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		<title>La Tierra desde el espacio: mundos insólitos. Las imágenes nocturnas del planeta</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/tierra-espacio-imagenes-nocturnas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Jul 2026 08:30:05 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 84]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Fotografías orbitales que recogen las luces nocturnas, desde las<br />
obtenidas por los astronautas a los mosaicos satelitales de la nueva<br />
“Canica Negra” (Black Marble). Estas insólitas imágenes muestran,<br />
con una belleza diferente, la magnitud de la actividad humana, devolviéndonos<br />
la enorme influencia de nuestras acciones en la vastedad del<br />
planeta. </p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/tierra-espacio-imagenes-nocturnas/">La Tierra desde el espacio: mundos insólitos. Las imágenes nocturnas del planeta</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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<p><strong>Texto: José Antonio Rodríguez Esteban </strong></p>

<p>Boletín 84 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>

<p>Geografía insólita del mundo</p>
<p><strong>En el boletín anterior nos deteníamos en las imágenes y en las impresiones de los astronautas al ver la Tierra en su conjunto: en ese sentimiento que se ha dado en llamar el efecto “overview”, generador de un estado de asombro, de conexión global y de trascendencia vital que termina transformando las relaciones que establecimos con nuestro planeta. Dos fotografías tomadas en los viajes lunares, “el primer amanecer” (Earthrise) y la “Canica Azul” (Blue Marble), trasladaron la ilusión de ese efecto al resto de la humanidad, y sirvieron de iconos en los inicios del movimiento ecologista. Este nuevo artículo se detiene en las fotografías orbitales que recogen las luces nocturnas, desde las obtenidas por los astronautas a los mosaicos satelitales de la nueva “Canica Negra” (Black Marble). Estas insólitas imágenes muestran, </strong><strong>con una belleza diferente, la magnitud de la actividad humana, devolviéndonos la enorme influencia de nuestras acciones en la vastedad del planeta. El asombro por la biosfera de la canica azul se convierte en la Canica Negra en la conciencia del impacto de la tecnosfera.</strong></p>
<p><strong>LAS VISIONES GEOGRÁFICAS</strong><br />Al observar las imágenes nocturnas de las ciudades iluminadas de forma artificial, sobre una Tierra sin relieves, nos invade un sentimiento especial. Samantha Cristoforetti, astronauta de la ESA, al observar la Tierra en la noche en 2022 desde la Estación Espacial Internacional (en adelante ISS), comprobó que las ciudades brillaban más que las estrellas. Las visiones geográficas del planeta desde el espacio nos provocan e interrogan. Quizá porque los norteamericanos inventaron la luz eléctrica y sus satélites empezaron a mostrarnos sistemáticamente estas imágenes, la primera impresión podría hacernos más conscientes de nuestro lugar en el mundo, acercarnos a las reflexiones de Octavio Paz tras su primera estancia en los Ángeles: “Los norteamericanos -señala Paz en El Laberinto de la Soledad-, quieren comprender; nosotros contemplar… para los norteamericanos el mundo es algo que se puede perfeccionar; para nosotros, algo que se puede redimir. Ellos son modernos. Nosotros, como sus antepasados puritanos, creemos que el pecado y la muerte constituyen el fondo último de la naturaleza humana”.<br />Pero sin duda, las imágenes de la iluminación nocturna del planeta nos incitan a reconocer los lugares, al mostrarnos, como lo haría el trazo sintético de un buen dibujante, dónde se concentran las megalópolis o cómo se distribuyen los vacíos lumínicos. Al seguir en el tiempo estas imágenes, podemos entender mejor las dinámicas de crecimiento de los espacios urbanos. En 2016 Oriol Nel·lo y sus colegas caracterizaron la urbanización en España a partir de las imágenes nocturnas disponibles desde 1992. En última instancia, estas imágenes nos conectan directamente<br />con las síntesis geográficas que vienen caracterizado a la Geográfica como disciplina.</p>
<p><strong>UN LARGO PROCESO CON AVANCES EN NUESTRA COMPRENSIÓN DEL CAMBIO SOCIOECONÓMICO Y AMBIENTAL A ESCALA PLANETARIA</strong><br />Las primeras imágenes de las luces nocturnas desde el espacio fueron tomaron por los astronautas en las misiones espaciales rusas y americanas de los años 60.<br />Los resultados eran entonces muy pobres. Cualquier aficionado a la fotografía conoce los problemas de hacer fotos en la oscuridad y el largo tiempo de exposición necesario para captar la luz. La tarea de capturar con una mínima calidad la luz que emiten las ciudades parece imposible a varios cientos de kilómetros, en plataformas que se mueven, como la ISS a 27 000 km/h, lo que implica que en un segundo se ha sobrevolando 7 km. Fueron los programas militares meteorológicos de defensa los que portaron los primeros sensores con sensibilidad suficiente para captar esas luces nocturnas de forma sistemática (DMSP/OLS), aunque el objetivo militar prioritario era capturar en toda su profundidad las<br />nubes. Con estas imágenes se hicieron desde 1992 las primeras composiciones para todo el planeta, aunque con un tamaño de píxel de 2.7 km: suficientes para captar las grandes aglomeraciones, como muestra la figura 2, al calcularse que podían recoger concentraciones de unas 93 lámparas de 100 vatios por cada recuadro de las dimensiones señaladas.<br />En 2011 se lanzaría el satélite Suomi-NPP, nombrado así en honor al finlandés Verner E. Suomi, padre de la meteorología satelital. Es también un satélite meteorológico, aunque civil, con una resolución muy mejorada de 750 m por píxel. Con las imágenes de Suomi la NASA hizo en 2012 la primera tierra digital nocturna, Black Marble, que viene refinando hasta la actualidad.</p>
<p>La captura de luz antropogénica fue poniendo de manifiesto que los satélites no solo nos ayudaban a entender la Tierra como un sistema natural, también pueden ser utilizados para entender los aspectos humanos al existir una sólida correlación entre luminosidad captada y la actividad económica, haciéndose imprescindibles en lugares remotos donde no existen otros datos. Pero con ser importante tener visiones globales del crecimiento económico y parámetros para zonas remotas, las imágenes nocturnas han mostrado su utilidad en la evaluación de los conflictos armados y han sido de gran ayuda en las catástrofes, al delinear con precisión las zonas sin flujo eléctrico que permanecen aisladas, como muestran la figura 3. Con imágenes nocturnas se detectan con claridad incendios forestales, explosiones de gas, flujos de lava y auroras boreales, así como ciertas actividades de pesca nocturna, sirviendo de apoyo a las comunidades en el pronóstico del tiempo a corto plazo.</p>
<p><strong>LA APORTACIÓN DE CHINA</strong><br />En 2018 China lanza un innovador satélite, LuoJia-1, desarrollado por la universidad de Wuhan, que mejoraba la resolución espacial nocturna a 130 m por píxel. Pero en 2021 China vuelve a lanzar un nuevo satélite, el SDGSAT-1, no solo capaz de alcanzar la increíble resolución de 10 m por píxel, sino también de hacer una diferenciación científica del color, pudiendo discriminar varios tipos de iluminación. Además, al captar simultáneamente otros parámetros, como la temperatura de la superficie terrestre, permite correlacionarlos datos de una forma mucho más eficiente. SDGSAT-1 (Sustainable Development Science Satellite 1) es el primer satélite desarrollado específicamente para apoyar los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) de la ONU, mostrando con esta dimensión social, económica y medioambiental la vocación humana de los nuevos satélites (International Journal of Digital Earth, 2025).</p>
<p><strong>LAS IMÁGENES TOMADAS POR LOS ASTRONAUTAS DESDE LAS ISS</strong><br />Sin embargo, las imágenes tomadas por los astronautas de la ISS poseen una mayor calidad, pero al no tener una continuidad y estar afectadas por el movimiento de la Estación, su uso ha sido diferente. El gran salto en este sentido se produjo en abril de 2012 con la instalación en la cúpula de la ISS, por el astronauta André Kuipers, de un trípode robotizado que permitía estabilizar la cámara para compensar los largos tiempos de exposición (NightPod). Con la mejora de los sensores y los zooms se empezaron a tomar imágenes de hasta 3 m por pixel con una calidad cromática que difícilmente alcanzarán los satélites. No obstante, al ser imágenes poco estandarizadas, requieren de tratamientos mucho más complejos antes de poder ser utilizadas de forma sistemática.</p>
<p>Un equipo de investigadores liderados por el físico Alejandro Sánchez de Miguel, de la Universidad Complutense de Madrid, ha conseguido recomponer un mapa para Europa que muestra la variación en la composición espectral de la iluminación artificial durante 2012-2013 y 2014-2020. Los resultados, publicados en la revista Science Advances, muestran un cambio asociado a las luces LED de color blanco y con mayores emisiones azules, que los autores relacionan con un aumento del riesgo de en sus efectos nocivos (ESA astronauts help map Europe’s light pollution from space, 2022).</p>
<p><strong>LA CONTAMINACIÓN LUMÍNICA</strong><br />De esta manera, las imágenes de luz artificial nocturna sirven para documentar y estudiar los impactos adversos en la salud de las personas y animales, los cambios que producen en diversos procesos ecológicos, la creciente interferencia en la astronomía científica y, singularmente, la pérdida que la humidad está teniendo en el disfrute estético del cielo nocturno, con generaciones que apenas han tenido acceso a la visión de un cielo estrellado.</p>
<p>La denominada exposición a la luz artificial en la noche (ALAN) altera los ritmos circadianos y se asocia con una serie de resultados adversos para la salud en humanos, habiéndose estudiado singularmente su incidencia en ciertos tipos de cáncer. Las células de la retina son responsables de la regulación del ritmo circadiano y la producción de melatonina, con una mayor sensibilidad a las luces azules, se ve afectada por su exposición continuada a las luces nocturnas, lo altera su producción, disminuyendo funciones como las anticancerígenas. Todo ello ha llevado a ser considerado un importante problema global. Alejandro Sánchez de Miguel ha liderado también un estudio con 51 000 observaciones del cielo nocturno hechas a simple vista por la ciudadanía entre 2011 y 2022, concluyendo que el brillo se ha incrementado del 7 al 10 % por año. Según la investigación, publicada en la revista Science, este aumento es más rápido del que se puede observar con los satélites, ya que estos no pueden detectar las emisiones azules de las luces LED, que se usan cada vez más en el alumbrado público. Sus estudios muestran también lo que ha denominado «efecto rebote», es decir, como las emisiones globales han aumentado con la nueva iluminación LED, pese a que su utilización ha sido interesadamente asociada a la reducción del consumo de energía, a mejorar de la visión humana nocturna y a la sensación de seguridad. Paradójicamente, se señala en el estudio, “cuanto más barata y mejor sea la iluminación, mayor será la adicción de la sociedad a la luz”.</p>
<p><strong>REFERENCIAS</strong><br />• ESA astronauts help map Europe’s light pollution from space (2022).<br />https://www.esa.int/Science_Exploration/Human_and_Robotic_Exploration/ESA_astronauts_help_map_Europe_s_light_pollution_from_space </p>
<p><br />• International Journal of Digital Earth (2025). Innovative approaches and applications on<br />SDGs using SDGSAT-1.<br />https://www.tandfonline.com/journals/tjde20/collections/SDGSAT1</p>
<p><br />• NASA. A Changing Earth at Night (Regions) (2020). https://svs.gsfc.nasa.gov/31099</p>
<p><br />• Nel·lo, O., López, J., Martin, J. y Checa, J. (2016). La luz de la ciudad El proceso de<br />urbanización en España a partir de las imágenes nocturnas de la Tierra.<br />https://webs.uab.cat/gurb/wp-content/uploads/sites/586/2017/04/la_luz_de_la_ciudad_<br />el_proceso_de_urbani.pdf</p>
<p><br />• Román, Miguel O. et al (2018). NASA’s Black Marble nighttime lights product suite,<br />Remote Sensing of Environment. Remote Sensing of Environment, v. 210.<br />https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S003442571830110X</p>
<p><br />• Sánchez de Miguel, A. https://asanchezdemiguel.com/</p>
<p><br />• Zhao, Min, Zhou, Yuyu, Li, Xuecao, et. al. (2019). “Applications of Satellite Remote<br />Sensing of Nighttime Light Observations: Advances, Challenges, and Perspectives”, remote<br />sensing, https://www.mdpi.com/2072-4292/11/17/1971.</p>
<p><br /><em>* José Antonio Rodríguez Esteban, Dpto. de Geografía, Copernicus Academy, Universidad Autónoma de Madrid.</em></p>
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											<figcaption class="widget-image-caption wp-caption-text">La Canica Negra (Black Marble), creada en 2012 por NASA con un mosaico de imágenes.</figcaption>
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											<figcaption class="widget-image-caption wp-caption-text">Comparativa entre una imagen sobre Delhi tomada por Defense Meteorological Program o DMSP/OLS (izq.) y por Suomi-NPP, también denominado VIIRS DNB (der.).</figcaption>
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											<figcaption class="widget-image-caption wp-caption-text">Con el satélite Suomi-NPP, aumento de las luces nocturnas en la India en 2012 y 2023, y Puerto Rico tras el paso del mortífero ciclón tropical María en septiembre de 2017.</figcaption>
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											<figcaption class="widget-image-caption wp-caption-text">Comparación entre una imagen nocturna de Beijin tomadas por Suomi-NPP (izd.) LuoJia-1 (centro) y SDGSAT-1 (der.).</figcaption>
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											<figcaption class="widget-image-caption wp-caption-text">André Kuipers y una de sus imágenes nocturna sobre Londres.</figcaption>
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												<figure class="wp-caption">
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											<figcaption class="widget-image-caption wp-caption-text">SDGSAT-1 de Madrid extraído del proyecto RALAN-MAP 0: Iberian peninsula + Canary Islands, Balearic islands and Madeira. https://pmisson.users.earthengine. app/view/sdgsat-1-p-iberica.</figcaption>
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											<figcaption class="widget-image-caption wp-caption-text">Con la ayuda de un programa de “ciencia ciudadana”, el estudio revela que, a simple vista, la iluminación artificial ha oscurecido el cielo nocturno más rápidamente de lo que indican las mediciones por satélite. (NOIRLab/NSF/AURA, P. Marenfeld.</figcaption>
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		<title>Las fronteras más improbables del mundo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/fronteras-improbables/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Jul 2026 07:46:02 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 84]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Geopolítica]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las fronteras, que concebimos como algo sólido, estructurado y sencillo de comprender (aquí acaba un país y empieza otro), a menudo nos sorprenden con situaciones complejas, insólitas y también absurdas. Este es un viaje a los límites de la geografía, o a la geografía de los límites. </p>
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<p><strong>Texto: Diego González*</strong></p>

<p>Boletín 84 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>

<p>Geografía insólita del mundo</p>
<p><strong>Si nos paramos a pensarlo un momento, existen pocos conceptos más arbitrarios que el de la frontera entendida como límite administrativo internacional. Una línea en el mapa, una piedra en el territorio, y a un lado hay leyes, costumbres y lenguas incompatibles con las del otro; una separación de metros que puede significar un mundo. Desde hace treinta años, en buena parte de Europa estamos acostumbrados a las facilidades del Espacio Schengen, que nos permiten recorrer sin trabas cualquier distancia intermedia entre, pongamos, Algeciras y Cabo Norte.</strong></p>
<p><strong>Pero las fronteras, que concebimos como algo sólido, estructurado y sencillo de comprender (aquí acaba un país y empieza otro), a menudo nos sorprenden con situaciones complejas, insólitas y también absurdas. Este es un viaje a los límites de la geografía, o a la geografía de los límites. </strong></p>
<p> </p>
<h3>El pueblo de las mil fronteras</h3>
<p>Baarle es un pueblo que en realidad son dos, aunque realmente sea uno. Si la frase es confusa, la realidad lo es aún más: Baarle no está dividido en dos, sino en veintinueve. Explicarlo llevará un poco de tiempo: Baarle son dos localidades, Baarle-Nassau y Baarle-Hertog. La primera pertenece a los Países Bajos, la segunda es belga. Pero en el mundo real hay un único pueblo, con sus calles, sus casas, sus negocios y su plaza mayor. Una frontera que cruza por el medio de un área urbana no es extraña; Constanza y Kreuzlingen, Gorizia y Nova Gorica o Hendaya e Irún son tres de los muchos ejemplos que hay en Europa. Pero Baarle es especial porque no hay una frontera, sino docenas de ellas. Baarle-Hertog está compuesto de veintidós trozos de Bélgica en territorio neerlandés, y para mayor diversión, dentro de esos enclaves belgas se esconden otros siete enclaves holandeses; enclaves dentro de enclaves, metaenclaves.</p>
<p>El origen del desaguisado está allá por el siglo XII, cuando después de una serie de escaramuzas y disputas legales el Duque de Brabante le ofrece como pago al Señor de Breda unas tierras sin cultivar, pero se queda las que ya estaban siendo trabajadas. Los eriales que recibió el de Breda son hoy Baarle-Hertog, y los campos que permanecieron bajo el control de Brabante se llaman hoy Baarle-Nassau. Esta clase de apaños no eran raros en la Edad Media y casi todos se resolvieron en el siglo XIX, pero el follón fronterizo de Baarle sobrevivió a casi un milenio de guerras, revoluciones y conquistas hasta llegar a hoy en día, donde la principal labor de los alcaldes es ponerse de acuerdo en quién paga qué. Calles y plazas están partidas en dos, el alcantarillado cruza fronteras cada pocos metros y hay negocios con la puerta en un país y la trastienda en otro que tienen que decidir a qué hacienda le pagan impuestos. Por suerte para los poco más de diez mil habitantes de la(s) localidad(es), la vida desde hace unas décadas es mucho más sencilla: todos usan la misma moneda, profesan la misma religión y hablan la misma lengua. La única línea divisoria hoy en día es a qué selección de fútbol animar.</p>
<h3>El huevo frito del desierto</h3>
<p>El Estrecho de Ormuz es últimamente un lugar conflictivo, y ya lo era hace un par de siglos cuando los británicos bautizaron toda la costa de la Península Arábiga como Costa de los Piratas, en una versión geopolítica del adagio “le dijo la sartén al cazo”. Para poner un poco de orden en el caos, Gran Bretaña acogió a todas las tribus de nómadas que habitaban ese rincón de la península, formándose así los Estados de la Tregua (<em>Trucial State</em>s), una confederación bastante vaga e imprecisa convertida en protectorado del Imperio Británico. Cada tribu, aldea, vecindario o rebaño de camellos fue libre de decidir a cuál de las familias reales juraba lealtad, aunque sobre el terreno eso no tenía mucha importancia porque se trataba de miles de kilómetros cuadrados de desierto.</p>
<p>El problema llegó cuando se descubrió petróleo en los años 50 del siglo XX, y entonces sí que hubo que delimitar muy claramente dónde empezaba un emirato y terminaba el de al lado, para repartirse los beneficios del oro negro. Así se formaron un montón de enclaves de unos emiratos dentro de otros, dependiendo de a qué monarca hubieran declarado su fidelidad los habitantes de uno u otro pueblo. Y así surgió el follón fronterizo: los habitantes de Mahda, un pueblo al este del protectorado, decidieron ser leales a la familia Abu Said, los monarcas de Omán, y por lo tanto todo su territorio se convirtió en omaní. En su interior, la minúscula aldea de Nahwa, que incluso hoy en día tiene pocos centenares de habitantes, votó por permanecer al lado de los Al Qawasim, y por tanto dentro del Emirato de Sarja. Así que Nahwa quedó como un enclave emiratí dentro del territorio omaní de Mahda, a su vez un enclave dentro del Emirato de Sarja. Un huevo frito fronterizo, un dónut del desierto.</p>
<p>Entre Mahda y Emiratos Árabes no hay una frontera visible, pero en el enclave se paga en riales omaníes y la gasolina es apreciablemente más barata que al otro lado de la raya. En Nahwa, una de las localidades más pobres de los Emiratos Árabes, la gente hasta hace poco vivía en chozas miserables sin agua corriente. Las consecuencias de una raya pintada en el desierto.</p>
<p> </p>
<h3>El carril bici belga que parte Alemania en pedazos</h3>
<p>De la ciudad de Aquisgrán parte un carril bici que culebrea a lo largo de 125 kilómetros por prados y bosques de un verdor esplendoroso hasta llegar al pueblo de Troisvierges, al norte de Luxemburgo. Hay veinticinco kilómetros de su recorrido que discurren a través de Alemania, pero en ellos el asfalto del camino para ciclistas nunca deja de ser belga. En esos tramos de su recorrido, Bélgica tiene seis metros de ancho. El país más estrecho del mundo.</p>
<p>Cuando fue construido a finales del siglo XIX, el Vennbahn era un ferrocarril para transportar hierro y carbón desde las minas a las fundiciones alemanas. Al estallar la Primera Guerra Mundial, el ejército teutón invadió y ocupó a su vecino, con la delicadeza suficiente como para que el hecho fuera conocido como «la violación de Bélgica» en la propaganda de guerra de la época. Tras la derrota en el conflicto, Bélgica exigió reparaciones de guerra, y en el Tratado de Versalles les fueron otorgados tres cantones alemanes: Eupen, Malmedy y Sankt Vith, que forman hoy la región germanoparlante de Bélgica. Con ellos Bélgica también recibió el Vennbahn, pero esto generaba un problema: el trazado de la vía salía y entraba de Bélgica varias veces, y los belgas, comprensiblemente, preferían no dejar sus infraestructuras en manos del país que acababa de invadirles. Así que exigieron, y obtuvieron, la soberanía sobre las vías y las estaciones de todo el recorrido. Todo lo que quedó al oeste del trazado del ferrocarril quedó separado del resto de Alemania por unos pocos metros de territorio belga, creando así cinco enclaves, el más pequeño de ellos, una pequeña granja alemana que no podía acceder más a su país.</p>
<p>Noventa años más tarde, el ferrocarril, ya sin ningún uso, fue desmantelado, y reconvertido en una pista para disfrute de familias en bicicleta y excursionistas en patines, pero la frontera, nacida de un conflicto del que ya nadie se acuerda, permaneció como una cicatriz, seccionando Alemania como un recordatorio de la historia.</p>
<p> </p>
<h3>El valle de los enclaves</h3>
<p>Allá por la primera mitad de los noventa las editoriales escolares actualizaron sus libros de geografía, obligando a los adolescentes de la época a aprenderse docena y media de países nuevos, de Eslovaquia a Azerbaiyán y de Bosnia a Armenia. Entre esas repúblicas recién nacidas estaban los Istanes, que nos volvían locos a todos porque nos hacíamos un lío tremendo entre tanto país que se llamaba parecido y que encima rimaban con otros países que ya existían. Pero si para los adolescentes de la generación Tamagotchi aprender la diferencia entre Kirguistán, Uzbekistán y Tayikistán fue complicado, para los habitantes de esos países lo fue aún más.</p>
<p>El lugar donde se cruzan las fronteras de esas tres naciones es el Valle de Ferganá, la región más fértil y densamente poblada de Asia Central, y por lo tanto la más disputada y deseada. Cuando la Unión Soviética trazó las fronteras entre las distintas repúblicas que había conquistado, en seguida descubrieron que era una tarea casi imposible, así que intentaron equilibrar el poder y la demografía entre las tres entidades, sin excesivo éxito. Al trazado retorcido de la frontera pronto se añadieron diversos enclaves producto de intercambios de territorio entre unos y otros a cambio de cosas como derechos de riego y campos de cultivo, pero esas modificaciones fronterizas rara vez eran aprobadas por Moscú. O siquiera conocidas. No tenía mucha importancia hasta que en diciembre de 1991 la bandera soviética se arrió por última vez en la Plaza Roja y tayikos, uzbekos y kirguises se encontraron con una frontera definida de una forma tan vaga que realmente nadie tenía claro dónde empezaba un país y acababa otro.</p>
<p>Unido a los conflictos civiles consecuencia del hundimiento del comunismo, aquello solo podía acabar en escaramuzas, batallas, guerras y limpiezas étnicas, y es exactamente lo que sucedió. La disputa se solventó, esperamos que de forma definitiva, a principios de 2025 cuando los tres países terminaron de firmar otros tantos tratados bilaterales definiendo sus límites comunes de forma precisa. En total han quedado ocho enclaves de unos países dentro de otros: uno de Kirguistán en Uzbekistán, cuatro de Uzbekistán en Kirguistán, uno de Tayikistán en Uzbekistán y otros dos de Tayikistán en Kirguistán. El enclave más grande de los ocho, un distrito entero llamado Soj, es uno de los cuatro pedazos uzbekos situados en Kirguistán. Pero sus ochenta mil habitantes son íntegramente tayikos. Como para no hacerse un lío.</p>
<p> </p>
<h3>La frontera más corta del mundo</h3>
<p>Hay aproximadamente un cuarto de millón de kilómetros de límites internacionales en nuestro planeta, entre los aproximadamente ciento cincuenta países que tienen algún vecino con el que comparten frontera. Y de esa cantidad ingente de líneas sobre el mapa y el territorio hay una tan breve que durante mucho tiempo no se sabía si existía o no. Se trata de la frontera entre Zambia y Botsuana, que de un extremo a otro mide lo que en la unidad de longitud periodística es exactamente un campo de fútbol y medio: 156 metros. **</p>
<p>A orillas del río Zambeze hay un pueblo llamado Kazungula, y justo enfrente, otro pueblo llamado Kazungula. Entre uno y otro discurre un puente de 900 metros de largo, conocido, para sorpresa de nadie, como Puente de Kazungula. El puente va precisamente de Botsuana a Zambia, y viceversa, y tardó casi medio siglo en construirse, no por dificultades técnicas, sino porque no se sabía si realmente los dos países compartían un límite. Además de ellos dos, existen otros dos actores implicados: Namibia y Zimbabue. Las fronteras de todos ellos son producto de la época colonial: Namibia fue colonizada por alemanes y los otros tres países por el Imperio Británico. Cuando alcanzaron la independencia, a partir de la década de los sesenta, se sabía que los límites entre ellas discurrían a lo largo de dos ríos, el Zambeze y el Cuando. La desembocadura de este último en aquel forma precisamente el límite de Zambia, Namibia y Botsuana, y a ellos se les une la frontera de esta última con Zimbabue, un viejo camino tribal.</p>
<p>Delimitar con precisión esas fronteras ya fue algo más complicado; durante bastante tiempo se creyó que todas ellas convergían en un punto, que habría sido el único cuadrifinio (o cuádruple frontera) del mundo, pero después de unas cuantas décadas se llegó a la conclusión de que Botsuana y Zambia compartían un límite, y por lo tanto Namibia y Zimbabue no, y que había un hueco, estrecho pero suficiente, para construir finalmente el puente que va de Kazungula a Kazungula. Por cierto, en el lado zimbabuense de la raya hay un tercer pueblo llamado igual, así que alguien en Namibia debería renombrar la aldea más próxima a la frontera para conseguir un póker único.</p>
<h3> </h3>
<h3>La frontera más ancha del mundo</h3>
<p>En la bandera de Chipre se muestra la silueta de la isla; es una de las dos únicas banderas nacionales que incluyen el mapa del país (la otra es la de Kosovo). En el mapa de la bandera chipriota no aparece ninguna frontera, pero en la isla de Chipre sí que las hay, y una de ellas tiene el extraño honor de ser la más ancha del mundo. La única, en realidad, que no es una línea matemática infinitamente fina. Y al otro lado de esa frontera hay un país que a menudo no aparece en los atlas y que casi nadie reconoce como tal.</p>
<p>Cuando Chipre se independizó del Reino Unido en 1960 lo hizo con una constitución que aseguraba dos cosas. Una, la soberanía británica sobre dos pedazos de la isla, las llamadas Bases Soberanas de Akrotiri y Dekelia, dos territorios de soberanía británica reconocida internacionalmente donde se ubican otras tantas bases militares del mismo país, y donde residen numerosos habitantes chipriotas. Y la otra, que los habitantes griegos de la isla (tres cuartas partes) compartirían el poder con los turcos, que entre los siglos XVI y XIX habían mantenido el control de Chipre. Lo primero se cumplió más o menos bien, lo segundo, bueno, no tanto. En 1974 el gobierno de Grecia patrocinó un golpe de Estado en Chipre para forzar la unión de los dos países, una vieja aspiración nacionalista en ambas naciones, pero que por razones bastante obvias no estaba bien vista por los turcos de la isla, ni tampoco por Turquía. Este último país procedió a invadir el territorio chipriota, y en pocas semanas de guerra se aseguró el control de un tercio de la isla. Las limpiezas étnicas subsiguientes aseguraron cierta homogeneidad en las dos zonas. Entre el territorio controlado por el gobierno de Nicosia y el que cayó en manos de Ankara se situaron las fuerzas de Naciones Unidas, que medio siglo después permanecen allí.</p>
<p>Con una anchura que va de los pocos metros en Nicosia (la última capital dividida del mundo) a varios kilómetros en los campos del sur de la isla, la zona bajo control de la ONU está fuera del alcance de los dos gobiernos; el norte de la isla proclamó su independencia con el nombre de Chipre del Norte hace cuarenta años, pero nadie, salvo Turquía, se ha molestado en reconocer esa independencia. Para el resto del mundo, todo Chipre, excepto los dos enclaves británicos, pertenece al sur. La Línea Verde, que recibe ese nombre por el color del rotulador que se utilizó para trazarla sobre un mapa, es uno de los últimos vestigios coloniales dentro de Europa, herencia de dos imperios, el otomano y el británico.</p>
<p><em> </em></p>
<p><em>* Diego González es autor del blog Fronterasblog.com y del libro Historiones de la geografía (geoPlaneta)</em></p>
<p><em> </em></p>
<p><em>** Esta frontera compite por el título de la más breve con otra excepción en el mapa: la que separa Marruecos y España en el Peñón de Vélez de la Gomera: una franja de apenas 85 m de arena, cruzada por una cuerda azul y totalmente cerrada al tránsito, que separa realmente dos continentes: Europa y África. </em></p>
<p><em> </em></p>								</div>
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		<title>África insólita</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/africa-insolita/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 15 Jul 2026 07:34:34 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 84]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La preservación de las fronteras coloniales para evitar conflictos ha sido un principio asumido y defendido por la Organización para la Unidad Africana y por su sucesora, la Unión Africana. Pero los conflictos han aparecido y aparecen, junto con situaciones sorprendentes, singulares, en el insólito mapa del continente africano aún regido en su mayor parte por fronteras establecidas en el siglo XIX.  </p>
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<p><strong>Texto: Mariano López*</strong></p>

<p>Boletín 84 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>

<p>Geografía insólita del mundo</p>
<p><strong>La preservación de las fronteras coloniales para evitar conflictos ha sido un principio asumido y defendido por la Organización para la Unidad Africana y por su sucesora, la Unión Africana. Pero los conflictos han aparecido y aparecen, junto con situaciones sorprendentes, singulares, en el insólito mapa del continente africano aún regido en su mayor parte por fronteras establecidas en el siglo XIX.  </strong></p>
<p>¿Cuántos países tiene el continente africano? Depende. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), África cuenta con 54 países; según la Unión Africana (UA), son 55: los 54 reconocidos por la ONU más la República Árabe Saharaui Democrática (RASD); para el Estado de Israel son 55: los 54 de la ONU más Somalilandia.</p>
<p>Para la ONU, la RASD no existe. Existe el Sáhara Occidental, un territorio que figura oficialmente desde 1963 en la lista de las Naciones Unidas como “pendiente de descolonización”.  Es el único territorio de África que continúa en esa lista 63 años después.</p>
<p>La Resolución 2711 de la Asamblea General de la ONU, aprobada el 14 de diciembre de 1970, exigió formalmente a España organizar un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental bajo la supervisión de Naciones Unidas, en consulta previa con los gobiernos vecinos de Marruecos y Mauritania.  El referéndum no se realizó. El gobierno franquista decidió ralentizar el proceso, ofreciendo primero un estatuto de autonomía. La demora fue contestada por la población saharaui, que, de forma unánime, se manifestó a favor del referéndum y de la independencia en las principales localidades del Sáhara Occidental.</p>
<p> </p>
<p><strong>El origen del Frente Polisario </strong></p>
<p>La violenta represión de las protestas pacíficas que se sucedieron en las manifestaciones de El Aaiún —capital del Sáhara español—, el 17 de junio de 1970, dio origen al movimiento que, tres años después, cristalizó en el Frente Político de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro (las dos regiones que componían el Sáhara español), más conocido, a partir de su fundación, como Frente Polisario, derivado de Poli (político), sa (saharaui) y rio (de Río de Oro). </p>
<p>El objetivo inicial del Frente Polisario era expulsar a las tropas coloniales españolas por la vía armada. El primer atentado sucedió en mayo de 1973, contra el puesto policial español de El Janga, al norte del Sáhara Occidental. Cuando en mayo de 1975, una misión oficial de la ONU visitó El Aaiún, Dajla y Esmara, decenas de miles de saharauis salieron a las calles de estas tres ciudades, las principales del territorio, exhibiendo banderas del Frente Polisario, que rechazaba tanto la soberanía española como las pretensiones de anexión que manifestaba el rey Hassan II de Marruecos. España solicitó entonces a la ONU que enviara una fuerza armada para garantizar la paz en la zona y se encargara de gestionar el referéndum.</p>
<p> </p>
<p><strong>La Marcha Verde y los Acuerdos de Madrid </strong></p>
<p>La posición de Marruecos era contraria al referéndum. Defendía que el territorio debería integrarse en el reino marroquí. En abril de 1975, el Rey de Marruecos convocó la llamada Marcha Verde, que se haría efectiva en noviembre de ese mismo año con la marcha de 350.000 civiles seguidos por más de 25.000 soldados marroquíes con la intención común de tomar posesión de la colonia española. Días después de que se iniciara la Marcha, España comunicó que abandonaba unilateralmente el Sáhara Occidental mediante los llamados Acuerdos de Madrid, que transferían temporalmente la administración del territorio a España, Marruecos y Mauritania.</p>
<p>La ONU rechazó el contenido de estos Acuerdos, al igual que el Frente Polisario. La administración temporal tripartita nunca se llevó a cabo: Marruecos ocupó y declaró bajo su administración la parte norte del territorio, la zona de El Aaiún, Esmara y los yacimientos de fosfatos de Bucráa, y Mauritania la parte sur, la zona de Dajla, antigua Villa Cisneros.</p>
<p> </p>
<p><strong>Constitución de la República Árabe Saharaui Democrática</strong></p>
<p>El 26 de febrero de 1976, España -ya bajo el reinado de Juan Carlos I- arrió su última bandera en la zona y notificó formalmente a la Secretaría General de la ONU que dejaba de asumir en adelante ninguna responsabilidad de carácter internacional sobre la administración del territorio.   Al día siguiente, el Frente Polisario proclamó la constitución de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) con control efectivo de la parte del territorio que no había sido ocupada ni por Marruecos ni por Mauritania.    </p>
<p>De inmediato, el Frente Polisario inició una campaña intensiva para que la Organización para la Unidad Africana (OUA) admitiera a la República Árabe Saharaui Democrática entre sus miembros. La postura inicial de la OUA, muy a favor de mantener las fronteras heredadas del período colonial para evitar conflictos, ya desde su constitución, en 1963, fue, inicialmente, contraria a los deseos del Frente Polisario. Pero gran parte de sus miembros cambiaron de opinión cuando Mauritania firmó la paz con el Polisario y dejó a Marruecos como único ocupante.</p>
<p> </p>
<p><strong>La RASD en la OUA y en la Unión Africana</strong></p>
<p>El 22 de febrero de 1982, la República Árabe Saharaui Democrática comenzó a formar parte de la Organización para la Unidad Africana (OUA).  Veintiséis de los cincuenta y un estados miembros votaron a favor, lo que decidió la entrada de la RASD en la OUA por mayoría simple de los votos emitidos por sus miembros. Marruecos consideró ilegal la admisión y protestó enérgicamente. Dos años después, en la cumbre de la OUA celebrada en Addis Abeba, la RASD tomó formalmente asiento como miembro de pleno derecho. Como respuesta, Marruecos anunció su retirada de la organización. Durante décadas, Marruecos fue el único país de África fuera de la OUA.</p>
<p>En 1999, la mayoría de los miembros de la OUA abogó por crear una nueva organización continental, en la cumbre celebrada en Sirte, Libia. Completados los objetivos iniciales de la OUA, la independencia de África respecto a las potencias coloniales, se decidió la creación de una nueva organización, denominada Unión Africana, centrada en objetivos de unidad social y económica, en modo similar a lo que representaba la Unión Europea.</p>
<p>Tras varias cumbres, actas y declaraciones, la Unión Africana fue oficialmente inaugurada el 9 de julio de 2002 en Durban, Sudáfrica. La RASD pasó automáticamente a ser miembro de la nueva organización, en su calidad de miembro de la anterior. Fue considerada “miembro fundador” de la UA.</p>
<p> </p>
<p><strong>El retorno de Marruecos a la Unión Africana </strong></p>
<p>En 2017, Marruecos volvió a la unidad africana, ingresó en la UA. La pertenencia a la UA no le obliga a reconocer a la RASD como Estado ni a mantener relaciones diplomáticas bilaterales. Al contrario: continúa, desde 1976, su conflicto armado con el Frente Polisario.</p>
<p>En sus comunicados oficiales, la RASD presenta un mapa en el que ocupa una extensión de más de 266.000 kilómetros cuadrados, con Marruecos al norte, Argelia al sur, Mauritania al este y el Océano Atlántico al oeste.  Las fuerzas militares del Frente Polisario sólo controlan una zona desértica, al este de la línea de muros construidos en el Sáhara Occidental por Marruecos en los años 80, muros que suman 2.700 kilómetros de longitud.</p>
<p>Como Marruecos, otros miembros de la UA tampoco reconocen ni tienen relaciones diplomáticas con la RASD. Pero el hecho es que la República Árabe Saharaui Democrática es uno de los 55 países de África, según la Unión Africana.</p>
<p> </p>
<p><strong>La autoproclamada República de Somalilandia</strong></p>
<p>Ni la ONU ni la UA reconocen a Somalilandia como estado. La República de Somalilandia se autoproclamó independiente de Somalia en 1991. La autoproclamación fue definida como la recuperación de la soberanía de Somalilandia respecto a Somalia.</p>
<p>Somalilandia había sido un estado independiente en 1960, durante cinco días. El 26 de junio de 1960, el antiguo protectorado británico de Somalilandia obtuvo su independencia formal del Reino Unido. Cinco días después, el 1 de julio de 1960, se unificó con el Territorio en Fideicomiso de Somalia (la antigua Somalia italiana) para formar la nueva República Democrática de Somalia.</p>
<p>Los límites geográficos autoproclamados por la nueva Somalilandia se corresponden con los del antiguo estado. El gobierno de la nueva república defiende que sus fronteras están de nuevo definidas por las disposiciones del Tratado anglofrancés de 1888, el Protocolo angloitaliano de 1894 y el Tratado angloetíope de 1897.</p>
<p>Situada en el noroeste del Cuerno de África, la nueva república ocupa la misma área que el antiguo y efímero estado: una extensión de 177.000  kilómetros cuadrados, que van, en cuanto a su latitud, desde los 8º N  (su límite sur, colindante con la región somalí de Ogadén y las regiones interiores de Somalia) hasta los 11º 30’ N (su extremo norte en la costa del Golfo de Adén, una línea costera que se extiende 850 kilómetros);  y, en cuanto a su longitud, desde los 42º 30’ E (su frontera oeste con Yibuti y Etiopía) hasta los 49º 00’ E (su extremo este en el límite con la región de Puntlandia, en Somalia).</p>
<p>La República de Somalilandia alberga una población de 5,7 millones de personas, conforme a las cifras ofrecidas por su Ministerio de Salud. Su capital es Hargeisa. Cuenta con su propia moneda —el chelín de Somalilandia, emitido por el Banco Central de la nueva República-, su propio ejército y su propia policía, y con una notable economía basada en la actividad del puerto de Berbera, en el que han invertido empresas de países que no reconocen como estado a Somalilandia pero sí despliegan sus nodos logísticos en Berbera, como es el caso del DP World de los Emiratos Árabes Unidos.</p>
<p> </p>
<p><strong>La ruptura entre Somalilandia y Somalia</strong></p>
<p>La ruptura entre Somalilandia y Somalia tuvo su origen a poco de que se decidiera la unificación. El centro de poder del nuevo país se focalizó en Mogadiscio. Los puestos clave del gobierno, el ejército, la administración, fueron ocupados por miembros de los clanes del sur.  El referéndum celebrado el 20 de junio de 1961 para ratificar la Constitución de la República Democrática de Somalia, el nuevo país, fue rechazado, mayoritariamente, por los somalíes del norte, de la extinta Somalilandia, que apenas un año después de declarada la unidad, entendían que Mogadiscio había incumplido las condiciones pactadas de igualdad y representación.</p>
<p>La tensión entre Norte y Sur se disparó durante la dictadura de Mohamed Siad Barre, quien ocupó la presidencia de la República Democrática de Somalia desde 1969 hasta 1991. A finales de los años 70, Siad Barre comenzó una política de persecución contra los clanes del norte, agravada tras la fallida guerra contra Etiopía, en 1978.</p>
<p>En 1981 se fundó en Londres el Movimiento Nacional Somalí, compuesto por miembros del clan Isaaq, el grupo dominante en el norte, en el territorio del antiguo estado de Somalilandia. Entre 1987 y 1989, el régimen de Siad Barre lanzó una campaña militar contra el clan Isaaq, considerado la base del Movimiento Nacional Somalí (SNM por su nombre en inglés). Se realizaron bombardeos sistemáticos, destrucción de aldeas, ejecuciones, la cifra de víctimas se estima entre las 50.000 y las 200.000 personas.</p>
<p>El Movimiento Nacional Somalí tuvo un papel decisivo en el derrocamiento de Siad Barre, que abandonó Mogadiscio, asediado por las guerrillas de varios grupos opositores, el 27 de enero de 1991. Dos semanas más tarde, los clanes de ancianos del antiguo estado de Somalilandia se reunieron en Berbera y acordaron que cada clan seleccionara representantes para una gran conferencia orientada a crear un gobierno independiente de Mogadiscio.</p>
<p> </p>
<p><strong>La recuperación de las antiguas fronteras </strong></p>
<p>La decisión de restaurar la independencia del territorio de Somalilandia, definido conforme a los límites del antiguo Protectorado Británico, que luego fueron los del estado de Somalilandia, fue tomada por la Gran Conferencia de Ancianos de los Clanes, celebrada en la localidad de Burao del 27 de abril al 15 de mayo de 1991.</p>
<p>La Asamblea de Clanes redactó en los dos años siguientes la Carta Nacional que sirvió como constitución provisional de la nueva república. El 31 de mayo de 2001, el texto constitucional fue sometido a referéndum. Según los datos oficiales, el 97,1 por ciento de los votantes aprobó la constitución, cuyo artículo central confirmaba la soberanía e independencia de Somalilandia. Desde entonces, la República de Somalilandia ha desarrollado un sistema democrático, multipartidista, que ha llevado a cabo elecciones presidenciales, parlamentarias y locales.  La Cámara de Representantes (Parlamento) es elegida mediante voto directo, mientras que la Cámara Alta o Guurti, donde están representados los clanes, elige sus miembros mediante consensos internos de los clanes.</p>
<p>Somalilandia, debido a su ubicación estratégica cerca de Bab el Mandeb, en la entrada del golfo de Adén y el mar Rojo, siempre ha sido un territorio de interés por razones estratégicas y comerciales. El 26 de diciembre de 2025, Israel reconoció a la República de Somalilandia como estado. Esa fecha, el presidente israelí, Benjamín Netanyahu, y el presidente de la República de Somalilandia, Abdirahman Mohamed Abdullahi, firmaron una declaración de reconocimiento mutuo. El proceso culminó meses después cuando ambos países consolidaron sus relaciones diplomáticas con el establecimiento de embajadas.</p>
<p> </p>
<p><strong>Un principio romano decide las fronteras</strong></p>
<p>Al igual que sucede en el caso de la autoproclamada República de Somalilandia, otras fronteras en el continente africano tienen su origen en el reparto colonial del siglo XIX. Resulta en cierto modo paradójico que la Organización para la Unidad Africana, que tenía entre sus metas fundamentales apoyar la independencia de las colonias que aún quedaban en el continente, acordó poco después de su fundación, en 1964, una resolución que defendía la inmovilidad de las fronteras coloniales.</p>
<p>El 21 de julio de 1964, durante la primera sesión ordinaria de la Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de la OUA, celebrada en El Cairo, se formalizó la histórica Resolución AHG/Res. 16 (titulada Disputas Fronterizas entre Estados Africanos) por la que todos los estados miembros se comprometían a respetar las fronteras existentes en el momento en que accedieron a la independencia nacional.</p>
<p>Se consagraba en África, con la citada Resolución, el principio del Derecho romano, conocido como <em>uti possidetis iuris</em> (como poseéis por derecho, poseeréis) que habían adoptado entre otros, las nuevas repúblicas hispanoamericanas al independizarse de España y definir sus fronteras. </p>
<p>Las razones aducidas para establecer la Resolución fueron pragmáticas: aceptar fronteras imperfectas a cambio de paz regional y reconocimiento mutuo. Modibo Keïta, presidente de Mali, fue el principal impulsor de la Resolución, apoyado por el anfitrión de la cumbre, Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto, y el emperador de Etiopía, Haile Selassie. Meses antes, Mali había estado al borde de la guerra con Burkina Faso (entonces Alto Volta). Keïta defendía que si África empezaba a cuestionarse las fronteras coloniales, el continente se sumiría en un conflicto perpetuo.</p>
<p>La OUA mantuvo firme el principio de Derecho que inspiraba la Resolución, que ha continuado defendiendo su sucesora, la Unión Africana. El principio se ha mantenido con dos excepciones notables: la secesión de Eritrea de Etiopía (mayo de 1993) y la independencia de Sudán del Sur (julio de 2011).</p>
<p>La firmeza en la aplicación del citado principio ha deparado también situaciones peculiares. Es el caso de las islas Likoma y Chizumulu, en el lago Malaui; la franja de Caprivi en Namibia, y el enclave de Cabinda, separado del resto de Angola. Estos tres casos son consecuencia de negociaciones de las potencias europeas en el siglo XIX que continúan vigentes en el siglo XXI.</p>
<p> </p>
<p><strong>Dos islas de Malaui en aguas de Mozambique</strong></p>
<p>Las islas de Likoma y Chizumulu pertenecen a Malaui, pero están situadas dentro de las aguas territoriales del lago Malaui pertenecientes a Mozambique. Ambas islas se encuentran en la parte oriental del lago, a pocos kilómetros de la costa de Mozambique, separadas por decenas de kilómetros de la costa principal de Malaui.</p>
<p>La isla de Likoma se encuentra a 7 kilómetros de la costa mozambiqueña y la de la vecina isla de Chizumulu a 13 kilómetros. Al oeste, la costa de Malaui se encuentra a unos 30 kilómetros de ambas islas.</p>
<p>El Tratado de Heligoland-Zanzíbar, un acuerdo diplomático firmado entre el Imperio Británico y el Imperio Alemán el 1 de julio de 1890, establecía que la frontera entre el África Oriental Alemana (la actual Tanzania) y el protectorado británico de Nyasalandia (actual Malaui) quedaría definida por la línea de la costa oriental del propio lago, la orilla de la actual Tanzania. Al fijar la línea en la propia orilla, el Reino Unido se adjudicó la totalidad de las aguas del lago y de sus islas.</p>
<p>Cuando Malaui y Tanzania se independizaron, en la década de 1960, Malaui reclamó la totalidad de la superficie del lago basándose en el principio uti possidetis iuris, en el hecho de que el tratado de 1890 establecía esa propiedad al protectorado británico.</p>
<p>Tanzania considera que la aplicación de ese tratado viola el derecho internacional que entiende, en casi todos los lagos compartidos del mundo, que la frontera debe quedar establecida en la línea media del lago. Las diferencias entre Tanzania y Malaui respecto a su frontera en el norte del lago Malaui continúan hoy. </p>
<p>La línea fronteriza actual en el sur del lago Malaui, entre Malaui y Mozambique, es el resultado del Tratado Anglo Portugués de 1954. A diferencia de lo que ocurrió con Alemania a la hora de establecer la frontera en el norte del lago, en el sur, el Reino Unido y Portugal se pusieron de acuerdo: fijaron la frontera entre Nyasalandia (actual Malaui) y la Provincia Ultramarina de Mozambique  (actual Mozambique) conforme a la línea media de las aguas del lago, de modo que el lado oriental del sur del lago Malaui quedaba bajo control portugués. Con una única excepción: las islas de Likoma y Chizumulu, en las que los misioneros ingleses habían establecido en la década de 1880 importantes iglesias y comunidades anglicanas.</p>
<p>En la actualidad, no existen disputas de soberanía entre Mozambique y Malaui. Los habitantes de Likoma y Chizumulu son plenamente malauíes. La única fricción ocasional se centra en los derechos de pesca y navegación en las aguas que rodean a los enclaves, reclamados tanto por los malauíes como por los mozambiqueños.</p>
<p> </p>
<p><strong>La franja de Caprivi, herencia del tratado anglo alemán de 1890</strong></p>
<p>El Tratado Heligoland-Zanzíbar ha dejado también una singular herencia en el África Austral: la franja de Caprivi, una larga y estrecha extensión de tierra que, en los mapas, parece un apéndice de Namibia que se prolonga por el nordeste con una cuña que se abre paso entre el norte de Botsuana y el sur de Angola y Zambia hasta encontrarse con la frontera de Zimbabue. Su longitud alcanza los 450 kilómetros, mientras su anchura varía desde los 30 hasta los 100 kilómetros.</p>
<p>La franja lleva el nombre de Leo von Caprivi, el general que sustituyó como canciller de Alemania y ministro presidente de Prusia a Otto von Bismarck. Caprivi  fue quien lideró, firmó y supervisó, por parte de Alemania, el tratado Heligoland-Zanzíbar, también llamado Acuerdo Anglo-Alemán, el 1 de julio de 1890. Por parte británica, fue firmado por Robert Gascoyne-Cecil, primer ministro de Reino Unido.</p>
<p>Con el Tratado, Alemania ganó la isla de Heligoland, en el mar del Norte, la costa de Dar es Salaam, y una extensión del África del Sudoeste alemana que la conectaba con el río Zambeze. A poco de firmarse el Tratado, esta extensión, que en el acuerdo no tenía nombre, comenzó a ser llamada en los mapas y en los documentos de la administración alemana como “franja de Caprivi”, en honor al canciller firmante.</p>
<p>La conexión de las posesiones alemanas en África del Sudoeste con el río Zambeze buscaba dificultar que el Reino Unido poseyera un bloque territorial continuo desde Sudáfrica hasta el norte del continente, un bloque que facilitaría, en principio, el proyecto del magnate del oro y los diamantes sudafricanos, Cecil Rhodes, de establecer una línea férrea entre Ciudad del Cabo y El Cairo. Pero, sobre todo, la conexión con el Zambeze era un acto de fe: Caprivi confiaba en la capacidad de los ingenieros alemanes para crear puertos, esclusas, carreteras y ferrocarriles que sortearan las cataratas Victoria, facilitaran la navegación por el Zambeze hasta su desembocadura en el Índico y acabaran convirtiendo la franja en la llave de paso entre el Atlántico y el Índico.</p>
<p>En agosto de 2013, el gobierno de Namibia decidió cambiar el nombre a la franja dentro de un plan para eliminar vestigios coloniales del mapa nacional. Fue rebautizada oficialmente como Zambezi, que es el nombre del río en varias lenguas de los países que cruza. Las fronteras de Namibia, Zambia y Botsuana confluyen en un tramo del Zambeze, separado tan solo unos cien metros del punto en el que convergen las fronteras de Zambia, Zimbabue y Botsuana.</p>
<p> </p>
<p><strong>Cabinda: un territorio de Angola separado de Angola</strong></p>
<p>La singularidad de Cabinda, un territorio que pertenece a Angola, pero está separado del límite norte de la frontera angoleña por una franja de unos 40 kilómetros de ancho que pertenece a la República Democrática del Congo, tiene también su origen en un tratado colonial: la Conferencia de Berlín (1884-1885), en la que las potencias europeas se repartieron toda África con la excepción de Liberia y Abisinia (actual Etiopía). El Acta General de la Conferencia canceló las aspiraciones de Portugal, que reclamaba el control absoluto de la desembocadura del río Congo, en favor de las exigencias de las grandes potencias que determinaron la libre navegación y comercio en toda la cuenca del Congo.</p>
<p>El rey belga Leopoldo II resultó especialmente beneficiado. En paralelo a la celebración de la Conferencia de Berlín, logró que los principales gobiernos presentes en Berlín firmaran un tratado bilateral con su propia empresa: la Asociación Internacional de Congo, una corporación privada de la que el rey belga era el máximo accionista.</p>
<p>En febrero de 1885, los representantes de la Asociación Internacional del Congo firmaron un documento de Adhesión al Acta General de la Conferencia de Berlín. El presidente de la Conferencia, el canciller alemán Otto von Bismarck, leyó formalmente los acuerdos diplomáticos y declaró ante los delegados internacionales el nacimiento de un nuevo estado: la Asociación Internacional del Congo pasó a llamarse Estado Libre del Congo, sin cambiar su estatus de empresa privada. Es un caso extraordinario en la historia del Derecho Internacional.</p>
<p>Finalizada la Conferencia de Berlín, en 1885, la Cámara de Representantes y el Senado de Bélgica autorizaron a Leopoldo II a ser soberano del Congo bajo una fórmula de unión puramente personal: Bélgica no aportaría soldados, funcionarios ni fondos públicos para administrar el territorio africano regido por su rey.   La empresa real acabaría resultando ruinosa para Leopoldo II. En 1908, Bélgica terminó haciéndose cargo de las deudas y se anexionó oficialmente el Congo.</p>
<p>Para asegurar el acceso al océano Atlántico del Congo de Leopoldo II, la Conferencia berlinesa determinó una franja de territorio que dividía el territorio portugués en dos: al sur de la desembocadura del Congo se extendían los territorios de la actual Angola y al norte la pequeña franja de Cabinda, también portuguesa. En medio, el corredor belga.</p>
<p>El 1 de agosto de 1975, el Frente para la Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC) proclamó unilateralmente la independencia de la República de Cabinda. Esta declaración no obtuvo ningún reconocimiento internacional. El territorio de Cabinda pasó a formar parte de Angola tras la independencia de todo el país el 11 de noviembre de 1975. La franja de tierra diseñada en 1885 para dar salida al Atlántico al Estado Libre del Congo, posteriormente Congo belga, se mantuvo igual tras la independencia de la República Democrática del Congo, en 1960, y tiene la misma dimensión en la actualidad.</p>
<p> </p>
<p><strong>Azawad, Ogonilandia y Barotselandia </strong></p>
<p>El interés de la Unión Africana por mantener las fronteras coloniales no ha conseguido disipar, en lo que va de siglo XXI, todos los conflictos. Es el caso del territorio del norte de Mali conocido por los tuaregs como Azawad. El Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad inició un conflicto armado con el gobierno de Mali en 2011, conflicto que hoy continúa. Se autoproclamó Estado independiente de Azawad en 2012, pero no fue reconocido internacionalmente.</p>
<p>En Nigeria, Kenule Beeson Saro-Wiwa, candidato al  premio Nobel de Literatura, lideró en los años 70 del pasado siglo las aspiraciones del pueblo ogoni a conseguir la autonomía de su territorio, Ogonilandia, en la región del Delta del Níger, al sureste de Nigeria. Saro-Wiwa fue el principal opositor a la extracción incontrolada de petróleo en el territorio ogoni, que ha sufrido daños ambientales desde 1950. Reclamaba el fin de la degradación ecológica y que una parte de los ingresos por la extracción de petróleo se quedara en la comunidad ogoni. Murió ejecutado por el régimen nigeriano en 1995. La fundación Saro-Wiwa continúa su legado. Ogonilandia sigue siendo una reivindicación política territorial de la minoría ogoni, apoyada por diferentes líderes sociales, culturales y políticos africanos.</p>
<p>En 1991 se fundó en La Haya la <strong>Organización de Naciones y Pueblos No Representados (UNPO),</strong> una organización internacional cuyos miembros reclaman la soberanía por el camino de la democracia, la no violencia, la autodeterminación y los derechos humanos. Veinte entidades africanas pertenecen a la UNPO, entre ellas Ogonilandia y Biafra (Nigeria), Oromo (Etiopía), Annobón (Guinea Ecuatorial) y Barotselandia (Zambia).</p>
<p>El caso de Barotselandia remite a la historia de varios siglos del pueblo lozi, que habita en el curso alto del Zambeze. Su territorio abarca unos 126.000 kilómetros cuadrados, en los que viven 3 millones y medio de personas. Los lozi han preservado su lengua, sus costumbres y su tradición monárquica. El rey actual, el litunga (título del rey que significa guardián de la tierra) es Lubosi II, coronado en 2000. En 2011, el rey y los líderes barotse declararon unilateralmente la independencia de Zambia, acto que no tuvo reconocimiento internacional. </p>
<p> </p>
<p><strong>El llamativo caso del Principado de Pontinha</strong></p>
<p>Fuera de la UNPO, el único territorio africano que ha declarado unilateralmente su independencia ha sido la isla de Pontinha, un mínimo enclave insular rocoso situado frente al puerto de Funchal, en Madeira. Un empresario de la construcción, autoconsiderado artista y escenógrafo, Renato Barros, adquirió la propiedad del Fuerte de San José, una fortaleza levantada en tiempos de Enrique el Navegante, cuando Pontinha resultaba estratégica para el comercio con Madeira y la exploración de la costa atlántica africana.</p>
<p>Barros pagó unos 25.000 euros a la familia británica Blandy por la propiedad del fuerte y del islote, de 178 metros cuadrados. Los Blandy, importantes productores y exportadores de vino de Madeira, habían adquirido en 1903 al rey Carlos I de Portugal la fortaleza y el islote mediante subasta pública.</p>
<p>Junto con la propiedad, Renato Barros recibió la Carta Regia emitida por Carlos I de Portugal que incluía plenos poderes de dominio sobre el territorio. Barros se autoproclamó “Príncipe de Pontinha”, con el nombre de Renato II, gobernante de una micronación habitada únicamente por él mismo y, ocasionalmente, por su familia y amigos. Reclamaba el derecho a las 200 millas náuticas alrededor de la isla y la independencia frente a Portugal.</p>
<p>En 2017, una de las empresas de Renato Barros en  Portugal acumuló deudas por encima de los 500.000 euros. La justicia portuguesa procedió al embargo de sus bienes personales y empresariales. La propiedad del fuerte, sujeto a proceso concursal, pasó a inversores privados, ajenos a las pretensiones independentistas del “Príncipe de Pontinha”. </p>
<p> </p>
<p> </p>
<p> (*) Mariano López es periodista</p>
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		<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/africa-insolita/">África insólita</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>Territorios que desafían al mapa. Un Atlas de lo insólito</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/atlas-de-lo-insolito/</link>
		
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		<pubDate>Tue, 14 Jul 2026 12:50:49 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Boletin 84]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Los países que no existen, las fronteras imposibles, y otras rarezas del mapa mundial nos llevan a descubrir una geografía no convencional del mundo, a través de los rincones más insólitos y sorprendentes del planeta. En tiempos en los que la Geopolítica vuelve a estar de moda, crece también el interés por conocer esta “cara B” de nuestros mapas. </p>
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<p><strong>Texto: Lola Escudero*</strong></p>

<p>Boletín 84 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>

<p>Geografía insólita del mundo</p>
<p><strong>¿Quién ha oído hablar de Annobón, Kapingamarangi, Oimakón o Centralia? ¿Cuántos serían capaces de señalar estos lugares en un mapa sin recurrir a Google? Dando un paso más allá, ¿sabríamos explicar dónde estaba el legendario País de Punt, aquel misterioso reino africano al que navegaban los egipcios hace más de tres mil años en busca de oro, incienso y animales exóticos? ¿Qué fue de reinos y naciones de nombres poéticos y evocadores, como Tripolitania o Manchukuo?¿Por qué Groenlandia pertenece a Dinamarca pese a encontrarse más cerca de Canadá que de Europa? ¿O cómo es posible que la Antártida, un continente más grande que Europa, no pertenezca oficialmente a ningún país?</strong></p>
<p><strong>Los países que no existen, las fronteras imposibles, y otras rarezas del mapa mundial nos llevan a descubrir una geografía no convencional del mundo, a través de los rincones más insólitos y sorprendentes del planeta. En tiempos en los que la Geopolítica vuelve a estar de moda, crece también el interés por conocer esta “cara B” de nuestros mapas. </strong></p>
<p><strong> </strong></p>
<p>En una época en la que la geopolítica vuelve a ocupar las portadas de los periódicos casi a diario, podría parecer que el mapa político del mundo es algo sólido, definitivo y perfectamente delimitado. La invasión rusa de Ucrania, las tensiones en el mar de China Meridional, el debate sobre Groenlandia, las disputas en el Cáucaso o los conflictos en Oriente Próximo nos recuerdan constantemente que el territorio sigue siendo uno de los grandes factores de poder del siglo XXI.</p>
<p>Sin embargo, basta con observar un mapa más detenidamente para descubrir que la realidad es mucho más compleja. Detrás de las fronteras aparentemente claras se esconde un planeta lleno de anomalías: países que funcionan como Estados sin ser reconocidos, territorios que aspiran a independizarse, enclaves absurdos heredados de tratados medievales, islas que cambian de soberanía periódicamente, micronaciones autoproclamadas y lugares que parecen existir en un limbo jurídico y político.</p>
<p>La geografía, lejos de ser una ciencia estática, es una disciplina profundamente humana. Las fronteras y los territorios son el resultado de siglos de guerras, acuerdos diplomáticos, errores cartográficos, matrimonios reales, expediciones coloniales y decisiones políticas tomadas en circunstancias que hoy pueden parecer casi absurdas. Incluso antes de empezar a hablar de todo ello habría que cuestionarse la propia definición de país. ¿Qué convierte a un territorio en un Estado? ¿La población? ¿El reconocimiento internacional? ¿La existencia de un gobierno propio? ¿El control efectivo del territorio? La respuesta está llena de matices y contradicciones y de ahí el fascinante puzle de geografías paralelas que desafían nuestra visión convencional del planeta.</p>
<p><strong> </strong></p>
<p> </p>
<p><strong>LA TIERRA, BAJO LA LUPA</strong></p>
<p>La mayoría de nosotros contemplamos el mapa político del mundo como si fuera una fotografía fija de la realidad. Los atlas escolares nos enseñaban países coloreados, fronteras perfectamente definidas y capitales cuidadosamente situadas en su lugar correspondiente. Sin embargo, basta con acercar la mirada para descubrir que el planeta es mucho más extraño de lo que parece y las fronteras no son tan claras: países devastados por siglos de conflictos que han ido dejando atrás fragmentos de su territorio con situaciones y fronteras inusuales. Si ampliamos con lupa, descubriremos microestados utópicos instalados en lugares insólitos, ciudades que no están donde sería razonable, países que parece que lo son pero que no son tales, poblaciones fronterizas que no está demasiado claro a quién pertenecen&#8230;</p>
<p>El mapa del siglo XXI es, en realidad, un gigantesco rompecabezas construido a lo largo de miles de años. Un refinado puzle formado por piezas de tamaños muy distintos que intentan encajar unas con otras en el complejo tablero de la geopolítica mundial. Algunas parecen ajustarse con precisión; otras, en cambio, continúan generando tensiones, disputas o situaciones tan insólitas que desafían cualquier lógica cartográfica.</p>
<p>Muchas de estas piezas son herencia directa del pasado colonial. Durante siglos, las grandes potencias europeas trazaron fronteras sobre mapas que a menudo conocían mejor que los propios territorios que estaban repartiendo. En ocasiones utilizaron accidentes geográficos como ríos o cordilleras; en otras, simplemente dibujaron líneas rectas sobre regiones inmensas habitadas por pueblos con lenguas, culturas e historias completamente diferentes. El resultado sigue siendo visible hoy. Buena parte de las fronteras africanas, por ejemplo, nacieron en despachos europeos a miles de kilómetros de distancia y continúan condicionando la política del continente.</p>
<p>Otras veces, el mapa es el resultado de tratados de paz en los que los territorios cambiaban de dueño con una naturalidad que hoy resultaría difícil de imaginar. Provincias enteras, ciudades estratégicas o pequeños archipiélagos fueron intercambiados entre países como si formaran parte de una compleja partida de ajedrez. Algunas de esas decisiones, tomadas hace siglos, siguen teniendo consecuencias geopolíticas en la actualidad.</p>
<p>Pero no todas las rarezas proceden de imperios desaparecidos o acuerdos diplomáticos olvidados. El mundo contemporáneo está lleno de anomalías que continúan vivas. Existen territorios que funcionan prácticamente como países independientes, aunque la comunidad internacional se niegue a reconocerlos. Hay regiones que poseen bandera, gobierno, moneda e incluso ejército propio, pero que oficialmente no figuran entre los Estados soberanos del planeta. También encontramos territorios autónomos tan grandes como Groenlandia o tan pequeños como algunas islas del Pacífico, cuya situación política desafía las categorías tradicionales.</p>
<p>A veces las sorpresas aparecen en los lugares más inesperados. Europa, el continente que solemos considerar mejor conocido y más cartografiado, alberga algunas de las fronteras más extravagantes del planeta. Existen pueblos donde basta cruzar una calle para cambiar de país, casas atravesadas por límites internacionales y enclaves que sobreviven desde la Edad Media como auténticos fósiles geográficos.</p>
<p> </p>
<p><strong>MICRONACIONES Y TERRITORIOS FANTASMA</strong></p>
<p>Más allá de las fronteras oficiales encontramos otro fenómeno igualmente fascinante: las micronaciones. Son territorios, plataformas marinas, islotes o incluso pueblos enteros cuyos habitantes han decidido proclamarse países independientes por iniciativa propia. Algunos lo hacen por razones políticas; otros, por reivindicaciones históricas; unos cuantos, simplemente por diversión. Lugares como Sealand, una antigua fortaleza militar en el mar del Norte convertida en principado autoproclamado, demuestran que la idea de nación sigue despertando una extraordinaria capacidad de imaginación.</p>
<p>También sobreviven en los márgenes del mapa territorios cuya existencia parece sacada de una novela. Microrepúblicas perdidas entre montañas, archipiélagos aislados por miles de kilómetros de océano, comunidades indígenas con sistemas de autogobierno propios o regiones organizadas según complejas divisiones étnicas heredadas de antiguos imperios. El caso de Rusia es especialmente llamativo: su inmenso territorio sigue estructurado en repúblicas, óblasts, krais y distritos autónomos que reflejan siglos de convivencia entre pueblos muy diferentes.</p>
<p>Y luego están los lugares que quizá nunca existieron. Durante siglos, exploradores, comerciantes y navegantes llenaron los mapas de islas fantasma, reinos legendarios y territorios cuya existencia nadie había comprobado realmente. Algunos desaparecieron cuando avanzó el conocimiento geográfico. Otros continúan siendo objeto de búsqueda por parte de arqueólogos e historiadores. Como el País de Punt, mencionado en las crónicas del antiguo Egipto, que sigue siendo uno de los grandes misterios geográficos de la Antigüedad. Sabemos que existió. Sabemos que comerciaba con los faraones. Pero todavía hoy nadie puede señalar con absoluta certeza dónde se encontraba.</p>
<p>Mientras tanto, nuevos soñadores siguen intentando crear territorios utópicos. En diferentes rincones del planeta aparecen proyectos que aspiran a fundar comunidades independientes, sociedades experimentales o incluso nuevos países. La mayoría fracasan. Algunos sobreviven durante años. Todos ellos demuestran que la geografía política continúa siendo una construcción dinámica y en constante transformación.</p>
<p>Reales y ficticios. Grandes y diminutos. Autónomos, ocupados, olvidados o disputados&#8230; El atlas del mundo es mucho más que una colección de países coloreados. Es una inmensa acumulación de historias humanas, de conquistas y naufragios, de errores cartográficos y ambiciones imperiales, de identidades colectivas y sueños imposibles. Y precisamente por eso merece la pena observarlo con lupa. Porque cuando uno se aleja de las líneas gruesas y las simplificaciones de los atlas escolares descubre una verdad fascinante: en geografía, como en la historia, casi nada es exactamente como parece.</p>
<p>* Lola Escudero: Geógrafa y periodista especializada en comunicación cultural y viajes. Es Secretaria General y miembro fundador de la Sociedad Geográfica Española. Es editora del Boletín de la SGE.</p>
<p> </p>
<p>&#8212;&#8212;</p>
<p>LIBROS PARA CURIOSOS DE LA GEOGRAFÍA</p>
<p> </p>
<p><em>Atlas de fronteras insólitas.</em> Zoran Nikolic. GeoPlaneta</p>
<p><em>Atlas de los países que no existen.</em> Nick Middleton. GeoPlaneta</p>
<p><em>Historiones de la Geografía.</em> Diego González. geoPlaneta</p>
<p><em>Prisioneros de la Geografía. </em>Tim Marshall. Ed. Península</p>
<p><em>Arquitectos de la Tierra. Cómo los humanos dominaron la geografía y reinventaron el mundo.</em> Maxim Samson. Ariel</p>
<p><em>Explicaciones de fronteras inexplicables. </em>Un mundo inmenso. Península</p>
<p><em>Explicaciones de lugares inexplicables.</em> Un mundo inmenso. Península</p>
<p><em>Rarezas geográficas. </em>Olivier Manchon</p>
<p><em>Fuera del mapa.</em> Alistair Bonett. Blackie Book</p>
<p><em>El mapa de las islas.</em> Alistair Bonnett. Blackie Book</p>
<p><em>Países de Nunca Jamás: 50 estados que la historia ha borrado del mapa.</em> Bjorn Berge. Ed. Antoni Boch</p>
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		<title>¿Por qué no volvimos antes a la Luna?</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/regreso-a-la-luna/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 13:31:40 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 83]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores del s. XX]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Las expediciones científicas]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El jardín islámico nos hace viajar desde el Algarve andalusí hasta el Golfo de Bengala, y desde el siglo VII en Persia hasta los jardines orientales del Imperio Mogol.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: </strong>Rafael Clemente</p>



<p>Boletín 83 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>La humanidad está otra vez a punto de hacerse una foto con la Luna de fondo. Si todo sale según lo previsto, Artemis 2 dará un gran rodeo alrededor de nuestro satélite para poner a prueba el cohete Space Launch System (SLS) y la cápsula Orión antes de intentar, algo más tarde, un nuevo alunizaje con Artemis 4. El camino ha sido tan largo como tortuoso: medio siglo de política cambiante, presupuestos ajustados y promesas tecnológicas que no siempre llegaron a despegar, y por eso el primer aterrizaje de Artemis se ha ido deslizando hasta el 2028… y todavía puede seguir alejándose.</p>



<p></p>



<p><strong>POR QUÉ HEMOS TARDADO TANTO</strong></p>



<p>Las cronologías de la Luna y de la Antártida se parecen más de lo que podría pensarse. En ambos casos se trata de territorios radicalmente hostiles, que admiten visitas breves, pero no perdonan errores. Tras las primeras llegadas al Polo Sur, en 1911 y 1912, nadie volvió a pisarlo durante 42 años; casi el mismo intervalo que nos separa del último Apolo.</p>



<p><em>Apolo </em>fue, sobre todo, un gesto político. Respondía al desafío de Kennedy, convertido en mandato casi sagrado tras su asesinato, y justificó un esfuerzo industrial que desde la Segunda Guerra Mundial no se veía en Estados Unidos. En el cénit del programa, la NASA llegó a absorber alrededor del 4,5% del presupuesto federal, o sea más de un 0,7% del PIB del país más rico del planeta. Tres años después del primer alunizaje, la épica se agotó. El público se aburría con misiones que parecían repetirse, Vietnam consumía atención y recursos, los programas sociales reclamaban su parte, y la distensión con la URSS restó urgencia al prestigio de “ganar” la carrera lunar. El viaje a la Luna dejaba de ser prioridad en Washington; el resultado fue un paréntesis que duraría décadas.</p>



<p></p>



<p><strong>DE APOLO A ARTEMIS</strong></p>



<p>La NASA no olvidó la Luna, pero cambió el guion. Cualquier regreso debía ser políticamente defendible, científicamente más ambicioso que <em>Apolo </em>y, sobre todo, sostenible: no bastaba con plantar una bandera y dejar unas huellas fotogénicas. De esa lógica surgió <em>Constellation</em>, uno de los intentos más coherentes de diseñar una arquitectura para volver a la superficie lunar y quizás, algún día, llegar a Marte. <em>Constellation </em>prometía nuevos cohetes, nuevas naves y un horizonte que se extendía más allá de la Luna, pero chocó con una realidad más prosaica: el coste.</p>



<p>Las estimaciones hablaban de un total de más de 200.000 millones de dólares y en 2009 un análisis independiente lo declaró irrealizable con los presupuestos disponibles. Barack Obama lo canceló sin demasiada nostalgia: <em>“Francamente, ya hemos estado antes en la Luna</em>”, resumió. Del naufragio quedaron dos piezas flotando: la nave <em>Orión</em>, pensada para misiones en el espacio profundo, y una versión reducida del lanzador pesado, que acabaría renaciendo como el actual <em>SLS</em>. Artemis –la diosa, hermana de Apolo– daría nombre al nuevo programa, pero el cohete heredado ni siquiera merecería un bautismo más imaginativo.</p>



<p></p>



<p><strong>EL PRECIO DE LA NOSTALGIA</strong></p>



<p>El <em>SLS </em>es, en muchos sentidos, un cohete del siglo XX lanzado en pleno siglo XXI. Pretendía ser una opción más económica y para ello aprovecha componentes y tecnologías del transbordador espacial, pero ha resultado mucho más caro que el viejo <em>Saturn V </em>al que pretende suceder. Si ha sobrevivido es, en parte, por motivos políticos. Sus piezas se fabrican en prácticamente todos los estados de la Unión y ningún congresista quiere ser recordado como el político que cerró una factoría aeroespacial en su distrito. Mientras tanto, el resto del sector miraba hacia otra parte. SpaceX llevaba años perfeccionando cohetes reutilizables: algunos Falcon 9 han volado más de treinta veces, y <em>Starship </em>se concibe como un sistema completamente reutilizable, capaz de volver a despegar tras una preparación mínima. Frente a eso, el SLS es un gigante de un solo uso: un artefacto que se enciende, se destruye y se paga de nuevo en cada lanzamiento. El problema es que <em>Starship </em>todavía no está lista para el papel protagonista que se le reserva en la Luna, por más optimistas que sean los plazos de Elon Musk. Hoy, la única capacidad lunar certificable que tiene la NASA es el <em>SLS </em>y sobre él descansa la última directriz del presidente Trump: dejar “huellas en la Luna” antes de 2029, que es cuando finalizará su mandato.</p>



<p><strong>EL CAMINO HACIA ARTEMIS 2</strong></p>



<p>El primer acto de <em>Artemis </em>tuvo lugar a finales de 2022: una cápsula <em>Orión </em>voló 25 días y recorrió unos 2 millones de kilómetros alrededor de la Luna antes de regresar a la Tierra, sin nadie a bordo. El objetivo era sencillo de formular y difícil de ejecutar: demostrar que el <em>SLS </em>y <em>Orión </em>podían funcionar juntos en el espacio profundo. La misión fue un éxito… con letra pequeña. El análisis posterior reveló una erosión mayor de lo previsto en el escudo térmico de <em>Orión</em>, la coraza que debe proteger la nave durante la reentrada atmosférica a velocidades lunares. Ese tipo de hallazgos no suele llenar titulares, pero decide calendarios. Tres años después, <em>Artemis 2 </em>será el primer vuelo con tripulación de la campaña: cuatro astronautas, tres estadounidenses y un canadiense. Despegarán en un <em>SLS </em>que los dejará en una órbita muy alargada alrededor de la Tierra, donde pasarán unas 24 horas comprobando que todos los sistemas responden como es debido. Después, en el momento oportuno del perigeo, encenderán el motor del módulo de servicio para estirar la órbita y lanzarse hacia la Luna, una maniobra distinta de la que usaba <em>Apolo</em>, cuando el último empujón lo daba la tercera etapa del cohete. En Navidad de 1968, <em>Apolo 8 </em>se instaló en una órbita baja, a 100 kilómetros de la superficie lunar, y dio diez vueltas completas antes de emprender el regreso. <em>Artemis 2 </em>no bajará tanto: describirá un gran bucle alrededor de la Luna, a unos 7.000 kilómetros sobre el hemisferio oculto. Será la primera vez en más de medio siglo que ojos humanos contemplen en directo aquellos paisajes que, durante milenios, fueron desconocidos. La meta principal del viaje es mucho menos poética: comprobar que la nave se orienta y se comporta correctamente en las diferentes fases del vuelo, incluyendo distancias translunares. Poco después del lanzamiento, la tripulación practicará un encuentro y atraque simulado con la etapa superior del cohete, dedicará parte del trayecto a experimentos médicos sobre su propia salud y aprovechará el sobrevuelo para estudiar la superficie lunar con instrumentación moderna. El regreso está diseñado con una prudencia que <em>Apolo </em>no se permitió. Una vez realizado el sobrevuelo, la gravedad lunar curvará la trayectoria y la enviará de vuelta a la Tierra sin necesidad de otro encendido del motor, una “ruta de retorno libre” que garantiza el viaje de vuelta incluso si algo falla. Aun así, se han previsto hasta tres pequeñas correcciones durante los cuatro días de retorno, solo para afinar la puntería.</p>



<p></p>



<p><strong>ARTEMIS 3: LA MISIÓN RECIÉN AÑADIDA</strong></p>



<p>A finales de febrero, el administrador de la NASA, Jared Isaacman, anunció un cambio drástico en los planes lunares. Por un lado, el cohete SLS, que se había diseñado en numerosas versiones de mayor o menor potencia, se estandarizaría a solo una variante, a utilizar en las misiones posteriores al primer o segundo alunizaje. Esta decisión simplificará mucho un programa que había adquirido dimensiones faraónicas. En precio y plazos. Más importante aún: El plan de vuelos incorporará uno más, <em>Artemis 3</em>. Se trata de un ensayo general de las operaciones que deberán realizarse en órbita lunar pero esta vez, por precaución, en torno a la Tierra. La nave Orión deberá demostrar su capacidad para unirse el vehículo de alunizaje y éste, simular las operaciones de alunizaje. En principio, debería ser el suministrado por SpaceX pero la NASA ha abierto la puerta a que Blue Origin, la compañía espacial de Jeff Bezos, pueda ofrecer también su propio modelo. ¿Cuál de ellos se utilizará? El que primero esté disponible.</p>



<p></p>



<p><strong>ARTEMIS 4: VOLVER A LA SUPERFICIE</strong></p>



<p>Si <em>Artemis 2 </em>es el viaje de rodaje y <em>Artemis 3</em>, el ensayo general, <em>Artemis 4 </em>aspira a devolver a dos personas a la superficie de la Luna, muy cerca de su polo sur, una región que <em>Apolo </em>nunca visitó. Será la primera vez que se ponga en juego la arquitectura completa: lanzador y cápsula suministrados por contratistas gubernamentales (el módulo de servicio -una pieza clave- es europeo) y un vehículo de alunizaje comercial proporcionado por SpaceX. Las mayores incógnitas del programa se concentran precisamente en la nave de alunizaje, el <em>Human Landing System (HLS)</em>. En la primavera de 2021, la NASA eligió la propuesta de SpaceX frente a las de Blue Origin y Dynetics. Salía por 2.900 millones de dólares, aproximadamente la mitad que su competidor más cercano. Claro que la diferencia tenía truco: el diseño de SpaceX partía de un proyecto ya muy avanzado, el de la nave <em>Starship </em>y su supercohete lanzador, mientras que las otras propuestas eran poco más que planos y brillantes renderizados.</p>



<p>Al lado de Orión el <em>Starship </em>lunar será un gigante. Una vez posado en la Luna, superará los 50 metros de altura, diez veces más que los módulos lunares <em>Apolo</em>. La cabina para los astronautas queda en la parte alta y requerirá un ascensor para hacerlos descender hasta el regolito a ellos y su equipo científico. Al término de la exploración, el vehículo completo despegará de nuevo para reencontrarse con <em>Orión </em>en órbita, como una versión a gran escala del módulo lunar de <em>Apolo </em>salvo que no dejará en tierra el tren de aterrizaje ni ninguna otra etapa descartable; se elevará completo. El concepto operativo es tan ambicioso como complejo. Primero habrá que lanzar a órbita terrestre un gran depósito criogénico -una “gasolinera”-, y luego enviar varias naves de carga con metano y oxígeno líquido para rellenarlo. Nadie sabe aún cuántos lanzamientos harán falta: algunos cálculos hablan de siete u ocho, otros de hasta diez y seis, sobre todo si se tiene en cuenta el combustible que se perderá por evaporación debida al calor del sol. Después será el turno del propio <em>HLS</em>, que despegará sin tripulación, se acoplará de forma automática al depósito y llenará sus tanques. Repostar combustible en órbita es una idea vieja, pero hacerlo con cientos de metros cúbicos de líquidos criogénicos sigue siendo terreno virgen: más allá de las modestas transferencias de los cargueros <em>Progress </em>a la Estación Espacial Internacional, no hay precedentes. Una vez cargado, el <em>HLS </em>volará solo hacia la Luna y esperará en una órbita de aparcamiento la llegada de Orión con sus cuatro tripulantes.</p>



<p>La órbita elegida es muy elíptica: pasa a unos 1.500 kilómetros sobre el polo sur lunar en el punto más bajo y se aleja hasta unos 70.000 en el punto más alto. <em>Orión </em>tardará algo más de seis días en completarla, aproximadamente el tiempo previsto para la estancia de los dos primeros astronautas en la superficie. Esa órbita ofrece ventajas, pero también riesgos añadidos. Por una parte, es fácil de alcanzar, estable y nunca entra en eclipse, así que permitirá mantener comunicaciones continuas con la Tierra (al ocultarse tras la Luna, <em>Apolo </em>perdía en enlace durante más de media hora en cada órbita), Por otra, si por cualquier motivo el despegue se retrasa, los dos exploradores deberán esperar casi una semana más en la superficie hasta que se presente la siguiente oportunidad.</p>



<p></p>



<p><strong>UN ATERRIZAJE DESCOMUNAL</strong></p>



<p>Cuando llegue el momento, dos de los cuatro astronautas cruzarán a bordo del <em>HLS</em>, lo separarán de la nave nodriza y comenzarán el descenso. La NASA ya ha seleccionado varias zonas de interés en la región del polo sur, donde abundan cráteres profundos cuyos fondos jamás reciben la luz del Sol. Sus rayos llegan demasiado tangenciales. Esas “trampas frías” podrían esconder depósitos de hielo, el recurso clave para una futura presencia permanente: aparte de su interés científico como “fósil” de antiguos impactos cometarios, el agua puede utilizarse como refrigerante de equipos electrónicos, blindaje antirradiación y descomponerse en oxígeno respirable e hidrógeno con el que alimentar pilas de combustible que generen energía eléctrica. El aterrizaje será, si sale bien, tan fotogénico como inquietante: una nave enorme, frenada por un juego de motores situados no en la base, sino en la parte superior de la estructura, justo por debajo de la cabina. A esa altura la disrupción en la superficie será mínima. El interior de <em>Starship </em>es cavernoso, ya que en origen fue diseñado para transportar cien colonos a Marte en cada viaje. Ofrece más de 600 metros cúbicos, el doble del volumen habitable de la Estación Espacial Internacional, aunque en esta primera misión irá ocupado solo por dos personas. En la superficie, la exploración será a pie. Los astronautas realizarán cuatro salidas, caminando sobre un terreno quebrado y en penumbra casi constante, sin el apoyo de un vehículo eléctrico, un lujo del que sí disfrutaron las últimas misiones <em>Apolo </em>hace medio siglo. Tras completar su trabajo científico, el <em>HLS </em>volverá a elevarse para reunirse con los otros dos miembros de la expedición que han permanecido a bordo de <em>Orión</em>. El módulo de alunizaje se abandonará en órbita lunar, mientras <em>Orión </em>emprende el regreso a casa. Tras otros cuatro días de viaje irá a caer en el Pacífico, frente a las costas de California, frenado por once paracaídas de diferentes tamaños que se abren en secuencia.</p>



<p></p>



<p><strong>LA SOMBRA DE CHINA</strong></p>



<p>En los pasillos de la NASA hay un temor recurrente: que la bandera china ondee allí antes. Pekín ha anunciado su intención de enviar dos astronautas a la superficie lunar antes de 2030 y, si Estados Unidos acumula demasiados retrasos, <em>Artemis 4 </em>podría quedarse con el papel de “segundo en llegar”. El presidente Trump ha declarado el programa prioritario para el prestigio nacional, incluso después de recortar de forma drástica el presupuesto de la agencia. Si China consigue plantar su bandera en el regolito antes que <em>Artemis</em>, el programa lunar estadounidense podría recibir un golpe político difícil de encajar. Algunas voces apuntan ya a Marte como “siguiente escenario” de la carrera espacial, dando por amortizado el retorno a la Luna: al fin y al cabo, y recordando una vez más la frase de Obama, ése es un objetivo que la NASA ya alcanzó hace medio siglo. La agencia espacial china, mientras tanto, avanza a un ritmo que hace unos años habría parecido inverosímil. Domina el vuelo tripulado, las maniobras de encuentro y acoplamiento y dispone de una familia completa de lanzadores, incluidos modelos parcialmente reutilizables. Excluida en 2011 de la Estación Espacial Internacional por una enmienda del Congreso estadounidense que prohíbe a la NASA colaborar con China, ha construido su propia estación, <em>Tiangong</em>: algo más pequeña, pero más moderna y plenamente operativa. China ya ha mostrado modelos de su nave lunar y de su módulo de alunizaje (que, de entrada, incluye un pequeño automóvil), y encadena misiones robóticas de exploración con un ritmo que recuerda al de Estados Unidos y la URSS en los años sesenta. Como al final de la Guerra Fría, el escenario vuelve a estar dominado por dos gigantes tecnológicos, y el premio principal sigue siendo el mismo: prestigio nacional, asociado a la imagen de unos astronautas desplegando nuevamente una bandera en el helado polo sur lunar.</p>



<p></p>



<p><em>*Rafael Clemente es ingeniero industrial y Master of Science, además de colaborador para temas</em> <em>de divulgación científica durante más de cincuenta años en La Vanguardia, El País y otros medios.</em> <em>Fue fundador y primer director del Museu de la Ciència de Barcelona (actual CosmoCaixa). Ha</em> <em>escrito varios libros relacionados con la exploración espacial.</em></p>
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		<title>Selenografía. Los entresijos de la toponimia lunar</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/selenografia/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 12:54:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El jardín islámico nos hace viajar desde el Algarve andalusí hasta el Golfo de Bengala, y desde el siglo VII en Persia hasta los jardines orientales del Imperio Mogol.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: </strong>Ramón Jiménez Fraile</p>



<p>Boletín 83 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Hubo que esperar a la invención del telescopio para que los cráteres, montañas y planicies de la Luna pudieran distinguirse con la precisión necesaria para recibir nombres. En la actualidad, son unos nueve mil los accidentes del relieve lunar —mil seiscientos de ellos cráteres— que cuentan con topónimos reconocidos por la Unión Astronómica Internacional (UAI), el organismo que decide y vela por el respeto de esta rama de la selenografía. Los topónimos lunares originales tenían connotaciones hispánicas, pero un cúmulo de vicisitudes aquí descritas hizo que perdieran ese sesgo en favor del de otras culturas.</p>



<p>La historia retendrá que un 21 de julio de 1969 el jefe de la misión Apolo 11, Neil Armstrong, se dirigió por radio al jefe de comunicaciones de la NASA, Charlie Duke, para anunciarle que «el águila» (el módulo lunar) se había posado en «Base Tranquilidad». Quedaba así consagrado el primer topónimo habitado de la Luna, cuyo origen se debe a que la planicie elegida por la NASA para el primer alunizaje fuera el Mar de la Tranquilidad. Quien ignore que la Luna ca- rece de atmósfera, y por ende de climatología, pensará que la elección se había debido a la bonanza del paraje. En realidad, lo de «Mare Tranquillitatis», en su original en latín, fue idea del jesuita italiano del siglo XVII Giovanni Battista Riccioli, considerado el padre de la toponimia lunar, autor de dos centenares de términos con los que bautizó accidentes geográficos lunares.</p>



<p>Ahora bien, el auténtico pionero en estos menesteres fue Michael Van Langren, alias «Langrenus», un astrónomo y matemático holandés al servicio del rey Felipe IV de España. Fue en 1628 cuando Van Langren elaboró un mapa de la superficie lunar en el que, por primera vez, se precisaban topónimos. En la parte inferior derecha de ese pionero mapa lunar, Van Langren expresó la idea de atribuir nombres de personajes «de todas las naciones» a los diferentes relieves de la Luna. La manera en que llevó a cabo su labor fue empleando mayoritariamente para su mapa nombres relacionados con la monarquía hispánica, para la que trabajaba.</p>



<p>Casi dos décadas después, en 1645, Van Langren envió a la imprenta un mapa de la Luna más elaborado, al que tituló «Plenilunii Lumina Austriaca Philippica», en referencia al rey Felipe IV de España. Este mapa salió a la luz seis años antes de que Riccioli editara el suyo.</p>



<p>Hubo incluso otro astrónomo, el polaco Johannes Hevelius, que también se dedicó a cartografiar y poner nombre a los relieves de la Luna dos años después de Van Langren y cuatro antes de que lo hiciera Riccioli. La toponimia lunar de Riccioli acabó por imponerse tres siglos después, mediante una votación celebrada en París el 17 de julio de 1935 por la asamblea general de la Unión Astronómica Internacional. Una explicación superficial de por qué el italiano Riccioli fue consagrado como padre de la toponimia lunar apuntaría a que la primera reunión de la Unión Astronómica Internacional se había celebrado en Roma, en 1922, y que fue entonces cuando se creó la Comisión de Nomenclatura Lunar que preparó los trabajos de la decisión tomada en 1935.</p>



<p></p>



<p><strong>MARY ADELA BLAGG, LA SELENÓGRAFA EN LA SOMBRA</strong></p>



<p>Más que a la intervención de un supuesto lobby italiano, Riccioli debe su honor a la británica Mary Adela Blagg. Nacida en 1858, mayor de nueve hermanos, la británica se sintió desde muy joven atraída por las matemáticas y la astronomía, aunque, por su condición de mujer, no acudió hasta los dieciséis años a un centro de enseñanza, debiéndose conformar hasta entonces con estudiar en casa los libros de texto de sus hermanos varones. Fue uno de sus tutores el que la animó a llevar a cabo la fastidiosa tarea de compilar y contrastar los topónimos lunares utilizados por los astrónomos del Reino Unido, los cuales estaban inspirados mayormente en los trabajos de Riccioli y no en los de Van Langren o Hevelius. Blagg se convirtió en una de las primeras cinco mujeres que ingresaron, en 1916, en la Real Sociedad Astronómica británica, desde la que dio el salto a la Unión Astronómica Internacional, y con ella la lista de topónimos lunares en la que estaba trabajando. Cuando la Unión Astronómica Internacional se reunió por segunda vez, en 1925, en Cambridge, fueron los trabajos de Blagg los que sirvieron de base para los debates que se prosiguieron en la tercera reunión del organismo, celebrada tres años después en la localidad neerlandesa de Leiden.</p>



<p>En los anales de la prestigiosa Universidad de Leiden consta que asistieron a la asamblea general doscientos diez astrónomos, de los cuales diez eran españoles, cuatro de ellos acompañados de sus esposas. Un periódico alemán se refirió a las acompañantes femeninas como «satélites», atribuyendo la condición de «planetas» a los científicos varones. Quien sí brilló con luz propia en aquella reunión, pese a su condición de mujer, fue Mary Adela Blagg, cuya lista, inspirada en los topónimos de Riccioli, acabó por imponerse en el seno de la Comisión de Nomenclatura Lunar.</p>



<p></p>



<p><strong>LA CULPABLE INACCIÓN DE LOS ASTRÓNOMOS ESPAÑOLES</strong></p>



<p>En defensa de la nomenclatura de Van Langren podrían haber salido los astrónomos neerlandeses, puesto que el auténtico pionero de la selenografía había nacido en Ámsterdam. Pero, siendo niño, su familia se trasladó a la católica Amberes y entró al servicio de la monarquía hispánica, enemiga tradicional de los Países Bajos. Por su conexión belga y española, los trabajos de Van Langren podrían haber sido también reivindicados por belgas y españoles, que totalizaban, a partes iguales, veinte delegados en la reunión de Leiden. Pero no consta que ni unos ni otros hicieran nada por defender la toponimia lunar de Van Langren, el cual había bautizado como «Oceanus Philippicus» el espacio más extenso de la cara visible de la Luna, en homenaje a Felipe IV de España.</p>



<p>Entre los trescientos nombres utilizados por Van Langren como topónimos lunares figuraban también el Mar de los Borbones y el Mar de Eugenia, en alusión a la infanta Isabel Clara Eugenia, gobernadora de los Países Bajos bajo dominación austríaca, así como otros miembros de la Casa de Austria. No todo eran cabezas coronadas en la pionera toponimia lunar de Van Langren, ya que este llevó a la Luna también nombres de personajes españoles como el escritor Miguel de Cervantes («Saavedra» para el astrónomo), el conquistador Gonzalo Jiménez de Quesada y el almirante Álvaro de Bazán. En la lista aprobada formalmente por la Unión Astronómica Internacional, según los trabajos de compilación de la inglesa Blagg, acabaría figurando un único topónimo relacionado con España: «Isidorus», en referencia al cráter que Riccioli dedicó a San Isidoro de Sevilla, uno de los padres de la Iglesia católica y autor de un tratado de astronomía, que también figuraba en la pionera lista de Van Langren.</p>



<p>Además de santos, Riccioli utilizó nombres de sabios y científicos de todos los tiempos, incluido el de una mujer, la filósofa griega Hipatia. Pero su condición de hombre de la Iglesia católica impedía al jesuita abrazar las teorías heliocéntricas de científicos como Copérnico, Galileo o Kepler. En el siglo XVII, el catolicismo condenaba a quienes no consideraban que la Tierra estaba en el centro del universo. Aun así, Riccioli no podía ignorar los trabajos de los astrónomos heliocentristas desde que fuera inventado el telescopio a principios de ese siglo. De ahí que optara por poner nombres de astrónomos considerados por la Iglesia «estúpidos» y «herejes» a cráteres de la Luna, pero, eso sí, situándolos cerca del llamado por él «Oceanus Procellarum», o sea, Mar de las Tormentas. Fue precisamente en el Mar de las Tormentas bautizado por Riccioli donde China desplegó, en diciembre de 2020, su bandera llevada al suelo lunar por la sonda Chang’e. Si tenemos en cuenta la notoriedad adquirida por determinados accidentes lunares, convendremos que las doscientas libras esterlinas que la UAI decidió destinar en su decisiva reunión de París de 1935 a la publicación de la toponimia lunar constituyen una cantidad de dinero irrisoria. Y si no, que se lo digan a Bélgica, que a la postre tuvo que lamentar que la toponimia del pionero Van Langren no fuera tenida en cuenta ya que, en caso contrario, el módulo lunar de Apolo 11 hubiera alunizado en el «Mare Belgicum» (en referencia al Mar del Norte en tiempos de Felipe IV de España) y no en el «Mare Tranquilitatis» de Riccioli.</p>



<p></p>



<p><strong>LA AUTÉNTICA MOTIVACIÓN DE VAN LANGREN<br></strong><br>Lo curioso es que el afán de Van Langren por bautizar los relieves de la Luna no obedeció a un mero ejercicio de estilo, sino que se inscribió en una lógica científica, en concreto el intento por resolver uno más importantes desafíos a los que se enfrentaron durante siglos científicos europeos en un contexto de rivalidad entre imperios marítimos: el cálculo de la longitud geográfica. Felipe II de España no se contentó con saber que en sus dominios no se ponía el Sol, sino que quiso conocer a qué distancia se encontraban sus posesiones. Es por ello por lo que, en 1567, ofreció un premio —considerado el primero de carácter científico de la historia— a quien encontrara la manera de calcular la longitud geográfica, es decir la distancia de un punto determinado de la Tierra respecto a un meridiano. Ante la falta de resultados, su hijo Felipe III aumentó la dotación en 1598, año en que nació en Ámsterdam Van Langren, en el seno de una familia de cartógrafos que llegó a poseer el monopolio de la fabricación en Holanda de globos terráqueos.</p>



<p>Van Langren tenía unos diez años cuando aparecieron en Holanda los primeros telescopios y era un adolescente cuando Galileo Galilei empezó a escrutar el universo con ese instrumento. A los 27 años, el holandés anunció haber resuelto el problema de la longitud terrestre, lo que le valió el mecenazgo de Isabel Clara Eugenia, regente de los Países Bajos españoles, y su posterior nombramiento como astrónomo y matemático de Felipe IV de España. Van Langren había tenido la idea de servirse de la evolución de las sombras que el Sol produce en la superficie lunar para calcular la longitud geográfica terrestre. Para ello era imprescindible disponer de tablas lunares que dieran cuenta del aspecto, en momentos determinados, de lugares concretos de la superficie lunar, como cráteres y planicies, a los que, con tal objeto, puso nombres. Y puesto que el primer beneficiario de este descubrimiento científico iba a ser la monarquía hispánica, la toponimia lunar que empleó tenía que ver con la realidad hispánica.</p>



<p>De vuelta en los Países Bajos, tras haber tenido ocasión de exponer su descubrimiento en persona al monarca español, publicó, en 1644, el libro titulado “La verdadera longitud por mar y tierra: demostrada y dedicada a su católica majestad Felipe IV”. El razonamiento científico de Van Langren era irreprochable puesto que las vibraciones de la Luna (que es como se llama a las alteraciones de la superficie lunar en función de su exposición al Sol) son percibidas de manera diferente de un lugar a otro de la Tierra y que de esa diferencia se puede extrapolar la distancia entre dos puntos del globo terráqueo. El problema radicaba en la dificultad de las observaciones lunares desde el mar y en el poco aumento de los telescopios de la época, por lo que el método de Van Langren para calcular la longitud geográfica no se llevó a la práctica.</p>



<p>Aun así, hizo dos aportaciones a la ciencia que merecen nuestra consideración. En primer lugar, su representación de los cráteres lunares tal como aparecen iluminados por el Sol matutino sigue en uso en los considerados mejores mapas de la Luna. En segundo lugar, sus estudios acerca del cálculo de la longitud geográfica le llevaron a crear la primera representación gráfica conocida de datos estadísticos. Dicha representación, que ocupa un lugar de honor en la historia de la visualización de datos, da cuenta de la diferencia de longitud entre Toledo y Roma. En vez de servirse de una simple tabla numérica, concibió el primer gráfico comparativo, sentando las bases de un lenguaje visual que nos es tan familiar hoy en día y que Van Langren fue el primero en utilizar.</p>



<p></p>



<p><strong>LA MENGUANTE PRESENCIA HISPÁNICA EN LA SUPERFICIE LUNAR</strong></p>



<p>En la actualidad, son apenas una veintena los cráteres de la Luna inspirados en la cultura hispánica (nombres como Carlos, Isabel, José, Linda, Rosa o Manuel) o vinculados con personajes de la historia de España. Entre estos últimos, está el cráter de más de 110 km de diámetro llamado Alphonsus en memoria de Alfonso X El Sabio. Cráteres de menor tamaño llevan nombres en honor de Isidoro de Sevilla, Cristóbal Colón, Vasco Núñez de Balboa y Santiago Ramón y Cajal. También figuran en la lista de la toponimia lunar astrónomos y matemáticos españoles de origen musulmán y judío.</p>



<p>En el caso del sabio judío Abraham Zacuto, nacido en Salamanca en 1452, cuyas cartas marítimas jugaron un importante papel en la era de los grandes descubrimientos, el cráter que le dedicó la Unión Astronómica Internacional lleva el nombre de Zagut, un error que el organismo no ha corregido aún.</p>



<p>También hay cráteres dedicados a personajes de origen andalusí, como Azarquiel, considerado por muchos el astrónomo árabe-español más importante de la historia, o Abbás Ibn Firnás, inventor de una máquina voladora seis siglos antes de que lo hiciera Leonardo da Vinci.</p>



<p></p>



<p><em>*Ramón Jiménez Fraile es periodista e historiador.</em></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/selenografia/">Selenografía. Los entresijos de la toponimia lunar</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>¿Qué hay en la cara oculta de la Luna?</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/cara-oculta-luna/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 20 Mar 2026 11:37:59 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 83]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores del s. XX]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Las expediciones científicas]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El jardín islámico nos hace viajar desde el Algarve andalusí hasta el Golfo de Bengala, y desde el siglo VII en Persia hasta los jardines orientales del Imperio Mogol.</p>
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<p><strong>Texto: Sara Casalí</strong></p>



<p>Boletín 83 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p><p>La exploración de la Luna</p><br><p>Durante siglos, la Luna solo nos enseñó una de sus caras. La otra, la oscura, solo existió como deducción. Y cuando pudimos contemplarla, en 1959, resultó toda una sorpresa. Esta es la historia de esa cara oculta de la Luna, un secreto desvelado.</p><br><p>Si miras la Luna esta noche, estarás viendo el mismo hemisferio lunar que han mirado generaciones enteras desde la Tierra, ya que la otra mitad sigue resistiéndose a nuestros ojos, no por capricho, sino porque así lo impone la relación gravitatoria que mantiene con nuestro planeta. La Luna tarda lo mismo en girar sobre sí misma que en orbitar la Tierra. Esa sincronía es consecuencia de la atracción gravitatoria terrestre que, a lo largo de millones de años, fue frenando su rotación hasta dejarla encajada en ese ritmo. Por eso, desde aquí, siempre nos enseña el mismo lado y mantiene el otro fuera de nuestro alcance. A pesar de lo que muchos creen, no se trata de una región oscura, porque recibe luz solar como la cara visible. Lo que la define como oculta es que no entra en nuestro campo de visión. Durante siglos, esa mitad existió solo como deducción, desde las primeras observaciones telescópicas de Galileo hasta la llegada de la era espacial, y cuando por fin apareció en imágenes, resultó ser sorprendentemente distinta.En 1647, Johannes Hevelius publicó Selenographia, uno de los primeros grandes atlas lunares elaborados con método científico, fruto de años de observaciones repetidas con telescopios refractores en distintas fases lunares y del análisis del relieve mediante el juego de luces y sombras. Con el tiempo, la cartografía lunar se fue afinando con instrumentos cada vez más potentes, pero ese método solo permitía estudiar la cara visible, ya que ningún telescopio puede observar el hemisferio oculto desde la Tierra. Tuvieron que pasar más de trescientos años para que la otra mitad entrara en los mapas. El salto llegó el 4 de octubre de 1959, con la misión soviética Luna 3. Por primera vez, fue posible salir de la Tierra, fotografiar la cara oculta desde una sonda y transmitir esas imágenes a distancia. La sonda, de unos 280 kilos, llevaba una cámara de película que tomaba las imágenes, revelaba el carrete automáticamente a bordo y lo escaneaba con un sistema mecánico para transmitirlo por radio a la Tierra. Durante su sobrevuelo, Luna 3 tomó 29 fotografías, pero solo 17 resultaron utilizables. Estas cubrían aproximadamente el 70 % de la cara oculta, con una resolución limitada y contrastes muy acusados. Las imágenes no mostraban un paisaje continuo, sino fragmentos difíciles de interpretar, que constituían una base inicial todavía por descifrar.A lo largo de los años sesenta, equipos soviéticos de cartografía planetaria trabajaron con este material para transformar fotografías parciales en una representación coherente del relieve lunar. Destacó la figura de Kira Borisovna Shingareva, cartógrafa especializada y formada en disciplinas afines a la geodesia. En coordinación con astrónomos e ingenieros, los equipos compararon imágenes tomadas desde ángulos distintos, unificaron escalas y corrigieron posiciones para construir un marco cartográfico estable. El objetivo no era reproducir imágenes aisladas, sino convertir un conjunto fragmentario en un mapa legible y continuo.A partir de estas primeras cartografías, se hizo evidente que la cara oculta difería de forma significativa de la cara visible. Presenta una mayor densidad de cráteres y una escasez notable de mares basálticos; el relieve es más accidentado y, en promedio, la corteza es más gruesa que en el hemisferio que vemos desde la Tierra. Entre las estructuras más destacadas se identificó la cuenca Polo Sur–Aitken, una de las mayores formaciones de impacto del Sistema Solar, cuyo tamaño y profundidad la convirtieron pronto en un objeto central para entender la historia temprana de la Luna y el papel de las grandes colisiones en su evolución.</p><br><p><strong>CARTOGRAFIANDO LA CARA OCULTA DE LA LUNA</strong>Ahora había que dar el siguiente paso: dotar de nombres estables a un territorio que acababa de entrar, por primera vez, en los mapas. La responsabilidad de aprobar la nomenclatura oficial de los cuerpos y accidentes planetarios recae en la Unión Astronómica Internacional (IAU) desde su creación, en 1919. La fijación de nombres para la cara oculta se fue consolidando por etapas, a medida que la cartografía mejoraba y se podían identificar con más seguridad los accidentes. En 1967, durante la Asamblea General de la IAU celebrada en Praga, la cuestión de la nomenclatura lunar, incluida la de la cara oculta, se abordó dentro de los trabajos de revisión y ordenación de los comités especializados. En ese proceso participaron también cartógrafos implicados directamente en el mapeo soviético, entre ellos Kira B. Shingareva, cuyos trabajos contribuyeron a fijar un repertorio más coherente y estable.El resultado puede comprobarse hoy con precisión en el Gazetteer of Planetary Nomenclature, la base de datos oficial mantenida por la IAU y el USGS, donde cada nombre figura con su estado de aprobación (“Adopted by IAU”), su fecha y sus coordenadas. En la cara oculta aparecen cráteres como Tsiolko- vskiy (1961), dedicado a Konstantín Tsiolkovski, pionero de la cosmonáutica; Korolev (1970), por Serguéi Koroliov, ingeniero jefe del programa espacial soviético; o Gagarin (1970), en honor a Yuri Gagarin, primer ser humano en el espacio. También figura Mare Moscoviense (1961), uno de los pocos mares del hemisferio oculto. Con el tiempo, el repertorio se amplió con nombres como Sternfeld (1991), teórico de la astronáutica, u Houssay (2009), fisiólogo y premio Nobel. De forma especialmente significativa, un pequeño cráter recibió el nombre de Kira (1976), incorporando a Shingareva en el mismo territorio que ayudó a volver legible.A diferencia de la cara visible, cuya nomenclatura recurre en gran medida a filósofos y científicos clásicos, en la cara oculta abundan, por la propia época en que se fue nombrando, referencias al siglo XX: ingenieros, físicos y figuras de la era espacial. El repertorio conserva así la huella del momento histórico en que la cara oculta entró en los mapas. Y, entre tanto científico, asoman también guiños culturales, como Jules Verne (1961), cuya imaginación anticipó los viajes a la Luna mucho antes de que la tecnología los hiciera posibles.</p><br><p><strong>LA LLEGADA DE LOS HUMANOS</strong>Sin embargo, incluso cuando la cara oculta ya tenía nombres en los mapas, ningún ojo humano la había divisado. Los primeros en hacerlo fueron Frank Borman, James Lovell y William Anders, en diciembre de 1968, durante la misión Apollo 8. La nave no alunizó, pero demostró que era posible viajar hasta la Luna, entrar en órbita y regresar con seguridad. En cada vuelta, la tripulación podía observar la cara oculta durante breves intervalos, al pasar por detrás del disco lunar, cuando la propia Luna bloqueaba la comunicación por radio con la Tierra. Durante esos minutos de silencio, fueron los primeros humanos completamente aislados de nuestro planeta, ante un paisaje que hasta entonces solo había sido registrado por sondas automáticas.Desde aquella primera imagen parcial obtenida por Luna 3, el hemisferio oculto ha seguido recibiendo visitas de misiones posteriores. Con el tiempo, nuevas imágenes y mediciones fueron completando zonas antes desconocidas y afinando la cartografía. Ya en el siglo XXI, este territorio adquirió una relevancia científica renovada, no solo como objeto de observación, sino como un laboratorio natural para responder a preguntas fundamentales sobre la historia del Sistema Solar. En 2019, la misión china Chang’e-4 logró el primer aterrizaje controlado en la cara oculta de la Luna, en el cráter Von Kármán, dentro de la cuenca Polo Sur–Aitken. La misión permitió estudiar directamente una de las mayores estructuras de impacto conocidas, posiblemente resultado de una colisión lo suficientemente violenta como para haber afectado a las capas profundas de la Luna. Además, incorporó instrumentos para analizar la composición del subsuelo, medir la radiación solar y realizar observaciones de radioastronomía de baja frecuencia, aprovechando el blindaje natural que la Luna ofrece frente al ruido radioeléctrico terrestre. Esta limitación técnica histórica pasaba a convertirse en una ventaja científica.El avance se consolidó en 2024, con la misión Chang’e-6, que trajo a la Tierra las primeras muestras físicas recogidas en la cara oculta de la Luna, procedentes de la cuenca Polo Sur–Aitken. Los primeros análisis, publicados en 2024 en Nature y Nature Geoscience, han confirmado la presencia de basaltos volcánicos y composiciones geoquímicas distintas de las observadas en muestras de la cara visible. El hallazgo encaja con modelos que proponen historias térmicas y magmáticas diferenciadas entre ambos hemisferios durante las primeras etapas de la evolución de la Luna. Estos resultados no sustituyen la imagen construida durante décadas a partir de la cartografía orbital, sino que la completan y la refinan, permitiendo pasar de diferencias morfológicas observadas a distancia a una comparación directa de procesos geológicos entre ambos hemisferios. Las muestras permiten, por primera vez, aplicar técnicas de datación directa a materiales volcánicos del hemisferio oculto y contrastar con material real hipótesis que hasta ahora se basaban exclusivamente en datos remotos.La Luna es un cuerpo sin atmósfera densa, sin agua líquida estable y sin tectónica activa comparable a la terrestre. Por ello, los procesos de alteración superficial son mínimos. Esto permite que las huellas de impactos y volcanismo antiguo se conserven durante miles de millones de años. La cara oculta ha dejado así de ser solo un territorio cartografiado a distancia para convertirse en una fuente directa de información sobre la historia temprana de la Luna y la formación de los planetas rocosos. Y aunque la gran mayoría sigamos sin poder disfrutar de sus vistas, lo que sabemos sobre ella ya no deja de crecer.</p><br><br><p><em>*Sara Casalí es licenciada en Humanidades y periodista.</em></p><br><p> </p></p>
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		<title>El jardín islámico y su simbología</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/jardin-islamico/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Jan 2026 13:08:20 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 82]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El jardín islámico nos hace viajar desde el Algarve andalusí hasta el Golfo de Bengala, y desde el siglo VII en Persia hasta los jardines orientales del Imperio Mogol.</p>
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<p><strong>Texto: J. Esteban Hernández Bermejo</strong></p>

<p>Boletín 82 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>

<p>Jardines del mundo</p>
<p>El jardín islámico nos hace viajar desde el Algarve andalusí hasta el Golfo de Bengala, y desde el siglo VII en Persia hasta los jardines orientales del Imperio Mogol en los siglos XVII y XVIII. Un paseo muy amplio en el que el historiador de los jardines, J. Esteban Hernández, nos lleva a través de estilos muy variables en el espacio y en tiempo, incluyendo los ejemplos más notables de los jardines de Al-Andalus, que culminan en nuestros cármenes granadinos, uno de los más singulares modelos de jardín-huerto periurbano.</p>
<p>En mi reciente libro “El Jardín del Edén” sobre la historia de los jardines, el jardín islámico ocupa un lugar preferente. No podía ser de otra manera tratándose de un texto escrito desde la Península Ibérica, desde Andalucía y Córdoba. No pudieron dejarnos indiferentes más de seis siglos de experiencia jardinera generando estilos y diseños, incorporando nuevas especies al elenco del mundo ornamental, seleccionando variedades y trasladando otras, desde “los montes a los huertos” como dicen repetidas veces los geóponos andalusíes. Estábamos obligados a ser “auténticos” en el tratamiento de la historia, respetuosos y agradecidos con un patrimonio natural y cultural que recibimos en una todavía poco valorada herencia. <strong>El jardín islámico </strong>no es un estilo invariable de jardín. Tiene una historia, un proceso de cambio en el espacio y tiempo, desde el Algarve andalusí hasta el Golfo de Bengala en el imperio Mogol. Jardines que hicieron su aparición ya en el siglo VII en el imperio Selyúcida en Persia tras la caída del mundo Sasánida y que rápidamente se extenderían hacia occidente a través de la influencia primero omeya y luego abasí, abarcando todo el Próximo Oriente, desde Siria hasta Egipto y desde estos territorios, siempre a lomos de caballos y camellos, por todo el norte de África, desde Ifriqiya (Túnez) al occidente bereber, y desde estos lugares hacia Sicilia y la Península Ibérica. Por el centro y norte triunfarían más tarde en el Imperio Otomano y luego se extendieron por la Península Balcánica acercándose de nuevo a Europa por las regiones meridionales, hasta las fronteras con el Sacro Imperio Romano Germánico. En todos esos lugares y a lo largo de más de diez siglos el jardín islámico ha cristalizado en un mosaico de expresiones que indudablemente tienen un máximo común divisor, que diría un matemático, un cierto estereotipo que algunos han llevado a los confines del tópico: el jardín intramuros expresión del Edén en la Tierra.</p>
<p> </p>
<p><strong>LAS RAÍCES PERSAS QUE REMONTAN AL PARAÍSO</strong></p>
<p>El jardín islámico es de indudables raíces persas, pero nutrido de experiencias locales que han absorbido de oriente a occidente, experiencias persas, romanas y bizantinas y en menor medida las de otras culturas menores o ya desaparecidas, como las asirio-babilónicas, egipcias o nabateas. Es un jardín sensual, que penetra por los cinco sentidos, voluptuoso como decía Benoist-Méchin (1975) que lo resumía en la frase <em>“&#8230; el árabe es el hombre del desierto que aspira a un jardín, un hombre que crece en el ascetismo y muere de voluptuosidad. Esta trayectoria parece ser parte de su destino y él no lo ignora. De ahí su fatalismo, que es a la vez confianza en Dios y conciencia del carácter trágico de la vida. Incluso si presiente que la muerte lo espera al fondo del jardín, no puede renunciar a él. Se precipita hacia la voluptuosidad con la ebriedad con que la mariposa nocturna se abalanza hacia la flema que terminará por consumirla”.</em></p>
<p>Si, ciertamente es un jardín interior, recreación del Paraíso que pretende ignorar el entorno exterior hostil y caótico, muchas veces árido o desértico. El jardín queda aislado mediante muros que conservan en su interior organizado geométricamente, un mundo de armonía, de formas, aromas y colores. Ha heredado del jardín persa la geometría del crucero, símbolo de los cuatro ríos del Edén. Caminos rectilíneos, organizan el espacio entre los arriates, y se presentan a veces elevados sobre sus plantaciones, buscando la protección del suelo más fresco. Dentro de cada cuadrado aparecen arriates rectangulares o setos recortados en octógonos y estrellas generadas por el cruce de dos cuadrados al girar 45°. Setos más elevados, a veces alineaciones de cipreses, cierran las paredes de este Paraíso en cuyo interior crecen frutales, plantas aromáticas, borduras y flores. La sombra se convierte en obsesión. El verde es el color dominante.</p>
<p>El agua está presente como elemento generador de vida y es también rica en simbolismo. El agua en el jardín islámico crea paisaje y refleja el propio jardín cuando aparece serenamente en la <em>buhayra </em>(jardín con un gran estanque o alberca que sirve también para el riego de arriates y alcorques). Al contenerse cautiva en la alberca resulta relajante a la vista, brilla silenciosamente bajo la luz del sol. El agua es la fuente esencial del movimiento en los jardines islámicos, agua incansable en permanente murmullo. En ocasiones discurre pausadamente por las acequias del jardín venciendo suaves desniveles o peldaño a peldaño, por medio de escaleras o a lo largo de sus barandas. El agua calma la sed del hombre, refresca el tacto de sus manos, susurra con delicado murmullo cuando borbotea en los tímidos surtidores de sus fuentes. Se comunica con los humanos por los cinco sentidos como el propio jardín, aromas, frutos, murmullo, color y el tacto de la planta que como el agua queda siempre cercana del placentero visitante. Sensualidad. Paraíso en la Tierra.</p>
<p> </p>
<p><strong>LOS JARDINES DE AL-ANDALUS</strong></p>
<p><strong>Al-Andalus </strong>fue el tiempo y espacio ocupado durante la Edad Media por la cultura y religión islámica en la Península Ibérica. Un tiempo en el que más allá de las luchas entre emiratos, taifas y otros reinos, luchas de religión, de poder o simplemente territoriales o económicas, pudo generar en la geografía y sociedades andalusíes un auténtico renacimiento para las ciencias (matemáticas, astronomía, geografía, medicina, botánica, farmacia), las artes (poesía, cerámica, arquitectura) o el pensamiento (filosofía). Y también para la jardinería.</p>
<p><strong>Medina Azahara </strong>representa en al-Andalus el inicio de una de las más espléndidas aventuras de la historia de la jardinería. Hablamos de la “ciudad brillante” que Abderramán III mandara construir al pie de la sierra cordobesa, en la falda del <em>Yebel Alarus</em>, tan solo a diez kilómetros de la mezquita aljama de Córdoba. Su construcción se extiende desde el año 936 al 976 con Al-Hakam II, el último de los califas cordobeses. La ciudad gozó tan solo de setenta y cuatro años de vida, alzándose en terrazas escalonadas sobre el valle del Guadalquivir, dominando el horizonte sin barreras visuales hacia el sur, como orgullosa expresión de un recién proclamado califato independiente. Sus jardines en torno al Salón Rico en el que el califa recibía embajadores, sabios y mercaderes procedentes de toda la Cuenca Mediterránea y Próximo Oriente, fueron el escenario de nacientes escuelas de agronomía, farmacia y medicina. Paisajes de alquerías con huertos y vergeles circundaban el conjunto sobre la terraza inferior del Guadalquivir creando un escenario de fecundas arboledas que prolongaban hasta el río los verdes encinares de Sierra Morena. Evidencias arqueológicas insinúan la presencia de alarifes orientales llegados de Bagdad, Damasco y Constantinopla junto a maestros artesanos en mármoles y mosaicos. La ciudad recuerda por su emplazamiento, diseño y función geopolítica a la Persépolis aqueménida de Darío I, pero indudablemente Medina Azahara aprovechó además de su ubicación, las traídas de agua, técnicas y experiencias que proceden de la Corduba Romana. No podía ser de otra forma. Eran los primeros síntomas de un renacimiento en cuatro siglos adelantado. Vigorosa, culta y sincrética surgió así la jardinería islámica en el occidente mediterráneo.</p>
<p>Desde este momento se traza una larga historia y camino que recorre muy diferentes alcázares y palacios a lo largo del progresivamente reducido territorio andalusí. Se repite muchas veces el modelo de los huertos al pie de alcazabas. Lo podemos encontrar en muy diferentes localidades y a lo largo de seis siglos, desde el Tolmo de Minateda en tiempo precalifal, hasta los palacios nazaríes de la Alhambra y Generalife, pasando por la Arruzafa, Jardín Bajo y huertas en torno a Medina Azahara o al Alcázar junto a la Mezquita en Córdoba, en el Jardín de los sultanes al-Mamun en Toledo, o al-Mutamid en Sevilla, lo vemos en Lorca y Guadix, Liétor y Ayna, Baza y Albox, en la Alcazaba de Málaga en las fortalezas de Veléz-Málaga y Vélez-Rubio, Alcazaba de Almería, Aljafería de Zaragoza, Baza, Ronda y como hemos dicho en Granada en el entorno de los palacios nazaríes de la Alhambra y Generalife.</p>
<p>Los jardines palaciegos son ya jardines cerrados que responden a esa búsqueda anunciada del Paraíso prometido, jardines con especies vegetales que se relacionan con los humanos a través de los cinco sentidos. En las alquerías, el huerto es también lugar para la belleza y la sensualidad. Los poetas nos lo cuentan. Ibn Hazm en el <em>Collar de la Paloma </em>sitúa una parte de sus experiencias sobre el amor en entornos del <em>bustan </em>(huerto-jardín) o simplemente del <em>riyad </em>(casas con patio). Las “Huertas del Rey” se transformaron incluso en ocasiones en auténticos jardines botánicos como ocurrió con los ya mencionados sultanes al-Mamun y al-Mutamid, permitiendo que ilustres botánicos como Ibn Wafid o Ibn Bassal cultivaran las especies locales y las recién llegadas, o por ellos mismos traídas de Oriente en sus jardines de Toledo y Sevilla. Entre estas últimas, los árboles del amor, del paraíso, los azederaches y ¡el tulipán!.</p>
<p> </p>
<p><strong>LOS JARDINES DE LA ALHAMBRA</strong></p>
<p><strong>La Alhambra</strong>, en árabe <em>al-Hamra´</em>que significa la Roja posiblemente en relación con el color de las arcillas de la colina de la <em>Sabika</em>, sobre la que se levanta, bajo el Cerro del Sol, constituye junto con el Taj Mahal del reino mogol en la India, la pareja de más brillantes estrellas, a occidente y oriente de la geografía del universo islámico. El emir Muhammad Ibn Nasr, también apodado Ibn al Ahmar por el color rojo de sus cabellos teñidos de alheña, decidió ubicar su corte en el primero de los edificios allí construidos, la Torre del Homenaje que fue entonces fortaleza y residencia palatina. Según parece, ya existió otro palacio con huertas por encima de esta colina en el llamado Cerro del Sol, todavía en proceso de excavación arqueológica, pero el nuevo emplazamiento enseguida aprovechó las desviadas aguas del Darro a través de la acequia real y permitió que los sucesivos emires nazaríes fueran ampliando el conjunto con nuevos palacios y jardines, quedando todo el conjunto fortificado. Simultáneamente aparecieron otros palacios cercanos, como el desaparecido de los Alixares (por un terremoto) y el hoy derruido Dar al-Arusa. Pero los jardines que se extienden en torno a los palacios nazaríes siempre a intramuros de la fortaleza han conservado su diseño y en buena medida su autenticidad en lo referente a las especies que forman parte de sus paseos arbolados, setos recortados, macizos de flor y plantas aromáticas. Incluso ciertos topónimos como los del Paseo de los Nogales o el de los Cipreses, nos hablan de cortejo ornamental primitivo. Un itinerario a su través permite contemplar setos de arrayanes y bojes, hierbas y jazmines trepadores, adelfas, olivos, árboles del amor, granados, rosales, alhucemas, camomilas, crisantemos y acantos. También azucenas, lirios y narcisos entre las bulbosas y cómo no, tal vez las más destacadas flores y aromas del jardín andalusí: los alhelíes. Almeces, olmos y cipreses generan las verdes sombras que hacen apacible su visita incluso en pleno estío.</p>
<p>Al salir del conjunto amurallado nos dirigimos hacia el cercano Palacio del Generalife a través del Paseo de los Nogales (de los quedan muy pocos ejemplares) dejando por bajo algunas de las cuatro huertas que rodearon el Palacio, las Huertas Grande y la Colorada, las más cercanas a las torres de la Cautiva y de las Infantas, huertas con cultivos herbáceos de alcachofas, habas y berenjenas junto a colecciones de antiguas variedades de vid y granados. El Palacio del Generalife, primer conjunto en recibir las aguas del Darro, a través de la Escalera del Agua completará este recorrido con el maravilloso Patio de la Acequia.</p>
<p> </p>
<p><strong>LOS JARDINES DE IFRIQIYA Y DE ORIENTE</strong></p>
<p>Si nos alejamos hacia oriente desde la antigua geografía ibérica de al-Andalus entraríamos en <strong>Ifriqiya</strong>, territorio norteafricano comprendido entre la actual Constantina y la frontera con Egipto, donde se estableció en el siglo IX un emirato con capital en Cairúan, gobernado por los aglabíes. A occidente suyo el <strong>Magreb </strong>consiguió organizarse como estado subsidiario de Ifriqiya con la dinastía Idrisí fundadora de la ciudad de Fez. De esta región surgieron primero los almorávides y más tarde los almohades. En todos estos reinos también la jardinería islámica tuvo una notable expresión que incluso se vio fortalecida por la emigración de los nazaríes al ser expulsados del territorio ibérico. El resultado de este proceso histórico estuvo marcado además, en el caso de las regiones atlánticas al oeste del Gran Atlas, por las grandes obras hidráulicas de influencia persa, los lejanos <em>qanat</em>, galerías subterráneas que trasportaban el agua de las montañas nevadas hasta las llanuras y que en el mundo bereber reciben el nombre de <em>khettaras</em>, y posibilitaron la aparición de oasis como el de Marrakech y el de grandes <em>buhayras</em>, estanques de riego y placer, generadores de fértiles paisajes con cultivos de cítricos, palmerales, higueras, granados y olivos junto a palacios y jardines que todavía podemos admirar en los alrededores de Marrakech en localidades como las del Agdal o Menara, nacidos a instancias del califa almohade Abd-Mumim en el siglo XII.</p>
<p>Más allá de estos territorios aparecieron los imperios, primero selyuquí y más tarde otomano, sobre territorios con centro de gravedad en la actual Turquía, herederos de todas las grandes influencias y estilos jardineros de la antigüedad, especialmente de la persa y bizantina. Las dos proyectan sobre el jardín el paradigma del Paraíso prometido pero la primera, la persa, más antigua y fraguada en antecedentes aqueménidas y sasánidas, adquirió una gran destreza en el manejo del agua, de las luces y las sombras en jardines intimistas que nunca olvidaron el crucero <em>(chahar bagh) </em>como geometría básica del jardín y en los que el perfecto cálculo hidráulico permitía que el agua corriera con medido caudal y presión permitiendo la inundación de los arriates, el borboteo de alineaciones de fuentes a través de largos estanques e incluso conectara los edificios del palacio con el jardín penetrando en su interior. Vemos este modelo por ejemplo en el Jardín de Fin en Kashán (Irán), hoy declarado Patrimonio de la Humanidad.</p>
<p>Una visita por la actual <strong>Estambul</strong>, capital que fue del imperio Otomano nos permite conocer el Palacio Topkapi donde se conserva dentro de un frondoso parque de <em>Platanus orientalis</em>, el Harem con una increíble colección de mosaicos que representan decenas de especies ornamentales entre las que se repiten muchas veces los diseños de cipreses, claveles y tulipanes. De estos últimos hemos conseguido demostrar que fueron conocidos ya varios siglos antes en al-Andalus, gracias probablemente a su introducción en cultivo por Ibn Bassal, agrónomo y viajero toledano.</p>
<p>Completaríamos este fugaz viaje por los jardines islámicos de oriente alcanzando la <strong>India </strong>y visitando las fortalezas y majestuosas tumbas rodeadas de inigualables <em>. </em>jardines por los emperadores mogoles (Babur, Humayun, Akbar, Jahangir, Shah Jahan y Aurangzeb) entre los siglosXVI y comienzos del XVIII. La jardinería mogola recoge también la herencia persa y musulmana integrando en menor medida la religiosidad hindú. Espectaculares mausoleos y castillos encontramos en localidades como Kabul, Aram Bag, Delhi o Jaipur, pero sobresale entre todos el famoso <strong>Taj Mahal </strong>de Agra, la “Corona de los Palacios” o como Tagore lo describió, <em>“una lágrima en la mejilla del tiempo”. </em>Fue construido entre 1631 y 1654 por el emperador Shah Jahan en las orillas del río Yamuna para honrar a su fallecida esposa tras el parto de su decimocuarto hijo. En 1983 fue reconocido también como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO.</p>
<p> </p>
<p><strong>LA PALMERA Y LA VID EN LOS JARDINES ISLÁMICOS</strong></p>
<p>No podemos acabar este precipitado resumen del jardín islámico sin una referencia a dos especies que apenas hemos citado y que sin embargo son evidentes representantes de su jardinería: la palmera y la vid. La primera de ellas, podría ser considerada en los paisajes islámicos como el más claro árbol cósmico (permítanme ese calificativo para una estipe). Es la especie más citada en el Corán y en las obras de medicina profética por sus múltiples beneficios. Incluso, se ha llegado a considerar como una proyección del propio hombre, estableciendo paralelismos entre ambos por ciertos aspectos de su morfología, sexualidad e incluso por la atracción existente entre palmeras masculinas y femeninas comparada con las reacciones afectivas humanas entre hombre y mujer. La palmera es un valioso alimento en el desierto por su persistencia y valores nutritivos y organolépticos. Sus frutos y el cocimiento de las espatas (brácteas de inflorescencia) son astringentes y tienen otras propiedades medicinales en ginecología y gastroenterología. Su fibra, hojas y espatas son utilizadas en muy diversas artesanías. Bajo los palmerales de <em>Phoenix datilifera </em>surgieron los oasis, y prosperó la agricultura y los asentamientos humanos. La presencia de la palmera datilera en los jardines islámicos es un hecho incuestionable aunque en el caso del universo andalusí debamos reconocer que pudo ser más esporádica y simbólica de lo que en principio pudiéramos suponer.</p>
<p>Y elijo la segunda especie, la vid como resultado de una cruzada que junto a varias destacadas arabistas iniciamos hace décadas luchando contra el estúpido tópico de que los árabes erradicaron el cultivo de la vid en sus dominios. Al menos en al-Andalus no fue así, sino todo lo contrario. La vid fue uno de los dos cultivos a los que los agrónomos andalusíes dedicaron más espacio a la hora de describir técnicas de cultivo y aprovechamiento. Fue utilizada como fruta fresca de mesa, para la pasificación, pasas que luego eran comercializadas por todo el Mediterráneo, para la elaboración de mostos, vinagres y arropes, e incluso para la vinificación, elaborando vinos medicinales o no (comercializados a judíos y mozárabes), vinos a veces con infusiones de plantas. Se conservaron variedades locales, se introdujeron otras procedentes de países como Egipto y tal vez lo más importante &#8211; por la forma de propagación en semilla que utilizaban, que no conservaba los caracteres entre generaciones – se produjo una gran diversidad genética por lo que surgieron nuevas variedades. Y además de todo lo dicho y desde el punto de vista que aquí nos trae, la vid fue cultivada en forma de parras construidas sobre encañizados artesanales, vides que generaban jardines interiores en el <em>ryad</em>, en los patios de las casas, <em>al-karma</em>, término y experiencia de la que deriva uno de nuestros más singulares modelos de jardín-huerto periurbano: ¡los <strong>cármenes</strong>!.</p>
<p> </p>
<p><em>* Santiago Beruete es licenciado en Antropología y en Filosofía. Desde hace tres décadas compagina</em><br /><em>su actividad docente e investigadora con la creación literaria. Ha escrito varios poemarios, colecciones</em><br /><em>de relatos, novelas y ensayos que han merecido diferentes premios nacionales e internacionales. Sus</em><br /><em>libros Jardinosofía: Una historia filosófica de los jardines, Verdolatría: La naturaleza nos enseña a ser</em><br /><em>humanos, Aprendívoros: El cultivo de la curiosidad y Un trozo de tierra (todos editados por Turner)</em><br /><em>son fruto de la polinización cruzada entre literatura, jardinería, filosofía y educación.</em></p>
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		<title>Un Jardín funerario en la antigua Tebas</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/jardin-funerario-tebas/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[sgeuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 13 Jan 2026 12:54:29 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 82]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>En 2017 el equipo de egiptólogos del proyecto Djehuty, dirigidos por José Manuel Galán, encontró el único jardín descubierto en una necrópolis en Egipto. </p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/jardin-funerario-tebas/">Un Jardín funerario en la antigua Tebas</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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<p><strong>Texto: José Manuel Galán</strong></p>

<p>Boletín 82 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>

<p>Jardines del mundo</p>
<p>En 2017 el equipo de egiptólogos del proyecto Djehuty, dirigidos por José Manuel Galán, encontró el único jardín descubierto en una necrópolis en Egipto. Es un jardín pequeño, de unos tres metros por dos y medio, que conservaba en sus cuadrados las semillas de las plantas que allí crecieron hace 4.000 años, una combinación de vegetales y 9 flores, que es lo que deseaba el difunto para su otra vida. En este jardín se reúne muchísima información sobre la sociedad de la antigua Tebas.</p>
<p>El Proyecto Djehuty lleva veinticinco años excavando en la necrópolis de la antigua ciudad de Tebas, en la orilla occidental de la actual Luxor. El yacimiento se encuentra al pie de la colina de Dra Abu el-Naga, donde se enterraron muchos de los monarcas egipcios de origen tebano antes de comenzar, con la reina Hatshepsut (ca. 1470 a. C.), a ser enterrados en el famoso Valle de los Reyes. Los trabajos arqueológicos comenzaron centrados en dos tumbas talladas en la roca de la colina y decoradas en relieve. Una pertenecía a Djehuty, supervisor del Tesoro de la reina Hatshepsut, y la otra a Hery, supervisor del granero de la esposa real y madre del rey Ahhotep, quien debió vivir unos cincuenta años antes.</p>
<p> </p>
<p><strong>UN HALLAZGO INESPERADO</strong></p>
<p>Excavando alrededor de estos dos monumentos rupestres, fueron saliendo a la luz otras tumbas todavía más antiguas, del año 2000 a. C., cuando Tebas se convirtió por primera vez en capital del Alto y del Bajo Egipto. Excavando delante de una de estas tumbas, en el año 2017, descubrimos algo inesperado, un pequeño jardín cuadriculado.</p>
<p>La estructura del jardín estaba hecha de barro y adobes y medía 3 x 2,25 m. El reborde exterior estaba reforzado por arriba con mortero de cal, y el interior estaba dividido en cuadrados, la mayoría de 30 x 30 cm., pero también había compartimentos más grandes. En uno de los lados se construyó una pequeña escalera para hacer más fácil a los aguadores el acceso a los cuadrados de en medio, aunque la estructura del jardín tan solo se elevaba medio metro sobre el suelo. En una de las esquinas del jardín, se conservaba todavía erguida la parte de abajo del tronco de un árbol, que resultó ser un tamarisco. Por los anillos de crecimiento visibles en la sección del tronco, debió vivir algo menos de treinta años. La raíz superior medía 1 m. de longitud y avanzaba hacia el centro del jardín, donde probablemente la humedad se conservó por más tiempo.</p>
<p>A pesar de la fragilidad del árbol y de la estructura del jardín, todo se había conservado admirablemente bien gracias a que el patio de entrada a la tumba donde se construyó el jardín era como una hondonada, una especie de bañera, dentro de la cual se fue acumulando arena fina por la acción del viento. El jardín, tras dejarse de regar y abandonarse, acabó totalmente cubierto de arena, y eso fue lo que le protegió, no solo de los agentes naturales, como el sol, el viento y la lluvia, sino también de la gente que siguió pasando por allí y reutilizando las tumbas de alrededor. La arena que cubrió el jardín se convirtió en el medio perfecto para que las semillas y los restos botánicos de las plantas que crecieron hace cuatro mil años quedaran desecados y también se conservaran en perfecto estado hasta hoy.</p>
<p> </p>
<p><strong>UN HUERTO PARA MANTENER VIVO AL DIFUNTO</strong></p>
<p>El jardín se construyó en un terreno inhóspito para el cultivo de plantas. Para hacer esto posible, cada cuadrado del jardín estaba relleno de tierra fértil de la orilla del Nilo. Excavamos cuadrado a cuadrado, fuimos recogiendo con pinzas las semillas y partes de plantas que se veían a simple vista. Luego embolsamos la tierra procedente de cada cuadrado identificando bien la procedencia. Dejamos la mitad de cada cuadrado sin excavar para que quedara como testigo para futuros investigadores. La tierra recogida de cada cuadrado la pasamos por un tamiz, con el fin de detectar y analizar el mínimo resto botánico. Los arqueobotánicos identificaron, entre otras, semillas de cilantro, una planta que se sigue usando mucho como condimento en la cocina egipcia, y también semillas de una <em>curcubitacea</em>, como una especie de melón no dulce que aparece frecuentemente representada en las mesas de ofrendas. Sorprendente también era que todavía se conservara el color morado del receptáculo de una flor de la familia de las <em>asteraceae</em>. Puede que “huerto” se acerque más a la realidad, a su función de mantener vivo, en cuerpo y alma, al difunto. En la otra vida, claro. Pero la palabra “jardín” es, sin duda, más evocadora y más íntima, y parece encajar mejor en el contexto de un cementerio. La combinación de vegetales comestibles y de flores se corresponde perfectamente con las mesas de ofrendas que se representan delante de los difuntos en las paredes de las tumbas, pues en ellas aparecen ramos de flores coronando pilas de alimentos que mezclan carne y panes de varios tipos, con frutas y verduras. Las flores se incluyen por su carácter simbólico y la posibilidad de que transmitieran al difunto su capacidad de renacer de forma cíclica. Alrededor del jardín hallamos gran cantidad de cerámica, sobre todo vasos-<em>hes </em>para hacer libaciones y vasijas tipo <em>kernoi</em>, de marcado carácter ritual. También encontramos un cuenco volcado boca abajo, que contenía cinco dátiles, ahora desecados y en perfecto estado de conservación. La cerámica es precisamente lo que refleja el carácter ritual y funerario del jardín, y lo que le distingue de jardines similares que se utilizaron con fines prácticos y cotidianos.</p>
<p> </p>
<p><strong>EL ÚNICO JARDÍN FUNERARIO CONSERVADO</strong></p>
<p>Así, nuestro jardín es, hoy por hoy, el único jardín funerario de Egipto bien documentado y conservado. Pero es que, en la tierra del perfil de la excavación del patio, los arqueobotánicos, además, han sido capaces de extraer e identificar el polen de las plantas que crecieron de forma espontánea o se plantaron en la ribera fértil junto a la necrópolis, lo que nos da una idea de la vegetación de la zona entre el año 2000 y el 1500 a. C. Y en esa misma tierra del perfil, los geólogos han sido capaces de leer las huellas de las lluvias acaecidas en esos quinientos años. Así, combinando las plantas documentadas en el jardín con el polen y las lluvias, se nos abrió la posibilidad única de estudiar el medio ambiente en la antigua Tebas y de hacer una pequeña aportación al estudio del cambio climático en esta región. A pesar del concienzudo trabajo que llevaron a cabo los restauradores, el jardín, hecho de barro y adobes, era demasiado frágil como para dejarlo expuesto a la intemperie. Era incuestionable que tendríamos que resguardarlo del sol, del viento, de posibles lluvias y de la capacidad destructora del ser humano, lo que implicaba inevitablemente volverlo a enterrar. Pero ni que decir tiene que daba una pena enorme tapar el único jardín funerario del antiguo Egipto conocido hasta la fecha. Se nos ocurrió, entonces, que podríamos fabricar una réplica e instalarla sobre el jardín enterrado y protegido por una estructura sólida y aislante, utilizando para ello la información obtenida del escáner láser con el que llevábamos varias campañas documentando el yacimiento. Así, con cierta modestia, determinación e imaginación, montamos la primera réplica <em>in situ </em>en un yacimiento arqueológico, como medida de conservación y protección del bien cultural antiguo. Los visitantes pueden así hacerse una idea de cómo era un jardín funerario, de su ubicación dentro de la necrópolis y con respecto a la tumba de su propietario, a la vez que se conserva el original antiguo. Las tumbas de Djehuty y de Hery, así como parte del yacimiento, incluyendo la réplica del jardín, permanecen abiertos al público y visitables desde febrero 2023. El cuento de <em>Sinuhé</em>, cuyo nombre significa “El hijo del Sicomoro”, se debió escribir cien años después de nuestro jardín, en torno al año 1900 a. C. El relato cuenta su improvisada huida de Egipto, su exitoso exilio en Palestina, y el retorno a la corte del rey egipcio. El protagonista termina presentándose a sí mismo, al final de sus días, como un hombre afortunado, al conseguir del faraón una tumba, equipamiento funerario, el mantenimiento de su culto y un jardín para el aprovisionamiento de las ofrendas. Sinuhé menciona el jardín al final como el broche de oro, como la fuente del sustento para su vida eterna. El jardín de Sinuhé sería, sin duda, muy similar al nuestro. <em>“…Se construyó para mí una tumba en piedra, en medio de las otras tumbas. Los constructores la plantearon en el suelo, el dibujante la diseñó, los talladores la esculpieron y el maestro de obra de la necrópolis la ejecutó. Se dispuso todo el equipamiento que se deposita en la cámara sepulcral. Se me asignó un servicio funerario y un jardín, como se hace para un personaje importante…”</em></p>
<p> </p>
<p><em>*José Manuel Galán es Egiptólogo, Profesor de Investigación del CSIC en el Instituto de Lenguas y</em><br /><em>Culturas del Mediterráneo y Oriente Próximo, y Director desde hace 25 años del Proyecto Djehuty</em><br /><em>en Luxor (Egipto), que excava, investiga y restaura un conjunto de tumbas y capillas funerarias que</em><br /><em>abarcan desde el 2000 a. C. hasta época romana. https://proyectodjehuty.com/el-proyecto/</em></p>
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		<title>Jardines del mundo</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/jardines-mundo/</link>
		
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		<pubDate>Tue, 13 Jan 2026 12:44:23 +0000</pubDate>
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					<description><![CDATA[<p>Los jardines han acompañado a la humanidad desde tiempos remotos,<br />
como lugares de refugio espiritual, de experimentación artística o práctica.</p>
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<p><strong>Texto: Lola Escudero</strong></p>

<p>Boletín 82 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>

<p>Jardines del mundo</p>
<p>Los jardines han acompañado a la humanidad desde tiempos remotos, como lugares de refugio espiritual, de experimentación artística o práctica, y también como reflejo de las culturas y de su relación con la naturaleza. Los jardines están ligados al arte, a la literatura y a la filosofía, pero también a los viajes y a la exploración del mundo. De todo ello hablaremos en este número especial dedicado a los jardines del mundo: cómo surgieron, su significado, su aportación a la cultura, cómo están presentes en nuestras vidas o cómo su creación ha estado siempre ligada a los viajes y los viajeros.</p>
<p>Para comenzar esta historia habría que remontarse al neolítico: los primeros jardines nacieron con el sedentarismo del hombre. Primero sirvieron como refugio y como espacio para producir frutos, medicinas y flores. Los encontramos ya en Mesopotamia, en Egipto, en Grecia, en Roma… los jardines fueron siempre un símbolo también de poder político, además de lugar de esparcimiento o de belleza.</p>
<p>Fue Nabucodonosor quien construyó los legendarios jardines de Babilonia, mientras en Egipto, los jardines en damero reflejaban el orden cósmico. Grecia les añadió filosofía y Roma sofisticó estos espacios privados con mosaicos, fuentes y pérgolas. En la Edad Media europea los <em>hortus conclusus </em>eran lugares de oración y estudio, mientras en Al-Ándalus, patios y jardines como los de Córdoba, Sevilla o Granada evocaban el paraíso coránico. En Oriente, Persia imaginó los <em>chahar bagh </em>como “alfombras vivas” que más tarde inspiraron a la India mogola y al esplendor otomano de los tulipanes. En China los jardines buscaron la armonía yinyang, mientras que Japón recreó la contemplación en los paisajes zen y la América prehispánica inventó chinampas flotantes, terrazas incas y jardines botánicos que eran a la vez espacios rituales. En definitiva, cada cultura ha ido reflejando en esos espacios, su forma de ver lo divino, lo político y lo estético.</p>
<p>Hoy, los jardines sirven de hilo conductor o de inspiración para muchos viajeros que se interesan por conocer la Historia y las historias que se esconden tras estos espacios verdes: jardines ornamentales, jardines para el ocio y el placer y también jardines botánicos, para el estudio y la ciencia.</p>
<p> </p>
<p><strong>ASOMÁNDONOS A LOS JARDINES CLÁSICOS</strong></p>
<p>Siguiendo la línea del tiempo, esta hipotética vuelta al mundo nos llevaría a los remotos jardines de <strong>Babilonia y de Nínive</strong>, en el origen de nuestra civilización, a los jardines que aparecen en la Biblia o incluso al Jardín del Edén, al Paraíso, al que se remiten todos los jardines posteriores construidos durante siglos en el mundo occidental. Podríamos incluso entrar en las tumbas de los faraones y nobles egipcios, como la de Djehuty, en el <strong>Valle de los Reyes</strong>, para ver las representaciones de sus jardines que acompañaban a los difuntos, en forma de retículas cuadriculares que nos recuerdan un poco a los sofisticados jardines japoneses. Podríamos también echar una ojeada a los jardines interiores de las <strong>casas romanas</strong>, con sus fuentes y estatuas, en algún aspecto similares a los que se construirán más tarde intramuros en las casas de las culturas islámicas, donde los jardines se convierten en un arte simbólico que maneja magistralmente elementos como el agua, la sombra y los árboles. Son jardines domésticos, pero también jardines como los del <strong>Generalife en Granada, el Alcázar de Sevilla </strong>o como los sofisticados <strong>jardines persas</strong>. A los <strong>jardines medievales </strong>no nos resulta difícil asomarnos: están en los claustros de los monasterios y también encontraremos allí los primeros “jardines botánicos”, en realidad huertos de plantas medicinales. Y llega el <strong>Renacimiento</strong>, y con él los jardines más formales, al servicio del poder, diseñados expresamente para realzar a palacios y castillos. Surgen en Florencia y en la Toscana de la mano de familias y riquezas tan conocidas como los Médicis, los Este, los Sforza, los Borgia o los Orsini, que buscan transformar sus fortalezas medievales en palacios de recreo y de ocio. Aparecen por primera vez en la jardinería los juegos de agua a través de fuentes, canales y cascadas. De ahí hay un paso a los <strong>jardines barrocos </strong>que acompañarán a los grandes palacios en todo el mundo, la mayoría diseñados “a la francesa”, siguiendo el modelo creado por Le Nôtre y otros jardineros del Rey Sol, con sus parterres de complicados dibujos, que son un intento de dominar la naturaleza. El siglo XVIII será el de la creación de los <strong>grandes jardines botánicos</strong>, enriquecidos por las especies llegadas a Europa del Nuevo Mundo y Oriente o bien al revés, llevadas de aquí para allá en un intento de reproducir en todas partes la felicidad del paraíso. En el XVIII y el XX, los ingleses se desmarcarán del modelo francés y apostarán, además de por los jardines botánicos (como los magníficos Kew Gardens), por el jardín paisajista, más libre, donde la naturaleza se escapa a la tutela del jardinero con diseños más orgánicos y naturales. Llegan las flores a los jardines, y el color, sobre todo en los <em>cottages </em>ingleses que ponen de moda un estilo rústico y rural muy imitado hasta la actualidad. Luego todavía habrá que asistir a la creación de los jardines románticos del XIX donde se evocan lugares exóticos y lejanos, o a los modernistas, como los del genial Gaudí, o a los racionales, mucho más equilibrados y rectilíneos. E incluso a los modernos jardines cubistas o abstractos y a la moda de los jardines verticales.</p>
<p> </p>
<p><strong>LOS JARDINES BOTÁNICOS</strong></p>
<p>Pero los jardines más ligados a los viajes y a la exploración del mundo, son los botánicos, de los que se hablará mucho en este Boletín. Estos jardines estuvieron vinculados a las expediciones científicas, especialmente desde el Renacimiento y durante la expansión colonial de los siglos XVII al XIX. En nuestro país, es imprescindible aludir al Real Jardín Botánico de Madrid que fue el impulsor de las grandes expediciones que a finales del siglo XVIII recorrieron los territorios de Ultramar y trajeron las importantes colecciones que hoy se guardan en esta institución ilustrada. Este jardín será la gran institución dedicada al estudio y conservación de las plantas, pero hubo otros, como el de <strong>Valencia</strong>, uno de los primeros, o los canarios, que sirvieron de aclimatación de muchas plantas tropicales.</p>
<p>En realidad, los jardines botánicos son muy anteriores a las expediciones renacentistas e ilustradas. Surgieron inicialmente como espacios para cultivar plantas medicinales, y con el tiempo se convirtieron en verdaderos centros de investigación científica. El <strong>Orto botánico di Padova </strong>(Italia, 1545) es uno de los más antiguos del mundo. <strong>El Jardín des Plantes </strong>(Francia, 1635) es el modelo de los jardines vinculados al desarrollo de la botánica en Europa en ese siglo, mientras que los <strong>Royal Botanic Gardens, Kew </strong>(Reino Unido, siglo XVIII) son el gran centro clave de clasificación y difusión de especies durante la expansión imperial británica. Tras ellos, el <strong>Real Jardín Botánico de Madrid </strong>(España, 1755) es fundamental para estudiar la relación de la botánica con las expediciones científicas a América y a otros puntos del Imperio Español. Los españoles no fueron los únicos que, a partir del siglo XVIII, pusieron en marcha expediciones científicas para explorar otras regiones del mundo, recolectar plantas y estudiar la biodiversidad. Francia, Holanda o Inglaterra también emprendieron grandes proyectos, pero ninguno como los que la corona española organizó para descubrir nuevas especies vegetales útiles (alimenticias, medicinales o comerciales) y transportar especies a Europa para cultivarlas en jardines botánicos.</p>
<p>De jardines botánicos y expediciones, hablarán varios de nuestros colaboradores en este número. De cómo los jardines botánicos fueron punto de partida y destino: desde ellos se organizaban los viajes, y allí se aclimataban y estudiaban las plantas traídas de otros continentes. En paralelo se realizaba una labor de investigación importantísima, se producían ilustraciones, herbarios y catálogos botánicos o se impulsaba la clasificación científica, influenciada por Carl von Linneo y su sistema taxonómico. Muchas especies descubiertas en expediciones históricas siguen cultivándose en estos jardines, sirviendo como bancos genéticos y centros de divulgación científica.</p>
<p>La Europa del siglo XVIII propagó por todo el mundo el concepto del jardín botánico como un espacio abierto para la investigación científica y el ocio de los ciudadanos. Un buen ejemplo es el <strong>Jardín botánico del Puerto de la Cruz</strong>, al norte de Tenerife, que es una verdadera lección de filosofía ilustrada, un viaje en el tiempo al siglo XVIII. Fue entonces, en 1788, cuando el <strong>Jardín de Aclimatación de La Orotava </strong>se convirtió en el segundo jardín botánico abierto en España (en 1755 se había abierto el RJB en Madrid). La moda se expandió por península e islas (por ejemplo, el de Zaragoza se abrió en 1796), y también por otros países europeos. En el siglo XVIII, la fusión de razón y ciencia creó el momento idóneo para diseñar estos espacios dedicados a la ciencia que encajaban de forma perfecta con estos principios. A mediados del siglo XIX, ya había jardines botánicos por todo el mundo. Fue su momento de gloria: la llegada de la revolución industrial permitió construir invernaderos de cristal más grandes e impresionantes, como los llamados «palacios de cristal», como el que encontramos en el madrileño parque del Retiro, que daban una mayor calidad a estos espacios verdes. Eso sí: la época también convirtió a estos jardines en lugares de ocio. Los jardines reales de Kew, el más importante de todos los botánicos británicos, abrieron sus puertas al público general en 1839 (ya lo habían hecho otros muchos jardines antes) y, a pesar de que había que pagar por entrar, dos décadas después ya contaban con medio millón de visitantes anuales.<br /><br /></p>
<p><strong>TRES CONCEPTOS DE JARDÍN, TRES IDEAS DEL MUNDO</strong></p>
<p>Recorrer todos los jardines del mundo es una tarea imposible. Pero igual que algunos se proponen alcanzar las cumbres más altas de todo el planeta, hay quien se pone como objetivo viajar “de jardín en jardín” y estas son algunas etapas imprescindibles. Este viaje podría comenzar en cualquier parte, en alguno de los miles de jardines que hay por el mundo, unos con más historia que otros, pero lo hacemos en uno muy próximo: los <strong>Jardines del Palacio Real de la Granja de San Ildefonso</strong>, en Segovia. A priori, rodeado de bosques, podría parecer que no hacía falta llevar más naturaleza hasta las puertas de este palacio levantado pero el primer Borbón, Felipe V en el Guadarrama segoviano. Pero el nuevo rey francés añoraba con nostalgia los jardines de su palacio francés, aunque, contra lo que se dice, Felipe V nunca pretendió imitar en La Granja la escenografía grandiosa de su abuelo Luis XIV: tenía claro que su lugar de retiro se tenía que parecer a otro jardín menos conocido, el de Marly, donde el Rey Sol pasaba sus días de descanso. Los jardines de La Granja siguieron, eso sí, los parámetros de los jardines formales del Barroco, jardines a la francesa, que diseñó el jardinero francés André Le Nôtre, y que se popularizarían en el siglo XVIII en toda Europa. Hoy sigue siendo una maravilla recorrer estos jardines envueltos por la escenografía de las montañas, en los que la abundancia de agua permitió llenar el jardín de fuentes con juegos acuáticos espectaculares. El sistema hidráulico original se conserva a la perfección y sigue en funcionamiento hoy en día. Damos un salto a algunos de los jardines más espectaculares y famosos de nuestro país: <strong>los de la Alhambra y el Generalife</strong>, que nos hablan del imaginario musulmán en el que el jardín, paraíso y recuerdo del primigenio oasis del desierto, tiene un lugar destacado. Los árboles, la sombra y el agua componen la base del jardín islámico, que en España dejará una enorme herencia que llega hasta nuestros días y cuyas trazas podemos encontrar tanto en jardines públicos como privados. Entre los jardines musulmanes en España más extraordinarios están también del <strong>Alcázar de Sevilla</strong>, casi un oasis urbano en medio de la ciudad, protegido por altos muros almenados. Llevan allí más de mil años, refugiando esbeltas palmeras, cítricos aromáticos, jazmines o hierbas aromáticas que permiten escapar del bullicio urbano. Los jardines con influencia islámica, renacentista o romántica y los edificios reales que rodean han ido creciendo a través de los siglos: hoy ocupan seis hectáreas y contienen más de 187 especies de plantas, desde madreselvas hasta higueras. Los antecedentes de los jardines se encuentran en la media docena de patios contiguos a los edificios palaciegos que datan de época islámica (anterior a 1248) pero que fueron profundamente transformados a partir del siglo XVI. Son espacios íntimos en torno a fuentes y refrescados por el agua y las sombras, que invitan a redescubrir la belleza de la Sevilla mudéjar. Los árabes alimentaron la idea de que los jardines ornamentales debían reflejar el cielo en la tierra. Los cristianos heredaron esta noción y la ampliaron. Hoy, después de siglos de ser cuidados por sucesivos paisajistas y horticultores, no han perdido nada de su magia. Entre los jardines musulmanes los hay mucho más actuales, más obras de arte que jardines funcionales, pero que mantienen los elementos básicos del jardín musulmán, como los del <strong>Jardín Majorelle</strong>, exquisito y sofisticado, creado por el pintor Jacques Majorelle (1886-1962) y restaurado por Yves Saint Laurent. Es un oasis artístico en Marrakech, con vibrantes tonos azules, una exuberante vegetación y arquitectura única. Entre cactus, fuentes y senderos sombreados, este remanso de paz en medio del desierto, alberga un museo dedicado a la cultura bereber. Majorelle había patentado su propio color, el azul Majorelle, en 1930, con una clara inspiración: el azulejo marroquí. El pintor francés dedicó a su jardín cuatro décadas y durante todo ese tiempo, plantó unas 300 especies alrededor de su casa en Marrakech. Un nuevo salto nos lleva a los “jardines de artista”, y concretamente a <strong>Giverny </strong>(Normandía), un lugar de menos de 300 habitantes que <strong>Claude Monet </strong>(1840-1926) eligió para alejarse de la ciudad y acercarse al campo. Llegó en 1883 y creó sus famosos jardines. Pero el de Giverny, hoy un punto turístico, no fue el primer jardín del artista. En <strong>Sainte-Adresse</strong>, Normandía, había comenzado su interés en los jardines, incitado por su amigo y también pintor Eugène Boudin, que solía trabajar fuera del estudio. Fue allí donde pintó un jardín, el de aquella casa, en 1866. Aquello se convirtió en tal obsesión, que llegó a pintar 250 cuadros solo de nenúfares que él mismo plantó. Trajo tantos nenúfares de otros países que las autoridades del pueblo le pidieron que parara, por miedo a que perjudicaran a las plantas autóctonas. Tanto amaba sus flores, sus nenúfares, que cuentan que Monet solía escribir cartas a sus hijos solo para preguntar por el estado de sus plantas. Él mismo definió los jardines como «paisajes de agua y luz convertidos en obsesión». A partir del siglo XIX, hay otros muchos artistas famosos que convirtieron sus jardines en obras de arte o que los reflejaron en su obra artística. Hasta mediados del siglo XVIII los jardines habían sido sobre todo geométricos, pero en esta época irrumpió la línea curva, recordando que la naturaleza y la belleza tampoco tenían por qué seguir líneas rectas. Es el paso del jardín barroco al jardín paisajista, que se produjo por muchos motivos, uno de ellos, la aparición del jardinero profesional (y paisajista). En paralelo, se despertó también el interés por la jardinería en los poetas y un movimiento artístico en torno a las huertas y jardines. En el siglo XIX la necesidad de volver a la naturaleza y de diseñar un paraíso propio se fue haciendo cada vez mayor, pero no hacía falta salir de casa: en sus propios jardines encontraron la inspiración artistas tan diversos como Monet o como nuestro <strong>Sorolla </strong>o como el ya citado de Majorelle. Tan azul como el de jardín de Majorelle es por ejemplo el de <strong>Frida Kahlo </strong>en su famosa Casa Azul de Coyoacán, en México D.F. en la que nació, creció, amó, sufrió, trabajó, enfermó y murió. Fue la llegada de Trotsky a esta casa lo que llevó a ampliarla, a construir un muro que le salvara la vida al ruso y, de paso, con más espacio, a plantar el jardín que inspiraba a la artista. Frida no solo observaba el jardín y cuidaba los cactus y plantas que luego pintaba: allí también se sumergía en libros de botánica y cultivaba albaricoqueros, naranjos y granados, rodeados por viejos cactus, magueyes, nopales y biznagas.</p>
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<p><em>* Geógrafa y periodista especializada en comunicación cultural y viajes. Es Secretaria General y </em><em>miembro fundador de la Sociedad Geográfica Española. Es editora del Boletín de la SGE.</em></p>
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		<title>La Tierra desde el espacio: los Sundarbans de Bangladés</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/tierra-espacio-sundarbans/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Wed, 09 Jul 2025 15:14:11 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 81]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
		<category><![CDATA[Medioambiente]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las fotografías de la Tierra tomadas por los astronautas y por los satélites desde la década de 1960 nos han dado una nueva perspectiva del planeta. </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: José Antonio Rodríguez Esteban </strong></p>



<p>Boletín 81 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Geografía y cine</p>



<p>Desde las primeras fotografías tomadas desde el espacio, los cambios producidos en los deltas de los ríos han atraído la atención de los astronautas. Las misiones de fotografía espacial iniciadas con la estación espacial Skylab en 1973 prepararon a los astronautas para documentar estos cambios. En 1986 Comité de Ciencias del Sistema Terrestre de la NASA diseñó un Programa para el Cambio Global mediante las imágenes tomadas por sus satélites. La ESA se unió a esta labor a partir de 1991 utilizado sus primeros satélites radar ERS 1 y 2, su gigante Envisat (2002-2012), y a partir de 2014 desde los satélites Sentinel del programa Copernicus. En estas imágenes podemos observar el bosque de manglares de los Sundarbans, en el delta de Ganges- Brahmaputra, y conocer los desafíos a los que se enfrenta Bangladesh.</p>



<p><strong>LA TIERRA VISTA DESDE EL ESPACIO: LOS SUNDARBANS, LOS MANGLARES DEL DELTA GANGES-BRAHMAPUTRA EN BANGLADÉS</strong></p>



<p>La imagen nos muestra la parte oriental de los Sundarbans en Bangladés. Sin la precisión de escala y sin haber observado antes la zona no parece decirnos mucho, pero en ella se muestran 120 km a lo largo de la zona de los bosques de manglares más importante del planeta (2600 km²) en el mayor de sus deltas (105 000 km² con más de 100 millones de habitantes). Como podemos observar en el mapa más abajo, se sitúa en la bahía de Bengala, en la que confluyen dos de los ríos que más población sustentan en la Tierra: el Ganges y el Brahmaputra (a los que se une el Meghna en la desembocadura). En la imagen se diferencia claramente en la parte izquierda (de color verde intenso en el original), cubierta por manglares y los bosques húmedos del Parque Nacional Sundarbans, y (en colores más claros y brillantes) las zonas roturadas para la agricultura, densamente pobladas.</p>



<p>El Parque se estableció en 1984 y fue declarado Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO. El nombre de Sundarbans se debe al predominio del árbol Sundri (Heritiera fomes) tolerante a la sal, que se adapta con gran facilidad en condiciones costeras difíciles. Los manglares se encuentran entre los ecosistemas biológicos más importantes y los Sundarbans poseen además una gran diversidad floral y faunística, siendo una importante reserva de carbono. Desempeñan un papel crucial durante las tormentas e inundaciones protegiendo los hábitats, singularmente las poblaciones de peces, de los impactos graves. Es una región central para la preservación del Tigre de Bengala (Panthera tigris tigris), del delfín “ciego” del Ganges (Platanista gangética) y del Irawadi (Orcaella brevirostris), los cocodrilos estuarinos (Crocodylus porosus) y el terrapino endémico (Baka de Batagur).</p>



<p>Las fuerzas erosivas del mar y el viento a lo largo de la costa modifican continuamente sus formas, a lo que también contribuyen las enormes cantidades de limo y sedimentos que el Ganges-Brahmaputra va depositando en los innumerables estuarios de la bahía de Bengala. Al dinamismo natural de los grandes<br>ríos (la actual confluencia del Ganges y del Meghna se formó hace solo 150 años), se suman ahora las acciones humanas: como los cambios introducidos con la presa Farakka (1970) en el Ganges, en la parte india de la frontera, que provoca una sedimentación excesiva que está causando problemas de diverso tipo, o la extracción masiva de arenas para la construcción de los últimos años a lo largo del río, cuyas consecuencias están aún por conocerse (Daham et al, 2024).</p>



<p>Es en esta región, además, donde el nivel del mar está subiendo más rápidamente como consecuencia de diversos factores concurrentes. Estando la mayoría del delta a menos de 12 m sobre el nivel del mar, diversos estudios han señalado el riesgo de que en pocas décadas quede sumergida. Según El estado del clima en Asia 2020, de la Organización Meteorológica Mundial, la extensión de los manglares en Bangladés disminuyó entre 1992 y 2019 en un 19% debido al incremento de las tormentas tropicales.</p>



<p><strong>LA LLANURA DEL GANGES, LA BAHÍA DE BENGALA Y BANGLADÉS</strong></p>



<p>Las aguas cálidas de la bahía de Bengala, además, son propicias para los ciclones tropicales. El ciclón Bhola de 1970 ha sido uno los más mortíferos jamás registrados: 500 000 personas perdieron la vida como consecuencia de la marejada ciclónica que inundó gran parte de las tierras bajas del delta. Fue el detonante que propició, un año después, la independencia de Pakistán y la creación del estado de Bangladés. Más recientemente, en 2023, el ciclón Mocha destruyó numerosos campamentos y obligó a evacuar a 500 000 personas del campo de refugiados de Kutupalong, en la costa oriental de Cox’s Bazar, el más grande el mundo con 800 000 refugiados, en su gran mayoría Rohinyás. En el mapa de más arriba podemos ver la confluencia de los dos grandes ríos mencionados. El Ganges (que pasa a denominarse Padma al cruzar la frontera entre la India y Bangladés: nombre en sánscrito de la sagrada flor de loto), tiene su origen en el Tibet, muy cerca del sagrado, para budistas e hindúes, monte Kailãsh. Lo mismo sucede el Brahmaputra, que discurre por su parte norte, de oeste a este, hasta el quiebro que le introduce Assam y el norte de Bangladés (el Kailãsh es también origen del Indo, y con sus 6638 m, es el único monte importante en todo el mundo que no tiene ningún intento conocido de ascensión).</p>



<p>La llanura del Ganges prolongada hacia el oeste por la del Indo, posee una de las mayores concentraciones de población del planeta. Aunque ríos que fluyen del Himalaya aportan abundante agua, canalizada en multitud de obras para el riego, son sobre todo los monzones los que proporcionan agua para la agricultura. Desde el espacio se captan periódicamente las nieblas que recorren toda la llanura: vivir en la extensa llanura indo-gangética, donde la contaminación del aire aumentó un 72% de 1998 a 2016, implica vivir siete años menos que en otras partes del continente (EPIC, 2019).</p>



<p>Con sus 173 millones de habitantes (2023) y una superficie de 150 000 km2, Bangladés es el país con mayor densidad de población (1269 h/km2). En estos contextos de transformación y cambio constantes, los organismos internacionales y las ONG denuncian situaciones de decenas de miles de casos anuales de trata de seres humanos en las fronteras, de trabajo infantil y de corrupción generalizada (Vives y Ory Murga, 2022).</p>



<p>Bangladés ha sido señalado durante muchos años como la zona cero del cambio climático. Kimberly G. Rogers, investigadora de sistemas humano-naturales, ha estudiado y señalado que el fomento de las narrativas distópicas no hace más que empeorar la situación, condenando a sus habitantes, acostumbrados a vivir las inundaciones y con una gran resistencia y conocimiento en la conformación de los paisajes. Sus estudios han cuantificado que, si no hubiese intervención en la recarga de sedimentos con presas, desviaciones e interrupciones, los propios sedimentos compensarían la subida del nivel del mar. Los colosales problemas de Bangladesh llevaron a los estudiantes en 2024, tras manifestaciones mortales que derrocaron al gobierno autocrático de Bangladesh, a invitar al Premio Nobel de la Paz Muhammad Yunus, creador del microcrédito y director Grameen Bank, a dirigir la nación. Todo está por hacer. <br><br><em>* José Antonio Rodríguez Esteban, Dpto. de Geografía, Copernicus Academy, Universidad Autónoma de Madrid.</em></p>
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		<title>Los exploradores españoles en la gran pantalla</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/exploradores-espanoles-cine/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Tue, 08 Jul 2025 11:53:06 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 81]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La relación del cine con los exploradores españoles ha sido escasa y ha estado lastrada por el fracaso de películas como El Dorado o Cristóbal Colón: el descubrimiento.</p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/exploradores-espanoles-cine/">Los exploradores españoles en la gran pantalla</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Mariano López</strong></p>



<p>Boletín 81 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Geografía y cine</p>



<p><strong>La relación del cine con la vida, hechos y aventuras de los exploradores, conquistadores, misioneros y expedicionarios españoles en el mundo, en especial en América, ha sido escasa y ha estado lastrada por el fra- caso de películas como <em>El Dorado </em>o <em>Cristóbal Colón: el descubrimiento. </em>El crecimiento de la demanda de largometrajes, series y documentales por parte de las cadenas y plataformas de televisión ha ampliado las referencias audiovisuales vinculadas a los exploradores españoles.</strong></p>



<p><strong> Se suele atribuir a la contrarreforma y a la Inquisición esa decadencia. El siguiente momento de esplendor de las exploraciones y de la ciencia en general es la Ilustración, y podemos pensar en la Expedición Malaspina como el luminoso (y desgraciado) cierre de ese periodo.</strong></p>



<p>Desde su indiscutible autoridad, el escritor Stefan Zweig sostenía, en varios de sus libros <em>(Momentos estelares de la Humanidad</em>, publicado en 1927, o <em>Conquistador de los mares</em>, en 1938), que el viaje de Magallanes y Elcano había cambiado para siempre la historia de la Humanidad. En 2003, el productor cinematográfico español Miguel Menéndez se preguntaba: <em>“¿Cómo es posible que nadie hasta ahora haya hecho una película sobre la primera vuelta al mundo?”.</em><br><br>La pregunta de Miguel Menéndez, su perplejidad ante la nula relación del cine, hasta 2003, con una de las mayores aventuras que vieron los siglos, podíamos extenderla y preguntarnos cómo se puede explicar la escasa producción de películas en general y españolas en particular, basadas en las apasionantes historias de los exploradores españoles que cruzaron selvas, desiertos u océanos sin mapa alguno, movidos por la codicia, el afán de aventura, la necesidad, la fe o la poderosa atracción de los mitos.</p>



<p>La debilidad de la industria cinematográfica española, el rechazo a un lado y al otro del Atlántico de la épica de la “conquista” y las complejidades y el coste que podían exigir proyectos transoceánicos, pueden explicar, en parte, por qué hasta el siglo XXI no haya habido apenas interés entre los productores por llevar a las salas y a las televisiones los viajes, las pasiones, la formidables aventuras que caracterizaron la vida de los exploradores, expedicionarios, misioneros y conquistadores españoles.</p>



<p><strong>EL FRACASO DE LA PELÍCULA MÁS CARA DE LA HISTORIA</strong></p>



<p>Un intento por revertir la pobre relación del cine español con la aventura en América fue la producción de <strong><em>El Dorado</em></strong>, la película más cara en la historia del cine español en la fecha de su estreno, 1988. Dirigida por Carlos Saura, narra el viaje de Pedro de Ursúa por el río Marañón en busca de El Dorado, una expedición que partió del puerto peruano de Lamas con dos bergantines, dos barcazas y varias canoas, naves en las que viajaban esclavos, sirvientes y unos 300 españoles entre quienes se encontraba Lope de Aguirre, que acabaría asesinando a Ursúa y comandando el fracaso final de la expedición. Saura tenía como referencia la película <strong><em>Aguirre, la cólera de Dios </em></strong>(1972) dirigida por el alemán Werner Herzog, en la que un impresionante, magnético, Klaus Kinski, encarnaba a Lope de Aguirre. La idea de Saura era narrar el mismo viaje, pero aportando una mayor fidelidad a los hechos que la contenida en el filme de Herzog, conforme a los análisis de los historiadores y la crónica del superviviente en la expedición Francisco Vázquez.</p>



<p>La película más cara de la historia del cine español, <em>El Dorado</em>, resultó un absoluto fracaso. Nominada a nueve premios Goya en 1988 y a la Palma de Oro de Cannes como Mejor Película, no obtuvo ningún galardón. En la taquilla, también se hundió. Los críticos reprocharon al filme su excesivo metraje -149 minutos, algo inusual entonces-, su ritmo lento, su distancia en cuanto a espectáculo frente a lo que se suponía que debía narrar: una gran aventura.</p>



<p>Diferentes medios reprocharon al filme haber dilapidado el mayor presupuesto de la historia en una narración plúmbea. Según el productor, Andrés Vicente Gómez, el presupuesto de <em>El Dorado </em>había recibido una subvención anticipada de 100 millones de pesetas, equivalente al 13 por ciento del coste reconocido de la película, que fue de 780 millones de pesetas. La recaudación en taquilla se situó en 180 millones de pesetas. Cabe suponer que el fracaso económico, de crítica y de público de esta película, dirigida por un maestro del cine, contribuyó a distanciar a productores y directores de las aventuras de los exploradores españoles. Al menos durante unos años.</p>



<p><strong>DOS PELÍCULAS PARA EL QUINTO CENTENARIO</strong></p>



<p>La conmemoración del quinto centenario de la llegada de Cristóbal Colón y sus marineros a la tierra que sería denominada América, conmemoración titulada, en los actos oficiales de 1992, “V Centenario del Encuentro entre Dos Mundos”, impulsó la participación de la Sociedad Estatal Quinto Centenario, creada por el gobierno español, en un magno proyecto cinematográfico dedicado a la hazaña de Colón. La Sociedad firmó un contrato con la empresa de Alexander e Ilya Salkind, productores, entre otros filmes, de la saga de <em>Superman</em>, para participar en la financiación y el apoyo logístico de la película <strong><em>Cristóbal Colón: el descubrimiento, </em></strong>dirigida por John Glen, director, entre otras, de <em>Octopussy y Licencia para Matar, </em>de la saga James Bond. Mario Puzo, autor de <em>El Padrino</em>, participó en el guión. En el reparto, destacaban Georges Corraface (Colón), Tom Selleck (Fernando el Católico), Benicio del Toro (Álvaro Harana), Catherine Zeta Jones (Beatriz Enríquez) y Marlon Brando (Torquemada). La Sociedad Estatal se comprometió a aportar alrededor del 10 por ciento del presupuesto, estimado en 50 millones de dólares. Aportó también asistencia logística, servicios y lo más importante: una réplica, a tamaño real, de las tres carabelas.</p>



<p><em>Cristóbal Colón, el Descubrimiento </em>se estrenó el 21 de agosto de 1992. La crítica no mostró ningún aprecio por el resultado. Peter Reiner, de <em>Los Angeles Times, </em>escribió: <strong>“No es políticamente correcta. Tampoco es cinematográficamente correcta, humanamente correcta ni históricamente correcta”. </strong>La película tuvo seis nominaciones a los Premios Razzie, que distinguen a las peores películas del año. Ganó uno: Tom Selleck, como Peor Actor Secundario.</p>



<p>En las mismas fechas, el ministerio de Cultura español participó en otro gran proyecto cinematográfico sobre el viaje de Colón que coincidió en las carteleras con el de John Glen y los hermanos Salkind: <strong><em>1492: la conquista del paraíso</em></strong>, una producción del francés Alain Goldman y del británico Ridley Scott, dirigida por Ridley Scott y protagonizada por Gerard Depardieu (Colón) Sigourney Weaver (Isabel la Católica) y Ángela Molina (Beatriz Enríquez). La Sociedad Estatal Quinto Centenario fue invitada a participar en el proyecto, pero rehusó respaldarlo porque consideró que el guión contenía algunos perfiles “antiespañolistas”. No obstante, el ministerio de Cultura otorgó a este filme 200 millones de pesetas de subvención, una decisión que motivó críticas en el sector audiovisual español que consideró que esta cantidad se había restado de la destinada a subvencionar producciones españolas.</p>



<p>El filme de Ridley Scott se estrenó el 9 de octubre de 1992. Tampoco obtuvo el aplauso de la crítica, que, con todo, no se mostró destructiva. En <em>Newsweek</em>, David Ansen escribió: <em>“Este espectáculo de 50 millones de dólares puede ser una de las películas épicas menos entretenidas jamás rodadas”. </em>En El País, Ángel Fernández Santos escribió: <em>“La cosa de los Salkind es un atentado contra las panta- llas; no es cine, sino una penosa simulación de cine. En cambio 1492 es siempre cine, y en una gran parte de su metraje, buen cine”. </em>Otros críticos también des- tacaron su calidad visual, al mismo tiempo que censuraban su interés. <em>“1492 es tan hermoso como vació”, </em>dijo el crítico de cine de <em>The Washington Post.</em></p>



<p></p>



<p><strong>MÁS FILMOGRAFÍA SOBRE CRISTÓBAL COLÓN</strong></p>



<p>Las dos películas tuvieron un resultado parecido en la taquilla. <em>Cristóbal Colón: el Descubrimiento </em>sumó en las salas españolas 491.141 espectadores, una cifra parecida a la obtenida por <em>1492: la conquista del paraíso. </em>Diez años antes, en 1982, en los cines españoles se había estrenado una versión grotesca y dispara- tada del viaje de Colón: el filme de Mariano Ozores titulado <em>Cristóbal Colón, de oficio descubridor, </em>protagonizado por Andrés Pajares (Colón). Fiorella Faltoyano (Isabel la Católica) y la pareja de cómicos Zori y Santos (los hermanos Pinzones). Sumó en taquilla más de 1.500.000 espectadores.</p>



<p>Antes de 1992 -y de 1982- el primer viaje de Colón había sido llevado al cine en tres películas destacables. La primera, por orden de antigüedad, es el filme mexicano <strong><em>Cristóbal Colón, </em></strong>producido por Francisco Hormaechea de la Sota, dirigido por José Díez Morales, y protagonizado por Julio Villareal (Cristóbal Colón) y Consuelo Frank (Isabel la Católica). Se estrenó en 1943. Está considerada una obra notable, por su cuidada ambientación, vestuario y puesta en escena, y por su banda sonora, creada por Rodolfo Halfter.</p>



<p>En 1949 se estrenó en el Reino Unido <strong><em>Christopher Columbus, the Great Adventure, </em></strong>protagonizada por Fredic March (Colón) y Florence Eldridge (Isabel la Católica). Réplicas, a tamaño real, de La Niña y la Santa María, viajaron de Cádiz a Londres para el rodaje, en el que resultó completamente dañada, por un incendio, la réplica de la Santa María. El periódico <em>The New York Times </em>consideró el film <em>“una amplia y poco inspirada sucesión de episodios legendarios que en esta cinta resultan sin vida”. </em>El gobierno español, que había colaborado en la creación de las carabelas, resultó molesto por el tratamiento que recibían en este filme tanto Colón como los Reyes y encargó al director Juan de Orduña, que había obtenido grandes éxitos con <em>Locura de amor y Agustina de Aragón, </em>una réplica al filme británico que se completaría, en 1951, con el título de <strong><em>Alba de América.</em></strong></p>



<p>Producida por CIFESA, <em>Alba de América </em>contó con el incondicional apoyo de las autoridades franquistas, que aplaudieron su contenido hagiográfico, glorificador de la hazaña de Colón y del papel de los Reyes Católicos. Antonio Vilar interpretó a Colón y Amparo Rivelles a Isabel la Católica. Contó con la asesoría artística del Marqués de Lozoya, la asesoría histórica de Menéndez Pidal y la asesoría naval del almirante Julio Guillén Tato. Se construyó una carabela para el rodaje de la película. <em>Alba de América </em>llegó a las pantallas en diciembre de 1951. A los largometrajes sobre Colón, se añadiría, en 1992, la serie documental <strong><em>Colón y la Era del Descubrimiento, </em></strong>producción de RTVE; y en 2017 y 2023 breves documentales educativos lanzados en la plataforma You Tube como material audiovisual de apoyo para la asignatura de Historia en la Educación Secundaria Obligatoria (ESO).</p>



<p></p>



<p><strong>PIZARRO, CORTÉS, CABEZA DE VACA, ORDAZ Y BALBOA</strong></p>



<p>Si la filmografía relativa a la gesta de Colón puede parecer escasa, aún más corta resulta la lista de películas dedicadas a los exploradores, conquistadores, misioneros y aventureros españoles en América en el siglo XX, antes de la eclosión de los formatos digitales y el crecimiento de la demanda de largometrajes por parte de las cada vez más numerosas cadenas y plataformas de televisión.</p>



<p>Una de las películas más antiguas y destacadas, entre cuantas abordan la aventura de los exploradores, es <strong><em>Los conquistadores del Pacífico</em></strong>, una producción española estrenada en 1963, dirigida por José María Elorrieta. Narra la carrera como explorador de Núñez de Balboa, desde su salida de Santo Domingo hasta que se convirtió en el primer europeo que divisó el Mar del Sur, luego llamado Océano Pacífico. Frank Latimore encarnó a Núñez de Balboa y Jesús Puente a Francisco Pizarro.</p>



<p>La historia de Francisco Pizarro fue llevada al cine en la producción británica de 1969 <strong><em>La caza real del sol. </em></strong>Dirigida por el estadounidense Irving Lerner, contó con un guión basado en un drama de Peter Shaffer, autor de <em>Amadeus</em>, y con un reparto notable, encabezado por Christopher Plummer (Atahualpa) y Robert Shaw (Francisco Pizarro).</p>



<p>En 1972, se estrenó la producción de la RFA, Alemania del Oeste, <strong><em>Aguirre o la cólera de Dios, </em></strong>dirigida por Werner Herzog. En 1988, se estrenó <strong><em>El Dorado, </em></strong>de Carlos Saura. La búsqueda de la ciudad mítica, la ciudad de oro escondida en la Amazonia, es el eje central de <strong><em>El Dorado: El Templo del So</em></strong>l (2000) y <strong><em>La ruta hacia el Dorado </em></strong>(2000). La primera es un filme de aventuras, sucedáneo de Indiana Jones, sin relación con las crónicas de los exploradores españoles. <em>La ruta hacia El Dorado </em>es un filme de animación producido por Dream Works, la productora de Steven Spielberg, que cuenta la historia de dos estafadores que tras conseguir en España un mapa de El Dorado llegan al destino que buscaban y son confundidos con dioses. Las voces originales de los personajes fueron aportados por Kevin Kline, Kenneth Branagh y Armand Assante, la banda sonora fue de Hans Zimmer y contó con canciones escritas por Elton John y Tim Rice.</p>



<p>La figura de Hernán Cortés aparece en el filme mexicano <strong><em>La otra conquista </em></strong>(1998) que narra, desde el punto de vista de un hijo del emperador Moctezuma, el sufrimiento azteca por la imposición de una nueva cultura y religión. En 2019, se estrenó la serie <em>Hernán</em>, una coproducción de RTVE y TV Azteca, en la que Óscar Jaenada interpretaba el papel de Cortés.</p>



<p>Otra coproducción hispanomexicana llevo a las pantallas <strong><em>Cabeza de Vaca </em></strong>(1991), dirigida por Nicolás Echeverría con Juan Diego en el papel del explorador español. En clave documental hay que destacar la producción mexicana de <strong><em>Hernán Cortés, un hombre entre Dios y el diablo </em></strong>(2016) dirigido por Fernando González-Sitges, que muestra la cara más humana del conquistador, un personaje lleno de luces y de sombras. Producción también mexicana, sin participación española, fue la película <strong><em>Epitafio </em></strong>(2015), dirigida por Rubén Imaz y Yulene Olaizo- la. Narra el ascenso de Diego de Ordaz y dos compañeros al volcán Popocatépetl, una misión de vital importancia para el ejército aliado comandado por Cortés.</p>



<p></p>



<p><strong>ECOS DEL ENCUENTRO DE LOS ESPAÑOLES CON AMÉRICA</strong></p>



<p>Varias películas, series y documentales han tratado, ya en este siglo, de la llegada de los españoles a América de forma genérica o desarrollando a la vez la historia de varios de sus principales protagonistas. Es el caso de <strong><em>Oro </em></strong>(2017) de Agustín Yanes, en la que resuenan ecos de las expediciones de Orellana, Ursúa y Lope de Aguirre, y de <strong><em>También la lluvia </em></strong>(2010), coproducida por México, Francia y España, dirigida por Iciar Bollaín, que narra el intento de rodaje en Bolivia durante la llamada Guerra del Agua de una película sobre Cristóbal Colón, con referencias y reflexiones sobre el legado de los exploradores.</p>



<p>Diferentes cadenas o plataformas productoras o distribuidoras de TV han abordado también historias, generales o particulares, de los españoles del siglo XVI en América. <strong><em>Conquistadores:</em></strong> <strong><em>Adventum</em></strong> (2017) es una serie producida y distribuida por Movistar Plus, que narra, en ocho capítulos, cómo fueron los primeros 30 años del descubrimiento por parte de los españoles del territorio americano y su conquista. Globomedia y Colombiana Dynamo produjeron para Antena 3 la miniserie <strong><em>El corazón del océano </em></strong>(2014), adaptación del libro de Elvira Me- néndez que narra el viaje de ochenta mujeres jóvenes de familias hidalgas a Pa- raguay. RTVE, participó con Chilevision en la producción de <strong><em>Inés</em></strong> <strong><em>del</em></strong> <strong><em>alma</em></strong> <strong><em>mía </em></strong>(2020), serie de 8 episodios, basada en el libro del mismo título de Isabel Allende. Narra la historia de Inés Suárez, que formó parte de la expedición a Chile de Pedro de Valdivia y participó en la fundación de Santiago de Chile.</p>



<p>Sin referencias concretas a la nacionalidad del padre Gabriel (Jeremy Irons) y del capitán Rodrigo de Mendoza (Robert de Niro) la historia que cuenta <strong><em>La misión </em></strong>(1986), producción británica dirigida por Roland Joffe, tiene como telón de fondo el Tratado de Madrid (1750), la disputa entre España y Portugal por la Colonia del Sacramento, y, sobre todo, el papel de la Compañía de Jesús en los asentamientos de indígenas conocidos como las reducciones jesuíticas.</p>



<p></p>



<p><strong>CINE Y TV SOBRA LA PRIMERA VUELTA AL MUNDO</strong></p>



<p>El quinto centenario del comienzo de la primera expedición que dio la vuelta al mundo se presentó en el calendario sin que existiera una película sobre la aventura, como comentaba, asombrado, en 2003, el productor Miguel Menéndez. El propio Menéndez impulsó ese mismo año la realización de una serie sobre el viaje de Magallanes y Elcano que acabarían produciendo Mono Films, Fulwell 73 y Kilima Media, para distribuirla por RTVE, con un presupuesto de 25 millones de euros, lo que la convertiría en una de las producciones más caras de la historia de las series para televisión. La serie, titulada <strong><em>Sin límites</em></strong>, fue dirigida por Simón West, director, entre otras, de <strong><em>Con Air y Lara Croft: Tomb Raider, </em></strong>y protagonizada por Rodrigo Santoro (Magallanes) y Álvaro Morte (Elcano). Acabaría estrenándose en 2022. Antes, había llegado a las pantallas de cine la película de animación <strong><em>Elcano y Magallanes, la primera vuelta al mundo </em></strong>(2019), una producción de RTVE, ETB y Dibulitoon Studios, y a las pantallas de televisión los documentales de RTVE <strong><em>La primera vuelta al mundo </em></strong>(2019) y <strong><em>La ruta infinita </em></strong>(2022), cuya temática, la primera vuelta al mundo, fue también tratada en la serie documental, de seis capítulos, <strong><em>La primera vuelta al mundo </em></strong>(2019), producida y emitida por el Canal Historia, y por el documental <strong><em>Rumbo a las Molucas </em></strong>(2019), patrocinado por la Diputación de Cádiz, con la colaboración del Archivo General de Indias de Sevilla y la Fundación Nao Victoria, rodado en más de 35 localizaciones.</p>



<p></p>



<p><strong>LAS EXPEDICIONES EN ÁFRICA, EL ÍNDICO Y EL PACÍFICO</strong></p>



<p>La huella de los exploradores españoles en África solo tiene una referencia audio- visual: el documental <strong><em>Manuel</em></strong> <strong><em>Iradier,</em></strong> <strong><em>en</em></strong> <strong><em>busca</em></strong> <strong><em>de</em></strong> <strong><em>lo</em></strong> <strong><em>desconocido</em></strong> (2013), una producción de RTVE y ETB, que relata la vida de Manuel Iradier y Bulfy y sus expediciones por el Golfo de Guinea y el actual territorio de Guinea Ecuatorial.</p>



<p>El documental <strong><em>El galeón de Manila y la primera globalización </em></strong>(2015), producido por RNE, describe la importancia de la ruta comercial del galeón de Manila, basada en el hallazgo del tornaviaje por Andrés de Urdaneta.</p>



<p>Dos producciones del Canal Historia viajaron, también, al Índico y al Pacífico para documentar expediciones pioneras protagonizadas por navegantes españoles. El documental <strong><em>En busca de las Molucas: el sueño de las especias </em></strong>(2007), de Canal Historia, se centra en las expediciones lideradas por García Jofre de Loaysa, Miguel de Legazpi y los viajes de Andrés de Urdaneta. posteriores al viaje de Magallanes y Elcano. La serie documental <strong><em>Pacífico; los hombres del mar </em></strong>(2013), también de Canal Historia, incluye referencias a las grandes expediciones españolas al Pacífico lideradas por Álvaro de Mendaña, Isabel Barreto, Pedro Fernández de Quirós y Luis Váez de Torres.</p>



<p>La última gran expedición española recogida en un documental para la televisión es <strong><em>Malaspina, el mar no basta </em></strong>(2007), una producción de RTVE centra- da en la figura del Alejandro Malaspina y en la histórica expedición que lideró junto con José Bustamante y Guerra, entre 1789 y 1794, y que denominó, en su informe final, “viaje político científico alrededor del mundo”<br><br><em>* Mariano López es periodista.</em></p>



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		<title>El hilo de Ariadna de la Ciencia española</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/hilo-ariadna/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Apr 2025 11:20:24 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 80]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>La paleoantropología, la ciencia que investiga la evolución humana, vive un buen momento. Así lo cree Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca, director científico del Museo de la Evolución Humana </p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Juan Luis Arsuaga</strong></p>



<p>Boletín 80 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Arqueología: un viaje al pasado<br><br>La paleoantropología, la ciencia que investiga la evolución humana, vive un buen momento. Así lo cree Juan Luis Arsuaga, codirector de Atapuerca, director científico del Museo de la Evolución Humana y uno de nuestros científicos más reconocidos, en este breve resumen de los logros conseguidos por esta ciencia en nuestro país, de los yacimientos extraordinarios puestos a la luz en las últimas décadas y de su transcendencia. La comunidad científica internacional está más pendiente que nunca de lo que se investiga en España.</p>



<p>En la Universidad de Cambridge, donde pasé algunos meses en unos de sus departamentos, se cuenta la siguiente historia. Un profesor americano que estaba de visitante en la Universidad se asombraba de lo bien que lucían los céspedes de los “colleges”. Hay que decir que los céspedes de los colegios no se pueden pisar… salvo que se sea “fellow” de ese colegio, o se acompañe a un “fellow”. Esa fue la primera lección que aprendí en Cambridge.</p>



<p>El profesor americano, intrigado, se dirigió al jardinero de su colegio, con el que ya se había familiarizado porque lo veía trabajar todos los días. “¿Cómo consiguen ustedes tener el césped tan tupido y tan mullido”?, le preguntó.</p>



<p>El jardinero le explicó sus técnicas de cultivo de los céspedes: sembrado, abonado, riego, siega, etc. “Eso ya lo hacemos nosotros y nuestros céspedes no pueden compararse con los suyos”, le contestó el profesor americano. A lo que el jardinero inglés contestó: “Es que hay que hacerlo durante 700 años”.</p>



<p>Bueno, yo pertenezco a una universidad que tiene más de cinco siglos, y nuestros céspedes no parecen tan bien cuidados. O quizás sí y no nos hemos dado cuenta. El cultivo al que me estoy refiriendo, metafóricamente, es al cultivo del espíritu, y más concretamente el de la ciencia, que como decía el biólogo americano Edward O. Wilson es parte de las humanidades. ¿Qué otra cosa va a ser la ciencia, sino humanidades?</p>



<p>Los que nos interesamos por la historia de la ciencia española hemos pintado un cuadro que es cierto a grandes rasgos, pero no del todo exacto si nos aproximamos al lienzo y lo observamos más de cerca.</p>



<p>Visto a cierta distancia el panorama histórico de la ciencia española puede resumirse en grandes momentos luminosos seguidos de etapas prolongadas de oscuridad. Esta visión se aplica por igual a todas las ciencias, incluidas las geográficas. El primer momento de brillantez corresponde al Renacimiento, que fue la edad de oro de la medicina española y no digamos de la navegación, de la exploración y de las ciencias naturales, además de la descripción de las culturas americanas que se encontraron los castellanos.</p>



<p>Luego, en el Barroco, que es el periodo en el que nace verdaderamente el método científico y cuando por lo tanto amanece la ciencia, la contribución española al conocimiento del mundo y de sus maravillas parece perder empuje. Se suele atribuir a la contrarreforma y a la Inquisición esa decadencia. El siguiente momento de esplendor de las exploraciones y de la ciencia en general es la Ilustración, y podemos pensar en la Expedición Malaspina como el luminoso (y desgraciado) cierre de ese periodo.</p>



<p>Tanto el Renacimiento como la Ilustración tienen un elemento en común, y una lección para el presente. En aquellos momentos España atraía sabios de todo occidente. No se llega a ser una potencia económica o cultural solo con lo que produce la tierra. Hay que incorporar el talento que se pueda de fuera. El Regeneracionismo del siglo XX, tras la pérdida de las últimas colonias, habría significado un renacer para la ciencia española, terminado bruscamente con la guerra civil.</p>



<p>Y luego llega la democracia y la ciencia española actual, que objetivamente hablando puede considerarse muy digna en general, y en numerosos campos, puntera. Y eso a pesar de las raquíticas inversiones públicas en nuestras universidades y centros de investigación. Para que luego digan que no existen los milagros.</p>



<p>Sin embargo, esta simplificación de la historia de la ciencia española es excesiva, porque no es difícil encontrar eslabones intermedios entre los momentos estelares. Mejor o peor, nosotros también llevamos 700 años cuidando el césped. Y creo que ese es nuestro trabajo en la actualidad: descubrir la continuidad de la ciencia española. El invisible hilo de Ariadna que une a los médicos españoles del siglo XVI con Santiago Ramón y Cajal y su extraordinaria escuela, por poner un ejemplo. Siempre hubo jardineros que se ocuparon del césped, volviendo a la metáfora paisajista. Todos los maestros han tenido maestros.</p>



<p>Y como yo me ocupo de una disciplina, la evolución humana, que bebe de la anatomía humana y de la anatomía comparada, de la paleontología y de las tres ciencias “geo”: geografía, geología y geobotánica (o ecología, si lo preferís), me toca contribuir a esta tarea.</p>



<p>La mundialmente famosa sierra de <strong>Atapuerca</strong>, que alberga los yacimientos en los que más he trabajado, no es una excepción. Es la regla, extraordinaria en este caso, pero la regla al fin y al cabo de la investigación prehistórica española, que tiene antecedentes tan ilustres como <strong>Altamira</strong></p>



<p>No quiero en este breve texto elaborar una lista de nombres de preeminentes científicos, porque son muchos, pero sí hacer constar que antes de la guerra civil fueron numerosos los yacimientos excavados y las estaciones de arte rupestre descubiertas, como suele decirse “en mitad el campo”. Y el campo en aquella época no facilitaba las cosas a los investigadores. El país estaba todavía por explorar para la ciencia, y muy mal comunicado.</p>



<p>Y no me olvido del estudio de los climas del pasado, de la Edad del Hielo y de los glaciares, que merecen especial atención porque se encuentran en las montañas más altas, en lugares muy remotos y de complicado acceso. Y sin embargo es impresionante la precisión con la que fueron cartografiados por los maestros de nuestros maestros.</p>



<p>Entre los yacimientos paleolíticos al aire libre es imposible no referirse a <strong>Torralba</strong>, en Soria, de donde salían enormes huesos y muelas de elefantes y maravillosos bifaces. Por no hablar de las <strong>terrazas del Manzanares </strong>y de tantos otros lugares conocidos en todo el mundo científico. Y llegamos así a <strong>Atapuerca</strong>, en Burgos, que tantas alegrías ha dado a la ciencia española en las últimas décadas del siglo pasado y las primeras de este. Lo que tiene Atapuerca sobre todo es un registro arqueo-paleontológico muy completo que abarca más de un millón de años.</p>



<p>Entre los miles de fósiles de animales y de herramientas de piedra de Atapuerca hay también restos humanos. Más abundantes que en cualquier otro lugar. Los más antiguos vienen de un yacimiento que se llama Sima del Elefante, y son una mandíbula y parte de una cara que tienen un millón y pico de años. Un pico muy largo, de más de un cuarto de millón de años. Por su antigüedad procede clasificarlos -de momento- como pertenecientes a la especie fósil <em>Homo erectus. </em></p>



<p>Gracias a estos restos sabemos que esta especie, que conocíamos en África y en Asia, también penetró en Europa, llegando hasta sus confines, las tierras más occidentales del continente.</p>



<p>Los siguientes fósiles en antigüedad se han encontrado en el <strong>yacimiento de Gran Dolina. </strong>Hablo en pasado, pero todos los yacimientos que menciono aquí están actualmente en excavación y siguen produciendo fósiles humanos. De Gran Dolina tenemos abundantes fósiles, y se espera encontrar muchos más porque tuvo lugar allí un festín caníbal hace casi un millón de años. No fue un canibalismo ritual o simbólico, sino que parece que hubo conflicto entre grupos rivales, lucha, muerte, y antropofagia. Como fueron muchas las víctimas, los restos del festín –o festines- son abundantes. Estos fósiles de hace casi un millón de años no pertenecen a la línea de los neandertales ni a la nuestra. Aparentemente los neandertales y los humanos modernos (los “sapiens”) todavía no se habían empezado a separar evolutivamente, o apenas lo habían hecho.</p>



<p>Es decir, que no son ni neandertales primitivos ni “sapiens” primitivos, sino una población perteneciente al tronco común del que proceden unos y otros. Algo así como unos <em>Homo erectus </em>“evolucionados”. Para distinguirlos les hemos puesto el nombre de <em>Homo antecessor.</em></p>



<p>Corresponde ahora hablar de la <strong>Sima de los Huesos</strong>. Por decirlo sencillamente es una acumulación increíble de fósiles. Estos fueron los primeros que se encontraron en Atapuerca, en el año 1976.</p>



<p>Aquí los huesos no muestran señales de que a esa gente se la hubieran comido unos antropófagos, sino que todo parece indicar que dejaron caer los cadáveres a la sima sus familiares y compañeros de grupo. Una práctica, en resumen, de tipo mortuorio, como se dice técnicamente. No nos atrevemos a afirmar que sea simbólica, o ritual, es decir, un comportamiento funerario, pero podría serlo porque con los esqueletos se encontró un hacha de mano que tal vez significara algo. Y el mero hecho de acumular tantos cadáveres (cerca de treinta) en un mismo lugar y repetidamente ya indica que el sitio tenía un valor especial para la comunidad.</p>



<p>Desde el punto de vista evolutivo, esta población de la Sima de los Huesos corresponde a neandertales incipientes. Lo sabemos por la anatomía, pero además porque estos fósiles han proporcionado el ADN humano más antiguo que se conoce. En otro yacimiento de Atapuerca, llamado Galería, también han aparecido un par de restos de estos preneandertales.</p>



<p>Los neandertales están representados en Atapuerca por dos yacimientos: <strong>Cueva Fantasma y Galería de las Estatuas. </strong>En este último yacimiento se recuperó ADN de varios neandertales directamente del sedimento, sin necesidad de muestrear huesos o dientes. Todo un hito para la historia de la investigación del ADN antiguo.</p>



<p>Y por supuesto también hay yacimientos holocenos magníficos, como <strong>El Portalón de Cueva Mayor </strong>y la <strong>cueva del Mirador, </strong>que han contribuido decisivamente a establecer cómo se formaron las poblaciones europeas actuales.</p>



<p>Al mismo tiempo que se sucedían los grandes hallazgos y publicaciones en Atapuerca, España y Portugal vivían una edad dorada para la Prehistoria. Han aparecido nuevas manifestaciones artísticas en cuevas españolas -citemos <strong>La Garma </strong>(Cantabria) como un caso excepcional- y se ha producido un cambio de paradigma en el arte paleolítico.</p>



<p>Tradicionalmente se asociaba el arte figurativo a lugares oscuros y prohibidos en el interior de cuevas pero se ha descubierto en las últimas décadas que con frecuencia decoraban valles enteros o promontorios, grabando animales en las rocas. A mí me gusta pensar que para aquellos antepasados nuestros toda la geografía era sagrada.</p>



<p>En fin, tenemos ahora un registro paleontológico espléndido de los neandertales, con yacimientos muy ricos, como <strong>El Sidrón </strong>(Asturias), la <strong>Sima de las Palomas </strong>(Murcia), <strong>Cueva Foradada </strong>(Comunidad Valenciana), y muchos otros. Y también testimonios pictóricos (aunque no figurativos) de comportamiento simbólico de los neandertales en tres cuevas decoradas en Cantabria, Extremadura y Andalucía. Sin olvidarse de <strong>Pinilla del Valle </strong>(Comunidad de Madrid), donde los neandertales acumularon en una cavidad cráneos de animales con cuernos (rinocerontes, ciervos, bisontes y uros) a modo de trofeos de caza.</p>



<p>Todo esto sin pretender agotar ni mucho menos la lista de los yacimientos ibéricos que proporcionan información sobre los neandertales, que ahora tienen a toda la comunidad científica pendiente de la península ibérica.</p>



<p>En resumen, el césped de la ciencia no ha dejado nunca de cultivarse en España, algo que debemos reivindicar ante el mundo, pero ahora vive uno de sus momentos más verdes. Y que siga así ya para siempre, sin sobresaltos. Para ello es imprescindible que colabore con el jardinero el director del “college”.<br><br><em>* Juan Luis Arsuaga es paleoantropólogo y escritor. Doctor en Ciencias Biológicas y catedrático de Paleontología por la Universidad Complutense de Madrid. Es Codirector de Atapuerca y director científico del Museo de la Evolución Humana. Es vicepresidente de la Sociedad Geográfica Española.</em></p>
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		<title>Tarteso. El Dorado de occidente</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/tarteso/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Apr 2025 10:58:17 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Arqueología]]></category>
		<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 80]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Hace unos 2800 años, durante un momento histórico que aún no sabemos delimitar con precisión, la península ibérica se convirtió en El Dorado </p>
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<p><strong>Texto: Emma Lira </strong></p>



<p>Boletín 80 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Arqueología: un viaje al pasado</p>



<p><strong>Hace unos 2800 años, durante un momento histórico que aún no sabemos delimitar con precisión, la península ibérica se convirtió en El Dorado para los pueblos de Oriente. Fenicios, griegos, cartagineses y romanos, por este orden, arribaron a sus orillas para explotar sus riquezas minerales y volver cargados de plata y de leyendas. Entre ellas destacaba la de la existencia de un próspero y riquísimo territorio gobernado por un longevo rey. No conocemos el nombre con que sus habitantes se denominaban a sí mismos, pero los griegos lo llamaban Tarteso.</strong></p>



<p>En el mes de junio de 2023, el descubrimiento de los fragmentos de cinco relieves antropomorfos en la excavación de Casas del Turuñuelo, en la localidad de Guareña, Badajoz, volvió a traer a la actualidad un debate que tuvo su momento álgido hace un siglo: la existencia de una civilización o cultura, desaparecida en torno al siglo V a.C. a la que los navegantes e historiadores griegos y romanos conocieron bajo el nombre de Tarteso. La adscripción a esta cultura de tintes míticos no es casual. El presunto espacio cultual en el que se encontraron, pese a presentar algunas importantes novedades, comparte características con otros espacios similares. La peculiaridad radica en su emplazamiento, mucho más al norte de del lugar en que la Historia había ubicado tradicionalmente a Tarteso.</p>



<p><strong>TARTESO ¿MITO O REALIDAD?</strong></p>



<p>La idea más compartida entre los historiadores es la de que, probablemente, Tarteso fuese originariamente una ciudad-estado rica en metales ubicada más allá del estrecho de Gibraltar, en algún lugar del triángulo formado por Cádiz, Huelva y Sevilla entre los siglos XI y VI a.C. El comienzo de este largo período carece de fuentes históricas fidedignas. Lo único que podemos afirmar con prudencia es que, tras la caída de la talasocracia micénica, diferentes pueblos se expandieron por el Mediterráneo buscando su propia hegemonía.</p>



<p>Son fuentes muy posteriores las que comienzan a hablar de ese Tarteso mítico. Herodoto nos cuenta la aventura de Kolaios de Samos, que llega hasta sus costas siguiendo las indicaciones de un marino naufragado, y que vuelve de allí con tanta riqueza, que deja una ofrenda contando su periplo en el templo de Hera; o las de los navegantes foceos, a quien el legendario rey Argantonio, también llamado el hombre de la Plata, ofrece tierras para que se instalen en su territorio huyendo de la amenaza persa, y a los que finalmente, entrega dinero para que amurallen su polis con el objeto de impedir la entrada al invasor. De alguna manera parecen relatos casi propagandísticos destinados a ensalzar las bondades de un territorio, pero ¿con que objetivo?</p>



<p>Sebastián Celestino, co-director de la excavación de casas del Turuñuelo tiene su propia hipótesis al respecto. El hecho de que la cultura helena sitúe las columnas de Hércules en el estrecho de Gibraltar y uno de los míticos trabajos del héroe en la península ibérica, como es el robo de los bueyes de Gerión, parece lanzar un interesante mensaje a los navegantes de las polis griegas: ese mar desconocido que se extiende al otro lado del Mediterráneo es también conquistable. Los semidioses griegos ya han estado allí, lo han habitado y lo han vencido. Celestino considera que, ante la innegable ventaja que los fenicios tienen como conocedores de los puertos peninsulares (Gadir, la actual Cádiz fue fundada por colonos de Tiro en torno al siglo X a. C.), y al hecho de que no solo hayan monopolizado la actividad comercial, sino que probablemente también puedan acceder desde la península a las rutas del preciado Estaño de las islas Casitérides, la función de la mitología en este momento es la ayudar a eliminar los presuntos monstruos que amenazaban las rutas de navegación desconocidas para impulsar el comercio con otros territorios. Las leyendas hablan de embarcaciones que vuelven de Tarteso con tanta riqueza que, cuando ya no pueden transportar más peso, mandan hacer sus anclas de plata para llevar aún más metales preciosos. Los escasos textos transmiten la idea un Tarteso tan idealizado, que <em>La Ora Marítima </em>de Avieno, escrita en el siglo IV d.C. siguiendo presuntamente una carta náutica fenicia continúa dando noticias de una ubicación que, para ese momento, lleva siglos desaparecida.</p>



<p><strong>TARTESO, UNA NUEVA TROYA</strong></p>



<p>No será hasta el siglo XV cuando la mítica civilización despierte la curiosidad de los investigadores, al menos desde un punto de vista filológico. <strong>Antonio de Nebrija </strong>es el primero en asociar el presunto topónimo de Tarteso a una isla que se habría formado entre los dos brazos de la desembocadura del Guadalquivir. El religioso <strong>Juan de Pineda </strong>asocia por primera vez Tarteso con la Tarsis bíblica, el lugar desde donde llegaban embarcaciones llenas de riquezas para que el rey Salomón construyera el templo de Jerusalén, dejando esa asociación de ideas establecida para siempre. La investigación internacional llega más tarde y ya no se conforma con analizar los textos escritos. En el siglo XIX, el pintor e hispanista francés <strong>George Edward Bonsor, </strong>establecido en Carmona en los años 80, comienza a excavar los poblados prerromanos del río Betis, y en los elementos hallados encuentra un patrón oriental, que asocia con la presencia fenicio-púnica en el sur de España. Bonsor acertó de pleno en cuanto a la influencia exógena en aquellos materiales que aparecían en el sur de la península ibérica y comenzó a interpretar Tarteso como una realidad cultural, pero siguió buscando una presunta capital, los restos de la mítica ciudad que se le resistía.</p>



<p>A esa búsqueda se sumó pronto el hispanista alemán <strong>Adolf Schulten</strong>. Probablemente espoleado por su éxito en Soria ubicando los campamentos romanos que sitiaron la ciudad de Numancia a través de la interpretación de fuentes filológicas clásicas, Schulten, admirador de Schliemann, intenta, como el descubridor de Troya, hallar la mítica Tarteso buceando en fuentes filológicas y rescatando textos clásicos como la <em>Ora Marítima </em>de Avieno, que el mismo traduciría en el año 1922. La próspera civilización borrada para siempre de la historia despierta su imaginación, por lo que a él le debemos la teoría que vincula Tarteso con la perdida Atlántida de la que habla Platón (Tartesos und Atlantis, 1927). Bonsor adopta la tesis de los Pueblos del Mar, en la que diferentes flotas, en torno al 1200 a.C. irrumpen en el Mediterráneo Oriental, conquistando territorios y cambiando el equilibrio de poder entre las civilizaciones que existían previamente. Para él, los <em>Tirsenoi</em>, procedentes de Lidia habrían dado lugar a los <em>tirrenoi </em>o etruscos en la península itálica y a los tartésicos en el sudoeste de la península ibérica. Éstos se habrían desarrollado a raíz de la colonización fenicia de la península, en torno al X a. C. y habrían alcanzado su momento culmen tras el contacto comercial con los diferentes pueblos griegos, en torno al siglo VIII a.C. antes de entrar en una rápida decadencia.</p>



<p><strong>José Ortega y Gasset </strong>apoya sus tesis mediante la traducción de su obra, vinculando la mítica civilización con las culturas del Egeo y especialmente con Creta. También <strong>Blas Infante</strong>, en 1915, tratando de diferenciar la identidad andaluza del resto de España expone en el Ideal Andaluz (1915) la idea de una procedencia griega. Schulten se asociará con George Bonsor para lanzarse a la búsqueda de la presunta ciudad de Tarteso en Doñana. Surge así el primer mapa del delta de Tarteso (hoy en la Hispanic Society of América), dibujado por Bonsor que explora el concepto de Golfo Tartésico -el que los romanos denominaron Lago Licustuno-. En esta “nueva geografía” que admite la existencia de un mar interior que debió colmatarse dando paso a las marismas de Doñana, tanto Sevilla como numerosas ciudades del Valle del Guadalquivir habrían tenido en el pasado un puerto de mar. Tarteso comienza a dejar de ser una ciudad para convertirse, presuntamente, en un territorio con diferentes núcleos comunicados entre sí. En el transcurso de sus excavaciones Bonsor llega a encontrar en la localidad de Carmona una serie de tumbas de reminiscencias fenicias, pero nadie las conecta con la idea de Tarteso, porque, impregnada del antisemitismo imperante en Europa en la década de los 40, la historia busca un origen indigenista de Tarteso, algo que, como mucho no tenga lazos con la presencia fenicia y cuyas influencias deberían ser idealmente griegas.</p>



<p><strong>EN BUSCA DE LA CIUDAD PERDIDA</strong></p>



<p>La ciudad perdida no aparece nunca, pero comienzan a surgir diferentes objetos de clara inspiración oriental, como el llamado Bronce Carriazo, el jarrón de La Zarza, o el jarro de Valdegamas, aunque ninguno de ellos puede vincularse con un yacimiento concreto pues aparecen asociados a excavaciones de urgencia, colecciones privadas o expolios. En Huelva, los especialistas <strong>Blanco Freijeiro </strong>y <strong>García y Bellido </strong>son los primeros en hablar de una cultura orientalizante en un momento en el que ya el país está más preparado para aludir a una ascendencia semita. El <strong>tesoro del Carambolo</strong>, descubierto en Sevilla de forma accidental en el año 1958 y conformado por piezas de oro macizo elaboradas mediante diferentes técnicas mezcla también elementos indigenistas y orientales. Tras esta evidencia, el simposio de Jerez de la de la Frontera, en el año 1968, supuso el punto de inflexión para abordar una búsqueda, ahora ya sí, desde el punto de vista arqueológico. Entre los años 60 y 80 se excavaron diferentes emplazamientos en Marqués de Saltillo, Carmona, Cerro Macareno, Setefilla, Mesas de Asta, Coria del Río o la necrópolis de la Joya, en Huelva, que aportaron valiosa información sobre la organización social, o los rituales de enterramiento. Surge una nueva tesis: la de que la llegada de los comerciantes fenicios, en torno al siglo IX, encontrase una gran receptividad por parte de los habitantes indígenas. Renace así la importancia de la colonización fenicia y comienza a analizarse su capacidad para influir en comunidades anteriores, teniendo en cuenta los procesos de aculturación y sincretismos que caracterizaban a este período. Los descubrimientos arqueológicos continuados aportaron nuevas claves que hicieron pensar que Tarteso era algo mucho más amplio y que es la influencia fenicia la que cambia el paradigma, generando una nueva jerarquía en las comunidades preexistentes y una nueva clase aristocrática, especialmente visible en las necrópolis. Pero esta ya no es la única versión. Desde hace dos décadas han surgido nuevas evidencias y modelos interpretativos que proponen un protagonismo compartido tanto por las poblaciones locales como por los colonos fenicios. De hecho, uno de los aspectos que había pasado desapercibido hasta este momento era la invisibilidad de los fenicios en las fuentes clásicas, ya que no serían considerados como tales sino por el lugar geográfico en el que se encontraban (mastienos, tartesios etc). La Tarteso de las crónicas griegos sería, por tanto, un área comprendida entre el peñón de Gibraltar y la desembocadura del Guadiana.</p>



<p>Tiro, en el actual Líbano, ejerció de metrópoli y Gadir, la actual Cádiz, con su santuario de Melkart se consagró como la prolongación del estado tirio en Iberia. La idea de santuarios dedicados a las deidades traídas de Oriente, como ocurre en El Carambolo, transmiten una intención de permanencia y funcionalidad. Los primeros colonizadores fenicios debieron encontrar en el Sur de Iberia unas sociedades como las del Bronce Final, con guerreros, pero sin ejércitos. Las respuestas a su llegada pudieron ser diversas y no cohesionadas y no puede descartarse que se utilizara mano de obra esclava en esta primera fase, sobre todo para tareas relacionadas con la extracción de metal. En una segunda fase se generalizaría esta interacción y habría una mayor mezcla y un probable incremento demográfico. La tercera fase sugiere ya un esplendor derivado de la connivencia entre las élites locales y los navegantes fenicios. En la actualidad los especialistas trabajan con varias ubicaciones. La primera, el triángulo agrícolaminero entre Cádiz, Sevilla y Huelva, sería el núcleo de Tarteso, el lugar donde, se instalaron los fenicios cuando llegaron a la península Ibérica. La segunda, la costa atlántica portuguesa, desde el cabo de San Vicente hasta el estuario del Tajo y la tercera, el Valle del Guadiana.</p>



<p><strong>AUGE, EXPANSIÓN Y CAÍDA DE TARTESO</strong></p>



<p>¿Cómo cambia la sociedad del suroeste de la península ibérica en esta época? Las aportaciones fenicias se integran perfectamente en la cultura indígena. La casa cuadrangular sustituye a la de planta redonda y genera un nuevo tipo de urbanismo. Llega la alfarería con el torno y en la orfebrería comienzan a integrarse nuevas técnicas orientales, como la filigrana, que permite el ahorro de oro. Los fenicios traen con ellos también el vidrio, y cultivos como el olivo y la vid. Aportan un alfabeto del que se han encontrado réplicas con peculiaridades locales, aunque aún no ha conseguido descifrarse y, por supuesto traen consigo armas y herramientas de labranza de hierro, lo que oficialmente supone el tránsito a esta nueva edad.</p>



<p>Sin que se conozcan muy bien los motivos, y en el transcurso de lo que los historiadores denominan la crisis de Tarteso, la cultura tartésica, probablemente perfectamente hibridada, se expande hacia el Norte, hacia la zona del Valle del Guadiana. En la década de los 70 del pasado siglo, en la zona de Extremadura comienzan a aparecer diferentes construcciones que sorpresivamente se identifican como tartésicas. Su nivel de conservación es espectacular, pues a diferencia de las principales ciudades, su ubicación en el campo y la manera en que se abandonaron las han preservado para la eternidad. La mayoría, como Cerro Borreguero o Cancho Roano, se corresponden con centros de poder político y religioso y nos permiten atisbar su relación con la religión y dioses del espectro fenicio como Baal o Astarté. Los diferentes estudios hablan de una economía basada en la minería y la agricultura y los restos hallados muestran una actividad comercial con Grecia y el Levante peninsular. Todos adoptan una estructura similar a la del Carambolo, que, a su vez, copia la planta del antiguo templo de Melkart que visitaron Aníbal o Julio Cesar. Pero hay algo más. Una peculiaridad en el modo en que fueron abandonados.</p>



<p>El yacimiento de <strong>Cancho Roano</strong>, en la localidad de Zalamea de la Serena fue el primero en que se observó una intencionalidad que las excavaciones en <strong>Casas del Turuñuelo </strong>parecen corroborar. El edificio se cerró de forma ritual en el siglo V a. C. y fue completamente tapado, lo que ha permitido que se haya conservado intacto hasta ahora, completamente enterrado bajo un túmulo, a la espera de que, como sucedió, alguien diera con él. ¿Por qué se abandonó, de forma aparentemente voluntaria, al igual que en algunos otros yacimientos, en el mismo momento? Se desconocen aún los motivos. Los historiadores han aceptado ya que en el siglo V a.C. se produce una gran crisis que tiene su raíz en el Mediterráneo y que culmina con la desaparición de Tarteso. Pudo tener varias causas: económica, como consecuencia de la explotación minera; bélica, con la amenaza de los celtas desde el Norte; comercial, tras el enfrentamiento entre Cartago y Grecia y el nuevo dominio del Mediterráneo por parte de los primeros; climatológica, con temporadas de sequías y malas cosechas, o geológicas con la aparición de terremotos y tsunamis periódicos como el que afectaría a Lisboa mucho más tarde, en el siglo XVIII. Las investigaciones geológicas y sobre paleopaisaje permiten conocer muchos detalles que antes no se tenían en cuenta y que complementan la investigación arqueológica. En cualquier caso, quizá no por casualidad, la abrupta desaparición de Tarteso coincide con la formación de los llamados pueblos prerromanos y con la culminación de la cultura ibérica en el levante peninsular. Casas del Turuñuelo, el lugar donde hace apenas dos años aparecieron los primeros relieves antropomorfos que se identifican en una cultura hasta ahora anicónica, está aportando una información sorprendente. Caminar por sus estancias es pasear por uno de los más grandes y recientes enigmas de la Historia Antigua. Su habitación principal, albergó, en algún momento del siglo V a. C. un gran banquete. Luego, los restos, junto a la vajilla empleada fueron enterrados y, en su patio, se produjo una auténtica hecatombe, el sacrificio de un importante número de animales entre los que destacan 23 caballos perfectamente colocados en una suerte de teatralización. Y todo ello antes de proceder a la quema y el enterramiento posterior de todo el complejo. No hay señales de batalla. Simplemente fueron abandonados y enterrados. Ahora solo nos quedan las preguntas. ¿Quién participó del ritual? ¿Qué miembros de la comunidad trabajaron en el cierre del yacimiento? ¿Por qué y a quién sacrificaron bienes tan preciados? ¿A dónde fueron sus habitantes? ¿Derivarían en lo que las fuentes cartaginesas y romanas llamarán posteriormente turdetanos? Quizá esos rostros misteriosos conservados en piedra tengan algunas de las respuestas que nos faltan.</p>



<p><br><br><em>* Periodista y escritora, autora, entre otros libros, de “Espejismo, viaje al Oriente desaparecido”, “El último árbol del paraíso”, “Búscame donde nacen los dragos” y “La luna sobre Roma”. Colaboradora de National Geographic y miembro del Consejo de Redacción de la SGE.</em></p>
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		<title>La Tierra desde el espacio</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/tierra-desde-espacio/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Fri, 04 Apr 2025 10:42:10 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletín 80]]></category>
		<category><![CDATA[Geografía]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Las fotografías de la Tierra tomadas por los astronautas y por los satélites desde la década de 1960 nos han dado una nueva perspectiva del planeta. </p>
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<div class="wp-block-group is-content-justification-left is-layout-constrained wp-container-core-group-is-layout-12dd3699 wp-block-group-is-layout-constrained">
<p><strong>Texto: José Antonio Rodríguez Esteban </strong></p>



<p>Boletín 80 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p></p>
</div>



<div class="wp-block-group is-content-justification-left is-layout-constrained wp-container-core-group-is-layout-12dd3699 wp-block-group-is-layout-constrained">
<p>Las fotografías de la Tierra tomadas por los astronautas y por los satélites desde la década de 1960 nos han dado una nueva perspectiva del planeta. En una compilación inicial de las imágenes en las primeras misiones de los transbordadores de la NASA (1981-2011) se remarcaban dos conclusiones fundamentales: que gran parte de la superficie de nuestro planeta es inhóspita como hábitat humano (océanos, desiertos, montañas&#8230;) y, además, la dramática concentración del desarrollo humano en áreas más propicias, mostrando una gran variedad de rastros en la superficie del planeta: desde la geometría de las ciudades, de los campos de cultivos y de las plantaciones forestales, al humo de los incendios de las rozas y quemas o el esmog de las áreas altamente industrializadas.</p>



<p>Abrimos una nueva sección en el Boletín de la SGE para aproximarnos a nuestro planeta desde el espacio, una nueva perspectiva comentada desde la geografía.</p>



<p><strong>LA TIERRA VISTA DESDE EL ESPACIO: LOS RÍOS DE MADAGASCAR TRAS LAS LLUVIAS</strong></p>



<p>Esta imagen, tomada por uno de los satélites Sentinel-2 de Copernicus el 3 de abril de 2022, muestra como las aguas de los estuarios de los ríos Betsiboka y Mahavavy se tiñen de marrón debido al masivo transporte de sedimentos tras las fuertes lluvias.</p>



<p>El río Betsiboka, con su forma de medusa de largos tentáculos, es fotografiado recurrentemente desde el espacio por su dramatismo y espectacularidad, y los astronautas lo ven como si la tierra se desangrase en el océano, síntoma de un desastre ecológico. Con sus 525 km de longitud, es el principal río de Madagascar y como tal atraviesa media isla de sur a norte, recogiendo la acelerada erosión de los sedimentos lateríticos causada por la tala y limpieza de la cubierta natural de los bosques de la isla. Deja escapar así un activo natural insustituible.</p>



<p>La antropóloga Alison Richard (<em>The Sloth Lemur’s Song</em>, 2022) ha remarcado recientemente que el colonialismo francés extendió la idea de que con la llegada de los humanos a la isla se inició el proceso de quema y tala que acabó con 90 % de la cubierta boscosa, extinguiendo a animales y plantas. Pero señala que era una historia muy conveniente, fácil de entender y con villanos claros, que justificó la expropiación colonial de los activos naturales de la isla. Coinciden sin embargo muchos estudios en que parte de la deforestación en Madagascar ha tenido lugar a partir de los años sesenta del siglo pasado, acelerándose en las tres últimas décadas.</p>



<p>La imagen nos traslada a la isla de Madagascar, la quinta isla más grande del mundo. Se extiende por una superficie cercana a los 600 000 km2 (similar a la Península Ibérica). Como señala Steven M. Goodman, uno de sus más conspicuos naturalistas, más que una isla se parece a un mini continente por los diferentes ecosistemas que posee. Hace 150 Ma, Madagascar se separó de África y hace 80 Ma se distanció de la India (que se desplaza hasta colisionar con Asia formando la cordillera del Himalaya). En su legendario aislamiento, las plantas y los animales han seguido sus propios caminos evolutivos, aislados del resto del mundo, hasta el punto de que más del 90% de sus especies son endémicas. En este aislamiento geológico, los diferentes paisajes naturales se fueron fragmentando creando nuevas especies de forma mucho más rápida que sus parientes continentales.</p>
</div>



<p>Los humanos llegaron tarde a la isla: de manera significativa en el siglo IV. Aunque está separada de África por un canal de 400 km, los principales contingentes provenían de Indonesia siguiendo las corrientes del índico. La isla experimentó desde entonces la extinción de animales grandes como los perezosos, koalas, lemures, hipopótamos y aves como el ave elefante, con pérdidas de linajes que representan millones de años de evolución. Se piensa que los animales fueron recalando en la isla provenientes de la costa africana a través del canal de Mozambique, flotando en superficies vegetales arrastradas desde los ríos tras episodios meteorológicos extremos.</p>



<p>Madagascar está entre los 17 países considerados por Russel Mittermeier como “megadiversos”, siendo uno de los más importantes “puntos calientes de la biodiversidad”. Los listados de endemismos cortan la respiración y explican que la publicación de historia natural quizá más completa escrita sobre un territorio de estas características sea The Natural History of Madagascar (2004), de Steven M. Goodman y Jonathan P. Benstead, en la que han participado más de 300 investigadores: con una segunda edición notablemente actualizada y ampliada en 2022.</p>



<p>Pero pese a las prestigiosas Universidades que trabajan desde hace décadas en la zona y las millonarias ayudas que fundaciones y ONG prestan para detener la degradación de los diferentes hábitats, una población malgache empobrecida que ha pasado de 5 millones en 1960 a 30 en 2024, con el 60 % de la población menor de 25 años, y muy dependiente de los recursos naturales, requiere sin duda una mayor atención. La colaboración con el sector público ha conseguido que más del 10 % del territorio se haya convertido en Parque Natural, lo que no ha podido frenar la degradación de algunos hábitats, como la extensión de arrozales en los manglares o la extracción de maderas nobles como el endémico palo rosa, que se sigue exportando a países ávidos de su belleza. Investigadores de Royal Botanic Gardens, Kew y socios de cincuenta organizaciones globales bajo la dirección de Hélène Ralimanana y Alexandre Antonelli han llevado a cabo una exhaustiva revisión de esta extraordinaria biodiversidad, concluyendo que Madagascar es una de las prioridades de conservación más importantes del mundo.</p>



<p>Las imágenes desde el espacio ayudarán sin duda a una mayor concienciación de la excepcionalidad de Madagascar y la evaluación de sus cambios, conectando problemas y visiones locales y globales.<br><br>Las fotos en color se pueden consultar en la web: sge.org/publicaciones/boletin-sge/</p>



<p><em>* José Antonio Rodríguez Esteban, Dpto. de Geografía, Copernicus Academy, Universidad Autónoma de Madrid.</em></p>
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		<title>El legado de los primeros viajeros</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/legado-primeros-viajes/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Dec 2024 13:20:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 79]]></category>
		<category><![CDATA[Exploradores]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Cuando analizamos lo (poco) que sabemos sobre nuestra propia historia encontramos el imbatible camino trazado por los clásicos detrás de cada dato, cada accidente geográfico y cada referencia mitológica. ¿Quién nos habló de esas leyendas...</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Emma Lira<br></strong></p>



<p>Boletín 79 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Viajes de papel: literatura y libros de viajes<br><br><strong>Cuando analizamos lo (poco) que sabemos sobre nuestra propia historia encontramos el imbatible camino trazado por los clásicos detrás de cada dato, cada accidente geográfico y cada referencia mitológica. ¿Quién nos habló de esas leyendas sobre las columnas de Hércules que la tradición situaría en Gibraltar, sino Homero? ¿Quién sino Heródoto nos cuenta las costumbres de los íberos? ¿Quién, sino Avieno, nos dibuja los contornos de la mítica Tarteso?</strong></p>



<p>Rastreamos nuestra historia y nuestra geografía, buscamos otros horizontes con curiosidad o afán exploratorio porque alguien, antes que nosotros lo ha hecho. Enfrentamientos, exilios, prospecciones, rutas comerciales o colonizaciones fueron los motores que comenzaron a conectar los diferentes puntos del mundo conocido hace milenios. Quiero pensar que en cuanto el ser humano pudo asentarse, rodearse de una muralla y explotar los recursos agrícolas y ganaderos, su alma aún nómada sintió de nuevo irrefrenablemente el ansia de marchar.</p>



<p>Posidonio describió la costa mediterránea, Polibio nos contó las guerras púnicas y Estrabón nos ofreció detalladas descripciones sobre la Hispania romana. Los recursos minerales, los nombres de las tribus e incluso de los caudillos, las distancias que separan cada puerto, los templos, las montañas o los ríos fueron cuidadosamente anotados tras navegaciones inciertas y entrevistas a marineros. Y cuando no hubo guerras ni imperantes necesidades comerciales, la incipiente topografía y la innata curiosidad ayudaron a alimentar la pasión de viajar porque sí, sin excusas, por puro conocimiento. Si su intención no fue acercar un poco más el mundo, podríamos decir que fue la consecuencia.</p>



<p><strong>EL VIAJE DEL HÉROE DE HOMERO</strong></p>



<p>Quizá la primera crónica de un viaje sea la Odisea de Homero, una obra griega clásica que narra el viaje de regreso del héroe Odiseo a su hogar, Ítaca, después de la histórica Guerra de Troya. Aunque aún existe un debate abierto sobre si Homero fue efectivamente su autor y sobre su datación (en torno al VIII a. C.) lo incuestionable es lo que cuenta: un viaje a lo largo de diez años por el mundo conocido en la época, abordando diferentes personas y lugares. Los emplazamientos reflejan la dimensión cultural del Mediterráneo antiguo y conectan el mito con la realidad, pero también permiten hablar de distancias, de mundos bárbaros y salvajes, y de la tentación a la que continuamente someten al viajero, distrayéndole de su objetivo, el regreso.</p>



<p>Troya como punto de partida, Ítaca como destino, el mar ambivalente que representa por igual la libertad y la amenaza, las islas míticas que “atrapan” a los viajeros, el descenso al Hades como búsqueda del conocimiento… la <em>Odisea </em>no solo narra un desplazamiento físico, sino también el viaje interior de Ulises, a través del cual el héroe se enfrentará a numerosos desafíos que lo obligan a crecer, aprender y madurar. Ese es el auténtico legado de la <em>Odisea</em>, el permitirnos, como a Ulises, viajar con dudas e incidencias, no como un héroe, sino como simples mortales, para que el viaje se convierte en una búsqueda de identidad, en un proceso de transformación personal y, en definitiva, en una metáfora de la vida. Si Homero pretendía mostrar al lector las amenazas que acechan más allá del mundo conocido</p>



<p>no lo consiguió. Las generaciones posteriores vemos en la <em>Odisea </em>el atractivo que supone la exploración de lo desconocido, una auténtica invitación a salir de nuestra zona de confort y aventurarnos en lo imprevisible.</p>



<p><strong>HERÓDOTO, EL PADRE DE LA HISTORIA</strong></p>



<p>En el siglo V. a. C. el griego Heródoto ya había realizado extensos viajes por el mundo de su época y empezaba a plasmar sus experiencias en sus <em>Historias</em>. Aunque su enfoque principal eran las guerras médicas entre Grecia y Persia, dedicó una parte considerable de su obra a describir los lugares, pueblos y costumbres de las diversas regiones que visitó o de las que tuvo noticia. Entre ellas destacaban Egipto, Escitia, Grecia, Libia, Arabia, la India y el resto de los territorios al este de Persia.</p>



<p>La novedad de su narración es su capacidad para centrarse en las personas. Heródoto se interesa especialmente por los habitantes, describiendo las costumbres, tradiciones, creencias religiosas y formas de vida de los diferentes pueblos que conoce, pero también presta especial atención a la Historia aderezada con los mitos y las leyendas que la componen, hasta tal punto que se ha convertido en una fuente primaria de primer orden a la hora de comprender la diversidad cultural y geográfica del mundo antiguo. De hecho, es considerado uno de los primeros historiadores en intentar verificar sus fuentes y ofrecer una visión crítica de los acontecimientos.</p>



<p>En la concepción del viaje moderno la herencia de Heródoto nos aporta el espíritu aventurero, la curiosidad, y una gran capacidad para la observación al igual que una encomiable búsqueda de la verdad, a pesar de que algunas de sus historias pueden contener elementos legendarios, propios de la época. Heródoto no se limitaba a narrar los hechos, sino que también comparte sus propias experiencias y reflexiones, al estilo de un cronista de viajes. Esto convierte sus Historias en un relato personal y cercano, capaz de conectar con el lector de una manera profunda, e invitándonos a seguir su estela.</p>



<p><br><strong>LA GEOGRAFÍA DE ESTRABÓN</strong></p>



<p>Si Homero nos obsequió con el primer viaje de la Historia, siete siglos después, el geógrafo griego Estrabón, nos regaló el primer Atlas. En el siglo I a.C., Estrabón escribió una obra en 17 libros llamada <em>Geografía</em>, pero en ella no se limitó a describir lugares, sino que analizó sus características físicas, históricas, culturales y económicas. Su obra abarca contenidos geográficos que van desde Europa hasta Asia, incluyendo regiones como Grecia, Siria, Palestina, Arabia, Egipto, India y Etiopía, sin excluir los lugares más alejados del núcleo mediterráneo como eran Hispania o la Galia.</p>



<p>A diferencia de otros geógrafos de su época que se centraban en cálculos matemáticos y mapas precisos, Estrabón priorizaba la descripción detallada, y en una concepción periodística de la narración optaba por una compilación de diferentes fuentes ofreciendo un relato más rico y variado. Su obra destila un genuino interés por las culturas, las historias y las tradiciones de los pueblos que habitaban las regiones que describía, haciendo hincapié en cómo el clima, el relieve y los recursos naturales influían en las actividades humanas. Sus textos nos permiten aún ahora reconstruir la visión que tenían los antiguos griegos y romanos del mundo, conocer los paisajes y pueblos de la antigüedad y comprender los medios de producción, así como las rutas comerciales y las relaciones entre las diferentes culturas.</p>



<p>En el caso de Hispania es el primero que se esfuerza en resaltar la influencia de los pueblos fenicios y cartagineses, así como el impacto que produce en el territorio y sus habitantes la romanización forzosa. Quiero pensar que Estrabón, probablemente sin ser consciente de ello, nos ha ayudado a la hora de viajar desde la perspectiva de la historia, a preguntarnos por los hechos que han determinado el desarrollo de las regiones que visitamos. A no quedarnos en el paisaje, sino a los hechos y las personas que lo conforman.</p>



<p><strong>EL MUNDO CONOCIDO DE PAUSANIAS</strong></p>



<p>Pausanias fue un viajero, geógrafo e historiador griego del siglo II d.C. cuya principal contribución a la cultura y al conocimiento humano radica en su obra <em>Descripción de Grecia</em>. En esta extensa guía de viajes, Pausanias nos ofrece una mirada detallada y personal a la Grecia antigua que recorrió personalmente visitando ciudades, santuarios, templos y monumentos y ofreciendo detalladas descripciones sobre los mismos.</p>



<p>Pero además de los hechos históricos, Pausanias también recopiló y narró los mitos y leyendas asociados a cada lugar. Eso nos permite comprender la cosmovisión griega, la forma en que los antiguos griegos veían el mundo, así como als tradiciones y rituales de los habitantes de cada lugar. Pausanias creo una auténtica guía de viaje de la Grecia antigua, que ha supuesto un documento de un valor increíble tanto para la localización de yacimientos arqueológicos, como para los estudiosos y viajeros durante siglos.</p>



<p>Su visión personal y subjetiva de la Grecia antigua ha influido en generaciones de viajeros, escritores y artistas posteriores de tal manera que podría decirse que Pausanias aporta al viajero actual la idea del viaje como aprendizaje. El geógrafo griego no solo describe los lugares que visita, sino que los pone en valor ofreciéndonos una inmersión en la historia, la mitología y la cultura de su país. Como el observador meticuloso que era describía con detalle los monumentos, los paisajes, las costumbres y las leyendas asociadas a cada lugar y a través de ese enfoque transmite al lector una fascinación y un respeto por el pasado y por las raíces culturales que trasciende al viajero moderno. Sus escritos reflejan también varias de las características que se le presuponen al viajero actual: curiosidad intelectual, permanente capacidad de asombro y capacidad de planificación. Tres elementos imprescindibles para que un viaje suponga un éxito.</p>



<p><strong>ORA MARÍTIMA, EL VIAJE NARRADO POR AVIENO</strong></p>



<p>La <em>Ora Marítima </em>es una obra poética latina de gran importancia histórica y geográfica, escrita por el poeta Rufo Festo Avieno en el siglo IV d.C como un compendio de diversas fuentes antiguas, entre ellas el Periplo de Massalia, probablemente un texto griego del siglo VI a.C. Su narración nos ofrece una valiosa ventana al conocimiento geográfico y marítimo del mundo antiguo, especialmente del Mediterráneo y las costas atlánticas, con importantes datos sobre la geografía de la época, que incluyen desde referencias mitológicas a la ubicación de lugares, distancias y características naturales. En la actualidad supone una importantísima foto fija del momento en que se escribió y, por tanto, una fuente imprescindible para historiadores, geógrafos y arqueólogos.</p>



<p>Avieno dedica una parte importante del poema a describir las costas de la Península Ibérica, mencionando lugares como Tartessos, Gades (Cádiz), el Estrecho de Gibraltar, y diversas tribus y pueblos que habitaban la actual España, pero también describe diferentes lugares de la Galia, así Britania, el Mar Negro y otras regiones del Mediterráneo oriental. Su constante revisión deriva de la dificultad de equiparar algunos de los lugares que se describen con su correspondencia real como consecuencia de los cambios geográficos o las diferentes interpretaciones.</p>



<p>Pero su vigencia es eterna y sobre todo muestra el interés mantenido a lo largo de los siglos por conservar el “secreto” de la ruta a seguir. Un documento equiparable a una de nuestras guías de viajes que incluyera referencias y coordenadas. Con el añadido de que es en verso. Y en latín, claro.</p>



<p><br><strong>EL ITINERARIO DE EGERIA</strong></p>



<p>Egeria fue una mujer cristiana del siglo IV, probablemente de origen hispano, conocida por el viaje realizado -y documentado- a Tierra Santa. Su relato es uno de los primeros diarios de viaje de una mujer y una de las fuentes más importantes para conocer la vida religiosa y las costumbres de la época. Narra detalladamente el viaje realizado a Oriente entre los años 381 y 384 d. C. En él, describe los lugares que visitó, entre los que se encuentran Egipto, Palestina y Jordania donde conoce Jerusalén, Belén, el río Jordán o el Mar Muerto, Antioquía, en el sur de Siria o la capital del Imperio romano de Oriente, la entonces Constantinopla. Egeria narra con desenvoltura las costumbres de los cristianos locales, las celebraciones litúrgicas y sus propias reflexiones sobre la fe y su testimonio es especialmente importante porque supone una de las pocas y valiosísimas fuentes escritas por una mujer en la Antigüedad tardía, ofreciendo una perspectiva única sobre los Santos Lugares, la vida religiosa y social de la época, y las costumbres y tradiciones de los pueblos que fue encontrando a lo largo de su camino.</p>



<p>Egeria es considerada la primera gran peregrina de la historia. Podríamos hablar de ella como una precursora del turismo cultural pues su relato pone por primera vez en valor el patrimonio histórico de los lugares por los que pasaba. El llamado <em>Itinerario </em>inspiró a innumerables personas a emprender viajes a Tierra Santa y otros lugares sagrados a lo largo de los siglos, promoviendo el desarrollo de una incipiente infraestructura turística consistente en rutas, albergues y servicios para viajeros religiosos, sentando las bases del turismo religioso moderno, cuatro siglos antes de que existiera Santiago de Compostela. Su relato, con información detallada sobre la vida cotidiana, las costumbres y las creencias de la época es una fuente invaluable para historiadores, antropólogos y lingüistas y está considerado uno de los primeros ejemplos de literatura de viajes.</p>



<p><strong>EL LIBRO DE LAS MARAVILLAS DE MARCO POLO</strong></p>



<p>El <em>Libro de las Maravillas</em>, es una obra de viajes escrita por el mercader veneciano Marco Polo a finales del siglo XIII. Dictada a Rustichello de Pisa durante su cautiverio en Génova, este libro se convirtió rápidamente en un <em>bestseller </em>de la época cautivando a lectores de todas las generaciones. En sus páginas, Marco Polo nos transporta a un Oriente misterioso y exótico, describiendo con detalle las tierras, ciudades, costumbres y maravillas que encontró durante sus viajes por el Imperio Mongol, China y otras regiones de Asia. Su éxito es atribuible a la descripción de un oriente fascinante, repleto de descripciones completamente desconocidas para los europeos de la época, como la figura del Gran Khan, la Gran Muralla China, el papel moneda o los métodos de navegación.</p>



<p>Aunque algunas de las historias de Marco Polo han sido recientemente cuestionadas, el <em>Libro de las Maravillas </em>ha trascendido las fronteras del tiempo y su influencia se ha dejado sentir en la literatura, la cartografía y la exploración. El relato inspiró a muchos exploradores posteriores, como Cristóbal Colón, a aventurarse en busca de nuevas tierras y riquezas y sigue siendo una valiosa fuente de información sobre Asia en la Edad Media. De hecho, la visión que Marco Polo transmitió sobre Asia contribuyó a cambiar la visión que Europa en general tenía del continente vecino, ayudando a desmitificar muchas leyendas y proporcionando un importante impulso a la exploración, y a la expansión del conocimiento geográfico.</p>



<p>El viaje moderno encuentra en la obra de Marco Polo puntos comunes tales como la concepción del viaje como un hecho transformador, la permanente fascinación por lo exótico que nos hace buscar continuamente nuevas experiencias y aventuras auténticas alejadas de destinos masificados y el valor del intercambio cultural, gracias al que todo viaje no es sino una oportunidad para adquirir conocimiento. Y al igual que Marco Polo compartió sus aventuras al regresar a Venecia, los viajeros actuales utilizan las redes sociales para documentar y compartir sus experiencias, inspirando a otros a explorar el mundo.</p>



<p><br><strong>LA RHILA A LA MECA DE IBN BATTUTA</strong></p>



<p>En el siglo XIV, el explorador marroquí Ibn Battuta emprendió una de las travesías más extensas de la historia. Partió de Tánger en 1325 con la intención de realizar la peregrinación que todo musulmán debe hacer a La Meca, sin embargo, una vez finalizada, en lugar de regresar a casa, decidió continuar viajando. Durante casi tres décadas, Ibn Battuta recorrió vastas extensiones de tierra, cruzó océanos y se sumergió en diversas culturas desde el norte de África hasta China, pasando por Oriente Medio, Asia Central, la India, el Sudeste Asiático y África subsahariana. Al regresar a Marruecos, Battuta dictó un relato detallado de sus viajes, una <em>rhila </em>o relato de viajes, que constituye una visión única del mundo medieval, con una narración pormenorizada de costumbres, religiones, ciudades y paisajes. Sus viajes contribuyeron a respetar la diversidad de culturas y creencias, a expandir el conocimiento geográfico, mapear el mundo conocido, promover el intercambio cultural e inspirar a futuras generaciones de exploradores. La <em>Rihla </em>de Ibn Battuta fue una de las primeras guías de viaje detalladas. Y algunas de sus rutas se siguen haciendo incluso en la actualidad.</p>



<p><strong>LA DESCRIPCIÓN GENERAL DE ÁFRICA DE LEÓN EL AFRICANO</strong></p>



<p>León el Africano, cuyo nombre original era al-Hasán ibn Muhammad al-Wazzán al-Zayyáti, fue un explorador y geógrafo árabe que vivió a caballo entre los siglos XV y XVI. Su vida y obra lo convirtieron en una figura clave en la comprensión de África y el mundo árabe durante el Renacimiento. Nacido en Granada, en una familia de eruditos, León el Africano vivió la conquista cristiana de la ciudad en 1492, tras la cual, se vio obligado a exiliarse en Fez, Marruecos, donde completó su formación. Su curiosidad por el mundo lo llevó a emprender extensos viajes por el norte de África y el Sahel, llegando hasta Tombuctú.</p>



<p>Su obra más famosa, Descripción de África, es un compendio geográfico e histórico que se convirtió en una de las principales fuentes de información sobre el continente africano para los europeos durante siglos. En él, el autor describe detalladamente las ciudades, los pueblos, las costumbres, la geografía y la historia de las regiones que visitó, actuando como puente entre el mundo árabe y el mundo cristiano, y transmitiendo conocimientos valiosos sobre África a los europeos.</p>



<p>Su obra proporcionaría a estos últimos una visión más precisa y detallada del continente vecino, desafiando muchos de los estereotipos y mitos que existían en ese momento hasta tal punto que inspiraría a exploradores como Vasco da Gama, a emprender sus propios viajes hacia África.</p>



<p>Su obra sigue siendo una fuente de referencia para historiadores, geógrafos y africanistas. No solo contribuyó al trazado de mapas más precisos, sino que reveló la existencia de grandes imperios y ciudades que, como Tombuctú, eran desconocidos para muchos europeos. Su desmitificación de África ayudó a percibir su gran diversidad cultural y étnica desafiando la visión estereotipada de un continente homogéneo y “bárbaro”. Y contribuyó al enriquecimiento cultural de Europa, al facilitar el intercambio de conocimientos e introducir nuevas ideas y perspectivas sobre el mundo.<br><br><strong>Bibliografía básica:</strong></p>



<p><em>Odisea, Homero (Gredos. 2019). Y Odisea Liberada (Blackie Books. 2022)<br></em><em>Historia, Herodoto (Edaf. 2024)<br></em><em>Geografía, Estrabón (Alianza Editorial. 2015)<br></em><em>Viaje de Egeria (La línea del horizonte. 2024)<br></em><em>El libro de las Maravillas, Marco Polo (Alianza Editoral. 2018)<br></em><em>A través del Islam, Ibn Battuta (Alianza, 2005)<br></em><em>Descripción de África, León el Africano (El Legado andalusí. 1995)<br></em><em>León el africano, Amin Maalouf (1986) (Alianza, 2018)</em></p>



<p><em>* Periodista y escritora, autora, entre otros libros, de “Espejismo, viaje al Oriente desaparecido”, “El último árbol del paraíso”, “Búscame donde nacen los dragos” y “La luna sobre Roma”. Colaboradora de National Geographic y miembro del Consejo de Redacción de la SGE.</em></p>



<p><em>&nbsp;</em></p>
<p>La entrada <a href="https://sge.org/publicaciones/articulos/legado-primeros-viajes/">El legado de los primeros viajeros</a> se publicó primero en <a href="https://sge.org">Sociedad Geográfica Española</a>.</p>
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		<title>La biblioteca colombina. El sueño del saber universal del hijo de Cristóbal Colón</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/biblioteca-colombina/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Dec 2024 12:22:55 +0000</pubDate>
				<category><![CDATA[Artículos de boletines]]></category>
		<category><![CDATA[Boletin 79]]></category>
		<category><![CDATA[Libros de viajes]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>El hijo pequeño del almirante Cristóbal Colón, Hernando, siguió la estela descubridora de su padre más que en el plano físico, en el ámbito del conocimiento. Para ello se dedicó de manera compulsiva a adquirir libros.</p>
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										<content:encoded><![CDATA[
<p><strong>Texto: Ramón Jiménez Fraile</strong></p>



<p>Boletín 79 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Viajes de papel: literatura y libros de viajes</p>



<p><br><br><strong>El hijo pequeño del almirante Cristóbal Colón, Hernando, siguió la estela descubridora de su padre más que en el plano físico, en el ámbito del conocimiento. Para ello se dedicó de manera compulsiva a adquirir libros, impresos y manuscritos, con los que crear una de las bibliotecas más importantes del Renacimiento cuyo objetivo era el de compendiar el saber universal. Además, puso en marcha un pionero proyecto consistente en reflejar, de manera sistemática, la realidad geográfica de España, lo que le convirtió en el primer geógrafo de la España moderna.</strong></p>



<p>El 21 de noviembre de 1535, un librero de Lyon vendió un ejemplar de “La Crónica de Génova” publicada en París por la Editorial Michel le Noir. Gracias a la meticulosidad del comprador, no solo sabemos que el libro costó un sueldo, “equivalente a doce dineros, valiendo el ducado 570 dineros, que son 47 sueldos y medio”, sino que aquel día hubo “grandísimo frío y niebla” en la ciudad francesa. El comprador era el hijo del almirante del Nuevo Mundo, Hernando Colón, y el libro engrosó su descomunal colección privada de obras impresas y manuscritos.</p>



<p>Hernando Colón no solo pasaría a la historia por el legado material de la conocida hoy como Biblioteca Colombina (en su día llamada Hernandina o Fernandina), sino por sentar las bases de la biblioteconomía: la ciencia relativa a la conservación, organización y administración de las bibliotecas.<br><br>El profesor Edward Wilson-Lee, autor del “Memorial de los Libros Naufragados. Hernando Colón y la búsqueda de una biblioteca universal” (Editorial Ariel), considera que el hijo del almirante se sintió “indefenso” ante la avalancha de datos que se manejaban en su época. “Al igual que sucede hoy con la revolución digital, la imprenta aumentó de manera exponencial la cantidad de información disponible. Hoy nos orientamos en ese océano supeditándonos a los algoritmos de búsqueda, y él tuvo que inventar nuevos sistemas de clasificación”. Mientras que su padre descubrió un mundo nuevo, “él quiso crear un nuevo mundo de información”, señala Wilson-Lee. Para ello, se propuso recopilar todo el saber de su época “y ponerlo al servicio de Carlos V, sirviéndole en bandeja toda esa información. Le entregó una gran herramienta de poder, como había hecho su padre con los Reyes Católicos”.</p>



<p>Para garantizar la perennidad de su legado, Hernando hizo de su biblioteca el principal beneficiario de su herencia. Sin embargo, su voluntad no fue respetada, lo que explica que en la actualidad solo se conserven, en la Catedral de Sevilla, alrededor de unos tres mil quinientos volúmenes, de los más de quince mil títulos y documentos que llegó a reunir.</p>



<p><strong>LAS JOYAS DE LA BIBLIOTECA COLOMBINA</strong></p>



<p>Hernando nació en Córdoba en 1488, de la relación extramatrimonial entre Cristóbal Colón y Beatriz Enríquez de Arana, huérfana de humildes agricultores. Por aquel entonces su padre se ganaba la vida, según se dijo, vendiendo libros y mapas de navegación. Al regreso de su primer viaje a las Indias, el ya <em>Vista de la biblioteca colombina en la actualidad. </em>almirante logró que Hernando fuera aceptado como paje en la corte del prín cipe Juan, el único hijo varón de los Reyes Católicos. Fue en ese ambiente cortesano en el que se forjó la educación humanista del menor de los hijos de Cristóbal Colón.</p>



<p>Cuando apenas tenía trece años, acompañó a su padre en el cuarto viaje a las Indias, que estuvo marcado por penalidades e infortunios. A los veinte años cruzó de nuevo el Atlántico, esta vez para acompañar a su hermano Diego, que había sido nombrado gobernador de Santo Domingo. Entre su equipaje figuraban cuatro arcones con casi doscientos cincuenta libros que dejó en La Española, constituyendo así la que se considera primera biblioteca del Nuevo Mundo.</p>



<p>Los posteriores viajes que Hernando hizo por Europa, en parte acompañando al emperador Carlos V, le permitieron establecer una estrecha relación con los principales editores y libreros de la época, así como con destacados intelectuales de su tiempo, como Erasmo de Rotterdam.</p>



<p>Paradójicamente, dos de sus escritos más relevantes no figuran, en la actualidad, en los estantes de la Biblioteca Colombina. En primer lugar, se trata del original en español de la biografía que, entre 1536 y 1539, escribió sobre su padre y de la que, en 1571, se publicó una traducción al italiano. Habría que esperar a 1749 para que se publicara la traducción española de esa primera edición italiana. El hecho de que el original en español nunca haya aparecido alimentó la polémica sobre si Hernando fue o no el auténtico autor de la biografía. Otro documento relevante que no se encuentra en la Biblioteca Colombina es el informe que fue presentado a Fernando el Católico por Diego Colón, mediante el que su hermano Hernando proponía, en 1511, llevar a cabo la que hubiera sido la primera vuelta al mundo. El documento original acabó en la colección del estadounidense Obadiah Rich y en la actualidad forma parte de los fondos de la New York Public Library. En él, Hernando destaca los beneficios que acarrearía dicho proyecto en términos de un mejor conocimiento de nuestro planeta, partiendo del principio de que “el principal don que tenemos es el saber”.</p>



<p>Entre las obras que sí figuran en la Biblioteca Colombina destacan “El Libro de viajes”, de Marco Polo y “El Libro de las Profecías”, éste último consistente en una recopilación de textos bíblicos y de citas de padres de la Iglesia y de clásicos que Cristóbal Colón manejó en apoyo de sus descubrimientos. Junto con un considerable número de incunables, la Biblioteca Colombina contiene asimismo una gran cantidad de obras impresas consideradas menores, en las que se recogen cancioneros y refranes populares. Su carácter altruista quedó de manifiesto en la cláusula que figura en su testamento, en virtud de la cual cada ejemplar de su librería debía portar la siguiente mención: “Don Hernando Colón, hijo de don Cristóbal Colón, primero almirante que descubrió las Indias, dejó este libro para uso y provecho de todos sus prójimos. Rogad a Dios por él”. También a petición suya, en su sepultura figuran en torno a su escudo de armas cuatros libros abiertos que hacen referencia a la organización de su biblioteca en torno a otros tantos conceptos: autores, ciencias, epítomes y materias.</p>



<p><strong>EL “LIBRO DE LIBROS”, PERDIDO Y HALLADO EN DINAMARCA</strong></p>



<p>En 2019, la figura del hijo pequeño de Cristóbal Colón saltó a la actualidad al descubrirse en un Instituto de la Universidad de Copenhague el códice original de “El Libro de los epítomes”. La obra era el resultado de uno de los pioneros proyectos bibliográficos de Hernando Colón consistente en ofrecer, de manera estandardizada, resúmenes de los libros que iba adquiriendo. El códice original recogía alrededor de dos mil reseñas, la gran mayoría en latín, pero no todas se han conservado. El hecho de que faltaran las primeras páginas del códice explica que durante siglos no fuera atribuido a Hernando Colón. Se cree que la obra llegó a Dinamarca a mediados del siglo XVII, sin que se sepa ni cómo ni por qué lo hizo.</p>



<p>Menos suerte tuvo una partida de casi dos mil libros comprados por Hernando Colón en Venecia y perdidos, en 1521, en el naufragio del barco que los transportaba a Sevilla. Hernando dio cuenta de ellos en un documento titulado “Memorial de los Libros naufragados”, expresión que dio pie al título del reciente libro en el que el profesor Edward Wilson-Lee narra la vida y obra del hijo del almirante.<strong>   </strong></p>



<p class="has-text-align-left"><strong>DESCRIPCIÓN Y COSMOGRAFÍA DE ESPAÑA&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;&nbsp;</strong></p>



<p>En 1517 Hernando Colón emprendió un pionero proyecto geográfico, consistente en <em>“hacer la cosmografía de España y en ella escribir todas las particularidades y cosas memorables”</em>. Para ello, en palabras de uno de sus ayudantes, <em>“fue necesario enviar por todos los pueblos de España algunas personas que informasen en cada pueblo de los vecinos que había y de todo lo demás que en él hubiese digno de memoria y, habida la información, (que) la trajeran con fe de escribanos y de testigos fidedignos”</em>. La conocida como “Descripción y Cosmografía de España”, conservada en la Biblioteca Colombina de Sevilla, fue un encargo que emanó del propio Carlos V, ante el desconocimiento que su corte tenía de los reinos de España. Después de seis años de exhaustivos trabajos de recogida de datos por parte del equipo que constituyó al efecto, Carlos V puso fin al costoso proyecto sin que se hubieran alcanzado todos los objetivos fijados.</p>



<p>Años más tarde, en 1526, Carlos V encargaría a Hernando la elaboración, junto con los principales pilotos españoles de la época, una carta general de navegación de escala planetaria, proyecto que no fue llevado a cabo.</p>



<p>Hernando Colón tuvo ocasión de hacer gala de sus dotes de cosmógrafo en la Junta de Geógrafos de Elvas-Badajoz de 1524, convocada para dirimir, por la vía diplomática y basándose en evidencias científicas, el conflicto sobre las Molucas suscitado por la primera vuelta al mundo.</p>



<p><strong>INFORMACIÓN PRÁCTICA SOBRE LA BIBLIOTECA COLOMBINA</strong></p>



<p>La primera sede de la biblioteca de Hernando Colón fue la casa que construyó en la Puerta de Goles de Sevilla. El propio Hernando redactó un reglamento que incluía la prohibición de que los libros salieran del recinto, <em>“pues que vemos que es imposible guardarse, aunque tengan cien cadenas”</em>. Tras su muerte, la biblioteca fue trasladada primero al Convento de los dominicos y más tarde a un salón del Patio de los Naranjos de Catedral de Sevilla, donde se encuentra en la actualidad.</p>



<p>Desde 1992 es gestionada por la Institución Colombina, junto con otros archivos y bibliotecas de la Archidiócesis y de la Catedral. La Institución Colombina organiza visitas guiadas de grupos que proporcionan una completa visión de la imprenta y del mercado de libros en la Europa de la primera mitad del siglo XVI.</p>



<p>Las solicitudes de visitas pueden dirigirse al correo electrónico: <a href="mailto:ncp@icolombina.es">ncp@icolombina.es</a><br><br><em>* Ramón Jiménez Fraile es historiador, periodista y escritor. Ha escrito varios libros sobre el mundo de la exploración y los exploradores. Es miembro de la Sociedad Geográfica Española.</em></p>



<p>&nbsp;</p>
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		<title>Derroteros: las guías de viaje de los marinos</title>
		<link>https://sge.org/publicaciones/articulos/derroteros/</link>
		
		<dc:creator><![CDATA[tasmanuser]]></dc:creator>
		<pubDate>Thu, 19 Dec 2024 11:55:34 +0000</pubDate>
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		<category><![CDATA[Boletin 79]]></category>
		<category><![CDATA[Expediciones]]></category>
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					<description><![CDATA[<p>Desde la Antigüedad, los marinos y navegantes describieron sus viajes en los llamados derroteros, periplos o libros portulanos, descripciones<br />
meticulosas, casi a modo de guías de de viajes, que durante siglos orientaron a los viajeros por mar.</p>
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<p><strong>Texto: Mª Luisa Martín Merás</strong></p>



<p>Boletín 79 &#8211; Sociedad Geográfica Española</p>



<p>Viajes de papel: literatura y libros de viajes</p>



<p><br><br><strong>Desde la Antigüedad, los marinos y navegantes describieron sus viajes en los llamados derroteros, periplos o libros portulanos, descripciones meticulosas, casi a modo de guías de viajes, que durante siglos orientaron a los viajeros por mar. Especialmente durante los siglos XVI y XVII ocuparon un lugar muy importante en nuestra literatura de viajes, en particular en los relatos de las aventuras que llevaban al Nuevo Mundo.</strong></p>



<p>Un derrotero es una descripción náutica de una ruta marítima, específica para marinos y pilotos, que frecuentemente tienen como destino lugares adónde nunca han navegado. Estos libros describen y representan las costas, bajos fondos, señalizaciones (boyas, faros, balizas, etc.), perfiles visuales de las costas, avisos de peligros, formas de navegación convenientes, acceso a puertos, etc. Es decir, contienen el conjunto de observaciones, hechas en un viaje por mar, útiles para la navegación del piloto y de navegantes futuros. Se menciona la existencia de este tipo de documentos desde la más remota Antigüedad, bajo el título de periplos, libros portulanos y derroteros, siendo un ejemplo fundamental de la recopilación de experiencias prácticas para el ejercicio de la navegación durante siglos.</p>



<p>Si consideramos que una guía de viajes es “un libro de información sobre un lugar, diseñado para el uso de visitantes o turistas, donde se relatan experiencias viajeras sin aspectos literarios y narrativos, y cuyas características geográficas e históricas condicionan el relato” (1), podemos incluir a estos derroteros de los siglos XVI y XVII dentro de la literatura de viajes, en la modalidad de guías de viaje especializadas, ya que muchos de ellos reúnen los requisitos mencionados en la definición citada más arriba.</p>



<p>Con motivo del descubrimiento de América, se creó en 1503 la Casa de la Contratación de Sevilla, que se ocupaba del comercio con las Indias, Canarias y Berbería y actuaba como escuela de pilotos, pues pronto se hizo patente la necesidad de instruirlos en sus navegaciones a América. Los libros de navegación que salieron de su entorno fueron concebidos como libros de texto para enseñar a los pilotos los rudimentos técnicos del arte de navegar y se englobaban bajo el nombre genérico de “regimientos de navegación”; solían incluir un derrotero donde se explicaba la navegación a las Indias con la derrota a las Antillas, a Tierra Firme y otros lugares.</p>



<p>Los primeros derroteros de América son evidentemente españoles y recogían las derrotas que hacían las flotas de Indias desde España, saliendo de Sevilla, a las Antillas, Veracruz y Honduras, y la vuelta a España desde Cuba, donde se unían las flotas de Nueva España y Tierra Firme para, juntas y protegidas, volver a la metrópoli. Sin embargo, los derroteros publicados son escasos, debido al estricto secreto con que se manejaban los descubrimientos y rutas americanas. <em>La Suma de geografía que trata de todas las partidas y provincias del mundo: en especial de las Indias y trata largamente del arte del marear </em>de Martín Fernández de Enciso en 1519, es una descripción geográfica de las partes del mundo, empezando por Europa y terminando por el Nuevo Mundo recién descubierto, del que presenta una lista de lugares con sus latitudes bastante acertadas, además de una detallada explicación de de las costumbres de sus naturales, zoología y botánica, especialmente del área antillana. Parece que el libro incluía una carta de navegar que no se publicó, precisamente para no dar noticias a los extranjeros.</p>



<p><strong>LA INFORMACIÓN SECRETA DE LOS DERROTEROS</strong></p>



<p>Andrés García de Céspedes, que era cosmógrafo mayor del Consejo de Indias, incluyó en su <em>Regimiento de Navegación </em>en 1606, un derrotero para explicar detalladamente el nuevo padrón real. Por su parte Francisco de Seixas y Lobera, publicó en 1690 <em>Descripción geográfica y derrotero de la Región Austral Magallánica</em>, con un mapa del estrecho de Magallanes que tuvo que retirar por indicación del Consejo de Indias. En 1585 Andrés de Poza con su obra <em>Hidrografía</em>, que era un derrotero de las costas europeas, desde el estrecho de Gibraltar hasta Holanda, no tuvo ningún problema en su publicación, ya que sus rutas eran sobradamente conocidas por los países europeos.</p>



<p>Llama la atención que casi ningún derrotero o tratado de navegación práctica, escrito por españoles, haya sido publicado en su tiempo, a pesar del indudable interés que despertaron en los siglos XVI y XVII los asuntos marítimos en España. Parece ser que el principal obstáculo era la negativa para conceder el permiso de impresión por parte del Real Consejo de Indias, para no divulgar las derrotas seguidas por las flotas ni los sistemas defensivos de los puertos americanos. A tal fin, los pilotos que habían obtenido el título en el examen de la Casa de Contratación tenían que hacer el juramento <em>“de que bien y fielmente usará su arte y que no enseñará su profesión a ningún estranjero de estos Reinos ni le dará el regimiento, ni derrota de la dicha carrera de las Yndias, ni los instrumento, cartas, aguja, ballestilla, ni astrolabio»</em>. (2)</p>



<p>Por esta razón muchos derroteros a las Indias permanecieron inéditos, ya que facilitaban el conocimiento de las costas a enemigos y corsarios. Entre ellos estaba el <em>Quatripartitu </em>en <em>Cosmographia pratica i por otro nombre llamado espejo de navegantes</em>, de Alonso de Chaves, [1537], cosmógrafo y piloto mayor de la Casa de la Contratación de Sevilla. El libro cuarto de la obra es un derrotero de las “Indias de la Mar Océana”, desde la costa de Perú hasta la navegación del estrecho de Magallanes, con explicación de la distancia en leguas de los lugares, y colocación en latitud de los más importantes. La opinión común es que no recibió el permiso de impresión del Consejo de Indias por la información de las costas americanas que contenía.</p>



<p><em>El Itinerario de navegación de los mares y tierras occidentales</em>, de Juan Escalante de Mendoza [1575], general de la Flota de Tierra Firme, contiene un derrotero clásico desde Sevilla a Nueva España, Honduras y Tierra Firme, con las distancias en leguas de toda la costa occidental hasta el Estrecho de Magallanes, y la derrota de vuelta a España. <em>El Itinerario </em>tampoco logró la licencia de impresión del Consejo de Indias, debido a los abundantes detalles que daba sobre las rutas de las flotas.</p>



<p>Lo mismo le sucedió al derrotero, <em>Luz de navegantes donde se hallaran todas las derrotas y señas de las partes marítimas de las Indias, islas y Tierra Firme del mar Océano</em>, de Baltasar de Vellerino [1592], que se guarda en la biblioteca universitaria de Salamanca. La obra está dividida en dos libros, el primero explica las derrotas que siguen las flotas españolas a las Indias Occidentales, partiendo de Sanlúcar de Barrameda, y detallando las corrientes, vientos, distancias, medios y lugares por los cuales se debe navegar para evitar las dificultades y llegar a buen puerto. Señala los rumbos que se deben tomar según la dirección de los vientos y los accidentes geográficos que pueden servir para reconocer los puertos y la distancia en leguas de unos a otros. De manera somera se detiene además en la descripción de las riquezas naturales, habitantes y otros detalles de los puertos de La Habana, Puerto Rico, Veracruz y Santo Domingo. El segundo libro se titula: <em>“De las señas de las partes de las Indias, Islas y Tierra Firme del mar Océano”</em>. Está constituido por 115 dibujos, precedidos de una explicación que el autor llama “señas o señales marítimas”. Los dibujos son perspectivas de costa con una ligera aguada en ocre, azul y verde; están orientados con una flecha inscrita en un círculo y llevan una filacteria donde se señala desde dónde se ha tomado el perfil. Son estos dibujos los que confieren a la obra un carácter especial dentro de los numerosos derroteros de la época.<br><br><strong>DERROTEROS ANÓNIMOS DEL PACÍFICO ILUSTRADOS CON DIBUJO</strong></p>



<p>La mayoría de los derroteros manuscritos del siglo XVI detallan las derrotas y puertos de la costa atlántica de América desde la barra de Sanlúcar hasta San Juan de Úlua y otros lugares de la costa occidental. Pero el estrecho de Magallanes, descubierto en noviembre de 1520, abrió una nueva etapa de navegaciones que hizo del Mar del Sur o Pacífico un espacio a explorar y descubrir. Los viajes por el Pacífico motivaron la necesidad de hacerse con mapas y cartas, perfiles de costas y planos de puertos, sobre todo en la región austral, por la imposibilidad o peligrosidad de navegar junto a la costa, lo que hizo necesario elaborar y unificar la cartografía del Mar del Sur, difundiéndola entre los pilotos de la Corona. A mediados del siglo XVII, a medida que avanzaban los descubrimientos en las costas del Pacífico y los viajes a Filipinas, encontramos muchos derroteros específicos para esa navegación, que solía empezar en Acapulco o Callao y descender hasta el cabo de Hornos. Estos derroteros de la costa pacífica de América constituyen un conjunto de manuscritos muy valioso que reposa en bibliotecas y archivos. La característica principal de ellos es que son manuscritos, frecuentemente anónimos y no fueron escritos para ser publicados, sino para uso particular de los pilotos.</p>



<p>La mayoría incluye dibujos detallados de las costas y otras informaciones, que ilustran y complementan el texto, como perfiles de las costas, montañas y volcanes, islas e islotes, bajos, desembocadura de ríos, en fin, todo lo que pudiese servir para identificar la costa y en especial, sus puertos y centros urbanos costeros. Con ello se habría buscado ampliar el conocimiento sobre las costas e islas del Pacífico de los pilotos, que navegaban ese océano y que los habían recopilado para su propio uso y para los otros pilotos que los pudieran necesitar. Por supuesto, estos libros debían conservarse con gran sigilo, pues contenían información estratégica para los intereses del imperio español de la que pudieran beneficiarse otras potencias marítimas europeas, además de piratas y corsarios. Estas circunstancias avalan que la mayoría de los derroteros sean anónimos, recopilados por pilotos que los necesitaban para su propio trabajo. Los que hemos examinado no están firmados, aunque a veces aparece el nombre de su poseedor y todos tienen unas características parecidas.</p>



<p>Esta etapa se inicia en 1603 con el derrotero desde Acapulco al cabo Mendocino, hecho por el piloto de la segunda expedición de Sebastián Vizcaíno, Jerónimo Martín Palacios, con 33 croquis de la costa, realizados por Enrico Martínez. (3)</p>



<p>El [Derrotero] <em>de la costa seguida desde [Acapulco] hasta el estrecho de Magallanes, cabo de Hornos, estrecho de Maire hasta el río de Buenos aires, con caletas, puertos y ensenadas, bajos, islas, arrecifes, rios, arrumbamientos, distancias y demás circunstancias que necesita un piloto[…] que a veces es muy acertado aconsejarse con noticias que dan estos libros que son muy ciertas&#8230;A quien de este su dueño fuere, Dios le dé buenos aciertos en todo y por todo. Lima 5 de enero de 1764</em>4, nos confirma la hipótesis del anonimato, pues el autor resulta ser un incógnito piloto que ha copiado un derrotero muy anterior a la fecha que indica, pues da algunas noticias de sucesos pasados que él no pudo conocer. Incluye 11 ilustraciones de las costas con indicaciones náuticas, empezando por Acapulco y terminando por un mapa del Estrecho de Magallanes, donde aparece parte el dibujo incompleto de las islas Malvinas, denominadas “islas nuevamente descubiertas” Lo mismo sucede con el <em>Derrotero de las costas de los reinos del Perú, Tierra Firme, Chile y Nueva España, sacado de diferentes cuadernos que han escrito y usado los más clásicos y experimentados pilotos deste Mar del Sur, 1675. Incluye 270 dibujos. (</em>5) En el “Prólogo exhortatorio” el autor declara <em>“yo no puse nada de mi casa mas que trasladar” </em>pues el derrotero es una copia, para su uso privado, de anteriores derroteros de los pilotos del Mar del Sur, ya que, <em>“me animé con su trato y adquiriendo prestados sus cuadernos a juntar sus obras y experiencias en este libro que si por caso fuese a la imprenta hallasen en un cuerpo todo lo descubierto y qué se trajina en este Mar del Sur” (</em>6).</p>



<p>El [Derrotero] <em>desde la ultima población que tienen los españoles en las costas de Nueva España, en el mar del Sur es la ciudad de Compostela, como manifiesta la demostración de su mapa que da principio a este libro, como se verá en la hoja n.1, para que se tenga verdadera ynteligencia de todos los yntereses que comprehende sus demostraciones en sus mapas [&#8230;]para que sirva de norte a los navegantes que surcan aquellas costas&#8230; </em>Termina abruptamente al final por lo que no sabemos si tiene autor. Incluye 151 dibujos y, 8 hojas de texto. (7)</p>



<p>Por último, el <em>Derrotero general del Mar del Sur, sacado de diferentes autores. Hecho en Panamá en 30 del mes de Diciembre de 1684</em>,8 participa de las mismas características que los anteriores, ya que es una simbiosis de distintos derroteros, como se aclara en la portada donde los datos técnicos están complementados con 148 dibujos a la aguada muy interesantes.</p>



<p>Los derroteros de la costa pacífica de América constituyen un conjunto de manuscritos muy valioso y poco conocido, que no han sido estudiados en su conjunto. Hemos visto como la política de sigilo, establecida por el imperio español para proteger sus rutas marítimas, impidió la publicación de derroteros sin la aprobación de las autoridades científicas del Consejo de Indias. Esta circunstancia motivó que los pilotos se proveyeran por su cuenta de compilaciones de derroteros manuscritos que señalaban solamente la ruta de sus navegaciones, eran de su propiedad y tenían la garantía de poderlos corregir en sucesivas derrotas. Por esta razón la mayoría son anónimos, aunque a veces llevan el nombre del poseedor. La mayor parte de ellos, además de las indicaciones náuticas pertinentes, incluyeron unos dibujos en color de las tierras a las que se dirigían y noticias geográficas, que les confieren una importancia añadida y que justifican el título de este artículo.</p>



<p><strong>NOTAS</strong></p>



<p>1 Luis Albuquerque, Los libros de viajes como género literario, pp. 67-82, Sevilla, Escuela de Estudios Hispanoamericanos, 2006.<br>2 Manuel Moreno Alonso, América ante los pilotos de Ayamonte. El derrotero de las Indias de Benito Alonso Barrozo, Sevilla, 1985, p. 26.<br>3 Archivo General de Indias. Mapas y Planos, México, 53.<br>4 Museo Naval de Madrid, Mss. 180.<br>5 Museo Naval de Madrid, Mss. 1202.<br>6 Museo Naval de Madrid, Mss. 1202, p. 9.<br>7 Biblioteca Nacional de España, Mss. 2957.<br>8 The Hispanic Society of America, Ms. K44.<br><br>* Mª Luisa Martín Merás, es especialista en cartografía marítima española. Ha sido Jefa de Investigación en el Museo Naval de Madrid y Directora técnica del Museo Naval.</p>
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