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	<title>Lagos, ríos y océanos archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>La mítica Atlántida y el descubrimiento del océano (viajeros griegos)</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-mitica-atlantida/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Dec 2023 13:12:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 75]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
		<category><![CDATA[Viajeros]]></category>
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<p><strong>Texto: Carlos García&nbsp; Gual<br></strong></p>



<p>Boletín 75 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Geografías míticas</p>



<p><strong>Si existe un lugar mítico en nuestra cultura mediterránea ese es la Atlántida, una isla situada más allá de las Columnas de Hércules, mencionada por Platón, y que llegó a alcanzar un gran poderío. Su nombre y su inmensa influencia han llegado hasta nuestros días rodeados de un aura prodigiosa.</strong></p>



<p><strong>LAS BASES DEL RELATO</strong></p>



<p>El relato fundamental sobre la Atlántida se encuentra en un texto tardío de Platón, en su diálogo Timeo (24-5) y se prolonga en otro diálogo posterior, aún más tardío e inacabado, el Critias (108-125).</p>



<p><strong>PALABRAS DE PLATÓN</strong></p>



<p><em>“Admiramos muchas y grandes hazañas de vuestra ciudad, pero una de entre todas</em><em> se destaca por su importancia y excelencia. En efecto, nuestros escritos refieren cómo vuestra ciudad detuvo en una ocasión la marcha insolente de un gran imperio, que avanzaba desde el Océano Atlántico sobre toda Europa y Asia. En aquella época se podía atravesar aquel océano porque había una isla delante de la desembocadura que vosotros llamáis de las Columnas de Heracles. Esta isla era mayor que Libia y Asia juntas y de ella los de entonces podían pasar a otras islas y de las islas a toda la tierra firme que se encontraba frente a ellas y estaba rodeado por el océano auténtico… En dicha isla, Atlántida, había surgido una confederación de reyes grande y maravillosa que extendía su poder sobre ella y muchas otras islas, así como partes de la tierra firme. En ese continente dominaban también los pueblos de Libia, hasta Egipto, y de Europa hasta Tirrenia.</em></p>



<p><em>Toda esa potencia unida intentó una vez en un ataque esclavizar a toda vuestra región, y la nuestra, y el interior de la desembocadura. Entonces, Solón, el poderío de vuestra ciudad se hizo famoso entre todos los humanos por su excelencia y audacia, pues superó a todos en valentía y en artes guerreras, dirigió en un momento a la lucha a los griegos, y más tarde se vio obligada a combatir sola cuando los otros desertaron, corrió los peligros más extraordinarios y dominó a quienes nos atacaban. Alcanzó así una gran victoria e impidió que los aún no esclavizados lo fueran y al resto, a cuantos habitábamos más acá de los confines </em><em>heraclidas, nos libertó generosamente. Posteriormente, tras un violento terremoto y un diluvio extraordinario, en un día y una noche terribles, vuestra clase guerrera se hundió de golpe toda bajo tierra, y la isla de la Atlántida desapareció de la misma manera, hundiéndose en el mar. Por ello aún ahora el océano es allí intransitable e inescrutable, porque lo impide la gran masa de arcilla que produjo la isla al hundirse en aquel lugar y que se encuentra sumergida a poca profundidad.”</em></p>



<p><em>“Acabas de oír un resumen, Sócrates, de lo que contaba el anciano Critias según noticias de Solón.”</em></p>



<p><strong>LA FUNDACIÓN DE LA LEYENDA</strong></p>



<p>Como se ve, aquí Critias cuenta a Sócrates una fabulosa historia que había oído a su abuelo, también llamado Critias, de un relato que éste había escuchado del viejo Solón. Es decir, un <em>mythos</em>, puesto en circulación por acreditados sabios atenienses, y que Solón, según Platón, habría escuchado en Egipto, tierra de fabulosas memorias. <em>Mythos </em>y <em>lógos </em>son aquí términos contrapuestos, aunque no en nuestro texto, y sin embargo queda claro que el relato reviste una cierta ambigüedad, un halo fabuloso que lo distancia de cualquier precisa narración histórica. Pero lo que aquí queremos resaltar es que estas palabras de Platón inician o fundan la leyenda de una gran isla atlántica, fabuloso y poderoso imperio frente a la costa occidental de África, que parecía amenazar a las ciudades europeas, pero luego quedó sumergido, tragado para siempre por una gigantesca catástrofe oceánica. Este relato a nosotros ahora nos suscita pronto un curioso paralelo: el de otra isla fabulosa, llamada <em>Utopía</em>, que inventaría el humanista británico Thomas Moro unos dos mil años después del diálogo platónico.</p>



<p>Pero Platón vuelve a tratar de esa mítica Atlántida para insistir en el esplendor de su civilización, y en el trágico final de la gran ciudad sumergida por designio de los dioses como castigo a su arrogancia. Ese es el relato que hallamos en el <em>Critias</em>. Cuenta allí que la catástrofe sucedió hace nueve mil años y la fabulosa Atlántida desapareció sumergida por un maremoto y <em>“forma ahora un lodo intransitable</em><em> que impide el paso por aquel espacio marino a los que por allá navegan”. </em>Los dioses que antes habían impulsado su brillante civilización castigaron la arrogancia de sus habitantes cuando estos se excedieron en su orgulloso poderío. Pagaron las culpas de su <em>hybris</em>. “Pero cuando desapareció en ellas la parte divina, pues se había mezclado arrogancia y un vano poderío”, cuando desapareció en ellos la parte divina, pues se había mezclado en exceso con la humana, y se comportaban de forma indecente, y parecían muy vulgares y soberbios y habían perdido lo más noble y preciado, y, no pudiendo llevar una vida unida a la auténtica felicidad, se creían bellos por completo y felices rebosando una injusta arrogancia y un vano poderío” los dioses los aniquilaron a los fabulosos isleños sumergiendo su gran ciudad en el misterioso Océano. De modo que, en resumen, así fue como aquella fastuosa civilización isleña de fabuloso poderío y mítico esplendor desapareció tragada por las aguas oceánicas como castigo a la impiedad y soberbia de sus gentes. De ella sólo quedó el fabuloso mito que algunos egipcios contaron a unos sabios turistas griegos.</p>



<p>Es curioso que algunos arqueólogos europeos, desde finales del s. XIX, hayan creído encontrar en ese trágico final de la isla un eco de la catastrófica destrucción de tierras y palacios minoicos por un tsunami, causado por la erupción del volcán de la isla de Tera (Santorini) en los últimos siglos del segundo milenio a.C. Ese gran terremoto, que alteró una amplia zona del Egeo, pudo haber inspirado el relato que reconfigura unos siglos después el mito platónico, que, a larga distancia de siglos, lo recompone cambiando escenario y lo recuerda como motivo mitológico tomado de una tradición egipcia, recogida por ilustres viajeros griegos. Esta tesis ha tenido notables partidarios, como el famoso arqueólogo Spiridon Marinatos, pero está muy discutida.</p>



<p><strong>EL MUNDO MISTERIOSO DE OCCIDENTE</strong></p>



<p>Para los griegos, el gran mar oceánico, que comenzaba a partir de las míticas Columnas de Heracles, fue durante largo tiempo un ámbito misterioso, ya que sus naves no podían avanzar hacia el desconocido occidente, dado que desde el siglo V a.C. los cartagineses dominaban toda esa zona del sur de Hispana y los pasos del estrecho. Pero, antes, algunos viajeros griegos llegaron hasta el sur de Hispania, como Coleo de Samos, que, según cuenta Heródoto, había visitado Tartesos, hacia el 630 a.C., y un tal Midácrito, que, según cuenta Plinio, habría llegado acaso hasta las costas gallegas, y un Eutímenes de Massalia, que pudo llegar a recorrer costas africanas y admirarse de las mareas de la costa y divisar desde su nave un río con hipopótamos y cocodrilos. Pero luego el océano se convirtió, como se ha escrito, <em>“en un gran coto privado de los cartagineses”</em>, que dominaron las rutas de los ricos yacimientos de metales como el oro y la plata, y también los caminos hacia el estaño y el ámbar.</p>



<p>Y es muy justo recordar a los grandes y audaces viajeros cartagineses, como los hermanos Hanón e Himilcón, que recorrieron con una amplia flota gran parte de la costa africana bajando hasta cerca de la desembocadura del Níger, cerca de Guinea, visitaron buena parte de las costas desérticas y algunas islas de los archipiélagos cercanas. Las noticias sobre estos tan extraordinarios viajeros nos han llegado en el texto latino de una <em>Ora Marítima </em>tardía, pero no cabe duda de que “el periplo de Hanón es el fascinante recuento parcial de uno de los viajes más épicos de la historia”.</p>



<p><strong>LA EXPLORACIÓN HACIA EL ATLÁNTICO NORT</strong></p>



<p>No sabemos qué motivos impulsaron a Píteas de Masalia, hacia el 320 a.C., a lanzarse a su gran viaje de exploración por las costas del desconocido Atlántico norte, es decir, a circunnavegar las costas del Atlántico Norte desde la Bretaña continental hasta las Islas Británicas y, tras recorrer sus costas, proseguir mucho más allá hasta el lejano norte, alcanzando al parecer la antes misteriosa y fabulosa isla de Tule (Islandia). (Es curioso advertir que, como investigadores modernos han destacado, parece que Píteas no partió en su nave atravesando el estrecho de Gibraltar, controlado aún por los cartagineses, sino, probablemente, desde algún puerto de la Galia, tal vez desde el estuario de la Gironda). En fin, después de concluir con feliz éxito su largo y asombroso periplo, Píteas volvió a su ciudad y escribió el relato de sus aventuras y exploraciones en un tratado que tituló <em>“Sobre el océano”.</em></p>



<p>Citaré el claro comentario de B. Cunlife: <em>“En un único libro, Píteas describía con detalle la naturaleza del océano, con sus mareas y sus fieras tormentas, sus islas y sus habitantes, y sus gélidos confines septentrionales. En lo sucesivo, el mundo entero lo sabría todo acerca de la extracción y distribución del indispensable estaño y del extraordinario ámbar. Por fin, los lejanos confines del mundo comenzaban a tomar forma”. </em>El relato de tan fabuloso como verídico y audaz recorrido, se perdió pronto, pero muchas de sus noticias fueron recogidas pronto por diversos historiadores helenísticos, latinos y griegos. Parece oportuno recordar que ese viaje por el entonces aún desconocido espacio marino del occidente europeo es casi coetáneo, es decir, sólo unos lustros posterior, al heroico avance de Alejandro y sus tropas por el Oriente, hasta los antes misteriosos confines del norte de la India.<span style="color: #999999;"><em><br></em></span><br><strong>HACIA EL ATLÁNTICO SUR</strong></p>



<p>Como último ejemplo de audaz viajero griego, quiero recordar como tardío ejemplo del intrépido Eudoxo de Cízico, quien, a finales del s.II a.C., se empeñó en un viaje de circunnavegación de África, partiendo de Gadira (i.e. Cádiz) y con arribada final en el puerto de Alejandría en Egipto. Su historia la cuenta Estrabón (<em>Geografía</em>, libro II,4) tomándola de Posidonio.</p>



<p>El texto de Estrabón es interesante, porque quiere dar una idea muy crítica del navegante, como un tipo quimérico y muy arriesgado, y de un merecido fracaso final. Cuenta que, tras realizar algunos viajes desde Egipto hasta la costa de Etiopía, una vez ya en Alejandría, se entusiasmó con su proyecto de dar la vuelta al continente africano partiendo de Cádiz. Creo que vale la pena citar unos párrafos de ese texto.</p>



<p><em>“Cayó en la cuenta Eudoxo de que era posible hacer el periplo de Libia (África), volvió a su patria, invirtió toda su fortuna y se hizo a la mar. Con que llegó primero a Dicearquia, luego a Masalia y luego, siguiendo la costa, hasta Gadira (Cádiz). Divulgando sus planes por todas partes y, enriqueciéndose, equipó un gran navío y dos chalupas como las de los piratas, y embarcó a jóvenes cantantes, médicos y otros artesanos y zarpó después hacia la India, impulsado por un continuo viento del Oeste. Pero, al cansarse sus compañeros de navegar, se acercó, a su pesar, a tierra, por temor al flujo y reflujo de las mareas. Y, sin embargo, sucedió lo que él ya se temía: el barco embarrancó de forma que no quedó totalmente desvencijado, sino que pudieron poner a salvo rápidamente en tierra el cargamento y la mayor parte de las maderas. Con ellas construyó una nueva chalupa, semejante a un barco de cincuenta remeros, y zarpó y navegó hasta encontrar unos hombres que pronunciaban palabras que él reconocía. Y con ello se dio cuenta de que los hombres de aquel </em><em>lugar eran de que los etíopes y que estaban en los límites del reino de Bogo.</em><em> Y abandonando su navegación hacia la India se dio media vuelta; y en su navegación costera vio una isla rica en agua y en árboles… Llegado sano y salvo a Maurusia (Mauritania), viajó a pie hasta encontrar a Bogo …”</em></p>



<p><em>“Pero advirtió que el rey pensaba venderlo como esclavo, o dejarlo en una isla</em><em> desierta, y escapó. Y de nuevo, ya en Iberia, intentó reunir gente y provisiones para regresar a aquella isla africana y proseguir la navegación. </em>Así acaba el relato de Estrabón, basado en el del filósofo Posidonio, y agrega, citando al famoso autor con cierta sorna:</p>



<p><em>“Yo, dice Posidonio, hasta aquí he llegado en la historia de Eudoxo; lo que</em><em> sucedió después es posible que lo sepan los de Gadira e Iberia.” </em>Me parece muy interesante este apunte sobre la figura del esforzado Eudoxo. Ciertamente fracasó, aunque al parecer no perdiera de todo el ánimo aventurero. Su idea fundamental, por la que tanto arriesgó era acertada: era posible su proyecto de circunnavegación del continente africano saliendo del puerto de Cádiz y acabando el largo viaje en un puerto de Egipto. (Cierto es que el continente africano era bastante más extenso de lo que él pudo imaginar).</p>



<p>*CARLOS GARCíA GUAL, es escritor, helenista, crítico y traductor. Miembro de la Real Academia de la Lengua. Catedrático emérito de Filología Griega de la Universidad Complutense de Madrid 2023.</p>
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		<title>El gran río de la música.</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/el-gran-rio-de-la-musica-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Jul 2023 11:41:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 74]]></category>
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<p><strong>Texto: Mariano López<br></strong></p>



<p>Boletín 74 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>El río Misisipi y la Luisiana española</p>



<p>Refugio, lugar de trabajo, frontera, icono cultural, el río Misisipi es, también, el lugar donde nacieron y donde establecieron sus raíces las más poderosas corrientes musicales del siglo XX: el blues y el jazz. En este artículo, su autor narra cómo surgió y se expandió la música del Misisipi, los estilos y las formas que emergieron de su desembocadura y aún continúan cautivando nuestros oídos.</p>



<p>El Gran Río, el Misisipi, aparece como protagonista o referencia en miles de canciones. Algunas nacieron en su propio cauce. Todas le tratan con respeto: como refugio, lugar de trabajo, medio de transporte o icono cultural. “En esa agua fangosa anhelo estar una vez más”, dice Jimmie Rodgers, el padre de la música country, en uno de sus grandes éxitos: <em>Mississippi Delta Blues</em>, grabado en 1933. “Ese viejo río debe saber algo, pero no dice nada”, escribió Jerome Kern en <em>Ol’Man River</em>, un tema que llevó a la fama la voz profunda de Paul Robeson, cantante, atleta, abogado y activista por los derechos sociales.</p>



<p>Españoles, franceses y británicos comenzaron a explorar el río a principios del siglo XVI y a establecerse en el siglo siguiente cerca de su desembocadura, al abrigo de la mejor ensenada, aprovisionados por las embarcaciones que cruzaban el Golfo de México. La creación de Nueva Orleans, en 1718, atrajo a la mayoría de los residentes en los puertos de la costa norte del Golfo a la nueva y prometedora urbe.<br><br>El sitio de la futura capital de la Luisiana había sido cuidadosamente escogido: conectado con el río Misisipi y el lago Pontchartrain, abierto al mar pero protegido, en gran medida, de su furia. Su crecimiento se dispararía durante la primera mitad del siglo XIX. El desarrollo de su agricultura, apoyado en una fuerte presencia de esclavos, y la prosperidad de su comercio, estimulado por el desarrollo de la navegación por el Misisipi y las conexiones marítimas a través del Golfo, atrajeron numerosos emigrantes de Europa y, en menor medida, de Asia. Un ingente número de esclavos, procedentes de otras partes de Luisiana, de otros estados americanos, del Caribe y de la costa occidental de África, constituyeron la mano de obra fundamental de las plantaciones de caña de azúcar, algodón y café del Delta y del valle del Misisipi y de las fábricas y establecimientos comerciales de Nueva Orleans. Miles de refugiados de Haití, negros y mulatos libres, llegaron también a Nueva Orleans tras la abolición de la esclavitud en su país, la declaración de independencia y la expulsión de los colonos franceses.</p>



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<p><strong>LA CULTURA CAJUN, HERENCIA DE LOS ‘ACADIENS’</strong></p>



<p>La primera gran emigración que dejó una huella musical al Sur de la Luisiana fue la que protagonizaron los refugiados de la diáspora acadiana. Acadia era el nombre de una amplia región que integraba las colonias de la Nueva Francia en tres provincias atlánticas de Canadá, una parte de Quebec y una parte de Terranova. El Tratado de Utrecht otorgó la Acadia a los británicos. En 1755, al inicio de una nueva guerra franco británica, los acadianos fueron expulsados de sus tierras por el ejército colonial británico.</p>



<p>Cinco oleadas de refugiados acadianos llegaron a Luisiana entre 1765 y 1785, acogidos a la protección que les dispensó la Corona española. Sumaban cerca de 3000 personas. Se establecieron, en su mayoría, en las tierras junto a los humedales donde convergen el río Atchafalaya y el Golfo de México, en las praderas al este del río, al sur de El Cairo, y entre la desembocadura del Bayou (brazo pantanoso) Lafourche en el Misisipi y el Bayou des Écores, cerca de Baton Rouge. Trajeron consigo sus danzas y sus baladas, sus fiestas y sus comidas, y, por supuesto, su idioma: una mezcla de dialectos y variedades del francés que mezclado con modismos del sur de la Luisiana terminó por adquirir carta de identidad como la lengua de los <em>acadiens </em>(acadianos, en francés), que pronto comenzaron a ser conocidos por las comunidades vecinas como los <em>cajun</em>, deformación del sonido de la palabra <em>cadiens</em>, un término que los acadianos acabarían adoptando como propio.</p>
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<p>La música cajun animaba las bodas, los bailes populares y las reuniones de los jóvenes. Bastaba un rústico violín para crear los compases, el ritmo y la melodía en la que se apoyaba la voz de un solista, por lo general un hombre. A lo largo del siglo XIX se incorporaron al cajun el acordeón, la guitarra y la percusión.</p>



<p>La primera canción cajun que se escuchó en disco fue <em>Allons a Lafayette</em>, un tema grabado en 1928 por la guitarrista y cantante Cléoma Breaux y su marido, el acordeonista Joe Falcon.</p>



<p>El historiador y etnomusicólogo estadounidense Alan Lomax recorrió la Baja Luisiana para recopilar la música cajun que se tocaba y cantaba en la década de los años veinte del pasado siglo. Lomax también recopiló ejemplos del <em>zydeco</em>, un término que se cree que proviene de otra deformación sonora -en este caso de la pronunciación de la palabra francesa <em>haricots </em>(judías)- y que da nombre a un estilo musical que nació de la mezcla del cajun con las primeras expresiones del blues. El <em>zydeco </em>cobró una fuerza especial en la década de los 80 del pasado siglo por el impulso que le dieron intérpretes como Clifton Chenier, Boozoo Chavis o Beau Jocque.</p>



<p><strong>LOS ISLEÑOS: TRADICIONES CANARIAS EN LUISIANA</strong></p>



<p>Una singular presencia española en la Luisiana también dejó en los bayous próximos a Nueva Orleans un estilo musical propio, cuyas expresiones han sobrevivido -con dificultad- hasta al menos los primeros años de este siglo. La asociación Los Isleños Heritage and Cultural Society of St Bernard (losislenos.org) se encarga, desde 1976, de promover el idioma, el patrimonio y las tradiciones culturales de la comunidad denominada “los isleños”, descendientes de los canarios que se establecieron en la Luisiana entre 1778 y 1783. Su sede se encuentra en el Museo de los Isleños y la Aldea Histórica, situado en el número 1357 de la calle Bayou en St. Bernard’s Parish (San Bernardo).</p>



<p>En 1778, el gobernador de la Luisiana, Bernardo de Gálvez, promovió la creación de colonias en torno al perímetro de Nueva Orleans para asegurar la defensa de la ciudad. Entre noviembre de 1778 y julio de 1779 llegaron a Nueva Orleans alrededor de 1600 colonos procedentes, en su mayoría, de las islas Canarias. Los historiadores Andrew T. Miloshoff y William de Marigny Hyland estiman que buena parte de estos emigrantes procedían del mismo lugar: Icod de los Vinos, en Tenerife. La sociedad Canary Islanders Heritage Society of Louisiana ha realizado una extensa investigación genealógica que determina el origen canario de la mayoría de los colonos establecidos por iniciativa de Gálvez.</p>



<p>El patrimonio cultural de los isleños tuvo en la música una de sus principales expresiones. En concreto, en una forma musical denominada “las décimas”. A diferencia de las décimas espinelas, diez versos de rima consonante, las décimas isleñas cobraron la forma de coplas cantadas con versos cortos que alternan rimas consonantes y asonantes. Las décimas tratan situaciones propias de la comunidad isleña, desde el retrato de los personajes locales hasta las labores de pesca. Durante siglos, han servido para alegrar fiestas y otros encuentros de los isleños y, al mismo tiempo, para divulgar sus tradiciones y preservar su legado. El cantante Irván <em>Puco </em>Pérez, nacido en 1923 en la isla Delacroix, St. Bernard’s Parish, ha sido uno de los más famosos intérpretes de las décimas isleñas y, quizá, uno de los últimos. Muchas de sus canciones se conservan gracias a la institución Folklife in Louisiana. Con sus actuaciones, el <em>Puco </em>Pérez llevó las décimas isleñas al Carnegie Hall de Nueva York y al New Orleans Jazz and Heritage Festival. En 1983 participó en el documental <em>Mosquitos and High Water, </em>producido por The Center for New American Media (CNAM), que narra la importancia de la décima para la comunidad isleña. En 1999 apareció en la serie <em>The River of Song</em>, producida por la red de televisión pública estadounidense PBS. El huracán Katrina destruyó por completo su casa lo que causó la pérdida de gran parte de sus grabaciones y las de su padre. Falleció en 2008.<span style="color: #999999;"><em><br></em></span><br><br><strong>ALGODÓN, DIQUES Y CANTOS DE TRABAJO</strong></p>



<p>Durante la gobernación española, se calcula que el número de esclavos suponía el 55 por ciento de la población del Sur de la Luisiana (African Americans and the Mississippi River, Dorothy Zeisler-Vralste, Eastern Washington University, 2019). Cerca de seis mil llegaron entre 1719 y 1763, en su mayor parte traídos desde Senegambia. La implantación de la desmotadora de algodón en 1793 revolucionó la producción de algodón, que paso de trece mil pacas en 1792 a más de cinco millones en 1860. El cambio trajo aparejado un incremento del número de esclavos: de sumar cerca de 700 000 en 1790 se pasó a 4 000 000 en 1860. Gran parte de los esclavos procedían de Virginia, Maryland y las Carolinas. En su mayoría, fueron ocupados en la producción de algodón. Fueron también la mano de obra fundamental en el resto de producciones agrícolas (caña, café, indigo, madera) y en los trabajos más duros que exigía el río, desde alimentar las calderas de los barcos de vapor a trabajar -catorce horas diarias- en la construcción y reparación de los diques.</p>



<p>El sociólogo alemán Paul Honigsheim, pionero en la aplicación de la Sociología a la Historia de la Música, afirma que el trabajo de los esclavos en los campos, los muelles de desembarco en el río, y, especialmente, en los campamentos de los diques, estaba acompañado por cantos de trabajo. Honigsheim sostiene que fue sobre todo en los campamentos de esclavos de los diques donde surgieron las canciones de trabajo que pudieron ser el antecedente más directo del blues del Delta.</p>



<p>En los campamentos y las plantaciones, los esclavos vivían separados de sus dueños. Era natural, sostiene Honigsheim, que continuaran practicando y apreciando formas musicales originarias de África, que ponían especial énfasis en el ritmo. Un claro elemento de origen africano de las canciones de trabajo de las que nació el blues, se encuentra en el método de fraseo de las canciones (llamado y respuesta) y en el cambio de tonalidad al finalizar una frase.</p>



<p><br><strong>EL PADRE DEL BLUES Y EL PACTO CON EL DIABLO</strong></p>



<p>El Misisipi fue el gran vehículo de difusión de estas canciones. La abolición de la esclavitud, en 1863, permitió que la música de los hasta entonces esclavos trascendiera los campos de trabajo y fuera especialmente acogida y difundida aunque se mantuviera la segregación, en las iglesias, donde se mezcló con himnos cristianos y dio origen a los espirituales negros.</p>



<p>Hacia 1900 el blues ya se había extendido por los campos y ciudades del Delta. Los primeros intérpretes de este estilo musical repetían con sus guitarras las pautas de llamada y respuesta, propias de los cantos de trabajo. En 1912, uno de estos guitarristas pioneros, William Cristopher Handy (1873-1958), capitalizó la incipiente popularidad de esta música y se declaró padre del blues. Hijo y nieto de pastores metodistas, W.C. Handy aprendió a cantar y a tocar la trompeta en la escuela, En 1892, formó una banda con la que intentó tocar en la Feria Mundial de Chicago, sin conseguirlo. Formó otra banda en Kentucky, viajó por todo el país, se estableció temporalmente en Huntsville, Alabama, y más tarde en Memphis. En 1912 publicó la que se considera la primera canción de blues en el mercado, <em>Memphis Blues</em>, a la que siguieron <em>St. Louis Blues </em>y <em>Beale Street Blues</em>. En 1941 publicó su autobiografía con el título <em>Father of the blues </em>(el padre del blues). Falleció en Nueva York, en 1958, con 84 años. Más de 20.000 personas asistieron a su funeral en Harlem.</p>



<p>Durante seis años, antes de mudarse a Memphis, Handy y su familia vivieron en Clarksdale, Misisipi, donde se encuentra The Delta Blues Museum, que conserva fotografías y objetos relacionados con el nacimiento y la historia del blues y la choza donde vivió otra leyenda del blues, Muddy Waters (1913-1983). En Clarksdale nació, en 1931, Sam Cooke, pionero de la música <em>soul</em>. A las afueras de Clarksdale, se encuentra el cruce de caminos donde se unen las autopistas 61 con la 49. Es una encrucijada reverenciada por los <em>bluesman </em>a partir de la publicación del tema <em>Crossroad </em>del guitarrista Robert Johnson en el álbum <em>King of the Delta Blues Singers, </em>editado en 1961. La letra del tema no hace referencia alguna a Satán, pero se considera que refleja el miedo de su autor cuando recuerda el momento y el lugar -esa encrucijada- en que le vendió su alma al diablo a cambio del dominio de la guitarra para el blues: <em>I went down to the crossroads / Fell down on my knees / Asked the Lord above for mercy/ Take me, if you please.</em></p>



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<p><strong>EL DOBLE PAPEL DEL MISISIPI, OPRESOR Y LIBERADOR</strong></p>



<p>Las letras de los blues de principios del siglo XX expresaban, por lo general, lamentos, esperanzas y deseos de cambio. En ocasiones fueron censuradas o perseguidas por las iglesias por su presunto doble sentido cargado con alusiones sexuales. El Misisipi aparece casi siempre con un doble papel: opresor y liberador. Es un refugio, una vía de escape hacia el Norte, y también el lugar donde se trabaja y se sufre.</p>



<p>Las alusiones al río se cargaron de dramatismo cuando los temas del blues recogieron el terrible impacto de la gran inundación del Misisipi en 1927. Las fuertes lluvias registradas el año anterior en la cuenca central del río provocaron el desbordamiento violento del río en diez estados. Se estima que las inundaciones anegaron un área de 70 000 kilómetros cuadrados, después de romper diques en 145 lugares. Los afroamericanos que vivían en las tierras bajas del Delta fueron los más afectados. Un 69 por ciento de las 325.146 personas que ocuparon los campamentos de socorro eran afroamericanos.</p>



<p>El blues recogió esta catástrofe como ninguna otra música de la época. Con su voz, la queja recorrió el Delta. <em>Big </em>Bill Broonzy, autor de <em>Mississippi River Blues</em>, mentor de Muddy Waters y Memphis Slim, grabó varias canciones sobre las inundaciones, entre ellas <em>Terrible Flood Blues</em>. Charlie Patton, para muchos el auténtico padre del blues del Delta, publicó, en dos partes, el tema <em>High Water Everywhere</em>, que incluía versos como los siguientes: <em>Man, the water was risin’ at places all around / Oh, Lord, women and grown men drown / Oh, women and children sinkin’down / Lord, have mercy/ I couldn’t see nobody’s home and wasn’t no one to be found. </em>(Hombre, el agua estaba subiendo por todas partes /Oh, Señor, las mujeres y los hombres adultos se ahogan / Oh, mujeres y niños hundiéndose / Señor, ten piedad/ No pude ver la casa de nadie y no había nadie para ser encontrado).</p>
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<p>El río fue también responsable, en gran medida, de la expansión del blues. Durante años, el lamento del Delta fue considerado un fenómeno poco menos que rural, vinculado a la geografía del sur del Misisipi. La segregación racial y la inclusión de fraseos del blues dentro de otros tipos de música, como el ragtime o el jazz, privaron a los compositores e intérpretes del blues nacido en las primeras décadas del siglo XX del reconocimiento que estos mismos autores obtendrían años después, cuando las facilidades para viajar por el río llevaron el blues al norte, más allá de Memphis, hasta St. Louis y Chicago. La música de W.C. Handy, <em>Big </em>Bill Broonzy, Robert Johnson, Charlie Patton y otros <em>bluesman </em>del Misisipi como Muddy Waters, Howlin’ Wolf, o Sonny Boy Williamson fue ampliamente recuperada, valorada y difundida por algunos de los más prestigiosos solistas y bandas de los años 60, 70 y siguientes, desde Eric Clapton o los Rolling Stones hasta Stevie Ray Vaughan o el español Javier Vargas. Muchas de las grandes composiciones musicales del siglo XX y de las primeras décadas del siglo XXI deben su fuerza al sentimiento expresivo que nació en los campos de trabajo del Misisipi, el triste y poderoso lamento del blues.<br><br><strong>EL NACIMIENTO DEL JAZZ</strong></p>



<p>Mientras que el origen del blues se considera vinculado a los cantos de trabajo en las plantaciones, los diques, las granjas, el medio rural, el jazz surge claramente como una forma musical urbana, más precisamente como un estilo nacido y adscrito a una ciudad: Nueva Orleans. Como en el blues, en la creación del jazz fue vital la presencia de afroamericanos (libres y esclavos), que fue creciendo según avanzaba la prosperidad de la ciudad, que llegó a ser la más rica de Estados Unidos hacia 1840, cuando el dinero existente en sus bancos sobrepasó al contabilizado en Nueva York. Pero en el origen del jazz también hay que tener en cuenta la multiculturalidad de la ciudad, la presencia de emigrantes de todos los rincones de Europa, de China, de Filipinas, del Caribe, de Hispanoamérica, y el contacto de sus tradiciones sonoras con las afroamericanas.</p>



<p>A principios del s. XIX, el escritor Pierre-Louis Berquin-Duvallon, haitiano refugiado en Nueva Orleans, publica su libro <em>Travels in Luisiana and the Floridas </em>donde dice de Nueva Orleans: “Se diría que su pavimento social está compuesto por teselas: aquí un criollo, allá un inglés; aquí un francés, allá un español; aquí un alemán; allá un italiano. Es una torre de Babel”.</p>



<p>La privilegiada localización de Nueva Orleans aceleró su crecimiento a medida que fueron mejorando las condiciones de transporte por el Misisipi. La era de los barcos de vapor transformó la economía de Nueva Orleans y del Misisipi entero, que vio cómo los barcos de vapor, a partir de 1812, comenzaron a transportar más carga por el río que todas las lanchas, barcazas y barcos de fondo plano que habían servido para el transporte de mercancías hasta entonces.</p>



<p>Los barcos de vapor, la influencia de las herencias francesa y española, la mayoritaria presencia de esclavos en la composición social de la ciudad -Nueva Orleans llegó a contar con dos docenas de casas de subastas de esclavos-, los autodenominados “criollos de color”, la emigración europea e hispanoamericana, todos estos factores y sus derivadas culturales concurren en el origen del jazz, la aportación más importante de una sola ciudad, Nueva Orleans, y de su río, el Misisipi, a la música del siglo XX.</p>



<p><br><strong>LA AFICIÓN POR EL BAILE EN NUEVA ORLEANS</strong></p>



<p>El más destacado y relevante historiador del jazz, Ted Gioia (The , History of Jazz, Oxford University Press, 1997; traducido por FCE en 2002), sitúa el origen de esta música en las salas de baile de Nueva Orleans. A principios del s. XIX, el aprecio de los colonos franceses y sus descendientes por las salas de baile seguía presente en la cada vez más próspera ciudad. En 1805 había quince salones públicos de baile en Nueva Orleans; en 1815, casi treinta; entre 1836 y 1841 se abrieron treinta nuevos. Los bailes también se celebraban en los teatros a continuación de las representaciones, que atraían público no solo con obras teatrales, ópera o variedades, sino también porque unas y otras finalizaban dando paso a un baile general.</p>



<p>En 1808, el escritor Christian Schultz asegura en el relato de su viaje por varios estados y ciudades de los Estados Unidos, que Nueva Orleans era la única ciudad que autorizaba la reuniones de esclavos en un espacio público, la plaza que sería conocida como Congo Square, adonde se reunían los domingos por la tarde para tocar tambores y bailar.</p>



<p>Congo Square nunca fue nombre oficial de la plaza. Ocupaba un terreno baldío que había pertenecido a los indios ouma. Fue conocida, primero, como <em>Place des Negres </em>y luego como <em>Circus Square</em>. En 1817, una ordenanza municipal anuló órdenes anteriores y permitió a los negros bailar en lugares públicos los domingos aunque solo hasta el atardecer y en aquellos lugares previamente autorizados. Entre 1825 y 1845 la danza callejera fue de nuevo prohibida, como lo había sido hasta 1817, pero a partir de 1845 se volvió a autorizar aunque solo entre las cuatro y la seis y media de la tarde.</p>



<p>Los tambores de Congo Square se unieron al uso de trompetas y trombones, propios del acompañamiento a las marchas de propaganda realizadas por los misioneros religiosos. Juntos, con el añadido de pianos, banjos y guitarras, recogieron y mezclaron formas del blues, himnos escoceses e irlandeses, y sones llegados de Cuba y otras partes del Caribe. Una mezcla que solo podía nacer en Nueva Orleans.</p>



<p><strong>CHARLIE BUDDY BOLDEN, EL PADRE DEL JAZZ</strong></p>



<p>El cornetista Charlie <em>Buddy </em>Bolden, un criollo nacido en el distrito negro de Nueva Orleans, está considerado el padre del jazz. De día oficiaba como peluquero y de noche como músico en fiestas privadas, salones de baile, en los entierros y en los barcos de vapor del Misisipi. Alcohólico, esquizofrénico, detenido y encarcelado varias veces por delitos de conducta, Bolden desarrolló su carrera musical primero con la armónica y luego con la trompeta en las misas de la iglesia baptista y en varias bandas de trompeta, trombón, clarinete, contrabajo, guitarra y batería, en especial la que formó en 1895 con el percusionista Cornelius Tilman, cuyo resultado se considera el origen del jazz.</p>



<p>Maestros del <em>pre jazz</em>, como Joe <em>King </em>Oliver, Freddie Keppard. <em>Kid </em>Ory o <em>Bunk </em>Johnson, consideraban a Bolden su mayor influencia. Todos le reconocieron como un gran improvisador, experto en la inclusión de <em>rags </em>y en el dominio del blues con una gran diversidad de tonos. Murió en 1931, en un hospital psiquiátrico de Nueva Orleans donde había sido internado catorce años antes. Su ficha de ingreso en el hospital decía: “Hombre de Parish, Orleans. Razón de su locura: alcohol”. No se conserva ninguna de sus grabaciones. <em>Jelly Roll </em>Morton, Sidney Bechet y <em>Duke </em>Ellington le rindieron homenaje en varias de sus composiciones.</p>



<p><br><strong>STORYVILLE Y LITTLE LOUIE ARMSTRONG</strong></p>



<p>Hasta 1897, la música de jazz tenía sus mejores escenarios en los locales de Storyville, el <em>distrito rojo </em>de la ciudad, donde se concentraba la prostitución. Entre todos los locales de Storyville, el más famoso era propiedad de un inmigrante siciliano, Peter Ciaccio. El local se llamaba Pete Lala’s. Oficiaba de cuartel general del jazz. Era el lugar al que acudían muchos músicos cuando terminaban su trabajo en otros garitos, también al que acudían las prostitutas cuando terminaban su jornada para encontrarse con los proxenetas, tomar algo y escuchar música, antes de retirarse a descansar.</p>



<p>En Pete Lala’s tocaba <em>King </em>Oliver con su banda, codirigida por el trombonista <em>Kid </em>Ory. Muchas noches, entre el público, se encontraba un chaval del barrio, que no sabía leer música pero había aprendido a tocar la trompeta en la banda de un reformatorio para niños negros abandonados, la New Orleans Home for Colored Waifs. Se llamaba Louis Armstrong, tenía 14 años cuando empezó a tocar en los cabarés de Storyville con una trompeta que le había regalado la familia lituana que le había empleado y acogido cuando era un niño, los Karnofsky. Antes de los 14, <em>Little </em>Louie Armstrong había trabajado de chatarrero, vendedor de carbón, repartidor de leche y estibador de barcos bananeros. En Storyville escuchó, admiró y conoció a Joe King Oliver, que sería su protector y padre musical.</p>



<p><strong>EL VIAJE DEL JAZZ EN LOS BARCOS DE VAPOR</strong></p>



<p>El cierre oficial de Storyville en 1917, decidido por las autoridades de Nueva Orleans ante el crecimiento de la prostitución, que, aunque tolerada, no dejaba de ser ilegal en la ciudad, empujó a los músicos de jazz hacia los barcos. En 1918, Armstrong aceptó la oferta de John Streckfus para tocar en su barco de vapor, el Streckfus Steamer, en la banda dirigida por Fate C. Marable.</p>



<p>Las condiciones de trabajo de los músicos en los barcos del Misisipi eran duras: salarios bajos, continuos conciertos, prohibido tocar fuera del barco. No figuraba en los contratos pero resultaba implícito que la música no debía reflejar estas o cualesquiera otras dificultades. Los barcos fluviales alentaron el sonido alegre del jazz, su componente festivo, alejado en gran medida de los ritmos lentos, sincopados, del blues, sus lamentos y las letras de doble sentido.</p>



<p>En los barcos, a lo largo del Misisipi, el jazz comenzó a viajar. De Nueva Orleans hacia el norte. La Gran Depresión de 1930 provocó la Gran Migración en todo el país. Chicago, Detroit, Nueva York, otras ciudades atrajeron a la mayoría de los músicos de jazz, el estilo favorito de los años 20, a cuyo éxito contribuyó como nadie el chico que no sabía leer música pero sí tocar la trompeta: Louis Armstrong, cuya música ensalzaba en Europa el arquitecto Le Corbusier.</p>



<p><strong>MÁS MISISIPI: DE BO DIDLEY A ELVIS PRESLEY</strong></p>



<p>La producción musical original del Misisipi y, en particular, del Delta, floreció, de nuevo, en los años 50 del pasado siglo. Las raíces musicales europeas, africanas y nativas se mezclaron y remezclaron con los sonidos del jazz y del blues y dieron origen a numerosos nuevos estilos. Bo Didley, precursor de la transición del blues al rock and roll, era de Magnolia, junto al Misisipi; Jerry Lee Lewis, de Ferriday, un pequeño pueblo pegado al río.</p>



<p>En 1952, Sam Philips creó en Memphis el sello discográfico Sun Records, con el que descubrió y grabó a B.B.King, Carl Perkins. Johnny Cash y al artista que más discos ha vendido en la historia de la música, Elvis Presley.</p>



<p>La radio, la televisión, otros medios de comunicación, influyeron en la génesis, el desarrollo y la divulgación de los estilos musicales que iniciaron su despegue a partir de la década de los 50 del pasado siglo. Su generación y su fama no pueden ser atribuidas por completo al río. Pero no puede llamarse casualidad al hecho de que nacieran junto al Misisipi.</p>
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		<title>La Amazonia grita ¡basta!</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/amazonia-grita-basta/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 03 Feb 2023 10:05:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 73]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Sidney Possuelo Boletín 73 &#8211; Sociedad Geográfica Española 25 años explorando el mundo Sydney Possuelo, el indigenista vivo más importante de Brasil, reclama en este artículo una voz que [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Sidney Possuelo</strong></p>



<p>Boletín 73 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>25 años explorando el mundo</p>



<p><br><strong>Sydney Possuelo, el indigenista vivo más importante de Brasil, reclama en este artículo una voz que diga “¡basta!” a la actual destrucción del medio ambiente y de los pueblos indígenas de la Amazonia. Con los datos de su experiencia, con el valor de su autoridad, Possuelo lamenta que los años de presidencia de Jair Bolsonaro hayan estimulado &nbsp;y resucitado la fiereza de los ataques contra la Amazonia y sus pueblos indígenas. Denuncia y critica las consecuencias de la explotación descontrolada de la madera, el oro y la casiterita, y critica también la inacción de los organismos de protección oficial. Un profundo lamento y una severa y urgente reclamación que el indigenista, considerado por la revista Time “héroe del planeta”, expresa en este artículo &nbsp;que firma en exclusiva para el Boletín del 25 aniversario de la SGE.</strong></p>



<p>Triste y con una presión que me oprime el pecho, regreso de un viaje que me llevó a la Tierra Indígena&nbsp; Yanomami y la Tierra Indígena&nbsp; Araribóia, donde vive el pueblo Guajajara.</p>



<p>Después&nbsp; de 30 años de la demarcación&nbsp; de la Tierra Yanomami, recuerdo&nbsp; los esfuerzos que fueron necesarios para su delimitación y para el desalojo de más de 40.000 mineros que habían invadido el territorio&nbsp; indígena. Cientos de balsas contaminaron&nbsp; con mercurio&nbsp; las aguas de los principales ríos que atraviesan la tierra indígena, como Uraricoera,&nbsp; Itajaí y Apiaú.&nbsp; Fue&nbsp; necesario movilizar hombres, aviones, helicópteros,&nbsp; a la Policía Federal&nbsp; y a la propia FUNAI&nbsp; con sus técnicos sertanistas e indígenas.</p>



<p>Recuerdo&nbsp; la lucha que libramos entre bastidores contra los políticos, que se oponían a la demarcación, y la visión de los militares sobre la seguridad nacional. Fue- ron meses sin descanso donde en Roraima nos obligaron a caminar con hombres que nos prestaban servicios de seguridad, ante las constantes amenazas de muerte que recibíamos.</p>



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<p><strong>PEOR QUE HACE TRES&nbsp; DÉCADAS</strong></p>



<p>Cuánto esfuerzo y recursos gastados para que después de 30 años, que deberían de haber conseguido que la población Yanomami estuviera a salvo en sus tierras demarcadas,&nbsp; me enfrente&nbsp; a una situación destructiva para el medio ambiente, mucho peor que la que conocí tres décadas atrás.</p>



<p>Hoy, la invasión organizada por empresas que no se dan a conocer fomenta métodos y acciones más eficientes en el robo y transporte de oro y casiterita. Protegidos por el gobierno del presidente Bolsonaro, que en los últimos cuatro años ha desmantelado los organismos oficiales de protección&nbsp; ambiental y defensa de los pueblos indígenas, IBAMA y FUNAI,&nbsp; inaugurando&nbsp; así la temporada&nbsp; de caza de los pueblos indígenas y la expansión de la destrucción&nbsp; ambiental, que siempre se supera a sí misma.</p>



<p>Al visitar a los Guajajaras del pueblo Zutiwa, encuentro la misma tensión que provoca el saqueo de madera, con una creciente inconformidad entre los grupos indígenas, divididos entre los que protegen el medio y los que se benefician del robo.</p>



<p>El río Itaquaí, situado en la cuenca alta del Amazonas, cerca de la Triple Frontera. Aguas abajo, se une al río Ituí y juntos forman el Alto Solimoes.</p>



<p>Sidney Possuelo denuncia el retroceso sufrido estos últimos años en la protección de los pueblos indígenas. En la imagen, entre los korubo.</p>
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<p><strong>FIN DE LOS GUARDIANES DE LA SELVA</strong></p>



<p>Para agravar aún más la beligerancia, la ausencia de acciones para prevenir y com- batir el robo de madera por parte del IBAMA y la FUNAI&nbsp; empujó a los propios indígenas a defender&nbsp; sus tierras. El resultado&nbsp; de la cobardía de los organismos públicos es la muerte&nbsp; de indígenas que, organizados en “Guardianes de la Selva”, luchan con su principal medio de defensa contra las poderosas armas facilitadas por la política armamentista del gobierno del presidente Bolsonaro.</p>



<p>Solo visitamos dos Tierras Indígenas, que representan la situación en la que se en- cuentran&nbsp; otras tierras indígenas en Brasil. Ambas llenas de violencia e impotencia. La lucha y las pérdidas que comenzaron&nbsp; en 1500 siguen activas hoy, revividas por Bolsonaro.</p>



<p>Los avances logrados en la protección&nbsp; de los pueblos indígenas, a través de los organismos de defensa y los instrumentos oficiales de justicia, habían mermado&nbsp; y suavizado la fiereza de los ataques, pero fueron resucitados y estimulados por la brutalidad y la estupidez del bolsonarismo.</p>



<p>Y no hay una sola fuerza dentro de esta inmensa nación que se levante para dar un alto y claro ¡BASTA! a la destrucción&nbsp; de nuestro medio ambiente&nbsp; y a la masacre de los pueblos indígenas.</p>



<p>¡Qué lamentable&nbsp; para los pueblos indígenas!, ¡qué destrucción ambiental!!!!! Se necesita un cambio YA.</p>
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		<title>El Dragón indomable del río amarillo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/dragon-indomable-rio-amarillo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 27 Apr 2021 12:37:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 68]]></category>
		<category><![CDATA[China]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Manel Ollé Boletín 68 &#8211; Sociedad Geográfica Española China: pasado, presente y futuro La civilización china es una civilización milenaria y campesina, pero si hay un rasgo que le [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Manel Ollé<br></strong></p>



<p>Boletín 68 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>China: pasado, presente y futuro<br><br><strong>La civilización china es una civilización milenaria y campesina, pero si hay un rasgo que le da forma es su carácter esencialmente fluvial. Desde tiempos inmemoriales los chinos han hecho vida a las orillas de los ríos. Han regado, han navegado, han hecho negocio y han pescado en los lagos y en los ríos naturales que bajan desde las cimas de los Himalayas, alrededor de la abigarrada red de canales, sistemas de regadío y embalses que han ido construyendo.</strong></p>



<p>El Huanghe, el río Amarillo, se extiende a lo largo de casi 5.500 kilómetros. Es el segundo río más largo de China y el sexto del mundo. Pero su importancia no viene ni de la longitud ni de su caudal, sino de la fuerza del aura mítica que todavía lo rodea y del protagonismo histórico que arrastra desde tiempos remotos, desde el neolítico hasta el presente. Es también el río chino más ingobernable, imprevisible y brutal. Todos los esfuerzos que han intentado domarlo han logrado un éxito relativo y desigual a lo largo de los siglos. El río Amarillo es el que ha nutrido y ha hecho caer más dinastías. Para hacernos una idea de hasta qué punto los gobernantes chinos se lo han llegado a tomar seriamente, un dato puntual nos da una pista precisa: durante la primera mitad del siglo XIX, la dinastía Qing dedicaba más de un 10% de su presupuesto a mantener, reparar e &nbsp;interconectar un solo río: el Huanghe.</p>



<p><strong>LA FUERZA DEL DRAGÓN HUANGHE</strong></p>



<p>No hay dique ni esclusa que pueda contener la furia del Dragón Huanghe cuando se desata. Cae enloquecido y espumoso, chasquea por los escalones que bajan del cielo, desde las mesetas y las cumbres tibetanas del Qinghai hasta las llanuras de la Tierra Amarilla, donde se aquieta, haciendo una gran curva hacia el norte, entre los desiertos del Ordos y del Gobi. Serpentea entre las gargantas y los riscos que ha ido excavando a lo largo de los milenios. Se encalma majestuoso a las llanuras aluviales del norte, tan cargado de sedimentos, y a menudo con un caudal tan incontenible, que cada pocas décadas escapa del cauce que lo conduce. Entonces también desborda los canales y se inundan las terrazas escalonadas de los marjales bajos, las presas, los cultivos y las casas excavadas en el barro: todos los rincones de un paisaje lunar y agostado, que los sufridos chinos del norte han ido haciendo y rehaciendo, modelando y volviendo a modelar a lo largo de los siglos, sin que quede ya ningún palmo que no haya sido esculpido y modificado por la mano humana. Una vez y otra, con la embestida furiosa del Dragón, todo acaba arrasado y sumergido dentro de un charco inmenso y embarrado, que se extiende hasta más allá del que pueda llegar a divisar la mirada. La reincidente capacidad devastadora del Huanghe (el río Amarillo) es tan alta como lo es su virtud de convertir en fértiles las llanuras áridas del secano cerealístico del norte chino: las tierras del mijo, la cebada, la soja, el trigo, el sorgo, el maíz o el algodón. Las crecidas periódicas del Huanghe inundan los marjales, remueven y germinan las tierras con su barro fino, conocido como <em>loess </em>(del alemán <em>löss</em>): un finísimo polvillo amarillento que ha ido formando las abanicadas de las estepas desde los desiertos del Gobi, del Ordos y del Alashan. Su acumulación desde los tiempos inmemoriales del pleistoceno se ha ido compactando hasta llegar a hacer capas de más de ochenta metros, aparentemente duras como el cemento, pero sensibles a la erosión constante de los vientos y de las aguas. En estas llanuras del <em>loess</em>, que los chinos denominan la Tierra Amarilla (<em>Huang tudi</em>), es donde el río se vuelve espeso y amarillento, y llega a transportar hasta treinta y cuatro kilogramos de partículas en suspensión por cada metro cúbico de agua turbia.<br><br><strong>UN CURSO LENTO, PESADO Y CAMBIANTE</strong></p>



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<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>Mientras avanza en los últimos ochocientos kilómetros por la llanura aluvial, la pendiente del río no llega a caer ni un centenar de metros hasta la desembocadura. Esto hace que retarde el paso mientras traza las curvas de los grandes meandros, y hace que deposite un tercio de los sedimentos al cauce y un tercio al delta, y que solo un tercio llegue al mar. Con tanto barro y con un caudal tan lento como poderoso, solo las barcazas pequeñas se pueden mover: apenas para atravesarlo o para navegar trayectos breves de cabotaje.</p>



<p>En los últimos tres mil años, el Dragón Amarillo se ha llegado a despertar con bandazos violentos casi un millar de veces. Casi cada siglo y medio el empujón de la crecida ha llegado tan lejos que el curso del río, en los últimos centenares de kilómetros, se ha alterado del todo, y la desembocadura ha cambiado radicalmente de emplazamiento, hasta alejarse de golpe más de quinientos kilómetros del punto donde desembocaba anteriormente, por encima o por debajo de la península de Shandong. A veces ha acabado desembocando en el mar de Bohai (en el norte), a veces en el mar Amarillo (en el sur). Y todo el que se encuentra entremedias queda negado o destruido por la acción implacable de las aguas. Con unas consecuencias devastadoras, no tan solo para el paisaje natural, sino sobre todo para el paisaje humano.</p>



<p>Aun así, el sufrimiento más grande al que se ve sometida la gente de la Tierra Amarilla no llega tanto del exceso como de la carencia de agua. No llega con estas crecidas recurrentes sino con las sequías recurrentes, y con las hambrunas severas que se derivan. La pluviosidad en aquellas tierras se mueve al ritmo de los latigazos erráticos de los monzones, y hace que el precario equilibrio ecológico de la región esté siempre a punto de romperse. La climatología incierta y extrema ha hecho que la práctica de la agricultura en China del norte haya sido siempre una actividad de riesgo, solo posible con un alto grado de ingeniería social y de transformación extrema del paisaje. Los millones de campesinos de la cuenca baja del Huanghe que, con cada sequía o con cada crecida lo pierden todo, a lo largo de los siglos han nutrido las filas de las revueltas campesinas milenaristas, de las hordas nómadas y de los ejércitos alzados en los golpes dinásticos que han menudeado al poco de los grandes cataclismos naturales.</p>



<p><strong>MITOS, UN MINISTRO LEGENDARIO Y UN CAUCE ASOMBROSO</strong></p>



<p>En medio de los relatos mitológicos de las civilizaciones más diversas encontramos en un lugar destacado la figura arquetípica del héroe civilizador que separa las tierras de las aguas, a menudo venciendo alguna bestia marina o algún reptil fabuloso. La tendencia china a burocratizar el mito ha convertido los viejos dioses ancestrales en emperadores sabios, presuntamente históricos, que ennoblecen los linajes dinásticos. A veces los reduce a modélicos ministros o jefes de negociado de la Burocracia Celestial. Esta tendencia a burocratizar el mito ha hecho que este viejo dios heroico chino, capaz de domesticar el Dragón del río Amarillo, haya sido asimilado con la figura de un eficacísimo ministro de obras públicas, el Gran Yu (Da Yu) que la tradición sitúa en los tiempos iniciales de la dinastía legendaria de los Xia (2100-1600 a. C.), en la edad de Jade, situada entre el tercer y el segundo milenio antes de nuestra era. Se atribuye al Gran Yu la construcción de los canales y los diques más antiguos de la cuenca el río Amarillo. Más allá de esta huella legendaria, todavía hoy están en servicio algunos de los diques y de las esclusas que se erigieron hace más de dos mil años.</p>



<p>A lo largo de decenas de siglos, la acción combinada de la acumulación natural de sedimentos y la construcción humana de los muros de contención ha hecho que, en no pocos tramos del curso bajo, el Huanghe circule extrañamente por encima del nivel de las tierras que lo rodean y avance sobre un cauce encumbrado, con el agua fangosa moviéndose despacio sobre una especie de acueducto.</p>
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<p><strong>QUIEN DOMINA LAS AGUAS DOMINA EL PODER</strong></p>



<p>Resistir los embates de las sequías y las inundaciones, contener, guiar y sacar provecho de las aguas del Huanghe ha sido siempre una tarea prioritaria en la gobernación china, un requisito fundamental para la supervivencia colectiva y para la legitimación de los emperadores. El Mandato del Cielo que los autorizaba a reinar podía romperse si las aguas salían de su curso. Algunos historiadores como Karl August Wittfogel caracterizaron China antigua como un régimen de despotismo hidráulico. Quien domina las aguas tiene el poder. Incluso en fechas recientes el capital simbólico que acumulan las grandes infraestructuras hidráulicas explica que la única votación de las últimas décadas en el Parlamento chino que no se aprobó a la búlgara haya sido el voto de castigo que recibió el proyecto de la presa de las Tres Gargantas del río Yangzi, impulsada a principios de la década de 1990 por el líder chino Li Peng, cara visible y responsable primero de las matanzas de Tiananmen del 4 de junio de 1989.</p>



<p><strong>UNA CUENCA LLENA DE HISTORIA, LA AUTÉNTICA Y LA MÍTICA</strong></p>



<p>Las cuencas del curso medio del Huanghe se saturan de historia con una intensidad especial en el intervalo que va desde los tiempos del neolítico hasta los de las grandes dinastías imperiales. Las capitales más antiguas y que nos han legado los vestigios más valiosos, como son Luoyang o Xi’an, se sitúan justamente en esta región. De aquellas llanuras centrales de la cuenca del Huanghe salían las expediciones de la Ruta de la Seda. También en estas llanuras próximas al río encontramos los grandes túmulos funerarios de las tumbas de los primeros emperadores, como por ejemplo la Qin Shihuang, el primer emperador chino, protegido por el inmenso ejército de soldados de terracota de medida natural. La tumba del primer emperador no ha sido todavía excavada. Se sabe el lugar concreto donde se debe de encontrar porque justo en aquel punto del gran túmulo que la cubre se detecta una altísima concentración de mercurio, que se corresponde a las descripciones que se hicieron de la sala funeraria, done se cuenta que hay una maqueta gigante del Imperio de los Qin, surcado por las corrientes continuas del Huanghe y del resto de los grandes ríos chinos hechos de mercurio.</p>



<p>El Huanghe reúne en el imaginario chino el poder brutal de la bestia devastadora y la ternura fértil de la madre que mima la cuna de la civilización. En el horizonte más lejano de la memoria legendaria de los chinos existe la noción de que todos y cada uno son hijos del Dragón; es decir, hijos del río Amarillo. Como no puede ser de otra manera, cada presente elige y medio se inventa el relato del pasado que más le conviene. El nacionalismo chino de principios del siglo XX forjó la mitificación de estas llanuras centrales del Huanghe como la cuna de la civilización china. La épica de la Larga Marcha de los comunistas de Mao Zedong confirmó esta mitificación: allá en aquellas tierras amarillas se encontraba tanto la semilla germinal de la nueva China como el eco atávico de China feudal, que había que combatir y dejar atrás. A pesar de que la leyenda y la historia oficial lo hacen salir todo de esta cuna ancestral del río Amarillo, los nuevos hallazgos arqueológicos de los yacimientos de Sanxingdui, en la cuenca de uno de los afluentes del río Yangzi, en la provincia de Sichuan, vienen a desmentir esta versión. Muestran la existencia de una cultura del bronce muy sofisticada a mediados del segundo milenio antes de nuestra era, pero sin conexiones ni dependencias de los núcleos septentrionales con las llanuras centrales del Huanghe.</p>



<p><strong>EL HUANGHE Y EL GRAN CANAL</strong></p>



<p>Los intentos de domesticar el Huanghe se basaron desde el principio en medidas de contención, con una aproximación defensiva a base de diques y esclusas. Aun así, la estrategia cambió radicalmente a partir de la dinastía mongol de los Yuan (1279-1368), fundada por el gran Kublai Kan, con la culminación de las obras del Gran Canal, que ligaba verticalmente las cuencas de los grandes ríos chinos. A partir de aquel momento cambiaron las reglas del juego: ya no se trataba de contener los aguas, sino de disolverlas en una red de canales que lo absorbían y redistribuían. El curso bajo del Huanghe pasó a formar parte de un sistema hidráulico complejo e interconexionado. La China imperial se asocia siempre con la Gran Muralla, con los más de cinco mil kilómetros que separan el mundo sedentario de los agricultores chinos del mundo nómada de las estepas del norte. Pero el Gran Canal merecería representarla quizás con más motivo por su impacto económico, político y social. A diferencia de la Gran Muralla, el Gran Canal no separa, sino que une. De norte a sur, conecta China meridional mercantil, superpoblada, de la seda y del arroz, que gravita alrededor del mar interior del río Azul, con China de las tierras amarillas del norte, ancestral, burocrática, enjuta y austera, del río Amarillo.</p>



<p><strong>GUERRAS, CORRUPCIÓN Y MAL GOBIERNO</strong></p>



<p>A lo largo del siglo XIX, China entró en una crisis profunda. El relato oficial tiende a culpar de todos los males a la agresión británica de las guerras del Opio y los tratados desiguales, que dejaron China en una situación semi-colonial respecto a las potencias extranjeras. Este fue un factor muy relevante, pero no el único. El imperio de los Qing había doblado su población, y triplicado su extensión en pocas décadas: el coste de las guerras endémicas, la crisis fiscal, la corrupción y el cierre a la innovación también tuvieron algo a ver. Como no podía ser de otro modo, el Huanghe también jugó un papel determinante en la crisis del Imperio. La desatención de la dinastía manchú de los Qing hacia las infraestructuras hidráulicas a principios del siglo XIX multiplicó los efectos de las grandes inundaciones. Se alimentó el desgobierno y las grandes rebeliones.</p>



<p>La rotura de la conexión entre el Huanghe y el Gran Canal contribuyó también a la crisis del Imperio. El cambio radical del curso bajo del río, provocado por las grandes inundaciones de la década de 1850, desplazó el delta del río Amarillo unos cuántos centenares de kilómetros desde el sur hacia el norte. El río se desconectó entonces definitivamente del Gran Canal y se interrumpió por siempre jamás más la navegación. La China fluvial, que se había estado moviendo de forma febril e industriosa por la red de canales, dejó el predominio al mar, en manos de los intrusos vapores europeos y norteamericanos.</p>



<p><br><strong>UN DRAGÓN MÁS DOMESTICADO</strong></p>



<p>La locura bélica del siglo XX convirtió el Huanghe en un arma de destrucción masiva. Para frenar el adelanto de las tropas japonesas en su imparable ofensiva, el ejército nacionalista chino de la República de China, comandado por el Generalísimo Chiang Kai-shek hizo estallar el junio del año 1938 los diques que contenían el flanco sur del Huanghe. El río derramó implacable sus aguas turbias por la provincia de Henan. La inundación provocó la muerte directa de más de medio millón de campesinos y el desplazamiento como refugiados de más de cuatro millones, y más de doce millones de campesinos quedaron afectados por la inundación. Aquel sabotaje fue determinante en la hambruna que asoló la provincia de Henan entre 1942 y 1943, que se saldó con más de dos millones de muertes. La propaganda del régimen republicano de Chiang Kai-shek atribuyó los sabotajes del río Amarillo a las malvadas tropas japonesas, pero al acabar la guerra, en 1945, se acabó sabiendo la verdad. Entonces se hundió todavía algo más en el barro el prestigio del ejército republicano regular chino, demacrado por las derrotas y las deserciones.</p>



<p>El año 1997 el Huanghe se secó del todo en su curso bajo, a partir de unos 640 kilómetros antes de llegar a la desembocadura del golfo de Bohai. Ya se habían registrado otros episodios de sequía del río en las décadas anteriores, pero nunca de aquella magnitud. Desde el año 1999 el río no se ha vuelto a secar pero fluye lánguidamente. Las llanuras de norte, donde ahora vive la cuarta parte de los 1.400 millones de chinos, siguen siendo tan vulnerables ecológicamente como lo han sido siempre, pero ya no tienen que sufrir más por los embates virulentos del Dragón Amarillo, sino por la sequía.</p>



<p>Los grandes embalses construidos desde el triunfo de Mao Zedong en 1949, la superpoblación, el consumo agrícola e industrial del agua, la contaminación y la reforestación han acabado domando del todo al Dragón Amarillo, que ahora baja dócil y renqueante hasta el golfo de Bohai. Ahora ya es de un color más gris que amarillo, al disminuir sensiblemente el volumen de los sedimentos que transporta.</p>



<p>El calentamiento global también ha contribuido de forma decisiva al apaciguamiento del curso del Huanghe. Ha hecho que en las últimas décadas haya disminuido casi un tercio el volumen de aguas del deshielo de los Himalayas y las mesetas tibetanas, que nutren todos los grandes ríos de Asia: el Ganges, el Indo, el Brahmaputra, el Irrawadi, el Mekong, el Yangzi… y el Huanghe. Y, habrá que recordarlo, en las cuencas de estos grandes ríos asiáticos se concentra casi la mitad de la humanidad.</p>



<p>En China vive más del 20% de la población del mundo, pero apenas cuenta con menos de un 9% de tierras cultivables. Esta presión se vuelve más aguda en las llanuras de secano del norte que atraviesa el río Amarillo, donde el 41% de las tierras cultivables cuenta solo con el 6% de las aguas de China. El problema del agua en China es, pues, tanto de escasez como de distribución geográfica desigual.</p>
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		<title>Reservas marinas: una necesidad</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/reservas-marinas-una-necesidad/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 May 2020 09:04:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Manu San Félix Boletín 65 &#8211; Sociedad Geográfica Española La protección de la naturaleza Tan sólo un 2,4% de la superficie de nuestros océanos está protegido de la pesca [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto: Manu San Félix<br></strong></p>



<p>Boletín 65 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>La protección de la naturaleza<br><br><strong>Tan sólo un 2,4% de la superficie de nuestros océanos está protegido de la pesca actualmente. Los datos de la sobreexplotación de los recursos pesqueros son abrumadores, y manifiestan el abuso que hemos llevado a cabo, pescando como si las aguas de nuestro planeta no tuvieran fondo ni fin. La única solución es la creación de reservas marinas, protegiendo gran parte de nuestros mares y océanos.</strong></p>



<p><strong>UNAS AGUAS ESQUILMADAS Y AGOTADAS</strong></p>



<p>Según las Naciones Unidas, en base a los informes sobre la pesca que la FAO realiza cada dos años, el 90% de los stocks de peces del planeta están agotados, sobre-explotados o explotados al completo. Es un dato muy preocupante del que podemos sacar dos conclusiones. En primer lugar que hemos abusado en la práctica de la pesca durante décadas, en las que hemos pescado como si los recursos marinos no tuviesen fin. Un ejemplo puede ser el bacalao atlántico, que se pescó sin freno hasta que quedó tan sólo un 1% de su población original. Y segundo, es una prueba de la importancia que mares y océanos tienen para alimentar a la población mundial. Para paliar el hambre en el mundo los recursos marinos tienen una importancia capital, y por ello hay que gestionarlos con inteligencia en lugar de agotarlos.</p>



<p>Hablando con viejos pescadores podemos remontarnos en el tiempo, y, a través de sus relatos que nos cuentan lo que pescaban, podemos obtener la referencia que nos permite ver lo mucho que hemos perdido. Por eso siempre me ha gustado hablar con viejos pescadores. Vivo en la Isla de Formentera desde hace 30 años, y a mi llegada hablé y entrevisté a pescadores retirados, septuagenarios y octogenarios. A través de sus relatos me podía remontar a la Ibiza y Formentera de los años 40 y años 50 que me hubiese encantado conocer. Contaban cómo los centollos eran una plaga que llenaba las redes y, como no se comían, los mazaban y machacaban. O cómo pescando mano, con el volantín, llegaban a pescar en un día hasta 500 tiburones de la especie <em>Squallus acanthias</em>, ahora casi extinguida en Baleares. O también que en la Costa Brava, según me contaba Salvador Puigvert, salía con sus dos hermanos a pescar desde la playa en Tossa de Mar con un bote a remo, cuando ninguno superaba los 12 años, y pescaban delante de la playa numerosos tiburones musola o cazón <em>(Mustelus mustelus). </em>Otros me contaban cómo capturaban a mano en la misma orilla las langostas sin antenas (llamadas cigarras en Baleares, <em>Scyllarides latus</em>). En definitiva me describían un mar que nada tiene que ver con el Mediterráneo actual.<br></p>



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<p><strong>EL PACTO POR LOS OCÉANOS</strong></p>



<p>Teniendo en cuenta la importancia que los océanos tienen para la vida en el planeta y la situación de agotamiento sus recursos, la ONU propuso el llamado pacto de los océanos, que la mayoría de los países firmaron, entre ellos España. Con su firma adquirieron el compromiso voluntario propuesto por la ONU de proteger al menos el 10% de su zona marina, mediante la creación de áreas marinas protegidas.</p>



<p>¿Cual es la situación ahora que ya estamos en el 2020?, ¿Hemos cumplido con el compromiso?</p>
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<p>Lamentablemente la respuesta es que no. Ya que a día de hoy sólo el 2,4% de la superficie de los océanos del planeta está protegida de la pesca. La demoledora realidad es que podemos pescar en el 97.6% de los mares y océanos del planeta. Si empezamos a mirar en nuestra casa, veremos que en las Islas Baleares la superficie cerrada a la pesca es el 0.16%. Y en la mayoría de las comunidades autónomas este porcentaje de zonas protegidas a la pesca es incluso menor.</p>



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<p>Obviamente, ya en el 2020 el panorama dista mucho del que la ONU esperaba cuando puso este compromiso sobre la mesas. Estamos en una situación que se aleja mucho de lo que entendemos por sostenibilidad. Y muy lejos de lo que el sentido común dicta sobre cómo se deben explotar los recursos pesqueros. Y así es fácil entender el por qué el 90% de los caladeros están agotados. La lista de datos sobre el abuso de los océanos estremece: hemos matado un 90% de los grandes peces del planeta, cada año pescamos 100 millones de tiburones, y en el Mediterráneo hemos aniquilado el 99% de los tiburones…<br></p>



<p>El hecho es que llevamos años sacando y sacando del mar, y a cambio lo único que hacemos es contaminarlo o transformar su composición química a través de las ingentes cantidades que liberamos a la atmósfera por el uso de los combustibles fósiles que el océano absorbe. En la tierra el hombre ya aprendió hace unos miles de años, el Neolítico, que para comer no bastaba con recolectar y así nació la agricultura y la ganadería. El ser humano se dio cuenta que para comer había que sembrar, abonar, regar y esperar. Sin embargo en el mar nos estamos dando cuenta de esto 6.000 años después.</p>



<p>Y mientras lo ponemos en práctica, en los fondos del Atlántico norte arrastramos el mismo lugar hasta cuatro veces a lo largo del año.</p>
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<p><strong>LOS BENEFICIOS DE LAS ZONAS PROTEGIDAS&nbsp;</strong></p>



<p>En este escenario de un mar agotado, la pesca sigue funcionando al ser una actividad subsidiada en la mayoría de los países, a través de las ayudas para la compra de los barcos, la reducción de precio del combustible, etc. Ya están apareciendo estudios que ponen de manifiesto que en los modelos económicos que ponen en la balanza los ingresos de la pesca y los gastos por los subsidios aportados, el resultado en la gran mayoría de las flotas es de números rojos. El trabajo de Enric Sala, explorador in residence de National Geographic está arrojando luz sobre la verdadera rentabilidad de la pesca y sobre la falta de control de las flotas en las aguas internacionales, donde todo parece válido.</p>



<p>Esta es la recomendación de las Naciones Unidas: “Los subsidios que han perjudicado a las pesquerías y que han sustentado el dramático retroceso de los stocks de peces en los últimos 40 años, deben ser retirados para el año 2020”<br><br>Ya no hay dudas de que si queremos seguir pescando debemos proteger amplias zonas de los océanos. De no hacerlo estamos suicidando la supervivencia de la pesca y poniendo en riesgo la salud del planeta. Los datos positivos que tenemos de la recuperación de biomasa en las zonas protegidas, y de los beneficios que recibe la pesca en las zonas colindantes, nos muestran el camino de que es necesario ser más ambiciosos con la protección marina. Pesca y protección van de la mano y no puede concebirse la pesca sin la protección adecuada.</p>



<p>El proyecto Pristine Seas de National Geographic liderado por el mencionado Dr Enric Sala, ha inspirado la protección del 1.6% de ese 2.4% total que está protegido en el planeta. Y se ha propuesto como objetivo para el 2030 lograr que hayamos protegido un 30% de mares y océanos.</p>



<p>Hay una meta muy clara y definida pero mucho trabajo por delante. Nos enfrentamos a grandes problemas ambientales en este siglo: 1 millón de especies se enfrentarán a la extinción según informe de la ONU, el 90% de los arrecifes de coral van a desparecer por el calentamiento global (Intergovernmental Panel of Climate Change), etc. y y la manera de paliarlo es poniendo grandes y ambiciosas soluciones. Tenemos que lograrlo.</p>
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		<title>Amazonía: los últimos días del Edén</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/amazonia-ultimos-dias-del-eden/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 05 May 2020 07:54:52 +0000</pubDate>
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<p><strong>Texto: Miguel Gutiérrez Garitano</strong></p>



<p>Boletín 65 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>La protección de la naturaleza<br><br><strong>El pulmón del planeta, la Amazonía, está cada día más enfermo, de una enfermedad que sería aún curable, pero que muchos intereses con nombres y apellidos lo están impidiendo. El autor, que conoce muy de cerca esas tierras y esos problemas, hace un repaso a su situación actual y nos proporciona una foto que está en movimiento continuo hacia el vacío, la nada, su destrucción.</strong></p>



<p>Nada como la ausencia para evidenciar el ser. La vida es un trasiego de partidas y nacimientos, un concierto incesante de grises donde no siempre gana la armonía. Del escultor Jorge Oteiza aprendimos la capacidad generadora del vacío, su aptitud dinámica para conectarnos, en comunión certera, con el misterio y la tragedia de la existencia. Solamente desde estas premisas se puede comprender la situación actual de la selva amazónica, el mayor bosque de la tierra. En la teoría, este santuario está constituido por unos 7.000.000 millones de kilómetros cuadrados de bosques repartidos entre nueve países. La trampa radica en tomar al pie de la letra la cita wikipédica, en atisbar el mapa y encomendarnos a esa mancha verde que colorea la venosa barriga de América del Sur. Más nos valdría creer que en Europa sigue existiendo el Imperio Romano, cuando solamente podemos buscar sus ruinas, su ausencia, su recuerdo pulverizado.</p>



<p><strong>UN VIAJE ENTRE INCENDIOS Y DESTRUCCIÓN</strong></p>



<p>Por mi parte empecé a abrir los ojos durante un viaje que me llevó a Brasil en 2009. Tras un descenso en barco por el Amazonas, seguí la carretera BR-163 que cruza de norte a sur los estados de Pará y Matto Grosso. Cuatro días duró el trayecto en autobús. El recuerdo de las dos primeras noches, saliendo de Pará, lo ocupa el fantasmagórico recuerdo de los incendios. Todo el horizonte, hacia todos los puntos cardinales: fuegos, destrucción. El letal e incandescente avance de la civilización. Ya en Matto Grosso, la distopía sospechada se evidenció con toda su crudeza; y apareció el vacío, la nada de la que escribió Michael Ende. Ya no había Torre de Marfil, ni Emperatriz infantil. Sino cientos de kilómetros de campos de soja, donde en mi mapa de turista -que apenas tenía una década- aparecían unas ya inexistentes “selvas vírgenes”. La soja destinada a fabricar etanol para los turismos, sólo era una de las cabezas de la hidra. Hace escasas décadas, la Panamericana era la única carretera de la selva. Pero de mano de las multinacionales, en su búsqueda de accesos a las riquezas naturales, nacieron otras, hasta crear una intrincada red que todo lo cubre como una metástasis. Por donde llegan, además, en endiablado bucle, nuevas compañías y colonos, que devastan la selva a una velocidad sorprendente.</p>



<p>En las fronteras entre los distintos estados se extienden vastas regiones salvajes a donde apenas llega el poder de las administraciones. Son lugares de riquísima biodiversidad, donde, además, se refugian los últimos elementos amerindios en “aislamiento voluntario”. Taromenanes, maskho piros, machiguengas, korubos o toromonas son los nombres de algunas de las últimas tribus no contactadas de América. Pero las sombras de los árboles también albergan horrores. Allí donde el control de los estados brilla por su ausencia, es donde actúan las grandes mafias: controlan las plantaciones de cocaína, la minería ilegal de oro y piedras preciosas, la tala sin permiso de especies vegetales protegidas, así como el asesinato y el secuestro de los miembros de comunidades indígenas, ya sea para echarlos de sus tierras, extorsionarlos, o para usar a sus niñas como esclavas sexuales en burdeles.</p>



<p><strong>EL VENENO DEL PETRÓLEO</strong></p>



<p>Sea cual sea su color, los poderes políticos o colaboran en esta deriva, o se ven impotentes para frenarla. Ni siquiera los Parques Nacionales escapan a la desgracia. En el Yasuní de Ecuador -en cuya zona intangible el pueblo aislado de los tagaeri se defiende a lanzazos de los estragos de la colonización- yo mismo fui testigo de la acción de las compañías petroleras, que envenenan y destruyen el espacio protegido. En Perú, sobretodo en el Departamento de Loreto, no hay semana que no se produzcan derrames de hidrocarburos, envenenando los acuíferos que nutren a tantas especies y a comunidades humanas. Al sur del río Madre de Dios, en torno a poblaciones como Mazuco, extensiones enteras de cieno envenenado de mercurio quedan como testimonio de la acción de la mimería ilegal del oro, controlada por poderosas organizaciones fuera de la ley. Hasta en Bolivia, donde hasta hace bien poco ha regido el indigenista Evo Morales, en Departamentos como el de la Paz cada año se han concedido nuevos permisos extractivos a las transnacionales. Ningún país amazónico escapa a esta debacle, pero es en Brasil donde adopta su rostro más terrorífico. La devastación comenzada hace décadas (en 1970 el país ha perdido una superficie arbolada del tamaño de Francia), se ha desbocado ahora con la llegada a la Presidencia de Jair Bolsonaro, un líder empeñado en destruir los ya débiles contrapoderes -encarnados por opositores políticos, periodistas, líderes de comunidades indígenas, ONGs ecologistas, etc.- que tratan de frenar lo inevitable.</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>Oponerse a esta lógica invasiva en absoluto carece de peligros. Según datos de Ecologistas en Acción, en 2018, tres de cada cuatro activistas asesinados se dedicaban a defender el medio ambiente, a las comunidades indígenas o a denunciar a las industrias extractivistas, sobretodo en Sudamérica. Pero que nadie se lleve a engaño. La selva es mucho más que un bosque que alberga animales -aproximadamente el 30% de las especies terrestres del globo- y pueblos originarios. De sus plantas obtenemos la mayoría de los fármacos con los que curar muchas enfermedades. Y, por supuesto, la Amazonía es el pulmón del planeta; su masa vegetal procesa cada año 70.000 millones del carbono que las fábricas sueltan a la atmósfera, resultando un actor determinante para frenar el cambio climático.</p>



<p>Por todo ello es necesario pensar en la Amazonía desde su ausencia, con lógica oteiziana, como el Edén que vive sus últimos días. Pues, como decía Milton, el paraíso no se pierde, ya se ha perdido. Pronto, en menos de dos décadas, del gran bosque del mundo solo quedarán el recuerdo y la involuntaria mentira de los mapas y diccionarios. Y un vacío distópico que, como la pieza de un dominó, traerá consecuencias globales impredecibles.</p>
</div>
</div>



<p><strong>LECCIONES DESDE NOTRE DAME</strong></p>



<p>La impotencia es un sentimiento peligroso cuando lleva a la inacción. Fue la conclusión que saqué, tras asistir -junto a millones de ciudadanos de todo el mundo- al incendio de la catedral de Notre Dame a través de la pantalla de mi televisor. La visión de la joya del gótico tornada en pira, me llevó a un estado entre la incredulidad y la desesperación. No podía creerlo. El edificio ardía al completo. El desastre parecía absoluto, sobre todo, cuando, a eso de las 19:50 horas, la aguja de madera se vino abajo. El estupor general fue magníficamente resumido en las palabras que Denis Jachiet, Obispo Auxiliar de París, testigo presencial del incendio, dedicó a los medios: “Mi sensación era de completo hundimiento. Un sentimiento a la vez de impotencia y de desastre. No podía creer lo que estaba viendo. Una gran tristeza por este desastre, que en poco más de una hora ha destruido un edificio que ha atravesado casi nueve siglos”.</p>



<p><strong>PLANTACIONES DE COCA</strong></p>



<p>Cinco meses después del suceso, recién llegado de un viaje por el corazón de la Amazonia, me embarga una sensación similar de desesperanza e impotencia frente a la pérdida ya consumada. La apuesta -en verano de 2019- pasaba por recorrer y radiografiar el estado de la selva y sus habitantes a lo largo del cauce del río Madre de Dios, desde que este desciende furioso de los Andes peruanos hasta que, ya en Brasil, tornado su nombre al de río Madeira, derrama sus aguas en el gran Amazonas. El cuadro reportado solo puede calificarse de funesto. En el Alto Madre de Dios, en torno al Parque Nacional del Manu, las comunidades nativas nos relataron sus peleas para echar a los madereros de sus comunidades. Patrullaban para ello día y noche los límites de su territorio, que también era pasto de los traficantes de cocaína. Para satisfacer las juergas de millones de drogadictos estadounidenses, europeos y brasileños, los narcos llenan la selva de plantaciones de coca y de piscinas donde transforman las hojas en la pasta base, mediante un proceso con productos químicos que luego terminan en los acuíferos del entorno, contaminándolos. Tampoco puede soslayarse la corrupción de las comunidades nativas por culpa del dinero procedente de este comercio ilícito.</p>



<p><strong>LA FIEBRE DEL ORO</strong></p>



<p>En el curso medio, desde la localidad de Boca Colorado, hasta la capital provincial de Puerto Maldonado, la hidra adopta una forma diferente, pero igual de terrorífica: la fiebre del oro ha llevado a la degradación ecológica y social de esta región, que es pasto del crimen organizado. Como una plaga bíblica, miles de campamentos mineros han infestado la zona dando lugar a un ciclo demencial, que afecta el lugar a todos los niveles: al extraer la tierra los mineros destruyen las capas fértiles. Hay extensas áreas cubiertas de arenas donde no crece nada, como si el desierto del Sáhara se hubiera mudado a la Amazonia. El retroceso de la selva, además, no es el único problema.</p>



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<p>Pues la actividad extractiva pasa por el uso de mercurio para capturar las partículas de oro en una amalgama que después se quema apara evaporar el metal líquido y liberar el tesoro. De suerte que el mercurio, altamente tóxico, termina en la atmósfera, y de esta, pasa a los suelos y a las aguas, para terminar en la cadena alimenticia y en los organismos de todos los seres vivos. La contaminación en este sentido ha alcanzado tal cota y la superficie arbolada ha sido tan devastada que el Gobierno peruano, a menudo pasota y renuente, se ha embarcado esta vez en una batalla a todos los niveles por controlar el desaguisado (y también, para qué nos vamos a engañar, para controlar los dividendos de una actividad económica que hasta ahora ha escapado de su control). Con más de mil soldados y policías sobre el terreno, bajo la denominada “Operación Mercurio” que sigue en curso, el país andino apuesta fuerte por restaurar tanto la salud del bosque amazónico como por recuperar el tino social. Pudimos presenciar operaciones de asalto policial a territorios sin ley, como el de La Pampa -territorio minero donde manda el hampa y que está situado a ambos lados de la carretera Interoceánica- para asistir a un sin fin de pruebas del horror, en forma de evidencias de asesinatos, trata de blancas, crimen organizado, corrupción gubernamental, etc.<br></p>
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<p><br><strong>ACTUAR SIN DESFALLECER</strong></p>



<p>En Brasil y en Bolivia, los problemas descritos se unían a otros como los derivados de otras actividades extractivas. Lo peor de todo: las “quemadas”, o quemas de bosque protagonizadas por campesinos y ganaderos, que de continuo escapan a su control, afectando a miles de kilómetros cuadrados de bosque espoleados ahora por los bochornos resultantes del Cambio Climático. A nuestra llegada a la villa brasileña de Abuna los humos de los miles de incendios oscurecieron el sol durante más de tres días. Apenas se podía respirar. La visión era apocalíptica. Pero lo peor era el negacionismo de los locales. El alcalde Lenio Ibáñez, quitaba hierro al asunto. <em>“Sucede todos los años. Es lo normal en verano -decía- para culpar luego</em><em> de todo escándalo a los naturalistas a los que tildaba de mentirosos”.</em></p>



<p>Ante este panorama, el derrotismo parece inevitable, como cuando el 16 del pasado abril, el mundo asistió al derrumbe de la aguja del templo de Notre Dame. Y, sin embargo, la catedral sigue en pie. Un reducido grupo de veinte bomberos, con grave riesgo para sus vidas, controló el incendio desde el interior, mientras cadenas de gente valiente y comprometida salvaban las reliquias. Y una movilización sin precedentes recabó después 900 millones para su reconstrucción. En la Amazonia, mientras tanto, frente a un nefasto ejemplo ofrecido por líderes como Evo Morales o Jair Bolsonaro, un reducido pero inspirado grupo de activistas, intelectuales, científicos, abogados y políticos mantienen la esperanza y nos invitan a actuar y a confiar en el coraje sin desfallecer. Porque, como repite el fotógrafo y activista ambiental peruano Pavel Martiarena, <em>“es demasiado tarde</em><em> para ser pesimistas”</em>.</p>



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		<title>Lagos en vías de extinción</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/lagos-via-extincion/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Dec 2019 14:42:19 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 63]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Lola Escudero Boletín 63 &#8211; Sociedad Geográfica Española Los lagos de nuestra Tierra De todos los problemas que afronta la ecología lacustre en un mundo que se calienta, los [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Lola Escudero<br></strong></p>



<p>Boletín 63 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Los lagos de nuestra Tierra<br><br><strong>De todos los problemas que afronta la ecología lacustre en un mundo que se calienta, los ejemplos más claros se aprecian en cuencas de drenaje cerradas, cuyas aguas vierten en lagos, pero no tienen salida fluvial hacia el océano. Estos lagos terminales, o endorreicos, tienden a ser poco profundos, salinos e hipersensibles a los cambios o a las perturbaciones. El caso del lago Chad, en África, el de Poopó, en Bolivia, y el del Mar de Aral, </strong><strong>en Asia central, son los más evidentes y espectaculares, pero no los únicos.</strong></p>



<p><strong>EL CASO DEL LAGO CHAD, UNAS CAUSAS CONTROVERTIDAS</strong></p>



<p>Las aguas del lago Chad no solo bañan el país al que da nombre, sino a Níger, Nigeria y Camerún, y de él viven al menos dos millones de personas, mientras que otros trece millones más se benefician de él. Sin embargo, su extensión se ha venido reduciendo en las últimas décadas, sin que los expertos terminen de ponerse de acuerdo en si la desaparición obedece al cambio climático o es más bien resultado de la constante evolución de esa superficie de agua.</p>



<p>En 1963, la superficie del lago Chad era de unos 26.000 kilómetros cuadrados, en la actualidad no llega a los 1.500, según el Programa de la ONU para el Medioambiente (PNUMA). “Es posible que el cambio climático tenga algo que ver con la disminución de la superficie del lago, pero en su historia ha sufrido variaciones parecidas”, explica a Europa Press Jacques Lemoalle, del Instituto de Investigación para el Desarrollo (IRD, por sus siglas en francés), que ha estudiado la evolución del lago.</p>



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<p>“<em>La principal amenaza en el nivel del lago no procede del cambio climático sino de un aumento de la extracción humana en el sur de la cuenca del lago Chad, principalmente para el regadío, que podría responder a un aumento de las necesidades alimentarias, en un contexto de un fuerte crecimiento demográfico y del probable crecimiento urbano</em>”, apunta por su parte Géraud Magrin, profesor de la Universidad París 1 y autor de varios estudios sobre el lago, junto con Lemoalle. El nivel del lago, explica en una entrevista con Europa Press, ha experimentado históricamente cambios importantes en su superficie que vienen motivados por tratarse de un “lago poco profundo”, afectado por una fuerte evaporación, y cuyas dos principales fuentes de agua, los ríos Chari y Logone, se ven alimentados de forma irregular en función de las lluvias anuales.</p>
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<p>“<em>Antes del cambio climático, el lago ya había sido objeto de fuertes variaciones de superficie</em>”, sostiene el experto Gérard Magrin, profesor de la Universidad París 1 y autor de varios estudios sobre el lago, junto con Lemoalle. Durante el siglo pasado, señala, tuvo épocas en las que llegó a ser “muy grande” (1950-1960), otras “muy pequeño” (1970-1980). y desde principios de los años 1990 está en “un nivel medio”.</p>



<p>En cualquier caso, y disputas científicas al margen, “el tamaño se ha reducido inmensamente” y con ello los medios de vida de quienes pescan en sus aguas, cultivan en su cuenca o pastan su ganado, afirma el enviado especial de la ONU para el Sahel, Ibrahim Thiaw, en una entrevista con Europa Press.</p>



<p>“<em>Cuando no hay agua, estos medios de vida se ven drásticamente afectados, lo cual tiene graves consecuencias para la economía y también desestabiliza a las sociedades” de estos países, añade. “Cuando los jóvenes no tienen oportunidades, se ven obligados a emigrar o a buscar otras alternativas</em>”, subraya, en referencia a los grupos armados que proliferan en la región, con Boko Haram a la cabeza.</p>



<p>En opinión de Thiaw, la región del lago Chad es víctima de un “círculo vicioso” en el que “la desaparición del lago está aumentando el subdesarrollo”, ya que la gente no puede dedicarse a la pesca, la agricultura o la ganadería para ganarse la vida. Desgraciadamente, lamenta el responsable de la ONU, “grupos terroristas como Boko Haram pueden haber encontrado en los jóvenes una presa fácil”, ya que “<em>cuando alguien no tiene ninguna perspectiva o ninguna esperanza puede verse tentado a unirse a estos grupos, especialmente si les ofrecen recursos o una ideología que les resulta atractiva</em>”.</p>



<p>Por ello, Thiaw tiene claro que, además de invertir en sistemas militares y de inteligencia para combatir a los grupos terroristas y la inseguridad, lo primero y lo principal es invertir en desarrollo. Aunque, admite, “<em>no habrá desarrollo a menos que haya seguridad y no habrá seguridad a menos que haya desarrollo</em>”.</p>



<p>Conscientes de ello, Camerún, Chad, Níger y Nigeria han recuperado un proyecto guardado en el cajón desde hace décadas. El proyecto Transaqua, elaborado por la firma italiana Bonifica a principios de los años 1980, prevé el trasvase de agua desde la cuenca del río Congo hasta el lago Chad. Para ello, se construiría un canal de unos 2.400 kilómetros que uniría el río Ubangui, uno de los afluentes del Congo, con el Chari, el principal tributario del lago.</p>



<p>Los mandatarios de los cuatro países considera indispensable llevar a cabo este proyecto, para el que Bonifica cuenta ahora con la firma china Power China, y cuyo presupuesto se estima en unos 14.000 millones de dólares. Actualmente, se está llevando a cabo un estudio sobre la viabilidad del macroproyecto.</p>



<p>Esperemos que las medidas para evitar la desecación del lago Chad no resulten ser demasiado tardías.</p>



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<p><strong>LOS FONDOS RESECOS DEL POOPÓ, EN BOLIVIA</strong></p>



<p>Los científicos sospechaban desde hace tiempo que, con el paso de los años, el lago Poopó sufriría tal acumulación de sedimentos que se desecaría, y se transformaría en otro salar como el de Uyuni. Sin embargo, ese final se predecía “a un mínimo de mil años vista”, comenta Milton Pérez Lovera, profesor de Ciencias Naturales de la Universidad Técnica de Oruro. Una combinación de factores – como el cambio climático, la sequía, la minería y el trasvase de aguas para la agricultura– ha acelerado el proceso, explica, y el lago se seca a pasos agigantados.</p>
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<p>Pérez Lovera confía que el Poopó pueda recuperarse en parte, pero ni él ni otros cientí¬ficos ven tan claro que el lago recupere su función ecológica de hábitat de invernada para aves acuáticas, entre ellas tres especies de flamencos, una de las cuales clasificada como vulnerable. Tampoco saben si algún día podrán recobrarse las abundantes pesquerías que durante miles de años dieron de comer a los indígenas. Porque el destino del Poopó está irremisiblemente ligado al de los urus, grupo étnico conocido como «hombres del agua» que vive a orillas del lago. El tamaño y la profundidad del Poopó disminuyen desde hace años, lo que obliga a los pescadores uru a adentrarse más y más en él para pescar.</p>



<p>En 2014 y 2015 el lago, cada vez más reducido, sufrió varias mortandades de peces, al dispararse la temperatura del agua por encima de los 15-25 °C habituales. Millones de peces muertos flotaban panza arriba en la superficie. Cuando Franz Ascui Zuna –designado por el Ministerio de Sanidad boliviano para monitorizar la situación de Llapallapani, el mayor asentamiento uru– detectó que el agua alcanzaba los 38 °C, su diagnóstico fue claro: el lago «tenía fiebre». Muy pronto, patos, garzas, flamencos y otras aves que en condiciones normales habitan el lago empezaron a pasar hambre, sin más opciones que migrar o morir de inanición. En 2015, en un episodio de evaporación súbita, lo que quedaba del lago desapareció cuando sus aguas sobrecalen¬tadas fueron dispersadas por los vientos del Altiplano. El Estado declaró el lago Poopó zona catastrófica.</p>



<p>Pero, a principios de 2017, la lluvia llenó una parte del lago, y las autoridades publicaron imágenes celebrando que el Poopó «había regresado», pero poco después el presidente boliviano Evo Morales visitó el lago y confirmó lo que los lugareños ya sabían: la fina lámina de agua retrocedía por momentos. En octubre de 2017 las imágenes de satélite revelaban que el lago volvía a estar prácticamente seco.</p>



<p>“El Altiplano es tremendamente sensible a la evaporación”, dice Mark Bush, paleoecólogo del Instituto Tecnológico de Florida, quien predice que la región podría estar a punto de alcanzar un punto de inflexión. “Para mediados de siglo podríamos tener un calentamiento de un grado centígrado como mínimo, y estaríamos coqueteando con el escenario que causaría la evaporación total o una merma espectacular del lago Titicaca”.</p>



<p>Al sur del Poopó, en el Altiplano, la orilla del lago cede paso a un paisaje todavía más árido, con rocas talladas por el viento y rebaños de llamas, alpacas, ovejas y alguna que otra vicuña silvestre. Al principio de la primavera, buena parte de la tierra sigue desnuda, con el suelo arrasado tras haberse cosechado la quinoa, que satisface la insaciable apetencia europea y estadounidense por este pseudocereal superproteico.</p>



<p>Calentamiento de las aguas, reducción del caudal de los ríos tributarios, presión de una población necesitada de más y más agua. El futuro del lago Poopó parece estar condenado a la desecación progresiva.</p>



<p><strong>MÁS LAGOS EN PELIGRO</strong></p>



<p>“Las huellas del cambio climático están por todas partes, pero no se manifiestan del mismo modo en todos los lagos”, dice Catherine O’Reilly, hidroecóloga de la Universidad Estatal de Illinois, y codirectora de un estudio lacustre internacional que lleva a cabo un plantel de 64 científicos. Un hecho que repasaremos en algunos ejemplos.</p>



<p>En el lago Tai, al este de China, por ejemplo, los vertidos de desechos agropecuarios y las aguas residuales desencadenan la proliferación de cianobacterias, y el agua caliente fomenta su crecimiento. Una amenaza a las reservas de agua potable de dos millones de personas.</p>



<p>En el África oriental, el lago Tanganica se ha calentado hasta tal punto que las capturas de pescado que dan de comer a millones de personas de los cuatro países bañados por sus aguas peligran.</p>



<p>En Venezuela, el agua de la macropresa hidroeléctrica de Guri ha descendido en los últimos años a niveles tan críticos, que el Estado ha tenido que cancelar clases en las escuelas en un intento de racionar la electricidad.</p>



<p>Incluso el canal de Panamá, cuyas esclusas acaban de ampliarse y ahondarse para dar cabida a los supercargueros, se resiente de la escasez de precipitaciones relacionada con el fenómeno de El Niño, que afecta al lago artificial Gatún, del que sale no solamente el agua con el que operan las esclusas, sino también el agua dulce que bebe buena parte del país.</p>



<p>Un caso especialmente significativo es el del Urmía, en el noroeste de Irán, que en los últimos treinta años ha perdido en torno al 80% de su superficie. Los flamencos que se daban festines de artemias casi han pasado a la historia, como también los pelícanos, las garcetas y los patos. Lo que queda son muelles que no llevan a ninguna parte, esqueletos de barcos varados en el lodo y salares estériles. Los vientos azotan el lecho lacustre y levantan una sal que depositan en los campos de cultivo, que acaban por volverse improductivos. Tormentas de arena salada irritan los ojos, la piel y los pulmones del millón y medio de habitantes de Tabriz, ciudad situada a tan sólo noventa kilómetros de distancia. Y, en los últimos años, las seductoras aguas verde esmeralda del Urmía se han teñido de rojo sangre por las bacterias y algas, que proliferan y cambian de color cuando aumenta la salinidad, y la luz solar penetra en las zonas menos profundas. Muchos de los turistas que antaño acudían al Urmía para tomar baños terapéuticos han dejado de venir.</p>



<p>Aunque el cambio climático ha recrudecido las sequías y elevado las ya altas temperaturas estivales en torno al Urmía, acelerando la evaporación, el problema no acaba ahí. El lago tiene miles de pozos ilegales y un montón de proyectos de irrigación y de presas que desvían las aguas de sus tributarios para el cultivo de manzanas, trigo y girasol. Los expertos temen que sucumba a la misma sobreexplotación hídrica que aniquiló el Mar de Aral. Sus voces parecen haberse oído en Teherán. El presidente iraní, Hasán Rohaní, ha destinado 4.000 millones de euros a la restauración del Urmía mediante el desembalse de más agua de las presas, la mejora de los sistemas de riego y la transición a cultivos que necesiten menos agua.</p>



<p><strong>LA MUERTE DEL MAR DE ARAL</strong></p>



<p>La desaparición del Mar de Aral, en Asia Central, es un ejemplo catastrófico del destino que pueden correr estas masas de agua interiores; en su caso, a consecuencia de los ambiciosos proyectos soviéticos de irrigación que desviaron sus ríos tributarios.</p>



<p>Donde antes había agua, peces y barcos, ahora solo queda arena y cascos oxidados. El que fuera el cuarto lago más grande del mundo, está prácticamente seco. Y ha dejado paso a un enorme desierto. Organizaciones defensoras del medioambiente y expertos llevan años alertando del que ya se considera uno de los mayores desastres naturales. Producido, además, por la mano del hombre. El Mar de Aral, entre Uzbekistán y Kazajistán, que tuvo una superficie de unos 67.300 kilómetros y suministraba una sexta parte de todo el pescado que se consumía en la Unión Soviética, fue perdiendo flujo a medida que los ingenieros de la URSS transvasaban las aguas de los ríos que lo alimentaban, para de este modo nutrir las secas estepas, y regarlas para producir campos inmensos de algodón y arroz .</p>



<p>Para lograr su meta, las autoridades soviéticas diseñaron y ejecutaron una de las transformaciones más ambiciosos que se conocen, de una magnitud solo equiparable al daño medioambiental que provocó. En pocos años se construyeron 45 embalses, más de 80 presas y cerca de 32.000 kilómetros de canales. Semejante infraestructura desvía de los ríos Amu Daria y Sir Daria la friolera de 48.000 millones de metros cúbicos al año, dejando que el lago se alimente únicamente de una octava parte del caudal original, cifra que la elevada evaporación reduce aún más.</p>



<p>El plan de riego funcionó, pero a cambio de un precio altísimo. En la actualidad, Uzbekistán es uno de los mayores exportadores de algodón del mundo, pero la antes próspera industria pesquera de la zona, que daba trabajo a cientos de kazajos y uzbecos, está tan seca y muerta como el propio lago, tal y como muestra el documental “Aral. El mar perdido” que la cineasta Isabel Coixet rodó en 2010.</p>



<p>Los muelles, las plantas de procesamiento, almacenes, e incluso pueblos y ciudades enteras que vivían de la pesca, languidecen abandonadas, pudriéndose al sol del desierto. La vida sólo sobrevive en la zona norte, donde una presa, construida en 2005 gracias a una donación de trescientos millones de dólares del Banco Mundial, mantiene estancada una mínima parte de lo que hasta hace pocas décadas fue una extensión de agua del tamaño de Irlanda.</p>



<p>Sin embargo, la industria pesquera no fue la única víctima de la desecación del lago. El gran perjudicado fue el ecosistema de la zona, ya que han desaparecido 20 de las 24 especies de peces existentes y con ellas, otras tantas aves que dependían de ellos y de la flora del lugar, que también se ha visto severamente afectada.</p>



<p>También el clima de la región se ha visto afectado de forma irrecuperable. Las tormentas de polvo son habituales y lo peor es que no arrastran solo arena, sino también esporas tóxicas de ántrax, procedentes de la antigua base secreta de investigación biológica de Vozrozhdeniye, abandonada tras la caída del muro de Berlín en 1989.</p>



<p>Cuando fue construida por los soviéticos, en 1948, la base presentaba una ubicación inmejorable en plena isla Renacimiento, asilada en el centro del lago. Sin embargo, la desecación de las aguas convirtió la isla primero en una península y, poco a poco, en una parte indistinguible del desolado desierto que ahora ocupa la mayor parte de la cuenca del lago, que ha pasado a ser conocido como el Desierto de Aralkum. Antes de abandonarla, los oficiales del Ejército Rojo trataron de eliminar las esporas sumergiéndolas en lejía y enterrándolas profundamente en la arena. Sin embargo, una exploración realizada en 1997 por científicos norteamericanos encontró esporas todavía activas en seis de las once áreas donde habían sido enterradas.</p>



<p>El único punto de luz en esta historia de sombras es la reciente recuperación del mar septentrional. Gracias a la presa de trece kilómetros en la costa sur del Mar de Aral norte, se pudo crear una masa de agua totalmente independiente, alimentada por el Sir Daria. Desde la construcción de la presa, la zona norte y su pesquería se han recuperado con mucha más rapidez de lo esperado, pero a costa de privar al mar meridional de una de sus fuentes de agua más cruciales, sentenciándolo a muerte. El futuro estará también en manos humanas, ya que ellas fueron las que ocasionaron el desastre.</p>



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		<title>9 claves para comprender los océanos</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/comprender-los-oceanos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Nov 2019 14:32:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 49]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Boletín 49Noviembre de 2014 Texto: Jorge Latorre QUÉ HAY BAJO LOS OCÉANOS: 1 EL RELIEVE DEL FONDO OCEÁNICO La profundidad media de los océanos es de unos cuatro o cinco [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Boletín 49</strong><br><em>Noviembre de 2014<br></em></p>



<p><strong>Texto:</strong> Jorge Latorre<br><br><strong>QUÉ HAY BAJO LOS OCÉANOS:</strong></p>



<p><strong>1 EL RELIEVE DEL FONDO OCEÁNICO</strong></p>



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<p>La profundidad media de los océanos es de unos cuatro o cinco kilómetros que, comparados con los miles que abarcan, les hacen parecer delgadas capas de agua sobre la superficie del planeta. Pero los fondos marinos son muy variables en las diferentes zonas de un océano: plataforma continental, talud, fondo oceánico o dorsal.</p>



<p>La plataforma continental ocupa aproximadamente el 10% del área oceánica y es la continuación de los continentes por debajo de las aguas, con profundidades que van desde cero metros en la línea de costa hasta unos 200 m. Es una zona de gran explotación de recursos petrolíferos, pesqueros, etc.</p>



<p>El talud es la zona de pendiente acentuada que va desde el límite de la plataforma hasta los fondos oceánicos. En esta zona aparecen cañones submarinos tallados por sedimentos que caen desde la plataforma al fondo oceánico.</p>
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<p>El fondo oceánico, con una profundidad de entre 2000 y 6000 metros, ocupa alrededor del 80% del área oceánica. Las cadenas dorsales oceánicas son elevaciones longitudinales del fondo oceánico que se alargan hasta más de 60.000 km. Son las zonas de formación de las placas litosféricas en las que se está expandiendo el fondo oceánico, y en ellas se produce actividad volcánica y sísmica.</p>



<p>Las cadenas de fosas abisales son zonas estrechas y alargadas en las que el fondo oceánico desciende hasta más de 10.000m de profundidad en algunos puntos. Son especialmente frecuentes en los bordes del Océano Pacífico y mantienen una gran actividad volcánica y sísmica, porque corresponden a zonas de subducción, donde dos placas litosféricas colisionan, introduciéndose una bajo la otra.</p>



<p>Las llanuras abisales empiezan donde terminan los márgenes continentales. Ocupan extensas áreas del suelo marino a profundidades de 4000 a 6000m, y son las zonas más profundas del océano, después de las fosas submarinas. Constituyen los lugares más planos y escasamente accidentados de la Tierra. A pesar de la oscuridad, la inmensa presión y el frío, muchos animales viven en las llanuras abisales, incluyendo varias especies de gusanos, camarones, ofiuras y algunos peces extraordinarios.</p>



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<p><strong>2 LAS CUENCAS OCEÁNICAS<br></strong><br>El océano no es un mundo uniforme: hay mares con diferentes profundidades, relieves subterráneos que separan cuencas, plataformas continentales donde se desarrolla una intensa actividad humana, dorsales por las que la tierra se abre o fosas en las que una placa terrestre se superpone sobre otra.</p>



<p>En el hemisferio sur hay una zona circumpolar (el océano Glacial Antártico) que conecta los extremos australes del océano Atlántico, del océano Pacífico, y del océano Índico, de menor dimensión. Hay algunos otros mares menores<br>semicerrados; entre ellos son característicos el Ártico, el Báltico y el Mediterráneo, que se unen a los grandes océanos y modifican sus propiedades.</p>



<p>Los ejes centrales de las principales cuencas oceánicas están conectados por el sistema de dorsales, cordilleras extensas de montañas con depresiones internas cruzadas por zonas de fractura. Las dorsales oceánicas son fundamentales para la comprensión de la evolución de las cuencas de los océanos, como explica la tectónica de placas. Están asociadas con terremotos, con volcanes y con grietas hidrotermales que transfieren desde el interior de la tierra fluídos químicamente ricos, están asociados con insólitos sistemas biológicos dependientes del sulfuro.</p>



<p>Desde las dorsales oceánicas, las placas se separan unos pocos centímetros cada año y se desprende roca fundida que va añadiendo nueva materia a las placas corticales rígidas de la Tierra. En áreas donde las placas se superponen, como en el borde del Pacífico, la corteza queda subducida y vuelve al manto, ormando fosas que pueden alcanzar profundidades de 7 km. La de mayor profundidad conocida es la fosa de las Marianas, con unos 11 km, situada al este de Filipinas.</p>



<p><strong>3 ISLAS Y ATOLONES</strong></p>



<p>En medio de los océanos la presencia humana permanente queda reducida a las islas, en algunas ocasiones de dimensiones casi continentales. Recordando: llamamos isla a una zona de tierra firme rodeada completamente<br>por una masa de agua, de tamaño menor que un continente, oscilando desde las que tienen unos pocos metros cuadrados hasta las que superan los dos millones de kilómetros cuadrados, como es el caso de Groenlandia, la isla más grande del mundo.</p>



<p>Las islas pueden tener diversos orígenes (erupción volcánica, sedimentación o erosión) y van evolucionando por acumulación de erosión, depósito de sedimentos o por acumulación de material volcánico u orgánico (como las<br>islas del guano). En ocasiones, su aparición se debe a que una porción de tierra queda separada del continente por algún fenómeno o por un proceso erosivo, o bien por una variación del nivel de mar que deje sumergida las tierras bajas y aisladas las zonas más altas del relieve (un caso ejemplar es el monte Saint-Michel que se convierte en<br>isla con la marea alta).</p>



<p>Hay diversos tipos de islas, pero básicamente son tres: islas continentales, volcánicas, coralinas y sedimentarias. A ellas habría que sumar las islas fluviales y las sedimentarias, ligadas a los ríos.</p>



<p>Las islas continentales están situadas en la plataforma continental, es decir, que son partes de tierra conectadas al continente. Como Groenlandia, Madagascar, Gran Bretaña, Sicilia, Sumatra y Java, Papúa, la Isla de Vancouver, Terranova, Cuba, la Española, Isla Margarita en Venezuela o San Andrés de Colombia, entre otras muchas.</p>
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<p>Las islas volcánicas surgen como consecuencia de la actividad volcánica que se produce en los fondos oceánicos, a su vez relacionada con el movimiento de placas de la corteza terrestre. Son volcánicas, entre otras muchas, las Marianas, muchas de las Antillas, la Isla de Pascua, las Canarias, las Azores y las Madeira, Hawai, Japón, las Galápagos o Nueva Zelanda.</p>



<p>Las islas y arrecifes coralinos aparecen en los mares tropicales y subtropicales y tienen su origen en la acumulación de esqueletos de los corales, un grupo de organismos marinos primitivos que en ocasiones crecen hasta la superficie<br>del océano desde plataformas submarinas superficiales, que son muchas veces conos volcánicos. Los atolones son islas coralinas, en forma de anillo más o menos circular, con una laguna interior comunicada con el mar. Se forman cuando un arrecife de coral crece alrededor de una isla volcánica a la vez que esta se va hundiendo en el océano. Las principales islas coralinas se encuentran en el océano Pacífico (islas Tuamotu, Carolinas, Marshall, Kiribati…) y en el Índico (Maldivas, Laquedivas, Chagos, Seychelles…).</p>



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<p><strong>4 EL MOVIMIENTO DE LOS OCÉANOS</strong></p>



<p>Marejadas, olas, corrientes, mareas… el clima de nuestro planeta y la vida que se desarrolla sobre él nacen del movimiento permanente de los mares. En superficie solo podemos ver una parte mínima de los movimientos del agua, ya que los flujos más importantes tienen lugar en las profundidades, a enormes distancias y en proporciones insospechadas.</p>



<p>En la superficie, las aguas del océano se mueven principalmente por la acción del viento, y por tanto, vienen condicionadas por las horas de sol del planeta. Y como tienen que ver con el viento, estas corrientes varían en función de la estación o incluso de la hora del día, tanto en su dirección como intensidad.</p>



<p>Las corrientes marinas son decisivas en el clima, sobre todo la Corriente del Golfo y su contracorriente, la del Labrador. Su origen está en los grandes sistemas de viento de la tierra, aunque también influyen las diferencias de densidad y contenido de sal, de temperatura y la influencia de la evaporación. La rotación de la Tierra les proporciona en el hemisferio norte una tendencia de giro hacia el este y en el hemisferio sur una tendencia hacia el oeste.</p>



<p>En las corrientes marinas podemos distinguir dos tipos: las generales, ocasionadas por movimientos producidos por el viento y las distintas temperaturas que presentan los mares en sus capas superficiales, y las costeras, que<br>en la mayoría de los casos son debidas a las mareas o a los vientos locales de las regiones en donde actúan. Las generales a su vez pueden ser corrientes cálidas (como la del Golfo, que se origina en el Mar Caribe o la del Kuro-Siwo en Japón) y corrientes frías. Las corrientes cálidas son de forma circular (sus aguas recorren los mares y vuelven al punto de partida) y giran como las manecillas de un reloj en el hemisferio norte y al revés en el sur, mientras que las frías suelen ser lineales.</p>



<p>Entre los fenómenos más fácilmente observables destacan las mareas, causadas principalmente por la fuerza de atracción de la luna. Tienen una influencia decisiva en el tipo de organismos que viven en las llamadas zonas intermareales, que son las que unas horas están cubiertas por las aguas marinas y azotadas por las olas, y otras permanecen secas o afectadas por el agua dulce en caso de lluvia.</p>



<p>Hay zonas de costa que por su especial configuración crean fuertes corrientes de mareas: las aguas al subir o al bajar arrastran sedimentos y arena y, con ello, los seres vivos que habitan en estas áreas.</p>
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<p><strong>Las olas se forman gracias a los vientos que barren la superficie de las aguas. Su movimiento es en forma de cilindro, pero cuando llega a la costa y ese cilindro roza en su parte inferior con el fondo del mar, se acaba desequilibrando la masa de agua y la ola se rompe. Los famosos tsunamis son olas gigantescas producidas por movimientos sísmicos en el fondo marino.</strong></p>



<p><br><strong>Los océanos esconden una enorme biodiversidad y cada año se suman al catálogo de especies miles de descubrimientos. Sólo en 2011 se descubrieron casi 18.000 especies nuevas en todo el mundo: tiburones, tortugas, babosas de mar multicolores… Algunos de estos hallazgos tienen lugar de forma sorprendente, como el tiburón linterna (Etmopterus joungi) que se descubrió en un puesto de pescado de Taiwan. Hay muchos lugares en los que todavía queda mucho por explorar, como las Filipinas, donde hay más especies por kilómetro cuadrado que en todo el Mediterráneo.</strong></p>
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<p>Cerca del litoral se producen las llamadas corrientes costeras de deriva, que varían según las costas y la profundidad de las aguas y que están muy implicadas en la formación del modelado costero: playas, estuarios…</p>



<p>Las mareas, junto con las corrientes y las olas en continuo choque con la costa, erosionan y transportan los materiales costeros y crean ecosistemas muy diferentes (marismas, playas, rasas mareales, dunas… ), en los que son decisivos también los ríos que desembocan en el mar en esa zona y el tipo de roca.</p>



<p><strong>5 EL AGUA DEL MAR EN SUPERFICIE</strong></p>



<p>La característica que mejor se conoce del océano es la distribución de la temperatura superficial del mar, porque puede medirse desde el espacio, así como con métodos sencillos que pueden ser realizados en los barcos mercantes. En el océano abierto la temperatura va desde valores de 30 °C cerca del ecuador, hasta -2 °C cerca del hielo de las<br>altas latitudes.</p>



<p>Otra de las características del agua del mar es la salinidad, más difícil de medir, que es baja en latitudes altas (frías) y altas en el trópico. El máximo está en torno a los 25º latitud N y 25º de latitud S con un mínimo ecuatorial en medio. Esto se debe a las diferencias entre la evaporación y la precipitación: la máxima salinidad se da en zonas de escasas precipitaciones y anticiclones subtropicales (zonas de desiertos). Tanto la temperatura como la salinidad están distribuidas por zonas que siguen, aproximadamente, los contornos de los continentes, y van variando de este a oeste. Cerca de las costas la distribución no es tan uniforme, porque se ven afectadas por las corrientes oceánicas y el fenómeno de la emergencia (las llamadas regiones de emergencia se encuentran cerca de las fronteras orientales de los océanos, donde los vientos que soplan a lo largo de la costa pueden producir una corriente media superficial que se aleja de la tierra). Las agua más profundas del océano (desde unos 500 m) suben para reemplazar el déficit, haciendo descender la temperatura. Estas zonas suelen ser muy ricas en nutrientes y sales, y por tanto muy ricas en pesca.</p>



<p><strong>6 EL AGUA DEL FONDO SUBMARINO</strong></p>



<p>En profundidad, es más difícil analizar las características del agua, pero los científicos conocen bien la temperatura, salinidad y oxígeno, aunque tienen información más incompleta sobre otros valores. Lo que se conoce mejor es la estructura de temperaturas, que siguen el mismo patrón que en superficie (de -2 °C a 30 °C, justo el rango de temperaturas en las que los seres humanos podemos vivir), pero hay mucha más agua fría que caliente, siendo la temperatura media de 3,5 °C. El agua por encima de los 5 °C está confinada a una capa poco profunda, y entre los 50° latitud N y los 50° latitud S.</p>



<p>Aparte de los cambios superficiales estacionarios o diarios, se puede afirmar que hay una capa de agua casi isoterma cerca de la superficie, separada por otra capa con cambios bruscos de temperatura (la termoclina principal) y de una última capa gruesa que se extiende hasta el fondo marino. Al norte y al sur de la latitud 50° la temperatura varía poco con la profundidad. En las latitudes medias la temperatura superficial crece y la profundidad de la termoclina principal es máxima, aproximadamente de 1 km. A latitudes bajas, la temperatura de superficie es alta y la termoclina asciende (unos 100 m) con un cambio rápido de la temperatura con la profundidad. Esta estructura es explicable parcialmente en términos de las propiedades físicas del agua de mar: en general, cuanto más fría sea el agua será más pesada; así, es de esperar que el agua más densa descenderá para llenar las cuencas más profundas del océano.<br>En regiones polares, durante el invierno el agua más fría se encuentra en la superficie; después de que su calor se haya radiado en la larga noche polar, desciende y enfría el océano profundo, incluso bajo los trópicos y el ecuador. El cómo y el porqué exactos de estos procesos se sigue investigando. La salinidad, como la temperatura, afecta a la densidad, en especial en las bajas temperaturas polares. Las regiones principales de descenso de las aguas parecen tener una extensión limitada, confinadas al mar de Weddell, en el sector Atlántico del océano Antártico, y a los mares de Groenlandia y Noruega en el norte del océano Atlántico.</p>



<p>La estructura salina del océano es más compleja que la térmica. En general, el agua más densa, con menor temperatura, se encuentra en el fondo. La salinidad afecta menos a la densidad y, por tanto, puede ser más variable con la profundidad. Los procesos que afectan a la salinidad (la lluvia que diluye el agua y la evaporación que la concentra) se producen en la superficie y forman masas de agua con combinaciones particulares de salinidad y de temperatura.</p>



<p><strong>7 LA BIODIVERSIDAD OCEÁNICA</strong></p>



<p>Bajo su aparente uniformidad, los océanos ofrecen una gran diversidad de hábitats. A pesar de que no hay fronteras bien definidas bajo el agua, si que hay diferentes paisajes más o menos relacionados entre sí. La cantidad de nutrientes, la exposición a las corrientes, el tipo de sedimentos del fondo, la intensidad de la luz, la temperatura, la presencia de hielo, la profundidad o el nivel de oxígeno, son algunos de los factores que estructuran el paisaje marino.</p>



<p>Las zonas costeras, de menor profundidad y beneficiadas por nutrientes procedentes de la tierra, son las zonas más ricas de nuestros océanos: el 80% de las especies marinas vive cerca de dichos sedimentos marinos. Se llaman hotpots o puntos calientes de biodiversidad a las regiones del globo que albergan la mayor diversidad. En los océanos se han localizado diez hotspots, y entre ellos se encuentran el Caribe, el golfo de Guinea, el Mar Rojo, el norte del océano Índico y el sur de Japón. Estas regiones contienen ecosistemas particularmente productivos y ricos, como los arrecifes de coral, herbarios, manglares, fuentes hidrotermales o montes submarinos.</p>



<p>Los océanos contienen una variedad inimaginable de organismos, muchos de ellos todavía desconocidos.. Al ritmo actual, se necesitarían entre 250 y 1000 años para catalogar todas las especies animales del océano. Estos organismos han sido fuente de moléculas y genes de interés biotecnológico con aplicaciones en medicina, cosmética, nutrición e incluso producción de fuel.</p>



<p>La mayor parte de la diversidad de los océanos se halla entre los microorganismos, vitales en estos momentos por los esperanzadores avances de la biotecnología. Aunque son invisibles sin ayuda de un microscópicos, hay millones de ellos en un centímetro cúbico de agua de mar, y su potencial genético es tremendo.</p>



<p>El océano puede proporcionarnos un suministro de agua inagotable, nuevas fuentes de energía (mareas, oleaje, energía térmica, biocombustible…) y una capacidad de producir alimentos capaz de resolver el desafío de dar calidad de vida a los habitantes del planeta. Pero frente a esto, se enfrenta a graves peligros de sobreexplotación, pérdida de la biodiversidad y contaminación.</p>



<p><strong> 8 LA PALEOCEANOGRAFIA</strong></p>



<p>Es la ciencia que estudia la formación de los océanos, y para ello recurren a otras ciencias y en particular a la astronomía. Según los últimos estudios, los astrónomos han encontrado agua en un cometa cuyo compuesto químico es similar al del agua en la Tierra. El descubrimiento apoya las teorías de que los cometas ricos en agua ayudaron a llenar los océanos. Los modelos creados para simular la formación de los planetas indican que, en sus inicios, la Tierra era demasiado caliente para mantener agua líquida en la superficie. Los científicos especularon con la posibilidad de que el agua de la superficie terrestre provenía de cometas que habían colisionado con la Tierra una vez se hubo enfriado.</p>



<p><strong>9 EL FUTURO DE LOS OCÉANOS</strong></p>



<p>Pero más que el pasado, nos preocupa el futuro de los océanos. Es un hecho incuestionable: nuestros océanos están en peligro y solo nos acordamos de ello cuando aparecen en los medios de comunicación reportajes que nos alertan sobre la falta de oxígeno, el cambio climático, la disminución de los corales, la mala gestión de los recursos naturales, los residuos plásticos….</p>



<p>Sobre la pérdida de biodiversidad, el zoólogo y explorador oceanográfico francés Philippe Bouchet asegura que los océanos se enfrentan a los llamados “cuatro jinetes del Apocalipsis”: la división y la desaparición de los hábitats, las especies invasivas, las extracciones excesivas y el encadenamientos de extinciones.</p>



<p>Los peligros están por todas partes. Por ejemplo, en el Caribe, los arrecifes coralinos (el 9 % de los existentes) están en peligro y podrían desaparecer en veinte años. Desde 1970 han disminuído en más del 50%, debido a la enorme presión de las actividades humanas en la zona, además del calentamiento global, y la pérdida de determinadas especies que mantenían el equilibro.</p>



<p>Otro de los problemas más graves de los océanos es la llamada “sopa de plástico”. Recordemos: un bote de plástico tarda 450 años en degradarse y una simple bolsa entre 10 y 20 años. Existen acumulaciones gigantes de plástico en el océano abierto que están pasando a la cadena alimenticia marina y a los fondos marinos con el consiguiente riesgo. Se ha calculado que cada año se vierten a los océanos más de 6 millones y medio de desechos plásticos que necesitarán miles de años para ser destruidos. Al mismo tiempo conviene señalar que, según los datos aportados por la Expedición Malaspina 2010, no se han detectado las conocidas como isla de plástico, si bien se ha comprobado la existencia de cinco zonas de grandes acumulaciones de residuos plásticos en el océano abierto.</p>



<p>Tampoco hay que olvidar que más del 50% de la población mundial vive a menos de 100 kilómetros de las costas, y que en 2035 esta proporción alcanzará el 75% con la enorme presión sobre el medio que esto implicará. En cuanto a la reserva de pesca, la FAO ha alertado de que el 32% de la reserva de peces está sobreexplotada o agotada, y un 50% de la reserva total se encuentra explotada hasta el límite, habiéndose empeorado considerablemente la situación de los océanos en los últimos años.</p>



<p>Hace ya casi medio siglo que Jacques Cousteau sorprendió al mundo con su magnífico documental “El mundo del silencio” (1956) con el que ganó el primer Oscar a un documental sobre naturaleza. Desde entoces las cosas han cambiado mucho y ni siquiera imágenes tan bellas como las del documental Océanos de Jacque Perrin, pueden ocultar que nuestros océanos están enfermos y que si no ponemos remedio rápidamente, en pocas décadas el deterioro será total. Los numerosos centros de investigación especializados nos alertan con datos que debieran de concienciarnos de inmediato, como el nivel de acidez de las aguas, que ha subido alarmantemente sobre todo en mares cerrados y muy poblados como el Mediterráneo, y que continuará subiendo si continúa el aumento de las emisiones de CO2. O la amenaza que para los ecosistemas marinos tien n los efectos combinados del calentamiento y la acidificación. También hay peligros que subyacen en el mar, como la actividad volcánica subacuática que cambiará los ecositemas oceánicos, o los residuos de los fertilizantes agrícolas y los vertidos de aguas residuales que van en aumento día a día y que puede causar la muerte de muchos organismos marinos, especialmente los más sensibles, como son los crustáceos y algunos peces.</p>



<p>Pero no todo está perdido. Hay un movimiento de&nbsp; concienciación creciente frente a la situación que incluye a los gobiernos e incluso los pescadores. Conocemos algunas soluciones: aumento de las zonas protegidas (en la actualidad sólo el 1,4% de los océanos forma parte de un área marina protegida, frente a un 13% de la superficie emergente que está considerada parque natural), cuotas de pesca, áreas marinas protegidas, consumo y pesca sostenible o lucha contra la contaminación y contra el cambio climático. Todos, al menos en teoría, estamos cada vez más concienciados de que hay que salvar los océanos porque haciéndolo nos salvaremos nosotros mismos.</p>



<p><strong>Boletín 49</strong><br><em>Noviembre de 2014</em></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/comprender-los-oceanos/">9 claves para comprender los océanos</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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			</item>
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		<title>Tenemos que salvar los océanos</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/salvar-los-oceanos/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 28 Nov 2019 14:16:42 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 49]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Boletín 49Noviembre de 2014 Texto: Enric SalaFotos: National Geographic El oceanógrafo y explorer de la National Geographical Society, Enric Sala, nos cuenta cómo y por qué ha dedicado su vida [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/salvar-los-oceanos/">Tenemos que salvar los océanos</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Boletín 49</strong><br><em>Noviembre de 2014</em></p>



<p><strong>Texto: </strong>Enric Sala<br><strong>Fotos: </strong>National Geographic<br></p>



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<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p><strong>El oceanógrafo y explorer de la National Geographical Society, <a href="https://sge.org/premios-sge/premios-2012/premio-investigacion-2012-enric-sala/">Enric Sala</a>, nos cuenta cómo y por qué ha dedicado su vida a proteger la vida marina y a salvar los océanos.</strong></p>



<p>En los años 70 yo era un niño que crecía en la costa mediterránea de España absolutamente fascinado por el mundo submarino que Jacques Cousteau nos mostraba en la televisión.</p>



<p>Sus intrépidos buceadores, mis héroes, nadaban entre ballenas y se deslizaban entre exuberantes arrecifes de coral en los que abundaban meros y tiburones. Yo soñaba con ser algún día buceador del Calypso, el famoso barco del comandante Cousteau, para explorar mares lejanos y hacer un sinfín de descubrimientos a lo largo de mis viajes.</p>
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<p>Ya entonces esos mares llenos de grandes especies que yo veía en la televisión eran un mundo totalmente distinto del Mediterráneo de mi infancia. Al bucear en la Costa Brava, todo lo que veía eran erizos de mar y piscardos más pequeños que mi máscara de buceo. Que el mar estuviera vacío era algo totalmente natural para mí.</p>



<p>Ahora nos remontamos 25 años atrás. Yo era profesor en la Scripps Institution of Oceanography en California (uno de los centros más antiguos e importantes del mundo dedicado a la investigación sobre la tierra y los océanos), y me dedicaba a estudiar el impacto del hombre sobre el océano: sobrepesca, contaminación y calentamiento global. Al haber nacido muy tarde para ganarme un sitio en el Calypso, la vida me llevó al mundo académico, donde seguí desarrollando mi pasión por explorar el océano. Sin embargo, el entusiasmo inicial por entender el mundo a través de la ciencia se convirtió en frustración al ver que los lugares que tanto amaba iban perdiendo vida año tras año.</p>



<p>Estaba escribiendo la esquela de los océanos cada vez con mayor precisión. Era algo no solo frustrante sino rayano en la depresión. Me sentía como un médico que le cuenta a su paciente cómo va a morir, exponiéndole hasta los más mínimos detalles pero sin prescribirle un tratamiento. Era demasiado. Decidí entonces dedicar el resto de mi vida a ayudar a los océanos a recuperar su antigua salud y riqueza. Pero ¿qué era un océano rico? ¿Quedaba algún océano sano?</p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>Estas preguntas marcaron el comienzo de una larga serie de interrogantes que me planteé para encontrar las zonas vírgenes de los océanos que aún quedan y ayudar a protegerlas. En 2005, junto con un grupo de colegas biólogos marinos, organizamos una expedición a las Islas de la Línea, un archipiélago muy poco conocido de<br>islas de coral y atolones situado entre Hawai y el Ecuador. Del suelo oceánico surgen cinco islas de coral que son la cúspide de antiguos volcanes que cuentan con millones de años de antigüedad. Dos de esos atolones están deshabitados y no han sufrido el impacto del hombre. Allí vimos por vez primera qué es un océano sano. Todavía recuerdo mi primera inmersión en el Arrecife Kingman, cuando de las profundidades del mar surgió una docena de tiburones que nos rodeó y se acercó a curiosear en cuanto volvimos a sumergirnos. El fondo del arrecife era una exhuberancia de corales con delicados colores pastel, rebosantes de salud. Exactamente igual que los corales que Cousteau nos enseñaba por televisión. Todavía quedaban algunos lugares vírgenes en el mundo, en los rincones más remotos de los océanos.</p>



<p>Yo estaba decidido a encontrarlos y a trabajar con los colaboradores adecuados para estudiarlos, mostrárselos al mundo y servir de inspiración a los dirigentes de los países a los que pertenecen estos lugares en estado puro para que los protejan, convirtiéndolos en grandes reservas marinas, es decir en parques nacionales pero en el mar.</p>



<p>Este sueño acabó obsesionándome y fue el origen de mi proyecto Pristine Seas (mares limpios) (<a href="https://www.nationalgeographic.org/projects/pristine-seas/">pristineseas.org</a>)</p>



<p>En 2007 abandoné el mundo académico para dedicarme por entero a mi pasión.</p>



<p>En 2008 me uní a las filas de los National Geographic Explorers, y desde entonces he dedicado todos mis esfuerzos a proteger las zonas vírgenes que aún quedan en los océanos</p>



<p>Estamos a 6 febrero de 2009, me encuentro en la Casa Blanca, sentado a tres filas de distancia del presidente de Estados Unidos, George W. Bush. En ese momento el presidente firma la Declaración para crear el Monumento Nacional a las Islas Remotas del Pacífico, una inmensa reserva marina casi tan grande como el Reino Unido, que incluye el Arrecife de Kingman y el Atolón Palmyra, dos de los paraísos de coral que habíamos estado estudiando en 2005.</p>



<p>El texto de la Declaración del Presidente Bush ponía de relieve la naturaleza virgen de esos atolones de coral, y el hecho de que en esas zonas inexploradas los depredadores sean más grandes que las presas.</p>



<p>Nunca hubiéramos podido imaginar nada parecido si no hubiésemos emprendido la imposible tarea de organizar un viaje de investigación a atolones remotos, si no hubiéramos ignorado las recomendaciones de algunos colegas que nos decían que nunca íbamos a encontrar fondos para organizar tal expedición y si no hubiéramos sentido curiosidad por el mundo que nos rodea.</p>
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<p>Estos lugares vírgenes son el testimonio de lo único que aún no hemos destruido del mar. Son el testimonio de lo que antaño era natural, tan distinto de nuestros puntos de referencia actuales que solo conocen un océano degradado a causa de la sobrepesca, la contaminación y el calentamiento global. Estos últimos lugares vírgenes son absolutamente desconocidos para cualquier ser humano, excepto para las flotas pesqueras de larga distancia, que han empezado a fijarse en ellos porque ya han esquilmado casi todo los demás. Es preciso que los salvemos antes de que sea demasiado tarde, antes de que desaparezcan sin que nadie los haya visto.</p>



<p>Es posible proteger estos lugares ahora y preservarlos para siempre. Entre 2006 y 2009 Estados Unidos creó cuatro grandes monumentos nacionales marinos en las costas más salvajes del Pacífico; en 2011 Chile creó el Motu Motiro Hiva Marine Park, la reserva marina de “no pesca” más extensa del continente americano; Kiribati está a punto de alcanzar los 400.000 km2 de zona protegida en las Islas Fénix, y recientemente el Presidente Obama ha creado la mayor reserva existente en el mundo, más de un millón de km2 alrededor de las Islas Remotas del Pacífico pertenecientes a Estados Unidos.</p>



<p>Cuando buceo en lugares vírgenes se desvanecen todas las preocupaciones del mundo de los humanos. Allí abajo me doy cuenta de que no somos más que una pequeña parte de un gran sistema viviente, una biosfera que nos proporciona riqueza y salud. Al fin y al cabo, la biodiversidad de los océanos es nuestro único modelo posible para el futuro. Depende de nosotros decidir qué océano queremos para el mañana: uno con aguas cristalinas lleno de grandes especies o uno lleno de microbios y medusas.</p>



<p><strong>Boletín 49</strong><br><em>Noviembre de 2014</em></p>
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			</item>
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		<title>Los pequeños lagos españoles</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/pequenos-lagos-espanoles/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jul 2019 12:39:12 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 63]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Pedro Páramo Boletín 63 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; Los lagos de nuestra Tierra Es difícil asignar una categoría a las 2.500 concentraciones de agua dulce que hay en [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/pequenos-lagos-espanoles/">Los pequeños lagos españoles</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Pedro Páramo</strong></p>



<p>Boletín 63 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; Los lagos de nuestra Tierra</p>



<p>Es difícil asignar una categoría a las 2.500 concentraciones de agua dulce que hay en nuestra geografía: así, pueden llamarse lagos o, más modestamente, lagunas.</p>



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<p>Los grandes depósitos de agua dulce en España, a las que a veces llamamos pantanos y a veces lagos, no son producto de la naturaleza sino de la intervención humana, consecuencia de una presa que embalsa el agua de un río. El historial geológico, la orografía y el clima de la península ibérica no han favorecido la formación de lagos naturales de mediano o gran tamaño. Dicho esto, y hablando ya tan sólo de las obras de la naturaleza, la diferencia entre lagos y lagunas en nuestra lengua viene dada por el tamaño. Y en cuestión de tamaños todo es relativo. El lenguaje popular en muchos casos distingue como lagos lo que en otras latitudes ni siquiera serían lagunas; y a veces se nombran como lagunas lo que no son más que grandes charcas, que hasta se secan en las estaciones más calurosas. Los lagos españoles tienen diferentes orígenes. Los de origen glaciar, fueron originados por la desaparición de los glaciares de la glaciación de Wurm a lo largo del Cuaternario, como los de las cordilleras del norte; de origen cárstico, especie de cubetas que el agua forma al disolver rocas solubles, como el yeso o la caliza, tal es el caso de las Lagunas de Ruidera; de origen mixto, tectónico-cárstico, como el lago de Bañolas, en Gerona, que ocupa una depresión de una falla tectónica, alimentada por aguas subterráneas de origen cárstico; también existe una muy pequeña muestra en Ciudad Real de la escasa actividad volcánica que ha habido en la península.</p>
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<p><strong>LAGOS DE ORIGEN GLACIAR</strong></p>



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<p>Son los lagos y lagunas españolas más conocidos por lo espectacular de los paisajes de montaña que los alojan. Entre estos se cuentan los pequeños lagos de la cordillera Cantábrica, como los Lagos de Somiedo, en el occidente asturiano, y los Lagos de Covadonga, el Enol y el Ercina, situados en el macizo occidental de los Picos de Europa. Una gran lengua glaciar, escindida en dos durante el deshielo de la última gran glaciación de hace 40.000, años dio origen a estos dos lagos, separados por una morrena central. El lago Enol, a 1.070 metros de altitud, mide 750 metros en su parte más larga y unos 400 metros de ancho. Sus aguas de color verde esmeralda están pobladas por truchas, piscardos, tencas y cangrejos. El Ercina, más pequeño, de menor caudal y algo más alto (a 1.108 metros de altitud), sólo tiene 3 metros de profundidad máxima. En la otra gran cordillera del norte de España, en los Pirineos, hay un buen número de este tipo de concentraciones de agua dulce en parajes de gran belleza. Destacan el lago Certascan, el más grande de los pirenaicos españoles, y el lago San Mauricio. El Certascan, a 2.236 metros de altitud y una profundidad máxima de 96 metros, situado a pocos metros de la frontera francesa, desagua mediante el río Certascan, que se junta con el Lladorre y, más adelante, con el nombre de Cardós, desemboca con el Noguera Pallaresa en Llavorsí. El lago San Mauricio, situado en el fondo de un circo glaciar, a 1.910 metros de altitud, mide 1.100 metros de largo por unos 200 de ancho. Sus aguas drenan el valle de Espot mediante el río Escrita hasta el Noguera Pallaresa, y figura en el nombre del único parque nacional en territorio catalán: el Parque Nacional de <strong>Aigües Tortes y Lago San Mauricio.</strong></p>
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<p>Alejados de las cordilleras más altas del norte de España, en las cadenas montañosas del centro peninsular, se encuentran también lagos glaciares, como la Laguna Negra de Soria, de la que se dice que no tiene fondo, pero que en realidad mide ocho metros de profundidad máxima, las Lagunas de Gredos, en Ávila, a 1.940 metros de altitud en la cordillera central, o la madrileña Laguna de Peñalara, en la Sierra de Guadarrama, de solo 650 metros de perímetro. De entre las formaciones lacustres glaciares españolas sobresale el Lago de Sanabria, en la provincia de Zamora, el más grande de los lagos españoles. Situado a una altitud de 1.000 metros, mide 3 kilómetros de largo por 1,5 kilómetros de ancho, una superficie equivalente a unos 350 campos de fútbol, y registra una profundidad máxima de 53 metros. Se originó con la desaparición del glaciar que cubría la región hace unos 10.000 años entre las sierras de Segundera y de la Cabrera. El río Tera, afluente del Esla, alimenta la entrada de agua al lago y le sirve de desagüe. En sus aguas habitan seis especies de peces, entre las que sobresalen las truchas común y asalmonada. En el sur de España también existen decenas de lagunas y lagunillas glaciares en la provincia de Granada, en Sierra Nevada, de entre las que destacan por su altitud la Laguna de la Caldera, a 3.000 metros de altura, y la de Las Yeguas, a 2.873 metros.</p>



<p><strong>LAGOS DE ORIGEN CÁRSTICO</strong></p>



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<p>Los más conocidos de España son el conjunto de las Lagunas de Ruidera, formado por 16 concentraciones de agua de muy diverso tamaño, situadas en las provincias de Albacete y, la mayoría, de Ciudad Real. Solo de nombre son lagunas: en realidad se trata de un amplio humedal, en el que la mayoría de los depósitos de agua están conectados mediante arroyos y cascadas de aguas, que provienen en parte de su sistema fluvial y en parte del flujo subterráneo. De origen cárstico son también la Laguna de Gallocanta, entre las provincias de Zaragoza y Teruel, y la Laguna de Piedra, en el norte de Málaga, famosa por su colonia de flamencos. Aunque no es propiamente cárstico, el Lago de Bañolas, en Gerona, alojado en una depresión tectónica originada durante el Cuaternario, tiene una superficie de 1,7 kilómetros cuadrados. Su caudal se nutre del río Terri, pero con una gran aportación de aguas subterráneas. La actividad volcánica, que en otras partes del mundo da origen a lagos y lagunas alojadas en cráteres llamados <em>maares</em>, apenas está presente en la geografía española. Solo en la región de Campo de Calatrava, en Ciudad Real, hay pequeñas lagunas con este origen. La más grande es la Laguna de Posadilla, que se formó por la explosión producida por el contacto entre la lava y una capa de aguas subterráneas hace varios millones de años.</p>
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		<title>Aguas sagradas</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/aguas-sagradas-emma-lira/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jul 2019 12:37:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 63]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Emma Lira “Cualquiera que sea el conjunto religioso en que se presenten, la función de las aguas es siempre la misma: la de (…) lavar los pecados, purificando y [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Emma Lira<br></strong></p>



<p><br><em>“Cualquiera que sea el conjunto religioso en que se presenten, la función de las</em><em> aguas es siempre la misma: la de (…) lavar los pecados, purificando y regenerando al mismo tiempo. (…) actualizar en un instante “aquel tiempo” en que tuvo lugar la creación. Son una repetición simbólica del nacimiento…”.</em></p>



<p>Mircea Eliade</p>



<p><strong>UNA SIMBOLOGÍA UNIVERSAL</strong></p>



<p>FEl agua como símbolo de vida eterna es algo consustancial a diferentes religiones. El agua como origen de toda vida. Es así con Nuu en la cosmogonía egipcia, con Nammu en la sumeria, a miles de kilómetros de distancia, y es así en el Génesis, la creación del mundo para las tres grandes religiones monoteístas: las aguas eran lo único existente antes de que Dios creara el resto de las cosas, y, por supuesto a los mortales. El agua se cita en el Antiguo Testamento hasta en quinientas ochenta y dos ocasiones. Su relevancia radica en su carácter purificador, inherente al sacramento del bautismo. En el hinduismo es obligatorio lavarse con agua cada día. Sus templos deben encontrarse siempre cerca de una fuente, y el agua es imprescindible en los ritos fúnebres, al igual que ocurre en el budismo. En Japón, los sintoístas veneran fenómenos naturales, como las cascadas, e, incluso, las diferencias entre judíos y musulmanes no les impiden compartir una serie de ritos de purificación relacionados con la oración o con momentos relevantes de la vida, como también sucede en el código hindú. El zoroastrismo defiende que el Dios del Mal asaltó al Dios del Bien transformando el agua dulce en salada, y por ello prohíbe escupir, orinar o lavarse las manos en un río, para no quitarle el carácter sagrado al agua. Los nueve primeros meses de nuestra existencia transcurren inmersos en el agua, dentro del seno materno y dos terceras partes de nuestro cuerpo son agua. El agua es algo sagrado, algo que cae del cielo, con cierta aleatoriedad. Para para los creyentes es un regalo de los dioses, y supone uno de los elementos constitutivos de la realidad cósmica para el pensamiento antiguo. El agua es, a veces, un dios o una diosa, y otras, tan solo una herramienta de los mismos, pero su función permanece inalterable: posee el poder de transformar el mundo, redimir los pecados y santificar. La posibilidad de renacer. Y si no, que se lo digan a Noé, y a toda la cosmogonía basada en una única familia salvada de las aguas, que Dios envía a la humanidad como castigo por sus pecados. Desde el hindi Manu, al Utnapishtim de la epopeya mesopotámica de Gilgamesh, pasando por diferentes culturas americanas, e incluso por la omnipresente mitología griega, el Diluvio puede ser un mito o el recuerdo de un acontecimiento histórico. De lo que no cabe duda es de que es universal.</p>



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<p><strong>LOS LAGOS, AGUAS MÁGICAS</strong></p>



<p>El agua que cae del cielo y fluye, alcanza sus mayores cotas de veneración en forma de agua remansada y si no que se lo digan a todos los que en uno u otro momento han lanzado una moneda a un pozo o una fuente. La concentración de agua, en el imaginario colectivo, contiene una fuerza telúrica y perturbadora que, en la mayoría de las culturas tiene un alto componente femenino. Los lagos, profundos, inabarcables, y guardianes de secretos, son, desde tiempo inmemorial, lugares mágicos que enlazan dos mundos, al igual que la singladura por la Laguna Estigia era el tránsito entre la vida y la muerte. Por eso algunos lugares, en diferentes rincones del mundo y en diferentes momentos se han impregnando de esta aura de sacralidad. ¿Por qué uno y no otros? Quizá porque en la memoria de los pueblos que aún habitan sus orillas, la historia de su formación, o los acontecimientos ocurridos en su entorno les hayan dotado de un halo sobrenatural.</p>
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<p><strong>LAGOS CAÍDOS DEL CIELO</strong></p>



<p>Es de suponer que, sea en el momento que sea, los testigos del impacto de un meteorito contra la tierra, en el caso de que sobrevivan, deben conservar la memoria del suceso en el patrimonio oral de su comunidad. Quizá ese objeto que llegó desde el cielo, como enviado por los dioses, dote inmediatamente de significado religioso al cráter que socava en la tierra. Bosumtwil, el único lago natural de Ghana, es sagrado para los ashanti; tanto, que solo es admisible pescar en él sobre tablones de madera. Quizá la historia de su formación tras el impacto de un meteorito continúe pasando como un mito de generación en generación.</p>
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<p>Tiene aproximadamente 8 km de ancho, y las 30 aldeas de su entorno suman un total de 70.000 personas. La mayoría de ellos sigue pensando que “su” lago es el lugar del que parten las almas de los muertos a despedirse del dios Twi. El lago Kaali es también un lago formado en un cráter de impacto. O más específicamente forma parte de un conjunto de nueve cráteres de impacto nacidos a raíz de las colisiones de meteoritos en la isla de Saaremaa, en Estonia. Kaali se encuentra en el más grande de ellos y mide unos 110 metros de de diámetro. Probablemente, a una altura de 5 a 10 kilómetros, el meteoro se rompió en pedazos que impactaron en la tierra a una velocidad de 10 a 20 km/s. El fragmento más grande dio lugar al cráter principal, con una profundidad de 22 metros. Ocho cráteres más pequeños con diámetros que oscilan entre los 12 y los 40 metros y profundidades que varían entre 1 y 4 metros, se encuentran en las cercanías del cráter principal. Esto pudo haber ocurrido en torno al año 600 a. C. En aquel momento, la energía del impacto (alrededor de 80 terajulios) devastó bosques en un radio de 6 km. Es esperable que un acontecimiento de esa magnitud terminara influyendo en la mitología de la región. En ella, Louhi, el mago maligno, roba el sol y el fuego causando la oscuridad. Ukko, el dios del cielo, ordena que se cree un nuevo sol a partir de una chispa, pero la chispa cae del cielo y golpea la tierra en un lago, provocando que su agua ascienda.</p>



<p><strong>SURGIDOS DEL CENTRO DE LA TIERRA</strong></p>



<p>Un lago de cráter también, pero de origen volcánico, en lugar de por un impacto exterior, es el lago del Cráter que se encuentra en Oregón, formando parte de la cordillera de las Cascadas. Es famoso por su intenso color azul y la transparencia de sus aguas. Su origen data de hace unos 7.000 años, y se formó en la caldera volcánica de unos 1.220 metros de profundidad, nacida hace unos 6.850 años tras el hundimiento del volcán Mazama. Las dimensiones del lago son de 8 por 9,6 km de largo; su profundidad media es de unos 350 metros y la máxima de 594, lo que le convierte en el lago más profundo de los Estados Unidos, el segundo de Norteamérica y el noveno en el mundo. Se cree que fueron necesarios 720 años para llenar el lago hasta su profundidad actual. Sus aguas son unas de las más puras en términos de ausencia de contaminantes de toda Norteamérica, debido, sobre todo, a que no tiene entradas ni afluentes de ningún tipo. Durante mucho tiempo, la tribu amerindia de los klamath, que pudo haber sido testigo del hundimiento del monte Mazama, y de la formación del lago, lo ha considerado un lugar sagrado. Sus leyendas cuentan la historia de dos jefes, Llao y Skell, que combatieron entre ellos, destrozando, durante la batalla, el monte Mazama, que era el hogar de Llao. Los klamath usaban el Lago del Cráter en búsquedas de visiones y escalaban las paredes de su caldera en momentos determinados, en los que necesitaban del consejo o la inspiración divina. La laguna de Chicabal es un nuevo lago de cráter, esta vez en Guatemala, en el municipio de San Martín Sacatepéquez en el departamento de Quetzaltenango. Situado a casi 3.000 metros de altitud, la cima del volcán y las orillas del lago están cubiertas de un bosque nuboso que loe proporciona un aspecto aún más misterioso. Para la cosmovisión Mam, es un lugar sagrado. En sus orillas se encuentran diferentes altares utilizados por los sacerdotes mayas, y, a principios de mayo se suspenden las visitas turísticas, para no perturbar las ceremonias y celebraciones de la población Mam. Por su carácter espiritual está prohibido terminantemente nadar o bañarse en el lago.</p>



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<p><strong>ESPACIOS PARA LA RELIGIÓN Y LOS RITOS</strong></p>



<p>Los cenotes no tienen que ver ni con actividad volcánica, ni con impactos extraterrestres. Se trata de depresiones circulares llenas de agua, originadas tras el colapso de una dolina. El cenote sagrado de Chichén Itzá tiene 60 metros de diámetro, con paredes verticales que miden 15 metros. Se encuentra al norte de la pirámide de Kukulcán, y conectado con ella mediante una calzada de unos 300 metros de longitud. Sus aguas subterráneas, conectadas con las de otros cenotes, terminan por desaguar en el océano. </p>
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<p>Dicen que los itzaes, fundadores de Chichén Itzá, y más tarde los tutul xiues, que dominaron la región hacia el período postclásico de la cultura maya, lo utilizaban para hacer sacrificios animales y humanos, como tributo a sus dioses. También arrojaban cerámica y joyas al fondo, en ofrendas y rituales religiosos. Estas leyendas despertaron, en el siglo XIX, el interés de Edward Herbert Thompson, quien se hizo nombrar cónsul de los Estados Unidos en Mérida, compró la hacienda Chichén Itzá en 1893 e instaló una draga a la orilla del cenote. Su empeño demostró que las leyendas eran ciertas: de las profundidades de las aguas sagradas Thompson extrajo esqueletos humanos y de animales, así como joyas y piezas arqueológicas elaboradas en jade y ónix. Su labor extractora se extendió durante 30 años, y se mantuvo mucho tiempo después, hasta que recientemente, en torno a 2008, estados Unidos se ha visto obligado a devolver a México todos los objetos procedentes del expolio. Al otro lado del mundo, el lago Manasarovar se encuentra en el extremo oriental de la Región Autónoma del Tíbet, aproximadamente a 2.000 km de Lhasa, la antigua capital también sagrada. Su circunferencia es de 88 km, su profundidad media de 90 metros y, a sus 4.556 metros sobre el nivel del mar, puede presumir de ser el lago de agua clara más alto del mundo. Manasarovar es un lugar de peregrinación, y, como tal, alberga algunos monasterios en sus orillas; entre ellos el de Chiu Gompa, que parece esculpido en la roca. Los hindúes creen que si se bañan en este lago y beben sus aguas se lavarán todos los pecados cometidos, tanto en esta vida como en alguna otra. Afirman que nació de la mente del dios creador Brahma, y que es la morada veraniega de los cisnes, aves tan sabias, para ellos, como sagradas.</p>



<p>Sin movernos de Tíbet, el lago Yamdrok, con más de 72 kilómetros de largo, es otro de sus más importantes lagos sagrados. Según la mitología local, el lago en sí es la transformación de una diosa, y como a tal se le venera. Se dice incluso que, si sus aguas se secasen, el Tíbet ya no sería habitable, lo que probablemente pudiera ser cierto en términos climatológicos. Quizá por sus vinculaciones con las deidades femeninas, el lago alberga el monasterio de Samding, el único a cargo de una reencarnación femenina, que encabeza una comunidad mixta de unos treinta monjes y monjas. En otro hemisferio y con el océano más grande del planeta por medio, el lago Titicaca comparte prácticamente la misma altitud sobre el nivel del mar —alrededor de los 4000 metros— y tiene un origen tan antiguo como misterioso. Su antigüedad estimada es de 3 millones de años, y su profundidad media de unos 107 metros. En él desaguan más de 25 ríos y, en la actualidad, constituye la frontera natural entre Perú y Bolivia, que se reparten, casi a partes iguales, su superficie.</p>



<p>Desde hace 40 años, el Lago Titicaca se encuentra en una reserva natural que aúna, además de la masa de agua, los islotes artificiales de totora y las zonas de cultivo. Pero, además de su riqueza ambiental, el Titicaca alberga una importante riqueza histórica, pues está considerado, literalmente, la cuna de varias civilizaciones antiguas de Perú, entre ellas, los purakas, los tiwanakus y, por supuesto, los incas. Su presencia en la zona se puede constatar mediante evidencias arqueológicas. Y ¿quién sabe? quizá hasta su origen; la presencia de un misterioso templo subacuático de entre 1.000 y 1.500 años de antigüedad ha dado pie a todo tipo de hipótesis. Para los incas, el dios Con-Tiki-Viracocha emergió del lago llevando a algunos humanos con él. Después, ordenó que el sol, la luna y las estrellas se levantaran, y creó más seres humanos de piedra. Para ellos, el lago Titicaca era su lugar de origen, y estaban convencidos de que, al morir, sus espíritus retornarían al lago del que provenían. Pero, ¿quién creó entonces el lago? Una vez más, el agua como renacimiento, como purifi adora, como limpiadora de pecados. La leyenda popular gusta de contar que la población vivía felizmente en un fértil valle —que nos recuerda al Edén— en el que los dioses solo habían prohibido una cosa: subir a las montañas donde ardía el fuego sagrado —que nos recuerda al empeño de Prometeo—. El final se intuye: los hombres desobedecen y los dioses les castigan. Inti, el Dios del Sol llora durante 40 días y 40 noches, y su llanto anega la zona formando el lago Titicaca y acabando con todo, menos con una pareja. El castigo, la supervivencia, la lluvia en forma de llanto y su duración evidentemente nos traen reminiscencias del Diluvio y hasta puedan explicar la existencia de esa misteriosa construcción que reposa en el fondo del lago.</p>



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<p><strong>LAGOS CON MUCHA HISTORIA</strong></p>



<p>Hay lugares en los que prima la geografía, y lugares en los que prima la historia. El lago Tiberíades o Mar de Galilea es uno de ellos. Situado en el Medio Oriente, es uno de los lagos de origen tectónico que han emergido en el valle del Gran Rift africano, la gran fractura que terminará desgajando la parte este del continente. iene poco más de 21kilómetros de longitud y 12 de anchura, con una profundidad máxima de 48 metros, y una altura de 212 m bajo el nivel del mar, lo que le convierte en el lago de agua dulce más bajo del mundo. Este lago es muy importante en la cosmogonía cristiana, pues es aquí donde desemboca el río Jordán, en el que se bautizó Jesucristo y donde nace el sacramento del bautismo cristiano. Y es aquí donde los Evangelios le ubican a él y a sus apóstoles, en el entorno de una comunidad de pescadores. </p>
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<p>Tanto es así, que, en los tiempos de la clandestinidad bajo el imperio romano, el símbolo de la nueva religión sería un pez. Entendemos que proveniente del Mar de Galilea. En la actualidad, y desde hace veinte años, la frontera que supone el lago es fuente —nunca mejor dicho— de conflictos entre Israel y Siria. La masa de agua que antes tenía riberas en ambos países, pertenece ahora mismo a tierras de Israel, que le niega a Siria el acceso a sus aguas. El lago que los evangelios llamaron Mar y que aparece en las Escrituras desde el tiempo de Los Reyes, el que conoció a Juan el Bautista y propició el grupo de apóstoles que expandirían toda una religión por el mundo, continúa estando de absoluta actualidad. Pero ahora, desde las páginas de los periódicos y debido a conflictos políticos y bélicos. Menos de 130 kilómetros al sur, aprovechando la misma línea de puntos que se asienta sobre el valle del Rift, encontramos el Mar Muerto, en esta ocasión dividido equitativamente entre Israel y Jordania. Su longitud ronda los 80 kilómetros y su ancho máximo no llega a los 20. El nombre miente y dice la verdad a un tiempo: no es un mar, sino un lago y sí, está muerto, pues es mínima la vegetación y la vida animal microscópica que albergan su interior y sus orillas. La causa es su exagerada salinidad. El Mar Muerto recibe agua del río Jordán y otros pequeños afluentes, pero no tiene salidas. Al estar situado en el punto más bajo de la tierra, aproximadamente a 400 metros bajo el nivel del mar, no tiene efluentes. Tampoco hay apenas precipitaciones que disuelvan la alta concentración de minerales, consecuencia de la evaporación. Sus aguas, explotadas ya en establecimientos de baños en ambas orillas, son ricas en calcio, magnesio, potasio y bromo, pero pobres en vida, salvo algunos microorganismos halófilos. Su elevada salinidad impide a una persona sumergirse en él de manera natural, dándole así una fama universal.</p>



<p>Pese a no ser un lugar de peregrinación ni veneración, el Mar Muerto es un escenario importante en la narrativa bíblica, donde recibe los nombres del Mar de Sal, Mar de Arabá o Mar Oriental. La mayoría de los historiadores coinciden con los arqueólogos bíblicos en que las ciudades de Gomorra y Sodoma podrían encontrarse al sur, en su orilla, enterradas a no más de 6 metros de profundidad. Las ciudades que Dios maldijo y arrasó probablemente fuesen destruidas por una catástrofe natural, más que divina, procedente de los movimientos sísmicos característicos de una zona “caliente”, situada en una falla tectónica y con una gran actividad. El Mar Muerto pasó a ser un punto clave para la historia de la religión cristiana hace menos de un siglo, cuando se descubrió que las cuevas de sus acantilados, en el lado israelí, escondieron durante 2.000 años los famosos Rollos de Quamran, un total de unos 3000 fragmentos de manuscritos en hebreo que reproducen evangelios, tanto apócrifos como aceptados por los diferentes credos. Se cree que las tinajas que los ocultaron formaron parte de una biblioteca “secreta” que los esenios —según algunas de las fuentes, los auténticos seguidores de Jesucristo, enfrentados al poder romano— escondieron en su momento, para que no cayeran en manos no autorizadas y garantizar su pervivencia en la historia. Y lo consiguieron. Sin alejarnos demasiado, y volviendo desde las Tierras de Salomón a las de la tierra de Saba, el lago Tana, de origen tectónico, esconde también una historia de acogida y clandestinidad. Ubicado en las tierras altas de Etiopía, al noroeste del país, a más de 1800 metros de altitud y con 84 kilómetros de largo y 66 de ancho, es el lago más grande de Etiopía y constituye la fuente del Nilo Azul, que persiguió el jesuita español Pedro Páez. Su interior alberga una treintena de islas e islotes y en casi todas ellas se erige un pequeño templo o monasterios, algunos de ellos exquisitas y humildes joyas del siglo XVI, que ocultan en su interior un impresionante despliegue de frescos de aire naif que cuenta la historia del cristianismo ortodoxo etíope. Todo el lago tiene un halo místico. Los locales cuentan que en estas islas se refugiaron los sacerdotes cristianos a la llegada del islam, que albergan los restos de los diferentes emperadores etíopes, que dieron cobijo al Arca de la Alianza (que según el pueblo etíope se encuentra en su poder), y que, incluso, en una de ellas, descansó la Virgen María en su viaje de regreso de Egipto. Purificadores, objetos de ritos propiciatorios, puertas entre la vida y la muerte y símbolos del renacimiento, los lagos sagrados guardan la memoria espiritual de los pueblos que habitaron sus orillas. El peso de la historia vivida en sus riberas, la memoria de su creación y la energía emocional que destilan los lugares en que las personas sitúan a sus dioses, continúan atrayéndonos a día de hoy, quizá despertando sensaciones ancestrales que nos empeñamos en disfrazar de curiosidad.</p>
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		<title>Tana, el lago sagrado de Etiopía</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/lago-tana-etiopia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 18 Jul 2019 12:06:16 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 63]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Javier Reverte Boletín 63 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; Los lagos de nuestra Tierra En general, los lagos del mundo no son espacios que atesoren muchas leyendas, si bien [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Javier Reverte<br></strong></p>



<p>Boletín 63 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; Los lagos de nuestra Tierra<br><br>En general, los lagos del mundo no son espacios que atesoren muchas leyendas, si bien es cierto que algunos dan pie a disparatadas fantasías, como el Long Ness con su famosa serpiente. Los imponentes lagos del norte canadiense, por ejemplo, son temibles por sus famosas tormentas, y el Victoria africano se ha llevado un buen número de vidas por delante con naufragios como el del “Bukova”, en 1996, en el que murieron cera de mil personas, a causa de que el trasbordador iba cargado con un exceso de pasajeros. En el Tangayka habita un cocodrilo, bautizado Gustave, que mide unos siete metros, tiene cien años de edad y, según dicen, ha devorado a más de doscientas personas. Y poco más. Pero el lago Tana, en Etiopía, es otra cosa. Por sus aguas discurren casi todos los mitos de la historia del país, y en sus islas palpita el espíritu hondamente religioso de su pueblo. Es un lago sagrado sin el que no puede explicarse Etiopía, la más singular de todas las naciones africanas.</p>



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<p><strong>LOS DATOS ESENCIALES</strong></p>



<p>El Tana es la quinta superficie lacustre de África, por detrás de las del Victoria, Tanganyka, Malawi y Turkana. Su superficie es de 2.165 kilómetros cuadrados -84 kilómetros de largo por 66 de ancho- y su profundidad media, de 8 metros; u lugar más hondo no llega a los 15 metros. Cuenta con 37 islas, en 20 de las cuales hay monasterios coptos. Su fauna es muy rica y variada, con múltiples especies de aves, entre ellas el águila pescadora y el pelícano, además de mamíferos como el hipopótamo, reptiles como la pitón y el cocodrilo, y una especie dominante de pez, la tilapia, mucho más numerosa que el pez gato y la perca. Junto con la ciudad de Axum, al norte del lago, y la de Lalibela, al oriente, el Tana es parte sustancial del alma religiosa del país, como ya he señalado. Etiopía obedece a la iglesia copto-cristiana de Alejandría y, hasta hace pocos años, el arzobispo de la lejana iglesia ortodoxa de Egipto era el jefe –el “abuna”- de la etíope. Ahora, ya es siempre un obispo local el que ocupa el puesto de supremo director, que tiene su sede en Addis Abeba, la capital del país.</p>
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<p><strong>LAGO, ISLAS, IGLESIAS</strong></p>



<p>Como he contado, en el lago hay 20 islas con monasterios coptos, algunos del siglo XIII, que son guardianas en muchos casos de antiguos códices escritos en la lengua “gue’ez”, una suerte de latín para el amárico, la lengua hablada hoy en día por los etíopes. En la isla de Kebran-Gabriel, por ejemplo, pueden admirarse viejos libros y, sobre todo, bellas pinturas murales en donde los santos y los ángeles tienen la piel blanca mientras que el diablo y sus acólitos son negros. En la isla de Daga hay enterrados numerosos emperadores de antaño, como Za Denguel, muerto a principios del siglo XVII, y Fasilides, que feneció a finales de la misma centuria. Se cuenta que, durante la ocupación del país por Mussolini (1935-1941), los monjes escondieron en un templo de la isla de Dek el Arca de la Alianza, que se supone le fue robada a Jerusalén por el príncipe Menelik, hijo de la reina de Saba, y que hoy permanece encerrada y oculta a la vista de cualquiera que no sea su guardián, en una iglesia de la ciudad sagrada de Axum.</p>
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<p><strong>LA GRAN FIESTA DEL TIMKAT</strong></p>



<p>La fiesta religiosa más importante de Etiopía, la Epifanía, se celebra cada año entre el 19 y el 22 de enero en todas las poblaciones del país. Es una festividad muy colorida que consiste en una especie de “rebautismo” de la gente con agua bendita, en las iglesias, en piscinas al aire libre, en fuentes, con mangueras de riego… Todas las comunidades y congregaciones desfilan en procesiones con orquestinas, danzas y sus uniformes, paseando los “tabots”, réplicas del Arca del Alianza que se conservan en todos los templos del país sin excepción. La más espectacular de las celebraciones tiene lugar cerca de las orillas del norte del lago Tana, en la ciudad de Gondar, en los estanques que circundan los castillos de aire medieval –construidos en el siglo XVII- cuyo origen sigue siendo incierto.</p>
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<p><strong>EL NILO AZUL Y PEDRO PÁEZ</strong></p>



<p>El Tana es considerado el nacimiento del Nilo Azul, una especie de dios fluvial para los pueblos que crecen en sus orillas, ya que recorre tierras desérticas en una buena parte de su cauce y trae prosperidad a los campos y los huertos de las riberas. Los riachuelos, que llegan al Tana desde las montañas del Oeste –y en particular las de Gojam, la más lejana fuente del Nilo-, forman un curso oscuro en su superficie, como una suerte de lengua, que corre hacia el lado sudoeste, desde donde sale convertido ya en Nilo Azul, viajando ahora hacia el sur. </p>
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<p>Y a poco de dejar atrás el Tana, el suave discurrir de su corriente se vuelve bronco al alcanzar las cataratas del Tis Isat (“el agua que humea”), en un salto de 45 metros reducido hace pocos años por la construcción de una presa hidroeléctrica. Curiosamente, este lago tan lleno de historia y de fe tiene una honda relación con España. En concreto, con un sacerdote madrileño, el padre Pedro Paéz, que fue el primer europeo que alcanzó a ver las fuentes del Nilo Azul en 1618. El jesuita Paéz, que había llegado a Etiopía en 1603 enviado a una misión en portuguesa, convirtió a dos emperadores al catolicismo, tradujo al portugués antiguos códices religiosos, llegó a atraer a más de cien mil etíopes al credo romano e, incluso, dibujó los planos y dirigió la construcción de un palacio para el emperador Susinios, en Gorgora, en las orillas del norte del lago Tana. Hoy, del palacio tan sólo quedan las ruinas y se supone que, bajo ellas, se encuentra la tumba de Páez, que murió allí en 1622, a los 58 años. Pocos meses antes de su fallecimiento, concluyó su monumental libro “Historia de Etiopía”, de cuatro tomos. Todavía es considerado como un trabajo esencial para el estudio del pueblo etíope, y en él se contienen descripciones de la geografía, la fauna, la flora, las costumbres, la historia y la religión del país africano. En su prólogo, Páez afirma que todo lo que relata, o bien lo ha visto con sus propios ojos, o se lo han contado diferentes personas. Desde un punto de vista científico, es un libro de una modernidad apabullante… Hay un ferry –o había hasta hace poco- que cruza el Tana semanalmente entre Bahr Dar, al sur del lago, y Gorgora, al norte. El viaje dura día y medio y va parando en varias de las islas, tomando y dejando pasajeros. Es una delicia de viaje, navegando sobre aguas mansas, seguido por el vuelo de decenas de aves, y cruzándose a menudo con los “tankwas”, frágiles barquitas construidas con bambú que son el habitual medio de transporte, desde hace siglos, del bello lago Tana.</p>



<p>El agua, literalmente “fuente” de vida, es venerada en todas los religiones y ritos del mundo, independientemente de la época en que se hayan gestado, el lugar en que se encuentren y el idioma en que se celebren. Su valor purificador, su estatus fronterizo entre el mundo de los vivos y de los muertos, y su simbolismo como renacimiento hermanan culturas y credos a lo largo y ancho del planeta.</p>



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<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/lago-tana-etiopia/">Tana, el lago sagrado de Etiopía</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>Viajes y expediciones marítimas</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/viajes-expediciones-maritimas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 03 Oct 2018 10:36:22 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 39]]></category>
		<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
		<category><![CDATA[Rutas]]></category>
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		<category><![CDATA[Viajeros españoles por el extranjero]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Una gran parte de la historia de las exploraciones ha estado protagonizada por navegantes. Desde los míticos viajes de los fenicios por la costa de África hasta las modernas expediciones [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Una gran parte de la historia de las exploraciones ha estado protagonizada por navegantes. Desde los míticos viajes de los<br />
fenicios por la costa de África hasta las modernas expediciones científicas a bordo de barcos-laboratorio como el Hespérides, los mares y océanos han sido el escenario de miles de historias de descubrimiento, exploración, naufragios, éxitos y fracasos.</p>
<p>En el siglo XIV, los portugueses abrieron el camino para el descubrimiento de nuevos océanos y continentes, en su búsqueda de una ruta directa a las Indias alternativa a la Ruta de la Seda por tierra. Enrique el Navegante, Vasco de Gama o Pedro Álvares Cabral, entre otros, consiguieron abrir nuevas rutas al comercio portugués y se anticiparon a la gran Era de los descubrimientos que tendría como protagonistas casi absolutos a los españoles.</p>
<p>En los siglos XV y XVI se generalizó el uso de la brújula y surgieron nuevos tipos de naves (carracas, carabelas, pinazas, saicas, galeones) que permitieron hacer viajes cada vez más largos. Fue la época dorada de los navegantes españoles: Cristóbal Colón, Juan de la Cosa, Juan Sebastián Elcano, Álvaro de Mendaña, Vaéz de Torres, Urdaneta, Sarmiento de Gamboa, Legazpi&#8230; son sólo algunos de los miles de protagonistas de la apasionante historia de los descubrimientos<br />
geográficos por mar.</p>
<p>Todos ellos afrontaron la navegación oceánica con medios precarios: no sabían determinar con precisión la longitud, los cascos de madera de los barcos eran frágiles, la alimentación y las condiciones a bordo eran completamente inadecuadas para largas travesías. Pese a todo, aquellos hombres consiguieron ampliar enormemente el mundo conocido por los europeos.<br />
A principios del siglo XVI Núñez de Balboa descubrió un nuevo océano, el Pacífico, que abrió nuevos retos a los navegantes: la vuelta al mundo, que completarían Magallanes y Elcano, y la exploración de ese enorme océano salpicado por miles de islas, que durante siglos se conocería como “el lago español”.</p>
<p>El XVIII fue el siglo de los grandes marinos cartógrafos ilustrados y de las expediciones científicas. Entre todas ellas  destacaría la expedición de Malaspina, un “viaje científico y político alrededor del mundo” (1788). Este proyecto tiene<br />
actualmente su continuación en una nueva expedición científica de circunnavegación que recibe el nombre de este marino, un proyecto de investigación interdisciplinar que tiene como principales objetivos evaluar el impacto del cambio global en el océano y explorar su biodiversidad.</p>
<p>La historia de la navegación está llena de éxitos, pero también de naufragios y de historias trágicas. Como la del San Telmo, que desapareció en el Cabo de Hornos el 2 de septiembre de 1819 y que permanece envuelto en la leyenda.<br />
O como la odisea de Shackleton, una expedición fracasada que se convirtió en una de las más asombrosas historias de éxito de la historia de la navegación en condiciones extremas y en un modelo de liderazgo.</p>
<p>En el siglo XIX los avances técnicos en la navegación y la aparición de los grandes buques permitieron que millones de personas viajaran en barco. Dos innovaciones revolucionaron el diseño de los barcos: la propulsión por vapor y la  construcción con hierro. En 1860 los vapores de cascos metálicos ganaron rápidamente terreno a los veleros de madera y los barcos dejaron de ser un medio para el comercio y la exploración para transformarse en un medio de transporte de masas. Fue la época dorada de los grandes trasatlánticos con todo su glamour en las cubiertas superiores, mientras que en las inferiores viajaban millones de emigrantes hacia América.</p>
<p><strong>Lola Escudero.</strong></p>
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