Texto: Pedro Páramo

Boletín 67 – Sociedad Geográfica Española

Los caminos de las epidemias

Algunos códices mexicanos prehispánicos mencionan grandes epidemias en el continente americano antes de la llegada de los españoles. La súbita desaparición de centros urbanos como Tula, Aztlan o Tikal siglos antes del Descubrimiento la atribuyen los expertos a diversas enfermedades descritas en los textos indígenas “como grandes pestilencias” o “dificultades para respirar”, que acabaron con culturas cuyo verdadero final sigue siendo un misterio. Análisis realizados en momias y tejidos precolombinos registraron entre los indios indicios de tuberculosis, histoplasmosis, leishmaniasis, enfermedad de Chagas, salmonelosis, infecciones provocadas por estreptococos y estafilococos, amebiasis y tétanos, enfermedades casi todas conocidas en Europa. Fueron pocas las enfermedades americanas que sufrieron los españoles recién llegados y, desde luego, causaron entre ellos menor mortandad entre los colonos que las que habían traído de Europa. La menor morbilidad entre los indígenas se debía a dos causas principales, según los expertos: por un lado, la menor población que la de la zona de euroasiática dificultaba la mutación de los virus, y por otro, la casi total ausencia de animales domésticos entre los indígenas no dio lugar a los saltos de los gérmenes patógenos del ganado a los humanos como había ocurrido en Europa y Asia a lo largo de los siglos.

UNA ENFERMEDAD ENDÉMICA EN EL NUEVO CONTINENTE

Pero existía en América una enfermedad endémica que trajeron los españoles que pronto se extendió por todo el continente europeo y luego pasó a África, Asia y las islas del Pacífico: la sífilis. Desde su aparición en España, Italia y Francia en el siglo XVI hay científicos que aseguran que esta enfermedad, causada por la bacteria Treponema pallidum pallidum, ya era conocida por los europeos siglos antes del Descubrimiento. Basan esta afirmación en testimonios ambiguos de la Antigüedad y en los estudios de restos óseos sifilíticos encontrados en varios puntos de Europa, como los hallados entre las ruinas de Pompeya, del año 79, o en Londres, datados por el carbono 14 entre los años 1200 y 1450. La polémica permanece abierta, aunque análisis recientes han descartado la presencia de restos de sífilis en aquellos esqueletos europeos examinados y existen pruebas inequívocas de la existencia de sífilis en huesos incaicos.

Algunas variedades del género de las treponemas que causan en los humanos otras enfermedades similares de menor gravedad, como pian, bejel o pinta, y con distintas formas de transmisión, también intervienen en la discusión, aunque parecen igualmente de origen americano. Hay quienes consideran posible que las treponemas americanas acentuaran su virulencia entre los españoles y europeos sin defensas inmunitarias contra ellas, como ocurrió con los agentes patógenos llevados por los españoles, o que una posible mutación de las de las cepas originarias diera lugar a la causante de la sífilis.

De lo que no hay duda es que las primeras descripciones incuestionables de esta enfermedad, de sus efectos y de la forma en que se transmite mediante las relaciones sexuales, se deben a los primeros cronistas de la presencia española en América. Ya en 1493 el médico de Cristóbal Colón, Diego Álvarez Chancas, detalló los primeros casos de sífilis (que él llama “mal de bubas” y los indígenas púa), e informó de que los indígenas utilizaban el guayacán o palo santo para su tratamiento. El mal de bubas llegó a España en 1493 a través de un piloto de los Pinzón, según advirtió Ruy Díaz de Isla, médico andaluz que ejercía en Barcelona en 1493, y es autor del primer tratado contra la enfermedad, que él denomina “mal serpentino”.

La Administración de Proyectos de Trabajo está cooperando en la campaña nacional para erradicar la sífilis (1936-1939)

EL “MAL DE BUBAS” SE PROPAGA POR EUROPA

Después de aparecer en España, propagaron la dolencia por Europa los soldados que intervinieron en la guerra hispanofrancesa de 1495 a 1498 por el dominio de Italia, y de ahí que se bautizara como “mal gálico”, “mal francés” o “mal de Nápoles”. En 1530, el médico veronés Girolamo Fracastore fue el primero en llamarla sífilis, por el pastor Syphilo, castigado por el dios Apolo a sufrir una enfermedad por haber blasfemado contra el dios Sol. Sobre la posible presencia de esta enfermedad en Europa antes del descubrimiento de América, el cronista y naturalista Gonzalo Fernández De Oviedo, que vivió muchos años en Santo Domingo, dice en su libro “La Historia Natural de las Indias” de 1535: “Muchas veces en Italia me reía oyendo a los italianos decir el mal francés y a los franceses llamarle el mal de Nápoles. Y en la verdad, los unos y los otros acertaren el nombre, si le dixeran el “mal de las Indias” así por la tierra donde natural es esta dolencia, como por las indias mujeres de estas partes.”

‘Syphilis’ por Richard Cooper Wellcome (1910)