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	<title>Galería de exploradores archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Galería de exploradores archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>¿Por qué no volvimos antes a la Luna?</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/regreso-a-la-luna/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 13:31:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 83]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores del s. XX]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Las expediciones científicas]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El jardín islámico nos hace viajar desde el Algarve andalusí hasta el Golfo de Bengala, y desde el siglo VII en Persia hasta los jardines orientales del Imperio Mogol.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/regreso-a-la-luna/">¿Por qué no volvimos antes a la Luna?</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: </strong>Rafael Clemente</p>



<p>Boletín 83 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>La humanidad está otra vez a punto de hacerse una foto con la Luna de fondo. Si todo sale según lo previsto, Artemis 2 dará un gran rodeo alrededor de nuestro satélite para poner a prueba el cohete Space Launch System (SLS) y la cápsula Orión antes de intentar, algo más tarde, un nuevo alunizaje con Artemis 4. El camino ha sido tan largo como tortuoso: medio siglo de política cambiante, presupuestos ajustados y promesas tecnológicas que no siempre llegaron a despegar, y por eso el primer aterrizaje de Artemis se ha ido deslizando hasta el 2028… y todavía puede seguir alejándose.</p>



<p></p>



<p><strong>POR QUÉ HEMOS TARDADO TANTO</strong></p>



<p>Las cronologías de la Luna y de la Antártida se parecen más de lo que podría pensarse. En ambos casos se trata de territorios radicalmente hostiles, que admiten visitas breves, pero no perdonan errores. Tras las primeras llegadas al Polo Sur, en 1911 y 1912, nadie volvió a pisarlo durante 42 años; casi el mismo intervalo que nos separa del último Apolo.</p>



<p><em>Apolo </em>fue, sobre todo, un gesto político. Respondía al desafío de Kennedy, convertido en mandato casi sagrado tras su asesinato, y justificó un esfuerzo industrial que desde la Segunda Guerra Mundial no se veía en Estados Unidos. En el cénit del programa, la NASA llegó a absorber alrededor del 4,5% del presupuesto federal, o sea más de un 0,7% del PIB del país más rico del planeta. Tres años después del primer alunizaje, la épica se agotó. El público se aburría con misiones que parecían repetirse, Vietnam consumía atención y recursos, los programas sociales reclamaban su parte, y la distensión con la URSS restó urgencia al prestigio de “ganar” la carrera lunar. El viaje a la Luna dejaba de ser prioridad en Washington; el resultado fue un paréntesis que duraría décadas.</p>



<p></p>



<p><strong>DE APOLO A ARTEMIS</strong></p>



<p>La NASA no olvidó la Luna, pero cambió el guion. Cualquier regreso debía ser políticamente defendible, científicamente más ambicioso que <em>Apolo </em>y, sobre todo, sostenible: no bastaba con plantar una bandera y dejar unas huellas fotogénicas. De esa lógica surgió <em>Constellation</em>, uno de los intentos más coherentes de diseñar una arquitectura para volver a la superficie lunar y quizás, algún día, llegar a Marte. <em>Constellation </em>prometía nuevos cohetes, nuevas naves y un horizonte que se extendía más allá de la Luna, pero chocó con una realidad más prosaica: el coste.</p>



<p>Las estimaciones hablaban de un total de más de 200.000 millones de dólares y en 2009 un análisis independiente lo declaró irrealizable con los presupuestos disponibles. Barack Obama lo canceló sin demasiada nostalgia: <em>“Francamente, ya hemos estado antes en la Luna</em>”, resumió. Del naufragio quedaron dos piezas flotando: la nave <em>Orión</em>, pensada para misiones en el espacio profundo, y una versión reducida del lanzador pesado, que acabaría renaciendo como el actual <em>SLS</em>. Artemis –la diosa, hermana de Apolo– daría nombre al nuevo programa, pero el cohete heredado ni siquiera merecería un bautismo más imaginativo.</p>



<p></p>



<p><strong>EL PRECIO DE LA NOSTALGIA</strong></p>



<p>El <em>SLS </em>es, en muchos sentidos, un cohete del siglo XX lanzado en pleno siglo XXI. Pretendía ser una opción más económica y para ello aprovecha componentes y tecnologías del transbordador espacial, pero ha resultado mucho más caro que el viejo <em>Saturn V </em>al que pretende suceder. Si ha sobrevivido es, en parte, por motivos políticos. Sus piezas se fabrican en prácticamente todos los estados de la Unión y ningún congresista quiere ser recordado como el político que cerró una factoría aeroespacial en su distrito. Mientras tanto, el resto del sector miraba hacia otra parte. SpaceX llevaba años perfeccionando cohetes reutilizables: algunos Falcon 9 han volado más de treinta veces, y <em>Starship </em>se concibe como un sistema completamente reutilizable, capaz de volver a despegar tras una preparación mínima. Frente a eso, el SLS es un gigante de un solo uso: un artefacto que se enciende, se destruye y se paga de nuevo en cada lanzamiento. El problema es que <em>Starship </em>todavía no está lista para el papel protagonista que se le reserva en la Luna, por más optimistas que sean los plazos de Elon Musk. Hoy, la única capacidad lunar certificable que tiene la NASA es el <em>SLS </em>y sobre él descansa la última directriz del presidente Trump: dejar “huellas en la Luna” antes de 2029, que es cuando finalizará su mandato.</p>



<p><strong>EL CAMINO HACIA ARTEMIS 2</strong></p>



<p>El primer acto de <em>Artemis </em>tuvo lugar a finales de 2022: una cápsula <em>Orión </em>voló 25 días y recorrió unos 2 millones de kilómetros alrededor de la Luna antes de regresar a la Tierra, sin nadie a bordo. El objetivo era sencillo de formular y difícil de ejecutar: demostrar que el <em>SLS </em>y <em>Orión </em>podían funcionar juntos en el espacio profundo. La misión fue un éxito… con letra pequeña. El análisis posterior reveló una erosión mayor de lo previsto en el escudo térmico de <em>Orión</em>, la coraza que debe proteger la nave durante la reentrada atmosférica a velocidades lunares. Ese tipo de hallazgos no suele llenar titulares, pero decide calendarios. Tres años después, <em>Artemis 2 </em>será el primer vuelo con tripulación de la campaña: cuatro astronautas, tres estadounidenses y un canadiense. Despegarán en un <em>SLS </em>que los dejará en una órbita muy alargada alrededor de la Tierra, donde pasarán unas 24 horas comprobando que todos los sistemas responden como es debido. Después, en el momento oportuno del perigeo, encenderán el motor del módulo de servicio para estirar la órbita y lanzarse hacia la Luna, una maniobra distinta de la que usaba <em>Apolo</em>, cuando el último empujón lo daba la tercera etapa del cohete. En Navidad de 1968, <em>Apolo 8 </em>se instaló en una órbita baja, a 100 kilómetros de la superficie lunar, y dio diez vueltas completas antes de emprender el regreso. <em>Artemis 2 </em>no bajará tanto: describirá un gran bucle alrededor de la Luna, a unos 7.000 kilómetros sobre el hemisferio oculto. Será la primera vez en más de medio siglo que ojos humanos contemplen en directo aquellos paisajes que, durante milenios, fueron desconocidos. La meta principal del viaje es mucho menos poética: comprobar que la nave se orienta y se comporta correctamente en las diferentes fases del vuelo, incluyendo distancias translunares. Poco después del lanzamiento, la tripulación practicará un encuentro y atraque simulado con la etapa superior del cohete, dedicará parte del trayecto a experimentos médicos sobre su propia salud y aprovechará el sobrevuelo para estudiar la superficie lunar con instrumentación moderna. El regreso está diseñado con una prudencia que <em>Apolo </em>no se permitió. Una vez realizado el sobrevuelo, la gravedad lunar curvará la trayectoria y la enviará de vuelta a la Tierra sin necesidad de otro encendido del motor, una “ruta de retorno libre” que garantiza el viaje de vuelta incluso si algo falla. Aun así, se han previsto hasta tres pequeñas correcciones durante los cuatro días de retorno, solo para afinar la puntería.</p>



<p></p>



<p><strong>ARTEMIS 3: LA MISIÓN RECIÉN AÑADIDA</strong></p>



<p>A finales de febrero, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, anunció un cambio drástico en los planes lunares. Por un lado, el cohete SLS, que se había diseñado en numerosas versiones de mayor o menor potencia, se estandarizaría a solo una variante, a utilizar en las misiones posteriores al primer o segundo alunizaje. Esta decisión simplificará mucho un programa que había adquirido dimensiones faraónicas. En precio y plazos. Más importante aún: El plan de vuelos incorporará uno más, <em>Artemis 3</em>. Se trata de un ensayo general de las operaciones que deberán realizarse en órbita lunar pero esta vez, por precaución, en torno a la Tierra. La nave Orión deberá demostrar su capacidad para unirse el vehículo de alunizaje y éste, simular las operaciones de alunizaje. En principio, debería ser el suministrado por SpaceX pero la NASA ha abierto la puerta a que Blue Origin, la compañía espacial de Jeff Bezos, pueda ofrecer también su propio modelo. ¿Cuál de ellos se utilizará? El que primero esté disponible.</p>



<p></p>



<p><strong>ARTEMIS 4: VOLVER A LA SUPERFICIE</strong></p>



<p>Si <em>Artemis 2 </em>es el viaje de rodaje y <em>Artemis 3</em>, el ensayo general, <em>Artemis 4 </em>aspira a devolver a dos personas a la superficie de la Luna, muy cerca de su polo sur, una región que <em>Apolo </em>nunca visitó. Será la primera vez que se ponga en juego la arquitectura completa: lanzador y cápsula suministrados por contratistas gubernamentales (el módulo de servicio -una pieza clave- es europeo) y un vehículo de alunizaje comercial proporcionado por SpaceX. Las mayores incógnitas del programa se concentran precisamente en la nave de alunizaje, el <em>Human Landing System (HLS)</em>. En la primavera de 2021, la NASA eligió la propuesta de SpaceX frente a las de Blue Origin y Dynetics. Salía por 2.900 millones de dólares, aproximadamente la mitad que su competidor más cercano. Claro que la diferencia tenía truco: el diseño de SpaceX partía de un proyecto ya muy avanzado, el de la nave <em>Starship </em>y su supercohete lanzador, mientras que las otras propuestas eran poco más que planos y brillantes renderizados.</p>



<p>Al lado de Orión el <em>Starship </em>lunar será un gigante. Una vez posado en la Luna, superará los 50 metros de altura, diez veces más que los módulos lunares <em>Apolo</em>. La cabina para los astronautas queda en la parte alta y requerirá un ascensor para hacerlos descender hasta el regolito a ellos y su equipo científico. Al término de la exploración, el vehículo completo despegará de nuevo para reencontrarse con <em>Orión </em>en órbita, como una versión a gran escala del módulo lunar de <em>Apolo </em>salvo que no dejará en tierra el tren de aterrizaje ni ninguna otra etapa descartable; se elevará completo. El concepto operativo es tan ambicioso como complejo. Primero habrá que lanzar a órbita terrestre un gran depósito criogénico -una “gasolinera”-, y luego enviar varias naves de carga con metano y oxígeno líquido para rellenarlo. Nadie sabe aún cuántos lanzamientos harán falta: algunos cálculos hablan de siete u ocho, otros de hasta diez y seis, sobre todo si se tiene en cuenta el combustible que se perderá por evaporación debida al calor del sol. Después será el turno del propio <em>HLS</em>, que despegará sin tripulación, se acoplará de forma automática al depósito y llenará sus tanques. Repostar combustible en órbita es una idea vieja, pero hacerlo con cientos de metros cúbicos de líquidos criogénicos sigue siendo terreno virgen: más allá de las modestas transferencias de los cargueros <em>Progress </em>a la Estación Espacial Internacional, no hay precedentes. Una vez cargado, el <em>HLS </em>volará solo hacia la Luna y esperará en una órbita de aparcamiento la llegada de Orión con sus cuatro tripulantes.</p>



<p>La órbita elegida es muy elíptica: pasa a unos 1.500 kilómetros sobre el polo sur lunar en el punto más bajo y se aleja hasta unos 70.000 en el punto más alto. <em>Orión </em>tardará algo más de seis días en completarla, aproximadamente el tiempo previsto para la estancia de los dos primeros astronautas en la superficie. Esa órbita ofrece ventajas, pero también riesgos añadidos. Por una parte, es fácil de alcanzar, estable y nunca entra en eclipse, así que permitirá mantener comunicaciones continuas con la Tierra (al ocultarse tras la Luna, <em>Apolo </em>perdía en enlace durante más de media hora en cada órbita), Por otra, si por cualquier motivo el despegue se retrasa, los dos exploradores deberán esperar casi una semana más en la superficie hasta que se presente la siguiente oportunidad.</p>



<p></p>



<p><strong>UN ATERRIZAJE DESCOMUNAL</strong></p>



<p>Cuando llegue el momento, dos de los cuatro astronautas cruzarán a bordo del <em>HLS</em>, lo separarán de la nave nodriza y comenzarán el descenso. La NASA ya ha seleccionado varias zonas de interés en la región del polo sur, donde abundan cráteres profundos cuyos fondos jamás reciben la luz del Sol. Sus rayos llegan demasiado tangenciales. Esas “trampas frías” podrían esconder depósitos de hielo, el recurso clave para una futura presencia permanente: aparte de su interés científico como “fósil” de antiguos impactos cometarios, el agua puede utilizarse como refrigerante de equipos electrónicos, blindaje antirradiación y descomponerse en oxígeno respirable e hidrógeno con el que alimentar pilas de combustible que generen energía eléctrica. El aterrizaje será, si sale bien, tan fotogénico como inquietante: una nave enorme, frenada por un juego de motores situados no en la base, sino en la parte superior de la estructura, justo por debajo de la cabina. A esa altura la disrupción en la superficie será mínima. El interior de <em>Starship </em>es cavernoso, ya que en origen fue diseñado para transportar cien colonos a Marte en cada viaje. Ofrece más de 600 metros cúbicos, el doble del volumen habitable de la Estación Espacial Internacional, aunque en esta primera misión irá ocupado solo por dos personas. En la superficie, la exploración será a pie. Los astronautas realizarán cuatro salidas, caminando sobre un terreno quebrado y en penumbra casi constante, sin el apoyo de un vehículo eléctrico, un lujo del que sí disfrutaron las últimas misiones <em>Apolo </em>hace medio siglo. Tras completar su trabajo científico, el <em>HLS </em>volverá a elevarse para reunirse con los otros dos miembros de la expedición que han permanecido a bordo de <em>Orión</em>. El módulo de alunizaje se abandonará en órbita lunar, mientras <em>Orión </em>emprende el regreso a casa. Tras otros cuatro días de viaje irá a caer en el Pacífico, frente a las costas de California, frenado por once paracaídas de diferentes tamaños que se abren en secuencia.</p>



<p></p>



<p><strong>LA SOMBRA DE CHINA</strong></p>



<p>En los pasillos de la NASA hay un temor recurrente: que la bandera china ondee allí antes. Pekín ha anunciado su intención de enviar dos astronautas a la superficie lunar antes de 2030 y, si Estados Unidos acumula demasiados retrasos, <em>Artemis 4 </em>podría quedarse con el papel de “segundo en llegar”. El presidente Trump ha declarado el programa prioritario para el prestigio nacional, incluso después de recortar de forma drástica el presupuesto de la agencia. Si China consigue plantar su bandera en el regolito antes que <em>Artemis</em>, el programa lunar estadounidense podría recibir un golpe político difícil de encajar. Algunas voces apuntan ya a Marte como “siguiente escenario” de la carrera espacial, dando por amortizado el retorno a la Luna: al fin y al cabo, y recordando una vez más la frase de Obama, ése es un objetivo que la NASA ya alcanzó hace medio siglo. La agencia espacial china, mientras tanto, avanza a un ritmo que hace unos años habría parecido inverosímil. Domina el vuelo tripulado, las maniobras de encuentro y acoplamiento y dispone de una familia completa de lanzadores, incluidos modelos parcialmente reutilizables. Excluida en 2011 de la Estación Espacial Internacional por una enmienda del Congreso estadounidense que prohíbe a la NASA colaborar con China, ha construido su propia estación, <em>Tiangong</em>: algo más pequeña, pero más moderna y plenamente operativa. China ya ha mostrado modelos de su nave lunar y de su módulo de alunizaje (que, de entrada, incluye un pequeño automóvil), y encadena misiones robóticas de exploración con un ritmo que recuerda al de Estados Unidos y la URSS en los años sesenta. Como al final de la Guerra Fría, el escenario vuelve a estar dominado por dos gigantes tecnológicos, y el premio principal sigue siendo el mismo: prestigio nacional, asociado a la imagen de unos astronautas desplegando nuevamente una bandera en el helado polo sur lunar.</p>



<p></p>



<p><em>*Rafael Clemente es ingeniero industrial y Master of Science, además de colaborador para temas</em> <em>de divulgación científica durante más de cincuenta años en La Vanguardia, El País y otros medios.</em> <em>Fue fundador y primer director del Museu de la Ciència de Barcelona (actual CosmoCaixa). Ha</em> <em>escrito varios libros relacionados con la exploración espacial.</em></p>
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			</item>
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		<title>Selenografía. Los entresijos de la toponimia lunar</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/selenografia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 12:54:59 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El jardín islámico nos hace viajar desde el Algarve andalusí hasta el Golfo de Bengala, y desde el siglo VII en Persia hasta los jardines orientales del Imperio Mogol.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/selenografia/">Selenografía. Los entresijos de la toponimia lunar</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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<p><strong>Texto: </strong>Ramón Jiménez Fraile</p>



<p>Boletín 83 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Hubo que esperar a la invención del telescopio para que los cráteres, montañas y planicies de la Luna pudieran distinguirse con la precisión necesaria para recibir nombres. En la actualidad, son unos nueve mil los accidentes del relieve lunar —mil seiscientos de ellos cráteres— que cuentan con topónimos reconocidos por la Unión Astronómica Internacional (UAI), el organismo que decide y vela por el respeto de esta rama de la selenografía. Los topónimos lunares originales tenían connotaciones hispánicas, pero un cúmulo de vicisitudes aquí descritas hizo que perdieran ese sesgo en favor del de otras culturas.</p>



<p>La historia retendrá que un 21 de julio de 1969 el jefe de la misión Apolo 11, Neil Armstrong, se dirigió por radio al jefe de comunicaciones de la NASA, Charlie Duke, para anunciarle que «el águila» (el módulo lunar) se había posado en «Base Tranquilidad». Quedaba así consagrado el primer topónimo habitado de la Luna, cuyo origen se debe a que la planicie elegida por la NASA para el primer alunizaje fuera el Mar de la Tranquilidad. Quien ignore que la Luna ca- rece de atmósfera, y por ende de climatología, pensará que la elección se había debido a la bonanza del paraje. En realidad, lo de «Mare Tranquillitatis», en su original en latín, fue idea del jesuita italiano del siglo XVII Giovanni Battista Riccioli, considerado el padre de la toponimia lunar, autor de dos centenares de términos con los que bautizó accidentes geográficos lunares.</p>



<p>Ahora bien, el auténtico pionero en estos menesteres fue Michael Van Langren, alias «Langrenus», un astrónomo y matemático holandés al servicio del rey Felipe IV de España. Fue en 1628 cuando Van Langren elaboró un mapa de la superficie lunar en el que, por primera vez, se precisaban topónimos. En la parte inferior derecha de ese pionero mapa lunar, Van Langren expresó la idea de atribuir nombres de personajes «de todas las naciones» a los diferentes relieves de la Luna. La manera en que llevó a cabo su labor fue empleando mayoritariamente para su mapa nombres relacionados con la monarquía hispánica, para la que trabajaba.</p>



<p>Casi dos décadas después, en 1645, Van Langren envió a la imprenta un mapa de la Luna más elaborado, al que tituló «Plenilunii Lumina Austriaca Philippica», en referencia al rey Felipe IV de España. Este mapa salió a la luz seis años antes de que Riccioli editara el suyo.</p>



<p>Hubo incluso otro astrónomo, el polaco Johannes Hevelius, que también se dedicó a cartografiar y poner nombre a los relieves de la Luna dos años después de Van Langren y cuatro antes de que lo hiciera Riccioli. La toponimia lunar de Riccioli acabó por imponerse tres siglos después, mediante una votación celebrada en París el 17 de julio de 1935 por la asamblea general de la Unión Astronómica Internacional. Una explicación superficial de por qué el italiano Riccioli fue consagrado como padre de la toponimia lunar apuntaría a que la primera reunión de la Unión Astronómica Internacional se había celebrado en Roma, en 1922, y que fue entonces cuando se creó la Comisión de Nomenclatura Lunar que preparó los trabajos de la decisión tomada en 1935.</p>



<p></p>



<p><strong>MARY ADELA BLAGG, LA SELENÓGRAFA EN LA SOMBRA</strong></p>



<p>Más que a la intervención de un supuesto lobby italiano, Riccioli debe su honor a la británica Mary Adela Blagg. Nacida en 1858, mayor de nueve hermanos, la británica se sintió desde muy joven atraída por las matemáticas y la astronomía, aunque, por su condición de mujer, no acudió hasta los dieciséis años a un centro de enseñanza, debiéndose conformar hasta entonces con estudiar en casa los libros de texto de sus hermanos varones. Fue uno de sus tutores el que la animó a llevar a cabo la fastidiosa tarea de compilar y contrastar los topónimos lunares utilizados por los astrónomos del Reino Unido, los cuales estaban inspirados mayormente en los trabajos de Riccioli y no en los de Van Langren o Hevelius. Blagg se convirtió en una de las primeras cinco mujeres que ingresaron, en 1916, en la Real Sociedad Astronómica británica, desde la que dio el salto a la Unión Astronómica Internacional, y con ella la lista de topónimos lunares en la que estaba trabajando. Cuando la Unión Astronómica Internacional se reunió por segunda vez, en 1925, en Cambridge, fueron los trabajos de Blagg los que sirvieron de base para los debates que se prosiguieron en la tercera reunión del organismo, celebrada tres años después en la localidad neerlandesa de Leiden.</p>



<p>En los anales de la prestigiosa Universidad de Leiden consta que asistieron a la asamblea general doscientos diez astrónomos, de los cuales diez eran españoles, cuatro de ellos acompañados de sus esposas. Un periódico alemán se refirió a las acompañantes femeninas como «satélites», atribuyendo la condición de «planetas» a los científicos varones. Quien sí brilló con luz propia en aquella reunión, pese a su condición de mujer, fue Mary Adela Blagg, cuya lista, inspirada en los topónimos de Riccioli, acabó por imponerse en el seno de la Comisión de Nomenclatura Lunar.</p>



<p></p>



<p><strong>LA CULPABLE INACCIÓN DE LOS ASTRÓNOMOS ESPAÑOLES</strong></p>



<p>En defensa de la nomenclatura de Van Langren podrían haber salido los astrónomos neerlandeses, puesto que el auténtico pionero de la selenografía había nacido en Ámsterdam. Pero, siendo niño, su familia se trasladó a la católica Amberes y entró al servicio de la monarquía hispánica, enemiga tradicional de los Países Bajos. Por su conexión belga y española, los trabajos de Van Langren podrían haber sido también reivindicados por belgas y españoles, que totalizaban, a partes iguales, veinte delegados en la reunión de Leiden. Pero no consta que ni unos ni otros hicieran nada por defender la toponimia lunar de Van Langren, el cual había bautizado como «Oceanus Philippicus» el espacio más extenso de la cara visible de la Luna, en homenaje a Felipe IV de España.</p>



<p>Entre los trescientos nombres utilizados por Van Langren como topónimos lunares figuraban también el Mar de los Borbones y el Mar de Eugenia, en alusión a la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos bajo dominación austríaca, así como otros miembros de la Casa de Austria. No todo eran cabezas coronadas en la pionera toponimia lunar de Van Langren, ya que este llevó a la Luna también nombres de personajes españoles como el escritor Miguel de Cervantes («Saavedra» para el astrónomo), el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada y el almirante Álvaro de Bazán. En la lista aprobada formalmente por la Unión Astronómica Internacional, según los trabajos de compilación de la inglesa Blagg, acabaría figurando un único topónimo relacionado con España: «Isidorus», en referencia al cráter que Riccioli dedicó a San Isidoro de Sevilla, uno de los padres de la Iglesia católica y autor de un tratado de astronomía, que también figuraba en la pionera lista de Van Langren.</p>



<p>Además de santos, Riccioli utilizó nombres de sabios y científicos de todos los tiempos, incluido el de una mujer, la filósofa griega Hipatia. Pero su condición de hombre de la Iglesia católica impedía al jesuita abrazar las teorías heliocéntricas de científicos como Copérnico, Galileo o Kepler. En el siglo XVII, el catolicismo condenaba a quienes no consideraban que la Tierra estaba en el centro del universo. Aun así, Riccioli no podía ignorar los trabajos de los astrónomos heliocentristas desde que fuera inventado el telescopio a principios de ese siglo. De ahí que optara por poner nombres de astrónomos considerados por la Iglesia «estúpidos» y «herejes» a cráteres de la Luna, pero, eso sí, situándolos cerca del llamado por él «Oceanus Procellarum», o sea, Mar de las Tormentas. Fue precisamente en el Mar de las Tormentas bautizado por Riccioli donde China desplegó, en diciembre de 2020, su bandera llevada al suelo lunar por la sonda Chang’e. Si tenemos en cuenta la notoriedad adquirida por determinados accidentes lunares, convendremos que las doscientas libras esterlinas que la UAI decidió destinar en su decisiva reunión de París de 1935 a la publicación de la toponimia lunar constituyen una cantidad de dinero irrisoria. Y si no, que se lo digan a Bélgica, que a la postre tuvo que lamentar que la toponimia del pionero Van Langren no fuera tenida en cuenta ya que, en caso contrario, el módulo lunar de Apolo 11 hubiera alunizado en el «Mare Belgicum» (en referencia al Mar del Norte en tiempos de Felipe IV de España) y no en el «Mare Tranquilitatis» de Riccioli.</p>



<p></p>



<p><strong>LA AUTÉNTICA MOTIVACIÓN DE VAN LANGREN<br></strong><br>Lo curioso es que el afán de Van Langren por bautizar los relieves de la Luna no obedeció a un mero ejercicio de estilo, sino que se inscribió en una lógica científica, en concreto el intento por resolver uno más importantes desafíos a los que se enfrentaron durante siglos científicos europeos en un contexto de rivalidad entre imperios marítimos: el cálculo de la longitud geográfica. Felipe II de España no se contentó con saber que en sus dominios no se ponía el Sol, sino que quiso conocer a qué distancia se encontraban sus posesiones. Es por ello por lo que, en 1567, ofreció un premio —considerado el primero de carácter científico de la historia— a quien encontrara la manera de calcular la longitud geográfica, es decir la distancia de un punto determinado de la Tierra respecto a un meridiano. Ante la falta de resultados, su hijo Felipe III aumentó la dotación en 1598, año en que nació en Ámsterdam Van Langren, en el seno de una familia de cartógrafos que llegó a poseer el monopolio de la fabricación en Holanda de globos terráqueos.</p>



<p>Van Langren tenía unos diez años cuando aparecieron en Holanda los primeros telescopios y era un adolescente cuando Galileo Galilei empezó a escrutar el universo con ese instrumento. A los 27 años, el holandés anunció haber resuelto el problema de la longitud terrestre, lo que le valió el mecenazgo de Isabel Clara Eugenia, regente de los Países Bajos españoles, y su posterior nombramiento como astrónomo y matemático de Felipe IV de España. Van Langren había tenido la idea de servirse de la evolución de las sombras que el Sol produce en la superficie lunar para calcular la longitud geográfica terrestre. Para ello era imprescindible disponer de tablas lunares que dieran cuenta del aspecto, en momentos determinados, de lugares concretos de la superficie lunar, como cráteres y planicies, a los que, con tal objeto, puso nombres. Y puesto que el primer beneficiario de este descubrimiento científico iba a ser la monarquía hispánica, la toponimia lunar que empleó tenía que ver con la realidad hispánica.</p>



<p>De vuelta en los Países Bajos, tras haber tenido ocasión de exponer su descubrimiento en persona al monarca español, publicó, en 1644, el libro titulado “La verdadera longitud por mar y tierra: demostrada y dedicada a su católica majestad Felipe IV”. El razonamiento científico de Van Langren era irreprochable puesto que las vibraciones de la Luna (que es como se llama a las alteraciones de la superficie lunar en función de su exposición al Sol) son percibidas de manera diferente de un lugar a otro de la Tierra y que de esa diferencia se puede extrapolar la distancia entre dos puntos del globo terráqueo. El problema radicaba en la dificultad de las observaciones lunares desde el mar y en el poco aumento de los telescopios de la época, por lo que el método de Van Langren para calcular la longitud geográfica no se llevó a la práctica.</p>



<p>Aun así, hizo dos aportaciones a la ciencia que merecen nuestra consideración. En primer lugar, su representación de los cráteres lunares tal como aparecen iluminados por el Sol matutino sigue en uso en los considerados mejores mapas de la Luna. En segundo lugar, sus estudios acerca del cálculo de la longitud geográfica le llevaron a crear la primera representación gráfica conocida de datos estadísticos. Dicha representación, que ocupa un lugar de honor en la historia de la visualización de datos, da cuenta de la diferencia de longitud entre Toledo y Roma. En vez de servirse de una simple tabla numérica, concibió el primer gráfico comparativo, sentando las bases de un lenguaje visual que nos es tan familiar hoy en día y que Van Langren fue el primero en utilizar.</p>



<p></p>



<p><strong>LA MENGUANTE PRESENCIA HISPÁNICA EN LA SUPERFICIE LUNAR</strong></p>



<p>En la actualidad, son apenas una veintena los cráteres de la Luna inspirados en la cultura hispánica (nombres como Carlos, Isabel, José, Linda, Rosa o Manuel) o vinculados con personajes de la historia de España. Entre estos últimos, está el cráter de más de 110 km de diámetro llamado Alphonsus en memoria de Alfonso X El Sabio. Cráteres de menor tamaño llevan nombres en honor de Isidoro de Sevilla, Cristóbal Colón, Vasco Núñez de Balboa y Santiago Ramón y Cajal. También figuran en la lista de la toponimia lunar astrónomos y matemáticos españoles de origen musulmán y judío.</p>



<p>En el caso del sabio judío Abraham Zacuto, nacido en Salamanca en 1452, cuyas cartas marítimas jugaron un importante papel en la era de los grandes descubrimientos, el cráter que le dedicó la Unión Astronómica Internacional lleva el nombre de Zagut, un error que el organismo no ha corregido aún.</p>



<p>También hay cráteres dedicados a personajes de origen andalusí, como Azarquiel, considerado por muchos el astrónomo árabe-español más importante de la historia, o Abbás Ibn Firnás, inventor de una máquina voladora seis siglos antes de que lo hiciera Leonardo da Vinci.</p>



<p></p>



<p><em>*Ramón Jiménez Fraile es periodista e historiador.</em></p>
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		<title>¿Qué hay en la cara oculta de la Luna?</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/cara-oculta-luna/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 11:37:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 83]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores del s. XX]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Las expediciones científicas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El jardín islámico nos hace viajar desde el Algarve andalusí hasta el Golfo de Bengala, y desde el siglo VII en Persia hasta los jardines orientales del Imperio Mogol.</p>
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<p><strong>Texto: Sara Casalí</strong></p>



<p>Boletín 83 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p><p>La exploración de la Luna</p><br><p>Durante siglos, la Luna solo nos enseñó una de sus caras. La otra, la oscura, solo existió como deducción. Y cuando pudimos contemplarla, en 1959, resultó toda una sorpresa. Esta es la historia de esa cara oculta de la Luna, un secreto desvelado.</p><br><p>Si miras la Luna esta noche, estarás viendo el mismo hemisferio lunar que han mirado generaciones enteras desde la Tierra, ya que la otra mitad sigue resistiéndose a nuestros ojos, no por capricho, sino porque así lo impone la relación gravitatoria que mantiene con nuestro planeta. La Luna tarda lo mismo en girar sobre sí misma que en orbitar la Tierra. Esa sincronía es consecuencia de la atracción gravitatoria terrestre que, a lo largo de millones de años, fue frenando su rotación hasta dejarla encajada en ese ritmo. Por eso, desde aquí, siempre nos enseña el mismo lado y mantiene el otro fuera de nuestro alcance. A pesar de lo que muchos creen, no se trata de una región oscura, porque recibe luz solar como la cara visible. Lo que la define como oculta es que no entra en nuestro campo de visión. Durante siglos, esa mitad existió solo como deducción, desde las primeras observaciones telescópicas de Galileo hasta la llegada de la era espacial, y cuando por fin apareció en imágenes, resultó ser sorprendentemente distinta.En 1647, Johannes Hevelius publicó Selenographia, uno de los primeros grandes atlas lunares elaborados con método científico, fruto de años de observaciones repetidas con telescopios refractores en distintas fases lunares y del análisis del relieve mediante el juego de luces y sombras. Con el tiempo, la cartografía lunar se fue afinando con instrumentos cada vez más potentes, pero ese método solo permitía estudiar la cara visible, ya que ningún telescopio puede observar el hemisferio oculto desde la Tierra. Tuvieron que pasar más de trescientos años para que la otra mitad entrara en los mapas. El salto llegó el 4 de octubre de 1959, con la misión soviética Luna 3. Por primera vez, fue posible salir de la Tierra, fotografiar la cara oculta desde una sonda y transmitir esas imágenes a distancia. La sonda, de unos 280 kilos, llevaba una cámara de película que tomaba las imágenes, revelaba el carrete automáticamente a bordo y lo escaneaba con un sistema mecánico para transmitirlo por radio a la Tierra. Durante su sobrevuelo, Luna 3 tomó 29 fotografías, pero solo 17 resultaron utilizables. Estas cubrían aproximadamente el 70 % de la cara oculta, con una resolución limitada y contrastes muy acusados. Las imágenes no mostraban un paisaje continuo, sino fragmentos difíciles de interpretar, que constituían una base inicial todavía por descifrar.A lo largo de los años sesenta, equipos soviéticos de cartografía planetaria trabajaron con este material para transformar fotografías parciales en una representación coherente del relieve lunar. Destacó la figura de Kira Borisovna Shingareva, cartógrafa especializada y formada en disciplinas afines a la geodesia. En coordinación con astrónomos e ingenieros, los equipos compararon imágenes tomadas desde ángulos distintos, unificaron escalas y corrigieron posiciones para construir un marco cartográfico estable. El objetivo no era reproducir imágenes aisladas, sino convertir un conjunto fragmentario en un mapa legible y continuo.A partir de estas primeras cartografías, se hizo evidente que la cara oculta difería de forma significativa de la cara visible. Presenta una mayor densidad de cráteres y una escasez notable de mares basálticos; el relieve es más accidentado y, en promedio, la corteza es más gruesa que en el hemisferio que vemos desde la Tierra. Entre las estructuras más destacadas se identificó la cuenca Polo Sur–Aitken, una de las mayores formaciones de impacto del Sistema Solar, cuyo tamaño y profundidad la convirtieron pronto en un objeto central para entender la historia temprana de la Luna y el papel de las grandes colisiones en su evolución.</p><br><p><strong>CARTOGRAFIANDO LA CARA OCULTA DE LA LUNA</strong>Ahora había que dar el siguiente paso: dotar de nombres estables a un territorio que acababa de entrar, por primera vez, en los mapas. La responsabilidad de aprobar la nomenclatura oficial de los cuerpos y accidentes planetarios recae en la Unión Astronómica Internacional (IAU) desde su creación, en 1919. La fijación de nombres para la cara oculta se fue consolidando por etapas, a medida que la cartografía mejoraba y se podían identificar con más seguridad los accidentes. En 1967, durante la Asamblea General de la IAU celebrada en Praga, la cuestión de la nomenclatura lunar, incluida la de la cara oculta, se abordó dentro de los trabajos de revisión y ordenación de los comités especializados. En ese proceso participaron también cartógrafos implicados directamente en el mapeo soviético, entre ellos Kira B. Shingareva, cuyos trabajos contribuyeron a fijar un repertorio más coherente y estable.El resultado puede comprobarse hoy con precisión en el Gazetteer of Planetary Nomenclature, la base de datos oficial mantenida por la IAU y el USGS, donde cada nombre figura con su estado de aprobación (“Adopted by IAU”), su fecha y sus coordenadas. En la cara oculta aparecen cráteres como Tsiolko- vskiy (1961), dedicado a Konstantín Tsiolkovski, pionero de la cosmonáutica; Korolev (1970), por Serguéi Koroliov, ingeniero jefe del programa espacial soviético; o Gagarin (1970), en honor a Yuri Gagarin, primer ser humano en el espacio. También figura Mare Moscoviense (1961), uno de los pocos mares del hemisferio oculto. Con el tiempo, el repertorio se amplió con nombres como Sternfeld (1991), teórico de la astronáutica, u Houssay (2009), fisiólogo y premio Nobel. De forma especialmente significativa, un pequeño cráter recibió el nombre de Kira (1976), incorporando a Shingareva en el mismo territorio que ayudó a volver legible.A diferencia de la cara visible, cuya nomenclatura recurre en gran medida a filósofos y científicos clásicos, en la cara oculta abundan, por la propia época en que se fue nombrando, referencias al siglo XX: ingenieros, físicos y figuras de la era espacial. El repertorio conserva así la huella del momento histórico en que la cara oculta entró en los mapas. Y, entre tanto científico, asoman también guiños culturales, como Jules Verne (1961), cuya imaginación anticipó los viajes a la Luna mucho antes de que la tecnología los hiciera posibles.</p><br><p><strong>LA LLEGADA DE LOS HUMANOS</strong>Sin embargo, incluso cuando la cara oculta ya tenía nombres en los mapas, ningún ojo humano la había divisado. Los primeros en hacerlo fueron Frank Borman, James Lovell y William Anders, en diciembre de 1968, durante la misión Apollo 8. La nave no alunizó, pero demostró que era posible viajar hasta la Luna, entrar en órbita y regresar con seguridad. En cada vuelta, la tripulación podía observar la cara oculta durante breves intervalos, al pasar por detrás del disco lunar, cuando la propia Luna bloqueaba la comunicación por radio con la Tierra. Durante esos minutos de silencio, fueron los primeros humanos completamente aislados de nuestro planeta, ante un paisaje que hasta entonces solo había sido registrado por sondas automáticas.Desde aquella primera imagen parcial obtenida por Luna 3, el hemisferio oculto ha seguido recibiendo visitas de misiones posteriores. Con el tiempo, nuevas imágenes y mediciones fueron completando zonas antes desconocidas y afinando la cartografía. Ya en el siglo XXI, este territorio adquirió una relevancia científica renovada, no solo como objeto de observación, sino como un laboratorio natural para responder a preguntas fundamentales sobre la historia del Sistema Solar. En 2019, la misión china Chang’e-4 logró el primer aterrizaje controlado en la cara oculta de la Luna, en el cráter Von Kármán, dentro de la cuenca Polo Sur–Aitken. La misión permitió estudiar directamente una de las mayores estructuras de impacto conocidas, posiblemente resultado de una colisión lo suficientemente violenta como para haber afectado a las capas profundas de la Luna. Además, incorporó instrumentos para analizar la composición del subsuelo, medir la radiación solar y realizar observaciones de radioastronomía de baja frecuencia, aprovechando el blindaje natural que la Luna ofrece frente al ruido radioeléctrico terrestre. Esta limitación técnica histórica pasaba a convertirse en una ventaja científica.El avance se consolidó en 2024, con la misión Chang’e-6, que trajo a la Tierra las primeras muestras físicas recogidas en la cara oculta de la Luna, procedentes de la cuenca Polo Sur–Aitken. Los primeros análisis, publicados en 2024 en Nature y Nature Geoscience, han confirmado la presencia de basaltos volcánicos y composiciones geoquímicas distintas de las observadas en muestras de la cara visible. El hallazgo encaja con modelos que proponen historias térmicas y magmáticas diferenciadas entre ambos hemisferios durante las primeras etapas de la evolución de la Luna. Estos resultados no sustituyen la imagen construida durante décadas a partir de la cartografía orbital, sino que la completan y la refinan, permitiendo pasar de diferencias morfológicas observadas a distancia a una comparación directa de procesos geológicos entre ambos hemisferios. Las muestras permiten, por primera vez, aplicar técnicas de datación directa a materiales volcánicos del hemisferio oculto y contrastar con material real hipótesis que hasta ahora se basaban exclusivamente en datos remotos.La Luna es un cuerpo sin atmósfera densa, sin agua líquida estable y sin tectónica activa comparable a la terrestre. Por ello, los procesos de alteración superficial son mínimos. Esto permite que las huellas de impactos y volcanismo antiguo se conserven durante miles de millones de años. La cara oculta ha dejado así de ser solo un territorio cartografiado a distancia para convertirse en una fuente directa de información sobre la historia temprana de la Luna y la formación de los planetas rocosos. Y aunque la gran mayoría sigamos sin poder disfrutar de sus vistas, lo que sabemos sobre ella ya no deja de crecer.</p><br><br><p><em>*Sara Casalí es licenciada en Humanidades y periodista.</em></p><br><p> </p></p>
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		<title>Descripción de Constantinopla por los oficiales de Federico Gravina</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/constantinopla-federico-gravina/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 10:12:45 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Por María Luisa Martín-Merás Bibliografía: Boletín 66 &#8211; La ciudad. Las ciudades &#160; Dos viajes a Constantinopla muy próximos entre sí, el primero en 1784 y el segundo en1788, al [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por María Luisa Martín-Merás</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-66-la-ciudad-ciudades/">Boletín 66 &#8211; La ciudad. Las ciudades</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Dos viajes a Constantinopla muy próximos entre sí, el primero en 1784 y el segundo en1788, al mando respectivamente del brigadier de la Armada Gabriel Aristizábal y el capitán de navío Federico Gravina, nos permiten acercarnos, a través de las crónicas escritas por oficiales cultos e instruidos, a la visión del pensamiento ilustrado español sobre el mundo del imperio otomano, en aquellos años del Siglo de las Luces.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La <em>“Descripción de Constantinopla escrita por los oficiales de la fragata Rosa, mandada por D. Federico Gravina, en que se restituyó el embajador turco a su país” </em>fue presentada al rey en noviembre de 1788. Mientras que el viaje de Aristizábal fue publicado en 1790, la descripción de Constantinopla de Gravina ha permanecido inédita en la Biblioteca del Palacio Real hasta 2001, en que fue publicada por Ediciones Miraguano con una introducción de José M.ª Sánchez Molledo.</p>
<p>Federico Gravina y Nápoli, nacido en Palermo en 1756 de familia noble, ingresó en la Real Armada en 1775. De su fulgurante carrera naval destacamos sus destinos en el Mediterráneo. En 1783, mandando la fragata Juno participó en el bombardeo a Argel, formando parte de la escuadra de Barceló. En 1784 volvió a Argel al mando de una división, con el jabeque Catalán. Comandante de la fragata Santa Rosa, formó parte de la escuadra de evoluciones de Lángara, y en ella llevó en 1788 a Constantinopla al enviado de la Puerta Otomana. Continuó su exitosa carrera, siendo ascendido sucesivamente a brigadier, jefe de escuadra y teniente general. Declarada la guerra a Gran Bretaña, se hizo cargo de la escuadra de Cádiz que, en combinación con la francesa de Villeneuve, hizo la campaña de Martinica, Finisterre y Trafalgar, donde, a bordo del Príncipe de Asturias, recibió una herida en el codo izquierdo, de la que falleció en Cádiz el 9 de marzo de 1806.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL CONTENIDO DE LA DESCRIPCIÓN DE CONSTANTINOPLA</strong></p>
<p>Se divide esta descripción en seis capítulos. El primero describe la ciudad y sus monumentos, el Serrallo, o palacio del sultán, y las mezquitas reales, los bazares y caravasares. El segundo trata del Serrallo, las costumbres y usos de la corte otomana y el harem, de la vida en él y de la familia real: príncipe heredero, y resto de príncipes y princesas, extendiéndose en la vida de las sultanas del harem y su relación con los hijos y el sultán. El tercero, del gobierno del Imperio, sus fuerzas terrestres y navales y empleos oficiales. El cuarto es una extensa explicación de la vida de Mahoma, y de las costumbres religiosas y civiles de los turcos. El quinto, de las costumbres y carácter de los turcos, y del estado de la nación, incidiendo en las casas, comidas y las mujeres. El sexto hace un repaso de los habitantes no musulmanes de la ciudad, de los que forman parte los francos, que son todos los ciudadanos europeos en misión diplomática y que no pagan impuestos al gobierno, ubicados en el barrio de Pera. El resto de los no musulmanes son llamados rayás y no gozan de la protección de ninguna nación europea, ellos sí pagan impuestos y se dedican al comercio, como los armenios, griegos, judíos y los procedentes de Alepo.</p>
<p>Como militar se detiene en la situación militar del país y considera que: <em>“su marina mercantil es ninguna y la de guerra es poco respetable. Sus tropas de tierra pudieran ser muy buenas…pero al mismo tiempo ya se ha dicho cuan faltos de disciplina están sus ejércitos, cuya más numerosa parte se compone de tropas levantadas para la ocasión y que ven el fuego por primera vez.”</em></p>
<p>En otro lugar añade: <em>“durante los 31 días que allí hemos estado en medio de las inquietudes de una guerra que conmueve siempre más o menos a aquel pueblo fanático, no hemos sufrido el menor insulto.” </em>Mención sutil a la guerra ruso turca que se inició en septiembre de ese mismo año, y que duró hasta 1792, interrumpiendo los viajes españoles a esa capital.</p>
<p>La descripción de Constantinopla repite los temas y muchos de los comentarios de la de Aristizábal, si bien el de Gravina es un relato más breve y sistematizado. Es también más neutro, parece la guía turística de unos oficiales que observan la ciudad y sus habitantes con la mirada de ilustrados europeos, como era gran parte de la oficialidad de la Marina en el último tercio del siglo XVIII.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN ESTILO DIRECTO Y ESPONTÁNEO</strong></p>
<p>La espontaneidad y las opiniones personales sobre la ciudad y sus habitantes están reservados al diario de navegación que no iba a ser público ni presentado al rey. Al pasar el canal de los Dardanelos se asombran de la magnífica vista y escriben en el diario: <em>“se ven a cada paso casas, lugares y arboledas, las vueltas que da el canal y el ángulo que forma en el lado izquierdo de la torre no permiten ver ninguna pequeña parte de él, así parece unida la costa de Asia a la de Europa, cuyo lado también está lleno de casas y entre ellas una y un jardín, del Gran Señor, y toda la costa llena de árboles, todo lo que unido forma un conjunto, el más hermoso que puede verse, y que no tiene igual según la mayor parte de los viajeros afirman, y así a nosotros lo pareció cuando fondeamos…”</em></p>
<p>A partir de entonces van relatando las visitas diarias de una forma sencilla y directa. Pasean por Pera, por Aguas Dulces, comen con los embajadores, visitan Santa Sofía y los demás monumentos, el baile de los derviches, y detallan las personas con las que se relacionan, siempre en primera persona del plural y de una forma muy natural. Con estas visitas y las conversaciones con los diplomáticos, otros europeos, y los intérpretes que frecuentaron y de los que recibieron datos, además de los apuntes que les dio del Abate Arrieta en Malta, se formó la descripción.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>SOBRE LA AUTÉNTICA AUTORÍA DE AMBAS DESCRIPCIONES</strong></p>
<p>Llegados a este punto hay que hacer una anotación sobre la verdadera autoría de las dos descripciones de Constantinopla que hemos comentado. Creemos que la redacción no se le puede atribuir ni a Aristizábal ni a Gravina, ya que en la Marina era impensable que un jefe de escuadra, con funciones de embajador profusas y complicadas en una corte tan ceremoniosa y extravagante como la turca, se dedicase los 43 días de su estancia a recoger noticias y a escribir tan prolija descripción durante el viaje. Lo mismo ocurre respecto a Gravina que, aunque sin las presiones de una misión diplomática, dice claramente que fue escrito por los oficiales de la fragata en el viaje de regreso. Creemos que este encargo debió recaer en algún oficial de la expedición con especiales cualidades y cultura para este trabajo. Como ambas fueron presentadas al rey por sus comandantes pocos días después de desembarcar, descartamos que fueran redactadas en España. Repasando los oficiales de las tripulaciones, encontramos que Cayetano Valdés, entonces teniente de navío, iba embarcado en el <em>Triunfante</em>, con el empleo de ayudante del comandante general. Además, Cayetano Valdés fue el único, entre los oficiales que componían la escuadra, que recibió un ascenso por méritos, junto con los comandantes que mandaban las cuatro naves. También Cayetano Valdés, ya teniente de fragata, estaba destinado en la fragata Santa Rosa con Gravina. En el diario de navegación se menciona que el comandante le envió a entregar una carta de la Corte al embajador Juan Bouligny.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA VISIÓN ILUSTRADA Y CULTA</strong></p>
<p><em>Las noticias de Turquía </em>de Aristizábal están escritas en tercera persona, y con muchos datos históricos y citas clásicas, aunque los temas y las descripciones son muy parecidos en las dos. Sorprende a algún autor que no se den detalles de la presentación de Aristizábal ante el sultán, lo que confirmaría la suposición de que el autor no estuvo en ella y desconocía los detalles. El diario de Gravina a su vez está escrito en primera persona del plural, como trabajo colectivo, y debió basarse en el relato del Aristizábal que Valdés también escribió.</p>
<p>La biografía de Cayetano Valdés y Flores, Sevilla (1767-1835) nos muestra un marino culto e ilustrado, dedicado a las ciencias, que participó en las expediciones ilustradas que la Marina organizó a finales del siglo XVIII. Estuvo como Gravina en el bombardeo de Argel en 1781. Viajó a Constantinopla con Aristizábal en 1784 y con Gravina en 1788. Entre ambos viajes fue destinado al levantamiento de las costas de España con Vicente Tofiño. En 1789 se embarcó en la corbeta Descubierta en la expedición Malaspina. En 1792 participó con las goletas <em>Sutil y Mexicana </em>en la exploración de los canales de Nutka, al mando de Alcalá Galiano.</p>
<p>Combatió y fue herido en Trafalgar. Siendo liberal, fue perseguido por Fernando VII y se vio obligado a emigrar a Inglaterra en 1823, regresando en 1834, después de la muerte de Fernando VI, y retomando su carrera, en la que llegó a lo más alto como Capitán General de la Armada. Murió en 1835.</p>
<p>La Descripción de Constantinopla de los oficiales de Federico Gravina constituye una aportación de primer orden al conocimiento de las relaciones hispanoturcas durante el siglo XVIII, y una visión de primera mano del pensamiento ilustrado europeo sobre la cultura y el mundo otomano, que había permanecido inédita y desconocida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL TRATADO DE PAZ DE ESPAÑA CON TURQUÍA</strong></p>
<p>Con la llegada de Carlos III al trono, se produjo una inversión en la rivalidad hispano-musulmana en el Mediterráneo, que se había prolongado durante dos siglos. A partir de 1778, el ministro Floridablanca puso en marcha unas negociaciones de paz con Turquía, que condujeron al establecimiento de un tratado de paz, amistad y comercio, firmado el 14 de septiembre de 1782. Tras la firma del Tratado, Floridablanca envió como embajador de Carlos III al brigadier de la Armada Don Gabriel Aristizábal, para iniciar las relaciones diplomáticas, y entregar los regalos de cortesía al sultán Abdul Hamid I.</p>
<p>Se iniciaba así una serie de viajes de carácter diplomático, en los que los oficiales de Marina se dedicaron, sobre todo, a transportar a diplomáticos turcos y marroquíes por todo el Mediterráneo con destino a Constantinopla, y a fomentar las relaciones hispanoturcas. Al ser un destino exótico para los marinos españoles, algunos diarios de navegación incluían descripciones pormenorizadas de Constantinopla, obviando el nombre turco de Estambul en todas ellas.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL VIAJE DE GABRIEL ARISTIZÁBAL A CONSTANTINOPLA</strong></p>
<p>En 1784 se hizo a la mar una escuadra de guerra al mando de brigadier de la Armada Gabriel de Aristizábal, con el objetivo de reforzar la importancia del tratado de paz de 1782 con Turquía, y hacerle entrega de los regalos que el rey de España enviaba al sultán. La idea que les movía era, según el ministro, <em>“abrir los mares de Levante a los españoles” </em>y asegurar el comercio en el Mediterráneo. Viajaban también a Constantinopla dos tíos del emperador de Marruecos, acompañados de su correspondiente séquito y bagajes. Asimismo, iba a bordo la familia del enviado extraordinario de España en la Corte Otomana, Juan Bouligny.</p>
<p>La escuadra se componía de los navíos <em>Triunfante</em>, de 80 cañones, mandado por D. Sebastián Ruiz de Apodaca, <em>San Pascual</em>, de 74, por D. Francisco Javier Winthuysen, el bergantín <em>Infante </em>de 18 cañones por D. Juan María de Villavicencio, y la fragata <em>Clotilde</em>, de 26 por D. Bartolomé de Ribera. Salieron de Cartagena el 24 de abril de 1784 y recalaron en el puerto de Augusta, en Sicilia, llegando el 10 de septiembre a Constantinopla, donde permanecieron 43 días. Aristizábal se sometió a la complicada ceremonia de su presentación al sultán, y los oficiales se dedicaron a explorar y conocer esta ciudad mítica. Salieron de Constantinopla el 24 de octubre de 1784, recalando en Malta para hacer cuarentena por la peste que asolaba Constantinopla, fondeando el 31 de mayo de 1785 en Cartagena. El brigadier presentó el diario original del viaje al rey el 7 de junio. Dicho manuscrito, actualmente en la Biblioteca del Palacio Real, se compone de dos partes: el derrotero de la navegación con todas las noticias náuticas y las <em>“Noticias de la capital de </em><em>Turquía… como también de algunas observaciones sobre las costumbres de los turcos, su gobierno, fuerzas terrestres y marítimas en la actualidad.”</em></p>
<p>Esta segunda parte contiene multitud de noticias sobre Constantinopla, con información acerca de su clima y de sus monumentos, así como toda suerte de detalles relativos a las costumbres y forma de vida de sus habitantes, en los más variados aspectos, y constituye la primera toma de contacto por españoles con el imperio turco y sus costumbres. Ambas partes fueron publicadas en 1790.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA DESCRIPCIÓN DE CONSTANTINOPLA ESCRITA POR LOS OFICIALES DE LA FRAGATA SANTA ROSA</strong></p>
<p>En reciprocidad a la visita de la escuadra española, al poco tiempo se produjo el viaje del embajador turco, Vasif Efendi a España, transportado por una fragata francesa. En 1788, el capitán de navío Federico Gravina se hizo a la mar en la fragata <em>Santa Rosa</em>, con el encargo de devolver al embajador turco a su país, una vez concluida la visita a nuestro país, que constituyó un acontecimiento para el público español.</p>
<p>La fragata salió el 1 de abril de Cartagena, hizo escala en Sicilia, y llegó al canal de los Dardanelos el 6 de mayo. Los oficiales y el embajador entraron al puerto el 12 de mayo, donde desembarcó el embajador. Ellos permanecieron en la ciudad 31 días, visitándola y relacionándose con los diplomáticos europeos. La fragata se hizo a la mar el 13 de junio y la peste existente en Constantinopla les obligó a hacer la cuarentena en Malta, a la que estaban obligados todos los barcos europeos antes de entrar en sus respectivos países. Tras la recuperación de cincuenta y tres tripulantes, la Santa Rosa llegó a Cádiz el 28 de septiembre sin otro contratiempo.</p>
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		<title>De España a la India en automóvil en 1936</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/valeriano-salas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 09:59:53 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ramón Jiménez Fraile Bibliografía: Boletín 65 &#8211; La protección de la naturaleza &#160; VALERIANO SALAS, UN INCONFORMISTA ATRAPADO EN EL FRANQUISMO Puestos a identificar a los españoles pioneros de [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/valeriano-salas/">De España a la India en automóvil en 1936</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Ramón Jiménez Fraile</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-65-proteccion-de-la-naturaleza/">Boletín 65 &#8211; La protección de la naturaleza</a></p>
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<p><strong>VALERIANO SALAS, UN INCONFORMISTA ATRAPADO EN EL FRANQUISMO</strong></p>
<p>Puestos a identificar a los españoles pioneros de la divulgación geográfica y los viajes de aventuras tal como los entendemos en la actualidad, el desconocido Valeriano Salas (1898 &#8211; 1962) destaca por méritos propios. Acérrimo defensor de viajar por libre <em>(“si odio de todo corazón las excursiones colectivas es justamente porque todo lo dan hecho y solucionado”)</em>, protagonizó junto a su mujer y un mecánico un épica travesía en coche desde San Sebastián hasta India, que no tuvo en su día la repercusión merecida debido al estallido de la Guerra Civil.</p>
<p>En plena guerra, en 1938, el reportaje de aquel viaje abriría el primer número de la <em>“Revista Geográfica Española” </em>de la que Salas fue director y que se inspiraba, salvando las distancias, en la estadounidense <em>“National Geographic”</em>. Pese a que su revista formó parte del aparato propagandístico del franquismo, Salas hizo siempre gala de inconformismo, diciendo sentirse <em>“prisionero de la civilización, de los prejuicios que ha sabido crear en torno nuestro para complicarnos estúpidamente la vida”.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>LA FASCINACIÓN POR LOS VIAJES DE AVENTURA</strong></p>
<p>Hijo único de un terrateniente extremeño, Valeriano Salas nació en la localidad salmantina de Béjar el año del “Desastre”, aunque fue en San Sebastián donde discurrió su juventud, jalonada con estancias en capitales europeas. En los círculos de la burguesía acomodada de la capital donostiarra conoció a la que sería su esposa y compañera de viajes, María Antonia Tellechea Otamendi, perteneciente a una familia cubana de ascendencia vasca. En un momento de auge de la automoción, el joven Salas quedó fascinado por las expediciones organizadas en los años 1920 por el fabricante francés de automóviles Citröen, que atravesaron el desierto del Sahara (“Raid Citröen”) y el África negra (“Croisière Noire”).</p>
<p>En 1930, Salas emularía estas dos expediciones en sendos viajes junto a su mujer por el Sahara y el África ecuatorial, a bordo de vehículos “Fiat” y “Ford”. Entre abril de 1931 y febrero de 1932 tuvo lugar la no menos mítica “Croisière Jaune”, que llevó a los expedicionarios de Citröen al corazón de Asia. Esta vez Salas no se contentaría con seguir la huella de la expedición gala, sino que se esforzaría en superarla, picado, como él dijo, en su amor propio ante los pocos medios con que contaba comparados con los la expedición francesa.</p>
<p>Tras varios años de preparativos relacionados con “<em>mapas, autorizaciones, puestos de gasolina, cartas de presentación…”</em>, y una vez acondicionada una camioneta “Ford” de serie, entre otras cosas añadiendo una estructura en el techo para dar cabida a colchonetas y tiendas de campaña, Salas y sus dos acompañantes &#8211; su esposa y el mecánico Julio Lerma &#8211; partieron de San Sebastián con destino a India a primeros de abril de 1936. Eran conscientes de que en esa época del año encontrarían lluvias en los Balcanes y Asia Menor, y que sufrirían los rigores del verano en países como Irak y Persia. Lo que no podían imaginar era la dureza de algunas etapas, ni las satisfacciones que otras les reportarían.</p>
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<p><strong>POR EUROPA: DEL DISFRUTE DE OCCIDENTE AL HORROR DE LOS CAMINOS TURCOS</strong></p>
<p>Recorrer Francia e Italia fue una experiencia placentera, pero, tal como temían, los embarrados caminos de “Yugo-Slavia” (sic) plantaron dura resistencia, aunque no tanta como la que les esperaba en Bulgaria, donde las crecidas de ríos les obligaron a dar <em>“infinitos rodeos”</em>. Al llegar a la parte europea de Turquía, Salas comprobó horrorizado que la carretera que les debía conducir a Constantinopla no existía <em>“más que en la mente alucinada de los que dibujaron los mapas… ríanse ustedes de las peores pistas del Sahara o del Centro de África”. </em>No es de extrañar que una vez arribados a la actual Estambul constataran que <em>“todas, absolutamente todas las ballestas del coche estaban hechas trizas, a pesar de haber sido previamente reforzadas para el viaje”.</em></p>
<p>Tras una angustiosa travesía del Bósforo a bordo de una frágil barcaza, emprendieron los caminos de Anatolia, empleando en recorrer 1.200 km <em>“infernales” </em>no menos de quince días; <em>“un verdadero récord de velocidad”</em>, puesto que tuvieron que colocar cadenas en las ruedas para poder avanzar por el barro. Para entonces, Salas y sus dos compañeros de viaje habían logrado ya algo que la expedición asiática de Citröen había evitado, puesto que los vehículos que la integraron fueron desplazados por barco hasta Beirut, dejando de lado Turquía. <em>“La travesía del imponente macizo del Tauro con sus paisajes magníficos, y por fin el paso de las Puertas Cilicias, aquel majestuoso desfiladero que en tiempos remotos utilizaron los ejércitos de todos los grandes conquistadores del mundo, había de compensar con creces las penalidades sufridas”</em>, afirmaría Salas antes de abandonar Turquía, ignorando que aún en suelo otomano estarían a punto de perder la vida al comprobar súbitamente que el puente por el que circulaban en plena noche había perdido uno de sus arcos: <em>“si no freno a tiempo vamos a parar todos al fondo del barranco”.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>EL ATRACTIVO DE SIRIA Y LOS CAMBIOS DE PERSIA</strong></p>
<p>En Siria encontraron un país mucho más desarrollado, con mejores infraestructuras, habitantes más acogedores y mayores atractivos turísticos: <em>“Cómo olvidar el encanto de la vieja ciudad de Alepo, el Líbano y sus magníficos cedros, las ruinas de Palmira y Baalbek…”</em></p>
<p>La decepción de Salas respecto a Siria no provendría del país ni de sus gentes, sino del desierto, ya que, acostumbrado a <em>“las inmensidades del Sahara”</em>, el de Siria le pareció “lo menos desierto que darse puede”, entre otras cosas porque entre Damasco y Bagdad “cruzamos innumerables caravanas de camellos y por lo menos media docena de camiones”. El carácter indómito de Salas queda de manifiesto cuando comenta a propósito de esta travesía que <em>“ni aún en pleno desierto nos podemos llegar a emancipar del todo de la tutela que ejerce la civilización sobre nosotros”. </em>El desbordamiento del Río Éufrates retardaría su llegada a Bagdad, ciudad cuya primera impresión fue de desencanto, aunque pronto quedaron prendados de un <em>“hechizo difícil de explicar”</em>.</p>
<p>Tras visitar las ruinas de Babilonia y del palacio real de Ctesifonte, emprendieron ruta hacia Persia con el entusiasmo de quienes se encontraban ya ante <em>“las puertas mismas del lejano y misterioso Oriente”.</em></p>
<p>La mera entrada como turistas en Persia constituyó una proeza, debido según Salas a las trabas que ponía ese país a los extranjeros, en el que el Shah Reza Pahlavi (padre del segundo Shah de la dinastía que sería depuesto por la revolución islámica en 1979) ejercía fuera de la capital una autoridad <em>“muy relativa”</em>, abundando las bandas de salteadores de caminos. Si no víctimas de robos, nuestros tres viajeros sí lo fueron de la <em>“desconfianza innata del pueblo persa, que considera al extranjero como un ente indeseable y sospechoso”. </em>Ahora bien, por algún motivo desconocido, cayeron en gracia a las autoridades aduaneras que les dejaron entrar en el país sin mayores problemas, quedando además autorizados a hacer fotografías <em>“en todo el país, incluso, y esto es lo extraordinario, de los interiores de las mezquitas”</em>.</p>
<p>De esta favorable circunstancia sacaría Salas gran provecho, a tenor del interesantísimo reportaje fotográfico que llevó a cabo tanto en zonas rurales del actual Irán como en la capital, Teherán. Siempre en busca de exotismo y autenticidad, Salas lamentó que el Shah, en su afán modernizador, hubiera prohibido el uso del turbante a los hombres y el chador a las mujeres, dando pie esto último a un peculiar comentario por parte de nuestro desinhibido viajero: <em>“la supresión del chador ha venido a descubrir que las mujeres en aquel país son feas, flacas y desgarbadas… de modo que figúrese el lector el desencanto que produce el ver a estas desgraciadas llevando sombrero, melena lacia y falda corta”</em>. Las críticas de Salas también se dirigieron a la política urbanista llevada a cabo en Teherán, consistente en destruir <em>“callecitas tortuosas y estrechas” </em>para modernizar la ciudad a base de grandes avenidas.</p>
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<p><strong>EL DESIERTO DE BELUCHISTÁN Y LA LLEGADA A AFGANISTÁN</strong></p>
<p>En su empeño por recorrer el Sur de Persia, <em>“mucho menos conocido y por lo tanto mucho más interesante”</em>, evitaron la ruta que pocos años antes había tomado la Expedición Citröen al centro de Asia, pese a que ello les supondría un gran cúmulo de penalidades. El recorrido que efectuaron, desoyendo las advertencias, hasta la frontera con Afganistán, a través del desierto de Shurgaz y de Beluchistán, constituiría la parte más genuina de toda la expedición.</p>
<p>Concretamente, los 400 km de desierto en Beluchistán fueron, según Salas, <em>“un horrible martirio”</em>, no solo para los tres viajeros sino también para la camioneta, cuyo chasis se partió en dos y tuvo que ser sujetado con alambres y cuerdas, siguiendo <em>“valientemente adelante deseosa sin duda ella también de alejarse cuanto antes de aquella dantesca visión”</em>.</p>
<p>No habían llegado aún a la localidad de Zahedán cuando tuvieron que pasar noche escoltados por soldados persas que habían sido desplegados para combatir a rebeldes beluchis. <em>“Aunque muchos no lo quieran creer, podemos asegurar que tuvo aquella noche, estrellada magnífica, un encanto extraordinario: nos dormimos arrullados por el monótono sonido de los tambores y los cantos guerreros de los beluchis, que, desparramados por los montes cercanos, se aprestaban a la lucha”, </em>recordaría Salas.</p>
<p>También resultó impactante su visita a la otrora próspera capital de Beluchistán, Queta, debido al terremoto que meses antes había asolado la ciudad, provocando la muerte, según Salas, de cuarenta y cinco mil de sus sesenta mil habitantes: <em>“solo quedaban escombros; ni una sola casa en pie, todo arrasado en forma tal que ni el más terrible de los bombardeos hubiera podido causar estragos semejantes”.</em></p>
<p>Afganistán <em>(“uno de los países más fanáticos del mundo y quizá por ello también uno de los más interesantes”) </em>ofreció como era de esperar grandes quebraderos de cabeza a nuestros viajeros debido a la ausencia de servicios básicos <em>(“desgraciado el viajero que llega aquí sin mecánico y sin los elementos indispensables para llevar a cabo cualquier reparación en su coche”) </em>y la prohibición de objetos occidentales, en particular la ropa interior de señora, <em>“ya que esto último atenta gravemente a la moral y a la religiosidad” </em>de los afganos.</p>
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<p><strong>UN FINAL ABRUPTO EN EL VERANO DE 1936</strong></p>
<p>Cuando por fin abandonaron Afganistán, Salas tuvo la sensación de llevar consigo <em>“un tesoro de inapreciable valor”</em>: las fotos de las maravillas y escenas cotidianas que habían contemplado, <em>“muchas de las cuales fuimos tal vez los primeros en poder fotografiar”.</em></p>
<p>La entrada en India supuso para los tres viajeros poder disfrutar de comodidades inusitadas hasta entonces. Fue Cachemira &#8211; <em>“la admirable y legendaria región del Norte de la India que tantos puntos de semejanza tiene con Suiza” </em>– el lugar elegido para recuperar fuerzas, aunque el reposo se vio turbado <em>“por lanoticia de los graves acontecimientos que ocurrían en España”</em>: el estallido de la Guerra Civil.</p>
<p>En su afán por <em>“volver cuanto antes y por la ruta más corta” </em>a España, se desplazaron a Bombay, donde el 5 de agosto embarcaron rumbo a Europa, con <em>“la íntima satisfacción de haber realizado en todas sus partes cuanto nos habíamos propuesto, ya que saliendo de España en una modesta furgoneta estrictamente de serie, habíamos conseguido llegar hasta la India por vía de tierra”.</em></p>
<p>El relato de esta odisea de 20.000 km quedaría reflejado, por capítulos, en los tres primeros números de la Revista Geográfica Española, fundada en San Sebastián por Salas en plena contienda. El “Servicio Nacional de Propaganda” franquista y las ventas de la publicación, que tendría una tirada media de 2.000 ejemplares, no serían las únicas fuentes de financiación de los primeros números de la revista, puesto que la firma de “Firestone” insertó publicidad, anunciando que el viaje de España a India había sido efectuado con neumáticos de su marca, de fabricación nacional.</p>
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<p><strong>EL FINAL DE UN VIAJERO ATRAPADO EN SUS CONTRADICCIONES</strong></p>
<p>Valeriano Salas falleció en 1962 tras regresar de la India. Hasta entonces se mantuvo al frente de la “Revista Geográfica Española”, en la que publicó asiduamente fotos y textos relativos a sus viajes por todo el mundo. De haber vivido más, hubiera sido testigo de la erupción con toda su virulencia, particularmente en España, del turismo de masas, fenómeno que aborrecía.</p>
<p><em>“Cuando rememoro mis correrías </em>&#8211; escribiría Salas en uno de sus últimos textos -, <em>la nostalgia se apodera de mi ánimo … Aquello es la libertad, las noches estrelladas magníficas, el desierto sin límites, las selvas infinitas, el ‘dolce far niente’ alejado del mundo, de su vivir acelerado, de sus ciudades, de sus periódicos, de su política llena de intrigas y ambiciones… Allí, al saberse desligado de esas pesadas cadenas que nos vemos precisados a arrastrar a lo largo de nuestra existencia, se siente uno alegre y satisfecho… He comprobado mil veces que sólo en aquellos lugares apartados de la civilización es donde el ser humano debe buscar esa tranquilidad y esa paz tan necesarias para su espíritu, e imprescindibles para su felicidad.”</em></p>
<p>La “Revista Geográfica Española” dejó de publicarse en 1977, no sobreviviendo al franquismo que le vio nacer.</p>
<p>Atendiendo a su voluntad, el legado de Valeriano Salas fue cedido a la localidad salmantina de Béjar en la que nació, y que le dedicó un museo abierto en la actualidad al público. En el museo destaca la colección de arte oriental, al que Salas era aficionado, en particular objetos procedentes de Japón, India e Irán. También tiene relevancia la colección de pintores españoles del siglo XIX que Salas adquirió junto con cuadros de artistas holandeses, flamencos, franceses y alemanes de los siglos XVI al XIX. Otra de sus pasiones fueron los castillos, tema al que dedicó trece números de su revista, siendo en 1952 uno de los promotores de la Asociación Española de Amigos de los Castillos.</p>
<p>El museo recrea una de las estancias de este singular personaje capaz de conjugar dos pulsiones tan solo aparentemente contradictorias: la del inquieto viajero abierto a horizontes lejanos y la del anticuario e historiador dando la espalda al tiempo que le tocó vivir.</p>
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		<title>La “Romería a Rusia” de Ramón Sender</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/ramon-sender/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 09:48:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por María Luisa Martín-Merás Bibliografía: Boletín 64 &#8211; La primera vuelta al mundo &#160; En los años veinte del siglo pasado fueron muchos los escritores, periodistas y políticos españoles que [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/ramon-sender/">La “Romería a Rusia” de Ramón Sender</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por María Luisa Martín-Merás</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-64-vuelta-al-mundo/">Boletín 64 &#8211; La primera vuelta al mundo</a></p>
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<p><strong>En los años veinte del siglo pasado fueron muchos los escritores, periodistas y políticos españoles que emprendieron viaje a la nueva Unión Soviética, en lo que Ernesto Jiménez Caballero denominó “romerías a Rusia”. La inédita construcción del paraíso socialista sobre las ruinas del régimen zarista atraía a todos aquellos viajeros fascinados por el triunfo de la tecnología y la industria. Ramón J. Sender fue uno de aquellos viajeros que, en 1933, invitado por la Internacional Comunista, visitó la URSS, un país que llevaba a cuestas un largo proceso revolucionario iniciado en 1905, continuado durante la intervención rusa en la Primera Guerra Mundial, y la sangrienta guerra civil posterior.</strong></p>
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<p><strong>UN ESCRITOR COMPROMETIDO</strong></p>
<p>Ramón J. Sender (Chalamera, Huesca, 1901. San Diego, Estados Unidos, 1982) fue un prolífico escritor y periodista que, desde temprana edad, empezó a escribir y a colaborar en prensa. Participó en la guerra de Marruecos como soldado de reemplazo, y a su vuelta se instaló en Madrid, donde ingresó en la redacción del diario El Sol como redactor y corrector. Antes de la Guerra Civil ya era uno de los escritores más prestigiosos del momento, gracias a sus novelas Imán (1930), <em>Siete domingos rojos </em>(1932) y <em>Míster Witt en el Cantón </em>(1935) entre otras.</p>
<p>En el capítulo de los reportajes periodísticos, alcanzó gran notoriedad al narrar en 1925 el desenlace del famoso crimen de Cuenca. En 1933 publicó <em>“Tormenta en el sur. Primera jornada del camino a Casas Viejas”</em>, la primera crónica de las 11 que dedicó a la sublevación anarcosindicalista de Casa Viejas. Aquel mismo año recogió sus artículos en el libro <em>Casas Viejas (Episodio de la lucha de clases) </em>y un año después, en 1934, lo publicó y amplió en <em>Viaje a la aldea del crimen. Documental de Casas Viejas. </em>De ideas revolucionarias, simpatizó primero con los movimientos anarquistas y más tarde con los comunistas, de los que se desvinculó en la guerra civil. En todo caso, en febrero de 1933 fue uno de los fundadores la Asociación de Amigos de la Unión Soviética de inspiración comunista.</p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>LA GUERRA CIVIL Y SUS DESGRACIAS</strong></p>
<p>El estallido de la Guerra Civil Española le sorprendió en San Rafael (Segovia), con su mujer Amparo Barayón y sus dos hijos. Al ocupar los rebeldes esa zona decidieron separarse, él se incorporó al frente republicano y su familia marchó a Zamora para refugiarse con la familia de su esposa. En el mes de octubre fusilaron los franquistas a su mujer y a su cuñado, aunque él no tuvo noticia hasta el mes de diciembre. Al quedar sus hijos desamparados en zona enemiga, se trasladó a Francia, donde los niños habían sido recogidos por la Cruz Roja Internacional. Una vez, instalados sus hijos y al cuidado de personas de su confianza, volvió a Barcelona para incorporarse al frente. Su actitud fue inequívoca y participó activamente en la propaganda republicana, siendo oficial adscrito al Estado Mayor republicano en la defensa de Madrid contra los franquistas. Su ruptura con el partido comunista ya durante la guerra no está muy clara, pero el resto de su vida fue un anticomunista convencido. En 1938 la República lo envió a Estados Unidos, a dar conferencias en universidades y otros centros para presentar la causa republicana. Luego estuvo en París a cargo de una revista de propaganda de guerra, llamada <em>La voz de Madrid, </em>donde permaneció hasta que Barcelona cayó en poder de Franco, momento en que se exilió a México hasta 1942, cuando se asentó definitivamente en Estados Unidos, acogido gracias a la recomendación de Eleonor Roosevelt, y donde se le consideraba como un notorio refugiado europeo de izquierdas. Falleció en 1982 en San Diego, Estados Unidos.</p>
<p>Las crónicas de viaje de Sender, bajo el título <em>Madrid-Moscú </em>fueron publicadas en el periódico <em>La Libertad </em>entre el 27 de mayo y el 13 de octubre de 1933. En 1934, con modificaciones y ampliaciones posteriores, se publicó como libro en la editorial Pueyo. La edición que comentamos <em>Madrid-Moscú Notas de viaje</em>, 1933-1934, con prólogo de José Carlos Mainer, Fórcola Ediciones, 2017, es la segunda edición en español y está basada en la primera.</p>
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<p><strong>EL FARO DE LA HUMANIDAD</strong></p>
<p>Solo la brillante ciudad de Nueva York atrajo tanto la atención de los europeos de los años 20 y 30 como lo hizo la Unión Soviética. Las razones de la curiosidad eran simétricas: en Nueva York se admiraba o se denigraba la culminación material del capitalismo; en la nueva Rusia, la inédita construcción del paraíso socialista sobre las ruinas del más antiguo de los regímenes, el zarista. La Unión Soviética que visitó Sender como invitado de la Internacional Comunista era la consecuencia de un largo proceso revolucionario, que empezó en 1905, y que no interrumpió ni la catastrófica intervención rusa en la Primera Guerra Mundial y el armisticio unilateral de 1917, ni la sangrienta Guerra Civil de 1917 a 1920.</p>
<p>En 1919 Lenin había fundado la Tercera Internacional, que acogió a todos los socialistas del mundo. Tras la muerte de Lenin, Josef Stalin había asumido en 1924 la jefatura del Estado, y la hegemonía del partido soviético sobre todos los partidos hermanos de otras naciones. Las nuevas medidas económicas cambiaron la faz del país y, tras conocerse las largas y mortíferas hambrunas, se procedió a la colectivización de la agricultura y a su organización en koljós. La exportación de productos agrarios facilitó capitales para el logro de la mayor obsesión del régimen, la industrialización, que consiguió en pocos años duplicar la producción de carbón y triplicar la de acero. La fiebre industrial supuso la adopción de jornadas laborales de 16 y 18 horas. La colectivización de la propiedad privada se construyó sobre el exterminio de los <em>kulaks</em>, los antiguos siervos emancipados por el Zar Alejandro I, que se habían convertido en pequeños propietarios, y por el desabastecimiento, seguramente provocado, de las regiones más insumisas.</p>
<p>Todavía se discute hoy si la muerte de dos o tres millones de campesinos ucranianos en el comienzo de los años 20 y después, entre 1932 y 1933, fue un genocidio decidido por Stalin o un error de planificación combinado con las pésimas cosechas y las requisas indiscriminadas de grano.</p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>EL VIAJE Y EL LIBRO</strong></p>
<p>La obra está dividida en capítulos con títulos que hacen referencia a los aspectos de la realidad moscovita que va conociendo. Empieza su viaje pasando por Cataluña, Francia, Polonia y Alemania a los que describe en rápidas pinceladas. Sender llegó a Moscú invitado a una olimpiada de arte revolucionario durante ocho días, pero prolongó su estancia por invitación expresa de la Unión Internacional de Escritores Revolucionarios, que le acompañaron y mostraron todos los logros de la revolución que el autor observa con una curiosidad entre desenfadada y admirada. Según él, los habitantes de Moscú, y por extensión de toda la URSS, viven en el mejor de los mundos, donde todos trabajan y colaboran en las tareas generales muy felices. Los proletarios van a la ópera y se divierten, las chicas son jóvenes sanas y guapas, y todos trabajan sin descanso para cumplir el plan quinquenal. Sender no tiene duda de que está viendo el verdadero pueblo moscovita con todas sus conquistas y no el que ven los turistas de Intourist que critican la realidad soviética con ojos europeos y según él, se mueven por resortes sentimentales. Las escuelas y los padres se desviven por los niños y los protegen, ya que son los verdaderos reyes del pueblo. No existen colas para la comida ni para otros bienes, que adquieren a un precio muy bajo en los economatos con el carnet de obrero. Solo hay colas para comprar libros. Las muchachas son independientes y participan en las sesiones de atletismo que son muy numerosas.</p>
<p>Las reclamaciones sobre los servicios públicos se recogen ordenadamente y son resueltos en poco tiempo. Tuvo ocasión de ver a Stalin en la Plaza Roja y comprobar cuanto le admira el pueblo. Considera que toda la política está orientada a la economía.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA CONVIVENCIA IDÍLICA</strong></p>
<p>Piensa que el nivel de vida allí es como el de Vallecas o Cuatro Caminos; sin embargo, de todas las reformas emprendidas por la revolución, precisamente la mayor ha sido la inmolación de la independencia personal, de la intimidad e incluso de la vida privada, en nombre de la colectivización. Explica que los domicilios privados son diminutos, hasta en el caso de los dirigentes, pero en cambio los espacios de socialización son grandes y espaciosos como los comedores en las fábricas, las oficinas amplias y luminosas, así como los parques culturales donde se practica deporte y cultura física, se asiste al teatro y al cine, se escucha música o se canta. Comprueba la camaradería sin mengua del ejercicio de la autoridad, cuando procede que así sea, y todo el mundo parece saber lo que tiene que hacer. El orden público se suele limitar a la reconvención amable de los encargados de velar por él y en todos los órdenes de la vida colectiva parece haberse impuesto un intercambio de papeles pues los soldados pasan temporadas en las fábricas y los obreros industriales dedican algún tiempo de su vida participar en los trabajos de los campesinos. La práctica de la autocrítica política es habitual, y no se busca el conformismo ni la intemperancia con el disidente, sino una mejor conciencia del papel de cada uno. Paralelamente hay una jovialidad ante las dificultades y los problemas que Sender cifra en una expresión rusa que se oye a menudo y que se ha hecho traducir: <em>No importa.</em></p>
<p>Sender ha comprobado que en la nueva Unión Soviética los escritores cuando se reúnen no hablan de literatura sino de política, y que, si bien en las bibliotecas abundan los libros, se traducen los extranjeros y florecen las literaturas en todas las lenguas de la Unión, lo más importante que sucede es el triunfo de un nuevo teatro realista, que en gran medida es una creación colectiva que implica a muchos autores y actores. En realidad, el motivo de la invitación de Sender era la celebración de una olimpiada de teatro popular a la que, aunque lo oculte, asistieron otros colegas españoles de los que nuestro escritor no era el menos cualificado, ya que en 1932 había publicado un volumen de teatro de masas, que daba cuenta de algunas novedades de la escena europea revolucionaria.</p>
<p>En las páginas de <em>Madrid Moscú </em>lo sabemos discrepante del culto al poeta suicida Vladimir Maiakovski que, en su opinión, encarna el espíritu ruso tradicional, confuso y alucinado, no se sabe si contemplativo o dinámico o las dos cosas juntas. Maiakovski era según él la Rusia revolucionaria enferma de occidentalismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL ENVÉS DEL PARAÍSO</strong></p>
<p>El lector de <em>Madrid Moscú </em>advierte que Sender tuvo noticias del envés del paraíso: sabía lo sucedido en Ucrania y también en el Cáucaso, en las regiones de los antiguos cosacos. Ante todas estas noticias la actitud de Sender es ambigua, casi penosamente ambigua. Y con una calculada mezcla de impasibilidad y desparpajo, en sus crónicas se inventaba un comunismo alejado de la realidad del primer estalinismo.</p>
<p>Sin embargo, él considera que se ha comportado como un testigo inquisitivo y nada complaciente y así lo manifiesta la noche antes de su partida:</p>
<p><em>Yo he estado casi siempre en la Unión Soviética en una posición de crítica, sobre todo con los miembros del partido que yo suponía que tenían alguna responsabilidad. Aquella noche había hecho muchas observaciones desagradables y había tratado de señalar algunas contradicciones.</em></p>
<p>Pero ¡sorpresa! específica que su crítica es contra los escritores rusos que admiran sin rubor la cultura burguesa, y lo mismo hacen muchos comunistas que tiene complejo de inferioridad frente a la burguesía de los países capitalistas. En una carta a sus anfitriones, que reproduce José Carlos Mainer en el prólogo de la obra ,y publicada en la revista <em>Octubre, nº 4-5</em>, decía lleno de fervor militante:</p>
<p><em>Ahora, después de mi estancia en la Unión Soviética vuelvo con la mayor fe en el triunfo completo y definitivo, y no solo definitivo sino inquebrantable. Después de todo lo que aquí he visto, no hay razón para que un intelectual esté indeciso. En la trinchera hay un uniforme y un fusil más&#8230;Al llegar aquí era un intelectual, hoy es un soldado del frente de lucha y de la edificación socialista el que os deja. Saludos revolucionarios.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>COMPAÑEROS DE VIAJE</strong></p>
<p>Sender no fue el único visitante de la URSS que publicó sus impresiones, los libros de esta naturaleza abundaron en los últimos años de la dictadura de Primo de Rivera, pero no todos fueron tan entusiastas como las de nuestro escritor. El primero de los testigos, Fernando de los Ríos, era un catedrático socialista que acudió a negociar el ingreso de su partido en la Tercera Internacional, y cuyo informe fue desfavorable como contó en <em>Mi viaje a la Rusia soviétista</em>, 1921. También fue negativa la opinión de Ángel Pestaña, que llegó como representante de la anarquista Confederación Nacional del Trabajo y que plasmó sus impresiones en un par de folletos. <em>Setenta días en Rusia. Lo yo vi, </em>1924 y <em>Setenta días en Rusia. Lo que yo pienso</em>, 1929. Más benévolos fueron Rodríguez Soriano, republicano radical, autor de <em>San Lenin (Viaje a Rusia)</em>, 1927, y el burgués liberal republicano, Diego Hidalgo, que tuvo un gran éxito editorial con sus <em>Impresiones de un notario español en Rusia, </em>1929. Pero el socialista Julio Álvarez del Vayo en <em>La nueva Rusia, </em>1926 y <em>Rusia a los 12 años, </em>1927, es el más crédulo y entusiasta de los viajeros de su partido, como se comprueba a la vista de otros testimonios: los de Rodolfo Llopis en <em>Cómo se forma un pueblo, la Rusia que yo he visto, </em>1930, Julián Zugazagoitia, en <em>Rusia al día, </em>1932 y Luis Amado Blanco en <em>8 días en Leningrado, </em>1932.</p>
<p>Estas complacencias contrastaron con las serias objeciones del periodista liberal Manuel Chaves Nogales que planteó serias objeciones al paraíso soviético en <em>La vuelta al mundo en avión. Un pequeño burgués en la Rusia roja, </em>1929, en la novela <em>La bolchevique enamorada </em>del mismo año y en 1931 <em>Lo que ha quedado del imperio de los zares</em>, además de otra narración inspirada en un personaje real <em>El maestro Juan Martínez que estaba allí</em>, 1934.</p>
<p>Las páginas apasionadas y elogiosas que escribió Sender en Madrid-Moscú fueron las últimas dedicadas a la revolución rusa y, más allá de su ceguera y de sus legítimas esperanzas revolucionarias, son una inmersión de primer orden en la cenagosa historia del siglo XX.</p>
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<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/ramon-sender/">La “Romería a Rusia” de Ramón Sender</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>Sofía Casanova, reportera y escritora</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/sofia-casanova/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 09:31:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Marga Martínez Bibliografía: Boletín 62 &#8211; El viaje de los alimentos &#160; Conocida por ser la primera corresponsal permanente de guerra de nuestro país (Carmen de Burgos cubrió episodios [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/sofia-casanova/">Sofía Casanova, reportera y escritora</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Marga Martínez</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-62-el-viaje-de-los-alimentos/">Boletín 62 &#8211; El viaje de los alimentos</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Conocida por ser la primera corresponsal permanente de guerra de nuestro país (Carmen de Burgos cubrió episodios de la guerra de Melilla), la vida de la escritora gallega Sofía Casanova es la historia de la primera mitad del azaroso siglo XX. Fue la mujer que entrevistó a Trotski en San Petersburgo, y que conoció a personalidades de mundos tan dispares como León Tolstoi y Marie Curie. No solo vivió las dos grandes guerras mundiales, también fue testigo del nacimiento del sindicalismo, de la invasión de Polonia, de la lucha de las sufragistas en Inglaterra, del nacimiento del partido bolchevique en Rusia y de la guerra civil española. Casanova, una mujer de historia para la Historia, recorrió la piel de Europa de cabo a rabo en más de una docena de ocasiones, y fue, además de una prolija escritora, poeta y periodista, una gran divulgadora de la cultura polaca.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Con ese halo de atemporalidad que da la impresión fotográfica de las antiguas rotativas, dos enfermeras miran de frente a los lectores que abrieron ese día el ABC por su página 2. Era el 8 de abril de 1915. Ambas, vestidas con el blanco uniforme de la Cruz Roja, flanquean una cama de un barracón convertido hospital, junto a dos heridos de guerra que se incorporan a duras penas para también mirar a cámara. Esa imagen granulosa de la enfermera que se encuentra en la parte posterior del plano está marcada con una X para poder ser presentada en el pie de foto: <em>“La guerra europea. Sala de heridos en el hospital de urgencia de la estación Varsovia-Viena, por el cual han pasado desde primeros de agosto a fin de marzo 140.000 heridos. En la fotografía se ve a nuestra corresponsal en Polonia, la señora Doña Sofía Casanova (X)”.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>CORRESPONSAL DEL ABC</strong></p>
<p>Esa enfermera marcada con la X, “nuestra corresponsal en Polonia” es presentada después, en la página 7, como la ilustre escritora Sofía Casanova que se había dignado aceptar el cargo de cronista de la primera Gran Guerra para el ABC. Y así, con una mezcla de nostalgia e incertidumbre, comienza la primera crónica de guerra en el frente oriental de Sofía Casanova para el rotativo madrileño: <em>“Se ensangrientan los azules mares de Bizancio, y el mundo entero sigue con ávidos ojos la tremenda lucha que dará á Europa ese resto del magnífico mundo antiguo. ¿En qué condiciones van á repartirse los poderosos -aliados o no – el </em><em>derecho sobre mares, pueblos y razas?”</em></p>
<p>De este modo se iniciaba una intensa labor informativa para el ABC que se prolongó hasta 1944. Desde Polonia primero, y desde distintos puntos de Rusia después, durante la Primera Guerra Mundial, Casanova contaba a los lectores del ABC las graves consecuencias de una sangrienta guerra y el sufrimiento que la contienda ocasionaba a la población civil del Este de Europa. Denunció la brutalidad de una guerra en la que, por primera vez, se utilizaron las armas químicas para aniquilar al enemigo. En una época en la que las noticias llegaban a través de notas de agencia, Sofía Casanova desarrolló una ingente correspondencia con crónicas que, aunque a veces tardaban semanas o meses en llegar a Madrid, eran esperadas con especial interés, y que destacaban no solo por su perfil humano y periodístico, sino también por un alto valor literario. La escritora gallega vio facilitada su labor en el frente oriental porque no se le identificaba como un habitual corresponsal de prensa; esta circunstancia fue posible por su condición de española y las buenas relaciones con el embajador español, por un lado, y, por otro, por ser miembro de la aristocracia polaca, al pertenecer a la familia Lutoslawski, circunstancia que le permitió conocer a diplomáticos extranjeros y personajes destacados de la cultura y la política polaca y rusa del momento.</p>
<p>Trabajó, pues, como corresponsal para ABC durante más de treinta años hasta que, durante la Segunda Guerra Mundial, Luca de Tena censuró las críticas opiniones que Casanova plasmaba sobre el bando nazi. La escritora, decepcionada, no aceptó el veto, y siguió escribiendo por su cuenta para contar con libertad la situación del castigado pueblo polaco.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA INTENSA Y LARGA VIDA EN LAS TRINCHERAS DE LA HISTORIA</strong></p>
<p>Como si de una macabra lotería se tratara, a Sofía Guadalupe Pérez Casanova de Lutoslawski le tocó vivir nada menos que cuatro guerras. Sin embargo, los viajes, huídas y visiones de una Europa que se desangraba a través de sus clases sociales más débiles, no mermaron en absoluto su capacidad creadora. Su producción literaria fue ingente: publicó poesía, novelas, libros de relatos, cuentos para niños, una comedia y más de 1.200 artículos en periódicos y revistas en Galicia, Madrid y Polonia. Con 13 años y una maleta llena de libros, llegaba Sofía junto con su familia a Madrid. Para hacer hueco en su equipaje a la literatura, “Sofitiña” decidió sacrificar dos pares de zapatos y tres enaguas, para gran sorpresa de su madre. Así, se instaló en la capital, donde se inició como poeta, con una seguridad impropia de una niña de esa edad.</p>
<p>Frecuentó las reuniones que celebraba el Marqués de Valmar, y los círculos literarios donde conoció a José Zorrilla, Juan Valera y Ramón de Campoamor. Alfonso XII, que fue un gran admirador de su obra, llegó a financiar su primer libro de poesía. Comenzó a publicar en El Faro de Vigo, y con tan solo veinte años firmaba habitualmente en medios de Madrid y Galicia.</p>
<p>En estas reuniones conoció al filósofo, aristócrata polaco y estudioso de Platón, Wicenty Lutoslaswki, con quien se casó en 1887 para establecerse en Polonia, la que habría de ser patria de adopción de Sofía, a la que profesó un amor profundo que le llevó a defender apasionadamente su independencia cuando el país era despedazado por los intereses extranjeros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>TIEMPO DE VIAJES Y ESTUDIO DE IDIOMAS</strong></p>
<p>El trabajo como diplomático de su marido les obligaba a viajar constantemente por toda Europa, y Sofía aprovechó la circunstancia para estudiar idiomas, llegando a dominar ocho lenguas, y para desarrollar su trabajo de periodista con interesantes crónicas viajeras. Colaboró en periódicos de ámbito nacional como <em>ABC, La Época, El Liberal, El Mundo, El Imparcial de Madrid, Blanco y Negro, </em>la revista <em>Galicia</em>, y otras publicaciones gallegas. Colaboró, además, en prensa internacional en medios como la <em>Gaceta Polska </em>y <em>The New York Times</em>.</p>
<p>Esta vida itinerante le permitió vivir la lucha de las sufragistas en Inglaterra, vivir el nacimiento del sindicalismo, también el del partido bolchevique en una Rusia aún zarista y, por supuesto, las dos grandes contiendas mundiales. De esta experiencia viajera nacieron libros como: <em>Sobre el Volga helado </em>(1903) y <em>Viajes y aventura de una muñeca española </em>(1920). Pero en Madrid, sus <em>Cartas de Polonia </em>o <em>Desde Rusia </em>entusiasmaban a quienes las leían en El Imparcial de Madrid. Las crónicas de Casanova eran costumbristas, y acercaban a los lectores a un mundo exótico y desconocido. Tal vez sin saberlo, la escritora gallega contribuyó de una forma más que notable a la difusión de la cultura polaca en España.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA VIDA FAMILIAR DIFÍCIL</strong></p>
<p>Sin embargo, el matrimonio con Lutoslaswki no fue como ella hubiera deseado. El filósofo estaba obsesionado con tener un hijo varón que perpetuara su apellido y que se convirtiera en el gran libertador de Polonia, pero Sofía solo le daba hijas (María, Izabela, Yadwiga y Halina) y nunca llegó el ansiado heredero. Para colmo de males, en 1894 se trasladaron a Londres, donde Yadwiga enfermó y murió de disentería. Las circunstancias en las que se produjo la muerte no ayudaron precisamente a arreglar la relación del matrimonio, puesto que Sofía insistió en llamar al médico pero Wicenty, convencido de que él mismo podría curarla, se negó. El 17 de septiembre de 1895 moría la niña con tan solo cinco años. Para su madre fue un terrible golpe, y para el matrimonio supuso el final definitivo.</p>
<p>En 1910 Sofía Casanova impartió una conferencia en el Ateneo de Madrid, uno de los principales foros de la intelectualidad española. <em>“La mujer española en el extranjero” </em>fue el título de la ponencia a través de la que expresó sus opiniones, basadas en su experiencia vital tanto en el extranjero, como a través de la opinión que los intelectuales extranjeros tenían de España y de los españoles. La escritora gallega dejó constancia de su preocupación por asuntos graves, como el problema del analfabetismo de la población española, una auténtica vergüenza de la que había tomado conciencia en Polonia, así como del papel de la mujer en el mundo moderno.</p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>DE POLONIA A ESPAÑA Y VICEVERSA</strong></p>
<p>Sofía volvía periódicamente a Galicia con sus hijas y aprovechó para escribir, publicar, dar su opinión y remover conciencias sobre la lamentable situación de las mujeres y de la infancia en España, en aspectos tan básicos como la educación y la higiene. Al volver a Polonia en 1914 para reencontrarse con su familia política, la Gran Guerra le sorprendió en Drozdowo, donde los Lutoslaswki tenían su hacienda, y todo cambió: los polacos, y Sofía Casanova con ellos, fueron evacuados a Rusia, primero a Moscú y a San Petersburgo después, ante el avance del ejército alemán. Allí, en San Petersburgo, permaneció tres años en los que también vivió la revolución bolchevique de 1917.</p>
<p>Tras gestiones diplomáticas, Casanova y su familia consiguieron regresar a Polonia y de ahí a España, una vez finalizada la Primera Gran Guerra, donde fue recibida como una estrella. En esta época, Casanova desarrolló una ingente labor periodística como corresponsal en Varsovia, enviando también crónicas a Buenos Aires. Hasta 1938 volvió en repetidas ocasiones a España, pero el mundo seguía siendo un lugar inestable, las aguas seguían revueltas en un periodo en el que ni Europa, ni España, conseguían encontrar la paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EN LA </strong><strong>“JAULA DE LAS FIERAS” </strong><strong>DE LOS BOLCHEVIQUES</strong></p>
<p><em>“Cuando hace cuatro días me decidí en secreto de mi familia a ir al Instituto Smolny, una nevada densa y callada caía sobre San Petersburgo. Deseaba y temía ir – por qué no confesarlo – al apartado lugar donde funcionan todas las dependencias del Gobierno popular. Como no me atrevía a ir sola, ni otra persona alguna hubiera querido acompañarme, dije a la fiel gallega, inseparable nuestra en estas penalidades, que viniera conmigo, pero sin descubrirla el objeto de nuestra salida…”</em></p>
<p>Así comenzaba la crónica <em>“En la jaula de las fieras” </em>donde la escritora y periodista entrevistaba a Trostki. En la entrevista, posiblemente censurada, descubrimos a una mujer valiente, segura de sí misma, que no tiene temor alguno en adentrarse en el centro de operaciones de la revolución bolchevique para entrevistar al entonces Ministro de Negocios Extranjeros de Lenin. Casanova no ocultaba su anticomunismo y no dudó en contar la mala impresión que le dio el ministro: <em>“No se revela en él ni la voluntad, ni la inteligencia; nada, en fin, potencialmente fuerte. Podría pasar por un artista decadente, y, sin embargo, yo creo que tiene un valor irremplazable en la Rusia actual, y que no son las circunstancias precarias las que dan relieve a una medianía”.</em></p>
<p>Casanova llegó a San Petersburgo en 1915 tras el avance alemán, que le obligó a salir de Varsovia, donde había estado trabajando como enfermera de la Cruz Roja atendiendo a los heridos de guerra. Tuvo que tomar el último tren a Minsk, Moscú y finalmente San Petersburgo. Había llegado, pues, como una refugiada polaca y sufrió, además, el asesinato de sus dos cuñados, acusados de contrarrevolucionarios, a manos de los bolcheviques. Sin embargo, todos estos avatares no le impidieron seguir realizando su labor de reportera, con crónicas como la que daba cuenta de la muerte de Rasputin o la mencionada entrevista a Trotski. Sus crónicas llegaron a ser censuradas por los rusos y, en España se llegó a darla por muerta. Sus escritos reflejan valentía y la denuncia del sufrimiento de los refugiados que tuvieron que huir a Rusia perseguidos por la guerra, la mayor de las inmoralidades, en la que siempre buscará esperanzas de paz.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA ENTREVISTA CON FRANCO EN BURGOS</strong></p>
<p>Conviene señalar cómo, tras su inicial simpatía por la revolución rusa, sus vivencias posteriores, además de su formación familiar, le hicieron convertirse pronto en una mujer conservadora, profundamente católica y anticomunista. Casanova vivió la guerra civil española en Varsovia, y no dejó de enviar crónicas y cartas apoyando el bando nacional, a pesar de que el diario ABC estuvo incautado, y criticando con dureza a los republicanos. Franco no dudó en aprovechar esta circunstancia para entrevistarse con ella en Burgos durante la guerra. A través de una carta de Serrano Suñer se le trasladó su interés en recibirla, debido a su insigne labor que desde Varsovia realizaba a favor de la causa nacional. Ni corta ni perezosa, Casanova emprendió viaje desde Varsovia a Burgos para entrevistarse con Franco en 1938 y, tras la audiencia, regresar a la ciudad del Vístula. Esta relación con Franco le ayudó a vivir con cierta seguridad cuando Hitler invadió Polonia, ya que fue protegida por el embajador en Berlín. Casanova, una vez más, tuvo que ver de cerca los horrores de una guerra infame con la visión de los campos de concentración en su querida Polonia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MUJER, CORRESPONSAL DE GUERRA Y EN EL FRENTE</strong></p>
<p>La investigadora de la Universidad de Liverpool Kirsty Hooper en <em>‘Vida e tempo de Sofía Casanova’ </em>señala que <em>“Pese a su obra formidable y heterogénea, Casanova fue recordada durante décadas no como escritora e intelectual, sino como una figura exótica en la periferia de la cultura española y -peor aún- como un símbolo idealizado de la femineidad nacional-católica”.</em></p>
<p>Injustamente, en numerosas ocasiones, no se consideró a Casanova como reportera de guerra, dado que su situación en el frente parecía estar justificada por razones familiares, y su labor podía responder, más que a una actividad profesional, al pasatiempo de una madre de <em>familia bien</em>. Fuera como fuere, lo cierto es que la vida y obra de Sofía Casanova fue extraordinaria y poco común. Con un pensamiento conservador y profundamente católico, acentuado por la difícil época que le tocó vivir, descubrimos a una mujer valiente, pacifista y defensora de la participación de la mujer en la esfera pública; al mismo tiempo una mujer contradictoria, incapaz, por sus creencias religiosas, de divorciarse de su marido, a pesar de que vivieron separados y ella tuvo que encontrar su sustento en su trabajo como escritora y periodista.</p>
<p>Fue una mujer en un mundo de hombres, que tomaba partido en cualquier situación, para desconcierto de muchos y con la complicación asociada de no poder etiquetarla en un sitio u otro. Culta, independiente y trabajadora prolífica, desarrolló un importante activismo en el movimiento de las mujeres, y, sobre todo, fue testigo y excepcional cronista de una época convulsa.</p>
<p>Sofía siguió escribiendo hasta el fin de sus días a pesar de su ceguera, provocada por un golpe durante las revueltas bolcheviques rusas, ayudada de un cartoncito que le sujetaba el papel… una “pobre mujer” como se definió a sí misma: <em>“Pobre mujer, siento y creo que todas las conquistas logradas a costa de tan nefandos crímenes, de tan inconsolables dolores, no son buenas, ni han de traer suerte a las naciones que las han buscado.” </em></p>
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		<title>Las Indias de la princesa de Kapurthala</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/princesa-kapurthala/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 09:18:39 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Emma Lira Bibliografía: Boletín 61 &#8211; Las islas Filipinas y España &#160; Anita Delgado, quien pasaría a la historia como la maharaní de Kapurthala, vivió una existencia de cuento [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Emma Lira</h3>
<p>Bibliografía: Boletín 61 &#8211; Las islas Filipinas y España</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Anita Delgado, quien pasaría a la historia como la maharaní de Kapurthala, vivió una existencia de cuento en uno de los escenarios más fastuosos de la época, y en uno de los momentos clave de la historia, a comienzos del siglo XX. Sus impresiones de aquellas Indias tan lejanas a la imaginería europea quedaron recogidas en un pequeño y exquisito cuaderno de viaje.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Anita Delgado era española, malagueña para más datos, y en el momento en que el maharajá de Kapurthala se prendó de ella, solo hablaba su lengua natal. Sus impresiones de las Indias, recogidas en diferentes viajes oficiales entre 1913 y 1914, están redactadas, sin embargo, en francés, <em>“la lengua de la corte de mi marido”</em>, como indica la propia autora. Un francés muy sencillo, salpicado de expresiones en español y en hindú, cuya frescura quizá se pierda en la edición española y que demuestran el increíble salto que ejecutó esta bailarina andaluza que en apenas seis meses tuvo que aprender a manejar tres idiomas distintos para convertirse en princesa de un reino muy lejano.</p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>LA VIDA DE BAILARINA</strong></p>
<p>La joven Anita había llegado a Kapurthala, en el Punjab indio, a través de un periplo tan singular que, si no fuera estrictamente cierto, sería tachado, con seguridad, de demasiado literario. La joven andaluza, junto a su hermana Victoria, sus padres y su tata Joaquina había residido en su Málaga natal hasta 1906, año en que la familia decidió vender el café que regentaban y trasladarse a Madrid. Llegaron con lo puesto, sin trabajo y el escaso dinero de la venta del negocio, pero lo hicieron en el mejor momento, justo cuando la ciudad vivía el fasto de la futura boda entre el rey Alfonso XIII y Victoria Eugenia de Battenberg, su prometida británica. La ciudad estaba necesitada de espectáculo y la capital española vivía cada día como una fiesta.</p>
<p>Con el encargo de buscar bailarinas para actuar de teloneras en los espectáculos de la recién nacida sala Kursaal, sus empresarios se pasean por las academias de la capital. En una de ellas conocen a Anita y Victoria, vistosas, bonitas, con salero y un aire tan ingenuo que se sienten cautivados. Su padre ignora que la madre, Doña Candelaria, dedica parte del escaso patrimonio familiar a que sus niñas estudien canto y baile, por lo que monta en cólera cuando les ofrecen un contrato, pero a tenor de la suma ofrecida por el que denominarán “Número de las Camelias”, no le queda más remedio que aceptar. Eso sí, las muchachas actuarán siempre antes de las 12, y se irán de la sala nada más acabar el espectáculo, acompañadas por sus padres.</p>
<p>Dicen que el maharajá de Kapurthala y Anita ya se habían encontrado en las calles de Madrid. Él era un dignatario extranjero a lomos de un elefante y ella una asombrada espectadora con trenzas y vestidillo de luto, extasiada ante la magnificencia del desfile de las autoridades que acudirían a la boda del rey Alfonso XIII. Y parece que volvieron a cruzarse en la sala Kursaal, que de día oficiaba de frontón, cuando el príncipe indio salía de jugar un partido de pelota y la bailarina andaluza entraba a preparar su número. El caso es que, impresionado por ella o por simple curiosidad, el maharajá reservó un palco esa noche para ver actuar a las Camelias. Y, a partir de ahí, siguió haciéndolo durante las noches siguientes.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL COMIENZO DE LA RELACIÓN</strong></p>
<p>Tras cada uno de los espectáculos, la joven Anita recibía un obsequio de su ya rendido admirador, un ramo de camelias junto a la invitación de sentarse a su mesa, que en todo momento la familia se encargó de rechazar. Hasta el sexto día, en que el grupo de intelectuales habitual del Kursaal, entre los que se encuentra Valle Inclán, e incluso el director de la sala, persuaden a la familia de que permita a Anita sentarse unos minutos a la mesa del príncipe.</p>
<p>La bailarina comparte mesa y poco más, pues apenas puede comunicarse con el príncipe durante unos días, hasta que en el momento de la ceremonia del rey Alfonso XIII un ramo de flores arrojado desde una ventana esconde la bomba que atentaría contra la vida de los soberanos. Los reyes salvan la vida, pero el atentado produce un número importante de víctimas y las delegaciones extranjeras, ante la posibilidad de que el hecho derive en un conflicto mayor, abandonan el país a toda prisa.</p>
<p>Cabría pensar que el príncipe indio acababa de salir de la vida de Anita tan precipitadamente como había entrado, pero no es así. Días después, en el Kursaal se presenta el traductor del príncipe algo azorado, con una insólita propuesta. Ofrece cien mil euros a la familia Delgado si permiten a Anita pasar una semana en París junto a él. Pese a la cantidad que deslumbra a quienes la escuchan, la familia despacha la oferta.</p>
<p>La propia Anita diría que <em>“le parecía la venta de su persona”</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN CUENTO DE HADAS</strong></p>
<p>El príncipe no se rinde y cambia de método. Por medio esta vez de su escolta personal, hace llegar una nueva misiva a Anita. Esta vez escrita, y en español, en la que le propone matrimonio. La familia enmudece. El padre duda, la madre quiere seguir adelante y Oroz, el pintor de la cuadrilla del Kursaal que, medio enamoriscado de Victoria está ultimando un retrato de la niña en casa de los Delgado, les propone que decidan lo que decidan , Anita debe contestar a esa misiva de puño y letra.</p>
<p>La niña lo hace, la lee ante los suyos y Oroz se ofrece a llevarla a correos. Por el camino para en el Kursaal y comenta la nueva con su corte. El romance entre el príncipe indio y la joven e ingenua Anita, a quienes los habituales del Kursaal consideran poco menos que su protegida, comienza a convertirse poco menos que en una cuestión de estado, al menos del pequeño estado de la sala. Sin pudor, abren la misiva redactada en un castellano pobre y plagado de faltas y la sustituyen por una auténtica carta de amor que el mismo Valle Inclán firma en nombre de Anita. <em>Alea jacta est.</em></p>
<p>Tras la carta de Anita el maharajá puso toda la logística a su disposición en un tiempo récord. Trasladó a toda la familia a París, les instaló en apartamentos separados, puso a su disposición a varios sirvientes y asignó a Anita una tutora inglesa, Miss Emily, que sería la encargada de velar por el cumplimiento de un exhaustivo programa de estudios: protocolo, inglés, francés, música, tenis, baile, dibujo, piano, equitación…</p>
<p>El padre advierte que Anita no saldrá de Europa sin un matrimonio previo, y el rajá se compromete a ello. Abandona el país por asuntos de estado y no volverá hasta seis meses después. Para su propia sorpresa y orgullo, la mujer que le recibe tiene la elegancia y los modales de una auténtica dama parisina. El enlace se celebra en la primavera de 1907 en la Mairie de París y, para cuando los príncipes parten de nuevo, en otoño a la India, donde Anita se enfrentará por primera vez a su país de adopción, la joven andaluza ya está esperando un hijo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>IMPRESIONES DE LAS INDIAS</strong></p>
<p>Anita Delgado tiene 23 años y lleva 6 años residiendo en Kapurthala cuando decide comenzar a anotar las impresiones de sus viajes. Es su propio marido quien le insta a ello, sabedor de que a su esposa le gusta llevar consigo sus propias anotaciones, para compartir sus vivencias en la India durante sus viajes a Europa. Jigangith Singh es un hombre de mundo, y, como tal, consciente del valor de la visión fresca que una europea pueda dar sobre su país. Anita jamás habría imaginado en publicar su colección de anécdotas, de no ser por el empeño que su marido pondría en hacerlo. La pequeña obra <em>Impresiones de mis viajes por las Indias </em>será publicada en Nueva York. Para entonces, Anita ya no lleva el nombre que le dieron al nacer. Es Prem Kaur, la amada del príncipe, el nombre indio con el que la bautizaron el día de su boda.</p>
<p>El libro, que abarca un espacio temporal de dieciocho meses, narra tres importantes viajes diplomáticos: el primero en 1913 por diferentes estados de Rasjputana, el segundo a Calcuta y Birmania, y el tercero, en 1914, al Deccán y Hyderabad. Está dividido en once relatos y cuenta con 16 fotografías que ilustran las narraciones en las que la autora muestra al lector las impresiones que una joven española percibe sobre un país y una cultura tan diferentes a las del lugar de donde ella proviene.</p>
<p>Anita describe su forma de viajar, casi siempre en tren, utilizando los vagones privados de la familia real de Kapurthala que en la mayoría de las estaciones son recibidos con honores, pero también en automóvil -impresionada por la calidad de carreteras y puentes- e incluso en <em>tonga</em>, silla de dos ruedas o <em>dandy</em>, silla de manos. Con los príncipes viaja su pequeño cortejo, así que cuando Anita afirma encontrarse en familia se refiere a un séquito de hasta 18 personas, entre escoltas, secretarios y edecanes, además de dos ayas para la princesa, y hasta siete personas más entre criados y cocineros.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA MIRADA INTELIGENTE</strong></p>
<p>Ante sus ojos extranjeros, las costumbres, las formas y las religiones de la tierra que la ha adoptado van sucediéndose en una mirada inteligente, tolerante y comprensiva, que nos demuestra que, en este período de tiempo, Anita ya ha recorrido el mundo. Habla de China, del Bois de Boulogne, de Egipto, al que se le asemeja la ciudad de Hyderabad, rodeada de dunas… Describe paisajes áridos o selváticos con tanto lujo de detalle que parece que sintamos el olor de las tormentas de arena o las lluvias torrenciales del monzón. Describe templos budistas, antiguos fuertes, mezquitas y palacios deteniéndose en cada detalle: el color de las cúpulas, su extraordinaria arquitectura, las esculturas en piedra de los templos o la delicadas celosías de los espacios dedicados a las mujeres, en palacio. Alaba el arte oriental que le seduce aún más con el confort europeo que tan bien ha aprendido a apreciar, y la exquisitez de los palacios donde son recibidos, con sus estatuillas de jade, sus escalinatas de mármol y sus lámparas de araña. Pero no olvida describir el bullicio de los mercados, los vendedores de velas para ofrendas, el olor de las flores en los templos, los pies descalzos de los peregrinos, los vendedores ambulantes o los niños mendigos que se les arraciman.</p>
<p>Conjuga la miseria y la riqueza como si se hubiera habituado rápidamente a las dos realidades de la vida.</p>
<p>La naturaleza tiene un hueco especial en sus descripciones: atardeceres mágicos, riqueza de colores, lagos plácidos que bordear, vegetación exuberante…La princesa se recrea en algunos paisajes que parecen sucederse acordes con su estado de ánimo. Y abunda en las costumbres de los soberanos locales que, en India y en un ambiente cortesano, tienen mucho que ver con la caza o los juegos para los que se emplean animales. Así, describe las cacerías de urogallos, abatidos a centenares, el <em>pigsticking</em>, juego introducido por los ingleses en que los participantes alancean a un jabalí, la caza desde la protección de una embarcación mientras los ojeadores acercan la presa a las orillas para ser abatidas, las luchas de animales, pantera contra jabalíes generalmente, en las que se apuestan importantes sumas de dinero, o la ficción de la caza natural, en la que los integrantes de la partida se sientan tranquilamente a ver que ocurre, cuando una pantera que lleva dos días sin comer es liberada entre un grupo de chacales. Su narración, bastante objetiva, apenas revela el disgusto que le produce ver el sufrimiento de los animales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA VISIÓN MUY RESPETUOSA</strong></p>
<p>La princesa de Kapurthala describe una cultura completamente ajena con admiración y un exquisito respeto. Así, revela las comidas con la mano, sentados descalzos sobre el suelo de la terraza, las vestimentas tradicionales, tanto de hombres como de mujeres, que llaman su atención, la predilección por el colorido y las joyas, con las que se siente plenamente identificada y que considera que proporciona a los ricos la seguridad de llevar sus bienes consigo, y a los más humildes al menos la alegría de verse adornados. Habla del rígido sistema de castas en la India y de los variados cultos, dioses y sistemas de creencias, otorgándoles a todos el máximo respeto, describiendo las ofrendas budistas, el dios protector Ganeh sobre las puertas o la <em>purdah</em>, la costumbre musulmana que prácticamente justifica que las mujeres vayan veladas para evitar los abusos de otros hombres.</p>
<p>Las mujeres ocupan una parte importante dentro de sus apreciaciones. Anita es consciente del privilegio que para una mujer supone el poder asistir, como invitada especial, a muchas de las escenas que tienen lugar frente a sus ojos. Como extranjera, tiene el privilegio de ser recibida en cortes donde impera un protocolo masculino y donde otras esposas de dignatarios no podrían ser recibidas, pero al mismo tiempo puede entrar en los espacios reservados a las mujeres, como los harenes o los apartamentos privados de las princesa. Lugares que describe minuciosamente, con su corte femenina, sus innumerables chiquillos, y las estancias y fuentes desde donde llevar una existencia regalada, pero sin asomar nunca al exterior. Describe los cánticos de los eunucos y el arte de los bailarines travestidos con una amplitud de miras que sorprende en una mujer de su época, y respeta las tradiciones locales aunque ella esté feliz al poder montar a caballo o jugar al tenis cuando así lo desee.</p>
<p>Todo le llama la atención en el mundo de la mujer: las bailarinas, cuyo colorido, movimiento y sensualidad la hechiza, quizá como recuerdo de una vida anterior; las avispadas vendedoras birmanas, espontáneamente sensuales, los pequeñísimos pies de las damas indias, las viudas niñas hindúes condenadas a una vida de soledad y servicio, y por supuesto la ancestral costumbre india de sacrificar a las viudas en la pira de sus maridos, de la que habla sin inmiscuirse en las creencias locales ni aplicar su juicio moral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL FIN DE UNA VIDA Y EL COMIENZO DE OTRA NUEVA</strong></p>
<p>Los textos terminan en 1914. En Hyderabad, su último destino, Anita y su marido se enteraron de los acontecimientos que darían lugar a la posterior primera guerra mundial. Quizá ese detalle ensombreciera un viaje, ya de pos sí un poco complejo por las excesivas atenciones que Anita había recibido del Nizán, el soberano local, cuya indiscreción con respecto a la primera dama de Kapurthala llevarían a la posterior ruptura de las relaciones entre ambos países. Quizá a Anita no le quedaran ya muchas ganas de seguir registrando sus impresiones por escrito, o quizá su reinado en el palacio de Kapurthala comenzara a declinar. Cuatro años después, su amada hermana Victoria moriría en el otro extremo del mundo y la amada del príncipe se divorciaría del maharajá para pasar a un segundo plano, convirtiéndose en una aristócrata oriental en la corte europea por cuyos eventos desfilaba en compañía de su hijo Ajit o su sobrina Victoria. Murió con 62 años, y jamás volvió a aquella India que comenzó a prepararse para su independencia del Imperio británico, pero fue la princesa “exiliada” de Kapurthala, culta, refinada, distinguida y deseada hasta el fin de sus días.</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Duque de los Abruzos. El madrileño que intentó llegar al Polo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/duque-de-los-abruzos-polo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 08:52:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
		<category><![CDATA[Zonas polares]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Pedro Páramo Bibliografía: Boletín 59 &#8211; El Ártico &#160; En el verano de 1900, el tercer hijo de Amadeo de Saboya, rey de España, intentó llegar antes que nadie [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Pedro Páramo</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-59-el-artico/">Boletín 59 &#8211; El Ártico</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>En el verano de 1900, el tercer hijo de Amadeo de Saboya, rey de España, intentó llegar antes que nadie al Polo Norte. Su expedición logró batir el record del momento al alcanzar el punto más septentrional de la Tierra, pero él sólo llegó hasta el final de la tierra firme y el principio de los hielos polares.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Luis Amadeo de Saboya, duque de los Abruzos, nació en Madrid el 29 de enero de 1873, y fue bautizado como príncipe en la capilla del palacio real pocos días antes de que su padre, Amadeo, renunciara al trono de España y regresara a su Italia natal. Todavía adolescente, ingresó en la Academia Naval de Livorno, donde adquirió sus primeros conocimientos sobre el mar y la navegación. Amante de la aventura, se inició en el alpinismo en el Mont Blanc, y en 1897 participó en la primera ascensión al monte San Elías, de 5.489 metros, entre el territorio del Yukon de Canadá y Alaska, lo que le valió la fama mundial entre los geógrafos y montañeros del momento. Dos años más tarde, se propuso abordar la conquista de una de las dos fronteras hasta entonces inaccesibles para el hombre en la Tierra y eligió intentar ser el primero en pisar el Polo Norte. Para ello movilizó todas sus influencias ante el gobierno italiano y la corte de su tío el rey Humberto I, sirviéndose de su prestigio como explorador. El audaz y patriótico proyecto de Luis Amadeo de Saboya fue muy bien acogido por la opinión de la joven Italia, que ya había iniciado su expansión colonial en África y buscaba hacerse un hueco entre las grandes potencias. En 1899 todo estaba a punto para que la expedición de los italianos intentara el asalto del Polo Norte.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>TRAS LOS PASOS DE NANSEN</strong></p>
<p>La carrera de la conquista del extremo norte del Globo había comenzado en la centuria anterior, y la experiencia enseñó que para lograrlo habría que deslizarse sobre la nieve y el hielo utilizando trineos. En el momento de partir la expedición italiana, el punto más septentrional alcanzado por el hombre estaba fijado en los 86º 14’ N, logrado por el explorador noruego Fridtjof Nansen en abril de 1895 con su barco <em>Fram</em>. Luis Amadeo de Saboya, que había investigado a fondo todas las expediciones polares realizadas hasta entonces, decidió seguir los pasos de Nansen, estudiando las etapas de su ruta, sus experiencias sobre las corrientes y los hielos, y sus indicaciones en lo relativo a los pertrechos e intendencia para los exploradores y sus perros.</p>
<p>El 12 de junio de 1899 el <em>Estrella Polar </em>de Luis Amadeo de Saboya salió del puerto de Cristianía, hoy Oslo, con 11 italianos marinos y guías alpinos y 9 noruegos expertos en la navegación por el Ártico, con edades comprendidas entre los 21 años del fogonero y los 47 del comandante noruego de la embarcación, Julius Evensen. Como segundo comandante de la expedición figuraba el teniente de navío Humberto Cagni, que se encargaría de las observaciones científicas, con la colaboración del también teniente de navío Francisco Querini y del médico de la Armada italiana Aquiles Cavalli Molinelli. El barco, un ballenero de 570 toneladas y un motor de 60 caballos, fue transformado para la expedición en una goleta de tres palos. Días antes de partir, el duque de los Abruzos visitó a Nansen en su casa de Lijsaker, quien le dio los últimos consejos para encarar la aventura. De acuerdo con estas indicaciones se cargaron en Noruega provisiones para cuatro años a base de galletas, manteca, carne envasada, pastas, arroz, vinos y licores, que fueron guardadas en cajas herméticas de 25 kilos. Para los perros que se incorporarían en el puerto ruso de Arcángel se cargaron raciones de pescado seco y bizcocho.</p>
<p>Los expedicionarios compraron botas de piel de foca de diferentes diseños, así como abundantes pieles de abrigo y tejidos de lana, sacos de dormir de lana y plumas, y dos tiendas de campaña por si la expedición tuviera que abandonar el barco. La bodega del Estrella Polar se llenó de carbón y cuatro enormes barricas con diez toneladas de petróleo cada una. La expedición estaba equipada también con armas y, naturalmente, con un amplio equipo para la navegación: sondas y aparatos para medir la fuerza de las corrientes y la temperatura y densidad de las aguas a diferentes profundidades, así como sextantes para el cálculo de las posiciones y distancias con los trineos. En cuanto a los estudios científicos disponía de instrumentos para el cálculo de posiciones y las relativas a la gravedad y el magnetismo terrestres, además de un completo equipo fotográfico.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>HACIA LA TIERRA DE FRANCISCO JOSÉ</strong></p>
<p>La última escala del <em>Estrella Polar </em>en tierra continental, tuvo lugar el 30 de junio en la localidad rusa de Arcángel. Allí se completó la expedición con 121 perros de distintas razas y diferentes procedencias, pero todos considerados entre los más idóneos para el arrastre de trineos en los territorios árticos. Con todo el equipo a bordo, el 12 de julio de 1899 la expedición partió del puerto ruso con el propósito de alcanzar el punto costero más al norte posible del archipiélago del Emperador Francisco José donde pasar el invierno, y de allí partir con trineos hasta el polo al término de la noche polar. Este archipiélago, descubierto por casualidad por una expedición austriaca en 1873, formado por 191 islas volcánicas, situado al noroeste del de Nueva Zembla y al este de las islas Svalbard, se halla a unos 1.000 kilómetros del Polo Norte. El 18 de julio el <em>Estrella Polar </em>se topó con la primera banquisa, un campo de hielo de grandes dimensiones movido por las corrientes, formado por témpanos sueltos y cuyo término no se alcanza a ver. Aun cuando no se pueda distinguir en las aguas, se puede detectar la presencia de la banquisa por el color del cielo, mucho más claro sobre ella por el reflejo del hielo. El día 20 los expedicionarios avistaron los vagos contornos de la isla de Northbrook, cubierta de nieve con algunos salientes oscuros, y vieron sobre las rocas grupos de focas y morsas cerca de las cabañas abandonadas por la expedición de Frederick George Jackson dos años antes. El 26 de julio, el <em>Estrella Polar </em>llegó a los hielos que marcaban el término de la zona navegable. En su búsqueda de un lugar apropiado donde invernar y preparar el asalto al Polo Norte, el 8 de agosto la embarcación de la expedición italiana alcanzó los 82º 4’ N en la isla del Príncipe Rodolfo, la más septentrional del archipiélago. Luis Amadeo de Saboya decidió entonces echar el ancla en la bahía de Teplitz, entre la costra de hielo costera y la banquisa que cerraba la bahía, para pasar allí el invierno.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LAS PENALIDADES DEL INVIERNO ÁRTICO</strong></p>
<p>Con temperaturas todavía superiores a los 0º, los expedicionarios exploraron la zona e hicieron abundantes anotaciones científicas, geológicas y de fauna y flora, y construyeron una cabaña para las jaulas de los perros. A los pocos días tuvieron que adrizar la nave porque escoraba a babor arrimada por la banquisa contra los hielos de la costa. La temperatura ya alcanzaba en las noches los -10º. Los vientos helados empujaban el barco aprisionado y la vida se hizo imposible a bordo por la escora. El 8 de septiembre la presión de los hielos abrió una ancha vía de agua, y los expedicionarios abandonaron el barco para montar el campamento invernal formando dos cabañas, una dentro de la otra, con varios recintos aislados para defenderse del frío, que ya alcanzaba en algún momento los -16º. Los víveres, las herramientas, el combustible, los diferentes aparatos y los trineos fueron trasladados unos 150 metros al interior de la costa. Mientras las noches se alargaban en otoño, llegaron las ventiscas y las nieblas a la vez que las temperaturas bajaban con rapidez. El tiempo transcurría para los expedicionarios explorando el terreno, estudiando los vientos y los movimientos de los hielos, entrenando a los perros, y aprestando los equipos de los trineos y los cayucos de lona. Antes de que el frío fuera insoportable, mataron 34 osos que habían acudido curiosos a la proximidad de las cabañas. Su carne sirvió para alimentar al campamento, la mayor parte fue para los canes, pero <em>“también comimos su carne</em>; -anotó en su diario Luis Amadeo de Saboya- <em>el corazón, la lengua y los riñones los encontrábamos sabrosos, lo demás no llegó a gustarnos”</em>.</p>
<p>En la larga noche polar, el duque de los Abruzos y su gente estudiaron el plan de ataque al Polo Norte con los trineos, y llegaron a la conclusión de que debían partir de la bahía de Teplitz el 15 de febrero, cuando los hielos eran más gruesos, para regresar al campamento entre el 15 y el 20 de mayo antes de que se fundiesen. Pero Luis Amadeo de Saboya no formaría parte de la expedición final. Durante una de las excusiones exploratorias en la víspera de Nochebuena, había sufrido la congelación de dos dedos de la mano izquierda y el médico tuvo que amputarle las falanges del anular y el corazón el 18 de enero. <em>“Con los dedos operados </em>-escribió el duque de Abruzos- <em>habríame sido imposible servirme de la mano, y, por otra parte, mi estado hubiera requerido curas diarias imposibles de hacer en una marcha”.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>LA EXPEDICIÓN SOBRE EL HIELO EN BUSCA DEL POLO</strong></p>
<p>Tras un intento fallido, el 11 de marzo partió la expedición abordando la banquisa situada al norte de la isla del Príncipe Rodolfo, bajo el mando del teniente de navío Humberto Cagni, dividida en tres grupos, dos de ellos destinados a servir de apoyo logístico al tercero que intentaría alcanzar el Polo Norte. El primer grupo-lanzadera, con provisiones para 30 días, lo formaba el también teniente de navío Francisco Querini, el maquinista noruego Henrik Alfred Stökken y el guía Félix Ollier; el segundo, con provisiones para 60 días, estaba integrado por el doctor Aquiles Cavalli Molinelli y los marineros Jacobo Cardenti y Simón Canepa; el tercero, con provisiones para más de tres meses, estaba encabezado por Cagni acompañado por los guías José Pertegax y Alejo Fenoillet. La expedición contaba con 13 trineos y 104 perros. El retraso provocado por el fracasado primer intento convertía las etapas previstas en una carrera contrarreloj, porque más allá de los últimos días de mayo el deshielo ártico podía hacer imposible el regreso sobre los hielos hasta el campamento. Los expedicionarios se internaron en la banquisa helada con temperaturas entre -15º y -30º. Sabían que a partir de ese punto no encontrarían trazas de vida que les ayudaran en su supervivencia. Las raciones diarias para los hombres y los perros se establecieron por el doctor Cavalli siguiendo el patrón deducido de las experiencias de Nansen. A los hombres se les asignaron 1.265 gramos de alimentos variados. La ración de los perros constaba de medio kilo de pemmican, carne pulverizada, con una cantidad igual o mayor de grasa de buey, que en pequeñas proporciones también formaba parte de las raciones de los expedicionarios. El equipo de abrigo de cada uno de los exploradores pesaba tres kilos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA LARGA NOCHE POLAR</strong></p>
<p>En los primeros días avanzaron con lentitud. Por un lado, el clima, los fuertes vientos, la nieve seca y dura y las nieblas los castigaron con severidad; el suelo, por otro lado, sembrado de <em>hummocks</em>, bloques de hielo más o menos altos levantados por la presión que los campos de hielo ejercen unos contra otros, y la aparición de grietas y canales en la banquisa, dificultaron en grado extremo el avance hacia el norte. Además, el suelo flotaba y la medición de las distancias resultaba muy problemático. En ocasiones los cálculos de lo recorrido sobre el hielo siempre hacia el norte resultaban engañosas. Al tomar las medidas con el sextante, descubrían que no avanzaban, que incluso se estaban alejando del Polo por causa de los vientos y las corrientes que arrastraban a la banquisa en distintas direcciones. Durante la noche el frío, inferior a los -30º, convertía en hielo las ropas y los sacos de dormir. Acampados al abrigo de un <em>hummock </em>, durante las noches escuchaban en las tiendas el estruendo que producían los choques de los hielos que amenazaban con sepultarlos o ser tragados por profundas grietas. Con el paso de los días, la fatiga se dejaba notar entre los expedicionarios, obligados muchas veces a cavar en el hielo, ayudar a los perros en el arrastre de los trineos y dormir poco y mal. Según lo previsto, a los 12 días de marcha el primer grupo de apoyo dejó la expedición para llegar al campamento en los primeros días de abril. Pero los días pasaban y el grupo de Querini no aparecía. El paso del tiempo sin noticias de sus componentes hizo pensar a Luis Amadeo de Saboya que toda la expedición podría haber sufrido algún daño irreparable. El segundo grupo, que había iniciado el retorno el 31 de marzo, llegó al campamento el 18 de abril “en condiciones de salud inmejorables”, según el testimonio del duque de Abruzos. Pero la vuelta del segundo grupo antes que el primero encendió todas las alarmas entre los que habían quedado en la bahía de Teplitz. ¿Qué suerte habían corrido los del primer grupo de apoyo?. Luis Amadeo de Saboya ordenó entonces expediciones por la costa, por las banquisas más cercanas e incluso por algunas de las islas más próximas, pero no hallaron ningún rastro de su paradero.</p>
<p>Entretanto, el 25 de abril, ante las dificultadas, y superada la fecha para iniciar su retorno a Teplitz, el capitán Humberto Cagni decidió abandonar la empresa y volver con sus hombres al punto de partida. Habían alcanzado los 86º 34’ N, el punto más septentrional logrado hasta entonces por el hombre. Los perros que quedaban estaban muy cansados; algunos habían sido sacrificados para alimentar a los supervivientes; la tienda de campaña “ya está cayéndose a pedazos” contó Cagni en su diario, y el temor a que el deshielo hiciera imposible el regreso se impuso sobre la incierta aventura de llegar vivos al Polo Norte. La temperatura era de -35º y, mirando al norte, el capitán italiano escribió: <em>“más allá, sobre el nítido horizonte, divísase entre levante y poniente una especie amurallada, de color azulado, que, desde lejos, parece inaccesible. Es nuestro ‘¡Terrae ultima thule!’”</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN ÉXITO CON PÉRDIDAS DOLOROSAS</strong></p>
<p>Después de dejar sobre la nieve tres pequeños canutos herméticamente cerrados con cera como prueba de su presencia allí, la expedición emprendió dio la vuelta. <em>“Fuertes corrientes heladas y falta de víveres hicieron difícil y penoso el regreso de este grupo; el cual, habiendo tenido que alimentarse durante varias semanas con carne de perro, llegó a la cabaña el 23 de junio, después de haber pasado 104 días sobre el pack (banquisa)” </em>relató el duque de Abruzos en su informe para su primo el rey Víctor Manuel III, que había heredado el trono al ser asesinado Humberto I en Monza en el transcurso de la expedición. El 16 de agosto de 1900 el <em>Estrella Polar </em>abandonó la bahía de Teplitz sin los tres desaparecidos: Querini, Ollier y Stökken. El duque de los Abruzos abandonó allí todo el equipo no necesario y víveres para alimentar durante un año a veinte personas, 4 perros y dos perras con dos cachorros que habían nacido en el invierno, con la esperanza de que los desaparecidos encontraran en algún momento el campamento. En distintos lugares de las islas del archipiélago del Emperador Francisco José dejaron para los desaparecidos depósitos visibles conteniendo cartas con la promesa de enviar una nave de socorro en el verano siguiente. El 5 de septiembre, desde el Estrella Polar divisaron las cumbres de los montes de Noruega: la expedición había terminado con tres desaparecidos y el récord de haber llegado más al norte que nadie.</p>
<p>El explorador italomadrileño Luis Amadeo de Saboya continuó su vida de aventuras. En 1906 organizó una expedición a las montañas Rwenzori, en Uganda, donde escaló 16 de sus más altas cumbres; hoy una de ellas lleva su nombre. Tres años más tarde intentó sin éxito conquistar el K2 en el Karakorum, donde una vía de ascenso se conoce como la ruta de Abruzos. Combatió en le guerra italo-turca (1911-1912) y en la Primera Guerra Mundial. Sus últimos años los vivió explorando y fundando poblados en la Somalia italiana, donde murió el 18 de marzo de 1933.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>Tres frailes naturalistas españoles en la América Virreinal</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/tres-frailes-en-america/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 08:41:49 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Elisabeth Eguía, Eugenio Fernández Sánchez, Javier M. Fernández-Rico, Antonio Martínez Mozo y César Pollo Mateos, del CLUB DE FAUNA de la SGE Bibliografía: Boletín 58 &#8211; La Geografía del [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Elisabeth Eguía, Eugenio Fernández Sánchez, Javier M. Fernández-Rico, Antonio Martínez Mozo y César Pollo Mateos, del CLUB DE FAUNA de la SGE</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-58-la-geografia-del-siglo-xxi/">Boletín 58 &#8211; La Geografía del siglo XXI</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Suele considerarse que la conquista española del continente americano estuvo dominada por dos preocupaciones: los metales preciosos y la necesidad de evangelizar a los indígenas. Así, los españoles habrían vivido de espaldas a esos vastos espacios desde las altas mesetas del oeste norteamericano hasta las ventosas estepas patagónicas.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La realidad no es tan simplista y hubo hombres que recorrerían polvorientos caminos para erigir endebles parroquias y llevar la palabra de Dios a ignotas comunidades indígenas. Hablaremos aquí de tres de esos hombres. Hombres que se sirvieron de su cotidiano contacto con las poblaciones naturales, y, absorbiendo sus conocimientos sobre geografía y naturaleza, observaron, reflexionaron y tomaron conciencia de una naturaleza que se les estaba revelando. Tomaron cálamo y papel y escribieron sus observaciones y reflexiones, difundiendo ese conocimiento por la Europa de su tiempo. Podemos reivindicarlos con todo derecho como hombres que contribuyeron al conocimiento geográfico, etnográfico, botánico y zoológico de América. Como Club de Fauna, vamos aquí a destacar sus aportaciones al conocimiento zoológico de la fauna americana.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UN PROCÓNSUL DE IGNACIO DE LOYOLA EN TIERRAS DEL INCA</strong></p>
<p>José de Acosta (1540-1600) fue un misionero jesuita que nació en Medina del Campo. Estudió en varios colegios de la Compañía de Jesús en Castilla, especialmente el de Alcalá de Henares, entre 1559 y 1567.</p>
<p>En 1571, partiría hacia las Indias. Salió de Sanlúcar de Barrameda rumbo a La Española, donde pasó un año fogueándose como misionero. En 1572, llega a Lima, donde se desempeña como lector y predicador del Colegio de la Compañía, poniendo de manifiesto sus dotes de oratoria y elocuencia. Realiza tres viajes por el interior del Virreinato: en 1573-1574, 1576-1577 y 1578. A través de estos viajes toma conciencia de la naturaleza de Perú, así como las condiciones de vida de los indios en las minas de Huancavelica y Potosí. Aprende el quechua y, a través de él, conoce su cultura e historia. En 1576 alcanza el cénit de su carrera al ser nombrado Provincial del Perú. Tras su experiencia indiana, Acosta regresó a España en 1587, donde fue nombrado rector del Colegio de Valladolid, del de Salamanca y visitador de Aragón y Andalucía. Publica entonces (1590) la obra que aquí nos ocupa: <em>“Historia Natural y Moral de las Indias”</em>. Fallece en Salamanca a los 59 años de edad.</p>
<p>Su <em>Historia Natural y Moral de las Indias, en que se tratan las cosas notables del Cielo, elementos, metales, plantas y animales dellas; y los ritos y ceremonias, leyes y govierno y guerras de los indios </em>es un ejemplo de obra magna, a la manera de la de otros sabios naturalistas como Athanasius Kircher o Alexander von Humboldt. La obra se divide en siete libros y cada uno de ellos en capítulos, que facilitan su lectura. Trata de Astronomía y Meteorología, Hidrología y Geografía, Antropología, movimientos sísmicos y vulcanismo, recursos metalíferos -algo decisivo en la época- y su extracción, y sobre recursos alimenticios, verduras y frutas que, a día de hoy, nos siguen resultando exóticas.</p>
<p>En el quinto libro nos habla sobre los Indios y, en el sexto, en un alarde de bonhomía, se estipula que <em>es falsa la opinión de los que tienen a los Indios por hombres faltos de entendimiento</em>.</p>
<p>Es al final del libro cuarto, entre los capítulos XXXIII y XLI, donde Acosta trata la fauna de las Indias, aspecto que se va a resumir.</p>
<p>Acosta distingue la fauna introducida por los españoles, la propia de las Indias y la compartida entre las Indias y Europa. En cuanto a ésta última, Acosta incluye <em>leones, tigres, osos, jabalíes, zorras y otras fieras y animales silvestres</em>, aunque no parece entender que aparezcan en ambos lugares, ya que <em>pasar a nado el océano es imposible. </em>Termina admitiendo con candidez: <em>conforme a la divina Escritura, todos estos animales se salvaron en el arca de Noé, y de allí se han propagado en el mundo, </em>con lo que cierra provisionalmente el círculo que, siglos más tarde, reabriría Alfred Wegener con su teoría de la deriva continental.</p>
<p>Los leones <em>no son bermejos, ni tienen aquellas vedijas con que los acostumbran pintar. </em>Se refiere al puma o león americano, <em>Puma concolor</em>, Los tigres, sin embargo, son mucho más <em>bravos y crueles, y maculosos </em>(con manchas). Se trata del jaguar, <em>Panthera onca</em>, que se caracteriza por sus manchas en forma de rosa. Es habitual que se llame “tigre” en toda Hispanoamérica. La tercera categoría es la fauna autóctona, de la que nuestro jesuita se maravilla al no entender que, si todos los animales salieron del Arca de Noé tras el diluvio y, <em>si los carneros del Perú y los que llaman pacos y guanacos no se hallan en otra región del mundo, </em><em>¿quién los llevó al Perú?, ¿o cómo fueron? Pues no quedó rastro de ellos en todo el mundo; y si no fueron de otra región, ¿cómo se formaron y produjeron allí? ¿Por ventura hizo Dios nueva formación de animales? </em>Estas agudísimas preguntas volvería a hacérselas más adelante Charles Darwin tras su viaje en el <em>Beagle</em>.</p>
<p>También se describen los animales de monte: los crueles <em>porquezuelos</em>, con sus colmillos como navajas (se refiere a un pariente americano de los cerdos: los pecaríes, <em>Pecari tajacu</em>), o los armadillos: <em>yo he comido de ellos: no me pareció cosa de precio.</em></p>
<p>De toda la fauna que Acosta describe en esta obra, la que más despierta su admiración es la familia de camélidos andinos: la llama o <em>carnero de las Indias </em>que, según explica, <em>es el animal de mayores provechos y de menos gasto de cuantos se conocen. </em>Distingue dos tipos de llamas: el <em>paco </em>o <em>carnero lanudo </em>(posiblemente una alpaca) y el <em>carnero raso</em>, de poca lana, más apto para la carga.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL ENFERMERO DE OAXTEPEC</strong></p>
<p>El aragonés Francisco Ximénez de Luna, natural de la villa de Luna, en Zaragoza, se debatía entre servir a Dios o servir a los hombres. El doctor Nicolás León, en su edición de <em>Los cuatro libros de la Naturaleza</em>, Morelia, México, 1888, afirma que Francisco Ximénez estuvo recorriendo España e Italia, antes de embarcarse a las Indias.</p>
<p>En 1605 llega a Nueva España, donde en 1612 realiza su profesión en la Orden de Santo Domingo. Datos que no se han podido contrastar. Lo que sí hemos podido comprobar es que un tal Francisco Jiménez aparece en el año 1603 en la lista de pasajeros del barco <em>Alonso Gómez</em>, que llevaba una expedición de religiosos dominicos con destino a Nueva España, bajo la jefatura del procurador Antonio Gil Negrete. Por tanto, Fray Francisco ya habría profesado en España. Los dominicos viajaban a Indias en expediciones organizadas. Los religiosos se reunían en los puertos de Sevilla o Cádiz hasta que se completaba el número de los expedicionarios y, bajo la dirección de un procurador, se iniciaba la travesía que, en el caso de Nueva España, tenía como destino Veracruz.</p>
<p>Su destino fue encargarse del Hospital del Convento de Oaxtepec, en el actual estado mexicano de Morelos. Oaxtepec era un lugar conocido ya en los tiempos aztecas. Se trata de un pequeño paraíso, situado al sur de la Serranía de Ajusco, y dotado de un clima suave, bosques, fuentes y manantiales sulfurosos. Moctezuma hizo de Oaxtepec un centro medicinal: mandó plantar un verdadero jardín botánico de diversas plantas curativas y aromáticas. Pronto se hizo famoso por sus médicos, sus brujos, herbolarios y agoreros. Y pronto Oaxtepec llamó la atención de Hernán Cortés. Tal como escribía a Carlos I: <em>“Llegamos a Guastepeque, la cual huerta es la mayor y más hermosa y fresca que nunca se vio, porque tiene dos leguas de circuito, y por medio de ella va una muy gentil ribera de agua: y de trecho en trecho, cantidad de dos tiros de ballesta, hay aposentamientos y jardines muy frescos, e infinitos árboles de diversas frutas, y muchas yerbas y flores olorosas, que cierto es cosa de admiración ver la gentileza y grandeza de toda esta huerta”</em></p>
<p>Fray Francisco hacía algo más que dirigir el hospital. Leía, anotaba y reflexionaba sobre un manuscrito que, <em>“por extraños caminos” </em>había caído en sus manos. Se trataba de una <em>“Historia Natural” </em>que, sobre Nueva España, había escrito el doctor Francisco Hernández. Era un encargo del rey, en 1570, a Francisco Hernández para recoger información sobre plantas útiles, animales y minerales de aquella tierra. El viaje se convirtió en una dura prueba de siete años. Pero la tradicional desidia hispánica hizo que todo su trabajo reposara en un estante del Monasterio de El Escorial sin ser publicado. Pero varios manuscritos quedaron en Nueva España.</p>
<p>Uno de esos manuscritos llegó al Convento de Oaxtepec por desconocidas circunstancias. Cuando Fray Francisco empezó a leerlo se dio cuenta de varios errores en la nomenclatura de ciertas plantas medicinales que él conocía. Y decidió, apoyándose en su experiencia y sus conversaciones con los indígenas, revisar, corregir y aumentar la obra de Hernández. Consiguió publicarla en 1615, con sus aportaciones que sumaban 13 capítulos extra. El título completo de la obra era: <em>Cuatro libros de la Naturaleza y virtudes de las plantas y animales que están recibidos en el uso de la Medicina en la Nueva España.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p>He aquí un pequeño resumen de los animales más notables que menciona:</p>
<p><strong><em>Ayatochtly</em></strong></p>
<p><em>Que quiere decir conejo con concha de tortuga y que en español se conoce como armadillo. Es descrito como un perro de tamaño pequeño, con unas láminas duras como la concha de una tortuga, con pezuñas como los del erizo terrestre.</em></p>
<p><strong><em>Themacuilcahuya</em></strong></p>
<p><em>Cierto género de lagarto. Tiene la cola larga y las patas cortas, la lengua que mueve de un lado al otro, bermeja, partida en dos, cubierto el cuerpo por un cuero duro con pintas pequeñas leonadas y blancas. </em>Se trata del “Monstruo de Gila” <em>Heloderma suspectum, que tiene mordedura venenosa.</em></p>
<p><strong><em>Acuitzpalin</em></strong></p>
<p><em>Lo que llaman cocodrilos o caimanes, que viven en muchas lagunas de Nueva España, estanques y otras aguas</em>. México es uno de los países donde coexisten caimanes, con una especie: Caiman crocodylus, y cocodrilos: Cocodrilo de Río <em>(Crocodylus acutus</em>) y el Cocodrilo de Pantano <em>(Crocodylus moreletii)</em>.</p>
<p><strong><em>Axolotl</em></strong></p>
<p><em>Un tipo de pez que se encuentra en las lagunas, tiene cuatro patas como una lagartija. El vientre pintado con unas manchas grises, con una cola larga, nada con cuatro pies terminados en cuatro dedos semejantes a los de las ranas. A quien lo come, provoca lujuria. Semejante a la carne de anguila, suelen comerse fritos, asados o cocidos, con pimienta, clavo, con chile. </em>Aunque se describe como “pez”, en realidad el ajolote <em>Ambystoma mexicanum </em>es un anfibio emparentado con las salamandras y tritones. Es endémico de las lagunas de México.</p>
<p><strong><em>Yhuana</em></strong></p>
<p><em>Un tipo de lagarto que los habitantes de La Española llaman yhuana y lo mexicanos Qiauhcuetzpalin. Se duda si es carne o pescado, porque habita tanto en el agua como en tierra, como las tortugas. </em>Se trata de la conocida <em>Iguana iguana</em>, ampliamente distribuida por América.</p>
<p><strong><em>Lobos marinos</em></strong></p>
<p><em>Hay una gran cantidad en ambos océanos de Nueva España. Es un animal muy fiero y enemigo de los tiburones con quien no se atreven, salvo que sean muchos contra un solo lobo marino. </em>La referencia a los dos océanos testimonia la presencia de la foca monje del Caribe <em>Neomonachus tropicalis </em>extinguida en 1952. En el Pacífico son abundantes los otarios <em>Zalophus </em>y los elefantes marinos <em>Mirounga angustirostris.</em></p>
<p><strong><em>Gatos paules</em></strong></p>
<p><em>Que llaman otzumetli. Se encuentran en las tierras calientes de Nueva España, tienen la cabeza casi como la de los perros, quieren a sus crías al extremo, se mueven de árbol en árbol, pasan los ríos cogidos de las colas. Tiene una sola cría que cuidan con extraordinaria piedad y amor, las crían en las altas cumbres de los montes. </em>En español, se hacía la distinción entre monas, o sea, simios sin cola, y gatos paúles, o simios con cola.</p>
<p><strong><em>Tapayaxin</em></strong></p>
<p><em>Lo que los españoles llaman Camaleón. Una especie de lagartija, pero con el cuerpo redondo y liso. Tiene la cabeza muy dura y horrible por las puntas que tiene dispuestos con forma de guirnalda. Tiene una cosa muy notable y única, y es que apretándole los ojos y lastimándoselos echa por ellos unas gotas de sangre hasta dos y tres pasos de distancia. Es el lagarto espinoso mexicano Phrynosoma orbiculare.</em></p>
<p><strong><em>Teuchtlacoçauhqui</em></strong></p>
<p><em>La señora de las serpientes. Es una fiera atroz que los españoles por ser su mordedura mortal llaman víbora. </em>Es inequívoco que se está describiendo aquí una de las especies de la serpiente de cascabel: <em>El mismo número de años que tiene la serpiente corresponde al número de cascabeles que le nacen en la parte posterior de la cola.</em></p>
<p><strong><em>Yzqviepatli</em></strong></p>
<p><em>Que nosotros llamamos zorrillo. Tiene casi dos palmos de largo, el hocico delgado y las orejas pequeñas, el cuerpo negro y con pelo, principalmente cerca de la cola, que es larga y cubierta de un pelo blanco y negro como la misma espalda. </em>Se está describiendo a la mofeta, uno de los mustélidos (familia de las comadrejas) más notables de Norteamérica: <em>Además, todo él tiene un mal olor y su orina y el estiércol huele como ninguna otra cosa en el mundo por lo que cuando se encuentra en peligro basta con orinar o expeler las heces para librarse de cualquier cosa porque nadie se acercará a menos de seis u ocho pasos.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>VOLCANES Y QUETZALES. LA FASTUOSA NATURALEZA GUATEMALTECA</strong></p>
<p>Fray Francisco Ximénez de Quesada está considerado como uno de los más importantes historiadores dominicos del siglo XVIII. Su obra tiene como objetivo un honesto interés por conocer y valorar la cultura indígena de Guatemala. Nació en Écija, en 1666 y desde pequeño mostró vocación religiosa, por lo que al término de sus estudios ingresa en la orden de los dominicos, y se traslada a América, donde fue párroco en varias localidades de Guatemala, como Chichicastenango, entonces Santo Tomás de Chuilá. El viaje desde España no era fácil. Había que realizar el recorrido marítimo entre Sevilla/Cádiz y Veracruz. Luego había que ganar Ciudad de México y, desde la antigua capital azteca, se tomaba el camino hacia Chiapa de Corzo para tomar el denominado Camino Real hasta Ciudad de Guatemala, conocido desde tiempos aztecas, y que servía para el intercambio del cacao de las Tierras Calientes por la obsidiana y jade guatemaltecos. Allí, Fray Francisco aprendería las lenguas mayas, quiché, cakchiquel y tz’utujil. Moriría en la Antigua Guatemala en 1723.</p>
<p>A principios del siglo XVIII, mientras ejercía como cura en la actual población de Santo Tomás Chuilá, hoy Chichicastenango (Guatemala), descubrió y tradujo el <em>Popol Vuh</em>, el libro sagrado de los quichés, considerado el libro nacional de Guatemala.</p>
<p>Como muchos otros misioneros, plasmó sus experiencias viajeras en una detallada descripción etnográfica y naturalista del país: <em>“La Historia natural del Reino de Guatemala” </em>(1722). El libro describe la flora y fauna de Guatemala y anota las propiedades de plantas y animales, su aprovechamiento medicinal e industrial, así como las creencias indígenas. Nos hemos basado para su estudio en la edición de 1967.</p>
<p>Destacaremos aquí las especies animales más notables mencionadas en su obra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong><em>Los animales</em></strong></p>
<p>Destaca de entre ellos la <strong><em>danta</em></strong><em>, que se asemeja al elefante. Se cría en las montañas más altas. Feroz e indómito, no se domestica. </em>Se refiere al tapir centroamericano <em>Tapirus bairdii</em>, un pariente de los caballos y rinocerontes.</p>
<p>Describe la <strong><em>cibola</em></strong><em>, que en un principio se tomó por gran toro o vaca, pero sin duda pertenece a otra especie de animal. Es de hechura del ganado vacuno y tiene cuernos, pero de pelo tan crecido y espeso, que su piel sirve de colchón para los caminantes, sin necesitar de más cama. </em>Es ésta una referencia notable. Los españoles llamaban “cíbolo” al bisonte americano Bison visón, que en Centroamérica estaba extinguido. ¿Tuvo noticias Fray Francisco de poblaciones supervivientes en el Reino de Guatemala?</p>
<p>Habla del <strong><em>lobo</em></strong>, <em>que aquí llaman coyote, y es muy común. Es animal sumamente desvergonzado y atrevido.</em></p>
<p>Los <strong><em>erizos </em></strong><em>son parecidos a los de Europa, aunque con las puntas algo amarillas, y sacudiéndolas llenan las bocas de los perros de ellas. </em>Los “erizos”, que no existen en América, son los puercoespines de la familia Erethizontidae, que son roedores.</p>
<p>De los <strong><em>monos</em></strong><em>, todos ellos poseen cola. Son domesticables y aprenden muchas cosas. Otros, con barbas muy largas y se les hincha mucho la garganta cuando gritan. </em>Es seguro que el mono que grita es el mono aullador <em>Alouatta</em>.</p>
<p><em>Del animal que aquí llaman </em><strong><em>tigre</em></strong>, narra que hay dos géneros, <em>y el más común es grande. </em>Los dos géneros de “tigre” se refieren, el grande, al jaguar <em>Panthera onca </em>y el pequeño el ocelote <em>Leopardus pardalis </em>o el tigrillo <em>Leopardus tigrinus</em>.</p>
<p><em>Al animal que en España se llama comadreja, aquí la llaman </em><strong><em>cux</em></strong><em>, y es muy parecida. Es mayor que la rata más grande, entra por cualquier hueco y mata a las gallinas. </em>Aquí se hace referencia a la zarigüeya <em>Didelphis virginiana.</em></p>
<p><strong><em>Las culebras</em></strong></p>
<p><em>En Guatemala hay tantas que son innumerables. De entre ellas, destaca la que comúnmente llaman </em><strong><em>Mazatcuat</em></strong><em>, que en mejicano significa culebra de venados, porque llega a tener un tamaño tan considerable que puede llegar a ser como un buey. </em>Es la <em>Boa constrictor </em>que hoy recibe el nombre de <em>“mazacuata”</em>.</p>
<p><strong><em>Las aves</em></strong></p>
<p>Destaca una de las aves más hermosas que existe en América: el <strong><em>queçal</em></strong>, <em>Es como una paloma verde, con tonos azules y encarnados y tiene como una corona en la cabeza, que asemeja una diadema que lo embellece. </em>El espectacular quetzal, preciosa ave nacional de Guatemala, sólo en ese país tiene siete especies. Pertenece al género <em>Trogon</em>.</p>
<p>También habla sobre el <strong><em>tecolote</em></strong>, <em>ave nocturna a la que los indios maltratan ya que dicen que es mensajera del infierno. </em>Es el nombre que en Centroamérica se le da a los búhos.</p>
<p><strong><em>Los peces</em></strong></p>
<p>A destacar el <strong><em>manatí</em></strong>, <em>de tamaño de un ternero de año, siendo su cabeza muy similar a este último. De cola ancha, llega a las orillas a comer hierba, como los bueyes. </em>Llama la atención la inclusión del manatí, un mamífero, dentro del grupo de los peces.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Menciona también las <strong><em>tortugas</em></strong>, muy numerosas y diversas. <em>Ponen sus huevos todos juntos en la arena y luego los tapa, y allana el suelo para que no se note. </em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Pepita de Oliva, la bailarina viajera</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/pepita-de-oliva/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 08:24:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Eva Díaz Pérez Bibliografía: Boletín 57 &#8211; Las islas &#160; Revolucionó los teatros de Europa, provocó la pasión de los espectadores, impuso modas y, después de una escandalosa historia [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Eva Díaz Pérez</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-57-las-islas/">Boletín 57 &#8211; Las islas</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Revolucionó los teatros de Europa, provocó la pasión de los espectadores, impuso modas y, después de una escandalosa historia de amor, se convirtió en la abuela de la mujer que inspiró a Virginia Woolf. En algunas tiendas de anticuarios aún hoy se puede encontrar alguna de las muñecas con castañuelas que se popularizaron con el nombre de Pepita de Oliva, una muchacha pobre que había nacido en el barrio del Perchel en la Málaga de 1830 y que fue una de las bailarinas más célebres de su época.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Josefa Durán y Ortega, conocida popularmente como Pepita de Oliva “la Estrella de Andalucía” (1830-1871), pertenece a esa saga de mujeres que triunfaron en Europa con la fiebre de los bailes españoles. La popularidad de España como destino de los viajeros del Norte durante el Romanticismo hizo que estas danzas y la moda de lo meridional provocaran la curiosidad en Europa. Los paisajes exóticos de soles salvajes, los monumentos de pasado medieval y el orientalismo, y los pintorescos personajes del país fascinaban a los viajeros. Los forasteros buscaban su aventura española. Su pasión española. Dispuestos a caer rendidos en los brazos de apasionadas mujeres, se preparaban para peligrosos recorridos por la España profunda, amenazados por bandoleros y contrabandistas en las sierras escarpadas de Despeñaperros o en los caminos de Ronda.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PASIÓN ESPAÑOLA</strong></p>
<p>La moda española crea furor en Francia cuando la granadina Eugenia de Montijo se casa con Napoleón III y se convierte en emperatriz de Francia. En Inglaterra los viajes de Richard Ford y los dibujos de él y de su esposa Harriet ataviados con trajes españoles provocan fascinación. Así, triunfan las basquiñas de satén, los volantes de encaje negro, los amplios escotes realzando el pecho, las mantillas, las cinturas imposibles ‘gracias’ a las torturas del corpiño, y los cabellos recogidos y entrelazados con una flor que se convierten en la marca española. Es la moda que llevarán las bailarinas que popularizan las danzas españolas y que las mujeres de toda Europa intentarán copiar. Los caballeros se conformaron con admirar las bellezas meridionales desde el palco de los teatros.</p>
<p>Pepita de Oliva fue una de aquellas hermosas bailarinas españolas que recorrió los escenarios de Europa con gran éxito. Otra célebre artista fue Petra Cámara, a la que el mismísimo Gautier elogió en uno de sus poemas, Emaux et Camées. También ocurrió con Lola de Valencia, que aparece en una cuarteta de Baudelaire y fue pintada por Manet, el artista que amaba todo lo español. Y Dolores Serral, Manuela Perea, llamada La Nena, o Josefa Vargas, que fueron aclamadas en Londres y París. Otra de esas musas españolas fue Adela Guerrero, a quien Courbet inmortalizó en un lienzo. El arte las salvó de las modas pasajeras de su siglo. Tanta fama tuvo la danza española que incluso muchachas que no eran españolas se convirtieron en afamadas bailarinas, como ocurrió con la irlandesa Lola Montes y la austriaca Fanny Elsser, que incluso aprendió a bailar la cachucha, un baile que se había inventado en el Cádiz asediado por las tropas napoleónicas, durante la Guerra de la Independencia, y que ella popularizaría en América. O Marie Guy Stéphan, la francesa que se hizo célebre interpretando las boleras de Cádiz, y que realizó una gira por España, entre 1846 y 1848, con los aires andaluces que se habían reinventado en los escenarios franceses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA HUELLA DE LA BAILARINA POR TODA EUROPA</strong></p>
<p>En las vitrinas de algunos museos y en las páginas de álbumes del pasado aún podemos ver grabados de Pepita de Oliva en los que aparece bailando la cachucha o la danza llamada Olé. Pepita de Oliva fue sin duda la más grande y popular de todas las bailarinas españolas. También fue una gran viajera que recorrió toda Europa, desde los países escandinavos hasta el sur del continente, pasando por Francia, Inglaterra o Alemania, donde August Conradi, autor del <em>Berliner Couplet </em>y de óperas, vodeviles y farsas, le dedicó la <em>Pepita Oliva Polka</em>; y Johan Strauss hijo compuso la polca <em>Pepita (Polka-Pepita, opus 138)</em>, que precisamente se interpretó en el pasado Concierto de Año Nuevo en Viena.</p>
<p>Viena y las ciudades del imperio austrohúngaro fueron otros grandes destinos de Pepita de Oliva. Ese mundo decadente  hermoso, del viejo imperio que languidecía con elegancia en los fabulosos salones, acogió a la bailarina española con entusiasmo. La viajera-bailarina recorrió todo el imperio para bailar en los más importantes teatros desde Viena a Budapest pasando por Praga o Brno. Imaginamos a Pepita de Oliva mirando asombrada por la ventanilla de su carruaje los fabulosos paisajes de bosques, pueblos y valles junto al Danubio, que atraviesa para cumplir con sus compromisos escénicos. Pero lo mejor era cuando la bailarina llegaba a su destino. Era entonces cuando se despertaba la pasión que incluso llegó a tener un nombre: delirium Pepitatorum. Sucedía con sus admiradores cuando se asomaba al balcón del hotel en el que se alojaba o cuando su carruaje llegaba al teatro. La fiebre se desataba hasta el <em>delirium Pepitatorum </em>al salir después del espectáculo. En la opera de Berlín o en Viena se produjeron curiosas escenas cuando sus seguidores quitaron de su lugar a los caballos del carruaje para llevarla ellos mismos hasta el hotel donde residía. De alguna forma, con la malagueña Pepita de Oliva se creó un auténtico fenómeno fan ya a mediados del siglo XIX.</p>
<p>La huella de la bailarina andaluza fue indudable. No se trata de un personaje del pasado que fue célebre en su tiempo y que ya nadie recuerda. Eso ha ocurrido -como en tantas ocasiones- en su país natal, pero no en los lugares donde triunfó. De hecho, aún existe una palabra checa que designa un tipo de tela con diminuto ajedrezado de color negro y blanco que lleva el nombre de Pepita porque era la curiosa tela que ella solía utilizar en sus actuaciones. Los tejidos con este estampado se llaman “pepita” o “pepito” y suelen utilizarse hoy en día para pantalones masculinos y para los trajes enteros de dama. En polaco también existe la palabra “pepitka” y en alemán “der/das pepita”. Con el tiempo, en muchos lugares la tela pepita es típica de algunos manteles e incluso es la base del vestido profesional de carniceros y cocineros, según apunta el investigador Pavel Stepánek en <em>Las andanzas de la bailarina española Pepita de Oliva por Europa Central</em>.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL CASO SACKVILLE-WEST</strong></p>
<p>Pero la fama y la popularidad como bailarina no son las únicas razones por las que Pepita de Oliva provocó el asombro de su tiempo. La artista se había casado con su maestro de baile, Juan de Oliva, del que había tomado su nombre. Sin embargo, mantuvo un intenso romance con el diplomático sir Lionel Sackville-West. No fue una relación breve. De hecho, duró toda la vida y de esa pasión nacieron varios hijos ilegítimos, ya que el caballero inglés también estaba casado. La pareja se trasladó a vivir a la localidad de Arcachón (Francia) y llamaron a su residencia Villa Pepita. Allí nacieron sus hijos Maxilien, Flora, Amalia, Henry y Victoria. Pepita Oliva murió de sobreparto a los cuarenta y un años de edad. Su muerte provocó verdadera conmoción en el mundo artístico, y también en los mundanos salones de sociedad. Lionel Sackville-West sufrió por la muerte de Pepita y no dudó en publicar en la prensa francesa un obituario en el que, después de anunciarse con su cargo diplomático de secretario de la embajada inglesa en París, pedía la asistencia de sus amigos y colegas para el funeral que se celebró el 21 de marzo de 1871 para el descanso de su esposa Josefina, condesa de Sackville-West. En la muerte había decidido hacer aún más pública su relación adúltera declarándola en la prensa.</p>
<p>El caso Sackville-West fue muy conocido en la época porque llegó a los tribunales cuando Pepita de Oliva murió y los hijos reclamaron la paternidad del diplomático inglés. Una de esas hijas era Victoria, la que sería madre de un popular personaje de la Inglaterra victoriana: Vita Sackville-West, baronesa de Sackville (1862-1936), que fue amante de la escritora Virginia Woolf.</p>
<p>La madre de Vita, e hija de Pepita de Oliva, fue rechazada por la conservadora sociedad victoriana que nunca admitió en sus círculos a la hija adúltera fruto de los devaneos de un caballero inglés con una exótica bailarina que ellos creían gitana al relacionarla con los mundos del baile andaluz. Victoria terminará casándose con su primo el diplomático Harold Nicolson y se instalará en la lujosa mansión del señorío de Knole, en Kent, donde finalmente nació Vita. Vita se convirtió en escritora y diseñadora de jardines, pero sobre todo protagonizó uno de los escándalos de su tiempo a causa de las relaciones lésbicas que mantuvo durante toda su vida.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA HISTORIA DE VITA, DIGNA NIETA DE SU ABUELA</strong></p>
<p>Vita siempre se fascinó con la historia de su abuela, aquella muchacha malagueña que llegó a ser una famosa bailarina y que recorrió los más grandes escenarios de Europa. De hecho, creía que su carácter indómito y extravagante se debía a la herencia genética de su abuela española. Incluso decidió escribir un libro en el que relataba la historia de Pepita, basándose en las investigaciones que había hecho un detective que su familia había contratado para conocer el origen de la bailarina, cuando tuvo lugar el juicio para demostrar la paternidad. Aquel detective había viajado a España, y buena parte de las pesquisas sirvieron más tarde a Vita para escribir el libro que dedicó a su abuela, y que tituló <em>Pepita</em>. En España, la editorial Tusquets lo publicó hace algunos años y es un hermoso homenaje a la mítica bailarina gracias al emocionado relato escrito por su nieta.</p>
<p>Vita Sackville-West, autora de novelas como <em>Los Eduardianos</em>, <em>Toda pasión apagada </em>o las biografías sobre Juana de Arco y María Luisa de Orleans, acompañó a su marido en algunos de sus destinos diplomáticos en Turquía o Irán. Fruto de esas experiencias es el interesante libro de viajes Pasajera a Teherán. Con él tuvo dos hijos, pero siguió manteniendo relaciones lésbicas toda su vida. Uno de los romances más célebres fue el que tuvo con Virginia Woolf, quien se inspiró en ella para su novela <em>Orlando</em>, que cuenta la historia de un mismo personaje quien, a lo largo de varias épocas, es indistintamente hombre o mujer. Parece que incluso en un viaje a París que hizo con Violeta Trefusis, una de sus más sonadas aventuras, se travistió de hombre y se hacía llamar Julien.</p>
<p>Precisamente este año se estrenará en el cine la película <em>Vita &amp; Virginia</em>, de la directora Chanya Button, que recrea la historia de amor entre Virginia Woolf y Vita Sackville-West y que estará protagonizada por Eva Green y Gemma Arterton. Además, la escritora Pilar Bellver acaba de publicar una novela sobre este romance: <em>A Virginia le gustaba Vita</em>.</p>
<p>Sin embargo, la fascinación libresca por esta curiosa saga de mujeres que se inicia con la bailarina viajera Pepita de Oliva no se termina ahí. La historia continúa de actualidad a raíz del libro escrito por la nieta de Vita Sackville-West, Juliet Nicolson, titulado <em>A House Full of Daughters</em>. Una obra que narra la historia de hasta siete generaciones de este extravagante linaje. Una obra que, junto al inminente estreno de la película <em>Vita &amp; Virginia</em>, rescata para el gran público la asombrosa historia de estas mujeres que rompieron los esquemas de su época.</p>
<p>Pepita de Oliva, la Estrella de Andalucía, aún se puede descubrir en las crónicas que se guardan en las hemerotecas del siglo XIX, en muñecas de anticuario y hasta en una manufactura de porcelana que reproducía en serie su figura. Fue sin duda una mujer que provocó la fascinación de su tiempo, asombró a los escenarios europeos y recorrió los caminos del continente en diligencias cargadas con baúles de sus trajes españoles que provocaron una auténtica fiebre. La artista que cautivó a un lord inglés y que escandalizó a sus coetáneos, y en cuya tumba, en los románticos jardines de la mansión francesa conocida como Villa Pepita, su amante y padre de sus hijos mandó escribir este epitafio: Aquí descansa Josefina, condesa de Sackville.</p>
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<p>&nbsp;</p>
<p>* Periodista y escritora, acaba de publicar <em>Travesías históricas. Viajeros andaluces que contaron el mundo.</em></p>
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		<title>Jacinto Verdaguer y Francesc Cambó. Dos catalanes en Oriente Medio</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/jacinto-verdaguer-francesc-cambo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 28 Jul 2023 08:17:52 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Ana Puértolas Bibliografía: Boletín 56 &#8211; Especial canales: Caminos de agua &#160; Cada uno de ellos fue un gigante en sus respectivas áreas y épocas. Verdaguer, además de sacerdote [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/jacinto-verdaguer-francesc-cambo/">Jacinto Verdaguer y Francesc Cambó. Dos catalanes en Oriente Medio</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Ana Puértolas</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-56-especial-canales-caminos-agua/">Boletín 56 &#8211; Especial canales: Caminos de agua</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Cada uno de ellos fue un gigante en sus respectivas áreas y épocas. Verdaguer, además de sacerdote entregado, escritor, poeta, místico y hasta exorcista, fue un gran viajero y recorrió en 1886 Tierra Santa <em>“per conèxer a Jesucrist”</em>. Casi cuarenta años más tarde, en 1923, Cambó, político conservador catalanista y ministro con AlfonsoXIII, viajó hasta Turquía con el propósito de comprobar de primera mano cuál era la situación del gran coloso de Oriente Medio tras el desmoronamiento del imperio otomano.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MOSSEN JACINTO, UN CATÓLICO DEVOTO ENTRE INFIELES</strong></p>
<p>Nacido en 1845 en Folgueroles, estuvo ligado profundamente a su tierra, a sus tradiciones y a su lengua, con tanta intensidad como lo estaba a su misión sacerdotal. Extremadamente inquieto y curioso, se lanzó a conocer de primera mano la comarca donde había nacido, y se convirtió en un senderista infatigable recorriendo las montañas cercanas (de allí su poema épico Canigó). Paso a paso alcanzó las cumbres más altas del Pirineo oriental, explorando la Cerdanya, l´Alt Urgell, la Ribagorza, el Valle de Arán y la Alta Garrotxa. Vestido con su sotana, calzado con los zapatos de diario y sin más equipo que un gran paraguas se lanzaba a los senderos más inseguros y afrontaba los desniveles más abruptos. Estos contactos directos con su país constituyeron la fuente y la inspiración de sus poemas, donde su amor por Cataluña estuvo siempre impregnado de su devoción religiosa.</p>
<p>Mientras las caminatas no paraban, su dedicación a la escritura le fue dando más satisfacciones y recompensas, sus poemas épicos fueron alcanzando importantes premios, y él mismo fama dentro de la literatura catalana. De hecho, hoy en día es considerado por los expertos en el tema ser quien consagró el catalán como lengua literaria.</p>
<p>Sus conocimientos, sin embargo, no se limitaban a su entorno más próximo. Acompañando a sus protectores, los marqueses de Comillas, en 1883 realizó un crucero por el Mediterráneo, y al año siguiente tuvo la oportunidad de conocer París, Ginebra, Berlín y San Petersburgo.</p>
<p>Es en este contexto cómo se puede entender y apreciar su viaje a Tierra Santa y su libro “Dietari d´un pelegri”. No era Mossen Jacinto en absoluto un típico cura rural, por muy apegado a su tierra y a su lengua que estuviera. Era un mossen viajado y leído, y esa doble condición se refleja en sus comentarios sobre las poblaciones y los pobladores con los que se fue encontrando a lo largo del recorrido. Del mismo modo que sale a luz constantemente la mentalidad de un católico ferviente, de principios firmes y convicciones sólidas, la de un capellán formado en la segunda mitad del siglo XIX, poseedor de la única fe verdadera y denostador de las falsas religiones. Los párrafos que siguen muestran su espanto ante el comportamiento de los cristianos ortodoxos en el templo del Santo Sepulcro, un comportamiento, por cierto, que puede ser el mismo de muchos cristianos católicos en algunos lugares santos:</p>
<p><em>“Lo sant Sepulcre (vergonya fa´l dirho) ha pres la forma de teatre ab sos</em><em> palcos y galeries. Los grechs, possessors de la major part de la Basílica, lloguen a altíssim preu ses tribunes y sos intercolumnis.[&#8230;] La devoció </em><em>n´es fugida estona hà. Se mentja com a casa, s´enrahona com al carrer, se</em><em> riu y´s juga com en una fira, y a baix los hòmens s´agiten, se mouen d´ací d´allà, corren, s´apilonen, pujant en castell los uns sobre´ls altres. [&#8230;] Confesso que jo n´hauria fugit espantat desde´l principi si hagués trobada la porta oberta y lo pàs lliure. ¡Quína paciencia la de nostre Senyor! </em>Su visión de los judíos orando ante el Muro de las Lamentaciones tampoco tiene desperdicio. Tras una descripción de cómo “los juhheus més fervorosos de la ciutat” se acercaban al muro del Templo, dándose golpes con la cabeza y llorando ante las piedras, comenta sus oraciones, interpretando de una manera una tanto peculiar los sentimientos de quienes rezan ante los restos del Templo de Salomón: <em>¡Pobres fills d´Abraham! D´ençà que Jesucrist, ab la creu al coll, digué a </em><em>les filles de Jerusalem: No ploreu sobre Mi, ploràu sobre vosaltres y sobre</em><em> vostres fills”, ells ploren; mes, com observa un viatger, ses llàgrimes son estèrils, perque no es pas l´arrepentiment que les fa caure”</em></p>
<p>Su concepto “dels orientals” también parece responder a los prejuicios propios de un católico occidental hacia los correligionarios locales al afirmar que: <em>“Respecte a la devoció, ´m sembla que no entra molt endins del cor dels</em><em> orientals, sinó que´s queda molt per sobre.” Añadiendo: “Si demanden alguna cosa al convent y no se´ls dona, cambien de religió, fins qu´en la nova també tenen algun disgust, que´ls fa tornar enrera”</em></p>
<p>Y sobre su xenofobia hacia los musulmanes, muy extendida en la sociedad de aquellos años, siempre se cita un párrafo de los que dan escalofríos: <em>“(&#8230;) Raça fanàtica, sorda i cega, ramada d’homes que el profeta Mahoma</em><em> junyí a son carro en son triomf a través de l’Àfrica, l’Àsia i Europa, moros que tenen una fe cega, tan cega que necessita de la nit de la ignorancia per viure (&#8230;)”.</em></p>
<p>Con todo es su profunda fe la que domina ese Dietari, una emoción permanente en su encuentro con la tierra de Jesús, que puede resumirse en estas palabras de su prólogo:</p>
<p><em>«L’anada a Terra Santa</em><em> m’ha apagada aquexa set, i ja no desitjo ni espero fer altre viatge que el de l’eternitat, quan hora sia.” </em>Según cuentan sus biógrafos, el viaje por Tierra Santa alteró tanto el ánimo de Mossen Jacinto que a su vuelta se dedicó exclusivamente a cuidar de las capas sociales más desfavorecidas, apartándose de la buena sociedad que hasta entonces había frecuentado. Al parecer, se dedicó a socorrer a los necesitados y a la oración, pasando pronto a tomar contacto con videntes y exorcistas, desatando el escándalo y las reprimendas de sus superiores. Pero esa es otra historia distinta a la nuestra, tan sólo señalar que volvió al buen camino del sacerdocio y que, tras su muerte, gozó de un entierro multitudinario.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL POLÍTICO CAMBÓ VIAJA A TURQUÍA</strong></p>
<p>Nació don Francisco en 1876, un año antes de que Mossen Jacinto disfrutara del premio extraordinario de los Juegos Florales de Barcelona con su gran poema épico <em>La Atlántida</em>. Y como él, catalanista convencido, se valió de su lengua materna, el catalán, en sus muchos escritos. El que nos ocupa en estas páginas es su curioso libro <em>Visions d´Orient</em>, que, como señala uno de sus más conocidos biógrafos, el historiador Jesús Pabón, “<em>&#8230;es de lectura amenísima. Si tal o cual afirmación hecha en él puede parecernos hoy históricamente discutible, se nos impone el conocimiento de tierras y de personas, e incluso el apasionamiento que sostiene el discurso o la narración.</em>” En él se recogen los artículos publicados en <em>“La Veu” </em>a partir de enero de 1924, en los que da cuenta de sus impresiones sobre la situación política de Turquía tras la caída del imperio otomano, y sus relaciones históricamente encontradas con la vecina Grecia. Fue precisamente su viaje por Turquía en 1923, realizado para palpar y conocer más a fondo la situación de aquel país, el que constituye la fuente de sus comentarios y observaciones. Especialmente notable es su visión sobre la nueva República turca de Mustafá Kemal, y las diferencias que llega a establecer entre su figura y el pasado movimiento de los Jóvenes Turcos. Así señala:</p>
<p><em>“Quan Mustafa Kemal es r voltá contra el govern de Constantinoble [&#8230;]a Occident ningú no va fer-ne cas. Más tarde, els comentaristes occidentals de les cosas d´Orient asimilaren el moviment d´Angora a la revolució des Joves-Turcs. I, no obstant, entre l´un i altre moviment hi havia un abisme.” </em>Y pasa en ese momento a señalar el carácter puramente imitativo con respecto a Occidente de esa revolución, mientras que “el movimiento de Ankara”, el de Kemal, asegura, se basa en la restauración de las tradiciones propias, la reaparición de un estado nacional turco, alejado de ese arruinado símbolo del imperio otomano que es Constantinopla. “<em>la Nació turca, dictamina, apartada de la influencia de Constantinoble, ha retrobat l´expresssió autèntica de la seva raça i del seu esperit nacional</em>”.</p>
<p>Habrá que recurrir de nuevo al libro de Jesús Pabón, (la única biografía para la que se contó con los materiales proporcionados por la familia): <em>“Cambó, en el capítulo de las responsabilidades por el desastre “de Grecia y de Inglaterra, de Lloyd George y de Lord Curzon-, insiste: Venizelos “pensaba en el Imperio Otomano, única realidad que tuvo en cuenta; no pensó que, dentro de un Imperio Otomano definitivamente muerto, hubiese una nación turca en la plenitud de su vida. Del Imperio Otomano no qwuedaba nada, pero quedaba Turquía, que dejaba ser la fuerza hegemónica de un estado complejo para convertirse en un </em><em>estado-nación; una cosa[&#8230;]mucho más sólida y resistente que el Imperio Otomano”.</em></p>
<p>Conviene subrayar aquí la perspicacia de Francisco Cambó, quien pudo percibir, por debajo de la derrota de un imperio, la creación de una nueva nación, en manos de un dirigente enraizado con su país y con su gente, una realidad que costó mucho reconocer a la mayor parte de los políticos occidentales. Comentando el desastre griego en Esmirna, Cambó señala: <em>“Mustafà Kemal no era solament un gran general: era i és un formidable polític; un home la qualitat suprema del qual és de saber manar y de saber infondre confiança cega i devoció fanàtica a aquells que comanda. La intensitat del seu fervor patriòtic no li obscurí mai una visió exactíssima de les realitats, tant militars com politiques.”</em></p>
<p>Sin duda los artículos de Cambó, reunidos en el libro Visions d´ Orient, fruto de su viaje en 1923, constituyen un testimonio de gran interés para conocer la opinión de la Europa occidental sobre aquella Turquía, la cabeza de un Imperio destruido en la que estaba surgiendo ya una gran nación.</p>
<p><em> </em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>Para saber más:</strong></p>
<p><em>Jacint Verdaguer, Dietari d´un pelegri a terra santa, Edicions Proa S.A. 1999.</em></p>
<p><em>Francesc Cambó, Visions d´Orient, Editorial Catalana, 1981</em></p>
<p><em> </em></p>
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		<title>El marqués de Rays y el fraude de Port Breton</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/el-marques-de-rays/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Jul 2023 12:22:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Juan Carlos Rey Bibliografía: Boletín 67 &#8211; Los caminos de las epidemias &#160; Los fiascos, estafas y fraudes son tan antiguos como la propia humanidad, y se han conocido [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/el-marques-de-rays/">El marqués de Rays y el fraude de Port Breton</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Juan Carlos Rey</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-67-los-caminos-de-las-epidemias/">Boletín 67 &#8211; Los caminos de las epidemias</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Los fiascos, estafas y fraudes son tan antiguos como la propia humanidad, y se han conocido en todas sus posible formas y dimensiones. Pero el que se narra a continuación es unos los más siniestros y fatales que se conocen en la historia del Pacífico Sur. El fraude de Port Breton fue una argucia ideada por un marqués francés que superó todos los limites imaginables y que llevó a catastróficas consecuencias, incluso la muerte, a los infelices que respondieron a los anuncios publicados por el marqués Charles de Breil de Rays.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>El marqués de Rays, como fue comúnmente conocido, es el personaje central de esta sorprendente historia. Nació un dos de enero de 1832, en Bannalec, una pequeña aldea situada no lejos de la población de Lorient en la Bretaña francesa. Su infancia la pasó rodeado por la gran actividad naval y comercial desarrollada en los puertos bretones, desde donde los excelentes marinos locales surcaban el mundo, conectando las colonias francesas con la metrópoli. Charles, desde su juventud, recorría los muelles y dársenas de los puertos de la mano de un tío suyo. Desde su juventud escuchó embelesado las historias de paraísos lejanos, con exóticos y atractivos paisajes, en donde se decía que hacer fortuna era una tarea fácil. Estos cantos de sirena inculcaron al joven Charles la pasión por conocer países lejanos, por las historias de mar, las navegaciones a destinos exóticos y las aventuras en lugares distantes lejos del tiempo gris y lluviosos de su natal Bretaña.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL MARQUÉS SE LANZA A CONOCER MUNDO</strong></p>
<p>En 1850, en plena fiebre del oro del oeste americano, Charles de Breil inicia un periplo americano que, después de pasar por varios estados, termina en la Florida, donde conoce a un español que será cómplice en la gran estafa de Port Breton. El español, de origen catalán, era un médico llamado Bernardo Febrér. Los viajes de Charles continuaron por las posesiones francesas del océano Índico, más concretamente en la isla de la Reunión y Madagascar, donde quiso dedicarse al cultivo de la caña de azúcar.</p>
<p>Su imaginación desbordante, alimentada por las lecturas de los cuadernos de viajes de los grandes navegantes franceses de la Ilustración, como Durmont de D’Urville, Bougainville, o D’Entrecasteaux, no parecía tener límites. Su pasión por leer las narraciones de los exploradores franceses e ingleses le proporcionaron una buena base documental. Uno de sus proyectos, quizás el que más acariciaba, era el establecimiento de una colonia libre, sin tutela de ningún estado, en alguna parte del Pacífico y más concretamente en Nueva Zelanda.</p>
<p>Continuó sus periplos por África y posteriormente por Indochina, para pasar a América central, donde se le atribuyen trabajos para el futuro canal de Panamá. También se le imputan iniciativas para hacer un canal en el istmo de Kra, en la península de Malaca, para conectar el Índico con el golfo de Tailandia. Finalmente, amante de los títulos, logra ser nombrado marqués y cónsul de Bolivia en la localidad francesa de Brest, lo que lo lanza a la vida pública con cargos locales y regionales.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PASIÓN DE FUNDADOR</strong></p>
<p>Su idea de fundar una colonia independiente, basada en los principios de la República Francesa, en el Pacífico, está bien afianzada en su espíritu, y se dedica a estudiar detalladamente cual sería el lugar idóneo donde situar la pretendida colonia. Estudiando la cartografía disponible, que analizó en profundidad, y las narraciones de exploradores y marinos, decidió que el asentamiento debería instalarse en la costa occidental de Australia. Al hacer esta elección no contó con el rechazo de las autoridades británicas, que no estaban dispuestas a compartir la inmensa isla-continente con una colonia francesa “libre”, sin la tutela inglesa. Se comenta que la elección de Australia estuvo inspirada en la fundación de Nueva Nurcia, un monasterio benedictino fundado por monjes gallegos en los territorios del oeste australiano, no lejos del actual Perth. Ante el revés británico y siguiendo con sus investigaciones cartográficas, se dio cuenta que los territorios de lo que hoy es Papúa Nueva Guinea no estaban reclamados, al menos teóricamente, en las cartas y mapas de que disponía. Esto no es exacto, porque los territorios que vislumbraba para la instalación de la colonia ya estaban bajo soberanía alemana, si bien hay que decir que su presencia se limitaba a ciertos establecientes costeros dedicados, fundamentalmente, al comercio y a la extracción de aceite de coco. Al resto del territorio no llegaba la presencia de la autoridad alemana, por lo que en la práctica se trataba de un territorio “libre”. Hay que decir que Charles de Breil de Rays nunca puso los pies en el lugar elegido para el asentamiento que pretendía crear, ni comprobó tan siquiera la mas mínima de las informaciones publicadas, que en la mayoría de los casos ya estaban obsoletas. Seguramente si hubiera visitado el lugar elegido habría desistido de su intento.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA COLONIA LIBRE DE PORT BRETON</strong></p>
<p>La fundación de una colonia en el distante Pacífico, a la que llamó <em>Colonia libre de Port Breton</em>, necesitaba de importantes fondos que él no podía aportar, por lo que decidió hacer una suscripción pública. En 1877 y sin pedir permiso alguno a las autoridades de Paris, publicó el siguiente anuncio:</p>
<p><em>“Colonia libre de Port-Breton, tierras a 5 francos la hectárea, fortuna rápida y asegurada, para toda información dirigirse a M. Du Breil de Rays, cónsul de Bolivia, Castillo de Quimerc’h en Bannalac, Finisterre”.</em></p>
<p>El lugar elegido fue el extremo sur de la isla de Nueva Irlanda, en el mar de Bismark. Su intención no era otra que crear un nuevo territorio que pasaría a llamarse Nueva Francia y que englobaría la isla de Nueva Irlanda, una parte de las islas septentrionales de la actual Islas Salomón y otras islas adyacentes, y cuya capital, por así llamarla, sería Port Praslin (previamente bautizado como Irish Cove por el pirata inglés Dampier). Los comentarios y descripciones hechas por los navegantes que habían recalado en Port Praslin eran muy atractivos, a la vez que indicaban que el lugar elegido disponía de un fondeadero seguro y protegido de los vientos dominantes por la isla Lamboun, pero no hacían mención a las interminables lluvias tropicales, el paludismo existente, la pobreza del suelo, el aislamiento extremo, la falta de recursos de todo tipo, ni la existencia de poblaciones autóctonas de Melanesia, consideradas las más feroces de todo el Pacifico y con prácticas habituales de canibalismo.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LOS INGENUOS MUERDEN EL ANZUELO</strong></p>
<p>La respuesta a los anuncios publicados sobre la venta de tierras en Port Breton, no se hizo esperar. En 1879 unos 3.000 interesados habían comprado sus derechos de tierra por más de medio millón de francos. Sin saber que el marqués de Rays no era propietario de ni un palmo de tierra en Nueva Irlanda.</p>
<p>Seguidamente creó la <em>Sociedad de Granjeros Generales de Nueva Francia </em>y en ese mismo año se publica, en Marsella, la revista <em>“La Nouvelle France”</em>, revista de la colonia libre de Port Breton, que a partir de 1880 se publicaría también en español. En la segunda emisión de títulos, el precio por hectárea pasa de cinco a diez francos y en la tercera emisión, el precio de la hectárea se sitúa a treinta francos. El proyecto tomó una dimensión inusitada, que sorprendió al propio Charles de Breil, por lo que la empresa Colonia de Port Breton abrió oficinas en Paris, así como en otros lugares de Francia e incluso en Bruselas. Este éxito atrajo a otros inversores que se asociaron al proyecto sin conocer sus pormenores y las dificultades que vendrían más tarde. Los colonos que compraron los títulos de propiedad de las tierras no eran exclusivamente franceses, sino que también se encontraban italianos, belgas, suizos, españoles y alemanes. El perfil general del emigrante era el de un campesino pobre, iletrado, que trata de emigrar para huir de la pobreza que invade Europa en esa época. El primer contingente de 82 colonos salió de Europa el 14 de septiembre de 1879 a bordo del mercante <em>Chandenagor</em>, un barco de tres mástiles y 682 toneladas de registro, con una tripulación de 28 hombres de dudosa condición reclutados para esta travesía. En sus bodegas viajaba todo aquello que se necesitaba para el establecimiento de una próspera colonia: útiles para el trabajo de la tierra, incubadoras, una serrería, 180.000 ladrillos, etc… La salida se efectuó desde el puerto holandés de Flessinguen, ya que las autoridades marítimas francesas prohibieron la salida de emigrantes con destino a Port Breton desde puertos franceses. El viaje no se realiza sin incidentes, las malas condiciones de vida a bordo, y los conflictos entre los colonos y la tripulación, hacen que la travesía se convierta en un infierno. Debido a la presión de las autoridades francesas y americanas, el <em>Chandenagor </em>debió cambiar su pabellón francés por el de Liberia durante su escala en la isla de Madeira para poder continuar su viaje. El 16 de enero de 1880 llegaron a su destino.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>AQUELLO NO ES LO ANUNCIADO Y VENDIDO</strong></p>
<p>Los colonos no salen de su asombro al ver por primera vez Port Praslin, nada de lo que habían imaginado se ajustaba, ni de lejos, con la realidad que estaba delante de sus ojos. No había ni rastro del atractivo pueblo dibujado en las páginas de la revista <em>Nouvelle France</em>, en las que se veían edificios, una iglesia, caminos bien delimitados y practicables, etc… Lo que observaron fue una selva impenetrable que llegaba</p>
<p>hasta la playa. La cascada de Bougainville, mostrada como un majestuoso salto de agua se limitaba a un simple riachuelo. La decepción fue inmensa y lo peor aún estaba por llegar.</p>
<p>Una vez en tierra evidenciaron las dificultades con las que deberían enfrentarse, y, viendo que el lugar de Port Praslin era inviable, decidieron establecerse en Likiliki, un lugar situado en la parte opuesta de la isla. Las tensiones entre los colonos no tardaron en llegar, al tiempo que el <em>Chandenagor </em>abandonaba sigilosamente, sin aviso previo, su fondeadero, dirigiéndose a Australia con parte de los víveres y útiles destinados a la colonia.</p>
<p>La congoja y desazón de los colonos y sus familias, abandonados a su suerte, no se dejó esperar al ver la fuga del barco, y al constatar que las semillas europeas se pudrían sin germinar, entre tanto el hambre y el paludismo comenzaban a hacer estragos. A las seis semanas de la llegada a Likiliki tan solo quedaban tres colonos en condiciones de trabajar. Otros seis colonos habían desertado por mar yendo a parar a la isla de Bouganville, donde fueron cazados y cinco de ellos terminaron en los platos de caníbales. Solo uno de ellos, un italiano llamado Boero, se salvó de ser parte del terrible festín al ser rescatado por el capitán del barco <em>Génil </em>a cambio de dos hachas.</p>
<p>De los 82 colonos llegados a Port Breton, 23 murieron, 21 desaparecieron, el resto fueron rescatados por misioneros y posteriormente fueron enviados a Australia, tan solo un pequeño grupo de colonos decidió quedarse en Likiliki.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>MÁS ANUNCIOS FALSOS Y REALIDADES CRUELES</strong></p>
<p>Una segunda expedición salió el 16 marzo de 1880 a bordo del <em>Génil</em>, un pequeño vapor de 350 toneladas, que transportó 135 inmigrantes con un final similar a la anterior. Le siguieron dos expediciones más, la del vapor <em>L’India</em>, en julio de 1880, con 329 colonos a bordo, y la del navío <em>Nouvelle-Bretagne </em>con 150 inmigrantes. Estas tres últimas expediciones salieron del puerto de Barcelona.</p>
<p>Uno de los navíos de la nueva colonia, el <em>Nouvelle-Bretagne </em>fue enviado a Manila para proveerse de víveres que no se pagaron, por lo que las autoridades españolas lo retuvieron en el puerto. El hábil capitán del <em>Nouvelle-Bretagne </em>logró burlar la vigilancia, y en un día de fuerte temporal abandonó el puerto clandestinamente y retornó a Port Breton. Las autoridades españolas enviaron a la fragata <em>Legazpi</em>, que capturó el barco y su tripulación devolviéndoles a Manila, donde se hizo un proceso que no tuvo mayores consecuencias. El barco quedó en libertad después de efectuar el pago de las mercancías.</p>
<p>El gobierno francés, apoyado en los alarmantes informes procedentes de Australia sobre las condiciones desastrosas de la colonia, trató de llevar al marqués delante de los tribunales, al considerar que había violado las leyes de inmigración, pero ningún cargo le pudo ser imputado ya que ninguna de las expediciones salió de un puerto francés. Ante la prohibición de dar autorización a la salida de inmigrantes desde Francia y la presión de las autoridades francesas, el marqués de Rays se instala en Barcelona en marzo de 1880, y es aquí donde encuentra a su viejo amigo el doctor Febrér, el médico español que encontró en la Florida, y al representante de Liberia en España. Ambos apoyan el proyecto del marqués.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>DE PORT BRETON A AUSTRALIA Y EL COMIENZO DEL FIN</strong></p>
<p>El proyecto de la colonia de Port Breton tocó a su fin en dos episodios sucesivos. El primero, preludio de lo acontecería un año después, ocurrió en febrero de 1881 cuando el <em>Génil </em>condujo los restos de la tercera expedición a Nueva Caledonia y desde allí, a causa del rechazo francés de admitirlos, los desplazaron a Australia a bordo del <em>L’Inde</em>. De los 340 colonos inicialmente llegados Port Breton tan solo desembarcaron 217.</p>
<p>El segundo y definitivo adiós a la colonia de Port Breton sucedió en febrero de 1882, cuando el mismo vapor, el <em>Génil</em>, condujo a los 40 colonos sobrevivientes (incluidos mujeres y niños) a Australia, a donde llegaron en condiciones lamentables. La mayoría de los colonos (la mayor parte de nacionalidad italiana) prefirieron desembarcar en Sydney, mientras que unos pocos (entre los que se encontraban 3 españoles) decidieron quedarse en Cairns. Ante la imposibilidad de regresar a Europa, los colonos encontraron trabajo como empleados en labores agrícolas y en la industria de la lana. Los emigrantes italianos se reagruparon y fundaron un pueblo llamado la “Nueva Italia” en Nueva Gales del Sur. Hoy es un pueblo casi fantasma que guarda un pequeño museo en memoria de esta trágica historia.</p>
<p>El fraude de Port Breton reportó unos 9 millones de francos, de los cuales el marqués se embolsó unos dos millones, lo que constituía una autentica fortuna para la época.</p>
<p>La justicia francesa reclamó a España la extradición del marqués de Rays, quien fue juzgado en Paris por estafa el 27 de noviembre de 1883 y condenado, en enero de 1884, a cuatro años de prisión, 3.000 francos de multa y obligado a vender sus bienes para pagar a sus numerosos acreedores. Otros colaboradores del marqués, envueltos este fraude, también fueron condenados a penas de prisión y fuertes multas. El marqués de Rays murió olvidado en su tierra natal el 29 de julio 1893.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Imagen de </em><a title="User:Pline" href="https://commons.wikimedia.org/wiki/User:Pline"><em>Pline</em></a></p>
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		<title>Manuel Chaves Nogales: un viajero por la Rusia revolucionaria</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/manuel-chaves-nogales-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 27 Jul 2023 11:29:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Mercedes Barreno-Ruiz Bibliografía: Boletín 72 &#8211; Rusia: una aproximación &#160; Periodista, viajero y escritor, Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-1944) dirigió y escribió en periódicos de Sevilla, Córdoba, Madrid, Iberoamérica, [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/manuel-chaves-nogales-2/">Manuel Chaves Nogales: un viajero por la Rusia revolucionaria</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Mercedes Barreno-Ruiz</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-72-rusia/">Boletín 72 &#8211; Rusia: una aproximación</a></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Periodista, viajero y escritor, Manuel Chaves Nogales (Sevilla, 1897-1944) dirigió y escribió en periódicos de Sevilla, Córdoba, Madrid, Iberoamérica, París o Londres. Ya fueran crónicas, entrevistas, relatos o teatro, su pasión por estar en el lugar de la noticia y conocer a los protagonistas, le impulsó a recorrer Europa, sin que las dificultades o distancias fueran motivos suficientes para hacerle desistir en su empeño. Aquí nos detenemos en los artículos y reportajes escritos en su viaje por la Rusia de finales de la década de 1920.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Los avances de la aviación en la época de entreguerras permitieron a Chaves cumplir sus ideales periodísticos de estar allí donde la vida y la noticia le reclamaban. Los obstáculos o los riesgos de trasladarse en avión, en ningún caso eran comparables con la necesidad de contar la noticia.</p>
<p>Son dignos de leer por su detalle y claridad los despegues y aterrizajes que vivió y contó a un público que apenas sabía en qué consistía un avión. A partir del éxito de sus crónicas sobre Ruth Elder, la aviadora que cruzó al Atlántico en solitario por primera vez en 1927, su ímpetu viajero se hizo imparable. La admiración por su accidentada aventura lleva a Chaves a entrevistarla en el mismo avión que la trae a Madrid desde Lisboa, obteniendo por ello el premio de periodismo Mariano de Cavia (ABC, 1928), con el artículo titulado <em>La llegada de Ruth Elder a Madrid.</em></p>
<p>Y entre los acontecimientos de actualidad, destacaba en aquellos años uno, el de la revolución socialista de Rusia. El mundo quería saber lo que estaba pasando en ese país, y el Heraldo de Madrid envió a Chaves como corresponsal, con el encargo de recorrer dieciséis mil kilómetros a lo largo y ancho del territorio ruso. Producto de esta experiencia fue la recopilación de sus crónicas en el libro <em>La vuelta al mundo en avión, Un pequeño burgués en la Rusia roja</em>, publicado en 1929.</p>
<p>Precisamente cuando España estaba inmersa en importantes debates políticos, planteándose avances sociales inéditos en el albor de la II República, y siendo él defensor de las tesis de Azaña, escribió, sobre todos los temas como un gran cronista. Viajero y minucioso observador, intentando siempre ver y contar la verdad, sus crónicas de Rusia y sus habitantes son la evidencia de su honradez y dignidad periodística. Un testimonio de lo conseguido por los revolucionarios y, al mismo tiempo, del dolor de los zaristas emigrados por toda Europa, dándoles voz a través de sus entrevistas en Paris.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ESCRIBIR LO QUE VA VIENDO</strong></p>
<p>Y lo hizo como siempre lo hacía, siguiendo los principios de un buen periodista, sin intento alguno de ser el portador de a verdad, sino no tan solo de contar lo que va viendo:</p>
<p><em>No aspiro a que cuanto digo tenga autoridad de ninguna clase. Interpreto, según mi temperamento, el panorama espiritual de las tierras que he cruzado, montado en un avión, describo paisajes, reseño entrevistas </em><em>y cuento anécdotas que es posible que tengan algún valor categórico, pero que desde luego yo no se lo doy. Admito la posibilidad de equivocarme. Mi técnica —la periodística— no es una técnica científica. “Andar y contar es mi oficio. Alguna vez, lleno de buena fe y concentrando todas las potencias de su alma, uno se atreve a pronunciar la palabra mágica de Keyserling. Desgraciadamente, uno dice “sésamo” y la puerta no se abre. Pero esto es tan consuetudinario que no hay por qué entristecerse ni vengarse. Uno se mete las manos en los bolsillos y se va”.</em></p>
<p>Sin duda todos sus libros tienen un enorme interés, y, en el caso que nos ocupa, el de su viaje por tierras rusas más aún al ser conocedor del gran interés que había en esos momentos en España por conocer de primera mano qué estaba pasando en la Rusia revolucionaria. Así lo hizo en su libro <em>Diez mil kilómetros de vuelo sobre territorio ruso </em>donde <em>Chaves Nogales </em>muestra el panorama de la situación social rusa, a la que, aún siendo incapaz de analiza con distancia y objetividad, señalando los aspectos positivos del nuevo régimen. Según se acerca el avión a territorio ruso, desde el aire, Chaves va describiendo las formas y paisajes de un campo hasta entonces apenas imaginado:</p>
<p><em>El campesino ruso vive sobre el campo, a solas con él, sin ningún contacto con la ciudad, sin formar siquiera esos pequeños núcleos urbanos que son los pueblos agrícolas de Europa. El pueblo, la pequeña villa rural, no existe. Aldeas, millones de aldeas de quince, veinte, cincuenta habitantes a lo sumo. Parece imposible que este pueblo, así diseminado, pueda ser gobernado jamás. La tradicional burocracia rusa, aquella formidable máquina que tanto sorprendía a los occidentales, y que los soviets han heredado, se explica y justifica por esta fragmentación, esta atomización del pueblo extendido a lo largo de los campos.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>EL BIENESTAR DEL OBRERO</strong></p>
<p>Toma nota de los distintos aspectos del régimen comunista, describiendo sus avances ante la industria. Se da cuenta de la importancia del desarrollo industrial para los objetivos de la política bolchevique, conocedor de que el bienestar del obrero depende del progreso, ya que <em>“a mayor rendimiento, más jornal y mejor vida”. El Gobierno soviético está invirtiendo grandes sumas en la creación de fábricas de seda artificial, distribuidas por todo el territorio ruso. Pero no porque se conduela de esta necesidad burguesa de las jovencitas de la Unión, sino simplemente porque las fábricas de seda artificial se pueden transformar, rápidamente en un momento dado, en fábricas de productos químicos para la guerra. ¡Prodigio de la Química que vincula la defensa armada de la revolución en la supervivencia de una fruslería gruesa: las medias de seda!</em></p>
<p>La crónica de sus <em>Paseos por Moscú </em>nos sugiere un paisaje urbano renovado y de acuerdo con la estética de la revolución. Y los nuevos comportamientos sociales de los más desfavorecidos en <em>Niños, mujeres, popes y tenderos:</em></p>
<p><em>En el verano, las calles de las barriadas populares de Moscú ofrecen un espectáculo abigarrado, como ya difícilmente se encuentra en ciudades de Centroeuropa. Para imaginar algo semejante hay que pensar en los </em><em>barrios populares de Lisboa, Sevilla o Nápoles. La mujer trabaja como el hombre y con el mismo salario; tiene acceso a todos los talleres, excepto a aquellos en que la labor se considera nociva para su salud. El trabajo de noche les está absolutamente prohibido, y tienen dos días de descanso al mes con salario; se les paga igualmente el salario durante ocho semanas antes del parto y ocho semanas después. Mientras amamanta al hijo, la obrera tiene derecho a dos interrupciones de media hora cada una durante la jornada de trabajo.</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>UNA MIRADA OBSERVADORA</strong></p>
<p>Da cuenta también de sus experiencias con la policía política o los soldados; del viaje desde Moscú al Cáucaso, o de la situación de los revolucionarios después de la revolución. Los casos de León Trotski y Aleksándr Kérenski le interesarían especialmente. Muy diferente es su visión de la república soviética ucraniana, describiéndonos un paisaje rural apenas jalonado por poblaciones, y con una emigración constante del campo a los arrabales de las ciudades.</p>
<p>Termina su libro con <em>“Una síntesis, seguramente arbitraria del panorama soviético”</em>, pero sus observaciones y comentarios muestran su destreza como escritor y comunicador. El resultado es una lectura siempre amena y enriquecedora que atrapa.</p>
<p>Complementan sus crónicas rusas, <em>La bolchevique enamorada</em>. <em>El amor en la Rusia roja </em>(1930), donde, a modo de novela, compone un relato de lo que podría ser el comportamiento amoroso en la Rusia revolucionaria. En <em>Lo que ha quedado del imperio de los zares </em>(1931), recopila las entrevistas que hace en Paris a los exiliados rusos. Las situaciones vitales extremas a las que debieron enfrentarse quienes, teniendo una posición social desahogada y privilegiada en la Rusia de los zares, fueron barridos por la tormenta revolucionaria. Dando cuenta de su situación precaria, desempeñando oficios que nunca imaginarían, pero sobreviviendo para contarlo.</p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>ENTREVISTAS, TESTIMONIOS DIRECTOS, COMENTARIOS</strong></p>
<p>Son entrevistas y testimonios, a modo de viajes literarios, por personajes inéditos, de los que se puede aprender, asombrarse o al menos reflexionar sobre sus historias. Se introducen con epígrafes, nombrados por el autor, como resumen vital de la situación: <em>los últimos años de la corte imperial, la desbandada, el judío errante, los conspiradores románticos… siempre hay alguien más revolucionario…quien es ahora Kerenski… o el trágico destino.</em></p>
<p>Y como si el círculo de su viaje ruso se cerrara con <em>El maestro Juan Martínez estaba allí </em>(1934) nos dejó el relato, descrito en primera persona, de las experiencias y avatares de un artista flamenco y su pareja a lo ancho y largo del territorio ruso. Protagonistas singulares de una lucha por la supervivencia, y testigos de primera mano desde el estallido de la revolución. Un viaje exterior e interior contado con la pericia de un lenguaje siempre ameno, repleto de anécdotas de gran valor para lectores. Desde que empezó su carrera en el <em>Noticiero Sevillano </em>en 1918, Manuel Chaves Nogales no dejó de escribir sobre lo que veía allí donde estuviera, dando voz a sus protagonistas con sus vivencias y pensamientos. Transmitiendo opiniones y hechos, sus artículos tenían la coherencia suficiente para entender o comprender a quienes podían pensar diferente. Como cronista, reportero y entrevistador, practicó un periodismo con una nueva perspectiva que hasta entonces era más propia de libros o biografías.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNOS AÑOS HISTÓRICOS, EN ESPAÑA Y EN RUSIA</strong></p>
<p>Época en la que parecía suceder lo que nunca antes había pasado, el mundo y el periodismo abordaban problemas, situaciones y temas inéditos tan importantes para los contemporáneos como transcendentes para la historia. Para Chaves, todos ellos, acontecimientos, sociedad y personajes eran igualmente importantes y protagonistas. Demócrata y republicano, periodista dispuesto a narrar lo que veía y sentía, luchador en defensa de la legalidad republicana tras el golpe militar de julio de 1936, se exilió, primero en Paris y por último en Londres, donde murió en 1944. Para saber más y hasta qué punto es importante su legado, la editorial <em>Libros del Asteroide </em>ha publicado su obra completa. Si bien fue la tesis de María Isabel Cintas quien rescató su nombre y escritos de los más diversos archivos. Desde la recuperación de este gran periodista del siglo XX, el reconocimiento y la admiración por su obra, con toda justicia, no han dejado de crecer.</p>
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		<title>Eduard Toda. Los viajes por China de un diplomático atípico</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/eduard-toda-china/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Jul 2023 08:43:15 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por María Dolores Elizalde Bibliografía: Boletín 54 &#8211; Los grandes ríos africanos Una foto en sepia del siglo XIX nos ofrece la imagen de un hombre joven todavía, corpulento, barbudo, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por María Dolores Elizalde</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-54/">Boletín 54 &#8211; Los grandes ríos africanos</a></p>
<p><strong>Una foto en sepia del siglo XIX nos ofrece la imagen de un hombre joven todavía, corpulento, barbudo, con pinta de vividor, que mira con fiereza envuelto en el traje de un guerrero chino de tiempos pretéritos, empuñando una contundente espada de época. ¿Quién fue ese personaje un tanto estrafalario? ¿Qué hacía en China por aquel entonces?</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EDUARD TODA (1855-1941), diplomático en China</strong></p>
<p>Mediado el siglo XIX, y después de la obligada apertura de China al exterior tras las guerras del opio, las principales potencias firmaron tratados que aseguraban su participación en la carrera por la penetración aquel inmenso imperio. Ante las modificaciones en el frágil equilibrio de poderes en el área que ello podía implicar, España quiso defender sus intereses. No era un país ajeno a Asia oriental. Desde el siglo XVI tenía soberanía sobre las islas Filipinas y desde allí había fomentado diferentes iniciativas diplomáticas, religiosas, militares y comerciales con los países del entorno. Además, a través del Galeón de Manila tenía relaciones seculares con juncos chinos que llevaban a las islas productos asiáticos que se redistribuían a través de esta línea comercial transpacífica, a cambio de plata americana. En Filipinas existía también una importante colonia de población china, que llegaría a cifrarse en 90.000 personas y terminaría por convertirse en un pilar fundamental de la sociedad filipina. En esas condiciones, los sucesivos gobiernos españoles comprendieron que debían ratificar con China un acuerdo similar al que estaban firmando otros países. Fue una larga negociación, iniciada en la década de 1840 y culminada en octubre de 1864 con la firma del primer tratado de amistad y comercio entre España y China. Durante ese extenso proceso, y antes de conseguir que se aceptara la presencia de un ministro plenipotenciario español en Pekín, el gobierno chino permitió que España creara una serie de consulados en Macao (1852), Shanghái (1858) y Amoy (1859), y luego en otros puntos, a fin de defender sus intereses en el área.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>VIAJERO, COLECCIONISTA Y ESCRITOR</strong></p>
<p>Entre aquellos primeros diplomáticos enviados por el gobierno español a China destacó la figura de Eduard Toda i Güell, un viajero y coleccionista nato, que tenía una manera muy particular de entender su profesión y de interesarse por los lugares donde fue destinado. Había nacido en Reus en 1855. Fue nieto del periodista y político Josep Güell i Mercader. Desde muy joven sintió una inclinación por la carrera literaria. Con tan sólo 15 años publicó un primer estudio sobre el Monasterio de Poblet, y desde entonces comenzó a publicar ensayos y poemas en la prensa catalana. Estudió Derecho en Madrid y en esos años estableció una fuerte amistad con víctor Balaguer, quien posteriormente sería ministro de Ultramar. En 1873, apoyado por Emilio Castelar, ingresó en la carrera diplomática. Nuestro personaje, con sus actitudes, sus curiosidades, sus actuaciones, pronto se iba a salir del camino trillado.</p>
<p>En 1875 obtuvo su primer destino como vicecónsul en Macao, cargo que posteriormente desempeñó en Hong-Kong (Diciembre de 1876), en Cantón (abril de 1878) y en Shanghái (octubre de 1880). Estuvo, en total, ocho años residiendo en China, un período largo para aquellas latitudes. en ese tiempo, además de ejercer su labor diplomática, reunió importantes muestras de cerámica china y una valiosa colección numismática, que hoy se encuentra en el Museo arqueológico de Madrid, y sobre la que publicó una obra, <em>Annam and its minor currency</em>, 1882. Su interés por la historia y por las circunstancias de China se manifestó a través de la elaboración de unos manuscritos en los que recogió información sobre el país, sus gentes y costumbres, y en los que reunió multitud de pequeñas fichas, dibujos, fotografías, trazos de letras o papeles ilustrativos sobre temas muy diversos. sus apuntes se basaban en la observación personal, en relatos de testigos y conocedores del caso que le interesa narrar, y en obras clásicas escritas por historiadores chinos, extranjeros, misioneros y viajeros. Con parte de ese material elaboró posteriormente varios libros sobre el área: <em>Viatge a la Xina</em>, 1876; <em>Macao, records de viatge</em>, 1883; <em>La vida en el Celeste Imperio</em>, 1887; e <em>Historia de la China</em>, 1893.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>LA MIRADA ORIENTALISTA DE UN OCCIDENTAL</strong></p>
<p>Toda escribió, así, sobre la historia de China, su forma de gobierno, su concepto de monarquía y la sucesión en el cargo, la función de los ministros, el papel de las mujeres o de los eunucos dentro de la Corte… en un tiempo de importantes revueltas internas, que expresaban el descontento de determinados círculos ante la apertura y penetración exterior, Toda reflejó la existencia de rebeliones y sociedades secretas en China. Trató luego sobre economía, comercio, moneda, legislación mercantil, el mundo del té y el cultivo de otros productos, o la presencia extranjera en el país y la situación en distintos puertos abiertos al exterior, esto es, sobre temas que podían ser de utilidad para la misión que tenía encomendada y para fomentar el comercio que el gobierno deseaba fomentar entre los dos países.</p>
<p>Redactó también unas notas sobre “<em>Excursiones en China. Costumbres y política del Celeste imperio</em>”, en las que trataba sobre geografía, límites y población, o sobre la vida doméstica en China, reflejando aquellas cosas que le llamaban la atención. Hablaba, así, de la fisonomía de los chinos, del uso de la coleta en los hombres, los pies pequeños de las mujeres, los vestidos y adornos, la organización y decoración de las casas, la comida o costumbres cotidianas… en otro capítulo disertaba sobre la vida social de los chinos, explicando cómo eran las ciudades, el alumbrado, la conducción del agua o los servicios municipales; reflejaba también el tipo de gente que poblaba las calles, cómo eran las tiendas y las distracciones públicas (casas de té, banquetes, teatros…). Se interesó igualmente por la mitología china, y en especial por cómo pensaban la creación del universo o la narración de determinados hechos mitológicos. Recogió algunos dichos chinos, en los que hablaba de los escollos de la vida, las virtudes o la felicidad en la mentalidad china. Así, señalaba cinco virtudes chinas: filantropía, justicia, educación, prudencia y sinceridad; cinco felicidades: larga vida, riqueza, paz, virtud y buena muerte; cinco puntos cardinales: norte, mediodía, oriente, occidente y centro, un concepto tan importante que llegó a dar nombre al imperio: el imperio del centro, bien alejado de las periferias en las que los europeos situaban a China. También recogía tres escollos en la vida según la mentalidad china: en la juventud, los placeres criminales, en la edad madura, las disputas y los pleitos, en la vejez, la avaricia.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>ACTITUD CURIOS ANTE ASPECTOS DE LA VIDA COTIDIANA</strong></p>
<p>Señaló la existencia de divorcio en China, explicando los motivos por los que el marido podía repudiar a la mujer: por el crimen de adulterio, por esterilidad, por deshonestidad, por desobediencia a los padres del marido, por tener la mujer mala lengua, por ser inclinada al robo, por ser celosa y por tener una enfermedad incurable. Ante esa situación, señalaba, la mujer podía oponerse al divorcio si no tenía parientes que la pudieran acoger, o si hubiera llevado luto por los padres del marido durante tres años, y en esos casos, el marido estaba obligado a aceptar de nuevo a la mujer.</p>
<p>Toda elaboró también un listado de las misiones católicas y protestantes en China en 1869, algo que sin duda interesaba al gobierno español, todavía muy comprometido con la labor evangelizadora que las órdenes religiosas desempeñaban en Ultramar. en esas cifras, destaca que hubiera tantas misiones católicas desempeñadas por lo que Toda llama “indígenas”, esto es, por frailes chinos, una situación radicalmente diferente de lo que ocurría en Filipinas.</p>
<p>Reflejaba, en suma, aquellas cosas que despertaban su curiosidad y los temas que le llamaban la atención, más allá de su trascendencia, aunque procuraba recabar también datos y cuestiones que pudieran tener utilidad para el desarrollo de su misión. Generaba conocimiento, sin duda, pero hay que advertir que sus notas estaban escritas desde una mentalidad occidental, que veía China desde una mirada típicamente orientalista europea, No llegó a entender el sentido religioso chino, ni sus cultos, y cuestionó las supersticiones, los dioses cotidianos, la falta de higiene, la suciedad en las calles, la inmovilidad de los chinos, -un tema muy recurrente en los occidentales que en el siglo XIX se acercaron a China-. Hay que entender, pues, sus comentarios desde la mentalidad de un occidental de la época que tuvo la oportunidad de vivir ocho años en China y quiso narrar lo que vio.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>VIAJES POR TIERRAS Y RIOS<br />
</strong></p>
<p>Eduard Toda escribió, además, sobre sus viajes por China, entre ellos una excursión a Emuy, efectuada en 1880, o una breve expedición que realizó en 1881, partiendo de Shanghái, por el curso del Gran Canal imperial, hacia el país de los lagos, una vía náutica de unos 1.200 km construida en tiempos de la dinastía mongólica, con objeto de evitar que las frágiles embarcaciones chinas que llevaban al norte los tributos de arroz tuvieran que afrontar los tempestuosos mares de aquellas costas. en su viaje estuvo acompañado por el conde de Carfort, teniente de navío de la armada francesa, que ilustró la expedición con dibujos. Fueron a bordo de un pequeño barco con camarote, que podía navegar a vela, a remo, o a la sirga, es decir, tirando de cuerdas desde las orillas cuando el canal era muy estrecho. su intención era conocer el canal y los paisajes que lo rodeaban, y dedicarse a la caza de faisanes. Tras varios días de viaje, Toda declaró entusiasmado que había conocido una de las comarcas más bellas de China.</p>
<p>El 7 de noviembre salieron de Shanghái, remontando el curso del Suchao. El día 8 llegaron a Tsungmu, una pequeña población de la zona de los lagos. Visitaron distintos santuarios, en los cuales los monjes budistas les acogieron con amabilidad, ofreciéndoles té, mostrándoles los monumentos más significativos, y narrándoles el devastador paso de la rebelión Taiping por aquella tierra.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA INCURSIÓN OFICIAL A NANJING</strong></p>
<p>Sus cuadernos incluían también apuntes de un viaje a Nanjing, una región a la cual los europeos no podían llegar sin un permiso especial de las autoridades chinas. Quizás por ello realizó la visita a bordo del crucero de guerra español “Gravina”, “<em>un barco de guerra nacional que paseaba nuestra bandera por aquellas lejanas regiones</em>” a fin de que se conociera la presencia española. En sus escritos recogió sus impresiones de los lugares que visitó. Hablaba, así, del silencio, la soledad y la destrucción que aún se advertía tras el paso de los Taiping, de las ruinas del palacio imperial, destruido, primero en el siglo XV, cuando la corte se trasladó a Pekín, a fin de evitar que nadie pudiera profanar habitaciones concebidas solo para el emperador, y en las últimas décadas por la guerra civil que asoló esta parte del país. ensalzó también las tumbas Ming, comparándolas por su grandiosidad con las pirámides de Egipto. Toda resaltaba también que “<em>desde las afueras de Nanking marcábase el camino que conducía al regio panteón con dos hileras de monolitos representando diversos cuadrúpedos y guerreros de la época&#8230;</em>” explicaba igualmente que “<em>los soberanos de la pasada dinastía Ming, deseosos de conservar sus restos mortales al abrigo de toda profanación, no podían imaginar cosa mejor que construir una montaña de más de tres leguas de circunferencia, en cuyo seno se depositaran sus cuerpos</em>”. Y concluía: “<em>Es de creer hayan conseguido su objeto, pues si bien la necrópolis regia está abandonada y fue abierta varias veces, no hay recuerdo en el país de que se haya encontrado el cadáver de un solo emperador</em>”.</p>
<p>Al ser este viaje una misión oficial, el barco español recibió la visita del virrey de la zona, que fue puntualmente narrada por Toda, ilustrando la barca que empleó el mandatario en su visita al “Gravina”, y detallando la comida que les ofrecieron, -aleta de tiburón, nido de golondrina, y así hasta más de 40 platos-, al punto de explicar luego que “<em>en los buenos banquetes deben presentarse a lo menos cuarenta o sesenta manjares diferentes y duran entre tres o cuatro horas. Han sido el suplicio mayor a que me he visto sometido en China</em>”.</p>
<p>En 1882 Toda abandonó China rumbo a nuevos destinos. pero en los recuerdos que nos ha dejado sobre su estancia en ese país destaca su manera de entender y desempeñar su profesión y de relacionarse con la sociedad en la que vivía. Se le puede considerar como ejemplo de una serie de diplomáticos del XIX que tuvieron trayectorias personales y profesionales originales, defendieron ideas propias respecto al interés que presentaba Asia, y realizaron importantes contribuciones al conocimiento de aquel ámbito.</p>
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		<title>Juan de Novoa. Un explorador gallego en la Armada de Portugal</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/juan-de-novoa/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Jul 2023 08:31:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros españoles]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Enrique Morales Cano Bibliografía: Boletín 53 &#8211; Imperio Otomano Nacido en Maceda en 1460 y establecido en Lisboa casi treinta años después, desempeñó un importante papel en la historia [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/juan-de-novoa/">Juan de Novoa. Un explorador gallego en la Armada de Portugal</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Enrique Morales Cano</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-53-especial-imperio-otomano/">Boletín 53 &#8211; Imperio Otomano</a></p>
<p><strong>Nacido en Maceda en 1460 y establecido en Lisboa casi treinta años después, desempeñó un importante papel en la historia de la navegación portuguesa, sirviendo primero a Juan II y siendo más tarde hombre de confianza de Manuel I el Afortunado. Descubrió la isla de Santa Elena y la de Ascensión, realizó tres viajes a la India en busca de las muy codiciadas especias, y destacó por sus buenas artes diplomáticas.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>De Maceda a Lisboa</strong></p>
<p>La historia de este noble gallego nacido en Maceda (Orense), Juan de Novoa para los españoles, Joao da Nova en el ámbito histórico portugués, se remonta a la Era de los Descubrimientos. Se trata de un complejo personaje para una época también compleja, que forma parte con todo mérito y honores de esa desdichada legión de seres injustamente olvidados, de quienes ya nadie se acuerda, ni apenas consta memoria. Originario del castillo de Maceda, en medio de un entorno paradisíaco, pertenecía por derecho propio a la baja nobleza gallega. Las perdurables sevicias cometidas contra el campesinado gallego se habían hecho ya por entonces tan ostensibles como crónicas, y así, ante las atrocidades de todo sesgo cometidas contra el campesinado, optó el gallego por marcharse. Tal decisión le supondría a Xoan cruzar para siempre la raya portuguesa para salvar la cabeza en lo mejor de su existencia, la treintena. Ya no volvería más a la amada tierra. No obstante, dadas sus buena cualidades, enseguida entra con buen pie a servir a Portugal, volcado entonces en la conquista del norte de África y deslizándose en sucesivos descubrimientos por la costa occidental africana, en busca incansable del cruce del Atlántico con el Índico que les llevaría directamente a la India, el capital mundo de las especias.</p>
<p>Una vez en Lisboa se hizo amigo de Tristán de Acuña, favorito del rey Manuel I y figura de máximo y reconocido esplendor en todos los terrenos públicos imaginables, sociales, culturales y sobre todo financieros. Con este “comodín” en mano y las habilidades y conocimientos públicamente desplegados, Novoa se haría, a no muy tardar, con la alcaldía de Lisboa, y bajo su férula recaería también la seguridad ciudadana lisboeta, así como las implícitas funciones de guardián del estratégico castillo de San Jorge. Pero su mundo no era el de la burocracia, lo oficinesco ni el alto funcionariado, aunque tan bien supiera, no obstante, lidiar con todo ello; ni la codicia le cegó nunca desde los puestos que paulatina y gustosamente mantenía correspondidos y ciertamente conquistados. Su afán era proseguir el latido explorador y seguir los pasos de los primeros pioneros en pos de la India, seducción a la que ya habían caído en pleno, por su parte, tanto Gama como luego a continuación Álvares Cabral.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Al mando de La Flor de la mar</strong></p>
<p>Cuando Novoa (o da Nova) marchaba firmemente ya a la India sin más tropiezos, encomendado a Dios y la mayor de las fortunas, Cabral, en cambio, andaba perdido por algún lugar del universo marino. Acabando por devolver apenas siete de los 13 navíos con los que partiera de Lisboa, dos de los cuales, además, vacíos en contenido de especias: razón por la cual quizá la acogida en la corte no fuera especialmente tan allegada como otras, ni tan calurosa. Nervioso, pues, Manuel I por falta de noticias ultramarinas, ordena entonces al gallego encabezar la III flota hacia el Indostán, al frente de cuatro carabelas, cuyo buque insignia -que comandará siempre-, ofrece el bello nombre de “Flor de la mar”, en español. Sería el título que, en adelante, llevarían sucesivas naves capitanas de la Armada lusa.</p>
<p>A su feliz regreso, sin más contratiempos que el cruce del siempre temido Cabo de Buena Esperanza, Juan de Novoa descubre la isla de Santa Elena, auténtico bastión reparador a lo largo de toda la extensísima y peligrosa “Carrera de la India”. A la ida, había avistado ya otro enclave isleño, igualmente aislado en la inmensidad del vacío navegable, Concepción, por todas partes marginado de tierra e incrustado en medio de la nada del Atlántico Sur, luego conocido por Ascensión. Tiene la isla la implícita particularidad de disponer de la mejor aguada de “la Carrera de la India”, así como de haber sido el lugar de natural anclaje, hospital, reposo de la tripulación y reaprovisionamiento de naves. Sin olvidar el determinante factor de servir de punto de encuentro para reagrupar y defender las flotas provenientes del rico Malabar indostánico, constantemente atacadas por sus enemigo. Cada vez más cargadas de preciadísimas y caras especias, estaban permanentemente bajo el acecho de las flotas holandesas, primero, y más adelante de otras potencias europeas.</p>
<p>Novoa cruza, pues, el Cabo de Buena Esperanza en que entrechocan las aguas frías con las más cálidas índicas, y llega final y bonanciblemente a Cananor con la suerte permanentemente de cara. Una vez llegado a la costa india, y gracias a sus buenos  oficios y fácil labia, se gana para Portugal la voluntad del rey local. En realidad, pese a exigidos intentos comerciales, previamente evidenciados y comandados por Gama y Cabral, de sustentar firmes bases económicas en la zona, es da Nova, sin embargo, quien formalmente funda la primera factoría sobre bases operativas estables en dicha localidad costera. Tal negociación le supone cargar las naves de preciosísimas especias y regresar a casa con cuantos navíos partió sin contratiempos. Algo que, sin embargo, raras veces solía ocurrir, a causa de ataques o fieros temporales que desbarataban las escuadras anuales a la India.</p>
<p>Mientras el imperio ultramarino español, por su parte, se estaba asentando sobre las tierras más cercanas de América, los portugueses se meten de lleno por su parte en la auténtica “boca del lobo”. Unos mares y unas tierras pisadas y disputadas por imperios tan sólidos, fuertes y aguerridos como los persas, hindúes o como los mogoles. Sin contar tampoco -en tránsito por la costa oriental africana rumbo al Malabar- con la virulenta y combativa animadversión demostrada por algunos enclaves árabes y negros. Tan solo los comisionistas de especias venecianos, que comerciaban el producto con Europa vía Mediterráneo, eran institucional y cordialmente aceptados a base de acuerdos, entramados, y encontrados intereses.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>Enfrentamiento naval en la bahía de Cananor</strong></p>
<p>En este entorno histórico, dispuesto Juan de Novoa a zarpar hacia Portugal con las naves casi repletas de especias, y coronar así con indudable éxito tan arduo periplo (que le llevaría incluso en su segunda expedición a la India, de 1505, a descubrir Sri Lanka), se dio de bruces con toda la bahía de Cananor bloqueada por fuerzas enemigos. Advertido por sus fieles de no plantar cara, pues el mínimo intento de cruzar esas aguas sin permiso conduciría a un devastador abordaje en masa, se le aconseja aceptar la situación y rendirse. Pero Xoan, sin dudarlo, ordena reagrupar desde “Flor de la mar” sus cuatro frágiles carabelas, frente a centenares de barcos de toda clase y pertrechos dispuestos a asfixiar sus planes y abordarle. Así, el gallego se lanza en tromba sobre la sólida y estructurada muralla enemiga, la atraviesa ante la estupefacción general y ,una vez realizada tal proeza, dispara contra ellos sus cañones de bronce haciendo añicos las embarcaciones de sus incrédulos enemigos, que disponiendo tan sólo de inferior artillería de hierro, se retiran derrotados. Llevando a la práctica una táctica de ataque que se consagró en la guerra naval hasta épocas muy recientes.</p>
<p>Victorioso, volvió en 1505 con su protector Tristán de Acuña al mando de una nueva flota expedicionaria a la India, pero una repentina ceguera de su amigo le obliga a salir de nuevo en solitario hacia el Malabar. A su regreso, problemas de salud y el mal estado de su nave le hacen recalar durante meses en las isla de Pemba, muy próxima a la costa africana. Allí llega a rescatarle Acuña, restablecido de su mal, comandando otra poderosa flota anual a la India. Repara la nave de Joao y trasvasa las codiciadas especias varadas en Pemba a otra embarcación, que dirige de inmediato rumbo a Lisboa.</p>
<p><em> </em></p>
<p><strong>Días de trabajo y olvido en Cochin</strong></p>
<p>Pero la llegada de socorro de su providencial amigo ocasionará, no obstante, el comienzo de todas las sucesivas desgracias para Novoa, al surgir en escena su auténtica bestia negra, el mítico y legendario personaje asociado a Acuña Alfonso de Albuquerque, quien se enfrentará una y mil veces, humillándole, a nuestro gallego. Se producen, pues, a continuación múltiples enfrentamientos inútiles y atroces, y tras el fracaso de la toma de Adén, finalmente las fuerzas lusas se reunifican en la India, regida ya por su primer virrey, el loable Francisco de Almeida.</p>
<p>Allí, hasta su muerte en Cochín en 1509, Juan de Novoa sigue oponiéndose al de Alburquerque y, posteriormente, participa de forma activa en diversas y trascendentes batallas navales, que consolidan la primacía portuguesa en la zona. Fallecería en dicha ciudad portuaria en situación económica menesterosa, señalan las crónicas de los principales historiadores (Gaspar Correia, etc.), siendo precisamente su principal rival, Alburquerque, quien habría de pagarle el entierro. Lo cierto es que su verdadero patrimonio no está del todo esclarecido, pues, según se sabe, en su momento llegó a testar, dejando posiblemente legado a sus deudos. Incluso, al parecer, adquirió una casa al rey, adosada a la iglesia lisboeta de la Concepción (muy devota de los marinos próximos a zarpar) para edificar una capilla.</p>
<p>Hoy, Juan de Novoa, o Joao da Nova -como indistintamente se quiera- parece, en cambio, no existir en Portugal, España ni ninguna parte. Entre portugueses, quizá por oscurecer luces o ampliar sombras de los grandes mitos marinos de sus inmediatos precursores y pioneros en la apoteósica “Carrera de la India”, los Gama y Cabral. Así, en el mastodóntico monumento levantado en loor de los descubrimientos erigido en Lisboa, próximo a la maravillosa Torre de Belém, quedan esculpidos perdurablemente hasta los necesarios zapateros, cocineros y barberos acoplados a la magna gesta, pero ni rastro del bueno de Juan, que tanto hizo por arraigar el Imperio.</p>
<p>En España, la desatención sin duda se debe a la desidia hispánica hacia los propios que han llevado a cabo grandes proezas con otros. Pero ningún olvido puede borrar la obra hecha y bien concluida de Joao da Nova.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/juan-de-novoa/">Juan de Novoa. Un explorador gallego en la Armada de Portugal</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>Es Sahelí, el arquitecto de Tombuctú</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/es-saheli-tombuctu/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Jul 2023 08:25:21 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Emma Lira Bibliografía: Boletín 41 &#8211; Desiertos del mundo El Sahel, esa franja desconocida de terreno ganado o perdido ante el desierto, se extiende al sur del Sahara y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Emma Lira</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-41-desiertos/">Boletín 41 &#8211; Desiertos del mundo</a></p>
<p><strong>El Sahel, esa franja desconocida de terreno ganado o perdido ante el desierto, se extiende al sur del Sahara y constituye una frontera climática en constante avance entre los arenales del norte y las sabanas y selvas del sur. Hay precipitaciones, pero escasas. Hay vegetación, pero poca. Comprende una colección de estados islámicos –antiguas colonias francesas– que se encuentran entre las más pobres del planeta. Sus fronteras son permeables y sus gobiernos, inestables en general. Y, no obstante, un día constituyó una referencia mundial para la cultura islámica y albergó algunas de las mas poderosas civilizaciones del momento, hasta el punto de que los granadinos de Al Andalus, decidieron hacer de él su hogar.</strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La historia de los andaluces en la Curva del Níger está siendo parcialmente recuperada, poco a poco, por diversos escritores e historiadores. El exilio de algunas familias granadinas a la actual Mali hace quinientos años o la conquista de Tombuctú por el ejército del almeriense Yawder Pacha (Yuder Pachá), a las órdenes del sultán de Marrakech en el siglo XVI, tuvieron consecuencias en forma de descendencia directa.</p>
<p>A día de hoy, aún más de diez mil familias de ascendencia andalusí habitan la Curva del Níger y aún conservan orgullosos algunas palabras del castellano como herencia cultural. Son los Arma o los Laluyi (renegados, pues se cree que en algún momento se emparentaron con cristianos y judíos). Algunos habitan en remotas aldeas, a días en piragua, en el país más pobre del mundo. Y sin embargo, durante cuatrocientos años, han escondido un tesoro que repartieron entre ellos para preservarlo de saqueadores o del ejército francés: más de tres mil  manuscritos en los que se narra la historia del Islam en la península ibérica y el exilio de los andalusís al Níger. El más importante legado histórico andalusí que existe fuera de las fronteras españolas.</p>
<p>La historia de Yawder Pachá, el soldado de fortuna procedente de Las Cuevas de Almanzora que en el siglo XVI conquistó Tombuctú al mando de un ejército de andaluces, castellanos y portugueses; la de Sidi Yaya, uno de los poetas místicos más importantes, natural de Tudela, que se trasladó a la zona en el siglo XV, la historia del viajero granadino Hassan ben Mohammed, más conocido como Juan León de Médecis o “León el Africano” que visitó la zona en las mismas fechas, la de Alí ben Ziyab al Kuti al-Andalusí, que dejó su Toledo natal en 1468, ascendiente común de una parte importante de la gran familia Arma, y cuyo hijo, Mahmud Kati, escribió una obra histórica que ha sido reconocida por la UNESCO como representativa de la Humanidad en su serie africana… Todas ellas están aquí. Epopeyas gloriosas, reyertas, migraciones y pequeños secretos de familia. Todo es válido para investigar un pasado histórico común que ha permanecido oculto de generación e generación durante siglos. Una historia que apenas ha sido contada. Quizá porque era la de los vencidos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>EL ARQUITECTO DE TOMBUCTÚ </strong></p>
<p>Entre esas historias está la del andalusí Es Saheli. Es anterior al exilio forzoso impuesto por los Reyes Católicos, puesto que nació en el año 1290. Su sobrenombre –saheli– nos habla de ese sahel árido y fronterizo que le adoptó, pero cuando nació, en la bellísima y bulliciosa Granada musulmana del siglo XIII, se llamaba Abu Ishak y amenazaba ser una persona corriente. No pertenecía a ninguna familia relevante en la corte –su padre era el alamín de los perfumeros del zoco granadino– pero por algún extraño designio estaba llamado a hacer grandes cosas. Creó un arte que aún hoy perdura y que ha inspirado a artistas de la talla de Le Corbusier, Gaudí o Miguel Barceló, elevó la sencillez a la categoría de Arte y algunas de sus obras están consideradas Patrimonio de la Humanidad… Y sin embargo ¿cuántos de los que leen este artículo han oído hablar de él?</p>
<p>Abu Ishak tenía un espíritu viajero e inquieto, alma de poeta y una curiosidad innata por saber, conocer, aprender, entender y explicarse. Llegó a ser notario de Granada y a ingresar en la Chancillería de la La Alhambra, pero sus excesos, no exentos de sexo, drogas y alcohol, como en las viejas canciones rockeras, le llevaron a caer en desgracia ante las autoridades. Fue acusado de herejía y obligado a exiliarse del país. Abandonó la ciudad que amaba con locura y que le había visto nacer y embarcó en Almuñecar. En algún momento había tomado la decisión –quizá ante una acusación de herejía que consideraba injusta– de emprender su propia peregrinación a La Meca. Quizá soñara con volver redimido –más culto, más sabio, más humilde– a la ciudad donde quedaba su familia. Probablemente mirara hacia la costa desde el barco que se dirigía, sin él saberlo, hacia la segunda etapa de su vida. El caso es que, quizá entonces no lo imaginara, pero, como en un verso de Lorca, jamás volviería a Granada.</p>
<p>Abu Ishak se convertiría en un gran viajero, sobre todo para los estándares de la época. Visitaría Damasco, Yemen, La Meca, Fez, Bagdad y El Cairo. Pero sería 98 / SGESGE / 99 en la Ciudad Santa, en el año 1330, donde el destino le pondría en el camino de otra gran personalidad de su tiempo, el llamado emperador “del Reino de los Negros”, el rey maliense Mansa Mussa.</p>
<p>En efecto, la peregrinación del emperador a La Meca esta recogida en nume-rosas crónicas de la época, especialmente porque sirvió para situar a su país en el mapa de la época. Hasta ese momento la curva del Níger era un universo desconocido. Sin embargo, la mítica ciudad de Tombuctú, destino y origen de las caravanas que cruzaban el desierto, albergaba ya tres universidades y 180 escuelas coránicas y su gobernante estaba decidido a situarla en el lugar histórico que creía que le correspondía por derecho. En una admirable operación de mar-keting para la época, en su largo periplo hacia La Meca estuvo acompañado por sesenta mil porteadores, cada uno de los cuales llevaba encima tres kilos de oro. Se dice que durante su estancia en El Cairo, la moneda local se devaluó, como consecuencia de la sobreabundancia de riquezas repentinas en la ciudad. Sin embargo, la extremada ostentación del emperador cumplía un segundo objetivo, “seducir” a los mejores de entre los mejores en el mundo islámico, y de alguna manera “comprar” con sus riquezas la cultura, el arte y la sabiduría que le faltaba a su reino. Quería músicos, pensadores y filósofos. Quería astrónomos, mate-máticos y poetas. Quería arquitectos y constructores, personajes brillantes que le dieran esplendor a su corte. El mismo que ostentaban los sultana­tos del norte de África y la mítica Al Andalus, más allá del mar…</p>
<p>Y en este momento histórico es cuan­do el emperador cazador de talentos se encuentra con el talento indiscuti­ble del granadino exiliado, Abu Ishak, quien, en 1334 regresa al Níger en la caravana del emperador junto a una corte de sabios y hombres de letras. Y una vez allí, en aquel paisaje semi­desértico, ganado a duras penas a las lluvias torrenciales y a las sequías, Abu Ishak se convierte en Es Saheli, su habilidad con las letras se con­vierte en un exquisito manejo de los volúmenes las texturas y las formas, y el poeta bohemio se convierte en “el arquitecto de Tombuctú”, como le rebautizó el escritor Manuel Pimentel en el formidable libro en el que recupera para la historia la extraordinaria figura de Es Saheli.</p>
<p>¿Y por qué arquitecto? ¿Y por qué no? Es Saheli había admirado las construc­ciones palaciegas granadinas, las suntuosas mezquitas de La Meca, la monumen­talidad egipcia… Y sin embargo, cuando el emperador le pidió que dotara a su país de aquella misma majestuosidad, Es Saheli tuvo la inteligencia de no copiar todas aquellas maravillas, sino de reinterpretarlas, de contextualizarlas en aquel paisaje humilde de barro y acacias dispersas. Para ello tomó esos dos materiales como base –barro y madera de acacia– y los elevó a la categoría de arte al usarlos para levantar grandiosas estructuras de adobe, con vigas vistas de madera y una ingeniosa interpretación de las luces y las sombras proyectadas por el sol, como si fueran una prolongación de la propia tierra. Así construyó la mezquita de Djinguereber y las de Tombuctú –declaradas Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, pero su influencia iría mucho más allá, ya que hasta día de hoy las mezquitas– no solo de la curva del Níger, sino desde Guinea a Sudán, pasando por Burkina Faso se continúan construyendo de la misma manera, en lo que ha dado en denominarse “arquitectura sudanesa”, pero que, si la historia entendie­se de justicia, podría haberse llamado “arquitectura granadina”.</p>
<p>Las relaciones entre Andalucía y la Curva del Níger pueden calificarse, por extraño que parez-ca, de milenarias. En tiempos del califato de Córdoba ya había lazos culturales e históricos entre ambos países y la coronación de los reyes de Gao, en Mali, se hacía bajo los auspicios del califa cordobés, pero quizá sea en este momento, en la mágica ciudad de Tombuctú, cuando cristalice y se fusione para la posteridad, para los ojos de todos los que queramos tomarnos la molestia de viajar a verlas, la esencia de ambas civilizaciones: la magnificencia andalusí y la sencillez y el sol y la tierra agrietada de ese cinturón de tierra al sur del Sahara.</p>
<p>La historia que es amiga de los finales felices, cuenta que Es Saheli se asentó en Tombuctú, que continuó construyendo mezquitas y palacios y que tuvo la oportunidad de seguir viajando como embajador de Kanku Mussa, el emperador de aquel “Reino de los Negros” que empezó a levantar envidias, amistades interesadas y suspicacias cuando decidió exhibir su riqueza. Y como también es amiga de las cifras y de la anécdota nos cuenta que el arquitecto granadito recibió 170 kilos de oro por la construcción de la mezquita de Djingereiber, en Tombuctú, y que ésta fue siempre su predilecta. Puede que fuera así, pues murió en ella, en su patio en el año 1346. Pero también puede que hubiera pagado esos 170 kilos de oro –o gran parte de ellos– por la posibilidad de volver a ver Granada. O una vez más, como diría Lorca, su Granada.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>BIBLIOGRAFÍA</strong></p>
<p>■ <em>El Arquitecto de Tombuctú</em>, de Manuel Pimentel. Ed. Umbriel. 2008.</p>
<p>■ <em>La Conquista de Tombuctú</em>, de Antonio Llaguno. Ed. Almuzara. 2006.</p>
<p>■ <em>Los Otros Españoles</em>, de Ismael Diadié y Manuel Pimentel. Martínez Roca, 2004.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><em>Imagen de <span class="mw-mmv-source-author"><span class="mw-mmv-author">Mousssa NIAKATE.</span></span></em></p>
<p>&nbsp;</p>
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		<title>Fernando de Aranda. El arquitecto de Damasco</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/fernando-de-aranda/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 21 Jul 2023 07:43:01 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Galería de exploradores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Por Miquel SilveStre Bibliografía: Boletín 40 Los grandes exploradores no conocieron el transporte aéreo. Seguir sus míticas huellas obliga a recorrer los mismos caminos de aquellos obstinados. Sólo así se [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/fernando-de-aranda/">Fernando de Aranda. El arquitecto de Damasco</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<h3>Por Miquel SilveStre</h3>
<p>Bibliografía: <a href="https://sge.org/publicaciones/boletines/boletin-40/">Boletín 40</a></p>
<p><strong>Los <em>grandes exploradores no conocieron el transporte aéreo. Seguir sus míticas huellas obliga a recorrer los mismos caminos de aquellos obstinados. Sólo así se puede aprehender algo de su espíritu. El fantasma del personaje español que esta vez busco en Oriente Medio me ha traído primero hasta Estambul, donde su padre había sido invitado por el Sultán Abdul Hamid II para dirigir su orquesta. Pronto, el capaz y ambicioso músico fue ascendido a general de división y nombrado director de todas las bandas militares del Imperio Otomano. Su hijo, Fernando de Aranda, fue un reputado arquitecto en Siria. Esta es su historia.</em></strong></p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Cuando el sultanato empezó a decaer, Fernando de Aranda (padre) dejó Estambul para emigrar con su familia a Damasco, donde llegaría en 1903. Pongo pues rumbo a Siria tras los pasos de este personaje. Esta vez no utilizo el populoso paso que lleva de Antakia a Aleppo, sino el mucho más remoto de Nusaybin, cercano a Iraq y puerta de entrada a un desierto plano e infinito en el que apenas algunos rebaños de camellos rompen la polvorienta monotonía. Al llegar a Tadmor desde el noreste no veo nada más que los sórdidos callejones de una barriada humilde. El único punto de referencia es la imponente ciudadela árabe construida en el siglo XVII sobre un monte cercano. Desde esta atalaya diviso las crestas de un paseo erizado de columnas. Es Palmira. Desciendo campo a través y llego hasta el corazón del yacimiento. No soy el único motociclista. Los comerciantes locales de bisutería y antigüedades falsificadas usan pequeñas motos para circular entre las ruinas romanas.</p>
<p>Patrimonio de la Humanidad desde 1980, Palmira es un testimonio vivo de otra época. A diferencia de otras joyas arqueológicas, se puede acceder libremente. No hay barreras ni guardianes. Literalmente a tiro de piedra está el hotel Zenobia, el más antiguo. Su nombre fue elegido en honor a la esposa del gobernador romano Septimio Ordenato que al enviudar se erigió en soberana de un reino independiente hasta que en el 272 fue derrotada por las tropas imperiales.</p>
<p>De una sola planta y perfectamente integrado en el entorno, el Zenobia fue inaugurado cuando se desconocía por completo algo llamado turismo. Quienes a principios del siglo XX llegaban hasta aquí eran viajeros cosmopolitas sin urgencia alguna. Espías, diplomáticos o fugitivos. Desde su privilegiada terraza se contempla la puesta de sol entreverada de capiteles y ábsides milenarios. En la recepción hay una foto de don Juan Carlos I y doña Sofía. También Alfonso XIII pernoctó aquí. El hotel es conocido en España. La razón es un reciente libro de éxito de Cristina Morató sobre Marga d’Andurain, bohemia dama francesa que fue su directora. Pero lo que busco no son las novelescas andanzas de esa mujer de leyenda a quien algunos consideraron espía británica, sino las huellas del hombre que diseñó este sobrio edificio: Fernando de Aranda, hijo del director de la orquesta del Sultán, que decidió quedarse en Siria cuando el Imperio Otomano se desintegró.</p>
<p>El gerente confirma que muchos españoles han visitado el hotel a raíz de la publicación del libro sobre d’Andurain, pero que nadie le había preguntado antes por Aranda, quien además fuera vicecónsul honorario de España durante la Primera Guerra Mundial con la misión de proteger a los occidentales que permanecieron en Oriente Medio. Me sorprende ese desinterés. La historia es poco conocida pero no es secreta. Recientemente, el Instituto Cervantes ha publicado un volumen completo sobre su figura, esencial para entender la fisonomía de la Damasco moderna.</p>
<p>Tras el desierto, aparece la bulliciosa capital de Siria. La puerta del romano templo de Júpiter separa la Mezquita de los Omeyas del bazar cubierto de Al-Hamadiye, donde se mezclan todos los aromas, se venden todas las telas, se ofertan todos los sabores y se demandan todos los oficios. La Vía Recta, plantada sobre la Vía Decumana latina nace en el zoco y termina en el barrio cristiano, por el que la mayoría de las mujeres caminan descubiertas, los restaurantes sirven alcohol y los colegios acogen una muchachada mixta que camina despreocupada y alegre. El arquitecto español unió su vida a este lugar y lo llenó de genio. Aquí murió en 1969 y aquí está enterrado en un cementerio musulmán. Casado con una turca rica, se convirtió al Islam, al igual que hicieron otros aventureros españoles. Como Domingo Badía, primer occidental que visitó la Meca y que fue bautizado con el nombre de Alí Bey. Más de setenta edificios llevan la personalísima impronta de Aranda. El Serrallo (hoy sede del Ministerio del Interior), la Universidad Vieja, el Banco Comercial de Siria y multitud de palacetes privados. También algunas mezquitas de las más de setecientas que hay en el municipio permanentemente habitado más antiguo del planeta.</p>
<p>Sin duda, la obra más representativa de su estilo sobrio y funcional, bello y alejado del manierismo modernista, es la estación ferroviaria del Hedjaz O Hiyaz, construida entre 1917 y 1920 para llevar a los peregrinos hasta los santos lugares de Arabia. La línea uniría Damasco con Medina, en lo que hoy es Arabia Saudí. Sin embargo, este tendido ferroviario fue pronto saboteado por los árabes, pues más que una finalidad religiosa la veían militar. El tren llevaría soldados turcos de modo rápido hasta el extremo de las posesiones otomanas. Uno de los más fieros enemigos de este ferrocarril fue el famoso Lawrence de Arabia, motero él, por cierto (se mató en una Brough Superior, el Rolls Royce de las dos ruedas), que desde el Wadi Rum de Jordania dirigía la sublevación árabe contra el sultanato.</p>
<p>El recepcionista del cercano hotel Sultán no sabe que la bellísima estación la diseñó un español. Para él los responsables fueron alemanes. Pero si bien es cierto que la línea férrea, que en muchos tramos circulaba por debajo del nivel del mar, fue obra del ingeniero Heinrich August Meißner, el edificio en el centro de Damasco es obra exclusiva de Aranda, quien no escatimó medios en su construcción. Así, reclamó que trajeran azulejos de Talavera de la Reina, levantó dos amplias plantas, decoró el interior con maderas oscuras y colocó vidrieras que tamizaran la recia luz meridional. En el que quizá sea su trabajo más logrado, combinó perfectamente la eficacia de una ingeniería civil con el delicado refinamiento oriental.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>Hoy la vieja estación de Damasco está sin uso. Permanece intacta en su céntrica ubicación. Nadie reclama que se demuela para levantar en su valioso solar una torre de apartamentos o un centro comercial. Tampoco es un cascaron vacío. Alberga una librería y una colección de fotos de la historia gloriosa del ferrocarril. Perfecta en su tranquila belleza, el reloj de la fachada está parado y el interior evoca un mundo de trenes de vapor y viajeros sin prisa. Por sus pasillos aún pasean los apasionantes fantasmas de Fernando de Aranda y su época: tiempo convulso de aventureros, mujeres fatales, espías, agentes dobles, diplomáticos y fugitivos que jamás conocieron esa moderna atrocidad de los vuelos low cost.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/fernando-de-aranda/">Fernando de Aranda. El arquitecto de Damasco</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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