Texto y fotos: Fran Contreras

Boletín 71 – Sociedad Geográfica Española

Camino de Santiago.

Desde hace siglos, millones de personas lo han recorrido en busca de la fe, los milagros, el perdón, lo sagrado, lo ignoto o el conocimiento. En pleno siglo XXI, el Camino de Santiago sigue vivo y es, sin lugar a dudas, la ruta cultural, histórica, artística, religiosa y espiritual, así como el camino iniciático y mágico, más importante de todos los existentes en el mundo. Este nuevo año 2022 -de forma excepcional declarado Año Santo por tercera vez en la historia del Camino de Santiago-, tenemos una nueva oportunidad para recorrer los 900 kilómetros que conforman la ruta jacobea, reconectando y descubriendo naturaleza, historia, arte, arquitectura, gastronomía, tradiciones, costumbres, leyendas, secretos, leyendas y misterios. El autor, peregrino en hasta doce ocasiones, y con distintos lugares de partida, desarrolla lo que aquí nos cuenta en su Guía Mágica del Camino de Santiago.

 

Según la Vita nuova de Dante y las Siete Partidas de Alfonso X el Sabio, existían tres modos de peregrinar: por pura y simple voluntad, para cumplir un voto haciendo penitencia, y para conseguir indulgencias plenarias. En el pleno siglo XXI existe una más, la mágica y sagrada. No cabe duda de que el Camino de Santiago es una experiencia personal e intransferible. Cada persona encontrará y vivirá el Camino que quiera y busque. Hay tantos propósitos para hacerlo -cultural, deportivo, gastronómico o medioambiental, entre otros- como peregrinos. Pero no es menos cierto que hemos olvidado lo más básico y fundamental: que el Camino de Santiago nos descubre más de dos mil años de historia, y que es, por encima de todo, una experiencia personal. No en vano, nadie dice: “He viajado al Camino”, todos dicen: “He hecho el Camino”.

EL VIAJE EXISTENCIAL Y MÁGICO DEL SER HUMANO

Y es que caminar, hacer camino, ha sido una constante en la historia del ser humano. Desde que tenemos consciencia de nuestra existencia, hemos caminado. Estamos hechos para caminar. Hemos caminado para cubrir nuestras necesidades primarias y en busca de horizontes, de tierras extrañas, que nos permitieran avanzar en otros sentidos. Hemos caminado movidos por la curiosidad, por el anhelo de descubrir y aprender, pero también en busca de lo desconocido, de lo ignoto, al encuentro de aquellos parajes donde moraba lo divino, mágico e invisible. Una búsqueda y un camino que es parte de nosotros, de nuestra naturaleza, de nuestra alma, y esencia ancestral. Caminar y buscar ha sido y sigue siendo una constante en el ser humano. Una de sus metas vitales. Y cada paso dado en ese camino hacia el conocimiento de la auténtica y misteriosa “realidad” ha sido un salto -grande o pequeño, pero en cualquier caso salto-, hacia los caminos del saber que nos ofrece el mundo y que nos legaron los caminantes y buscadores que nos precedieron.

En pleno siglo XXI, el Camino de Santiago nos da la oportunidad de reencontrar la esencia de esa búsqueda milenaria, humana, espiritual y mágica, que el ser humano parece haber desterrado. Un camino en el que se encuentra una espiritualidad universal, común a todas las doctrinas y credos, y a cualquier ruta de peregrinación. Que atesora la universalidad de sentimientos que dieron origen a todas las creencias, en las que pervive el mundo espiritual y mágico común de la humanidad. Un Camino que siempre será mágico e iniciático: iniciático porque el viaje, con sus encuentros y vivencias, superará lo esperado e imaginado; y mágico porque será una experiencia en la que la realidad se mostrará ante nosotros en todas sus dimensiones, no solamente en la lógica y racional, la que rige nuestra cotidianidad, sino en la sensorial, emocional y espiritual, esa que permanece dormida y anestesiada. Recorrer el Camino de Santiago es mucho más que llevar a cuestas una mochila y hacer kilómetros, y estas son algunas de sus claves.

Iglesia de San Juan, o San Nicolás, de Portomarin. Encomienda Orden del Temple y San Juan. Y el pórtico con ancianos y matraces.

Cristo de la Barba Dorada, Sagrario Estelar y Danzantes en los capiteles de la Iglesia Santa María das Areas en Finisterre.

ÉRASE UNA VEZ…UNAS LUCES EN LOS CIELOS

La veracidad histórica del hallazgo de los restos del apóstol Santiago, así como su paso por España, han estado en duda desde mediados del siglo XX. No hay certeza de su autenticidad. Sin embargo, han provocado todo un rosario de acontecimientos históricos, de tal relevancia y envergadura que han desplazado la realidad del asunto. Solo existe la tradición y la leyenda de la presencia del apóstol, y, como suele ocurrir, donde no llega la historia, llega el mito. La aparición milagrosa se produjo en el siglo IX, tras las apariciones de unas luces en los cielos. Un hallazgo celestial que, avalado religiosa y políticamente, afianzó la monarquía astur, e impulso la transmisión y vinculación cultural política y religiosa entre los reinos peninsulares, en pleno dominio musulmán. El descubrimiento y la custodia de los restos apostólicos articularon un mismo pensamiento frente los infieles musulmanes en el momento en el que la hegemonía cristiana estaba en peligro. Consciente de ello, la jerarquía eclesiástica recuperó los viejos caminos y configuró las sendas de peregrinación, reforzada por la reconquista territorial de los reyes cristianos.

En el siglo X, tras el asalto de Almanzor a Compostela, el Camino de Santiago dio un salto cuantitativo y cualitativo. Lo que en un principio era un fenómeno localizado en el norte peninsular se internacionalizó, y se convirtió en punta de lanza del orbe cristiano occidental. Alfonso VI, en Castilla y León, y Sancho Ramírez, en Navarra y Aragón, abrieron sus reinos al paso de peregrinos venidos de toda Europa, Nació así una autovía no solo religiosa y espiritual, sino artística y cultural. Desde el siglo XI y hasta el siglo XIV las peregrinaciones a Compostela y Finisterre se convirtieron en vértice del mundo medieval de toda Europa. La antigua Hispania pasó a ser conocida con el nombre de Iacosland. Y gran parte de la responsabilidad la tuvo un personaje fascinante, el Maestro Mateo: quien talló, además del Pórtico de la Gloria, la imagen de Santiago que hoy los peregrinos abrazan en el altar mayor.

A partir del siglo XV, las peregrinaciones perdieron fuerza. La desaparición de los gremios canteros, las guerras entre reinos europeos, la peste, y el luteranismo, fueron algunos de los motivos que llevaron al Camino de Santiago a una época de sombras que se prolongó durante el siglo XVIII con la Ilustración, y en el siglo XIX con la Desamortización, y que no vio la luz hasta mediados del siglo XX, con la primera y segunda Guerra Mundial y la Guerra Civil en España.

No fue hasta la década de los años setenta y ochenta cuando renació, y realmente nació, el Camino de Santiago que hoy conocemos. Primero, gracias a la literatura heterodoxa y mágica del escritor Juan García Atienza, y más tarde, por el trabajo y esfuerzo del sacerdote Elías Valiñas y el profesor navarro Andrés Muñoz. Ambos vertebraron de nuevo los caminos y crearon el que es hoy un símbolo universal, la Flecha Amarilla, pintando la primera en el Puerto de Ibañeta-Roncesvalles, en Navarra.

Catedral de Compostela. Meta y salida del Camino de Santiago.

Flecha amarilla.

LUGARES DE PODER Y TEMPLOS SAGRADOS. DE CUEVAS Y MONTES A IGLESIAS Y CATEDRALES

El Camino de Santiago es muy antiguo, y al emprender la senda actual, recorremos muchos caminos que se han ido conformando con el paso de los siglos. Y, si quitamos el barniz de lo “oficial” y lo recorremos con la mente abierta, descubriremos que se articuló sobre las mismas vías y lugares que el ser humano utilizó para moverse, y tomó como mágicos y sagrados desde tiempos remotos. La senda al Finis Terrae existía mucho antes de que fuera establecida por la Iglesia. Se dirige allí donde los celtas llegaron siguiendo la Vía Láctea, donde los ligures realizaban sus cultos al dios Lug, donde los romanos establecieron el Ara Solis, el templo al Sol.

Cuando el peregrino o viajero del siglo XXI emprende el Camino, lo hace por sendas y parajes en los que el ser humano se encontraba a sí mismo y con sus dioses. Enclaves sacralizados por culturas como la megalítica, celta, íbera, vascona, griega, romana o musulmana, entre otras. Montañas, cuevas, lagunas, fuentes, acantilados, islotes, bosques, árboles, mares y valles que fueron morada de dioses, y puertas a otros mundos para los primeros seres humanos. En ellos entraba en contacto con una realidad velada, “tocaba” un mundo paralelo, se comunicaba con deidades, en los que cantaba y danzaba a sus dioses, en los que despedía a los suyos, y descansaban sus almas. Así nos lo recuerda un hito en tierras burgalesas, en Atapuerca, el yacimiento paleontológico más importante del mundo, que guarda los secretos y misterios de la evolución humana: “Hace más de 800.000 años, el ser humano ya vio amanecer desde este mismo lugar”.

Lugares de poder sobre los que, en tiempos medievales, se edificaron ermitas, iglesias y catedrales, que han conservado y prorrogado su antigua sacralidad. Templos que son mucho más que santuarios religiosos: eran (y siguen siendo) libros abiertos, cajas de resonancias trascendentes, máquinas de espiritualidad. Edificados bajo medidas estelares, en los que era tan importante la parte terrenal como la cósmica, su ubicación respecto a las estrellas, con una particularidad luminosidad y acústica. Templos vivos en los que confluían las fuerzas y energías terrestres y cósmicas para el hombre de la Edad Media, que contemplaba la cúpula celeste y se guiaba por ella. Construidos bajo la visión cósmica, con lenguajes y mensajes oficiales y extraoficiales de las órdenes religiosas y de los gremios de constructores, los canteros, quienes dejaron tallados sus conocimientos, secretos y símbolos. Templos, ermitas, iglesias, catedrales, en las que cada piedra tenía un porque, una razón de ser.

GREMIOS DE CONSTRUCTORES. CANTEROS, LOS MAGOS Y ALQUIMISTAS DE LA PIEDRA

Fueron los responsables de la construcción de iglesias, catedrales, monasterios, hospederías, casas señoriales, castillos y palacios. Y de la puesta en pie de las ciudades de la ruta jacobea. Su obra en piedra es un tesoro, y uno de los grandes misterios del Camino de Santiago.

Aunque las asociaciones gremiales eran comunes desde la antigüedad, en la Edad Media ninguna llegó alcanzar el prestigio social, los conocimientos y la influencia que atesoraron los gremios de constructores. Fueron ellos los primeros hombres libres, y consiguieron derechos y libertades. Y, a pesar de no saber ni leer ni escribir, levantaron los edificios más altos de entonces hasta el siglo XVIII. Obras maravillosas que han trascendido el tiempo, que siguen vivas, y en las que cincelaron códigos, mensajes ocultos y claves mágicas. Todo lo que rodea a los gremios constructores es misterio. Y lo es porque, primero, se regían por el secreto gremial y sus conocimientos se trasmitían de forma discreta; y segundo, las primeras referencias escritas sobre ellos no aparecen hasta el siglo XIII y XIV. El peregrino y viajero del siglo XXI hallará sus huellas en cada etapa, y su búsqueda se convierte en una aventura detectivesca.

Aparecen referenciados desde el siglo VI, VII y VIII, desde que el Papa Bonifacio IV les otorga diferentes privilegios, eximiéndoles de obligaciones y edictos reales allí donde trabajaran. Su ocaso comenzó en el siglo XIV, con la prohibición de utilizar códigos y secretos tras el Concilio de Aviñón, y después, con el nacimiento de las Universidades en el siglo XV y XVI.

Destacaron tres asociaciones gremiales: los Hijos del Padre Soubise, bajo la protección de la Orden de San Benito, los Hijos del Maestro Jacques, y los Hijos de Salomón, tutelados por la Orden del Cister y la Orden de los Templarios. Tres gremios, entre otros, que a lo largo de la ruta jacobea dejaron cincelados sus conocimientos, no solo materiales sino también espirituales. Así, descubriremos la obra del maestro Esteban en Jaca, Pamplona y Compostela. El Maestro de San Juan de la Peña en el cenobio aragonés y Sanguesa. El Maestro Enrique, el Maestro Bea Dieu, el Maestro Rodrigo y el Maestro Juan Pérez en Burgos. El Maestro Jusquin en León. Y el Maestro Mateo en Portomarín, Finisterre y Compostela.

Fueron genios modelando la piedra, y hoy estamos lejos de saber cómo pudieron equilibrar tan delicadamente una tal composición de fuerzas estáticas, que permitía elevar esas piedras hacia las alturas, en una época en la que no existían datos sobre resistencias materiales y teorías estructurales. Y lejos de saber el mensaje que se esconde en sus signos y grabados en la piedra, como ya hicieran egipcios, griegos y romanos. Figuras geométricas de diferentes tamaños y estilos, de trazos simples y monogramas, iniciales o representaciones zoomorfas: esas son las marcas de cantero. Todas ellas con una función práctica, cobrar el trabajo realizado, indicar la ubicación y orientación del sillar, y la más fascinante: la que albergan un diseño y sentido complejo y simbólico, que no sabemos si pertenece a un lenguaje secreto, con connotaciones mágicas, astronómicas o místicas. Más aún teniendo en cuenta que los canteros no levantaban un edifico al uso, sino un artefacto, una máquina de espiritualidad, para buscar el contacto con el mundo del más allá.

ARQUITECTURA Y GEOMETRÍA SAGRADA: LAS CLAVES Y SIMBOLOGÍA DEL ROMÁNICO Y GÓTICO

Una forma de entender el pasado es mediante la contemplación de sus obras de arte. Y una de las grandezas del Camino de Santiago encuentra su mejor expresión en el arte. Más concretamente, en la arquitectura -junto a la literatura, la música y la pintura-, una de las artes herméticas heredadas de saberes ancestrales, de las filosofías y religiones orientales, egipcia y griega. El peregrino y viajero del siglo XXI hallará a lo largo del Camino de Santiago (un libro de historia del arte a cielo abierto) dos formas de arte medieval, de expresión arquitectónica, las dos corrientes de edificación -de escuadra, cartabón y compás- con las que se creó, vertebró y configuró la ruta jacobea: el románico y el gótico.

El románico, definido como el estilo “de la peregrinación” o “a la manera de Roma”, fue utilizado en la ruta jacobea desde el siglo X al XII. El arte de la pureza, de líneas puras y sencillas, de la austeridad, sin volúmenes, con estricto orden y simetría, robusto y grávido, cuya piedra, lejos de trasmitir frialdad, nos acerca al simbolismo de la cueva, al contacto sagrado discreto y privado. Utilizó la escultura y la pintura como lenguajes universales, en un tiempo en el que el pueblo no sabía ni leer ni escribir. Una corriente artística que se vio reforzada con la expansión de los centros monásticos de las órdenes de Cluny y del Císter, marcada por el arco de medio punto y las bóvedas de medio cañón. A lo largo del Camino de Santiago hallaremos las llamadas “iglesias de peregrinación” en Jaca, la “influencer” medieval”, Leyre, Eunate, Estella, Torres del Río, San Millán de la Cogolla, Frómista, Sahagún, León, Compostela o Finisterre/Fisterra.

El gótico irrumpe en el siglo XII como un arte altivo, liviano y urbano, que aparece cuando se pierde la idea que había dominado la religiosidad medieval, y el universo pasa a entenderse como materia neutra en la que el ser humano puede intervenir, poniendo de manifiesto el avance de la técnica y conocimientos. Bautizado así por Giorgo Vasari, discípulo de Miguel Angel, quien creía que era un arte germánico, que diseña templos con muros de arbotantes, grandes torreones con agujas, nervios apuntados, arcos ojivales y vidrieras. Con el gótico los templos crecen en altura, anchura y volumen, son la ostentación del poder de la fe y del espíritu. Auténticas enciclopedias de conocimiento mediante el simbolismo de los números, las medidas, las proporciones, los números, las referencias astronómicas y los saberes prohibidos tallados en la piedra, en sillares y esculturas, fruto de una compleja cosmología que variaba según la orden religiosa y el gremio constructor. Y sus huellas han quedado en las grandes catedrales jacobeas como Pamplona, Burgos, León o Compostela.

Plaza Juego de la Oca.

En el camino

El misterio de las marcas de cantero.

TEMPLARIOS Y EL CAMINO DE SANTIAGO

Iconos de la época medieval, es la orden militar-religiosa de caballería más estudiada, y paradójicamente, la más desconocida. La Orden del Temple, la Orden de los Pobres Caballeros de Cristo, fue la primera en que nació el concepto de monje-guerrero, y la más importante de la Edad Media. Consiguieron ser los amos del mundo a lo largo de dos siglos, dominando Europa y parte del norte de Africa y Asia. Sus caballeros, hoy, siguen cabalgando entre la historia y la leyenda. Fueron los responsables de recuperar el culto a la Virgen, junto a la Orden del Cister, y participaron en los acontecimientos bélicos, estando presentes con su sello y lema en todo el orbe de la cristiandad.

En la Edad Media, la península era un mosaico de señoríos feudales donde convivían cristianos, musulmanes y hebreos. Los templarios aparecieron en nuestro país en 1131, ocho años después de su fundación, aunque ya se habían producido contactos anteriores. Con su ayuda, los monarcas hispanos fueron recuperando las tierras perdidas, y ellos obteniendo villas, fortalezas y santuarios. A partir del siglo XII, expandieron sus conocimientos, trajeron novedosos sistemas de cultivo, sistemas financieros, e incluso una arquitectura diferente, el estilo gótico. Y hasta una religiosidad y espiritualidad mística distintas, fruto de su relación con otras religiones, culturas y filosofías en Tierra Santa. Fueron ubicándose en puntos estratégicos, defensivos y comerciales, pero también en enclaves sagrados, siempre allí donde se produjo un milagro, se veneraba una reliquia o había un santuario de culto pagano. Hoy todos ellos son hitos del Camino de Santiago y guardan sus huellas en San Juan de la Peña, Sangüesa, Puente la Reina/Gares, Estella, Nájera, Castrojeriz, Frómista, Villalcázar de Sirga, Carrión de los Condes, León, Astorga, Rabanal del Camino, Ponferrada, Villafranca del Bierzo, Cebreiro o Finisterre/Fisterra.

RUMBO AL FIN DEL MUNDO, EL KM O, EL ARA SOLIS

La vía abierta por los peregrinos entre Europa, Compostela y Finisterre/Fisterra fue el conducto por el que se transmitió el conocimiento, por el que circularon las vanguardias sociales, culturales, filosóficas, espirituales y religiosas imperantes en el mundo medieval occidental y oriental. Fue la red de redes de la Edad Media. Y en ella, en pleno siglo XXI, hallaremos sus huellas, un legado de historia e historias, de secretos y claves, si observamos más allá de lo evidente.

*Francisco Contreras Gil es periodista, documentalista y escritor. Lleva tres décadas dedicado al periodismo de investigación, especializado en historias, leyendas y misterios de la llamada España Mágica. Ha dedicado muchos años a la investigación del Camino de Santiago. Es autor de la “Guía mágica del Camino de Santiago (Luciérnaga. 2021).