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	<title>Boletín 32 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletín 32 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Actividades y Noticias de la SGE</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 10:00:03 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 32]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>PREMIOS SGE 2008. Premio Internacional: Familia Leakey, la más célebre saga de paleoantropólogos del mundo, por sus numerosos descubrimientos y trabajos en África Oriental desde hace más de ochenta años, [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext"><strong>PREMIOS SGE 2008.</strong></p>
<p class="bodytext"><strong>Premio Internacional: Familia Leakey,</strong> la más célebre saga de paleoantropólogos del mundo, por sus numerosos descubrimientos y trabajos en África Oriental desde hace más de ochenta años, que han resultado decisivos para determinar el origen y la evolución del hombre. El pionero fue Louis Leakey, en los años veinte, junto con su esposa Mary Leakey. Continuaron los trabajos y su hijo Richard, su esposa Meave y ahora sus nietos. Todos ellos han realizado descubrimientos trascendentales, centrados sobre todo en la garganta de Olduvay en Tanzania. Recogerá el premio Meave Leakey, autora desde 1970 de importantes trabajos y hallazgos sobre la evolución humana en el Lago Turkana y descubridora en 1999, con su hija Louise, de una nueva especie de homínido, el Kenyanthropus Platyops, cuya antigüedad (3,5 millones de años) ha tenido grandes repercusiones sobre nuestra comprensión del origen de la humanidad.</p>
<p class="bodytext"><strong>Premio Nacional</strong>: <strong>Jerónimo López,</strong> geólogo, alpinista y viajero, es uno de los grandes investigadores españoles de la Antártida y nuestro representante en diversos organismos internacionales y nacionales relacionados con la ciencia en el sexto continente. Ha participado en ocho expediciones a la Antártida y varias al Ártico. Otras ocho de sus expediciones han sido al Himalaya y Karakorum, donde ha alcanzado tres cumbres de más de ocho mil metros: Everest, Hidden Peak y Manaslu. También ha ascendido a varias cumbres de más de seis mil y de siete mil metros, y abierto nuevas rutas en montañas del Himalaya, Karakorum y los Andes, así como en Europa y es el primer español que coronó el monte Vinson, la montaña más alta de la Antártida, en 1990. Actualmente es catedrático de Geodinámica Externa en la Universidad Autónoma de Madrid, miembro del Comité Responsable del Año Polar Internacional y Presidente del Comité Español del SCAR (Comité Científico Internacional para la Investigación en la Antártida). En 2002, como Vicepresidente de esta organización internacional recogió el Premio Príncipe de Asturias de Cooperación Internacional concedido al SCAR.</p>
<p class="bodytext"><strong>Premio Comunicación: Guías Lonely Plane</strong>t, por haber revolucionado el concepto de guía de viaje y por haberse consolidado como las guías más leídas por los viajeros independientes de todo el mundo. Las guías fueron creadas en los años setenta por un joven matrimonio australiano, Maureen y Tony Wheeler, que recorrieron Asia sin un céntimo en el bolsillo. A su regreso lo contaron en una guía llena de consejos personales que resultó un éxito. Tres décadas más tarde, Lonely Planet es la mayor editorial independiente de viajes del mundo y sus guías se traducen a once idiomas. En España las guías Lonely Planet son editadas desde hace diez años por Geoplaneta, sello editorial de viaje, turismo y cartografía del Grupo Planeta.</p>
<p class="bodytext"><strong>Premio Iniciativa/Empresa: Barrabés, Esquí y Montaña</strong> desde 1995, gracias a Internet ha pasado de ser una pequeña tienda de material deportivo en el Pirineo aragonés, a convertirse en una de las tiendas virtuales más punteras del mundo y en una de las páginas más visitadas por los amantes de la montaña por su amplia y precisa información, que facilita la organización de viajes y expediciones. Barrabes. com recibe una media de 10.000 visitas diarias que le convierten en el portal en lengua castellana líder absoluto en temas de outdoor y montaña en Internet. Además, Barrabes.com vende online material de esquí y montaña a más de cuarenta países y equipan a muchas de las grandes expediciones internacionales que se organizan cada año en todo el mundo.</p>
<p class="bodytext"><strong>Premio Imagen: Alberto Schommer</strong>, uno de los más destacados fotógrafos españoles, conocido sobre todo por sus retratos de personalidades españolas contemporáneas. La SGE quiere premiar especialmente su casi medio centenar de libros que recogen reportajes realizados durante sus viajes por Europa, América, Asia y África. Schommer es Miembro de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando y sus obras han sido publicadas y expuestas por todo el mundo.</p>
<p class="bodytext"><strong>Premio Viaje del año: Expedición Tras los pasos de Vilcabamba la Grande,</strong> una expedición liderada por el periodista e historiador Santiago del Valle que ha conseguido precisar la ubicación de Vilcabamba, la Grande, la gran capital perdida del Inca Túpac Amaru, y preparar el camino para iniciar la reconstrucción de su estructura original. El conjunto arqueológico descubierto por Santiago del Valle está ubicado en el distrito peruano de Vilcabamba en una zona deshabitada conocida como Lugargrande, ochenta kilómetros al oeste de Machu Pichu. La expedición y sus hallazgos son el resultado de un intenso trabajo sobre el terreno y de documentación en archivos y museos. La investigación comenzó siguiendo los pasos del cronista gallego del siglo XVI Juan Díez de Betanzos y se ha desarrollado en diez expediciones en las que la dureza del territorio y la inaccesibilidad del lugar donde se encuentran los restos, hacen de ellas un triunfo de la voluntad personal y del deseo de investigación a favor de una comunidad integrada por la historia.</p>
<p class="bodytext"><strong>Premio Investigación: Javier Castroviejo</strong>, biólogo, ex director del Parque Nacional de Doñana, por su defensa del medio ambiente dentro y fuera de España. Castroviejo fue el primer director de la Estación Bológica de Doñana, ha desarrollado programas de conservación en América y África, y ha contribuido a conservar más de ocho millones de hectáreas de zonas silvestres. Tres especies nuevas para la ciencia de vertebrados llevan su nombre.</p>
<p class="bodytext"><strong>Miembro de Honor: Claude Lévi-Strauss</strong>. La SGE desea con este galardón rendir un homenaje al fundador del estructuralismo por sus trabajos antropológicos y su contribución a la comprensión de las culturas indígenas y los viajes. A sus cien años recién cumplidos, Lèvi-Strauss es el último gigante del pensamiento europeo y fundador de la antropología moderna capaz de valorar el multiculturalismo y el mestizaje cultural. Ha sido un viajero que ha recorrido el mundo para comprenderlo y penetrar sus mitos, llegando a la conclusión de que la clave fundamental del pensamiento moderno palpita en las profundidades de lo primitivo.</p>
<p class="bodytext"><strong>PRESENTACIóN DE “IMAGEN DE MADRID”</strong></p>
<p class="bodytext">La Sociedad Geográfica Española presentó el miércoles 10 de diciembre el último libro del geógrafo, escritor y viajero Eduardo Martínez de Pisón: Imagen de Madrid. Comentarios Geográficos al mapa comarcal 1:50.000 de la Comunidad de Madrid. La publicación, que ha contado con la asistencia técnica de la SGE, ha sido editada por la Comunidad de Madrid. Fue un encuentro/tertulia con el escritor, en el que participaron: Carlos Martínez de Campos, Presidente de la SGE; Raimundo Herráiz Romero, Director General de Urbanismo y Estrategia Territorial de la Comunidad de Madrid; Rafael Herrero, Jefe del Servicio de Cartografía de la Comunidad de Madrid; Pedro Nicolás, Profesor de Geografía de la Universidad Autónoma de Madrid y miembro de la Junta Directiva de la SGE; y Eduardo Martínez de Pisón, autor de la obra.</p>
<p class="bodytext"><strong>TERTULIAS DE LA SOCIEDAD GEOGRÁFICA</strong></p>
<p class="bodytext">El martes 13 de enero el escenario de la tertulia mensual de socios fue la Sala Jean Nouvel del Museo Reina Sofía de Madrid y se centró en la historia y las expediciones científicas españolas por África. En colaboración con la Universidad Autónoma de Madrid y el Museo Nacional Centro de Arte Reina Sofía, la SGE organizó este encuentro durante el que se presentó el libro Conmemoración de la expedición científica de Cervera-Quiroga-Rizzo al Sáhara Occidental en 1886 y el documental Regreso a Iyil realizado por Clemente Tribaldos, proyectos en los que la SGE ha participado.</p>
<p class="bodytext">El 3 de febrero y de nuevo en el Gran Hotel Velázquez, Diana Soliverdi, miembro de la SGE, contó su viaje a Colombia y, más concretamente, el trekking hacia la Ciudad Perdida, un asentamiento que se remonta al siglo V d.C. y que pertenece a la cultura Tairona. El trayecto a este remoto paraje requiere tres días de marcha a través de una selva frondosa, cruzar ríos y atravesar torrenteras, a veces bajo una intensa lluvia tropical.</p>
<p class="bodytext">En marzo, la alpinista Chus Lago, Premio SGE Viaje del Año 1999, contó en primicia para los miembros de la SGE su último viaje que la ha llevado al Polo sur y que la ha convertido en la primera mujer española en cruzar la Antártida. Tras cuatro años de preparación se propuso un nuevo reto: alcanzar sola el Polo Sur geográfico en cincuenta días recorriendo una distancia de 1.200 km. y soportando temperaturas de entre 50 y 80 grados bajo cero. En la tertulia participó Canal +, que ofreció en primicia imágenes de un reportaje filmado sobre esta aventura.</p>
<p class="bodytext"><strong>TERTULIAS EN BARCELONA</strong></p>
<p class="bodytext">El 15 de enero, Víctor Alonso dirigió la tertulia de Barcelona en la librería Altair, en la que contó su viaje de dos años que le llevó por tierras africanas para cruzar el océano Atlántico, en un pequeño velero, y llegar a América Latina para perderse por sus fascinantes países.</p>
<p class="bodytext"><strong>SENDERISMO CON GEÓGRAFOS</strong></p>
<p class="bodytext">En el mes de diciembre la actividad senderista se dirigió a la Pedriza para realizar una ruta guiada por el geógrafo Fernando Santacecilia. El 24 de enero Pedro Nicolás, geógrafo y miembro de la Junta Directiva de la SGE, guió una ruta por la Sierra Norte. Se inició el camino en la Hiruela a la orilla del recién nacido Jarama por el viejo camino del Cardoso, siguiendo por el río hasta el molino para llegar a la Dehesa del pueblo.</p>
<p class="bodytext">En febrero se realizó una ruta por el entorno del Parque Natural Barranco del Río Dulce, en Guadalajara, guiado por la geógrafa y miembro de la SGE Pilar Lacasta. El río Dulce es el primer afluente que se encuentra el Henares aguas abajo de Sigüenza. En el mes de marzo la ruta fue guiada por el geógrafo Fernando Santacecilia y transcurrió por la sorprendente Sierra de San Vicente, un verdadero oasis situado al norte de la provincia de Toledo. Fue un itinerario por los antiguos cordeles y pistas forestales que descienden hacia la localidad de Almendral de la Cañada.</p>
<p class="bodytext"><strong>REPORTEROS DE GUERRA</strong></p>
<p class="bodytext">La Sociedad Geográfica Española presentó el martes 16 de diciembre en el salón de actos de su sede en el Palacio de Fernán Núñez, el nuevo libro de Jesús González Green Reporteros de Guerra que recoge sus principales experiencias como corresponsal de TVE en algunos de los países más conflictivos del planeta. En esta ocasión se proyectó también el documental La Batalla realizado por el propio González Green junto con Miguel de la Quadra Salcedo, José Luis Márquez, Tacho de la Calle y Juan Verdugo.</p>
<p class="bodytext"><strong>ASCENSIÓN AL OCEJÓN</strong></p>
<p class="bodytext">El día 2 de enero, un grupo de miembros de la SGE participó en la iniciativa de Juan Luis Arsuaga de comenzar cada año ascendiendo a la cumbre del Ocejón, la cima más emblemática de la provincia de Guadalajara. Participaron también en este día en la montaña la presidenta de la Diputación de Guadalajara, Maria Antonia Pérez, y un grupo de sus más directos colaboradores.</p>
<p class="bodytext"><strong> EVOCANDO ETIOPÍA</strong></p>
<p class="bodytext">El 11 de febrero en el Salón de Actos del Palacio de Fernán Núñez tuvo lugar la presentación del documental grabado por Alejandro Martínez, miembro de la SGE, durante la expedición cultural a Etiopía en la que participó un nutrido grupo de socios en el mes de noviembre. El documental, que se puede ver en la web de la SGE, permitió a los presentes evocar y, a los participantes de la expedición, recordar el itinerario de un viaje jalonado de referencias a las grandes historias de la exploración del siglo XIX.</p>
<p class="bodytext"><strong>PEDRO PÁEZ CON EL LEGADO ANDALUSÍ</strong></p>
<p class="bodytext">La Fundación El Legado Andalusí y la Sociedad Geográfica Española tienen invitaron a los miembros de la SGE a la presentación del primer libro de la Historia de Etiopía de Pedro Páez, que tuvo lugar en el Salón de Baile del Palacio de Fernán Núñez. El acto contó con la presencia de: Manuel Pimental, Director de la Editorial Almuzara; Javier Reverte, escritor; Isabel Boavida y Manuel Joao Ramos, coeditores Científicos del libro; Jerónimo Páez, Director de la Fundación El legado andalusí y Carlos Martínez de Campos, Presidente de la SGE. Se trata del primer tomo de esta obra, que se completará con la posterior publicación hasta un total de cuatro escritos por el misionero jesuita Pedro Páez en el siglo XVI, primer europeo que alcanzó a ver las fuentes del Nilo Azul en Etiopía, en el siglo XVI.</p>
<p class="bodytext"><strong>VISITAS A MUSEOS: ETRUSCOS, SEGUNDA VISITA</strong></p>
<p class="bodytext">El 10 de enero, y debido al gran número de solicitudes recibidas, la SGE organizó una nueva visita guiada exclusiva para socios a la exposición Etruscos, «Príncipes y Guerreros», instalada en el CaixaForum de Madrid. Fue acompañada, como en la ocasión anterior, por el profesor Adolfo J. Domínguez, profesor titular de Historia Antigua de la UAM y coordinador del ciclo de conferencias paralelas a la exposición.</p>
<p class="bodytext"><strong>DARWIN, EL VIAJE DE LA EVOLUCIÓN</strong></p>
<p class="bodytext">El día 11 de marzo tuvo lugar en el Instituto Geográfico Nacional la conferencia impartida por el antropólogo Jordi Serrallonga, organizada por la Sociedad Geográfica Española y la Universidad Oberta de Cataluña, con el título «El viaje de la evolución: cómo Darwin cambió la historia de la Ciencia y de la Humanidad».</p>
<p class="bodytext"><strong>PRIMER CONCURSO DE RELATOS DE MUJERES VIAJERAS</strong></p>
<p class="bodytext">El portal <a href="http://www.mujeresviajeras.com/">www.mujeresviajeras.com</a>, que dirige Pilar Tejera, miembro de la SGE, ha lanzado el Primer Concurso Nacional Casiopea de relato corto de mujeres Viajeras, patrocinado por Renfe, dentro de su estrategia de Responsabilidad Social Empresarial Un tren de valores Renfe. La idea es invitar a las españolas a relatar, de forma intimista, alguna experiencia viajera que haya cambiado algún aspecto de su vida o haya dejado en ellas una huella especial, y publicar un libro con los relatos ganadores y finalistas, que será distribuido en las librerías de España. La iniciativa está apoyada por empresas como la Editorial Región, la Librería-Agencia De Viaje (Madrid), la Agencia Taranna (Barcelona), Panama Jack o la Editorial Everest, así como por medios especializados, portales de viajes y literarios, e Instituciones como la Sociedad Geográfica Española o la Fundación Mujeres. Las bases del concurso pueden consultarse en la web: <a href="http://www.mujeresviajeras.com/">www.mujeresviajeras.com</a>.</p>
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		<title>Hoteles Literarios. La vida como en una novela. Julián Dueñas</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/hoteles-literarios-la-vida-como-en-una-novela-julian-duenas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 09:59:30 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 32]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La vida como en una novela La inspiración, ese extraño y anhelado concepto que algunos han definidocomo el momento de catarsis casi espiritual en el que conseguimos deshacernos de nuestros [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext"><strong>La vida como en una novela</strong></p>
<p class="bodytext">La inspiración, ese extraño y anhelado concepto que algunos han definidocomo el momento de catarsis casi espiritual en el que conseguimos deshacernos de nuestros fantasmas y alcanzamos a entrever aunque, sea mínimamente, los complejos entresijos del alma humana,suele llegar en el momento más inesperado, en el lugar más insospechado, a la hora más intempestiva. Sin embargo, hay lugares donde la imaginación parece despertar milagrosamente de su letargo invernal y se muestra de manera convulsa y desatada, frenética en ocasiones: cafés, trenes, barcos y por supuesto, hoteles. Estos lugares de sabiduría y éxtasis que diría Paul Bowles, sustitutos de hogares reales o ficticios, han visto nacer entre sus paredes algunas de las páginas más brillantes, divertidas, interesantes y entretenidas de la literatura mundial. Greene, Miller, Conrad, Steinbeck, Proust, Christie, Lawrence, Below, Kipling, Le Carrè, Hemingway, Bowles, Camba Todos encontraron en los hoteles la ansiada y esquiva inspiración que necesitaban para dar forma a sus relatos, los arquetipos para levantar sus personajes, las intrigas para construir sus tramas.</p>
<p class="bodytext">Viajé a Cabourg en busca de Proust, y a Estambul tras los pasos de Christie. He paseado por Tánger hasta sentir la presencia de Bowles, y caminado por Sicilia siguiendo el rastro de Mann. En Nairobi me dejé embargar por los sueños de Hemingway y en Wandrille me sumergí en el silencio de Leigh Fermor. Viajeros y literatos, autores y personajes, autores y personajes, nómadas todos,artistas atormentados algunos, cuyas vidas y obras han quedado ligadas para toda la eternidad al lugar en el que un buen día alumbraron sus obras maestras. Y es que, como dijo el poeta francés Léon-Paul Fargue, la vida de hotel es la única que se presta de verdad a las fantasías del hombre. Estos lugares donde afamados escritores encontraron la inspiración son hoy auténticos santuarios, centros de peregrinaje turístico, iconos del culto literario donde los mitómanos, confesos o no, ansiamos alimentarnos con las migajas del genio, descubrir las claves de la inspiración y el armazón de sus fantasías.</p>
<p class="bodytext"><strong>METÁFORAS DEL VIAJE</strong></p>
<p class="bodytext">En el invierno de 1926, Inglaterra despertó conmocionada por la desaparición de la ya entonces famosa escritora Agatha Christie. Más de mil policías y civiles comenzaron una infructuosa búsqueda en la que, por primera vez en Inglaterra, se utilizaron aviones en el rastreo. Mientras tanto, en ese mismo momento, en Harrogate, un pequeño y coqueto enclave del condado de Yorkshire con gran tirón entre las clases altas de la sociedad victoriana de la época, una tal señora Neele se registraba en el hotel Swan Hydro, hoy conocido como Old Swan, muy próximo al popular hotel Majestic. Diez días más tarde, mientras la nación seguía consternada la búsqueda de la escritora, Bob Tappin, un músico local, creería reconocer en aquella respetable señora a la célebre autora. Alertada la policía, uno de los misterios más sonados de la época había llegado a su fin. Christie no escribió ni un sola página en Harrogate,pero su aventura propició decenas de escritos e incluso a una película, Agatha, protagonizada por Dustin Hoffman y Vanessa Redgrave.</p>
<p class="bodytext">Pero si hay un hotel al que asociar la persona de Agatha Christie ese es el Pera Palace de Estambul. Inaugurado en 1891 como lugar de descanso para los exclusivos viajeros del Orient Express era el único en la ciudad que contaba con baños de agua caliente, la figura del Pera, con su arquitectura art decó, evoca en los viajeros de hoy una curiosa mezcla entre nostalgia y admiración, de envidia y deseo. Metáfora arquitectónica de aventura y viaje. Cruzar su hoy relativamente modesto umbral, vislumbrar sus salones, avanzar por sus enmoquetados pasillos, tomar su vetusto ascensor acompañado por mozos en cuyo uniforme centellean nerviosos los botones de latón, escuchar el tintinear de cubiertos y vajillas, percibir el olor de los siglos y los ecos de sus historias es sin duda una experiencia excitante para los que durante años hemos soñado con ello. Christie, la reina del crimen, pasó aquí temporadas entre 1926 y 1932, cuando daba luz al borrador de su ya legendario Asesinato en el Orient Express, novela que finalmente se publicaría en 1934. La habitación que solía ocupar, la 411, está hoy a disposición de los clientes, y puede visitarse siempre que no esté ocupada. No es gran cosa, pero desde su ventana puede intuirse la belleza de los atardeceres sobre el Cuerno Dorado que debieron sin duda inspirar más de una escena a la escritora británica. No es el único hotel que se arroga este derecho, pues también el mítico Baron Hotel de Alepo, en Siria, quiere compartir el privilegio de haber hospedado a Christie también a Lawrence de Arabia mientras escribía su obra.</p>
<p class="bodytext"><strong>NOSTALGIA DEL TIEMPO PERDIDO</strong></p>
<p class="bodytext">Christie no fue la única que sucumbió al encanto de los hoteles. T. H. Lawrence esbozó Los siete pilares de la sabiduría en el Mena House de Guiza, mientras Dostoievski terminó su obra El idiota en el hotel Couronne de Ginebra. Joseph Conrad escribió gran parte de su Tifón en el singular Raffles Hotel de Singapur, hotel que también dejaría su impronta en Rudyard Kipling, Herman Hesse o Somerset Maugham, y Thomas Wolfe gestaría toda su producción literaria en el Chelsea Hotel de Nueva York. Jack Kerouac daba forma a En la carretera en el Windsor Hotel de Denver, Hemingway haría lo mismo con Por quién doblan las campanas en la habitación 511 del Hotel Ambos Mundos, en Cuba, mientras que el escritor egipcio Albert Cossery, al que se conocía como el Voltaire del Nilo por su ironía, no se conformó con escribir, sino que vivió durante más de sesenta años en la misma habitación del hotel Louisiane de París. Graham Greene ambientó su celebrado El americano impasible en el hotel Continental de Saigón, y James Joyce, a pesar de su glaucoma, aprovechó parte de su estancia en el hotel Lutetia de París para escribir su último y más revolucionario trabajo, Finnegans Wake. En hoteles vivió toda su vida Jean Genet, y en moteles escribieron sus obras Bukowski y Carver.</p>
<p class="bodytext">Estos autores son tan sólo algunos ejemplos de cómo la soledad del artista nómada encuentra un asidero en la habitación de un hotel. También la razón de que muchos de ellos terminasen por convertir su hotel en un símbolo de marca personal, en su propio hogar. Es lo que le ocurrió a Marcel Proust, quien afirmaba que iba al Ritz de París para alejarse del bullicio, a veces para escribir pero, sobre todo, porque me dejan en paz y me siento como en casa. Pero más que el Ritz de París, el hotel que se relaciona con la figura de Proust, y en el que pasó largas temporadas veraniegas entre 1907 y 1914, es el Grand Hotel de Cabourg. La angustia vital que embargaba la existencia del escritor debió encontrar el escenario perfecto en este melancólico hotel al borde del mar. Llegué a él una plomiza tarde del mes de septiembre, y rendí mi personal tributo al autor caminando por el paseo marítimo que hoy lleva su nombre. Me adentré en el hotel como si de una radical inmersión en la melancolía se tratara y, sentado en un pequeño saloncito del vestíbulo, saboreé con deleite la nostalgia de los tiempos perdidos. Acompañé mi breve estancia con un profundo calvados y la serena lectura de unas páginas de su obra. Desconozco si al autor le gustaba el aguardiente, pero me tomé esta pequeña licencia porque el lugar y la temperatura lo requería.</p>
<p class="bodytext">No hay en el Grand Hotel una habitación que lleve el nombre de Proust; fueron muchas en las que se alojó el autor durante sus estancias estivales, ya que cambiaba cada año dependiendo de la bonanza o precariedad de la economía familiar. Proust se aislaba para escribir en la buhardilla del último piso, el más económico, y allí gestaría A la sombra de las muchachas en flor, novela con la que ganaría años más tarde el premio Goncourt y con la que se consagraría como escritor de fama mundial. Las cosas han cambiado bastante desde entonces, y donde antes había damas con sombrillas y niñeras con cofia, ahora hay estresados congresistas y estirados ejecutivos que intercalan sus interminables sesiones de negocios con atrevidos baños en las gélidas aguas del Atlántico. Desde el escondite donde Proust se apartaba del mundo aún se puede contemplar ese cielo plomizo y el mar embravecido, esa «armonía gris y rosa» que habitaba con tanto ímpetu en su corazón.</p>
<p class="bodytext"><strong>BAJO EL CIELO PROTECTOR AFRICANO</strong></p>
<p class="bodytext">Para Bertolt Brecht habitar en un hotel era concebir la vida como una novela. Y eso fue lo que debió pensar el norteamericano Paul Bowles, quien convirtió Tánger y su hotel El Minzah en su alojamiento permanente durante una temporada. A su llegada en 1931, el legendario hotel personificaba todo el exotismo y el misterio orientalista, la tradición romántica que Bowles se encargó de canalizar sabiamente en algunas de sus novelas. Allí, bajo el cielo protector de la Tánger más cosmopolita, rica en escenas y grandes personajes, el escritor hizo del mítico Caids Piano Bar el lugar de recepción de generaciones de periodistas. Hoy, el hotel, aun siendo de lo mejor que puede encontrarse en una Tánger en plena transformación, conserva ese aire decadente que traslada al visitante a una época cercana en el tiempo pero extraordinariamente lejana. Sentarse en el bar, con las blancas puertas abiertas a su jardín y su piscina, es impregnarse de la sabiduría y el éxtasis con que tan acertadamente Bowles describió a este magnífico hotel. No es el único de la ciudad impregnado de literatura. En el Continental, construido en 1865, se hospedaron, soñaron y seguramente se inspiraron escritores como Pío Baroja, Jacinto Benavente o Somerset Maugman, además de un joven Winston Churchill. En el Al Muniria se hospedó William Burroughs, quien aterrizó en Tánger en la década de los 40 huyendo del aburrimiento americano. Aquí, acompañado del pintor Brion Gysin, escribiría El almuerzo desnudo, que pronto llegaría a ser una de las obras cumbres de la generación Beat.</p>
<p class="bodytext">La llamada de África también la sintió con especial fuerza otro de los grandes escritores de la literatura universal: Ernest Hemingway. Las enormes ansias de aventura y peligro llevarían al escritor norteamericano a viajar dos veces al continente africano. La primera vez que viajó a Kenia fue en 1933, y lo hizo probablemente en busca de una nueva fuente de inspiración. Al poco tiempo de llegar, Hemingway cayó enfermo de disentería, lo que le obligaría a guardar cama durante una temporada. Durante ese tiempo llegó a conocer a importantes figuras de la sociedad local, entre ellos a Bror Blixen, el que fuera marido de Karen Blixen, icono africano y autora de la cinematográfica novela Memorias de África, quien solía visitarlo con frecuencia. El alojamiento habitual de Hemingway durante su estancia en la ciudad era el hotel Savoy, y en él escribiría, además de diversos escritos, Las Nieves del Kilimanjaro. El Savoy, completamente reformado desde 2003, conserva aún todo el encanto de la época. En su lobby, decorado con maderas nobles y presidido poruna flamante escalera que conduce al bar, imágenes en blanco y negro recuerdan la época dorada de los safaris, la figura de los Blixen y la construcción del Lunatic Train, la línea de ferrocarril que unía Mombasa con Nairobi y que se haría tristemente famosa por los ataques de los dos leones asesinos a sus operarios. Curiosamente, el autor de Los devoradores de hombres de Tsavo, el coronel J. H. Patterson, también se alojaría en el mismo hotel, al igual que Winston Churchill, quien no perdía una oportunidad de alojarse en un buen hotel. Es obligatorio pasarse por su bar, donde aún se conservan importantes recuerdos de la época colonial británica y cuyo mobiliario, aún sin ser en gran parte original, destila literatura.</p>
<p class="bodytext"><strong>INSPIRACIÓN MEDITERRÁNEA</strong></p>
<p class="bodytext">De vuelta a Europa, la isla de Sicilia, y en especial la hoy explotada, saturada y siempre bella y cautivadora Taormina, también fue fuente de inspiración y reclamo de decenas de escritores y artistas que, como en tantos otros lugares, encontraron un hotel donde poner negro sobre blanco su genial universo interior. Éste no fue otro que el Grand Hotel Timeo. Desde la terraza del hotel, con las privilegiadas vistas del monte Etna, nevado o no, contemplaron el lento carrusel de la vida Thomas Mann, Somerset Maughan o Tennessee Williams, quien escribió aquí dos de sus obras más afamadas, Un tranvía llamado deseo y La gata sobre el tejado de zinc. El hotel fue construido en 1874 como refugio invernal para las clases pudientes europeas aquellas que tenían entre sus vicios confesables el de realizar el llamado Grand Tour pedagógico y cultural por Europa, germen del turismo moderno, y sirvió de alojamiento a miembros de la realeza europea que disfrutaban aquí de una incógnita estancia. Una vez más, un clima agradable, la belleza del paisaje, el ambiente cosmopolita y la vida relajada atrajeron a los escritores en busca de la ansiada inspiración. El Timeo fue pronto sustituido por el San Domenico, un antiguo convento que abrió sus puertas en 1905 y rápidamente acaparó las preferencias de viajeros invernales, artistas y literatos como Truman Capote, Tennessee Williams o D. H. Lawrence. Del primero se cuenta que, en una noche donde la bebida había corrido más de la cuenta en el San Domenico, llegó a cerrar un trato por el que compraba a un propietario local Isola Bella, una preciosa islita junto a la costa de Taormina, por la suma de 10.000 dólares. La felicidad de vendedor y comprador duró el tiempo que tardó en llegar una notificación de un banco de Nueva York: el cheque no tenía fondos.</p>
<p class="bodytext">El hotel Cecil de alejandría no contó con el privilegio de que algún autor de fama residera en sus habitaciones mientras escribía su gran obra, pero sí consiguió que diversos autores mo Lawrence Durrel, Costantin Cavafis o Edgar M. Foster lo inmortalizaran a sus páginas. El caso más conocido es del escritor británico Durrell, quién situó el inicio de Justine, en El Cuarteto de Alejandría, en este magnífico hotel, hoy propiedad de la cadena Sofitel. Algo similar ocurre con la Costa Azul francesa, refugio habitual de escritores como Maupassant, Verne o Simenon, además del cretense Nikos Kazantzakis, que escribiría aquí El Cristo recrucificado y Carta al Greco, el alemán Ernst Jünger, con su Una tarde en Antibes, y el inglés Graham Greene, quien escribió en su piso de la calle Pasteur El cónsul honorario, El factor humano y Viajes con mi tía. Pero sería el norteamericano Scott Fitgerald quien dejaría huella indeleble en la costa francesa al escribir su novela Suave es la noche en una villa de Juan-les-Pins, hoy reconvertida en el flamante hotel Belles-Rives.</p>
<p class="bodytext">No quiero abandonar Francia sin rendir mi particular homenaje a la figura de otro gran escritor británico, Sir Patrick Leigh Fermor, considerado uno de los grandes escritores de viajes del siglo XX. Su bello A time to keep silence no fue escrito en un hotel, pero sí en las celdas del monasterio de Saint-Wandrille, en Normandía. Todavía hoy es posible alojarse en esta impresionante abadía sólo los hombres, pues la mujeres deberán irse a un hostal del pueblo y sentir la sonoridad del silencio tal y como él lo hizo. Y si bien no es un hotel literario, probablemente el hotel de escritores más conocido del mundo sea el Pont Royal, junto al boulevard Saint-Germain, en París, donde degustaron su atmósfera intelectual Camus, Sartre, Genet o Simone de Beauvoir.</p>
<p class="bodytext"><strong>MITOS AMERICANOS Y LOCALES</strong></p>
<p class="bodytext">Si Europa se encuentra plagada de hoteles literarios, no hay ciudad como Nueva York para seguir la senda de la inspiración de los grandes genios de la literatura al otro lado del charco. Si las personas son el resultado de su paisaje, tal y como dijo Lawrence Durrell sobre Cavafis, no encontrarán los peregrinos literarios mejor lugar en el mundo que el Chelsea Hotel, en la 23rd Street, centro neurálgico de la vida bohemia y artística, del intercambio cultural y filosófico. En él vivió Arthur Miller durante siete años, y allí escribió Las brujas de Salem, mientras William Burroughs, quien vivió en el hotel en 1965, comentaba las posibilidades del lugar como generador de historias inverosímiles. No fueron los únicos: Arthur Clarke se alojó en la habitación 1008 cuando ya esbozada su 2001, Odisea en el espacio, y Sam Shepard, hasta las cejas de alcohol y drogas, terminaba sus Crónicas de motel.</p>
<p class="bodytext">Algo más al sur, en Buenos Aires, un viejo recordaría con gran cariño un hotelito, ya derruido, en la cercana localidad de Adrogué. El hotel Las Delicias, en el que llegó a vivir un año y donde pasaba buena parte de sus vacaciones familiares, estaría muy presente en toda su producción literaria. Muchos argumentos, muchas escenas, muchos poemas que he imaginado nacieron en Adrogué, diría el genio argentino. La obra de Julio Cortázar también tiene un nexo con un hotel en Montevideo. El Cervantes, un hotel sombrío, tranquilo, casi desierto, fue el lugar elegido por el escritor para alojarse durantes sus estancias en la capital uruguaya. Tal fue el vínculo con él que incluso lo llevaría a su cuento La puerta condenada, relato que no fue escrito en sus habitaciones sino en la tranquilidad de su piso en París.</p>
<p class="bodytext">Este recorrido por los hoteles de la literatura no podía terminar sin mencionar el caso particular del español Julio Camba, uno de los escritores y periodistas más admirados y respetados de la primera mitad del siglo XX. En 1949, el ilustre gallego ya era huésped de la habitación 383 del hotel Palace de Madrid hoy conocida como suite Julio Camba,dicen que gracias a la generosidad de Juan March, a quien parece que ayudó en sus años repúblicanos, y no lo abandonaría hasta el mismo día su muerte, acaecida en febrero en 1962, a la edad de setenta y ocho años. Después de haber recorrido medio mundo, Camba consideró que no había otra salida para vivir bien que hacerlo tal y como lo había hecho siempre: como un extranjero.</p>
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		<title>Las musas literarias del áfrica Oriental. Jordi Serrallonga</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/las-musas-literarias-del-africa-oriental-jordi-serrallonga/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 10 May 2016 09:59:04 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 32]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>De las colinas de Ngong a las nieves del Kilimanjaro Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. ¿Quién no ha pronunciado alguna vez, en [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[<p class="bodytext"><strong>De las colinas de Ngong a las nieves del Kilimanjaro</strong></p>
<p class="bodytext">Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong. ¿Quién no ha pronunciado alguna vez, en voz alta o en sus adentros, esta sucesión de bellas palabras?. No nos describen, en principio, nada especial: sólo unas posesiones terrenales en Kenia durante la primera mitad del siglo XX. Ahora bien, los viajeros que han tenido la oportunidad de pernoctar a los pies de las colinas de Ngong, el Meru, el Oldoinyo le Ngai o el Ngorongoro, seguro que se han apropiado de esta frase simplemente readaptando tanto la fórmula como el topónimo final; por ejemplo: Yo dormí en un campamento en África, al pie del Kilimanjaro. Pero también los viajeros virtuales, aquellos que se desplazan a lomos de la literatura hasta lugares recónditos, los mismos que a falta de una granja o tienda de lona se han atrevido a profanar las letras, palabras, párrafos, páginas y capítulos que siguen a tan escueta como descriptiva cita, es posible que hayan soñado alguna vez con gratas vivencias cerca de los muchos relieves adyacentes a la Gran Falla del Rift; la cicatriz natural que atraviesa el África Oriental en su largo y tortuoso camino geológico desde el Mar Rojo hasta Mozambique. ¿Por qué? Quizás porque todos ellos se han visto seducidos por las historias de una mujer casada con África que siguió aferrada al continente negro incluso después del divorcio.</p>
<p class="bodytext">Yo tenía una granja en África, al pie de las colinas de Ngong es, sin duda, el primer verso de un himno que aúna a todos los viajeros que quieren adentrarse en las maravillas del Este de África. El inicio de un libro escrito por la baronesa Karen Blixen, la emigrante aristócrata una de las Reinas de África según Cristina Morató o la Hermana Leona de los kikuyu que viajó desde Dinamarca hasta Kenia en pos de fortuna, y que después de años de aventuras en esta tierra regresaría a Europa para escribir sobre sabanas, animales salvajes, acacias y montañas bajo el varonil pseudónimo de Isak Dinesen. Hablamos, cómo no, de Memorias de África.</p>
<p class="bodytext">En las tierras altas te despertabas por las mañana y pensabas: «Estoy donde debo estar».</p>
<p class="bodytext"><strong>PUNTO DE PARTIDA PARA UN SAFARI LITERARIO: NAIROBI</strong></p>
<p class="bodytext">Un peregrino de la literatura en África, al igual que hoy se detendría en el Hotel Old Cataract de Asuán en busca del lugar donde Agatha Christie halló inspiración para escribir Muerte en el Nilo (es fácil imaginar a Hercule Poirot atravesando la puerta giratoria o fisgoneando en la terraza), no debe dejar escapar la ocasión de visitar el Hotel Norfolk de Nairobi. Aún siendo un edificio en parte reconstruido, todavía conserva el espíritu de cuando Karen Blixen almorzaba en el elegante restaurante o bailaba en sus salones. Un gin-tonic, una cerveza Tusker o un refresco en el actual Club Lord Delamere nos transportará hasta los tiempos en que la baronesa tomaba copas nocturnas en el Norfolk junto a los aventureros, cazadores y funcionarios ingleses; para ello hubo de vencer el rechazo que causaba entre muchos británicos su simpatía por los pueblos kikuyu o maasai, además de demoler la exclusividad de los cerrados círculos masculinos coloniales.</p>
<p class="bodytext">&#8230; Nairobi era una ciudad donde podías hacer compras, enterarte de noticias, almorzar o cenar en los hoteles y bailar en el club.</p>
<p class="bodytext">Pero además de la visión romántica de Nairobi también existe una imagen literaria no tan benevolente. Por ejemplo, en su libro Mi viaje por África, el Nobel de Literatura Winston Churchill, tras una expedición por las posesiones africanas de la Corona a principios del siglo XX, se quejaba amargamente de la ubicación geográfica de la capital del Protectorado del África Oriental:</p>
<p class="bodytext">Concebida en principio como un lugar idóneo para la instalación de los espaciosos almacenes y comercios destinados a la construcción y el mantenimiento del ferrocarril, como zona residencial, en cambio, no disfruta de ninguna ventaja. La población se asienta sobre suelo bajo y pantanoso, disponiendo de escaso abastecimiento de agua y de una situación, en general, bastante insalubre.</p>
<p class="bodytext"> Al respecto, si bien es indiscutible que las difíciles condiciones de vida en la Nairobi fundacional siempre se han cernido, hasta el presente, sobre la ciudadanía dotada de menos recursos económicos (es una de la urbes más pobladas del planeta que no se libra de las omnipresentes bolsas de pobreza que, por desgracia, siguen existiendo a ojos de la antigua Europa colonial), también es cierto que fue algo que no importó demasiado a la mayoría de aristócratas, gentlemen y ladies que, en busca de riqueza pero también huyendo de yugos familiares, escándalos y acreedores, se afincaron en las tierras altas de Kenia. Una ingente masa de snobs que, exportando el cricket, los clubs de polo y las reuniones sociales pensaron que contribuían a la gloria y perpetuación del Imperio gracias a sus plantaciones y negocios. Nada más lejos de la realidad. El asesinato de Lord Erroll en los alrededores de Nairobi, el 24 de enero de 1941, destapó la forma de vida de una comunidad blanca elitista que vivía de espaldas a los problemas de la madre patria. Así, mientras la Primera Gran Guerra Mundial tuvo cierta repercusión para los colonos británicos que, organizados por Lord Delamere, se movilizaron para luchar contra las tropas germanas procedentes de Tanganyika, durante la posguerra y los inicios de la Segunda Gran Guerra Mundial los habitantes de las tierras altas brindaban con champagne y degustaban exquisitos filetes de ganado vacuno en tanto sus compatriotas sufrían épocas de carestía, racionamiento y movilización militar y ciudadana. En consecuencia, la investigación sobre un crimen relacionado con la disipada vida del secretario militar de Kenia, Lord Erroll, y la intervención del gobierno de Londres, puso fin al descontrol de Nairobi y sus alrededores. El brillante libro de James Fox, Pasiones en Kenia, es la mejor reconstrucción de una época que, lejos de la imagen hierática, conservadora y educada de la aristocracia inglesa, fue protagonizada por unos personajes de carne y hueso refugiados en su Edén particular (algo nada reprochable si no fuese por el desdén con el que solieron tratar a la población y patrimonio locales):</p>
<p class="bodytext">Los colonos compartían con frecuencia esa extraña sensación, común a los ingleses exiliados que viven en grupos, de estar «descontrolados». (&#8230;) Una vez recuperado su espíritu y su sentido de clase en este paraíso feudal, la tentación de portarse mal resultaba irresistible, y tanto hombres como mujeres sucumbían a las tres «aes»: altitud, alcohol y adulterio. No era de extrañar que en la metrópoli se sospechara de las colonias y que el caso Erroll encendiera un polvorín de resentimiento.</p>
<p class="bodytext"><strong>GRANJAS, CAFETALES, MONTAÑAS Y RELATOS</strong></p>
<p class="bodytext">Cuando visitamos la antigua granja de Karen Blixen, adscrita y gestionada por National Museums of Kenya, vemos que ha pasado el tiempo. Menos de un siglo, pero lo suficiente como para comprobar que ya no se trata de esa propiedad que parecía tan aislada de Nairobi en los locos años veinte. Ahora no se</p>
<p class="bodytext">llega en un carro tirado por bueyes ni en uno de los primeros automóviles que profanaron África, sino con modernos vehículos 4&#215;4 que ruedan por pistas asfaltadas; Mbogani, la segunda propiedad que ocupó la baronesa Blixen durante su vida en Kenia, aún tratándose de los mismos dieciseis kilómetros de antaño, hoy está muy cerca de Nairobi. Pero no ha perdido su encanto; por mucho que hayan desaparecido las plantaciones de café y los cobertizos de la factoría (fósil y símbolo de la ruina que alejó a Karen Blixen de África para siempre) todavía se conservan algunos de los muebles, piezas de porcelana y estancias que fueron testigo de las innumerables historias que esta Hermana Leona relataba a su amante, el mítico organizador de safaris formado en Eton y Oxford: Denys Finch-Hatton.</p>
<p class="bodytext">Denys, que vivía principalmente a través del oído, prefería escuchar un cuento a leerlo; cuando llegaba a la granja me preguntaba: ¿Tienes algún cuento? Durante su ausencia yo preparaba muchos. Por las noches se ponía cómodo tendiendo cojines hasta formar como un sofá junto al fuego y yo me sentaba en el suelo, las piernas cruzadas como la propia Scherezade, y él escuchaba, atento, un largo cuento desde el principio hasta el fin.</p>
<p class="bodytext">El viajero, paseando por las dependencias de la granja al pie de la colinas de Ngong quizás escuche el lejano eco de los compases de Igor Stravinsky sonando en el gramófono de Denys, o la voz de Karen explicando un nuevo relato a la luz de las velas y los quinqués. Pero existen otros cafetales hoy vivos: en la población de Karatu, en la antigua Tanganyika alemana, se extienden grandes plantaciones aisladas de café arábigo a los pies del majestuoso Ngorongoro. Bellos parajes donde también podemos hacer realidad nuestros sueños literarios bajo la protección de inolvidables montañas. Y es que nuestro safari continua con rumbo a Tanzania.</p>
<p class="bodytext"><strong>SAFARIS, FAUNA SALVAJE, CAMPAMENTOS Y ESTRELLAS</strong></p>
<p class="bodytext">Safari significa viaje en la lengua swahili. Qué maravillosa palabra. No sólo por su sonoridad o popularidad, sino sobre todo por todo lo que entraña: desplazarse a pie o en vehículo (bicicleta, todoterreno, tren, globo, avioneta&#8230;) por las llanuras, bosques, desiertos y sabanas de África. Winston Churchill no escatimó palabras para alabar las sensaciones de un largo safari por las tierras del África Oriental, y muchas de ellas las dedicó a la descripción de los campamentos. En efecto, acampar en medio del bush es una de las mejores experiencias que puede realizar el viajero actual. Karen Blixen no fue ajena ni a los safaris ni a los campamentos, y así lo describió en sus memorias:</p>
<p class="bodytext">&#8230; con frecuencia en la granja hablábamos de los safaris que habíamos hecho. Los lugares de las acampadas se fijan en tu mente como si hubieras vivido durante mucho tiempo en ellos. Recordabas la huella de una curva de tu carro en la hierba de la pradera como los rasgos de un amigo.</p>
<p class="bodytext">A semejanza de Churchill, otro Nobel de Literatura, Ernest Hemingway, también concedió grandes atenciones a los campamentos que marcaron el argumento de sus escritos situados en el África Oriental: Las Nieves del Kilimanjaro, La corta y feliz vida de Francis Macomber o Las verdes colinas de África. Y es que Hemingway estaba perfectamente habituado a las tiendas de lona, camastros, mosquiteras, mesas plegables, cocinas de campaña, etc. que utilizó durante sus conocidas cacerías. En la actualidad, los trofeos de caza mayor han sido sustituidos por un reto mucho más emocionante: la contemplación y estudio de la fauna salvaje. Un trabajo que ha derivado en otro género de literatura, la de los naturalistas como el Dr. Bernhard Grzimek y su hijo Michael que, con el impulso del primer presidente tanzano Julius Nyerere y el acuerdo pacífico con los maasai, ayudaron a la creación del Área de Conservación de Ngorongoro y el Parque Nacional del Serengeti. Su libro, El Serengeti no debe morir, todavía arrastra a muchos viajeros hasta un modesto monumento ubicado en la cresta del Cráter de Ngorongoro: es el monolito de guijarros que señala el lugar donde padre e hijo están enterrados, aunque en orden inverso al natural. Michael sufrió un accidente mientras pilotaba su famosa avioneta pintada con líneas de cebra y su padre lo incluyó como autor póstumo en el manuscrito que habían soñado escribir juntos:</p>
<p class="bodytext">“Michael Grzimek pereció instantáneamente. Aquel mismo día fue sepultado en el borde superior del cráter de Ngorongoro, en un paisaje eternamente verde, en un lugar que domina, desde gran altura, las llanuras del Ngorongoro y sus manadas de animales salvajes”</p>
<p class="bodytext">Y en el Ngorongoro, por la noche, si miramos hacia el cielo seguro que descubriremos otra maravilla natural equivalente a la caldera extinta que sirve de cobijo a miles de animales, incluido el rinoceronte negro; hablamos de la bóveda celeste. Un planetario natural donde en el invierno europeo y el verano austral africano destaca la constelación del cazador: Orión. Pero en áfrica debemos desprendernos de la mitología grecorromana; existen otras civilizaciones y culturas tan ricas como la nuestra. Así, durante las acampadas, si hablamos con los maasai descubriremos que Orión es en realidad Ngai, su Dios. Y Ngai bajó por una especie de tobogán (la Vía Láctea) hasta su morada en el lago Natron: el volcán Oldoinyo le Ngai, o Ol Doinyo Lengai, descrito así por Justin Cartwright en la novela Soñando con los Masai:</p>
<p class="bodytext">Un poco hacia el norte está el Ol Doinyo Lengai, la Montaña de Dios, su residencia permanente. Se alza abruptamente desde la base del valle [refiriéndose a la Gran Falla del Rift]. Se dice que para los masais este volcán –suelta humo y cenizas de cuando en cuando– es un lugar sagrado. Yo me pregunto, sin embargo, quién sabe lo que significa sagrado para los masais”.</p>
<p class="bodytext"><strong>MAASAI: LOS GUARDIANES DEL LAGO</strong></p>
<p class="bodytext">Existe un lugar de áfrica donde confluyen los orígenes míticos de los maasai con los orígenes biológicos de la Humanidad. Guerreros y pastores maasai conviven así con los arqueólogos y paleontólogos que trabajamos en el lago Natron (Los Guardianes del Lago. Diario de un arqueólogo en la tierra de los maasai). Mientras que los maasai consideran que Ngai tuvo tres hijos de los cuales sólo sobrevivió Natero Kop, el ganadero (y de ahí que se consideren los propietarios de todas las reses del mundo), los detectives del pasado encontramos las evidencias fósiles de los primeros representantes<br />
del linaje humano. Una conjunción de mito y logos absolutamente fantástica.</p>
<p class="bodytext">Pero, ¿qué tienen los maasai para que se hayan convertido en protagonistas de mil y una historias literarias? La mismísima Karen Blixen, en Memorias de áfrica, nos ofrece una exaltada descripción de estos ganaderos y guerreros nómadas de la sabana:</p>
<p class="bodytext">“Los jóvenes morani-masai se alimentan de leche y de sangre; tal vez esta dieta es la que les proporciona su hermosa suavidad y tersura en la piel. Los rostros, con los pómulos salientes y las prominentes mandíbulas, son lisos, sin una arruga o una estría, llenos; los ojos opacos, invisibles, están engarzados como dos piedras negras en un mosaico (&#8230;). El gran contraste, o armonía, entre esos rostros suaves y llenos, los cuellos poderosos y las anchas y redondas espaldas, con la sorprendente esbeltez de la cintura y las caderas, la delgadez de las rodillas y de los muslos, y las largas, derechas y musculosas piernas, les da el aspecto de criaturas entrenadas con una dura disciplina para convertirse en seres rapaces, codiciosos y ávidos en extremo.</p>
<p class="bodytext">En las regiones fronterizas entre Kenia y Tanzania, sobre todo en las llanuras de Sinya y los alrededores del lago Natron, el viajero entrará en contacto con aquellos maasai que siguen las mismas costumbres y tradiciones de antaño. ¿Una reliquia del pasado para deleite del europeo en busca de los mal llamados pueblos primitivos? No, en absoluto. Simplemente, una manifestación del orgullo que para los maasai significa seguir siendo maasai: portar lanzas de guerra, construir cabañas con boñigas de vaca amasadas, decorar los cuerpos con pigmentos y joyas, aumentar las reses del rebaño, consultar al laibon, superar los ritos de iniciación, etc.</p>
<p class="bodytext"><strong>DEL LAGO NATRON AL KILIMANJARO: EL TECHO DE ÁFRICA</strong></p>
<p class="bodytext">A los pies del volcán Ol Doinyo Lengai hemos descubierto nuestros orígenes, y el de los maasai, pero somos merecedores de un premio: sobrevolar el lago Natron. El mejor regalo con el que Denys Finch-Hatton obsequió a Karen Blixen cuando, habiendo aprendido a volar y provisto de su propio biplano, puso rumbo al lago rosa:</p>
<p class="bodytext">El cielo estaba azul, pero al entrar volando desde las praderas sobre el país más bajo, pedregoso y desnudo, todos los colores estaban tan quemados que habían desaparecido. El paisaje entero debajo de nosotros parecía una concha de tortuga delicadamente dibujada. De repente, en medio de todo esto, apareció el lago. El fondo blanco, resplandeciendo a través del agua, le da, cuando lo ves desde el aire, un sorprendente, increíble color azulado, tan claro que por un momento tienes que cerrar los ojos (&#8230;). Volábamos alto, luego volamos a menos altura;mientras bajábamos nuestra sombra azul oscura flotaba debajo nuestro sobre el lago azul celeste. Aquí viven miles de flamencos&#8230;</p>
<p class="bodytext">Y desde el lago Natron nos dirigiremos hasta el techo de África. Acampar a los pies del Kilimanjaro supone el final de nuestro safari literario. Las colinas de Ngong, el Ngorongoro y el Ol Doinyo Lengai han sido nuestros refugios anteriores, pero podríamos haber añadido otros muchos relieves cuyas faldas hospedaron y hospedan a los nativos y extranjeros enamorados del África Oriental: Meru, Monte Kenya, Sambu, Kitumbeine, Gelai, etc. Al igual que el joven y activo volcán al Sur del lago Natron, el anciano Kilimanjaro también es una montaña sagrada para los maasai; así, cada vez que levantamos nuestras tiendas de lona en la llanura de Sinya, o en las colinas de Elerai, hasta el más agnóstico da las gracias a Ngai&#8230; ashe naleng en la lengua de los maasai.</p>
<p class="bodytext">El Kilimanjaro es una montaña cubierta de nieve, de 5.913 metros de altura, y dicen que es la más alta de África. Su nombre en masai es Ngàje Ngài, La Casa de Dios. Cerca de la cima se encuentra el esqueleto seco y helado de un leopardo, y nadie ha podido explicar nunca qué buscaba el leopardo por aquellas alturas. (Ernest Hemingway, Las Nieves del Kilimanjaro).</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/las-musas-literarias-del-africa-oriental-jordi-serrallonga/">Las musas literarias del áfrica Oriental. Jordi Serrallonga</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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