Lenguas, trujamanes y traductores. Los olvidados intérpretes

Entre los personajes que han participado en exploraciones y grandesviajes y que permanecen en la sombra, merecen una mención especiallos intérpretes, muchos de ellos protagonistas de historias singularesque les llevaron a dominar varias lenguas: naúfragos, cautivos de pueblosindígenas o nativos que recibieron una educación especial. Susnombres, en la mayor parte de los casos, permanecen en el olvido.

Hay miles de páginas dedicadas a los exploradores, a sus viajes llenos de peligros y de acontecimientos fantásticos que les acabarían recompensando con la gloria imperecedera. Conocemos los nombres y la historia de conquistadores, expedicionarios, viajeros y aventureros de quienes hemos oído hablar desde niños y que nos hicieron soñar con seguir sus pasos y morar con ellos para siempre en el reino de la fama. Pero nada o poco se sabe de quienes constituyeron una ayuda imprescindible para conseguir sus logros, porque sin la comunicación, la mayor parte de esas empresas hubiera sido simplemente imposible.

¿Alguna vez nos hemos preguntado cómo hacían nuestros héroes para entenderse con las poblaciones nativas de los lugares a los que llegaban para conquistarlos, explorar su territorio o llevar la evangelización? ¿Sabemos de dónde provenían esas personas que hicieron de puente de comunicación entre esos mundos? ¿Cómo es posible que dominaran varias lenguas en épocas donde la educación estaba restringida a una estricta minoría y solo se estudiaban las lenguas clásicas? ¿Cómo lograron adquirir la competencia lingüística y cultural que se necesita para llevar a buen puerto negociaciones de capital importancia, tratos comerciales relevantes u operaciones políticas de enorme delicadeza?

El tema es fascinante y aunque está poco documentado es posible bucear en los textos del pasado y encontrar referencias que nos asombran, admiran y a veces nos provocan una sonrisa por el carácter rocambolesco de la mayor parte de esas vidas prácticamente desconocidas. Este artículo pretende arrojar un poco de luz sobre la figura del intérprete, llamar la atención sobre ellos, sobre la inestimable tarea que llevaron a cabo haciendo posibles hazañas y descubrimientos que han tenido consecuencias importantísimas para nuestra vida actual y sin los que el curso de la historia habría sido completamente distinto.

 

En primera línea de la historia

Los intérpretes han estado siempre en la primera línea de la historia, no solo como testigos privilegiados de hechos fundamentales sino también, en muchos casos, como elementos clave. Para saber algo sobre ellos es necesario consultar su correspondencia, diarios íntimos, memorias y autobiografías, así como toda una serie de documentos en los que se habla de intérpretes siempre de manera marginal.

Sin embargo, en sus comienzos no les llamaban así, sino que recibieron muchos nombres diferentes a lo largo de los años: lenguas, lenguaraces, truchimán, trujamán y dragomán, entre otros. Habrá que esperar al siglo XVIII para que empiece a utilizarse el término “intérprete”. Sabemos que a lo largo de distintas épocas hubo una lengua franca que facilitaba la comunicación entre pueblos con distintas lenguas. Estas lenguas vehiculares se utilizaban dentro de un territorio o de un grupo social específico, pero cuando se iba más allá de de esos confines era necesario recurrir a los intérpretes. Ese fue el caso del ejército, comerciantes, exploradores o misioneros.

No puede decirse con certeza quién fue el primer intérprete de la historia ni cuándo comenzó a existir esta profesión apasionante que en sus inicios no sería tal, sino simplemente una ayuda entre dos o varios seres humanos con necesidad de comunicarse, prestada por un tercero, que por los motivos más variados y peregrinos, como veremos a lo largo de este escrito, hablaba ambas lenguas.

Hay que acudir a los egipcios para hallar la primera constancia que tenemos de traducción oral, en el 3000 a.C. este pueblo ya poseía un jeroglífico que significaba “intérprete” e “interpretación”. En los textos históricos, especialmente en los de la antigüedad clásica, contamos con numerosos pasajes relacionados con los intérpretes. Aparecen cinco en Tito Livio y varios en las obras de César o Cicerón, entre otros autores.

Un análisis del Anábasis de Jenofonte, por ejemplo, nos lleva a descubrir que durante las negociaciones entre griegos y persas cada campamento tenía sus propios intérpretes. También en el Antiguo Testamento se menciona su papel, en el pasaje de la venta de José por sus hermanos. A través de estas páginas queda patente que la interpretación siempre fue necesaria para los diferentes pueblos y el intercambio de todo tipo: cultural, comercial, etc. que surgió entre ellos.

En el imperio egipcio, en el tercer milenio, durante la sexta dinastía, los intérpretes desempeñaron un papel muy importante guiando expediciones comerciales y militares, así como en la administración de Menfis; eran los llamados dragomanes y gozaban de gran consideración por parte de los condes. Muchos de los intérpretes fueron esclavos capturados. Pero también existieron intérpretes de alta cuna, como los hijos de los príncipes extranjeros, del año 2502 a 1610 (a.C.).

Curiosamente, a la actividad de traducción se le atribuían en la antigüedad cualidades místicas, pues los intérpretes debían mediar no solo entre los hombres, sino también entre estos últimos y Dios. En las mitologías egipcia y griega los dioses Tot y Hermes respectivamente, eran considerados los creadores de las lenguas y sus mediadores.

A diferencia de los egipcios, los griegos no mostraron mucho interés por la labor del intérprete. No así los romanos, quienes la reconocieron de utilidad pública.

El ejército romano planificaba continuamente la conquista de territorios en Europa, Asia o África, haciendo imprescindible la actuación de intérpretes militares.

Durante las Guerras Púnicas, las conversaciones de paz fueron frecuentemente confiadas a intérpretes. En la segunda Guerra Púnica, en el 207 a.C., que se originó por la protesta ante la agresión de Aníbal a una colonia griega, los romanos interceptaron una carta que Asdrúbal le enviaba a su hermano Aníbal y la hicieron traducir de inmediato por un intérprete ante el senado. Éste es uno de los primeros ejemplos de traducción oral de la época, lo que en el marco académico se denomina hoy en día Traducción Oral a Simple Vista (TOASV).

Para someter a los pueblos conquistados se necesitaba de intérpretes que pudieran comunicarse con ellos. Es así como en la Edad Media esta figura también fue necesaria, sobre todo en las cortes de los soberanos.

Aunque como hemos visto podemos encontrar testimonios de la existencia de los intérpretes a lo largo de los siglos, antes del Renacimiento son muy escasas las menciones que de ellos se hacen. La razón, en parte, puede ser la perennidad de la palabra escrita frente a la fugacidad de lo oral. Otro motivo para justificar su ausencia en los anales de la historia podría ser su condición social: estas personas representantes de un mestizaje étnico y cultural, eran a menudo cautivos, mujeres o miembros de una clase inferior. A pesar del papel principal que desempeñaron, estos mediadores interculturales no tuvieron derecho a ocupar el lugar que les correspondía en los documentos históricos.

Hallamos más referencias en los escritos en bajo latín y en las obras árabes medievales. Será la Edad Media con su demanda en auge de intérpretes la que revele la importancia de su función: así por ejemplo, los cronistas franceses subrayan su relevancia durante las Cruzadas. Pero tendrá que llegar el Renacimiento para que la interpretación conozca su verdadero desarrollo: el Humanismo despertará un interés hasta entonces desconocido hacia las lenguas extranjeras y Europa se lanzará con ímpetu a la época de las grandes expediciones de exploración, descubrimiento y conquista. Esta es la época en la que se levantaron los imperios coloniales. Por eso, para seguir el rastro de los intérpretes podemos acudir a los archivos diplomáticos de fines de la Edad Media y a los archivos comerciales de la República de Venecia hasta el siglo XVIII.

 

A la conquista por la lengua

Pero si hay un momento en la historia en la que esta actividad adquiere todo su protagonismo y se revela indispensable será en la conquista de América. La literatura existente sobre los primeros encuentros colombinos da buena cuenta de ello.

Al principio de la conquista, al tratarse de dos culturas absolutamente diferentes hubo que establecer contacto con códigos nuevos en la lengua, la religión y en todos los aspectos sociales y culturales. Los conquistadores se encontraron con unos pueblos con los que necesitaban comunicarse y los primeros encuentros se establecieron, sin duda, mediante señales y símbolos. El siguiente paso sería la comunicación oral que pondría de relieve la enorme dificultad para entenderse entre indígenas y extranjeros.

La traducción se hacía absolutamente indispensable, pero con el tiempo se comprobó que podía tener un doble filo ya que podía ser un arma muy valiosa y peligrosa al mismo tiempo.

Siguiendo el hilo de los distintos territorios colonizados y del avance por el continente americano, descubrimos a personajes de leyenda, vidas novelescas o anécdotas increíbles relacionados con estos mediadores lingüísticos. Es interesante identificar qué tipo de intérpretes nos encontramos en el Nuevo Mundo, aquí nos ocuparemos solo de algunos de ellos: indios secuestrados, españoles náufragos primero capturados y posteriormente rescatados, prisioneros extranjeros y por último, indios que habían recibido educación. Ninguno de ellos llevaba a cabo la labor de intérprete por propia elección sino que les venía impuesta por su situación de inferioridad, bien por que estuvieran en cautiverio o bien en otras circunstancias, sometidos por los jefes españoles o los caciques indios.

Ya Cristóbal Colón en 1492 llevaba consigo a un intérprete llamado Don Luis de Torres que fue el primer intérprete español que pisó suelo cubano. Hablaba el arameo, el hebreo y el árabe y fue el primer judío que se estableció en el Nuevo Mundo. Aún sin haberse convertido al cristianismo, sirvió como intérprete al gobernador de Murcia pero para escapar al edicto de expulsión emitido contra los judíos en España, Torres renegó de su religión poco antes del primer Colón pensaba que los conocimientos lingüísticos de Torres podrían resultarle muy útiles en Asia porque le darían la posibilidad de entenderse con los mercaderes locales judíos. Una vez llegados a Cuba, con la errónea idea de encontrarse en las costas de Asia, Torres y el marinero Rodrigo de Jerez fueron enviados por Colón, el día 2 de noviembre de 1492, en una expedición hacia el interior.

El objetivo era explorar la zona, establecer contacto con su gobernante y recabar información sobre el emperador de Asia, a quien Marco Polo había descrito como el Gran Khan. Lógicamente no lograron este último propósito pero sí que harían un descubrimiento de enorme repercusión hasta nuestros días: recibidos en una villa india con grandes honores, informaron a Colón de la costumbre local de secar hojas, meterlas en cañas, quemarlas e inhalar el humo. Se trataba nada menos que del primer encuentro europeo con el tabaco.

Posteriormente en su primera escala en Guanahani, una de las Lacayas, actualmente Bahamas, Colón decidió embarcar a seis indígenas para que actuasen de intérpretes y guías. El más famoso de ellos fue el indio bautizado como Diego Colomb.

Otro indio “enrolado” como intérprete durante las incursiones españolas en los nuevos territorios fue Francisco de Chicora, nombre con el que fue bautizado.

El apellido lo tomó de su tierra, que hoy es Carolina del sur, donde fue apresado y llevado a España por Lucas Valdés de Ayllón en 1523, circunstancia que le hizo aprender español.

Uno de los conquistadores que utilizó sistemáticamente la captura de indios que le sirviesen de intérpretes y guías fue Don Tristán de Luna Arellano. De dos de estos guías procedentes de la costa atlántica de Florida que fueron llevados a España, conocemos las andanzas de Paquinineo, joven hijo de un jefe.

A su regreso al continente americano sirvió como intérprete a los misioneros dominicos, de quienes recibió su educación, pero acabó organizando una partida para asesinarlos frustrando así la ambición colonialista española en Chesapeake.

Aunque al mencionar a estos personajes siempre se encomian sus habilidades lingüísticas, llama la atención el caso de Felipillo, quien según el Inca Garcilaso (hijo del conquistador español Sebastián Garcilaso de la Vega y de una princesa indígena) era torpe en ambas lenguas, español y quechua. Este peruano nació hacia 1510 en Puná (Perú). En 1526, siendo aún un muchacho, Pizarro le recogió, le enseñó español y más tarde le convirtió en su intérprete durante la conquista de Perú. Su poca destreza con los idiomas justificaría el que tergiversara las palabras de Hernando de Soto cuando fue a visitar a Atahualpa provocando que éste quedara preso. Aunque quizás la aparente torpeza no fuera más que una estratagema pues con el fin de quedarse con una de las mujeres de Atahualpa lo acusó falsamente de estar reuniendo tropas para acabar con los españoles y aquél fue sentenciado a muerte por traidor. Después marchó a Quito (Ecuador) con Almagro, a quien traicionó pasando información a Pedro de Alvarado, el enemigo de Almagro. Este último le perdonó y se lo llevó a Chile para espiar a favor de Pizarro pero una vez allí el indígena huyó con otros indios al enterarse del levantamiento de Manco Capac. Almagro mandó capturarle, matarle y descuartizarle. Sin duda fue una vida intensa donde las haya y que nunca se esperaría de alguien a quien se designa con ese apelativo tan familiar y casi despectivo de “Felipillo”.

 

Los naúfragos intérpretes

Entre las desventuras que padecieron la mayoría de quienes actuarían como enlace entre lenguas cabe destacar los naufragios. Esa fue la causa de que Hernando de Soto en su recorrido por la Florida encontrara al náufrago castellano Juan Ortiz, quien actuaría para él como intérprete de forma loable hasta Otro barco a merced de la mar dará como resultado que el cura Jerónimo de Aguilar acabase siendo el intérprete de Hernán Cortés. Desde su Écija natal marchó a América en una de las primeras expediciones que se organizaron durante la conquista. Poco tiempo después de su establecimiento en las islas del Caribe, en 1510, Núñez de Balboa capitanearía una expedición que se coronó con la fundación de Santa María Antigua del Darién. Formaban parte de la misma Gonzalo Guerrero y Jerónimo de Aguilar, quienes más tarde participarían en uno de los primeros intercambios con los grupos mayas de la península de Yucatán. Tras el naufragio del barco que transportaba a los expedicionarios, de Aguilar pasó ocho años en la isla de Cozumel.

Fue prisionero de los indígenas y escapó al sacrificio en el que fueron inmolados la mayoría de sus compañeros por ser demasiado flaco. Cuando en 1519 la expedición al mando de Hernán Cortés desembarcó en dicha isla, el religioso español fue rescatado y entró al servicio del capitán para prestar servicios como intérprete. Su largo cautiverio hizo que aprendiera la lengua de los indios y ello fue fundamental durante toda la conquista de México, especialmente con los indios de Tabasco. Con posterioridad se estableció en México donde ocupó importantes cargos y colaboró en diversas expediciones militares.

Un caso singular es el del primer intérprete negro en Cuba. Estebanico, mencionado por Alejo Carpentier y Fernando Ortiz, fue el primero de su raza del que se tienen noticias y además (de nuevo los poderes mágicos atribuidos a los lenguaraces) el primer brujo negro que hubo en Cuba. Fue llevado allí por Pánfilo de Narváez a la Florida en 1527 y estuvo en la actual Texas hasta 1539.

Un aspecto importante que cabe poner de relieve es cómo la actividad de intérprete a lo largo de la historia ha sido llevada a cabo también por mujeres, en unos siglos donde éstas tenían un escaso papel fuera del hogar y estaban llamadas solo a ser esposas y madres de familia.

 

Mujeres que hablaban lenguas

En la actualidad podemos decir sin miedo a equivocarnos que la gran mayoría de estos profesionales pertenecemos al género femenino. Al respecto existen varias teorías que defienden la mayor facilidad de la mujer para los idiomas y una capacidad especial para analizar el mensaje y transmitirlo de forma completa sin perder ni uno solo de sus matices.

Fue precisamente una mujer quien elevó el papel de intérprete a sus más altas cotas en una época crucial para nuestra historia. Su nombre aún resuena en nuestros oídos y está rodeado de un aura de leyenda. Las circunstancias de su vida la hacen heroína de novela y la manera en que supo hacer fructificar las situaciones de su azarosa existencia, marcada por su venta, esclavitud y separación de los suyos, la convierten en alguien admirable. Corría el año 1500 cuando en una familia noble, en la provincia de Veracruz al sur de México, nacía Malinalli, nombre en náuhatl que designa tanto un mes como unas hierbas que sirven en la fabricación de cuerdas. Malinalli Tenépal es otra de las maneras como la nombraban, haciendo claramente alusión a su don de lenguas, ya que en náuhatl “tenépal” significa “persona que tiene facilidad de palabra, que habla mucho y con animación” . Años después al ser bautizada recibiría el nombre de Marina.

Su desgracia comienza al morir su padre, motivo por el que su madre casa por segunda vez y da a luz un varón. Para favorecer al nuevo vástago y convertirle en el único heredero, la madre y el padrastro de Marina la regalaron o vendieron como esclava y la declararon muerta. Desde su región de habla náhuatl viajó a zonas de lengua maya en Yucatán, donde aprendió el idioma, después sería adquirida por el cacique de Tabasco.

La historia que la catapultaría a la posteridad comienza en el pueblo de Centla, en Tabasco, cuando tras una batalla de la que sale vencedor, Cortés recibe en obsequio un grupo de veinte mujeres jóvenes, una de ellas era la joven Malitzin o Malinche, que sería una de las primeras intérpretes de América. La índigena dominaba varios dialectos mayas aparte del náhuatl de los aztecas. De esta manera se convirtió en la intérprete de Cortés hasta tal punto con el tiempo sería llamada “la lengua de Cortés”. En las zonas donde se hablaba el náhuatl ella lo interpretaba al maya y Jerónimo de Aguilar –que desconocía esta lengua– al español.

Los encuentros con Moctezuma se realizaron gracias a esta combinación de intérpretes.

Marina amplió rápidamente sus conocimientos lingüísticos al aprender español. Se ganó la confianza del Cortés, se convirtió en su amante y llegaría a darle un hijo. Su aprendizaje de nuestra lengua llegaría a hacer innecesarios los servicios de Aguilar y la convirtió en un elemento esencial para la conquista. Sabemos fehacientemente que ella posibilitó la comunicación entre el caudillo español y varios de los líderes indígenas de la antigua América, lo que fue crucial para ganar México pues a la sazón los tlaxcaltecas buscaban aliados contra los aztecas por sus sanguinarias exigencias de sacrificio humano y pago de tributos.

El hito de su carrera como intérprete fue ese momento inicial, cara a cara, entre Cortés y Moctezuma, pero también llevó a cabo una fecunda labor en cuantiosos intercambios entre los españoles y una gran cantidad de indígenas. A su favor se dice que ella favorecía activamente las negociaciones en lugar del derramamiento de sangre.

Para muchos su papel en la historia es el de traidora de su pueblo, pero para otros es el de mujer inteligente ya que gracias a su intervención se salvó la vida de muchos aborígenes y se establecieron alianzas importantes. Para el autor mexicano Gómez de Orozco la Malinche “fue una parte instrumental de la estrategia española al interpretar en tres idiomas y al ofrecer información esencial sobre la organización económica, el conocimiento de las costumbres nativas, el orden y la sucesión de los reinos, las formas de tributo, las reglas que regían las relaciones familiares, etc.” Cortés demostró siempre su aprecio y respeto por Marina, encomiando su labor de intérprete y mediadora entre culturas; dice en una carta“Después de Dios le debemos la conquista de la Nueva España a Doña Marina”.

Hay otras mujeres de las que quedan huellas en este periplo de llegada y conquista del Nuevo Mundo. La joven Lacsohe fue capturada por Don Tristán de Luna Arellano y se convirtió en su intérprete. También encontramos referencias a una joven indígena cubana que tras su captura sería bautizada con el nombre de Magdalena y que sirvió de intérprete.

Dando un salto temporal y también geográfico nos trasladamos a Idaho, cerca del actual Bismarck al norte de Dakota, para encontrar otro ejemplo notable de mujer que destacó por su labor de intérprete. Su nombre era Sacagawea y en 1804 con Jefferson como presidente de Estados Unidos, esta indígena de la tribu shoshone, guió la primera expedición oficial en cruzar Norteamérica. Su tarea era la hacer de intérprete del capitán Meriwether Lewis y del teniente William Clark, quienes iban a la cabeza de la exploración organizada por Thomas Jefferson para documentar una ruta terrestre que llevara al Océano Pacífico desde el río Misissipi. Fue la única mujer que formó parte del grupo expedicionario.

De nuevo en su aprendizaje de lenguas nos encontramos con un episodio de secuestro: a los doce años fue raptada de su aldea, de ahí que aprendiera varios dialectos indios.

La complicada y larga expedición tenía que atravesar varios estados donde habitaban tribus contrarias a la conquista. Sacagawea, gracias a su dominio de distintos idiomas indígenas, actuó como intérprete de estos dos grandes exploradores. En la historia ocupa un lugar relevante no solo porque ella misma fue una gran exploradora sino porque además de actuar como puente de comunicación lingüística sirvió como enlace entre culturas. Respondiendo a esa antigua creencia que atribuía a los “lenguas” propiedades místicas o chamánicas, esta mujer poseía conocimientos sobre plantas medicinales y curativas, lo que unido a sus servicios de traducción propició que la misión fuera un éxito.

Con el tiempo llegaría a dominar el hidatsa y el francés a causa de su matrimonio con un canadiense francés, Toussaint Charboneau, que hablaba ambas lenguas, convirtiéndose en un caso admirable de poliglotismo. Hoy en día la moneda de un dólar estadounidense lleva inmortalizado el retrato de esta soshon.

En puridad no podemos hablar de retrato ya que no nos han llegado imágenes de ella pero puede considerarse un homenaje a su figura y a su hijo Pompy (que significa primer viajero) de quien no se separó y que acurrucado en las espaldas de su madre realizó todo el periplo.

Como intérprete y viajera siento una profunda admiración por estos predecesores que a lo largo del tiempo y a través de los más intrincados vericuetos y las circunstancias más extremas tuvieron la capacidad de aprender lenguas distintas a la suya, de abrir su mente a nuevas culturas y nuevas formas de pensar, de asimilarlas y de entrar en empatía con aquellos a los que prestaban servicio, aunque en ocasiones hubieran sido los causantes de su desdicha, para transmitir su pensamiento y actuar como enlace entre mundos que de otra manera hubieran permanecido incomunicados para siempre. Porque esa es la difícil y sutil tarea de un intérprete. Sirvan estas páginas como homenaje a todos ellos.

 

Diana Soliverdi es intérprete y traductora en varios idiomas. Es miembro de la Sociedad Geográfica Española.