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	<title>Rutas archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Rutas archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Derroteros: las guías de viaje de los marinos</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/derroteros/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Dec 2024 11:55:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 79]]></category>
		<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
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		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Rutas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Desde la Antigüedad, los marinos y navegantes describieron sus viajes en los llamados derroteros, periplos o libros portulanos, descripciones<br />
meticulosas, casi a modo de guías de de viajes, que durante siglos orientaron a los viajeros por mar.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Mª Luisa Martín Merás</strong></p>



<p>Boletín 79 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Viajes de papel: literatura y libros de viajes</p>



<p><br><br><strong>Desde la Antigüedad, los marinos y navegantes describieron sus viajes en los llamados derroteros, periplos o libros portulanos, descripciones meticulosas, casi a modo de guías de viajes, que durante siglos orientaron a los viajeros por mar. Especialmente durante los siglos XVI y XVII ocuparon un lugar muy importante en nuestra literatura de viajes, en particular en los relatos de las aventuras que llevaban al Nuevo Mundo.</strong></p>



<p>Un derrotero es una descripción náutica de una ruta marítima, específica para marinos y pilotos, que frecuentemente tienen como destino lugares adónde nunca han navegado. Estos libros describen y representan las costas, bajos fondos, señalizaciones (boyas, faros, balizas, etc.), perfiles visuales de las costas, avisos de peligros, formas de navegación convenientes, acceso a puertos, etc. Es decir, contienen el conjunto de observaciones, hechas en un viaje por mar, útiles para la navegación del piloto y de navegantes futuros. Se menciona la existencia de este tipo de documentos desde la más remota Antigüedad, bajo el título de periplos, libros portulanos y derroteros, siendo un ejemplo fundamental de la recopilación de experiencias prácticas para el ejercicio de la navegación durante siglos.</p>



<p>Si consideramos que una guía de viajes es “un libro de información sobre un lugar, diseñado para el uso de visitantes o turistas, donde se relatan experiencias viajeras sin aspectos literarios y narrativos, y cuyas características geográficas e históricas condicionan el relato” (1), podemos incluir a estos derroteros de los siglos XVI y XVII dentro de la literatura de viajes, en la modalidad de guías de viaje especializadas, ya que muchos de ellos reúnen los requisitos mencionados en la definición citada más arriba.</p>



<p>Con motivo del descubrimiento de América, se creó en 1503 la Casa de la Contratación de Sevilla, que se ocupaba del comercio con las Indias, Canarias y Berbería y actuaba como escuela de pilotos, pues pronto se hizo patente la necesidad de instruirlos en sus navegaciones a América. Los libros de navegación que salieron de su entorno fueron concebidos como libros de texto para enseñar a los pilotos los rudimentos técnicos del arte de navegar y se englobaban bajo el nombre genérico de “regimientos de navegación”; solían incluir un derrotero donde se explicaba la navegación a las Indias con la derrota a las Antillas, a Tierra Firme y otros lugares.</p>



<p>Los primeros derroteros de América son evidentemente españoles y recogían las derrotas que hacían las flotas de Indias desde España, saliendo de Sevilla, a las Antillas, Veracruz y Honduras, y la vuelta a España desde Cuba, donde se unían las flotas de Nueva España y Tierra Firme para, juntas y protegidas, volver a la metrópoli. Sin embargo, los derroteros publicados son escasos, debido al estricto secreto con que se manejaban los descubrimientos y rutas americanas. <em>La Suma de geografía que trata de todas las partidas y provincias del mundo: en especial de las Indias y trata largamente del arte del marear </em>de Martín Fernández de Enciso en 1519, es una descripción geográfica de las partes del mundo, empezando por Europa y terminando por el Nuevo Mundo recién descubierto, del que presenta una lista de lugares con sus latitudes bastante acertadas, además de una detallada explicación de de las costumbres de sus naturales, zoología y botánica, especialmente del área antillana. Parece que el libro incluía una carta de navegar que no se publicó, precisamente para no dar noticias a los extranjeros.</p>



<p><strong>LA INFORMACIÓN SECRETA DE LOS DERROTEROS</strong></p>



<p>Andrés García de Céspedes, que era cosmógrafo mayor del Consejo de Indias, incluyó en su <em>Regimiento de Navegación </em>en 1606, un derrotero para explicar detalladamente el nuevo padrón real. Por su parte Francisco de Seixas y Lobera, publicó en 1690 <em>Descripción geográfica y derrotero de la Región Austral Magallánica</em>, con un mapa del estrecho de Magallanes que tuvo que retirar por indicación del Consejo de Indias. En 1585 Andrés de Poza con su obra <em>Hidrografía</em>, que era un derrotero de las costas europeas, desde el estrecho de Gibraltar hasta Holanda, no tuvo ningún problema en su publicación, ya que sus rutas eran sobradamente conocidas por los países europeos.</p>



<p>Llama la atención que casi ningún derrotero o tratado de navegación práctica, escrito por españoles, haya sido publicado en su tiempo, a pesar del indudable interés que despertaron en los siglos XVI y XVII los asuntos marítimos en España. Parece ser que el principal obstáculo era la negativa para conceder el permiso de impresión por parte del Real Consejo de Indias, para no divulgar las derrotas seguidas por las flotas ni los sistemas defensivos de los puertos americanos. A tal fin, los pilotos que habían obtenido el título en el examen de la Casa de Contratación tenían que hacer el juramento <em>“de que bien y fielmente usará su arte y que no enseñará su profesión a ningún estranjero de estos Reinos ni le dará el regimiento, ni derrota de la dicha carrera de las Yndias, ni los instrumento, cartas, aguja, ballestilla, ni astrolabio»</em>. (2)</p>



<p>Por esta razón muchos derroteros a las Indias permanecieron inéditos, ya que facilitaban el conocimiento de las costas a enemigos y corsarios. Entre ellos estaba el <em>Quatripartitu </em>en <em>Cosmographia pratica i por otro nombre llamado espejo de navegantes</em>, de Alonso de Chaves, [1537], cosmógrafo y piloto mayor de la Casa de la Contratación de Sevilla. El libro cuarto de la obra es un derrotero de las “Indias de la Mar Océana”, desde la costa de Perú hasta la navegación del estrecho de Magallanes, con explicación de la distancia en leguas de los lugares, y colocación en latitud de los más importantes. La opinión común es que no recibió el permiso de impresión del Consejo de Indias por la información de las costas americanas que contenía.</p>



<p><em>El Itinerario de navegación de los mares y tierras occidentales</em>, de Juan Escalante de Mendoza [1575], general de la Flota de Tierra Firme, contiene un derrotero clásico desde Sevilla a Nueva España, Honduras y Tierra Firme, con las distancias en leguas de toda la costa occidental hasta el Estrecho de Magallanes, y la derrota de vuelta a España. <em>El Itinerario </em>tampoco logró la licencia de impresión del Consejo de Indias, debido a los abundantes detalles que daba sobre las rutas de las flotas.</p>



<p>Lo mismo le sucedió al derrotero, <em>Luz de navegantes donde se hallaran todas las derrotas y señas de las partes marítimas de las Indias, islas y Tierra Firme del mar Océano</em>, de Baltasar de Vellerino [1592], que se guarda en la biblioteca universitaria de Salamanca. La obra está dividida en dos libros, el primero explica las derrotas que siguen las flotas españolas a las Indias Occidentales, partiendo de Sanlúcar de Barrameda, y detallando las corrientes, vientos, distancias, medios y lugares por los cuales se debe navegar para evitar las dificultades y llegar a buen puerto. Señala los rumbos que se deben tomar según la dirección de los vientos y los accidentes geográficos que pueden servir para reconocer los puertos y la distancia en leguas de unos a otros. De manera somera se detiene además en la descripción de las riquezas naturales, habitantes y otros detalles de los puertos de La Habana, Puerto Rico, Veracruz y Santo Domingo. El segundo libro se titula: <em>“De las señas de las partes de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océano”</em>. Está constituido por 115 dibujos, precedidos de una explicación que el autor llama “señas o señales marítimas”. Los dibujos son perspectivas de costa con una ligera aguada en ocre, azul y verde; están orientados con una flecha inscrita en un círculo y llevan una filacteria donde se señala desde dónde se ha tomado el perfil. Son estos dibujos los que confieren a la obra un carácter especial dentro de los numerosos derroteros de la época.<br><br><strong>DERROTEROS ANÓNIMOS DEL PACÍFICO ILUSTRADOS CON DIBUJO</strong></p>



<p>La mayoría de los derroteros manuscritos del siglo XVI detallan las derrotas y puertos de la costa atlántica de América desde la barra de Sanlúcar hasta San Juan de Úlua y otros lugares de la costa occidental. Pero el estrecho de Magallanes, descubierto en noviembre de 1520, abrió una nueva etapa de navegaciones que hizo del Mar del Sur o Pacífico un espacio a explorar y descubrir. Los viajes por el Pacífico motivaron la necesidad de hacerse con mapas y cartas, perfiles de costas y planos de puertos, sobre todo en la región austral, por la imposibilidad o peligrosidad de navegar junto a la costa, lo que hizo necesario elaborar y unificar la cartografía del Mar del Sur, difundiéndola entre los pilotos de la Corona. A mediados del siglo XVII, a medida que avanzaban los descubrimientos en las costas del Pacífico y los viajes a Filipinas, encontramos muchos derroteros específicos para esa navegación, que solía empezar en Acapulco o Callao y descender hasta el cabo de Hornos. Estos derroteros de la costa pacífica de América constituyen un conjunto de manuscritos muy valioso que reposa en bibliotecas y archivos. La característica principal de ellos es que son manuscritos, frecuentemente anónimos y no fueron escritos para ser publicados, sino para uso particular de los pilotos.</p>



<p>La mayoría incluye dibujos detallados de las costas y otras informaciones, que ilustran y complementan el texto, como perfiles de las costas, montañas y volcanes, islas e islotes, bajos, desembocadura de ríos, en fin, todo lo que pudiese servir para identificar la costa y en especial, sus puertos y centros urbanos costeros. Con ello se habría buscado ampliar el conocimiento sobre las costas e islas del Pacífico de los pilotos, que navegaban ese océano y que los habían recopilado para su propio uso y para los otros pilotos que los pudieran necesitar. Por supuesto, estos libros debían conservarse con gran sigilo, pues contenían información estratégica para los intereses del imperio español de la que pudieran beneficiarse otras potencias marítimas europeas, además de piratas y corsarios. Estas circunstancias avalan que la mayoría de los derroteros sean anónimos, recopilados por pilotos que los necesitaban para su propio trabajo. Los que hemos examinado no están firmados, aunque a veces aparece el nombre de su poseedor y todos tienen unas características parecidas.</p>



<p>Esta etapa se inicia en 1603 con el derrotero desde Acapulco al cabo Mendocino, hecho por el piloto de la segunda expedición de Sebastián Vizcaíno, Jerónimo Martín Palacios, con 33 croquis de la costa, realizados por Enrico Martínez. (3)</p>



<p>El [Derrotero] <em>de la costa seguida desde [Acapulco] hasta el estrecho de Magallanes, cabo de Hornos, estrecho de Maire hasta el río de Buenos aires, con caletas, puertos y ensenadas, bajos, islas, arrecifes, rios, arrumbamientos, distancias y demás circunstancias que necesita un piloto[…] que a veces es muy acertado aconsejarse con noticias que dan estos libros que son muy ciertas&#8230;A quien de este su dueño fuere, Dios le dé buenos aciertos en todo y por todo. Lima 5 de enero de 1764</em>4, nos confirma la hipótesis del anonimato, pues el autor resulta ser un incógnito piloto que ha copiado un derrotero muy anterior a la fecha que indica, pues da algunas noticias de sucesos pasados que él no pudo conocer. Incluye 11 ilustraciones de las costas con indicaciones náuticas, empezando por Acapulco y terminando por un mapa del Estrecho de Magallanes, donde aparece parte el dibujo incompleto de las islas Malvinas, denominadas “islas nuevamente descubiertas” Lo mismo sucede con el <em>Derrotero de las costas de los reinos del Perú, Tierra Firme, Chile y Nueva España, sacado de diferentes cuadernos que han escrito y usado los más clásicos y experimentados pilotos deste Mar del Sur, 1675. Incluye 270 dibujos. (</em>5) En el “Prólogo exhortatorio” el autor declara <em>“yo no puse nada de mi casa mas que trasladar” </em>pues el derrotero es una copia, para su uso privado, de anteriores derroteros de los pilotos del Mar del Sur, ya que, <em>“me animé con su trato y adquiriendo prestados sus cuadernos a juntar sus obras y experiencias en este libro que si por caso fuese a la imprenta hallasen en un cuerpo todo lo descubierto y qué se trajina en este Mar del Sur” (</em>6).</p>



<p>El [Derrotero] <em>desde la ultima población que tienen los españoles en las costas de Nueva España, en el mar del Sur es la ciudad de Compostela, como manifiesta la demostración de su mapa que da principio a este libro, como se verá en la hoja n.1, para que se tenga verdadera ynteligencia de todos los yntereses que comprehende sus demostraciones en sus mapas [&#8230;]para que sirva de norte a los navegantes que surcan aquellas costas&#8230; </em>Termina abruptamente al final por lo que no sabemos si tiene autor. Incluye 151 dibujos y, 8 hojas de texto. (7)</p>



<p>Por último, el <em>Derrotero general del Mar del Sur, sacado de diferentes autores. Hecho en Panamá en 30 del mes de Diciembre de 1684</em>,8 participa de las mismas características que los anteriores, ya que es una simbiosis de distintos derroteros, como se aclara en la portada donde los datos técnicos están complementados con 148 dibujos a la aguada muy interesantes.</p>



<p>Los derroteros de la costa pacífica de América constituyen un conjunto de manuscritos muy valioso y poco conocido, que no han sido estudiados en su conjunto. Hemos visto como la política de sigilo, establecida por el imperio español para proteger sus rutas marítimas, impidió la publicación de derroteros sin la aprobación de las autoridades científicas del Consejo de Indias. Esta circunstancia motivó que los pilotos se proveyeran por su cuenta de compilaciones de derroteros manuscritos que señalaban solamente la ruta de sus navegaciones, eran de su propiedad y tenían la garantía de poderlos corregir en sucesivas derrotas. Por esta razón la mayoría son anónimos, aunque a veces llevan el nombre del poseedor. La mayor parte de ellos, además de las indicaciones náuticas pertinentes, incluyeron unos dibujos en color de las tierras a las que se dirigían y noticias geográficas, que les confieren una importancia añadida y que justifican el título de este artículo.</p>



<p><strong>NOTAS</strong></p>



<p>1 Luis Albuquerque, Los libros de viajes como género literario, pp. 67-82, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 2006.<br>2 Manuel Moreno Alonso, América ante los pilotos de Ayamonte. El derrotero de las Indias de Benito Alonso Barrozo, Sevilla, 1985, p. 26.<br>3 Archivo General de Indias. Mapas y Planos, México, 53.<br>4 Museo Naval de Madrid, Mss. 180.<br>5 Museo Naval de Madrid, Mss. 1202.<br>6 Museo Naval de Madrid, Mss. 1202, p. 9.<br>7 Biblioteca Nacional de España, Mss. 2957.<br>8 The Hispanic Society of America, Ms. K44.<br><br>* Mª Luisa Martín Merás, es especialista en cartografía marítima española. Ha sido Jefa de Investigación en el Museo Naval de Madrid y Directora técnica del Museo Naval.</p>
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		<title>El gran río de la música.</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/el-gran-rio-de-la-musica-2/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 03 Jul 2023 11:41:47 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 74]]></category>
		<category><![CDATA[Lagos, ríos y océanos]]></category>
		<category><![CDATA[Rutas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Mariano López Boletín 74 &#8211; Sociedad Geográfica Española El río Misisipi y la Luisiana española Refugio, lugar de trabajo, frontera, icono cultural, el río Misisipi es, también, el lugar [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto: Mariano López<br></strong></p>



<p>Boletín 74 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>El río Misisipi y la Luisiana española</p>



<p>Refugio, lugar de trabajo, frontera, icono cultural, el río Misisipi es, también, el lugar donde nacieron y donde establecieron sus raíces las más poderosas corrientes musicales del siglo XX: el blues y el jazz. En este artículo, su autor narra cómo surgió y se expandió la música del Misisipi, los estilos y las formas que emergieron de su desembocadura y aún continúan cautivando nuestros oídos.</p>



<p>El Gran Río, el Misisipi, aparece como protagonista o referencia en miles de canciones. Algunas nacieron en su propio cauce. Todas le tratan con respeto: como refugio, lugar de trabajo, medio de transporte o icono cultural. “En esa agua fangosa anhelo estar una vez más”, dice Jimmie Rodgers, el padre de la música country, en uno de sus grandes éxitos: <em>Mississippi Delta Blues</em>, grabado en 1933. “Ese viejo río debe saber algo, pero no dice nada”, escribió Jerome Kern en <em>Ol’Man River</em>, un tema que llevó a la fama la voz profunda de Paul Robeson, cantante, atleta, abogado y activista por los derechos sociales.</p>



<p>Españoles, franceses y británicos comenzaron a explorar el río a principios del siglo XVI y a establecerse en el siglo siguiente cerca de su desembocadura, al abrigo de la mejor ensenada, aprovisionados por las embarcaciones que cruzaban el Golfo de México. La creación de Nueva Orleans, en 1718, atrajo a la mayoría de los residentes en los puertos de la costa norte del Golfo a la nueva y prometedora urbe.<br><br>El sitio de la futura capital de la Luisiana había sido cuidadosamente escogido: conectado con el río Misisipi y el lago Pontchartrain, abierto al mar pero protegido, en gran medida, de su furia. Su crecimiento se dispararía durante la primera mitad del siglo XIX. El desarrollo de su agricultura, apoyado en una fuerte presencia de esclavos, y la prosperidad de su comercio, estimulado por el desarrollo de la navegación por el Misisipi y las conexiones marítimas a través del Golfo, atrajeron numerosos emigrantes de Europa y, en menor medida, de Asia. Un ingente número de esclavos, procedentes de otras partes de Luisiana, de otros estados americanos, del Caribe y de la costa occidental de África, constituyeron la mano de obra fundamental de las plantaciones de caña de azúcar, algodón y café del Delta y del valle del Misisipi y de las fábricas y establecimientos comerciales de Nueva Orleans. Miles de refugiados de Haití, negros y mulatos libres, llegaron también a Nueva Orleans tras la abolición de la esclavitud en su país, la declaración de independencia y la expulsión de los colonos franceses.</p>



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<p><strong>LA CULTURA CAJUN, HERENCIA DE LOS ‘ACADIENS’</strong></p>



<p>La primera gran emigración que dejó una huella musical al Sur de la Luisiana fue la que protagonizaron los refugiados de la diáspora acadiana. Acadia era el nombre de una amplia región que integraba las colonias de la Nueva Francia en tres provincias atlánticas de Canadá, una parte de Quebec y una parte de Terranova. El Tratado de Utrecht otorgó la Acadia a los británicos. En 1755, al inicio de una nueva guerra franco británica, los acadianos fueron expulsados de sus tierras por el ejército colonial británico.</p>



<p>Cinco oleadas de refugiados acadianos llegaron a Luisiana entre 1765 y 1785, acogidos a la protección que les dispensó la Corona española. Sumaban cerca de 3000 personas. Se establecieron, en su mayoría, en las tierras junto a los humedales donde convergen el río Atchafalaya y el Golfo de México, en las praderas al este del río, al sur de El Cairo, y entre la desembocadura del Bayou (brazo pantanoso) Lafourche en el Misisipi y el Bayou des Écores, cerca de Baton Rouge. Trajeron consigo sus danzas y sus baladas, sus fiestas y sus comidas, y, por supuesto, su idioma: una mezcla de dialectos y variedades del francés que mezclado con modismos del sur de la Luisiana terminó por adquirir carta de identidad como la lengua de los <em>acadiens </em>(acadianos, en francés), que pronto comenzaron a ser conocidos por las comunidades vecinas como los <em>cajun</em>, deformación del sonido de la palabra <em>cadiens</em>, un término que los acadianos acabarían adoptando como propio.</p>
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<p>La música cajun animaba las bodas, los bailes populares y las reuniones de los jóvenes. Bastaba un rústico violín para crear los compases, el ritmo y la melodía en la que se apoyaba la voz de un solista, por lo general un hombre. A lo largo del siglo XIX se incorporaron al cajun el acordeón, la guitarra y la percusión.</p>



<p>La primera canción cajun que se escuchó en disco fue <em>Allons a Lafayette</em>, un tema grabado en 1928 por la guitarrista y cantante Cléoma Breaux y su marido, el acordeonista Joe Falcon.</p>



<p>El historiador y etnomusicólogo estadounidense Alan Lomax recorrió la Baja Luisiana para recopilar la música cajun que se tocaba y cantaba en la década de los años veinte del pasado siglo. Lomax también recopiló ejemplos del <em>zydeco</em>, un término que se cree que proviene de otra deformación sonora -en este caso de la pronunciación de la palabra francesa <em>haricots </em>(judías)- y que da nombre a un estilo musical que nació de la mezcla del cajun con las primeras expresiones del blues. El <em>zydeco </em>cobró una fuerza especial en la década de los 80 del pasado siglo por el impulso que le dieron intérpretes como Clifton Chenier, Boozoo Chavis o Beau Jocque.</p>



<p><strong>LOS ISLEÑOS: TRADICIONES CANARIAS EN LUISIANA</strong></p>



<p>Una singular presencia española en la Luisiana también dejó en los bayous próximos a Nueva Orleans un estilo musical propio, cuyas expresiones han sobrevivido -con dificultad- hasta al menos los primeros años de este siglo. La asociación Los Isleños Heritage and Cultural Society of St Bernard (losislenos.org) se encarga, desde 1976, de promover el idioma, el patrimonio y las tradiciones culturales de la comunidad denominada “los isleños”, descendientes de los canarios que se establecieron en la Luisiana entre 1778 y 1783. Su sede se encuentra en el Museo de los Isleños y la Aldea Histórica, situado en el número 1357 de la calle Bayou en St. Bernard’s Parish (San Bernardo).</p>



<p>En 1778, el gobernador de la Luisiana, Bernardo de Gálvez, promovió la creación de colonias en torno al perímetro de Nueva Orleans para asegurar la defensa de la ciudad. Entre noviembre de 1778 y julio de 1779 llegaron a Nueva Orleans alrededor de 1600 colonos procedentes, en su mayoría, de las islas Canarias. Los historiadores Andrew T. Miloshoff y William de Marigny Hyland estiman que buena parte de estos emigrantes procedían del mismo lugar: Icod de los Vinos, en Tenerife. La sociedad Canary Islanders Heritage Society of Louisiana ha realizado una extensa investigación genealógica que determina el origen canario de la mayoría de los colonos establecidos por iniciativa de Gálvez.</p>



<p>El patrimonio cultural de los isleños tuvo en la música una de sus principales expresiones. En concreto, en una forma musical denominada “las décimas”. A diferencia de las décimas espinelas, diez versos de rima consonante, las décimas isleñas cobraron la forma de coplas cantadas con versos cortos que alternan rimas consonantes y asonantes. Las décimas tratan situaciones propias de la comunidad isleña, desde el retrato de los personajes locales hasta las labores de pesca. Durante siglos, han servido para alegrar fiestas y otros encuentros de los isleños y, al mismo tiempo, para divulgar sus tradiciones y preservar su legado. El cantante Irván <em>Puco </em>Pérez, nacido en 1923 en la isla Delacroix, St. Bernard’s Parish, ha sido uno de los más famosos intérpretes de las décimas isleñas y, quizá, uno de los últimos. Muchas de sus canciones se conservan gracias a la institución Folklife in Louisiana. Con sus actuaciones, el <em>Puco </em>Pérez llevó las décimas isleñas al Carnegie Hall de Nueva York y al New Orleans Jazz and Heritage Festival. En 1983 participó en el documental <em>Mosquitos and High Water, </em>producido por The Center for New American Media (CNAM), que narra la importancia de la décima para la comunidad isleña. En 1999 apareció en la serie <em>The River of Song</em>, producida por la red de televisión pública estadounidense PBS. El huracán Katrina destruyó por completo su casa lo que causó la pérdida de gran parte de sus grabaciones y las de su padre. Falleció en 2008.<span style="color: #999999;"><em><br></em></span><br><br><strong>ALGODÓN, DIQUES Y CANTOS DE TRABAJO</strong></p>



<p>Durante la gobernación española, se calcula que el número de esclavos suponía el 55 por ciento de la población del Sur de la Luisiana (African Americans and the Mississippi River, Dorothy Zeisler-Vralste, Eastern Washington University, 2019). Cerca de seis mil llegaron entre 1719 y 1763, en su mayor parte traídos desde Senegambia. La implantación de la desmotadora de algodón en 1793 revolucionó la producción de algodón, que paso de trece mil pacas en 1792 a más de cinco millones en 1860. El cambio trajo aparejado un incremento del número de esclavos: de sumar cerca de 700 000 en 1790 se pasó a 4 000 000 en 1860. Gran parte de los esclavos procedían de Virginia, Maryland y las Carolinas. En su mayoría, fueron ocupados en la producción de algodón. Fueron también la mano de obra fundamental en el resto de producciones agrícolas (caña, café, indigo, madera) y en los trabajos más duros que exigía el río, desde alimentar las calderas de los barcos de vapor a trabajar -catorce horas diarias- en la construcción y reparación de los diques.</p>



<p>El sociólogo alemán Paul Honigsheim, pionero en la aplicación de la Sociología a la Historia de la Música, afirma que el trabajo de los esclavos en los campos, los muelles de desembarco en el río, y, especialmente, en los campamentos de los diques, estaba acompañado por cantos de trabajo. Honigsheim sostiene que fue sobre todo en los campamentos de esclavos de los diques donde surgieron las canciones de trabajo que pudieron ser el antecedente más directo del blues del Delta.</p>



<p>En los campamentos y las plantaciones, los esclavos vivían separados de sus dueños. Era natural, sostiene Honigsheim, que continuaran practicando y apreciando formas musicales originarias de África, que ponían especial énfasis en el ritmo. Un claro elemento de origen africano de las canciones de trabajo de las que nació el blues, se encuentra en el método de fraseo de las canciones (llamado y respuesta) y en el cambio de tonalidad al finalizar una frase.</p>



<p><br><strong>EL PADRE DEL BLUES Y EL PACTO CON EL DIABLO</strong></p>



<p>El Misisipi fue el gran vehículo de difusión de estas canciones. La abolición de la esclavitud, en 1863, permitió que la música de los hasta entonces esclavos trascendiera los campos de trabajo y fuera especialmente acogida y difundida aunque se mantuviera la segregación, en las iglesias, donde se mezcló con himnos cristianos y dio origen a los espirituales negros.</p>



<p>Hacia 1900 el blues ya se había extendido por los campos y ciudades del Delta. Los primeros intérpretes de este estilo musical repetían con sus guitarras las pautas de llamada y respuesta, propias de los cantos de trabajo. En 1912, uno de estos guitarristas pioneros, William Cristopher Handy (1873-1958), capitalizó la incipiente popularidad de esta música y se declaró padre del blues. Hijo y nieto de pastores metodistas, W.C. Handy aprendió a cantar y a tocar la trompeta en la escuela, En 1892, formó una banda con la que intentó tocar en la Feria Mundial de Chicago, sin conseguirlo. Formó otra banda en Kentucky, viajó por todo el país, se estableció temporalmente en Huntsville, Alabama, y más tarde en Memphis. En 1912 publicó la que se considera la primera canción de blues en el mercado, <em>Memphis Blues</em>, a la que siguieron <em>St. Louis Blues </em>y <em>Beale Street Blues</em>. En 1941 publicó su autobiografía con el título <em>Father of the blues </em>(el padre del blues). Falleció en Nueva York, en 1958, con 84 años. Más de 20.000 personas asistieron a su funeral en Harlem.</p>



<p>Durante seis años, antes de mudarse a Memphis, Handy y su familia vivieron en Clarksdale, Misisipi, donde se encuentra The Delta Blues Museum, que conserva fotografías y objetos relacionados con el nacimiento y la historia del blues y la choza donde vivió otra leyenda del blues, Muddy Waters (1913-1983). En Clarksdale nació, en 1931, Sam Cooke, pionero de la música <em>soul</em>. A las afueras de Clarksdale, se encuentra el cruce de caminos donde se unen las autopistas 61 con la 49. Es una encrucijada reverenciada por los <em>bluesman </em>a partir de la publicación del tema <em>Crossroad </em>del guitarrista Robert Johnson en el álbum <em>King of the Delta Blues Singers, </em>editado en 1961. La letra del tema no hace referencia alguna a Satán, pero se considera que refleja el miedo de su autor cuando recuerda el momento y el lugar -esa encrucijada- en que le vendió su alma al diablo a cambio del dominio de la guitarra para el blues: <em>I went down to the crossroads / Fell down on my knees / Asked the Lord above for mercy/ Take me, if you please.</em></p>



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<p><strong>EL DOBLE PAPEL DEL MISISIPI, OPRESOR Y LIBERADOR</strong></p>



<p>Las letras de los blues de principios del siglo XX expresaban, por lo general, lamentos, esperanzas y deseos de cambio. En ocasiones fueron censuradas o perseguidas por las iglesias por su presunto doble sentido cargado con alusiones sexuales. El Misisipi aparece casi siempre con un doble papel: opresor y liberador. Es un refugio, una vía de escape hacia el Norte, y también el lugar donde se trabaja y se sufre.</p>



<p>Las alusiones al río se cargaron de dramatismo cuando los temas del blues recogieron el terrible impacto de la gran inundación del Misisipi en 1927. Las fuertes lluvias registradas el año anterior en la cuenca central del río provocaron el desbordamiento violento del río en diez estados. Se estima que las inundaciones anegaron un área de 70 000 kilómetros cuadrados, después de romper diques en 145 lugares. Los afroamericanos que vivían en las tierras bajas del Delta fueron los más afectados. Un 69 por ciento de las 325.146 personas que ocuparon los campamentos de socorro eran afroamericanos.</p>



<p>El blues recogió esta catástrofe como ninguna otra música de la época. Con su voz, la queja recorrió el Delta. <em>Big </em>Bill Broonzy, autor de <em>Mississippi River Blues</em>, mentor de Muddy Waters y Memphis Slim, grabó varias canciones sobre las inundaciones, entre ellas <em>Terrible Flood Blues</em>. Charlie Patton, para muchos el auténtico padre del blues del Delta, publicó, en dos partes, el tema <em>High Water Everywhere</em>, que incluía versos como los siguientes: <em>Man, the water was risin’ at places all around / Oh, Lord, women and grown men drown / Oh, women and children sinkin’down / Lord, have mercy/ I couldn’t see nobody’s home and wasn’t no one to be found. </em>(Hombre, el agua estaba subiendo por todas partes /Oh, Señor, las mujeres y los hombres adultos se ahogan / Oh, mujeres y niños hundiéndose / Señor, ten piedad/ No pude ver la casa de nadie y no había nadie para ser encontrado).</p>
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<p>El río fue también responsable, en gran medida, de la expansión del blues. Durante años, el lamento del Delta fue considerado un fenómeno poco menos que rural, vinculado a la geografía del sur del Misisipi. La segregación racial y la inclusión de fraseos del blues dentro de otros tipos de música, como el ragtime o el jazz, privaron a los compositores e intérpretes del blues nacido en las primeras décadas del siglo XX del reconocimiento que estos mismos autores obtendrían años después, cuando las facilidades para viajar por el río llevaron el blues al norte, más allá de Memphis, hasta St. Louis y Chicago. La música de W.C. Handy, <em>Big </em>Bill Broonzy, Robert Johnson, Charlie Patton y otros <em>bluesman </em>del Misisipi como Muddy Waters, Howlin’ Wolf, o Sonny Boy Williamson fue ampliamente recuperada, valorada y difundida por algunos de los más prestigiosos solistas y bandas de los años 60, 70 y siguientes, desde Eric Clapton o los Rolling Stones hasta Stevie Ray Vaughan o el español Javier Vargas. Muchas de las grandes composiciones musicales del siglo XX y de las primeras décadas del siglo XXI deben su fuerza al sentimiento expresivo que nació en los campos de trabajo del Misisipi, el triste y poderoso lamento del blues.<br><br><strong>EL NACIMIENTO DEL JAZZ</strong></p>



<p>Mientras que el origen del blues se considera vinculado a los cantos de trabajo en las plantaciones, los diques, las granjas, el medio rural, el jazz surge claramente como una forma musical urbana, más precisamente como un estilo nacido y adscrito a una ciudad: Nueva Orleans. Como en el blues, en la creación del jazz fue vital la presencia de afroamericanos (libres y esclavos), que fue creciendo según avanzaba la prosperidad de la ciudad, que llegó a ser la más rica de Estados Unidos hacia 1840, cuando el dinero existente en sus bancos sobrepasó al contabilizado en Nueva York. Pero en el origen del jazz también hay que tener en cuenta la multiculturalidad de la ciudad, la presencia de emigrantes de todos los rincones de Europa, de China, de Filipinas, del Caribe, de Hispanoamérica, y el contacto de sus tradiciones sonoras con las afroamericanas.</p>



<p>A principios del s. XIX, el escritor Pierre-Louis Berquin-Duvallon, haitiano refugiado en Nueva Orleans, publica su libro <em>Travels in Luisiana and the Floridas </em>donde dice de Nueva Orleans: “Se diría que su pavimento social está compuesto por teselas: aquí un criollo, allá un inglés; aquí un francés, allá un español; aquí un alemán; allá un italiano. Es una torre de Babel”.</p>



<p>La privilegiada localización de Nueva Orleans aceleró su crecimiento a medida que fueron mejorando las condiciones de transporte por el Misisipi. La era de los barcos de vapor transformó la economía de Nueva Orleans y del Misisipi entero, que vio cómo los barcos de vapor, a partir de 1812, comenzaron a transportar más carga por el río que todas las lanchas, barcazas y barcos de fondo plano que habían servido para el transporte de mercancías hasta entonces.</p>



<p>Los barcos de vapor, la influencia de las herencias francesa y española, la mayoritaria presencia de esclavos en la composición social de la ciudad -Nueva Orleans llegó a contar con dos docenas de casas de subastas de esclavos-, los autodenominados “criollos de color”, la emigración europea e hispanoamericana, todos estos factores y sus derivadas culturales concurren en el origen del jazz, la aportación más importante de una sola ciudad, Nueva Orleans, y de su río, el Misisipi, a la música del siglo XX.</p>



<p><br><strong>LA AFICIÓN POR EL BAILE EN NUEVA ORLEANS</strong></p>



<p>El más destacado y relevante historiador del jazz, Ted Gioia (The , History of Jazz, Oxford University Press, 1997; traducido por FCE en 2002), sitúa el origen de esta música en las salas de baile de Nueva Orleans. A principios del s. XIX, el aprecio de los colonos franceses y sus descendientes por las salas de baile seguía presente en la cada vez más próspera ciudad. En 1805 había quince salones públicos de baile en Nueva Orleans; en 1815, casi treinta; entre 1836 y 1841 se abrieron treinta nuevos. Los bailes también se celebraban en los teatros a continuación de las representaciones, que atraían público no solo con obras teatrales, ópera o variedades, sino también porque unas y otras finalizaban dando paso a un baile general.</p>



<p>En 1808, el escritor Christian Schultz asegura en el relato de su viaje por varios estados y ciudades de los Estados Unidos, que Nueva Orleans era la única ciudad que autorizaba la reuniones de esclavos en un espacio público, la plaza que sería conocida como Congo Square, adonde se reunían los domingos por la tarde para tocar tambores y bailar.</p>



<p>Congo Square nunca fue nombre oficial de la plaza. Ocupaba un terreno baldío que había pertenecido a los indios ouma. Fue conocida, primero, como <em>Place des Negres </em>y luego como <em>Circus Square</em>. En 1817, una ordenanza municipal anuló órdenes anteriores y permitió a los negros bailar en lugares públicos los domingos aunque solo hasta el atardecer y en aquellos lugares previamente autorizados. Entre 1825 y 1845 la danza callejera fue de nuevo prohibida, como lo había sido hasta 1817, pero a partir de 1845 se volvió a autorizar aunque solo entre las cuatro y la seis y media de la tarde.</p>



<p>Los tambores de Congo Square se unieron al uso de trompetas y trombones, propios del acompañamiento a las marchas de propaganda realizadas por los misioneros religiosos. Juntos, con el añadido de pianos, banjos y guitarras, recogieron y mezclaron formas del blues, himnos escoceses e irlandeses, y sones llegados de Cuba y otras partes del Caribe. Una mezcla que solo podía nacer en Nueva Orleans.</p>



<p><strong>CHARLIE BUDDY BOLDEN, EL PADRE DEL JAZZ</strong></p>



<p>El cornetista Charlie <em>Buddy </em>Bolden, un criollo nacido en el distrito negro de Nueva Orleans, está considerado el padre del jazz. De día oficiaba como peluquero y de noche como músico en fiestas privadas, salones de baile, en los entierros y en los barcos de vapor del Misisipi. Alcohólico, esquizofrénico, detenido y encarcelado varias veces por delitos de conducta, Bolden desarrolló su carrera musical primero con la armónica y luego con la trompeta en las misas de la iglesia baptista y en varias bandas de trompeta, trombón, clarinete, contrabajo, guitarra y batería, en especial la que formó en 1895 con el percusionista Cornelius Tilman, cuyo resultado se considera el origen del jazz.</p>



<p>Maestros del <em>pre jazz</em>, como Joe <em>King </em>Oliver, Freddie Keppard. <em>Kid </em>Ory o <em>Bunk </em>Johnson, consideraban a Bolden su mayor influencia. Todos le reconocieron como un gran improvisador, experto en la inclusión de <em>rags </em>y en el dominio del blues con una gran diversidad de tonos. Murió en 1931, en un hospital psiquiátrico de Nueva Orleans donde había sido internado catorce años antes. Su ficha de ingreso en el hospital decía: “Hombre de Parish, Orleans. Razón de su locura: alcohol”. No se conserva ninguna de sus grabaciones. <em>Jelly Roll </em>Morton, Sidney Bechet y <em>Duke </em>Ellington le rindieron homenaje en varias de sus composiciones.</p>



<p><br><strong>STORYVILLE Y LITTLE LOUIE ARMSTRONG</strong></p>



<p>Hasta 1897, la música de jazz tenía sus mejores escenarios en los locales de Storyville, el <em>distrito rojo </em>de la ciudad, donde se concentraba la prostitución. Entre todos los locales de Storyville, el más famoso era propiedad de un inmigrante siciliano, Peter Ciaccio. El local se llamaba Pete Lala’s. Oficiaba de cuartel general del jazz. Era el lugar al que acudían muchos músicos cuando terminaban su trabajo en otros garitos, también al que acudían las prostitutas cuando terminaban su jornada para encontrarse con los proxenetas, tomar algo y escuchar música, antes de retirarse a descansar.</p>



<p>En Pete Lala’s tocaba <em>King </em>Oliver con su banda, codirigida por el trombonista <em>Kid </em>Ory. Muchas noches, entre el público, se encontraba un chaval del barrio, que no sabía leer música pero había aprendido a tocar la trompeta en la banda de un reformatorio para niños negros abandonados, la New Orleans Home for Colored Waifs. Se llamaba Louis Armstrong, tenía 14 años cuando empezó a tocar en los cabarés de Storyville con una trompeta que le había regalado la familia lituana que le había empleado y acogido cuando era un niño, los Karnofsky. Antes de los 14, <em>Little </em>Louie Armstrong había trabajado de chatarrero, vendedor de carbón, repartidor de leche y estibador de barcos bananeros. En Storyville escuchó, admiró y conoció a Joe King Oliver, que sería su protector y padre musical.</p>



<p><strong>EL VIAJE DEL JAZZ EN LOS BARCOS DE VAPOR</strong></p>



<p>El cierre oficial de Storyville en 1917, decidido por las autoridades de Nueva Orleans ante el crecimiento de la prostitución, que, aunque tolerada, no dejaba de ser ilegal en la ciudad, empujó a los músicos de jazz hacia los barcos. En 1918, Armstrong aceptó la oferta de John Streckfus para tocar en su barco de vapor, el Streckfus Steamer, en la banda dirigida por Fate C. Marable.</p>



<p>Las condiciones de trabajo de los músicos en los barcos del Misisipi eran duras: salarios bajos, continuos conciertos, prohibido tocar fuera del barco. No figuraba en los contratos pero resultaba implícito que la música no debía reflejar estas o cualesquiera otras dificultades. Los barcos fluviales alentaron el sonido alegre del jazz, su componente festivo, alejado en gran medida de los ritmos lentos, sincopados, del blues, sus lamentos y las letras de doble sentido.</p>



<p>En los barcos, a lo largo del Misisipi, el jazz comenzó a viajar. De Nueva Orleans hacia el norte. La Gran Depresión de 1930 provocó la Gran Migración en todo el país. Chicago, Detroit, Nueva York, otras ciudades atrajeron a la mayoría de los músicos de jazz, el estilo favorito de los años 20, a cuyo éxito contribuyó como nadie el chico que no sabía leer música pero sí tocar la trompeta: Louis Armstrong, cuya música ensalzaba en Europa el arquitecto Le Corbusier.</p>



<p><strong>MÁS MISISIPI: DE BO DIDLEY A ELVIS PRESLEY</strong></p>



<p>La producción musical original del Misisipi y, en particular, del Delta, floreció, de nuevo, en los años 50 del pasado siglo. Las raíces musicales europeas, africanas y nativas se mezclaron y remezclaron con los sonidos del jazz y del blues y dieron origen a numerosos nuevos estilos. Bo Didley, precursor de la transición del blues al rock and roll, era de Magnolia, junto al Misisipi; Jerry Lee Lewis, de Ferriday, un pequeño pueblo pegado al río.</p>



<p>En 1952, Sam Philips creó en Memphis el sello discográfico Sun Records, con el que descubrió y grabó a B.B.King, Carl Perkins. Johnny Cash y al artista que más discos ha vendido en la historia de la música, Elvis Presley.</p>



<p>La radio, la televisión, otros medios de comunicación, influyeron en la génesis, el desarrollo y la divulgación de los estilos musicales que iniciaron su despegue a partir de la década de los 50 del pasado siglo. Su generación y su fama no pueden ser atribuidas por completo al río. Pero no puede llamarse casualidad al hecho de que nacieran junto al Misisipi.</p>
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		<title>Las órdenes de Caballería. Guardianes del camino</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/ordenes-caballeria-santiago/</link>
		
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		<pubDate>Wed, 01 Jun 2022 10:08:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 71]]></category>
		<category><![CDATA[Rutas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Pedro Páramo Boletín 71 &#8211; Sociedad Geográfica Española Camino de Santiago. De cómo las órdenes de caballería, que se fueron fundando en los reinos peninsulares durante la Edad Media, [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto: Pedro Páramo<br></strong></p>



<p>Boletín 71 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Camino de Santiago.<br><br><strong>De cómo las órdenes de caballería, que se fueron fundando en los reinos peninsulares durante la Edad Media, jugaron un papel importante en la protección de los peregrinos en su camino a Santiago de Compostela.</strong></p>



<p>Las peregrinaciones a Santiago de Compostela o a Jerusalén constituían en la Edad Media el supremo acto religioso, premiado con el perdón de todos los pecados, y garantía de llegar al cielo en la vida eterna. El peregrino, por tanto, era sagrado, y merecía casi el mismo respeto que un santo. Pero las distancias eran largas y, a las dificultades geográficas, las inclemencias meteorológicas y los peligros naturales, como las aguas contaminadas o la insalubridad de los alojamientos, se sumaba el peligro del asalto de asesinos, ladrones y estafadores.</p>



<p><strong>PROTECCIÓN A LOS PEREGRINOS</strong></p>



<p>El libro V del Códice Calixtino, la completa guía de viajes que en el siglo XII señalaba las bondades y riesgos del Camino de Santiago, describe también la condición moral de los habitantes de cada lugar, y las precauciones que los peregrinos habían de tomar, no sólo ante posibles asaltos de bandoleros, sino también de los abusos de los posaderos, los barqueros e incluso los sacerdotes avariciosos y los insaciables señores del lugar. Al poco tiempo de la aparición del sepulcro del apóstol en Compostela, tras la llegada de los primeros peregrinos, las autoridades del reino de Asturias, conscientes de la condición sagrada de los peregrinos, vieron la necesidad de facilitar su desplazamiento y garantizar su protección. Con normas y leyes persiguieron los robos y fraudes, y los atracos a los peregrinos eran castigados con la horca. La Iglesia, por su parte, decretó el castigo religioso más temido en aquellos tiempos, la excomunión de cualquiera que les causara daño, y, a la vez, fomentó la transformación de los monasterios en hospitales y alojamientos en la que colaboraron activamente las órdenes religioso-militares. Algunos historiadores sostienen que cuatro años después de su victoria frente a los musulmanes en la supuesta batalla de Clavijo, en La Rioja el año 844, el rey asturiano Ramiro I fundó la Orden Militar de Santiago, para que sirviera como un cuerpo de policía del Camino para proteger a los peregrinos, al tiempo podía ser útil para hacer frente a las incursiones de los caudillos musulmanes. Estos historiadores consideran que la orden de caballería compostelana es la más antigua de España.<br></p>



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<p><strong>EL MODELO DE TIERRA SANTA</strong></p>



<p>Lo que está claramente documentado es que las órdenes de caballería españolas nacieron a imitación de las creadas en Tierra Santa en el siglo XI durante la primera cruzada, que se expandieron y sirvieron como modelo para órdenes locales, en aquellos territorios europeos fronterizos amenazados por el Islam. Estaban formadas por nobles de moralidad intachable, juramentados para defender la doctrina cristiana de los ataques de los infieles, y tenían como misión prioritaria la protección de los palmeros que peregrinaban a los santos lugares de Palestina. Se dice de sus miembros que eran mitad guerreros y mitad monjes. Las normas de funcionamiento de las distintas órdenes caballerescas seguían las de las principales órdenes religiosas, en especial las agustinas o las benedictinas o cistercienses, y en sus rituales se mezclaban tradiciones nobiliarias con ceremonias religiosas. La pertenencia a estas órdenes bendecidas por el Papa estaba premiada con la indulgencia plenaria, y los caballeros, al igual que los frailes, tenían que hacer voto de castidad, pobreza y obediencia directa a las instrucciones papales. La Orden de Santiago fue la primera en liberar a sus miembros del voto de castidad y en aceptar a los casados.</p>



<p><strong>LA ORDEN DE SANTIAGO</strong></p>



<p>El saqueo de Santiago de Compostela por Almanzor, en agosto del año 997, impulsó a los monjes agustinos del cercano monasterio de San Eloy de Loyo a proteger a los peregrinos que llegaban a Galicia, por los hoy caminos mozárabes del sur de la península. El ejemplo de estos monjes sirvió para que en 1170 el rey Fernando II de León encargara a trece caballeros la defensa de Cáceres, una de las ciudades más disputadas durante la Reconquista, que crearon la Orden de los Fraters de Cáceres en la que intervinieron también cinco obispos y un delegado papal. Un año más tarde, cuando en el Camino compostelano ya se habían fundado albergues y hospitales, los Fraters de Cáceres se unieron a los monjes agustinos, y cambiaron el nombre por el de Orden de Santiago. La nueva organización basaba su estructura organizativa en la de la Orden del Temple, fundada en 1119 en Jerusalén, siguiendo la regla de los monjes agustinos. En 1175, tras la aprobación por parte del Papa Alejandro III de su objetivo, la defensa y protección de la fe cristiana y la lucha contra los musulmanes, la Orden de Santiago se desarrolló rápidamente por los reinos peninsulares vecinos.</p>
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<p>En la última mitad del siglo XII aparecieron en el reino de León otras dos de las más importantes órdenes militares españolas para la protección de territorios estratégicos de la amenaza musulmana: la de Calatrava y la de Alcántara. La primera se creó para defender la localidad de Calatrava, junto al río Guadiana. El rey Alfonso VII había confiado la defensa de la localidad a la Orden del Temple, pero ante el empuje islámico, los templarios devolvieron la fortaleza al heredero de Alfonso, Sancho III, quien ofreció Calatrava a quien se hiciera cargo de su defensa. Raimundo, el abad del monasterio cisterciense de Fitero, reclutó en poco tiempo un ejército de 20.000 monjes y soldados, que, unidos a las fuerzas en el lugar, forzaron la retirada de los musulmanes.</p>



<p><strong>LA ORDEN DE ALCÁNTARA</strong></p>



<p>La Orden de Alcántara tiene su origen en la comunidad de freires del Monasterio de Pereyro. Cuando en 1213 la ciudad del Alcántara fue tomada a los almohades, Alfonso IX de León encomendó a la Orden de Calatrava la defensa de la localidad, pero pocos años después esta orden renunció a este cometido por la lejanía de su sede en Calatrava. El rey encomendó entonces a los caballeros de Pereyro la defensa de Alcántara, de donde la orden tomó el nombre. Durante la llamada Reconquista, especialmente en los siglos XII y XIII, aparecieron en los reinos cristianos de la península ibérica otras órdenes militares. Algunas existen en nuestros días adaptadas a los nuevos tiempos, como la Orden Montesa fundada en el reino de Aragón en el siglo XIV, pero la mayoría fueron desapareciendo a lo largo del tiempo, como la leonesa Orden de Monreal o la aragonesa Cofradía de Belchite.<br></p>



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<p><strong>INTERVINIENTES EN LAS BATALLAS CONTRA LOS MUSULMANES</strong></p>



<p>Con su formación castrense, sus pertrechos para la guerra y su disciplina en el combate, los caballeros de las órdenes militares se convirtieron en un ejército permanente de las tropas cristianas, en las que servían como fuerzas de choque. Destacaron en las más decisivas batallas de la Reconquista, como la de las Navas de Tolosa o en la conquista de Sevilla, hechos en los que intervinieron también las órdenes del Temple y de Malta. Aunque estos caballeros no tenían como objetivo prioritario la protección de peregrinos, sus fortalezas, sus castillos y monasterios actuaban como refugio para los que se encaminaban a Santiago de Compostela desde diferentes lugares de la península. La Orden de Santiago llegó a poseer 83 encomiendas, dos ciudades, 178 condados y aldeas, 200 parroquias, cinco hospitales, seis conventos y la Universidad de Salamanca. Además, también tenían posesiones en Portugal, Francia, Italia, Hungría y Palestina.</p>
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<p><strong>LAS ÓRDENES DEL TEMPLE Y DE MALTA SE UNEN A LA PROTECCIÓN EN ESPAÑA</strong></p>



<p>No fueron sólo las órdenes fundadas en España las protectoras del Camino, ni las más importantes. A principios del siglo XII, las órdenes de los Pobres Caballeros de Cristo del Templo de Salomón (Orden del Temple) y la Soberana Orden Militar y Hospitalaria de San Juan de Jerusalén, de Rodas y de Malta (Orden de Malta), creadas en Palestina, aparecieron en los reinos de la península. En muy poco tiempo, ambas órdenes fueron beneficiarias de donaciones y encomiendas en los reinos de Aragón, Navarra, Castilla, León y Portugal. Mientras que las órdenes de caballería locales repartían la mayoría de su patrimonio hacia las fronteras del sur musulmán, fue en el norte, cerca del entorno del jacobeo Camino Francés, donde se concentraban las posesiones de las ordenes de los cruzados. Como si se hubieran puesto de moda, los reyes y la nobleza peninsulares se afiliaron a las órdenes fundadas en Tierra Santa, y la distinguieron con toda clase de beneficios. El conde Ramón Berenguer solicitó su ingreso en la Orden del Temple en su lecho de muerte, a la que donó todas sus rentas; los reyes de León, Alfonso VII y su hijo Fernando II, le encomendaron la defensa de Soria, y la recompensaron con enclaves y fortalezas. Más notorio fue el gesto de Alfonso I de Navarra y Aragón, el Batallador, que legó sus reinos a las órdenes del Temple, de Malta y Caballeros del Santo Sepulcro, lo que dio lugar a la separación de los reinos de Navarra y Aragón.</p>



<p>En la actualidad, un vistazo a los folletos de promoción, de las regiones y ciudades atravesadas por las rutas jacobeas, sirve para evaluar la ingente labor llevada a cabo por las órdenes de caballería en la protección y apoyo de los peregrinos compostelanos en la Edad Media. Caminos, puentes, monasterios, fortalezas, castillos, hospitales y alojamientos de todo tipo constituyen el ingente patrimonio artístico y cultural de amplias regiones españolas debido a la acción de los monjes-guerreros.</p>



<p><em>*Pedro Páramo es periodista.</em></p>
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		<title>Relaciones de Indias. Una fuente de información colosal y fiable sobre el clima en el imperio ultramarino español.</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/relaciones-de-indias/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 12 May 2022 09:48:57 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 70]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Lola Higueras Boletín 70 &#8211; Sociedad Geográfica Española Clima. Tiempo. Historia. Los cuestionarios, a través de los cuales se recababan los datos para documentar las Relaciones Geográficas de Indias, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Lola Higueras</strong></p>



<p>Boletín 70 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Clima. Tiempo. Historia.<br><br></p>



<p>Los cuestionarios, a través de los cuales se recababan los datos para documentar las Relaciones Geográficas de Indias, se extienden a lo largo de casi tres siglos, y constituyen una de las fuentes más formidables de información sobre el inmenso imperio ultramarino español. Este completo sistema se utilizó en unas treinta ocasiones entre 1530 y 1812, recibiéndose miles de respuestas desde todos los puntos del imperio, de extraordinario valor por la calidad y fiabilidad de los informantes. Los prolijos cuestionarios se confeccionaban en el Consejo de Indias, y en la contestación se vieron involucrados cientos de autoridades de todo tipo, desde las más altas dignidades a corregidores, alcaldes o curas de las más lejanas aldeas.</p>



<p>L a riqueza de los datos aportados, siempre de primera mano y recabados sobre el terreno, fue extraordinaria y muy variada en los temas: datos geográficos de todo tipo, entre los que se solía incluir el clima; demográficos; creación de ciudades y su urbanización; salubridad de la tierra y sus recursos naturales; fauna y flora; censos de población indígena, criolla o española; amplísimos datos económicos; historia eclesiástica; información etnográfica y relativa a la historia antigua y sus monumentos; y finalmente amplísimas noticias político- administrativas.</p>



<p>Sin duda esta colosal organización informativa representa el esfuerzo más importante de la Administración española para conocer todos los aspectos posibles del inmenso y lejano territorio que debía organizar y administrar. Información, en definitiva, para conocer y mejor administrar, este es sin duda el objetivo principal de este gigantesco esfuerzo para conocer “todo” de “todo el territorio”, hasta el lugar mas recóndito.</p>



<p>Pero muy pronto, las Relaciones Geográficas de Indias y su enorme bagaje informativo, servirán también para la divulgación de la América española, ayudando en la publicación de obras históricas, geográficas o eclesiásticas.<br><br><strong>ORGANIZACIÓN DE LOS CUESTIONARIOS</strong></p>



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<p>La Disyuntiva del Consejo de Indias para poner en marcha tan ambicioso proyecto, será entre la creación de un cuerpo de funcionarios permanente y especializado, que, adscritos a las diferentes Audiencias americanas, recorrieran el territorio a ellas encomendado. O, por otro, llevar a cabo dicho proyecto con la colaboración de las autoridades indianas, a las que se facilitarían precisas instrucciones para responder los distintos cuestionarios, de manera que las informaciones recabadas en los diferentes lugares del imperio fueran totalmente homogéneas.</p>



<p>El Consejo de Indias elige esta segunda opción, aprovechar el caudal humano y cultural de las autoridades “menores” hispanoamericanas.</p>



<p>Por lo tanto, todas las encuestas fueron realizadas “sobre el terreno” y por las autoridades americanas, la mayor parte criollos y mestizos, con los que la administración indiana adquirió una deuda impagable por su imprescindible colaboración en el gigantesco proyecto informativo de la Corona.</p>



<p>El procedimiento siempre fue el mismo a lo largo de los siglos. El Rey, a través del Consejo de Indias, ordenaba la encuesta mediante una R.O que recogía de forma muy precisa el método a seguir, acompañada siempre por el correspondiente cuestionario <em>“para que Nos estemos informado de todas las calidades y </em><em>cosas” “porque queremos tener entera noticia de las cosas de esa tierra”</em>. Manifiesta la R.O de 1530.</p>



<p>En la R.O que acompaña la encuesta de 1548, de nuevo se afirma <em>“deseando proveer y ordenar las cosas (..) Como mejor y más convenga (..) Para que podamos proveer sin más dilación acerca de ello lo que convenga”.</em></p>



<p>Es evidente que la Corona quiere conocer a fondo esos territorios, “para mejor gobernar” La inquietud real por el buen gobierno de las Indias se pone de manifiesto de nuevo, en el prologo de la R.O de 1581, en la que se afirma <em>“porque entendiendo la obligación que tenemos de procurar que esos reinos y provincias de nuestras Indias, sean bien regidos y gobernados en lo espiritual y en lo temporal, habiendo esto de ser por relación y noticia, por estar tan distantes de estos reinos, deseamos que se tenga muy particular noticia de ellas, para que mejor pueda acertarse”.</em></p>
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<p><br><br><strong>ORGANISMOS QUE GESTIONARON ESTA GRAN ENCUESTA</strong></p>



<p>Más de un organismo gestionó las RGI, a lo largo de los siglos. El Consejo de Indias, lo hizo hasta 1807. El Consejo de Regencia y las Cortes Generales de Cádiz, entre 1808 y 1815. Sin duda, el gran protagonista del gigantesco proyecto fue el Consejo de Indias, que, a lo largo del tiempo, buscó siempre información amplia y verídica para garantizar a la administración de Indias suficientes datos para garantizar un buen gobierno.</p>



<p>En las prolijas instrucciones que se enviaban a las distintas autoridades americanas se especificaba, además de la obligatoriedad de contestar con absoluta veracidad, la actualización de los datos, y que los informes “originales” fueran depositados y conservados en las distintas administraciones americanas, remitiendo al Consejo de Indias, copias autentificadas de los mismos.</p>



<p>Los cuestionarios enviados en cada caso son muy diversos en tipología y extensión. Algunos son monográficos y contienen 8 o 10 preguntas, otros, más generales, pueden ser muy extensos, pudiendo llegar a las 355 preguntas. Pero lo más habitual eran cuestionarios de entre 20 y 50 preguntas. Entre estas informaciones en numerosas ocasiones, se solicitaba información cartográfica, elemento imprescindible para conocer y valorar de manera más precisa los diversos territorios.</p>



<p>No cabe duda de que el Consejo de Indias intento colaborar de manera eficaz al mejor gobierno de las Indias a través de un conocimiento exhaustivo de la realidad física, humana y administrativa de la totalidad de los inmensos territorios, hasta los más recónditos.</p>



<p>Los informes fueron siempre cumplimentados “in situ” por competentes autoridades, magníficos conocedores de la realidad, que, una vez y otra y por orden del Rey, actualizaban los datos recogidos para que nunca quedaran obsoletos o falseados por el paso del tiempo.</p>



<p>Esta información fue fundamental para el poder político. Los cuestionarios no fueron contestados siempre, a pesar de la obligatoriedad de hacerlo, pero la información recibida fue cuantiosísima y relativa a la más extensa temática, abarcando prácticamente todo el imperio ultramarino.</p>



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<p><strong>METODOLOGÍA: ORDENANZAS Y LIBROS</strong></p>



<p>En las Ordenanzas de 1573 se describe la formación de los “libros temáticos” en los que se debía organizar la información recibida. Estos libros eran: libro de la cosmografía general ; libro de historia natural; libro de historia moral y sucesos de las India; libro de la república cristiana, en lo temporal, por provincias y núcleos urbanos; libro sobre legislación; libro sobre los oficios públicos; censos urbanos y rurales; libros de hacienda, de funcionarios, de los repartimientos de indios,, de aduanas, de minas, de casas de moneda, de diezmos; libros de censos de demografía; padrón general; y de descripciones geográficas, eclesiásticas y civiles.</p>



<p>En el artículo 61 de estas importantes ordenanzas se especifican las materias que deben ser investigadas y descritas en los diversos apartados informativos para los Libros de cosmografía, hidrografía, historia natural y moral y descubrimientos y conquista, entre otros.</p>



<p>Respecto a la cosmografía, el Rey especifica las obligaciones del cosmógrafo mayor: <em>“mandamos que el que de Nos llevare salario de cosmógrafo(..) haga el planisferio o globo de todas las Indias dividiéndolo en climas, paralelos y meridianos y los dichos climas los continúen con los antiguos y denomine por los mismos nombres”.</em></p>



<p>De igual manera específica la ordenanza en su artículo 15, las materias que deben tratarse respecto a la navegación, tema que interesa especialmente a nuestro tema sobre el clima. Menciona la ordenanza, entre otras, proporcionar información acerca de <em>“la capacidad y seguridad y calidad que tienen los puertos, accidentes de mar, corrientes, reflujos, vientos que corren por él y en que tiempos, huracanes, tormentas y otros peligros”.</em></p>



<p>La veracidad de los datos, exigida al informante, queda claramente expresada en el artículo 76 de la ordenanza: <em>“para hacerse esta descripción universal y particular de la tierra, cierta y precisamente, es menester que se haga por los que tuvieren noticia de ella por vista de ojos”</em>. Es decir, conocedores de la tierra, y además <em>“in situ”</em>, como ya mencionamos.</p>



<p>La completa ordenanza de 1573 consta en total de 135 títulos o artículos que ordenan las cuestiones a investigar, las autoridades obligadas a responder los cuestionarios, la amplitud y extensión territorial de la encuesta, y en definitiva el orden y método de las respuestas.</p>



<p>Nada escapa a la magnífica ordenanza, nada queda al azar; es, sin duda, un magnífico ejemplo de la calidad y veracidad que se persigue con esta gigantesca encuesta. La documentación relativa a las RGI se conserva en su mayor parte en el Archivo General de Indias de Sevilla. La correspondiente a las Expediciones científicas ilustradas, que continuaron la tradición de los cuestionarios de las RGI, en los Archivos de la Marina, y parte de los cuestionarios correspondientes a la primera mitad del siglo XVIII, se enviaron a la Real Academia de la Historia para información de la Historia de América que proyectaba.</p>
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<p><br><br><strong>EL CLIMA EN LAS RELACIONES GEOGRÁFICAS DE INDIAS</strong></p>



<p>En tan colosal esfuerzo informativo no podía estar ausente el clima, elemento de vital importancia para el avance de los descubrimientos, la fundación de ciudades y pueblos, el desarrollo de la agricultura, la vital actividad de las navegaciones y en definitiva la salud humana. Prácticamente el éxito de la colosal expansión dependió del conocimiento de los territorios y del clima imperante en ellos.</p>



<p>Traemos aquí esta información, muy poco explotada por los estudiosos, que consideramos de valor para el estudio de la geografía americana e incluso para el estudio del cambio climático, a través de informaciones fidedignas, recogidas sobre el terreno, en toda la inmensa extensión de la geografía ultramarina, y a lo largo de casi tres siglos, que presenta además un importante valor añadido: la precisa localización del territorio y fecha de la recogida del dato.</p>



<p>La información acerca del clima está incluida, casi siempre, en los cuestionarios relativos a los aspectos geográficos, en los que se solicita <em>“descripción y del territorio, clima, fauna y flora” </em>características. En los cuestionarios de 1556, 1577,1777 y 1812, estos aspectos ocupan entre un 25 y un 34 por ciento de la encuesta. Pero el clima aparece mencionado también en la condición de los puertos y abrigos naturales, vientos, corrientes temporales etc.</p>



<p>El clima está presente también dentro de las RGI, en el análisis de los <em>“riesgos naturales” </em>La necesaria defensa ante la naturaleza desconocida y tantas veces hostil, y la acción del hombre para intentar dominarla, interesa sobremanera a la administración política, porque determina la subsistencia de una población en un lugar determinado de un territorio. La adaptación pasaba siempre por el conocimiento de las posibles catástrofes naturales y la investigación del <em>“temperamento”</em>, es decir su clima, régimen de lluvias o sequias persistentes. Riesgos naturales de carácter geofísicos, como los descritos, relacionados con el clima o la meteorología, pero también geomorfológicos como existencia de terremotos, volcanes y otros accidentes naturales.</p>



<p>Es muy lógico que el clima, la naturaleza y, en definitiva, las características del territorio sean sumamente importantes en esta encuesta. Conocer el territorio americano desconocido, y potencialmente hostil, es tan importante para el poder político como lo es conocer las condiciones de la navegación oceánica que conducen a él, ya que ambas materias dependen en gran medida de la naturaleza, de la incertidumbre de esa naturaleza todavía mal conocida y peligrosa. Por eso. en los cuestionarios de 1604 y mucho mas tarde, en el de1777 se pedía información acerca de hechos catastróficos debidos a fenómenos naturales, por ejemplo <em>“que daños han causado los volcanes” “reventazones y estragos causados por los terremotos”</em>.</p>



<p>En los cuestionarios de 1573 se pregunta directamente por los huracanes, las tormentas y otros accidentes climáticos, y en el de 1812, se pide expresa información acerca de los vientos que azotan las poblaciones, si se experimentan tempestades, turbiones o avenidas, y si hay sequedad persistente o abundancia de lluvias. Otro aspecto importante de información climática en los RGI, es la salud. Para asentar las nuevas poblaciones era importantísima la información sobre el temperamento de la tierra, si era “sana o enferma”. Las ideas humanistas conceden en el siglo XVI gran importancia a la relación hombre- medio: la influencia del clima, las calidades o “temperamento” de las tierras. Todo ello era considerado determinante para la salud.</p>



<p>En el cuestionario de 1604, varias preguntas relacionan clima y salud. Es esta una asociación que persiste hasta los últimos cuestionarios enviados por las Cortes de Cádiz en1812.</p>



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<p><strong>LOS CUESTIONARIOS DE LA ILUSTRACIÓN. LA EXPEDICIÓN DE MALASPINA Y BUSTAMANTE 1789-1794</strong></p>



<p>En los magníficos cuestionarios utilizados por esta gran empresa ilustrada, la más importante expedición marítimo-científica del siglo que recorrerá América desde Montevideo a Alaska y todos los territorios del Pacifico, la metodología utilizada por Malaspina para la redacción de los cuestionarios, pieza clave en su política informativa, se inscribe completamente en la secular tradición de los utilizados por las RGI.</p>



<p>En esta expedición, el clima se contempla en los cuestionarios relativos a las Descripciones físicas: <em>“Periodos regulares de las estaciones, vientos, tiempos lluviosos, tempestades de rayos, granizadas y nieves” “si hay volcanes activos, si se experimentan temblores de tierra”</em>. Y de nuevo la relación clima-salud. En los cuestionarios relativos a urbanismo y demografía, Malaspina pregunta <em>“cuáles son los efectos que produce el temperamento sobre la salud humana, atendiendo a la raza”.</em></p>



<p><strong>LOS CUESTIONARIOS MONOGRÁFICOS</strong></p>



<p>Traemos aquí un cuestionario específico de 50 preguntas, el enviado en 1577, que se centraba de forma monográfica en la investigación de los núcleos urbanos o rurales, fecha de su fundación, demografía, calidad y temperamento de sus tierras, fenómenos naturales catastróficos.</p>



<p>En casi todo el cuestionario, el clima es protagonista, se pregunta si la tierra es fría o caliente; húmeda o seca; de muchas aguas o pocas; los vientos que corren en ella y, cómo no, si es tierra o puerto sano o enfermo, y si enfermo por qué causas. Antes de terminar el interrogatorio, en la pregunta 49, insiste el inquisidor <em>“relatar todas las demás cosas notables en naturaleza y efectos del suelo, aire y cielo que en cualquiera parte hubiere y fuesen dignas de ser sabidas” </em>Este mismo protagonismo del clima se manifiesta en el cuestionario de 1730 y en el único redactado por La Real Academia de la Historia en 1765.</p>



<p>Para terminar, mencionaré el ultimo cuestionario enviado a América. Lo elaboran las Cortes de Cádiz y se envía a América en 1812, poco antes de la Independencia. En este cuestionario final, se mantienen los parámetros generales de todos los enviados para informar las RGI, a lo largo de los siglos.</p>



<p>Esperamos que esta breve aproximación al tema despierte la curiosidad de geógrafos, meteorólogos, etnólogos, urbanistas, y, en general, descubra el interés de esta fuente colosal de información veraz, extensa en su dimensión territorial y localizada en lugar y tiempo exactos, a lo largo de tres siglos, a cualquier investigador de la realidad y la historia ultramarina española.</p>
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		<title>La peste de Justiniano</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-peste-de-justiniano/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Dec 2020 11:57:44 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 67]]></category>
		<category><![CDATA[Rutas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Javier Martínez Sarasate Boletín 67 &#8211; Sociedad Geográfica Española Los caminos de las epidemias Constantinopla, capital del imperio bizantino gobernado por el emperador Justiniano I y su mujer, la [&#8230;]</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/la-peste-de-justiniano/">La peste de Justiniano</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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<p><strong>Texto: Javier Martínez Sarasate<br></strong></p>



<p>Boletín 67 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Los caminos de las epidemias<br><br><strong>Constantinopla, capital del imperio bizantino gobernado por el emperador Justiniano I y su mujer, la emperatriz Teodora, vivía un momento dorado en su política exterior, reflejado en un comercio floreciente. Sin embargo, no todo eran alegrías. En torno al año 541, llega a esta ciudad una terrible enfermedad, posiblemente una de las más devastadoras de la historia, que se extenderá por parte del mundo conocido: la llamada peste de Justiniano. Las murallas de Teodosio II no pudieron proteger a la ciudad de un enemigo desconocido, que las convirtió en improvisadas sepulturas de los cadáveres que se amontonaban en sus calles.</strong></p>



<p>Las imponentes murallas de Teodosio II protegían la ciudad. Tras sus puertas, una bulliciosa urbe con un comercio más que floreciente albergaba a casi medio millón de habitantes en el siglo VI d. C. Sus mercancías, un amplio catálogo de puro exotismo y riqueza: orfebrería, esmaltes, marfiles y sedas, tintes, resina de lentisco, tejidos de lino y algodón, vinos y frutos secos; pero también oro, especias, perfumes, piedras preciosas, maderas finas y sederías orientales, pieles, madera, pescados y miel. Sin embargo, aquel año 536 fue el peor de la Historia para estar vivo. O al menos así lo asegura Michael McCormick, profesor de historia de Harvard, en la revista <em>Science </em>tras investigar y documentar las catástrofes más devastadoras ocurridas en Europa ¿Qué es lo que ocurrió para que McCornick sea tan tajante? Las crónicas de la época dicen que una misteriosa niebla cubrió Europa, Oriente Medio y parte de Asia: <em>“Durante este año tuvo lugar el signo más temible.</em><em> Porque el Sol daba su luz sin brillo, como la Luna, durante este año entero, y se parecía completamente al Sol eclipsado, porque sus rayos no eran claros tal como acostumbra”</em>, escribió el cronista de la época Procopio de Cesarea (500-554 d.C.).</p>



<p>Esta edad oscura, como la llaman los historiadores, fue consecuencia de una pequeña edad de hielo en la que las temperaturas cayeron entre 1,5 y 2,5 grados. A esta fiesta del apocalipsis se apuntó una peste bubónica que asoló el imperio de Justiniano del 541 al 549, con sucesivos rebrotes posteriores. Factores que justifican la afirmación de este historiador de Harvard. Ahora las investigaciones de McCormick desvelan que las nubes negras que cubrieron parte del hemisferio norte no eran sino las cenizas de una enorme erupción volcánica ocurrida en Islandia, e inauguraron lo que sería un gran “periodo negro” en todos los sentidos, que favoreció a su vez la propagación de la terrible pandemia.</p>



<p><strong>LOS PUERTOS Y EL EJÉRCITO, LOS SUPERCONTAGIADORES</strong><strong> DEL SIGLO VI</strong></p>



<p>Pero centrémonos en la tristemente famosa “Peste de Justiniano”, denominada así por aparecer durante el reinado del bizantino Justiniano (527-565), de quien irónicamente tomó su nombre, a pesar de que se contagió y logró vencerla. El bacilo que provocó esta catástrofe fue la misma que devastó el mundo en 1348, la <em>yersina pestis</em>, también conocida como la Peste Negra. Para comprender bien la importancia que tuvo esta enfermedad debemos saber de dónde surgió y cómo afectó al imperio bizantino y a otros pueblos.</p>



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<p>Su origen parece estar en importantes enclaves comerciales del continente africano. Aunque hay teorías que apuntan a Asia y a su expansión por vías comerciales como la ruta de la seda, se sabe por las crónicas de la época que desde ciudades como Rhapta, en Tanzania, que comerciaban con árabes de Yemen, Opone, actual Ras Hafun, Essina y Toniki, en Somalia, fueron azotadas por la peste de Justiniano. De ahí, se trasladó a través de los distintos puertos de las ciudades hasta Pelasio, en Egipto, donde comenzaron los devastadores efectos de la plaga.<br><br>En este momento Bizancio seguía comerciando con África productos de gran valor, como piedras preciosas, marfil, o esclavos, y así el comercio que daba riqueza al imperio fue el vehículo en el que viajó la enfermedad. Según Procopio de Cesarea en <em>Historia de las Guerras I “se propagó en dos direcciones: hacia Alejandría y el resto de Egipto y otra parte fue a sus vecinos los palestinos y, desde allí, recorrió toda la Tierra” </em>hasta llegar a Constantinopla en la primavera del 541 d.C. Posteriormente se expandió por otras zonas como Hispania a través de los puertos del litoral mediterráneo, por las rutas comerciales del Guadiana y del Guadalquivir, y por la Galia a través de la provincia narbonense. En el 542, el historiador Gregorio de Tours narra que la enfermedad llegó al territorio franco por el comercio a través del puerto de Marsella, y de ahí se extendió por toda la Galia e Hispania. Otro sector que se vio afectado fue el ejército, ya que aumentaron el número de bajas debido a la enfermedad; mientras además expandía la acción del virus a las regiones donde combatía.</p>



<p>Empezó a surgir la creencia, desde el punto de vista teológico-cristiano, de que la enfermedad era un castigo de Dios. En palabras de Procopio <em>“Para este desastre, sin embargo, no hay manera de expresar con palabras un motivo ni de concebirlo mentalmente, salvo que nos remontemos a la voluntad de Dios</em>”. Hoy sabemos que el origen de esta enfermedad estaba en la combinación de tres “simpáticos” elementos: las pulgas, las ratas negras y la <em>yersina pestis</em>. La rata negra o rata de los barcos, originaria de Asia, se extendió por el norte de África y las grandes urbes de Europa, y con ella las pulgas que portaba el bacilo asesino.</p>
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<p><strong>UNA PLAGA MORTAL</strong></p>



<p>Este brote de peste asoló al imperio y se extendió más allá durante más de un siglo. La peste llegó a Constantinopla en la primavera del 541 d.C. y se mantuvo hasta el 544 d.C., dejando al imperio en auténtica penuria y desastre, y reduciendo en considerable número a su población. Las estimaciones contemplan una horquilla de 25 a 50 millones de personas fallecidas en todo el mundo, 4 millones en el Imperio Bizantino y el 25% de la población mediterránea.</p>



<p>Los indicios de la enfermedad se mostraban en los cuerpos de los hombres a través de una ligera fiebre, seguida de unos tumores localizados en la zona de la ingle, axila e incluso en la oreja. Seguidamente, algunos padecían delirios y otros entraban en coma, necesitados de cuidados especiales y de alimentación, ya que si no morían de hambre. Sin embargo, tal y como nos dice Procopio, nadie sabía cuál era el mal que lo provocaba, y ante esto <em>“algunos médicos, sin saber qué</em><em> hacer por su desconocimiento de los síntomas” </em>creían que la enfermedad era debido a los tumores de las ingles.</p>



<p>Pasado un tiempo, el número de muertos ascendió tanto que llegó un punto en que las personas no podían enterrar a sus familiares, y los dejaban tirados en las calles. De ese modo <em>“se amontonaron de cualquier manera en las torres de las</em><em> murallas”</em>, que en vez de parecer imponentes, eran testigos de los desgarradores gritos de desesperación de los ciudadanos a los que protegían: se cree que llegaron a morir entre 5.000 y 10.000 personas al día.</p>



<p>Por supuesto, la afectación económica no tardaría en llegar ya que <em>“las actividades</em><em> cesaron y los artesanos abandonaron todos los empleos y trabajos llevados entre manos”</em>, provocando que la economía bizantina sufriera una gran crisis, acentuada por el auto-confinamiento de los sanos para protegerse de los contagios. Tal situación provocó el abandono de los campos y la proliferación de plagas, como la de langostas, que a su vez trajo consigo gran escasez de alimentos. Semejante panorama apocalíptico de oscuridad, peste, muerte, plagas y hambruna no tardó en achacarse a un origen divino, como castigo por los pecados cometidos, según señalaba Juan de Éfeso.</p>



<p>Finalmente, este brote de peste desapareció sin saber un porqué en el 544 d.C., habiendo acabado con un 40-50 % de la población de Constantinopla, llegando a contagiarse al mismísimo emperador Justiniano. Según rumores de la época se creyó que había muerto. Finalmente, el emperador se recuperó dando por terminado ese lapso de tiempo de incertidumbre.</p>



<p>A lo largo de los siglos posteriores, y hasta el s.VIII, se dieron varios rebrotes (en concreto se cree que hubo 22 más) en distintas ciudades. En el 559 en Italia, entre el 570-574 volvió a afectar a Constantinopla, se documenta también en Toledo (573), en el 584 en la Galia, en la zona de la narbonense, y en el 588 la peste asolaba Hispania.<br><br><strong>UN BACILO CON EL QUE CONVIVIMOS DESDE HACE 5.000 AÑOS</strong></p>



<p>Diversos autores de diferentes épocas han descrito esta enfermedad con una gran variedad de adjetivos haciendo referencia a la peligrosidad o a sus efectos. Por ejemplo, San Isidoro de Sevilla empleó el término <em>“inguina”</em>, que significa “golpe recibido en la ingle”, ya que la enfermedad se solía manifestar con bultos o tumores en la zona de la ingle, entre otras zonas. Otros términos utilizados eran <em>“calamitates et miseriae” </em>(desgracia y miseria), <em>“inmisericorditer” </em>(despiadadamente), <em>“pestis assidua” </em>(peste frecuente, continua).</p>



<p>Estudios actuales desvelan que bacilo pudo ser el misma que asoló el mundo en 1348, la yersina pestis, conocida también como Peste Negra. Una investigación de restos funerarios encontrados en Altenerding (cerca de Múnich) ha descubierto dos nuevos datos importantes: en primer lugar, que el alcance territorial de la pandemia parece haber llegado geográficamente más allá de lo que comentaban las fuentes de la época y en segundo lugar, que esta peste que asoló el mundo desde el 542 al 750 era más compleja de lo que parecía con al menos 30 mutaciones nuevas.</p>



<p>Se cree que a nivel mundial pudo acabar con un quince por ciento de la población, las cifras oscilan de 25 a 50 millones de personas, debido a las redes comerciales del Imperio Romano de Oriente. La actividad comercial y la relación económica que existía entre los distintos territorios a lo largo del siglo VI, a través de los puertos y rutas comerciales, provocó que esta peste se extendiera por distintos lugares (primero por África y luego por Europa). El coste de vidas humanas, las consecuencias económicas y la devastación que provocó favoreció el debilitamiento de un imperio del que muchos autores señalan como el fin de una edad Antigua que daba paso a los inicios de la Edad Media.</p>



<p>Se considera que la plaga de Justiniano fue la primera pandemia de peste, sin embargo ha ido reapareciendo a lo largo de los siglos y sigue activa en la actualidad. El mismo bacilo, la “Peste Negra”, reapareció entre los siglos XIV y XVII, matando al 60 por ciento de la población en Europa. A principios del siglo XIX, una nueva oleada de peste dejó 10 millones de muertes, esta vez en la provincia de Yunnan en China. Se fue extendiendo a través de las rutas del opio y del estaño hasta llegar, en el año 1894, a Cantón y Hong Kong. La extensión de la peste continuó por la India en el año 1896, y a través de las rutas comerciales marítimas en el año 1900, ya había afectado a poblaciones de los cinco continentes.</p>



<p>Este bacilo, que ha convivido con los humanos desde hace 5.000 años, ha dejado brotes recientes en India, a mediados del siglo pasado, y en Vietnam durante la guerra (1960-1970). La <em>yersina pestis </em>afecta a casi 3.000 personas en todo el mundo, siendo más común en Estados Unidos, Madagascar, China, India y América del Sur. La forma de contagio sigue siendo a través de las pulgas de roedores, pero con el tratamiento adecuado el 85 por ciento de las víctimas actuales sobreviven a la enfermedad. Sin embargo, en 1995 se descubrió una cepa en Madagascar resistente a los antibióticos. La amenaza continúa.</p>



<p><strong>Para saber más</strong></p>



<p><em>Procopio de Cesarea, Historia de las Guerras, Libro I-II, Guerra Persa, Gredos, Madrid, 2000</em></p>



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		<title>¡Guerra al escorbuto!</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/guerra-al-escorbuto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 29 Dec 2020 11:39:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 67]]></category>
		<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Miguel Gutiérrez Garitano y Miguel Gutiérrez Fraile Boletín 67 &#8211; Sociedad Geográfica Española Los caminos de las epidemias “El escorbuto causó más muertes en alta mar que los temporales, [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Miguel Gutiérrez Garitano y Miguel Gutiérrez Fraile</strong></p>



<p>Boletín 67 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Los caminos de las epidemias<br><br><strong><em>“El escorbuto causó más muertes en alta mar que los temporales, los naufragios, las batallas navales y todas las demás enfermedades combinadas. Los historiadores han aventurado la cifra prudente de dos millones de marineros fallecidos por el escorbuto durante la era de los grandes veleros. Esta época empezó con la travesía de Colón del océano Atlántico y terminó con el desarrollo de la propulsión a vapor y su adaptación a los motores navales, a mediados del siglo XIX. Los marinos lo temían, así como los mercaderes de las Compañías inglesa y holandesa de las Indias Orientales, y, a lo largo del siglo XVIII, también las fuerzas navales de las potencias europeas”. </em>Stephen R. Bown</strong></p>



<p>No era una enfermedad vírica, tampoco estaba causada por una bacteria o por la picadura de un mosquito. Conocida como <em>“la peste de las naos”</em>, se trataba de una avitaminosis tan severa que causaba la muerte a quienes la padecían. Esta es la historia del combate llevado a cabo por médicos y marinos, con sus pasos adelante y sus vueltas atrás, hasta dar con la clave que conseguiría acabar con este mal.</p>



<p>Hoy sabemos que el escorbuto es una avitaminosis debida a la falta de vitamina C. Era común entre los marineros, ya que durante los meses que duraban las singladuras solamente se alimentaban de galletas, carne salada y licor, dieta que repetían por igual los hombres de mar de casi todas las naciones europeas. A pesar de los síntomas definidos (palidez, manchas negras, halitosis, calambres, malestar, encías inflamadas, debilidad, etc.), en el siglo XVIII todavía no había sido identificada como enfermedad. Así que, siempre que un marinero se ponía enfermo durante un viaje, aunque presentara muy diferentes síntomas, se achacaba a la <em>peste de las naos</em>, como se la llamaba entonces.</p>



<p><strong>NARANJAS Y LIMONES EN EL GALEÓN DE MANILA</strong></p>



<p>Refiriéndose a la aportación española en la lucha contra el escorbuto, Agustín Ramón Rodríguez, en un reciente artículo de febrero de 2018, nos cuenta cómo, en 1980, Don Julián de Zulueta y Cebrián, ilustre marino, publicó “<em>La</em><em> contribución española a la prevención y curación del escorbuto en la mar”</em>, que documenta cómo encontró en el Archivo de Indias de Sevilla la sensacional noticia de que el tratamiento con naranjas y limones era habitual a principios del siglo XVII, tanto en el “Galeón de Manila” como en las flotas españolas de aquella época. En concreto, cita que, en la flota al mando de Don Francisco de Tejada de 1617-18, se embarcaron nada menos que 44 fresqueras de “<em>agrios</em><em> de limón</em>”, cinco barriles de dicho “<em>agrio</em>” y una cantidad indeterminada de “<em>jarabe de limón</em>”. Y todo señala que tal práctica era normal, y desde hacía mucho, en los buques españoles que surcaban la “Mar del Sur”. Por otra parte, y en época anterior, sabemos que Pedro García Farfán, nacido en Sevilla en 1532 y muerto en Ciudad de México en 1604, estudió Medicina en las Universidades de Salamanca y Sevilla en 1552, y posteriormente se trasladó a la Nueva España (actual México). Ejerció allí la medicina unos años. A la muerte de su mujer entró en la Orden de los Agustinos, la misma que Urdaneta, con el nombre de fray Agustín Farfán. En 1579 publicó un tratado de medicina donde se recomienda el uso de naranjas y limones para el tratamiento del escorbuto. Como recoge Agustín Ramón Rodríguez González, el descubrimiento probablemente le llegó a través de noticias desde Acapulco, base de partida y llegada del “Galeón de Manila”. La hipótesis más razonable que explicaría por qué, doscientos años más tarde, los británicos Lind y Blane se apropiaran del descubrimiento del remedio, es que los enormes problemas que se derivaban al tratar de conservar los cítricos y otras frutas y verduras frescas durante largas travesías se mostraron bastante complicados, y quizás ello contribuyó a su olvido y abandono.</p>



<p><strong>SIDRA, LA MEDICINA DE LOS BALLENEROS VASCOS</strong></p>



<p>Tenemos también referencias de los balleneros vascos de aquella época, cuya campaña duraba nueve meses. Dos meses de ida hasta las costas de Terranova y otros dos de vuelta. Arrostraban los innumerables peligros que generaba el viaje, incluido el escorbuto, <em>“la peste del mar”</em>. Para una empresa como la ballenera, el barco debía de ir muy bien provisto de alimentos, ya que en El Labrador, excepto pescado, algo de caza o algunas bayas, no había otra forma de conseguir provisiones. Los alimentos y provisiones que llevaban para el viaje consistían en trigo, tocino, habas, arvejas, aceite, mostaza, ajos, vinagre, sal (para la correcta conservación de las vituallas), bacalao, sardinas y bizcocho o galleta (unas tortas duras de harina de trigo, duras, doblemente cocidas y sin levadura que duraban largo tiempo, por lo que se convirtieron en un alimento básico dentro de los buques). Llevaban también abundantes cantidades de sidra o vino. Como el agua no se conservaba adecuadamente, combatían la sed bebiendo sidra en cantidades, al parecer, importantes. La sidra, gracias al proceso natural de la fermentación de la fruta original, mantenía las propiedades de las vitaminas, evitando la ingesta del agua en malas condiciones de salubridad. De este modo, conscientes o no, evitaban el mayor peligro de las grandes travesías marítimas, el escorbuto. La sidra era la medicina de los marineros vascos, la pócima mágica gracias a la cual la tripulación se mantenía sana sin contraer enfermedades como el escorbuto. Las bodegas de los barcos iban repletas de barricas de sidra, y se calcula que cada marino consumía una media de tres litros de sidra al día. Samuel Reason describe el papel clave que tuvo la sidra en el éxito de los marinos vascos en sus campañas como cazadores de ballenas o pescadores de bacalao a lo largo de varios siglos. Así, los marinos vascos, que habían hecho del Atlántico norte «su mar», y dominaron la caza de la ballena durante siglos, en sus travesías no sufrieron de esa enfermedad, ni por lo tanto de sus terribles consecuencias.</p>



<p>Las pruebas de que los balleneros utilizaron sidra para abastecerse en sus viajes a Terranova, están en las barricas encontradas en el pecio de la nao San Juan, descubierta en 1978 en Red Bay, Terranova. Este ballenero, de 200 toneladas, es un ejemplo de los primeros buques de carga transoceánicos que zarpaban del País Vasco hacia Terranova, y un reflejo de la industria marítima vasca de la época. Hundido en las costas de Canadá, en el Labrador, a orillas del estrecho de Belle Isle, Red Bay fue una base marítima para los marinos vascos en el siglo XVI.</p>



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<p><strong>LA HISTORIA OFICIAL DEL COMBATE CONTRA EL ESCORBUTO</strong></p>



<p>¿Cómo pudieron perderse estos conocimientos? Pues porque, citando de nuevo a Agustín Ramón Rodríguez González, <em>“A menudo en la Historia de la Ciencia</em><em> y la Técnica se ha hablado del fenómeno de la “Prisca Sapientia”, o “sabiduría perdida”, de descubrimientos notables realizados en épocas antiguas que, por una razón u otra, se perdieron o pusieron en discusión después, pero que la Ciencia y Técnica modernas han reivindicado”</em>. Esperando que nuevos historiadores abunden en el tema y reivindiquen la aportación oficial de los españoles al tratamiento del escorbuto, vamos a centrarnos a continuación en la “historia oficial”.</p>



<p>Gracias al excelente libro de Stephen R. Bown, “<em>Escorbuto</em>”, hoy nos hacemos una idea del alcance de este mal, que con el tiempo se convertiría en el mayor reto a batir por Inglaterra y Francia, potencias que, a partir de la segunda mitad del siglo XVIII, pugnaban entre sí para lograr la hegemonía de los mares. En este sentido el autor canadiense escribe: “<em>El registro anual de 1763 presentó las</em><em> bajas entre los marineros británicos durante la Guerra de los siete años contra Francia: de los 184.899 hombres enrolados y reclutados para la guerra, 133.708 habían fallecido de diversas enfermedades, principalmente de escorbuto. En comparación, sólo 1.512 hombres murieron en acción</em>”.</p>



<p>Datos como este convencieron a los hombres más influyentes de la Corona Británica de que, para hacerse con el control de los océanos y derrotar a Francia, antes que elaborar estrategias, lograr avances técnicos, promover el valor y entrenamiento de los hombres, había que derrotar al escorbuto. Al final lo lograron y esto, más que las genialidades de Nelson, tan jaleadas, dieron la primacía a la Royal Navy sobre la flota de Napoleón.</p>
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<p><br><strong>LAS PRIMERAS INVESTIGACIONES BRITÁNICAS. EL PAPEL DE LIND</strong></p>



<p>La historia de cómo se llegó a la curación de la <em>peste de las naos</em>, entronca las investigaciones de un cirujano naval británico, James Lind, con el primer viaje de exploración por el Pacífico de ese genio que fue el capitán James Cook. Lind dio con el remedio, consistente en la ingestión de cítricos, aunque no logró lo más importante: perpetuar su hallazgo.</p>



<p>A partir del siglo XVIII el mejor lugar para estudiar Medicina en Gran Bretaña era Edimburgo, pues el centro se nutría de profesores formados en la prestigiosa Universidad de Leiden, Holanda, a la sazón la mejor del mundo. Los alumnos de Edimburgo eran preparados para mantener un activismo científico y un método que era imposible en los meros cirujanos navales. Así que, cuando el joven hijo de unos comerciantes acaudalados de Edimburgo se alistó en 1739 como cirujano en la Marina inglesa, dada su preparación en la capital escocesa, superaba ampliamente lo que se suponía que tenía que saber un mero “saja muñones”.</p>



<p>Porque Lind aspiraba a mucho más que a navegar de batalla en batalla, remendar hombres, verter serrín en los charcos de sangre y mandar abrir escotillas para airear las bodegas. Pero la oportunidad de investigar no se le mostró hasta 1747, cuando fue destinado a un barco, el HMS Salisbury, cuyo capitán, George Edgecombe, era un naturalista reconocido y veía con buenos ojos toda pulsión que pudiera redundar en el avance médico.</p>



<p><strong>EXPERIMENTOS DE ÉXITO, PERO FALTOS DE DEFENSA TEÓRICA</strong></p>



<p>Cuando la nave navegaba por el canal de La Mancha se desató el escorbuto. Lind había asistido a numerosos brotes de la <em>peste de las naos</em>, pero nunca había osado, frente a los habituales capitanes de la Royal Navy, experimentar con las posibles curas. Pero sabía que en esta ocasión la situación era muy diferente: al fin tenía su oportunidad. Con el permiso del capitán Edgecombe, Lind eligió a doce hombres entre los enfermos y los dividió en 6 parejas. A la primera pareja le administró un litro de sidra al día; a la segunda veinticinco gotas de elixir de vitriolo tres veces al día; la tercera pareja engullía dos cucharadas de vinagre tres veces al día; la cuarta recibía un cuarto de litro de agua de mar por día; a la quinta le fue administrada un par de naranjas y un limón diario por cabeza; y la sexta, al fin, debía tomar una pasta hecha a base de hortalizas y vegetales, como ajo, mostaza, etc.</p>



<p>El resultado de este primer seguimiento controlado de la Historia de la Medicina fue sorprendente en el caso de la pareja que tomaba cítricos, pues quedaron restablecidos en un lapso de tiempo corto; también los que tomaban sidra sintieron una clara mejoría. No así el resto, por lo que Lind consignó los resultados en sus informes de cirujano de a bordo. Pero, lo que es más importante, fijó su método cuando inventó el <em>rob</em>, o concentrado de cítricos, que posibilitaba que estos se conservaran durante largas singladuras. Pero cuando tocaba ya la gloria médica, Lind cambió de rumbo.</p>



<p>Dejada atrás la época de la guerra, Lind se estableció en Edimburgo como médico y miembro del Real Colegio de Médicos; su prestigio era grande y trató de engrosarlo publicando en 1753 las conclusiones extraídas en sus experimentos a bordo del Salisbury bajo el título de <em>Tratado sobre el escorbuto, con una investigación</em><em> de la naturaleza, las causas y la cura de le enfermedad, junto con una visión crítica y cronológica de lo publicado sobre el tema.</em></p>



<p>Esa “visión crítica” de los remedios que usaban para combatir al escorbuto otros colegas, al final echó al traste todo el trabajo del escocés. Porque muchos médicos eminentes se sintieron insultados y Lind, para lograr revertir el efecto de sus críticas y quedar bien con todo el mundo, terminó por renegar de sus propios postulados y dar por buenos las curas de otros, que, en realidad no eran tales. Para ello en la tercera edición de su libro, prácticamente se desdecía de todos sus postulados, tirando por tierra el trabajo de años. La valentía que había demostrado en su praxis médica, no la mantuvo a la hora de defender su trabajo, así que este quedó como uno más entre otros. Al menos fue nombrado Jefe Médico del Royal Naval Hospital de Haslar, el más prestigioso del país, pero aquí acaba su aportación en la guerra contra el terrible escorbuto.<br><br><strong>EL IMPORTANTE PAPEL DE COOK Y SU ENDEAVOUR</strong></p>



<p>El siguiente asalto de esta lucha por atajar el mal, se lo debemos al prestigioso explorador y navegante James Cook, elegido por la Corona británica para comandar un viaje de exploración al Pacífico. Hoy sabemos que Cook, hasta que fue asesinado por los nativos de Hawai, navegó durante once años, llenando casi todas las áreas desconocidas que quedaban en las cartas navales. Su papel en esta historia tuvo lugar en su primer y más productivo viaje (1768-71) que le llevó a dar la vuelta al mundo a bordo del mítico barco <em>Endeavour</em>, además de explorar Tahití, Nueva Zelanda y la costa este de Australia.</p>



<p>Cook, que, dada su larga carrera marítima, conocía muy bien los efectos del escorbuto, estaba decidido a minimizar lo máximo posible las bajas por esta y otras enfermedades. Dio órdenes estrictas en el plano de la higiene, y encargó probar una serie de antiescorbúticos al naturalista y botánico de la expedición, el aristócrata Joseph Banks. Educado en Eton y Oxford, centros elitistas por antonomasia, Banks basculó pronto hacia la botánica, la ciencia que más le interesó, junto a la geografía; era un admirador sin condiciones y amigo de Linneo, y embarcó en el <em>Endeavour </em>al sueco Solander, uno de los alumnos del botánico de Uppsala, para que le sirviera de ayudante. Juntos dieron al primer viaje de Cook una dimensión científica que no tuvieron los otros dos. Descubrieron y trajeron a Europa numerosas plantas desconocidas, como el eucalipto, las mimosas, las acacias, etc., tantas que Linneo denominó un género vegetal como <em>banksia</em>, en honor al inglés. También se le debe a Banks el nombre que Cook le puso a una de las bahías exploradas en el oriente australiano, <em>Botany bay</em>, o <em>Bahía de los botánicos.</em></p>



<p>El último viaje de exploración que realizó, al que también le acompañó Solander, fue a Islandia, aunque después prefirió, como rico y baronet que era, dedicarse a la planificación de expediciones. Joseph Banks llegó a ser Presidente de la Royal Society, y fundador y presidente de la African Association. Y, como tal, cerebro planificador e impulsor de las más prestigiosas expediciones de exploración por todo el mundo. Fue el responsable del envío de toda la saga de pioneros a cartografiar el curso del río Níger, una auténtica epopeya. Y también parten de él otros viajes famosos, como el llevado a cabo por Franklin al Ártico en busca del paso del noroeste, que acabó en desastre, y el del capitán William Bligh en busca del árbol del pan, que terminó en el muy literario y cinematográfico <em>Motín</em><em> del Bounty.</em></p>



<p>Cook había ordenado a Banks embarcar todos los remedios con que los distintos médicos trataban el escorbuto, entre los que sobresalían la col fermentada y el <em>rob </em>de Lind, que el botánico guardaba bajo llave en una alcancía. Cuando, tras dejar atrás Tahití, se declaró a bordo el escorbuto, Banks aplicó los distintos productos con un resultado mediano. Los hombres, a los que no se perdía ocasión de alimentar con verduras frescas en las recaladas que se hacían, se mantuvieron con vida que no es poco. Banks, que también estaba enfermo, tal vez por intuición, probó el <em>rob</em> consigo mismo, por lo que se repuso del todo al poco tiempo.<br></p>



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<p><strong>EL ELIXIR MILAGROSO DEL ROB DE CÍTRICOS</strong></p>



<p>La puntilla al escorbuto, al final, se la dio un caballero y médico formado en Edimburgo llamado Gilbert Blane. Elegido médico jefe de la flota británica, aplicó las recomendaciones higiénicas de Cook y Lind, y, lo que supuso el mayor avance, ordenó embarcar en todas las naves el milagroso elixir del <em>rob </em>de cítricos. Gracias a ello, a principios del siglo XIX, los británicos, que minimizaron las tremendas bajas que producía la <em>peste de las naos</em>, pudieron imponer el bloqueo naval a los franceses y derrotar a Napoleón, cuya flota seguía padeciendo la enfermedad. Como dijo el explorador S.R.Dickman –frase recogida por S.R.Bown en su obra- “se puede afirmar que el Imperio británico nació de las semillas de los cítricos”</p>
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		<title>Las enfermedades que vinieron de América: la sífilis</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/los-caminos-de-las-epidemias/</link>
		
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		<pubDate>Tue, 29 Dec 2020 11:17:08 +0000</pubDate>
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<p><strong>Texto: Pedro Páramo<br></strong></p>



<p>Boletín 67 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Los caminos de las epidemias<br><br>Algunos códices mexicanos prehispánicos mencionan grandes epidemias en el continente americano antes de la llegada de los españoles. La súbita desaparición de centros urbanos como Tula, Aztlan o Tikal siglos antes del Descubrimiento la atribuyen los expertos a diversas enfermedades descritas en los textos indígenas “como grandes pestilencias” o “dificultades para respirar”, que acabaron con culturas cuyo verdadero final sigue siendo un misterio. Análisis realizados en momias y tejidos precolombinos registraron entre los indios indicios de tuberculosis, histoplasmosis, leishmaniasis, enfermedad de Chagas, salmonelosis, infecciones provocadas por estreptococos y estafilococos, amebiasis y tétanos, enfermedades casi todas conocidas en Europa. Fueron pocas las enfermedades americanas que sufrieron los españoles recién llegados y, desde luego, causaron entre ellos menor mortandad entre los colonos que las que habían traído de Europa. La menor morbilidad entre los indígenas se debía a dos causas principales, según los expertos: por un lado, la menor población que la de la zona de euroasiática dificultaba la mutación de los virus, y por otro, la casi total ausencia de animales domésticos entre los indígenas no dio lugar a los saltos de los gérmenes patógenos del ganado a los humanos como había ocurrido en Europa y Asia a lo largo de los siglos.</p>



<p><strong>UNA ENFERMEDAD</strong><strong> ENDÉMICA EN EL NUEVO CONTINENTE</strong></p>



<p>Pero existía en América una enfermedad endémica que trajeron los españoles que pronto se extendió por todo el continente europeo y luego pasó a África, Asia y las islas del Pacífico: la sífilis. Desde su aparición en España, Italia y Francia en el siglo XVI hay científicos que aseguran que esta enfermedad, causada por la bacteria <em>Treponema pallidum pallidum</em>, ya era conocida por los europeos siglos antes del Descubrimiento. Basan esta afirmación en testimonios ambiguos de la Antigüedad y en los estudios de restos óseos sifilíticos encontrados en varios puntos de Europa, como los hallados entre las ruinas de Pompeya, del año 79, o en Londres, datados por el carbono 14 entre los años 1200 y 1450. La polémica permanece abierta, aunque análisis recientes han descartado la presencia de restos de sífilis en aquellos esqueletos europeos examinados y existen pruebas inequívocas de la existencia de sífilis en huesos incaicos.</p>



<p>Algunas variedades del género de las treponemas que causan en los humanos otras enfermedades similares de menor gravedad, como pian, bejel o pinta, y con distintas formas de transmisión, también intervienen en la discusión, aunque parecen igualmente de origen americano. Hay quienes consideran posible que las treponemas americanas acentuaran su virulencia entre los españoles y europeos sin defensas inmunitarias contra ellas, como ocurrió con los agentes patógenos llevados por los españoles, o que una posible mutación de las de las cepas originarias diera lugar a la causante de la sífilis.</p>



<p>De lo que no hay duda es que las primeras descripciones incuestionables de esta enfermedad, de sus efectos y de la forma en que se transmite mediante las relaciones sexuales, se deben a los primeros cronistas de la presencia española en América. Ya en 1493 el médico de Cristóbal Colón, Diego Álvarez Chancas, detalló los primeros casos de sífilis (que él llama “mal de bubas” y los indígenas púa), e informó de que los indígenas utilizaban el guayacán o palo santo para su tratamiento. El mal de bubas llegó a España en 1493 a través de un piloto de los Pinzón, según advirtió Ruy Díaz de Isla, médico andaluz que ejercía en Barcelona en 1493, y es autor del primer tratado contra la enfermedad, que él denomina “mal serpentino”.</p>



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<p><strong>EL “MAL DE BUBAS” SE PROPAGA POR EUROPA</strong></p>



<p>Después de aparecer en España, propagaron la dolencia por Europa los soldados que intervinieron en la guerra hispanofrancesa de 1495 a 1498 por el dominio de Italia, y de ahí que se bautizara como “mal gálico”, “mal francés” o “mal de Nápoles”. En 1530, el médico veronés Girolamo Fracastore fue el primero en llamarla sífilis, por el pastor Syphilo, castigado por el dios Apolo a sufrir una enfermedad por haber blasfemado contra el dios Sol. Sobre la posible presencia de esta enfermedad en Europa antes del descubrimiento de América, el cronista y naturalista Gonzalo Fernández De Oviedo, que vivió muchos años en Santo Domingo, dice en su libro “La Historia Natural de las Indias” de 1535: <em>“Muchas veces en Italia me reía oyendo a los italianos decir el mal francés y a los franceses llamarle el mal de Nápoles. Y en la verdad, los unos y los otros acertaren el nombre, si le dixeran el “mal de las Indias” así por la tierra donde natural es esta dolencia, como por las indias mujeres de estas partes.”</em></p>
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		<title>La Sevilla de Magallanes</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-sevilla-de-magallanes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 04 Dec 2019 12:51:00 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 64]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Lola Escudero Boletín 64 – Sociedad Geográfica Española La primera vuelta al mundo A principios del siglo XVI, cuando Magallanes llegó a Sevilla para preparar su expedición, la ciudad [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Lola Escudero</strong></p>



<p>Boletín 64 – Sociedad Geográfica Española</p>



<h2 class="wp-block-heading">La primera vuelta al mundo</h2>



<p><strong>A principios del siglo XVI, cuando Magallanes llegó a Sevilla para preparar su expedición, la ciudad ya era la capital no oficial de un nuevo imperio. Solo habían pasado 25 años desde el primer viaje de Colón, pero la ciudad se había convertido en el centro del mundo. Situada en el Guadalquivir, era ya importante desde tiempos musulmanes, estaba bien comunicada con el resto de la península y lo bastante lejos de la costa como para dar abrigo a los barcos. Reunía las mejores condiciones para convertirse en puerta y puerto del Nuevo Mundo.</strong></p>



<p>Ya en tiempos de los Reyes Católicos, Sevilla era la capital del oro que venía desde el Sudán, y se había convertido en el punto clave para la expansión de España hacia el Atlántico. Desde 1482 hasta 1503, la ciudad había conocido una enorme evolución y la Sevilla islámica se transformó velozmente. Se empezaron a abrir espacios en la intrincada red urbana islámica, y la ciudad se transformó en un puerto fluvial, cada vez más centrado en el muelle de las Muelas, las Atarazanas y el Arenal. La riqueza, en forma de oro, plata y diversos productos del Nuevo Mundo, tendría también su reflejo y el Arte y la Cultura nos ha dejado una ciudad increíblemente rica. Este lugar hegemónico se confirmaría definitivamente en 1503, con el establecimiento de la Casa de la Contratación, que convirtió a la ciudad en el centro vital de las expediciones a ultramar y del comercio con las Indias, un monopolio que haría de Sevilla durante años el principal centro comercial de la Europa Occidental.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Una ciudad de aire oriental y gran metropoli comercial</h2>



<p>Cuando Magallanes llega a la ciudad, el 20 de octubre de 1517, tras convencer a la Corona de que hay otra ruta alternativa para llegar a las Molucas, la ciudad lleva ya casi tres siglos siendo cristiana, pero persiste un aire oriental no solo en el aspecto exterior de la ciudad, sino también en la forma de vida de sus habitantes. Su catedral tiene un gran patio con naranjos, recuerdo de la mezquita, y su campanario, la Giralda, en otros tiempos fue el alminar desde el que se llamaba a la oración. Sobrevive la muralla almohade, hay baños públicos, cada vez menos utilizados (los Baños de la Reina Juana y los de San Juan de la Palma todavía estaban de moda cuando el navegante portugués vivió en la ciudad). Y, sobre todo, se mantiene un acueducto islámico que sigue abasteciendo de agua a Sevilla, entrando por la zona oriental de las murallas.</p>



<p>Al mismo tiempo Sevilla está en pleno proceso de transformación. Es una gran metrópoli comercial, con una población creciente que se mueve en nuevos escenarios en torno al Guadalquivir, todos al servicio del Nuevo Imperio al otro lado del Atlántico. Hay que imaginarnos a Magallanes caminando por una Sevilla llena de actividad, transitada por comerciantes de todas las nacionalidades, navegantes, marineros, buscadores de fortuna, pilotos, constructores de barcos, cartógrafos, burócratas, y también por pícaros en busca de una oportunidad, prostitutas y maleantes, que de todo hubo.</p>



<p>Junto al Guadalquivir se construyen barcos adaptados a las nuevas necesidades para cruzar el Atlántico, muy diferentes a los construidos hasta entonces para navegar por el Mediterráneo. Es una ciudad al servicio de su papel como Puerto de Indias, y los escenarios principales están ligados a este fin: la Casa de la Contratación, las gradas de la Catedral donde se realizan los negocios, las atarazanas en las que se construyen las embarcaciones, las nuevas fábricas de porcelana, jabón o alimentos para llevar a bordo… la actividad es desbordante. Como contrapunto está la iglesia, cada vez más poderosa, y encargada de impregnar la ciudad de religiosidad. Por todos lados se construyen nuevas iglesias para inspirar devoción y propagar el pensamiento de la iglesia. Y junto a ellas, los que se enriquecen con este nuevo comercio levantan también sus palacios y casas señoriales, ya de factura renacentista, y algunas de ellas en plazas abiertas, mostrando su poder, en contraste con los antiguos palacios escondidos en callejas y rodeados de jardines para ocultarse a miradas ajenas.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Sevilla en tiempos de Magallanes</h2>



<p>El navegante llegó a Sevilla el 20 de octubre de 1517, después de exponer a Carlos V su propósito de descubrir una nueva ruta de las especies navegando siempre hacia el oeste. En la ciudad encontrará un gran apoyo en sus compatriotas, los cosmógrafos Ruy Falero, Pedro y Jorge Reinel y Diego Ribero, un portugués naturalizado español y al servicio de la Casa de la Contratación, donde colaboraba en el Padrón Real.</p>



<p>La ciudad que se encuentra Magallanes vive una frenética actividad: el Guadalquivir está repleto de carabelas, naos y bateles. Desde la Torre del Oro se controla la actividad del puerto, y también la partida y la llegada de las expediciones oceánicas. Tras ella se carenaban los barcos, aprovechando la bajamar. A pesar de que la ciudad está a muchos kilómetros del mar, es una ciudad claramente oceánica: hay grandes atarazanas, almacenes de pertrechos y mercancías, talleres de calafatería y caballería, fábricas y talleres para abastecer las grandes navegaciones…</p>



<p>En aquellos tiempos, Sevilla tenía más de 60.000 habitantes, aunque es difícil calcularlo porque la ciudad recibía constantemente emigrantes, llegados de todas partes en busca de una oportunidad. Muchos de los extranjeros terminaban asentándose y castellanizando sus apellidos. También llegaban muchos castellanos para buscar fama y fortuna en el Nuevo Mundo. Y no hay que olvidar a los esclavos: miles de esclavos negros o bereberes, comprados en Lisboa, y también esclavos nativos de las Canarias. Quizá también hubo europeos del este, que en la Edad Media eran la mayoría. Quedaban también en la ciudad algunos musulmanes y muchos conversos, que solían ser albañiles o comerciantes. No podían emigrar al Nuevo Mundo, pero algunos llegaban a hacerlo pagando una elevada tasa.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Magallanes instalado en Sevilla</h2>



<p>Imaginamos que Magallanes se movería cotidianamente entre los símbolos del poder de aquella época: el comercial, centrado en la Casa Lonja, el religioso, centrado en la catedral, y el poder real en el Alcázar, donde se encontraba también la Casa de la Contratación. Aquí es donde acuerda Magallanes la compra y preparación de las naves, y el reclutamiento de los hombres que le acompañarán en la aventura. También pasaría mucho tiempo en las gradas de la catedral, donde mercaderes y comerciantes se reunían para negociar las mercancías y utensilios, víveres, aparejos o pólvora.</p>



<p>Le podemos imaginar también caminando por el intrincado laberinto de sus calles más céntricas. Por toda la ciudad había tiendas y talleres a los que iban los marineros y responsables de las flotas antes de embarcarse. Eran tiendas llenas de productos traídos de los rincones más remotos de la tierra. En estas calles se asientan también las colonias de extranjeros (genoveses, florentinos, portugueses, flamencos, sieneses e ingleses) y de nacionales (catalanes, valencianos, burgaleses y vascos) y es notable la presencia de casas comerciales europeas, agrupadas por nacionalidades, que acabarían dando nombre a calles como Alemanes, Génova o Francos.</p>



<p>En el bullicioso Barrio del Arenal, la actividad de los toneleros, carreteros o ballesteros es frenética. En la zona entre la catedral y el Arenal era donde se acumulaban grandes cantidades de aceite en grandes barricas de roble, buenos jabones (Sevilla se había convertido en el principal productor de jabón de Castilla), o toneladas de cereales de los campos de Carmona y Écija, que veían cómo su demanda aumentaba en las Indias año tras año. Sevilla era también la mayor región productora de vino de la península y esta fue otra de las mercancías cuya demanda aumentó con el descubrimiento de las Indias. Eran vinos añejos que aguantaban mucho sin pasarse, por lo que resultaban perfectos para las largas travesías. Gran parte del negocio del vino lo manejaban los genoveses y los florentinos.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Industrias y comercios al servicio del trasiego porturio</h2>



<p>Había por toda la ciudad otro tipo de industrias, todas al servicio del trasiego portuario, como los telares, que trabajaban sin parar para cubrir la demanda, o como la industria del cuero o el comercio del terciopelo, muy activo y dominado por los genoveses. La pólvora se fabricaba en Triana, donde también era importante desde tiempos de los romanos la industria alfarera. En época de Magallanes había cincuenta hornos en Triana que producían loza vidriada, ladrillos, tejas y platos.</p>



<p>Y había otros negocios de importancia creciente, como la impresión y comercialización de libros. Muchos viajeros llevaban consigo ejemplares de las famosas novelas de caballerías, impresas por un alemán instalado en Sevilla, Jacob Cromberger. Los libros podían comprarse en el Arenal o en la calle del Mar (hoy calle García de Vinuesa), que llevaba desde el Arenal a la Catedral.</p>



<p>En estas animadas calles había también sastres, talleres de todo tipo, fábricas de sombreros o de ballestas. Los vendedores de pantalones y chaquetas estaban en la calle Génova, los sombreros y ballestas en la calle del Mar, las gorras y zapatos en las Gradas, los perfumes y adornos para mujeres en la Calle Francos, la ropa interior en la calle Escobar y las armas ligeras en la calle Sierpes.</p>



<p>Y no hay que olvidar todas las industrias auxiliares para la construcción de barcos, como los madereros, o los fabricantes de toneles para almacenar los productos., que estaban sobre todo al otro lado del río, en Triana.</p>



<h2 class="wp-block-heading">Los escenarios sevillanos de Magallanes</h2>



<h3 class="wp-block-heading">La catedral y las gradas</h3>



<p>Con sus siete naves, la catedral de Sevilla era el edificio más grande de Europa cuando Magallanes llega a la ciudad, aunque seguía en obras. Se finalizó en 1606. Levantada sobre la antigua mezquita almohade, en su construcción participaron artistas internacionales de toda Europa. Junto a la catedral, la torre musulmana de la Giralda se había convertido en el campanario donde se tañían las campanas para llamar a los cristianos a la oración.</p>



<p>Magallanes tuvo una intensa relación con la catedral, sobre todo con la Virgen de la Antigua, que despertaba gran devoción entre marinos y exploradores. Ante ella los expedicionarios de Magallanes se postraron antes de partir en 1519, y los supervivientes volvieron a postrarse al regreso del periplo en 1522 “en camisa y descalzos con un cirio en la mano”, según dice la tradición. Una inscripción de bronce en la puerta de la capilla rememora el hecho.</p>



<p>En las gradas de la catedral, en la margen derecha de la actual calle Alemanes, debió de pasar mucho tiempo Magallanes en aquellos dos años de preparación del viaje: estas escaleras fueron el centro de negocios más concurrido de Sevilla, una lonja abierta para comerciantes y banqueros, que se instalaban aquí junto con pequeños tenderos y sobre todo cambistas, muchos de los cuales eran genoveses (antes fueron judíos). Todos ellos desarrollaban una activa vida social y pasaban en las gradas todo el día. Si llovía, se refugiaban en la catedral, e incluso metían allí sus caballos y continuaban los negocios. Por ello, la puerta del Perdón que se alza tras las gradas, se remató, en 1519, con un relieve de la expulsión de los mercaderes del templo, una advertencia para que dejaran de hacer sus tratos en el interior y se limitasen a su exterior.</p>



<p>Hoy es uno de los lugares de Sevilla que menos ha cambiado, y por eso podemos contemplar hoy las mismas escalinatas, rodeadas de cadenas, e imaginar aquí los muchos tratos cerrados en torno al oro, la plata, las sedas, las piedras preciosas, incluso los esclavos.</p>



<p>Pero las gradas eran también el mentidero de la ciudad, en el que se mezclaban pícaros y vagabundos, mancebas, frailes, monjas y cargadores. Tan importante era el lugar, que el ayuntamiento creó el cuerpo de Alguaciles de las Gradas para cuidar este productivo punto sevillano.</p>



<p>Fue también en estas gradas donde acabó en cierta forma la nao Victoria. En 1523 fue subastada y adquirida por el genovés Esteban Centurión, que la empleó después en la navegación de la carrera de Indias, hasta perderse su pista en 1525.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La Casa de Lonja de Mercaderes y el Archivo de India</h3>



<p>En 1572 se construyó una Lonja de Mercaderes para desalojar a los comerciantes de las gradas, y sobre todo del interior de la Catedral. En 1785 Carlos III ordenó convertir la Lonja en Archivo General de Indias. Hoy es el mayor centro de investigación de la conquista de América. El edificio se encargó al arquitecto real Juan de Herrera, y su planta es prácticamente un cuadrado, con un patio interior monumental al estilo del claustro de los Evangelistas del Monasterio del Escorial.</p>



<p>La creación del Archivo General supuso la reunificación de todos los archivos, que hasta entonces estaban repartidos en diferentes enclaves. Aunque el Archivo no existía en la época de Magallanes, aquí se encuentran algunos de los documentos relacionados con aquella epopeya, como la carta que Elcano escribió al emperador Carlos V desde Sanlúcar de Barrameda, el 6 de septiembre de 1522.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Las reales atarazanas</h3>



<p>Son uno de los espacios patrimoniales más interesantes y desconocidos de Sevilla, pese al importante papel que han jugado en la Historia. Cuando Magallanes venía por aquí, era un lugar de construcción de barcos, aunque antes tuvo otros usos: fue la primera sede de la Casa de la Contratación y también aduana e incluso un almacén de mercurio. Se trata de una de las mayores instalaciones industriales de la Baja Edad Media en Europa, solo comparable a las del Arsenal de Venecia en la misma época.</p>



<p>Las Atarazanas eran la mayor construcción del puerto de Sevilla, 17 naves de ladrillo que nacieron como astilleros en el siglo XIII para construir y reparar embarcaciones. Propiedad de la corona, estaban situadas en unos terrenos junto al río, fuera de las murallas de la ciudad, en un arenal cercano a las torres del Oro y de la Plata, y solo a un metro sobre el nivel del agua, para que fuera fácil trasladar las embarcaciones. Hoy solo quedan siete de las 17 naves, en sentido perpendicular al Guadalquivir.</p>



<p>Por estos astilleros pasaron las cinco naves de la flota de Magallanes. Las compró en Cádiz en un estado lamentable, y fueron llevadas a Sevilla para limpiar, reparar, calafatear, emplomar las costuras y embrear sus cascos.</p>



<p>Una curiosidad: las atarazanas sirvieron como escenario para el rodaje del segundo capítulo de la séptima temporada de “Juego de Tronos”.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La Torre del Oro y el Puerto de Sevilla</h3>



<p>Hoy la Torre acoge el Museo Naval de Sevilla, pero, en tiempos de Magallanes, esta antigua torre almohade era un elemento principal del puerto de la ciudad, el lugar desde donde partían y al que regresaban todos los navegantes hacia las Indias. La Torre era el primer lugar al que llegaban los cargamentos de Ultramar.</p>



<p>El puerto fluvial de Sevilla ocupaba hasta el siglo XVIII el Arenal de la ciudad, una enorme explanada entre las murallas y la orilla izquierda del Guadalquivir, y entre la Torre del Oro y el Puente de Barcas que cruzaba a Triana.</p>



<p>Cuando Magallanes vivió en Sevilla, el puerto estaba enormemente concurrido. La salida de las embarcaciones suponía todo un acontecimiento, la industria local vivía volcada en el abastecimiento de los barcos y esto incluía la contratación de tripulación.</p>



<p>Este ambiente dio lugar también a una literatura, la del Siglo de Oro, donde Sevilla aparece como un lugar casi mágico, lleno de pícaros, de bribones y de personas de todas las razas y culturas. Una ciudad cosmopolita que era escala obligada en el comercio entre el viejo y el nuevo mundo.</p>



<p>A primera vista, llama la atención la elección de un puerto a orillas de un río, a 100 kilómetros de la costa, pero existían razones para ello. La costa de Huelva estaba al margen de las principales rutas de comunicación, como el resto de Cádiz, y Sanlúcar en aquellos tiempos era una ciudad pequeña, casi aislada de la península y expuesta a los ataques por mar. Sevilla, sin embargo, estaba protegida, y además llevaba siendo un puerto comercial desde la antigüedad.</p>



<p>Allí, en el puerto, Magallanes pudo abastecerse de provisiones para más de doscientos hombres durante dos años.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Real Alcázar de Sevilla</h3>



<p>Se trata de uno de los palacios en uso más antiguos del mundo, residencia oficial de los reyes desde el siglo X. En sus edificios estuvo la Casa de la Contratación. Aquí se entrevistaron Fernando de Magallanes y el rey Carlos I, gracias a la intermediación de un amigo portugués, Diego Barboza, al que Magallanes conoció nada más llegar a la ciudad, y que resultaría decisivo en sus años sevillanos. Barboza acababa de ser nombrado Teniente de Alcaide del Alcázar, donde era alcaide otro paisano, el aristócrata Jorge de Portugal, que hizo valer su influencia para ayudar a Magallanes a cumplir sus sueños. Este palacio será el lugar donde comienza a gestarse la primera vuelta al mundo. Hay que imaginarse a Magallanes maravillado por aquel extraordinario palacio, y, más en concreto, moviéndose por los edificios donde por entonces deambulaban constantemente funcionarios, caballeros, cosmógrafos, comerciantes y pilotos, interesados, como Magallanes, en los negocios de Ultramar.</p>



<h3 class="wp-block-heading">La Casa de Magallanes</h3>



<p>Cuando Magallanes llega a Sevilla se aloja en casa de su compatriota Diego Barbosa, en la calle de la Borceguinería, actual calle de Maestro Gago.</p>



<p>Desde allí comienza sus gestiones para lograr llegar a la Corte a través de sus compatriotas mejor situados, con los que traza unos lazos muy estrechos, hasta el punto de que Magallanes se casa con Beatriz Barboza, hija de Diego, y tiene dos hijos, Rodrigo y Carlos, que murieron siendo niños.</p>



<p>Toda la colonia portuguesa ayudó a Magallanes a conseguir financiación, a reunir todo lo necesario para dotar a la flota y a llegar a obtener el apoyo del rey. Durante los meses que Magallanes se alojó en la casa de la Borceguinería, esta era una de las mejores zonas de la ciudad, con grandes casas nobiliarias e importantes negocios del gremio de los fabricantes de zapatos (borceguineros), que residieron en la calle hasta el siglo XVIII. Su aspecto actual no tiene mucho que ver con la antigua Borceguinería, que fue mucho más estrecha y tortuosa que la actual Mateos Gago.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Triana y el Puente de Barcas</h3>



<p>Hoy los sevillanos cruzan de una orilla a otra del Guadalquivir con toda normalidad, por sus seis puentes y una pasarela, pero en los tiempos de Magallanes sólo había una forma de cruzar el río: un único puente flotante, formado por barcazas encadenadas entre sí, cerca del castillo de San Jorge. Era también el puente por el que cruzaban los condenados por la Inquisición, camino del Castillo de San Jorge, donde esperaban a que se celebraban los Autos de Fe.</p>



<p>A principios del siglo XVI, el arrabal de Triana era la única parroquia fuera de los muros de Sevilla. Era un barrio en rápido crecimiento en el que vivían sobre todo marineros, junto con alfareros, hortelanos y otros artesanos.</p>



<p>Fue de Triana, concretamente del Puerto de las Mulas, de donde partieron las cinco naves de Magallanes, y a este mismo lugar regresó la nao Victoria un 8 de septiembre de 1522, remolcada río arriba desde Sanlúcar. Este muelle, hoy desaparecido, se encontraba en lo que ahora se conoce como la Plaza de Cuba. No queda en pie nada de aquel lugar que vio partir a los 265 hombres de la expedición. Tanto a la ida como a la vuelta, la tripulación se encomendó a la Virgen de la Victoria en la Iglesia de Santa Ana, gótico-mudéjar, la primera iglesia construida tras la Reconquista de Sevilla, y considerada la Catedral de Triana.</p>



<h3 class="wp-block-heading">Sanlúcar de Barrameda</h3>



<p>En realidad, el origen y destino de la Primer Vuelta al Mundo fueron las playas de Sanlúcar. De aquí partieron el 29 de setiembre de 1519 las cinco naves, concretamente de la zona que hoy se conoce como Paseo Bajo de Guía, en las marismas del Guadalquivir. Hoy el lugar del que partieron aparece señalado con una cita del cronista Antonio Pigafetta: “Desde que habíamos partido de la bahía de San Lucar hasta que regresamos a ella recorrimos, según nuestra cuenta, más de catorce mil cuatrocientas sesenta leguas, y dimos la vuelta al mundo”. En aquellos tiempos, Bajo de Guía era un puerto de pescadores, donde, durante muchos siglos, se había comerciado con pescado y productos marinos. El Sanlúcar de 1519 estaba presidido por el Castillo de Santiago, uno de los edificios más antiguos de la ciudad, que se encuentra junto a la antigua ciudadela de Sanlúcar, y sus muros han conocido a otros personajes ligados a la aventura atlántica como el propio Cristóbal Colón o como Isabel la Católica, de la que se dice que vio el mar por primera vez desde una de sus torres. Otro de los hitos de la ciudad ligados a aquellos tiempos es la Parroquia Mayor de Nuestra Señora de la O, de estilo gótico mudéjar, uno de los monumentos más importantes, donde los supervivientes de la expedición rezaron por primera vez al pisar tierra.</p>



<p>También es especialmente representativo de esta ciudad el Palacio Ducal de Medina Sidonia, en la plaza de los Condes de Nieva, construido sobre la base de un antiguo alcázar musulmán del siglo XI. En su interior se encuentra el Archivo General de la Fundación Casa de Medina Sidonia, uno de los mayores archivos históricos privados de Europa. Gracias a la documentación aquí guardada se puede reconstruir cómo era Sanlúcar durante los tiempos de Magallanes.</p>



<p>En esa época eran también importantes el Convento de Madre de Dios, en pleno centro histórico de la ciudad, vinculado a la Casa Ducal, y la Iglesia de la Trinidad, una pequeña iglesia marinera, una de las primeras edificaciones construidas en el exterior de la muralla que delimitaba la ciudad en el siglo XV. Situada en la ribera de Sanlúcar, frente al Guadalquivir, era un faro y referencia para los navegantes que volvían de Canarias. De hecho, en su interior se conserva un cuadro de la virgen de Guadalupe, patrona de México. También de los mismos años data la iglesia de San Jorge, construida para la comunidad inglesa de comerciantes que vivía en la ciudad. O el convento de Regina Coeli, fundada en el mismo año en el que Fernando de Magallanes partió rumbo al oeste. Esta iglesia es un ejemplo de la influencia recíproca entre la cultura de ambos lados del Atlántico. Su fachada es el modelo con el que se levantaron los conventos femeninos en Latinoamérica.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/la-sevilla-de-magallanes/">La Sevilla de Magallanes</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>La primera circunnavegación</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/la-primera-circunnavegacion/</link>
		
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		<pubDate>Tue, 03 Dec 2019 16:13:39 +0000</pubDate>
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<p><strong>Texto: Lola Higueras</strong></p>



<p>Boletín 64 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>La primera vuelta al mundo<br><br><strong>Se acaban de cumplir 500 años de la salida de la Expedición española al Maluco que, por azar del destino, acabó culminando la Primera Vuelta al Mundo, una de las más importantes gestas de la historia marítima española, que tuvo, como veremos, repercusión mundial. Esta gran aventura marítima se inicia el 10 de agosto de 1519, cuando la flota española zarpa del puerto de Sevilla, pero su origen y sus finalidades geográficas, económicas y políticas, tienen su origen mucho antes, en la rivalidad de los dos </strong><strong>grandes imperios marítimos de la época, España y Portugal, cuya gran ambición era alcanzar las islas Malucas donde se cultivaban las” especias”, más valiosas que el oro en esa época. El reto estaba en dominar estas lejanas islas y controlar el comercio de estos productos naturales.</strong></p>



<p>Españoles y portugueses habían firmado en 1494 el Tratado de Tordesillas, que repartía el mundo por descubrir entre los dos imperios. El Papa Alejandro VI, media y respalda este pacto, por el que se traza una línea imaginaria a 370 leguas al oeste de Cabo Verde. Portugal navegará al este de dicho meridiano, mientras España lo hará hacia el occidente.</p>



<p>Como consecuencia de este reparto, España debe navegar el océano y abordar una total renovación de las técnicas y ciencias de navegación, de los instrumentos, de los buques y de la cartografía: un reto científico y tecnológico de enorme dimensión. El buque, su armamento y su gobierno representan la máquina más compleja que se pueda imaginar en la época, y España ha de desarrollar una ciencia muy puntera para lograr el objetivo de navegar con éxito el inmenso océano. Por eso, algunos historiadores han comparado esta gran gesta española del Siglo XVI con la llegada a la luna en el siglo XX.</p>



<p><strong>LA EXPEDICIÓN AL MALUCO. LA OFERTA DE MAGALLANES AL REY CARLOS I</strong></p>



<p>En 1511, una expedición portuguesa, comandada por Francisco Serrano, llega a Ternate en las Molucas por la denominada “ruta portuguesa”, bojeando la costa africana y navegando entre el laberinto de islas del Índico. Para España era cada vez más urgente encontrar una ruta hacia la especiería navegando hacia occidente, por territorio de influencia española, por eso la propuesta de Magallanes fue tan atractiva para el joven monarca español.</p>



<p>En esta propuesta era esencial la afirmación de Magallanes de la&nbsp; existencia de un paso o estrecho, al sur del continente americano, que comunicaba el océano Atlántico con el llamado Mar del Sur, luego Pacífico, descubierto por los españoles. Tal estrecho permitiría alcanzar las Molucas navegando siempre hacia occidente, por el área de influencia española.<br></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
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<p>Magallanes afirmaba haber encontrado información fidedigna en los archivos portugueses de Lisboa y Oporto, en los que había trabajado secretamente. Sobre todo, afirmaba haber visto representado dicho estrecho en un mapa dibujado por el famoso cartógrafo Martin Behaim, al servicio de Portugal.</p>



<p>El 22 de marzo de 1518, convencido el Rey de la viabilidad del proyecto propuesto por Magallanes, firma con él unas “Capitulaciones”, o contrato, que especifican todas las obligaciones de Magallanes, comprometiéndose el Rey a financiar la expedición: la adquisición de los barcos, su reparación y puesta a punto, todo tipo de enseres necesarios para su armamento, las armas, los víveres, los instrumentos náuticos y la cartografía, y por supuesto los sueldos de las dotaciones. El total del costo se acerca a los 8.700.000 millones de maravedíes, una gran fortuna para la época.</p>



<p>La orden real a Magallanes era muy clara. Magallanes tendría el mando de la flota, pero compartido con Juan de Cartagena, su hombre de confianza en el viaje, y debería navegar siempre a occidente de la línea de demarcación, sin entrar en conflicto con Portugal. Si encontraba el ofrecido paso entre los dos océanos, debía navegar hasta las Malucas, tomar posesión de ellas para el rey de España, y establecer amistosas relaciones con los indígenas, que permitieran a los españoles establecer un fructífero comercio con las preciadas especias.</p>
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<p>A lo largo del viaje veremos cómo Magallanes desobedeció una y otra vez las precisas órdenes del rey de España, sobre todo respecto a las relaciones con las poblaciones indígenas, pero hay que decir que al mismo tiempo mantuvo su lealtad hacia el rey en todo momento, y, al llegar a las islas Filipinas, llevó a cabo solemnes ceremonias de “Toma de Posesión” de esos territorios en nombre del rey de España.</p>



<p>Cinco naos componen la expedición: La Trinidad (Magallanes); La San Antonio (J. Cartagena); La Concepción (G. Quesada); La Victoria (L. Mendoza) y La Santiago (J.Serrano)</p>



<p>Existen dudas acerca del número exacto de hombres que zarparon hacia el Maluco. Las distintas noticias varían entre los 235 y los 265, y yo me inclino por 241, que es el número de raciones calculadas en las Capitulaciones. En esa época tan temprana era muy corriente que las tripulaciones fueran de distintas nacionalidades y esta gran expedición no fue una excepción. Entre los tripulantes, 163 eran españoles y 78 extranjeros: 31 portugueses, 26 italianos, 9 griegos, 5 flamencos, 4 alemanes, 2 irlandeses y 1 inglés.</p>



<p><strong>RUMBO AL ESTRECHO DEL CONTINENTE AMERICANO</strong></p>



<p>La flota con sus cinco barcos zarpa finalmente de Sevilla el 10 de agosto de 1519, pero permanecerá más de un mes en el puerto de Sanlúcar, donde continúa el avituallamiento y el enrole de tripulaciones. Y el 20 de septiembre parte la flota del Maluco rumbo a Tenerife, donde realizan una primera escala.</p>



<p>Los roces y enfrentamientos de los capitanes españoles con Magallanes son continuos, ya que les niega una y otra vez información sobre la derrota, y, por fin, frente a Guinea, Juan de Cartagena reprocha a Magallanes su incomprensible derrota bojeando África, pidiéndole explicaciones. Magallanes lo acusa de insubordinación, lo releva del mando y lo manda detener, iniciando así una serie de acciones que ponen de manifiesto su carácter despótico y soberbio, que eleva al máximo la desconfianza de los mandos españoles.</p>



<p>El 13 de diciembre de 1519 recalan las cinco naos en Río de Janeiro. Allí se aprovisionan de víveres frescos y agua, y continúan bojeando la costa de América del sur, siempre en busca del ansiado paso. En el puerto de San Julián se producirán gravísimos acontecimientos.</p>



<p>Los tres capitanes españoles, Mendoza, Quesada y Cartagena, encabezan junto a otros 44 tripulantes, entre ellos Elcano, un levantamiento contra Magallanes por esconderles la derrota, en contra de las órdenes expresas del rey. La represalia de Magallanes es terrible. Los tres capitanes y 15 de los conjurados son condenados a muerte, condena que Magallanes no cumple por no poder prescindir de tantos hombres experimentados en las próximas singladuras. Pero a Mendoza y a Quesada los manda descuartizar para ser abandonados en la costa, sin enterrar. Juan de Cartagena y el clérigo Sánchez de la Reina son abandonados en esa salvaje tierra, castigo cruel, peor que la muerte. Al gran astrónomo Andrés de San Martin le aplica el terrible castigo de la “garrucha”, al que sobrevivió de milagro, y mandó descoyuntar al piloto Hernando de Morales, que falleció durante el brutal castigo. Actos de suprema crueldad de Magallanes con los que, sin duda, quiso aterrorizar a las descontentas tripulaciones para someterlas a su disciplina.</p>



<p>La nao Santiago naufraga explorando el peligroso estrecho recién descubierto, aunque se salvan sus tripulantes, y el 26 de agosto de 1520, los cuatro barcos supervivientes quedan inmovilizados por furiosos vientos huracanados y terribles temporales, que a punto están de dar al traste con las naos.</p>



<p>Antes de alcanzar la salida del Estrecho hacia la Mar del Sur, el portugués Esteban Gómez, enemigo de Magallanes, encabeza un motín. Toda su tripulación deserta y emprenden el tornaviaje por el Atlántico, llegando a Sevilla el 6 de mayo de 1521.</p>



<p>El 27 de noviembre de 1520 nuestros expedicionarios avistan por fin la Mar del Sur, tras haber navegado 600 kilómetros por el interior del laberíntico estrecho. Las grandes tempestades, la falta de víveres y los muchos hombres enfermos aconsejan regresar a España. Pero Magallanes, que cree estar ya cerca de las Molucas, decide continuar. La realidad, sin embargo, es muy distinta: el Pacifico es un océano gigantesco, y la distancia real que los separa de las míticas islas es de 18.000 kilómetros, extensión inmensa para estos pobres navegantes enfermos y hambrientos.</p>



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<p><strong>LA LLEGADA A LAS ISLAS FILIPINAS Y SUS CONSECUENCIAS</strong></p>



<p>Las naos tardarán tres meses y veinte días en navegar esta derrota interminable hasta las Filipinas. El hambre es tan terrible que los desgraciados tripulantes llegan a comer cuero reblandecido en agua de mar y ratas. Muchos salvaron la vida gracias a esta repugnante comida. Hoy se sabe que las ratas sintetizan en su organismo la vitamina C, la gran carencia que causaba el escorbuto a los navegantes.<br>El 6 de marzo de 1521, en calamitoso estado y como por milagro, las tres naos arriban a la Isla de Guam, actual Archipiélago de las Marianas. Magallanes, en represalia a los constantes robos de los indígenas, ataca con gran violencia sus poblados, quema casas y embarcaciones y roba cantidad de víveres, contraviniendo de nuevo las explícitas ordenes del rey Carlos I.</p>
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<p>El 9 de marzo Magallanes ordena zarpar, avistando Samar, en las Filipinas, y el 28 recalan en Mássawa, al sur de Leyte, donde Magallanes lleva a cabo una aparatosa “Toma de Posesión” en nombre del rey de España, igual que en Cebú, mostrándose satisfecho con lo que interpreta como amistosa actitud de los indios.</p>



<p>Pero la llegada a Mactan pone de relieve que esta aparente amistad es muy precaria. El cacique Lapu-lapu pone de manifiesto que no está dispuesto a someterse a los deseos mesiánicos de Magallanes, y mucho menos a rendir pleitesía al rey de España. El colérico Magallanes reacciona con gran violencia e incendia la aldea, pero ha menospreciado en su cólera la fuerza defensiva de Lapu-lapu, y, en la medianoche del 26 al 27 de abril de 1521, ataca con 60 hombres de sus menguadas tripulaciones a las poderosas fuerzas reunidas por los indígenas, que se estiman en más de 1.500 hombres. En este desigual combate muere Magallanes por las flechas envenenadas de los indios, que lo rematan después a machetazos. Lapulapu se niega a entregar su cadáver a los españoles, y no se sabe nada más sobre el destino final de su cuerpo destrozado.</p>



<p>En fin, se trata de una tragedia de proporciones inmensas, que acaba además con el prestigio de los españoles y su fama de invencibles. Carvalho toma el mando de la Trinidad y de la expedición, Gonzalo Gómez de Espinosa el de La Victoria, y J.S. Elcano el de la Concepción, que por su mal estado y falta de tripulación ha de ser incendiada. Solo sobreviven, en total, 108 hombres.</p>



<p>El 21 de junio de 1521, fondean frente a la ciudad de Brunei, una impresionante ciudad gobernada por el rey Siripada, de religión musulmana, hombre inteligente y culto. Las relaciones con dicho rey son cordiales, pero Carvalho, capitán de la Trinidad, resulta ser un traidor y ha de ser sustituido en el mando por Gómez de Espinosa. Elcano, que goza del aprecio de sus compañeros, es nombrado “de hecho” nuevo Capitán General de la menguada escuadra.</p>



<p><strong>POR FIN, EN LAS MALUCAS</strong></p>



<p>El 8 de noviembre de 1521 los dos maltrechos barcos anclan en la isla de Tidore, en las Malucas, objetivo principal de la expedición. Por fortuna para nuestros desgraciados navegantes, el rey de la isla, Almanzor, colabora, y les proporciona gran cantidad de especias, sobre todo, clavo, nuez moscada y jengibre.</p>



<p>En Tidore, nuestros navegantes viven tiempos felices, en paz con los indígenas, bien alimentados y acopiando grandes cantidades de las preciadas especias. Pero tanta felicidad no puede durar: están en zona de influencia de los portugueses, quienes, al parecer, vigilan desde hace tiempo la pequeña expedición española, alertados por algún reyezuelo indígena.</p>



<p>Apenas zarpan del puerto de Tidore, se descubre una gran” vía de agua” en la Nao Trinidad, que, con las bodegas anegadas y en riesgo de hundirse, debe permanecer en Tidore para ser reparada. Solo cinco supervivientes, entre ellos el otro cronista del viaje, Ginés de Mafra, logran regresar a España en 1527, tras innumerables padecimientos, presos de los portugueses que se habían incautado de importante documentación española: los diarios de a bordo, el diario astronómico de Andrés de San Martín, y quizá el diario del propio Magallanes.<br><br><strong>LA VUELTA A ESPAÑA POR LA RUTA DE PORTUGAL</strong></p>



<div class="wp-block-columns is-layout-flex wp-container-core-columns-is-layout-28f84493 wp-block-columns-is-layout-flex">
<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>Elcano toma entonces su última y trascendente decisión. A pesar de que el rey había ordenado no navegar por aguas bajo control portugués, Elcano, siguiendo criterios estrictamente náuticos, y, teniendo en cuenta también el calamitoso estado de la nao Victoria, decide regresar por la ruta africana, controlada por Portugal, y completar así la vuelta al mundo, aun a riesgo de ser capturados por los portugueses.</p>



<p>El 11 de febrero zarpan del puerto de Balutara en Timor rumbo al Índico. Les espera otra terrible derrota de casi siete meses hasta alcanzar la costa española.</p>



<p>El 9 de Julio de 1522, debido a la precaria salud de la tripulación, Elcano da la orden de recalar en el puerto de la isla Santiago, en Cabo Verde, a pesar del peligro que suponía el establecimiento portugués en esta isla. Elcano cuenta a las autoridades portuguesas que vienen de América, pero que una terrible tormenta los había desviado hasta la costa africana. Sin embargo, la ambición de algunos tripulantes, que intentan vender especias en el puerto, descubre a los portugueses que la Victoria procede en realidad de las Molucas, por lo que tienen que abandonar a toda prisa el puerto para no caer prisioneros, abandonando a los “traficantes codiciosos”, que son apresados inmediatamente.</p>
</div>
</div>



<p>Los pocos supervivientes siguen navegando en condiciones penosísimas, ya que la precipitada salida de Cabo Verde había impedido que se aprovisionaran de víveres y agua. A duras penas navegan hacia las Azores, esquivando siempre a los portugueses, y por fin divisan el Cabo San Vicente, y ya a salvo, fondean en el puerto de Sanlúcar el 6 de septiembre de 1522.</p>



<p>Ese mismo día Elcano, plenamente consciente de la gesta que había culminado, escribe una emotiva carta al rey Carlos V, dándole noticia de la extensa derrota y del éxito total de la expedición, ya que se habían cumplido todos los objetivos del viaje.</p>



<p><strong>LA LLEGADA A SEVILLA: CULMINACIÓN DE LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO</strong></p>



<p>El 8 de septiembre de 1522, la Victoria, remolcada, logra al fin anclar en el puerto de Sevilla, tras navegar 46.270 millas marinas, unos 85.700 km, “circunvalando la redondez del mundo” en palabras de J. S. Elcano, navegando todos los mares y océanos de la tierra.</p>



<p>De los 241 hombres que zarparon de Sevilla, solo 21 habían logrado regresar, 10 españoles, 2 portugueses, 4 griegos y 2 italianos, además de tres indígenas.</p>



<p>El viaje, a pesar de la terrible mortandad, había logrado todos sus propósitos: políticos, geográficos y económicos. Había demostrado que la tierra es redonda, y que está rodeada por mares y océanos navegables. Que existía un paso entre el océano Atlántico y el Pacífico, y un océano inmenso y peligroso que ensanchaba las dimensiones conocidas de la tierra, y alejaba las Molucas miles de millas de las costas americanas.</p>



<p>Importante fue también el éxito económico de la empresa. Con la venta del gran cargamento de especias traído por la Victoria, se recuperó con creces el costo total de la expedición, 8.750.000 maravedíes.</p>
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		<title>La mesa de la Reina Isabel la Católica</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/mesa-isabel-catolica/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 14 May 2019 06:56:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 62]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Pedro Páramo Boletín 62 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; El viaje de los alimentos Donde nunca faltaba el “manjar blanco”. En el Archivo de Simancas se conserva un estadillo [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Pedro Páramo<br></strong></p>



<p>Boletín 62 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; El viaje de los alimentos<br><br><strong>Donde nunca faltaba el “manjar blanco”.</strong><br><br>En el Archivo de Simancas se conserva un estadillo manuscrito de la despensa, y servicio de mesa, de la reina Isabel la Católica en el año 1490. Este documento nos da una idea de qué alimentos llegaban a una mesa real europea, dos años antes de que se iniciara el gran trasiego de alimentos entre el Viejo y el Nuevo Mundo.</p>



<p>Los productos que se mencionan son: harina, bizcocho, vino, vinagre, aceite, pescado salado (probablemente bacalao y arenques), sal, quesos, aceitunas, almendras, lenguados, empanadas de palometas, pámpanos (jureles o chicharros) y atún, congrios, lisas, robalos (lubinas), meros, salmones, agujas, bonitos, calamares, doradas, merluzas, pulpos, pescados escabechados, lamprea, esturión, acedías, ostras, laurel, miel, uvas y albérchigos, huevos, carnes de pavos reales, gallinas, carneros, cabritos, cerdos y terneras, tocino, mostaza y manteca.</p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>Se supone que estos alimentos se completaban con los proporcionados por la caza, el gran elemento de la cocina medieval, como venados, corzos, perdices, faisanes, codornices, conejos, liebres&#8230;Es una despensa limitada para tratarse de reyes, pero contiene casi todo cuanto había entonces en Europa. En cuanto a la forma de cocinar estos alimentos, se mencionan el <em>manjar blanco</em>, muy popular, que al parecer gustaba mucho a la reina y que serviría a los naturalistas españoles para describir las texturas y sabores de algunos productos como la carne de la chirimoya.</p>
</div>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>El maese Ruperto de Nola, el enigmático cocinero del rey Hernando de Nápoles que “compuso” el <em>Libro de guisados, manjares y potajes </em>ha dejado una colección de recetas del siglo XV, entre ellas la del <em>manjar blanco. </em>Hoy se discute la fecha de la primera publicación de esta obra (1477 o 1520), a qué Hernando de Nápoles se refiere, y hasta se duda de que Ruperto existiera, pero en el libro citado se dice que la receta exige cocer una gallina que luego se ha de desmenuzar, en ocho libras de leche de cabras, ocho onzas de arroz, media libra de agua rosada (jugo de pétalos de rosa destilado en alambique) y una libra de azúcar fino.<br>También era aficionada la reina Isabel al <em>manjar real</em>, semejante al <em>manjar blanco, </em>pero hecho con pierna de carnero cocido en agua con azafrán para que salga amarillo y deshilachado, y al <em>mirrauste</em>, salsa que se hacía con almendras tostadas y majadas, mezcladas con miga de pan, una onza de canela (recién llegada de Oriente), todo esto puesto a cocer en agua con trozos de palominos y gallinas asadas que se servía cubierta de azúcar y canela.</p>
</div>



<p>El libro de Ruperto de Nola contiene más de 200 recetas que ilustran con detalle cómo llegaban a la mesa de los reyes, nobles y ricos europeos los alimentos disponibles en el continente en los años inmediatos al descubrimiento de América. Décadas antes los portugueses habían llegado a las Molucas y especias como la pimienta, el clavo, el jengibre y la canela ya formaban parte de la cocina del Viejo Mundo.</p>
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		<title>Recién llegados para quedarse</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/recien-llegados-emma-lira/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 May 2019 15:31:27 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 62]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Emma Lira Boletín 62 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; El viaje de los alimentos No están recién descubiertos, pero sí recién implantados. Su presencia en la dieta española tiene [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Emma Lira<br></strong></p>



<p>Boletín 62 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; El viaje de los alimentos<br><br><strong>No están recién descubiertos, pero sí recién implantados. Su presencia en la dieta española tiene menos de un siglo, y en ocasiones no supera las últimas dos décadas. Puede que llegaran a caballo de modas o envueltos en el aura de sus propiedades benéficas, pero su colonización ha sido efectiva. Ya están aquí.</strong></p>



<p><br>Hay productos que surgen, al filo de una moda o de una eficaz campaña mediática de aparente trascendencia médica, para hacerse con una parte sustancial del mercado en un tiempo record. Ese fue el caso, por ejemplo, de las fugaces bayas de Goji. No nos atrevemos a predecir si el cereal etíope apto para celíacos, el teff, o la cacareada quinoa se enfrentarán al mismo destino, pero lo que sí podemos garantizar es que alguno de estos productos que quizá tan solo el exotismo llevó a nuestras mesas, cruzaron el Atlántico, rompieron la barrera de la dieta mediterránea y del alto pecio al que se comercializaban —el transporte incrementaba sus costes—, y ahora disfrutan de un momento de bonanza, formando ya parte indispensable de la dieta de un importantísimo número de españoles. No están todos los que son, pero demos un repaso a ocho de los recién llegados a nuestras mesas.</p>



<p><strong>KIWI</strong></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>El kiwi no es, al contrario de lo que la mayoría imaginamos, una planta procedente de Nueva Zelanda. De hecho, llegó a la isla oceánica hace poco más de 100 años, procedente de los bosques del valle del río Yangtse, en China. El nombre popular con el que la conocemos sí que le fue dado allí, por su más que cuestionable parecido con el pájaro del mismo nombre. Sus superpoderes, rico en vitamina C y ácido fólico, bueno para la presión sanguínea, el corazón, la diabetes y el desarrollo del cerebro y el sistema inmunitario, avalan una implantación que tiene nombre y apellidos. Manuel Fernández de Sousa, propietario de Pescanova, introdujo su cultivo y comercialización en España, concretamente en su Galicia natal, porque el kiwi, lejos de ser una fruta tropical, se cría preferiblemente en climas fríos y húmedos. En la actualidad Galicia produce unas 20.000 toneladas al año. Nada, comparado con las casi 2.000.000 que acredita China.</p>
</div>



<p><strong>&nbsp;</strong></p>



<p><strong>PAPAYA</strong></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>Pertenece a la familia de las Caricáceas, formada por 71 especies de árboles que crecen en regiones tropicales de África y Sudamérica. La primera mención escrita que se tiene de ella es en la <em>“Historia Natural y General de las Indias” </em>de Oviedo, quien, alrededor del año 1535, en una carta a su Soberano, decía haberla visto creciendo en el sur de México y Centroamérica. Las semillas fueron llevadas a lo que es hoy Panamá y República Dominicana, y se distribuyó rápidamente por todas las Antillas y Sudamérica en los primeros tiempos de la conquista. Rica en hidratos de carbono simples, su valor calórico es bajo. Destaca su aporte de potasio y es una fuente muy importante de vitamina C, que interviene en la formación de colágeno, huesos y dientes, glóbulos rojos, y favorece la absorción del hierro de los alimentos y la resistencia a las infecciones. Su efecto saciante la hace muy valorada en las dietas de pérdida de peso. Aunque originariamente llegaba desde el sur de México, en la actualidad se produce en los países de América del Centro y América del Sur, Africa, Florida, la India y Tailandia.</p>
</div>



<p><strong>AGUACATE</strong></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>Proviene de un árbol <em>(Persea americana) </em>de la familia de las lauráceas. Su origen radica en México, donde parece que se cultivaba ya en 1500 a.C., aunque también en Perú se han hallado semillas en tumbas incas (750 a.C.). La palabra aguacate viene del náhuatl “ahuácatl”. Los españoles que llegaron a América extendieron su cultivo por Guatemala, Venezuela y otros países cálidos. En la actualidad, en España se cultiva en Andalucía y Canarias de manera reciente, aunque el Diccionario de Agricultura y Economía de 1842 hace referencia a que, en 1572, ya había aguacates en la costa levantina de Valencia y Alicante. Se utilza sobre todo como alimento en crudo, combinado con otras verduras como ensalada, en cremas y sopas, o en una salsa que llegó hará un par de décadas a España, el ahuacamolli.</p>
</div>



<p><strong>&nbsp;MANGO</strong></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>El árbol que lo produce, la manguifera índica, es originaria del noroeste de la India, el norte de Burma en las laderas del Himalaya, y posiblemente también de Ceilán. Su cultivo se remonta a 2.000 años antes de Cristo, según las crónicas documentadas, aunque se supone que ya era conocido mucho tiempo atrás. La literatura védica está plagada de mitos y leyendas que se refieren al mango. Los chinos fueron los primeros viajeros que lo conocieron, y hacia el siglo XVI era ya un símbolo de estatus en India. Su cultivo era un privilegio de los rajás y nababs. De uno de ellos, Akbar, el gran Moguel de la India del siglo XVI, se dice que plantó un huerto con cien mil mangos. El mundo occidental inició su actual distribución mundial con la apertura, por los portugueses, de las rutas marítimas hacia el Lejano Oriente, a principios del siglo XVI. Los españoles introdujeron este cultivo en Filipinas y, desde allí, a sus colonias tropicales del continente americano, durante los siglos XV y XVI. Y de América vuelve ahora a nuestras mesas como una fruta rica en hidratos de carbono, magnesio, vitamina A y C y potasio, necesario para la transmisión y generación del impulso nervioso y para la actividad muscular.</p>
</div>



<p><strong><br>LIMA</strong></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>El origen de la lima se encuentra en el sureste asiático, concretamente en Persia y Malasia. Desde estos países se extendió su cultivo a todas las regiones con climas tropicales o subtropicales del planeta, llegando a Europa a través de las Cruzadas (siglos XI y XII). Parece ser que su nombre común actual se originó en estas fechas, ya que los persas denominaban “limu” a ciertas especies de cítricos, entre ellos los que conocemos como limones. Los musulmanes, durante su dominación de la Península Ibérica, introdujeron ambos frutos es España. La lima no tuvo la misma buena aceptación que el limón, pero salió de Europa al gran mundo transportada en los grandes barcos que partían hacia las colonias, pues se conocía que su ingesta combatía enfermedades como el escorbuto. Las vitaminas más abundantes son las del grupo C, tales como el ácido cítrico y otras con acción astringente, así como antioxidante. Su cultivo se encuentra ampliamente extendido en el sureste asiático, en la India, en el continente americano, especialmente las islas y costad del Mar Caribe, incluido México, también en Brasil, así como en Sudáfrica. Hoy en día es ya una especie frecuente en huertas del sur y levante español.<strong><br></strong></p>
</div>



<p><strong>YUCA O MANDIOCA</strong></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>La evidencia más antigua del cultivo de la mandioca proviene de datos arqueológicos que nos hablan de su cultivo en Guatemala hace 4000 años, uno de los primeros cultivos americanos. Recientes investigaciones demuestran que fue el complemento alimentario de los mayas, el que les permitió sostener poblaciones muy numerosas, sobre todo durante el periodo clásico, y muy particularmente en la región sur de Mesoamérica. Su raíz posee un alto contenido calórico. Con ella se prepara una harina muy nutritiva, en forma de torta redonda, parte importante de la dieta en las diversas poblaciones que viven en la región maya, y también en la cuenca del mar Caribe. Tal fue su importancia que se han encontrado vasijas y reliquias arqueológicas, dedicadas a este tubérculo, hasta en culturas más alejadas, como la Moche de Perú. La llegada de Cristóbal Colón en el siglo XV abrió las puertas del mundo a este alimento. De Europa saltó al África y Oriente. Actualmente la mandioca es una de las especies más consumidas. Aún hoy continúa siendo la base de la alimentación de más de 800 millones de personas; siendo el cuarto cultivo más importante en los países en vías de desarrollo y el séptimo de todo el mundo y proporcionando ingresos económicos a millones de personas.</p>
</div>



<p><strong>CHIRIMOYA</strong></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>La chirimoya tiene su origen en la cordillera de Los Andes, concretamente en lo que en la actualidad serían países como Perú y Ecuador, aunque algunos historiadores amplían la zona a Colombia y Chile. Los onquistadores españoles la denominaron “manjar blanco”, debido a su dulzura, aunque el nombre con el que se conoce en la actualidad proviene del quechua chirimuya o “semillas frías”. Su importancia llegó a ser tal que en tumbas peruanas de época prehistórica se han encontrado vestigios en forma de jarrones de terracota que recrean la silueta de una chirimoya. Tras el descubrimiento del Nuevo Mundo, los españoles la llevaron hasta las mesas de Europa, África y Oriente. En la actualidad España es su primer productor mundial, con casi 3.300 hectáreas cultivadas en el sur de la Península Ibérica (Granada y Málaga), que producen cerca de 30.000 toneladas anuales destinadas al mercado nacional.<br></p>
</div>



<p><strong>ÑAME</strong></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>Ñame (del fulani, nyami, comer) es el nombre que reciben loe tubérculos comestibles del género Dioscorea, un arbusto trepador oriundo de las zonas cálidas y húmedas, que se cultiva desde hace miles de años en África, en Asia del Sur y en las islas del Pacifico. Se prepara de maneras muy variadas, asado, al horno, frito, en puré, sopas y potajes, ahumado o como postre. Es el alimento principal de algunos pueblos, como los Igbo de Nigeria. Su principal producción se da en África del Oeste. Los tubérculos se pueden almacenar durante más de seis meses sin refrigeración, lo que les hace muy valiosos para poblaciones rurales sin recursos. En la actualidad EE.UU es uno de los principales compradores del mundo y Colombia uno de sus mayores productores. En España se produce principalmente en las islas Canarias, pero casi para abastecer una demanda local que lo considera insustituible, acompañando al pescado, en momentos tales como Carnaval y Cuaresma.</p>
</div>
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			</item>
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		<title>La mesa de Moctezuma</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/mesa-moctezuma/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 13 May 2019 15:06:18 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 62]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Rutas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Pedro Páramo Boletín 62 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; El viaje de los alimentos El soldado cronista de la conquista de México Bernal Díaz del Castillo, en su Historia [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Pedro Páramo<br></strong></p>



<p>Boletín 62 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; El viaje de los alimentos<br><br><strong>El soldado cronista de la conquista de México Bernal Díaz del Castillo, en su <em>Historia Verdadera de la Conquista de Nueva España</em>, testigo de alguno de los banquetes del gran Moctezuma, nos ha dejado una detallada descripción de qué y cómo comía el señor de los aztecas.</strong></p>



<p><strong>&nbsp;</strong><em>“En el comer </em>–escribió Díaz del Castillo– <em>le tenían sus cocineros sobre treinta maneras de guisados a su manera y usanza&#8230; cotidianamente le guisaban gallinas, gallos de papada (pavos), faisanes, perdices de la tierra, codornices, patos mansos y bravos, venado, puerco de la tierra (especie de jabalís), pajaritos de caña, palomas y liebre y conejos y muchas maneras de aves y cosas que se crían en esta tierra”</em>. El convite finalizaba con una exhibición de cuantas frutas había en México, de la que Moctezuma <em>“no comía sino muy poca de cuando en cuando”</em>, y, como colofón obligado, el chocolate: <em>“Traían en una como a manera de copas de oro fino con cierta bebida hecha del mismo cacao </em>–cuenta Bernal Díaz–; <em>decían que era para tener acceso con mujeres”. </em></p>



<p>En un apartado de su <em>Historia General de las Cosas de Nueve España</em>, titulado <em>De las comidas que usaban los señores</em>, fray Bernardino de Sahagún relaciona una gran variedad de tortillas de maíz y tamales (especie de empanadillas de harina de maíz cocidas al vapor) rellenas de verduras, frutas y gallina cocida o asada. Especialidades muy apreciadas por los ricos aztecas eran las cazuelas y potajes con maíces y chiles, unas veces con verduras y semillas como tomates, cacahuetes, granos de amaranto y pepitas de calabaza y otras enriquecidas con carnes, peces, ranas, renacuajos, saltamontes, camarones y gusanos de maguey. No faltaba la estrella final de los convites, el chocolate.</p>



<p>Un manjar habitual en las mesas de Moctezuma y los grandes caciques mexicas era la carne humana. <em>“Oí decir que le solían guisar </em>(a Moctezuma) <em>carnes de muchachos de poca edad </em>–cuenta Bernal Díaz del Castillo–, <em>y como tenían tantas diversidades de guisados y de tantas cosas, no lo echábamos de ver si era carne humana o de otras cosas”. </em>Fray Bernardino de Sahagún relata con detalle cómo, en muy variados acontecimientos, tenían lugar sacrificios de grandes grupos de prisioneros, cuyos cuerpos desmembrados eran ofrecidos a las multitudes presentes para ser llevados a los hogares, y cómo estos restos eran conservados, cocinados y consumidos por la población.</p>



<p>Los historiadores indigenistas, que juzgan con severidad la conquista y colonización españolas con criterios morales de hoy, suelen pasar de puntillas sobre el asunto del canibalismo practicado por numerosos pueblos de América con anterioridad a la llegada de Colón. Si lo mencionan, es formando parte de rituales mágicos o religiosos, como si estas razones fueran más nobles que las puramente nutritivas en un mundo sin apenas ganadería. Para los antropólogos de la corriente del <em>materialismo cultural </em>las razones eran más prosaicas. El antropólogo estadounidense Marvin Harris, por ejemplo, sostiene en su libro <em>Bueno para comer </em>que la finalidad de la guerra dejó de ser en un momento histórico la aniquilación del enemigo y se pasó a aprovechar a los prisioneros para los trabajos de desarrollo y expansión de los imperios con una única excepción: la del canibalismo azteca. Harris opina que el sacrificio y consumo de carne humana no pudo ser suprimido por la clase dirigente de los aztecas como recompensa al ejército por su lealtad, debido al agotamiento de la caza y a la ausencia de grandes animales domésticos.</p>



<p></p>
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		<item>
		<title>Piratas en Mindanao</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/piratas-en-mindanao/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Feb 2019 14:18:33 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 61]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
		<category><![CDATA[Rutas]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Emma Lira Boletín 61 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; Las islas Filipinas y España En el siglo XVI las Islas Filipinas quedaban muy lejos de España. La distancia geográfica [&#8230;]</p>
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]]></description>
										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Emma Lira<br></strong></p>



<p>Boletín 61 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; Las islas Filipinas y España<br><br><strong>En el siglo XVI las Islas Filipinas quedaban muy lejos de España. La distancia geográfica era la misma que ahora, evidentemente, y la emocional seguramente menor, pero las noticias que llegaban desde aquel archipiélago del Pacífico tenían el toque onírico de las leyendas. O al menos contaban con sus mismos ingredientes: botines incalculables, marinos arrojados y feroces piratas.</strong><br><br><strong>Piratas en Mindanao<br></strong><br>Los piratas son, en cualquier océano, y casi en cualquier época,&nbsp; proporcionales a la riqueza que se desplace sobre sus aguas. Por eso en un archipiélago formado por aproximadamente siete mil islotes llenos de esteros, manglares, pasos de arenas cambiantes y calas recónditas y engañosas, era cuestión de tiempo que una población para la que la navegación era algo inherente, optara por buscar opciones más lucrativas que la pesca, el transporte o el pequeño comercio. Quizá los negocios domésticos se hubiesen desarrollado en paz durante los siglos anteriores, pero a partir del siglo XVI, cuando la Administración española puso a Filipinas en el mapa del mundo también sacó a la luz todas sus riquezas. Y con ellas, sus miserias. El galeón de Manila, el emblemático referente de un rico comercio marítimo que se desplazaba de Acapulco a Manila dos veces al año, engrosando las arcas de la Corona española, despertó enseguida las ansias de botín, sobre todo por parte de chinos y de ingleses, pero también las de unos bandoleros mucho más cercanos y, aunque menos experimentados, mucho mejor conocedores del archipiélago: los piratas moros.</p>



<p><strong>LOS PIRATAS MOROS, DUEÑOS DEL MAR DE JOLÓ<br></strong><br>Piratas, porque a eso se dedicaban, y moros, porque así se autodefinían. Aproximadamente un 10% de la población filipina, los musulmanes de Mindanao, Jolo y Palawan, recibe aún a día de hoy, el adjetivo de mora. Esta nación mora englobaba entonces una población híbrida, unos 13 grupos étnicos, descendientes del mestizaje entre chinos, árabes, malayos y, en ocasiones, españoles. Convertidos al Islam durante los siglos XV y XVI, rendían pleitesía a su propio sultán, y su actividad se centraba principalmente en la agricultura, la pesca y la fabricación textil. O al menos así fue hasta que inmensas cantidades de un suculento botín extraído por extranjeros, y con destino a puertos también extranjeros, comenzó a moverse por aquel mar familiar frente a sus ojos.</p>



<p>Las actividades de bandolerismo proliferaron rápidamente, ayudadas por el factor sorpresa y la singular orografía del archipiélago, y, así, las zonas de Mindanao, Joló y Borneo se convirtieron pronto en el coto de caza de los denominados piratas moros, que comenzaron a asaltar las zonas costeras en busca de botín y esclavos, produciendo graves perjuicios a la administración española, y convirtiéndose de facto en los dueños del Mar de Joló durante prácticamente los siguientes 300 años. Los piratas moros tenían sus propias embarcaciones, sus propias armas y su propio modus operandi. Blandían krais, dagas curvas diseñadas para matar; navegaban en proas o garays que podían transportar de 50 a 100 tripulantes, y armaban sus bajeles con tres cañones giratorios que llamaban lantakas. Las proas eran veloces, ligeras y muy ágiles, tan capaces de asaltar buque mercantes, como de desembarcar en zonas costeras en busca de esclavos. Se calcula que, desde el año 1600, los piratas moros esclavizaron así a más de 20.000 cristianos. Muchos de ellos, precisamente, para servir como galeotes a bordo de las embarcaciones de sus propios secuestradores.</p>



<p><strong>LA RESPUESTA ESPAÑOLA</strong></p>



<p>Impelido a hacer algo por la Corona y por los jesuitas, muy influyentes en el gobierno de Filipinas, el gobernador general de la plaza, Sebastián Hurtado de Corcuera, decidió emprender una campaña enérgica contra los piratas del Joló. En el año 1635, y tras 2 años de campañas, consiguió conquistar diversas islas del sur, apoderándose de más de 100 embarcaciones, destruyendo 16 pueblos, y acabando con la vida de unos 600 moros, no sabemos si todos ellos piratas.</p>



<p>En 1638 emprendió su ofensiva más ambiciosa: la conquista de la isla de Joló. Con una escuadra de 80 buques, a bordo de los cuales navegaban unos 600 españoles y 1.000 tagalos, se enfrentó a una isla defendida por más de 4.000 efectivos y a las poderosas murallas de la fortaleza del sultán de Joló. El sitio se saldó con la muerte de 500 moros y 60 hispanos. El sultán pudo escapar, sin embargo, y, como luego pasaría en repetidas ocasiones, aunque los españoles se apoderaran de la plaza, el problema volvería a reproducirse con el tiempo: en cuanto alguien pudiera armar a un puñado de hombres que no tuvieran nada que perder. Sería un par de siglos más tarde, en el año 1848, cuando se planeó una nueva campaña con objeto de terminar con las constantes escaramuzas. La expedición de Balanguingui fue una campaña anfibia, organizada por el gobernador general Narciso Clavería y Zaldúa, para arrebatar a los piratas moros la isla de Balanguingui, en el archipiélago de Joló, utilizada como base para sus actividades de rapiña. Compuesta por 19 buques de guerra la expedición llegó el 12 de febrero a Balanguingui, una pequeña isla cubierta de manglar y selva y defendida por cuatro fortalezas. Eran Sipac, Balanguingui, Sungap y Bucotingol, instaladas sobre precarios bancos de arena y construidas por troncos de árboles, que llegaban a levantar hasta 20 metros de altura. La primera fue tomada tras un desembarco, un bombardeo naval y un asalto. La segunda y tercera solo pudieron ser ocupadas tres días más tarde en un cruento asalto, y una semana después, aproximadamente, las tropas españolas se hicieron con el fuerte restante. La campaña supuso un duro golpe para los piratas, quienes, además de ver destruidas sus fortalezas, se enfrentaron a la pérdida de más de 150 embarcaciones y a la liberación de más de 500 cautivos que mantenían retenidos. Se cuenta que muchos de ellos, al verse perdidos, se lanzaron contra las bayonetas de los sitiadores o sacrificaron a sus propias familias para que no cayeran en poder de los atacantes. Las tropas españolas, por su parte, sufrieron alrededor de 240 bajas, pero, a efectos oficiales, la campaña desplegada había sido todo un éxito, y durante muchísimo tiempo se redujeron en gran manera las actividades de los piratas moros contra las posesiones coloniales hispánicas en la región.</p>



<p><strong>MITO Y REALIDAD DE SANDOKÁN</strong></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>Sandokán, el Tigre de Malasia surgido de la pluma del escritor Emilio Salgari, cuyo rostro se asomó a nuestras pantallas televisivas en la década de los 70, escenificaba la figura del capitán pirata al mando de una tripulación de desharrapados enfrentándose, al final, tanto a la figura del sultán todopoderoso como a la de los colonizadores blancos, en una serie de maniobras híbridas entre el bandolerismo y la lucha antiimperialista. En un momento en que Kipling glosaba a los generales ingleses que combatían la piratería, Salgari tuvo la osadía de crear a un antihéore que se enfrentaba a ellos. </p>
</div>



<p>James Brooke, el “rajá blanco”, su archienemigo inglés en las novelas de Salgari, existió en la realidad. Se llamaba así, vivía en Sarawak en la década de 1840, y dirigía una pequeña armada contra los piratas moros: en 1843 atacó a los bucaneros de Malludu, y en junio de 1847 llevó a cabo una importante operación en Balanini, en la que decenas de proas fueron capturadas o hundidas. Durante una confrontación con seis garays de los illanun en 1862, el capitán y heredero del rajá, John Brooke, hundió cuatro de ellas embistiéndolas con su vapor de cuatro cañones, el Rainbow. Brooke fue un personaje real que combatió la piratería, para salvaguardar sus costas y proteger sus propios intereses comerciales, Y también Sandokán, el mito de Salgari, estaba basado en un personaje real, Carlos Cuarteroni, un marino gaditano que navegó los mares de Filipina y Borneo como explorador, cartógrafo y bandolero, antes de dedicarse a combatir la piratería, y a emplear su propia riqueza para comprar cuantas almas cristianas encontraba en poder de los piratas.</p>



<p><strong>SIGUEN LOS ENFRENTAMIENTOS ENTRE ESPAÑOLES Y PIRATAS</strong></p>



<div class="wp-block-group is-nowrap is-layout-flex wp-container-core-group-is-layout-6c531013 wp-block-group-is-layout-flex">
<p>En este siglo XIX, y ante una amenaza que no cesaba, la Armada española emprendió diversas campañas contra los piratas, atacando los sultanatos que se desperdigaban en torno a Joló que les servían de base. Los enfrentamientos a corto plazo terminaban siempre con victoria española, por su superioridad tecnológica, naval y militar, pero, ante la imposibilidad de mantener guarniciones sobre el terreno, el problema se reproducía una y otra vez. Uno de los hitos más curiosos tuvo lugar en el asalto a Pagalungán. Tuvo lugar en 1859, cuando el gobernador español, ante un rebrote de las razzias moras, organizó una flota para atacar su fuerte, una fortaleza que se consideraba inexpugnable, pues con la pleamar el agua llegaba hasta los muros, impidiendo así un desembarco y el consiguiente ataque por tierra. </p>
</div>



<p>Contra todo pronóstico, los cañones españoles lograron romper las cadenas que cerraban el acceso al río y se dio, entonces, orden a la goleta Constancia de que se lanzara a toda máquina contra la posición, con sus marinos encaramados a jarcias y vergas. Al llegar a las murallas, los hombres de abordaje pasaron del barco al fuerte, unos corriendo sobre tablas tendidas y otros sobre el bauprés, ante la sorpresa de los defensores moros, que veían como la misma naturaleza que garantizaba su defensa se convertía en su perdición. Pagalungán fue tomada y destruida junto con el resto de bastiones y la flota de proas enemigos. Aunque la piratería aún duraría medio siglo más, la Constancia protagonizó así el primer y único caso conocido de abordaje a una posición terrestre.</p>



<p><strong>LOS PIRATAS DEL 2000</strong></p>



<p>Las condiciones orográficas que convierten a un conjunto de siete mil islotes en una base perfecta para dedicarse a la piratería continúan siendo las mismas, y los motivos para dedicarse a ella no han cambiado tanto. En el año 2000, 21 personas fueron secuestradas por el grupo yihadista Abu Sayyaf, en la isla de Sipadan, mientras disfrutaban de una jornada de buceo, para ser rescatados, meses después, en la isla de Joló, base del grupo criminal. En 2013 un turista taiwanés fue asesinado al intentar evitar ser secuestrado junto a su mujer, quien corrió mejor suerte y fue liberada 36 días después. En el año 2016 un turista alemán que ancló su embarcación cerca de la isla donde operan los grupos criminales, fue secuestrado, y, al no obtener por él ningún rescate, fue asesinado. Aunque en los últimos tiempos el secuestro de pescadores malayos y filipinos, así como los asaltos a cargueros han aumentado, los turistas siguen siendo el objetivo principal, tanto por su repercusión mediática, como por los ingresos obtenidos de gobiernos que, como China, pagan los rescates exigidos por los secuestradores. Esta tensa situación provocó, ya en el año 2013, la creación del ESCOM, un grupo de vigilancia formado por militares malayos, filipinos e indonesios, tres países que se han tomado muy en serio este problema, ya que afecta directamente a su economía. La creación de este cuerpo supone que los militares de los tres países trabajen de forma coordinada, compartiendo patrullas, vigilancia e inteligencia, pero también implica dejar de lado ciertas rencillas históricas, y permitir que las fuerzas marítimas de cada uno de los países implicados tenga poder para actuar en las aguas jurisdiccionales de los otros, algo mucho más fácil sobre el papel que en la práctica.</p>



<p><strong>LA PRESENCIA DEL YIHADISMO</strong></p>



<p>Por otra parte, el botín que los piratas que operan en los mares de la zona buscan obtener en la actualidad tiene más que ver con intereses políticos que con simples riquezas. Desde reivindicaciones territoriales, como quien ostenta la soberanía de Sabah, hasta las guerrillas islamistas, la más violenta de las cuales, Abu Sayyaf, busca crear su propio sultanato en Mindanao, y ha llegado a jurar lealtad al Estado Islámico. Pese a la declaración de intenciones del gobierno filipino, dispuesto a distanciarse de esta influencia y a combatir el yihadismo en sus costas, es innegable que desde marzo de 2016 se ha registrado una oleada de incidentes de secuestros extorsivos en esas aguas, especialmente, frente a la costa oriental de Sabah. Los ataques, atribuidos al grupo extremista Abu Sayyaf, preocupan por la evolución de su modus operandi, que no se limita a asaltar embarcaciones lentas y fáciles de abordar, como remolcadores, barcazas o barcos de pesca de arrastre, sino que se atreven con naves más grandes y veloces. Las acciones comienzan a exceder incluso a las fuerzas de los países implicados, hasta tal punto que Manila ha solicitado recientemente a China y Estados Unidos que contribuyan a la seguridad marítima en aguas internacionales de la región. Los piratas moros, que hace cuatro siglos sembraron el terror en los mares desde su base segura de Mindanao, vuelven a ser parte de la historia de Filipinas. Y ahora, de la presente.</p>



<p></p>
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		<title>Expediciones científicas españolas a Filipinas</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 07 Feb 2019 13:28:09 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: María Dolores Higueras Boletín 61 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; Las islas Filipinas y España El descubrimiento del Pacifico fue una empresa titánica que se prolongó a lo largo [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto: María Dolores Higueras </strong></p>



<p>Boletín 61 &#8211; Sociedad Geográfica Española &#8211; Las islas Filipinas y España<br><br><strong>El descubrimiento del Pacifico fue una empresa titánica que se prolongó a lo largo de cuatro siglos, del XVI al XIX. Este espacio marítimo de navegación peligrosísima, con actividad volcánica, grandes formaciones<br>coralinas, tifones, corrientes y grandes profundidades, será denominado el “Lago Español” por el gran historiador británico Oscar Spate, debido a la importancia y amplitud de las tierras descubiertas y aguas navegadas por españoles.</strong></p>



<p><strong>En efecto, desde que el 29 de septiembre de 1513 Vasco Núñez de Balboa logra atravesar el Istmo de Panamá, y penetra en las aguas de la “Mar del Sur”, España inicia sus prodigiosas y extensas navegaciones en el Pacífico. Así, entre 1520 y 1607, deja reflejada en la cartografía española de la época los más importantes archipiélagos descubiertos en estos años: Filipinas, Palaos, Marianas, Carolinas, Marshall, Gilbert, Galápagos, Revillagigedo, Marquesas, Tuamotú y quizá Hawai, además de Nueva Guinea y Australia. Sin embargo, fue en el siglo XVIII cuando, gracias a los marinos y científicos ilustrados, España escribió una hermosa página de su historia en Filipinas.</strong><br><br><strong>Expediciones científicas españolas a Filipinas</strong></p>



<p>El Galeón de Manila, durante 1565-1815, y la Compañía de Filipinas abrirán nuevas rutas por el inmenso Pacífico, y en esa área transformarán profundamente el comercio en el s. XVIII, siendo España una de las grandes protagonistas de su fomento y desarrollo. Sin duda, la aportación más notable del viaje de Legazpi en 1565 será el definitivo asentamiento español en las Filipinas, que, lejos de ser efímero, durará más de tres siglos, haciendo posible el más extraordinario intercambio de culturas entre Oriente y Occidente. Sin embargo, la gran crisis sufrida por la monarquía española en el siglo XVII, impidió consolidar la gigantesca obra llevada a cabo por España, en el Pacifico en el siglo XVI. De nuevo en el siglo XVIII España vuelve a ser protagonista en el Pacifico y estará en disposición de disputar el imperio marítimo a Inglaterra y Francia.</p>



<p>El descubrimiento del cronometro marino y la nueva precisión y seguridad que proporciona a las navegaciones, dispara las ambiciones de los grandes imperios marítimos de la época para controlar los lugares más estratégicos del Pacífico. Grabado de la corbeta Atrevida, al mando del capitán Bustamante, navegando entre hielos durante la Expedición Malaspina. Dibujo de Brambila. Museo Naval. Madrid. La eficaz renovación de la Armada española, lograda por los Borbones, hará posible que España envíe entre 1735 y 1800 más de sesenta expediciones y comisiones cartográficas a América y Filipinas, destinadas a defender su hegemonía en el área del Pacífico. Así, en la segunda mitad del siglo se cartografiarán, buscando la mayor precisión proporcionada por los nuevos cronómetros marinos, la totalidad de las costas americanas, las Filipinas y otros importantes archipiélagos del Pacifico. En todas ellas, los objetivos políticos, científicos y económicos aparecen estrechamente unidos.</p>



<p><strong>LA EXPEDICIÓN MALASPINA</strong></p>



<p>La mas importante expedición científico-marítima de la época, es sin duda la Expedición mundial de Malaspina y Bustamante 1789-1794. Esta expedición, dotada por la Corona española con medios científicos y humanos excepcionales, llevará a cabo importantísimos trabajos de todo tipo en Filipinas, sin duda el principal enclave estratégico para la Corona en el Pacífico. Los trabajos se llevan a cabo entre marzo y diciembre de 1792, una de las estancias mas largas de la expedición. Diez meses de intensísimo trabajo organizado en comisiones diversas, hidrográficas, botánicas, zoológicas, etnográficas, artísticas y políticas. Los resultados científicos en el Pacífico son abundantes y de gran calidad, aportando el bagaje mas valioso de noticias nunca reunido por ninguna expedición española: Operaciones geodésicas de precisión, levantamientos cartográficos fiables, observaciones astronómicas, mediciones de la gravedad, amplias descripciones de la fauna, la flora y el territorio, recogida sistemática de datos económicos demográficos y documentación muy relevante acerca de las poblaciones indígenas, sus costumbres, creencias y lengua y bellísimos dibujos de todas las tierras visitadas por la expedición, de sus paisajes, sus tipos su fauna y su flora. Los estudios tienen especial relevancia en Humatac (Guahan), Puerto Palapa (Samar), Zamboanga (Mindanao) y Vavao, y en las Filipinas, donde la expedición recala entre marzo y diciembre de 1792. También son especialmente relevantes las visitas a dos áreas estratégicas de gran importancia, Macao, de influencia portuguesa, y Australia, donde se está produciendo el más importante asentamiento inglés en el Pacifico:</p>



<p>En los casi diez meses de trabajos en Filipinas, se llevan a cabo los siguientes trabajos:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>En el Puerto de Sorsogon (Luzón) 12 -22 marzo 1792 &#8211; Reconocimientos y levantamientos cartográficos y observaciones astronómicas.</li>



<li>El botánico Luis Nee desembarca para reconocer durante tres meses la costa sur de Luzón.</li>



<li>En Manila (Luzón) 26 de marzo -15 noviembre 1792</li>



<li>Viaje de la Atrevida a Macao para realizar mediciones y observaciones astronómicas y así mismo contactos políticos importantes. El gran dibujante Brambila acompaña a Bustamante en esta comisión y realiza importantes y bellísimos dibujos de esta importante colonia Portuguesa.</li>



<li>Viaje de la Descubierta a la costa septentrional de Luzón, donde se llevan a cabo importantes trabajos astronómicos e hidrográficos.</li>



<li>Reconocimientos del botánico Luis Nee de las provincias de Albay, Camarines, Tayabas y La Laguna.</li>



<li>Amplios reconocimientos científicos de todo tipo llevados a cabo por Haenke, en la costa septentrional de Luzón, provincias de Ilocos, Papanga, Cagayan y Pangasinan.</li>



<li>Reconocimientos del científico Pineda de la parte central de la isla en compañía de Cuéllar y un joven pintor, hasta Badoc donde muere Pineda, grave percance para la expedición.</li>



<li>Importantes levantamientos cartográficos en Cavite, Bahía de Manila y puertos contiguos, y toda la contracosta hasta la bahía de Albay; y de las costas de Luzón desde la Punta de Bolinao a cabo Engaño. Y de las costas orientales desde Mauban a cabo S. Ildefonso.</li>



<li>Excursión etnográfica de los científicos y dibujantes para estudiar a los “negritos” del Monte de Manila y recoger prolija información de sus costumbres.</li>



<li>Una importante colección de imágenes de gran belleza de las ciudades, los tipos, la fauna y la flora.</li>
</ul>



<p><strong>UNOS RESULTADOS MUY VALIOSOS<br></strong><br>El resumen de resultados de la larga estancia en Manila es una abundante y valiosa información de todo tipo: botánica, litológica, zoológica, etnográfica, artística, económica, hidrográfica y política, que fue enviada a la Península, en remesas ordenadas y clasificadas, indicando en todos los casos con claridad los nombre del autor de cada trabajo y el lugar preciso de cada investigación. Iniciando ya la derrota del tornaviaje hacia Nueva Zelanda, la expedición se detiene unos días en el Puerto de Zamboanga, en la Isla de Mindanao, del 22 de Noviembre al 7 de diciembre. En este puerto se realizan trabajos astronómicos, hidrográficos, botánicos y artísticos muy interesantes. Además se diseñan unas cañoneras para la defensa contra la piratería, gran amenaza en esta estratégica área.</p>



<p>Como en cada escala del viaje, la expedición de Malaspina y Bustamante, por su condición de “Empresa de estado”, con amplios poderes en todos los territorios de la Corona, mantuvo importantes contactos políticos, y recogió documentación de todo tipo, manteniendo intercambios científicos con todas las personalidades más notables de cada campo, tanto en América como en Filipinas. Durante la estancia en Manila recogió mucha información científica, sobre todo de José García Armenteros y de Juan de Cuéllar, relevante científico, comisionado por la Corona en Filipinas y del que hablaremos a continuación. Los botánicos y naturalistas de la Expedición de Malaspina y Bustamante tuvieron una estrecha relación sobre todo con Juan de Cuéllar, que, como ya mencionamos, acompañó a Antonio Pineda, Jefe del Ramo de Historia Natural en su extensa comisión, por el centro de la isla de Luzón; y proporcionó a Malaspina y sus botánicos información muy relevante sobre el cultivo de los arboles de la canela y otras&nbsp; especias de valor comercial. Cuéllar trasmite a Malaspina su opinión de que el cultivo de la canela debe recibir ayudas estatales para mejorar su calidad, y poder competir así con la canela de gran calidad cultivada y comercializada por los holandeses en Ceilán y Batavia, vieja aspiración española que nunca llegó a realizarse.</p>



<p><strong>LA EXPEDICIÓN DE CUÉLLAR</strong></p>



<p>En este contexto de interés por la aclimatación de especies y el fomento de la agricultura en Filipinas, se sitúa la creación de la Compañía de Filipinas, erigida en 1785, que nace con el ambicioso proyecto de la unión entre el comercio de América y Asia. Y que representó un gran paso en el progreso de las Filipinas y mantuvo un activo comercio, sobre todo, entre 1788 y 1795. De acuerdo con el interés ilustrado por la botánica, la Compañía de Filipinas logra que se envíe a Manila al ilustre profesor Juan de Cuéllar, que será nombrado “botánico real” y naturalista de la “Compañía”. Cuéllar llega a Manila con su mujer el 9 de agosto de 1786 tras ocho meses de navegación.</p>



<p>Pronto encamina sus esfuerzos al fomento de los cultivos de añil, pimienta,&nbsp; azúcar, seda, palo del Brasil y arroz, que pretende aclimatar para su cultivo en la Península, y sobre todo a la canela, pieza clave del comercio asiático, en manos holandesas. La “Compañía” adjudica a Cuéllar los terrenos de Malate, a las afueras de Manila, sin acompañarlo de los recursos económicos solicitados por él para establecer su soñado Jardín Botánico, que nunca pudo lograr. Y al poco tiempo entraron en conflicto los posibles beneficios a largo plazo de los experimentos de aclimatación de especies, llevados a cabo por Cuéllar, con los intereses económicos inmediatos buscados por la “Compañía”, por lo que Cuéllar es destituido en 1794, aunque continuó su labor como botánico real hasta su muerte. A pesar de estos aparentes fracasos, Cuéllar contribuyó en gran medida al conocimiento de la Historia Natural de Filipinas gracias al envío, tanto al Real Gabinete de Historia Natural, como al Real Jardín Botánico, de importantes herbarios, y hasta un canelo vivo, diversas colecciones de animales y una colección de bellas láminas, realizadas bajo su dirección por indígenas tagalos.</p>



<p><strong>UNA EXPEDICIÓN DE CARÁCTER SANITARIO</strong></p>



<p>La última expedición a Filipinas de carácter científico se encuadra también dentro del espíritu ilustrado y responde como las anteriores al interés del Rey Carlos IV de llevar a los territorios ultramarinos ciencia y progreso. También esta expedición, como la de Malaspina y Bustamante, realizará una amplia derrota: América desde México a Chile. Las Filipinas y China, pero esta vez el objetivo único es de carácter sanitario, vacunar amplios territorios contra la viruela, y enseñar la técnica de inocular la vacuna a través de las llamadas “Juntas de la Vacuna”, instituciones sustentadas por importantes personalidades locales, que se encargaron de continuar las vacunaciones tras el paso de la expedición por los distintos territorios. La expedición nace en 1802, apoyada y financiada por Carlos IV, entusiasta de esta filantrópica idea por haber perdido a su hija María Teresa a causa de la viruela. Siento el artífice e impulsor de la expedición el cirujano Francisco Javier Balmis, médico personal de Carlos IV. El 30 de noviembre de 1803 zarpa la expedición rumbo a Venezuela. En la corbeta María Pita embarca Balmis con dos cirujanos, cinco médicos, tres enfermeros y 22 niños, entre nueve y tres años, la mayoría huérfanos de la Casa de Expósitos de la Coruña, con su rectora al frente. Se trata de Isabel Zendal y Gómez, única mujer embarcada y autentica heroína, que cuidó y tranquilizó a los niños embarcados, entre ellos a su hijo Benito que viajaba con ella, y a los sucesivos niños enrolados a lo largo del viaje. Isabel y su hijo nunca regresaron a España, permaneciendo en Puebla. Muchos de los huérfanos reclutados pudieron estudiar en las Escuelas de Oficios lugareñas, como el Rey prometiera en su día. El segundo de Balmis en este viaje fue el médico catalán José Salvany Lleopart, hombre valioso y esforzado que dio su vida literalmente por esta empresa filantrópica, falleciendo en&nbsp; Cochabamba, Bolivia, en total soledad, en 1810, a los 34 años. La expedición sufrió toda clase de infortunios e&nbsp; incomprensiones. A pesar de contar con el respaldo incondicional del Rey, en muchos lugares encontraron la oposición de los gobernantes, aunque también en otras muchas ocasiones personalidades relevantes ayudaron a Balmis haciendo vacunar a sus propios hijos. El primer inconveniente serio surge frente a las costas de Venezuela, tras cuatro meses de navegación, cuando las calmas no les permiten alcanzar la costa, y Balmis necesita imperiosamente enrolar nuevos niños para inocularles el suero o linfa, y poder así mantener la cadena de la vacuna activa. Al fin, el 30 de marzo de 1804 arriban a tierra, donde reciben toda la ayuda necesaria del Gobernador, gran defensor de la filantrópica empresa. Allí se vacunan 64 personas y se crea la primera “Junta de Vacuna” del continente americano. Además, Balmis había embarcado miles de ejemplares impresos de un tratadito que explicaba con claridad cómo vacunar y cómo conservar la linfa. Estos tratados los fue distribuyendo a través del las Juntas de Vacuna y por todos los medios posibles, y lograron salvar muchas vidas en los años siguientes.</p>



<p><strong>LA EXPEDICIÓN SE HACE DOBLE</strong></p>



<p>Desde Venezuela, Balmis divide en dos la expedición. Él cubrirá el norte de Venezuela, México y Las Filipinas, y viajará después a los puertos chinos de Cantón y Macao. Balmis y su equipo, entre ellos su inseparable Isabel, zarpan de Acapulco rumbo a Manila, en septiembre de 1805, en el buque Magallanes. A su llegada a Manila, la Expedición recibe importante ayuda de la Iglesia, para organizar las vacunaciones indígenas. La labor realizada en Filipinas es inmensa, y permanecen allí hasta el 14 de agosto de 1809, fecha en que zarpan de nuevo rumbo a Acapulco. Por su parte, Salvany recorrerá durante siete años la América Meridional, sur de Venezuela, Colombia, Ecuador, Perú, Chile y Bolivia. Viajes todos ellos durísimos, por territorios inhóspitos y climas extremos, que acaban finalmente con su vida. El 7 de Septiembre de 1806, regresa Balmis a España, agotado por sus extenuantes viajes, pero con unos resultados extraordinarios: más de 500.000 vacunados, y no se sabe cuántas vidas salvadas, quizá millones, gracias a la vacunación continuada por las Juntas y por la difusión de los tratados y métodos de Balmis en todo el recorrido. Edward Jenner, el médico descubridor de la vacuna de la viruela dijo de los expedicionarios “No puedo imaginar que en los anales de la historia se proporcione un ejemplo de filantropía mas noble y mas amplio”. Balmis, como buen ilustrado, aprovechó el penoso viaje para estudiar los problemas de las comunidades locales que visitó y la extensa naturaleza que recorrió. La Real Expedición Filantrópica de la Vacuna puso en marcha el primer programa oficial de vacunaciones masivas realizado en el mundo, aun cuando sea indudable la clara finalidad del Rey de proyectar una imagen de gobernante justo y progresista.</p>



<p><strong>LA LECCIÓN DE LOS ILUSTRADOS</strong></p>



<p>Sin duda España escribió una hermosa página de su historia en Filipinas, una página inconclusa por los acontecimientos posteriores que merecería ser recuperada en el recuerdo de tantos siglos de historia y cultura compartida. Las expediciones científicas pondrán de relieve el talante liberal de los marinos y científicos ilustrados y su tolerancia, precisamente en áreas de especial interés estratégico para los grandes imperios. Es la gran lección y también, quizá, el esperanzador mensaje de una generación de hombres de élite de talante liberal y progresista que supieron valorar y respetar al “otro” en un sentido amplio, siendo estos hombres extraordinarios, muchas veces etnólogos improvisados, los más eficaces proclamadores de la realidad indígena más desconocida, de su mundo espiritual, de sus costumbres y de su estética. La bondad de la naturaleza y la armonía del “buen salvaje” que la habita, serán narradas con interés y respeto en los diarios de estos hombres extraordinarios, constituyendo en su conjunto uno de los más preciados y bellos legados de la gran aventura humana para conocer el mundo.</p>



<p>España se hizo grande por la mar, pero fue el valor, el espíritu de aventura, la curiosidad de saber más y la tolerancia hacia lo diverso, lo que hizo más grande el mundo y mas humano.</p>



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		<title>Viajes y expediciones marítimas</title>
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		<pubDate>Wed, 03 Oct 2018 10:36:22 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Una gran parte de la historia de las exploraciones ha estado protagonizada por navegantes. Desde los míticos viajes de los fenicios por la costa de África hasta las modernas expediciones [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Una gran parte de la historia de las exploraciones ha estado protagonizada por navegantes. Desde los míticos viajes de los<br />
fenicios por la costa de África hasta las modernas expediciones científicas a bordo de barcos-laboratorio como el Hespérides, los mares y océanos han sido el escenario de miles de historias de descubrimiento, exploración, naufragios, éxitos y fracasos.</p>
<p>En el siglo XIV, los portugueses abrieron el camino para el descubrimiento de nuevos océanos y continentes, en su búsqueda de una ruta directa a las Indias alternativa a la Ruta de la Seda por tierra. Enrique el Navegante, Vasco de Gama o Pedro Álvares Cabral, entre otros, consiguieron abrir nuevas rutas al comercio portugués y se anticiparon a la gran Era de los descubrimientos que tendría como protagonistas casi absolutos a los españoles.</p>
<p>En los siglos XV y XVI se generalizó el uso de la brújula y surgieron nuevos tipos de naves (carracas, carabelas, pinazas, saicas, galeones) que permitieron hacer viajes cada vez más largos. Fue la época dorada de los navegantes españoles: Cristóbal Colón, Juan de la Cosa, Juan Sebastián Elcano, Álvaro de Mendaña, Vaéz de Torres, Urdaneta, Sarmiento de Gamboa, Legazpi&#8230; son sólo algunos de los miles de protagonistas de la apasionante historia de los descubrimientos<br />
geográficos por mar.</p>
<p>Todos ellos afrontaron la navegación oceánica con medios precarios: no sabían determinar con precisión la longitud, los cascos de madera de los barcos eran frágiles, la alimentación y las condiciones a bordo eran completamente inadecuadas para largas travesías. Pese a todo, aquellos hombres consiguieron ampliar enormemente el mundo conocido por los europeos.<br />
A principios del siglo XVI Núñez de Balboa descubrió un nuevo océano, el Pacífico, que abrió nuevos retos a los navegantes: la vuelta al mundo, que completarían Magallanes y Elcano, y la exploración de ese enorme océano salpicado por miles de islas, que durante siglos se conocería como “el lago español”.</p>
<p>El XVIII fue el siglo de los grandes marinos cartógrafos ilustrados y de las expediciones científicas. Entre todas ellas  destacaría la expedición de Malaspina, un “viaje científico y político alrededor del mundo” (1788). Este proyecto tiene<br />
actualmente su continuación en una nueva expedición científica de circunnavegación que recibe el nombre de este marino, un proyecto de investigación interdisciplinar que tiene como principales objetivos evaluar el impacto del cambio global en el océano y explorar su biodiversidad.</p>
<p>La historia de la navegación está llena de éxitos, pero también de naufragios y de historias trágicas. Como la del San Telmo, que desapareció en el Cabo de Hornos el 2 de septiembre de 1819 y que permanece envuelto en la leyenda.<br />
O como la odisea de Shackleton, una expedición fracasada que se convirtió en una de las más asombrosas historias de éxito de la historia de la navegación en condiciones extremas y en un modelo de liderazgo.</p>
<p>En el siglo XIX los avances técnicos en la navegación y la aparición de los grandes buques permitieron que millones de personas viajaran en barco. Dos innovaciones revolucionaron el diseño de los barcos: la propulsión por vapor y la  construcción con hierro. En 1860 los vapores de cascos metálicos ganaron rápidamente terreno a los veleros de madera y los barcos dejaron de ser un medio para el comercio y la exploración para transformarse en un medio de transporte de masas. Fue la época dorada de los grandes trasatlánticos con todo su glamour en las cubiertas superiores, mientras que en las inferiores viajaban millones de emigrantes hacia América.</p>
<p><strong>Lola Escudero.</strong></p>
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		<title>Fernão Mendes Pinto y su peregrinaçao</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Jul 2018 12:11:36 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Fernão Mendes Pinto es un clásico de la literatura de viajes europea, y no solo de la portuguesa. Nació en Montemor-o-Velho, alrededor de 1510, en una familia de escasos medios [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Fernão Mendes Pinto es un clásico de la literatura de viajes europea, y no solo de la portuguesa. Nació en Montemor-o-Velho, alrededor de 1510, en una familia de escasos medios económicos, y murió en 1583 en su finca de Pragal, en Almada, una localidad cercana a Lisboa de la que llegó a ser juez, después de una accidentada vida marcada por la aventura.</p>
<p>Su obra Peregrinação se editó en toda Europa, empezando por España, convirtiéndose en un auténtico best seller del siglo XVII. En Francia, Holanda e Inglaterra, donde siguen la marcha de los descubrimientos portugueses, y también en Alemania, mantiene una doble personalidad, la de un experto en los asuntos de Extremo Oriente y la de un personaje a lo Barón Münchausen, cuyas verdades son constantemente puestas en cuestión. El equívoco al que se presta su nombre “Fernão mentes? – Minto”, encuentra ecos hasta en Edgar Allan Poe, pero esta sombra desaparece a finales del siglo XX, cuando varias de sus afirmaciones se revelan ciertas, confirmadas por excavaciones  arqueológicas y exámenes filológicos. Su caso se parece al de Marco Polo, cuya obra precursora circulaba con el título de Il Millione, que provocaba también incredulidad debido a las cifras “asiáticas” que excedían a incluso a la fantasía.</p>
<p><strong>DATOS PARA ABRIR BOCA<br />
</strong><br />
La imaginería europea siempre ha tenido contacto con Asia, al no estar separada por un océano. Sin embargo, en el siglo XVI, Europa, poseedora del dominio oceánico, abiertas las nuevas rutas y redes comerciales, comienza a contemplar esta lejana realidad a través de la mirada de nuestro portugués, una amalgama de aventurero, vagabundo, pícaro y memorialista. El texto de la primera edición del año 1614, la que sale a la luz en la imprenta lisboense de Pedro Craesbeek, desborda el título actual. A primera vista se parece más a los tratados de geografía, pues sigue con un extenso subtítulo que lo resume: “En que dá cuenta de muchas y muy extrañas cosas que el vió y oyó en el reino de la China, en el de la Tartária, en el del Sornau, que vulgarmente se llama Siam, en el de Calamiñán, en el del Pegú, en el del Martabán y en los otros muchos reinos y señorios en las partes Orientales de que en estas nuestras del Occidente hay muy poca o ninguna notícia.” Tal enumeración, que se repite a lo largo de la obra, muestra la satisfacción de todos los portugueses, orgullosos de haber ampliado el conocimiento geográfico de los autores de la Antigüedad sobre el lejano Oriente.</p>
<p>En otro momento –aprovechándose de una imagen tomados de los tratados locales, de los, según el autor, se sirve en bastantes ocasiones-, describe por primera vez la “Pestaña del Mundo” situándola en las Islas Ryu-Kyu. Curiosamente, en esta descripción no menciona expresamente a Japón, del que se puede considerar como uno de los muy primeros visitantes “descubridores”, y en cuya evangelización participa con su experiencia y dinero. Sus observaciones más curiosas son las relativas a la introducción de armas de fuego en un “país sumergido en guerras”. Nos cuenta cómo una única escopeta entregada en una operación de intercambio al reino Bungo es suficiente para que, pasados unos escasos años, el autor se encuentre con que este reino no solo es autosuficiente en armas, sino exportador en los países de su área. No es un caso único: otras semillas dejadas por los colonizadores crecen y se desarrollan del mismo modo, y así las palabras del Evangelio dan comienzo a un siglo cristiano en un Japón unificado, siempre entre dudas y problemas de incomprensión.</p>
<p><strong>CAUTIVO Y NÁUFRAGO PERO SIEMPRE A SALVO</strong></p>
<p>Pero, aún si esta amplia enumeración no fuera suficiente, existe otro subtítulo bajo el título escueto y de uso general de “Peregrinaçam”, que insiste en la amplitud de su obra: “Y también dá cuenta de muchos casos particulares que acontecieron tanto a él, como a otras muchas personas. Por fin trata brevemente de algunas cosas y de la muerte del santo Padre mestre Francisco Xavier, única luz y resplandor de aquellas partes Orientales y Rector en ellas universal de la Compañia de Jesús.” Ya en el primer capítulo deja claro la índole de tales “casos”: fue cautivo en trece ocasiones y diecisiete veces vendido. De todos estos episodios destaca la anécdota de una discusión violenta entre prisioneros condenados a trabajos forzados junto a la Gran Muralla, una disputa por cuestiones de linaje: “¿Son o no son los Fonsecas más nobles que los Madureiras?”. Un hecho escandaloso que acabó con otro destierro.</p>
<p>Entre los crecientes peligros de los que fue siempre salvado por la divina gracia y la pericia humana, se cuentan los naufragios, que podrían constar también en las Histórias Trágico-Marítimas, repertorio edificante para curiosos y adictos a los dramas humanos que circulaban (ejemplos del proto-periodismo) en forma de pliegues sueltos. No sólo relata sus propias aventuras, sino otras muchas, y así tales micro-historias dan un testimonio muy diferente de los más oficiales de las crónicas. En este Imperio de Sombra, en las periferias del imperio y al margen de la administración colonial, surgen asociaciones de mercaderes y piratas, constituidas por gente cristiana y pagana, unidas por negocios clandestinos o por el robo directo, y sustentadas por un tejido de contactos con las autoridades locales, a las que forzosamente les falta el motivo espiritual, transformando así la Empresa Espiritual Mayor por la empresa material. Nuestro colonizador, discípulo de Mamón y sus riquezas, sufre un raro impulso de arrebatamiento místico y entra en la Compañía de Jesús. Más tarde, inexplicablemente, el poderoso novicio sale tan pobre como había entrado. Un hecho que podrá explicar de cierta forma por qué quedó inédita por 31 largos años su obra, saliendo a la luz de forma póstuma y probablemente manipulada.</p>
<p><strong>ENIGMA SOBRE ENIGMA: UN PERSONAJE SINGULAR</strong></p>
<p>Siguiendo el análisis de la primera página de la obra que comentamos, no deja de extrañar al lector que el nombre del autor aparece repetido de una forma curiosa: “escrita por el mismo Fernão Mendes Pinto”, como si el autor  pudiera confundirse con algún otro. No es el único enigma de la obra. Las incongruencias del texto pueden interpretarse como obra de dos autores, o de alguien que transforma sus puntos de vista por razones literarias. El carácter autobiográfico y las limitadas pretensiones, quizás fingidas, como escritor, al señalar que su único fin es dejar un manual para la edificación de sus hijos, parece ocultar un objetivo mayor: erigir con sus “prodigiosas memorias” un digno monumento a sus compañeros, héroes y anti-héroes del mundo colonialista.<br />
Exótico e intimista, abierto a la diferencia de las civilizaciones orientales, y permisivo para con sus religiones, en las que, siempre que puede, intenta reconocer los rasgos comunes, o las huellas del cristianismo, Pinto es uno de los pioneros de la etnografía comparada. Crítico con los excesos y mordaz en su auto-flagelación, este narrador, que suele aludir a si mismo como “el pobre de mí”, da un rico testimonio tanto directo como producido por una reflexión posterior. Podemos considerar su narrativa no solo plural, sino también como el resultado de una mezcla de motivos y conocimientos, incluido un acervo intelectual libresco adquirido posteriormente, una vez ya en la metrópoli. En otras palabras, el viajero hace suyas, integrándolas, memorias ajenas, utiliza referencias e informaciones tomadas de otros autores europeos, y, para dar mayor crédito a sus palabras, se refiere a fuentes asiáticas, que cita traducidas. ¿Las habrá leído? ¿Se las leyeron al autor? ¿Usaba intérpretes para traducirlas? Tenemos más preguntas que respuestas. Sin embargo, una parte considerable de su obra, unos dos tercios, carece de autenticidad personal. Se trata de la relativa al Imperio Celeste, donde la descripción utópica de una buenas prácticas de gobierno y una vasta imaginación reemplazan al conocimiento real. Algo muy distinto de lo que le ocurre al hablar de las colonias clandestinas o semi-oficiales de los portugueses, con Macao a la cabeza, en los Mares de China, donde la experiencia de Fernão Mendes Pinto se muestra como es, real y vivencial. Apoyan esta afirmación sus cartas, publicadas en Europa en 1554, en vida de su autor, y estando aún en Asia, como las que publicó Rebbeca Catz ya en el siglo XX.<br />
Sobre su obra aparecen, después de cuatrocientos años de la publicación, todo tipo de comentarios eruditos y una vasta literatura sobre su obra. Este “Fernão antes pinta de que miente” y los versos de otro clásico portugués, Fernado Pessoa, que desdobla en varios poetas su única personalidad, resumen bien su manera de escribir:</p>
<p><em>“Dicen que finjo o miento Todo lo que escribo. No. Yo simplemente siento la imaginación”.</em></p>
<p>Con su doble rostro de creador literario y de historiador, nos encontramos ante un explorador un tanto vagabundo y al mismo tiempo un erudito de biblioteca. En resumen, una figura originalísima: la de un escritor de literatura de viajes portugués de la segunda mitad del siglo XVI, que, al mismo tiempo, se mantiene más que nunca actual y vivo en este siglo XXI.</p>
<p><strong>Para saber más:</strong></p>
<p>Fernão Mendes Pinto &#8211; Historia oriental de las peregrinaciones de Fernan Mendez Pinto, portugués.<br />
A Coruña, Orbigo, 2008.<br />
Jorge Santos Alves (ed.) &#8211; Fernão Mendes Pinto and the Peregrinação. Lisboa, Fundação Oriente, 2010.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>István Rákoczi</strong></p>
<p><strong> </strong></p>
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		<title>Los viajes del Infante D. Pedro de Portugal</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/infante-pedro-portugal/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 Jul 2018 11:55:53 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>El prestigio del noble no estaba sólo ligado a signos externos de poder (…). También lo estaba a aspectos simbólicos, en especial la importancia de sus ascendientes; aspecto tanto más [&#8230;]</p>
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<p><em>El prestigio del noble no estaba sólo ligado a signos externos de poder (…). También lo estaba a aspectos simbólicos, en especial la importancia de sus ascendientes; aspecto tanto más relevante cuanto se creía que las virtudes y la valentía se transmitían por vía hereditaria</em>. (Luis Krus)</p>



<h5 class="wp-block-heading">El fabuloso (y fabulado) libro del Infante don Pedro se puso en circulación en el siglo XVI, mucho después de que el auténtico don Pedro muriera en la batalla de Alfarrobeira, en 1449. De autoría imposible y fantasiosa, su importancia ha crecido con los años, al constituir un importante relato sobre las cortes y ciudades europeas de la época.</h5>



<p><strong>AVENTURAS LIBRESCAS</strong></p>



<p>En 1848, don José Maria Marés daba nuevamente a la imprenta de su casa impresora de la Corredera Baja de San Pablo, en Madrid, la Historia del Infante D. Pedro de Portugal en la que se refiere lo que le sucedió en el viaje que hizo cuando anduvo las cinco partes del mundo. Curiosamente, esta “última impresión corregida” escapó al exhaustivo inventario realizado por Francis Rogers en 1959, como consecuencia de la extraordinaria fortuna editorial de un texto que, desde el siglo XVI hasta finales del XIX, no había dejado de responder a la diversa –pero siempre creciente– aceptación del público aficionado a las narraciones de viajes, ya sean estos reales o imaginarios.</p>



<p>Sin embargo, la “corrección” introducida en esta nueva edición ochocentista, sustituyendo por “cinco” las “siete”, o las “cuatro partidas del mundo” que el enigmático Gómez de Santisteban, desde el comienzo de esta aventura libresca, había hecho recorrer al infante, sugiere la necesidad de actualizar el horizonte de expectativas tardomedieval. Estas modificaciones llevarían a Oliveira Martins, en 1889, a dar por&nbsp; idedigna parte de un itinerario lleno de fantasía que, entre maravillas y milagros, llevaba a D. Pedro desde la corte portuguesa de D. João I hasta el umbral mismo del Paraíso Terrenal, espacio simbólico al que sólo accedería el cristiano merecedor de la gracia divina, cualesquiera que hubiesen sido los juicios de los hombres. En la realidad, el infante D. Pedro murió en la batalla de Alfarrobeira, en la mañana del 20 de mayo de 1449. Acusado de pretender el trono del que había sido regente durante la minoría de edad de D. AfonsoV, su sobrino y yerno, se vio obligado a enfrentarse a la hueste real cerca de Lisboa, buscando la oportunidad de probar su buena intención y merecimientos. Trece años más tarde, cuando en Portugal se iba apagando el estigma de traición que había gravado su nombre, en Castilla se componía la Conmemoración breve de los muy insignes y virtuosos varones que fueron desde el magnifico rey don Juan el primero hasta el muy esclarecido rey don Alfonso el quinto, memoria panegírica de la familia de Avis encomendada a Alfonso de Córdoba por el condestable D. Pedro de Portugal, hijo del infante y aspirante al trono aragonés.</p>



<p>Esta obra, destinada a salvaguardar el honor del linaje de su padre, así como la proyección política de su heredero, es también el testimonio más antiguo de la circulación, durante el Cuatrocientos, del Libro del Infante don Pedro de Portugal y de la leyenda del extraordinario periplo de su protagonista. Eran tiempos en que, dividido entre la nostalgia de la hazaña militar y el valor de la mente siempre “às musas dada” (en palabras de Camoens), el imaginario de la caballería ibérica se abría a la formulación de nuevos mitos y utilizaba alegorías para fabricar verdades poéticas.</p>



<p><strong>EL VIAJE INICIÁTICO DEL INFANTE<br></strong><br>Ciertamente, el largo viaje realizado por D. Pedro en aquel otoño medieval no es ajeno al protagonismo que le atribuye la aventura literaria de Santisteban. Hijo segundón, abandonó la corte del rey, su padre, en septiembre de 1425, insatisfecho con un gobierno que, por una parte, consentía los desmanes nobiliarios, ignorando sin embargo los privilegios antiguos de los hidalgos y, por otra, insensible al descontento popular, permitía en cambio que hombres de oficios y menestrales acudiesen a la corte con la esperanza de llegar a ser escuderos. A la necesidad de evasión manifestada por el propio infante en la carta que enviaría Juan I, rey de Portugal y padre del Infante don Pedro desde Brujas, convertida en urgente por la impulsividad que D. Duarte atribuía a su hermano, se habría sumado el deseo de tomar distancia suficiente para el análisis político y social, así como para el conocimiento de otras prácticas de gobierno. Se trataba, pues, de la marcha, tal vez definitiva, de un caballero que se evadía de la apariencia caótica del mundo conocido, deseando recorrer los lugares de poder del Otro y ahí trabajar por el buen estado y, asimismo, forjar su buen nombre ante aquellos a los que se proponía servir.</p>



<p>El día 29 de aquel mes de septiembre desembarcó en Inglaterra a tiempo de asistir, con su primo Enrique IV, a las celebraciones del día de San Miguel. Durante los tres meses que pasó en Londres intervino en el conflicto armado entre el duque de Gloucester y el obispo de Winchester, para separar a los contendientes al cabo de múltiples embestidas. El valor simbólico de esta mediación, representado en la Orden de la Jarretera que se le concedió en 1427, aumentaría el carácter novelesco del personaje histórico, al identificarlo con los valores modélicos del paladín generoso y sensato.</p>



<p>Como era sabido, al buen juicio y a la caballería convenían placer y honor. Por eso, terminada la etapa inglesa, la expectativa de holganzas le llevó a la corte de Felipe el Bueno, entonces la más fastuosa de la cristiandad. Estaba también la necesidad de reforzar las relaciones comerciales y de firmar con Flandes la alianza política que conduciría al matrimonio de la infanta Isabel de Portugal con el duque de Borgoña. Desde Brujas escribió D. Pedro que más veía por allí cosas de las que maravillarse que cosas que pudiesen servir de enmienda en el reino portugués.</p>



<p>Y, así, durante ese invierno, Gante, Bruselas y Lovaina vieron los colores azul y púrpura de sus pendones en torneos, bailes, banquetes y cacerías.</p>



<p><strong>DEL RIN AL DANUBIO</strong></p>



<p>Las crónicas de la ciudad de Colonia documentan su presencia, a finales de febrero, en la catedral de esta ciudad, orando ante la tumba de los Tres Reyes Magos, cuya leyenda conocía, sin duda. Bajando después por el Rhin se internó en Alemania, y el 9 de marzo recibió del Senado de Nuremberg el salvoconducto da entrada a la ciudad y los recursos necesarios para proseguir su viaje. A lo largo del Danubio, por los territorios del Imperio, la leyenda ya parece convivir con la historiografía en los registros cronísticos que certifican la presencia del infante, insistiendo en el fasto de las recepciones que se le ofrecieron y señalándolo, bien como un príncipe alejado de conflictos y rodeado de cortesanos, bien como un caballero de guerras santas acompañado de centenares de cruzados.</p>



<p>Entretanto, es posible que en el trayecto hacia el Mar Negro tuviese noticias de pueblos orientales con los que ampliar el horizonte de su cultura cosmográfica. Pero lo cierto es que, por su honor y buen nombre, permaneció durante dos años al servicio del emperador Segismundo, a quien acompañó en expediciones militares. Después de haber combatido a los moros en Marruecos, tendría así la oportunidad de medir el poderío turco al otro extremo del creciente fértil musulmán. A finales de marzo de 1428, tras servir dos años en los ejércitos imperiales, D. Pedro, tal vez disgustado por las intrigas palaciegas, abandonó la corte de Segismundo para iniciar el viaje que, a pesar de su pequena teençon de tornar a esta terra, le traería de nuevo a Portugal.</p>



<p><strong>DE VENECIA A ROMA</strong></p>



<p>Informada de la llegada del infante por el embajador de Venecia en la corte de Hungría, la Serenísima República –donde su presencia dejaría panegírica memoria documental– se preparó para recibirlo. Se sabe que salieron a su encuentro cuatro embajadores que lo escoltaron, a él y a su séquito de cuarenta caballeros, desde Treviso hasta Mestre. Allí, a invitación del dogo, embarcó en el Bucentauro que, debidamente empavesado y seguido de un cortejo de embarcaciones, lo condujo por el Gran Canal hasta el monasterio de San Jorge, donde quedó instalado, corriendo los gastos de la recepción y la estancia, calculados en 1.400 ducados de oro, por cuenta de la Señoría.</p>



<p>En la catedral de San Marcos admiró tesoros y reliquias, y subió al campanario para contemplar la ciudad. A la orilla del mar, observando los barcos varados en el puerto, tuvo oportunidad de admirar el apogeo comercial de la república y conocer noticias algo menos fabulosas de Oriente traídas por los mercaderes, cuyo tráfico de paños y especias podría apreciar en la Merceria y en los uffizi. Una lección muy provechosa sería la visita realizada a la gran fábrica del Arsenal, que recorrería detenidamente observando el trabajo de los astilleros. En la Zecca, asistiría a la acuñación de moneda y, en Murano, pudo estudiar los trabajos cartográficos del convento de Camáldolo y encargar la copia del mapa de Fra Mauro por el que D. João II se guiaría al trazar el plano de las Indias. De Venecia,&nbsp; considerada por él como la ciudad mejor gobernada de todas las que había conocido, D. Pedro se traería, junto con ricas telas de seda y joyas valiosas, un ejemplar del libro de Marco Polo, probablemente el mismo que había en la biblioteca del futuro rey D. Duarte. Florencia celebró la llegada del infante de Portugal, el 25 de abril, con una justa<br>de la que salió vencedor uno de los caballeros de su séquito. Gobernada por Cosimo de Medicis, la ciudad –entonces el principal centro de copia e iluminación de libros en Italia– fue una nueva oportunidad de aprendizaje para el viajero, que pudo establecer una correspondencia entre la prosperidad mercantil y el valor de las producciones artísticas e intelectuales del humanismo. Dejó allí fama del más encantador, refinado y valiente caballero jamás llegado de las Españas.</p>



<p>A comienzos de mayo, ya en Roma, visitó los sepulcros de los apóstoles Pedro y Pablo, y fue recibido por el papa Martín V, al que probablemente había conocido como cardenal en la corte de Segismundo. De este encuentro resultó un conjunto de textos que muestran la buena voluntad del pontífice hacia el infante. Entre ellos, un motu proprio fechado el 16 de mayo que concedía a los reyes de Portugal el privilegio de la unción y a los herederos de la corona el título de príncipes.</p>



<p>Llegaba el momento de dar por concluido el viaje que, durante casi tres años, lo había llevado a los confines de la Cristiandad, en un itinerario de descubrimiento y conocimiento de las artes de la guerra y de la paz practicadas en las cortes más fastuosas y en las repúblicas más prósperas. Podía dar por terminada su aventura iniciática durante la cual, como el caballero ejemplar descrito por el infante D. João, había añadido al servicio de Dios, honores, placeres y beneficios.</p>



<p><strong>LA RUTA POR LA PENÍNSULA</strong></p>



<p>El regreso a la península se hizo por Livorno, donde embarcó rumbo a Barcelona, a mediados de junio. Tras pasar las aduanas catalanas, que lo eximieron de pagar por los objetos preciosos que traía, siguió la recepción ofrecida por los consejeros de la ciudad condal y el oficio religioso en la iglesia de Santa María del Mar, donde, en julio de 1466, sería sepultado el condestable D. Pedro, su hijo primogénito. En la última semana de julio y los primeros días de agosto, a las festividades dedicadas a Santiago por la ciudad de Valencia se unieron numerosas iniciativas en honor del duque de Coimbra, ya fuesen corridas de toros y banquetes, o entremeses y justas, en las que participaron, batiéndose con el homenajeado y sus caballeros, el rey de Aragón y el infante D. Pedro, hermano del monarca. El día 2 de agosto, Aires Gomes da Silva, Álvaro Vasques de Almada y el doctor Estêvão Afonso suscribieron el poder que les otorgaba facultades para negociar el matrimonio del infante con alguna dama aragonesa de alto linaje.</p>



<p>A mediados de agosto dio comienzo la última etapa del viaje. Cruzando la meseta y bajando por el Duero, los caballeros portugueses llegaron a Aranda, donde les aguardaba un grupo de grandes de Castilla, que precedían a la comitiva del rey Juan II. El encuentro entre los dos primos quedó señalado por manifestaciones de gran estima y, a su marcha, el infante recibió seis monturas, diversas joyas y dos mil doblas castellanas. Años más tarde, las coplas de Juan de Mena celebrarían la fama del único viajero a quien le habían sido revelados “los secretos de Oriente”.</p>



<p>Más adelante, el 30 de agosto, y ya en Peñafiel, D. Pedro se encontró con Juan I de Navarra, prosiguiendo la comitiva hacia Valladolid, ciudad donde eligió a su futura mujer. En efecto, en un nuevo poder se nombra, por primera vez, a la hija de un conde catalán como futura duquesa de Coimbra. A punto de terminar su largo viaje, preparaba también el término de su condición de hijo segundo soltero de los reyes de Portugal.</p>



<p>Traspasada la frontera, D. Pedro entraba así en tierras de su ducado el día 17 de septiembre de 1428, a tiempo de asistir, la semana síguente, a la boda de D. Duarte con la infanta Leonor de Aragón. Asistía, pues, a la ceremonia que incorporaba a la regia familia portuguesa la reina en la que recaería, décadas más tarde, la involuntaria función de asignar los honores de la regencia y de destruir la casa de Coimbra. La aventura del infante D. Pedro quedó ampliamente documentada en los archivos de las cortes y ciudades europeas por donde pasó, y ello contribuyó decisivamente a una proyección favorable de la dinastía de Avis. Por su parte, en la historiografía portuguesa, la escasez de documentación no ha logrado silenciar la memoria del gran viaje en la voz del propio viajero, reproducida tardíamente por el cronista Rui de Pina. Acusado el infante de felonía, compelido por el joven monarca a elegir entre la muerte o el destierro, recordaría: “Dios nunca habría querido que el hijo legítimo del rey Juan, quien con tanto honra salió de sus reinos habiendo favorecido a tantas personas cercanas y extrañas, fuera condenado en su vejez a andar por reinos y tierras ajenas, pidiendo limosna con deshonra.”<br>Y marchó hacia Alfarrobeira.</p>



<p><strong>ARTIFICIOS DE LA VERDAD</strong></p>



<p>En lo que se refiere al extenso poema de Alfonso de Córdoba, no hay ninguna duda: integrado en el códice en que figuran las Coplas de Juan de Mena, fue encargado por el hijo primogénito del infante, el condestable D. Pedro, y compuesto, entre finales de 1462 y el comienzo del año siguiente, en el contexto de los preparativos de su proclamación regia en Cataluña. Se destinaba a contraponer a las disidencias vividas por las demás monarquías ibéricas la ejemplaridad de la familia real portuguesa, la fortitudo y la sapientia de los príncipes de la “ínclita geração”. En cuanto al infante D. Pedro, vuelve sobre el repertorio de virtudes de justicia, prudencia, fortaleza, fe, amor y caridad celebradas en los textos apologéticos y panegíricos escritos después de la batalla de Alfarrobeira. En la segunda de las estrofas a él dedicadas, afirma el poeta que “fue uno de aquellos / que por deseos divinos / le fueron mostrado por Dios / las cosas celestiales”. A la nobleza peninsular cuatrocentista, inmersa en desmanes políticos y sociales que comprometían definitivamente toda misión regeneradora, no se le escapó ni la significación alegórica del viaje imaginario, ni la ejemplaridad de su protagonista. Empeñado en grandes hechos que fuesen en servicio de Dios y honra y provecho suyo y de los suyos, determinado en su propósito de desentrañar los secretos últimos del mundo, el Infante de las cuatro partidas imaginado por Santisteban alimentó las expectativas del ideario nobiliario y, durante más de tres siglos de múltiples ediciones “corregidas y enmendadas”, el Infante de las siete partidas garantizaría a su referente “a aura popular, que honra se chama”, de nuevo en palabras del gran Camoens.</p>



<p><strong>Margarida Sérvulo Correia</strong></p>



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<p><strong>Para saber más:</strong></p>



<p>Margarida Sérvulo Correia &#8211; As Viagens do Infante D. Pedro. Lisboa, Gradiva, 2000.<br>Gómez de Santisteban &#8211; Libro del Infante Don Pedro de Portugal. La Coruña, Órbigo, 2017.</p>



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		<title>Segundo Llorente. El misionero de los esquimales</title>
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		<pubDate>Fri, 11 May 2018 09:28:21 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Boletín 59]]></category>
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										<content:encoded><![CDATA[<p>Un buen explorador va precedido de una idea fija. Cuentan que Segundo Lorente, nacido en Mansilla Mayor, León, en 1906, tenía desde muy joven dos fuertes convicciones: la fe católica y ser misionero en Alaska, idea que propuso a sus superiores siendo un novicio. Convencido de que su destino eran las tierras del Yukón y el Mar de Bering, rechazó la misión en Anging, China, y no salió de España hasta que su sueño se hizo realidad. Mientras tanto, estudió Humanidades en la Universidad de Salamanca y Filosofía en la de Granada, y finalmente, gracias a su persistencia, en 1930 consiguió el permiso de viajar a Estados Unidos, primero a aprender inglés en la Universidad Gonzaga en Spokane, al norte del estado de Washington, luego a estudiar Teología en Kansas para ser ordenado sacerdote jesuita a los veintiocho años, ra así viajar al lugar de la tierra en el que definitivamente establecería su hogar. Durante los cuarenta años que residió en Alaska, Llorente sólo regresó a España por una corta temporada en 1963, pero mantuvo una fluida correspondencia con amigos y familiares, aparte de la colaboración en la revista El Siglo de las Misiones, donde publicaba sus reflexiones y crónicas sobre la vida entre los que él llamaba esquimales. No fue el primero, pero sí uno de los misioneros más queridos que habitaron la zona. “El sacerdote extranjero tiene que amar con toda su alma a la nación que le toque en suerte (&#8230;).Si se ama, todo lo demás se da por añadidura: asientan bien las comidas, gusta el clima, la gente parece buena y simpática, las costumbres no chocan tanto, se traba amistad más fácilmente, no se hacen comparaciones odiosas con la madre patria, luce el sol, Dios es bueno y la vida se desliza placenteramente”, dejó escrito en uno de sus doce libros, cuando llevaba ya cerca de veinte años conviviendo con los habitantes del delta del Yukón, chapurreando (para algunos lo hablaba realmente bien) su idioma. “Como salmón reseco a dentelladas y grasa de foca, visto pieles de nutria, castores o lobo”, escribió, e incluso en uno de sus doce libros cuenta las ventajas de la ropa de plumón de ganso que, según él, revolucionaría el mundo de la moda en el ártico. Su adaptación fue extraordinaria, como su cariño por los lugareños y por un paisaje que alimentaba su necesidad de contemplación, eso sí, siempre que la época del año lo permitía. Con su trineo de perros o en lancha, dependiendo de la estación, llegaba a todas las poblaciones de orillas de aquel río fascinante, “majestuoso, como un mar sin orillas”, armado con su pala para abrirse camino si era necesario. Akulurak, Alakanuk , Bethel y Kotzebue, son sólo algunas de los lugares de los que habla. En 1958, el Territorio de Alaska se convirtió en el 49º estado de los Estados Unidos, bajo el gobierno de Eisenhower, y en 1960 los propios nativos propusieron, sin él saberlo, al padre Segundo Llorente como representante estatal sin estar adscrito a ningún partido político. Sus superiores religiosos aceptaron la sorprendente elección del misionero y, de hecho, Llorente se convirtió en el primer sacerdote católico con presencia estatal durante dos años, coincidiendo con el gobierno de J.F. Kennedy.</p>
<p>Segundo Llorente murió a los 82 años en Spokane y fue enterrado en el cementerio de los nativos americanos en De Smet, Idaho, por deseo expreso de estos.</p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>UNA CUESTIÓN DE NOMBRE</strong></p>
<p>“Los yankis aborrecen la palabra “colonia” y la han sustituido aquí por la de “territorio”; y si algún día la palabra “territorio” llegase a sonar mal, se la sustituiría por otra que no fuera ofensiva hasta dentro de setenta y cinco años, cuando habría que cambiarla por otra inofensiva. Es cuestión de nombre. […] Vivimos sobre un glaciar. Quiero decir que se pueden hacer hoy películas de Alaska que deslumbren por su modernidad y su progreso insospechado. [&#8230;] En nuestra misma España se pueden encontrar un Madrid ultramoderno y unas Hurdes casi prehistóricas. Las costas del mar de Bering, salvo reductos pequeños y muy contados, son las Hurdes de Alaska”. (De Trineos y eskimales, S. Llorente, 1954)</p>
<p><em>*Esquimal es un nombre en el que no se reconocen los inuit. Lo consideran despreciativo, ya que en alguna de sus lenguas significa comedores de carne cruda</em></p>
<p>&nbsp;</p>
<p><strong>PILAR MEJÍA<br />
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