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	<title>Boletin 69 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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	<title>Boletin 69 archivos - Sociedad Geográfica Española</title>
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		<title>Berlín: la conferencia que despedazó África</title>
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		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Feb 2022 11:15:36 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 69]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Ramón Jiménez Fraile Boletín 69 &#8211; Sociedad Geográfica Española Fronteras Inaugurada en noviembre de 1884, la Conferencia de Berlín ha pasado a la historia como el epítome del despiece [&#8230;]</p>
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<p><strong>Texto: Ramón Jiménez Fraile<br></strong></p>



<p>Boletín 69 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Fronteras<br><br><strong>Inaugurada en noviembre de 1884, la Conferencia de Berlín ha pasado a la historia como el epítome del despiece del continente africano y de la voracidad colonial. La idea que se tiene de esa cita internacional, a la que no asistió ningún africano, es que transformó los espacios en blanco de los mapas de África en piezas arbitrarias de un puzle que se repartieron los países occidentales.</strong></p>



<p>En realidad, el evento diplomático como tal no estableció fronteras ni procedió a repartos, sino que fijó las reglas del juego que guiaron el comportamiento de las potencias coloniales. Fue, en efecto, al margen de esa conferencia y en las décadas que siguieron, cuando dichas reglas serían invocadas por los países europeos para repartirse el pastel africano. Por ejemplo, en base a los principios acordados en Berlín, Reino Unido y Francia firmaron, hasta 1905, más de doscientos tratados fronterizos relativos a territorios en África.</p>



<p>La Conferencia de Berlín supuso también la inusitada emergencia como potencia colonial de Bélgica. Mejor dicho, de su soberano Leopoldo II, el cual, astutamente, logró hacerse con el control de una parte substancial de la cuenca del Río Congo. En cuanto a España, su papel en la Conferencia fue secundario, cuando no insignificante, y estuvo marcado por tensiones en torno a la parte continental de la actual Guinea Ecuatorial.</p>



<p>El devenir de todo un continente quedó diseñado por los representantes de catorce Estados, procedentes de Europa, del Imperio otomano y de Estados Unidos, que celebraron reuniones en la capital del Imperio alemán entre el 15 de noviembre de 1884 y el 26 de febrero del año siguiente. El “Canciller de Hierro”, Otto von Bismark, fue el impulsor de esta “cumbre” centrada en África, pero en la que estuvo muy presente la realidad de Europa, donde el Imperio alemán ejercía por aquel entonces un papel preponderante que se afanaba por consolidar. Se ha dicho que, orquestando el reparto de África, Bismark buscaba atenuar el revanchismo de la Francia derrotada en la no muy lejana guerra franco-prusiana (1870-1871), al tiempo que pretendía promover el expansionismo ordenado de las potencias europeas, con objeto de rebajar tensiones en una Europa que se debatía entre el desarrollo industrial y el proteccionismo nacionalista.<br><br><strong>UN TRASFONDO ECONÓMICO REVESTIDO DE GRANDES PALABRAS</strong></p>



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<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:100%">
<p>Garantizar el libre comercio de los grandes ejes de comunicación africanos (concretamente los ríos Congo y Níger), y hacerse con el control de la mayor extensión posible de territorio, se antojaba para los líderes europeos de la época la mejor manera de preservar no solo el suministro de materias primas, sino también de dar salida comercial a sus excedentes industriales. Pese al evidente trasfondo económico de la cuestión africana, el pretexto esgrimido por los mandatarios en sus declaraciones públicas fue llevar el de llevar el progreso y la civilización a ese continente y abolir la esclavitud.</p>



<p>En ausencia de africanos en la reunión, las particularidades y la implantación territorial de sus habitantes fueron totalmente ignorados por la Conferencia de Berlín. El profesor Achille M’Bembe, de la Universidad de Johannesburgo, ha puesto en evidencia la diferencia fundamental que existía entre occidentales y africanos respecto a la noción misma de frontera. Mientras que para los primeros ese concepto significaba un obstáculo infranqueable, para los africanos lo fronterizo consistía más bien en <em>“un espacio de mezcolanza y de encuentro” </em>propicio a los intercambios de todo tipo.</p>



<p>En el plano geopolítico, la súbita irrupción de las potencias europeas en el interior de África, tras cuatro siglos de presencia limitada a sus costas, supuso el fin de la era presidida por los llamados “derechos históricos”, y el inicio de otra dominada por la nueva doctrina de la “ocupación efectiva”. El más perjudicado por este cambio de doctrina fue Portugal, ya que vio cómo fueron descartadas muchas de sus aspiraciones, como primer país europeo, hacia finales del siglo XV, en establecer contacto con el África subsahariana, empezando por la pretensión lusa de unir territorialmente Angola y Mozambique, es decir sus posesiones del Atlántico y del Índico.</p>
</div>
</div>



<p>Otra innovación de la reunión de Berlín fue la introducción del concepto <em>“esfera de influencia”</em>, utilizado por primera vez en el Acta general de la Conferencia, según la cual <em>“toda potencia europea instalada en la costa (africana) podrá extender su dominación hacia el interior hasta encontrar una esfera de influencia vecina”</em>. En cuanto a las <em>“condiciones esenciales” </em>que debían reunirse para dar por buena toda nueva ocupación de territorios africanos, el decisivo artículo 34 del Acta general estableció lo siguiente: <em>“La potencia que, a partir de ahora, tome posesión de un territorio de la costa del continente africano situado fuera de sus posesiones actuales, acompañará el acta en cuestión de una notificación dirigida a las otras potencias firmantes del presente acta, con objeto de darles la oportunidad de establecer reclamaciones”.&nbsp;</em></p>



<p>A estas disposiciones en materia de ocupación territorial se sumó la exigencia de garantías relativas a la libertad de tráfico y comercio en los dos grandes ríos de la costa occidental africana: el Níger y el Congo. Había sido precisamente la pretensión del Reino Unido de imponer a Portugal, a principios de 1884, el libre comercio en la desembocadura del Río Congo lo que había llevado a Bismarck a convocar la cita diplomática de Berlín.</p>



<p><strong>OBJETIVOS MARCADOS POR BISMARCK</strong></p>



<p>Comparada con la de otros países europeos, la presencia de Alemania en África era, por aquel entonces, marginal, puesto que se limitaba a sendos protectorados en Togo (1883) y Camerún (1884), así como a una pequeña colonia privada, fundada por Adolf Eduard Lüderitz, en el Sudoeste africano (1884), destinada a explotar minas de cobre. Por otro lado, una expedición de la Compañía Alemana del África Oriental, dirigida por Carl Peters, pretendía haber anexionado unos 140.000 kms2 con la firma de doce tratados con jefes locales de la actual Tanzania. En realidad, Bismarck nunca se mostraría particularmente activo en materia de colonialismo. De hecho, fue su prudencia colonial la que le haría perder la confianza del emperador alemán Guillermo II, y verse definitivamente apartado de la política en 1890. Más que el afán expansionista, el interés de Bismarck por ejercer de árbitro de la carrera colonial en África fue el de poner coto al creciente protagonismo británico, al tiempo que intentaba satisfacer a Francia.</p>



<p>Aunque Bismarck apenas participó en los trabajos de la conferencia, la marcó con su impronta al fijar los cuatro objetivos primordiales que expuso en su discurso de apertura:</p>



<ul class="wp-block-list">
<li>Garantizar la apertura comercial de las cuencas de los ríos Congo y Níger.</li>



<li>Garantizar la libertad de navegación en los ríos.</li>



<li>Suprimir la esclavitud.</li>



<li>Establecer los procedimientos a seguir cara a futuras ocupaciones europeas en África a partir del litoral.</li>
</ul>



<p><br><br><strong>LA SORPRENDENTE IRRUPCIÓN DE LEOPOLDO II</strong></p>



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<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow" style="flex-basis:101.96%">
<p>Una de las consecuencias más relevantes de la Conferencia de Berlín fue la sorprendente irrupción del Rey de los Belgas Leopoldo II como agente colonial, al convertirse en dueño y señor del futuro Congo belga.</p>



<p>Haciendo valer los servicios que le había prestado en África el reportero metido a explorador Henry Morton Stanley, primer occidental en recorrer en toda su amplitud el Río Congo, el monarca belga había obtenido antes del inicio de la conferencia la garantía de Alemania de reconocer la llamada Asociación Internacional del Congo. Esta organización era la heredera de la Asociación Internacional Africana que había surgido de una conferencia geográfica organizada por Leopoldo II en Bruselas. El propio Stanley, que participó en la conferencia como experto en el seno de la delegación estadounidense, se encargaría de que el Gobierno de Estados Unidos fuera el primero en anunciar públicamente el reconocimiento de la organización concebida por Leopoldo II para hacerse con el control del Congo. El principal escollo para Leopoldo II respecto al Congo fueron las pretensiones francesas sobre la parte norte de la cuenca del río, apoyadas en los acuerdos pasados, en abierta rivalidad con Stanley, por Savorgnan de Brazza con jefes de tribus.</p>



<p>El 5 de febrero de 1885, al margen de la Conferencia de Berlín, Francia y la AIC firmaron un acuerdo según el cual esta última cedería a Francia sus territorios en caso de disolverse la organización. Asimismo, Leopoldo II aceptó la presencia de Francia en la parte norte de la cuenca (el actual Congo-Brazaville), al tiempo que, de manera subrepticia, incluyó dentro del trazado fronterizo de la AIC la inmensa región suroriental de Katanga. Este hecho, que pasó casi desapercibido por aquel entonces, tendría inmensas repercusiones a nivel mundial debido a las riquezas mineras del territorio.</p>



<p><strong>EL ESTADO INDEPENDIENTE DEL CONGO Y SU REY AUTOPROCLAMADO</strong></p>



<p>El 15 de febrero, también al margen de la conferencia, Leopoldo II firmó un acuerdo con los portugueses sobre el enclave de Cabinda, situado al Norte de la desembocadura del Río Congo. Y fue el 23 de febrero, tres días antes de que concluyera la conferencia, cuando un emisario de Leopoldo II expuso en sesión plenaria sus pretensiones sobre el Congo, sin que el trazado de la frontera de la AIC figurara en el Acta final de la conferencia.</p>



<p>Habría que esperar hasta el 1 de setiembre cuando, coincidiendo con la ausencia de los expertos en África del Foreign Office, Londres envió a las cancillerías europeas una notificación que suponía el reconocimiento oficial del mapa de la AIC, tal como lo habían presentado en Berlín los emisarios de Leopoldo II. Los funcionarios británicos que enviaron esta notificación pensaron, erróneamente, que dicho mapa formaba parte del Acta general de la Conferencia de Berlín, la cual, en realidad, se limitaba a una descripción textual de la cuenca del Congo.</p>



<p>Una vez logrados sus objetivos, Lepoldo II decidiría transformar la AIC en Estado Independiente del Congo (EIC), del que pasó a ser “rey soberano”, con su propio gobierno nombrado por él y su fuerza militar. Ante la imposibilidad de obtener ingresos fiscales debido a los acuerdos de Berlín, el EIC se dedicó a vender concesiones de terrenos a sociedades privadas y recurrió al trabajo forzado de los indígenas.</p>



<p>En 1890, Leopoldo II propició una revisión del Acta final de la Conferencia de Berlín mediante la cual el EIC fue autorizado a recaudar derechos de aduana de hasta un 10% del valor de las mercancías trasportadas. Dos años más tarde, Leopoldo II dictaba un decreto que reforzaba su control económico sobre el EIC, poniendo así fin del principio de librecambio surgido de la Conferencia de Berlín. Dos décadas después, el Estado belga heredaba el EIC de Leopoldo II, que pasaba a convertirse en Congo belga con carácter pleno de colonia. Para entonces, el interior de África era un mosaico de posesiones europeas que la Primera Guerra Mundial vendría a trastocar, esta vez con Alemania como perdedora, ya que le serían arrebatados sus territorios africanos, incluidos Ruanda y Burundi, que pasaron a ser protectorados belgas.</p>



<p><strong>LA MUY ESPINOSA CUESTIÓN DEL MUNI</strong></p>



<p>Desde la perspectiva española, la mayor, y hasta se puede decir que la única, preocupación durante la Conferencia de Berlín fue la llamada “cuestión del Muni”, que tenía que ver con la parte continental de la actual Guinea Ecuatorial. Correspondió defender los intereses españoles en la cita berlinesa a Francisco Merry y Colom, Conde de Benomar, asistido por Francisco Coello, presidente de la Sociedad Geográfica de Madrid. España fundamentaba sus pretensiones territoriales sobre el Golfo de Guinea en el Tratado de la Granja de San Ildefonso, firmado con Portugal en 1777, por el que, además de la isla de Fernando Poo, había recibido el derecho de comercio con la franja costera comprendida entre los ríos Níger y Ogoué.</p>
</div>



<div class="wp-block-column is-layout-flow wp-block-column-is-layout-flow"></div>
</div>



<p>En vísperas de la Conferencia de Berlín, Joaquín Costa, adalid del llamado regeneracionismo, preconizaba la creación de un imperio español en el Golfo de Guinea que cuadruplicara el territorio de España. Como gerente de una hipotética <em>“Compañía del Golfo de Guinea”</em>, Costa se había fijado en el explorador vitoriano Manuel Iradier, quien ya había viajado a Guinea años antes por sus propios medios. A través de la Sociedad Española de Africanistas y Colonistas (sic), Costa encomendó a Iradier viajar al Golfo de Guinea para fundar factorías en la región de Camarones (el litoral del actual Camerún). Frente al millón de pesetas presupuestado para llevar a cabo la operación, Iradier apenas dispuso de 27.000 pesetas, de las que 5.000 provinieron del médico asturiano Amado Osorio, que se sumó a la expedición.</p>



<p>Cuando, a finales de 1884, es decir en plena Conferencia de Berlín, Iradier y Osorio se presentaron en el Golfo de Guinea, descubrieron que el Reino Unido ocupaba la desembocadura del Níger, que Alemania hacía lo propio en la costa comprendida entre el Níger y el Río Campo, incluida la región de Camarones, y que Francia y Alemania compartían la ocupación del litoral comprendido entre el Río Campo y el estuario de Gabón. En otras palabras, España había sido desalojada de todos los territorios costeros situados frente a Fernando Poo.</p>



<p>Ante esta situación, Iradier y Osorio, a los que se unieron el escribano de Fernando Poo Bernabé Jiménez y el marino Antonio Sanguiñedo, decidieron dirigirse al estuario del Muni, donde, durante dos semanas, el tiempo que tardó en caer enfermo, Manuel Iradier pasó contratos de cesión de territorios con jefes indígenas.<br><br><br><br><strong>LA DISCUTIDA GESTIÓN DE IRADIER Y OSORIO EN GUINEA</strong></p>



<p>Camino de España, Iradier envió desde Santa Cruz de Tenerife, el 20 de diciembre de 1884, un telegrama en el que daba cuenta de la obtención de catorce mil kilómetros cuadrados, mediante pactos con diez tribus situadas en parte en territorio del actual Gabón. Mientras que este telegrama en concreto y, en general, la expedición de Iradier daría lugar al siglo XX (debido en gran parte al oportunismo político del también vitoriano Ramiro de Maeztu) a la construcción del mito del vasco que conquistó la Guinea española, la reacción que provocó en su momento en Madrid fue muy diferente. Costa llegó a hablar de <em>“catástrofe nacional” </em>ante el hecho de que Iradier hubiera abandonado el objetivo de Camarones, y sólo reivindicara para España catorce mil km cuadrados en la Bahía de Corisco.</p>



<p>En Berlín, donde se celebraba la conferencia sobre África, Coello tuvo que tragarse el sapo de ver cómo los franceses se servían de los informes de Iradier para sus propios intereses, puesto que ellos habían firmado más contratos con jefes de tribus locales y con mayor antigüedad. A su regreso de Berlín, Coello declaró que <em>“la consignación de los límites que atribuía nuestro viajero Iradier a los territorios españoles del Golfo de Guinea ha alentado mucho las usurpaciones en esa zona”</em>. El propio compañero de Iradier, Osorio, afirmaría que Iradier fue <em>“altamente perjudicial para los intereses de España”.</em></p>



<p>El <em>“imbroglio” </em>diplomático en torno a Guinea que tuvo lugar en plena Conferencia de Berlín lo resumiría el propio Iradier de la siguiente manera: <em>“Yo he dicho que en 1884 adquirí para España el país del Muni, afirmando con esto que ese país no era español antes de esa época; y como quiera que Francia defiende ser poseedora de esa comarca desde épocas anteriores a 1884, estoy como haciendo la causa de esta nación y perjudicando los intereses de España”</em>.</p>



<p>La cuestión no quedaría resuelta hasta la llegada del siglo XX, mediante el “Tratado de Límites de París” de 1900, que fijó las fronteras de la posesión española en el Golfo de Guinea (la que sería provincia española de Río Muni), al tiempo que daba satisfacción a Francia en la delimitación de los territorios españoles en el Sahara Occidental.<br></p>
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		<title>Islas en conflicto</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/islas-conflicto/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Feb 2022 10:47:28 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 69]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Belén Zayas Boletín 69 &#8211; Sociedad Geográfica Española Fronteras Al pensar en soberanía, lo hacemos teniendo en cuenta territorios rodeados de fronteras. Sin embargo, la mayor parte del planeta [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Belén Zayas</strong></p>



<p>Boletín 69 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Fronteras<br><br><strong>Al pensar en soberanía, lo hacemos teniendo en cuenta territorios rodeados de fronteras. Sin embargo, la mayor parte del planeta está cubierta por los océanos, cuya propiedad sigue siendo ambigua. Sólo hasta fechas muy recientes (considerando los límites fronterizos en tierra firme y a pesar de algunas propuestas que no llegaron a prosperar), mediado ya el siglo XX, se hizo patente la necesidad de fijar dichos límites en nuestras aguas. Dio comienzo entonces una competición entre las potencias marítimas para repartirse las tierras mejor posicionadas. De allí deriva el conflicto actual sobre una serie de islas que enfrenta a Japón con sus vecinas Corea del Sur, China y Rusia.</strong></p>



<p>En el siglo XVI, en plena conquista y colonización de nuevos territorios a través del océano, en busca de materias primas y mercados más amplios por parte de los principales imperios europeos, corría la idea de que quien controlara el paso entre los océanos podría considerarse dueño del mundo. Siglos más tarde, el historiador y estratega naval estadounidense Alfred Mahan (1840-1914) afirmaba que el propósito más valioso de la proyección del poder marítimo era la expansión comercial. En la actualidad, según datos de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Transporte (UNCTAD), más del 90% del comercio mundial se transporta por mar. A ello se añade el hecho de que el 63% del petróleo se mueve en barco, según la Agencia de la Energía de EE.UU. No es de extrañar, entonces, que muchas naciones costeras reclamen zonas exclusivas que abarcan 200 millas náuticas desde sus costas (atendiendo al límite de Zonas Económicas Exclusivas propuestas en la Convención de los derechos del Mar de la ONU en 1982).</p>



<p>Aunque en el derecho romano ya existía alguna referencia a la naturaleza jurídica del mar como cosa común que pertenece a todos los vivientes <em>(res communes)</em>, y quedaba establecida una cierta libertad marítima, no será hasta el siglo XVII cuando los océanos comiencen a estar sujetos al principio de libertad de los mares <em>(mare liberum), </em>introducido por el jurista neerlandés Hugo Grocio (1583-1645), quien limitaba los derechos y la jurisdicción de las naciones sobre los océanos a la franja de mar que rodea las costas de un país. Y, aunque surgieron corrientes como la propuesta del jurista inglés John Selden (1584-1654), y su mare clausum, que pretendían acotar las aguas de altura, lo cierto es que el resto del mar fue declarado territorio libre y propiedad de todos durante mucho tiempo. Hasta que, a mediados del siglo XX, surgió el ímpetu por extender los derechos nacionales sobre los recursos del mar. Como resultado, las potencias marítimas empezaron la carrera por mantener su poder en las aguas mundiales.</p>



<p>En este sentido, dado que los puertos más importantes del mundo y las principales rutas comerciales marítimas se concentran en la zona Asia-Pacífico, existen en dicha zona algunas áreas reclamadas que son actualmente causa de fricción y escaramuzas navales. Este artículo tratará especialmente sobre tres contenciosos territoriales que tiene Japón con distintos países y su frontera marítima, en concreto, con China, Corea del Sur, y Rusia.<br><br><strong>ISLAS SENKAKU/DIAYOU</strong></p>



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<p>La superficie total de las ocho islas (Uotsori, Kitakojima, Minamikojim, Kuba, Taisho, Okinokitaiwa, Okinominamiiwa y Tobise) apenas llega a los 7 km² y, de esta extensión, más de la mitad le corresponde a la isla principal, Uotsuri-jim/ Diaoyu Dao (4,31 km²), una isla rocosa flanqueada por un arrecife de coral. Estos territorios insulares, conocidos como <em>Senkaku </em>por los nipones, y <em>Diaoyu </em>por los chinos, y donde no ha habido residentes permanentes, fueron incorporados en 1895 a Japón, al estar deshabitadas y ser consideradas <em>terra nullius </em>(territorio que no pertenecía a ninguna nación). No obstante, parece que los mares que rodean a las islas eran conocidos como zona de pesca por los pescadores del Mar de China Oriental antiguamente, y que tanto el nombre japonés de la isla, “Uotsuri”, como el nombre chino del grupo de islas, “Diaoyu”, utilizan términos que significan “pesca”.</p>



<p>El Gobierno japonés arrendó en aquel momento las islas a un propietario privado, Tatsushiro Koga, quien las administró con fines empresariales hasta su muerte en 1918. Su hijo asumió la herencia, pero en 1940 abandonó el negocio y las islas volvieron a quedar deshabitadas. En la Declaración de El Cairo de diciembre de 1943, los líderes del Reino Unido, Estados Unidos y China pusieron sobre la mesa que Japón debía de ser despojada de todas las islas en el Pacífico que había capturado u ocupado desde el comienzo de la Primera Guerra Mundial, en 1914, y que todos los territorios que Japón había arrebatado a China, como Manchuria, Formosa o las islas Pescadores, debían ser devueltos a la República de China. En la Declaración de Potsdam de 1945, Japón aceptó, renunciando a sus derechos sobre los territorios que incluían Taiwán (Formosa) y Corea, al capitular ante las fuerzas Aliadas al final de la Segunda Guerra Mundial.</p>
</div>
</div>



<p>Durante el período de posguerra, los Estados Unidos administraron toda la prefectura de Okinawa, incluyendo las Senkaku, junto a las islas Amami (parte de la prefectura de Kagoshima), ejerciendo la jurisdicción incluso después de que el Japón de la ocupación recuperase su independencia bajo el Tratado de Paz de San Francisco, de 1951. Al estar las islas Senkaku deshabitadas, fueron utilizadas por el ejército de los Estados Unidos como zona de ensayos balísticos. En 1972, y tras el acuerdo de Reversión de Okinawa entre los Estados Unidos y Japón, los derechos fueron revertidos a Japón.</p>



<p>Para Japón las islas Senkaku son claramente territorio integrante del país, a la luz de los hechos históricos, y sobre la base del derecho internacional. Así como atendiendo a la cartografía histórica, presentando, por ejemplo, un Atlas Mundial de una editorial china de 1958 donde aparecen las islas Senkaku denominadas como tal “Grupo de islas Senkaku” e “islas de Uotsori”, reconociendo así China que forman parte de Okinawa y consideran que en la actualidad no existe ningún conflicto de soberanía territorial a resolver en relación a dichas islas, pues afirman hallarse bajo su control legítimo.<br><br>Estas islas son reivindicadas desde finales de los años 1960 por Taiwán, que las vincula con la ciudad de Toucheng en el condado de Yilan. Y, al mismo tiempo, China las reclama como parte de sus pretensiones sobre Taiwán, ya que supondría continuar en la línea de los últimos tiempos: la creación de una cadena de bases y puertos para asegurar sus suministros y controlar a los vecinos, una denominada infraestructura por recurso, o también conocida como la estrategia china llamada del <em>collar de perlas</em>, una de las mayores apuestas de Pekín para alcanzar sus objetivos geopolíticos: el dominio en la zona Asia Pacífico mediante la diversificación de sus rutas comerciales.</p>



<p>A lo largo de los años han sido escenario de múltiples escaramuzas e incidentes navales entre barcos chinos y japoneses. Hechos como los acontecidos en 2007, cuando Japón denuncia la tentativa de desembarco de militantes nacionalistas chinos; o en junio de 2008, cuando un barco de pesca de Taiwán y un barco de la guardia costera de Japón colisionaron, teniendo como consecuencia el hundimiento del barco de Taiwán; o en septiembre de 2010, cuando un barco pesquero chino embiste a dos barcos patrulla japoneses de la Guardia Costera en aguas en disputa cercanas a las islas.</p>



<p><br><strong>ISLAS TAKESHIMA/DOKDO</strong></p>



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<p>Las islas Takeshima / Dokdo, denominadas así por japoneses y coreanos respectivamente, engloban en un mismo nombre a dos islas principales y unos treinta y tres arrecifes e islotes de origen volcánico. Dichas islas abarcan un área de 73,2 Km2, y se emplazan en el llamado “Mar de Japón”, por los japoneses, o “Mar del Este u Oriental”, por los coreanos. Estos aseguran que la propia denominación como Mar de Japón es una imposición nipona para argumentar que tales islas le pertenecen. Los japoneses, sin embargo, la denominaban como Rocas de Liancourt, nombre empleado por los occidentales, y que estableció en 1849 un barco ballenero francés.</p>



<p>Las islas se encuentran a 88 kilómetros de la isla de Ulleungdo/Utsuryo, perteneciendo a Corea del Sur, y a 158 kilómetros de las islas Oki, el territorio japonés más próximo. Su importancia radica, a pesar de su reducido tamaño, en que pueden considerarse Zonas Económicas Exclusivas, acorde a la ley del Derecho del Mar de 1982 citada anteriormente, y su riqueza se basa en los recursos pesqueros y en hidrocarburos, concretamente en gas metano. A ello se añade una cuestión simbólica y nacionalista.</p>



<p>La denominación de las islas tiene una cierta importancia, dado que ambos contendientes acuden a los mapas de uno y otro para legitimar y defender sus derechos de soberanía sobre estas islas, hecho que también se ha observado anteriormente en el caso de las Senkaku. Corea, además, defiende sus derechos a partir de crónicas y obras coreanas que afirman que las Takeshima/Dokdo son territorio coreano desde época del reinado de Silla (512 d. C). También aportan documentos históricos japoneses, por ejemplo, el Inshu-Shicho Gakki de 1667, donde un funcionario japonés del distrito de Shimane reconoce a Takeshima como territorio coreano y señala que: “ambas islas (Ulleungdo y Dokdo) están deshabitadas y desde allí la vista de Goryeo se asemeja a la de Onshu (isla de Oki) divisada desde Unshu, actual región oriental de la Prefectura de Shimane” El origen del conflicto se sitúa en el año 1905, fecha en que el consejo de ministros decide incorporar al imperio japonés las mencionadas islas, argumentando el carácter de <em>terrus nullius</em>, algo similar a lo que anteriormente se ha señalado en las Islas Senkaku.</p>



<p>Entre 1945 y 1952 fueron ocupadas por Estados Unidos y, tras finalizar la guerra, Japón queda bajo mandato estadounidense. Previamente, Corea reclama en 1948 las Islas Dokdo y en abril de 1952 el presidente surcoreano Syngman Rhee establece los límites del territorio coreano, incluyendo las islas Takeshima/ Dokdo. Algo que para el Ministerio de Asuntos Exteriores japonés contravenía al Derecho Internacional. En julio de 1952, en un Comité conjunto de Japón-EEUU, se designa como campo de tiro del ejército estadounidense la Isla de Takeshima, dando por hecho que las islas pertenecían a Japón, ya que en ninguno de los veintisiete artículos de que consta el Tratado de San Francisco se incluyen las islas Dokdo/Takeshima. Además, en 1910, cuando Japón anexiona a Corea, las islas ya eran japonesas, por tanto, el territorio coreano que debió restituir Japón tras la segunda guerra mundial era el comprendido en la citada anexión de 1910.</p>



<p>Según el Ministerio de Asuntos Exteriores de Corea del Sur, tanto desde el punto de vista histórico como geográfico, y de conformidad con el Derecho Internacional, Dokdo, aseguran, es territorio inherente a Corea. No existe disputa territorial sobre Dokdo, y no puede ser objeto de negociaciones diplomáticas o soluciones judiciales. El gobierno coreano ejerce firme soberanía territorial sobre Dokdo y responde con determinación y firmeza ante cualquier provocación sobre Dokdo, y asegura mantendrá la soberanía sobre ella por lo que desde 1953 sitúan un contingente permanente de guardacostas en la isla, llegando incluso a producirse algún ataque a patrulleras japonesas.</p>



<p>Tras fracasados acuerdos y propuestas desde 1954, como el arbitraje internacional que propone Japón a Corea del Sur, y la negativa de esta ha habido algún acercamiento para establecer relaciones amistosas y aunque desde el Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón afirman buscar una respuesta de conformidad con el Derecho Internacional y de una manera calmada y pacífica, lo cierto es que no parece haber en un corto plazo una solución al conflicto.<br></p>
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<p><br><strong>TERRITORIOS DEL NORTE/ISLAS KURILES</strong></p>



<p>Por lo que respecta a las Kuriles o los Territorios del Norte, a diferencia de los casos anteriores, estas se encuentran habitadas (unos 17.000 ciudadanos rusos), y, además, existen numerosos documentos públicos y acuerdos bilaterales entre Rusia y Japón.</p>



<p>Las islas Kuriles, también denominadas como islas Curiles (en ruso: Кури́льскиеострова, <em>Kurilskie ostrova</em>), son un archipiélago de cincuenta y seis islas, en su mayoría volcánicas, además de una docena de islotes y peñones menores que se extiende unos 1300 kms. en dirección nordeste desde Hokkaido, en Japón, hasta la península de Kamchatka, separando el mar de Ojotsk del océano Pacífico Norte. Administrativamente, el archipiélago forma parte del óblast de Sajalín de la Federación de Rusia.</p>



<p>Las islas Kuriles fueron habitadas por los <em>ainus</em>, grupo étnico indígena, desde tiempo inmemorial, aprovechando su gran riqueza pesquera, especialmente en salmones, hasta que fueron expulsados por los rusos en el siglo XVIII. Mientras que en fuentes rusas las islas se mencionan por primera vez en 1646, la primera información detallada sobre ellas fue proporcionada por el explorador Vladimir Atlasov en 1697.<br><br>En el siglo XVIII y principios del XIX, las islas Kuriles fueron exploradas con mayor intensidad. Japón se quedó con las islas en 1875 (Tratado de San Petersburgo) a cambio de ceder la isla de Sajalín a Rusia. Rusia las capturó tras la Segunda Guerra Mundial (Tratado de San Francisco) y fueron anexionadas a la URSS, pero Japón mantiene su reivindicación sobre las islas más meridionales: Etorofu, Kunashiri, Shikotan, y las Habomai, conocidas en Japón como <em>Territorios del Norte </em>(北方領土 Hoppo Ryodo) y en ruso, islas Jabomai, Shikotan, Kunashir e Iturup. Rusia entiende que estos territorios forman parte de las islas Kuriles y así denomina a este conflicto, pero Japón sostiene que las cuatro islas, en realidad, quedarían fuera de las Kuriles</p>



<p>En las islas Kuriles las dificultades en las comunicaciones y la falta de infraestructuras dificultan el desarrollo económico. No obstante, las islas poseen importantes recursos naturales, en especial pesqueros, un sector en auge desde 2007. Además, se añade su valor geoestratégico: por un lado, las islas Kuriles podrían jugar un papel decisivo en el desarrollo de la cada vez más importante ruta comercial que une Europa con Asia a través del Ártico. Y, por otro, un papel defensivo, al controlar el acceso al mar de Ojotsk y dar acceso sin restricciones a la flota rusa hacia el Pacífico. En este sentido, el Gobierno ruso ha procedido a aumentar y modernizar los efectivos desplegados en las islas Kuriles, en especial los sistemas antiaéreos y antibuque.</p>



<p>La posición de Japón es que, de confirmarse la atribución de los Territorios del Norte a Japón, respetaría los derechos e intereses de los actuales residentes rusos de las islas, aunque las posibles soluciones al conflicto dentro de la vía diplomática no han tenido gran éxito, y un tratado de paz en un futuro cercano parece poco probable. Finalmente, la opinión pública en ambos países no parece predispuesta a una negociación que implique una pérdida territorial.</p>



<p>Podría decirse que los conflictos de Japón en estas islas se encuentran sin resolver, y, aunque proclamen en todos los casos su intención de mantener la paz y la estabilidad en las regiones implicadas, se trata de una tarea muy difícil. Al ser una zona que comprende territorios situados en las principales rutas marítimas comerciales, o en lugares geoestratégicos por la presencia y cercanía de recursos pesqueros o hidrocarburos, todos los estados de la región lucharán por extender el límite de sus fronteras marítimas y de las Zonas Económicas Exclusivas.<br><br></p>



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		<title>Diccionario fronterizo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/diccionario-fronterizo/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Mon, 14 Feb 2022 10:17:56 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 69]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Texto: Lola Escudero Boletín 69 &#8211; Sociedad Geográfica Española Fronteras Al hablar de fronteras se utilizan ciertos términos que conviene conocer. Los empleamos en conversaciones cotidianas, y responden a realidades [&#8230;]</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><br><strong>Texto: Lola Escudero</strong></p>



<p>Boletín 69 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Fronteras</p>



<p><br><br><strong>Al hablar de fronteras se utilizan ciertos términos que conviene conocer. Los empleamos en conversaciones cotidianas, y responden a realidades políticas y geográficas muy concretas. Este es un breve diccionario para manejar los términos más frecuentes.</strong></p>



<p><strong>FRONTERA</strong></p>



<p>La frontera o límite entre dos países o regiones es la línea divisoria entre estos. La frontera es una línea real o imaginaria artificial que separa países, estados, provincias, condados o ciudades y está bajo el control de un organismo estatal.</p>



<p><strong>ALTO EL FUEGO</strong></p>



<p>Acuerdo según el cual dos países o grupos de personas que están en guerra aceptan dejar de luchar. En la práctica, puede ser temporal o permanente. Una línea de alto el fuego suele señalar una frontera territorial temporal entre combatientes, aunque algunas se han mantenido durante décadas sin haber logrado una solución.</p>



<p><strong>CONDOMINIO</strong></p>



<p>Del latín <em>con-dominium</em>, “propiedad conjunta”. En el castellano de España significa la gestión y autoridad conjunta de dos o más estados sobre un territorio concreto.</p>



<p><strong>CONTRAENCLAVE</strong></p>



<p>Un enclave dentro de otro. Un ejemplo: Dahala Jagrabari, que constituye un territorio de siete mil metros cuadrados de la India situados dentro de una aldea bangladesí que, a su vez, está en el interior de un enclave indio en el territorio de Bangladesh.</p>



<p><strong>CORREDOR</strong></p>



<p>Franja de terreno que conecta dos zonas. También cuando da a un país una vía al mar a través de otro país. Un ejemplo es el corredor de Caprivi, un brazo de selva de 450 km hacia el interior de África, que permite a Namibia tocar el río Zambeze.</p>



<p><strong>CUATRIFINIO O CUATRIPUNTO</strong></p>



<p>Un mismo punto donde convergen las fronteras de cuatro países o zonas. Un cuatrifinio famoso es el que une las cuatro esquinas de Estados Unidos, que separan los estados de Utah, Colorado, Arizona y Nuevo México. Y, a nivel internacional, el cuatrifinio africano, el punto fronterizo donde convergen Zambia, Zimbabue, Namibia y Botsuana.</p>



<p><strong>CUATRIFINIO BINACIONAL O CRUZ FRONTERIZA</strong></p>



<p>Un mismo punto donde convergen las fronteras de cuatro zonas dentro de dos países distintos.</p>



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<p><strong>CUATRIFINIO COMBINADO</strong></p>



<p>Un mismo punto donde convergen las fronteras de cuatro zonas dentro de tres países distintos.</p>



<p><strong>DEMARCACIÓN</strong></p>



<p>En las divisiones territoriales, significa la parte comprendida en cada jurisdicción.</p>



<p><strong>ENCLAVE</strong></p>



<p>Territorio completamente rodeado por el territorio de otro estado. Es el caso de San Marino, en Italia, o Lesotho, completamente abrazada por Sudáfrica. Otro caso español es Llivia, un pueblo de Gerona completamente metido en territorio francés.</p>



<p><strong>EXCLAVE</strong></p>



<p>Parte de un territorio o estado al que solo se puede acceder desde el territorio nacional a través de otro territorio o estado. Un ejemplo es el oblast de Kaliningrado, que no es un enclave (porque no está en Rusia, a la que pertenece), pero tampoco está rodeado por un solo país, puesto que tiene línea de costa con Lituania y con Polonia. Todo exclave es un enclave, pero no al revés.</p>



<p><strong>MULTIFINIOS</strong></p>



<p>Un mismo punto donde convergen muchas fronteras internas.</p>



<p><strong>NACIÓN</strong></p>



<p>Por lo general, un país autónomo y sus estructuras políticas y sociales. También puede ser un grupo cultural de personas (p. ej., el pueblo sámi, o saami) sin un territorio oficialmente definido, o una subdivisión de una entidad soberana mayor, habitualmente con una personalidad y cultura propias, como Escocia.</p>



<p><strong>PAÍS</strong></p>



<p>Una de las entidades políticas del mundo, que comprende un territorio determinado. Suele ser un Estado soberano o independiente.</p>
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<p><strong>PAÍS/ESTADO/TERRITORIO SOBERANO</strong></p>



<p>País, estado o territorio que es independiente y no está bajo la autoridad de otro. Se considera internacionalmente cuando está reconocido como tal por la Organización de Naciones Unidas.</p>



<p><strong>SEMIENCLAVE</strong></p>



<p>Territorio físicamente separado de su territorio nacional, pero no totalmente. También se aplica a un enclave cuya frontera se extiende, en parte, por el litoral (p. ejemplo Alaska o Gibraltar).</p>



<p><strong>TERRA NULLIUS</strong></p>



<p>Tierra de nadie, que no es propiedad de ningún estado soberano. Un ejemplo es el área de Bir Tawil, entre Egipto y Sudán, que ninguno de los dos reclama como propio, o algunas zonas de Danubio, entre Serbia y Croacia. Una de ellas, la zona de Siga, fue aprovechada por un ciudadano checo, Vít Jedlicka, para reclamar esta parcela y fundar un nuevo país: Liberland.</p>



<p><strong>TERRITORIO</strong></p>



<p>Zona controlada por una soberanía determinada. El término tiene múltiples usos relacionados con la propiedad, y puede describir un país, estado o región. Un territorio dependiente no tiene plenos derechos de soberanía, pero puede disfrutar de cierto autogobierno (o autonomía) de algún país.</p>



<p><strong>TRIFINIO O TRIPUNTO</strong></p>



<p>Un mismo punto donde convergen las fronteras de tres países o zonas. Es el caso de Paraguay, Brasil y Argentina, que comparten el Parque Nacional de Iguazú, o la frontera amazónica de Colombia, Brasil y Perú, que es conocida como Tres Fronteras.</p>



<p><strong>ZONA ADMINISTRATIVA</strong></p>



<p>Zona o región de un país con responsabilidad para regir los asuntos locales. El Gobierno nacional/soberano puede delegarle/transferirle poderes especiales. Como ejemplo, China tiene dos zonas administrativas especiales, también conocidas como SAR, Hong Kong y Macao.<br><br></p>
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