cómo eran las tiendas y las distracciones públicas (casas de té, banquetes, teatros…). Se interesó igualmente por la mitología china, y en especial por cómo pensaban la creación del universo o la narración de determinados hechos mitológicos. Recogió algunos dichos chinos, en los que hablaba de los escollos de la vida, las virtudes o la felicidad en la mentalidad china. Así, señalaba cinco virtudes chinas: filantropía, justicia, educación, prudencia y sinceridad; cinco felicidades: larga vida, riqueza, paz, virtud y buena muerte; cinco puntos cardinales: norte, mediodía, oriente, occidente y centro, un concepto tan importante que llegó a dar nombre al imperio: el imperio del centro, bien alejado de las periferias en las que los europeos situaban a China. También recogía tres escollos en la vida según la mentalidad china: en la juventud, los placeres criminales, en la edad madura, las disputas y los pleitos, en la vejez, la avaricia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ACTITUD CURIOS ANTE ASPECTOS DE LA VIDA COTIDIANA</strong></p>
<p>Señaló la existencia de divorcio en China, explicando los motivos por los que el marido podía repudiar a la mujer: por el crimen de adulterio, por esterilidad, por deshonestidad, por desobediencia a los padres del marido, por tener la mujer mala lengua, por ser inclinada al robo, por ser celosa y por tener una enfermedad incurable. Ante esa situación, señalaba, la mujer podía oponerse al divorcio si no tenía parientes que la pudieran acoger, o si hubiera llevado luto por los padres del marido durante tres años, y en esos casos, el marido estaba obligado a aceptar de nuevo a la mujer.</p>
<p>Toda elaboró también un listado de las misiones católicas y protestantes en China en 1869, algo que sin duda interesaba al gobierno español, todavía muy comprometido con la labor evangelizadora que las órdenes religiosas desempeñaban en Ultramar. en esas cifras, destaca que hubiera tantas misiones católicas desempeñadas por lo que Toda llama “indígenas”, esto es, por frailes chinos, una situación radicalmente diferente de lo que ocurría en Filipinas.</p>
<p>Reflejaba, en suma, aquellas cosas que despertaban su curiosidad y los temas que le llamaban la atención, más allá de su trascendencia, aunque procuraba recabar también datos y cuestiones que pudieran tener utilidad para el desarrollo de su misión. Generaba conocimiento, sin duda, pero hay que advertir que sus notas estaban escritas desde una mentalidad occidental, que veía China desde una mirada típicamente orientalista europea, No llegó a entender el sentido religioso chino, ni sus cultos, y cuestionó las supersticiones, los dioses cotidianos, la falta de higiene, la suciedad en las calles, la inmovilidad de los chinos, -un tema muy recurrente en los occidentales que en el siglo XIX se acercaron a China-. Hay que entender, pues, sus comentarios desde la mentalidad de un occidental de la época que tuvo la oportunidad de vivir ocho años en China y quiso narrar lo que vio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>VIAJES POR TIERRAS Y RIOS<br />
</strong></p>
<p>Eduard Toda escribió, además, sobre sus viajes por China, entre ellos una excursión a Emuy, efectuada en 1880, o una breve expedición que realizó en 1881, partiendo de Shanghái, por el curso del Gran Canal imperial, hacia el país de los lagos, una vía náutica de unos 1.200 km construida en tiempos de la dinastía mongólica, con objeto de evitar que las frágiles embarcaciones chinas que llevaban al norte los tributos de arroz tuvieran que afrontar los tempestuosos mares de aquellas costas. en su viaje estuvo acompañado por el conde de Carfort, teniente de navío de la armada francesa, que ilustró la expedición con dibujos. Fueron a bordo de un pequeño barco con camarote, que podía navegar a vela, a remo, o a la sirga, es decir, tirando de cuerdas desde las orillas cuando el canal era muy estrecho. su intención era conocer el canal y los paisajes que lo rodeaban, y dedicarse a la caza de faisanes. Tras varios días de viaje, Toda declaró entusiasmado que había conocido una de las comarcas más bellas de China.</p>
<p>El 7 de noviembre salieron de Shanghái, remontando el curso del Suchao. El día 8 llegaron a Tsungmu, una pequeña población de la zona de los lagos. Visitaron distintos santuarios, en los cuales los monjes budistas les acogieron con amabilidad, ofreciéndoles té, mostrándoles los monumentos más significativos, y narrándoles el devastador paso de la rebelión Taiping por aquella tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA INCURSIÓN OFICIAL A NANJING</strong></p>
<p>Sus cuadernos incluían también apuntes de un viaje a Nanjing, una región a la cual los europeos no podían llegar sin un permiso especial de las autoridades chinas. Quizás por ello realizó la visita a bordo del crucero de guerra español “Gravina”, “<em>un barco de guerra nacional que paseaba nuestra bandera por aquellas lejanas regiones</em>” a fin de que se conociera la presencia española. En sus escritos recogió sus impresiones de los lugares que visitó. Hablaba, así, del silencio, la soledad y la destrucción que aún se advertía tras el paso de los Taiping, de las ruinas del palacio imperial, destruido, primero en el siglo XV, cuando la corte se trasladó a Pekín, a fin de evitar que nadie pudiera profanar habitaciones concebidas solo para el emperador, y en las últimas décadas por la guerra civil que asoló esta parte del país. ensalzó también las tumbas Ming, comparándolas por su grandiosidad con las pirámides de Egipto. Toda resaltaba también que “<em>desde las afueras de Nanking marcábase el camino que conducía al regio panteón con dos hileras de monolitos representando diversos cuadrúpedos y guerreros de la época&#8230;</em>” explicaba igualmente que “<em>los soberanos de la pasada dinastía Ming, deseosos de conservar sus restos mortales al abrigo de toda profanación, no podían imaginar cosa mejor que construir una montaña de más de tres leguas de circunferencia, en cuyo seno se depositaran sus cuerpos</em>”. Y concluía: “<em>Es de creer hayan conseguido su objeto, pues si bien la necrópolis regia está abandonada y fue abierta varias veces, no hay recuerdo en el país de que se haya encontrado el cadáver de un solo emperador</em>”.</p>
<p>Al ser este viaje una misión oficial, el barco español recibió la visita del virrey de la zona, que fue puntualmente narrada por Toda, ilustrando la barca que empleó el mandatario en su visita al “Gravina”, y detallando la comida que les ofrecieron, -aleta de tiburón, nido de golondrina, y así hasta más de 40 platos-, al punto de explicar luego que “<em>en los buenos banquetes deben presentarse a lo menos cuarenta o sesenta manjares diferentes y duran entre tres o cuatro horas. Han sido el suplicio mayor a que me he visto sometido en China</em>”.</p>
<p>En 1882 Toda abandonó China rumbo a nuevos destinos. pero en los recuerdos que nos ha dejado sobre su estancia en ese país destaca su manera de entender y desempeñar su profesión y de relacionarse con la sociedad en la que vivía. Se le puede considerar como ejemplo de una serie de diplomáticos del XIX que tuvieron trayectorias personales y profesionales originales, defendieron ideas propias respecto al interés que presentaba Asia, y realizaron importantes contribuciones al conocimiento de aquel ámbito.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/eduard-toda-china/">Eduard Toda. Los viajes por China de un diplomático atípico</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Juan de Novoa. Un explorador gallego en la Armada de Portugal</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/juan-de-novoa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Jul 2023 08:31:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=31637</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por Enrique Morales Cano Bibliografía: Boletín 53 &#8211; Imperio Otomano Nacido en Maceda en 1460 y establecido en Lisboa casi treinta años después, desempeñó un importante papel en la historia [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/juan-de-novoa/">Juan de Novoa. Un explorador gallego en la Armada de Portugal</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Enrique Morales Cano</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-53-especial-imperio-otomano/">Boletín 53 &#8211; Imperio Otomano</a></p>
<p><strong>Nacido en Maceda en 1460 y establecido en Lisboa casi treinta años después, desempeñó un importante papel en la historia de la navegación portuguesa, sirviendo primero a Juan II y siendo más tarde hombre de confianza de Manuel I el Afortunado. Descubrió la isla de Santa Elena y la de Ascensión, realizó tres viajes a la India en busca de las muy codiciadas especias, y destacó por sus buenas artes diplomáticas.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>De Maceda a Lisboa</strong></p>
<p>La historia de este noble gallego nacido en Maceda (Orense), Juan de Novoa para los españoles, Joao da Nova en el ámbito histórico portugués, se remonta a la Era de los Descubrimientos. Se trata de un complejo personaje para una época también compleja, que forma parte con todo mérito y honores de esa desdichada legión de seres injustamente olvidados, de quienes ya nadie se acuerda, ni apenas consta memoria. Originario del castillo de Maceda, en medio de un entorno paradisíaco, pertenecía por derecho propio a la baja nobleza gallega. Las perdurables sevicias cometidas contra el campesinado gallego se habían hecho ya por entonces tan ostensibles como crónicas, y así, ante las atrocidades de todo sesgo cometidas contra el campesinado, optó el gallego por marcharse. Tal decisión le supondría a Xoan cruzar para siempre la raya portuguesa para salvar la cabeza en lo mejor de su existencia, la treintena. Ya no volvería más a la amada tierra. No obstante, dadas sus buena cualidades, enseguida entra con buen pie a servir a Portugal, volcado entonces en la conquista del norte de África y deslizándose en sucesivos descubrimientos por la costa occidental africana, en busca incansable del cruce del Atlántico con el Índico que les llevaría directamente a la India, el capital mundo de las especias.</p>
<p>Una vez en Lisboa se hizo amigo de Tristán de Acuña, favorito del rey Manuel I y figura de máximo y reconocido esplendor en todos los terrenos públicos imaginables, sociales, culturales y sobre todo financieros. Con este “comodín” en mano y las habilidades y conocimientos públicamente desplegados, Novoa se haría, a no muy tardar, con la alcaldía de Lisboa, y bajo su férula recaería también la seguridad ciudadana lisboeta, así como las implícitas funciones de guardián del estratégico castillo de San Jorge. Pero su mundo no era el de la burocracia, lo oficinesco ni el alto funcionariado, aunque tan bien supiera, no obstante, lidiar con todo ello; ni la codicia le cegó nunca desde los puestos que paulatina y gustosamente mantenía correspondidos y ciertamente conquistados. Su afán era proseguir el latido explorador y seguir los pasos de los primeros pioneros en pos de la India, seducción a la que ya habían caído en pleno, por su parte, tanto Gama como luego a continuación Álvares Cabral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Al mando de La Flor de la mar</strong></p>
<p>Cuando Novoa (o da Nova) marchaba firmemente ya a la India sin más tropiezos, encomendado a Dios y la mayor de las fortunas, Cabral, en cambio, andaba perdido por algún lugar del universo marino. Acabando por devolver apenas siete de los 13 navíos con los que partiera de Lisboa, dos de los cuales, además, vacíos en contenido de especias: razón por la cual quizá la acogida en la corte no fuera especialmente tan allegada como otras, ni tan calurosa. Nervioso, pues, Manuel I por falta de noticias ultramarinas, ordena entonces al gallego encabezar la III flota hacia el Indostán, al frente de cuatro carabelas, cuyo buque insignia -que comandará siempre-, ofrece el bello nombre de “Flor de la mar”, en español. Sería el título que, en adelante, llevarían sucesivas naves capitanas de la Armada lusa.</p>
<p>A su feliz regreso, sin más contratiempos que el cruce del siempre temido Cabo de Buena Esperanza, Juan de Novoa descubre la isla de Santa Elena, auténtico bastión reparador a lo largo de toda la extensísima y peligrosa “Carrera de la India”. A la ida, había avistado ya otro enclave isleño, igualmente aislado en la inmensidad del vacío navegable, Concepción, por todas partes marginado de tierra e incrustado en medio de la nada del Atlántico Sur, luego conocido por Ascensión. Tiene la isla la implícita particularidad de disponer de la mejor aguada de “la Carrera de la India”, así como de haber sido el lugar de natural anclaje, hospital, reposo de la tripulación y reaprovisionamiento de naves. Sin olvidar el determinante factor de servir de punto de encuentro para reagrupar y defender las flotas provenientes del rico Malabar indostánico, constantemente atacadas por sus enemigo. Cada vez más cargadas de preciadísimas y caras especias, estaban permanentemente bajo el acecho de las flotas holandesas, primero, y más adelante de otras potencias europeas.</p>
<p>Novoa cruza, pues, el Cabo de Buena Esperanza en que entrechocan las aguas frías con las más cálidas índicas, y llega final y bonanciblemente a Cananor con la suerte permanentemente de cara. Una vez llegado a la costa india, y gracias a sus buenos  oficios y fácil labia, se gana para Portugal la voluntad del rey local. En realidad, pese a exigidos intentos comerciales, previamente evidenciados y comandados por Gama y Cabral, de sustentar firmes bases económicas en la zona, es da Nova, sin embargo, quien formalmente funda la primera factoría sobre bases operativas estables en dicha localidad costera. Tal negociación le supone cargar las naves de preciosísimas especias y regresar a casa con cuantos navíos partió sin contratiempos. Algo que, sin embargo, raras veces solía ocurrir, a causa de ataques o fieros temporales que desbarataban las escuadras anuales a la India.</p>
<p>Mientras el imperio ultramarino español, por su parte, se estaba asentando sobre las tierras más cercanas de América, los portugueses se meten de lleno por su parte en la auténtica “boca del lobo”. Unos mares y unas tierras pisadas y disputadas por imperios tan sólidos, fuertes y aguerridos como los persas, hindúes o como los mogoles. Sin contar tampoco -en tránsito por la costa oriental africana rumbo al Malabar- con la virulenta y combativa animadversión demostrada por algunos enclaves árabes y negros. Tan solo los comisionistas de especias venecianos, que comerciaban el producto con Europa vía Mediterráneo, eran institucional y cordialmente aceptados a base de acuerdos, entramados, y encontrados intereses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Enfrentamiento naval en la bahía de Cananor</strong></p>
<p>En este entorno histórico, dispuesto Juan de Novoa a zarpar hacia Portugal con las naves casi repletas de especias, y coronar así con indudable éxito tan arduo periplo (que le llevaría incluso en su segunda expedición a la India, de 1505, a descubrir Sri Lanka), se dio de bruces con toda la bahía de Cananor bloqueada por fuerzas enemigos. Advertido por sus fieles de no plantar cara, pues el mínimo intento de cruzar esas aguas sin permiso conduciría a un devastador abordaje en masa, se le aconseja aceptar la situación y rendirse. Pero Xoan, sin dudarlo, ordena reagrupar desde “Flor de la mar” sus cuatro frágiles carabelas, frente a centenares de barcos de toda clase y pertrechos dispuestos a asfixiar sus planes y abordarle. Así, el gallego se lanza en tromba sobre la sólida y estructurada muralla enemiga, la atraviesa ante la estupefacción general y ,una vez realizada tal proeza, dispara contra ellos sus cañones de bronce haciendo añicos las embarcaciones de sus incrédulos enemigos, que disponiendo tan sólo de inferior artillería de hierro, se retiran derrotados. Llevando a la práctica una táctica de ataque que se consagró en la guerra naval hasta épocas muy recientes.</p>
<p>Victorioso, volvió en 1505 con su protector Tristán de Acuña al mando de una nueva flota expedicionaria a la India, pero una repentina ceguera de su amigo le obliga a salir de nuevo en solitario hacia el Malabar. A su regreso, problemas de salud y el mal estado de su nave le hacen recalar durante meses en las isla de Pemba, muy próxima a la costa africana. Allí llega a rescatarle Acuña, restablecido de su mal, comandando otra poderosa flota anual a la India. Repara la nave de Joao y trasvasa las codiciadas especias varadas en Pemba a otra embarcación, que dirige de inmediato rumbo a Lisboa.</p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>Días de trabajo y olvido en Cochin</strong></p>
<p>Pero la llegada de socorro de su providencial amigo ocasionará, no obstante, el comienzo de todas las sucesivas desgracias para Novoa, al surgir en escena su auténtica bestia negra, el mítico y legendario personaje asociado a Acuña Alfonso de Albuquerque, quien se enfrentará una y mil veces, humillándole, a nuestro gallego. Se producen, pues, a continuación múltiples enfrentamientos inútiles y atroces, y tras el fracaso de la toma de Adén, finalmente las fuerzas lusas se reunifican en la India, regida ya por su primer virrey, el loable Francisco de Almeida.</p>
<p>Allí, hasta su muerte en Cochín en 1509, Juan de Novoa sigue oponiéndose al de Alburquerque y, posteriormente, participa de forma activa en diversas y trascendentes batallas navales, que consolidan la primacía portuguesa en la zona. Fallecería en dicha ciudad portuaria en situación económica menesterosa, señalan las crónicas de los principales historiadores (Gaspar Correia, etc.), siendo precisamente su principal rival, Alburquerque, quien habría de pagarle el entierro. Lo cierto es que su verdadero patrimonio no está del todo esclarecido, pues, según se sabe, en su momento llegó a testar, dejando posiblemente legado a sus deudos. Incluso, al parecer, adquirió una casa al rey, adosada a la iglesia lisboeta de la Concepción (muy devota de los marinos próximos a zarpar) para edificar una capilla.</p>
<p>Hoy, Juan de Novoa, o Joao da Nova -como indistintamente se quiera- parece, en cambio, no existir en Portugal, España ni ninguna parte. Entre portugueses, quizá por oscurecer luces o ampliar sombras de los grandes mitos marinos de sus inmediatos precursores y pioneros en la apoteósica “Carrera de la India”, los Gama y Cabral. Así, en el mastodóntico monumento levantado en loor de los descubrimientos erigido en Lisboa, próximo a la maravillosa Torre de Belém, quedan esculpidos perdurablemente hasta los necesarios zapateros, cocineros y barberos acoplados a la magna gesta, pero ni rastro del bueno de Juan, que tanto hizo por arraigar el Imperio.</p>
<p>En España, la desatención sin duda se debe a la desidia hispánica hacia los propios que han llevado a cabo grandes proezas con otros. Pero ningún olvido puede borrar la obra hecha y bien concluida de Joao da Nova.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/juan-de-novoa/">Juan de Novoa. Un explorador gallego en la Armada de Portugal</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Alfonso Graña, el rey de los jíbaros</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/alfonso-grana/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Jul 2023 07:29:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=31612</guid>

					<description><![CDATA[<p>Por María E. Pérez Bibliografía: Boletín 37 &#8211; Protectores de la Tierra En los años veinte del siglo pasado comenzó a forjarse la leyenda de un hombre blanco al que [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/alfonso-grana/">Alfonso Graña, el rey de los jíbaros</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por María E. Pérez</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-37-protectores/">Boletín 37 &#8211; Protectores de la Tierra</a></p>
<p><strong>En los <em>años veinte del siglo pasado comenzó a forjarse la leyenda de un hombre blanco al que las tribus del Amazonas reconocían como rey. Era Alfonso Graña, un emigrante y aventurero gallego que un día desapareció en la selva desde Iquitos donde trabajaba como cauchero, para reaparecer poco después convertido en líder de los más temibles indios del continente americano, los jíbaros. Llegó a ser reconocido como Alfonso I del Amazonas. Podría ser una simple leyenda pero se trata de un hecho real. Esta es su historia.</em></strong></p>
<p><em> </em></p>
<p>La de Ildefonso Graña Cortizo podría haber sido una más de las miles de historias de éxito o fracaso de los emigrantes que a finales del siglo XIX dejaron la empobrecida España para buscar una vida mejor en nuestras antiguas colonias americanas. Entre finales del siglo XIX y el comienzo de la Guerra Civil Española, medio millón de gallegos emigraron a América. Fue un éxodo masivo propiciado por la necesidad y el hambre, pero fueron muy pocos los que se atrevieron a entrar en la selva para hacer fortuna en uno de los negocios más lucrativos y peligrosos del momento: la extracción del caucho. Sólo los más desesperados o los más aventureros lo intentaban y uno de estos últimos fue Ildelfonso Graña, un campesino gallego que protagonizó una peripecia vital digna de una película de aventuras.</p>
<p>Alfonso (o Ildelfonso) Graña, nació en 1878 en la pequeña aldea de Amiudal (Avión), en Orense. La enfermedad y el hambre causaban estragos y obligaban a dejar la aldea a quienes querían sobrevivir. Siguiendo el camino de la mayoría de los habitantes de la zona, Graña emigró a Brasil a finales del siglo XIX, ya que el gobierno de este país pagaba el pasaje de cuantos quisieran establecerse en este rico y extenso Estado. Tendría 18 ó 19 años (1896-1897), ya que en los documentos se habla de él como “analfabeto y quinto prófugo”. Recaló, como la mayoría, en Belén de Para (Brasil) pasando a Manaos y más tarde a Iquitos. En esta zona permaneció dedicado al comercio y extracción de caucho hasta finales de 1921.</p>
<p>A principios del siglo XX se produjo la gran crisis del caucho, que hizo caer bruscamente su precio en los mercados internacionales. Fue entonces cuando Graña decidió dirigirse hacia Pongo de Manseriche en el Alto Marañón, es decir en la parte alta del río Amazonas y sus afluentes (río Nieva, Santiago&#8230;). En 1922 se encontraba, como él mismo refiere <em>“&#8230; en el Santiago&#8230; dedicado a la extracción de gomas y a ganar la vida&#8230;” </em>Por un tiempo, se pierde la pista de Graña.</p>
<p>Según unos autores fue raptado por los indios jíbaros donde logró salvar la vida gracias a que la hija del jefe se encaprichó de él, y al fallecer éste, quedó Graña cómo “rey de los indios jíbaros”. Otros sin embargo aseguran que Graña intentó seguir su vida de recolector de caucho en estos territorios inhóspitos y, tras matar a uno de sus patrones, se refugió entre los indios aguarunas donde fue bien recibido y se casó con una india. La realidad es que durante un tiempo no se supo nada de Graña y cuando hacía dos años y un día desde que se había ido de Iquitos, se le vio de nuevo aparecer en la ciudad con dos balsas cargadas de mercancías y con remeros indios. Graña podría haber sido un aventurero más pero su caso se hizo famoso por varios motivos y sobre todo por algunos de sus amigos, como Cesáreo Mosquero, propietario de la célebre librería de Iquitos “Amigos del país” que además de brindarle su amistad le haría famoso pues lo puso en contacto, entre otros, con el capitán Iglesias Brage famoso por su nunca realizada expedición al Amazonas y con el periodista y escritor Víctor de la Serna al cual le debemos los mejores recuerdos de Graña. Gracias a todos ellos se fue forjando la leyenda de Graña, el “hombre blanco” que vivía en la selva con los temibles indios jíbaros.</p>
<p>Cesáreo Mosquera, que era de Costeira (Ribadavia), muy cerca Amiudal, sentía una gran admiración y respeto por Graña. Por ello, le gustaba dejar por escrito muchas de las aventuras que el propio “rey de los jíbaros” le relataba. Con su máquina de escribir, recogía textualmente y palabra por palabra lo Graña le iba contando para enviar estos relatos de aventuras a sus amigos Iglesias Brage o de la Serna. Éste último a su vez se encargaba de divulgar las aventuras de Graña en diferentes artículos en revistas y prensa. Eran largas entrevistas en las que a Graña le gustaba contar con todo detalle historias como cuando rescató a un aviador que cayó en la selva, lo embalsamó y tras cuatro meses en la selva, consiguió trasladarlo a Iquitos. O cómo salió en auxilio de una expedición que se había perdido sin recursos en la selva, o cómo sirvió de guía a la Latín American en sus exploraciones por la selva en busca de petróleo. Todo son historias propias del mejor guión de Holywood en las que no faltan los detalles de lo mucho que aprendió de los indios sobre plantas, animales, tradiciones guerreras y todo tipo de misterios amazónicos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA LLEGADA DE GRAÑA AL PAÍS DE LOS JÍBAROS</strong></p>
<p>Sabemos por tanto mucho de las andanzas de este aventurero-explorador que probablemente vivió donde ningún hombre blanco estuvo antes. Sobre su principal aventura (cómo llegó al territorio de los temibles y sanguinarios indios jíbaros, aguaruna y humabisa, en los cursos del río Santiago y Nieva) hay varias versiones. Una de ellas es la transmitida por su amigo el capitán Iglesias Brage que relató que Alfonso Graña trabajaba en una tienda a la que se asomaban los indígenas a comprar algunos artículos, en el límite entre la selva y la civilización.</p>
<p>Un día, un grupo de nativos lo llevó contra su voluntad hasta la tribu donde residía el Rey de la tribu, y éste, dirigiéndose a Graña, le dijo que lo habían elegido para casarse con su hija&#8230; Y así fue como Graña, sin querer, comenzó a vivir a la fuerza entre los aborígenes. Poco a poco, logró ganarse el cariño y el respeto de los habitantes de la zona, apoyado por el rey de la tribu, que al morir le dejó como sucesor con el nombre de Alfonso l Rey de la Amazonia. En realidad no parece probable que Graña adoptara la vestimenta y costumbres de los “salvajes”. Tenemos fotos en las que aparece con un aspecto muy diferente y además sabemos que tenía relaciones con otras tribus como los indios huambisa y no exclusivamente con los jíbaros. Lo que si parece cierto, por los documentos que tenemos, es que Alfonso Graña “reinaba” en aquella inmensa zona de la Amazonia y que tribus de indios aguarunas y huambisa le seguían “como soberano indiscutible”</p>
<p>Lo mejor es quedarse con el relato de su amigo Víctor de la Serna publicado en el periódico “Ya”, en 1935, tras la crisis del caucho, que probablemente sea un relato casi directo del propio Graña, a través de la correspondencia que Cesáreo Mosquera mantenía con el y el capitán Iglesias Brage.</p>
<p><em>“Hubo un éxodo de caucheros hacia Iquitos , la ciudad capital de Loreto, estado amazónico del Perú&#8230; Alfonso Graña preguntó sencillamente “¿Qué hay para el oeste? “Nada”, le contestaron. El misterio para hollarle, la tiniebla para rasgarla, está siempre para el español por el lado del Poniente. Un día, navegando ese rumbo, multiplica el mundo por dos y descansa para unos siglos&#8230; Como por el Oeste no había nada, Graña partió para el Oeste (repite Oestede); solo y analfabeto igual que había partido, también para el Oeste, desde Rivadavia, hacia nuestra Señora de la Mar Dulce.”</em></p>
<p><em>“Al cabo de un par de años se supo por unos indios jíbaros, de la tribu de los huambisas, que allá por la gigantesca grieta que el Amazonas abre en el Ande; hacia el Pongo de Manseriche&#8230; vivía mandaba y reinaba un hombre blanco, Graña era el rey de la Amazonia”. “Un día, hacia Iquitos, avanzó por el río una “xangada” con indios jíbaros, muchas mercancías&#8230; y Graña. Le reconocieron sus amigos y, sobre todo, con doble alegría Mosquera&#8230;”</em></p>
<p>Hasta aquí el relato del periodista, escritor e historiador Víctor de la Serna, que no llegó a conocer nunca personalmente al rey gallego pero dejó el mejor de los retratos del personaje. No sabemos cómo le llegaron estos datos pero se puede suponer que son parte de la correspondencia que mantenía con César Mosquera. También a través de estas cartas podemos conocer el territorio sobre el que ejercía su “reinado” el gallego.</p>
<p><em>“Dominaba Graña, único ser blanco habitante de la selva, una zona comprendida entre los ríos Nieva, Santiago y Alto Pastaza; en una extensión como la de Andalucía, Extremadura y Castilla la Nueva, juntas. La pueblan los indios más indómitos del Continente, los temibles jíbaros, disecadores de cabezas, magos y gigantescos guerreros, e inatacables a la civilización</em>”, escribe de la Serna en el ya citado artículo publicado en el Ya en 1935.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL REINO DE ALFONSO GRAÑA</strong></p>
<p>Hay diversos autores que han intentado investigar sobre la influencia real que Alfonso Graña ejercía sobre los jíbaros en un territorio tan amplio. En realidad todos se basan en la correspondencia antes mencionada, por lo que tal vez lo mejor sea seguir los artículos de Víctor de la Serna. Parece ser que a la vez que se empapaba de la cultura jíbara y de los conocimientos de los indios de su entorno natural y los secretos de la selva, Graña los “civilizaba a su manera” aportándoles sus conocimientos: incluso parece que les enseñó a construir un molino de agua. Por el propio Graña sabemos que los indios extraían sal de un río salino que pasaba por el territorio de los aguaruna, pero él consiguió multiplicar su producción por diez incorporando alguna maquinaria.</p>
<p>Sorprende la evolución de este personaje hecho a sí mismo. Sabemos que era analfabeto cuando salió de España y que aprendió él solo a leer en la selva, pero tenía otros muchos conocimientos de la cultura tradicional gallega con los que asombraría a los indios. Así lo cuenta de la Serna, que no hace más que recoger lo que el propio Graña le contaba a Cesáreo Mosquera, cuando bajaba a Iquitos y se reunía con otros gallegos y emigrados en la librería “Amigos do país”, propiedad de Mosquera. El Capitán Iglesias Brage, que estaba preparando su famosa “Expedición Iglesias al río Amazonas” estaba muy interesado en estas informaciones. Graña le prometió todo su apoyo para introducirse en esta parte de la selva sin el peligro de las tribus hostiles.</p>
<p>Así describe el periodista de la Serna el territorio dominado por Graña: <em>“Podrán discutir Ecuador y Perú sobre el dominio teórico de esa zona. Prácticamente allí solo ha mandado el gallego Graña, a quien reconocían los jíbaros como jefe único. Él les enseño a curtir pieles, a fabricar chozas, a extraer sal de las lagunas, a desecar la carne del “paiche” gigantesco pez del Amazonas, y a hacer tasajo de un mono melenudo, negro y sedoso, que constituye el alimento mas preciado de los iquiteños”.</em></p>
<p>En realidad Graña era el único “rey” sobre la zona y quien disponía de los indios. Así, cuando Iglesias planteó hacer una película de los indios jíbaros, Graña se limitó a decir condescendientemente: “yo pondré a disposición del capital cinco mil indios”. También cuando la Standard Oil quiso explorar el Alto Amazonas en 1926 para conocer la existencia o no de pozos de petróleo, tuvo que pactar con Graña y sólo cuando éste dio su consentimiento, los americanos pudieron hacer su trabajo, vivir y comer en la zona. Y cuando terminaron, el gallego los acompañó hasta el límite de “sus tierras” y allí los despidió como un auténtico monarca.</p>
<p>En cuanto a la relación con los indígenas, éstos adoraban a Graña y lo seguían a todas partes, como a un verdadero líder. El gallego por su parte se ocupaba como un padre de todos ellos: “En la ciudad (Iquitos) les curaba las úlceras&#8230; cortaba el pelo&#8230;invitaba a helados&#8230; llevaba al cine&#8230; y a pasear en coche”, así lo recoge el escritor Gonzalo Allegue en su obra “Galegos as mans de América”, a partir de las conversaciones mantenidas con Cossetta Mosquera , hija de Cesáreo Mosquera, sobre todo lo que ésta recordaba tanto de su padre como de Alfonso Graña. <em>&#8230;” Quizás A. Graña viajase a aquella hora por el Marañon, en una balsa seguida de bongos y curiaras repletas de exóticas mercaderías: kgs y kgs de hangañas, monos, maqui sapas, tapires, paujiles, pescados salados, venados&#8230; Durante la surcada, de hasta 4 meses por los afluentes del Amazonas, el Santiago, el Pastaza, </em><em>el Marañon, Graña negociaba con toda clase de “carne curada del monte” hasta llegar a Iquitos para contrabandear con charapas, sal y un par de cabezas reducidas de la alfarería jíbara, envueltas en papel de periódico.</em></p>
<p><em>Con él venían cuatro o cinco jíbaros, indios huambises. Los indígenas lo adoraban y lo seguían a todas partes. En la ciudad les curaba las úlceras de las piernas, les cortaba el pelo, les invitaba a helados y los llevaba al cine. Por las tardes los huambises se vestían de frac y sombrero de copa de los masones de la colonia española y salían Al dia siguiente desenvolvía las cabezas de los periódicos y las ofrecía a turistas ingleses o yanquis -a 10-l</em><em>a rara botillería que mostraba “la selva revelada”, la botella de sangre de drago para cortes, heridas y enfermedades de la boca, la que contenía aceite del árbol “cahuito”, que usaban los nativos para el pelo, la del agua mineral azufrada, la del petróleo crudo, la de la sal del rió Nieva, sustanciosa como la de mar. En el suelo, sobre cubertería de Limoges prestada por Mosquera, lotes de taba a pasear en el Ford 18, descapotable, cedido por Cesáreo Mosquera. Los huambises iban muy serios, abismados, y saludaban a los peatones, tocándose muy ligeramente el sombrero. Graña conducía y les explicaba la ciudad. Libras de oro cabeza&#8211;, voceaba el “pescado seco del Marañon que no produce lepra”, exponía fósiles, mono, paugil ahumado, conchas, paiche salado, castañas silvestres, mapas, vocabularios de las lenguas indígenas. Mientras mercadeaba, los huambises hacían </em><em>tertulia con Mosquera y sus amigos en la librería “Amigos do país” Graña, con su rostro aniñado, ojos gatos, pelo claro y extrema delgadez, sorprendía </em><em>a las gentes. Era difícil imaginarlo entre los jíbaros. Pero su fragilidad era solo aparente; resistía como cualquiera las fiebres y las tarántulas y se negaba a que lo atasen cada vez que cruzaba el terrible Pongo de Manseriche, un rápido que se tragaba continuamente balsas y curiaras. En medio del Pongo, agarrado a la pértiga, pedía a voz en grito un canto y un rezo “para el maina ¡ iracoche español el Padre Rafael Ferrer” ahogado en el río, el primero, iban mas de cien años, ahora dios protector de Graña y sus criaturas, del gallego y su despensa, mono, charapa y loro ofuscado que, encadenado a la pértiga, maldice a los jíbaros por encima del ruido de las aguas. Mientras los huambises hacían tertulia, Graña enseñaba lenguas indígenas a la puerta de la librería. Era sobre todo fonetista y no pasaba ni una, “blanco” en guaraní “moroti”; en cocama, “tini”; en cashivo “uni”&#8230;; casa en guarani “oga” ; en cocama “uka” ; en cashivo , “muaseasobo”,; “estrella”, en guarani no existe, en cocama “sisu” , en cashivo “hischti”&#8230; Lo de ortodoxos era palabra que usaba mucho, la sacó de las reuniones masónicas, de cuando iba a devolver trajes y sombreros. “¡ Repetir ortodoxos&#8230; !” Dejaba a los alumnos repitiendo a la puerta y se entraba un rato a la librería en donde los huambises seguían hablando de la yacumama, la anaconda de los ríos, de los árboles del tanino y, sobre todo, preguntan por Cossetta, la heroína de “Los Miserables” que conocían muy bien porque Graña la nombraba con sensualidad cada vez que alucinaba con la ayahuasca en las fiestas del poblado.</em></p>
<p><em>&#8212;¿Tomando mucho ayahuasca, Graña?&#8212; preguntaba la tertulia.</em></p>
<p><em>&#8212;-Si, tomando&#8212;decían los indios.</em></p>
<p><em>&#8212;-¿Y que viendo?</em></p>
<p><em>&#8212;Ah&#8230;viendo el cielo y las escaleras.</em></p>
<p><em>Los huambises asentían con la cabeza y se les pintaba una lagrima con la historia de Cossetta mientras hacían collares y peinecitos de púas de puna y pulseritas con hilo de chambira para las hijas de Mosquera&#8212;una de ellas, asombrosamente, también se llamaba Cossetta&#8212;o regalaban sus pendientes de escarabajo, de concha tornasolada, a las cholitas que entraban tímidamente en la librería y hojeaban sin parar montañas de revistas ilustradas esperando que alguien se fijase en ellas. Cuando Graña y los huambises decidían remontar, de vuelta al Santiago, Mosquera, se sentía mal y durante días se paseaba taciturno. Ahora era un hombre sedentario, se había rendido, tenia mujer, hijos, un negocio, en fin. De cuando en cuando echaba de menos los remontes por el Pastaza, cuando la campaña aurífera, aquellos cinco, seis meses afiebrado por el oro, como todo el mundo.”</em></p>
<p>Una de las cosas más sorprendentes de la biografía de Graña es cómo un emigrante analfabeto logró ganarse el respeto y admiración de las tribus más temidas del Amazonas, célebres por sus costumbres sanguinarias. Parece ser que, como con toda probabilidad, una gran dosis de valor, como demostró en sus muchas aventuras, que iban desde atravesar corrientes peligrosas en inestables balsas y canoas hasta adentrarse en impenetrables selvas. » e su astucia y su inteligencia da muestra la forma en que intervenía en la obtención de armas.</p>
<p>Las creencias de estos indios les hacían guerrear continuamente. Necesitaban conseguir “tantzas” (cabezas reducidas) y además del prestigio que esto daba a los guerreros, también adquirían, según su cultura, todo el valor y la fuerza del guerrero que habían matado, y esto provocaba guerras incluso entre los de la misma etnia. Y ante algo tan fundamental para su supervivencia vendían incluso a sus seres más queridos, mujeres e hijos. Nada atraía tanto a los indios como las armas, rifles, escopetas&#8230;, pues de ello dependía su vida, ya que si una tribu enemiga tenía armamento y ellos no, y como las escaramuzas eran continuas, esto podía significar el fin. Por ello, hacían este intercambio cuando entraban en guerra, vendían o cambiaban a sus mujeres por rifles. Y es aquí donde interviene Graña&#8230; “yo hago que me las entreguen a mí&#8230;” y continúa “&#8230;y yo se las devuelvo así es como se tiene la simpatía de todos ellos la confianza&#8230; y que jamás ha habido un fracaso de matanzas como la hacían antiguamente&#8230;”</p>
<p>No cabe duda que este fue uno de los comportamientos con los que Alfonso Graña consiguió el respeto y la admiración de los indios jíbaros, aguarunas y huambisa sobre los que él “reinó” doce años, hasta su muerte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>GUÍA DE EXPEDICIONES</strong></p>
<p>Otro de los aspectos más llamativos y cinematográfico de la vida de Graña es su faceta de guía de expediciones. Conocía bien la selva y sus tribus y esto le permitió guiar a diferentes expediciones científicas y comerciales en busca de petróleo y otras recursos y aprovisionarles de todo lo necesario. Tenemos relatos dignos de una película de Indiana Jones, como aquella ocasión en la que acude en ayuda de una expedición perdida y que además se habían quedado sin alimentos en la selva y los conduce a su casa.</p>
<p>Alfonso Graña acostumbraba a bajar “desde sus posesiones”, en la selva del Alto Marañón hasta la “civilización” (Iquitos) dos veces al año, pues dependía del comercio que realizaba con los productos de la selva. Bajaba cada vez con dos balsas cargadas de hasta 5&#8243; » » ilos, cada una, en las que transportaba variadas mercancías, como “&#8230; venados, sajinos, maquisapas, machines, paugil, tortugas, pescados salados&#8230;” y hasta bueyes vivos que vendía por el camino. Todo lo vendía en Iquitos, donde estaba sólo diez días, lo justo para colocar la mercancía y para hacer contrabando con algunos artículos con los que estaba prohibido comerciar libremente por ser monopolio del estado (sal, tortugas en tiempo del desove ). Con él llevaba casi siempre 4 ó 6 indios como remeros (bogas), fuertes para remar y hombres de su confianza, a los que Graña paseaba como a niños por toda la ciudad.</p>
<p>Mientras el aventurero gallego vendía sus mercancías, Mosquera entrevistaba a los indios en su famosa librería “Amigos do país”, con ayuda de un joven intérprete, ahijado de Graña, que hablaba además los dialectos de los indios tanto aguaruna, como huambisa. En estas entrevistas, Mosquera les preguntaba por sus costumbres, vida en la selva, guerras, medicinas naturales propiedades de algunas plantas medicinales&#8230; y todo aquello que pudiera satisfacer la curiosidad del estudioso o con miras científicas. En una de estas entrevistas, realizadas por Cesáreo Mosquera, un indio llamado Ambuxo relata cómo atacaban un poblado enemigo, como los mataban para luego cortar algunas de sus cabezas y el procedimiento para reducirlas al tamaño de un puño (tantzas) con una técnica milenaria que hasta hace poco aun era un misterio. Alfonso Graña sólo volvió a España en una ocasión y sólo estuvo 15 días. Suficientes para decidir que quería volver rápidamente al Amazonas. Se llevó consigo a su hermana Florinda pero los celos de la mujer india de Graña obligaron a Florinda a marcharse del poblado. Esta esposa parece ser la hija del jefe de los indios de la zona y hay documentos que atestiguan que le acompañaba en algunas de sus aventuras.</p>
<p>Todo apunta también a que tuvo al menos un hijo, el intérprete que le acompañaba en sus viajes a Iquitos: un joven medio español medio indio, que se llamaba también Alfonso y que hablaba tanto español como lenguas indígenas. Nunca se le reconoció como hijo de Graña pero probablemente era debido a que en aquella sociedad estaba mal considerado que un blanco se casara con una india y por ello lo presentaba como ahijado. Tampoco sabemos si tuvo más hijos y tampoco cuál fue la suerte de su familia indígena.</p>
<p>La de Alfonso Graña sí que la conocemos: terminó sus días entre los indios jíbaros, querido y admirado por sus “súbditos”. Su muerte en octubre de 1934, a los 56 años, fue recogida por el diario Ya, con un epitafio literario a cargo, cómo no podía ser de otra forma del periodista Víctor de la Serna, que hace un bello y brillante “funeral literario” de nuestro héroe: <em>“ Yo tenia la pluma y las metáforas afiladas para entonar un himno atlético al músculo y al nervio de Alfonso Graña, el español que reina como señor único, por encima de tratados y fronteras, sobre un territorio tan extenso como España, allí donde se parten en dos el mundo, la noche y el día; en la Amazonia, donde el hombre tiene, como en el Paraíso, todo al alcance de su mano. Pero donde a cambio de poder elegir constelación -Estrella Polar o Cruz del Sur-acecha la muerte, en el silencio resonante de la selva. Pero cuando yo he ido a buscar, anoche lunes, la única fotografía existente de Graña, me han dicho:</em></p>
<p><em>&#8212; Pero no sabe usted? ¡Graña ha muerto! &#8211;¿ Cuando? &#8211;En octubre. Hasta ahora no ha llegado la noticia. Hace tres o cuatro días&#8230;</em></p>
<p><em>&#8230;..” Acaba de morir nadie sabe aún cómo. Si España tuviera un sentido de su destino, le hubiera hecho el funeral del héroe. Detrás de Graña en tránsito, detrás de su alma simple, como la de una criatura elemental, la selva se habrá cerrado en uno de esos estremecimientos indecibles del cosmos vegetal.</em></p>
<p><em>“Se volverá a abrir en un gesto de entrega siempre virginal, ante la planta de un español. Tengo que hacer el funeral literario de Graña cuando pensaba hacer un canto optimista. Es igual. En el umbral tembloroso de lo desconocido, está ya el cáñamo de otra sandalia española.</em></p>
<p><em>&#8230;.Como un español. Que no se acaban, Señor, que no se acaban, ni permitas Tú que se acaben, por los siglos&#8230;</em></p>
<p><em>Ahora mide, lector, conmigo, la magnitud de estas palabras:</em></p>
<p><em>“¡ Graña ha muerto ¡”</em></p>
<p><em>Roguemos al Dios de las selvas y de los mares y de los cielos por su alma pura como un ala de una garza”</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA:</strong></p>
<p>■ <em>Alfonso I de la Amazonía, rey de los jíbaros, Maximinio Fernández Sendín. Autor-Editor, Pontevedra, 2005</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/alfonso-grana/">Alfonso Graña, el rey de los jíbaros</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Los isleños. Españoles en los pantanos de Luisiana.</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/los-islenos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 04 Jul 2023 07:17:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 74]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=31307</guid>

					<description><![CDATA[<p>Texto: Lola Escudero Boletín 74 &#8211; Sociedad Geográfica Española El río Misisipi y la Luisiana española Hace ya más de dos siglos que terminó la presencia española oficial en el [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/los-islenos/">Los isleños. Españoles en los pantanos de Luisiana.</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Lola Escudero<br></strong></p>



<p>Boletín 74 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>El río Misisipi y la Luisiana española<br><br><strong>Hace ya más de dos siglos que terminó la presencia española oficial en el Misisipi, pero en los pantanos de Luisiana aún es posible escuchar a algún anciano hablando un castellano casi perfecto e incluso puede que nos cante alguna canción que suena familiarmente a vieja copla. Probablemente esta herencia cultural esté a punto de desaparecer del todo, pero en los museos y en los libros de historia se seguirá hablando de los isleños: descendientes directos de los canarios y algunos malagueños que llegaron a estas tierras a finales del siglo XVIII.</strong></p>



<p>Luisiana, en la baja cuenca del Misisipi, junto al Golfo de México, es hoy uno más de los cincuenta estados que conforman los Estados Unidos. Pero en los mapas de 1800, Luisiana era una enorme franja de territorio, prácticamente la tercera parte de lo que hoy conocemos como Estados Unidos, desde la frontera de Canadá hasta el Golfo de México, incluyendo toda la cuenca del Misisipi. Y todo eso, durante varias décadas (1763-1803) fue español. Al menos en la teoría, porque en la práctica la ocupación española real fue muy limitada.</p>



<p>A principios del siglo XIX, cuando se produjo el traspaso de la Luisiana española a Francia (y tres años después su venta a los EE. UU.), nuestras posesiones en Norteamérica abarcaban un territorio enormemente diverso y estratégico, paso necesario hacia ese Oeste americano que los estados del este se lanzaban a conquistar y con los que terminarían conformando la nación actual. Durante las últimas décadas del XVIII Luisiana fue una gobernación española perteneciente a la Capitanía General de Cuba y a su vez parte del Virreinato de Nueva España. En 1763 la población de Luisiana rondaba los 50 000 habitantes y su extensión, 2 275 940 km2, era una enormidad: cuatro veces mayor que la península ibérica. Fue el momento histórico de mayor tamaño del imperio español, que por estas latitudes apenas tenía presencia real y se limitaba sobre todo a la sede del Gobierno: Nueva Orleans.</p>



<p><strong>LOS PRIMEROS EN EL DELTA</strong></p>



<p>Luisiana, lo que queda de la antigua colonia española /francesa, es hoy uno de los estados más originales del país, con un riquísimo patrimonio multicultural y multilingüe que todavía muestra la intensa mezcla de la cultura francesa, la española, la indoamericana y culturas africanas de los que llegaron como esclavos para trabajar en sus plantaciones. De los españoles queda poco, a pesar de que fueron los primeros en llegar al delta del Misisipi (al margen de los pobladores amerindios), entre ellos algunos de nuestros exploradores más famosos. El primero en llegar fue Alonso Álvarez de Pineda en el año 1519; le siguió Álvar Núñez Cabeza de Vaca y su exploración forzada del sureste del territorio (desde Florida y Texas hasta México y Nueva España, recorriendo gran parte del territorio de la actual Luisiana).</p>



<p>Mucho antes de que los franceses comenzaran a explorar la región y crear la colonia de Nueva Francia, los españoles ya habían explorado el Misisipi (al que llamaron río del Espíritu Santo) y su enorme cuenca, partiendo de la Florida. Hernando de Soto tomó posesión de esta cuenca fluvial para España en 1538. Luis Moscoso de Alvarado llegó hasta el territorio de los natchitoches en 1542 y a Texas, y poco antes Francisco Vázquez de Coronado salió de México en busca de las Ciudades de Oro de la Gran Quivira atravesando un enorme territorio de lo que luego fue Luisiana. Llegó hasta Arkansas y Kansas. Esta larga tradición de exploración y presencia española culminó mucho más tarde, a finales del siglo XVIII, con las cuatro décadas de gobierno español sobre Luisiana desde Nueva Orleans, siguiendo el curso del Misisipi y sus afluentes. Pero ¿qué queda concretamente de los españoles en aquellas latitudes? ¿cómo perdimos un territorio de semejantes dimensiones en el que apenas se conservan recuerdos hispanos?</p>



<p><strong>EL ASENTAMIENTO FRANCÉS</strong></p>



<p>Los comienzos no fueron fáciles para los españoles que llegaron a comienzos del siglo XVI a estas costas llenas de pantanos. Después de esas primeras incursiones casi heroicas, los huracanes y la hostilidad de los indios fueron suficientes para mantener alejadas nuevas expediciones. Tuvo que pasar más de un siglo para que en 1682 el explorador francés René-Robert Cavelier Sieur de La Salle llegara a la desembocadura del Misisipi después de haber descendido por el Misisipi desde los Grandes Lagos. La Salle reclamó para Luis XIV de Francia estos territorios a los que dio el nombre de Luisiana en su honor. Unos años más tarde, en 1714, Louis Juchereau de Saint-Denis creó el primer asentamiento permanente de europeos en el valle del gran río: el Fuerte de St. Jean Baptiste (actual Natchitoches), y cuatro años más tarde, Felipe, Duque de Orleans, fundó la ciudad de Nueva Orleans.</p>



<p>Y así quedó la cosa: con un asentamiento francés en Luisiana, gobernado desde Nueva Orleans, hasta que en 1763 el Tratado de París, que puso fin a la Guerra de los Siete Años en Europa, incluyó entre los acuerdos el traspaso de la colonia de Luisiana a la Corona Española. Este intercambio entre Luis XV de Francia y su primo Carlos III de España, perpetuó una tradición histórica hispanofrancesa de intercambios que unida a la posterior influencia de los anglosajones y de los esclavos africanos llevados para trabajar en las plantaciones de algodón y azúcar del Misisipi, han hecho de Luisiana el estado multicultural que es hoy, uno de los más originales del país.</p>



<p><strong>RECUERDOS ESPAÑOLES EN LUISIANA</strong></p>



<p>Desde 1762 hasta 1800 los territorios en torno al río Misisipi fueron españoles y estas raíces hispanas han conseguido sobrevivir, a duras penas, en la arquitectura y los monumentos, en muchos topónimos, en fiestas populares y sobre todo en un aire inconfundiblemente español en muchos lugares, sobre todo en calles de Nueva Orleans. Pero la huella hispana más directa no está aquí, sino en la comunidad de los isleños, en un territorio conocido como New Iberia, que hasta hace bien poco seguían hablando en español cantaban canciones populares de nuestro país y presumían de sus nombres y apellidos hispanos.</p>



<p>De los primeros colonos españoles quedan vestigios en todo el estado de Luisiana y abundantes referencias, pero la herencia más directa la encontramos en la Parroquia de Saint Bernard (san Bernardo) que representa el último recuerdo vivo de la colonización española, o la propia Baton Rouge, capital del estado de Luisiana, que en otro tiempo fue la capital del territorio español de la Florida Occidental, a donde se trasladarían muchos colonos tras la compra de la Luisiana, ya que prefirieron trasladarse antes que vivir bajo los americanos.</p>



<p>Hay también referencias españolas en Galveztown, al suroeste de Baton Rouge, o en Spanish Town, un distrito histórico de Baton Rouge que fue poblado por los españoles procedentes de Galveztown, aunque apenas quedan casas originales ya que fueron quemadas en la guerra civil de Estados Unidos.</p>



<p>En el suroeste del estado se mantienen otros indicadores de la presencia española. Por ejemplo, el Old Spanish Trail, el sendero que utilizaban los españoles durante el siglo XVII como vía para el ganado, o la ciudad de New Iberia, pobla da en su día por colonos malagueños y canarios. En el centro de Luisiana se encuentran los Adaes, que se cree que fue el primer poblado español de Luisiana. Los españoles establecieron la misión de San Miguel de los Adaes en 1717 para difundir el cristianismo a los indios adaes y para protegerse de los franceses que estaban instalados en Natchitoches.</p>



<p>Los Adaes fue el centro de la provincia española de Texas durante muchos años, pero cuando España adquirió Luisiana, la amenaza francesa desapareció y la capital se trasladó a San Antonio. El pueblo de los Adaes fue destruido. Muchos adaesanos españoles que no querían irse a San Antonio fundaron nuevos poblados en la región, como Zwolle y Ebarb.</p>



<p><strong>REFERENCIAS EN NUEVA ORLEANS</strong></p>



<p>Encontramos muchas referencias españolas en la propia Nueva Orleans, empezando por las calles, en forma de cuadrícula siguiendo el modelo urbanístico de las ciudades coloniales hispanas. “Calle Real”; “Calle Mayor”&#8230; las placas de cerámica indican los nombres de las calles en castellano y en francés, dando a las esquinas &nbsp;un toque que nos resulta muy familiar. Entre los edificios más interesantes están el Cabildo, en la Jackson Square, que en otros días fue la gran plaza mayor de la ciudad, un edificio construido por los españoles en 1794 como Casa Capitular y que hoy es parte del museo estatal de Luisiana. Junto al Cabildo se alza la Catedral de St Louis construida en 1794 sobre el lugar que ocupaban dos iglesias anteriores. Y al otro lado de la catedral se encuentra el Presbiterio, otro edificio colonial construido como Casa Curial para servir de alojamiento a la jerarquía eclesiástica. Hoy alberga el Museo del Mardi Gras, el gran carnaval de Nueva Orleans. Y hay otras muchas referencias españolas por toda la ciudad, como la Spanish Plaza, presidida por una fuente que España regaló a Nueva Orleans en 1976, o la estatua de Bernardo de Gálvez, gobernador de Luisiana entre 1777 y 1784, y que también fue un regalo de España en 1976 en reconocimiento del papel de España en el bicentenario de la Guerra de Independencia americana.</p>



<p><strong>LA LLEGADA DE LOS ISLEÑOS</strong></p>



<p>Una de las historias más curiosas de la emigración europea en América es la de los canarios en los pantanos de Luisiana. Se les conoce como los isleños y llegaron a Luisiana entre 1778 y 1800 procedentes de las Islas Canarias. Concretamente, fue en 1778 cuando el gobernador español Bernardo de Gálvez decidió traer colonos canarios para poblar la región y proteger Nueva Orleans de la invasión británica. Un año después, traería también colonos malagueños que se instarían en la región conocida como Nueva Iberia. Desde 1778 a 1783 llegaron desde Tenerife y Gran Canaria hasta Delacroix y otros rincones de Luisiana, unos dos mil colonos canarios que se instalaron primero como ganaderos y agricultores, y más tarde como tramperos y pescadores en los pantanos, lagos e islas del delta del Misisipi. Los colonos canarios formaron diferentes comunidades como la de St. Bernard (San Bernardo) en una zona de islas en el Misisipi, al sureste de Nueva Orleans, en la que han vivido autónomos durante más de dos siglos.</p>



<p>Quedan menos de 20 000 descendientes de aquellos españoles en el estado y las nuevas generaciones ya han perdido el español de sus padres y abuelos. El Huracán Katrina fue especialmente devastador en esta zona y las pérdidas humanas y económicas fueron enormes. Si ya era un espacio frágil, a partir de entonces lo fue más aún.</p>



<p><strong>RECLUTADOS POR GÁLVEZ</strong></p>



<p>Como todas las migraciones, la de los canarios también fue económica. A finales del siglo XVIII, en Canarias se cultivaban chumberas en las que crecían las cochinillas con las que se fabricaba un valioso tinte (el carmín). Era su principal exportación pero el comercio se fue a pique cuando comenzó la producción sintética del tinte en Europa. Los agricultores y trabajadores se quedaron sin trabajo y se produjeron numerosos levantamientos populares. El gobernador Gálvez estaba interesado en poblar aquel enorme territorio y buscó voluntarios en las Canarias, preferentemente familias y con hijos para que se alistaran en el ejército español y fueran enviados a Luisiana, con la oportunidad de escapar de la miseria. Unos pocos miles aceptaron la propuesta. 1900 isleños llegaron entre 1778 y 1783 y fundaron diferentes comunidades de isleños: Galveztown, Barataria, Valenzuela, New Iberia o la actual parroquia de St. Bernard. El último grupo llegó en 1783 y se ubicó en Concepción. También hubo movimientos entre los diferentes asentamientos y algunos emigraron a poblaciones cercanas y se casaron con cajunes (otra minoría de Luisiana, de origen francés) que ya vivían allí.</p>



<p>En 1782, Bernardo de Gálvez reclutó isleños en los asentamientos canarios de Luisiana para unirse a la guerra de la independencia, y los españoles participaron apoyando a las 13 colonias americanas contra los británicos algunas de las grandes campañas militares en la zona.<br><br><br><strong>AISLADOS HASTA EL SIGLO XX</strong></p>



<p>En Luisiana, la vida de los isleños nunca fue fácil. Sobrevivieron durante siglos trabajando como agricultores, trabajadores de la caña de azúcar, pescadores, tramperos y vendiendo pieles de ratas de agua y castores. Eran un núcleo cerrado, incomunicado y endogámico, un grupo de familias que se casaban entre ellos, hablaban en castellano, eran católicos, seguían cantando canciones populares canarias (décimas, isas) y reproduciendo los utensilios y ropas con los que viajaron sus antepasados a la colonia. Ni siquiera estaba permitido que personas extrañas y que no hablaran castellano entraran algunos poblados más aislados. Los hombres salían durante días a cazar y pescar mientras que las mujeres, niños y ancianos se quedaban prácticamente solos y el aislamiento era una forma de sentirse más seguros. Y así fue hasta que a lo largo del siglo XX llegaron las carreteras a esta zona del Misisipi y los jóvenes isleños tuvieron que salir de sus poblados para ir a la Guerra Mundial. La Guerra fue la primera ocasión para salir al mundo que se extendía más allá de San Bernardo y conocer a otros jóvenes que hablaban inglés y muchos se casaron con mujeres no isleñas.</p>



<p><strong>LA PRESERVACIÓN DE SU LEGADO</strong></p>



<p>La comunidad como tal tiene los días contados a pesar del empeño de algunos de mantener la cultura y la historia de los canarios en Luisiana: existe un museo de los isleños en St. Bernard y una asociación cultural, Los Isleños Heritage and Cultural Society, que se dedica a preservar el patrimonio y la cultura de los isleños ofreciendo clases de arte y artesanías tradicionales, y manteniendo contactos directos con las Islas Canarias.</p>



<p>Junto a St. Bernard se encuentra el llamado Jean Lafitte National Historical Park and Preserve, compuesto por cuatro zonas, una de las cuales es la reserva de Barataria que presume de sus magníficos senderos para excursionistas, trece kilómetros sobre plataformas de madera que recorren las zonas que en el pasado fueron colonizas por inmigrantes canarios. En el Centro de Visitantes figura la lista de los colonos canarios. El cementerio de St. Bernard, donde están enterrados muchos de los colonos canarios, se considera como uno de los cementerios más antiguos de Luisiana.</p>



<p>Hay cuatro comunidades formadas por isleños de Luisiana que hablan (o hablaban hasta bien poco) dialectos del castellano: los isleños de la parroquia de St. Bernard, la mejor identificada, con un canario del siglo XVIII que ya solo hablan los más ancianos; los brulis, que viven en casas dispersas en el sur de Luisiana y hablan un dialecto del español con préstamos franceses, y los adaeseños de las parroquias de Natchiloches y de Sabine, que hablan un dialecto muy similar pero con préstamos del náhuatl de México.<span style="color: #999999;"><em><br></em></span></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/los-islenos/">Los isleños. Españoles en los pantanos de Luisiana.</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>La Amazonia grita ¡basta!</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/amazonia-grita-basta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Feb 2023 10:05:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 73]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=30076</guid>

					<description><![CDATA[<p>Texto: Sidney Possuelo Boletín 73 &#8211; Sociedad Geográfica Española 25 años explorando el mundo Sydney Possuelo, el indigenista vivo más importante de Brasil, reclama en este artículo una voz que [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/amazonia-grita-basta/">La Amazonia grita ¡basta!</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Sidney Possuelo</strong></p>



<p>Boletín 73 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>25 años explorando el mundo</p>



<p><br><strong>Sydney Possuelo, el indigenista vivo más importante de Brasil, reclama en este artículo una voz que diga “¡basta!” a la actual destrucción del medio ambiente y de los pueblos indígenas de la Amazonia. Con los datos de su experiencia, con el valor de su autoridad, Possuelo lamenta que los años de presidencia de Jair Bolsonaro hayan estimulado &nbsp;y resucitado la fiereza de los ataques contra la Amazonia y sus pueblos indígenas. Denuncia y critica las consecuencias de la explotación descontrolada de la madera, el oro y la casiterita, y critica también la inacción de los organismos de protección oficial. Un profundo lamento y una severa y urgente reclamación que el indigenista, considerado por la revista Time “héroe del planeta”, expresa en este artículo &nbsp;que firma en exclusiva para el Boletín del 25 aniversario de la SGE.</strong></p>



<p>Triste y con una presión que me oprime el pecho, regreso de un viaje que me llevó a la Tierra Indígena&nbsp; Yanomami y la Tierra Indígena&nbsp; Araribóia, donde vive el pueblo Guajajara.</p>



<p>Después&nbsp; de 30 años de la demarcación&nbsp; de la Tierra Yanomami, recuerdo&nbsp; los esfuerzos que fueron necesarios para su delimitación y para el desalojo de más de 40.000 mineros que habían invadido el territorio&nbsp; indígena. Cientos de balsas contaminaron&nbsp; con mercurio&nbsp; las aguas de los principales ríos que atraviesan la tierra indígena, como Uraricoera,&nbsp; Itajaí y Apiaú.&nbsp; Fue&nbsp; necesario movilizar hombres, aviones, helicópteros,&nbsp; a la Policía Federal&nbsp; y a la propia FUNAI&nbsp; con sus técnicos sertanistas e indígenas.</p>



<p>Recuerdo&nbsp; la lucha que libramos entre bastidores contra los políticos, que se oponían a la demarcación, y la visión de los militares sobre la seguridad nacional. Fue- ron meses sin descanso donde en Roraima nos obligaron a caminar con hombres que nos prestaban servicios de seguridad, ante las constantes amenazas de muerte que recibíamos.</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>PEOR QUE HACE TRES&nbsp; DÉCADAS</strong></p>



<p>Cuánto esfuerzo y recursos gastados para que después de 30 años, que deberían de haber conseguido que la población Yanomami estuviera a salvo en sus tierras demarcadas,&nbsp; me enfrente&nbsp; a una situación destructiva para el medio ambiente, mucho peor que la que conocí tres décadas atrás.</p>



<p>Hoy, la invasión organizada por empresas que no se dan a conocer fomenta métodos y acciones más eficientes en el robo y transporte de oro y casiterita. Protegidos por el gobierno del presidente Bolsonaro, que en los últimos cuatro años ha desmantelado los organismos oficiales de protección&nbsp; ambiental y defensa de los pueblos indígenas, IBAMA y FUNAI,&nbsp; inaugurando&nbsp; así la temporada&nbsp; de caza de los pueblos indígenas y la expansión de la destrucción&nbsp; ambiental, que siempre se supera a sí misma.</p>



<p>Al visitar a los Guajajaras del pueblo Zutiwa, encuentro la misma tensión que provoca el saqueo de madera, con una creciente inconformidad entre los grupos indígenas, divididos entre los que protegen el medio y los que se benefician del robo.</p>



<p>El río Itaquaí, situado en la cuenca alta del Amazonas, cerca de la Triple Frontera. Aguas abajo, se une al río Ituí y juntos forman el Alto Solimoes.</p>



<p>Sidney Possuelo denuncia el retroceso sufrido estos últimos años en la protección de los pueblos indígenas. En la imagen, entre los korubo.</p>
</div>
</div>



<p><strong>FIN DE LOS GUARDIANES DE LA SELVA</strong></p>



<p>Para agravar aún más la beligerancia, la ausencia de acciones para prevenir y com- batir el robo de madera por parte del IBAMA y la FUNAI&nbsp; empujó a los propios indígenas a defender&nbsp; sus tierras. El resultado&nbsp; de la cobardía de los organismos públicos es la muerte&nbsp; de indígenas que, organizados en “Guardianes de la Selva”, luchan con su principal medio de defensa contra las poderosas armas facilitadas por la política armamentista del gobierno del presidente Bolsonaro.</p>



<p>Solo visitamos dos Tierras Indígenas, que representan la situación en la que se en- cuentran&nbsp; otras tierras indígenas en Brasil. Ambas llenas de violencia e impotencia. La lucha y las pérdidas que comenzaron&nbsp; en 1500 siguen activas hoy, revividas por Bolsonaro.</p>



<p>Los avances logrados en la protección&nbsp; de los pueblos indígenas, a través de los organismos de defensa y los instrumentos oficiales de justicia, habían mermado&nbsp; y suavizado la fiereza de los ataques, pero fueron resucitados y estimulados por la brutalidad y la estupidez del bolsonarismo.</p>



<p>Y no hay una sola fuerza dentro de esta inmensa nación que se levante para dar un alto y claro ¡BASTA! a la destrucción&nbsp; de nuestro medio ambiente&nbsp; y a la masacre de los pueblos indígenas.</p>



<p>¡Qué lamentable&nbsp; para los pueblos indígenas!, ¡qué destrucción ambiental!!!!! Se necesita un cambio YA.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/amazonia-grita-basta/">La Amazonia grita ¡basta!</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Entrevista a José Manuel Galán</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/entrevista-jose-manuel-galan/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 02 Feb 2023 16:27:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 73]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=30053</guid>

					<description><![CDATA[<p>“La tumba de Djehuty es un monumento a las letras escritas” Boletín 73 &#8211; Sociedad Geográfica Española 25 años explorando el mundo Doctor en Egiptología, Científico Titular del CSIC, responsable [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/entrevista-jose-manuel-galan/">Entrevista a José Manuel Galán</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>“La tumba de Djehuty es un monumento a las letras escritas”</strong></p>



<p>Boletín 73 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>25 años explorando el mundo<br><br>Doctor en Egiptología, Científico Titular del CSIC, responsable de varios de los más importantes descubrimientos&nbsp; realizados en Egipto en los últimos años, premio nacional de investigación de la SGE en 2006, José Manuel Galán Allué dirige el Proyecto Djehuty en Luxor, cuyos principales resultados, entre ellos el único jardín funerario excavado hasta hoy, se abrirán&nbsp; al público en febrero de 2023.</p>



<p>El próximo 9 de febrero los viajeros que acudan a la ciudad egipcia de Luxor podrán&nbsp; convertirse en los primeros&nbsp; visitantes de un conjunto monumental de gran belleza de 3500 años de antigüedad&nbsp; estudiado,&nbsp; excavado y restaurado desde&nbsp; el año 2000 por un equipo&nbsp; español. Ese día se abrirán&nbsp; al público por primera&nbsp; vez las tumbas de Djehuty&nbsp; y Hery situadas en el macizo rocoso que se eleva en la orilla occidental del valle del Nilo, al pie de una colina que se conoce hoy con el nombre de Dra Abu el-Naga. justo enfrente&nbsp; del templo de Karnak situado en la ciudad al otro lado del río. Son dos monumentos funerarios adorna- dos con preciosos relieves y con un extraordinario&nbsp; valor histórico para conocer detalles de la corte cuando Egipto se convirtió en un gran imperio.</p>



<p>El grupo de españoles que durante&nbsp; 22 años ha realizado las excavaciones y restauraciones&nbsp; de estos monumentos arqueológicos ha estado dirigido por el madrileño José Manuel Galán, de 59 años, profesor de Investigación en el Centro de Ciencias Humanas&nbsp; y Sociales del Consejo Superior de Investigaciones Cien- tíficas (CSIC). Fue distinguido por su labor como premio nacional de Investigación de la Sociedad Geográfica Española (SGE) en 2006. Le gustaron tanto los fines de esta sociedad que se fue involucrando poco a poco en ella de tal modo que durante&nbsp; ocho años ha sido miembro de su junta directiva.<br><br></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>“EL VISITANTE PODRÁ APRECIAR CÓMO ERA UNA NECRÓPOLIS&nbsp; EN EL AÑO 1600 A.C. Y LUEGO&nbsp; VISITAR LAS TUMBAS&nbsp; DE HERY Y DJEHUTY”</strong></p>



<p><strong>SGE.</strong> ¿En qué consiste el conjunto arqueológico que se abrirá al público?</p>



<p><strong>J.M. GALÁN.</strong> Se trata de las tumbas de dos altos funcionarios egipcios que, curiosamente, prestaron sus servicios a dos mujeres. Hery, que vivió en torno al 1520 a.C., fue supervisor del doble granero de la esposa y madre del rey Ahhotep, y Djehuty sirvió como supervisor del tesoro y de los trabajos de la reina Hatshepsut hacia al año 1470 a.C. Las tumbas que hemos excavado, restaurado y acondicionado para las visitas del público penetran 17 metros en la montaña y están decoradas con relieves, lo que permite&nbsp; que las visitas en el futuro sean sostenibles en el tiempo, porque las pinturas son las más perjudicadas&nbsp; por la presencia de visitantes en las tumbas. Hemos trazado además un camino y abierto una pequeña&nbsp; plataforma desde la que se puede observar todo el yacimiento. Desde ella se pueden&nbsp; ver las capillas de adobe y los pozos funerarios de la dinastía XVII, de alrededor&nbsp; del año 1600 a.C., e incluso la réplica del jardín que encontramos en 2017, hecho de barro y adobe, del que hemos realizado una réplica con la empresa Factum&nbsp; Arte y la hemos instalado encima del original. Y el jardín original, que es muy frágil, lo hemos cubierto con una plataforma de metal y unas planchas aislantes. Sobre esas planchas hemos colocado la réplica que hicimos en Madrid exactamente igual que el original. El visitante podrá apreciar cómo era la necrópolis en el año 1600 a.C. con las capillas de adobe, los pozos y el jardín funerario para luego pasar a visitar las tumbas de Hery y Djehuty.</p>



<p>Lo bueno&nbsp; de nuestro&nbsp; yacimiento es que nos permite&nbsp; seguir la evolución de có- mo eran las tumbas en Tebas desde el año 2000 a.C. hasta el año 1500 o 1470 a.C., algo que no se puede&nbsp; ver en Luxor. Las tumbas en Luxor son como islas, no se ve la relación de una con otra ni lo que hay alrededor&nbsp; de ellas. Nosotros hemos sacado a la luz parte del paisaje funerario&nbsp; de la necrópolis, lo que también resulta muy atractivo para el visitante.</p>
</div>
</div>



<p><br><br><strong>“UNO ENTRA EN LA TUMBA DE DJEHUTY, SUPERVISOR DEL TESORO  DE LA REINA HATSHEPSUT, Y TIENE  LA SENSACIÓN DE QUE ESTÁ EN EL MUSEO DE BERLÍN”</strong></p>



<p><strong>P.</strong> ¿Qué es lo más espectacular</p>



<p><strong>R.</strong> Las tumbas que ahora se abren al público son peculiares y muy interesantes,&nbsp; ca- da una por razones distintas. La tumba de Hery, supervisor del doble granero de la madre del rey y esposa del rey Ahhotep, es una de las pocas tumbas decoradas de comienzos de la dinastía XVIII, del año 1520 a.C., cuando Tebas se convierte en la ca- pital de Alto y del Bajo Egipto y empieza a extender su influencia por Siria, Palestina y Nubia. La de Hery es una de las primeras tumbas, si no la primera, que se conserva decorada. El estilo de sus relieves recuerda&nbsp; mucho a la época anterior en que se decoraban las tumbas con el estilo de la época clásica, la dinastía XII, de 500 años antes. En cuanto a la tumba de Djehuty, supervisor del tesoro y de los trabajos de la reina Hatshepsut, es más grande y tiene dos inscripciones biográficas en las que Djehuty cuenta y enumera&nbsp; los trabajos que realizó para la reina en Tebas. Por ejemplo, confiesa que fue él quien cubrió con electro (una aleación de plata y oro de color ámbar) los obeliscos que la reina levantó en el templo de Karnak y también nos dice que él cubrió con oro la barca sagrada de Amón. Estas inscripciones nos informan también de las principales obras del reinado de Hatshepsut. Otra particularidad interesante es que Djehuty convirtió su tumba en un monumento a las letras escritas. Quería seguramente demostrar&nbsp; a sus contemporáneos y a los visitantes del futuro que dominaba el arte de conjugar la escritura con la arquitectura. Desde la fachada hasta la cámara sepulcral, su tumba está pensada para demostrar&nbsp; sus capacidades como escriba que era, lo que la hace muy peculiar y distinta a otras tumbas que a lo mejor son más visuales, más figurativas. Sus relieves se conservan bastante&nbsp; bien y como su techo original se hundió, hemos cubierto esa parte y le hemos puesto una malla metálica con unos leds en el marco que iluminan las paredes desde arriba. Esta iluminación cenital resalta extraordinariamente los volúmenes de los relieves. Se trata de algo original que otras tumbas no pueden hacer por estar decorados los techos. Uno entra en la tumba de Djehuty y tiene la sensación de que está en el museo de Berlín.</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>P.</strong> Veintitrés años de excavación han debido exigir&nbsp; muchos&nbsp; metros&nbsp; cúbi- cos de tierra&nbsp; movidos, muchos&nbsp; trabajadores, un muy numeroso y varia- do equipo de especialistas…</p>



<p><strong>R.</strong> Cuando llegamos al yacimiento sólo se veía la entrada&nbsp; a la tumba de Djehuty, en una hondonada&nbsp; que, por su proximidad al poblado de Dra Abu el-Naga, se había convertido en un vertedero.&nbsp; Ahora hemos sacado a la luz no sólo las entradas a las tumbas de Hery y su vecino Djehuty sino otras tumbas que están alojadas con estas dos. En 2006 el gobierno&nbsp; egipcio, a través del gobernador de Luxor, con la colaboración del Ministerio&nbsp; de Antigüedades,&nbsp; derribaron&nbsp; el poblado de Dra Abu el-Naga porque&nbsp; no reunía las mínimas condiciones de salubridad. A cada familia le dieron una o dos casas en el pueblo de New Qurna. Nosotros aprovechamos la ocasión para ofrecernos&nbsp; a limpiar parte del poblado a cambio de extender&nbsp; nuestro&nbsp; yacimiento hacia el sur. Se nos concedió la ampliación y lo que hemos estado excavando desde&nbsp; 2011 hasta ahora es lo que estaba debajo del poblado de Dra Abu el-Naga. Todas las capillas de adobe y los pozos funerarios&nbsp; de la familia real y los altos dignatarios de la dinastía XVII se encontraban debajo de las casas modernas.&nbsp; Paradójicamente las casas modernas&nbsp; no solo no habían destruido&nbsp; las capillas de adobe, sino que, al estar construidas encima, las habían protegido. No sé muy bien cuantas toneladas de metros cúbicos hemos retirado,&nbsp; pero muchas, muchísimas. Cada año contratábamos entre&nbsp; 100 y 140 trabajadores&nbsp; egipcios y cada año viajamos entre&nbsp; 25 y 30 personas del equipo técnico.</p>
</div>
</div>



<p>Nuestra&nbsp; excavación, como todas las excavaciones arqueológicas,&nbsp; es como un laboratorio en el que colaboran representantes de diversas disciplinas, no sólo arqueólogos, antropólogos físicos y los paleopatólogos que estudian las momias, sino también&nbsp; restauradores, fotógrafos, dibujantes,&nbsp; arquitectos,&nbsp; geólogos, entomólogos que estudian&nbsp; los insectos que viven y anidan en los sudarios de las momias… Los arqueobotánicos, por ejemplo,&nbsp; en nuestro&nbsp; caso han estudiado las semillas y las plantas que se cultivaron hace cuatro mil años en el jardín que descubrimos&nbsp; en 2017 o que aparecieron&nbsp; en los restos de cerámica encontrados en el yacimiento.</p>



<p>Como encontramos&nbsp; tantísimas, miles, de momias de animales, miles de ibis y halcones, y también&nbsp; de serpientes&nbsp; y de musarañas,&nbsp; en el equipo&nbsp; incluimos arqueólogos especialistas en momias de animales. Intervinieron también&nbsp; especialistas en maderas y en polen fósil que nos informa de las plantas que crecían hace 4000 años, cultivadas o de forma espontánea,&nbsp; en el valle del Nilo en el Antiguo Egipto. La arqueología es una especialidad&nbsp; multidisciplinar&nbsp; en la que en algún momento&nbsp; pueden&nbsp; intervenir&nbsp; representantes de cualquier campo de la Ciencia y la Tecnología.</p>



<p><br><br><strong>“HEMOS&nbsp; ENCONTRADO NO SOLO TUMBAS Y MOMIAS SINO TAMBIÉN JARDINES Y LASCAS DE PIEDRA&nbsp; CON LOS BOCETOS DE LAS PINTURAS”</strong></p>



<p><strong>P.</strong> En el yacimiento del&nbsp; Proyecto Djehuty que&nbsp; habéis&nbsp; explorado ¿pue- den aparecer en un futuro&nbsp; próximo&nbsp; monumentos tan interesantes como las tumbas&nbsp; que se van a abrir al público&nbsp; en febrero?</p>



<p><strong>R.</strong> En Dra Abu el-Naga todavía queda mucho para sacar a la luz. De hecho, nosotros hemos entrado&nbsp; en dos tumbas de la dinastía XII, del año 2000 a.C., a través de agujeros de ladrones y las hemos escaneado, pero la entrada aún no se ve. Por fuera no se ve absolutamente nada. Pero por lo menos tenemos localizadas dos grandes tumbas que probablemente cuenten&nbsp; también&nbsp; con un jardín delantero como el que encontramos&nbsp; en 2017. Lo bueno de nuestro yacimiento es que encontramos&nbsp; no sólo tumbas y momias sino también&nbsp; jardines, ramos de flores, pizarrines de escuela, el basurero&nbsp; de los obreros&nbsp; y artistas que construyeron&nbsp; y decoraron&nbsp; las tumbas y tenemos las cerámicas con el mortero,&nbsp; con el pigmento empleado,&nbsp; y, algo muy inusual, lascas de piedras calizas con los bocetos de las pinturas que luego los artistas realizaron en las paredes.&nbsp; Seguro que hay mucho por descubrir,&nbsp; el problema&nbsp; no es la materia, en el proyecto Djehuty&nbsp; hay trabajo por los menos para los próximos 50 años. El problema&nbsp; es la financiación. A pesar lo valioso de lo descubierto,&nbsp; cada vez es más difícil conseguir financiación y de ella depende&nbsp; el futuro.</p>



<p><strong>P.</strong> ¿Cómo llegaste a convertirte en egiptólogo?</p>



<p><strong>R.</strong> Me licencié en Historia Antigua en la Universidad&nbsp; Complutense de Madrid y como en España no había una especialidad dedicada a la Egiptología me marché a hacer el doctorado&nbsp; en los Estados Unidos. Por suerte me dio una beca la Universidad John Hopkins de Baltimore donde hice el doctorado. Más tarde estudié un año en Alemania en Tubinga con una beca Humboldt y luego regresé a Madrid, donde me incorporé al CSIC.<br></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>“LA EGIPTOLOGÍA ESPAÑOLA HA CONSEGUIDO HACERSE UN HUECO MUNDIAL, PERO&nbsp; NI HAY RESPALDO&nbsp; INSTITUCIONAL NI FINANCIACIÓN SUFICIENTES”</strong></p>



<p><strong>P.</strong> ¿Cómo&nbsp; está&nbsp; en estos&nbsp; momentos la Egiptología en España&nbsp; y cómo&nbsp; están valorados&nbsp; los egiptólogos españoles en el mundo?</p>



<p><strong>R.</strong> En España&nbsp; no hay tradición&nbsp; egiptológica. En el pasado hubo varios intentos para impulsar la Egiptología entre&nbsp; nosotros, como cuando Howard&nbsp; Carter visitó Madrid invitado por el duque&nbsp; de Alba después&nbsp; de descubrir&nbsp; la tumba de Tutankamón&nbsp; o cuando se trajo a España&nbsp; el templo de Debod,&nbsp; pero siempre de forma infructuosa. Hoy en día, aunque&nbsp; hay Egiptología en varias universidades españolas los planes de estudio son tan generales que hacen difícil implantar un programa serio en esta especialidad. Hay Egiptología en Sevilla, en La Laguna, en Alcalá de Henares,&nbsp; en Barcelona… Yo suelo decir que los egiptólogos españoles actuales son como los salmones, que nadan contra corriente.&nbsp; Es un milagro que en estos momentos España tenga 12 misiones arqueológicas en Egipto, desde la de Saqqara en el norte, Oxirrinco y Heracreópolis&nbsp; en el Egipto Medio, en Luxor hay varias y también&nbsp; en Asuán… Es verdad que la Egiptología española ha conseguido hacerse un hueco en la Egiptología mundial gracias a estas excavaciones, todas ellas interesantes y exitosas, pero ni hay respaldo&nbsp; institucional ni financiación suficientes. Habrá que ver si este éxito conseguido por la Egiptología española en el yacimiento de Djehuty&nbsp; acaba siendo un espejismo o se consolida. En el CSIC estamos tres egiptólogos y todo se ha sembrado&nbsp; bien, pero hay que seguir regando. En general, el problema&nbsp; de la Ciencia en España es la falta de constancia. Se hacen grandes esfuerzos, grandes inversiones y de repente&nbsp; se echa a perder&nbsp; todo por la falta de continuidad,&nbsp; por la falta de una política científica real.</p>
</div>
</div>



<p><strong>P.</strong> ¿Cuál es el futuro&nbsp; del&nbsp; Proyecto Djehuty? Además&nbsp; de&nbsp; la apertura&nbsp; al público&nbsp; de las tumbas&nbsp; ¿qué planes&nbsp; tenéis para el año que viene?</p>



<p><strong>R.</strong> Pues vamos a ver… Nuestra primera campaña de excavación se inició en 2002, por tanto, la campaña de 2023 será nuestra campaña número&nbsp; 22, que ya es una hazaña en sí misma, una hazaña desde el punto de vista de la financiación. La Egiptología de por sí es cara y ha sido muy difícil encontrar&nbsp; patrocinadores&nbsp; y subvenciones para poder ir tirando durante&nbsp; 22 años. De hecho, este año vamos a hacer por tercera vez un crowdfunding porque no tenemos suficiente dinero para ir a excavar. Es un poco triste, sobre todo este año, el de la apertura de las tumbas, cuando vamos a sacar el tercer documental&nbsp; en Televisión Española, titulado “His- toria de una necrópolis”, que no tengamos dinero siquiera para ir… Pero bueno, se conseguirá. Gracias a Técnicas Reunidas y a la Fundación&nbsp; Palarq, y gracias a todos los mecenas que han contribuido&nbsp; en el crowdfunding,&nbsp; iremos a excavar en enero de 2023 con las mismas ilusiones que en la primera campaña. Nos esperan cuatro pozos funerarios de la dinastía XVII, ca.1600 a. C., que es seguro que nos darán alguna sorpresa. Todos los que hemos excavado hasta la fecha fueron sa- queados en la antigüedad,&nbsp; pero los ladrones actuaban&nbsp; siempre con prisas y con mala luz, por lo que siempre se dejaban objetos interesantes que nos hablan de los individuos allí enterrados</p>



<p>Pero lo más importante y emocionante&nbsp; será terminar&nbsp; de documentar y restaurar las tumbas de Djehuty&nbsp; y de Hery, iluminarlas con paneles solares y abrirlas al pú- blico. Es un forma de ofrecer a todos el fruto de nuestro trabajo, de devolver a la sociedad, la menos en parte, la ayuda económica recibida durante todos estos años. Con ello esperamos, además, haber contribuido un poco a estrechar los lazos entre España y Egipto a través de la cultura, el arte y la investigación científica.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/entrevista-jose-manuel-galan/">Entrevista a José Manuel Galán</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Cuando los Vikingos llegaron a Compostela</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/vikingos-compostela/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 01 Jun 2022 09:42:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 71]]></category>
		<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros extranjeros por España]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=27568</guid>

					<description><![CDATA[<p>Texto: Emma Lira Boletín 71 &#8211; Sociedad Geográfica Española Camino de Santiago. En el siglo IX el rumor de la existencia de la tumba del apóstol, en un remoto rincón [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/vikingos-compostela/">Cuando los Vikingos llegaron a Compostela</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Emma Lira<br></strong></p>



<p>Boletín 71 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Camino de Santiago.<br><br><strong>En el siglo IX el rumor de la existencia de la tumba del apóstol, en un remoto rincón de la Europa Occidental, traspasó rápidamente las fronteras. Los peregrinos narraban sus vivencias, junto al lujo que ornaba la última morada de Santiago el Mayor. La historia de aquella tierra, rica y sagrada para los cristianos, llegó hasta los señores del mar en el Norte, los vikingos, siempre ávidos de botín y nuevas expediciones. Santiago se convirtió en un objetivo. En sus mitos la llamaron Jakobsland.</strong></p>



<p>El primer domingo de agosto, en la localidad gallega de Catoira todavía se puede vivir un desembarco vikingo y participar heroicamente en la defensa del territorio. Los <em>drakkar </em>aparecen encarando la ría, y los habitantes del pueblo se congregan para presentar batalla. Invasores y defensores acaban regando sus diferencias con vino, música y risas, en una fiesta que ya se ha declarado de interés turístico nacional. No se trata de ninguna invención, sino de la recreación de una batalla real, una de las varias en que Galicia se vio envuelta, hace ya un milenio, en relación con los temibles hombres del Norte, los <em>lordemanos</em>. Acostumbrados a los atractivos botines que conseguían en los monasterios, pensando en las presuntas riquezas que debían rodear al que ya se promulgaba como el mayor templo de la Cristiandad, los vikingos se hicieron a la mar para conquistar Jakobsland, no una ni dos, sino hasta cinco veces a lo largo de cuatro siglos. Escandinavia era ya una potencia naval, y la orografía gallega facilitaba el acceso a diferentes poblaciones a través de sus rías, por no hablar de que Galicia reunía todas las características necesarias para convertirse en un lugar de aprovisionamiento, en otras posibles incursiones, al también deseable Al Andalus o a las riberas del Mediterráneo.<br></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>LA PRIMERA INVASIÓN VIKINGA</strong></p>



<p>La primera irrupción de los vikingos en Galicia aparece ya reflejada en los <em>Annales Bertiniani</em>. En el mes de agosto del año 844, una expedición de hasta 150 barcos daneses arribó a las costas de Galicia, saqueando una a una las aldeas costeras, hasta que fue rechazada por las tropas de Ramiro I de Asturias en los alrededores del <em>Farum Brecantium</em>, la actual Torre de Hércules en A Coruña. Apenas 15 años después, en el 858, y ya durante el reinado de Ordoño I, los vikingos -no sabemos si los mismos, o sus hijos, espoleados por las historias contadas frente al fuego- se internaron en tierras gallegas, a la vuelta de una expedición de saqueo en la costa francesa. Enfilaron la ría de Arosa, y, tras saquear la diócesis de Iria Flavia, llegaron hasta la mismísima Santiago de Compostela, sitiando la ciudad.</p>



<p>Sus habitantes llegaron a pagar un tributo para evitar el saqueo, pero fue la decisiva intervención del conde Pedro, la que derrotó a los vikingos, destruyendo 38 de sus embarcaciones. Como consecuencia de esta expedición, la sede episcopal de Iria Flavia fue trasladada a Santiago.</p>



<p>En el año 951 los vikingos reaparecieron de nuevo, y saquearon distintas aldeas, lo que obligó a que las ciudades se reforzaran en previsión de unos nuevos ataques que llegaron muy pronto. En el año 964 los vikingos regresaron. Y, una vez más, la población tuvo que hacerles frente con el propio obispo Rosendo de Mondoñedo a la cabeza.</p>



<p>Pero los hombres del norte no se dieron por vencidos. Quizá, el botín jamás conseguido de Jakobsland pasara como un reto de generación en generación, ya que, pese al fracaso de las incursiones, siempre había un nuevo contingente dispuesto a arriesgarse en la empresa. En el año 968, el segundo duque de Normandía pidió ayuda a sus parientes daneses y noruegos para atacar al rey de Francia. Estos acudieron con una gran flota vikinga, pero, como una vez derrotado el rey francés se dedicaron a campar a sus anchas por Normandía, el duque se los quitó de encima. Id a conquistar Galicia, debió decirles, <em>“esa tierra tan rica de la que tanto hablan los peregrinos”</em>. Los invitados le hicieron caso y zarparon, probablemente con la intención, no solo de conseguir un botín rápido, sino de crear en ella su propia Normandía.</p>
</div>
</div>



<p></p>



<p><strong>MÁS NAVES VIKINGAS PARA LA CONQUISTA</strong></p>



<p>Las crónicas cuentan que arribaron a Galicia unas doscientas naves al mando de Gudrød, a quien los locales llamarían Gunderedo. Cien de ellas se detuvieron en la costa cantábrica de Galicia, y atacaron la diócesis de Bretoña, mientras otras cien se internaron en la ría de Arosa y desembarcaron en el puerto de Iuncariae (Xunqueira), para dirigirse por tierra hasta Santiago. El obispo Sisnando intentó detenerlos en las proximidades de Iria Flavia, pero murió atravesado por una flecha durante la batalla de Fornelos. Esta fue una de las incursiones más exitosas de los hombres del norte. Los vikingos se dispersaron por Galicia, y permanecieron durante cerca de tres años. Incluso se adentraron en Santiago para tratar de hacerse con los restos del Apóstol, pero, como en un designio divino, fueron interceptados por un ejército al mando del conde Gonzalo Sánchez, que consiguió vencerlos en los alrededores de la ría de Ferrol, dando muerte a su líder y quemando la mayoría de sus naves.<br><br><br><strong>INCURSIONES AISLADAS PERO PERTINACES</strong></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>Desde el siglo X los vikingos comenzaron a aparecer en Galicia de forma cada vez más esporádica. En el año 1015, dirigidos por el rey Olaf atacaron Castropol, Betanzos, Ribas de Sil y Tuy, a donde llegaron por sorpresa remontando el río Miño. Por el camino, vencieron al ejército del conde Menendo González, y llegaron a secuestrar al obispo Alfonso para exigir un rescate.</p>



<p>En el año 1028, reinando Bermudo III, Ulf el gallego también dirigió una expedición contra las costas gallegas, subiendo por la ría de Arousa. La saga “Knytlinga”, que trata de los reyes que dominaron Dinamarca, dice sobre él: <em>“Partió valientemente con los suyos hacia el Oeste, a la conquista de Jakobsland”</em>.<br><br>Que sepamos nadie tocó los huesos del apóstol, pero Ulf permaneció durante unos 20 años en tierras gallegas -lo que le valió su apodo-, estableciendo una especie de gobernación, y trabajando, incluso, como mercenario de los condes de Galicia. En el año 1047, el Obispo de Santiago, Cresconio, harto de la presencia vikinga, optó por cerrarles el acceso: restauró las “Aras” o Torres de Augusto en Catoira, puso en medio una capilla dedicada al Apóstol Santiago, y rodeó todo el conjunto con unas sólidas murallas a la que acompañó de una cadena en la ría del Ulla. Nacía la fortaleza de “Castellum Honesti”, conocida más adelante como las Torres del Oeste, la llave del Reino de Galicia. Aquí fue derrotada la escuadra de Ulf tras su última expedición, y esto es lo que casi 1000 años después continúan celebrando los vecinos de Catoira cada agosto.</p>
</div>
</div>



<p><strong>LA CONQUISTA SE CONVIERTE EN PEREGRINACIÓN</strong></p>



<p>Tras la expulsión de Ulf, las expediciones vikingas en Galicia se redujeron hasta convertirse en historia. La última incursión de un monarca nórdico se produjo en 1108, pero esta sería ya en son de paz: el rey Sigurd de Noruega recorrió como peregrino el camino marítimo del <em>vestvegr</em>, que conectaba Escandinavia con Galicia, en unos ocho días de travesía. Los temibles vecinos del norte se habían ido cristianizando aproximadamente desde el año 1000, y ya no eran tan enemigos.</p>



<p>Todavía algún topónimo de influencia escandinava, como es el caso de Lordemanos, en la provincia de León, nos recuerda la presencia vikinga en estas zonas. Como en todas las pequeñas historias de la Historia, seguramente, alguno de aquellos aguerridos hombres del norte que vinieron buscando las riquezas de Santiago, encontró algún motivo menos material para quedarse.</p>



<p><em>*Periodista y escritora, es autora de «Espejismo, viaje al Oriente desaparecido»</em></p>



<p></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/vikingos-compostela/">Cuando los Vikingos llegaron a Compostela</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
		<item>
		<title>Relaciones de Indias. Una fuente de información colosal y fiable sobre el clima en el imperio ultramarino español.</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/relaciones-de-indias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 May 2022 09:48:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 70]]></category>
		<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Rutas]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
		<guid isPermaLink="false">https://sge.org/?p=27453</guid>

					<description><![CDATA[<p>Texto: Lola Higueras Boletín 70 &#8211; Sociedad Geográfica Española Clima. Tiempo. Historia. Los cuestionarios, a través de los cuales se recababan los datos para documentar las Relaciones Geográficas de Indias, [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/relaciones-de-indias/">Relaciones de Indias. Una fuente de información colosal y fiable sobre el clima en el imperio ultramarino español.</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Lola Higueras</strong></p>



<p>Boletín 70 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Clima. Tiempo. Historia.<br><br></p>



<p>Los cuestionarios, a través de los cuales se recababan los datos para documentar las Relaciones Geográficas de Indias, se extienden a lo largo de casi tres siglos, y constituyen una de las fuentes más formidables de información sobre el inmenso imperio ultramarino español. Este completo sistema se utilizó en unas treinta ocasiones entre 1530 y 1812, recibiéndose miles de respuestas desde todos los puntos del imperio, de extraordinario valor por la calidad y fiabilidad de los informantes. Los prolijos cuestionarios se confeccionaban en el Consejo de Indias, y en la contestación se vieron involucrados cientos de autoridades de todo tipo, desde las más altas dignidades a corregidores, alcaldes o curas de las más lejanas aldeas.</p>



<p>L a riqueza de los datos aportados, siempre de primera mano y recabados sobre el terreno, fue extraordinaria y muy variada en los temas: datos geográficos de todo tipo, entre los que se solía incluir el clima; demográficos; creación de ciudades y su urbanización; salubridad de la tierra y sus recursos naturales; fauna y flora; censos de población indígena, criolla o española; amplísimos datos económicos; historia eclesiástica; información etnográfica y relativa a la historia antigua y sus monumentos; y finalmente amplísimas noticias político- administrativas.</p>



<p>Sin duda esta colosal organización informativa representa el esfuerzo más importante de la Administración española para conocer todos los aspectos posibles del inmenso y lejano territorio que debía organizar y administrar. Información, en definitiva, para conocer y mejor administrar, este es sin duda el objetivo principal de este gigantesco esfuerzo para conocer “todo” de “todo el territorio”, hasta el lugar mas recóndito.</p>



<p>Pero muy pronto, las Relaciones Geográficas de Indias y su enorme bagaje informativo, servirán también para la divulgación de la América española, ayudando en la publicación de obras históricas, geográficas o eclesiásticas.<br><br><strong>ORGANIZACIÓN DE LOS CUESTIONARIOS</strong></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>La Disyuntiva del Consejo de Indias para poner en marcha tan ambicioso proyecto, será entre la creación de un cuerpo de funcionarios permanente y especializado, que, adscritos a las diferentes Audiencias americanas, recorrieran el territorio a ellas encomendado. O, por otro, llevar a cabo dicho proyecto con la colaboración de las autoridades indianas, a las que se facilitarían precisas instrucciones para responder los distintos cuestionarios, de manera que las informaciones recabadas en los diferentes lugares del imperio fueran totalmente homogéneas.</p>



<p>El Consejo de Indias elige esta segunda opción, aprovechar el caudal humano y cultural de las autoridades “menores” hispanoamericanas.</p>



<p>Por lo tanto, todas las encuestas fueron realizadas “sobre el terreno” y por las autoridades americanas, la mayor parte criollos y mestizos, con los que la administración indiana adquirió una deuda impagable por su imprescindible colaboración en el gigantesco proyecto informativo de la Corona.</p>



<p>El procedimiento siempre fue el mismo a lo largo de los siglos. El Rey, a través del Consejo de Indias, ordenaba la encuesta mediante una R.O que recogía de forma muy precisa el método a seguir, acompañada siempre por el correspondiente cuestionario <em>“para que Nos estemos informado de todas las calidades y </em><em>cosas” “porque queremos tener entera noticia de las cosas de esa tierra”</em>. Manifiesta la R.O de 1530.</p>



<p>En la R.O que acompaña la encuesta de 1548, de nuevo se afirma <em>“deseando proveer y ordenar las cosas (..) Como mejor y más convenga (..) Para que podamos proveer sin más dilación acerca de ello lo que convenga”.</em></p>



<p>Es evidente que la Corona quiere conocer a fondo esos territorios, “para mejor gobernar” La inquietud real por el buen gobierno de las Indias se pone de manifiesto de nuevo, en el prologo de la R.O de 1581, en la que se afirma <em>“porque entendiendo la obligación que tenemos de procurar que esos reinos y provincias de nuestras Indias, sean bien regidos y gobernados en lo espiritual y en lo temporal, habiendo esto de ser por relación y noticia, por estar tan distantes de estos reinos, deseamos que se tenga muy particular noticia de ellas, para que mejor pueda acertarse”.</em></p>
</div>
</div>



<p><br><br><strong>ORGANISMOS QUE GESTIONARON ESTA GRAN ENCUESTA</strong></p>



<p>Más de un organismo gestionó las RGI, a lo largo de los siglos. El Consejo de Indias, lo hizo hasta 1807. El Consejo de Regencia y las Cortes Generales de Cádiz, entre 1808 y 1815. Sin duda, el gran protagonista del gigantesco proyecto fue el Consejo de Indias, que, a lo largo del tiempo, buscó siempre información amplia y verídica para garantizar a la administración de Indias suficientes datos para garantizar un buen gobierno.</p>



<p>En las prolijas instrucciones que se enviaban a las distintas autoridades americanas se especificaba, además de la obligatoriedad de contestar con absoluta veracidad, la actualización de los datos, y que los informes “originales” fueran depositados y conservados en las distintas administraciones americanas, remitiendo al Consejo de Indias, copias autentificadas de los mismos.</p>



<p>Los cuestionarios enviados en cada caso son muy diversos en tipología y extensión. Algunos son monográficos y contienen 8 o 10 preguntas, otros, más generales, pueden ser muy extensos, pudiendo llegar a las 355 preguntas. Pero lo más habitual eran cuestionarios de entre 20 y 50 preguntas. Entre estas informaciones en numerosas ocasiones, se solicitaba información cartográfica, elemento imprescindible para conocer y valorar de manera más precisa los diversos territorios.</p>



<p>No cabe duda de que el Consejo de Indias intento colaborar de manera eficaz al mejor gobierno de las Indias a través de un conocimiento exhaustivo de la realidad física, humana y administrativa de la totalidad de los inmensos territorios, hasta los más recónditos.</p>



<p>Los informes fueron siempre cumplimentados “in situ” por competentes autoridades, magníficos conocedores de la realidad, que, una vez y otra y por orden del Rey, actualizaban los datos recogidos para que nunca quedaran obsoletos o falseados por el paso del tiempo.</p>



<p>Esta información fue fundamental para el poder político. Los cuestionarios no fueron contestados siempre, a pesar de la obligatoriedad de hacerlo, pero la información recibida fue cuantiosísima y relativa a la más extensa temática, abarcando prácticamente todo el imperio ultramarino.</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>METODOLOGÍA: ORDENANZAS Y LIBROS</strong></p>



<p>En las Ordenanzas de 1573 se describe la formación de los “libros temáticos” en los que se debía organizar la información recibida. Estos libros eran: libro de la cosmografía general ; libro de historia natural; libro de historia moral y sucesos de las India; libro de la república cristiana, en lo temporal, por provincias y núcleos urbanos; libro sobre legislación; libro sobre los oficios públicos; censos urbanos y rurales; libros de hacienda, de funcionarios, de los repartimientos de indios,, de aduanas, de minas, de casas de moneda, de diezmos; libros de censos de demografía; padrón general; y de descripciones geográficas, eclesiásticas y civiles.</p>



<p>En el artículo 61 de estas importantes ordenanzas se especifican las materias que deben ser investigadas y descritas en los diversos apartados informativos para los Libros de cosmografía, hidrografía, historia natural y moral y descubrimientos y conquista, entre otros.</p>



<p>Respecto a la cosmografía, el Rey especifica las obligaciones del cosmógrafo mayor: <em>“mandamos que el que de Nos llevare salario de cosmógrafo(..) haga el planisferio o globo de todas las Indias dividiéndolo en climas, paralelos y meridianos y los dichos climas los continúen con los antiguos y denomine por los mismos nombres”.</em></p>



<p>De igual manera específica la ordenanza en su artículo 15, las materias que deben tratarse respecto a la navegación, tema que interesa especialmente a nuestro tema sobre el clima. Menciona la ordenanza, entre otras, proporcionar información acerca de <em>“la capacidad y seguridad y calidad que tienen los puertos, accidentes de mar, corrientes, reflujos, vientos que corren por él y en que tiempos, huracanes, tormentas y otros peligros”.</em></p>



<p>La veracidad de los datos, exigida al informante, queda claramente expresada en el artículo 76 de la ordenanza: <em>“para hacerse esta descripción universal y particular de la tierra, cierta y precisamente, es menester que se haga por los que tuvieren noticia de ella por vista de ojos”</em>. Es decir, conocedores de la tierra, y además <em>“in situ”</em>, como ya mencionamos.</p>



<p>La completa ordenanza de 1573 consta en total de 135 títulos o artículos que ordenan las cuestiones a investigar, las autoridades obligadas a responder los cuestionarios, la amplitud y extensión territorial de la encuesta, y en definitiva el orden y método de las respuestas.</p>



<p>Nada escapa a la magnífica ordenanza, nada queda al azar; es, sin duda, un magnífico ejemplo de la calidad y veracidad que se persigue con esta gigantesca encuesta. La documentación relativa a las RGI se conserva en su mayor parte en el Archivo General de Indias de Sevilla. La correspondiente a las Expediciones científicas ilustradas, que continuaron la tradición de los cuestionarios de las RGI, en los Archivos de la Marina, y parte de los cuestionarios correspondientes a la primera mitad del siglo XVIII, se enviaron a la Real Academia de la Historia para información de la Historia de América que proyectaba.</p>
</div>
</div>



<p><br><br><strong>EL CLIMA EN LAS RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS</strong></p>



<p>En tan colosal esfuerzo informativo no podía estar ausente el clima, elemento de vital importancia para el avance de los descubrimientos, la fundación de ciudades y pueblos, el desarrollo de la agricultura, la vital actividad de las navegaciones y en definitiva la salud humana. Prácticamente el éxito de la colosal expansión dependió del conocimiento de los territorios y del clima imperante en ellos.</p>



<p>Traemos aquí esta información, muy poco explotada por los estudiosos, que consideramos de valor para el estudio de la geografía americana e incluso para el estudio del cambio climático, a través de informaciones fidedignas, recogidas sobre el terreno, en toda la inmensa extensión de la geografía ultramarina, y a lo largo de casi tres siglos, que presenta además un importante valor añadido: la precisa localización del territorio y fecha de la recogida del dato.</p>



<p>La información acerca del clima está incluida, casi siempre, en los cuestionarios relativos a los aspectos geográficos, en los que se solicita <em>“descripción y del territorio, clima, fauna y flora” </em>características. En los cuestionarios de 1556, 1577,1777 y 1812, estos aspectos ocupan entre un 25 y un 34 por ciento de la encuesta. Pero el clima aparece mencionado también en la condición de los puertos y abrigos naturales, vientos, corrientes temporales etc.</p>



<p>El clima está presente también dentro de las RGI, en el análisis de los <em>“riesgos naturales” </em>La necesaria defensa ante la naturaleza desconocida y tantas veces hostil, y la acción del hombre para intentar dominarla, interesa sobremanera a la administración política, porque determina la subsistencia de una población en un lugar determinado de un territorio. La adaptación pasaba siempre por el conocimiento de las posibles catástrofes naturales y la investigación del <em>“temperamento”</em>, es decir su clima, régimen de lluvias o sequias persistentes. Riesgos naturales de carácter geofísicos, como los descritos, relacionados con el clima o la meteorología, pero también geomorfológicos como existencia de terremotos, volcanes y otros accidentes naturales.</p>



<p>Es muy lógico que el clima, la naturaleza y, en definitiva, las características del territorio sean sumamente importantes en esta encuesta. Conocer el territorio americano desconocido, y potencialmente hostil, es tan importante para el poder político como lo es conocer las condiciones de la navegación oceánica que conducen a él, ya que ambas materias dependen en gran medida de la naturaleza, de la incertidumbre de esa naturaleza todavía mal conocida y peligrosa. Por eso. en los cuestionarios de 1604 y mucho mas tarde, en el de1777 se pedía información acerca de hechos catastróficos debidos a fenómenos naturales, por ejemplo <em>“que daños han causado los volcanes” “reventazones y estragos causados por los terremotos”</em>.</p>



<p>En los cuestionarios de 1573 se pregunta directamente por los huracanes, las tormentas y otros accidentes climáticos, y en el de 1812, se pide expresa información acerca de los vientos que azotan las poblaciones, si se experimentan tempestades, turbiones o avenidas, y si hay sequedad persistente o abundancia de lluvias. Otro aspecto importante de información climática en los RGI, es la salud. Para asentar las nuevas poblaciones era importantísima la información sobre el temperamento de la tierra, si era “sana o enferma”. Las ideas humanistas conceden en el siglo XVI gran importancia a la relación hombre- medio: la influencia del clima, las calidades o “temperamento” de las tierras. Todo ello era considerado determinante para la salud.</p>



<p>En el cuestionario de 1604, varias preguntas relacionan clima y salud. Es esta una asociación que persiste hasta los últimos cuestionarios enviados por las Cortes de Cádiz en1812.</p>



<p></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>LOS CUESTIONARIOS DE LA ILUSTRACIÓN. LA EXPEDICIÓN DE MALASPINA Y BUSTAMANTE 1789-1794</strong></p>



<p>En los magníficos cuestionarios utilizados por esta gran empresa ilustrada, la más importante expedición marítimo-científica del siglo que recorrerá América desde Montevideo a Alaska y todos los territorios del Pacifico, la metodología utilizada por Malaspina para la redacción de los cuestionarios, pieza clave en su política informativa, se inscribe completamente en la secular tradición de los utilizados por las RGI.</p>



<p>En esta expedición, el clima se contempla en los cuestionarios relativos a las Descripciones físicas: <em>“Periodos regulares de las estaciones, vientos, tiempos lluviosos, tempestades de rayos, granizadas y nieves” “si hay volcanes activos, si se experimentan temblores de tierra”</em>. Y de nuevo la relación clima-salud. En los cuestionarios relativos a urbanismo y demografía, Malaspina pregunta <em>“cuáles son los efectos que produce el temperamento sobre la salud humana, atendiendo a la raza”.</em></p>



<p><strong>LOS CUESTIONARIOS MONOGRÁFICOS</strong></p>



<p>Traemos aquí un cuestionario específico de 50 preguntas, el enviado en 1577, que se centraba de forma monográfica en la investigación de los núcleos urbanos o rurales, fecha de su fundación, demografía, calidad y temperamento de sus tierras, fenómenos naturales catastróficos.</p>



<p>En casi todo el cuestionario, el clima es protagonista, se pregunta si la tierra es fría o caliente; húmeda o seca; de muchas aguas o pocas; los vientos que corren en ella y, cómo no, si es tierra o puerto sano o enfermo, y si enfermo por qué causas. Antes de terminar el interrogatorio, en la pregunta 49, insiste el inquisidor <em>“relatar todas las demás cosas notables en naturaleza y efectos del suelo, aire y cielo que en cualquiera parte hubiere y fuesen dignas de ser sabidas” </em>Este mismo protagonismo del clima se manifiesta en el cuestionario de 1730 y en el único redactado por La Real Academia de la Historia en 1765.</p>



<p>Para terminar, mencionaré el ultimo cuestionario enviado a América. Lo elaboran las Cortes de Cádiz y se envía a América en 1812, poco antes de la Independencia. En este cuestionario final, se mantienen los parámetros generales de todos los enviados para informar las RGI, a lo largo de los siglos.</p>



<p>Esperamos que esta breve aproximación al tema despierte la curiosidad de geógrafos, meteorólogos, etnólogos, urbanistas, y, en general, descubra el interés de esta fuente colosal de información veraz, extensa en su dimensión territorial y localizada en lugar y tiempo exactos, a lo largo de tres siglos, a cualquier investigador de la realidad y la historia ultramarina española.</p>
</div>
</div>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/relaciones-de-indias/">Relaciones de Indias. Una fuente de información colosal y fiable sobre el clima en el imperio ultramarino español.</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></content:encoded>
					
		
		
			</item>
	</channel>
</rss>
