Texto: Mariano López*
Boletín 84 – Sociedad Geográfica Española
Geografía insólita del mundo
La preservación de las fronteras coloniales para evitar conflictos ha sido un principio asumido y defendido por la Organización para la Unidad Africana y por su sucesora, la Unión Africana. Pero los conflictos han aparecido y aparecen, junto con situaciones sorprendentes, singulares, en el insólito mapa del continente africano aún regido en su mayor parte por fronteras establecidas en el siglo XIX.
¿Cuántos países tiene el continente africano? Depende. Según la Organización de las Naciones Unidas (ONU), África cuenta con 54 países; según la Unión Africana (UA), son 55: los 54 reconocidos por la ONU más la República Árabe Saharaui Democrática (RASD); para el Estado de Israel son 55: los 54 de la ONU más Somalilandia.
Para la ONU, la RASD no existe. Existe el Sáhara Occidental, un territorio que figura oficialmente desde 1963 en la lista de las Naciones Unidas como “pendiente de descolonización”. Es el único territorio de África que continúa en esa lista 63 años después.
La Resolución 2711 de la Asamblea General de la ONU, aprobada el 14 de diciembre de 1970, exigió formalmente a España organizar un referéndum de autodeterminación en el Sáhara Occidental bajo la supervisión de Naciones Unidas, en consulta previa con los gobiernos vecinos de Marruecos y Mauritania. El referéndum no se realizó. El gobierno franquista decidió ralentizar el proceso, ofreciendo primero un estatuto de autonomía. La demora fue contestada por la población saharaui, que, de forma unánime, se manifestó a favor del referéndum y de la independencia en las principales localidades del Sáhara Occidental.
El origen del Frente Polisario
La violenta represión de las protestas pacíficas que se sucedieron en las manifestaciones de El Aaiún —capital del Sáhara español—, el 17 de junio de 1970, dio origen al movimiento que, tres años después, cristalizó en el Frente Político de Liberación de Saguía el Hamra y Río de Oro (las dos regiones que componían el Sáhara español), más conocido, a partir de su fundación, como Frente Polisario, derivado de Poli (político), sa (saharaui) y rio (de Río de Oro).
El objetivo inicial del Frente Polisario era expulsar a las tropas coloniales españolas por la vía armada. El primer atentado sucedió en mayo de 1973, contra el puesto policial español de El Janga, al norte del Sáhara Occidental. Cuando en mayo de 1975, una misión oficial de la ONU visitó El Aaiún, Dajla y Esmara, decenas de miles de saharauis salieron a las calles de estas tres ciudades, las principales del territorio, exhibiendo banderas del Frente Polisario, que rechazaba tanto la soberanía española como las pretensiones de anexión que manifestaba el rey Hassan II de Marruecos. España solicitó entonces a la ONU que enviara una fuerza armada para garantizar la paz en la zona y se encargara de gestionar el referéndum.
La Marcha Verde y los Acuerdos de Madrid
La posición de Marruecos era contraria al referéndum. Defendía que el territorio debería integrarse en el reino marroquí. En abril de 1975, el Rey de Marruecos convocó la llamada Marcha Verde, que se haría efectiva en noviembre de ese mismo año con la marcha de 350.000 civiles seguidos por más de 25.000 soldados marroquíes con la intención común de tomar posesión de la colonia española. Días después de que se iniciara la Marcha, España comunicó que abandonaba unilateralmente el Sáhara Occidental mediante los llamados Acuerdos de Madrid, que transferían temporalmente la administración del territorio a España, Marruecos y Mauritania.
La ONU rechazó el contenido de estos Acuerdos, al igual que el Frente Polisario. La administración temporal tripartita nunca se llevó a cabo: Marruecos ocupó y declaró bajo su administración la parte norte del territorio, la zona de El Aaiún, Esmara y los yacimientos de fosfatos de Bucráa, y Mauritania la parte sur, la zona de Dajla, antigua Villa Cisneros.
Constitución de la República Árabe Saharaui Democrática
El 26 de febrero de 1976, España -ya bajo el reinado de Juan Carlos I- arrió su última bandera en la zona y notificó formalmente a la Secretaría General de la ONU que dejaba de asumir en adelante ninguna responsabilidad de carácter internacional sobre la administración del territorio. Al día siguiente, el Frente Polisario proclamó la constitución de la República Árabe Saharaui Democrática (RASD) con control efectivo de la parte del territorio que no había sido ocupada ni por Marruecos ni por Mauritania.
De inmediato, el Frente Polisario inició una campaña intensiva para que la Organización para la Unidad Africana (OUA) admitiera a la República Árabe Saharaui Democrática entre sus miembros. La postura inicial de la OUA, muy a favor de mantener las fronteras heredadas del período colonial para evitar conflictos, ya desde su constitución, en 1963, fue, inicialmente, contraria a los deseos del Frente Polisario. Pero gran parte de sus miembros cambiaron de opinión cuando Mauritania firmó la paz con el Polisario y dejó a Marruecos como único ocupante.
La RASD en la OUA y en la Unión Africana
El 22 de febrero de 1982, la República Árabe Saharaui Democrática comenzó a formar parte de la Organización para la Unidad Africana (OUA). Veintiséis de los cincuenta y un estados miembros votaron a favor, lo que decidió la entrada de la RASD en la OUA por mayoría simple de los votos emitidos por sus miembros. Marruecos consideró ilegal la admisión y protestó enérgicamente. Dos años después, en la cumbre de la OUA celebrada en Addis Abeba, la RASD tomó formalmente asiento como miembro de pleno derecho. Como respuesta, Marruecos anunció su retirada de la organización. Durante décadas, Marruecos fue el único país de África fuera de la OUA.
En 1999, la mayoría de los miembros de la OUA abogó por crear una nueva organización continental, en la cumbre celebrada en Sirte, Libia. Completados los objetivos iniciales de la OUA, la independencia de África respecto a las potencias coloniales, se decidió la creación de una nueva organización, denominada Unión Africana, centrada en objetivos de unidad social y económica, en modo similar a lo que representaba la Unión Europea.
Tras varias cumbres, actas y declaraciones, la Unión Africana fue oficialmente inaugurada el 9 de julio de 2002 en Durban, Sudáfrica. La RASD pasó automáticamente a ser miembro de la nueva organización, en su calidad de miembro de la anterior. Fue considerada “miembro fundador” de la UA.
El retorno de Marruecos a la Unión Africana
En 2017, Marruecos volvió a la unidad africana, ingresó en la UA. La pertenencia a la UA no le obliga a reconocer a la RASD como Estado ni a mantener relaciones diplomáticas bilaterales. Al contrario: continúa, desde 1976, su conflicto armado con el Frente Polisario.
En sus comunicados oficiales, la RASD presenta un mapa en el que ocupa una extensión de más de 266.000 kilómetros cuadrados, con Marruecos al norte, Argelia al sur, Mauritania al este y el Océano Atlántico al oeste. Las fuerzas militares del Frente Polisario sólo controlan una zona desértica, al este de la línea de muros construidos en el Sáhara Occidental por Marruecos en los años 80, muros que suman 2.700 kilómetros de longitud.
Como Marruecos, otros miembros de la UA tampoco reconocen ni tienen relaciones diplomáticas con la RASD. Pero el hecho es que la República Árabe Saharaui Democrática es uno de los 55 países de África, según la Unión Africana.
La autoproclamada República de Somalilandia
Ni la ONU ni la UA reconocen a Somalilandia como estado. La República de Somalilandia se autoproclamó independiente de Somalia en 1991. La autoproclamación fue definida como la recuperación de la soberanía de Somalilandia respecto a Somalia.
Somalilandia había sido un estado independiente en 1960, durante cinco días. El 26 de junio de 1960, el antiguo protectorado británico de Somalilandia obtuvo su independencia formal del Reino Unido. Cinco días después, el 1 de julio de 1960, se unificó con el Territorio en Fideicomiso de Somalia (la antigua Somalia italiana) para formar la nueva República Democrática de Somalia.
Los límites geográficos autoproclamados por la nueva Somalilandia se corresponden con los del antiguo estado. El gobierno de la nueva república defiende que sus fronteras están de nuevo definidas por las disposiciones del Tratado anglofrancés de 1888, el Protocolo angloitaliano de 1894 y el Tratado angloetíope de 1897.
Situada en el noroeste del Cuerno de África, la nueva república ocupa la misma área que el antiguo y efímero estado: una extensión de 177.000 kilómetros cuadrados, que van, en cuanto a su latitud, desde los 8º N (su límite sur, colindante con la región somalí de Ogadén y las regiones interiores de Somalia) hasta los 11º 30’ N (su extremo norte en la costa del Golfo de Adén, una línea costera que se extiende 850 kilómetros); y, en cuanto a su longitud, desde los 42º 30’ E (su frontera oeste con Yibuti y Etiopía) hasta los 49º 00’ E (su extremo este en el límite con la región de Puntlandia, en Somalia).
La República de Somalilandia alberga una población de 5,7 millones de personas, conforme a las cifras ofrecidas por su Ministerio de Salud. Su capital es Hargeisa. Cuenta con su propia moneda —el chelín de Somalilandia, emitido por el Banco Central de la nueva República-, su propio ejército y su propia policía, y con una notable economía basada en la actividad del puerto de Berbera, en el que han invertido empresas de países que no reconocen como estado a Somalilandia pero sí despliegan sus nodos logísticos en Berbera, como es el caso del DP World de los Emiratos Árabes Unidos.
La ruptura entre Somalilandia y Somalia
La ruptura entre Somalilandia y Somalia tuvo su origen a poco de que se decidiera la unificación. El centro de poder del nuevo país se focalizó en Mogadiscio. Los puestos clave del gobierno, el ejército, la administración, fueron ocupados por miembros de los clanes del sur. El referéndum celebrado el 20 de junio de 1961 para ratificar la Constitución de la República Democrática de Somalia, el nuevo país, fue rechazado, mayoritariamente, por los somalíes del norte, de la extinta Somalilandia, que apenas un año después de declarada la unidad, entendían que Mogadiscio había incumplido las condiciones pactadas de igualdad y representación.
La tensión entre Norte y Sur se disparó durante la dictadura de Mohamed Siad Barre, quien ocupó la presidencia de la República Democrática de Somalia desde 1969 hasta 1991. A finales de los años 70, Siad Barre comenzó una política de persecución contra los clanes del norte, agravada tras la fallida guerra contra Etiopía, en 1978.
En 1981 se fundó en Londres el Movimiento Nacional Somalí, compuesto por miembros del clan Isaaq, el grupo dominante en el norte, en el territorio del antiguo estado de Somalilandia. Entre 1987 y 1989, el régimen de Siad Barre lanzó una campaña militar contra el clan Isaaq, considerado la base del Movimiento Nacional Somalí (SNM por su nombre en inglés). Se realizaron bombardeos sistemáticos, destrucción de aldeas, ejecuciones, la cifra de víctimas se estima entre las 50.000 y las 200.000 personas.
El Movimiento Nacional Somalí tuvo un papel decisivo en el derrocamiento de Siad Barre, que abandonó Mogadiscio, asediado por las guerrillas de varios grupos opositores, el 27 de enero de 1991. Dos semanas más tarde, los clanes de ancianos del antiguo estado de Somalilandia se reunieron en Berbera y acordaron que cada clan seleccionara representantes para una gran conferencia orientada a crear un gobierno independiente de Mogadiscio.
La recuperación de las antiguas fronteras
La decisión de restaurar la independencia del territorio de Somalilandia, definido conforme a los límites del antiguo Protectorado Británico, que luego fueron los del estado de Somalilandia, fue tomada por la Gran Conferencia de Ancianos de los Clanes, celebrada en la localidad de Burao del 27 de abril al 15 de mayo de 1991.
La Asamblea de Clanes redactó en los dos años siguientes la Carta Nacional que sirvió como constitución provisional de la nueva república. El 31 de mayo de 2001, el texto constitucional fue sometido a referéndum. Según los datos oficiales, el 97,1 por ciento de los votantes aprobó la constitución, cuyo artículo central confirmaba la soberanía e independencia de Somalilandia. Desde entonces, la República de Somalilandia ha desarrollado un sistema democrático, multipartidista, que ha llevado a cabo elecciones presidenciales, parlamentarias y locales. La Cámara de Representantes (Parlamento) es elegida mediante voto directo, mientras que la Cámara Alta o Guurti, donde están representados los clanes, elige sus miembros mediante consensos internos de los clanes.
Somalilandia, debido a su ubicación estratégica cerca de Bab el Mandeb, en la entrada del golfo de Adén y el mar Rojo, siempre ha sido un territorio de interés por razones estratégicas y comerciales. El 26 de diciembre de 2025, Israel reconoció a la República de Somalilandia como estado. Esa fecha, el presidente israelí, Benjamín Netanyahu, y el presidente de la República de Somalilandia, Abdirahman Mohamed Abdullahi, firmaron una declaración de reconocimiento mutuo. El proceso culminó meses después cuando ambos países consolidaron sus relaciones diplomáticas con el establecimiento de embajadas.
Un principio romano decide las fronteras
Al igual que sucede en el caso de la autoproclamada República de Somalilandia, otras fronteras en el continente africano tienen su origen en el reparto colonial del siglo XIX. Resulta en cierto modo paradójico que la Organización para la Unidad Africana, que tenía entre sus metas fundamentales apoyar la independencia de las colonias que aún quedaban en el continente, acordó poco después de su fundación, en 1964, una resolución que defendía la inmovilidad de las fronteras coloniales.
El 21 de julio de 1964, durante la primera sesión ordinaria de la Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de la OUA, celebrada en El Cairo, se formalizó la histórica Resolución AHG/Res. 16 (titulada Disputas Fronterizas entre Estados Africanos) por la que todos los estados miembros se comprometían a respetar las fronteras existentes en el momento en que accedieron a la independencia nacional.
Se consagraba en África, con la citada Resolución, el principio del Derecho romano, conocido como uti possidetis iuris (como poseéis por derecho, poseeréis) que habían adoptado entre otros, las nuevas repúblicas hispanoamericanas al independizarse de España y definir sus fronteras.
Las razones aducidas para establecer la Resolución fueron pragmáticas: aceptar fronteras imperfectas a cambio de paz regional y reconocimiento mutuo. Modibo Keïta, presidente de Mali, fue el principal impulsor de la Resolución, apoyado por el anfitrión de la cumbre, Gamal Abdel Nasser, presidente de Egipto, y el emperador de Etiopía, Haile Selassie. Meses antes, Mali había estado al borde de la guerra con Burkina Faso (entonces Alto Volta). Keïta defendía que si África empezaba a cuestionarse las fronteras coloniales, el continente se sumiría en un conflicto perpetuo.
La OUA mantuvo firme el principio de Derecho que inspiraba la Resolución, que ha continuado defendiendo su sucesora, la Unión Africana. El principio se ha mantenido con dos excepciones notables: la secesión de Eritrea de Etiopía (mayo de 1993) y la independencia de Sudán del Sur (julio de 2011).
La firmeza en la aplicación del citado principio ha deparado también situaciones peculiares. Es el caso de las islas Likoma y Chizumulu, en el lago Malaui; la franja de Caprivi en Namibia, y el enclave de Cabinda, separado del resto de Angola. Estos tres casos son consecuencia de negociaciones de las potencias europeas en el siglo XIX que continúan vigentes en el siglo XXI.
Dos islas de Malaui en aguas de Mozambique
Las islas de Likoma y Chizumulu pertenecen a Malaui, pero están situadas dentro de las aguas territoriales del lago Malaui pertenecientes a Mozambique. Ambas islas se encuentran en la parte oriental del lago, a pocos kilómetros de la costa de Mozambique, separadas por decenas de kilómetros de la costa principal de Malaui.
La isla de Likoma se encuentra a 7 kilómetros de la costa mozambiqueña y la de la vecina isla de Chizumulu a 13 kilómetros. Al oeste, la costa de Malaui se encuentra a unos 30 kilómetros de ambas islas.
El Tratado de Heligoland-Zanzíbar, un acuerdo diplomático firmado entre el Imperio Británico y el Imperio Alemán el 1 de julio de 1890, establecía que la frontera entre el África Oriental Alemana (la actual Tanzania) y el protectorado británico de Nyasalandia (actual Malaui) quedaría definida por la línea de la costa oriental del propio lago, la orilla de la actual Tanzania. Al fijar la línea en la propia orilla, el Reino Unido se adjudicó la totalidad de las aguas del lago y de sus islas.
Cuando Malaui y Tanzania se independizaron, en la década de 1960, Malaui reclamó la totalidad de la superficie del lago basándose en el principio uti possidetis iuris, en el hecho de que el tratado de 1890 establecía esa propiedad al protectorado británico.
Tanzania considera que la aplicación de ese tratado viola el derecho internacional que entiende, en casi todos los lagos compartidos del mundo, que la frontera debe quedar establecida en la línea media del lago. Las diferencias entre Tanzania y Malaui respecto a su frontera en el norte del lago Malaui continúan hoy.
La línea fronteriza actual en el sur del lago Malaui, entre Malaui y Mozambique, es el resultado del Tratado Anglo Portugués de 1954. A diferencia de lo que ocurrió con Alemania a la hora de establecer la frontera en el norte del lago, en el sur, el Reino Unido y Portugal se pusieron de acuerdo: fijaron la frontera entre Nyasalandia (actual Malaui) y la Provincia Ultramarina de Mozambique (actual Mozambique) conforme a la línea media de las aguas del lago, de modo que el lado oriental del sur del lago Malaui quedaba bajo control portugués. Con una única excepción: las islas de Likoma y Chizumulu, en las que los misioneros ingleses habían establecido en la década de 1880 importantes iglesias y comunidades anglicanas.
En la actualidad, no existen disputas de soberanía entre Mozambique y Malaui. Los habitantes de Likoma y Chizumulu son plenamente malauíes. La única fricción ocasional se centra en los derechos de pesca y navegación en las aguas que rodean a los enclaves, reclamados tanto por los malauíes como por los mozambiqueños.
La franja de Caprivi, herencia del tratado anglo alemán de 1890
El Tratado Heligoland-Zanzíbar ha dejado también una singular herencia en el África Austral: la franja de Caprivi, una larga y estrecha extensión de tierra que, en los mapas, parece un apéndice de Namibia que se prolonga por el nordeste con una cuña que se abre paso entre el norte de Botsuana y el sur de Angola y Zambia hasta encontrarse con la frontera de Zimbabue. Su longitud alcanza los 450 kilómetros, mientras su anchura varía desde los 30 hasta los 100 kilómetros.
La franja lleva el nombre de Leo von Caprivi, el general que sustituyó como canciller de Alemania y ministro presidente de Prusia a Otto von Bismarck. Caprivi fue quien lideró, firmó y supervisó, por parte de Alemania, el tratado Heligoland-Zanzíbar, también llamado Acuerdo Anglo-Alemán, el 1 de julio de 1890. Por parte británica, fue firmado por Robert Gascoyne-Cecil, primer ministro de Reino Unido.
Con el Tratado, Alemania ganó la isla de Heligoland, en el mar del Norte, la costa de Dar es Salaam, y una extensión del África del Sudoeste alemana que la conectaba con el río Zambeze. A poco de firmarse el Tratado, esta extensión, que en el acuerdo no tenía nombre, comenzó a ser llamada en los mapas y en los documentos de la administración alemana como “franja de Caprivi”, en honor al canciller firmante.
La conexión de las posesiones alemanas en África del Sudoeste con el río Zambeze buscaba dificultar que el Reino Unido poseyera un bloque territorial continuo desde Sudáfrica hasta el norte del continente, un bloque que facilitaría, en principio, el proyecto del magnate del oro y los diamantes sudafricanos, Cecil Rhodes, de establecer una línea férrea entre Ciudad del Cabo y El Cairo. Pero, sobre todo, la conexión con el Zambeze era un acto de fe: Caprivi confiaba en la capacidad de los ingenieros alemanes para crear puertos, esclusas, carreteras y ferrocarriles que sortearan las cataratas Victoria, facilitaran la navegación por el Zambeze hasta su desembocadura en el Índico y acabaran convirtiendo la franja en la llave de paso entre el Atlántico y el Índico.
En agosto de 2013, el gobierno de Namibia decidió cambiar el nombre a la franja dentro de un plan para eliminar vestigios coloniales del mapa nacional. Fue rebautizada oficialmente como Zambezi, que es el nombre del río en varias lenguas de los países que cruza. Las fronteras de Namibia, Zambia y Botsuana confluyen en un tramo del Zambeze, separado tan solo unos cien metros del punto en el que convergen las fronteras de Zambia, Zimbabue y Botsuana.
Cabinda: un territorio de Angola separado de Angola
La singularidad de Cabinda, un territorio que pertenece a Angola, pero está separado del límite norte de la frontera angoleña por una franja de unos 40 kilómetros de ancho que pertenece a la República Democrática del Congo, tiene también su origen en un tratado colonial: la Conferencia de Berlín (1884-1885), en la que las potencias europeas se repartieron toda África con la excepción de Liberia y Abisinia (actual Etiopía). El Acta General de la Conferencia canceló las aspiraciones de Portugal, que reclamaba el control absoluto de la desembocadura del río Congo, en favor de las exigencias de las grandes potencias que determinaron la libre navegación y comercio en toda la cuenca del Congo.
El rey belga Leopoldo II resultó especialmente beneficiado. En paralelo a la celebración de la Conferencia de Berlín, logró que los principales gobiernos presentes en Berlín firmaran un tratado bilateral con su propia empresa: la Asociación Internacional de Congo, una corporación privada de la que el rey belga era el máximo accionista.
En febrero de 1885, los representantes de la Asociación Internacional del Congo firmaron un documento de Adhesión al Acta General de la Conferencia de Berlín. El presidente de la Conferencia, el canciller alemán Otto von Bismarck, leyó formalmente los acuerdos diplomáticos y declaró ante los delegados internacionales el nacimiento de un nuevo estado: la Asociación Internacional del Congo pasó a llamarse Estado Libre del Congo, sin cambiar su estatus de empresa privada. Es un caso extraordinario en la historia del Derecho Internacional.
Finalizada la Conferencia de Berlín, en 1885, la Cámara de Representantes y el Senado de Bélgica autorizaron a Leopoldo II a ser soberano del Congo bajo una fórmula de unión puramente personal: Bélgica no aportaría soldados, funcionarios ni fondos públicos para administrar el territorio africano regido por su rey. La empresa real acabaría resultando ruinosa para Leopoldo II. En 1908, Bélgica terminó haciéndose cargo de las deudas y se anexionó oficialmente el Congo.
Para asegurar el acceso al océano Atlántico del Congo de Leopoldo II, la Conferencia berlinesa determinó una franja de territorio que dividía el territorio portugués en dos: al sur de la desembocadura del Congo se extendían los territorios de la actual Angola y al norte la pequeña franja de Cabinda, también portuguesa. En medio, el corredor belga.
El 1 de agosto de 1975, el Frente para la Liberación del Enclave de Cabinda (FLEC) proclamó unilateralmente la independencia de la República de Cabinda. Esta declaración no obtuvo ningún reconocimiento internacional. El territorio de Cabinda pasó a formar parte de Angola tras la independencia de todo el país el 11 de noviembre de 1975. La franja de tierra diseñada en 1885 para dar salida al Atlántico al Estado Libre del Congo, posteriormente Congo belga, se mantuvo igual tras la independencia de la República Democrática del Congo, en 1960, y tiene la misma dimensión en la actualidad.
Azawad, Ogonilandia y Barotselandia
El interés de la Unión Africana por mantener las fronteras coloniales no ha conseguido disipar, en lo que va de siglo XXI, todos los conflictos. Es el caso del territorio del norte de Mali conocido por los tuaregs como Azawad. El Movimiento Nacional para la Liberación de Azawad inició un conflicto armado con el gobierno de Mali en 2011, conflicto que hoy continúa. Se autoproclamó Estado independiente de Azawad en 2012, pero no fue reconocido internacionalmente.
En Nigeria, Kenule Beeson Saro-Wiwa, candidato al premio Nobel de Literatura, lideró en los años 70 del pasado siglo las aspiraciones del pueblo ogoni a conseguir la autonomía de su territorio, Ogonilandia, en la región del Delta del Níger, al sureste de Nigeria. Saro-Wiwa fue el principal opositor a la extracción incontrolada de petróleo en el territorio ogoni, que ha sufrido daños ambientales desde 1950. Reclamaba el fin de la degradación ecológica y que una parte de los ingresos por la extracción de petróleo se quedara en la comunidad ogoni. Murió ejecutado por el régimen nigeriano en 1995. La fundación Saro-Wiwa continúa su legado. Ogonilandia sigue siendo una reivindicación política territorial de la minoría ogoni, apoyada por diferentes líderes sociales, culturales y políticos africanos.
En 1991 se fundó en La Haya la Organización de Naciones y Pueblos No Representados (UNPO), una organización internacional cuyos miembros reclaman la soberanía por el camino de la democracia, la no violencia, la autodeterminación y los derechos humanos. Veinte entidades africanas pertenecen a la UNPO, entre ellas Ogonilandia y Biafra (Nigeria), Oromo (Etiopía), Annobón (Guinea Ecuatorial) y Barotselandia (Zambia).
El caso de Barotselandia remite a la historia de varios siglos del pueblo lozi, que habita en el curso alto del Zambeze. Su territorio abarca unos 126.000 kilómetros cuadrados, en los que viven 3 millones y medio de personas. Los lozi han preservado su lengua, sus costumbres y su tradición monárquica. El rey actual, el litunga (título del rey que significa guardián de la tierra) es Lubosi II, coronado en 2000. En 2011, el rey y los líderes barotse declararon unilateralmente la independencia de Zambia, acto que no tuvo reconocimiento internacional.
El llamativo caso del Principado de Pontinha
Fuera de la UNPO, el único territorio africano que ha declarado unilateralmente su independencia ha sido la isla de Pontinha, un mínimo enclave insular rocoso situado frente al puerto de Funchal, en Madeira. Un empresario de la construcción, autoconsiderado artista y escenógrafo, Renato Barros, adquirió la propiedad del Fuerte de San José, una fortaleza levantada en tiempos de Enrique el Navegante, cuando Pontinha resultaba estratégica para el comercio con Madeira y la exploración de la costa atlántica africana.
Barros pagó unos 25.000 euros a la familia británica Blandy por la propiedad del fuerte y del islote, de 178 metros cuadrados. Los Blandy, importantes productores y exportadores de vino de Madeira, habían adquirido en 1903 al rey Carlos I de Portugal la fortaleza y el islote mediante subasta pública.
Junto con la propiedad, Renato Barros recibió la Carta Regia emitida por Carlos I de Portugal que incluía plenos poderes de dominio sobre el territorio. Barros se autoproclamó “Príncipe de Pontinha”, con el nombre de Renato II, gobernante de una micronación habitada únicamente por él mismo y, ocasionalmente, por su familia y amigos. Reclamaba el derecho a las 200 millas náuticas alrededor de la isla y la independencia frente a Portugal.
En 2017, una de las empresas de Renato Barros en Portugal acumuló deudas por encima de los 500.000 euros. La justicia portuguesa procedió al embargo de sus bienes personales y empresariales. La propiedad del fuerte, sujeto a proceso concursal, pasó a inversores privados, ajenos a las pretensiones independentistas del “Príncipe de Pontinha”.
(*) Mariano López es periodista